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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1130 - ver ahora
Transcripción completa

Lo juro por Dios o por el diablo: todos los que me han agraviado,

todos los que me dieron la espalda

recibirán su merecido.

Dios y el diablo cobran un alto precio por esos juramentos.

Me vengaré de todos, incluida usted,

si me decepciona.

-Quiero que encuentre a Margarita.

-Necesito que sepa que yo no tuve na que ver.

Voy a cuidarla como usted cuidó de mí.

Solo me curará la venganza.

Tenga usté mucho cuidao,

que cuando Úrsula se pone de mala uva, se las trae.

-No será para tanto.

Muy animosos los actores aficionados, ¿eh?

-Me he apuntado.

-¿Se ha apuntado al grupo parroquial?

-Chist.

No diga nada, que todavía

no me he atrevido a decírselo a mi mujer, maldita sea mi estampa.

Voy a recuperar mis alianzas.

Fue lo único de valor que traje y pronto tuve que empeñarlas.

Hemos estao pensando cosas pa animar a mi Jacinto.

-Eso está muy bien, que el pobrecico es más sentío...

Nos hemos decidido por un concurso de gritos ovejeros.

Son las nuestras.

-No se comía muy bien en el presidio.

-Yo también he pasado penalidades, pero la mía me vale.

-¿Sigue atravesá doña Susana?

-Como una espina en la garganta.

-Lo mejor será que hablemos con doña Rosina pa que la temple.

Perdona, Rosina, tienes razón.

Pero es por la huida de Armando... -No le llames "huida".

-Así se les llama a los seductores que escapan y desaparecen.

¡Ye...!

-¿Es que no tienes orgullo?

-Cuando voy a gritar, me acuerdo de la Remigia y...

Perdón.

-Ay... Perdón.

-Le he conseguido un pasaje para un barco dentro de tres días.

¡Hale, a preparar el equipaje, que su tren sale pasado mañana!

-Me iré, ¡y así podrán descansar de mí las chachas!

Estás preciosa.

Y enamorada de ti.

Señor, ¿desea que le sirva ya la cena?

Disculpe, no sabía que estaba acompañado.

Marcho para la cocina.

(RÍEN)

Míranos, parecemos dos chiquillos pillados en plena travesura.

Lamento que nos hayan interrumpido.

Sí, es una pena que no estemos solos.

Sí que lo es.

Me gustaría tanto estar lejos,

lejos de los demás,

donde poder amarnos sin reparos.

Tranquila, no te preocupes por los demás.

Nadie podrá impedir que estemos juntos.

Ya buscaremos el momento para estar solos.

(Sintonía de "Acacias 38")

Tenía razón, Cinta quedó impactada con la actuación de Miguelón.

-Ya le dije que ese bailaor tiene duende.

Pero no es su arte lo que ahora me interesa,

dígame, Emilio,

¿ha vuelto a despertar en Cinta la devoción por las tablas?

-Sí, así me lo ha reconocido.

-¿Pero?

-Cinta no quiere saber nada del espectáculo.

-Lamento escucharlo, la situación es más grave de lo que creíamos.

-Cinta lleva el arte en sus venas,

dudo que pueda ser dichosa si renuncia a él.

-Deje que hable con ella. Debemos encontrar una solución.

Pero no es solo para hablar de Cinta por lo que le he dado aviso.

-¿Qué son esos papeles?

-El libreto de la obra que vamos a interpretar.

Antes de ensayar con el resto de mis compañeros,

quería que lo escuchase, ¿eh?

Emilio, ¿qué haces en casa?

¿Qué quiere mi padre que escuches?

-Pues... -Una bulería.

La grabación de una bulería que creo que va a ser de su gusto.

Si no ha encendido el gramófono.

Ahora nos íbamos a poner a ello.

Podemos escuchar las bulerías y luego marchar de paseo.

Eso será después de que hayamos hablao, Cinta.

¿Le importaría dejarnos solos?

-Descuide, luego vengo a buscarte, Cinta.

¿Y el disco que ibais a escuchar?

Tu padre me lo ha descrito con tanto arte,

que es casi como si lo hubiese escuchado ya.

Nos vemos luego.

En fin, pues usted dirá, padre.

¿De qué quiere que hablemos?

Sencillo, canelita, de tu rechazo a los escenarios.

Si era por eso, no tendría que haber despedido a Emilio.

Nuestra conversación va ser muy breve.

El tema ya está zanjado.

Ya le dije que no volvería a las tablas,

y no he cambiado de opinión.

Tendrías que reflexionarlo más. Ya lo he hecho.

Entonces, en vez de más,

hazlo mejor.

¿No te das cuenta de que eres una artista de la cabeza a los pies?

Lo que te sucede es que rechazas

tu arte porque te culpabilizas de lo sucedido.

¿Acaso no es así? No.

De ninguna manera,

el culpable de todo esto es el mal nacido de Carchano,

que nos tendió una trampa.

De la que casi salimos escaldados.

