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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1115 - ver ahora
Transcripción completa

Conteste, ¿qué diantres hace en mi casa?

¡No es bienvenido, nadie le ha invitado!

-Felipe, se lo ruego.

-Disculpe que haya venido sin avisar,...

pero precisaba verle.

-¿Por qué motivo?

-He tenido la oportunidad de leer su entrevista en el diario.

Me ha impactado mucho lo que contaba sobre ese canalla de Andrade

y el sufrimiento de sus víctimas.

Quería darle las gracias por haber colaborado en su arresto.

-Mire, ante todo, lo hice por Marcia,

para liberarla de sus garras.

-Lo sé, y por eso le estoy aún más agradecido.

-Ramón, déjenos solos.

Se lo ruego, más tarde hablaremos.

-De acuerdo, más tarde vendré a verle.

Buenas tardes.

-Buenas tardes.

Mire, me movió actuar así el amor que siento por Marcia,

téngalo claro.

-Soy plenamente consciente de eso.

-¿Y no le importa?

-Mi esposa no sabía que yo aún vivía.

No puede haber falta en que tratara de rehace su vida.

-¿Ha venido a decirme solo eso?

-No, no solo eso.

Soy consciente de que hay que acabar con los desaprensivos como Andrade

que aún están sueltos.

Quiero que sepa que puede contar conmigo.

-¿Me está ofreciendo su ayuda?

-Así es, me ofrezco a trabajar con usted.

Codo con codo.

Para presionar a las instituciones y exigir que se endurezcan las penas

de los tratantes.

-Mire, Santiago,...

usted y yo nunca seremos aliados, no nos conocemos.

Y nada tenemos que decirnos.

Y todo por una sencilla razón. -¿Cuál?

-Sigo amando a Marcia con todo mi ser.

Su regreso no ha cambiado nada.

Así que comprenderá que no quiera tener ningún trato con usted.

Le exijo que mantenga las distancias.

-Lo comprendo. Descuide, que así lo haré.

Don Felipe...

no quiero problemas con nadie,

y menos con usted. Yo solo he regresado

para recuperar a mi esposa y la vida que le fue arrebatada.

Nada más.

Con Dios.

(Sintonía de "Acacias 38")

Así. Es algo así.

Pero nunca conseguí hacer una reverencia como a ellos les gusta.

Los japoneses son muy mirados para esas cosas.

Si no me inclinaba mucho, mi reverencia pasaba desapercibida.

Si me inclinaba más, les daba unos testarazos,

que era para darles puntos de sutura.

-(RÍE)

-Pero dejemos de hablar de mí.

Cuénteme, ¿le ha gustado el cafetín donde hemos estado?

-¿Gustarme?, me ha encantado. Toda la vida viviendo aquí

y no sabía que había un cafetín con esas vistas.

-Me alegro que haya disfrutado. -Lo he hecho, lo he hecho.

Y solo por curiosidad, viviendo usté en el extranjero,

¿cómo conoce lugares tan interesantes?

-Le voy a hacer partícipe de un secreto.

Los diplomáticos contamos con una vez

para informarnos de lugares con encanto.

Podría morir por contarle esto.

Aunque llegado el caso,

podría alegar que la llevé a usted.

Me absolverían.

-Es usted un seductor.

-No crea,

el arte de la seducción es exigente y no se puede derrochar.

Yo solo lo empleo cuando vale la pena.

Tiene usted una sonrisa preciosa.

Tan bella, como la flor del almendro.

O del cerezo.

Los japoneses la venerarían, y también...

otros.

-Quiero hacerle una pregunta, Armando.

¿Por qué no se ha casado usted?

Y no me diga con falsa modestia

que no ha tenido oportunidad, no le creería.

-Jamás osaría mentirle a usted, jamás.

Sí que estuve casado.

-Ay, lo siento, lo digo con conocimiento de causa.

La viudedad es como si te expulsaran del paraíso.

-No, yo... no soy viudo.

La que fuera mi esposa, vive, afortunadamente, lejos de aquí,

pero vive.

Gracias a Dios, estamos divorciados.

-No meta a Dios en sus pecados, por favor.

¿Ha regresado la niña del rodaje?

-No, José.

Ya empiezo a estar preocupada, que lleva el día entero encerrada allí.

La están explotando.

-Es que... eso del cine lleva su tiempo.

Mira, al menos se ha librao del encuentro con Felicia.

-¿Todavía estás disgustada por eso? -¿Cómo no iba a estarlo?

No es justo que nos acuse a nosotros de que Camino se haya quedado fuera.

No es nuestra responsabilidad. -Y lo sé.

Pero deberíamos lograr que ella se dé cuenta.

-No será fácil, es más terca que una mula.

Más ganas me dan de mandarla a hacer puñetas.

-Es la madre del novio de nuestra hija.

-Sí, una pena que el muchacho sea huérfano.

Pero... Bellita, hay que evitar que el problema se enquiste.

(Puerta)

Mira, debe ser la niña.

Ni una palabra de lo de doña Felicia.

Mejor que no se disguste.

(Pasos)

Buenas.

Eh, qué cara de cansá.

