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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1125 - ver ahora
Transcripción completa

-Había olvidado que así era como te gustaba llamarme, "minha menina".

-Prometí honrarte y protegerte,

y lo haré. -Pareces otro hombre.

Dado que ese productor, ese tal Carchano,

le ha insultado con su película,

está en su derecho de denunciarle por injurias.

-Está de nuestra parte, ¿verdad?

-Les daré las señas de un compañero especializado en estos asuntos.

Si les dice que llama de mi parte, les atenderá mañana.

¿Dónde está la cicatriz?

-Búscala bien, era muy pequeña.

Si quieres que te diga la verdad, no me acuerdo.

-La cicatriz que yo te digo la tenías antes de entrar al penal.

Te conocí con ella.

Santiago Becerra, el amante esposo de Marcia

ha decidido que él y su mujer se quedan en Acacias.

Le agradezco la información.

A la vista está que usted no es el mismo de ayer.

-Hoy no es mi día.

Lamento tener que acortar nuestro encuentro

y despedirme.

Don Felipe terminará olvidando a Marcia

y fijándose en una mujer que lo merezca.

Llegado el caso,

yo ayudaría con gusto a esa mujer.

-¿Tampoco te acuerdas de cuándo empezaste a llevar ese sombrero?

-Me lo regalaste cuando nos trasladaron a trabajar a las vías.

¿De dónde iba a sacar dinero para pagar un sombrero como ese?

¿Te gusta? -Lolita,...

es un ajuar precioso.

-Agradecía.

-Parece que tampoco le ha gustado eso.

Y se le ve feliz. Lástima que no pueda disfrutarlo.

¿No puedo conservarla? No.

Lo siento. Era solo para darle una alegría.

Don Alfonso ha recibido el requerimiento del señor Toscano,

quiere verse con mi madre para hablar.

Le noto distante,

para no hablar de que le he enviado una nota por lo del desplante

y, me ha contestado que tampoco puede verme mañana.

Según vayas viendo a los señores,

recuérdales que va a haber una misa a la memoria de mi Martín.

Quiero que asistan todos.

¿Hay algo peor que quedarse sin blanca?

-Que te quite el dinero un enamorado.

Al parecer, el seductor era un hombre con mucho estilo,

y nada sospechoso, tanto,

que a ella no se le pasó por la cabeza la estafa

hasta que empezaron a llamarle los acreedores.

Si algún día las cosas no me va tan bien como espero,

siempre podré sacarle a usted unos cuartos.

Puedo matarte, no lo dudes ni un momento.

Si intentas chantajearme, te mataré.

Ánimo, doña Bellita.

-No ceda usté.

-A por ellos, que son pocos y cobardes.

-Verán cómo se soluciona sin llegar al juzgado.

-Y si no se le da bien, me hace un guiño y me lío a cantazos.

-¿Todavía no se han presentado? -Ya lo decía yo...

-Por allí vienen.

-Señores de la prensa,

tengo el dudoso honor de presentarles

a doña Bella del Campo.

-¿Qué pretende con este despliegue, es una trampa?

-¿Trampa? Cree el ladrón que todos son de su condición.

Solo pretendo que todos conozcan la verdad.

La verdad no es otra que la siguiente:

doña Bella, engreída, endiosada

por su antigua fama, pretende

nada más y nada menos que censurarme.

¡Falso, su película está repleta de mentiras!

-Escuchen a su retoño, ni siquiera había nacido

cuando sucedieron los hechos que cuenta la película.

Pero nos acusa de falsedad.

-Menos mal que nadie la cree, ¿verdad?

Porque es una actriz pésima.

-Se va a enterar. -¡Emilio!

-¿Qué?

Mi único error,

mi único arrepentimiento

es haber escogido a una protagonista sin talento.

-¡Ni quiera sabía lo que iban a rodar!

-¿Se dan cuenta? Doña Bella se ha traído a sus matones.

Pero a mí nadie me va a callar.

La película se estrenará.

-Y si quieren ir a los tribunales, que vayan, la verdad resplandecerá.

-No, señora,

yo soy un artista libre, ¡nadie va a callarme,

ni tan siquiera una diva venida a menos como usted!

Y ahora, si lo desean,

puede responder a las preguntas de la prensa. Chicos.

-¡Yo le mato, sinvergüenza!

(HABLAN TODOS A LA VEZ)

(Sintonía de "Acacias 38")

Debería apartar el cuchillo de mi cuello.

No estoy acostumbrado a que me amenacen.

Permíteme que lo dude.

Se lo advierto, si se saca un arma, se debe ser capaz de emplearla.

Ponme a prueba,

no dudaría ni un solo segundo en degollarte.

La creo, se ve la decisión en sus ojos.

Siempre me han gustado las mujeres con arrojos.

Se ve que la juzgue mal.

Un error que puede salirte muy caro.

No te engañes por mis ropajes caros,

yo también vengo del fango,

he tenido que luchar con uñas y dientes por todo lo que tengo,

así que, tonterías las justas.

Porque si no... Si no, ¿qué?

¿Va a matarme aquí mismo?

Creía que te había dejado claro que era capaz de hacerlo.

No dudo de su valor, Genoveva, pero tampoco de su inteligencia.

Si me elimina ahora, ¿qué impedirá que Marcia, viuda de nuevo,

regrese a los brazos del abogado?