Si persistes en tu empeño,

de alguna forma, habrá triunfado.

No habrá podido atentar contra el honor de tu madre,

pero habrá arruinado tu vocación. No dejes que se salga con la suya.

¿Me está pidiendo que regrese a los escenarios?

No, no, de verdad que no,

solo te estoy aconsejando que escuches a tu instinto.

Si uno tiene un don o un talento para algo,

está obligado a aprovecharlo.

Todo el mundo tiene derecho a encontrar su destino,

por tarde que sea.

¿Cómo va a ser tarde, si tengo toda la vida por delante?

Bueno, ahora no es tarde,

pero puede que en un futuro sí lo sea.

Es posible,

pero he de reconocerle que estoy un poco desconcertada.

Tantos años tratando de evitar que me dedique al arte,

y ahora, parece de que sería una tragedia si no lo hiciera.

Eso solo prueba un cosa, canelita,

que, en ocasiones, los padres nos equivocamos.

Nada me dolería más que verte alejarte

de aquello pa lo que naciste.

Ya casi tengo preparado todo el equipaje.

-Estás más tranquila, ¿verdad? -Sí, Rosina, así es.

He tomado la decisión correcta,

alejarme por un tiempo, es lo mejor que puedo hacer.

También he venido

a darte las gracias por hacerme comprender

que me estaba comportando injustamente con los que me rodean.

Ellos no tienen la culpa de mis males.

-De nada, para eso están las amigas.

Me alegra que hayas venido a verme, porque quiero decirte algo.

Liberto y yo queremos organizar una merienda

con todos nuestros amigos, vecinos y allegados para despedirte.

-No es menester.

-Me da igual, está decidido.

No te vas a ir de viaje sin que te despidamos en condiciones.

-Ya veo que valdría de poco resistirse.

Pero te pido una cosa, que la reunión sea en petit comité,

no tengo el ánimo para festejos.

-Aparte de nosotros, solo estaremos a los Palacios.

Aguarda, voy a por el pasaje a Génova que te compró Liberto,

mejor que lo tengas tú.

-(SUSPIRA)

-Si no desea na más, me voy al altillo.

Perdone, doña Susana, pensé que era mi señora.

Ya me marcho. -Aguarda un suspiro, Casilda,

debo decirte algo.

-Doña Susana, si he hecho algo mal,

le aseguro que lo lamento en el alma.

-Descuida, que no te voy a regañar.

Al contrario,... quiero pedirte disculpas

por haber sido tan desagradable contigo.

-¿Disculparse usté conmigo?

¿Usté está bien o se ha dado un golpe en la mollera?

-No, tan solo he pensado que debía disculparme antes de partir.

Me marcho a Génova, a ver a mi Simón y a Elvira,

y a mi nieto.

-Bueno...

¿Qué sucede aquí?

Susana, ¿no puedo dejarte a solas, otra vez tomándola con Casilda?

¿En qué ha quedado todo lo que hemos hablado?

-No he dicho nada malo.

No sé por qué está llorando.

-No, no, no, no se preocupe,

no ocurre nada,

lo que sucede es que...

me da mucha pena que doña Susana se marche de Acacias.

Por muy siesa que sea conmigo, la echaré de menos.

-Ay...

(Graznido de patos)

Marcia, espera.

Disculpa, Felipe, pero tengo prisa. No te entretendré mucho.

Tan solo quiero preguntarte algo.

¿Sigues pensando en mí?

Todos los segundos del día.

¿Y Santiago? ¿Te has entregado a él?

Felipe, Santiago es mi esposo, no lo olvides.

¿Estás segura?

¿Estás segura de que es tu marido?

A veces he tenido dudas de eso.

Los dos sabemos que tu sitio es a mi lado.

A mí sí me queda bien, es conmigo con quién deberías casarte.

Ya estoy casada contigo,

mi corazón te pertenece.

-Eres mía, "minha menina".

(CANTA EN PORTUGUÉS)

-(MARCIA RESPIRA AGITADA)

-(CANTA EN PORTUGUÉS)

(CANTA EN PORTUGUÉS)

-(RESPIRA AGITADA)

¿Estás bien, "minha menina"?

Ya está.

Respirabas agitada entre sueños,

parecías sufrir una pesadilla y te he despertado.

Sin embargo, yo dormía como un niño.

Amarte me da paz.

No temas más, la pesadilla ya pasó.

Estás a mi lado.

-¿Ya te has vestido?

-Sí, por desgracia.

Aunque me encantaría quedarme,

debo ir al almacén.

No dejaré de pensar en ti en todo momento.

Les esperamos hoy en casa para merendar.

-Queremos despedir con cariño a mi tía antes de su viaje.

-Allí estaremos.

¿Cómo está ella ahora, está más calmada?

-Así es,

se ha dado cuenta de que estaba pagando con sus semejantes

su tristeza por Armando. -De gracias a Dios nada,

que el merito ha sido mío.