Cansá no, lo que estoy es muerta.

-¿Cómo ha marchao tu primer día de rodaje?, que estábamos preocupaos.

Al principio bien.

Luego ha empezado todo a ser muy monótono y aburrido.

Ya me lo pareció a mí en la prueba.

En el cine se tarda una eternidad para todo.

Que si las luces, las cámaras...

Ha sido peor que en las pruebas.

Hemos tenido que repetir lo mismo una y otra vez.

Y la espera entre bastidores muy larga.

Sin tener na que hacer. Y nos pagan por esperar, dicen.

Donde se ponga una buena actuación en el teatro,

que se quite en cinematógrafo.

No me parece que eso tenga futuro.

-Di que sí. Lo nuestro es otra cosa.

Se sube una al escenario, canta,...

cobra y se va una a cenar la mar de a gusto.

Al volver me he encontrado con doña Felicia.

Parecía muy seria.

¿La ha sucedido algo?

No que no nosotros sepamos, ¿verdad?

-No. Tendría algún problema en el restaurante.

Voy a ver qué está preparando Arantxa de cena.

El cine da más hambre que trabajar en la mina.

Anda, sí, tira pa Bilbao, a ver qué te encuentras.

¿Sabes qué, cariño?

Estamos pensando fletar un segundo barco para traer soldados heridos.

-Ajá.

-"Ajá".

Ya veo que te apasiona la noticia.

-Te estaba escuchando, has dicho algo de fletar soldados.

-Sí, eso mismo, fletar soldados. Que te interesa el tema.

-Que no, querido. Perdona.

Estoy leyendo la entrevista de Felipe.

Es impactante todo lo que cuenta sobre el tal César Andrade ese,

es un ser malvado.

(Puerta)

Te toca a ti, ve a abrir.

-Voy.

Buenas tardes, tieta.

Parece disgustada.

-Así es. -¿Ha ocurrido algo?

-Sí, por desgracia.

Vengo de ver a Armando. -¿Cómo ha ido la cita?

-¿Es necesario preguntar eso?

¿Han discutido?

-No, si él se ha comportado...

tan adorable como siempre. -¿Y cuál es el problema?

-El problema...

El problema es que es un divorciado.

-¿Has dicho...

divorciado? -Un pecador.

Ha roto el sagrado vínculo del matrimonio.

-¿Cómo es posible?

El divorcio, además de ser una aberración, está prohibido.

-No en todo el mundo, Rosina.

Se habrá casado y separado en el extranjero.

-Se podía haber traído otra costumbre de esos países.

-¿Quién me diría que tenía esposa?

-Exesposa, tía, si hablamos con propiedad.

-¿Y tú no lo sabías, Liberto?

-Hombres, no os enteráis de nada. -¿Qué me cuentas?

No me interesa su vida personal.

Al principio me habló de una mujer, pero...

debí dar por hecho que era viudo.

-¡Viudo te vas a quedar tú si sigues dándome estos sofocos!

¡Haberte enterado antes! ¿Ahora qué hacemos?

Tu tía se había ilusionado.

-¡Pensaba que era un regalo del cielo,

y resulta que es un libertino!

Lo único que me tranquiliza es que nadie más lo sabe.

-No tiene nada de qué avergonzarse.

-¿Cómo que no?

Menudo bochorno.

Y si llega a saber que estoy relacionándome con un divorciado...

-Jesús, María y José.

¿Un té? -No, no me entra nada.

Que ganas tenía de sentarme a cenar, estaba derrengá de la faena de hoy.

Agustina, usté también tenía apetito,

no ha dicho ni mu en toa la cena.

-Perdonadme.

Ando preocupada por mi señor don Felipe.

Estaba tan mohíno todo el día...

-Natural.

El pobre no levanta cabeza.

Qué mala fortuna lo que ha pasao.

-Se nota que no puede quitarse a Marcia de la cabeza ni un instante.

-Esperemos que no le dé como en otras ocasiones por golfear.

-(TOSE)

Buenas noches.

Casilda, te estaba buscando.

-Pues aquí me tienes.

-Agustina,...

¿cómo está Felipe?

-¿Cómo quieres que esté?

Sigue muy afectado.

Afortunadamente, don Ramón y don Liberto

están apoyándole mucho.

Y especialmente, doña Genoveva.

-Todos lo estamos pasando muy mal.

-Es de suponer.

Pero algunos no han hecho nada para merecerlo, Marcia.

He oído decir que tu marido es un buen hombre.

-Sí, lo es.

Ya ha comenzado a trabajar.

-Te deseo todo lo mejor.

Que alguien al menos...

pueda rehacer su vida.

Ay... Me voy a acostar.

-Marcia, no se lo tengas en cuenta, dale tiempo.

Agustina está sufriendo mucho por don Felipe.

Pero sabes que ella es pan de oro. -Lo sé.

Y dime, ¿qué te trae por el altillo a estas horas?

¿Ha pasao algo?

-No. Simplemente, que se acerca la hora de acostarse.

-Ya, ¿y cuál es el problema?

-Sencillo.

Que yo tendré que compartir el lecho con mi esposo.

