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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1121 - ver ahora
Transcripción completa

Doña Genoveva le ha preguntado directamente a don Felipe

si se veía con Marcia.

-¿Y qué le dijo su señor?

-Lo negó con vehemencia.

¿Por qué no hacemos un primer visionado aunque no esté terminada?

Podríamos organizar un primer pase en el restaurante Siglo XX.

Seguro que todo irá de maravilla y la película será un éxito.

-Yo he asistido al rodaje, Emilio. Algo raro pasaba ahí.

La película parecía no tener sentido.

Se lo ruego, no siga con su empeño.

Al final se va a descubrir que fue servidor quien consiguió el retrato.

-Está bien, te devolveré el retrato, pedazo de aguafiestas.

-¿Dónde lo tiene?

Antes he podido escuchar, sin ser vista, a Fabiana y Agustina.

He confirmado nuestras sospechas.

Don Felipe se está citando a escondidas con Marcia.

-Doy gracias a que el destino la haya puesto en mi camino.

-Armando, he de confesarle que todavía no estoy preparada

para dejarme ver en público con usted.

Me han hecho un encargo.

Tendré que salir esta misma tarde a realizarlo.

No tengo problema en presentarse en sociedad con usted.

Dejaré que... medite sobre si de verdad quiere

seguir adelante con nuestro amor.

-¿Y mientras tanto?

-Será mejor que dejemos de vernos.

¿Adónde va?

¿Tardará mucho en regresar?

Úrsula, su incapacidad para comprender mis palabras

no deja de sorprenderme.

¿Cuántas veces debo repetirle que no tengo por qué darle cuentas?

"Luces fuera".

(Voces de asombro)

-¿Qué? ¡¿Qué diantres significa esta infamia?!

¡Esto no es más que un cúmulo de infundios!

-Por favor le pido.

Llegas tarde. Te estaba esperando.

¿Todavía conserva la habitación que alquiló para mí a mi llegada?

Sabía que la necesitaría para citarme contigo

y ponerte las cosas claras. ¿A qué estás jugando?

¿Yo?

¿Quieres que te devuelva a la cárcel de la que te saqué?

¿Qué la tiene tan inquieta? Si te saqué de esa pocilga

fue para que ejercieras tus derechos de esposo

y te la llevaras lejos, lejos de Felipe.

Si crees que puedes hacer otros planes, estás muy equivocado.

No pretendo cambiar de planes.

¿Y qué hacéis aquí? No es el momento.

Tu no tienes ni voz ni voto.

Yo decido cuándo es el momento.

¿A qué estás jugando?

No solo me marchará llevándome a Marcia conmigo,

sino que ella se irá convencida de que hace lo correcto.

No la conoces. A quién no conoce es usted es a mí.

¿Sabes que Marcia se ve a escondidas con Felipe?

¿Y qué esperaba? Era completamente previsible.

Están enamorados.

¡Y eso es lo que tienes que cortar por lo sano!

¡De inmediato! Llevándotela bien lejos de aquí.

¿Me permite que le haga una pregunta?

¿Es usted una mujer paciente?

No sabes la paciencia que he tenido con este asunto.

Bien.

Le he demostrado que puedo ser un socio fiel y competente.

Solo le pido que confíe en mí, solo un poco más.

Me llevaré a Marcia, no lo dude,

pero a su debido tiempo.

(Sintonía de "Acacias 38")

¡¿Qué significa esto?"

-Queremos una explicación para este infundio.

-Nada de infundio.

Esta es la realidad. La verdad sobre Bellita del Campo.

Sí, su verdadera historia.

La que ignoran todos y cada uno sus admiradores.

-¡Miente! -Yo solo la he puesto ahí,

negro sobre blanco.

Y la voy a dar a conocer al público.

-¡Yo le mato! -Contente mi vida.

-¿Por qué nos está haciendo esto? ¿Qué pretende?

¿Quién es usted?

-Ella...

es Margarita Carrión, mi esposa.

-¿Qué tiene ella que ver en este asunto?

-¿No me recuerda?

-¿Nos conocemos?

-¿No recuerda a Margarita Carrión?

Nos conocimos cuando las dos éramos dos coristas

que intentábamos triunfar.

Una noche, el empresario para el que trabajábamos las dos,

vio en mí algo especial y quiso darme una oportunidad como solista.

Cuando llegó el día de demostrarle al mundo quien era,

salí al escenario,

con la mala suerte de tropezar y torcerme un tobillo.

Aquella noche no pude actuar.

Ni ninguna otra.

¿Adivinan quien me sustituyó improvisadamente?

¿Madre?

Y tuvo un éxito arrollador.

Cuando me recuperé, el empresario no quiso saber nada de mi oportunidad.

Yo le supliqué,

se lo pedí, que me diera una oportunidad,

pero él ya tenía a su estrella.

Me volvió a colocar de corista,

cosa que por supuesto no acepté.

Me despedí al día siguiente de la compañía.

Aquél día terminó mi carrera como artista,

nunca nadie volvió a darme otra oportunidad.

Aquél día empezó la carrera de Bella del Campo.

¿Se acuerda ahora?

-No la he reconocido.

-Ha pasado toda una vida. Para las dos.

Usted arruinó mi carrera.

Después de aquello, mi voz se deterioró,

supongo que por desgarro e impotencia, por infelicidad.

