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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1112 - ver ahora
Transcripción completa

¿Quién es usted? Marcia, ¿sabes quién es?

-Es mi marido, Felipe.

(Voces de asombro)

Esa mujer es una indecente.

Ha querido pasar por el altar cuando resulta que ya estaba casada.

-Solo digo que deberíamos escuchar a Marcia antes de juzgarla.

Va a cambiar el guion para que podáis salir vosotras dos.

¿Nosotras?

-Pensé que estabas muerto.

-Ya ves que no es así,

por eso he venido a buscarte.

-Pero... ha pasado tanto tiempo...

Cesar Andrade me dijo que habías muerto.

Don Armando es un hombre de muchos compromisos.

-Desaparecer así sin decir nada, no es digno de él.

Si es niña, me gustaría Trini.

-Oh... Pues si es niño, me pido elegir el nombre.

Abundio.

No me negará que el retorno del marido de Marcia

justo el día de la boda, favorece enormemente

sus intereses. Una casualidad

muy oportuna,...

¿verdad?

Deje de molestarme y de jugar a las adivinanzas.

Y cuidado si os vais de la lengua

o si Susana descubre nuestro plan, porque entonces,

las que tendremos que dejar el barrio seremos nosotras.

¿Entendido? -Sí, sí.

He tenido que solucionar algunos asuntos con la Casa Real

que me han impedido disfrutar de la compañía de los vecinos de Acacias,

y en particular, de la suya.

Debemos hacer recortes en el guion.

Nos da igual.

Para recortar gastos, es necesario que solo actúe

una de vosotras.

-"Con el corazón destrozado".

Descansa aquí conmigo.

(LLORA)

Tienes que ser fuerte, no puedes dejarte vencer.

No merezco esto. Se lo di todo.

El Felipe que yo conocí, el que admiro,

se levantaría y miraría a la vida de frente, sin bajar la cabeza.

Tal vez ya no sea ese Felipe,

tal vez nunca lo fui. No digas eso.

Y, sobre todo, no te precipites al juzgar a Marcia.

Debes escucharla.

¿Crees que existe una justificación para esto?

No la habría si fuese como tú y como yo.

Pero ella viene de otro mundo,

de un lugar donde el sufrimiento ha sido lo único que ha recibido,

donde las normas que rigen son otras.

¿Me estás recomendando que perdone?

Yo no soy quien para decirte lo que debes hacer.

Solo te recomiendo que escuches,

para que en el futuro no te tengas que arrepentir.

Y te lo digo porque me siento identificada con ella.

¿Tú?

¿Por qué?

Yo también fui juzgada sin que nadie me escuchase.

Si le preguntas a las vecinas,

muchas te dirán que soy fría, sin sentimientos ni escrúpulos.

Yo sé que no eres así,... aunque he tardado en darme cuenta.

Porque me has escuchado por fin.

Solo quiero que, si Marcia es una víctima más

de las circunstancias de su vida,

tenga la oportunidad de ser escuchada.

Nunca pensé que fueras tú quien la defendiera.

No la defiendo a ella,

defiendo a las mujeres que hemos sido juzgadas por los hombres

que se han acercado a nosotras, se llamen Alfredo Bryce,

César Andrade o Santiago,

como creo que se llama el supuesto marido de Marcia.

¿Supuesto?

Sí, supuesto.

No des nada por hecho hasta que la hayas escuchado.

(RESOPLA)

Me siento el más estúpido entre todos los estúpidos del planeta.

En eso no te equivocas.

Se supone que tendrías que decirme que no lo soy.

Nunca te voy a mentir, Felipe, nunca.

(Sintonía de "Acacias 38")

A don Armando se le ve que es un hombre de una cultura amplísima.

-Lo es.

Tenía que haberle oído contar, como he hecho yo,

las anécdotas de sus viajes por el mundo.

-Si visita el barrio con asiduidad, como ha prometido,

quizá pueda hacerlo.

-Pregúntele que le cuente lo que ocurrió en la cacería del tigre.

-Ay, calle.

Escalofríos me dan solo de pensar en verme delante de un tigre.

-Lo cuenta con tanta maestría, que se mezclan el terror, la risa,

la angustia...

-Me van a tener que decir quién es ese mirlo blanco del que hablan.

-Hablamos de don Armando.

-¿Hay alguien más que haya cazado un tigre y frecuente este barrio?

-La verdad, no creo que haya sido la afición de muchos de por aquí.

Excepto don Jose,

que fue torero, y para eso hay que tener muchos arrestos.

-Un tigre da más miedo que un toro.

-No sé yo, que el tigre no tiene cuernos.

-Ni el toro garras.

-A la par andan.

Lo que sí les digo es que yo no me pondría delante

ni de uno ni de otro. Pero dígame,

¿es que ha vuelto a aparecer don Armando?

-Sí, me le he encontrado tomando algo con doña Susana.

-Se ha ausentado unos días por un encargo del rey.

-Uy, ¿de don Alfonso XIII?

-El mismo que viste y calza, según nos ha estado contando don Armando.

-¿Y qué encargo ha sido?

-Nos ha dicho que es confidencial y no hemos preguntado más,

no fuera que por cotillas,

temblara nuestro país y la monarquía.

-Qué hombre de una pieza.

Ay, Lolita,

te lo has perdido hablando del rey

como el que habla con un amigo

y se permite tomar un café y charlar.

-Es que son amigos de verdad,

no es uno de esos que presume de conocer al rey

para sacar provecho.

-Me va a dar emoción la próxima vez que lo salude.

-Me alegro de que te hayas cuenta.