Temo que quiera intimar.

-Pero... ¿no había prometido que te iba a respetar?

-Sí, lo sé, pero la carne es débil, y no quiero correr riesgo.

-Ya me dirás tú cómo puedo ayudarte, mujer.

Tarde o temprano tendrás que ir a acostarte.

-Puedes ayudarme a que sea tarde.

Ven conmigo a la pensión.

Santiago se acostará, mañana se levanta temprano.

-Toma, y yo, si estaba deseando coger el catre, mujer.

-Por favor.

-Está bien.

Anda, quita esa cara de cordera degollá.

¿Sabes lo que vamos a hacer?

Voy a coger el costurero

y haremos como que estamos cosiendo algo hasta que tu marido se duerma.

-Te lo agradezco.

-Sí, ya puedes agradecérmelo,

que mañana me caeré de sueño mientras hago la faena.

Por cierto,

tendrás que encontrar otra solución, Marcia.

Es tu marido,

y tampoco vas a hacer que espere más tiempo.

-No puedo entregarme a él.

Mi corazón sigue perteneciendo a Felipe.

Casilda, no dejo de pensar en él ni un instante.

-Ven, ven aquí.

(Puerta)

(Pasos)

Disculpe, señora, tiene visita.

Felipe, qué agradable sorpresa.

Úrsula, puede retirarse.

¿Qué te trae por mi casa?

No recordaba que tuviéramos una reunión.

No, no la teníamos.

Perdona que me presente tan temprano,

pero tengo una información que me gustaría comentar contigo.

Claro, siéntate.

Verás,

he estado en la Embajada de Brasil,

me han confirmado que existe un certificado de matrimonio

entre Santiago y Marcia.

No sospechaba que estuvieses haciendo indagaciones.

¿Acaso pensabas que Marcia mentía, que su boda era falsa?

No, no.

No he dudado de su palabra. Pero...

tenía la esperanza de que no hubiese sido una boda oficial,

que existiera algo al que agarrarme para impedir que sigan juntos.

Y no ha sido así.

No.

Felipe, comprendo tu desesperación, pero debes ser fuerte.

Ya solo puedes mirar hacia adelante.

Me pides un imposible.

Ya no hay futuro para mí.

No.

No digas eso.

Tienes que esforzarte en aceptar tu situación

por muy dura que esta sea.

Les he preparado un café. Gracias, Úrsula.

Tómatelo, te animará el cuerpo. Puede retirarse.

Genoveva,...

quiero agradecerte el apoyo que me estás mostrando.

Eres una verdadera amiga.

Pues muéstrame tu agradecimiento haciéndome caso.

La única manera de dejar de pensar en Marcia

es teniendo la cabeza ocupada.

Ayúdeme a encontrar fondos para fletar otro barco.

La situación de los soldados que han quedado en Marruecos

es desesperada.

Está bien.

Si necesitamos más fondos, acudamos al marqués de Viana.

Seguro que está encantado de colaborar con nosotros.

Eso es lo que quería oír.

Podríamos ir a visitarlo hoy mismo.

¿Hoy?

Dame 10 minutos.

Le agradezco que haya venido tan temprano.

-Descuide. -Siéntese.

-Gracias.

Y, bueno, cuénteme, ¿por qué quería verme?

-Quería aprovechar que Cinta está en el rodaje

y Bellita y Arantxa han salido pa hablar con usted.

-Parece un asunto de enjundia.

-Lo es. Estoy preocupao por su madre.

Intentamos hacerle ver que no tenemos nada que ver

con la decisión de Alfonso a la hora de elegir a Cinta como protagonista.

Poco faltó para que la conversación

no acabara como el rosario de la Aurora.

-No me extraña, mi madre está muy ofuscada con el asunto.

-Hay que hacerle entrar en razón.

Después de todo lo que hemos pasao,

hay que evitar que la relación familiar se deteriore.

-Haré todo lo que esté en mi mano, no lo dude.

(Puerta)

Buenas. Emilio, ¿qué haces aquí?

Nada.

Había venido a comentar con tu padre algunas cosas que he averiguado

sobre el cine.

¿Sabías que Alemania es uno de los países europeos

donde más películas hacen?

Mira qué bien.

-Explícame qué haces tú aquí.

¿No tendrías que estar rodando?

-Usted lo ha dicho, se supone. Llevo desde esta mañana esperando.

-¿Y qué ha sucedido?

Que la cámara ha decidido no funcionar.

Han intentado arreglarla, sin éxito,

y don Alfonso ha ido a por otra. Retomaremos el rodaje más tarde.

-Qué fatalidad.

Si no hubiese sido la cámara, hubiese sido la iluminación.

Qué lío esto del cine.

Niña, cada arte tiene su aquel.

Así lo espero, padre, que de este no entiendo ni la misa la media.

Algunas escenas han quedado muy mal,

como una que tuve que hacer ayer bailando,

pero él dijo que estaban fetén. -Él sabrá.

Quizás tengas esa impresión

porque no entiendas cómo se hacen las películas.

Cuando lo veas en la pantalla, entenderás el sentido.