-Lamento mucho todo lo que le pasó, pero yo no tuve la culpa.

-Usted usurpó mi lugar, me robó mi sueño.

Me sumí en un pozo de oscuridad del que nunca ha salido.

He malvivido, he tenido incluso que pedir dinero por las calles,

mi vida ha sido un infierno,

cuando estaba destinada a ser una de las más grandes.

Si hoy no soy una muerta andante

es gracias a Alfonso.

Usted se quedó con el éxito y la gloria que me pertenecían a mí.

-Yo solo aproveché la oportunidad, igual que hubiera hecho usted.

-Ni siquiera tuvo una palabra de consuelo hacia mí.

Ni siquiera tengo claro que no fuera usted quien provocó el accidente

que me impidió salir al escenario. -¡Miente!

¡Eso no es cierto! José, díselo.

-¡Por supuesto que no!

-Usted se aprovechó de mi desgracia para pisotearme y triunfar.

¡Es usted una mujer rastrera y sin escrúpulos

que ha escalado a la cima taconeando

por encima de los cadáveres que le hacían sombra!

-¡Basta, esto es una infamia!

-Por eso hemos hecho esta película,

para que todo el mundo sepa quién es de verdad Bellita del Campo.

-No voy a tolerar que insulten a Bellita en mi local.

¡Les ruego que se marchen!

¿Crees que esa mujer tiene razón,

que Bellita hizo lo que ella dice que hizo?

-No sé qué pensar.

-A mí, Bellita siempre me ha parecido una engreída.

-Pero de ahí a boicotear la carrera de esa mujer...

¿Crees que realmente le pudo provocar esa caída?

No sé qué pensar, no me lo creo del todo.

Los Domínguez siempre me han parecido estupendas personas.

-Con dinero todo el mundo es estupendo. Pero son artistas,

y con hambre y ganas de triunfar, la gente cambia.

-Hablando de cambios, ¿por qué no estaba mi tía en la proyección?

-¿Qué le habrá sucedido?

-Quizá debería ir a su casa por si le ha pasado algo.

-No estaría de más.

Es raro que Susana se pierda un evento como ese.

Tenía muchas ganas de ver la película.

Verás cuando se entere de lo que ha sucedido.

-Me acercaré en un momento.

(Puerta)

-Pues sí que has vuelto rápido.

-Me la he encontrado en la puerta.

-Venía a veros. ¿Dónde estabas?

Nos tenías preocupados.

-Necesitaba pensar, fui a dar un paseo.

-Pareces turbada. ¿Ha ocurrido algo?

-Hablé con Don Armando. -Ah. ¿Y?

-Armando me ha dado un ultimátum. ¿Cómo que un ultimátum?

-Quiere que formalicemos la relación.

-¿Cómo? -Yo le dije que no.

-¿Que le has dicho qué?

-No estoy segura, Rosina.

Por un lado, siento algo muy especial por él,

me divierte y me entretiene enormemente.

-Eso a tu edad ya es mucho.

-Pero por otro, están mis prejuicios, la moral,

lo que es correcto. Es un divorciado.

Le dije que necesitaba tiempo

y, él me dijo que si no estaba segura,

debíamos dejar de vernos hasta que me decidiera.

-Le ha dejado la pelota en su tejado.

-Sí, y no sé qué hacer.

No quiero separarme de él, pero...

convertirnos en novios... ¡Virgen Santa!

¿Qué haríais?

-Está claro, ignora tus prejuicios y lánzate.

Entiendo a Armando, no quiere esperar más.

-También entiendo a mi tía.

Es una decisión que hay que pensar.

-¿Qué vas a hacer? -De momento,

irme a casa, llevo muchas horas caminando.

No paro de darle vueltas, estoy hecha un mar de dudas.

-La acompañaré.

Así le cuento lo que ha pasado en la proyección de la película.

-¿Qué ha pasado?

-¿Que qué ha pasado? No se lo va a creer.

Bollos recién hechos para que se llenen la tripa.

Enseguida traigo el café.

-No te apures. No tengo apetito, Arantxa.

-Ni yo. -Bueno, a ver,

algo tienen que desayunar, que anoche tampoco cenaron.

¿Tú tampoco, Cinta?

De amanecida ha venido Emilio,

le he dicho que se marchara, como me dijiste.

Gracias, tata. No quiero ver a nadie.

-Juro que no sé de lo que hablaba esa mujer.

Ni siquiera la recuerdo.

¿Cómo puede estar pasándonos esto? Por Dios.

-No le haga caso, señora, le pido, esa es una amargada.

-Una amargada que ahora puede hundir mi carrera,

y lo que es peor, la de mi hija.

Toda la vida luchando,

toda la vida tratando de labrarme un porvenir,

para que ahora unos metros de película lo manden todo al traste.

Os dije que esto del cine era un invento del demonio.

-Cuánta razón tenías, mi vida, mi reina.

Lo peor es que yo estuve en ese rodaje y no me di cuenta

de las malas intenciones de Alfonso.

-Tú no tienes la culpa, José, mi vida.

Ese productor del demonio ha sido muy astuto.

-¡Madarikatu!

Así lo atropelle un carromato y lo mande pal otro barrio.

Ay, Jesús.

-Yo jamás he pisoteado a nadie,

nunca he tratado de hacerle mal a nadie,

¡y mucho menos por triunfar! ¡Por la Virgen de Cinta lo juro!

