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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1120 - ver ahora
Transcripción completa

Marcia.

Debemos separarnos,

y poner distancia.

¡No quiero escuchar su nombre nunca más!

¡Armando, no! Gracias a ti, se acabó.

Porque no hay guion, lo tiene todo en su cabeza.

No, sí que hay guión.

¿Lo viste?

Apenas una ojeada por encima.

Pero no coincide con lo que nos contó tu padre.

¿Ha cometido su señor algún pecado para tenerla así?

Nuestro trabajo es más bien callar.

Y, aun así, no sé nada.

-Quiero que nos marchemos, Santiago.

Pronto, cuanto antes.

-Nos iremos cuando tengamos lo suficiente para ir al sanatorio.

Vaya y vuelva a intentarlo. No toleraré otro de tus fracasos.

Vaya y sea útil de una maldita vez.

Lo averiguaré, señora, descuide. ¡Fuera!

Estoy por dejarlo. La película.

Ni se te ocurra. No es trigo limpio.

Sus enfados, sus sonrisas, sus críticas o sus halagos,

todo, todo me huele a falso.

-Voy a ir a ver a tus primos.

A Francia o a Italia, no lo sé.

Y dado que soy una señora mayor,

me atrevería a pedirte que me ayudaras a preparar el viaje.

Ojalá tengan las dos buen fario y puedan trabajar juntas en el futuro.

-Nada me gustaría más.

-Recuerda quién te lo dijo primero: vas a causar sensación.

Será una película inolvidable.

-Úrsula trata de averiguar cómo está la relación entre el señor y Marcia.

-Usted calle y no se meta en más berenjenales.

-No sé si podré callar mucho tiempo.

"Los japoneses ofrecen a sus dioses estas tablillas

con sus más íntimos deseos".

"Usted es mi diosa y también mi deseo".

"Si ellos, los dioses quieren,

sabrá dónde encontrarme".

Felipe, ¿te estás viendo con Marcia a escondidas?

¿No vas a responder a mi pregunta?

Me cuesta mucho hacerlo.

Ni estoy seguro de haberla oído bien.

Si es así, te la repito con gusto,

¿te estás viendo con Marcia a escondidas?

Insistes en repetir tal disparate.

Y tú insistes en no contestarme. No creo que tenga que hacerlo.

Pero no, por supuesto que no me estoy viendo con ella.

¿De dónde has sacado semejante ocurrencia?

Perdona, pero no me parece tan descabellado.

Tus palabras están lejos de hacerme pensar lo contrario.

¿Me tachas de mentiroso?

No quiero ofenderte, solo me preocupo por ti.

Te mueves en terreno peligroso.

Te repito que no es así.

Verás, agradezco tu interés en mi persona.

Pero ni creo que tengas que preocuparte,

ni creo que tales cuitas sean de tu incumbencia.

Créeme que no intento inmiscuirme en tu intimidad.

Si te lo digo es porque te aprecio.

Ya me marcho.

Espera.

Y te lo agradezco, pero te repito

que no tienes que preocuparte por mí.

Entre Marcia y yo no hay nada,

solo un recuerdo doloroso.

Genoveva,

si no me crees, no puedo hacer nada por convencerte.

Pero tengo que pedirte algo,

no difundas estos rumores,

podrían perjudicar a Marcia, es una mujer casada.

Descuida,

nuestra charla quedará entre estas paredes.

Puedes confiar en mí.

Gracias.

(Sintonía de "Acacias 38")

Gracias por subir a verme. No las merezco.

No podía esperar más para estrecharte entre mis brazos.

Ahora te vas a hartar de verme a todas horas.

Al fin he terminado el rodaje.

Pareces tan dichosa como yo.

Aun más, si no veía el momento de escuchar el último corten.

Ha sido tan duro.

No sé si estoy hecha para esto del cine.

¿Cómo puedes dudarlo?

Tú estás hecha para todo lo que te propongas.

Eh, eres una estrella.

Me temo que es el amor el que habla por ti.

Quizás el problema haya sido de esta película.

No terminaba de comprender nada. Ha sido muy frustrante.

No sé si hice bien en aceptar el papel.

No digas eso.

Cualquier actriz hubiese dado una mano por semejante oportunidad.

Piensa si no en Camino.

-(CARRASPEA) Eso, que corra el aire.

-Perdóneme, doña Bellita.

-No, Emilio, si te agradezco que animes a mi Cinta,

que está de lo más mohína.

Lo que me preocupa es que te esfuerces en demasía.

Ya me ha contado que no está nada satisfecha con la película.

Tengo serias dudas de que vaya a quedar bien.

Parecía valer cualquier toma,

aunque hubiese actuado fatal en ella.

-Sin duda, te exiges demasiado.

Debes confiar en don Alfonso, él sabe de estos asuntos.

Una vez montada la película, verás como es otra cosa.

Estarás maravillosa, no puede ser de otra forma.

