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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1122 - ver ahora
Transcripción completa

¿A qué estás jugando?

No solo me marcharé llevándome a Marcia conmigo,

sino que ella se irá convencida de que hace lo correcto.

Es Margarita Carrión, mi esposa.

-¿Qué tiene ella que ver en este asunto?

-Cuando llegó el día de demostrarle al mundo quien era,

salí al escenario,

con la mala suerte de tropezar y torcerme un tobillo.

Aquél día terminó mi carrera como artista,

nunca nadie volvió a darme otra oportunidad.

Aquél día empezó la carrera de Bella del Campo.

Usted se aprovechó de mi desgracia para pisotearme y triunfar.

¡Es usted una mujer rastrera y sin escrúpulos!

-Por eso hemos hecho esta película,

para que todo el mundo sepa quién es de verdad Bellita del Campo.

-Armando me ha dado un ultimátum. -¿Cómo que un ultimátum?

-Quiere que formalicemos la relación.

-¿Cómo?

-Yo le dije que no. -"Toda la vida luchando,"

toda la vida tratando de labrarme un porvenir,

para que ahora unos metros de película lo manden todo al traste.

¡No me iré sin hablar con Marcia! Yo no quiero hablar contigo.

Pues yo sí. -¡Felipe, haga uste el favor!

-No son maneras.

-Tranquilos, todo está bien. Hablaré con él.

Me incomoda cada vez que me pregunta.

Lamento mucho haberla molestado.

Para mí, la discreción...

es parte fundamental de nuestro trabajo,

y si yo no le pregunto por su señora,

ruego haga usted lo mismo con mi señor.

Dos billetes de barco. Huyamos, lejos de aquí,

donde nadie pueda encontrarnos. No puede ser.

¿Por qué? Porque soy una mujer casada.

Le pediré que no estrene esa película llena de mentiras.

Le contaré mi verdad, suplicaré si hace falta.

-¿Y si no convence a ese malaje?

-¡No sé qué haré, ahora mismo no se me ocurre na!

Lo que le está ofreciendo don Armando

es un futuro,

tiempo, una vida juntos.

-Si va a dejar pasar esta oportunidad,

ha de ser muy consciente de lo que va a perder.

-Si Santiago se entera de esto,

se va a volver loco, va a entrar en cólera.

-Has de estar preparada para su reacción.

Si se lo han contado todo, admítelo,

no le mientas.

Dejo el mundo del espectáculo.

No haré más películas,

ni me voy a subir a un escenario, ni cogeré las castañuelas

ni cantaré una estrofa.

Sé que se encerró contigo en la habitación.

¿Es verdad o no?

¿Por qué, Marcia?

¿Acaso te trato mal?

¡¿Acaso te falto yo al respeto?!

¿Por qué, Marcia?

¡¿Por qué, Marcia?! Te he hecho una pregunta.

-(LLORA)

¿Por qué, Marcia?

¿Es que sigues enamorada de él?

¿Es que aún amas a Felipe? ¿Es eso?

¿Por eso querías marcharte del barrio, para no verle?

-No, Santiago, yo... No sé qué quieres que te diga.

-Quiero la verdad.

Sé que él te salvó de Andrade, que te ayudó mucho,

pero ¿le amas?

-Santiago, yo soy tu esposa, lo juré ante Dios.

-No es eso lo que te he preguntado.

¿Le amas?

-Los sentimientos no se pueden cambiar de un día para otro.

Durante años, pensé que estabas muerto.

Él ocupó tu lugar.

Pero... ahora tú has vuelto.

-¿Y eso suficiente?

-Cumpliré mi palabra ante Dios.

Y no me costará.

Estás demostrando un respeto que no tenías antes.

-En días como hoy, me cuesta mostrar respeto,

controlarme.

Siento que no eres sincera conmigo.

¿Por qué el encuentro con Felipe?

-No tuve opción, yo no lo busqué.

-Le haré ver que esto no se puede repetir.

-No, Santiago, no lo hagas. -Me obliga.

-Ya se lo he dicho yo.

-No puedo pasar por alto este desprecio.

-Santiago.

No lo hará más.

Estaba, estaba fuera de sí.

Si confías en mí, hazme caso,

no se repetirá.

-¿Me serás fiel para siempre?

-Sí, lo seré.

Y haré que todo el mundo lo sepa y que todos te respeten.

-No me defraudes.

Santiago, soy tu esposa y conozco muy bien mis obligaciones.

(Sintonía de "Acacias 38")

Celebro que hayan cenado bien.

Espero verles pronto.

Con Dios.

Doña Susana.

Qué raro verla por aquí a estas horas.

-Sí. No suelo salir por la noche.

Creo que la noche es para los que tienen algo que ocultar,

pero ya ve, un día es un día.

-Viendo lo elegante que va,

será porque va a alguna celebración de postín.

¿Ha quedado con don Liberto y doña Rosina?

-No. He quedado, pero no con ellos. -Qué misterio.

En ese caso, la dejo. Que la noche sea propicia.

Disfrútela. -Gracias.

-Si necesita algo, que sepa que estaré en el restaurante.

Estamos a su disposición.

-¿Qué podría necesitar?

-Lo que sea, aunque solo sea una tila para templar los nervios.

Con Dios. -Con Dios.

(Suenan las campanas)

-¡Susana!

-Creía que ya no vendría.

Me he retrasado un minuto, le pido disculpas.

-Como siempre es tan puntual.

-Pero los tiempos modernos lo impiden.