-Nadie aquí piensa eso, lucero mío. ¿A que no, canelita?

Claro que no, madre.

No hagas caso de lo que dijo esa mujer.

Es una víbora sin talento ninguno.

-El problema no es que yo no haga caso,

el problema es que los vecinos se lo hagan.

¿Crees que la han creído?

¿Crees que todo el barrio piensa que soy una arribista?

¡Llévate esto de aquí antes de que me coma la bandeja entera!

-Venga, pues pal altillo van.

(Timbre)

Bueno, bueno, ¿y luego qué pasó?

-Doña Bellita se defendía como gato panza arriba.

Y decía que ella no había hecho na malo.

-¿Y quién era esa mujer?

-La esposa del productor del cinematógrafo.

Toda la película había sido una venganza contra Bellita del Campo.

-Qué mala es la envidia, y más en el mundo del cine.

El éxito es muy dulce y el fracaso muy amargo.

-Desde luego.

Don Alfonso y su esposa son dos despechados

que pagan su frustración con quien tiene talento.

-Miren lo que traigo.

Arantxa me ha dado estos bollos que sus señores no han querido.

-Ni hambre tienen la criaturas.

-Y cómo van a tener, con el disgusto.

-Yo también he amanecido temprano, y me he liado a hacer torrijas.

Que sé que las penas con la panza llena son menos.

Marcia, también me ha ayudao.

-Bien pensado, Fabiana,

pero ahora nos van a sobrar dulces como para bloquear la calle.

Nadie tiene gana hoy.

-Hable por ti, que yo estoy hambriento.

-Pero si usté había desayunao ya.

-¿Hay alguna ley que prohíba desayunar dos veces?

-Ni que a usté le importara la ley.

-Hay que empezar el día con alegría. Esto está delicioso.

-¿Cómo está doña Bellita? ¿Está muy disgustá?

-Suponte. Hechos una compasión.

-Si ve a Arantxa, dígale que nadie cree que eso sea cierto.

Esos dos solo quieren sacar rédito de los Domínguez.

-Venga, se acabaron las penas.

Todo el mundo a la pensión a comer bollos,

torrijas y café que va a preparar Servando.

-¿Yo? -Sí, sí.

Hoy vamos a desayunar, pero por todo lo alto.

Hala, vamos, vámonos.

-Que digo yo...

que menos mal que decidimos dejar el negocio

de los retratos de doña Cinta.

-¿Que decidimos?

-Decidí yo, si mal no recuerdo.

-Tú, yo... ¿Qué más da?

El caso es que no cometimos el error de seguir con eso.

Lo cierto es que no me siento bien con el asunto,

deberíamos hacer algo.

-¿No me diga que usted tiene remordimiento?

-Estoy pensando en algo que ya te contaré.

Cuando lo tenga montao en la cabeza te lo contaré.

Eso fue lo que me contó anoche Liberto.

-Fue muy desagradable oír a esa mujer insultar a doña Bellita.

-¿Creen que tendrá algo de razón?

-Claro que no.

-Lo cierto es que esa caída fue oportuna.

-A veces, esas cosas suceden.

Nadie la va a culpar por aprovechar lo que la vida le brindó.

-Supongo.

-¿Qué tal va todo, doña Susana?

-Bien, ¿por?

-No sé, la noto algo mustia.

-Tengo algunas cuitas en la cabeza, solo eso.

-¿Podemos ayudar nosotros a resolverlas?

-Me temo que no.

Solo necesito airearme un poco.

Hoy recibí carta de Simón,

y se me pasó por la cabeza ir a verles.

-Haría usted muy bien.

Viajar, ayuda a despejar la cabeza de pesares y preocupaciones.

-Hace tanto que no le veo...

Quizá pasar una temporada con ellos me viene bien.

-Sin duda.

Su deber como abuela y madre es no perder el contacto

y mantener la familia unida. -Amén a eso.

-Pues eso haré, don Ramón, sí. Iré a pasar una temporada con ellos.

-¿Seguro que está bien?

-Sí. Marcho, tengo que hacer muchos recados.

Con Dios. -Con Dios.

No sabía que iban a venir todos a desayunar.

-Ni tú ni nadie.

Ha sido algo improvisado.

Arantxa andaba con estos bollos que sus señores no han querido

y, se nos ha ocurrido celebrar que hoy es hoy.

-Bien pensao,

que hay días que una se levanta sin ganas de vivir.

-Paisano,

¿quieren unos dulces? Invita la casa.

-Gracias.

-¿Y tu marido, no desayuna con nosotros?

-Se fue temprano a trabajar.

-Tenía que reparar una grieta en un muro del almacén donde trabaja.

-Que hombre más trabajador.

-Pues como tú, mi cordero.

-Ey, ey, ey, yepa ya, yepa ya,

que corra el aire, que no son horas.

Mucha suerte has tenido tú con ese hombre.

¿Siempre fue tan apañao?

-Sí. Siempre se ha esforzado y ha sido muy cumplidor.

Marcia. ¿Puedo hablar contigo un momento?

-Felipe, no es bueno que usté ande por aquí.

¿Por qué no se va a casa y duerme un poco?

Solo será un momento.

-Don Felipe, el día es largo, ya habrá tiempo para hablar.

-Vamos, señor, voy con usted y le preparo un café.

¡No me iré sin hablar con Marcia! -Yo no quiero hablar contigo.

