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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1118 - ver ahora
Transcripción completa

-¿No os gustan las mollejas de pollo en salsa?

-Están buenas, pero no son una cosa que comamos muy a menudo.

-Ya, Ramón. Yo tampoco suelo prepararlas.

Pero como sé que a Lolita le encantan,

pues he pensado en darle este capricho.

-Pero si ni las ha probado.

-¿Qué pasa, hija? ¿Que no están a tu gusto?

-Es que, Carmen, con esto del embarazo

pues tengo el paladar del revés.

Y lo que antes me rechiflaba, ahora es que no puedo ni olerlo.

-Por mí ya puede llevárselas. -Por mí también.

Están muy buenas, pero yo creo que ya he comido bastante.

-Está bien.

Me las llevaré, pero por lo menos dejad que las pruebe yo,

aunque solo sea porque me he pasado casi toda la mañana preparándolas.

-La próxima vez pregunta antes de lanzarte a cocinar.

-Sí, mi amor. Seguro.

-Padre, ¿sabe que este mes hemos doblado la venta de cafeteras?

-El negocio va fenomenal.

La gente cada día toma más café

y, claro, tiene que prepararlo en algún sitio.

-Yo he estado pensando y creo que deberíamos subir el precio

porque íbamos a vender lo mismo, pero ganaríamos más dinero.

-Así ganamos bastante. No conviene ser avaricioso.

-¡Uy!

Uh...

-Cariño, ¿qué te pasa?

-Tu hijo.

Que me está pegando unos patadones

que me va a sacar el pie por el ombligo.

Este ya quiere salir, eh.

-Pero ¿no es un poco pronto para eso, hija?

-Los de Cabrahígo siempre quieren ser los primeros en todo.

-Uy, pues este tiene que ser de muy pura cepa

porque el muy borrico me está haciendo polvo.

-Siéntate, cariño, siéntate.

-Para mí que le ha dado el olor de las mollejas

y que se le han antojado.

Voy a probarlas a ver.

Sin duda.

Se ha quedado más tranquilito.

¡Ay!

Carmen, ¿sabe que le da así un toque muy rico?

-¿Sí?

Pues come todas las que quieras,

que aquí estos dos ni las han catado.

-Écheme un poquico más.

Para mí,

para mí que vas a tener que preparar la habitación del niño, eh.

Este cuando venga, no se va a andar con chiquitas.

-Lo que tú digas, pero a mí me da que aún hay tiempo.

-Que no, Carmen.

Que los de Cabrahígo cuando dicen de salir

nacen donde les da la gana y donde les viene en gana.

Quiero un poquico más, que me ha echado poco, eh.

Échame un poquico más.

Mejor.

Gracias.

-Están buenísimas. -¿A que sí?

-Aquí tiene, Cesáreo.

-¿Qué le parece? Le he dejado como nuevo, eh.

-Es usted una artista de la limpieza.

Este uniforme tenía más lámparas que el palacio del obispo.

¿Cómo lo ha hecho?

-Pues no tiene mayor secreto, Cesáreo.

Agua, jabón y unas horas frotando.

-Bueno, pues me tendrá que decir qué le debo,

y lo que me pida es poco.

Dentro de un orden, claro.

-A ver, no, por favor eh.

No me tiene que dar nada, por Dios.

-Hombre, tampoco se quede corta.

Que usted me ha dicho que ha empleado mucho tiempo

y el tiempo es dinero.

-Que no me tiene que dar nada, Cesáreo.

A ver, ¿somos amigos o no somos amigos?

-Está bien.

En ese caso, me tiene que permitir

que la invite a tomar algo en la pensión.

-¿Otra vez? ¿Que no le estoy diciendo?

Que no me tiene que dar nada. Tampoco no sea pesado.

A ver, Cesáreo, no se va a gastar los cuartos con esta servidora

que ya sé yo que le cuesta mucho ganarlos.

-Si me los gasto encantado en obsequiarla.

-Yo tengo que bajar a casa, no vaya a ser que me estén reclamando

y estoy yo aquí sin darme cuenta.

-Mejor bajo y me... Agur, Cesáreo. -Agur.

Hay que ver. Si huele mejor que cuando era nuevo.

-Uh.

Muy pronto se está preparando para la ronda, Cesáreo.