-Seguro que sí. Haz caso a Emilio, sé paciente.

Pronto te acostumbrarás a esa forma de trabajar.

Doña Susana.

Buenos días. ¿Va a rezar?

-¿Por qué, a caso crees que lo preciso, que tengo motivos?

-No, mujer, solo lo digo porque iba a entrar a la iglesia.

-Ah.

-¿Está usted bien? La última vez que la vi

estaba muy animada, ¿le ha sucedido algo?

-No, va todo perfectamente, mejor que bien.

-Pues me alegro escucharlo.

Y entonces, ¿qué, saldrá a dar un paseo con su amigo don Armando?

-Pues no sé bien lo que voy a hacer hoy,

además, Armando no es tan amigo, más bien, un conocido

de mi sobrino.

Y como ya te he dicho,

voy a la iglesia, que siempre he sido buena cristiana

y quiero seguir siéndolo.

-Don Armando, precisamente estábamos hablando de usted.

-Espero que bien.

¿Desean acompañarme a la terraza del restaurante?

Hace una mañana magnífica

y no se me ocurre mejor manera,

que pasarla junto a dos bellas damas.

-Usted siempre tan cumplido. Será un placer.

Además, he quedado allí con mi esposo.

-Yo no puedo, como te he dicho, tengo que ir a la iglesia.

Es más, voy a pasar allí el día entero.

Agradecido, Arantxa, este bizcocho está diciendo cómeme.

-Pues no tarde en obedecerle, que está para chuparse los dedos.

Lo he hecho esta mañana para mi señorita,

para que comiera durante el rodaje, y fíjese,

me ha sobrao este poco.

-Se ha quedao corta en halagos, no he visto un bizcocho así en mi vida.

-Hombre, como que es receta de mi amatxu.

-Sea quien sea ese Camacho, quisiera conocerle por lo bien que cocina.

-Camacho no, Cesáreo, amatxu,

que es como decimos en mi tierra a las madres.

-Ah, empiece por ahí.

Y una cosa, ¿cómo va el rodaje de la película?

¿Cómo va su señorita?

-Pues parece ser que bien.

Me cuenta que está sorprendida,

pues no sabía que iba a resultar tan tedioso.

Me ha dicho que pasa más tiempo esperando que actuando.

-Fíjese, quién hubiera pensado que un rodaje iba a ser aburrido.

-Aburrido y raro, que la pobre dice que no entiende nada.

-Ya irá aprendiendo, nadie nace con sabiduría.

Me hubiera gustao que Camino hubiera actuado con ella.

-Sí, tiene razón. Eso ha sido mala fortuna, sí.

-Arantxa, Jacinto. ¡Anda, bizcocho! ¿Han visto a mi prima?

-¿A Casilda? No, hace mucho rato que no la veo.

-¿Dónde se habrá metido? Seguiré buscándola.

-Aguarde un momento, Jacinto. ¿Cómo va lo de los barquillos?

¿Vais a montar el puesto?

-Mire, ni ganas tengo, la verdad.

-¿Y esa desgana? ¿No iba bien el negocio?

-En demasía.

Tanto que...

Servando quiere aprovecharse y nos pide la mitad de las ganancias,

y claro, así no nos renta.

-Pero vamos a ver, a ver,

pero ¿a santo de qué pide él dinero? Si puede saberse.

-Porque él nos dio la idea de que compartiera mis reflexiones vitales

con los viandantes.

-¿Y por eso se cree con derecho a quedarse con el parné?

-Ahí está. -Qué sinvergüenza.

No le des ni una peseta.

-A ver, Cesáreo,

eso es una cosa diferente.

Si la idea fue suya,

puede que tenga derecho a algo de beneficio, yo no digo la mitad,

ni mucho menos, pero igual un poquito, ¿no?

-Pues sí que me han sacao de dudas.

-¿Quiere bizcocho?

-Bueno, ya que se ofrece...

Un poco más.

(Motor de coche)

Ha sido una idea brillante que fuésemos a ver al marqués.

Te dije que nos apoyaría. No imaginaba hasta qué punto.

No solo nos ha ofrecido un donativo más que generoso,

sino que va a involucrar a los demás nobles.

Tenemos mucho que celebrar.

¿Y por qué no empezamos ahora?

Vayamos a brindar a la terraza del restaurante.

Te vendrá bien distraerte.

No puedes quedarte en casa.

-(TOSE)

-Lo lamento, Genoveva, pero marcho a casa.

No tengo ánimo para mucho más. Descuida, lo que prefieras.

Ya no me quedan esperanzas de que Lolita se eche atrás en su decisión.

Tendré que hacerme a la idea de que mi hijo se llame Abundio.

-¿Y no puede hacerla entrar en razón?

-No. Cuando una mujer de Cabrahígo se empeña en algo,

solo te queda la absoluta rendición.

Pero de nada sirve seguir lamentándose.

Usted, ¿qué, cómo va?

¿Sigue con miedo a que algún galán de cine conquiste a su novia?

-De ninguna manera.

Fui un tonto por llegar a pensar así.

Cinta me ha dado pruebas de su amor. -Lo que yo le decía.