Pues yo sí. -¡Felipe, haga usté el favor!

-No son maneras.

-Tranquilos, todo está bien. Hablaré con él.

Solo quiero hablar.

Disculpen las formas.

Vamos.

¿En qué piensas?

-Hablar de los nietos con doña Susana

me ha hecho acordarme de algo. -¿De qué?

-Quiero abrirle una cuenta a mi nieto en un banco.

Y quiero empezar a meter dinero desde ya,

por lo que pueda pasar.

No me gustaría que le faltara algo en el futuro.

-Nada le va a faltar, pero me parece bien.

Si eso te deja tranquilo.

Vas a ser el mejor abuelo del mundo.

-Me temo que no, porque Lolita insiste en dejar ese color amarillo

en las paredes de la habitación, y yo no estoy haciendo por evitarlo.

-Contradecir a Lolita es arriesgar tu vida.

Entiendo que no te quieras meter ahí.

Entre tú y yo,

aunque ella crea que eso hará que el niño tenga un carácter más alegre,

a mí me da que se va a volver tarumba, es horrible, Ramón.

-Horrible del todo.

¿Sabes qué?

Creo que debería contribuir de alguna manera en ese proyecto.

-¿Cómo?

-Quiero hacerle un regalo a mi nieto,

un regalo, no me importaría dejarme mis buenos dineros.

-¿Y en qué has pensando?

-Aún no lo sé, pero ya lo averiguaré.

-Mientras lo averiguas,

voy a recoger unas enaguas que me estaba arreglando Agustina.

-Estupendo, así aprovecho yo para acercarme a la librería

a recoger unos volúmenes que he encargado.

Luego te veo en casa. -Ya te echo de menos.

¿Te has vuelto loco?

¿Qué quieres, que Santiago se entere?

¿Cómo crees que reaccionará? No me importa.

No me importa nada tu esposo.

Solo me importas tú.

Tú y yo. Felipe...

Déjame hablar.

¿Qué es eso?

Dos billetes de barco.

Huyamos.

Vayámonos lejos de aquí, donde nadie pueda encontrarnos.

Te amo.

Felipe, no puede ser.

¿Por qué?

Porque soy una mujer casada.

Yo no he elegido mi destino, pero es lo que soy.

¡Pero no le quieres! Me quieres a mí.

Y ojalá fuéramos libres. Pero no lo somos.

Yo no lo soy.

Aún tenemos una oportunidad.

Si huimos... No vamos a huir.

Y ahora, por favor, te ruego que te marches.

No hagas las cosas más difíciles.

Marcia, por favor.

Felipe, vete.

Vete antes de que Santiago llegue y esto acabe en tragedia.

No insistas más.

Lo nuestro es imposible, ya es hora de asumirlo.

(LLORA)

¿Dónde estabas?

He ido a ver si podía hablar con Cinta sobre lo ocurrido anoche,

pero no he podido, Arantxa no me ha dejado.

Cinta se ha encerrado en su habitación y no quiere ver a nadie.

-Pobrecilla. Lo tiene que estar pasando muy mal.

-Yo solo quiero abrazarla y consolarla,

pero creo que he de darle tiempo para que se recomponga.

Ha sido un golpe muy duro.

-Y desagradable.

-No comprendo cómo ese hombre ha invertido tanto esfuerzo

en hacer una película para difamar a Bellita.

-Y lo peor es que ha utilizado a Cinta para ello.

Siempre sospeché que sus intenciones eran turbias,

pero nunca imaginé un plan tan maquiavélico.

-Me gustaría ahogarle con mis propias manos.

-Hermano.

-Y si no lo he hecho todavía es por no complicar más las cosas.

-Y haces bien. Hay que tener calma.

-Es lo que trato de tener, pero lo mío me cuesta.

Ese hombre nos ha engañado a todos.

-¿Creéis que puede haber algo cierto en todo esto?

-Ni una palabra.

-Todo lo que aparece en esa película es una mentira de principio a fin.

-Los Domínguez han demostrado ser gente honrada y honesta,

y no podemos dudar de ellos ahora.

No lo dudo, solo me planteo si puede haber algo de verdad

en todo lo ocurrido.

-Nada, absolutamente nada.

Y le ruego que ni dude, ni nos haga dudar a nosotros.

He de hablar con Cinta para ver cómo hemos de proceder,

pero una cosa le digo,

algo tenemos que hacer, esto no puede quedar así.

No he visto a los Domínguez desde ayer, no han pisado la calle.

-¿No?

-Ni pa ligar unas aceitunas y un tinto,

como le gusta a don José.

-Normal,

no deben querer hablar de lo que ocurrió ayer

en el pase de la película,

que bien incómodo que fue.

-Es una pena, porque mire que salía guapa la señorita Cinta.

Que yo no sé si es buena actriz o no, pero guapa es un rato.

-Es una chica preciosa y elegante. Eso no se lo quita nadie.

-Buen día.

-Pero mi Marcelina también.

Y hubiera hecho de actriz estupendamente,

que ella lleva el arte en las venas,

aunque no venga de familia de artistas.

-Ni falta que le hace, en cuestión de actuar,

se tiene o no se tiene.

A mí tampoco se me da mal, he de decirte.

-Doña Carmen, ¿puedo contarle algo que me está quemando por dentro?

-Claro, Jacinto, ¿qué ocurre?