Ya era hora de que limpiara el traje.

-No, me lo ha limpiado Arantxa, ha venido a recogerle.

-Ah, muy bien.

-Pues yo vengo... a reposar un rato.

Que llevo todo el día con menos fuerzas que una gaseosa abierta.

-¿Ah, sí?

¿Y no será por sus fiestecillas después del trabajo?

-No sé de qué me habla.

-No te hagas el longuis, Jacinto.

Que sé que tú y Servando os metisteis en el piso de Bellita.

¿Sí o no?

-Ni caso, eh.

-Más o menos.

-¿Más o menos?

Dime la verdad, antes de que te metas en un lío.

-Está bien.

No piense que íbamos a robar, no.

Solo queríamos un retrato de la señorita Cinta.

-Ah, ¿y para qué?

-Pues... para... para mi prima, la de pueblo.

-Ea. -Que le haría mucha ilusión,

que le he contado a la muchacha sobre la señorita

y se ha hecho admiradora de ella.

-¿Y por qué no se lo pedisteis? Y paz.

-¿Y si nos dice que no?

Mire, que solo queríamos pedir prestada un retrato

para hacer una copia, y ya está.

-De prestado, nada. Ibais a robar.

Y eso es allanamiento de morada. ¡Y encima en casa de los Domínguez!

¡Con lo buena gente que son! Pero ¿no te da vergüenza?

-Está bien. Lo siento.

Lo hemos hecho mal, de acuerdo.

Pero tenemos propósito de enmienda. No volverá a pasar.

-Eso espero.

Si no, tendré que actuar como autoridad competente.

-Pues si le cuento toda la verdad, me lleva preso.

(RÍE) Cesáreo, qué gracioso...

-Ay, prima, de verdad.

Me tiemblan las canillas solo de pensar

que tengo que ir a casa de mi señora.

Es que cada vez que cruzo la puerta, me los encuentro ahí, refocilándose.

-Pues como mi Jacinto y yo, no hay día que no tengamos fiesta.

-Bueno, mujer, vosotros sois jóvenes, estáis en la edad,

No como mi señora, que ya tiene unos años.

Yo no sé que es lo que me jeringa más,

si el constipado que me he cogido o eso.

-Eso te pasa con unos vahos de eucalipto y tomillo.

¿Quieres que subamos al altillo y te preparo unos?

-Ya me gustaría, prima.

Subir, hacer los vahos y meterme en la cama,

Pero no puedo, tengo mucha faena por delante, mujer.

Y quiera Dios, que cuando llegue a la casa, no me los encuentre...

en alguna actitud indecorosa. -Si se está casado,

se pude disfrutar de la alcoba todo lo que se quiera.

Mira, tu primo y yo, todas las noches...

-¡Prima, prima, por Dios!

Vamos, lo que me faltaba a mí.

Que me empieces tú a contar tus intimidades de alcoba, mujer.

Además, una es viuda.

No estoy para esos trances.

Mira, yo creo que este resfriado me lo he cogido

de tanto disgusto que me llevo.

-Si no quieres hacer los vahos, al menos, ve a la botica

que te den algún remedio.

-No tienes buena cara, prima. -Sí, claro.

Con lo caras que son, no tengo yo ni un real

y estoy para dejármelo en medicinas.

-Tú no te preocupes por eso, que yo te hago un préstamo.

Hoy he vendido más que ningún día.

Ya me lo devolverás cuando puedas.

-Desde luego que eres la mejor prima putativa

que una pudiera desear.

Con perdón.

-Ve a la botica.

-¡Casilda!, ¿dónde te metes? Con tal de no trabajar,

das más vueltas que un borriquito de noria.

-¡Que no, señora! Que iba de camino a la botica.

A ver si me compro algo que me arregle este...

(ESTORNUDA) Constipado.

-¡Cuidado que me pegas tus babas!

-Perdone, señora, que no soy adivina ahora.

No sé cuándo me vienen los estornudos.

-¡Cállate! No te estaba buscando para hablar de tus mocos.

Tienes que hacer un encargo muy importante.

-¿Y no puede ser después de ir a la botica, señora?

Mire que tengo la nariz tan "ataponá",

que no soy capaz de respirar.

-Déjate de melindres y escucha con atención.