El tranvía ha sufrido un contratiempo,

se le han pinchado las ruedas.

(RÍEN)

Pero dejemos las excusas.

Está usted bellísima.

-Bueno, arreglada y poco más.

A usted no le digo nada, siempre viste elegante y correcto.

-El restaurante de doña Felicia está abierto,

¿quiere que nos sentemos en la terraza?

Así me cuenta qué quiere.

-¡No!

No, no le he mandado el mensaje solo para verle.

-Si me explica...

-Creo recordar que hoy era el baile en el Ateneo,

y que estaríamos a tiempo de llegar.

Si sigue queriendo asistir conmigo, claro.

-¿Me permitirá ser su acompañante?

-No desearía otro mejor.

-Espero que no le parezca un atrevimiento exagerado

si le ofrezco mi brazo. -Me encantaría.

Me gustan las cosas a la antigua.

Aquí no hay nadie.

-A estas horas, incluso los sinvergüenzas están recogidos.

-Contrólate, Arantxa, que venimos a parlamentar,

no a seguir con la guerra.

-Como que se puede negociar con ellos.

Cualquier cosa que les des a estos, lo toman y lo convierten en basura.

-Es lo que hay. Deja de protestar, mi alma.

¿Hay alguien? -Señora,

si acabamos con todo esto, dejarían de hacer el mal.

-Para ya, Arantxa, que das más guerra que Napoleón.

¿Don Alfonso?

¿Hay alguien?

Uy.

-Qué sorpresa, Bellita.

¿Es que le gustó tanto la película que quiere volver a verla?

-No he venido a que me insulte. -Pues vuelva por donde ha venido,

aquí no va a encontrar otra cosa. Yo sé la verdad sobre usted.

-Que es una gran dama y la artista más grande de este país.

Esa es la única verdad. -¡Una impostora y una estafadora!

Lo sé yo, como lo saben todos los que han visto la película.

Y mañana... lo empezará a saber el resto de España.

-¡Utzi gezurrak esaterai! ¡Deje de decir mentiras!

-Dígame, doña Bellita,

¿esta pueblerina es solo su criada o también es su representante?

-¿Pueblerina me ha llamao? ¡Que te...!

-¡Basta ya, Arantxa!

Don Alfonso, tenemos que arreglar esto como sea.

Su esposa me ha difamado.

-Mi esposa ha dicho la verdad, ni más ni menos.

-Me da igual lo que dice de mí,

sé que no soy culpable de los males de Margarita

y, no me importa lo que la gente crea.

La que me importa es mi hija, solo quiero protegerla a ella.

Con esa película solo va a conseguir

que no vuelva a subirse a un escenario.

-Mire, lo mismo que usted le hizo a Margarita.

-Mi señora no tuvo la culpa de eso. -Silencio, Arantxa.

Si destruye la cinta, le compensaré.

-¿Cómo?

-Pagaré los gastos de la película.

No es suficiente. Eso es solo dinero y no es lo que buscamos.

-Hablaré con Margarita, si hace falta, le pediré disculpas,

aunque sé que no soy la culpable de sus males.

-No.

Váyanse de aquí las dos.

-Usted no le da órdenes a mi señora, arrastracueros.

-¡Arantxa!

Basta ya. Verá, don Alfonso,

entiendo que Margarita me odie,

aunque no haya hecho nada para provocarlo.

Pero mi hija no tiene la culpa,

no le haga a ella lo que en teoría yo le hice a su esposa.

Porque entonces, amigo mío,

también tendrá mi odio para siempre.

-¡Y el de la pueblerina también!

-Y puede que no sea hoy, tampoco mañana o el año que viene,

pero le juro que se arrepentirá.

Y ahora está en sus manos

que lo arreglemos civilizadamente.

¡Adiós!

Aquí tienen, señores. -Muchas gracias.

-Buenos días, señá Fabiana.

-Buenos.

Casilda, hay café recién hecho, ¿quieres uno?

-¿Café, café? -Café del bueno,

que los huéspedes no toman achicoria.

-Pues muchas gracias, eso que he ganao.

-Y échale azúcar, que así endulzas el día.

-Tendría que venir aquí a desayunar a diario.

-Sabes que eres bienvenida.

Aquí tienes.

¿Un suizo?

-Uy, esto ya es la felicidad completa.

Señá Fabiana, se lo agradezco mucho,

pero yo no había venido por esto,

venía a preguntar por Marcia.

-Na te puedo decir porque na sé.

Santiago llegó hecho un basilisco a la pensión y subió a la habitación.

Yo me quedé en el pasillo escuchando con el rodillo de amasar,

por si tenía que entrar pa que no matara a golpes a la chiquilla.

-Dios mío, espero que no.

-Ni un ruido se escuchó,

pa mí que Marcia consiguió amansar a la fiera.

-Tiene que ser muy buena domadora

para parar a un hombre cuando se pone así.

-Y que lo digas. Pero mira,

aquí está ella pa contarlo.

-Buenos días. -Buenos días, Marcia.

De ti estábamos hablando.

-Que dice la señá Fabiana que ayer no se montó la marimorena.

-No, por suerte no. Santiago fue muy comprensivo.

Hasta me prometió que no le haría nada a Felipe.

-Pero ¿no decías que cuando estaba en Brasil era violento y celoso?

-Sí, pero ha cambiado, parece otro hombre,

ahora es más tranquilo,

más humilde, más dulce.