-Yo suelo ir algunas mañanas a una taberna

que hay a dos calles.

A tomar un café de vez en cuando. Me gusta el ambiente que se forma

a primera hora, trabajadores que empiezan la faena,

porteros madrugadores y algún sereno que anda de recogida.

-¿Y?

-¿A que no sabe a quién vi hoy tomando una cazallitas?

-¿A quién? -A don Felipe.

-¿Bebiendo tan de amanecida?

-A mí también me extrañó. No sabía con quién hablarlo.

-No se preocupe, Jacinto,

lo comentaré con mi esposo.

-Gracias, doña Carmen. Si me disculpa...

-Buenos días, doña Susana.

-Hola, Carmen. No te había visto.

-Ya lo veo, ya.

¿Está usted bien?

La noto decaída.

-¿Tanto se me nota?

¿Estás bien, hija?

-Estoy preocupada por Marcia, señá Agustina.

-Por lo de esta mañana. -Sí.

He ido a parlotear con ella, pero no quiso hablar.

Y, la verdá, no la culpo,

después de la escena que montó su señor de usté.

-Él también lo está pasando mal.

-Y yo lo entiendo,

pero no deja de parecerme una chaladura

irrumpir así en la pensión y llevársela pa la habitación.

Señá Agustina,

si se entera Santiago, se puede armar una muy gorda.

-No te pongas en lo peor ahora.

-No lo hago. Pero ¿sabe usté lo que dice Marcia?

-¿Qué dice?

-Que su marido parece un buen mozo,

quizá lo sea, trabajador como el que más, no hay duda.

-¿Pero?

-Pero no sabe usté cómo le teme Marcia.

Dice que en el pasao fue un hombre muy violento.

Que ha cambiao, pero ¿se puede cambiar tanto?

-Santiago no tiene por qué enterarse

de lo que ha pasado hoy en la pensión.

Todos los que estábamos allí somos de confianza

y hemos jurado no decir nada.

-Nosotros, Agustina, pero allí había sentaos algunos parroquianos más,

y ya ha oído usté al Servando,

que uno de ellos se parece al que trabaja en el almacén con Santiago.

-He rezado porque Servando se equivoque

y se trate de uno parecido.

-Por no hablar de lo que afectan esas cosas a los negocios.

Y espero que este suceso no afecte al buen rendimiento de la pensión.

-Eso espero. ¿A qué viene eso?

No peques tú ahora de ceniza.

-Espero pecar de ceniza y no de adivinadora.

Lo que le estaba diciendo, Agustina,

que cada noche refresca más.

Y me voy a marchar, que tengo mucha faena.

Con Dios. Con Dios.

¿Qué ocurre, Agustina? Nada, ¿por?

Por la estampida de Casilda y su mala cara.

Casilda tiene faena, y yo no tengo mala cara.

Oh...

Agustina,... que nos conocemos,

a mí no me engaña.

¿Tiene algo que ver con su señor?

¿Pasó algo entre don Felipe y Marcia?

Con todos mis respetos, Úrsula,

yo a usted la aprecio, que siempre se ha portado muy bien conmigo,

pero llevo días queriendo saber sobre la vida de mi señor,

y, sinceramente, me incomoda cada vez que me pregunta.

Lamento mucho haberla molestado.

Para mí, la discreción...

es parte fundamental de nuestro trabajo,

y si yo no le pregunto por su señora,

ruego haga usted lo mismo con mi señor.

La pelota está en su tejado.

-Dice que si no lo tengo claro,

es mejor que no nos veamos.

-Y, claro, usted le echa de menos.

Le reconozco que sí, su compañía me resultaba muy agradable,

me entretenía pero ¿no está siendo un poco duro?

¿No está siendo impaciente en demasía?

Si le soy sincera, su ultimátum solo hace que alejarme.

De hecho, estoy pensando muy seriamente lo que le comenté,

marchar

a visitar a mi hijo una temporada.

La familia es lo único que me reconforta en estos momentos.

-Doña Susana, ¿quiere que le sea honesta?

-Por supuesto, se lo agradecería, soy un mar de dudas.

-Creo que don Armando hace muy bien en presionarla.

No somos unas jovencitas, doña Susana.

Y nuestros hijos ya no son niños,

sino unos hombres hechos y derechos que tienen su vida.

-Sin duda, eso es cierto.

Hasta con hijos propios y familia.

Yo adoro a mi Raúl, pero...

cuando me enamoré de Ramón,... mi vida

está junto a él.

El momento de dedicarse a los hijos

en cuerpo y alma, de sacrificarse por ellos,

incluso de renunciar a una vida propia

en beneficio de su bienestar, ya pasó.

Ahora...

hemos de pensar en nosotras, Susana.

Es el momento de hacerlo.

Lo que le está ofreciendo don Armando es un futuro,

tiempo, una vida juntos.

Eso es mucho, Susana, créame.

Es un regalo y lo ha de valorar.

-No lo había valorado de esa manera.

-Si va a dejar pasar esta oportunidad,

ha de ser muy consciente de lo que va a perder.

Oportunidades como estas

no se dan dos veces.

Piénselo.

En la botica me han dicho

que este remedio es mano de santo para el dolor de cabeza.

Y luego, iré a prepararle algo de comer,

que no come desde ayer a mediodía.

Ya le he dicho que no me apetece nada.

Y menos con la cefalea que tengo.