Tienes que hacer lo que te diga al pie de la letra.

-A saber qué se le ha ocurrido. Miedo me da.

-Escucha con atención.

-¡Perdón, perdón! Ya la escucho.

Sí, diga, ¿qué?

-Estoy muy contento por cómo marchan las cosas últimamente.

Sí, es un alivio ver cómo tu madre...

empieza a tomarse mejor todo esto de la película.

Y que no critica a la mía.

Y don Jose dice que está quedando fetén la película.

Me muero de ganas de verla.

-Ya sabía yo, que tus sospechas eran infundadas.

Sí, supongo que sí.

¡Uy! El de las gaseosas está en la pensión.

Voy a hacerle un pedido antes de que se marche.

-Cinta.

No te veo muy convencida con lo de Alfonso.

¿Acaso no has aclarado tus dudas?

No.

Cada vez lo veo todo más oscuro.

Pero tu padre dice que está yendo todo muy bien.

Camino, a mi padre con un poco de labia,

le vendes hasta una estufa en el desierto de Almería.

Pero se leyó el guion. ¿No te deja eso más tranquila?

Ni una pizca.

Por lo que me contó, lo que leyó no tiene nada que ver

con lo que estoy rodando.

Estoy convencida de que ese hombre es un embaucador.

¿Por qué no le comentas tus temores a tu padre o a mi hermano?

¿No has visto lo confiados que están los dos?

Sí, eso es cierto,

es como si don Alfonso los tuviera engatusados.

Y si les digo que sigo dudando se van a pensar que estoy loca.

no me van hacer ni caso.

¿Pero tú sigues pensado que hay gato encerrado?

Estoy completamente segura. Ya no sé qué más puedo hacer.

Estoy pensado una cosa. ¿Hoy tiene rodaje?

Sí, en un rato tengo que salir a la productora.

Estupendo, hoy voy a acompañarte.

¿Te importa esperar un momento a que regrese Emilio?

Por supuesto.

¿En qué estás pensando? Ya lo verás.

¡Uy, qué raro, no hay nadie!

¿Me he equivocado de hora?

-No, ha llegado con una puntualidad matemática,

cinco minutos tarde,

como que corresponde a una dama elegante como usted.

-No entiendo nada, ¿a qué se debe esto?

-Créame, no hay ningún misterio,

he reservado todo el restaurante para nosotros.

-¿Vamos a cenar los dos solos?

-Sí, si no le incomoda esta situación.

-Algo sí que me molesta,

todo esto me recuerda a una cena romántica.

Creo que debería marcharme,

no creo que sea oportuno que permanezca aquí.

-Se lo ruego, hágame el gran favor de quedarse,

lo que tengo que decirle es de mucha enjundia

y no puede posponerse más.

-Lo siento.

No debería haber aceptado esta invitación.

-Se lo ruego, concédame solo unos minutos.

-Está bien,

supongo que no está bien que le haga el feo de marcharme

con las molestias que se ha tomado.

-Le agradezco en el alma su comprensión.

-Corten.

Magnífico. Por hoy hemos terminado.

Has estado muy bien, Cinta, esta escena ha quedado perfecta.

Una lástima que no sepa ni lo que he dicho.

Eso da igual, lo que importa es la intención,

ya pondremos unos carteles con tus palabras.

Me voy al laboratorio,

es tarde y aún tenemos que revelar.

Sí, yo también me encuentro agotada.

Vamos a casa, te vendrá bien dar un paseo.

-Sobre todo, descansa, mañana tenemos un día muy intenso.

¿De acuerdo?

¡Todo el mundo a casa!

Hasta mañana.

-Cinta, la limosnera. Se me olvida la limosnera.

No te preocupes, no hace falta que me esperes.

Entonces, ¿no vienes conmigo?

No, es que acabo de recordar que tengo que hacer un recado luego,

y otras cosa.

Es cierto lo que le digo,

el embajador de los belgas le hizo una reverencia tan exagerada

al emperador del Japón

que se rompió toda la trasera de su pantalón.

-No puedo creerle.

-Fue tal como lo cuento, a punto estuvo de mostrarle

la versión de los belgas del sol naciente.

-Es tremendo, pero qué ocurrencias.

-Me encanta verla más sosegada.

