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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1117 - ver ahora
Transcripción completa

Felipe...

-Volverás a mis brazos.

No sé cuándo,...

pero te estaré esperando.

-Se trata de un antiguo amigo parisino

que está de paso por la ciudad.

Me gustaría que lo conociera,

ya que los dos comparten su pasión por la moda.

-Armando, me temo que no va a poder ser.

Ayer te envié una nota citándote en mi casa y no te presentaste.

Ayer estuve trabajando hasta tarde

y decidí salir a pasear por los Jardines del Príncipe,

un paseo se alargó más de la cuenta.

¿Por qué no nos contaste que madre estaba enfadada con Bellita?

-No queríamos preocuparos por esa tontería.

¿Tontería?

Anoche no me pareció un tontería, que se tiraban a matar.

Ese hombre está románticamente interesado en ti

y deberías darle una oportunidad.

¡Es un hombre divorciado!

No estamos haciendo nada de lo que me ha dicho.

No lo voy a repetir de nuevo.

O actúas o te marchas por donde has venido.

-"He notado que me evita allí donde nos encontramos".

¿Hay algo de mí que le incomoda?

-"Esto se tiene que acabar".

-¿Lo dices en serio?

Por favor, Felipe, alguien puede vernos.

No podemos seguir así.

-Marcia, esto es inevitable.

¿Para qué luchar?

-Yo estoy casada y todo el barrio lo sabe.

Pero no es por mí por quien me niego,

es por tu buen nombre.

-Poco me importa mi buen nombre.

tan solo mi felicidad.

-¿Y la mía?

-También la tuya.

¿Crees que vas a ser más dichosa con Santiago que conmigo?

-Felipe,...

he venido a la cita

para romper definitivamente contigo.

-No.

No te creo.

No te habrías puesto más guapa que nunca.

No puedes romper conmigo,

no quieres hacerlo.

Me amas tanto como yo a ti. -Por favor,

no me lo hagas imposible.

-Tú lo has dicho,

imposible.

Imposible porque hay cosas que no se escogen.

Y tú y yo hemos escogido conocernos

y enamorarnos.

Es algo que el destino nos ha dado,

sin importarle que fuéramos de clases sociales distintas,

que a ti te secuestraran

o que las circunstancias te llevaran a casarte.

Todo eso no importa. -Sí que importa.

Todo eso es insignificante

al lado de nuestro amor.

(Sintonía de "Acacias 38")

Por favor, doña Susana, sea sincera conmigo,

yo no voy a ofenderme.

-No insista, por favor.

Pero...

Yo no quiero que un hecho tergiversado

nos haga abandonar nuestra amistad.

-Está bien, sí que hay algo que me ha molestado

y que me hace estar incómoda con usted.

-Pues dígamelo, tal vez sea solo un malentendido,

y quizá tenga una explicación que yo le pueda dar

y usted cambie de opinión. Y si no es así,

tan solo le pediré disculpas y me retiraré.

-Es por su divorcio.

Mis creencias me impiden pensar que un matrimonio

que se firmó ante Dios, se pueda romper.

-Es eso.

Le aseguro que la entiendo porque he pasado parte de mi vida

pensando lo mismo que usted. -¿Y aun así se divorció?

-No fue una decisión fácil y, si le soy sincero,

ni siquiera algo que yo decidiera

y en lo que tuviera opciones de negarme.

¿Me permite que le cuente los motivos?

No está usted obligado,

forma parte de su vida y de su intimidad.

-Pero... yo quiero salvar cualquier obstáculo entre usted y yo.

Me gustaría explicarle todo.

-Adelante entonces.

-Me gustaría encontrar un lugar donde sentarnos, es largo de contar.

Aquí tiene el mejunje blanco del que le hablaba.

¿Es eficaz?

No hay nada mejor para limpiar la plata.

Lo conocí sirviendo en casa de una duquesa

que tenía el salón lleno de copas,

bandejitas y cajitas de plata. Ah.

De no ser por esto, me habría pasado una semana al mes

sin hacer nada más que frotar plata para sacarle brillo.

Se lo agradezco, me será muy útil.

¿Hay algo que llame su atención en la calle?

Ah.

Solo me fijaba que desde aquí no se ve el callejón.

¿Se ve desde su casa?

Sí, pero solo la entrada, desde el ventanal del comedor.

¿Y para qué quiere ver el callejón?

Dicen que allí solo van los truhanes

y los que viven amores furtivos. Nunca he vivido algo así.

Ni yo. ¿Se imagina? A nuestras edades...

Es mejor no sentir pasiones ni deseos,

no son nada buenos.

Todo tiene su momento, Úrsula,

aunque a nosotras ya se nos haya pasado.

Yo también fui joven y sentí la urgencia de los besos

y la compañía.

Nunca fue un pecado del que yo debiera huir.

Bueno, lo siento, ya he de marchar. Muchas gracias, Agustina.

Por cierto, ¿cómo se encuentra don Felipe?

¿Me habla de él tras mencionar las pasiones por algo?

Es que... hace un rato lo vi en la calle.

Parecía nervioso, como si estuviera esperando a alguien.

Tal vez sea así,

no me informa de sus planes al salir de casa.

Sí, los señores hacen de su capa un sayo,

nunca informan de lo que pretenden,

ni siquiera antes de cometer grandes errores

que podrían ser evitados.

¿Grandes errores?

No sé de qué me habla, Úrsula.

De nada, de nada importante,

es hablar por hablar, la queja de lo mucho que he conocido.

Muchas gracias por el ungüento para la plata,

le comentaré el resultado.

Con Dios.

Le aseguro que cuando me casé con Jane,

lo hice pensando que sería para toda la vida.