-Esperemos que tras su viaje vuelva a ser la de siempre.

-O incluso, un poco más amable.

-¿No están tardando hoy demasiado los diarios?

-Ya sabe, basta que un día quieras leerlos, para que no lleguen.

-Buenos días, ¿nos acompaña? -Buenas.

-Se lo agradezco, pero ya he desayunado.

Rosina, ¿es cierto que Susana se marcha a Italia?

-Sí. En este momento debe estar terminando el equipaje.

-Al fin llegan los diarios.

-¿Vendrá ya publicada la noticia de los soldados de Marruecos?

-Ahora lo comprobaremos, pero eso dijeron.

-Templen, que hay para todos.

-A ver.

-Anda.

-A ver, déjenme ver.

Uy, ¿salen retratados?

-Y en primera página, Lolita.

-Y no es el único diario que se ha hecho eco.

-Todos los periódicos destacan la labor del grupo de apoyo.

-Qué orgullosa estoy de ti, Ramón.

Qué guapo sales, Liberto.

¿Han visto qué marido tan pintón tengo?

-Digo. Enhorabuena,

la noticia hace justicia a su labor.

-Y sin duda, la potenciará.

-Eso es lo verdaderamente de enjundia,

el reconocimiento personal no importa.

-Puede que no, pero qué bien sienta.

-Podríamos enseñarlos en el Ateneo,

quizás conseguimos que otro socios colaboren.

-Esa es muy buena idea, hijo, no les hagamos esperar más.

-Gracias.

Doña Genoveva y don Felipe salen muy guapos.

-Y qué buena pareja hacen.

-Puede que ahora, que Marcia está con Santiago,

los amoríos entre Felipe y Genoveva vuelvan a fraguar.

-Puede preguntarle a la interesada, que por ahí viene.

-Mire, Genoveva,

su labor ha salío en todos los diarios.

-Y lo más importante, con sus correspondientes fotografías.

-Comentábamos lo buena pareja que hacen don Felipe y usted.

Esperemos que pronto no sea solo en los papeles.

(RÍEN)

Su pasaporte.

(LEE) "Santiago Becerra".

La licencia matrimonial. A su nombre...

y al mío.

(Llaman)

¿Quién es? -Soy yo, Marcia.

-Pasa.

-Te traigo el diario de hoy.

Será mejor que te sientes,

sale un retrato de don Felipe junto a doña Genoveva.

Me da a mí que estabas agitada antes de que te lo enseñara.

¿Es por Santiago?

¿Sigues dudando de si es él en verdad?

¿Al final pudiste recuperarlas?

-Sí.

La mía me queda perfecta.

-Sí, como anillo al dedo que se dice, mujer.

Pero ¿qué te sorprende? No podía ser de otra forma, es tuya.

Entonces, ¿explícame por qué a Santiago la suya le queda enorme,

como si perteneciera a otro?

No sé, Casilda,

temo estar volviéndome loca.

Por un lado, los papeles y él mismo aseguran que es mi marido;

pero, por otro, tengo indicios de que podría no serlo.

-Puede que todo sean imaginaciones tuyas.

-Ojalá fuera así.

Pero acuérdate de la cicatriz

y de la receta que no recordaba. -Marcia,

¿él cómo te trata, te trata mal?

-No, sigue siendo muy cariñoso.

-Vaya embrollo. -Así es, amiga.

Solo tengo claro una cosa. -¿El qué?

-Que amo a Felipe con todo mi ser.

He soñado que lo besaba de nuevo

y me he sentido en el paraíso.

Espero que mis palabras le sirvan a Cinta para reflexionar

y tomar la decisión correcta. -Ojalá sea así y retome su vocación.

Lo que más deseo es verla tan dichosa como era antes.

Desde que abandonó las tablas, no es la misma.

-Descuide, Emilio, estoy seguro que lo superará.

Es tan fuerte como su madre.

-Dios le oiga.

Maldita sea la hora en que conocimos a Carchano.

Lo único bueno es que usted descubriera su vocación como actor.

-Aguarde, que aún es pronto para saber si la vocación plena.

Mi valía para tan noble arte... Todavía no está clara.

Por eso quiero su opinión.

Estoy... algo nervioso.

-No se extrañe, hoy es su primer ensayo con el grupo parroquial.

Los nervios son normales.

-Normales o no, podría superarlos si me escucha declamar el texto.

¿Eh?

"Soy un humilde pastor al que le gusta honrar a Dios Todopoderoso".

"Debo mostrarme humilde

y evitar los pecados de la carne".

(Puerta)

¿Qué le parece para abrir boca?

¿Eh?

-Muy buenas.

-Vaya. -Traigo el diario.

Viene en primera plana la noticia de la ayuda a los soldados.

-Digo.

-Sí, aquí están.

Qué bien se les ve a don Felipe y doña Genoveva.

-Mejor de lo que piensa.

Antes, Genoveva nos ha sugerido

que vuelve a entenderse con nuestro vecino.