-Yo también lo creo así. Además,

no tardaremos en salir de dudas.

Eso es lo que más temo, madre,

cuando nos juntemos todos para ver la proyección.

Buenos días.

-Marcia, ¿ya andas en pie tan temprano?

-Aunque no tenga faena, no estoy acostumbrada a quedarme en cama.

-Aun así, deberías reposar.

Anoche no tuve ocasión de preguntarte,

¿qué te dijeron en el hospital?

¿Cómo salió esa prueba de nombre tan raro?

-La espirometría dio bien, Fabiana.

Mi capacidad pulmonar está perfectamente.

-¿Y entonces, a qué tu malestar?

-El doctor dice que las pruebas evidencian

que no hay una causa física,

son los nervios, que afectan a mi capacidad respiratoria.

-Arrea, ¿y les extraña que andes tan alterá

con to lo que tienes encima?

¿Y eso qué cura tiene?

-Nada, tratar de estar más tranquila.

-Pues eso tampoco lo tienes tan fácil.

Si no te vienen bien los sobresaltos,

lo mejor será... que lleves una vida más tranquila

con tu marido.

-Por cierto, ¿ha visto a Santiago? Le he sentido marcharse con el alba,

pero no sabía adónde marchaba.

-Sí que debió salir temprano, porque no le he visto.

Pero algo me dice que pronto saldremos de dudas.

Por ahí viene.

-Buenos días. -Buenos días.

-Santiago, justo estábamos hablando de ti.

¿Dónde estabas?

-He ido a comprar leche y pan para tener en el cuarto.

Ya oíste a los doctores, debes alimentarte bien.

Y... también te he traído estas flores.

-Qué detalle.

-No mereces menos.

He ido hasta la ribera del río para cogerlas,

por eso he tardado tanto.

-Son muy bonitas, Santiago.

-No tanto como tú.

Bueno, será mejor que suba eso

y vaya partiendo algo de pan. -Aguarde, Santiago.

Acabo de acordarme que tiene una nota en el casillero.

Tenga. -¿Quién la ha traído?

-No tengo ni la menor idea.

Alguien habrá entrado y la ha dejao ahí.

-Por tu gesto,

parece asunto de enjundia. ¿Sucede algo?

-No es nada, no te inquietes.

Me han hecho un encargo.

Tendré que salir esta misma tarde a realizarlo.

Bueno...

Será mejor que ponga las flores en agua, no se marchiten.

Gracias, Fabiana. -No hay de qué.

Muchacha,

no puedes seguir así.

-No sé a qué se refiere, Fabiana.

-¿No te ondula?, claro que lo sabes.

¿Hasta cuándo piensas mantener tamaña distancia con tu marido?

Estás jugando con fuego.

Has de saber que doña Genoveva sospecha de tu relación con Felipe.

¿No ves que si ella anda con la mosca tras la oreja,

cualquier otro podría llegar a las mismas conclusiones?

-Lo sé, Fabiana. -Me alegra que sea así.

Ahora, lo que le preocupa a una servidora

es qué piensas hacer tú al respecto.

-No hay de qué preocuparse, lo mío con Felipe ha terminado ya,

para siempre.

-Espero que sea así, porque si no, esto va a acabar en tragedia.

Estás advertía.

(Música)

Susana.

Susana, Susana, ¿estás bien?

Susana, contesta. ¿Qué te sucede? Estás en Babia.

-Tan solo estaba pensando.

-Ya.

Y a juzgar por esa sonrisa no hay que preguntar por quién,

estabas pensando en Armando.

¿Qué vas a hacer ahora que él te ha declarado su amor

y te andas besuqueando con él?

-No seas exagerada, ha sido solo una vez.

-A la que van a seguir muchas más.

No trates de evitar contestarme, ¿qué vas a hacer?

-No lo tengo pensado. Tan solo sé que soy muy dichosa.

-Y todo gracias a mí, perdona que te diga,

lo que me ha costado lanzarte a sus brazos.

Pero qué bien que hayas seguido mis consejos.

Hay que aprovechar las oportunidades que nos brinda la vida,

que a nuestra edad, no van a ser muchas más.

-Así es. No me arrepiento de haberlo besado.

Solo espero que nadie nos haya visto.

-Por eso no te preocupes, nada tienes que ocultar.

-No estoy tan segura.

No creo que sea conveniente airear mis amores con Armando.

-¡Que todos sepan lo dichosa que eres y que rabien de envidia!

-No estoy segura si se lo van a tomar bien.

Prefiero ir tanteando el terreno y anunciarlo poco a poco.

-Qué sosa eres.

-Con permiso, señora.

-Agradecida, Casilda.

¿Sigues acatarrada?

Recuérdame que te dé la receta de unos emplastes, mano de santo.

-Muchas gracias, doña Susana.

-De nada, Casilda.

Antes, al entrar en el portal, me he cruzado con Bellita y su marido.