-¿Jane? -Sí. Mi esposa era inglesa.

-Seguro que no era ni cristiana. -Cristiana sí, pero protestante.

-Esos no son cristianos. Dicen que lo son, pero no lo son.

-Le rebatiría esa afirmación,

son tan cristianos como nosotros, y en algunas cosas más puros.

Pero ahora, de quien quiero hablarle es de Jane.

Nos conocimos en Londres, cuando éramos muy jóvenes.

Yo estaba en mi primer destino.

Nos... enamoramos y nos casamos.

Luego vinieron los viajes:

La India, China, Kenia.

Se quedó embarazada

y perdió al bebé.

-No me extraña, por esas tierras de Dios.

-Es cierto.

Climas inhóspitos,

higiene dudosa...

Por eso, cuando volvió a quedarse en estado de buena esperanza,

decidimos que regresaría a Londres a tener a nuestro hijo.

No sirvió de nada.

-¿Lo perdió también?

-Sí.

Figúrese el dolor que sentimos.

Y fue peor que la primera vez,

entonces estábamos separados por miles de kilómetros

y no estábamos juntos para apoyarnos.

-Pero eso no es motivo para un divorcio.

Jane...

necesitaba consuelo...

y yo no estaba cerca para dárselo.

Lo consiguió en otros brazos.

-¿Otro hombre?

-Sí, un amigo de su familia,

un pretendiente que la estaba esperando

desde antes de que yo la conociera.

Recibí la noticia por carta

y, con ella, los papeles del divorcio.

El dolor me cegó los ojos

y los devolví firmados.

-¿Tan fácil es divorciarse en ese malvado país?

-Para los ricos todo es fácil

y, la familia de Jane era y sigue siendo

muy poderosa.

Ya le he dicho que no fue una decisión mía,

no discutí, no pedí una explicación,

tan solo firmé

y ya está.

-Esa mujer no tuvo derecho a hacer lo que hizo.

-Ha pasado mucho tiempo desde entonces.

El dolor fue desapareciendo poco a poco.

Casi tengo que agradecer a Jane que tomara esa decisión.

-¿Cómo puede decir eso?

-Bueno, gracias a su rechazo,

he sido libre para conocer a personas maravillosas,

como, como usted, doña Susana.

-El placer ha sido mío, don Armando.

-Entonces, ¿me perdona que sea un hombre divorciado?

-¿Quién soy yo para otorgar o negar el perdón?

Esa facultad solo la tiene Dios.

La que dudo que sea perdonada es su Jane,

inglesa tenía que ser.

Como que no se fiara de mí, que me tiene que acompañar al mercado.

-No es que no me fíe, que una ha sido pescadera

y me gusta ir a la plaza a comprar un buen pescado.

-¿Y qué va a escoger?

-Lo que recomienden las pescaderas.

Me gustaría encontrar un buen atún

para que nos lo hicieras vuelta y vuelta.

-¿Con unos pimientos rojos de mi tierra asados?

-Y sus ajitos, su cebollita bien pochada...

Hambre me da de pensarlo. Y a Cinta le encanta.

-Ay, la chiquilla, ¿cómo le irá hoy en el cinematógrafo hoy?

-Pues criatura, no lo sé.

Estoy por ir a encender una vela a san Judas.

-No hace falta, a la niña le sobra el arte.

De casta le viene al galgo, pues.

-Por su padre lo dice, ¿no?

(RÍEN)

-Por usted, mire que le gusta hacer chanzas.

Cinta va a bailar y va a brillar en el escenario

como ha hecho usted siempre.

¿Cómo fue aquello que hizo en el Monumental de Caracas

para que el público dejase de aplaudir?

-Ah, sí, después de las vueltas.

-(AMBAS) ¡Ole!

-Buenas tardes. -Buenas tardes.

-Buenas. -¿De ensayo en el portal?

-Mostrando mi alegría por el éxito de la niña.

¿Y usted, qué, de repartidora?

-Para las buenas clientas.

Y en este edificio tengo a doña Genoveva,

les traigo los pedidos en persona.

-"En persona", pues con su pan se lo coma.

Sin haberlo deseado me ha salido un pareado.

-Qué graciosa.

Lo que todavía no me ha dicho es qué hacía bailando.

-No era bailando, era un braceo para demostrar mi aje.

Y si usted quiere un día le enseño,

como mi hija Cinta le enseño a su hija.

Ea, a más ver.

-Ordinaria.

-Señora, por favor.

No hay mayor desprecio que no hacer aprecio.

¿Sabe qué? Que se fastidie esa estirada.

Tirititrán... -(AMBAS) Trantrán.

(RÍEN)

"Tú y yo hemos escogido conocernos, enamorarnos...

"Es algo que el destino nos ha dado".

-¿Qué vamos a hacer? -Luchar contra todo y contra todos,

contra viento y marea,

hasta conseguir estar juntos y vivir nuestro amor.

-Felipe, Santiago no es el hombre tranquilo que aparenta ser aquí.

En mi tierra era uno de los peores, un capataz del ferrocarril.

-Cariño, tranquila.

No podrá hacerme nada, aquí funciona la ley.

-Para él no.

Nunca la respetó, y temo por ti.

-Mi amor, encontraré la solución.

Pero hasta que llegue el momento,

he de pedirte que sigamos viéndonos.

-¿Escondidos? -No encuentro otra solución.

No quiero perderte.

-Como una amante, ¿en eso me quieres convertir?

Cariño, tú sabes que para mí nunca serás una amante,

eres mi mujer.

Parezca lo que parezca, mi mujer hasta la tumba.

(Puerta)

Lamento que estés dormida,

quería hablarte de cómo me ha ido el día, del trabajo.