No me entra nada.

Esta mañana, cuando salió de la habitación de Marcia, de la pensión,

todos no quedamos muy preocupados.

Todo el mundo le aprecia. Agustina, basta, por favor.

Sé lo que quiere

y sé que sus intenciones son buenas,

pero no soporto un sermón ahora mismo.

(Puerta)

Voy a abrir.

Tómeselo mientras tanto.

La señora Genoveva, señor.

Gracias.

¿Los Domínguez siguen sin salir de casa?

-Sí. Están muy afectados por lo sucedido.

-¿Cómo está Emilio?

-Mal, ni siquiera ha podido hablar con Cinta ni verla.

Se ha encerrado en su habitación y no quiere ver a nadie.

Supongo que se siente culpable por haber contribuido al escarnio.

-La historia que contaron ese productor y su esposa

fue un disparate, no deberían darle mayor importancia.

-¿Cómo no van a darle importancia?, la película va a salir a la luz.

Todo el mundo la verá.

-Bueno, sí.

Es más fácil hacer oídos sordos a un cotilleo de barrio, pero...

no van a poder parar el estreno de una película

que se verá en todo el país.

-La situación es más complicada de lo que parece.

-Están en un buen atolladero, sí.

-¿Y ese libro que trae?

-Es sobre Japón, un país que me apasiona.

Don Armando me lo prestó. ¿Sabes si ha pasado por aquí?

-No, llevo toda la mañana sin verle, ahora que lo menciona.

-¿Sabes que en Japón, octubre es el mes sin dioses?

Dicen las escrituras que todos se han ido a la peregrinación Izumo,

un santuario sintoísta más famoso y antiguo de Japón.

-Qué bien no tener que rezar durante todo un mes.

-Sí.

¿Por qué no se sienta conmigo, doña Susana?

-No sé si hoy soy la mejor de las compañías.

-Tonterías. Siéntese.

Un té, Camino, por favor. -Ahora mismo.

-Don Liberto me ha enseñado el ema que don Armando le ha regalado.

-Sí.

Son unas tablitas con unas letras en japonés.

-Bueno, son plegarias a los dioses.

He estado indagando sobre la suya,

y recoge un poema sobre el balneario Yuyuma.

Es famoso en Japón por tener las aguas más cálidas.

-"Los japoneses ofrecen a sus dioses

estas tablillas con sus más íntimos deseos".

"Yo solo sigo su costumbre, pero tengo suerte,

porque para mí, dioses y deseos son la misma cosa".

"Usted es mi diosa y también mi deseo".

"Si ellos, los dioses quieren,

sabrá dónde encontrarme".

-Hay gente que va allí a cocer los huevos en esas aguas.

Bueno, y también pulpo, incluso cangrejos,

como el que aparece en su tablilla, ¿no es interesante?

-(SUSPIRA)

No tienes buena cara, Felipe.

¿Qué está pasando? Y no me digas que nada.

Esta vez no te lo voy a decir.

Esta vez te diré la verdad.

Me preguntaste y te mentí,

pero sí, estuve viendo a Marcia a escondidas.

Lo intuía.

Nos vimos a espaldas de su marido y sin que nadie lo supiera.

Acepté ser su amante porque era lo único que podía obtener de ella.

Me he arrastrado hasta decir basta por esa mujer.

Porque la quiero y sé que ella me quiere.

Compré dos billetes de barco para escapar.

Y ella no ha querido irse contigo.

Lo he dado todo por ella.

Creo que debes asumirlo, Felipe,

debes asumir que está casada y que nada puedes hacer para cambiar eso.

No sabes cómo duele. Sí, sí que lo sé.

Cuando tú me dejaste, yo lo pasé realmente mal.

Por eso sé que lo mejor ahora es aceptar la realidad y pasar página.

Centrarte en tu trabajo, salir, distraerte...

Yo me volqué en mi proyecto.

Igual pensabas que era para tenerte cerca, pero no fue así.

Necesitaba tener la cabeza ocupada en algo,

Y el proyecto de los barcos me salvó.

Tienes buenos amigos, un trabajo que te gusta

y me tienes a mí.

Yo lo superé y tú también lo harás.

Gracias.

Gracias por esto.

A lo mejor ese hombre no es nadie y ni conoce a tu marido.

-A lo mejor,

pero si Servando tiene razón y conoce a Santiago,

a estas alturas, el marido de Marcia ya lo sabe to.

-¿Y qué puedo hacer yo?

-Como poco, saber qué le vas a decir cuando llegue esta noche.

Me va a matar.

Me va a matar.

-No digas barbaridades. Además, no lo vamos a consentir.

-Es que... no conocéis a Santiago.

Es un hombre tranquilo y sosegado, sí, pero cuando se enfada...

-No debiste permitir que la relación con Felipe se te fuera de las manos.

-Lo sé, señora Fabiana.

Lo intenté, se lo juro,

intenté luchar contra mis sentimientos,

pero le amo, amo a Felipe

y, lo sé porque nunca antes había amado a nadie.

Y mucho menos a mi esposo.

-Tranquila, también encontraremos una solución a eso.

-Si Santiago se entera de esto,

se va a volver loco, va a entrar en cólera.

-Has de estar preparada para su reacción.

Si se lo han contado todo, admítelo,

no le mientas.

-¿Ha perdido el juicio?

-Sabe Dios que solo puede salir de esta con la verdad.