¿Sabes qué tal marcha la película de su hija?

-No tengo ni idea.

Pero te puedo asegurar que no pienso perdérmela, ahí estaré.

Así podré presumir de vecina cuando la chica se haga famosa.

-Ay.

-Lo que hace el amor.

-(SUSPIRA)

Buenas.

Agustina,

que ya tengo aquí los manteles que me pidió.

-Muchas gracias.

Al fin aparece, Fabiana.

-He venío en cuanto he recibío su recao.

¿Cómo se encuentra usted, más tranquila?

-Ya ve que no.

Aún estoy más preocupada por mi señor y Marcia.

-¿Aún más? Si parecía que eso ya no podía ser posible.

Pero pierda cuidao,

antes hablé con Marcia y me aseguró que ya no se veía con don Felipe.

-No creo que eso sea posible,

y, si lo fuera, temo que ya sea demasiado tarde.

-¿Y eso por qué, ha pasao algo más?

-Por desdicha sí.

Ya no solo se trata de que Úrsula haya intentado sonsacarme,

es que doña Genoveva le ha preguntado directamente a don Felipe

si se veía con Marcia. -Arrea. ¿Y qué le dijo su señor?

-Nada, lo negó con vehemencia.

Así que, consiguió pararle los pies.

-Sí, pero ¿por cuánto tiempo?

Debe tener serios indicios para llegar a preguntarle directamente,

tratará de seguir averiguando la verdad, estoy segura.

-La situación se les está yendo de las manos.

La única esperanza de que esto no acabe como el rosario de la aurora,

es que Marcia se mantenga firme y se aleje de don Felipe.

-¿Lo cree posible?

-No, Agustina, no,

en la cuitas del amor, pocas escuchan a su razón.

No me extrañaría ni una miaja que volviera a caer en sus brazos.

Deberíamos mantener la calma.

Na ganamos angustiándonos, mujer.

En fin, yo marcho pa la pensión ya.

-¿La ha dejado desentendida? -No, peor aún, al cargo de Servando.

-Vaya entonces, antes de que le líe alguna gorda.

Yo me quedaré una miaja, iba a subir Jacinto a hacer unos arreglos.

-Está bien. A más ver.

¿Dónde se habrá metido este hombre?

Nos está haciendo esperar mucho. -Eso pasa por venir de improviso.

Deberíamos haberle dado aviso.

-No hay tiempo pa tantas formalidades.

Cinta me ha dejado muy intranquila.

-Mujer, no serán más que los nervios por el fin del rodaje.

-No estoy yo tan segura.

Está convencida de que la película va a resultar una calamidad.

-Quién si parecía satisfecha era doña Susana

cuando la hemos visto. ¿No te lo ha parecido así?

-Para no darse cuenta, era toda amabilidad y sonrisas.

Ella que es de carácter más bien avinagrado.

-¿A qué se deberá tal cambio?

-Vete a saber, pero esperemos que le dure.

-Qué alegría verles.

Siempre es un placer recibirles.

-Quién lo diría, viendo lo que nos ha hecho esperarle.

-Estaba muy ocupado con ciertas cuitas.

Pero, de hecho, me han ahorrado un paseo.

Pensaba ir a verles, tenía que hablar con usted, don José.

-¿Y eso por qué?

-Para felicitarle.

Es usted un gran actor.

Ya he podido ver reveladas las escenas en las que participó,

y está usted impresionante.

-¿Has oído, Bellita? -Sí, pero no te pongas tan ancho,

que no hemos venido a hablar de ti, sino de la niña.

-¿Le sucede algo a Cinta?

-No puede estar más intranquila e insatisfecha

con las escenas que ha rodado.

-Descuide, doña Bellita,

esto le sucede a todas la actrices,

sobre todo, si son primerizas.

Siempre se quedan con las sensación de poder haberlo hecho mejor.

-Es curioso, a mí no me sucedió.

-Descuide, puede estar segura

de que la película va a quedar fetén.

-Bueno, más tranquila me quedaré cuando la vea al fin.

Quiero ver las escenas para cerciorarme

de que los temores de la niña son infundados.

-Por lo que he podido ver, puedo asegurarle que es así.

Cinta será una estrella. La película será muy sonada.

Confíen en mi palabra. -Y lo hago,

pero me fío más de mi vista.

-Podrá ver la película el día de su estreno.

-No puedo esperar tanto.

¿Por qué no hacemos un primer visionado aunque no esté terminada?

-¿Qué ganaríamos con eso?

-Muy fácil, calmar a su estrella

y, lo más importante de todo,

a su madre.

-Pueden llegar a ser muy pesadas si se lo proponen.

Seguro que algo se puede hacer para darnos capricho.

Podríamos organizar un primer pase en el restaurante Siglo XX.

Vendrían algunos amigos y vecinos.

