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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1111 - ver ahora
Transcripción completa

Bueno, es hora de partir.

Nunca les olvidaré.

Felicia no tiene ningún interés por él.

-¿Estás segura de eso? -Ella me lo ha dicho.

Le amo, y ansío un futuro a su lado.

Gracias, amor mío.

Alfonso pagará tu rechazo con Cinta y Camino, no lo dudes.

-No podemos permitir que eso ocurra.

-Nos gustaría pedirles a don Ramón y Casilda,

que nos hagan el honor de ser el padrino

y la madrina en nuestra boda.

-Arrea.

-Acepto orgulloso ser su padrino.

He de reconocerte que estaba aterrorizado porque encontraras

en el rodaje a uno de esos galanes irresistibles

y... cayeras rendida a sus pies.

Ningún galán podría hacerte sombra.

-Mauro ha tenido que marchar a Bilbao.

-Creí que la vida me daba otra oportunidad,

que podría ser dichosa junto a él.

-Estoy preocupada por la ausencia de don Armando.

¿Sabes que no ha aparecido por Acacias en todo el día?

Quizás haya apreciado el desinterés de Felicia

y ya no tiene razón para venir por estas calles.

-Tal vez tengas razón y ya no le volvamos a ver.

-"Vas tras Mauro".

No puedo dejar la oportunidad de ser dichosa con él.

-"¿En serio?". -Por supuesto.

Ambas tienen talento y belleza para hacerlo.

He estado reescribiendo el guion, adaptándolo a ellas.

¿Santiago?

-Aquí estoy,

esposa mía.

-Marcia...

¿Quién es usted?

¿Conoces a este hombre?

Marcia, ¿sabes quién es?

Por favor, contesta.

-Es mi marido, Felipe.

-¿Cómo que tu marido?

No puede ser, dime que no es así.

-¿Ha dicho que es su marido? -Sí, eso ha dicho.

Y él la ha llamado esposa mía.

-Jesús, María y José.

-Necesito una explicación. -Lo mismo le digo.

¿Qué hace mi esposa vestida así?

¿Quién es usted? -¿Cómo que quién soy yo?

¿No vas a decir nada?

Marica, por favor...

-Lo siento, Felipe. (LLORA)

-Felipe.

Por Dios, Felipe.

-Respira, tranquila.

Tranquila, coge aire.

-Marcia, por Dios, nos estás asustando.

¡Que no puede respirar, se está ahogando!

¡Que alguien llame a un médico!

-Lo mejor será llevarla a la pensión.

-¡Avisen a un médico! -¡Deprisa, deprisa, por Dios!

-¡Aparten!

-Pa'ca, cuidao.

-¡Rápido, rápido!

(Sintonía de "Acacias 38")

Va a ser difícil olvidar la escena que hemos vivido hoy.

Ha sido terrible.

Un espectáculo lamentable.

-Marcia estaba más cerca del otro mundo que de este.

-Su lividez era impresionante.

-Y eso que es morena.

-Dios quiera que se recupere pronto.

La muchacha es fuerte y será difícil arreciarla.

-Esperemos que así sea.

Servando nos avisará cuando el médico se marche.

-Yo no le deseo el mal a nadie,

pero siendo honesta, esa mujer merece lo peor.

-¿Le estás deseando la muerte? -No tergiverses mis palabras,

solo digo que Marcia, bien,

no se ha portado.

Y ya sabemos que Dios está ahí arriba para premiar o castigar.

-Tía, no diga sandeces.

-Tú ponte en la piel de Felipe, solo eso.

-¿No se le ha ocurrido que puede tratarse de un malentendido?

-Qué ingenuo eres, esa mujer es una indecente.

Ha querido pasar por el altar cuando resulta que ya estaba casada.

-Que sigue casada nos ha quedado claro a todos, Liberto.

No veo el malentendido por ninguna parte.

-Solo digo que deberíamos escuchar a Marcia antes de juzgarla.

-Pues yo solo digo, sobrino, que ya hemos tenido

bastante paciencia con esa muchacha.

Puede que en la selva el matrimonio se lo salten a la torera,

pero aquí, el sacramento del matrimonio es sagrado.

No se sulfure, doña Susana,

tenga seguro que Marcia tampoco esperaba que terminara el día así.

Estoy convencida de que todo tiene una explicación.

Si no nos informó sobre su matrimonio, sería por algo.

No piensen mal, ella es una buena chica.

-A lo mejor nos ha engañao a todos.

-Aquí solo hay una víctima, y es Felipe.

Si nosotros estamos desconcertados, imagínense cómo estará él.

-Con la ilusión que puso en este enlace.

