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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1116 - ver ahora
Transcripción completa

¿Por qué no se ha casado usted?

-Sí que estuve casado.

Gracias a Dios, estamos divorciados.

No es justo que nos acuse a nosotros de que Camino se haya quedado fuera.

No es nuestra responsabilidad.

Pero deberíamos lograr que ella se dé cuenta.

"Sanción de la autoridad municipal

por instalar un puesto

comercial sin permiso".

"La multa deberá ser pagada en el ayuntamiento

en el plazo

de una semana".

Mi madre está muy ofuscada

Hay que evitar que la relación familiar se deteriore.

Entras en el despacho, te sientas en las rodillas del actor,

y te muestras cariñosa con él.

Bueno, es sencilla, pero un poco subida de tono.

Es precisa para la película.

Que no se llamará Abundio,... sino Ramón,

como su abuelo.

¡A mi hija le sobra talento como para arrebatarle nada a la suya!

-¡Camino merecía más el papel que la suya!

-Madre, ¿qué está sucediendo aquí? ¿Otra vez están a la greña?

Pronto tendrás lo que quieres, vida mía.

Diles que es divorciado, a ver cómo reaccionan.

Si nuestros vecinos no se escandalizan en demasía,

podrás seguir en relaciones con él.

-No, Rosina, me da mucha vergüenza que la gente sepa que yo

me relaciono con un hombre que ha roto el vínculo del matrimonio.

Sepa uste, señá Agustina,

que a Marcia le cuesta un mundo acercarse a su esposo.

Todavía no ha intimado con él. No deja de pensar en don Felipe.

Quería proponerle un plan para mañana,

no podía esperar a contárselo.

-"Mi vida ha dejado de tener sentido"

y sé que jamás lo tendrá.

Hasta me falta el aire si tú no estás a mi lado.

Nos puede ver alguien.

Lo sé, cariño, pero no he podido evitarlo.

Ven conmigo a casa, allí no nos molestará nadie.

Agustina hace rato que subió al altillo.

Vamos. -Felipe, es una imprudencia.

-Yo necesito estar contigo.

¿Qué ocurre?

¿No quieres venir?

-Nada me gustaría más que pasar la noche acurrucada a tu pecho

Marcia, los dos deseamos lo mismo, no perdamos el tiempo.

-No puedo hacerlo.

Tengo que regresar, lo siento. -Espera.

Espera.

Entiendo tu preocupación,

pero quédate un poco más.

Por favor.

Te he echado tanto de menos...

que ahora que estamos juntos no puedo separarme de ti.

Es como si mi piel se hubiese pegado a la tuya.

-Santiago me está esperando,

y saldrá a buscarme si no regreso.

-Te entiendo.

-Felipe...

-Volverás a mis brazos.

No sé cuándo,

pero te esperaré el tiempo que haga falta.

(Sintonía de "Acacias 38")

Don Armando, ¿quiere sentarse? ¿Le apetece una infusión?

-Es usted muy amable, doña Rosina.

Una infusión nunca viene mal, sobre todo a estas horas.

-Estoy deseando saber cómo piensa sorprender a Susana mañana.

Viniendo de usted, seguro que es un plan inmejorable,

¿verdad Susana?

-Sí, claro.

-Se trata de un antiguo amigo parisino

que está de paso por la ciudad.

Me gustaría que lo conociera,

ya que los dos comparten su pasión por la moda.

-Sí, cada vez surgen más aficionados a este arte.

-Mi amigo ha conseguido hacerse un nombre,

hasta el punto de que las grandes aristócratas anhelan... conocerlo.

Puede que usted haya oído hablar de él,

se llama Paul Poiret.

-¿Paul Poiret, el de la falda de medio paso?

-Veo que conoce su trayectoria.

-Lo que me extraña es que le conozca usted.

-Hace tantos años que ya ni me acuerdo.

Cuando lo conocí, era un muchacho con mucha ambición y poco dinero.

-No sé quién es, no me suena.

Rosina, es Paul Poiret, el mayor enemigo del corsé.

-Ya te digo que no sé quién es,

pero gracias por liberarnos de ese suplicio.

Me dan ganas de ir a darle un par de besos bien dados.

-Su agenda está repleta de compromisos, pero, aun así,

le he convencido para almorzar mañana los tres juntos,

¿qué le parece?

-¿Está de chanza?

-Yo no bromeo cuando está en juego la ilusión de una bella dama.

-Susana, vas a codearte con una eminencia de la costura.

-La verdad es que...

es un plan muy sugerente;

más que sugerente, irresistible,

pocas veces se presenta una ocasión así.

-¿Confirmo... entonces la reserva?

¿Sobre la una y media?

Los franceses no son de almorzar muy tarde.

-Armando, me temo que no va a poder ser.

Eh...

Tengo un asunto de enjundia que me lo impide.

-¿Qué asunto es?

-Una conocida, que acaba de enviudar y está muy afligida.

-Vaya, pero qué contrariedad.

Lamento mucho

que se pierda este encuentro con Paul Poiret.

Sí. Compréndame...

-Es admirable la bondad

que muestra hacia sus allegados,

es usted una mujer admirable.

En fin, señoras, las dejo.