Y de la alegría que siento al pensar que el dinero que gane

servirá para pagar a los médicos que terminarán de curarte.

Para que vuelvas a ser la chica alegre de la primera vez que te vi.

Todo era difícil,

todo era doloroso,

pero uno podía ver todos los días tu sonrisa, y eso lo compensaba todo.

Nadie nos va a separar.

Eres mi esposa y haré todo lo que esté en mi mano

para conservarte a mi lado.

Todo.

Mi amor.

El hombre tiene el navío, la mujer tiene la barca;

el hombre tiene el mar, la mujer tiene la bahía;

el hombre va a pescar y sale del golfo,

la mujer se queda en el golfo

y pasa a todos aquellos a los que un negocio o un interés

conducen allí desde San Sebastián.

-Qué bonito. ¿Lo ha escrito usted?

-¿Yo? Qué va, ya me gustaría.

Es un texto que recitaba mi maestra,

Edurne Beitialagangortia Barinagarementeria.

-Qué apellidos, no sé cómo es capaz de decirlos de corrido.

-Bueno, la costumbre.

Es más fácil el texto que le acabo de declamar, Víctor Hugo.

Escribió el texto después de una visita que hizo a mi tierra.

Un poco ya le gustaría, ¿no?

-Mucho le tuvo que gustar para escribir algo tan bello.

-Ya sabe usted, la mujer vasca, que es muy entregada, ¿no?

-Ya lo creo, teniéndola a usted como muestra en el barrio,

uno se imagina cómo son las de su tierra.

-Señora Arantxa. -Dígame, Servando.

-Vamos a ver,

no es que tenga yo que decirle nada.

Quien se lo tendría que decir es Jacinto.

-Sí. Buenos días.

Yo quería pedirle un retrato de la señorita Cinta.

-Uy, espere a que se haga famosa,

que ya lo regalarán con las revistas.

-Sí, es que...

-Vamos a ver,

es que es para su prima que vive en el pueblo,

y a la muchacha le hace ilusión tener un retrato

de una estrella del cinematógrafo.

-Pues ya le digo que yo no regalo nada.

Los retratos los tiene doña Bellita, que va a hacer un álbum.

Ahora, me voy a trabajar, abur.

-Abur.

-Lo de la prima ha sonado muy falso.

-Usted no se meta. Vamos, vamos.

-¿Y ahora qué hacemos?

-Hay que conseguir ese retrato como sea.

-Espérate, que se me ha ocurrido una idea.

Buenos días. -Buenos días, cariño.

-¿Algo interesante?

-Que Woodrow Wilson será el próximo presidente de los EE. UU..

-Eso solo interesará a los americanos,

y a lo mejor ni siquiera a ellos.

-Es un país muy importante,

lo que pasa allí afecta a todo el mundo.

-Si hasta hace cuatro días dejaron el arco y las flechas.

Me refiero a cosas interesantes de verdad.

-A ver, ¿qué es interesante para ti?

-Pues las cosas cercanas.

Por ejemplo,

si ha habido más muertos atropellados por el tranvía,

o si van a cortar el agua esta tarde o si Lolita sube los precios.

-Eso no estaría mal.

Tú quieres un periódico que no cuente las noticias del mundo,

solo de la ciudad.

-La gaceta de Acacias. Sería un éxito.

-¿Y cuál sería la noticia de portada de hoy?

-Lo tengo claro.

"Firmado el armisticio entre doña Susana y don Armando".

-Tú lo que quieres es un periódico de cotilleos.

-No estaría nada mal.

¿Y sabes qué?

Saldría un artículo mío analizando la actualidad.

¿Será este el paso definitivo entre la sastra y el diplomático?

Firmado por Rosina Rubio.

-¿A quién le interesa eso?

-A todo el mundo, no te digo.

Marcelina tendría que ampliar el quiosco.

Ay, Liberto,

la charla de tu tía y don Armando tiene más enjundia de la que crees.

-¿Sí? Ilumíname.

-¿Por qué le iba a contar don Armando a tu tía

el motivo de su divorcio?

-Porque es una metomentodo. -Eso es verdad.

Pero hay otra razón. -¿Cuál?

Que él está interesado en ella.

-Rosina, no hagas castillos en el aire, que nos conocemos.

Está interesado en su amistad,

solo quiere llevarse bien con los vecinos del barrio.

-Por favor, qué inocente eres, Liberto.

-Tu amigo Armando está interesado en tu tía como mujer.

Y ella bebe los vientos por él.

-Tenemos que ir encargando el traje y el vestido para la boda, ¿no?

-No, todavía no, pero no se alargará mucho.

El próximo paso será que él le declarará su amor

y le pedirá relaciones. -Muy deprisa vas tú.

-Que no.

Apostaría lo que fuera, pero no quiero verte perder.

-¿Tú no estabas en contra de que siguiéramos siendo amigos

de don Armando cuando supiste de su divorcio?

-No apruebo el divorcio, pero hay que hacer vista gorda

por la felicidad de tu tía.

-¿Y qué más cosas que desapruebas estás dispuesta a hacer por mí?

-¿En qué estás pensando?

-¿No te lo imaginas?

-¿De verdad? Es la hora del desayuno.

-Cualquier hora es buena cuando se tiene una esposa tan bella como tú.

¿Vamos? -Pero...

¿Y si nos oye Casilda cuando vuelva?

-Trataremos de no hacer ruido. -Eso es imposible.

-Pues que nos oiga.

Vamos.

(ESTORNUDA)

-Jesús.

-Marcia, qué catarro me estoy cogiendo.

Tú deberías alejarte de mí,

porque como tienes los pulmones, si te lo pego, te pue dar un pasmo.

-Un catarro no me va a matar.