Es una emoción saludar a alguien como él.

Lo que yo no sé

es cómo a ese hombre no lo han cazao,

como a ese tigre.

-Yo creo que necesita una cazadora experimentada.

Aunque hay alguna que le ha echado el ojo.

Pero no quiero hablar.

-Por favor, no habléis de él en esos términos.

Es un hombre que no está en las mezquindades del mundo.

-Con todos nuestros respetos, doña Susana,

pero...

a cualquier mujer le encantaría conocerlo.

-Y hablando de hombres cotizados,

¿qué opina de la boda de don Felipe?

-Pues me parece una vergüenza lo que ha hecho esa chica, Marcia.

Creo que la que peor lo ha pasado es Marcia,

aparte de don Felipe, claro está.

-Una no llega al altar teniendo un marido antiguo.

No me preocupa el sufrimiento de ella, que lo tiene merecido,

sino el de Felipe, el pobre no merece esto.

-La verdad es que no.

Ozú, no acabo de creerme que Marcia estuviera casá.

-No se sabe bien del todo,

ella creía que estaba viuda, pero el marido vivía.

-Qué cosa más rara.

Y mire que he visto de todo en el mundo de los artistas,

hasta a una mujer casada con dos hombres

-¿Cómo? -Digo. Y entre ellos eran amigos.

-Santo Dios bendito.

-Ella era española

y los maridos mexicanos.

Estaban los dos vivos,

lo de Marcia es todavía más enrevesado.

-Yo, lo siento por don Felipe.

Con lo que le costó librar a esa mujer de esa de la red.

-Le apuesto lo que quiera a que esa historia no ha acabado.

A una de mi pueblo le pasó algo parecido.

Le desapareció el marido pescando

y veinte años estuvo la mujer esperando.

Pues cuando se iba a casar con otro, aparece el gachó.

-¿Qué había pasado?

-Nunca se supo.

Él contó que se fue a tomar unos vinos

y se le hizo tarde para volver.

Vamos, que no estaba muerto, que estaba de parranda.

-Qué barbaridad.

-Me brindó el toro y después me la regaló.

-Madre, me ha enseñado don Jose su colección de monteras.

-Todas regaladas por grandes toreros después de una faena.

Tengo hasta la de Juanito Belmonte de este año.

-¿Queréis un cafelito?

-No, gracias.

A saber qué es lo que nos van a decir Cinta y Camino.

(Puerta)

-Deben de ser ellas.

Buenas tardes. -Buenas.

-Buenas tardes. A ver, ¿qué noticias tenemos?

-Ya, ya no les hacemos esperar más.

Hemos estado hablando con don Alfonso Carchano, el productor.

Ah, muy bien.

-Tenemos una mala noticia.

-¿Cuál?

Que solo una va a trabajar en la película.

¿Cómo? -Pero eso no es posible.

-Pero ¿cuál de las dos?

He pensado que antes de ir a casa, me voy a pasar por una librería

a comprar un libro sobre Japón.

-Seguro que don Armando le cuenta todo lo que haga falta saber.

-Por eso lo compro.

Armando anunció que mañana nos hablaría de ese país.

No quiero parecer una ignorante, al menos saber lo mínimo.

-Diga usted que sí,

que más vale tener argumentos para conversar.

-Ya os contaré,

que los conocimientos siempre adornan.

Con Dios.

-Vaya, vaya con Dios.

-(RÍEN)

Parece una jovenzuela enamorada.

-Ay... Espero que to le salga bien,

que a su edad no son buenos los desamores.

-Para eso, nunca es buen momento,

Lolita.

Bueno, ¿necesitas ayuda con algo en la tienda?

-No, tenía que mover unos sacos de garbanzos,

pero me ha ayudao Antoñito.

-Ay, Lolita, ¿te das cuenta de que cada vez falta menos?

Para el parto.

-Tengo unas ganas de verle la carita a Abundio.

-¿Abundio?

-Si es niño, sí.

-¿Y no has pensado que a lo mejor

a Ramón le haría ilusión que se llamase como él?

-Pues va a tener que esperar a que María Luisa tenga descendencia.

-Se va a llevar un disgusto.

Aunque... Es que el nombre de Abundio es tan...

No sé cómo decirlo, tan...

-¿Original?

-Sí, original, sí, y tan de pueblo, quería decir.

-¿Y qué tiene de malo ser de pueblo?

-Nada, ¿qué va a tener de malo?

Pero tu hijo va a ser de ciudad. Debería tener un nombre de ciudad.

-Pues mi hijo se va a llamar Abundio Palacios Casado.

Ea.

No suena a paleto, suena a magistrao.

Y no siga por ahí, que ya está todo dicho.

Ea. -Pues Abundio.

Siéntate, reina mora. -Gracias, corazón.

-Ahora que no están las niñas presentes,

os diré que creo que debo ir a hablar con el productor.

-Es que es absurdo que no puedan tener papel las dos chicas,

y más cuando no es por dinero, que van a repartirse el sueldo.

-No sé, veo poco serio este negocio del cinematógrafo.

-Eso es verdad, es un negocio que apenas conocemos.

-Y hay cosas más importantes en la vida,

como lo que le ha pasado a don Felipe.

-En eso tiene razón.

No se ha dejado ver.

¿A ver con qué cara sales después de eso?

-Pues hablando del rey de Roma...

-Viene para acá.

-Buenas tardes.

-Buenas. -Buenas las tenga usted, don Felipe.

Doña Genoveva. Buenas tardes.

¿Quieren sentarse con nosotros?