-Ya sabes que creo que debes de olvidar a don Felipe

y centrarte en tu marido,

si ahora está más cariñoso, lo tendrás más fácil.

Anda,

que te pongo un café. -Gracias.

-¿Y quiso...

ya sabes, hacer uso del matrimonio?

-Parece que se lo toma con más calma.

-No me extraña que tenga ganas.

Yo no lo cato desde que murió Martín y no se me olvida.

-¡Casilda!

-Si es que es verdá, señá Fabiana.

-Esas cosas no se hablan en público.

Aunque es verdad que a los hombres hay que conquistarlos

en la mesa y en la cama.

-Ya sé, le haré una feijoada para que esté contento en la mesa.

-¿Qué es eso?

-Alubias, como las hacemos en Brasil.

-¿Y lo otro?

-Lo otro no puedo, Casilda.

Yo amo a Felipe con locura.

Estaría con Santiago y mientras, en mi cabeza,

solo pensaría en Felipe.

Sería como ser infiel.

Mm...

Yo no sé qué les hace Arantxa a estas rosquillas,

que cada día están más ricas.

Lleva diciendo lo mismo desde que tengo cuatro años.

¿Ah, sí? Es que es verdad.

No pueden mejorar cada día. Es imposible.

Pero ¿tú las has probado?

Yo no sé si el cielo existe,

pero si existe, se desayunan con rosquillas como estas.

Están divinas.

¿Usted nunca lo ve todo negro?

Una vez, una vez en mi vida y me juré que sería la última.

¿Qué pasó?

Fue en la plaza de toros de Ronda.

Mi única tarde allí.

Con un morlaco que decían que no pasaba de los 400 kilos,

pero a mí me parecía que pesaba dos toneladas.

Era como una locomotora, pero en negro.

Y unos cuernos, canelita, unos cuernos...

De la punta de un cuerno a la punta del otro,

yo no llegaba estirando los brazos. Exagerado.

A lo mejor exagero una mijita, pero solo una mijita.

Mira.

Yo estaba toreando con el capote:

y una verónica,

y toma verónica...

Yo no sé qué pasó,

que el toro no fue a por el capote, se vino pa mí.

¿Le cogió?

Con los cuernos no, menos mal.

Me dio con la testuz.

Me endiño así y me pegó una voltereta

que yo creo que subí tres pisos.

Vuelve a exagerar otra vez. Igual fueron dos.

Y, cuando miré otra vez al toro, lo tenía encima.

¿Te he dicho que era negro? Sí.

Ea, pues esa fue la vez que lo vi todo negro.

Y dije, nunca más, nunca más.

¿Y le volvió a coger otro toro?

No, porque nunca más me volví a poner delante de uno.

Tu madre quería que me cortara la coleta

y me la corté, la coleta.

Y luego ya, a tocar la guitarra,

que eso da menos sustos.

Te aseguro canelita,

que cuando ves venir a un toro con dos cuernos que parecen lanzas,

ya todo lo ves menos grave.

Tendré que hacerme torera.

Sí, hombre, por encima de mi cadáver.

Lo que faltaba.

-Buenos días.

-Buenos días. Buenos días, madre.

Arantxa me ha dicho que su reunión con Carchano acabó fatal.

Ese individuo es despreciable,

eso sí,

le dije cuatro verdades,

y al final, le amenacé con mi odio eterno.

-Uh... Mal asunto.

-¿Y su esposa? ¿Hablaste con ella?

-Me dijo que no estaba.

Lo mismo lo escuchaba todo escondida.

-A que voy con cuatro amigos a convencerle de retirar la película.

Por favor, a ver si el remedio va a ser peor que le enfermedad.

-Escucha a tu hija,

que hay cosas que no se deben ni pensar.

Yo desisto de ser artista.

Todo esto ha sido por mi culpa, por mi empeño de ser actriz.

-No. Todo esto ha pasado porque hemos dado con dos indeseables.

-Yo no he desistido de convencerles para que retiren la película.

¿Y si no lo consigue?

No sé.

A lo mejor la idea de volver a España

no fue acertada y tenemos que volver a Buenos Aires.

Allí nos quieren y nos respetan mucho más que aquí.

Perdone que la haya hecho esperar,

pero hay una camarera nueva y no sabe ni dónde tiene la mano derecha.

-Por eso no despido a Casilda, por no lidiar con una nueva.

-No diga eso, que se ve que Casilda es como una hija para usted.

-Harta me tiene, hágame caso, no da una a derechas.

Yo le robaría la criada a doña Bellita,

que se ve que es muy eficaz.

-Y con mucho carácter, que la he visto en su salsa.

La que manda de verdad en esa casa es ella.

-¿Y usted qué? Le habrá dicho algo su hijo Emilio.

¿Cómo están los Domínguez del Campo después del chasco de la película?

-Pues figúrese, deshechos.

Y es que ha sido un desacierto con todas las de la ley.

-Ya. De pensar que su hija va a ser una estrella del cinematógrafo

a convertirse en uno de los mayores bochornos

que se recuerdan por aquí...

-Líbreme Dios de criticar,

pero aparte de la mala intención del productor,

la niña no daba una a derechas.

-Quién sabe si Camino no lo hubiese hecho mejor.

-¿Quién sabe?

Ahora entiendo por qué no fue la escogida.

-Buenos días. Buenos días.

¿Quiere un café? -No, gracias.

Voy camino de la mantequería a ver cómo está Lolita.

-Ay, qué muchacha.