Sabe que tengo razón.

Así que, ¿por qué no baja ese cuchillo

antes de que alguien pueda cortarse?

Ha elegido bien,

no me gustaría habérselo tenido que arrebatar.

(SE QUEJA)

¿Está loca?

¿Por qué ha hecho eso? Para que veas la sé usar.

Si vuelves a fallarme, no te irás solo con un rasguño.

Espero que se te hayan quitado las ganas de reírte de mí.

Vamos a llevarnos bien, señora. A fin de cuenta, somos socios.

Te equivocas de nuevo, no somos socios,

tú eres es mi subordinado.

Cada instante que pasa, me agrada más.

Es una lástima, a mí me sucede al contrario.

Lamento escucharlo,

va a tener que soportar mi presencia durante más tiempo en Acacias.

Y ya le he dicho que le soy más útil vivo que muerto.

Vamos a llevarnos bien, mi señora.

Socios puede que no,

pero lo que sí vamos a ser

es vecinos.

Esto no quedará así.

Tenlo por seguro.

Por aquí no ha pasado un ángel, sino todo un batallón.

Están callados como muertos.

No nos quedan muchas ganas de hablar, cariño.

-Sobre todo, viendo cómo mi esposa me mantiene al margen

de asuntos tan delicados.

No deberías haber ido a esa reunión con Carchano sin mí.

Ahora mismo voy a ir a buscarle y, encararle.

Estoy dispuesto a tirar al río su cuerpo.

Padre, no diga eso ni en broma. Usted no es un asesino.

-¿Y aún te preguntas por qué no te dije nada?

Ahí tienes la respuesta,

temí que viéndote frente a él, perdieras los papeles.

-Es una forma de hablar, mujer, pero sí,

por mi familia soy capaz de cualquier cosa.

Madre tiene razón,

esos arrebatos solo pueden complicar aún más la situación.

Lo último que necesitamos es que le rompa la cara a ese desgraciado.

Piense la publicidad que conseguiría.

Lo sé,

pero me siento tan impotente viendo cómo os atacan.

(Puerta)

Voy a abrir, que Arantxa ha salido.

No creo que sean malas noticias.

Las cosas no puede empeorar más.

-José, no digas eso ni en broma,

no tientes la suerte,

que en esta vida se puede estar peor que hace cinco segundos.

Padre, un mozo ha traído una nota para usted.

-¿Quién la envía?

Juan Ignacio Toscano.

Padre, diga algo, que nos tiene con el corazón en un puño.

Al parecer, su ayudante le ha puesto al tanto

de la sucia jugada de Alfonso.

Lamenta no habernos podido atender personalmente.

-A tiempo está de solucionarlo ayudándonos ahora.

-Descuida, que parece dispuesto a hacerlo.

Asegura que no nos preocupemos.

Irá con toda la fuerza de la ley en contra del productor.

¿Va a denunciarle? Así es, y ahora con más fuerza.

Le reclamará su comportamiento delante de la prensa.

Parece convencido de nuestra victoria.

No puede ser de otra forma,

si aún existe justicia en este mundo, claro.

Amor mío, ¿qué te sucede? ¿No te alegran las buenas nuevas?

-Claro que sí, José,

pero hay algo que me sigue inquietando,

¿llegaremos a tiempo de detener el estreno de la película?

-A eso no puedo responderte.

Lo importante ahora es reunir pruebas contra Carchano

y demostrar su mala fe,

que no queden dudas de que todo es un infundio

y un infame ajuste de cuentas.

Casilda, sírveme un poco más de guiso.

-Arrea, doña Susana,

hoy tiene más apetito que to un regimiento,

ya es el tercer plato.

Menos mal que don Liberto cenaba en el Ateneo,

porque se iba a encontrar la olla vacía.

Qué desfachatez,

¿insinúas que como en exceso?

¿Lo ves? Nunca has sabido tratar al servicio.

Por eso es tan insolente. -Casilda, ve a la cocina.

Ya te daré aviso cuando te necesitemos.

Templa, Susana,

que Casilda, aunque insolente, tiene más razón que un santo.

Sale más barato comprarte un vestido que invitarte a cenar.

-Si temes gastar demasiado, descuida, que te pagaré el menú.

-Que no es eso.

Me resulta raro verte comer así, en exceso, nunca tienes tanto apetito,

no eres de comer tanto.

¿Estás nerviosa?

-¡Sí, Rosina, así es, estoy angustiada!

-¿Por Armando?

-No dejo de pensar en él.

Es que... no comprendo su actitud.

-Seguro que hay una buena razón que la explique.

-A mí ya se me ha ocurrido una.

¿Y si ha perdido el interés después de conquistarme?

¿Y si piensa que soy una mujer fácil?

O peor aún,

¿y si es un timador como ese del que nos habló Felicia?

-Qué cosas. ¿Cómo va a ser Armando un timador?

¿Le has dado dinero?

-No, nunca me lo ha pedido.

-Pues ahí lo tienes,

menudo timador que no se lleva ni una peseta de sus víctimas.

-Entonces, ¿por qué se muestra tan distante,

por qué no deja de poner excusas para no verme?

Sería terrible que me rechazara ahora

que le he abierto mi corazón y todo el mundo está al tanto.

-No tiene que ser eso, no te pongas en lo peor.

-¿Tan poco ha durado la ilusión del amor?