-Un hombre un tanto extraño, ¿no?, el marido de Marcia.

Por su indumentaria, no parecía de por aquí.

-Sinceramente, todo esto me parece bastante desconcertante.

-En eso no le falta a usted razón, amigo.

Gracias, doctor, haré lo que me ha dicho.

-Cuídese, muchacho. Con Dios.

-Con Dios. Gracias.

(TOSE)

Venga, venga, respira flojito, así.

Hay que ver, menudo susto que nos has dao.

-Todos nos hemos asustado mucho.

Ha sido muy amable acompañándonos.

¿Cuál era tu nombre?

-Casilda Escolano, soy la criada de los señores del segundo derecha

y, amiga de Marcia.

-Yo soy Santiago Becerra.

Casilda, necesito que me hagas un favor.

-Lo que sea menester.

-Necesito que vayas a comprar las hierbas.

Marcia debe inhalar estas infusiones cuanto antes.

Aquí viene escrita la receta.

Entrégala al boticario y él sabrá qué darte.

-Sí. -Toma.

-Así lo haré.

-Gracias, Casilda.

-Nada, mujer, no me tienes que dar las gracias.

Lo que tienes que hacer es ponerte buena,

que aún nos quedan muchas risas que echarnos juntas.

-Te lo explicaré todo.

-Claro que sí.

Y habrá tiempo para ello,

por algo somos amigas, ¿no?

Pero haz caso al médico, nada de agonías y nervios.

Aunque bueno, no es para menos, el asunto tiene bemoles.

Que no quiero cargarle a usted la culpa.

-Marcia no tiene culpa de nada,

ni siquiera sabía que yo seguía vivo.

-¿Es eso cierto?

-Pensé que estaba muerto.

-No, si ya me lo imagino, sí.

Bueno, yo voy a dejarles a solas pa que se pongan al día.

Vuelvo enseguida con las hierbas.

-Muchas gracias.

¡Menudo papelón el de Marcia!

Digo. Peor el del abogao, que no sabía dónde meterse.

¿Y los invitados que decían? -Ni mu.

-Ni en la madrugá de Jesús Nazareno he sentío tanto silencio.

No me extraña que Marcia se desmayara con la tensión.

¿Se desmayó en la iglesia?

En la mismísima puerta,

que el hombre apareció antes de que entraran los novios.

Eso sí que es ser oportuno. -Oportuno e inesperado,

que ni se le invitó ni se le esperaba.

¿De dónde ha salido ese hombre?

No sabía que Marcia estuviera casada.

Ni tú ni el futuro marío.

Habrá que preguntarse por qué Marcia no le había contado nada a Felipe.

-Mejor que no estuvieras ahí, Canelita,

que no fue plato de gusto pa ninguno.

Ya.

¿Y tu tarde en el cinematógrafo con Camino?

Sufriendo las dos.

Lo que daríamos por estar ahí actuando, con las luces,

el maquillaje, esos decorados...

¿Qué sucede?

¿A qué vienen esas miradas?

Nada. Tenemos un notición que darte.

(JOSÉ SE RÍE)

¿Ah, sí?

Bueno, cuéntenme.

-Alfonso Carchano va a hacer la película con vosotras.

Y sin mí. Ay, madre, eso no es verdad.

Me caigo como Marcia.

-Sujétate, niña

y escucha a tu madre. -Siéntate, anda.

El señor Carchano va a cambiar el guion

para que podáis salir vosotras dos.

¿Nosotras?

Vais a empezar a rodar cuanto antes.

¿Dijo eso?

-Literalmente, palabra por palabra.

Voy a tener mi película.

Tengo que decírselo a Camino ya. Quieta pará,

chiquilla, que no son horas.

Que no me puedo esperar hasta mañana,

con lo que estaba sufriendo Emilio por nosotras...

-Anda José,

deja que vaya la niña y les cuente la alegría.

Padre, voy y vuelvo enseguida, está aquí al lado.

-De acuerdo.

Pero no te retrases. No.

-Anda, corre.

Ay, mi niña.

-Hay que ver la suerte que hemos tenido.

El productor se podía haber echado pa tras y no lo ha hecho.

-El señor Carchano nos ha dao la vida apostando

por unas actrices desconocidas.

No quiero pensar el mal rato de la niña

si se entera que no hay película.

-Si don Alfonso arriesga tanto es porque sabe que las niñas lo valen.

Se lleva dos joyas, dos peritas en dulce.

-Ganas e ilusión no les faltan,

ya te digo.

Bueno, me voy a recoger a la cama,

que el disgusto de la boda me ha dejao baldá, ¿te vienes?

-En cuanto regrese la niña, que no quiero que se retrase demasiao.