Supongo que pese a su embarazo seguirá trabajando.

-Supone bien. Mientras se mantenga en pie,

la tradición de Cabrahígo es seguir trabajando.

-Voy a traer camareras de allí, que las mías enferman por nada.

-(RÍE)

-Pero...

a lo que yo venía es a echarle en cara

lo callado que se tenía lo de doña Susana.

Pero ¿sabe qué?

Que me alegro.

Como no me explique mejor qué es lo de doña Susana...

¿Cómo?

¿Es que no sabe lo de anoche en el Ateneo?

-Ah, ahora entiendo a lo que iba.

Por eso estaba tan nerviosa en la puerta.

-Sigo sin entender nada.

-Vamos a ver.

La tía de su esposo entró en el Ateneo del brazo de don Armando.

Y no solo eso,

fueron la atracción

de la pista de baile.

-¿Qué?

-Ramón me ha dicho que hacían una pareja espectacular.

-No me lo puedo creer, si no me dijo nada.

-Le daría vergüenza, como es tan tradicional,

no querría hablar de esas cosas.

Salir de noche a bailar con un hombre...

Eso tiene que ser pecado de los gordos.

-Pues me alegro por ella, de que se decidiera, que pecara y bailara.

-Supongo que el baile en el Ateneo es su forma de decir

que ella y don Armando tienen una relación.

-Pues tendremos que brindar con ella,

quiera o no.

Hay que ver, si doña Susana se echa novio,

hasta yo tengo esperanzas de no quedarme para vestir santos.

Nunca va a resignarse a ser lo que es, un criada.

¿Quién le dio permiso para hablar con Santiago?

Pero señora, ¿cómo...? ¡Úrsula, espabile!

Váyase y vuelva a preguntar, no toleraré otro fracaso.

Vaya y sea útil de una maldita vez.

¿Qué hace parada como un pasmarote?

Si cree que le voy a decir a dónde voy a ir, está muy equivocada.

Quiero que prepare mi mejor vestido para esta noche.

¿Tiene una cita?

No, pienso meterme con él en la cama y dormir con él puesto.

Pues claro que tengo una cita.

Pero no voy a darle explicaciones.

Claro que no. Pues apúnteselo.

Señora.

¿Qué?

Creo que no merezco este trato injusto,

sus desplantes, su desprecio... Es que...

¿a las demás criadas las tratan mejor que yo a usted?

A lo mejor debería colocarse de mucama en otra casa,

en una en la que le den libre los domingos por la tarde.

Yo he estado siempre lealmente a su servicio.

Y más le vale seguir así.

Recuerde que me amenazó con contar algunos secretos míos,

ese día perdió cualquier trato

que no sea el que se le da a una fregona.

Eso es lo que es para mí.

Fue un momento de ofuscación del que estoy muy arrepentida.

Pero usted se alejó de su objetivo,

el que tenía cuando yo entré a su servicio.

¿Me afea mis decisiones? No, no, no, en absoluto.

Solo le explico la causa de mi error.

No entiendo cómo una mujer

tan inteligente y fuerte como usted puede dejarlo todo por un hombre.

Además, un hombre que ama a otra, a una criada.

¿Quién se ha creído que es?

Tenga preparado mi vestido.

Es absurdo que no quieras salir de casa.

Me da vergüenza que me vean.

¿Y vas a estar toda la vida sin salir?

A lo mejor, sí.

-Para eso te metes en un convento de clausura.

-No le des ideas, Camino.

¿Me aceptarán en un convento habiendo hecho una película?

¿Qué te dije? No le des ideas.

No te admitirán en ningún convento. Pues es una pena.

-Como no puedes meterte a monja,

podemos dar un paseo por el parque.

¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

Nada, pero sales de casa.

Emilio,...

¿te acuerdas el día que fuimos al centro

y vimos la sala de cinematógrafo con el retrato de la actriz

del tamaño de medio edificio?

Sí. Un retrato de Mary Pickford.

¿Te imaginas que ponen el mío?

Qué ridículo. O el de mi madre.

Ni siquiera sabemos si van a estrenar la película,

no te pongas en lo peor.

Camino, ¿no se te ocurre otra cosa de la que hablar?

No sé, cualquier asunto.

-Del... baile de doña Susana.

-Eso. ¿Lo sabías, Cinta?

Doña Susana fue al Ateneo a bailar. ¿Y qué?

Que hoy estará confesándose.

Seguro que bailó un vals o algo así.

Ni con el tango se atrevería. -Bueno,

si se atrevió a ir con un hombre...

Hablando de tango...

Tengo que contaros algo.

-¿El qué?

Que después de lo de la película,

mi madre ha empezado a decir que quizá nos volvamos a Argentina.

No me fastidies. ¿Y tu padre qué dice?

De momento, nada,

pero mi padre siempre está de acuerdo con mi madre.

-Qué emoción, viajar al otro extremo del mundo...

-Camino.

-Perdón.

-¿Cuando dices que la familia se vuelve a Argentina,

te refieres a todos?

Claro. Ellos dos, Arantxa y yo.

¿Y... tú y yo? ¿Qué pasa con nosotros?

-"Como te lo digo,"

esta mañana no se hablaba de otra cosa en el Ateneo.

-Ni en el barrio, me lo contó Carmen.

No sería nada escandaloso:

bailarían un vals, nada más.

-Que no te enteras,

que fueron la sensación de la fiesta.

Que mi tía siguió a don Armando maravillosamente bien,

y él es un bailarín consumado. -No te creo.