Lo que puedo hacer es romper con él antes de que me haga más daño.

-No pierdas el oremus.

Tranquilízate, que sería peor el remedio que la enfermedad.

-No, Rosina, yo he apostado por el amor y me he equivocado.

No pienso sufrir más.

Aquí... y ahí.

Hoy invita la casa.

-Arrea. Ya puedo decir que lo he visto to en este mundo,

Servando convidando.

-Debe tener fiebre, habrá que avisar a un médico.

-No, no,

esto es en honor a Martín.

Que Dios le tenga en su gloria.

-Es usté muy buena persona, Servando.

-Aunque a veces lo disimule de miedo.

Cada vez que llega el aniversario de la muerte de mi Martín,

siento que me rompo por dentro.

Ay, Martín,

¿cómo me dejaste tan sola?

Me llamo Martín, ¿y tú?

-Casilda.

-Aquí se dan dos besos al presentarse. Así.

-Pues que descaraos los filipinos.

-Toma.

-Y tú más descarao, Martín.

-Aquí tienes mi corazón, a ver qué haces con él.

-No te me vengas abajo Casilda, es ley de vida.

-Ya lo sé, señá Fabiana, pero qué vida más perra.

-Ahora

solo nos queda rezar por nuestros difuntos

y recordarles con cariño.

-Bueno,

¿has avisado a todo el mundo pa lo de la misa?

-Un servidor se ha encargao.

-Entonces, podemos temernos lo peor. -No diga eso,

que he ido puerta por puerta pa que tos, criados y señores, lo sepan.

-Va a acudir toda Acacias.

Todos te tiene en alta estima, prima.

-Sí, espero que así sea,

porque es lo que se merece mi Martín,

que todos le recuerden.

"Quiero que seas mi novia y que hagamos un plan de vida juntos".

"El pasado me importa un comino".

"Cuida de mi corazón, Casilda".

-"Martín...".

Con este anillo, yo te hago mi esposo.

Bueno, yo me voy a ir marchando,

que me queda mucha faena por delante como pa ponerme mohína.

Le prometí a doña Rosina que lo dejaría todo listo

antes de irme a la misa.

-Espera, que te acompaño,

yo también tengo que ir a la portería.

-Iba a prepararte un ramo blanco pa que lo ofrezcas en la misa.

-Muchas gracias, prima.

Muchísimas gracias a todos.

-Pobre Casilda,

pasan los años y sigue añorando a su Martín

como el primer día.

-Sí, a este paso, no volverá a encontrar marido.

-Eso nunca se sabe, Servando.

Mire a doña Susana,

¿quién nos iba decir que iba a estar pelando la pava

con un caballero?

-Eso sí, pero...

es que, Martín era un hombre de los que dejan huella.

No creo que vaya a encontrar otro igual, la verdad.

-Arrea, Servando,

¿está llorando?

-¿Yo? Por Dios, Fabiana, qué tontunas dice usted.

Será una mota de polvo.

-Pues parece que le ha rebotado de un ojo al otro.

-Servando,

tiene que levantar ese ánimo, hombre.

Hágalo por Casilda.

-No, si lo sé,

lo que pasa es que echo mucho de menos a Martín.

Todavía me acuerdo

de las horas que pasábamos en esa portería,

hacía todos los trabajos que le pedía sin rechistar,

y siempre con una sonrisa.

-Lo que pasa es que era muy bueno y se dejaba manejar.

El pobre se ganó el cielo por aguantarle a usted.

(RÍE)

-¿Está usted bien? Parece decaído.

-No es nada, estaba recordando a un viejo amigo.

-Me alegro de verle.

Sepa usté que Servando y yo hemos estado hablado de usté,

de su deseo de quedarse con la habitación.

-Nada me gustaría más,

lo que no sé es si será posible dadas mis posibilidades.

-Ahora mismito se lo explicamos, que tenemos algo que proponerle.

Rosina, ¿has visto a Casilda? No está en la cocina.

-Se ha ido al mercado. -¿Tan pronto?

-Recuerda que hoy es la misa por Martín.

Ella quería tener la faena a tiempo.

-Es verdad, lo había olvidado. Pobre Casilda.

-Sí, tan joven y ya tantos años viuda.

-Deberías haberle dado el día libre.

-Mejor que tenga la mente ocupada.

Y hablando de viudas, estoy preocupada por Susana.

-¿Qué le sucede?

-No consigue quitarse la angustia de encima

por el desdén que le muestra Armando.

¿Y si tiene motivos para desconfiar?

¿Y si Armando no es el hombre que imaginamos?

¿Y si lo que nos ha contado es mentira y no es diplomático

ni nada de nada?

-No sé qué decirte, cariño.

Hace unos días, hubiese asegurado que no eran locuras vuestras,

pero he de reconocer que últimamente, su comportamiento

es muy extraño.

-Liberto, como cabeza de familia, te corresponde averiguar la verdad.

Habla con él y acláralo todo. -Tienes razón, lo haré.

Así que, estamos solos.

¿No? -Sí.

-¿Quieres que vayamos a...?

-¿Adónde?

-No, a ningún sitio.

Se lo agradezco de corazón.

-No lo haga, es un acuerdo justo.

Y fue todo idea mía, sí, señor.

Bueno, todo, todo, no, dejémoslo en parte.

-Les agradezco la deferencia que han tenido.