-Está bien, si eso va a hacer que se queden más tranquilos,

encargaré ahora mismo el ensamblado de las bobinas y los rótulos.

-Se lo agradezco de corazón.

-Vamos a hablar con la dueña del restaurante.

-Háganlo. Yo ya les voy informando.

Con Dios. -Con Dios.

Ya ha visto cómo tengo la ventana.

-Pa chasco que sí, ese cristal está hecho añicos.

-Ya se puede apurar en arreglarlo,

llevo varias noches pasando un frío de mil demonios.

-Así se conserva mejor, como los jamones.

-¿Cómo dice?

No me se ponga brava, que era una broma.

-Cuando le haga comer la ventana, verá cómo nos reímos los dos.

-Descuide, que ahora mismo le llevo las medidas al cristalero.

-Esperemos que cuando lo acabe no haya entregado la pelleja

de una pulmonía.

-Mientras le pondré un cartón, pa tapar al menos las corrientes.

¿Cómo está su señor, Agustina? Últimamente, no se le ve el pelo.

-Estará en casa, esperando que baje a faenar.

Así que, apúrese.

-Hay que ver que siesa le pone el frío.

-Aquí te encuentro, Jacinto.

-No me lo entretenga que tiene faena.

-No, mujer, será solo un suspiro. -Eso espero.

Bajo ya a faenar. Cuando vuelva,

quiero ver, al menos, el cartón puesto.

-Descuide, doña Agustina.

-Con Dios. -Con Dios.

-Mira lo que he hecho con el retrato que me agenciaste.

¿Eh?

¿Qué te parece?

-Que no sé pa que tanto empeño en que le consiguiera el retrato

pa llenarlo de rayajos.

-De verdad, qué atrevida es la ignorancia.

Esos rayajos, como tú los llamas, van a ser nuestra fortuna.

-Lo dudo mucho.

¿Qué es esto rojo que ha pintado aquí?

-¿Eso? Un corazón.

-Yo diría que es una boñiga, con perdón.

¿Y estos garabatos?

-Se supone que es la firma de Cinta.

-Parece que le ha dao un patatús con la pluma.

-¡Pero ¿qué dices?, si ha quedado perfecto!

Sus admiradores, vamos,

se van a pegar por los retratos autografiados.

Cuando se estrene la película y Cinta se haga famosa,

no vamos a tener manos para contar el parné.

-Mire, que yo sé contar bastante, ¿eh?

-Anda.

Aquí tiene, la copia de los documentos del ministerio

que Felipe le dio a Genoveva.

-Luego le echaré un vistazo. ¿Ha podido ver a nuestro amigo?

-¿A Felipe? Sí, un momento, cuando me entregó los documentos.

-¿Y cómo le ha encontrado? Estoy preocupado por él.

-No es para menos, créame,

le vi muy desmoralizado.

-No lo comprendo, apenas hace dos días estaba dichoso y tranquilo.

-Me temo que ese no es su estado actual.

-¿Qué le habrá sucedido?

-No sé decirle, pero ni siquiera la ayuda de Genoveva

ha conseguido que mejore.

Creo que la única solución para él sería que Marcia desapareciese

de su vida para siempre.

Que se fuera de Acacias con su esposo.

-No le falta razón.

Por lo que me ha contado Casilda,

Marcia no tiene intención de abandonar la ciudad.

Y para colmo, su marido ha empezado a trabajar.

-Lamento escuchar eso.

En tal caso,

lo único que podemos hacer es estar pendientes de él,

por si precisa de nuestra ayuda.

No le molesto más. -Le acompaño a la puerta.

-Ya comentaremos cuando haya revisado la documentación.

-Por supuesto.

Don Armando. -Qué casualidad,

ahora mismo iba a llamar. ¿Cómo está, don Ramón?

-Bien, gracias. Si le apetece,

podemos quedar más tarde a tomar un café en la terraza.

-Será un placer, como siempre.

-Con Dios. -Con Dios.

Pase, don Armando.

Recibí su aviso de que quería verme.

¿Sucede algo?

Por su nota me pareció ser algo urgente. Pase, pase.

-No se trata de nada malo, al contrario.

-Usted dirá.

-Imagino que estará al tanto

de cuáles son mis sentimientos respecto a su querida tía.

-Siéntese.

Así es, no le puedo ocultar que algo he sabido.

-Bien, pues como pariente masculino más cercano al que puedo acceder,

he creído que resultaría oportuno solicitar su permiso formal

para frecuentar su compañía. -Eso no será menester, Armando.

-Yo sí lo considero así.

Mis intenciones son de lo más formales.

Me gustaría que todo se hiciera de la forma correcta.

-En ese caso, puede estar tranquilo, tiene mi permiso.

No puedo estar más satisfecho.

Y descuide, estoy seguro de que sus hijos, Leandro y Simón,

opinan como yo.

Todos queremos su dicha. Les informarle cuando pueda.