-Además, cuanto más leo sobre el cinematógrafo,

más apasionante me resulta.

-Yo creo que a Cinta le puede aguardar un gran futuro.

En EE. UU. hay productoras que compiten por los actores.

-Quién sabe si Cinta será una de ellas.

-Buenas.

-Buenas.

En fin, me marcho.

Es lo que tiene el café, que a uno se le va el santo al cielo.

Tengo clientes que visitar. Con Dios.

-Con Dios.

-Madre,

hay algo que debemos comentar. -Tú dirás.

-Debería ser más considerada con los Domínguez.

Ellos no han intervenido en sacar a Camino de la película,

más bien, todo lo contrario.

-Eso insisten en asegurar.

-Tal vez sea porque es verdad.

Debería hablar con ellos y aclarar las cosas.

-De eso nada.

Deberían ser ellos quienes vinieran a disculparse.

¿Se puede saber qué tripa se te ha roto, Jacinto?

¿Esperas a alguien? -Pa chasco que sí,

estoy esperando que Servando aparezca de un momento a otro,

como un buitre tras la carroña.

-Eh, no te metas con los buitres,

que comparaos con Servando, son animales de lo más nobles.

-Seguro que nos pide parte de los beneficios.

-Se va a llevar una galleta, y no me refiero a estas.

-Sin violencia, Marcelina, que nos conocemos.

-No se merece otra cosa, Jacinto.

Los barquillos los hace una servidora

y las frases te las inventas tú,

¿a santo de qué tenemos que pagarle?

-Eso, mejor que te lo conteste el susodicho.

-Buenas.

¿Tienen mi parné?

-Ni es su parné ni se va a llevar ni una peseta.

-Pero bueno, sois unos desagradecidos

y unos ladrones de ideas.

Este negocio no existiría sin mi ayuda.

-Tengamos la fiesta en paz.

Lleguemos a un acuerdo que nos beneficie a tos.

-Yo lo tengo.

Servando se va con viento fresco

y nosotros vendemos barquillos. -Por encima de mi cadáver.

-¡No me dé ideas!

-Estamos dispuesto a reconocerle que fue idea suya.

-¡Estarás dispuesto tú, esgraciao!

-Pero la mitad de los beneficios es una exageración.

Podríamos llegar a una tercera parte.

-Y seguiría siendo un abuso.

Nosotros corremos con el gasto

de la harina y el horno,

por no hablar de las frases, que el desgate de mollera cuenta.

-Descontaremos los gastos de harina y horno.

Pero sin su idea no tendríamos nada,

es justo que se lleve algo. -Bueno,

está bien. Pa que no digan que no soy generoso.

-Me vale con la tercera parte. Menos da una piedra.

-Pedrada la que le daría gustosa.

-¿El puesto de galletas es suyo?

-Son ellos.

-Sí, sí, sí, de los tres, somos socios.

¿Quiere una?

-Recojan esto cuanto antes.

-Y pasar buen día. -¿Qué dice la nota?

-No lo sé.

"Sanción de la autoridad municipal

por instalar un puesto

comercial sin permiso".

"La multa deberá ser pagada en el ayuntamiento

en el plazo

de una semana".

-Serán ladrones, nos piden más de lo que hemos sacado vendiendo.

-¡Eh, quieto parao!

De aquí no se mueve nadie.

¿No somos socios? Pues la multa la pagamos entre tos.

Pierde cuidado, ahora te busco el abrillantador de muebles.

-Se lo agradezco,

mi señora quiere que pase la tarde limpiando la madera.

-Para eso estamos,

para obedecer.

-Ya lo sé, pero podía haber elegido cualquier otra ocasión.

Hoy quería acompañar a Marcia al hospital.

-¿Qué le sucede?

-El doctor tiene que ver cómo marcha su recuperación.

-Ah, me quedo más tranquila.

-Tampoco eche las campanas al vuelo.

Todavía sigue con esa tos tan mala.

-Esperemos que no sea malo.

Y ya le acompañará su esposo,

tú no te inquietes por ella, Casilda.

-Es que él no podía, sale tarde de la faena.

Además, sepa usté, señá Agustina,

que a Marcia le cuesta un mundo acercarse a su esposo.

Todavía no ha intimado con él.

No deja de pensar en don Felipe.

-Anda, vamos al altillo a tomar una achicoria.

Vamos.

Disculpe, ¿es aquí donde buscan una criada?

-¿Es eso?

¿Ya no me quieres?

-¿Cómo puedes decir eso?

Yo te amo más que a mi vida.

Entonces, ya está todo hablado.

Olvida esos temores, seremos dichosos,

te lo prometo.

-Querida, te traigo un admirador.

Puedo evitar que vaya a la cárcel. -¡Quieto, Andrade!

(Disparo)

(Disparo)

-¡Felipe!

-¡Marcia, cariño! -¡A por ellos!

-¡Un médico!

¡Llamen a un médico, por favor, un médico!

Marcia...

Marcia, mi amor.

Cariño.

¿No me oyes?

-Aquí le hago entrega de la novia.

-Gracias, amigo.

-¡Guapa!