Tú ve calentándome la cama.

-¿Calentando con el calor que hace?

-Tú ya me entiendes.

-Ay...

Serás truhán.

No tardes.

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

Gracias. -Veo que has aprendido español.

-Felipe me dio clases.

-Lo hablas muy bien. Él ha conseguido lo que yo no pude.

-Nosotros no teníamos tiempo para clases,

trabajábamos como animales.

-Me ha costado mucho enterrar aquellos años,

olvidar aquel sufrimiento.

Tú, en cambio,

conservas cosas del pasado.

Es el colgante que te regaló tu madre.

-Es lo único que no me ha abandonado en estos años.

-La recuerdo como si estuviera aquí.

Su sonrisa,...

su sentido del humor...

Fue lo más parecido a una madre que he tenido.

Siempre me trató como a su hijo.

-La echo tanto de menos.

Pero sé que los Orixás la protegen.

-A ti sí que te han protegido.

Mírate,

bien vestida, acompañada de señores...

No pareces la misma.

-Tu tampoco pareces el mismo.

-Es que no lo soy, Marcia,

pero el dolor y el sufrimiento han dejado su huella.

¿Cómo conseguiste escapar de aquello?

¿Quién te trajo a España, a este barrio acomodado?

-Pensé que estabas muerto...

-Ya ves que no es así,

por eso he venido a buscarte.

-Pero... ha pasado tanto tiempo...

Me costó reconocerte, hasta que vi el sombrero.

-Tú me lo regalaste

y nunca me he desprendido de él. Como tú con el colgante.

-Cesar Andrade me dijo que habías muerto.

-Maldito Andrade.

El me enterró en vida e hizo que todos me olvidaran,

que me dieran por muerto, incluida tú.

-Ha pasado tanto tiempo...

-Pero estoy vivo...

y quiero recuperar mi vida...

contigo.

-Santiago,...

estoy confusa, no comprendo nada. -Lo sé.

Los dos hemos sufrido mucho,

pero ha llegado nuestro momento de redención.

-Cuéntame qué pasó, necesito entender.

Buenos días. -Buenos días, Susana.

-Les agradezco su interés, pero me encuentro bien, no se preocupen.

La vimos ayer tan afectá,

que nos preocupaba cómo había pasao la noche.

-Sabemos que es muy sentía con las cuitas de su señor.

-Ha sido un gran golpe para él. -¿Y...

cómo se encuentra? ¿Lo ha visto esta mañana?

-No.

Anoche no quiso cenar nada y se negó a recibir visitas.

Se encerró en el despacho hasta que yo me retiré.

Lo más seguro es que siga allí sentado mirando a la pared.

-Pero dígame, Agustina,

¿el abogao no sabía de la existencia de ese marío?

-¡Qué va a saberlo!

Don Felipe nunca se desposaría con una mujer casada.

-No se ponga así, que cosas peores me han contao.

-Espero que Marcia tenga alguna justificación para todo esto.

-Lo mismo le ha pasao como a mi prima Casilda con su Martín.

Que se le borró del tirón y no sabía ni quién era.

-Pero Martín estaba muerto, y a este hombre lo vi vivito y coleando.

-Esto me recuerda a la Catalina, una oveja gorda y muy fértil.

Tenía varios corderos, todos eran muy amigos y...

-Jacinto, por Dios,

deje los ejemplos borreguiles, que esto es un asunto serio.

-No hay nada más serio que mis corderas, pero como usté quiera.

Si yo era hablar por hablar.

-¿Y su discurso, Agustina? ¿En qué quedó?

¿Se lo recitó a don Felipe? -Sí, justo antes de la boda.

Improvisé unas palabras,

que nada tenían que ver con lo que Servando y usted me dijeron.

-Una pena que no lo aprovechara, le habría agradado a don Felipe.

-Pa chasco que sí.

Pero si usté prefirió otras palabras, a lo hecho pecho.

-¿Y qué? ¿Le gustó el discurso a don Felipe?

-¡Le encantó!

Pero ahora ya da igual,

don Felipe y Marcia ya no se casarán.

¿Le importa si me sirvo más café? -Sí, sírvase. Sírvase.

No hace falta que abras la boca,

yo creo que los ojos tienen que decirlo todo.

Como...

Ay, sí, sí, sí, qué bien. Entonces sería así.

Sí, más o menos. Mejor, mejor.

-Oye, os veo entretenidas con el ensayo, parecéis más animadas.

-Como para no. No todos los días se debuta en una película.

-Y una película de gran presupuesto parece ser.

Y vamos a ser protagonistas, nada de secundarias.