-Le agradezco la confianza que me presta.

De una cosa puede estar seguro,

la felicidad de Susana es mi máxima prioridad.

-No lo dudo.

-Eso sí, y perdone que le haga este comentario,

le pediría que contenga la curiosidad de su esposa y su criada.

Será lo mejor para todos.

-Eso no me resultará más difícil de conseguir.

He de confesarle que estoy muy feliz.

Su tía es una mujer maravillosa.

Precisamente, me ha citado para vernos.

-Pero tendrá un momento para tomarse un café, ¿no?

-Por supuesto que sí. -Aguarde un segundo.

Disculpe, señora, ¿me permite entrar?

Preciso hablar con usted.

¿Se puede saber qué le sucede?

Señora, le traigo noticias.

Antes he podido escuchar, sin ser vista,

a Fabiana y Agustina. He confirmado nuestras sospechas.

Don Felipe se está citando a escondidas con Marcia.

No parece sorprendida.

Lo único que me sorprende es tener un servicio tan poco capaz.

Ya estaba segura de que así era, llega tarde.

¿Hay alguna otra noticia que ya sepa que quiera comunicarme?

(Puerta)

¿A qué espera? Vaya a abrir.

Debe ser Jacinto. Dígale que me espere en la cocina.

(SILBA)

(RÍE)

(RÍE)

Eh... ¿Quería verme, señora?

Sí, Jacinto, tenga preparado un coche en la puerta al atardecer.

Descuide, me encargaré de que le esté esperando.

¿Desea algo más?

No, gracias, puede marcharse. Bien.

¿Qué hace ahí parada como un pasmarote?

Si cree que le voy a decir dónde voy a ir o cuáles son mis planes,

está muy equivocada.

Doña Susana, ya le he preparado la merienda

pa usted y el hombre al que espera.

-Gracias, Casilda.

Ya te avisaré para servirla. -Cuando usté quiera.

-Aguarda un segundo, Casilda.

¿Has tomado los emplastes que te recomendé?

¿Te encuentras ya mejor? -Sí.

Estoy mejor, son mano de santo.

-Me alegro, pero ten cuidado con esas dolencias,

son muy traicioneras.

-Ya, pierda cuidao.

En agradecimiento a sus atenciones,

les he preparado unas tortas dulces de León pa la merienda.

-Es un detalle, Casilda, muchas gracias,

(Puerta)

-Parece que aquí llega su invitao. -Ve a abrir, haz el favor.

Buenas, don Armando.

-Buenas, buenas tardes.

-Doña Susana, aquí está su invitado.

-Adelante.

-Susana,

estaba deseando que llegara la hora de nuestro encuentro.

-Ahora les sirvo la merienda.

-No puedo apartar la vista de usted.

-Tendrá que hacerlo, aunque sea para merendar.

-No preciso más alimento que su compañía.

-¿Nos sentamos?

-Pensaba que tal vez le hubiera apetecido

que diéramos un paseo juntos en lugar de vernos aquí.

Hace una tarde maravillosa.

-Disfrutémosla tranquilamente, sin más compañía.

-Doy gracias a que el destino la haya puesto en mi camino.

Quién podría haber imaginado cuando me presentaron a Liberto,

que me iba a abrir las puertas de la felicidad.

-No, Armando, soy yo la afortunada.

-Por cierto, olvidaba que tenía una sorpresa.

Se ha organizado un baile en el Ateneo,

van a ir algunos amigos míos. Me encantaría que me acompañara.

Podremos bailar el vals una y otra vez.

Susana, ¿está bien? Se ha quedado muda.

-Ah, perdón, es que...

no esperaba su invitación. No sé qué decir.

-Es sencillo, basta con un sí.

-No va a poder ser, Armando, tengo un compromiso previo.

-Es curioso,

aún no le he dicho qué día será el baile.

-Es que estoy muy ocupada todos los días y a todas horas.

-Susana, ¿qué está sucediendo?

-Armando, he de confesarle que todavía no estoy preparada

para dejarme ver en público con usted.

De momento, preferiría vivir nuestro amor

en la más estricta intimidad.

¿Me comprende?

-Aquí traigo la merienda.

-Gracias, Casilda. ¿Vamos?

-Sí, vamos.

Debo volver cuanto antes al restaurante.

Mi madre está preparando todo para la proyección de esta tarde.

Mejor marchémonos los dos juntos lejos de Acacias.

¿Pretendes que la estrella de la película no asista al estreno?

¿Sería eso posible? Ya sabes que no.

Tampoco vamos a ver cómo va a quedar la película

de forma definitiva.

El resultado puede ser aún más descorazonador.

Cinta, no te reconozco. ¿Tienes miedo?

No, de ninguna manera. Miedo no, pavor.

Nunca sentiste tal temor cuando salías a bailar al escenario.

Son cosas bien distintas.

Es un escenario estoy yo sola con el público.