(Aplausos)

-¡Vivan los novios!

-¡Viva!

-¡Viva!

-Felipe...

Yo solo he tratado de hacerte feliz,

vivir una vida junto a ti.

Pero ahora,

solo me queda pedirte perdón.

-Un perdón que no puedo darte.

-(TOSE)

Esto no puede quedar así.

Algo tengo que hacer.

Bueno, al menos hoy parece que le han entrado las prisas.

Estamos rodando más rápido que ayer.

Démosle gracias a la cámara rota,

querrán recuperar el tiempo perdido.

-Cinta, venga aquí, se lo ruego.

Vamos a rodar la última escena del día.

La escena no puede ser más sencilla.

Debes entrar en el despacho y sentarte en las rodillas del actor,

y te muestras cariñosa con él.

Bueno, es sencilla, pero un poco subida de tono.

Es precisa para la película.

Si hubiese leído el libreto entero, quizás entendería por qué.

Cinta, no tengo tiempo ni ganas para discutir.

¡Dar aviso al actor!

¡Que entre!

Vamos, rápido. Bien, Mariano, bienvenido.

Tu silla es esa.

Perfecto. Don Alfonso,

¿a ese le tengo que hacer carantoñas?

Sí, sí, interpreta a su novio.

Se podría haber agenciao a uno más joven, parece mi padre o mi abuelo.

Descuide, da muy bien en pantalla.

Ya verá como luego no le parece tan mayor.

Además, es un gran actor,

la escena quedará muy bien.

Cinta, tenemos que rodar ya, no podemos perder más tiempo

De acuerdo. Venga, así me gusta.

Vamos.

Muy bien. ¿Todo el mundo preparado?

Cinta, posición,

vamos.

Cuadro...

Cámara rueda y acción.

¡Corten, corten, corten!

Cinta, tiene que mostrar más amor.

Muéstrese más cariñosa.

Cariño, amor, amor.

Más amor. Pero es que...

A ver, Cinta,

en escenas como esta es donde se demuestra la valía de una actriz.

Venga, quiero ver a mi estrella, ¿puede venir?

Venga, que puedes hacerlo. Vamos.

¿Sí? Venga. Sí.

Vamos.

Venga, todo el mundo en posición.

Retomamos.

Tenemos cuadro...

¡Y... Acción!

¡Corten!

La escena ha sido perfecta.

Muy bien. Regresa al camerino a cambiarte.

Por hoy has terminado.

Nosotros seguiremos rodando planos con tu compañero.

(RESOPLA)

-Vaya escena más extraña.

Ya.

Posiciones, cámara rueda ¡y acción!

-Genoveva me lo ha confirmado,

el marqués de Viana ayudará con el fin de que podamos fletar

un segundo barco.

-Es una estupenda noticia. ¿Cómo lo ha conseguido?

-Al parecer, por la mediación de Felipe.

-Si está haciendo tales gestiones, supongo que estará algo mejor,

más animado.

-Eso no puedo asegurártelo, hijo, pero me gustaría pensar que sí.

Estoy muy preocupado por nuestro amigo.

-No es de extrañar, el pobre no levanta cabeza.

-Antoñito, te estaba buscando.

Me alegra que estés con tu padre.

A él también le interesa lo que he de contarte.

-Verás... ¿Qué pasa?

-No te alarmes, solo quería hablarte del nombre de nuestro hijo.

-En ese caso, será mejor que os deje solos.

-Que no, que no, suegro,

quédese, a usted también le interesa.

-Descuide, padre, que no vamos a seguir discutiendo de ese asunto.

Pensándolo bien,

imagino que el niño podría tener un nombre peor que el de Abundio.

Hay que ser optimistas.

-Sí que lo podría tener, sí, pero me cuesta imaginarlo.

-¿Me dejan hablar de una vez?

Le he estao dándole vueltas a la mollera

a una historia que me contó el Servando.

-Verás, viniendo de Servando, me temo lo peor.

No te lo temas.

Me he dao cuenta de que el nombre le puede condicionar pa siempre.

-Sobre todo ciertos nombres.

-Y a una servidora, lo que más le importa es que el niño sea dichoso.

-Nadie quiere otra cosa, Lolita.

-Pues eso, que no voy a impedir que sea telegrafista o ingeniero,

si se le den bien las cuentas, o maestro, artista, lo que quiera.

-Tú ya me entiendes, cariño. -La verdad es que ni una palabra.

¿Y usted, padre?

-Aún menos. ¿Qué quieres decirnos, hija?

Verde y con asas, que si sale varón,

que no se llamará Abundio,...

sino Ramón,

como su abuelo. -(RÍE)

-¿Estás segura de eso?

-Por supuesto. A ver si así se le pega algo suyo.

-Esta sí que es una buena noticia, padre,

otro Ramón Palacios en la familia.

-Ven aquí y dame un abrazo.

(Puerta)

¿Está todo listo? -Sí, ya pensaba que no vendría.

-Mi madre está en la cocina. ¿Y su señora?

Aguarda fuera. No comprende a qué está esperando.

-Vaya a por ella antes de que se le acabe la paciencia.