-No, prefiero dar un paseo por los Jardines del Príncipe,

dar un paseo y despejar las ideas,

que las tengo confusas tras los acontecimientos de ayer.

-¿Se encuentra usted bien?

-Sabe que puede contar con todo el barrio si necesita algo.

-Lo sé y lo agradezco.

Pero en estos momentos es inevitable encontrarme mal,

suerte que tengo la ayuda de los vecinos y amigos,

en especial de Genoveva.

No hago más que lo que cualquier persona bien nacida,

prestar ayuda cuando es necesario.

-Tiene razón, que los amigos están para compartir los malos momentos,

que pa los buenos siempre hay gente dispuesta.

-Si me perdonan, vamos a seguir con el paseo.

-Con Dios.

-Que tengan un buen paseo.

Gracias. -Con Dios.

-Hay que ver lo buena amiga que ha resultado ser Genoveva,

con lo mal que pensábamos todos de ella.

-Sí, de las mejores.

-Y el que la sigue, la consigue.

Me da que no van a acabar siendo solo amigos.

Esto huele a nueva pareja.

Bueno, nueva...

-Ya veremos en qué queda todo esto.

Jose, por favor, toma nota.

Cuidao, que voy.

-¿Qué trae usted ahí?

¡Ay!

-Una vajilla.

Le faltan piezas, pero nos va a venir bien

para cuando tengamos más clientes de los que esperamos.

-Buah, no sé si va a ser mejor subirla al altillo.

Está un poco deslucida.

-Mañana le da con jabón y estropajo,

y verá qué pronto recupera

la prestancia.

-¿Cómo, darle yo?

¿Y por qué no usted?

-Porque yo la he traído.

-Con tal de no trabajar... ¿Y de dónde la ha sacao?

De los Núñez, de Acacias 32, que se van del barrio

y se iban a deshacer de ella. Me llamaron por si la quería.

-Buena gente los Núñez.

A ver si los vecinos siguen teniéndonos el mismo cariño

después de hoy.

-¿Y eso por qué lo dice?

-Por alojar a Marcia y a su marido,

hay gente que no lo va a ver bien, ya se lo digo yo.

-Nosotros tenemos un negocio,

y alojamos a todo el que pague por un cuarto.

-Ya, si esa es la teoría, pero después, está la práctica.

Muchos piensan que Marcia es una traidora.

Pero nosotros no tenemos derecho a juzgar.

-Ya veremos cómo sale todo.

A mí me parece ese hombre un buen chaval.

Voy a meter esto pa dentro.

-¿Necesita ayuda?

-Con que me deje la puerta abierta... Ahí me sirve.

Qué manía con tener siempre esta puerta cerrada, Fabiana.

-Buenas noches. -Buenas noches.

Dígame,

¿está todo a su gusto en la alcoba? -Sí, todo bien.

Bueno, menos Marcia, que está muy triste.

-Normal. -No sé qué hacer para animarla.

Para mí no hay nada más importante que su bienestar.

-Eso le honra.

Ya sabe que Casilda es muy amiga suya.

A lo mejor, si la llama, Marcia se pone contenta.

-Bueno, era una vajilla, pero pesaba como un muerto.

Vamos, que pesaba mucho la caja. -Yo podría haberle ayudado.

-No.

Usted es un cliente. -No.

Yo soy un ser humano, como ustedes.

Los seres humanos nos tenemos que ayudar los unos a otros.

-Mire, eso es verdad.

La próxima vez le dejo cargar con la caja.

-No lo dude.

Si no les importa, voy a salir a que me dé el fresco.

Y a conocer el barrio,

ahora que no hay nadie y la gente no me mira

ni me señala.

-Está bien, pero no tarde en volver,

este barrio es bueno, pero ya se sabe que las noches

son peligrosas.

-Gracias por preocuparse, no tardaré.

Con Dios. -Con Dios.

-Ya le he dicho, parece agradable.

-Sí, mientras no muestre un doble fondo.

-Cuando la gente le conozca,

nadie nos tendrá rencor por alojarle aquí.

Por cierto, ¿va a ir usted a cenar al altillo?

-No, no, vaya usted.

Yo cenaré sopas de ajo que sobraron del mediodía.

-Bueno. Buenas noches, Servando.

-Buenas noches.

Antes de juzgar a Marcia y a Santiago,

hay que pensar en lo dura que es la vida en el lugar del que vienen.

-¿Conoce usted también Brasil?

-Conozco la parte de la costa:

Santos, Rio de Janeiro, Salvador de Bahía...

Es el paraíso en la tierra, pero no he estado en el Amazonas.

-¿Es muy dura la vida allí?

-Es la tierra del caucho, de los garimpeiros,

de los buscadores ilegales de oro y piedras preciosas.

Una zona donde la ley no ha llegado.

-Me da escalofríos solo de oírlo.

-Imagine vivirlo,

rodeado de indígenas hostiles,

bandoleros y explotaciones donde se esclaviza a los trabajadores.

-Qué suerte tenemos de haber nacido en España.

-Y que lo diga.

En Europa, en el norte de América, en países como Japón,

la vida es más tranquila.

-¿Japón?

Me encantaría conocerlo. ¿Usted ha estado allí?

-Tres años viví en el país del sol naciente, como le llaman.

-Ayer, casi por casualidad, estuve leyendo un libro sobre Japón.

Me llamó la atención su comida, les apasiona el pescado crudo.

¿Pescado crudo?

Yo no sé si me atrevería a probarlo.

-Cometería un error:

sushi, nigiri, sashimi...

Son verdaderas exquisiteces

si las prepara un buen cocinero. -¿Y hay alguno bueno en España?