-Descuide, Santiago, estamos encantados con usted.

-Y tenemos que ayudarnos siempre que sea posible.

-Buen día.

Les veo muy contentos.

¿Se celebra algo? -No faltarían motivos.

Servando y Fabiana nos dejan la habitación a un precio especial.

-A cambio de que nos haga algunos trabajitos en la pensión

en sus horas libres.

-¿Te das cuenta? Ya tenemos un lugar donde vivir.

-Sí, es una buena noticia.

-Y con las horas extra que estoy haciendo, podremos ahorrar.

Ya no tendrás que trabajar como criada.

-Pero yo no quiero quedarme mano sobre mano.

Puedo buscar una ocupación y ganar dinero,

así viviremos mejor. -No quiero que te sacrifiques más.

Marcia, no quiero discutir por eso.

Lo que importa es que podremos quedarnos en Acacias,

es nuestro lugar.

¿Estás contenta?

Aquí seremos muy dichosos. Tenlo seguro.

Aquí tenéis vuestros tés.

No te acostumbres a que te sirva como a un cliente más, hermano.

Porque está tu novia, que si no, ibas dado.

-No. Camino, aprovecha que hay pocos clientes y siéntate con nosotros.

Estábamos maldiciendo a Carchano.

-En tal caso, no me importa unirme.

Maldita sea su estampa, cómo nos la ha jugado el condenado.

¿Cómo está tu madre?

Destrozada, la semana que viene

estrenarán la película en España, y más adelante en América.

-Si así ocurre, su nombre quedará por los suelos.

Temo que sea incapaz de levantar cabeza.

-Mal rayo le parta al productor.

Jugó con nuestra ilusión solo para vengarse de tu madre

de forma muy miserable.

Y encima va a ganar un dineral con todo esto.

La prensa se ha hecho eco del asunto

y... no hay mayor publicidad que un escándalo.

-Aún le puede salir el tiro por la culata.

Cinta me acaba de comentar que Toscano ha aceptado el caso.

Está preparando la denuncia contra Alfonso.

-Eso es una buena noticia.

Está por ver hasta qué punto.

Dudo que pueda hacer algo en tan poco tiempo.

Quizás logre frenar el estreno en América, pero en España

llegará a las pantallas. Y el daño ya estará hecho.

-No puedo creer que se vaya a salir con la suya.

¿Cómo no nos dimos cuenta antes de lo que se proponía?

Nunca me lo perdonaré.

No dejó de hacer cosas raras durante todo el rodaje.

-Di que sí, Cinta, desde negarse a darte el libreto,

hasta apuntar esas cosas extrañas en el cuaderno rojo.

-¿Qué cuaderno es ese? -Uno que encontré entre sus cosas.

Dile a tu hermano lo que viste en él.

"Cada instante que pasa, me agrada más".

Es una lástima, a mí me sucede al contrario.

Lamento escucharlo,

va a tener que soportar mi presencia en Acacias.

"Y ya le he dicho que le soy más útil vivo que muerto".

Maldito sea. ¿Quién se ha creído que es?

¿Hay alguien ahí?

¿Úrsula, es usted?

¿Por qué ha puesto la foto de Mateo en ese marco?

¿Qué está diciendo?

¿Por me mira así? ¿Por qué me la arrebató?

Úrsula, no se trata del retrato de Mateo, sino del de Samuel.

¡No se atreva a mentirme!

Mírelo usted misma.

Perdone, señora,

discúlpeme.

Muchas gracias por dejarme el tocao, señora.

-De nada. Te dije que te quedaría fetén.

-Sí. La verdad que con él,

y el vestido que me ha arreglao Agustina, parezco una señora.

-Sí. Estás muy elegante y bonita.

-Ya.

Es una lástima que ir de esta guisa sea pa recordar a mi Martín,

y no pa disfrutarlas con él.

(SUSPIRA)

Hasta que no pierdes a lo que más quieres,

no se da cuenta de que hay que disfrutar la vida cada segundo,

la dicha pasa en un suspiro.

-Tienes más razón que una santo, Casilda.

Cuando tengas mi edad,

ya te darás cuenta de que cada día se pasa más rápido.

Como esos coches, ¿verdad?, que cogen la friolera

de 42 kilómetros por hora.

¿Te imaginas qué velocidades?

-¿Cómo voy a hacerlo, señora?

Si yo no sé lo que se siente cuando una va

a diez kilómetros, ¿cómo voy a saber lo que se siente a 42?

Bueno, yo me voy a ir bajando.

Como viuda, tengo que recibirlos a tos.

-Sí. En unos minutos bajamos Liberto y yo.

-Una cosa más,

procure no llegar tarde como acostumbra.

-Te prometo que en esta ocasión seré muy puntual.

Lo intentaré.

Te lo prometo.

-Muchas gracias.

(RESOPLA)

Ay, Señor.

(Puerta)

Liberto, ¿dónde estabas? Cámbiate, que tenemos que ir al funeral.

He prometido no llegar tarde. No me hagas faltar a mi palabra.

-Sería la primera vez que te retrasaras por mi culpa.

Además, tengo motivos de sobra para haber llegado tarde.

He ido a ver a don Armando. -¿Qué te ha dicho?

-Absolutamente nada. No le he encontrado.

De lo que sí me he podido enterar

es de que es posible que abandone la vivienda en breve.