¡Vamos a ser famosas! Nos reconocerán por la calle

y firmaremos autógrafos.

Cobraremos mucho dinero

y llevaremos una vida sofisticada y elegante.

Las familias se pelearán para que asistamos

a sus recepciones y cenas de gala.

Y lo mejor es que conoceremos a galanes apuestos e interesantes.

(RÍEN)

¡Que estaba de guasa! Que tú eres mi único galán.

-Hermano, déjanos solas, que nos distraes.

Ya has oído a tu hermana.

Cinta tiene que darme más clases de baile,

que no me aclaro con los pies. Esto está hecho, cuñá.

¿Nos ponemos con el baile o con las caritas?

Mejor terminamos la interpretación,

y luego, si da tiempo, se lo dedicamos al baile.

De acuerdo.

Esta va por ti, Emilio.

-Perfecta, como siempre.

Ten cuidado con el agua, que está hirviendo.

-Como me queme, se va a enterar la miquitusa esa.

-No te ensañes con Casilda, que nos tiene que contar muchas cosas

de Marcia y el individuo ese. -De momento, no ha dicho gran cosa.

Solo que Marcia daba por muerto a ese marido.

-Se creía viuda, por eso iba a casarse con Felipe.

-Y nosotros somos tontos y nos lo creemos, ¿no?

-No veo por qué no. Qué desconfiada es usted tía.

-Y tú, qué memo eres a veces.

Una viuda tiene un acta de defunción o un cadáver al que llorar,

sin eso, de viuda nada.

-A lo mejor, en su país no son así las cosas.

-Que no, Rosina, que a mí no me engaña.

¿Cómo es que el marido estaba muerto y ahora aparece vivo?

La historia no cuadra por ningún lado.

-Insisto en que debemos escuchar su versión

antes de echarla a los leones.

-Muy convincente tendrá que ser, pero de momento, pinta todo muy mal.

-A saber en qué circunstancias murió supuestamente su marido.

¿O no se han enterado de las condiciones

en las que vivía Marcia?

-¿Ese marido es de Brasil?

¡Pero si tiene más acento español que yo!

-No le escuchamos decir mucho.

-Lo suficiente, Rosina.

A mí todo esto me huele a chamusquina.

-Ese sombrero no era de por aquí.

-Parecía forastero.

-Sea como sea, no puedo más que sentir lástima por Felipe.

Qué momento más triste para él.

-Querido, tómate la infusión, a ver si te tranquilizas.

Como no vuelva Casilda pronto,

me veo durmiendo en el altillo como una criada más.

-Si ha salido es porque la has mandado a cotillear sobre Marcia.

-¡Falso!

Ha ido a interesarse por el estado de Marcia, una cortesía vecinal.

-(SUSPIRA) -¿A ti qué te pasa?

-La vida está llena de disgustos.

Lo mejor es no ilusionarse con nada

y aceptar que esto es un valle de lágrimas.

-Mujer, no dramatices, que también tenemos nuestros buenos momentos.

Anda que no nos hemos reído con don Armando y sus anécdotas.

-Sí, pero se ha ido tan repentinamente...

No se ha despedido de nadie, ni una triste nota.

No lo tenía por tan malqueda.

-Le habrán reclamado asuntos de importancia.

Don Armando es un hombre de muchos compromisos.

-Aun así, desaparecer así sin decir nada, no es digno de él.

Lo peor es que nos quedamos sin saber

el final de la cacería del tigre.

-Sí. La verdad es que es una lástima.

(Puerta)

¿Puedo pasar? ¿Se ha enterado de algo?

Sí.

Agustina dice que don Felipe sigue hundido en su encierro

y se niega a recibir visitas.

No es para menos, pobre Felipe. Espero que se le pase pronto.

¿Y de Marcia?

Ha pasado la noche en la pensión de Servando con ese hombre.

Ayer la recibió un médico y nadie la ha visto salir.

Gracias por la información, Úrsula.

¿Quiere decirme algo más?

Solo quería felicitarla por los acontecimientos de ayer.

Esta vez, la fortuna se ha aliado con usted.

No sé de qué me habla.

No me negará que el retorno del marido de Marcia

justo el día de la boda,

favorece enormemente a sus intereses.

Una casualidad muy oportuna,...

o tal vez no haya sido tanta casualidad.

Deje de decir tonterías. No se lo tomaré en cuenta.

Su jugada ha sido magistral,

¿o me va a negar que Santiago viene de su mano?

Le ruego que abandone la habitación ahora mismo.

Fue a él a quien visitó en la Pensión Roleno, ¿verdad?

Deje de molestarme y de jugar a las adivinanzas.