-Yo no lo hago nada mal.

El cocinero de la embajada de Japón es un gran amigo mío y me asesora.

-¿Nos haría usted una demostración?

-(ASIENTE)

-Yo pongo mi casa, mi cocina y hasta a mi criada de pinche.

-Está bien, hoy mismo.

Solo pido a los que vengan, que lo hagan con apertura de mente,

que no se nieguen a probar nada.

-¿Hasta el pescado crudo? -En especial, el pescado crudo.

-Ah, pues...

Yo no sé si podré. El embarazo y eso...

-Y yo tengo una reunión de trabajo, así que...

Pero a la próxima me apunto.

Lo siento mucho, don Antoñito, quizá si lo cambiamos de día...

-No, no, que las señoras se mueren de ganas por probarlo.

-Si queremos comer hoy a la japonesa, he de ir al mercado.

Algunos ingredientes no son fáciles de conseguir.

Con su permiso.

-Con Dios. -Muchas gracias.

Vaya, qué bien.

Oye, ¿estará rica la comida japonesa?

-Sí, seguro que sí. -Si tú te has borrao de un plumazo.

-Es una cultura milenaria,

seguro que su comida es mejor que la nuestra.

-Yo voy a buscar a Casilda

para que tenga todo preparado

para cuando don Armando vuelva del mercado.

A más ver.

No puedes estar siempre en casa encerrá.

-Me da vergüenza salir a la calle después de lo del casamiento.

-El médico te ha dicho que tienes que pasear, eso sí, sin cansarte.

-Por eso, prefiero que nos sentemos aquí un rato.

-Pero ¿estás bien?

-(TOSE) Sí.

Solo necesito un momento para recobrar el aliento.

-Sí, no te preocupes, nos quedamos aquí lo que sea menester.

Casilda, muchas gracias por venir a verme,

pensé que nadie del barrio querría saber de mí.

-Vas a tener difícil que yo no quiera saber de ti.

Y aparte, es que, tu marido me lo ha pedido.

-Mi esposo...

Creí que solo podría llamar así a Felipe.

-Marcia, ¿de verdá pensabas que Santiago estaba muerto?

-Casilda, estaba segura.

Santiago se portó muy bien conmigo cuando era capataz de César Andrade.

Era cruel y brutal con todos, menos conmigo,

yo era como su protegida.

Me salvó la vida muchas veces en la época del ferrocarril.

-¿Qué es lo del ferrocarril?

-Había que construirlo para que los señores del caucho

llevaran el producto hasta el mar.

Teníamos que desbrozar la selva.

Era un trabajo horrible:

animales salvajes, enfermedad, hambre...

-Una pesadilla.

-Había noches que te acostabas

y rezabas para no despertarte al día siguiente.

Si sobreviví fue por Santiago.

-Entonces, ¿es por eso que te casaste con él?

-Le debía la vida, cuando enfermé, estuvo dos años cuidándome.

-Pero no le amabas.

-Yo no he sabido lo que era el amor hasta que llegué a Acacias

y conocí a Felipe.

Y, Casilda, daría lo que fuera

para que Santiago nunca hubiera regresado.

-Yo te creo, Marcia,

pero Santiago es tu esposo.

-Y temo por el día que me tenga que entregar a él,

solo voy a poder pensar en Felipe,

en sus besos, sus abrazos...

-Santiago parece un buen hombre, seguro que no te lo exige.

-Más tarde, más temprano, pero lo hará.

-¡Casilda, vamos a casa! ¡Deberías estar tú también!

Tienes que preparar la comida japonesa de don Armando.

-¿Qué?

-Ya me has oído, la comida japonesa de don Armando.

Y esmérate, que si me gusta, te pediré que la hagas más veces.

-Sí, llevo a Marcia a la pensión y ahora voy.

-De eso nada, te vienes ahora conmigo, ¿estamos?

-Ve, Casilda, yo vuelvo yo sola.

Y gracias por el paseo.

-Luego paso a verte.

-Adiós, doña Rosina.

-Que sea la última vez que no me obedeces en cuanto te ordeno algo.

-Pero señora, Marcia está enferma, era de buena samaritana.

-No me gusta nada que te vean en público con ella.

¿Qué va a pensar Felipe si se entera?

¿Y la cámara?

Yo no la veo, y mira que he mirado por todas partes.

A lo mejor la trae don Alfonso.

¿Con lo que debe de pesar eso? No sé.

-Ramiro, buenos días.

Buenos días. Buenos días, don Alfonso.

Me gusta que hayan sido puntuales.

En este negocio, cada minuto cuesta dinero.

Vamos a empezar.

¿Y la cámara?

-Hoy no hay cámara, hoy hay pruebas y ensayos.

La cámara no hace falta para nada.

-Pero... entonces, no nos vamos a poder ver.

-Las veo yo, que es lo que hace falta.

Esto funciona así, yo les explico la escena y ustedes la interpretan,

así las veo, voy tomando notas y las voy corrigiendo, ¿de acuerdo?

Sí. Pues vamos a empezar.

Dejen sus cosas por aquí.

Muy bien.

Perfecto.

Aquí van a interpretar la escena.

Empezamos por una escena en la que tienen que sentir miedo.

Llaman a la puerta, ustedes van a abrir

y, cuando ven quién ha llegado, sienten pavor.

¿Sí?

Pavor, arriba.

Muy bien.

Pues adelante.

Vamos.

Muy bien. ¿Preparada?

Espere un segundo.

Espere. Ahí está, Camino.

Ahí, muy bien.

Venga.

Muy bien. Un segundo.