-Hasta les aplaudieron.

-Qué vergüenza, me pasa a mí y no sé dónde meterme.

-Me habría encantado verlo.

Mi tía, siempre tan seria, formal...

-Y santurrona, dilo todo.

-Fíate de la virgen y no corras.

(RÍEN)

-¿Qué son esas risas? ¿Me he perdido algo?

-Por lo que parece, nos lo hemos perdido nosotros.

-Al parecer, fue de lo más sonado.

-¿Se ha corrido la voz de lo de la fiesta?

-¿Qué esperabas?

-En el Ateneo quieren cambiar el nombre de la sala de baile:

doña Susana Ruíz.

-Ay, qué bochorno.

Mira que le dije a Armando que fuera discreto.

-Pero si los socios hablan maravillas de su baile.

Fueron la sensación.

-A mi edad lo que hay que hacer es no llamar la atención, ni sensación,

ni nada. -A la vejez, viruelas.

Dime una cosa, Susana, por favor, ¿es ya oficial el noviazgo?

-Por favor, Rosina, no digas esa palabra.

-La palabra es lo de menos.

¿Son novios o no?

-Poco a poco, sin correr.

Nos daremos una oportunidad y a ver qué ocurre.

-(GRITA DE ALEGRÍA) La mejor noticia del año.

Pero

¿y el viaje a Génova?

Me imagino que ahora no se puede marchar.

He escrito a Simón para posponerlo.

-No me digas que le has contado a tu hijo que te has echado novio.

-¡Rosina, no seas vulgar!

Bueno, ¡si te has echado novio, te has echado novio,

dilo como quieras! -Mi esposa tiene razón.

Peor sería decir que tiene un amante.

-Uy. Pues no, no se lo he dicho a mis hijos, quizá más adelante.

Y Armando no es mi amante,

soy una mujer decente.

-Pues siendo un poco menos decente, se pasa mejor.

-No pienso escucharte, que eres una desvergonzada.

No sé cómo somos amigas. Por cierto,

venía a por ti para ir a la iglesia a rezar. ¿Vienes?

-No, más tarde.

Tanto hablar de amor,

me han despertado las ganas de amar a mi marido.

-¡Descarada!

Ahí os dejo.

Con Dios. -Con Dios.

-Eh... Casilda no está.

¿Vamos al cuarto?

-¿Tanto te apetece?

-Pues la verdad es que no, pero como no está Casilda,

por aprovechar.

-Ya.

Mejor lo dejamos para cuando los dos tengamos más ganas. ¿Esta noche?

-Sí, sí, claro.

-Esta noche.

Entonces, ¿el señor durmió bien?

Se debió de acostar muy tarde,

esta mañana todavía estaba dormido cuando llegué.

Pero no bebió nada.

Menos mal, que el alcohol es muy malo y, si se abusa de él

como don Felipe ha hecho algunas veces, peor.

A don Felipe lo que le hace daño es la soledad.

Le es muy beneficiosa su compañía. Gracias.

Para comer, prepárele la carne que le he traído.

A los hombres la carne les levanta el ánimo.

Lo haré, a don Felipe le encanta.

Y su plato favorito es la ternera al horno, le apasiona.

Buenos días. No te esperaba, Genoveva.

Si estás ocupado, me voy.

No, ya sabes que eres bienvenida. Iba a leer el periódico.

Tendrás que hacerlo más tarde. Traigo documentos que debes ver.

¿Ahora? No seas perezoso.

En un momento los despachamos. ¿Nos puede traer café, Agustina?

Ahora mismo.

Siéntate.

¿Has cambiado de perfume?

Esa es una de las cosas de las que un hombre nunca se da cuenta.

Sí. ¿Te gusta? Sí.

He de reconocer que huele muy bien.

Estaba probando, pero ya no tengo ninguna duda, me cambio.

Vamos a lo nuestro.

Entonces, Santiago se enteró de que don Felipe estuvo en la pensión.

Uy, se armaría la marimorena.

-Se enteró, pero todo fue muy tranquilo.

-No era tan fiero el león como lo pintaban.

-Marcia estaba muy asustada, así que sí que debía serlo,

pero gracias a Dios, ella supo calmarlo.

-Una vez puede ser fácil,

lo malo es calmarlo siempre. -Lo que tiene que hacer

es no darle motivos pa hacerlo entrar en ebullición.

-Eso depende más de don Felipe que de esa pobre chica.

-¿Qué haces ahí arriba, Jacinto?

-Cambiar una bombilla, que cada vez tardan menos sin fundirse.

-Las hacen así a posta,

pa que duren menos y se gaste más dinero.

-No me extrañaría,

en la pensión no ganamos pa bombillas.

¿Verdad?

Cesáreo, sírvanse una achicoria.

-Venga, sea.

-Hablábamos de Marcia y de Santiago.

-Y de don Felipe, que es la tercera pata del banco.

-Para no variar,

que hoy solo se habla de eso y del baile de doña Susana en el Ateneo.

-Eso tuvo que ser pa verlo.

-Pues muy bien está que la mujer se haya enamorao,

que don Armando es un buen hombre.

-Muy educao. -Y con cuartos.

-No como yo, que no tengo ni dónde caerme muerto.

-Vamos, que usted trabaja pal ayuntamiento.

Eso es dinero seguro a fin de mes.

-Eso es verdad,

poco dinero, pero seguro.

De los que no se habla es de los Domínguez del Campo.