-No sabes lo que estás diciendo.

Un catarro mal curao es como una coz de borrico,

te puede mandar pal otro barrio.

-Pero yo soy fuerte como un toro.

-Muy optimista y muy feliz te veo hoy.

¿Es que ha pasao algo?

-Nada, nada, no ha pasado nada.

-Será por eso que me han dicho,

que saliste de la pensión del brazo de tu esposo.

-Él se empeñó en agarrarme. Y yo me dejé, claro.

No sé por qué me voy a esconder,

no hice nada malo, y si me critican, que lo hagan.

-(ESTORNUDA) -Jesús.

-Perdona, Marcia.

Cada vez que estornudo siento que me voy a descoyuntar.

-Porque eres muy exagerada.

-Anda que tú, que casi te casas dos veces.

Ay, perdona.

Bueno, que me alegro de que no te escondas

y que no te dejes pisotear.

Voy pal mercao, ¿me acompañas?

-Hoy no puedo, pero mañana voy contigo.

Y cuídate el catarro, ¿sí?

Sí. Con Dios. -Con Dios.

-(CASILDA ESTORNUDA)

-¡Marcia!

-Buenos días, doña Fabiana. ¿Sale de la iglesia?

-A ver, que hay que estar en paz con los hombres,

pero también a bien con Dios.

¿Cómo te fue ayer?

-¿Ayer? ¿Qué pasó ayer?

-Ay, Marcia, a mí no me trates como si fuera tonta, chiquilla,

que no tendré letras, pero de tonta no tengo un pelo.

¿Que cómo te fue...

con don Felipe?

-No fui.

-Marcia, te vi salir de la pensión y encaminarte al callejón.

No digas nada si no quieres,

no hables, pero si mientes, tampoco pidas ayuda luego, ¿eh?

-Perdón, doña Fabiana,

pero no puedo decirle.

-Hija mía, hazme caso,

deberías hacer lo que yo y pasarte más por la iglesia,

que buena falta te hace.

A más ver.

-(TOSE)

Niña, ¿ahora estás desayunando?

Pues si ya casi la hora del aperitivo.

Y el aperitivo es sagrado en esta casa,

la comida más importante del día.

-Deja tranquila a la niña, está trabajando mucho.

¿A qué hora llegaste anoche?

Tarde, ustedes ya estaban en su alcoba y no quise molestar.

-Sabes que nunca molestas.

-¿Y cómo fue el día?

Como todos.

-A ver, ¿rodaste alguna escena de tensión, de arte del de verdad?

No, madre. Y no creo que vaya a rodar ninguna escena así.

-Pero ¿fue todo bien? Sí.

-José, ¿te acuerdas de cuando Cinta tenía ocho años

y volvió del colegio con una cara como la que trae hoy?

-¿Cómo se me va a olvidar? -Le preguntamos si todo iba bien

y nos dijo que sí con el mismo tono que hoy.

-Y resultó que se había peleado con su mejor amiga

y las habían echado a las dos del colegio dos días.

-O sea, que cuando Cinta dice sí con ese tono, en realidad significa no.

-Un no muy grande.

-A ver... Y ahora nos dices la verdad.

¿Qué ha pasado?

Pues que no me entiendo con don Alfonso,

y me ha hablado de mala manera. ¿Y eso por qué?

Porque lo que hacemos no tiene ni pies ni cabeza

y le he exigido ver el guion.

¿Se lo has pedido con buenos modales?

-Por favor, José, que la niña no tiene otros.

Nuestros duros nos hemos gastado en los mejores colegios.

He sido educada, al contrario que él.

Me ha gritado, me ha dicho que son caprichos de estrella

y que yo no era nadie. ¡Uh! Me voy a hablar

con ese arrastracueros.

-Siéntate, el que va a hablar con él soy yo.

Le voy a mandar una nota diciéndole que iré esta tarde.

Esta tarde tengo rodaje, padre.

Me anunciaré, y después te acompañaré.

-Esas cosas hay que encararlas según llegan.

Si le das tiempo, ese hombre se va a encorajinar.

-Déjame hacer las cosas a mi manera, morena,

que me he enfrentado con astados con mucho más trapío

que un productor del cinematógrafo.

-Tú mandas, porque eres mi marido,

pero yo le sacaba del plató de una patada en el fondillo.

Voy a refrescarme, que esto me ha acalorado.

-Por eso prefiero ser yo el que vaya y no dejar a tu madre.

A mí no me da miedo el Carchano, pero hablando se entiende la gente.

Yo no sé si ese hombre entenderá una charla civilizada.

Pues si no lo hace, hablaremos con él de otra forma.

Tu madre se lo toma todo por la tremenda.

Me ha contado Arantxa que antes se encontró con doña Felicia.

¿Andan otra vez a la gresca?

Simulan llevarse bien,

pero cada frase que una le dedica a la otra,

lleva una bomba.

Algo habrá que hacer para desactivarlas a las dos.

¿Va a volver usted a dedicar tiempo

a defender a personas sin recursos económicos?

-Creo que es mi obligación, nunca debí dejar de hacerlo.

-Me parece muy bien esa disponibilidad de los abogados,

no todo va a ser dar dinero en el cepillo de la iglesia.

-Hay personas que se ponen nerviosas cuando deben defenderse.

La justicia será ciega, pero, sobre todo es cara.

-Da gusto oírle hablar, don Felipe.

No me extraña que sea tan apreciado en el altillo.

-Como abogado, que como hombre guapo me siguen prefiriendo a mí.

-Eso está por ver.

En una votación secreta ganaría yo.

-Me gusta verle tan animado.

Casi se me olvidaba su fino sentido del humor.

(Puerta)

-No se preocupe, Agustina está en casa.