Desde ahí lo controlo todo, sé lo que estoy haciendo.

Que fracase o triunfe depende solo de mi talento.

Yo decido cuando tengo que mirar de cierta manera al público,

o cuando hacer un gesto con la mano...

Pero lo del cine es muy diferente.

Me he sentido como una marioneta sin gracia alguna.

Insisto en que nada tienes que temer.

Estoy seguro de que estarás sublime.

Ojalá el publico fuese un juez tan benévolo como un novio enamorado.

Pero no es así,

tiene la misma misericordia que un león hambriento.

-Emilio, te necesitamos en el restaurante para mover unas mesas.

-Ahora mismo voy, Camino.

Pero antes, preciso de tu ayuda aquí.

Tenemos que convencer a Cinta de que debe calmarse.

Seguro que todo irá de maravilla y la película será un éxito.

¿Qué pasa, hermana,

tan complicado te resulta lo que te pido?

-Por desgracia, sí, Emilio.

Yo tampoco las tengo todas conmigo.

-Buena ayuda me he buscado. Sois las dos tal para cual.

-Yo he asistido al rodaje, Emilio. Algo raro pasaba ahí.

La película no parecía tener ningún sentido.

¿Lo ves?

-Lo que veo es que sois una desconfiadas.

¿Creéis que alguien con la experiencia de Alfonso Carchano

iba a gastar su dinero en una pantomima?

Él es el experto. Seguro que hay una explicación

para lo que a vosotras os parecía dejadez.

Ya veréis como la cosa no tiene tanta importancia.

Bueno, quizás tengas razón. Claro que la tengo.

Lo que tenéis que hacer es dejar de preocuparos

y marchar a arreglaros para el estreno.

Tenéis que estar guapísimas.

Señores, aquí tienen su café. Ahora le traigo la cuenta.

Así que, ¿quiere que le pinte la habitación del zagal?

-Sí. Lolita ya la está preparando para cuando nazca.

-Poco más hace falta que una cuna.

-Eso díselo a ella, que está comprando tantos cachivaches,

que no vamos a ser capaces de encontrar al chiquillo.

-Natural, es madre primeriza.

¿Y de qué color quiere que pinte la habitación?

-De amarillo.

Amarillo.

-Amarillo.

Sí. Está empeñada en que es lo más apropiado.

-Hombre, si eres un canario...

-Ya la conoces, como para discutir con ella.

-Yo no pienso hacerlo.

Eso deben de ser costumbres de Cabrahígo.

-Eso explicaría porque están todos tan trastornados

al criarse rodeados de un color tan chillón.

En fin, ¿cuándo puedes pasarte?

-El caso es que ahora ando un poco liado.

Pero le puedo enviar a Santiago.

-¿Al marido de Marcia? -Sí. Es cumplidor y trabajador.

Quedará usted muy satisfecho con su faena.

-No lo dudo, pero no sé si quiero encargárselo a él.

-¿Por qué? -Por respeto a Felipe.

No me parece bien emplear a alguien

que ha causado tanto sufrimiento a mi amigo.

-Bueno, pero estoy convencido de que lo hizo sin intención.

-Sin intención o sin ella, ese fue el resultado.

Su aparición causó la ruina de Felipe.

-Vamos a ver, yo le entiendo perfectamente.

Pero... yo solo intento ayudar a alguien

que me parece buena persona

y, estoy seguro que el daño que ha hecho ha sido sin intención,

y por eso

le hemos dado asilo en nuestra pensión.

-Ya. Bueno, sí, también entiendo tu posición.

En el fondo, el muchacho no ha hecho nada malo.

No sé, es una situación peliaguda para todos.

-En eso estamos de acuerdo.

-Ya te diré algo, lo consultaré con Lolita.

-¿Sobre el amarillo?

-No, hombre, sobre Santiago, el amarillo no tiene solución.

-Mire que lo siento. -Ya. Hablaré con ella.

Vamos al restaurante a ver la película de Cinta.

-Fabiana tampoco se la quiere perder,

pero alguien se tiene que quedar en la recepción.

-Luego te cuento cómo ha ido.

Quédate el cambio.

-Vale. Muchas gracias.

-Servando, tenemos que hablar.

He estado pensado. -Eso sí que es una novedad.

-No quiero seguir adelante con el negocio de las fotos de Cinta.

-Pero ¿qué mosca te ha picado ahora? Si ya está todo listo.

¿Sigues dudando que ganemos un buen parné con esto?

-Es que me he dao cuenta

de que estamos engañando a todos en nuestro beneficio.

-¿Y qué problema hay? -Que no me parece bien.

Uno puede ser pobre, pero honrado.

-Vas a tardar mucho en hacerte rico.

-Se lo ruego, no siga con su empeño.

Al final se va a descubrir que fue servidor quien consiguió el retrato.

-Está bien. Me estás haciendo sentir como un aprovechado.