¡Y...

acción!

-(SE ASUSTA)

-¡Corten!

Bien. Perdón, la he asustado.

Tranquila.

Muy bien, muy bien.

Cinta, su turno.

Sí. Adelante.

Don Alfonso, ¿quién llama a la puerta,

un asesino, un monstruo?

Eso da lo mismo.

Lo importante es que le da miedo. Pero me ayudaría saberlo.

Pues... un hombre lobo.

El hombre lobo, sí, el hombre lobo.

El hombre lobo. Te da miedo, ¿eh? El hombre lobo.

Venga, pues...

preparada... Vamos entrando...

¡Acción!

(SE ASUSTA)

Uy, perdón.

¿Puedo repetir?

¿Por qué?

Porque me he asustado sin abrir la puerta.

Debería abrir antes de asustarme. -Claro.

-Está bien, repita.

Venga, adelante.

¡Acción!

Es una descarada.

Le digo que venga a casa y me dice que no,

que tiene que llevar a Marcia a la pensión.

-¿Cuántos años lleva contigo Casilda?

-Veinte o por ahí.

-Pues ya no la vas a domar a estas alturas.

Has sido demasiado condescendiente con ella.

-Y me arrepiento, le das la mano y coge hasta el codo.

-Con todo, lo peor no es que te conteste,

lo peor es que pasee por la calle con esa chica, con Marcia.

Es ponerse en contra a los vecinos. -Le he prohibido que la vea.

Y si no me hace caso, te juro la despido.

-No jures en vano, que Casilda va a ser criada tuya para siempre.

-Que se prepare, que no le consiento ni una más.

-Olvídate ya de Casilda.

Vamos a hacer esto que leí sobre Japón, lo de las flores de papel.

-Qué difícil.

Yo no sé ni hacer una pajarita, como para hacer flores.

-Pero hay instrucciones. Y he comprado papeles de colores.

A don Armando le gustará...

para su comida a la japonesa.

Mira, los japoneses lo llaman...

urikami.

-No, pone origami.

-Uy. (LEE) "Origami". Sí, origami.

(Puerta)

-¡Yo soy la criada de esta casa, me voy a pagar a mí misma!

De verdad...

Carmen. -Rosina, ¿puedo pasar?

-Adelante, estamos viendo unas figuras

que hacen los japoneses para adornar la mesa cuando comen.

¿Nos ayudas? -Por supuesto.

En realidad, venía a decirles que no vamos a venir ni Lolita ni yo

a la comida japonesa. -¿Y eso?

-Lolita no se atreve a comer pescado crudo, por lo del embarazo.

Bueno,

la verdad es que ya saben cómo es ella,

lo que no se haya hecho en Cabrahígo,

pues ella no se atreve.

-¿Y tú? Tú sí que vendrás, ¿o no?

-No la quiero dejar sola, le quiero acompañar.

Ni Ramón ni Antoñito se quedan a comer,

se van de reunión con lo de las cafeteras.

-Las dos os lo perdéis.

Pero venid aquí un momento, que tengo que pasar por casa.

Vamos a hacer una rosa.

Solo se necesita una hoja de papel rosa. Toma.

A ver, aquí dice...

"Se doblan...".

Estos son los lados. Los lados.

Don Alfonso, una duda, ¿estoy desayunando o cenando?

¿Qué más da? Está sentada a la mesa,

con su esposo.

Lo que se ha llevado a la boca le sienta mal y se desmaya.

Venga.

Pero si estoy desayunando, beberé café.

-Basta.

Basta, basta, basta. Está comiendo,

está comiendo patatas a la riojana,

ya está. Patatas a la riojana.

Sí.

Eso es con chorizo, ¿no?

Sin chorizo. Sin chorizo.

De acuerdo. Va.

Y... tengo que decir yo acción.

Si yo no digo acción, nadie se mueve.

Sí. Venga.

Tres, dos, uno y acción.

¿Ya?

Desmayada, ¿no?

Está bien, está bien.

Su turno, Camino.

¿Preparada? -Sí.

-Venga.

Muy bien.

¿Lista?

¿Y preparada?

¡Acción!

¡Corten!

Muy bien, muy bien.

Qué bien lo has hecho.

(RÍEN)

Por hoy hemos terminado.

Voy a consultar mis notas, a reflexionar

y esta tarde les digo cuál de las dos va a actuar en la película.

¿No nos puede decir nada ahora?

Esta tarde.

Es una decisión muy importante

y debo meditarla bien.

Nos vemos esta tarde. Vale.

Con Dios. -Con Dios.

Las dos lo hemos hecho muy bien.

No sé.

No nos ha pedido bailar, que era lo que yo esperaba.

No sé si esto del cine es lo mío, Camino.

¿Nos vamos? Sí.

Me la han regalao los Núñez, que se van del barrio.

-¿Y qué has pensado hacer con ella? -Un delantal.

Pa eso da, ¿no? -Perfectamente.

Y la tela es buena para eso.

¿Tienes patrón?

-Sí, me lo ha prestao la señá Fabiana.

A ver qué le parece.

-Pues está muy bien.

Es muy fácil.

Lo pones encima de la tela,

marcas con tiza para que después se pueda quitar,

y cortas.

-Uy... Es que me da miedo arruinar la tela.

-Anda, ya lo hago yo. -Muchas gracias, doña Agustina.

¿Ha sabido algo de don Felipe? -Nada.

Esta mañana salió a dar un paseo con doña Genoveva.

Me dijo que no preparara comida,

lo mismo es que piensa almorzar con ella.

-Ella está pendiente de que a él no le falte de na.