-Le acompaño.

-No, no hace falta.

Muchas gracias por su infusión.

Pasen ustedes... una buena noche.

-Cada vez eres mejor inventando excusas.

-No se me ocurrió otra cosa.

-Te desconozco, Susana.

¿No tenías ganas de conocer al modista ese?

-Una cosa es lo que a uno le apetece,

y otra...

lo que le dicta la moral.

Ay...

Es tardísimo, Camino, ¿no podíamos haber venido mañana?

-No, madre.

-¿Qué hace esta mujer aquí? ¿Otra encerrona?

Siéntese junto a Felicia,

Camino y yo tenemos que hablar con ustedes.

Lo que ha pasado esta tarde en el restaurante ha sido vergonzoso.

Verlas discutir sobre quién es mejor actriz es de patio de colegio.

Nadie tiene la culpa de que don Alfonso me haya elegido a mí.

Parece mentira que discutan de esa manera

y nosotras, que somos las afectadas, no.

Y no es porque no nos importe, ¿verdad Camino?,

que bastante chasco nos hemos llevado.

Las dos estábamos muy ilusionadas por actuar juntas.

Madre, yo he aceptado que no haya sido la elegida,

haga usted también un esfuerzo.

Nadie es mejor que nadie,

ha sido cosa de don Alfonso.

Recapaciten y discúlpense la una con la otra.

Que no se puede estar de morros por esta nimiedad,

y menos, siendo familia. Eso.

Dicho esto, me retiro,

que llevo todo el día en el rodaje y no puedo con mi alma.

Yo también me voy.

-Hay que reconocer que no estamos a la altura de las niñas.

-Nos han dado una lección.

No deberíamos discutir más por este asunto.

-Mire, no puedo estar más de acuerdo con usted.

-Me alegra escuchar eso.

Yo también me recojo, mañana tengo que abrir pronto el restaurante.

-Sí, ya son horas de que nos acostemos todos.

-Con Dios. -Con Dios.

Mira, ni pío.

Va dada esta si espera que me disculpe.

-Va dada esta si espera que me disculpe.

Marcia.

¿Por qué tardabas? Estaba empezando a preocuparme.

-Había mucha gente en la consulta,

he tenido que esperar para que me atendieran.

-¿Qué te ha dicho el médico?

-La herida está mejor,

pero hay que esperar hasta que se ponga bien.

-¿Y de la tos?

-No ve remedio,

me tendré que acostumbrarme a vivir con ella.

-No te preocupes,

te llevaré a otro médico. Yo me encargaré de curarte.

-¿Tú? ¿Con qué dinero?

-He pedido un adelanto para llevarte a un buen doctor.

Me han hablado de un especialista

que cura a gente como tú, que les cuesta respirar.

-No tires el dinero, Santiago,

ya has oído lo que dijo el doctor, que lo mío no tiene solución.

-Eso nos lo dirá el especialista y veremos si tiene o no razón.

(Puerta)

-¿Se puede?

-Sí, Fabiana, pase.

-Con permiso.

Marcia, te he visto entrar y me he barruntao

que tendrías la tripa pegá. Aquí tienes.

-Muchas gracias,

es usted muy amable.

A uste no le he preparao na,

pero sírvanse de entrar en la cocina pa lo que sea.

-Se agradece.

-¿Qué? ¿Le ha contao algo ya a su mujer?

-No, no he tenido tiempo.

Justo ahora iba a hacerlo. -¿De qué hablan?

-Te voy a llevar a este lugar.

Es un sanatorio de aguas termales que curan problemas respiratorios.

-¿Este es el médico especialista que decías?

-Sí, allí te curarán y te pondrás bien para siempre.

-No tendrás queja Marcia, que el muchacho se desvive por ti.

-Yo solo quiero lo mejor para ella.

-Es muy caro.

-Qué más da.

-No lo merezco.

-Pero ¿qué tontás dices?

Tú te mereces eso y mucho más, ¿verdad que sí?

-Claro.

Marcia, ¿estás bien?

-Sí, solo un poco cansada.

-Entonces,... les dejo tranquilos.

Y tú, Marcia cena, ¿eh?

Que descansen. -Muchas gracias.

-No hay de qué.

-No tengo hambre.

-Toma un poco de sopa, te hará bien.

Enseguida vendrá el señor.

¿Desea tomar algo? No, gracias.

Espere, Agustina.

¿Sabe si el señor tuvo ayer algún compromiso?

Quedó en pasarse por mi casa y no se presentó.

Lo único que sé es que el señor debió llegar tarde.

Yo me subí al altillo cuando ya era de noche

y él todavía... no había regresado.

Genoveva, qué grata sorpresa verte de primera mañana.

Espero no importunarte. En absoluto.

Agustina, puede preparar el desayuno cuando quiera.

¿Me acompañas?

No, gracias, ya he desayunado en casa.

-Señor, ¿le sirvo solo café?

-Hoy no, Agustina.

Me he despertado con mucho apetito. Me apetecen tostadas

y zumo.

-Enseguida, señor.

-¿En qué puedo ayudarte?

La verdad es que estaba preocupada.

Ayer te envié una nota citándote en mi casa y no te presentaste.