-La mujer va mejorando,

sale ganando, con relación a su anterior esposo...

-A ese ni me lo nombres.

Menudo malaje resultó ser el banquero.

Oye, José, esta tarde iba a salir

a hacer unas compras por las boutiques del centro, ¿me acompañas?

-¿Esta tarde? -Eso he dicho,

¿acaso tenías otros planes?

-Pues mira, había pensado en ir al Ateneo.

Sí, al Ateneo, a escuchar una conferencia,

una conferencia muy interesante.

-¿Una conferencia sin piscolabis?

Tú nunca has sido aficionado a conferencias de secano.

-Nunca es tarde. Hay que cultivarse, morena.

-Pues nada, ve a la conferencia.

(SUSPIRA)

Ay, Remigia de mi corazón.

El Señor te tenga en su gloria.

Que tus balíos resuenen por todo el paraíso, que eran pura poesía.

-Jacinto, ¿aún sigues compungido por el cordero ese?

-Oveja, no cordero, que son cosas diferentes.

-Como si es un elefante.

No puedes seguir así, tienes que animarte.

-Pide un imposible.

¿Qué se le va a hacer si tengo el alma sensible?

-Don Liberto.

-Ah.

-Permítame que le felicite por los diarios.

To Acacias habla de ello.

-Muchas gracias, Marcelina,

es agradable que reconozcan tus desvelos.

¿Y Jacinto?

Estaba aquí.

Es como si se lo hubiese tragado la tierra.

-Jacinto. -(JACINTO LLORA)

-Ya veo que sigue con nosotros,

se le oye sollozar desde aquí.

-No para ni de noche ni de día.

Es como si me fuera a la cama con un puñao de ánimas.

-Hay que hacer algo, Marcelina.

Algunos vecinos se han quejado de que con tanto lamento,

no cumple con sus obligaciones como portero.

-Si es que la pena no le deja ni sujetar la escoba.

-Pues habrá que atársela al cuerpo.

Sería una pena que un hombre tan trabajador como él

se meta en problemas.

-Lo que me faltaba, que encima se quede sin ocupación.

Entonces sí que iba a sollozar, pero del mandoble que le daba.

-(JACINTO LLORA)

-Hala, hala.

"El señor Álvarez-Hermoso

agradeció públicamente

a doña Genoveva, viuda de Bryce,

su actividad en el Grupo de Ayuda

a los Soldados de Marruecos".

(Puerta)

Buenas, Agustina, ¿alguna novedad?

Solo esto.

¿Podría quedármelo?

Me hace tanta ilusión verle en los papeles.

No merezco tales honores,

tan solo hice lo que me dictaba la conciencia.

No se quite méritos,

que otro en su lugar, se hubiese olvidado de esos pobres soldados.

Pero no es solo por lo del diario por lo que quería disculparme.

Siento haber sido ayer tan inoportuna,

no sabía que estaba acompañado.

No se preocupe,

sé que es usted una mujer discreta y carente de mala intención.

Y que no va a contar nada. Téngalo seguro.

Me gustaría pedirle un favor.

Esmérese en preparar una cena especial para dos.

Tengo una sorpresa para Genoveva y me gustaría invitarla.

He realizado una gestión que creo que será de su agrado

y quiero celebrarlo.

Descuide, les prepararé una cena para chuparse los dedos.

Y una vez servida,

tendré buen cuidado de no molestarles,

me subiré al altillo.

Señor, perdone mi atrevimiento,

pero quería decirle que me siento muy dichosa de verle tan animado.

Sobre todo, después de lo mal que lo ha pasado estos últimos tiempos.

Discúlpeme si le he molestado. Descuide,

no lo ha hecho.

Tengo motivos para estar tan animado.

Genoveva es una mujer especial y me siento muy cómodo a su lado.

Voy a comenzar con la cena.

Ya verá, prepararé un menú,

que doña Genoveva no va a olvidar mientras viva.

Don Ramón, me alegro de verle.

Quería felicitarle por los diarios. -Se lo agradezco.

Estamos muy satisfechos,

la noticia ha cumplido su misión de dar publicidad a nuestra labor.

Vengo del Ateneo, y muchos socios que no conocían la iniciativa,

se han interesado en participar con generosos donativos.

-Qué casualidad, precisamente, mi esposo está en el Ateneo

en una conferencia. Quizá le haya visto.

-Se equivoca, el salón del Ateneo está en obras.

No se podrán celebrar conferencias hasta dentro de unos días.

Seguro que su esposo ha acudido a otro lugar.

Él me aseguró que era en el Ateneo.

-Se habrá confundido.

-Es más que posible, mi José es muy despistado.

Es bien capaz de haber acudido al Ateneo y quedarse chafado.

-Lo lamento por él, seguro que en otra ocasión, se acordará mejor.

Si me disculpa, se me ha hecho tarde y mi esposa me está esperando.

No le entretengo más. Con Dios. -Con Dios.