-Esos tienen que estar pasándolo muy mal.

-Don Jose ni ha bajao a por el periódico,

con lo que le gusta leer las crónicas taurinas.

-Una pena, con lo buena gente que son.

-Mala sombra lo de la película.

-Podíamos tener un detalle con ellos.

Unas castañas de Naveros ayudan a pasar los malos tragos.

-O quesos de oveja.

-Miel, miel de La Alcarria, eso sí que quita las penas.

-No sabemos lo que les gusta.

-Pues se lo preguntamos a la Arantxa, yo me encargo.

-Está bien, pero no la arme como siempre, Servando.

-De verdad, pa una vez que maté un perro...

Todo en orden.

¿Podemos entonces mandar el segundo barco a Marruecos?

En cuanto las autorizaciones salgan selladas.

¿Y no podemos agilizar ese asunto?

Las cosas de palacio van despacio.

Que todo siga su ritmo,

no vaya a ser que por correr, algo se atasque.

Tengo tantas ganas de ver a esos soldados atendidos n España.

Y todo gracias a ti.

No seas modesta, gracias a ti,

que no solo lo financias,

sino que me ayudas a distraerme

y a encontrarle el gusto al trabajo.

Eres una amiga.

Eso espero. Por lo menos, es lo que pretendo.

¿Más café?

A esta hora, mejor un aperitivo,

unas aceitunas y una zarzaparrilla, que no bebemos alcohol.

¿No? No. Y no me discutas eso.

Ahora se lo traigo.

El alcohol no nos hace bien.

Hay otras formas de divertirse y distraerse.

Si tú lo dices... Baila, por ejemplo.

¿Sabes lo del baile del Ateneo de ayer?

No. Por lo visto, doña Susana

causó sensación.

¿Doña Susana bailando? Ya ves,

entre rezo y rezo, un vals con un pretendiente.

Me habría gustado verlo. Y a mí.

Me admira y me alegra que doña Susana, a su edad,

tenga ánimo para ir a bailar al Ateneo.

Tú también deberías salir.

No tengo mucho ánimo.

¿Y si lo haces por mí, que yo tampoco salgo?

¿Y si vamos esta noche a cenar al restaurante de doña Felicia?

Sería una compañía muy aburrida. No mientas,

no conozco otra mejor.

Ve pensando una corbata bonita que ponerte.

No voy a aceptar un no,

no se le dice que no a una dama.

Le recomendé a doña Susana que viviera la vida,

lo que no sospeché es que la viviría tanto.

-Fue un baile, na más. To el mundo habla de ella

como si hubiera cometido cien pecaos en una noche.

-Lolita,... un baile con un hombre en el Ateneo,

para doña Susana es como asistir a una bacanal romana.

-Qué exageración.

Deje que yo lleve los platos a la cocina.

¿Quiere café? -¿Está hecho?

-Sí. Antoñito también quería tomar.

-Ah, pues trae una taza para Ramón, que seguro que también quiere.

-¿Tomamos café? -Sí. Ya lo trae Lolita.

¿Está eso preparado?

-Aquí está. Ya verás la sorpresa que se va a llevar.

-Le va a encantar.

Y era la mejor del mercado. Es que eres más generoso...

-Mi nieto tiene que tener lo mejor de lo mejor.

-Ea, aquí están los cafeses.

El suyo con un poco de leche, suegro.

-Gracias, Lolita.

Tenemos una sorpresa para ti.

-¿Una sorpresa?

Uy, qué emoción.

¿Qué es?

-Ábrelo y lo verás. -Ay.

¿Una cuna?

-La mejor del mercado.

Las hacen en Inglaterra, tardará unos días en llegar.

Mi nieto va a dormir mejor que los hijos del rey.

Y viene completita, trae las sábanas de hilo,

y el almohadón lleno de plumas de ganso.

-¿Pasa algo, Lolita?

-No, no pasa na.

Agradecía, agradecía, suegro.

Agradecía.

Voy a por el lazo, que se me ha olvidao.

-Parece que no le ha gustado.

-Sí, eso parece.

-Espero que no sea por nada de Cabrahígo.

A ver si es que allí no hay cunas.

-Después le pregunto.

De verdad, qué difícil es acertar

con esta moza.

He tenido noticias del ministerio.

Los documentos están sellados y firmados por el ministro.

¿Qué nos falta entonces? Nada, que les den salida.

Espero que nos lleguen esta misma tarde.

Entonces, el barco podría zarpar mañana hacia Marruecos.

Sí, lo demás lleva dos días preparado.

En cuanto estén los papeles en nuestro poder,

mandamos un telegrama a Cádiz.

Y si todo va bien, mañana estará saliendo el barco.

Qué alegría.

Si no fuera por don Felipe, don Ramón y por usted,

no conseguiríamos todo esto.

Por muchas gestiones que hiciéramos nosotros, sin dinero para el barco,

no se conseguiría nada. Es más fácil conseguir dinero

que colaboradores con inteligencia, téngalo por seguro.

Gracias.

Iré a decírselo a Felipe, se pondrá contento.

Sí, vaya, necesita buenas noticias.

Aunque espero que pronto le demos la que más falta le hace,

que Marcia y Santiago se vayan del barrio.

¿Estamos cerca de conseguirlo?

Eso espero, tengo motivos

para creerlo. Ojalá sea pronto.

Eso y que Felipe salga de casa y levante el ánimo.

He logrado convencerlo para cenar esta noche donde doña Felicia.