¿Acaso no la recibiste?

Sí que la recibí, pero se me olvidó por completo.

Te pido mil disculpas.

No te preocupes,

solo que estaba inquieta por si te había pasado algo.

Agradezco tu preocupación.

Ayer estuve trabajando hasta tarde

y decidí salir a pasear por los Jardines del Príncipe.

El paseo se alargó más de la cuenta,

hacía una noche maravillosa y se me fue el santo al cielo.

Me alegra que te encuentres tan bien.

¿Para qué me habías convocado?

He recibido contratos de varios armadores

dispuestos a fletar un segundo barco.

Me gustaría que los supervisaras cuando puedas.

Claro, déjame la documentación

y la revisaré a lo largo de la mañana.

Te avisaré con las conclusiones. Como quieras.

Que tengas un buen día, entonces. Igualmente.

No avises a Agustina, ya salgo yo.

"Mi vida ha dejado de tener sentido"

y sé que jamás lo tendrá.

Me falta el aire si no tú estás a mi lado.

Entonces, ¿la criatura que viene en camino no se llamará Abundio?

-Si es varón, hemos decidío llamarlo Ramón, como mi suegro.

Como tu suegro y san Ramón Nonato,

patrón de las parturientas, matronas y embarazas.

-Pues que mi hijo proteja el suyo cuando haya de salir.

-Ha sido una buena decisión, Lolita, sin duda.

-Me alegro que le agrade, que con Abundio eran malas caras.

-No vayas a comparar.

Ramón es un nombre perfecto,

no solo por tratarse de un santo español,

sino porque perpetúa esa costumbre tan nuestra de heredar

los nombres de nuestros antepasados.

-A mí también me gustaba Antoñito,

pero se ha impuesto el abuelo.

-San Antonio de Padua, patrón de los pobres y los imposibles.

-Arrea, qué puesta está en los santos,

parece el santoral del año cristiano.

-Es solo mi obligación como buena cristiana.

-Ay, una cosita, perdone que le pregunte,

es que hace tiempo que no se les ve a don Armando y a usted pasear,

y digo, a ver si ha pasado algo.

-No sé por qué me preguntas a mí, don Armando es amigo de Liberto.

-Bueno, de Liberto y suyo. Doña Susana, no diga lo contrario,

que buenas risas se han echado en el Nuevo Siglo XX.

-No te confundas, Lolita. Yo solo he sido una buena anfitriona

para que se sintiera bien en el barrio, y nada más.

-Hablando del papa de Roma...

-Ay... Don Armando

-Susana, le hacía acompañando a su amiga recién enviudada.

-¿Quién ha enviudao?

-Una amiga de los ejercicios espirituales.

Tú no la conoces.

-Si está libre, aún estamos a tiempo de almorzar con Paul Poiret.

O mañana.

-¿Quién es ese Pol?

-Un modisto parisino muy famoso.

-Arrea, ¿va a comer con él?

-Lolita, te agradecería que no te metas donde no te llaman.

-Disculpe, doña Susana, disculpe.

-¿Qué prefiere, almorzar ahora o mañana?

-Tendrá que excusarme de nuevo.

Precisamente ahora,

iba a una reunión de las devotas católicas, y llego tarde.

Que tenga un buen día.

-¿Adónde va esta mujer tan ligera?

Menos mal que la jornada empieza más tarde, si no, no llegamos.

No encuentro mi limosnera por ninguna parte.

Aquí está.

Menos mal. A ver si me centro.

Todavía tengo la cabeza en la charla de ayer.

Ya.

Camino, ¿tú crees que habrá servido para algo?

A mi madre... seguro que sí.

Anoche llegó a casa muy seria.

Conociéndola, seguro que estaba muy avergonzada.

No soporta estos rifirrafes.

Ni ella ni nadie.

Empiezo a estar un hastiada con el mundo del cine.

De saber que los rodajes eran tan largos, me lo habría pensado.

¿Serán todos los rodajes así?

Si es así, pongo punto y final.

Fue vergonzoso ver a nuestras madres discutir.

Y eso que no han tenido que lidiar con don Alfonso y sus decisiones.

Tú no cuentes mucho, no vayamos a liarla más.

Además, queda poco para acabar la película.

-Buenos días.

Arantxa me ha dicho que estabais a punto de salir.

¿Qué traes en esa cesta?

Una empanada para que comáis durante la jornada.

Que con el trajín, don Alfonso se olvida de alimentaros bien.

Huele que alimenta. Camino, a don Alfonso, ni probarla.

Que hay para todos.

Uy. Camino, ¿a qué viene esa cara?

-¿Por qué no nos contaste que madre estaba enfadada con Bellita?

-No queríamos preocuparos por esa tontería.

¿Tontería?

Anoche no me pareció un tontería, que se tiraban a matar.

No imaginamos que llegarían tan lejos,

por eso intentamos arreglarlo por nuestra cuenta.

Lo hicisteis fatal, casi llegan a las manos.

-Emilio, valoro tu buena intención,

pero la próxima vez, cuéntanoslo, que cuatro piensan mejor que dos.

Y mucho mejor si esas dos son mujeres.

Deberíamos irnos ya.