Ramón, ¿qué se siente al estar a punto de ser abuelo?

-Incomprensión, incomprensión total y absoluta.

-Eso nos lo vas a tener que explicar, Ramón.

-Yo me veo como un chaval,

como cuando bailaba la peonza en pantalón corto por la calle.

Y, de repente, me dicen que voy a ser abuelo.

-Ramón, me habría gustado verte en el parque en pantalón corto.

-Pues ya sabe,

en su próxima visita al sastre le pide un traje con pantalón corto,

va a estar usted más elegante que el conde de Romanones.

Es una alegría entrar en una casa y escuchar risas.

Qué felicidad. Genoveva, pasa y siéntate.

Agustina, sírvale un trozo de bizcocho del que ha traído Carmen.

No lo he probado más rico en mucho tiempo.

-Más rico que el de Fabiana, no le digo más.

-La receta es de la señá Fabiana, cómo les oiga...

-Tiene usted razón.

Una aprendiz al lado de Fabiana es lo que soy.

-Un día hay que hacer una comparativa

entre los bizcochos de las dos.

Se lo traigo, doña Genoveva. Gracias.

¿Es mucho pedir que me cuenten los motivos de las risas

de cuando llegué?

-Nada, doña Genoveva,

que por lo visto, mi marido y don Felipe tienen la risa floja.

Será que la vida les sonríe.

Se estaban burlando de mí, doña Genoveva, sin ningún respeto

por mis muchos años.

-Nos imaginábamos a Ramón con un pantalón corto,

como en sus años mozos.

Si se da el caso, no me lo quiero perder. Y tú le acompañas.

Bueno, bueno.

-Yo tampoco me lo quiero perder.

Perdonen que yo llegue con asuntos aburridos,

pero no quiero perder la ocasión de haberles encontrado a los dos.

¿Han revisado los contratos de los armadores de los barcos?

Revisados están.

Está todo casi perfecto,

excepto un par de cláusulas que he negociado

con los abogados.

El resultado es más beneficioso para nosotros.

Voy a buscar el contrato. Con permiso.

-Da gusto ver a Felipe activado otra vez,

me recuerda a sus mejores días en vida de Celia.

-Hoy, desde luego, está de lo más risueño.

Siempre hay una causa para estos cambios.

¿Saben si ha ocurrido algo?

-Yo creo que no es más que un resorte

que se activa en nuestras mentes.

Llega un momento en que decimos: ya está bien de sufrir,

y lo que nos hace daño lo dejamos atrás.

Pero ese momento llega tras algún acontecimiento.

¿Qué le habrá sucedido a Felipe para que cambie así?

-Bueno, aquí está el nuevo contrato.

Han cambiado las clausulas cinco, nueve y trece.

¿No te han traído todavía el bizcocho?

-Seguro que Agustina está preparando una nueva cafetera.

No vayan con tantas prisa.

Yo me leo los cambios,

se le puede enviar el nuevo contrato a don Liberto.

Así es. Si me permiten, voy a meter prisa a Agustina,

yo también quiero repetir de bizcocho.

Con permiso.

¿Qué se le ofrece, don Armando?

-Miraba estos garbanzos, son excepcionales.

-Claro, como to lo que hay aquí.

Los mejores garbanzos pa un buen cocido.

-¿Conoce usted el humus?

-¿El humus?

Sí, el humus de los cigarros puros.

-Tiene usted salidas para todo.

Me refería a una comida del norte de África que llaman humus,

con garbanzos cocidos hechos puré,

sésamo, aceite de oliva y pimentón.

-Parece fácil.

-Se unta en pan y está mejor que la mantequilla.

-Mejor que la mantequilla no se ha inventao na en ese mundo.

-He exagerado un poco,

no es tan exquisito como la mantequilla,

pero el humus está muy rico.

Tengo una cosa para usted.

-¿Pa mí?

-Bueno, para usted

y para su futuro retoño. -Ay...

Uy.

Muchas gracias.

¿Qué dice aquí? -Es un proverbio, un refrán japonés:

-Ah.

"En una casa donde hay risas, hay felicidad".

Deseo que su hijo llene su casa de risas.

-Qué bonito.

¿Lo puedo abrir? -Sí, claro.

-A ver...

¿Dinero?

-Sí, es una cantidad pequeña que solo servirá

para alguna bonita prenda de ropa.

Sé que en España no es muy normal, pero es la costumbre japonesa.

Acéptelo, por favor.

-Sí, lo acepto, si usted acepta una costumbre de Cabrahígo.

-Sí. -Ea.

Pues tiene que besar el sobre.

Béselo, béselo. Ahí.

-¿Así? -Así. Perfecto.

Si me perdona...

-Sí, sí, claro, por supuesto.

-Doña Rosina, que no le huele.

-¿Qué?

-El aliento. -¡Ay!

Que no le huele, mire. -Bueno.

-Que viene, que me voy. -No.

(SONRÍE)

Tiene usted toda la razón, don José.

Estaba esperando a que llegara Cinta para pedirle disculpas

y expresarle mi arrepentimiento por mi salida de tono de ayer.

-Y mostrarle el guion.

-Claro que sí, ya he pedido que me traigan un ejemplar.

También quiero pedirles disculpas a usted y a doña Bellita.

Ambos han trabajado en el mundo del espectáculo

y saben la tensión que se vive.

-Pero nunca hasta el punto de perder la educación y las buenas maneras.

-No tengo nada que objetar a eso, más allá de mis sinceras disculpas.

-Está bien.

Ve preparándote pal rodaje.

-Tiene que ir a vestuario.

Comprenda mi tensión, don José.

Desde que doña Bellita dejó el proyecto,

muchos inversores se dieron de baja.