Buenas tardes, don Ramón. -Buenas.

-¿Adónde va mi faraona?

-A casa después de ir de compras. ¿Y tú, qué?

¿Te ha gustado la conferencia?

-Digo. Una barbaridad.

Hay que ver la gente tan sabia que hay en este mundo.

-Pero ¿ha sido al final en el Ateneo?

-Claro, chiquilla, donde te dije.

Me ha gustado tanto, que estoy considerando ir siempre que pueda.

Esta semana habrá más, no podrás contar conmigo por las tardes.

¿Qué haces ahí parada como un pasmarote?

Vamos pa la casa, chiquilla.

-Tira.

-Me parece a mí que esta faraona te va a pasar de un cuerno al otro.

¡¿Cómo puede sostener tal falacia?!

¡El concurso tuvo un claro vencedor!

-Eso digo. Y el ganador fui yo.

-¡Qué tontuna, si lo suyo ni fue un grito ni fue na!

Cualquier oveja que le hubiera escuchao,

no habría levantao la cabeza del suelo, fíjese lo que le digo.

-¿Y el suyo? Más que un yepa ya era un yepa ca.

-Porque estaba innovando, Cesáreo, estaba innovando.

Mire, aquí tenemos

un juez imparcial. A ver qué te parece esto.

(CARRASPEA)

¡Yepa ca!

¿Eh? ¿No te parece que cualquier oveja

caería rendida a mis pies al escucharlo?

-Ya les dije ayer que cualquiera de los dos

merecía el premio. -Unos más que otros, Camino.

Y por ese uno me refiero al menda.

Arantxa sí que habría valorado mi grito.

-Qué valorar ni qué valorar.

-Sí, sí, sí, es una noticia digna de una primera plana.

No me extraña que lo hayan publicao todos los diarios.

-No me diga que ha salido en los papeles el concurso de gritos.

-Pues no. Hablamos del Grupo de Ayuda a nuestros soldados.

Qué orgullosa estoy de mi suegro.

-Tienen que ver lo apuestos que han salido todos en los retratos.

-Sobre todo doña Genoveva y don Felipe.

Hacen muy buena pareja. -Sí.

-Ella y don Felipe deberían entrar en relaciones.

Así,

cada oveja con su pareja, y muy santas y muy buenas.

-No hablemos más de ovejas,

que de eso, últimamente andamos sobrados.

-A las bunas.

Marcia, te estaba buscando.

¿Te sucede algo?

-No, no es nada, Casilda.

-Lolita vente pa la cocina,

que te voy a enseñar las ollas de las que te hablaba.

Sí, sí, vamos rápido,

que ahora tengo merienda en casa de doña Rosina.

-Venga y nos las alcanza, Servando,

haga usté el favor.

-Ah, sí.

Bueno, ya seguiremos discutiendo lo nuestro, Cesáreo.

-Nones. Poco más hay que decir.

Ahora tengo una ronda que hacer. Con Dios.

-Yo también tengo que volver al restaurante.

Con Dios.

-Ahora que estamos solas, ¿me contarás qué ha sucedido?

¿Alguien ha dicho algo inconveniente?

-No, Casilda,

doña Fabiana solo ha dicho una verdad como un puño.

Felipe y Genoveva deberían y van a acabar juntos.

Lo mismo que me ha dicho la señá Agustina.

-Y yo, mientras tanto, me siento cada vez más confundida.

No dejo de pensar que mi esposo pueda ser un impostor.

-¿Qué puede ganar haciéndose pasar por alguien que no es?

-No lo sé.

Pero temo estar siendo víctima de un terrible engaño.

No puedo seguir así,

debo hablar con la única persona que me puede ayudar.

Voy a hablar con Felipe.

¿Un dulce, señores?

-Váyase acostumbrando.

-Doña Susana,

¿lo tiene todo preparado para el viaje?

-Qué emoción viajar tan lejos. Espero que no se maree en el barco.

-Con la suerte que tengo, más me temo que terminemos naufragando.

-Uy, no diga eso ni en broma. No tiente a la suerte.

-Además, los barcos cada vez son más seguros.

-Sí, apenas se notan las olas en ellos.

-Servidora vio por primera vez el mar en mi luna de miel,

¿te acuerdas, Antoñito? -¿Cómo olvidarlo?

Tenía tanto miedo del agua,

que tardó dos horas en mojarse las pantorrillas.

-Susana, esta mañana me he encontrado a doña Eulalia,

me ha dado recuerdos para ti.

-Pobre Eulalia,

desde que murió su marido,... está más vieja y sola.

-Esta merienda va a ser de lo más divertida.

Marcelina, ¿dónde vas tan cargada?

¿Acaso marchas de viaje?

-Así es, doña Felicia, después de darle muchas vueltas a la sesera,

me llevo al Jacinto pa su pueblo. -¿Así, de repente?

¿No habrá sucedido una desgracia? -Uy.

La desgracia va a pasar aquí como no espabile.