Está siendo un ángel para él.

No diga eso. Creo que nadie me ha llamado ángel.

Quizá porque no lo había merecido.

Aparándome en mi santidad. ¿Puedo hacerle una pregunta?

Claro.

¿Es verdad lo que se dice de su tía

y don Armando?

Si uno hace caso a las habladurías, suenan campanas de boda.

No exagere, Genoveva, a esas edades las cosas van más lentas.

Se están conociendo, según dice.

Qué lástima.

A esas edades todo debería ir mucho más deprisa,

que queda menos para disfrutar de la vida.

Lo que más me molesta de la Argentina,

es que no hay jamón de bellota, como el que nos gusta.

-Ni gambas de Huelva, tortillitas de camarones,

ni cazón bien adobado.

-Bueno, a cambio hay unos filetes de vaca que levantan a un muerto.

-Sí.

Y tiernos, que parecen mantequilla.

Mejor que nos hagamos a la idea de volverlos a comer.

A no ser que encuentre a esa mujer esa, Margarita.

Mala apendicitis le dé.

-No le desees mal, con ser como es ya tiene bastante.

(Puerta)

-A ver quién es. Que no tengo ganas de ver a nadie.

-Quien sea, lo invitamos a jamón, que no se diga.

Que hace falta mucho más que una película

pa que los Domínguez del Campo seamos infelices.

-Señores, tienen visita.

-¿Quién es?

-Todo el barrio.

# Aunque la vida me trate con desprecio,

# yo siempre la miraré de frente.

# Pondré mis ganas y todo mi empeño

# acompañado de mi gente.

# Y no me importa nada si tu mano me sostiene,

# pese a que las penas y los traumas a veces golpean fuerte.

# Y no me importa nada si tu mano me sostiene,

# que sé que las penas y los traumas

# a veces golpean fuerte. #

-Ole.

(Aplausos)

¿Cómo ha ido el día?

-Bien, pero he pasado un poco de vergüenza.

Se ha corrido la voz del baile del Ateneo.

-Claro, hacía tiempo que no se veía un vals

tan bien bailado.

-Don Armando, no se ría de mí.

-En absoluto.

Las nuevas generaciones no bailan como nosotros.

Tienen demasiadas diversiones,

en mi juventud íbamos a clases de baile y poco más.

-Nos saludan y no nos abuchean,

va a ser verdad que no lo hicimos tan mal.

-Se ve que la gente le tiene aprecio.

-Han sido muchos años con la sastrería abierta en el barrio,

al que no le he hecho un traje de boda,

se lo he hecho de comunión.

-Y ahora se sienten felices por usted al verla conmigo.

-No sea soberbio, Armando, que eso es pecado.

-Solo bromeaba, Susana.

-Buenas tardes.

-Carmen. -Buenas.

-¿A qué no saben lo que me ha dicho un vecino?

Que son ustedes la pareja más elegante de la calle.

-Le voy a decir algo: es verdad.

-Otra vez soberbio.

-Tiene razón. Bueno, como penitencia,

iré a pagar dentro,

que quiero que nos dé tiempo a llegar a la zarzuela sin prisas.

-Siéntate, Carmen.

Siéntate.

Antes de que digas nada, quería darle las gracias.

-¿A mí? ¿Por qué?

-Si no fuera por lo que me dijiste cuando hablamos,

no me habría decidido a admitir mi atracción por Armando.

-No tiene que darme las gracias,

lo que hace falta es que la felicidad dure.

Y me da a mí que va a ser así. -Dios lo quiera.

-¿Vamos? -Vamos.

Con Dios, Carmen. Que tengas un buen día.

-Que lo pasen bien.

-Arantxa, ¿esto es cosa tuya?

-A ver, señora, la canción que siempre cantan ustedes

cuando las cosas van regulín,

pa que se arreglen, pues hoy se la canta el barrio.

Y fíjese, ¿eh?, con lo sieso que es, y la idea ha salido de Servando.

-Muchas gracias, Servando.

-La idea ha sido mía, pero realmente,

se han apuntado todos cuando se han enterado.

-Muchas gracias.

No se imaginan ustedes lo importante que es

pa Bellita, pa Cinta y pa mí.

-Quiero hablarles en nombre de todos para hacerles saber

que aunque lleven poco tiempo en Acacias,

se han hecho con el corazón del barrio

y estamos muy contentos de tenerlos aquí.

-¡Eso es! Bien hablao, suegro.

-Y también les queremos decir que no creemos las patrañas

que dice esa película sobre doña Bellita,

porque ella es la artista ¡más grande que ha dao España!

-Artista.

(Aplausos)

-Oye, los regalos, los regalos.

-Ah, sí. Es que hay más, hay más.

-Doña Bellita. -Ay, qué bonito.

-Qué bonito.

-Y la Cinta.

-Pero Arantxa.

(Risas)

Oh...

-Eh, eh, esas composturas.

-Lo que vamos a hacer ahora mismo es brindar.

-Venga. -Vamos a por las copas.

-Ya voy yo, señora.

-Has llegado tarde y te lo has perdido.

-Ya. Mira esto.

-Mala apuñalá le den a ese hombre.

-Jesús.

Pasen.

Es un honor para mí que cenen aquí.

Gracias, Felicia. Les he reservado la mejor mesa.

Cortesía de la casa.

Muy amable.

Gracias.

Les dejo, voy a la cocina a avisar que están aquí

para que prepararen los platos.

¿Brindamos?