Si te pregunta,

escúchame, dile que sí,

que estuviste con don Felipe este tiempo, pero que se acabó.

Eso sería poner a Felipe en peligro, y no estoy dispuesta.

-Claro que no.

Si te pregunta, le dices que tú no sabes nada,

que ese hombre miente y lo hace por malmeter.

-Así solo va a complicar más las cosas.

-Bueno, vamos a ver, que hable ella,

que es la que está metida en este brete, ni usté ni yo, señá Fabiana.

Marcia, ¿tú qué dices?

Por fin, hijo, ¿dónde te habías metido?

-No muy lejos, en la cocina, buscando algo pa picar,

pero no hay na. A ver si Arantxa nos prepara algo.

-No sé cómo puedes tener hambre estando la niña como está.

-¿Sigue encerrá?

-Sí. Hace un rato pase a verla por si quería charlar.

-Bien hecho.

No hay cosa más bonita que una madre hablando con su hija.

-Bonita pero imposible.

Solo me dijo que corriera las cortinas,

que no quería ni ver la luz del día.

-Del berrinche que ha pillao.

-Le insistí en que saliera al salón,

pero nada, escondió la cabeza bajo la almohada como un pavo.

-Como un avestruz, los pavos no esconden la cabeza.

-¡Una avestruz, un pavo, la madre que lo parió!

¡Aquí se acabó lo que se daba!

-Que te va a escuchar. -Pues que se entere.

No podemos seguir encerrados en casa como si hubiéramos hecho algo malo.

-Eso es una verdad como un puño. -No hemos hecho nada malo,

los que han hecho algo malo son esos embusteros de Carchano y su esposa.

-Dos demonios con rabo y cuernos.

-Eso, hay que coger el toro por los cuernos.

-¿No estarás pensando en que vuelva a los ruedos?

-Lo que quiero evitar es que se estrene esa película

llena de mentiras, esa película infame.

Está en juego el honor de mi hija y el mío.

-Yo no sé ni dónde está el traje de luces, estará empeñado, no sé.

-Anda ya, no digas pamplinas.

Acércame mis cosas, voy a ver a Carchano.

Apelaré a su sentido común.

Le pediré que no estrene esa película llena de mentiras,

le contaré mi verdad, suplicaré si hace falta.

-¿Y si no le convence?

-Entonces, entonces...

¡No sé qué haré, ahora mismo no se me ocurre na!

Mi vida, por fin sales de tu aislamiento.

¿Cómo estás?

-¿Quieres comer algo? Arantxa estará a punto de llegar.

-Alegra esa cara, mi vida, que tú no has matao a nadie.

No eres ninguna criminal.

Soy peor que eso, madre.

Y sí he matado a alguien.

Mejor dicho, algo.

Su reputación.

Y eso no me lo perdonaré nunca. Jamás.

-No has sido tú, canelita,

sino ese Belcebú de Alfonso Carchano.

Yo contribuí a que la película se llevara a cabo.

Sabía que estaba pasando algo raro, pero no lo quise ver.

Solo pensaba en mí.

En mi ambición y en mi sueño de ser alguien

en el mundo del espectáculo.

Y nadie te culpa por ello.

Este mundo, vida mía es cruel,

y lleno de gente no muy buena a veces.

Ya lo sé, madre, ya aprendí la lección.

Pero ha sido tarde.

He tomado una decisión.

-Ni se te ocurra ir tú también a hablar con Carchano.

No, padre, no voy a ir a hablar con nadie.

Dejo el mundo del espectáculo para siempre.

No haré más películas,

ni me voy a subir a un escenario, ni cogeré unas castañuelas

ni cantaré una estrofa en lo que me queda de vida.

Esto es lo que me ha encargado tu señora.

Los garbanzos ponlos en remojo a la de ya.

-¿Quieres que te siga contando o no? -Sí, sí, ya estás tardando.

-Pues eso, que la Marcia teme que su marido ya se haya enterao.

-¿Y cree que se va a poner violento?

-Eso es lo que ella dice.

-Pero ¿su marido la maltrata?

Dicen en el barrio que es mu trabajador.

-Ya, pero los que tienen la mano más larga

son los que parecen buenos mozos.

-Eso es verdad, que una cosa no quita la otra.

-Pero no, ella dice que la trata bien,

que es bueno con ella,

justamente lo que más le sorprende a Marcia.

-¿Que la trate bien?

-Sí. Parece ser que en el pasado él no era así,

era mu violento y se encolerizaba con facilidad.

-Pues vaya marío se ha buscao la Marcia.

-En realidad, ella nunca lo ha querido

pero él la cuidó cuando más lo necesitaba,

y no se le ocurrió otra forma de agradecérselo que casándose con él.

Pero a la única persona que ella a amado de verdad es a don Felipe.

-Pobrecilla.

La vida que le toca vivir, y encima casarse con un hombre que no quiere.

-Casilda, ¿dónde te has metido? Llevo un rato buscándote.

Aquí estabas, pegando la hebra con tu amiga, ¿eh?

-Señora, no se precipite, que llevamos aquí muy poco.

Y estamos preparando la Lola y yo los encargos que nos ha pedido.

Lo que pasa es que luego, la Lola se puso a parlotear...

-Ahora va a ser culpa mía.

-¿Y antes dónde estabas?

Vine aquí y no estabas, en el altillo tampoco.