Tengo que lograr que se recomponga de la muerte de la condená Remilgia.

-¿Y para que se olvide de una oveja le llevas al campo,

que las hay a cientos?

-Una no sabe que más hacer pa animarlo.

Ni el concurso de gritos lo logró,

el suyo, resultó ser un lamento que helaba el alma.

Y, entre usted y yo,

su capacidad pa dar gritos borregueros

no es lo único que ha perdío.

Ya me entiende.

Si viera las noches tan tristes que pasamos en el lecho.

-Marcelina, que una no quiere saber intimidades.

Si no hay na que contar, pero na de na.

Dormir y callar,

eso, sí no se pasa la noche gimoteando.

-Pues sí que está la cosa grave.

-Uy, y podría ser peor.

Don Liberto me ha dao aviso

de que los vecinos empiezan a quejarse

de verle siempre suspirando, sin hacer na.

Así que, he pedío un permiso pa ausentarnos.

-Espero que todo se solucione.

-Muchas gracias.

-Hola, buenas.

¿Ande has dicho que vamos, Marcelina?

-¿Ve usté cómo está? -Lo veo, lo veo.

Si no reacciona en el pueblo, solo me queda llevarlo a Lourdes.

-Lourdes, Lourdes,

la mejor amiga de la Remigia.

-Esto no hay quién lo aguante. Vamos Jacinto,

no perdamos el tren.

-Con Dios. -Con Dios.

Pues yo había pensado

en mandar a enmarcar la foto del periódico.

Qué apuesto que estás.

-Y no te olvides de Liberto.

He comprado varios diarios para mandárselos a Leonor

y a las trillizas.

-Van a ser famosos hasta en Lisboa.

(Puerta)

-Casilda, haz el favor de ir a abrir.

-Ha pasao un ángel.

-Debe haberse quedado dormido ante tanta animación.

-Señores, tienen visita.

-Has perdido el color, Casilda, ni que se tratara de un aparecido.

-Pal caso...

-Don Armando,

no le esperábamos.

-Les ruego que disculpen la intromisión,

pero es preciso que hable con su tía a solas.

-Sea lo que sea lo que tenga que decir,

hágalo aquí, delante de mis amigos, son mi familia.

-Así nos enteramos, muero de curiosidad.

-Como desee.

Quiero que sepa que mi ausencia de estos últimos días

se debe a una razón muy sencilla.

-Difícilmente justificable.

-Ahora comprenderá que no es así.

He estado removiendo Roma con Santiago

tratando de obtener un permiso para que pueda acompañarme

en la misión que me ha encomendado el rey.

-¿Yo? -No le he dicho nada a nadie

hasta estar seguro de que me era concedido.

Si usted lo desea,

mañana mismo partiremos.

Susana,

hágame el hombre más dichoso del mundo aceptando.

-Susana, contesta, que tenemos el corazón en un puño.

-Armando,

no, es demasiado tarde.

-Mañana parto a Génova.

No puedo marcharme con usted de esta manera.

-Susana...

-No insista, por favor.

Mi decisión es firme.

-Comprendo.

Creí que... le haría tanta ilusión como a mí.

Veo que estaba equivocado.

Disculpen mi atrevimiento.

Continúen, se lo ruego.

-¿Has perdido el oremus?

-Mujer,

no deje escapar esta oportunidad de ser feliz.

-(LLORA)

Muchas gracias por su dedicación.

Por favor, manténgame informada de cualquier progreso.

Con Dios. Buenas tardes.

Parece inquieta, señora, ¿qué le ha dicho el detective?

¿Acaso debemos preocuparnos por Alfonso y Margarita?

-No, Arantxa, no parece que vaya a ser así.

De hecho, el detective no ha dado con el paradero de Margarita.

Tras la multa del juez, se han debido de mudar de casa.

-Les está bien empleado por sus malas artes.

Pero no se disguste, señora.

Seguro que el detective acaba dando con la tal Margarita.

-No, Arantxa, no es ella la que me tiene tan inquieta,

sino mi José.

-¿Le sucede algo malo al señor o qué?

-No, pero le va a suceder como confirme mis sospechas.

¿Tú crees que está con una pelandusca?

-¿Qué cosas dice?

-Ay, señora... (HABLA EN EUSKERA)

El señor la tiene en un pedestal, ya lo sabe, ¿no?

-Quizás le haya cogido devoción a otra santa.

Hoy me ha asegurado que venía de una conferencia en el Ateneo

y me he enterado que la sala está en obras.

-Claro, con razón dicen que se coge antes a un mentiroso que a un cojo.

-Digo.

Y para colmo, con toda su caradura,

me ha asegurado que seguirá acudiendo a las conferencias.

-Bueno, a ver, un poco raro sí es.

Un poco rar...

Ay, amá. -¿Qué te pasa, Arantxa?

-Señora, ¿me puedo sentar un momentito?

-Siéntate, que cuando tú dices de sentarte...