Uno tampoco quiere que le critiquen.

Está bien, te devolveré el retrato, pedazo de aguafiestas.

-¿Dónde lo tiene?

(Motor de coche)

(EXHALA)

¿De qué te extrañas, Susana?

Sería la primera vez que Rosina fuese puntual.

-A las buenas, doña Susana.

¿Ha visto a Lolita? -No, acabo de llegar.

Estoy esperando a Rosina para ir a la proyección.

-Yo había quedado con Lolita para lo mismo.

Pero antes tenía que darle una cosa a Agustina.

-A este paso, no vamos a llegar ni al final de la película.

-Y yo que quería preguntarle a Cinta antes de que comenzara

cómo es eso del cinematógrafo y cómo se hacen las películas.

-Pues corre, sube, no tardes, aún puedes llegar a tiempo.

-Tiene usted razón.

-(SUSPIRA)

Me tengo que hacer a la idea de subir a por Rosina a su casa.

-Susana, aguarde.

-Don Armando.

Qué alegría verle. No esperaba verle hasta mañana.

Parece serio, ¿sucede algo?

-Me temo que sí.

He regresado porque hay algo que debo decirle

que no puede esperar a mañana.

-Me está empezando a preocupar.

-Susana, debo ser sincero con usted.

Me ha sorprendido su negativa

a acompañarme al baile del Ateneo.

-Ya le he explicado mis motivos.

-Son precisamente esos los que me han molestado.

-No le comprendo.

-Es sencillo hacerlo.

Yo no tengo ningún problema en presentarse en sociedad con usted.

De hecho esperaba con ansia el día de poder hacerlo.

Mis sentimientos hacia usted son sinceros.

Deseo un futuro a su lado.

-Lo siento, no era mi deseo enojarle.

-No, Susana, no estoy enfadado,

estoy desilusionado.

-Yo también ansío una vida a su lado,

pero... necesito de tiempo.

Hay ciertas convenciones... -Mi amor está por encima

de todas las convenciones y las reglas de este mundo.

No me importa el qué dirán.

Ya veo que...

a usted sí.

No quiero presionarla,

ni obligarla a nada que no quiera hacer.

Así que... dejaré que medite

sobre si de verdad quiere seguir adelante con nuestro amor.

Cuando tenga clara su respuesta,

venga a buscarme, la estaré esperando.

-¿Y mientras tanto?

-Será mejor que dejemos de vernos.

(Puerta)

Disculpe, señora.

Jacinto ha dado aviso de que el coche le está esperando.

¿Adónde va?

¿Tardará mucho en regresar?

Úrsula, su incapacidad para comprender mis palabras

no deja de sorprenderme.

¿Cuántas veces debo repetirle que no tengo por qué darle cuentas?

Donde vaya y por qué motivo está muy lejos de ser asunto suyo.

Yo solo trato de ayudarla, señora. (RÍE IRÓNICAMENTE)

Ha mostrado con creces que es incapaz de hacer tal cosa.

Vaya a abrir la puerta.

Permítame un consejo,

si tiene intención de espiarme, olvídelo,

yo lo sabré, puede estar segura.

Ten cuidado con la pantalla, Camino, no la vayas a rajar.

-Descuida, no me perdonaría que tu novia quedara fea por mi culpa.

-Terminad con eso y venid a ayudarme.

Pronto llegarán los invitados a la proyección.

-¿Está bien así la pantalla, don Alfonso?

-Perfecta, don Emilio, se lo agradezco.

Creo que la proyección va a resultar un completo éxito.

-Llegamos demasiado pronto. -Tanta prisa, y somos los primeros.

-Temí que llegáramos tarde.

-Y así habría sido de no haber ido a buscarte, ¿a que sí, cariño?

-Llegan en el momento adecuado, no olviden que están en su casa.

Tomen asiento, por favor.

Enseguida llegará el resto de invitados.

-Han podido venir. -No me lo hubiese perdío por na.

-Aunque una no ha quedao muy tranquila

dejando a Servando solo en la pensión.

Esperemos que esta invitación no me salga cara.

-Felicia.

-Buenas. -Buenas.

-Queridos vecinos y amigos, muchas gracias por venir.

Aquí tienen a la estrella de la noche.

(Aplausos)

-¡Bravo!

¡Artista!

-Disfrútalo, niña, esta es tu gran noche.

-Deja de babear y ve con ella.

-Estás preciosa.

-¿Falta alguien más?

-Liberto y Rosina.

-Esa mujer llegará tarde a su propio entierro.

Esta vez no vamos a esperar, ya están aquí.

-Con permiso. -Buenas.

-Buenas tardes, queridos amigos. Disculpen el retraso.

-Esta vez no es culpa mía, estábamos esperando a Susana.

-Qué extraño, Rosina, antes la vi en el portal aguardándola.

-¿Dónde se habrá metido mi tía?

-Seguro que se ha olvidado algo en casa y ha ido a buscarlo.