Claro.

Porque haya muchas noches como esta.

Las habrá.

Bueno, veamos qué cenamos.

Espero que me perdones por haber encargado ya la cena.

He pedido ternera al horno.

Pues... has acertado de lleno. Es mi plato preferido.

Lo sé. Le he preguntado a Agustina.

Eso es trampa. Cuando vea el postre, te alegrarás.

Pero es una sorpresa, no diré nada ni sometida a torturas.

Veo que te gusta mantener el interés.

Eres una mujer muy especial.

Y muy atractiva, eso es evidente.

Gracias.

Tú tampoco eres feo. Me alegra saberlo.

No eres la única que ha preparado una sorpresa.

Me encantan las sorpresas.

Felipe, es precioso.

Quiero agradecerte todo lo que haces por mí.

El color... No podías haber escogido mejor.

Cuando lo vi, me acordé de ti, no sé por qué.

Espero que no te moleste mi atrevimiento.

Voy a lucir lo ya mismo.

¿Has preparado la cena?

Sí, no he encontrado muchos ingredientes

para la feijoada, pero espero que te guste.

-Comida muy pesada por la noche.

-Santiago, solo pruébala,

quiero que te recuerde a Brasil.

-La mesa está muy bonita.

Me recuerda a la mesa del patrón. ¿Te acuerdas?

Santiago, no me recuerdes los tiempos de la hacienda.

Lo único bueno que había allí eras tú.

¿Te gusta entonces? -Mucho.

Tenía que agradecerte lo comprensivo que has sido conmigo.

-Marcia,

si tú me demuestras que debo confiar en ti, no lo dudo.

-Vamos, siéntate, te pongo "feijão".

¿Así? -Sí.

Muy sabrosos.

-Todavía recuerdo cómo se hacían.

-Tan sabrosos como el beso que me diste ayer.

¿No has notado que le he puesto algo especial?

No. Está muy sabroso, pero no noto ningún sabor especial.

-Le he puesto el ingrediente secreto, Santiago.

-A ver... ¿Cuál era?

Me he sentido muy a gusto durante la velada.

Y no tenemos que darla por terminada.

Podríamos ir a un local que han abierto estilo francés

que es muy entretenido.

Yo también he escuchado hablar de él.

Creo que todas las noches acude lo más granado de la ciudad.

Entonces, ¿qué le preocupa?

-Los Domínguez.

Menudo disgusto se llevaron al enterarse

de que la película va a estrenarse en México y Argentina.

-Siento haber sido yo quien les diera la noticia.

Voy a buscar a ese mangas de humo y le voy a cantar las 40.

Y no pararé hasta que rectifique

y desista de estrenar esa abominación.

Espero que Santiago y Marcia

marchen pronto de la ciudad y no perturben más

sus intereses. Basta ya de chácharas.

Al final ha conseguido que me ponga peor.

Váyase y no vuelva a no ser que se lo pida.

Descuide, no la molestaré más.

Señá Agustina,

¿usted cree que podría arreglarme alguno de estos vestidos

para estrenarlo en la misa de mi Martín?

Me gustaría homenajear a mi difunto esposo vestida de tiros largos.

-Eso está hecho.

No quiero saber nada del cante, del baile ni de nada, en mi vida.

No puedes renunciar así, Cinta.

Sí, sí que puedo.

Camino, mi familia está destrozada por esto.

Tengo que olvidar a Felipe.

Y tengo que hacer algo para separarnos definitivamente.

Pasa como con la cuna del niño.

Ramón ha buscado la mejor que pudo encontrar.

-Seguro que sí, si mi suegro no es ningún panoli.

Menudo ojo que tiene pal comercio.

-¿Y no crees que quedaría de perlas en la habitación del niño?

Es de Marcia.

Déjame solo.

Quería preguntarte por Marcia.

¿Está en la habitación? No lo sé.

Fabiana, no me vengas con melindres, dime lo que te pregunto.

¿Está Marcia en su habitación?

Perdone que se lo diga, señor, pero no me parece este un buen momento

para sacar a nadie de la pensión. No te he pedido tu opinión.

Dile que salga inmediatamente.

No lo voy a hacer.

En estos momentos, Marcia está cenando con su esposo.

¿No me tiene respeto?

Hazlo como quieras, pero llévatela ya.

Estoy deseando perderos de vista a los dos.

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Acacias 38 - Capítulo 1122

21 oct 2019

Susana, habiendo dejado sus miedos atrás sale a bailar con Armando al Ateneo y aunque se convierte en la nueva comidilla del barrio es feliz. Carmen y Ramón regalan a Lolita una cuna para su hijo.
Bellita ruega a Alfonso Carchano que no estrene la película, pero el productor no da marcha atrás. Más tarde Los Domínguez recibirán el apoyo de todo el barrio, pero durante la velada reciben una noticia que les hundirá aún más.
Marcia apurada por la situación en la que se encuentra con Santiago acaba besándole, cumplirá con sus obligaciones como esposa. Genoveva intenta animar a Felipe sacándole a cenar y sorprendentemente tienen una agradable velada.

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Añadir comentario ↓

  1. Anani Moreno

    Please, publiquen la letra de la canción de Bellita esa que dice" y no me importa nada...". Y como dice Liliana, cierto los vestidos de doña Susana son realmente hermosos. Felicidades! se lucieron. Saludos!

    22 oct 2019
  2. Liliana

    Que hermosos vestidos está usando Susana ahora!

    22 oct 2019