-No, no, no, que hablando con usted ahora,

me ha venido a la cabeza.

-¿Qué? -Que el otro día

escuché a don José presumiendo delante de Emilio

de que le había engañao. -Ay, Jesús.

-Y luego decía no sé qué de los "placeres de la carne".

-Por favor.

No creo que se refiera al cordero asado,

sino a carnes más prietas.

Verde y en botella, tiene una amante.

-Señora, que no. Aun así, me cuesta mucho creer esto.

Tiene que haber otra explicación. -Eso habrá que verlo.

Te digo una cosa, sea lo que sea lo que le pasa,

lo averiguaré, aunque sea lo último que haga en mi vida, o en la suya.

-¿Va a dar aviso al detective para que le investigue?

No, él que se encargue de encontrar a Margarita,

del señor me encargo yo.

Emilio, ¿ha visto a don Armando?

-Lo vi salir del portal hace unos minutos.

Se alejó calle arriba.

-Susana.

-Armando, mi respuesta es sí.

-¿Sí, qué?

-¿Qué va a ser? Que sí, me marcharé con usted.

Pero antes

debe cumplir una condición.

¿A qué hora sale nuestro tren?

-A las tres de la tarde, ¿por qué?

-Estamos a tiempo de acudir a la ermita de San Humberto.

Le parecerá una locura, pero...

quiero que nos case su párroco.

-¿Quiere escuchar una locura mayor? ¡Por supuesto que sí!

Casarme con usted, me hará el hombre más feliz del mundo.

Felicita a Agustina, la cena estaba deliciosa.

Mañana, le he dado permiso para que no esperara

a que termináramos de cenar. Ya está en el altillo.

Entonces, ¿estamos solos? Así es.

Sin que nadie nos interrumpa.

¿Interrumpir el qué?

Tengo una idea.

Pero antes, me gustaría entregarte algo.

Es una tarjeta de visita...

de un elegante lugar en la montaña.

No lo comprendo, Felipe.

He localizado un paraje muy bello, pasaremos el día allí

disfrutando de la tranquilidad de la naturaleza.

Siempre que tú quieras, claro. Claro que quiero.

Me encanta la idea.

Cualquier sitio en el que podamos estar solos será el paraíso.

Entonces, empecemos a disfrutar de este momento.

(Música)

¿Me concedes este baile?

Será un placer.

Ay, Liberto,

aún me cuesta creer que Susana se haya ido corriendo tras Armando.

-Estoy muy orgulloso de ella,

ha tenido el valor suficiente para no negarse a su felicidad.

-Señores, perdonen, es que,... servidora no se acaba de enterar.

Entonces, doña Susana no se marcha a Génova,

sino que se va con el señor diplomático a saber dónde.

-Casilda, son cuitas de señores, no son de tu incumbencia.

-Mi tía ha decidido darle una oportunidad al amor.

-Me alegro muchísimo por ella.

Se lo merece.

Es verdad que es una siesa, pero es más buena que el arroz con leche,

claro, con mala leche.

-Pero no te vayas a poner a llorar, ¿eh?

Venga,

recoge y te vas al altillo a descansar,

que ha sido un día muy largo.

-Casilda es un pedazo de pan.

¿Qué te ocurre? ¿Por qué estás tan seria de repente?

¿No te alegras por tu amiga? -Claro que sí,

pero es que... me acaba de asaltar un temor terrible.

-¿Y qué es ese temor que te hace estar así?

-Y si ahora que Armando y Susana son dichosos,

¿eso significa que nosotros no volveremos a tener

la misma pasión?

-Solo hay una manera de comprobarlo.

Yendo de inmediato a la alcoba. -(SUSPIRA)

(RÍEN)

(Música)

Agustina, abra, soy yo, Marcia.

La puerta estaba abierta. ¿Hay alguien?

Felipe.

¿No ha pasado buena noche? -¿Cómo, durmiendo con un adúltero?

-Señora, no se precipite en sus conclusiones.

Solo le estoy pidiendo que se calme y actúe con más cordura.

-¡¿Te parece poco que todavía no le he arrancado los ojos?!

-¿Está segura de que le dijo el Ateneo y no otro sitio?

-Tan segura como que por el río va el agua.

(LLORA)

Perdóneme, señora... por lo que voy a hacer.

A partir de ahora, pienso disfrutar de cada minuto libre a tu lado.

Espera, espera, no tan deprisa.

¿Acaso no deseas lo mismo que yo?

Por supuesto que sí.

Pero ¿no crees que deberíamos ir más despacio?

¡Marcia!

¿Qué te pasa? ¡Marcia! ¡Ah!

-(RESPIRA CON DIFICULTAD)

-Mi niña, no. ¡Socorro, ayuda! ¡Ayuda!

Hace unos días, tu tía se iba a ir a Génova a ver a su hijo,

y ahora, la tenemos rumbo a Francia y casada.

-Me sorprende lo rápido que ha ido todo.