Estoy preocupada por Felipe, es lo único que tengo en la cabeza,

y sus comentarios solo me incomodan.

Váyase de aquí ahora mismo.

Como desee, señora, lo último que deseo es incordiarla.

Me marcho pues.

Volveré más a tarde a acabar su habitación, señora.

Ya sabemos cómo se las gasta la susodicha.

O todo le parece mal o es pecao.

-Ya. Pero deberíamos hacer algo sin que ella sospeche,

ya me entiendes.

El, el bacalao... exquisito, Lolita.

Me voy a llevar un poco más.

-Lo que quiera, ya sabe.

-Buenas. -¿Se puede saber de qué hablabais?

-De na, del bacalao, que ha salido muy bueno.

-Vosotras cuchicheabais de algo que no queréis que me entere.

¿Creéis que no me he dado cuenta?

-Pues sí, mire, tiene razón, doña Susana.

Estábamos hablando de...

de Marcia,

pero como no nos gusta hablar mal de nadie,

pues queríamos ser discretas.

-Carmen tiene razón.

La desgracia de don Felipe es muy gorda como para airearla a voces.

-Bueno, por mí no es privéis.

Hablad, como si yo no estuviera.

-Bueno, pues...

ya que está aquí, podríamos comentar la ausencia de don Armando.

¿Sigue sin saber la causa de su partida?

-Ni Rosina ni Liberto tienen constancia de nada.

-Cómo se nota que no está, ¿eh?

-Ay, sí.

Ese hombre llenaba por donde pasaba.

Las tertulias en la terraza del restaurante

serán más aburridas sin él. -Pues váyanse acostumbrando

que he oído que no va a volver. -¿Quién te ha dicho eso?

-No me acuerdo.

Con tanto trajín en la mantequería, habrá sido alguna criada.

-He de reconocer que era estupendo escuchar sus historias

y sus chistes.

El tiempo a su lado pasaba rapidísimo.

-Es un hombre excepcional, amable...

Y, ¿por qué no decirlo? Muy atractivo.

-Carmen contente, que estás casada.

-Casada pero no ciega, mujer. ¿Verdad, Lolita?

-Es un caballero como los que ya no hay.

Miren que les digo, si yo no estuviera felizmente casada,

y ese hombre no pintara ya canas, me lo plantearía.

-¿El qué? ¿Casarte?

-Si no estuviera felizmente casada, no piense mal.

-Reconozca que a Lolita no le falta razón.

Don Armando...

es el verdadero mirlo blanco.

-La verdad, yo no sé cómo sigue soltero.

¿Usted no sabe si hay alguien que ocupe su corazón?

-Yo solo sé que la vida parece más vacía sin la presencia de Armando.

-Yo no lo habría dicho mejor.

Buenas. -Buenas.

-Doña Susana, ¿qué le trae por aquí?

-Con tanta charla no le he preguntao qué quiere, perdone.

-En otro momento, que no se me ocurre nada, estoy desganada.

A la buena de Dios.

-Con Dios.

(RÍEN)

-Hay que ver los cambios de humor de esta mujer.

-De entrante pueden tomar una sopa fría de puerros,

muy acorde con las temperaturas tan calurosas,

y de plato principal, jamón de París

acompañado de patatas y menestra.

Y hoy tenemos de postre, arroz con leche.

Pasen y prueben.

José, por favor, acompaña a los señores.

-Les ha convencido bien, es usted una profesional.

-Qué remedio, o espabilas te comen.

-Con suerte, Camino no tendrá que dedicarse a esto.

La oportunidad que se le ha presentado es única.

-Llevar un restaurante no está mal.

-Pero ser actriz de cine es mucho mejor, no se engañe.

-No sé qué decirte, no conozco bien ese mundo

y, no sé si es bueno que Camino se haga tantas ilusiones.

Además, el negocio va muy bien, no nos podemos quejar.

-Tiene razón, pero debería pensar en prescindir de Camino.

-¿Por qué?

Su ayuda es fundamental, la necesito conmigo.

-Nadie en insustituible.

El negocio marcharía bien incluso sin usted.

-¿Cómo puedes decir eso?

Yo puse en marcha el restaurante y lo saco adelante día tras día.

El Nuevo Siglo XX es lo que nos da de comer,

lo demás son incertidumbres. -No se enfade, madre,

pero nuestra clientela está cada vez más consolidada

y el negocio marcha solo. -Nunca hay que bajar la guardia.

Sí, madre, lo sé, pero trabajar en el cine

es una gran ocasión para Camino y debe aprovecharla.

Es una profesión con futuro.

-Me parece bien, pero manteniendo los pies en el suelo.