-Animo, seguro que todo va de maravilla.

Ojalá.

¿No es demasiado temprano para almorzar?

-No para mí, que he ido a trabajar antes de que saliera el sol.

Eso huele de maravilla.

-Marcia le puede servir un plato.

-Perdón por no ofrecerle.

-Gracias, pero esperaré a mi hora,

que luego me entra la modorra y no hay quien me mueva.

Tiene un aroma extraño, como a coco.

-Es la leche de coco, en mi país la usamos mucho.

-Coco con pescado guisado.

-Se llama "moqueca de peixe", es muy típico del Brasil.

Solo he podido poner un poco de pescado porque está muy caro.

-Ni se nota.

Marcia convierte un guiso sencillo en un manjar.

-Me sorprende que Fabiana les deje usar la cocina.

No le gusta que los huéspedes entren en su territorio.

-Fabiana y Servando han sido muy amables.

Saben que no podemos gastar

y que tenemos que ahorrar cada céntimo.

-Ya. Para el balneario, ¿no?

Fabiana me ha comentado algo. -Sí.

Quiero llevar allí a Marcia para que la traten de sus problemas.

Creo que hacen milagros. -Eso espero.

Les dejo. Que aproveche.

-¿Está bueno? -Sí.

Espera, Marcia, no te vayas.

Siéntate y hazme compañía.

-Sí, claro.

-Si yo no hubiese vuelto,

el abogado te habría costeado los tratamientos.

-No digas eso.

-¿Por qué no?

Es evidente que yo no tengo tanto dinero como Felipe.

-No te preocupes, a mí no me importa el dinero.

¿Está bien de sal? -Está en su punto.

Deberías probarlo.

-No tengo hambre. Quizás más tarde.

-Si no te importa el dinero,

¿qué te sedujo de Felipe?

-Era bueno y atento.

Bajo su apariencia de señor, había un hombre sensible.

El se enfrentó a sus amigos y vecinos para defenderme.

Y me veía como una persona,

no como una criada ni una esclava.

Nunca nadie me había tratado así.

-Felipe se comportó bien,

no como yo, que era un bruto.

Ya no soy el mismo, Marcia.

La cárcel me ha cambiado y te lo quiero demostrar,

dame una oportunidad.

-Claro que te la doy, eres mi marido.

-Andrade me obligaba a ser duro con vosotros,

no podía mostrarme débil, ni siquiera contigo.

-Recuerdo cómo me cuidabas cuando enfermé.

Fuiste muy bueno.

-Siempre te he amado,

no hay día de mi encierro que no te haya echado de menos.

Doy gracias al cielo por haberte recuperado,

soy tan dichoso...

Y ahora...

te veo aquí...

tan bella...

-No quiero importunarte.

-No pasa nada.

Que disfrute del bacalao, doña Rosario.

Yo le mando le mozo ahora.

Anda, trae, que ya lo bajo yo.

-Lo que le decía, que doña Susana no anda normal.

No vea la espantá que le dio al diplomático.

El pobre se quedó más chascao que mondao.

-Lo mismo me hizo a mí en la iglesia.

Vio a don Armando y salió corriendo,

y el hombre se ofreció a llevarla a merendar.

-A ver si ha pasao algo entre esos dos.

-Buenas. ¿Está aquí Casilda?

De verdad, no hay forma de encontrar a esta muchacha.

Pasa más tiempo fuera de casa que dentro.

-Por aquí no. ¿Ha mirao donde Fabiana?

-Ni rastro. Cuando la encuentre se va a enterar.

-No se preocupe, que si la vemos le damos razón de que la busca.

-Gracias.

Ya que estoy aquí,

¿qué les pasa a Felicia y a Bellita?

-Ah, pues no sabía que les ocurriera algo.

-Pues acabo de verlas con cara de pocos amigos y sin cruzar palabra.

-Poco sabemos de esas dos.

Los que sí nos tienen intrigadas son don Armando y doña Susana.

-¿Sabe usted si han discutido o algo?

-¿Discutir ellos? Para nada. ¿De dónde sacáis esa tontería?

-Carmen y yo hemos visto como doña Susana evita al diplomático.

Es llegar él y salir corriendo.

-Habrá sido casualidad.

Conocéis a Susana,

no se pierde un rosario y anda metida en mil novenas.

No querría perderse ninguna de ellas.

-Sí, diga lo que quiera,

pero es ver al hombre y cambiarle el humor.

No sé como él no lo ve.

-He visto que le invitaba a comer con un modisto

y le ha dicho que no, que tenía que acompañar a una amiga.

-Si os ha dicho eso... -Que no,

que don Armando ha querido cambiar el día de la comida,

y ni con esas.

-Rosina, no me negará que es todo muy sospechoso.

-Sí y no.

-"Sí y no", ¿qué?

-A ver, lo que le pasa a Susana es que...

Bueno, ella evita a don Armando porque...

Porque don Armando tiene un problema.

-¿Un problema? -(ECHA EL ALIENTO)

-Uy. -El mal aliento.

Sí, lo he tenido que decir.

Susana es muy sensible a los malos olores.

De siempre lo ha sido.

-Me deja pasmá, con lo fino que parece.