Le he dejado una nota diciéndole que quiero verle cuanto antes.

-Liberto, esto es cada vez más extraño.

¿Qué hacemos con tu tía, le contamos lo que sucede o nos callamos?

Nada. Que aquí al final no viene ni el tato.

Esto va a parecer la misa por la memoria de un verdugo.

-Mujer, aún queda. Estarán a punto de llegar.

-Espero que a mi primo no se le haya olvidado avisar a todos.

-Templa esos nervios, Casilda. Todo va a salir a pedir de boca.

-Eso espero. Perdonadme, estoy muy nerviosa.

Menos mal que estáis aquí pa arroparme,

que si no, no sé cómo estaría.

A todo esto,

¿usté no tendría que estar faenando?

-Ha pedido el turno de noche en el almacén para poder venir.

-La misa de hoy es muy importante.

No conocimos a Martín, pero Marcia te tiene en alta estima.

-Y el sentimiento es mutuo.

-Mira, por ahí llegan. -¿Lo ves?

No te iba a dejar sola en un día como este.

-Ay...

¿Cómo, Casilda, acaso lo dudabas?

Somos tu familia.

-Y además, yo, al Martín, le quería como a un hijo.

Hasta nos parecíamos,

quitando que él era más alto, más joven

y con más pelo.

-Sí, sí, vamos, como dos gotas de agua.

-Casilda, ¿te has visto? Estás de lo más elegante y apropiada.

-Agustina, le ha arreglado el vestido.

-Es verdad. Lo ha bordado, nunca mejor dicho.

-Si Martín te pudiera ver, se moría de la impresión otra vez.

Mujer, es una forma de hablar.

-Tranquilo, Servando, ya sabemos cómo es usted.

Sé que no lo ha dicho con mala intención.

-Hablando de cosas apropiadas,

¿qué te parecería si en la iglesia doy dos berríos como homenaje?

-Que no, Jacinto,

que ya te he dicho que al párroco no le va a gustar.

¿Y si lo hago como si fuera un monje rezando?

Yepa ya...

-Amén... -Amén...

-Ay, mi Casilda. Ya estoy aquí pa lo que haga falta.

-Puedes empezar por no apretarla tanto,

que con la diferencia de altura y el barrigón,

más que un abrazo, pareces una bestia salvaje.

-¿Te parecerá bonito hacernos reír en un momento tan triste?

-Ande, señá Carmen, no le regañe,

si Martín se reía como el que más, él se hubiese reído con esta chanza.

Y estaría la mar de contento de ver que todos ustedes

me están acompañando hoy.

-Pa chasco que sí.

Y esta tripa no va a impedir que te abrace.

Si fuera por mí, te arrullaría y te cogería en mis brazos.

-Ten cuidado, Casilda, que es muy capaz.

-Anda, déjate de tontás, Lola,

que te tendrás que reservar para darle muchos arrumacos

a esta criatura.

(Campanada)

-Santiago, Marcia, me alegro de verlos.

¿Qué tal os vais adaptando a Acacias?

-De maravilla, me siento muy bien acogido.

¿Cómo estás? Temíamos no llegar a tiempo.

-De ninguna manera, no pueden empezar sin nosotros.

-Eso díselo al párroco.

Será mejor que entremos.

Ya es casi la hora.

Casilda,...

ánimo.

-No te pienso soltar en toda la ceremonia.

(Campanadas)

Para con el abanico, que parece que tenemos un huracán dentro de casa.

-Ay, José,

siento que me falta el aire.

A mí me va dar algo.

-Ten fe, morena, seguro que ganamos el juicio.

Demostraremos que ese mal nacido es un mentiroso y un manipulador.

-¿Y de qué nos va a valer ganar, si la película ya se ha visto?

No, José, ya será tarde,

y el mal ya estará hecho.

Mi nombre quedará por el fango.

-No, no lo permitiré.

-Por desgracia, no está en tu mano.

(Puerta)

Ojalá Dios me mande a la virgen de Cinta pa que haga un milagro.

-No es por desanimarte,

pero la aparición de la virgen no se molestaría en llamar a la puerta.

Efectivamente,

la visita no es de nuestra señora.

-No,

mucha cara de virgencita no tiene, no.

-Siento haberles defraudado, pero quería hablar con don José.

A ser posible, a solas.

-Bueno, descuide,

yo me marcho a mi habitación a descansar un rato.

Hasta mareos tengo. Con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

-Usted dirá, Emilio, ¿qué es lo que ella no podía escuchar?

¿Acaso ha sucedido otra desdicha?

-No, al contrario,

es posible que hayamos encontrado la solución a todos nuestros males.

Pero no quería que su esposa se ilusionara antes de saberlo seguro.

-El que se está ilusionando soy yo.

Explíquese, se lo ruego.

¿Está usted al tanto de la existencia de un cuaderno rojo

en el que don Alfonso tomaba anotaciones durante el rodaje?

-No, es la primera vez que oigo hablar de él.

¿Y qué apuntaba en ese cuaderno?

-Por lo que sospecho, los detalles de su pérfido plan.

-No me diga. Si eso es así,

esa es la prueba definitiva para mi abogado.

-Tenemos que tenerlo en nuestro poder, cueste lo que cueste.

Pero debemos planearlo muy bien,

un paso en falso sería nuestra ruina.