¿Por qué no te acercas a casa de los Domínguez

y preguntas a Camino si se va a retrasar mucho?

Quiero que me ayude con los almuerzos.

-Yo no contaría con ella.

-No estaría de más que dejara de ensayar y viniera.

-Traigo una nota para Camino Pasamar y Cinta Domínguez.

-Démela a mí, gracias. -¿De quién es?

-Don Alfonso Carchano. Es del productor ese.

-¿Qué querrá decirles ese hombre?

-"Llamadme loca,"

pero de verdad, de verdad que yo siento algo aquí todo el rato.

-Lolita, ¿no crees que es pronto para notar al niño?

Será otra cosa.

-Que no, que sé cómo es un retortijón, y esto no es.

Mira, toca.

-Lolita, otras veces sí lo he notado,

pero ahora, sentir, no siento nada.

-Normal,

no le ha dado tiempo de crecer.

-Hay que tener paciencia,

que tú quieres llegar y besar el santo.

-No, te quiero besar a ti.

-Os dejo a vuestro aire, tortolitos. Nos vemos luego.

-Anda, quita, que ya te avisaré yo cuando lo note.

-Me gusta imaginar cómo será nuestro hijo cuando sea mayor.

-Toma, y a mí, ¿qué te crees?

De hecho, hoy mismo he pensado en cómo llamarlo.

Si es niño, me da un poco igual, pero si es niña, Trini.

-Oh...

Pues si es niño, yo me pido elegir el nombre.

Había pensado que podía llamarlo como mi abuelo paterno,

Abundio.

-¿Cómo se llamaba el abuelo? -Abundio.

¿No te gusta? ¡Ay, que lo he notao!

Toca, corre.

Dale una patadita a tu padre, Abundio.

-Eh...

-(RÍE)

¿Qué te pasa? ¿Lo has notao?

-¿Eh? -¿Lo has notao?

¿Sí o no? -Sí.

No se me va de la cabeza,

Marcia boqueando como un pez fuera del agua.

-Le faltaba el resuello y se ahogaba cada vez más.

-La noche la ha pasao bien gracias a las hierbas del doctor.

-Se las compré yo en la botica. Eran hierbas pa respirar mejor.

-¿Pudo hablar usted con el doctor?

-Servando y yo lo vimos cuando se iba.

Nos dijo que Marcia se había quedao dañá de los pulmones

después de la operación.

¿No dijeron que la bala no había tocao el pulmón?

-A ver si nos enteramos,

Marcia no está mal de los pulmones, sino de la cabeza.

-Servando, deje usté de malquistar y liar a la gente.

-Si solo hago que ayudar. -Déjeme terminar y cállese.

A lo que iba,

lo que sufrío Marcia en la boda se llama insuficiencia respiratoria.

-Que está mal de los pulmones. -Sí, pero no explican por qué.

Según ellos, no tiene relación con lo de la bala.

-¡Qué raro todo lo que rodea a esta muchacha!

-Ellos lo llaman...

Ay... Espera, espera, que lo tengo aquí.

"Reacción anímica".

-¿Lo qué?

-Una reacción

por lo que padeció en la casa del tal Andrade y luego en el hospital.

-Lo que había dicho yo,

reacción anímica, que está mal de la cabeza.

-Sea lo que sea, lo que sufrió fue muy grave.

Imagino que le harán más pruebas, ¿no?

-Antes de que llegaran ustedes, se fue al hospital con su marido.

-Algo le harán allí. -¿Qué opina de su nuevo marido?

-Yo, nada malo.

Desde que llegó a la pensión, me cayó bien.

-He de reconocer que el hombre molesta poco,

colabora mucho y está muy pendiente de atender a su señora.

-Menudo trago para don Felipe.

Marcia no ha obrado bien.

-Ya les dije que ella pensaba que su marido estaba muerto.

-Aun así, podría haberle dicho que había estado casada.

-Cesáreo tiene razón.

En eso, Marcia no tie mucha defensa.

-Ustedes hagan lo que quieran,

pero yo voy a apoyarla en lo que sea menester.

-Pasar de novia de don Felipe a esposa de un hombre enterrao,...

no debe ser fácil, prima.

-Pues claro que no.

Además, que ese hombre es su marío, y va a tener que quedarse con él.

-Esperemos que cuando se recupere nos dé alguna explicación.

-Muy convincente tendrá que ser, porque es de ley

que si estaba casada,

lo tenía que haberlo dicho, digo yo.

-¿Y Agustina, habéis hablado con ella?

-Esta mañana me pasé por el altillo con mi Jacinto.

Nos contó que... el señor

anda penando por las esquinas.

-Ya.