-Yo he hablado con él y nunca he notado eso.

-¿Seguro que es eso? -¡Tan seguro como que es de día!

Me voy, que tengo que encontrar a Casilda.

Se va a enterar la miquitusa esa.

-¿Quiere un caramelo?

-No, tómatelo tú.

Ay, primo...

Estoy cansá, ¿eh?

Me paso el día dando vueltas por no estar en casa de mis señores.

-¿Y por qué no te quieres recoger?

-Es que, mis señores están haciendo uso del matrimonio,...

pero a todas horas.

-(RÍE)

Y de na sirve taparse los oídos,

porque cuando menos me lo espero,

me los encuentro medio en cueros por las esquinas.

-Normal, no tienen oficio, no tienen horario.

-No te puedes imaginar el mal rato que estoy pasando.

Yo siempre he sido muy vergonzosa pa esos menesteres,

hasta con mi Martín, que en el cielo descanse.

-Yo tengo un remedio infalible.

Cuando los veas enganchaos, les gritas bien fuerte ¡yepa ya!

(RÍE)

-Pero bueno,

¿tú estás chalao, cómo voy a gritar a los señores?

-Con las ovejas era mano de santo,

se soltaban como las garrapatas con el vinagre.

-Pero un detalle, mis señores no son animales,

en cambio, tú sí que eres un animal, de bellota además.

-Yo te digo lo que tienes que hacer, tú misma.

-¿Y si me los cargo del sobresalto?

Eso con suerte,

porque lo mismo no me los cargo y me matan ellos a mí,

eso, o me echan a la rúe.

-Pues ya verás, pero no digas que no te ayudo.

-Voy a ver si mi virgencita sí que me ayuda.

-Virgen María, por favor,

haz que cuando llegue a la casa mis señores no estén intimando.

-Aquí estás, Casilda.

Baja enseguida, que tu señora te está buscando por todas partes.

-Arrea. Muchas gracias por escucharme.

Hale. Con Dios, primo.

-Hale.

-¿Los demás qué?

Jacinto, te voy a decir unas frases que se me han ocurrido

para meterlas en los barquillos.

-No cuente conmigo.

La multa me ha quitado el ánimo de seguir.

-¿Ahora que somos socio me dejas plantado?

-Búsquese a otro.

Marcelina no quiere ni oír hablar de ello,

y servidor acata lo que dice su señora.

-Jacinto, no me dejes abandonado.

Voy a utilizar todo mi talento para recuperar el dinero de la multa.

-Que no, Servando, no me tiente, que no quiero líos con la Marcelina.

-Chist...

Silencio.

-¿Qué hace? -Chist.

Estoy pensando.

-¿Pensando usted?

-Chist...

-¿Está bien? -Chist.

Esta es mi postura para concentrarme.

-¿Ah, sí? -Chist.

Me parece que se me está ocurriendo algo.

-¿El qué? -Chist.

Reconozco que me hace ilusión que mi nieto se llame como yo.

-Es un gran detalle por parte de Antoñito y Lolita.

-He de agradecer a mi nuera

que haya abandonado la idea de llamarlo Abundio.

-Ya me dirá cómo lo ha conseguido sin traicionar sus costumbres.

-Buenos días. -Buenos días.

-Qué agradable sorpresa encontrarse con caras amigas.

¿Cómo están? -Aquí, celebrando que mi nieto

se llamará como yo.

-No es para menos, vamos a tener a otro Ramón Palacios.

Espero que saque la inteligencia de su abuelo.

-Y su buen ojo para los negocios.

-Don Felipe, es gratificante verle con tan buen aspecto.

-Gracias. El día es muy largo,

espero mantener el buen humor durante toda la jornada.

-Asumo que está al tanto

de la posibilidad de fletar un segundo barco para Marruecos.

-Sí, así es.

Genoveva me dio los contratos con los armadores para estudiarlos.

-¿Ha podido leerlos todos?

-Sí, pero me gustaría repasar alguno para no dejar ningún fleco suelto.

Señores, si me disculpan.

-Con Dios. -Con Dios.

-Fabiana,... ¿podría entregar esta nota a Marcia, por favor?

-Sí, claro.

Entre usted y déjesela en el casillero.

-Preferiría que se la diera en mano, y con la mayor discreción.

-No se lo tome a mal, don Felipe,

pero preferiría no tener que hacerlo,

que bastantes problemas tengo yo. -Por favor, Fabiana, por favor.

Entregue esta nota a Marcia, le estaré eternamente agradecido.

-Está bien, lo que diga.

-Gracias.

Servando, como no cambie de postura se va a descuajaringar.

¡Servando!

¡Uste mismo!

Ahí se queda.

Me bajo a la portería, que no me pagan por mirarle pensando.

-Espera, Jacinto, espera.

Creo que ya tengo una idea para ganar dinero fácil.

-¿Cómo?

-Vender retratos firmados de los artistas del cinematógrafo.

-¿Qué negocio es ese de vender lo que no se tiene?

-A ver, Cinta, la hija de doña Bellita,

va a ser una estrella.

Me he enterado que esta semana termina el rodaje...

(CARRASPEA)

Buenas.

Termina el rodaje de la película que está haciendo.