Pues ya me estaba diciendo la señora

que está usted asistiendo a unas conferencias muy interesantes.

¿Y dónde son?

-En el mismísimo Ateneo. -Vaya.

-Concretamente, en el salón de actos.

Por cierto, qué maravilla de sala.

Habrá que llevarla al hospital. -¿Qué ha pasado?

-¡Le ha dao un ataque! -¡El inhalador!

-No lo encontramos. Solo está la funda, solo la funda.

-Lo hemos buscado por todas partes.

-No hay manera. -¡Siempre lo lleva consigo!

¡Siempre lo lleva consigo! -Tranquila.

Marcia, tranquila. Marcia...

-(RESPIRA CON DIFICULTAD) -Aquí está, aquí está.

-Tranquila, Marcia, ¡tranquila! -Ya está, Marcia.

Jamás había visto a Susana tan ilusionada, qué bonito.

Don Armando ha sabido despertar en ella algo que creía muerto.

-Es un hombre muy curioso. ¿Sabes que me ha dejado un encargo?

-¿Sí? -Sí.

¿Qué hace el quiosco abierto?

¿No están Marcelina y Jacinto en el pueblo?

-Tiene razón, parece que hay alguien.

Hace un segundo no había nadie.

-Voy a ver.

¡¿Qué hace aquí, Servando?! ¡Casi se lo clavo!

¿Es por don Felipe?

¿Le viste antes de que te diera el ataque?

-No. Fui a buscarlo, pero no lo encontré.

-¿Ha ocurrido algo con Santiago?

-No, Casilda, no me hagas decir cosas que no son verdad.

-Solo trato de ayudarte.

-¡No necesito tu ayuda, ¿lo entiendes!

He hablado con padre sobre mi decisión de no pisar un escenario.

¡Maldita sea la estampa de ese Carchano!

Lo he pasado tan mal, que se me han quitado las ganas.

Pero no puedo dejar que ese hombre me cambie la vida.

Bien dicho.

Lamento no haber podido despedirme de ellos.

Con doña Susana he compartido toda una vida.

-Precisamente, tengo algo para usted.

-¿Qué es?

-Don Armando me pidió que se la entregara.

Calle, Fabiana.

Vi a Felipe y a Genoveva juntos.

-Por eso sufriste una crisis, y no quisiste

usar tu inhalador, ¿no? -(ASIENTE Y LLORA)

-Pobre muchacha. Ven. Que Dios te perdone,

que Dios te perdone. -Fue horrible, Fabiana, horrible.

-Entender a los hombres,

pide usted mucho, Bellita.

-Los que parece que se entienden a la perfección son Felipe y Genoveva,

¿me equivoco?

-Tengo que confesar que los dos hacen muy buena pareja.

-Sí, buena planta no les falta.

Gracias por la parte que me toca, doña Rosina.

Lo mío con Felipe va bien,

pero no va tan rápido como me gustaría.

-Hace bien en respetar los tiempos de Felipe.

Marcia, ¿qué te preocupa?

Hay algo que te inquieta.

Si no me lo dices, no podré ayudarte.

-Estoy bien, Santiago.

No sé de qué me hablas.

-¿Por qué no usaste el inhalador?

Solo tenías que vengarte de ellos,

solo eso, de todos ellos.

Maldita seas.

"Úrsula".

"Úrsula".

Doña Cayetana.

Ha vuelto.

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Acacias 38 - Capítulo 1130

31 oct 2019

Genoveva parece que ha conseguido que Felipe olvide por fin a Marcia, los dos viven un romance idílico.
Jose anima a Cinta a replantearse su futuro: ¿de verdad quiere dejar los escenarios? Mientras, el Domínguez sigue con sus ensayos de teatro a espaldas de su mujer. Bellita, escamada por la actitud de su marido ¡piensa que le es infiel!
La tristeza de Jacinto empieza a afectar a sus labores como portero. Marcelina decide llevárselo una temporada a su pueblo, junto con sus ovejas.
Rosina organiza una merienda de despedida para Susana, antes de que parta hacia Génova. La merienda se interrumpe cuando aparece Armando, que confiesa a la sastra la razón de su desaparición: estaba pidiendo permiso a la casa real para que ella le acompañara en su misión ¿Acepta? Susana le dice que sí, pero con una condición: antes deben de casarse.
Marcia, convencida tras el episodio de las alianzas que Santiago no es su marido, acude a casa de Felipe. Y le encuentra junto a Genoveva… Haciendo el amor.

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  1. carmela

    Gritos, lamentos y ovejas ya aburrían demasiado, chau Jacinto, volvé con nueva historia. (Muy bien interpretado) por Pablo Paz. A Susana la vamos a extrañar (muy buena interpretación de Amparo Fernández) Saludos cordiales para todo el equipo, desde Buenos Aires.

    02 nov 2019
  2. Liliana

    qué lindos los trajes nuevos de Susana y su nuevo peinado! Le quedan muy bien, la rejuvenecen.

    31 oct 2019