-Gracias a Dios.

Lo que no entiendo es lo de Marcia.

-Pa mí que ella no pensaba que iba a aparecer su esposo.

-Lo que faltaba, que esperara.

Entonces, es para matarla.

-¡Marcelina! Qué bien que las veo a las dos,

así les consulto un negocio que se me ha ocurrío.

-¿Un negocio? ¿Ya estás como Servando?

-Calla y escucha, verás qué buena idea.

Voy a vender consejos.

-¿Y quién quiere comprar consejos?

Ya los da el cura gratis.

-No es lo mismo, doña Agustina, consejos y discursos,

como el que le hice pa la boda de don Felipe.

-Yo no veo el negocio por ningún lao.

-Porque no tienes espíritu emprendedor.

Voy a pensarlo bien y las voy a convencer.

Nos vemos luego en la hora de la merienda.

Ya verán, me voy a hacer rico.

Rico.

-Este hombre ha perdío el oremus.

-Llegó al barrio sin él.

Anda, tráeme las tijeras.

(Puerta)

Susana, anda. -¿Qué?

-Nada, nada.

-¿Ha llegado don Armando?

-Está en la cocina son Casilda.

La flor de papel no me acaba de salir.

-Déjalo, ya lo haremos con más tiempo.

Veo que Casilda ha puesto la mesa.

Un poco... clásica,

tendría que haber algún toque oriental.

-Lo único oriental en esta casa es un mantón de Manila.

-No sé si eso sirve, es filipino, no japonés.

-La comida será oriental,

no pasa nada si la mesa es occidental.

-No, no.

-"Ohayo gozaimasu".

Que quiere decir buenos días.

-Ah... ¿Cómo es?

-"Ohayo".

-"Ohayo".

-"Gozaimasu".

-"Gozaima...". No sé si me lo voy a aprender.

-Pues menos yo. ¿Cómo va el menú?

-Viento en popa. La pena es que solo seamos tres

y ningún vecino más se haya querido apuntar.

-Ya sabe lo difícil que es que la gente

se abra a las nuevas costumbres.

Si algo nos sobran, son paletos.

-Me alegro de que usted no sea así, doña Susana.

-¿Le falta mucho a la comida? Empiezo a tener apetito.

-Poco, ustedes siéntense tranquilas, yo les aviso cuando esté todo listo.

Con su permiso.

-(HABLA EN JAPONÉS)

Vamos, vamos a ver si hacemos la flor de papel, corre.

Ay....

Qué desastre. Otra.

Ay... Los dos lados se juntan...

Jose, chiquillo, el aperitivo.

Me dijo Arantxa que hablaban de que se iba a hacer

una comida japonesa en casa de Rosina.

-¿Japonesa? -(ASIENTE)

-¿Esos no son los que comen pescao crudo?

-Sí, vaya novedad. ¿No has probado el atún crudo?

-(ASIENTE) Y los boquerones en vinagre,

que eso también está crudo

y te quita el sentío de lo rico que está.

-Y el langostino de mi tierra macerado.

Si es que... en el sur somos un poco como los japoneses,

nos faltan los ojos achinaos.

-¿Te apetece que vayamos a esa comida?

-Arantxa está haciendo bonito en tomate.

-¿Qué? Yo eso no me lo pierdo.

-Ni yo.

Lo que sí debíamos hacer a la tarde es pasar por casa de don Felipe

a ofrecerle nuestra ayuda.

-Como si pudiéramos hacer algo.

Nosotros ver, oír y callar.

Que quiere estar con la brasileña, fetén,

que se cambia a doña Genoveva, miel sobre hojuelas.

Pero si nos cruzamos con él , le decimos algo,

que ayer por la tarde nos quedamos un poco... pasmarotes.

-Eso sí, pero sin líos, sin tomar partido por nadie.

(Puerta)

Buenas.

¿Qué?

Cuéntanos, ¿cómo ha ido la prueba?

Bien. -¿Solo vas a decir eso?

He conocido zapatillas con más labia que tú.

Bien, pero creo que Alfonso va a coger a Camino.

-¿Y eso?

Pues porque es mejor actriz que yo.

-Pero si es de una familia sin arte en las venas.

No le dé más vueltas,

ella es mejor actriz y yo mejor bailaora y cantante.

-Me gusta que lo veas con madurez.

Cada uno servimos para lo que servimos.

-Tú espera a ver qué dice el productor,

que muchas veces nos llevamos sorpresas

y no nos vemos como nos ven los demás.

Sí, madre, si yo espero,

pero estoy segura de que van a elegir a Camino.

Yo seré cantante, como usted.

O torero, como yo.

Eso, torera.

-(RÍEN) -Vaya dos patas pa un banco.

No le metas cosas raras en la cabeza,

que no la tiene muy amueblada.

(RÍEN)

¿Cambiar unas tejas?

Espero que no sea peligroso. -No, para nada.

Lo haría yo mismo. No es que tenga vértigo,

que una vez estuve a punto de subirme con su majestad el rey

en un dirigible. -¿Ah, sí?

-Sí, pero esto ya se lo contaré en otra ocasión.

-Desde luego, un trabajo me va a venir muy bien,

yo he trabajado toda la vida.

-Pues hablaré con el portero del 20, que es donde se va a hacer la obra.

Se lo agradezco.

-Nada. Perdón.

-Buenas.

-Muchas gracias, don Ángel. Que pase buen día.

Y no quiero ser indiscreto,

pero en ese portal están buscando una criada.

Quizá Marcia...

-Eso se lo tendrá que comentar ahora a ella.