Si estamos espabilados

y conseguimos una estampa suya,

se lo llevamos a un fotógrafo, él nos hace un retrato

y podemos hacer las copias que queramos.

-¿Y doña Cinta querrá rubricar los retratos?

-¡Claro que va a querer, si estará encantada!

¿Quién no quiere ser una celebridad?

-¿Ha pensao cómo conseguir el retrato de Cinta?

-Ahí entras tú en acción. -¿Yo?

Debes convencer a Arantxa para que te dé uno de los retratos

que el productor sacó a Cinta y a Camino.

Una vez tengamos eso, será coser y cantar.

¿Qué te parece?

-No lo veo muy claro, Servando.

-Dinero fácil, hombre.

Piénsalo bien y verás cómo, cómo te convences.

-A ver cómo convenzo a Arantxa para que me dé un retrato de Cinta.

-Chist...

Seguramente se me ocurrirá algo.

-Servando... -Chist... ¡Hombre ya!

Guapetón, ¿ya estás en casa?

-Buenas tardes.

Me ha dicho Arantxa que has estado con Felicia.

-Ay, ya sabes cómo es esa mujer de seca, ni fu, ni fa.

-¿"Ni fu, ni fa"?

Que te conozco Bellita, eres más terca que una mula revirá.

-¿Me estás comparando con un burro?

-Te estoy pidiendo que hagas un esfuerzo por arreglar las cosas,

si es no por ti, hazlo por la niña,

es lo primero que le ha preguntado a Arantxa.

-Y le habrá dicho que todo bien.

-Sí.

¿Pa qué contarle que estabais con cara de perro?

-Ay, mi niña, que sentía es.

-¿Has descansao, Canelita mía?

No crean.

Estoy inquieta con lo del rodaje.

Son los nervios del artista,

pero tranquila, que todo se pasa, ¿verdad?

-Bueno, los nervios se templan, pero no se pasan.

Padre, cada vez entiendo menos esto del cine.

Rodamos cosas que no tienen ni pies ni cabeza.

¿Cómo que no tienen pies ni cabeza?

-La niña se refiere a que las películas las hacen por partes,

vamos, que no empiezan por el principio y terminan por el final.

Lo hacen por partes, y cuando acaba, lo pegan todo en orden.

Ahí está el mérito del artista.

-El mérito de verdad es cantar en un teatro abarrotao,

sola ante el público, sin truco ni cartón.

Si tuviera un guion, entendería mejor la historia.

Ayer rodé una escena muy rara

con un señor muy feo que hacía de mi novio.

Imagínense.

Oye, ¿y le tuviste que besar?

No madre, ¿cómo le voy a besar?

Yo beso a mi Emilio, que para eso es el novio más guapo del mundo.

No hay que bajar la guardia, que hay mucho sinvergüenza por ahí.

Lo sé, mamá, no soy tonta.

Oye,...

¿no es un poco raro eso de rodar sin guion?

-Yo de este mundo entiendo más poco que mucho.

-Cinta, hija, pídele a don Alfonso que te explique bien lo que haces,

que pa eso es el productor y el director.

Se lo preguntaré. Y me voy, que tengo que volver al rodaje.

Eh, escucha, si don Alfonso se escaquea,

le dices que es tu madre quién quiere saber.

Sí, madre, que no soy una niña chica.

No es cosa mía Liberto, han sido Carmen y Lolita

quienes me han confirmado los intentos de Armando

por acercarse a tu tía. -No sé qué decirte, Rosina.

Hace tiempo que no coincido con él, y no ha dejado caer nunca nada.

-Porque no querrá agobiarla, pero que hay algo, está claro.

-Si tú lo dices...

-¿Sabes lo que tenemos que hacer?

Animar a tu tía, azuzarla, así salimos de dudas.

-No creo que mi tía quiera contraer relaciones con un divorciado.

-Por eso mismo tenemos que pasar a la acción, convencerla...

Tenemos que hacer algo.

Es un hombre tan elegante, caballeroso, culto

y con una situación desahogada. Mejor partido no va a encontrar.

-Susana es mi tía, me da mucho apuro darle consejos amorosos.

-Tampoco hay que ser tan explícitos, tú pónselo en bandeja y ya caerá.

(GRITA) -Buenas.

Me ha sorprendido que Casilda me abriera la puerta.

-A ti y a todos.

-Rosina, tengo que hablar contigo.

-Claro que sí. Les dejo a solas.

Rosina,...

acabo de toparme con Armando

y me ha vuelto a proponer un plan para mañana.

-Se ve que a este hombre le sobra el tiempo libre.

-Necesito ayuda. ¿Qué tengo qué hacer?

-¿A mí me lo preguntas? -Tú sabes de estas cosas,

eres una libertina.

Sé es que saliste corriendo cuando él se acercó

en la puerta de la iglesia.

-¿Quién te lo ha contado?

-Carmen. -¡Qué vergüenza!

-No, no, tranquila.

De momento, nadie sabe que está divorciado.

-¿Seguro? -Seguro.

Lo que sí sé es que ese hombre está románticamente interesado en ti,

y que deberías darle una oportunidad.

-¿Tú crees? -Claro que sí.