-Pasa, Mari Belli?

-¿Se puede saber qué hacemos aquí, José?

-Na, ahora lo averiguarás. -Sí que estás misterioso esta tarde.

Misterioso o medio tonto.

Buenas tardes, Emilio. -Buenas tardes.

-Siéntate.

-¿No podríamos merendar en otro sitio?

Felicia está de uñas con nosotros. A saber qué echa al chocolate.

No te lo tomes a mal, hijo. -Descuide,

pero le aseguro que aquí no corre peligro.

-Bueno, al menos no hay rastro de Felicia.

-Emilio, ¿no has visto que estoy atareada?

-Hay que ver lo poco que dura la alegría en la casa del pobre.

-No hace falta que respondas, ya veo que te propones.

-Siéntese, madre, se lo ruego.

-José, no puedo creer que me hayas organizado semejante encerrona.

-La culpa también es mía. La hemos preparado entre los dos.

-Contigo ya hablaré luego.

Perdón, pero nos vimos obligados a actuar a vuestras espaldas.

-No podemos consentir que por un malentendido vuelvan a enemistarse.

-Bueno, tanto como un malentendido.

-Madre, no empiece. Debemos atajar el problema de raíz.

Son los padres de mi novia.

-Está bien, por mí que no quede.

Estoy dispuesta a enterrar el hacha de guerra.

-Bueno, yo no voy a ser menos.

Como muestra de buena voluntad,

retiro lo que dije de que mi Camino es mejor actriz que Cinta.

Aunque ustedes no hayan querido influir en la decisión

del productor, es normal pensar

que haya decidido escoger a Cinta,

sabiendo que, además de buena actriz,

la publicidad de su apellido atraerá al público.

-Ya estamos. ¿Otra vez

cuestionando la valía de mi hija?

-Bellita...

-¡Sepa que mi hija no necesita el favor de nadie pa triunfar!

-¡Por eso no entiendo que le hagan ese favor!

-Mírala. -Madre, temple los nervios.

-Espera que le diga otra cosa.

¡A mi hija le sobra talento como para arrebatarle nada a la suya!

¿No ha pensado que quizás se mereciera mi hija mejor papel

que la suya, porque su hija no ha sido artista ni nada?

-¡Porque no se lo han propuesto antes!

¡Que sepa usted, que mi Camino merecía más el papel que su hija!

-José, ¿no vas a decir nada?

¿Vas a dejar que hablen así de la sangre de tu sangre?

-¿Y tú, Emilio,

no vas a defender a tu hermana?

-Me lo temía, Emilio,

al final seremos nosotros los que paguemos los platos rotos.

-Madre, ¿qué está sucediendo aquí? ¿Otra vez están a la greña?

-No. -No.

Mariano, ¿preparado?

Yo te iré dando las instrucciones.

Y cámara rueda... ¡Acción!

Mira la carpeta.

Oh, qué horror, qué horror.

Sí, esa expresión. Muy bien. Ciérrala.

Mira a la cámara.

Lamento, te acuerdas de tu amada.

Te acuerdas de ella. ¡No, quita la sonrisa!

Te acuerdas de ella, la echas de menos.

Mira al cielo, pídele a Dios que te la traiga,

¡Corten!

Maravilloso.

Maravilloso. Muy bien, muy bien ejecutado.

¡Por hoy hemos terminado! ¡Mañana, a la misma hora!

¡Y puntuales!

Bien, bien. Dejamos esto, ¿eh?

Pronto tendrás lo que quieres, vida mía.

Susana, dejar de dar vueltas con la cuchara a la tisana,

la vas a marear. -Rosina, es que estoy muy nerviosa.

-Lo peor es que estás consiguiendo ponerme de los nervios a mí.

-No sé qué hacer respecto a Armando.

-Aquí no tienes que hacer nada, estás a salvo de él.

-Pero no puedo encerrarme en tu casa para siempre.

-Estamos de acuerdo.

No te lo tomes a mal, pero tales visitas llegan a agotar.

-Hoy he conseguido escabullirme de él ante la iglesia,

pero no sé si la próxima vez tendré tanta suerte.

-Deberías coger al toro por los cuernos,

al diplomático en este caso.

-¿Qué pretendes que haga? -Verde y con asas,

contarle a todos que es divorciado, a ver cómo reaccionan.

-¿Y qué ganaría con eso?

-Está claro. Si nuestros vecinos no se escandalizan en demasía,

podrás seguir en relaciones con él.

-No, Rosina, me da mucha vergüenza que la gente sepa que yo,

que siempre he tratado de ser la virtud personificada,

me relaciono con un hombre que ha roto el vínculo del matrimonio.

-Ya.

Y a todo esto, ¿por qué se habrá divorciado el buen hombre?

-Ni lo sé ni quiero saberlo.

-Mujer, es curiosidad.

-Mal hecho, ya sabes lo que le pasó al gato.

Cuantas menos cosas sepa de Armando, mejor.

-Qué sosa eres.

-No me entra en la cabeza que un hombre tan adorable, culto

y educado como él, haya cometido un pecado tan grande.

Con lo caballeroso que es.