Yo acabo de regresar a su vida, no se la voy a organizar.

Aunque creo que lo mejor es que descanse.

-Si no quiere, no se lo digo.

-No, no, dígaselo y que ella decida.

-Lo ha pasado en estos últimos tiempos muy mal, la pobre.

-La verdad es que no ha querido contarme nada.

¿Qué ha pasado?

-Bueno sí, pero...

Será mejor que no diga nada,

a ver si digo algo que no deba.

-Deje, que se ve que es usted sensato.

Y ha sido mirarnos y sentir simpatía, ¿o no?

-No, no, eso sí.

Pero tome usted asiento, haga el favor.

Tome asiento.

Sabe usted que a Marcia la secuestraron, ¿no?

-"Bueno, pues ya está".

Vamos a ponerla en el centro de la mesa.

-Ya verás como ahora diga don Armando

que va en contra de las tradiciones japonesas.

-Pues la quitamos.

-Aquí está la comida.

-Qué bonito y qué colorido.

-Siéntense.

-Gracias, don Armando.

-De nada.

-Gracias. -No las merece.

No toquen nada, que falta una cosa.

Palillos,

en Japón no hay tenedores.

-Entonces, ¿cómo hacen?

¿Pinchan la comida como si fueran pinchos morunos?

-(RÍE) No, no. Ahora les enseñaré a usarlo.

¿Qué es eso,

origami?

-Sí. Es una rosa. La hemos hecho en su honor.

-No saben cómo lo agradezco.

"Arigató".

Que significa gracias.

"Arigató" por la comida.

Vamos. Les enseñaré a usar los palillos. ¿Ven?

Se usan como si fueran pinzas.

Vamos.

-¡Uh! ¿No puedo coger un tenedor?

-Inténtelo un poco más.

-Mire, mire, mire, mire. -Pues a la boca...

No pasa nada,

hay que practicar. -(ROSINA SONRÍE)

Si me perdonan...

¡Ay, don Armando,

pero si este pescado está completamente crudo!

-Mm...

Exquisito, exquisito.

Mm...

¿Llegó a intervenir la policía?

-Hubo un tiroteo en el que su esposa no salió bien parada.

¿No ha visto la cicatriz de la bala?

-No he querido forzarla.

-Pobrecilla. Estuvo entre la vida y la muerte.

-Pobre.

-Oh, Marcia. ¿Cómo te encuentras?

-Mejor, gracias. -Marcia...

-Estaba preocupado por ti, te esperaba hace rato.

-Estaba cansada y me he sentado un rato.

-¿Les importa quedarse un minuto por si viene alguien?

Tengo que ir al almacén.

-Tranquilo, vaya. -Muchas gracias.

-(TOSE)

-Servando me ha contado lo del secuestro.

No ha sido una vida fácil, Santiago.

-Siento no haber estado para ayudarte.

-Lo hizo Felipe.

-Santiago, debería hablar con él, explicarme.

-Está bien, supongo que te lo debo.

Gracias.

-Pero recuerda que soy tu esposo.

(ASIENTE) (TOSE)

Echaba de menos tu olor.

(TOSE)

Perdón. -Nada.

Debo irme tomar la medicina. -Claro, tranquila.

Quedo agradecío a que hayan accedío a venir.

-Que conste que me tengo que ir pronto.

-No van a ser ni cinco minutos.

Quiero hacer una prueba pa convencer a mi esposa

de mi empresa de consejos. -Es que, las ideas tontas

son más propias del Servando.

-¿Qué es una empresa de consejos?

-Ahora lo verá. Empezamos por uste.

¿Qué es lo que más le preocupa ahora mismo?

-Hombre, lo que más me preocupa ahora mismo es mi señor don Felipe

y Marcia,

que no sé qué va a pasar con ellos.

-Pues coja un consejo.

-Lo leo, ¿no?

"Las ovejas acaban encontrando el lugar donde hay pasto verde".

-Eh, eh...

No tiene que preocuparse, que ellos,

como las ovejas, encontrarán su lugar y serán felices.

Su turno, Cesáreo.

¿Qué es lo que más le preocupa ahora mismo?

-Un grupo de ladrones que ha actuado aquí cerca.

-Pues coja un consejo.

"Quien se fía de un lobo, entre sus dientes muere".

Quiere decir que tiene que estar usted atento,

sin fiarse, que quizá esos ladrones quieren actuar en el barrio

y usted debe estar ojo avizor, como el pastor con el lobo.

-Puede ser, puede ser.

-Marcelina,...

¿qué es lo que más te preocupa ahora mismo?

-Ahora mismo... no me preocupa na.

-Algo te preocupará.

-Sí, la Rufina, mi comadre del pueblo,

que espero que encuentre casa pa servir en la ciudá.

-Pues coge un consejo.

-"A la cuesta arriba te quiero, mulo,

que la cuesta abajo, ya me la subo".

-Pero esto no significa na.

-¿Cómo que no? Claro que sí.

Que la Rufina no te necesita, que se apaña ella sola.

Ya la ayudarás cuando tenga un problema de verdad.

-Ah... No lo había pensado así.

-¿Ven? ¿Eh, eh?

¿No me comprarían consejos?

La vida resuelta por una perra gorda.

-¿Una perra gorda? No sé.

-Yo tampoco.

Puede que haya sido casualidad.

-Pues yo lo creo, claro que sí.

Qué gran negocio has encontrao, esposo mío.

Anda, ven aquí.

Espera, espera.

Ahora tú, Susana.

¿Qué es lo que más te preocupa ahora mismo?

No puedes estar sin comer.

Tómate el té conmigo.