Estoy arriesgando mi fortuna personal

para sacar adelante esta película. -Es una decisión suya.

Mire,... he tratado en mi vida

con centenares de empresarios artísticos,

y comparten las lágrimas,

pero los beneficios no, así que, a mí no me venga con esas.

-Lo que sí le digo es que la película está quedando magnífica.

Cinta será una estrella.

-Bueno, celebro oír eso.

-Pero para conseguirlo,

se tiene que dejar dirigir.

Y yo creo que si los actores leen el guion,

dejan de hacer lo que el director quiere,

y hacen lo que a ellos les parece que deben hacer.

-Pero Cinta quiere leerlo.

-Espere, espere, espere.

¿Y si lo lee solo usted y se convence

de que no hay nada de malo?

Y luego convence a su hija de que todo está bien.

-Venga, venga, voy a leerlo.

-Puede sentarse en mi propia silla.

Adelante.

-¿Aquí?

-Tómese todo el tiempo que quiera.

¡Eso no va ahí! ¿Qué estáis haciendo? Por favor.

Qué interesante, así que, pasta de garbanzos.

-Ya cocidos, claro.

Le he explicado a Lolita la receta del humus.

-Ah, pues con ese nombre,

dudo mucho que ese plato tenga éxito,

sería como comerse la comida por la chimenea.

-Qué cosas tiene usted, doña Rosina.

Tiene una imaginación desbordante,

no me extraña que su hija sea una escritora de renombre.

-Sí. Pero yo tengo los pies en la tierra,

no como ella, que es una soñadora.

Por ejemplo, sé leer muy bien en la mente de las personas.

-Una apasionante cualidad. -Sí.

Por eso me atrevo a decirle una cosa,

hay trenes que solo pasan una vez

y hay que subirse a ellos como sea, aunque haya que saltar al estribo.

-Perdone, pero no sé a dónde quiere llegar.

-Me refiero... a que sé bien que usted ahora mismo

atraviesa por una disyuntiva que le tiene atenazado.

-Quizá es que hoy esté más espeso de ideas de lo habitual,

pero... sigo sin entenderla.

¡Que se declare de una vez a Susana, córcholis,

que todo hay que decirlo!

-¿Tanto se nota mi interés?

-A la legua, don Armando, a la legua,

pero le digo que Susana es muy tradicional

y, si usted no pone las cartas sobre la mesa, ella no dará ni un paso.

-Pues tendré que buscar el modo de... abordar el asunto.

A mi manera, claro.

-¡Hágalo como quiera, pero hágalo ya y no se retrase más!

Leído. -¿Y bien?

¿Qué le ha parecido? -Una hermosa historia de superación,

una bonita película para que mi niña se estrene en este medio.

-¿Se han acabado entonces las desconfianzas?

-Nunca las hubo.

Pero si todo queda claro, es más fácil para todos.

-Me alegro de escucharlo.

Entonces,

¿me permite seguir rodando la película sin que Cinta lea el guion?

-Si lo ve necesario...

-Soy el director de la película.

Permítame que haga las cosas a mi manera, sin interferencias.

-Está bien, yo la convenceré.

-Perfecto. Se lo agradezco.

Espere. Pero espere, espere un momento.

Pero gire a la derecha.

No, no, no, a su derecha. Ahí.

Ahí, ahí.

Ahora a su izquierda. A su izquierda.

Sí, sí, sí.

Esto es increíble.

Póngase recto. Míreme a mí, míreme a mí.

Esto es, esto es una maravilla.

Don José, espero que no se ofenda si le digo que es usted un hombre

muy elegante,

de prestancia natural. -Oiga, por favor...

-No, no, no, no, no se crea que yo...

Lo digo por si no ha pensado en hacer una aparición en la película.

-¿Yo?

-Tengo un papel perfecto para usted.

Permítame. Se lo muestro enseguida.

Si lo acaba de leer, es el padre de la protagonista.

¿Quién va a hacer mejor de padre de Cinta que su propio padre?

-"Le pido que mi esposo sea capaz de dar la cara por ella"

y decidir lo mejor,

como hace siempre, como siempre ha hecho conmigo.

Que bien sé yo que este esposo tan estupendo se lo debo a usted,

que de bueno que es, no me lo merezco.

En sus manos me pongo.

Amén.

Servando, que no sé si hacemos bien.

-¡Chist! Calla, que nos van a oír, silencio.

-¿Dónde guardan los retratos? -En un álbum.

-¿Y el álbum? -En el salón.

-Pues vete para allá.

-Que esto es robar, que nos metemos en un lío morrocotudo.

-A ver, que te lo he repetido mil veces,

esto no es robar, esto es tomar prestado.

-Nosotros cogemos el retrato, le hacemos copias y lo devolvemos,

¿eh? Así que venga.

Venga, que yo estoy aquí vigilando. -Voy, voy.

No, no, no, no.

¿Y por qué no entra usted y vigilo yo?

-Porque si hay que pensar deprisa, yo estoy más preparado.

Obedece de una vez. Venga. -Voy, voy.

-(JACINTO SE QUEJA)

(OLFATEA)

Hasta doña Genoveva se dio cuenta de la alegría de don Felipe,

yo no escuchaba esas carcajadas en la casa hace años.

-Pues alguien que está sufriendo como sufre don Felipe,

no se ríe a mandíbula abierta, ¿eh? -Eso creo yo.

-A no ser que no esté sufriendo tanto, claro.

-¿Cree que se le habrá pasado el enamoramiento por Marcia?

No me parece a mí.

-No.

Yo creo otra cosa. -¿Qué?

-Todo esto para planchar en un día, ¿ustedes lo ven normal?