Si ha salido adelante después de lo de doña Celia,

ahora tendrá que hacer lo mismo.

Lo mejor fue cuando Carmen dijo

que don Armando era muy atractivo.

-¿Dijiste eso? (RÍE)

-Y también dije que tenía buena conversación...

Se trataba de despertar el interés de doña Susana.

-¿Y ella, comentó algo?

-Qué va, solo asentía y suspiraba.

Le pregunté si sabía si don Armando

le había echado el ojo a alguna dama.

-Bien. ¿Y? -Y na.

Hasta le solté que si fuera soltera, me casaría con él.

-¿Y ni por esas?

-Sí, Lolita, pero reconoce que la mujer no dejaba de suspirar

y de decir lo aburrido que estaba todo sin él.

-Qué pena que llegara Antoñito. Un poco más y lo suelta to.

-Es evidente que doña Susana echa en falta a don Armando.

-Aun así, no debemos bajar la guardia.

Conozco a Susana y es un hueso duro de roer,

no aflojará tan fácilmente.

-Usté díganos qué tenemos que hacer.

-Nuestro objetivo está claro,

debemos propiciar ese romance como sea.

De momento, ya hemos lanzado el anzuelo,

ahora, solo tenemos que sacudir la caña,

esperar a que pique y sacarla a la superficie.

-Me he perdío.

-Se refiere a que debemos seguir hablándole de don Armando,

para que cuando él aparezca, ella no pueda resistirse.

-Yo no lo habría dicho mejor. Carmen, sabes de pesca.

-Pues don Armando por aquí, don Armando por allá.

¿Y si le coge tirria?

-Ahí está vuestra mano izquierda.

Susana no debe empacharse, pero tampoco olvidarlo.

Y cuidado si os vais de la lengua

o si Susana descubre nuestro plan, porque entonces,

las que tendremos que dejar el barrio seremos nosotras.

¿Entendido? -Sí, sí.

Cuatro, 20...

-Veinticuatro. -Treinta...

Sesenta. Gané. -No me entra ni un triunfo hoy.

-Otra, que seguro que tiene mejor suerte.

-No, que ya he desperdiciado el tiempo de la siesta con las cartas.

Ahora me toca trabajar.

-Usted debería hacer lo mismo.

Como llegue tarde a la pensión, la va a liar con Fabiana.

-¿A mí? A mí no me asusta.

¿Usted se cree que a mi edad voy a temer las regañinas de una mujer?

-Hombre, Fabiana, ¿usted por aquí? -La madre que...

(RÍEN)

Qué susto se ha pegao. ¿Lo has visto, Jacinto?

-Más rápido que el gallo de la Engracia.

Por eso se apellida usted Gallo, Servando Gallo.

-Muy original, sí, señor. -Muy original...

No, hombre, no, lo que pasa... Basta ya de chanza.

Iba a bajar ahora mismo a la pensión

y ha coincidido que me estaba levantando.

-Sí, sí, ya sabemos de qué pie cojea usted.

-Hablando de todo un poco, Jacinto,

quería comentarte algo del discurso que le propusimos a Agustina.

-¿Lo que iba a decirle a don Felipe? -Sí.

-Las palabras dedicadas a Lucerita fueron muy emocionantes.

No creo que se pueda expresar mayor sentimiento

con palabras tan simples, de verdad.

Menos es más, que dicen los entendidos.

-Me alegro que le agradaran.

-Es más, creo que tienes un don que deberías compartir.

-¿Compartir con quién?

Con todos, con la gente, con la humanidad entera.

Privar al mundo de tu talento es un acto de egoísmo.

-¿Usted cree?

-No lo digo yo solo,

Cesáreo ha dicho que eres muy ocurrente.

-A ver, lo de Servando Gallo

ha tenido gracia, pero de ahí a tener un don....

Además, me ha dicho Agustina que improvisó el discurso,

así que, ni lo uno ni lo otro tiene ningún mérito.

-Perdone que discrepe. Vamos a ver, que...

Está bien, si Agustina nos ha ignorado,

a fin de cuentas, era su discurso,

pero las palabras dedicadas de Jacinto a Lucerita...

No he escuchado nada tan bonito en mi vida.

-Eso es que ha escuchado usted poco.

-O quizá usted se equivoque

y no tiene la sensibilidad suficiente

como para percibir esas palabras.

-Sí, sí, va a ser eso. Me llevo mis cartas.

Abur.

Bajo con usted, no vaya a ser que se cruce a Fabiana

y le vaya con el cuento. -¿Ve como le tiene miedo?

-Ya, ya.

-Adiós, ¿eh? -Con Dios.

¿Y cómo puedo sacar provecho a este don?