-Señores, no podemos esperar mucho más.

-Tiene razón, proceda con la proyección.

-Sus deseos son órdenes, doña Bellita.

Por favor, luces fuera.

(Música)

¡Guapa!

(Aplausos)

-Qué arte tiene la niña. -¡Guapa!

-Mucho mejor que el que muestra.

-Ella baila mejor que lo que han rodado.

(Voces de asombro)

-¿Y esto?

En lo que leí en el libreto no salía nada parecido.

(Música)

Parece un pato. -Pero un pato mareado.

¿Qué te dije? Estoy haciendo el ridículo.

(Música)

Será malaje.

(Aplausos)

-Esto ya es demasiado.

-Ya está, se acabó,

¡vamos a acabar con este disparate...!

-Aguarde, señor, no monte un escándalo.

(Voces de asombro)

-¿Qué? ¡¿Qué diantres significa esta infamia?!

¡Esto no es más que un cúmulo de infundios!

¡¿Qué pretende con todo esto?! ¡Suélteme!

-Por favor, señor, por favor le pido

-(ASIENTE)

(Puerta)

Llegas tarde. Te estaba esperando.

La verdad sobre Bellita del Campo.

Su verdadera historia,

la que ignoran todos y cada uno de sus admiradores.

Y la voy a dar a conocer a todo el público.

Estoy pensando en hacerle un regalo a mi nieto.

No me importaría dejarme mis buenos dineros.

-¿Y en qué has pensado?

Usted se aprovechó de mi desgracia para pisotearme y triunfar.

¡Es usted una mujer rastrera y sin escrúpulos

que ha escalado a la cima taconeando

por encima de los cadáveres que le hacían sombra!

¿Y quién era esa mujer?

-La esposa del productor del cinematógrafo.

Toda la película fue una venganza contra la gran Bellita del Campo.

¿A que no sabe a quién he visto hoy tomándose algo?

¿A quién? -A don Felipe.

-¿Bebiendo? ¿Tan de amanecida?

Si Santiago se entera de esto,

se va a volver loco, va a entrar en cólera.

-Tienes que estar preparada para su reacción.

Si se lo han contado todo, admítelo, Marcia, no le mientas.

Agustina,

que nos conocemos, a mí no puede engañarme.

¿Es algo que tiene que ver con su señor?

¿Ha pasado algo entre don Felipe y Marcia?

Lo que le está ofreciendo don Armando es

un futuro,...

tiempo,

una vida juntos.

Si va a dejar pasar esta oportunidad,

ha de ser muy consciente de lo que va a perder.

Creo que debes asumir...

Debes asumir que Marcia está casada y que no hay nada que puedas hacer.

Dejaré el espectáculo para siempre.

No volveré a hacer una película,...

ni me voy a subir a un escenario, ni cogeré las castañuelas

ni cantaré una estrofa en lo que me queda de vida.

¿Qué es eso? Son dos billetes de barco.

Huyamos.

Huyamos, por favor, lejos de aquí, donde nadie pueda encontrarnos.

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Acacias 38 - Capítulo 1120

16 oct 2019

Armando pide a Liberto cortejar a Susana de manera formal y aunque este le da su beneplácito la sastra pide al exdiplomático llevar su relación con discreción, disgustando a Armando que le propone dejar de verse hasta que esté segura de lo que quiere.
Cinta le confiesa a Bellita su hastío por saber si la película quedará bien. La folclórica va a hablar con Alfonso para que le muestre el material rodado, afirmando el productor que hará una proyección en el restaurante para todos los vecinos.
Felipe niega ante Genoveva que se sigue viendo con Marcia, pero la viuda de Bryce no le cree y pone en marcha su plan para que el abogado sea suyo. Más tarde se cita con alguien ¿Quién podrá ser?

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  1. Marilu

    Emilio: que inocente sos con tus argumentos; el " guión " de este culebrón que va en decadencia, capitulo tras capítulo, sin dejar de mencionar la REPETICIÓN de hechos,, es el clásico " YA NO SABEMOS COMO CONTINUAR, SE NOS ACABARON LAS IDEAS ", " sic " de los guionistas,. CHAU .-

    18 oct 2019
  2. Emilio

    Cómo permite Felipe que una mujer, que fue capaz de traicionar a todos, se dirija a él con semejante despótico interrogatorio, es posible que se deje embaucar nuevamente por ella?. Otra cosa que me extraña es qué, cómo es posible que Ursula que es una mujer de carácter y que no le ha aguantado desplantes a nadie, se deje humillar e insultar de esa mujer que dice ser su señora y no la haya puesto ya "en su sitio" como sólo ella sabe hacerlo? ... y por último, Agustina muy brava y resuelta para dirigirse a Jacinto (que es un buenazo) y tan cobarde y dócil para el resto de la gente (sobre todo para Ursula).

    17 oct 2019