Qué pena que Antoñito no haya podido quedarse hasta el final de la misa.

-Sí, pero antes está la obligación que la devoción.

Tenía una importante reunión con unos proveedores.

Seguro que Casilda lo ha entendido.

-Lo que no sé es si la molestará que no me haya quedao con ella

en un momento tan triste.

Pero las piernas me estaban matando.

-Pierde cuidado, Lolita,

que Casilda sabe perfectamente cuál es tu estado.

-Seguro que no te lo tiene en cuenta.

-Eso espero, que no veo el momento de sentarme.

Arrea.

-¿No tenías tantas ganas de sentarte?

Más bien, lo que voy a hacer es caerme redonda al suelo.

¿Qué es esto?

-Un cochecito de paseo francés.

Es para mi nieto.

Para que todas las vecinas puedan admirarlo.

-Pues no sé qué admirarán más,

si al retoño o al carrito, que es más digno de un príncipe.

-Según el vendedor, la mayoría de las nodrizas

de la nobleza francesa lo llevan.

¿Qué pasa, hija?

¿Acaso no es de tu agrado,

o es que esperabas un regalo más caro?

-No, no es eso, suegro. Que...

Que no quiero que mi hijo sea un niño rico y consentío.

Su madre es de origen humilde y ha faenao toa la vida.

Y quiero que mi hijo le dé importancia al esfuerzo,

al trabajo y al valor del dinero.

Y por eso no me complacían sus bonitos regalos,

querido suegro.

-¿Y por qué no me lo has dicho antes?

-Porque me daba apuro.

Sé que lo hace con la mucha ilusión y con buen intención.

-O sea, que el problema es todo lo contrario de lo que yo imaginaba.

-Bueno, tranquilos, esto pasa por no hablar claro.

-Pues no te preocupes,

que no va a ser el abuelo quien vaya a malcriar a su nieto.

Ahora mismo, devolveré todos los regalos.

-Bueno, bueno.

Digo yo que ya que está aquí,

lo mismo no hace falta que devuelva el carrito.

Con decirle al crío que no es de alcurnia, asunto arreglao.

-Eso. -Es que es precioso.

Venga, un abrazo. Agradecía.

Os agradezco mucho que os hayáis quedao conmigo.

Tras la misa, no me quería quedar sola.

-Ha resultado una ceremonia muy hermosa.

-Toda Acacias ha estado allí apoyándote.

-Bueno, tampoco es que una merezca tantas atenciones.

-¿Cómo que no? Es lo menos que te mereces por ser tan buena.

Todos te queremos, Casilda.

-¿Por qué no aprovechamos que tu señora te ha dado unas horas libres

para que te convide a unos barquillos en los jardines?

Ver algo de verde, mientras se come algo dulce, alivia.

-Pa chasco que sí.

-Y además, si es en buena compañía, mejor que mejor.

-Descuida, tú también estás invitada.

La misa por Martín ha quedado fetén. Casilda parecía más aliviada.

Hizo un trabajo excelente arreglándole la ropa,

estaba muy guapa y elegante.

No podía dejar que fuese a honrar

a su difunto hecha una facha.

Voy a la cocina a prepararles algo de limonada para que se refresquen.

Gracias.

Apenas has abierto la boca desde que abandonamos la iglesia.

¿Qué te sucede?

Nada, no te preocupes.

Creo adivinar tu mal sin esfuerzo.

Te sigue aturdiendo la presencia y la cercanía de Marcia.

Felipe, no puedes seguir así. Tienes que acostumbrarte a verla.

¿Tienes algo que hacer ahora?

Nada en especial, ¿por qué?

Podríamos ir a comer al centro. ¿Te gustaría acompañarme?

Será un placer. Luego podríamos pasear un poco.

Sí, hasta que nos dé la hora de la merienda

y podamos volver a sentarnos en un café.

Me parece un plan estupendo.

Aquí tienen la limonada.

Se lo agradezco, Agustina, pero vamos a salir.

No me espere hasta la cena.

Eso si le dejo llegar a tiempo.

Quiera la virgen que doña Genoveva devuelva la alegría a mi señor.

Dios la bendiga.

Gracias por responder a nuestra nota, don Alfonso.

Ya me estoy arrepintiendo de haberlo hecho,

pero la curiosidad me ha podido.

Díganme, ¿qué querían decirme?

¿Por qué no toma asiento?

La conversación siempre es más llevadera con una buena comida.

Yo elijo la compañía para comer y, esta no resulta de mi agrado.

Así que, por favor, al grano.

No hace falta que se ponga tan a la defensiva,

queremos llegar a un acuerdo.

-¿Un acuerdo?

Sí. Pero siéntese, don Alfonso, siéntese.

Queremos que retire las película,

que no la estrene ni en España ni en ningún otro lugar.

Como me temía, esto ha resultado una enorme pérdida de tiempo.

¿Qué se supone que me van a ofrecer a cambio, su gratitud eterna?

No, pagarle los gastos de la producción, más un extra.

Más un generoso extra.

-¿De verdad son tan simples?

¿Cómo pueden pensar que después de las molestias que me he tomado,

voy a retirarme a cambio de una mísera propina?

-Aguarde un suspiro.

Don Alfonso, hablando se entiende la gente.

Podemos subir la oferta. No tienen nada que ofrecerme.

Podríamos trabajar como actrices en sus próximas películas.