Le sirvo un poco más de agua,

como ve, no pretendo emborracharla.

-Ha sido todo un detalle que sabiendo que no acostumbro

a beber bebidas alcohólicas, me sirva agua del grifo.

-No, en eso se equivoca, es agua de Seltz,

hasta en el líquido elemento hay clases.

Espero que no se le suban las burbujas a la cabeza.

-Es posible, me siento como en una nube.

Tengo que reconocer que es el hombre más atento que he conocido.

-Me gusta que piense así,

porque entre atento y despistado hay muy poco recorrido,

y yo suelo perderme en mis propios pensamientos.

-Eso será porque tiene mucha vida interior...

lo que le hace más interesante.

-Me halaga usted y eso me gusta.

Le da alas a mi imaginación y esperanza a mi corazón.

-¿Ahora resulta que también nos ha salido poeta?

-Ya me gustaría estar tocado por la musa de la poesía,

al menos, podría expresar...

todo lo que siento en este momento.

Señora mía, bebo los vientos por usted

desde el día en que la conocí.

Mi corazón y el resto de mi persona le pertenecen,

solo anhelo ser correspondido.

-No sé qué decirle,

no pensaba que yo despertara estos sentimientos

en un hombre de mundo como usted.

-Solo un idiota sería incapaz de ver lo maravillosa que es usted.

¿Qué me contesta?

¿Podemos los dos dejar nuestros pasados atrás

y recorrer el camino de la vida juntos?

(Estornudo)

-¡Ah! Pero ¿qué es eso?

-Salga de ahí sea quien sea y dé la cara

o aténgase a las consecuencias.

-Casilda, no doy crédito. ¿Nos estabas espiando?

-¿Se puede saber qué hacías ahí, alma de cántaro?

(ESTORNUDA)

-Ahora sí que la he "jeringao".

-Son las notas de don Alfonso de nuestra prueba.

(LEE) "Cinta exagera cada gesto y sobreactúa constantemente,

completamente inútil para la interpretación".

-¿Qué haces tú aquí?

¿Qué estás buscando?

Dime de una vez que estás haciendo aquí.

-¿Qué haces aquí a estas horas?

¿Es que has perdido el oremus?

Tu marido está a punto de llegar del trabajo.

-Tengo que ver hablar con Felipe.

-¿No puedes esperar a mañana?

Os van a descubrir.

-No, tiene que ser ahora, por favor.

-Pasa, pasa.

Espera aquí que vaya a avisarle.

-Marcia.

¿Cómo es que has subido a verme?

¿Te ocurre algo?

-Nada, no te apures. Estoy bien.

-Siempre me hace mucha ilusión verte en cualquier momento.

Pero te has arriesgado mucho al viniendo aquí.

No esperaba verte hoy.

Marcia, ¿qué te ocurre?

¿Por qué rechazas mis besos?

-Hoy he pasado las peores horas de mi vida,

y he vivido momentos terribles,

pero ninguno como este, tan cruel.

¿Tu marido te ha descubierto, te ha forzado?

-No, no, él no sabe nada.

Ni siquiera ha llegado a la pensión.

Hoy he estado toda la tarde sola,

he recapacitando sobre lo nuestro

y he tomado una decisión firme.

Se me abren las entrañas por esto que voy a decir,

pero no podemos seguir viéndonos.

-No, no lo voy a aceptar.

Te ruego por favor que no me dejes,

buscaremos otro sitio para nuestros encuentros

o nos marcharemos de Acacias para siempre.

-No, no puedo permitir que le lo dejes todo por mí,

y aquí no podemos seguir, Felipe,

sabes que nos van a acabar descubriendo

y eso no es lo peor.

-Marcia, ¿qué puede haber peor?

¿Cuáles son tus miedos?

-Temo a mi conciencia, lo que hacemos está mal,

no soporto la presión de ser una mujer adúltera.

-Marcia, por favor, ¡al diablo la conciencia!

Aquí lo único que importa es nuestro amor.

¿Es que ya no me amas?

-Te amo con todo mi ser, pero Santiago es mi esposo,

y estoy unida a él, lo quiera o no.

Además... se está esforzando mucho en demostrarme

que es digno de mi cariño.

-No te querrá tanto como yo te quiero.