-¿Qué le ha pasao, Arantxa, qué le ha pasao,

¿que había retrasado mucho? -¿Retrasarme yo?

Por favor, ni un día.

Esto es lo que se arruga en casa de doña Bellita cada día de la semana.

Plancho yo más que en el Palacio Real.

Menos mal que son solo tres miembros de familia.

Eso sí, de punta en blanco todos los días.

-Pues me dijeron que en el Palacio Real

había media docena de planchadoras.

-Pues fíjese, Agustina, a mí me toca hacerlo todo sola,

que trabajo más que una mula.

Me voy pal cuarto, que tengo allí la tabla de planchar.

-No me deje en albis,

¿usted qué cree?, hágame el favor.

-Ah, que se me olvidaba, Fabiana.

Que he visto a Servando y me ha pedido que le diga

que no hay nadie en recepción.

-¿Cómo? ¿La ha dejado vacía? -(ASIENTE)

-Ese hombre es un irresponsable.

-¿Conoce a un hombre que no lo sea?

Todos. Estos llegan a la madurez en la muerte casi.

Bueno, menos los vizcaínos, se entiende.

Nada, ahora sí que me voy a planchar.

O sea que... ya pueden seguir ustedes con sus secretitos.

-Antes de ir a ver qué pasa con Servando,

dígame qué cree, hágame el favor.

-Mire, Agustina,

esta mañana, Marcia iba muy cantarina y sonriente.

Tenía que ver qué cara tan radiante que llevaba al pasar por recepción.

-Ah, lo mismo que don Felipe,

hasta se cantó una zarzuela mientras se afeitaba.

-Yo creo que esos dos, ayer se encontraron en el callejón

que da a los jardines.

-Pues ya se sabe. Dos más dos...

-Lo que le decía,

que vuelven a estar juntos otra vez.

-¿Y si les descubre el marido?

-Pues ya puede figurarse:

zafarrancho de combate, hasta disparos habrá.

-Uh... Hoy no tenía yo la tarde libre,

pero don Felipe se empeñó en que la cogiera,

que me diera un paseo y fuera a comprarme unos zapatos nuevos.

-Pues mire usté qué bien.

Patrones así hacen falta, que le den a una la tarde libre.

-¿No lo entiende?

A él le dan igual los zapatos,

lo que quería era quedarse solo en casa.

-¿Usted cree que ella está allí?

-No, no creo, estoy segura.

-Ay, Dios mío.

Ay, Dios mío, que no los descubran, que se lía.

Bueno, Agustina, me voy, que ya sabe usté.

A más ver.

(Puerta)

¡Corten!

Asombroso.

Asombroso. -¿Lo he hecho bien?

No hay otro actor como usted en España, don José,

ni don Manolo Rodríguez, con todo lo renombrado que fue,

se le acerca a los talones. -Bueno, no exagere.

-Ni un ápice, don José. Magistral.

¿Y yo? También, también,

muy bien.

Pero lo de don José es un ejemplo de cómo lo debe hacer

un actor, contenido, pero lleno de sentimientos.

-¿Ah, sí? Lo único que he hecho ha sido imaginarme

que mi hija se marchaba de verdad.

-Qué grande, qué método.

Ahora quiero que hagamos

un primer plano. -¿Otro?

Sí, sí.

Pero ahora, un primer plano de su rostro.

Cuando usted cierra la puerta,

va a sentarse a la mecedora,

y ahí, se tapa la cara con la mano

con la tristeza de no haber conseguido que su hija se quede.

Yo sé que es difícil,

pero si lograra que una lágrima

le cayera por su rostro,...

eso sería...

-"Ojú".

Bueno, yo lo intento.

-¡Magnífico, lo va a intentar!

Muy bien, todos preparados. Acercamos cámara.

Acercamos cámara.

Bravo, José. -¿Las manos a la cara?

-Sí, sí, sí, sí.

En el momento ese... Esa intensidad, eso...

Qué artista. Muy bien, ¿todos listos?

Jacinto.

Jacinto. -¿Qué?

-(SE ASUSTA) ¿Se puede saber qué haces?

No lo sé.

No hay ningún retrato. Vámonos ya.

Eso, sin nada.

-Que no van a pillar.

-Venga, hombre, y adiós negocio.

Eso le pasa a uno por buscar socios sin recursos.

Deja ahí el abanico.

(GRITAN LOS TRES)

¡Pare, pare!

-Tranquila, doña Bellita, que somos nosotros.

-Qué susto, pensé que eran ladrones,

y sin estar mi esposo en casa. ¡¿Qué hacen aquí?!

-Pues... -¿Ladrones? No, no.

Ratones.

¡Gordos, grandes, como gatos, que estaban aquí!

Estamos para acabar con ellos.

Eran dos. -¡Ay, Dios mío,

ratones...!

¡Fantasmas, ratones, esta casa tiene de to!

-Pero tranquila, que ya hemos mirado en la casa y aquí no se encuentran.

Vamos a mirar en otras casas. Usted, tranquilícese.

-Vayan, vayan.

¡Y la próxima vez, asegúrense de que está mi marido José para entrar,

que si hay un ratón, mi marido lo mata con el estoque.

-A mandar, a mandar, don Bellita. -Qué disgusto.

-Nosotros sí que vamos a estar con el estoque.

-Calla, que te van a oír. Vámonos.

Si ha ido su padre al rodaje de la película, será porque hay problemas.

-O porque quiere evitar que los haya.

-No lo sé. No me gusta nada.

-¿Si yo fuera la protagonista, usted no habría venido conmigo?

No me dejaría sola ni un día. -¿Me estás llamando entrometida?

-No, madre, ¿cómo puede pensar eso?

-No me gusta ese tono.