-Porque bajé a comprar unas cosas y me encontré con coña Susana,

que también me encargó un recao.

Le dije que usted se iba a poner hecha una furia, pero le dio igual.

-¿Qué recado?

-Que fuera a llevar una nota

a una dirección, que por cierto, estaba muy lejos, tarde en llegar.

-¿Qué dirección? ¿Para quién era la nota?

-Yo creo que era para el diplomático.

-¿Para Armando?

¿Y Susana no te contó nada más?

-Señora, ¿ende cuándo doña Susana da explicaciones a los criaos?

Yo llegué,

llevé la nota y me fui tal y como llegué, andando.

-Una servidora se tiene que ir a hacer la cena.

Hale, aquí se quedan. A más ver.

-Te acompaño a la puerta.

-¿Qué planeas, Susanita, Susanita?

Deja de dar vueltas, mujer.

-Es que no puedo evitarlo.

Ya es tarde y no ha llegado, eso es una señal.

-Una señal de que se le ha hecho tarde en el trabajo, nada más.

-O de que está bebiendo en algún bar,

ahogando sus penas en alcohol...

-Eso ni lo mentes. Eso no va a pasar.

-¿Y si pasa? ¿Y si llega furioso?

-Siéntate, anda, hija.

Si llega furioso, no te va a quedar más remedio

que apaciguarlo.

-¿Cómo? -Con una buena dosis de amor.

Si Santiago comprueba que estás dispuesta a entregarte a él,

se olvidará de don Felipe para siempre.

-¡Santiago!

-¿Nos deja a solas, Fabiana?

¿Te crees que soy estúpido?

-Santiago...

-Sé que Felipe estuvo aquí buscándote.

Se encerró contigo en la habitación un buen rato.

-¿Quién te lo ha contado?

-¿Es verdad o no?

¿Por qué, Marcia?

¿Acaso te trato mal?

¿Acaso te falto yo al respeto?

¿Por qué, Marcia?

Te he hecho una pregunta.

Sé la verdad sobre usted.

-Que es una gran dama

y la artista más grande de este país, esa es la verdad.

-¡Una impostora y una estafadora es lo que es!

Lo sé yo, como lo saben todos los que han visto la película.

Y mañana, empezará a saberlo el resto de España.

De pensar que su hija iba a ser una estrella

a convertirse en uno de los mayores bochornos

que se recuerdan en este barrio...

He estado siempre a su servicio lealmente...

Más le vale seguir así.

Recuerde que me amenazó con contar algunos secretos míos.

Ese día perdió cualquiera trato

que no sea el que se le da a una fregona.

Yo desisto de ser artista.

Todo esto ha pasao por mi culpa. Por mi empeño de ser actriz.

A lo mejor la idea de volver a España...

no fue muy acertada...

y tenemos que volver a Buenos Aires.

Allí nos quieren y nos respetan más que aquí.

No entiendo como una mujer

tan inteligente y fuerte como usted

puede dejarlo todo, perderlo todo por un hombre,

además, un hombre que ama a una criada.

No se habla de los Domínguez. -Una pena.

Con lo buena gente que son. -Mala sombra

lo de la película.

-Podríamos tener un detalle con ellos, ¿no?

-Pero no sabemos qué les gusta. -No.

-Deberíamos de preguntárselo a la Arantxa. Yo me encargo.

Has cambiado de perfume.

Los hombres no se dan cuenta de esas cosas.

He de reconocer que huele muy bien.

Sé que él te salvó de Andrade y te ayudó mucho.

¿Pero le amas?

-Santiago,... yo soy tu esposa, lo juré ante Dios.

-No eres sincera conmigo.

Creo recordar que hoy era el baile en el Ateneo

y que estaríamos a tiempo de llegar si sigue queriendo...

asistir conmigo, claro.

Cuando dices que la familia volvería a Argentina, ¿te refieres a todos?

Claro. Ellos dos, Arantxa y yo.

¿Y tú y yo, qué pasa con nosotros?

¿Vamos esta noche a cenar al restaurante de doña Felicia?

Me temo que sería una compañía muy aburrida.

No conozco otra mejor.

Tenemos una sorpresa para ti.

-¿Una sorpresa? Qué emoción.

¿Qué es? -Ábrelo a ver.

¡¿Por qué, Marcia?! Te he hecho una pregunta.

Mira esto.

Mala puñalá le den a ese hombre.

Eres una mujer especial.

Y muy atractiva, eso es evidente.

No eres la única que ha preparado una sorpresa.

Me encantan las sorpresas.

Felipe, es precioso.

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Acacias 38 - Capítulo 1121

17 oct 2019

Susana está preocupada por su relación con Armando, no sabe si iniciar un noviazgo formal, pero gracias a la ayuda de Carmen y de Antoñito se dará cuenta de que tiene que vivir su vida sin el miedo al qué dirán.
Tras la proyección de la película de Cinta en el restaurante, Bellita se da cuenta de que la filmación es una venganza contra ella de una antigua rival, Margarita Lozano, esposa de Alfonso Carchano.
Felipe va a ver a Marcia para hablar con ella, pero esta le pide que se marche, lo que le destroza, dejándose consolar por Genoveva que ha habado con Santiago para que se marche con la brasileña de Acacias. Más tarde el antiguo capataz se enfrenta a su mujer ¿A qué viene la visita de Felipe?

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