Es un hombre tan elegante, culto, caballeroso...

-Cierto.

Cierto que Armando reúne todas esas cualidades.

-Y piensa lo mucho que te ríes con él.

-Tiene un gran sentido del humor. -Sí.

-Pero no,

¡es un hombre divorciado!

-Ese es un detalle sin importancia.

¿Atentar contra la Santa Madre Iglesia

es un detalle sin importancia?

-Es una fruslería como tu cabeza en los tiempos que corren.

-Rosina, no hablas tú, habla Satán. ¡Vade retro!

-¿Qué haces, Susana?

-Alejar esta tentación. Arrodíllate conmigo y reza.

Dios mío, aparta de mí este cáliz.

Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado...

Dime una cifra, la que sea.

Ay, no sé cuánto cuesta el retrato de un artista.

-De un artista y rubricado por una estrella del cinematógrafo.

-No lo sé, Servando.

-Dime cuánto estarías dispuesta a pagar,

olvidémonos de su precio real.

-No tengo dinero y tampoco voy al cine.

Lo siento. -Vaya por Dios.

(Puerta)

-Fabiana, no se quede ahí.

-Servando, ¿qué hace usted aquí?

-Charlando con Marcia. ¿Y a usted qué se le ofrece?

-Solo quería preguntarle a Marcia si se apaña con la cocina.

-Sí. Y estoy muy agradecida por dejar que la usemos.

Es usted muy amable.

-Y haces muy bien,

que Fabiana no le deja a cualquiera su cocina.

-Ande, ni que se peleara la gente por pasar.

-Cuando venga Santiago le diré que le dé gracias.

-No hace falta, que el hombre llegará deslomao.

Si necesitas algún cacharro, dímelo,

que si no está aquí, lo cojo prestao del altillo.

-Gracias.

-Servando. -¿Qué?

Vaya a recepción, que me ha parecido sentir el timbre.

-Yo no he oído nada. -Yo sí.

No haga esperar, no vayamos a perder un cliente.

-Juraría que no ha sonado, pero...

En fin... -Siempre protestando, qué hombre.

Toma.

Esto es para ti. -¿Qué es?

Me la dio don Felipe.

-¿Felipe?

(TOSE)

-Marcia, no quiero meterme donde no me llaman,

pero creo que deberías de alejarte del abogado.

-Ojalá fuera tan fácil.

-Don Felipe es un buen hombre, pero tú estás casada,

y verte a escondidas con él, solo te traerá dolor y sufrimiento.

-Lo sé.

-Marcia, tú has pasado por mucho en la vida, hija,

¿no crees que mereces ser feliz ya?

-¿Feliz, con Santiago?

-Feliz con tu marido.

Santiago es un buen hombre

y tú tienes un compromiso con él.

-Muchas gracias, Fabiana, es usted muy buena.

-(SUSPIRA)

Te dejo, Marcia. Me llevo estas sábanas.

-Adiós.

-A más ver.

Bien, la siguiente escena es crucial para el personaje,

así que, interioriza bien de dónde viene y a dónde va.

¿Va a viajar?

No, no exactamente.

El personaje debe realizar un viaje interior, ¿me entiendes?

Sí, sí, sin salir de España.

Tu solo demuestra que tienes mucho carácter, ¿sabrás hacerlo?

Hombre, claro. Lo voy a clavar.

Perfecto.

Sitúate en el escenario, junto al guitarrista.

Muy bien. ¿Todos listos? Preparados, que vamos a rodar.

Tú toca, que yo te cojo, tranquilo.

¿Y esta mujer qué hace aquí? Tienes que impedir que baile.

Pero ¿no iba a bailar yo?

Sí, pero antes tienes que deshacerte de ella.

Métete en medio, empújala, y cuando esté desprevenida,

le tiras del vestido.

¿Y no le puedo pedir que se vaya y ya está?

No. Tienes que demostrarle quien manda ahí,

que nadie te hace sombra y que en carácter eres la más grande.

Eres Cinta Domínguez del Campo

y ese escenario es tuyo, y de nadie más.

¿Y es necesario que le tire el vestido?

Eso es algo muy sucio.

Niña, no me hagas perder el tiempo.

Pensé que te había dejado bien claro la importancia de esta escena.

Lo que no entiendo es por qué tengo que hacerlo de esa manera.

¡Porque lo digo yo, que soy el director!

Ya te he dicho que cuando veas la película entera,

comprenderás la historia perfectamente.

Pues entonces, deme el guion y así no tengo que esperar tanto.

¿Qué has dicho?

Quiero ver el guión,

que no estamos haciendo nada de lo que me había dicho.

¿Otra vez los caprichos de estrella?

¿Otra vez los caprichos de estrellita?

¡Te he dicho mil veces que leerlo solo te puede perjudicar.

¡Malinterpretarás la historia y estropearás la película!

¡¿Es eso lo que quieres?!

¡¿Es eso lo que quieres?!

Pues venga, si es lo que quiere, vamos a dárselo.

Se lo damos y que lo haga.

Hemos perdido mucho tiempo.

O rodamos ya o no terminaremos la jornada.

Vuelve junto al guitarrista.

No lo voy a repetir de nuevo.