Puede que yo hubiera ido,

pero hasta ahora, ellos no lo habían hecho.

-Mire, me voy a servir las mesas,

que lo prefiero antes de seguir escuchando sus hipótesis

para poder hablar mal de doña Bellita.

-Camino. -Buenas tardes.

-Hola, Felicia.

Quería reservar una mesa para mañana por la noche,

que quiero venir con Liberto.

-Imposible, lo tengo lleno.

-¿Ni una mesa pequeña para dos?

Tengo el restaurante reservado entero por una persona.

No quiere que haya ni camareros.

-Qué cosa más rara. -Si le digo quién es...

Armando. -¡Oh!

¿Con quién viene?

-Ni lo sé, ni me importa, solo sé que me paga

como si estuvieran todas las mesas reservadas.

Creo que sé para qué es y con quién va a venir.

-¿Con quién?

-Creo que mañana vamos a tener mucho para celebrar.

-Rosina... Vale, con Dios.

¡Corten!

¡Maravilloso, asombroso! ¡Artista!

Aplausos, aplausos.

-Gracias, gracias. Padre,

ha sido maravilloso.

¿Se da cuenta de que vale para esto?

No exageres, Canelita, que lo único que he hecho

ha sido pensar que te ibas.

-Pues eso hay que hacer, meterse en el personaje y hacerse uno con él.

Es usted un diamante, don José.

-Bueno, vamos a dejarnos de elogios,

que la que tiene talento es mi hija,

que es una actriz como la copa de un pino.

-Piénselo, tiene usted un gran futuro como actor.

Y venga a verme si se decide. Prométamelo.

-Que sí, prometido.

¿Hemos acabado por hoy? Sí, padre.

Pues vamos a casa, que tu madre estará esperándonos nerviosa.

¡Uy! Si esta es la falsa.

Si es que...

-Se mete en el personaje...

-Bueno, con Dios.

-Venga.

Cinta, recuerde, sea puntual.

Descuide, don Alfonso.

Tira este guion a la basura.

(Llaman)

Pensé que no vendrías.

-Tuve que esperar a que no hubiera nadie en el portal para subir.

-¿Qué te pasa? Estamos solos.

Te he echado tanto de menos... -Y yo a ti.

Me han enseñado un trozo de película,

y no te puedes imaginar lo bien que sale la niña.

Te aseguro que tiene una pinta...

La historia es de primera, será un éxito.

Doña Bellita pilló a Jacinto y Servando en su casa,

se habían colado.

Y pa que no les denunciara,

le dijeron que buscaban ratones.

-Tranquila, que voy a ver qué está tramando Servando.

Me marcho al cuarto.

-Marcia, espérate.

Les convido a todos a desayunar,

en honor a los Domínguez, para celebrar lo talentosos que son.

Gracias. -Yo también quiero decir algo.

-"Estás más que preparada para esa negociación".

¿Te ocurre algo?

Puedes contármelo.

No me ocurre nada, solo que tengo mucho trabajo.

Y armando ha reservado para él solito todo el restaurante.

Me barrunto que la única invitada va a ser Susana.

-Qué emoción.

Felipe no es de los que dan prioridad a su trabajo.

Tiene que haber otra causa por la que no quiera acompañarme.

¿Está usted pensando que quizá su relación con Marcia

no esté rota?

Si es así, no pienso permitirlo.

Por eso necesito su ayuda.

¿Qué quiere que haga?

¡Uy!

-Cariño, ¿qué te pasa?

-Este quiere salir. -"Tu padre dice que va todo bien".

A mi padre, con un poco de labia le vendes una estufa en el desierto.

Pero leyó el guion, ¿no te deja eso más tranquila?

Lo que leyó no tiene nada que ver con lo que estoy rodando.

¿Piensas que hay gato encerrado?

Estoy completamente segura. Pero no sé qué más puedo hacer.

Estoy pensando una cosa. -"¿Cenar los dos solos?".

-Lo que tengo que decirle es de mucha enjundia...

y no puede posponerse más.

Tendrás que decidirte entre seguir el juramento que hiciste

o traicionarte a ti misma.

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Acacias 38 - Capítulo 1117

11 oct 2019

Susana le pregunta a Armando sobre su divorcio. Rosina le propone a Armando que se declare a Susana y se entera de que el exdiplomático ha reservado todo el restaurante para celebrar una velada romántica con la sastra. Cinta explica a sus padres que Alfonso le ha obligado a rodar una escena que no quería. Jose habla con el productor, que arrepentido le muestra el guion y le propone salir en la película, pero una vez que el Domínguez se ha ido Alfonso rompe el guion ¿Que trama el productor? Felipe y Marcia no pueden luchar contra sus sentimientos y vuelven a verse una vez más, pero la brasileña no puede con la angustia que le supone engañar a su marido, mientras Agustina y Fabiana, que han compartido información, llegan a la conclusión de que Felipe y Marcia vuelven a estar juntos.

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  1. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    Por supuesto que Casilda merece un buen galán, yo estoy ya harta de verla solita, todas tienen novios, maridos, amantes hasta la chinchorrera de la sastra beata que tiene más fogosidad que todas las demás pero soterrada. Y Casilda que para mi es la mejor de todas, está más solita que la escoba, se merece un galán de primera, guapísimo y con posibles que la pasee y la convierta en una señora de postín. Así que a buscar un novio a Casilda como German que ha sido el más guapo desde que la serie empezó.

    15 oct 2019
  2. carmela

    ¿Porqué Felipe siempre que está con Marcia habla tan despacio?...

    15 oct 2019
  3. Aleja

    Cesáreo y Aranxa? me gusta la idea.....falta Casilda,que merece un nuevo amor!

    14 oct 2019