-Y sin cobrar una peseta.

Y solo...

por no estrenar la condenada película.

Dese prisa, por lo que más quiera.

Dudo que Cinta y Camino puedan retener a Carchano

mucho tiempo antes de que se huela que hay gato encerrado.

Lo sé, pero no encuentro ni el libreto que nos enseñó

ni el condenado cuaderno rojo. -Pues coja cualquier otro.

No te pongas caprichoso con los colores.

-Si en vez de quejarse todo el tiempo, me ayudara,

podríamos marcharnos antes.

Ya he buscado por todos los cajones y no lo encuentro.

Sin ellos, no podemos demostrarle al juez que actuó de mala fe.

Cuidado, no nos oigan.

-Emilio,

creo que he encontrado el condenado libreto.

-¿Está seguro?

Sí, este es el que me enseñó el mal nacido.

-¿Cómo lo ha encontrado?

-Pues porque... Porque he buscao con cuidado.

Hay que saber buscar.

La juventud... estáis en Babia.

-Y aquí está el cuaderno rojo.

Lo tenemos.

A cambio de la película,

podemos darle también un año de comidas gratis en el restaurante.

-¿Están hablando en serio?

Por supuesto, usted no sabe lo bien que se come aquí.

-Agradecida por el piropo, Cinta.

-Sin duda, han perdido por completo el oremus.

¡No! Tiene que esperar un poco más.

-¿Por qué debo esperar más?

¿Qué está pasando aquí?

¿Están intentando retenerme?

Es eso, me están intentando retener.

Es una trampa.

Me han tendido una trampa.

-¡Por ahí no, por favor!

Pues nada,

Dios quiera que mi padre y Emilio hayan salido de la productora.

Lo escrito no deja muchas dudas, ¿eh?

Lo que pretendía era que Cinta interpretará a Bellita

para denigrarla en la película.

-Creía que al ser la hija de la artista, el daño sería mayor.

Por eso eligió a Cinta para el papel.

-Un buen mandoble será lo que se lleve a cambio.

-No será necesario,

con este cuaderno en sus manos, Toscano convencerá al juez

sin ningún problema de que debe condenarle.

La pesadilla ha terminado.

-Ea. Vamos a robar el cuaderno.

-No, esto no es robar, esto es hacer justicia.

Carchano es quién quería arrebatar el buen nombre a su esposa.

-Ole ahí, ese es mi yerno.

¡Bien dicho, Emilio! -Vámonos.

-Eh, aguarde.

-¿Qué hace? Tenemos que marcharnos cuanto antes.

-Estaba pensando otra manera más rápida de hacer justicia.

Se lo aseguro, doña Susana, debe dar gusto morirse

si a uno le hacen misas como la de esta tarde.

-Ha resultado una ceremonia muy sentida.

Casilda ha podido ver el cariño que todos la tenemos.

-El que merece.

Después del oficio, Santiago y Marcia se la llevaron

a comer un barquillo.

Casilda volvió con una sonrisa en la cara.

-Ha hecho muy buenas migas con Marcia.

Y por lo que me cuentas, también con su esposo.

-No es de extrañar, es un buen hombre.

-Eso he oído.

Os tiene a todos encantados.

-Hablando de hombres que se han hecho un hueco entre nosotros,

hace un par de días que no veo a don Armando.

Anda, si antes le nombro, antes aparece.

Don Armando, me quejaba de que no se le veía el pelo.

-He estado muy ocupado. -Ah.

Cesáreo, disculpe,

pero tengo que hablar de ciertas cuitas con doña Susana.

¿Nos podría dejar solos?

Por supuesto, no quiero molestar.

Me alegro de verle de vuelta. Con Dios.

-Descuide, sé perfectamente lo que viene a contarme.

Me he dado cuenta de lo que sucede.

-¿Ah sí?

-Sí, y no tiene sentido andarse con rodeos, ya somos mayorcitos.

Entiendo que ha perdido el interés en mi persona

y prefiere dejar de verme cuanto antes.

-Susana, se equivoca, no es eso lo que debo contarle.

Estos es el rollo de película con todas esas falacias.

¿Eh? Le pegamos fuego y asunto arreglado.

-Lo temía. ¡¿Qué demonios hacen aquí?!

Parece que te he asustado. ¿Pasa algo?

-No. Simplemente, no te esperaba ya.

-He pensado en descansar un poco

antes de que comenzara mi turno en el almacén.

Me aguarda toda la noche en vela.

-Santiago, te agradezco lo que has hecho por mí

acompañándome a la misa de Martín. Has sido muy cariñoso con Casilda.

-Sé la estima que le tienes.

Por eso he querido tener un detalle con ella.

¿Por qué me miras así? ¿He dicho algo inconveniente?

-Es difícil de explicar.

Es como... si en ocasiones, no me parecieras tú,

como si fueras otra persona.

-¿Qué tonterías estás diciendo, Marcia?

-Lo sé, no tiene sentido.

Santiago, ¿te acuerdas del día que me salvaste la vida en Brasil?

-Sí, claro, nunca podré olvidarlo.

Estábamos construyendo el ferrocarril

que tantas vidas se llevó.

Tú te caíste de un andamio y perdiste la conciencia.

Ni siquiera respirabas.

Tuve que darte primeros auxilios.

-Entonces,...