O actúas o te marchas por donde has venido.

¿Tú qué miras?

Esto es un rodaje, hemos venido a pasarlo bien.

¡Venga, venga, venga!

Todo el mundo preparado...

Cámara rueda...

¡Acción!

Don Felipe.

Úrsula.

Perdone, no quería asustarle.

¿Qué quiere de mí?

Me ha extrañado verlo solo y quería cerciorarme

de que se encontraba bien.

Estoy perfectamente. ¿Seguro?

Parece inquieto.

Me disponía a dar un paseo por los jardines.

Me gusta recordar los momentos que pasaba con mi difunta Celia.

Siento haberle abordado de esta manera.

Me retiro con mi señora.

Con Dios.

En el extranjero no es habitual

que los hijos reciban el nombre de los padres.

Es una costumbre que suele llamar mucho la atención.

-Hay que reconocer que no es muy práctico,

sobre todo mientras ambos vivan bajo el mismo techo.

-En estos casos, los americanos utilizan las siglas Jr.,

para diferenciar al padre del hijo.

Afortunadamente, su hijo no tendrá que cargar con ese sambenito.

-No eche campanas al vuelo, que van a ser dos Ramones en la misma casa,

de alguna manera habrá que diferenciarlos.

-El asunto de los nombres daría para una escribir una enciclopedia.

Recuerdo un embajador sudamericano

que se llamaba Baldomero Bronca Segura.

Eso sí que es un buen sambenito, sí. -Sí.

Discúlpeme.

Doña Susana.

Susana, aguarde, se lo ruego. -Armando, siento no poder detenerme,

ahora mismo iba hacia la iglesia. -Solo será un momento, por favor.

Susana, he notado que me evita allí donde nos encontramos.

-Por Dios, yo no... -Déjeme acabar. Jamás,...

se me ocurriría ser descortés con nadie, y mucho menos con usted.

Solo me gustaría saber si he hecho algo que la haya molestado.

¿Es así?

¿Hay algo de mí que le incomoda?

Dígamelo, por favor.

Pensé que no vendrías.

-He dado un rodeo por los jardines. No quería que nadie nos viera.

¡Cuánto te he echado de menos!

-Felipe, no tenías que haber enviado esa nota,

ha sido una temeridad.

-Necesitaba verte, mi corazón no entiende de prudencias.

-No podemos seguir así, Felipe.

Esto se tiene que acabar.

-¿Lo dices en serio?

Felipe,

he venido a esta cita

para romper definitivamente contigo.

¿Hay algo que llame su atención en la calle?

Ah. No, solo me fijaba que... desde aquí no se ve el callejón.

¿Y para qué quiere verlo?

¿Qué ha pasao?

Que no me entiendo con don Alfonso. Y me habla de mala manera.

¿Por qué?

Porque nada de lo que hacemos tiene pies ni cabeza.

Le he exigido ver el guion.

Es por su divorcio.

Mis creencias no me permiten pensar

que un matrimonio que se firmó ante Dios se pueda romper.

-Todavía no me ha dicho qué hacía aquí bailando.

-No era bailando, era un braseo pa demostrar mi arte.

Si quiere, un día le enseño lo que Cinta le enseñó a su hija.

Ea.

Si los actores leen el guion,

dejan de hacer lo que el director quiere

y hacen lo que a ellos les parece que deben de hacer.

-Ya, pero Cinta quiere leerlo.

-¿Y si lo lee solo usted y se convence de que no hay nada malo?

Y luego convence a su hija de que todo está bien.

¡Que se declare de una vez a Susana, que todo hay que decirlo!

-¿Tanto se nota mi interés?

-A la legua, don Armando, a la legua.

Susana es muy tradicional,

si usted no pone las cartas sobre la mesa, ella no va a dar ni un paso.

-¡Vete p'aya! -Que esto es robar.

Nos vamos a meter en un lío.

-Ya te lo he dicho, esto no es robar.

Esto es tomar prestado.

Nosotros cogemos ese retrato,

le hacemos una copia y lo devolvemos, ¿eh?

Así es que, ¡venga! -Lo que yo le decía,

que vuelven a estar juntos otra vez.

-¿Y si les descubre el marido de ella?

-Pues figúrese usted, zafarrancho de combate, y con disparos.

Tira este guion a la basura.

Nadie nos va a separar. Eres mi esposa,

y voy a hacer todo lo que esté en mis manos

para conservarte a mi lado.

Todo.

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Acacias 38 - Capítulo 1116

10 oct 2019

Susana rechaza la propuesta de Armando para ir a comer con un importante diseñador, amigo suyo, aunque en realidad se muere de ganas por ir. El exdiplomático encara a la sastra ¿por qué motivo le rehúye?

Cinta comienza a estar harta del cine porque no entiende su papel. Alfonso la obliga a rodar una escena en la que se pelea con otra bailarina. Jose y Bellita le aconsejan a su hija que le exija a Alfonso el guión.

Felipe vuelve a recuperar la alegría tras su encuentro con Marcia, al revés que esta, que se siente cada vez más culpable por engañar a Santiago. Genoveva sospecha que Felipe y la criada vuelven a verse por el cambio de actitud de él.

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