-Lo sé,

pero lo nuestro tiene que acabar ya,

no podemos seguir viéndonos.

Fuera de mi vista.

Vaya y vuelva a preguntar,

no pienso tolerar otro de sus fracasos.

Vaya y sea útil de una maldita vez.

Lo averiguaré, señora, descuide.

¡Fuera!

Don Alfonso, pero es que yo no sé hacia dónde va mi personaje,

si al menos lo pudiera saber... Vamos a ver, Cinta.

Ya hemos hablado de eso.

En el cinematógrafo,

el único que tiene que saber hacia dónde va cada uno

es el director de la película.

Tú limítate a seguir mis instrucciones.

-¡No quiero volver a escuchar su nombre nunca más!

¡Armando, no!

Se acabó, gracias a ti, se acabó.

-Eso es, claro que sí, desahóguese.

-Quería saber si ocultaba algo,

por qué te mandaba hacer esas escenas tan raras.

Pero no hubieras encontrado nada porque no hay guion.

dice que lo tiene todo en su cabeza. No, sí que hay guion.

Confiese.

¿Ha cometido su señora algún pecado para tenerla a usted así?

Felicia,

¿podemos hablar un momentito?

-Usted dirá.

-Y espero que hayas aprendido la lección.

Como vuelvas a entrar en casa ajena,

arramplo contigo a comisaría.

-Quiero que nos marchemos, Santiago.

Pero cuanto antes.

-He recibido carta de mi familia.

Quizá me vaya a pasar allí una temporada.

Le llevaré regalos, como haría una buena yaya,

que es lo que me corresponde.

-¿Se le ofrece algo?

-¿Puedo hablar con usted?

-Claro.

"Yo estoy por dejarlo".

"¿El cinematógrafo?"

"No, la película".

"Es que sus enfados, sus sonrisas, sus halagos,

sus críticas... todo, todo, todo me huele a falso".

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Acacias 38 - Capítulo 1118

14 oct 2019

Rosina convence a Susana para que vaya a la cita con Armando. Más tarde en el restaurante, cuando el exdiplomático después de declararse va a besar a la sastra descubren que Casilda les está espiando.
Cinta comparte sus sospechas con Camino acerca de las intenciones de Alfonso con la película, lo que lleva a la joven Pasamar a colarse en el despacho de Alfonso para descubrir algún trapo sucio, pero el productor le descubre hurgando en sus cosas.
Agustina descubre a Felipe y Marcia besándose y aunque el abogado le convence para que les guarde el secreto el ser descubiertos ha asustado a la brasileña ¿Volverán los amantes a tener un nuevo encuentro?

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  1. carmela

    ¿Estamos viendo aires de cambio en el guión, o me parece a mi? Estaría bueno una vuelta de página para ponerle una historia interesante, pero cambiando algunos personajes. Que vuelva Cayetana ... (Dicho lo dicho) ¡¡¡Felicitaciones para todo el elenco!!!

    17 oct 2019
  2. Leticia

    La gente antes no tenía tanta ropa como tenemos ahora!! Hasta la gente rica repetía la ropa, además de que no se duchaban tan seguido..

    17 oct 2019
  3. Leticia

    Hola!! Hace unos días Rosina dijo: HOLA!! pero esta palabra se comenzó a utilizar en los años cincuentas.. ; ) Por supuesto no pasa nada.. Me encanta la serie, muy interesante saber cómo se compartaba la gente, más o menos, hace más de cien años.. Saludos!!

    17 oct 2019
  4. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    El papel de Susana es más falso durante cuatro años que ya es inaguantable. Se cree una mujer excepcional y una damisela.

    15 oct 2019
  5. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    Las escenas de Genoveva y Úrsula me dan autentico asco, nauseas, etc, etc, etc. Quien se cree que es Genoveva, y Úrsula con los mismo gestos desde hace cuatro años, sin cambiarse ni de vestidos en todo el culebrón?

    15 oct 2019
  6. Emilio

    Hace tiempo que no me gusta el comportamiento de Agustina; en el pasado, cuando estuvo al servicio del Coronel Valverde era muy discreta pero, ahora no es capaz de callar o disimular ante las preguntas de cualquiera, sobre todo de Ursula y Genoveva, acerca de la vida de su señor.

    15 oct 2019