¿también te acuerdas de mi mejor amiga?

-¿De Cariné?

-Ajá. -Sí, claro.

Era una muchacha dulce como tú y trabajadora como la que más.

Pero no te entiendo, ¿por qué me preguntas por Cariné?

-Me he acordado de Cariné porque ella siempre me recordaba

cómo te apresuraste a salvar mi vida.

Lo vio, estaba a tu lado.

-Sí, me acuerdo de su cara de espanto.

"Antes lo sabías bien,"

ají dulce y... cilantro.

"Santiago, no tienes la cicatriz".

-¿Cuál de ellas?

-La de la espalda.

-No sé, búscala bien, era muy pequeña.

-No está.

-Marcia, ¿qué te ocurre? Has perdido la color.

-Cariné no fue testigo de cómo me salvabas.

No podía haberlo sido, ella cayó del andamio conmigo

y se quedó inconsciente.

¿Cómo es posible que no lo recuerdes?

¡He hecho justicia para que todos vean quién es Bella del Campo!

-¡Nadie verá nada!

¡Nos llevaremos el cuaderno y la película!

-¡Sobre mi cadáver!

-¡Cuidado! -De aquí no sale nadie.

No quería perderte.

Decepcionarte con mis olvidos.

¿No me crees?

-Susana,

he recibido una carta.

Una carta que me ha enviado su majestad.

-¿El rey le ha enviado una carta?

-Me han faltado fuerzas para hablarle de ella.

Lo siento, pero esa carta ha cambiado todo para mí.

El rey me requiere para una misión diplomática en Francia.

-Quería invitar a todos los criados a una barbacoa.

-Vaya, qué detalle. A ver si aprendemos algo.

-Oiga, que he sido yo el que ha mencionado lo de la celebración.

-Háganme el favor y corran la voz de la invitación.

Eso sí, no le digan nada a Arantxa.

-Arrea. ¿No quiere que ella vaya?

Úrsula, ¿qué se le ofrece?

Mi señora me ha dicho que Felipe guarda un retrato de Mateo.

Venía a que me lo enseñara.

Eh... Lo siento, Úrsula,

pero son cosas de mi señor y no me gusta hurgar en ellas.

No me niegue este consuelo.

No sé de dónde habrá sacado que estábamos juntos.

Lo habrá visto en nuestras manos.

¿Ves?

Te veo alterado.

-He ido a casa de mi tía a invitarla a comer y no había nadie.

He llamado varias veces y nadie me abrió.

-Tú tía a estas horas suele estar recogida.

¿Preguntaste al portero?

Quizá le haya surgido algo. -Sí, pero no sabía nada de ella.

No sabe si ha dormido en casa.

-(RÍE) ¿Dormir fuera de casa? Imposible.

-Y menos sin avisar.

Lo he pasado muy bien.

Gracias por tu compañía.

Ha sido un placer compartir la tarde contigo.

Doña Genoveva.

¿Qué quiere?

Hablar con usted. A solas, si es posible.

Había venido a ver a Casilda

para saber cómo estaba después de la misa.

Ya ves que no está.

Volveré más tarde.

-"Tenemos que encontrarla".

-¿Dónde?

Tu tía, piénsalo, solo va a la iglesia, al restaurante

o a la mantequería.

-Ya he preguntado en esos sitios y nadie sabe nada.

-Eso sí que es raro. Ahora sí que me preocupo.

¿Le habrá pasado algo grave?

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

Marcia, pero ¿qué te pasa, mujer?

Ya está.

Úrsula, ¿es usted?

¡Úrsula!

¿Está ahí?

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Acacias 38 - Capítulo 1125

24 oct 2019

Susana teme por el extraño comportamiento de Armando, que más tarde citará a la sastra para comunicarle algo muy importante. Ramón por fin aclara con Lolita el malentendido de los regalos, quiere que su hijo aprecie el valor de las cosas.
Bellita está derrotada después de descubrir que Alfonso se ha hecho pasar ante la prensa como víctima de la censura, pero Emilio instará a los Domínguez seguir adelante con la denuncia tiene un plan para acabar con el productor y esposa.
Santiago sigue ganándose la confianza de Marcia y le desvela que se quedan en Acacias, pero la brasileña sospecha de su marido y comienza a acorralarle a preguntas. Úrsula comienza a desquiciarse con Genoveva después de que esta le mostrara una fotografía de Mateo.

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  1. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    Casilda necesita urgentemente un novio, por ella que se lo merece ya después de más 10 años de viuda es una racanería por parte de l@s guionistas. Se pasan 100 pueblos con la historia de Casilda que es la más simpática y buena persona para tod@s. Aquí se regalan parejas como churros menos para Casilda y se merece un buen mozo y que tenga posibles ya vale de ser chacha, la quiero ver bien guapa ya que lo es mucho más que cualquiera de los personajes, y la más bella de las actrices de Acacias 38.

    28 oct 2019
  2. lyla

    por favor cambien de guionistas, la serie ha entrado en bucle,usando una y otra vez las mismas historias con diferentes personajes, le falta frescura, llegando a ser patética

    25 oct 2019
  3. Pilar Méndez

    Excelente la escena entre Rosina y Casilda cuando le estaba colocando el tocado para ir a la misa por su Martincico y cómo le decía que estaba muy "elegante y bonita". A mí me ha emocionado.

    25 oct 2019