No me apetece.

Felipe, por favor, haz un poder. ¿Te pongo azúcar?

No.

Luego, si te apetece, podemos dar un paseo por el parque.

Y pasamos por una librería,

quiero comprar una novela de Pío Baroja que gusta mucho,

El árbol de la ciencia.

No es necesario,

está en el despacho, desde hace un par de años.

¿Y es tan buena?

Mejor, todo el mundo debería leerla.

Pues me la dejas y la comentamos cuando la lea.

(Puerta)

Voy a abrir.

Si es un vecino, dale las gracias por venir, pero no le dejes pasar.

No quiero ver a nadie. Tú mandas.

Marcia,

¿qué haces aquí?

-Quiero hablar con Felipe.

Estoy muy nerviosa.

Pues no lo estés, te va a escoger a ti.

Lo has hecho mejor que yo. No sé...

Hazme caso.

Y acuérdate de mí cuando seas una estrella del cinematógrafo.

(RÍEN)

-Buenas tardes. -Buenas.

-Siéntense, por favor.

-¿Aquí? -Ahí está bien.

Bien...

Supongo que quieren saber cuál es la elegida para la película.

-Nos morimos de ganas.

-Debo decirles que ha sido muy difícil para mí decidirme,

las dos tienen madera de actrices.

Gracias.

Menos mal que tomé muchas notas,

gracias a ellas, he tomado la mejor decisión.

Bien...

-La elegida es...

-Díganos ya algo, don Alfonso.

-La elegida es Cinta.

Lo siento, Camino.

-(SONRÍE)

Enhorabuena.

Anda, ven, dame un abrazo.

Felipe,... Marcia está aquí.

¿Marcia?

Si quieres, le digo que se marche.

-Felipe,

por favor, necesito hablar contigo.

-Genoveva, déjanos solos.

Como quieras.

-Perdóname.

-No puedo.

-Felipe, me casé con él, es cierto,

pero fue muy poco tiempo,

yo creí que estaba muerto.

Yo solo era una niña cuando lo metieron en la cárcel.

-¿Por qué?

-Era uno de los hombres de Andrade.

-¿Le amabas?

-Nunca, nunca lo amé.

Pero... me protegía.

Andrade me convenció de que había muerto en la cárcel.

Han pasado ocho años.

-¿Sin verlo?

-Creyendo que había muerto, que era viuda.

Te lo intenté decir, pero no querías que te hablara del pasado.

Por favor, Felipe. -Marcia, por favor, levántate.

-Felipe,

yo te amo, has sido el único hombre en mi vida.

Solo quiero tu perdón.

Por favor, perdóname.

Pensaba que nos iríamos cuanto antes del barrio o de la ciudad.

-Pues tu marido tiene otra opinión.

Eres tierna y sensible, hija.

Ya aprenderás que todas competimos por el éxito.

Una no debe alegrarse de los fracasos de otra,

pero tampoco entristecerse de los triunfos de una.

Le he dado vueltas al asunto, y para mí que Bellita,

ha podido influir en la decisión del director.

-No creo, no creo que se meta en este asunto.

Sería muy desleal por su parte.

-Los Domínguez son capaz de cualquier cosa

para llevarse el ascua a su sardina.

Pensé que estabas muerto.

-Sé bien que es así

y que he trastocado tus planes,

pero soy tu marido

y quiero recuperar mi matrimonio.

Lo que hace falta es que Felipe se recupere pronto

y que no caiga en la desesperación, como ocurrió con la muerte de Celia.

Te voy a ayudar a llevar este terrible momento.

Gracias.

Ponle como te venga en gana,

siempre y cuando esté en el santoral.

-Eso digo yo, que es a mí a quien le corresponde

poner el nombre, por muy feo que sea.

Y ojo, que Abundio es muy bonito.

Estoy muy decepcionada.

Estaba convencida de que el papel iba a ser para mí.

Si te soy sincera, yo también lo pensaba.

No sabía que se había fijado tanto en mí.

-¿Cómo no hacerlo?

Sería un estúpido si dejara pasar su belleza y su elegancia.

-Tiene usted que tratar de olvidarla.

-Me cuesta un mundo hacerlo.

Y más cuando aseguraba que Santiago estaba muerto.

-Eso no cambia la situación.

-Lo sé. Por eso he ido a la embajada de Brasil a pedir ayuda.

Necesito encontrar la documentación

que me ayude a aclarar esta situación.

¿Desde cuándo conoce usted a mi señora?

¿Perdón?

Mi señora, doña Genoveva.

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Acacias 38 - Capítulo 1112

04 oct 2019

Susana está feliz por la vuelta de Armando, que decide preparar una comida a la japonesa para las señoras. En casa de Rosina ni ella ni Carmen se deciden a probar el pescado crudo, dejando a la sastra sola frente a un plato demasiado exótico.
Comienzan las pruebas para elegir a una de las jóvenes ¿Quién será la protagonista de la película que les lanzará al estrellato?
Genoveva queda como una heroína ante todo el barrio al ser el apoyo sentimental que Felipe necesita en tan amargo momento. Más tarde Marcia va a ver al abogado y le implora su perdón, ella pensaba Santiago estaba muerto, y afirma que sólo le ama a él.2

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  1. María

    ¿Que las patatas a la riojana no llevan choriza? ¡Madre mía!

    12 oct 2019
  2. kassir consuegra

    A ver si se fijan mejor en los detalles, en varios capítulos he visto mucha elegancia pero no se fijan en los zapatos, sucios o viejos, aunque sean de utilitaria podrían limpiarlos.!!!

    06 oct 2019