Y con ese humor tan fino que tiene.

-Bueno, lo del humor es discutible.

-(SUSPIRA)

-Le echas mucho de menos, ¿verdad?

-Bueno, tampoco es para tanto.

Voy a por más azúcar.

(Puerta)

¿Quién será? Voy a abrir.

-Bueno...

-Susana, mira quién ha venido a vernos.

-Armando.

-El mismo. -Discúlpenme por venir sin avisar,

pero llevo todo el día buscándola y me he enterado que estaba aquí.

Quería proponerle un plan para mañana,

no podía esperar a contárselo.

-Ah, y ¿qué, qué es lo que quiere proponerme?

-Tengo una invitación muy especial para usted.

Marcia, no te asustes. Soy yo, soy yo.

-Felipe, ¿qué estás haciendo aquí?

Me he enterado que has estado en el médico.

¿Qué te ha dicho?

¿Cómo estás?

Las heridas mejoran poco a poco,...

Pero lo que me duele es el corazón.

¿Sigues enfadado conmigo?

No.

Jamás podría enfadarme con la persona a la que amo.

-¿Todavía me sigues amando?

-No he dejado de hacerlo ni un segundo de mi existencia.

No podría.

Marcia,...

mi vida ha dejado de tener sentido y sé que jamás lo tendrá.

Hasta me falta el aire si tú no estás a mi lado.

Se trata de un antiguo amigo parisino

que está de paso por la ciudad.

Me gustaría que lo conociera, los dos comparten su pasión por la moda.

-Armando, me temo que no podrá ser.

-Nos pueden ver.

-Lo sé, cariño, pero no podía evitarlo.

Ven conmigo a casa.

Ahí nadie nos molestará.

Agustina ha subido al altillo. Vamos.

Lo que ha pasao esta tarde ha sido vergonzoso.

Verlas discutir sobre quién es mejor actriz es de patio de colegio.

Como si alguien tuviera la culpa de ser yo la elegida.

Parece mentira que discutan de esa manera,

y nosotras, las afectadas, no.

Susana, de momento, nadie sabe que él es divorciado.

-¿Seguro? -Sí.

Lo que sí sé es que ese hombre está románticamente interesado en ti.

Deberías darle una oportunidad.

-Ay, ¿tú crees?

-Yo no tengo tanto dinero como Felipe.

-No te preocupes.

-Si no te importa el dinero,

¿qué te sedujo de Felipe?

Hemos visto como doña Susana evita al diplomático.

Es llegar él y salir corriendo.

-Porque don Armando tiene un problema.

-¿Podría entregarle esta nota a Marcia?

-No se lo tome a mal, pero preferiría no tener que hacerlo yo,

que bastantes... -Fabiana, por favor, por favor.

Rodamos cosas sin pies ni cabeza. ¿Cómo que sin pies ni cabeza?

Ayer tuve que rodar una escena con un señor mayor muy feo

que hacía de mi novio,

imagínense. -"Te he echado tanto de menos..."

que, ahora que estamos juntos, no puedo separarme de ti.

Es como si mi piel se hubiera pegado a la tuya.

¿Sabes si el señor tuvo ayer algún compromiso?

Quedó en pasarse, pero no se presentó.

Yo me subí al altillo cuando era de noche

y todavía no se había presentado. Quiero ver el guion.

¡Te he dicho mil veces que leer el guion solo te puede perjudicar!

¡Malinterpretarás la historia, lo estropearás!

O actúas o te marchas.

Don Felipe...

Úrsula.

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Acacias 38 - Capítulo 1115

09 oct 2019

Susana está escandalizada porque Armando es un divorciado y comienza a evitarle, pero el exdiplomático tiene algo especial preparado para ella. Lolita informa a su familia que ha decidido cambiar el nombre de su futuro hijo.
Alfonso obliga a Cinta a rodar una escena que no quiere hacer lo que hace que a Camino se le disparen las alarmas. Emilio convence a Felicia para que se reconcilie con Bellita, pero en medio de la charla se forma una gran discusión.
Santiago informa a Felipe de que quiere colaborar con él para que Andrade pase el resto de su vida en la cárcel, pero el abogado no quiere tener ningún trato con él. Posteriormente al cruzarse con Marcia, Felipe decide no renunciar a su amor por ella.

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  1. Aleja

    Victoria creo que Mauro volverá a Acacias para descubrir el plan de Santiago y Genoveva y de paso a Ursula. Ya estoy imaginandome la historia del productor y la dama del reliquiario, será la venganza de alguna hija a la que su padre abandono por seguir a Bellita????

    pasado jueves
  2. Victoria

    Marc Parejo dijo en su entrevista que "La relación con Marcia ha transformado a Felipe" ... ¡¡cuánta razón tiene!!!. No puede gustarme más este Felipe enamorado de Marcia, es una pareja preciosa, con un amor a toda prueba. Me recuerdan mucho a Germán y Manuela. Echo muchísimo de menos a Mauro San Emeterio, pensé que íbamos a poder disfrutar más tiempo del extraordinario trabajo de Gonzalo Trujillo.

    pasado miércoles