¿Abundio?

-Eso ha dicho Lolita, que quiere ponerle Abundio al niño.

-¿Has oído alguna vez un nombre más horroroso?

-La verdad es que no.

Hemos estado todo el día juntas y no me ha dicho nada al respecto.

A ver si se está choteando de Antoñito,

que a Lolita le gusta la guasa.

-Carmen tiene razón,

quizás no lo dijo en serio y te está gastando una broma.

-Ojalá, pero me temo que no.

Dice que es un homenaje que le quiere hacer a su abuelo paterno.

-Es pensar en el nombre e imaginarme al niño cejijunto y con boina.

-Pues vaya haciéndose a la idea, padre,

que cuando a Lolita se le mete algo entre ceja y ceja

no hay paso atrás.

-¿Me estás diciendo que mi nieto se va a llamar Abundio Palacios?

-Correcto.

Recuerde el mal trago que hizo pasar a Carmen con el sueño y el gorrito.

-Calla.

Por no hablar de los rituales y costumbres de Cabrahígo

que hemos tenido que pasar.

-Un nombre es una etiqueta,

una tarjeta de presentación ante la sociedad.

Puede que en Cabrahígo sirva de algo llamarse Abundio,

pero en la ciudad, ese nombre cierra puertas más que abrírtelas.

-Ramón,

tú hijo necesita que lo tranquilices, no que lo agobies más.

-Tienes razón.

Perdona, hijo, pero ante cuitas irracionales, me bloqueo.

-Debemos calmarnos y actuar con sentido común.

Yo misma intentaré hablar con Lolita y hacerle entrar en razón.

-Su razón es homenajear a su abuelo, lo tiene muy claro.

-Confiad en mí.

Utilizaré mi mano izquierda... para convencerla de que cambie el nombre.

No os preocupéis.

-Ojalá funcione, Carmen, ojalá.

-Ya verás como Carmen lo soluciona.

Disculpe.

Perdone, le confundí con otra persona.

Armando.

Dios te salve, María, llena eres de gracia,

el Señor es contigo, bendita tu eres...

Ay, Virgen de los Milagros...

Cuánto echo de menos a ese hombre.

A ti no te puedo engañar,

extraño tanto...

a Armando.

Si pudieras hacer que vuelva al barrio,

aunque solo sea de paso...

Dios te salve...

-Doña Susana. -Ay.

-Agustina, tú por aquí.

-Veo que todas estamos pidiendo por la recuperación de don Felipe.

-Sí, claro, qué disgusto.

Espero que nuestra Señora escuche nuestras plegarías

e impida que don Felipe vuelva a caer en el foso.

-Él tendrá que poner también de su parte.

Cuando la muerte de Celia era lógico,

porque se merecía que la lloraran, pero ahora...

Tendrá que levantar cabeza más pronto que tarde.

-Lo veo complicado, doña Susana.

El pobre está muy decaído.

No ha querido recibir a sus amigos.

Don Ramón, Liberto, Antoñito,

hasta Servando se han pasado por casa.

-¿Y no los ha visto? Ni siquiera se ha acercado.

De hecho, he podido bajar a la iglesia gracias a que ha venido

doña Genoveva.

-¿A ella sí la ha recibido? -No,

pero ella ha dicho que no se va de la casa sin verlo antes.

De nada han servido

las explicaciones que le he dado. -Normal.

Genoveva es una mujer enamorada, no hay montaña que la pare.

-¿Enamorada de don Felipe?

-¿De quién si no?

Está claro que Genoveva nunca ha dejado de amar a don Felipe.

Y cuando una mujer se enamora...

No puede ser. -¿Qué dice, doña Susana?

Lo siento, tengo que dejarte, tengo mucha prisa.

-Sí, claro.

-Doña Susana, qué gusto volver a verla.

-El gusto es mío, don Armando.

Ya le extrañábamos por aquí.

-Dudo que me extrañaran tanto como yo a ustedes.

-¿A qué se ha debido su ausencia?

Espero que no le haya acechado ningún mal.

-Gracias a Dios, mi salud está perfecta.

He tenido que solucionar algunos asuntos con la Casa Real

que me han impedido disfrutar de la compañía de los vecinos de Acacias,

y en particular,

de la suya.

Sería un placer enorme

compartir con usted un refrigerio,

siempre que no la reclame otro compromiso.

-Me temo que no va a poder ser,

la tarde está ya muy avanzada y enseguida oscurecerá.

-Si es por eso, nada ha de temer.

Yo la protegeré de los malhechores y de la oscuridad.

-¡Qué cosas dice!

Si es así, no me puedo negar,

siempre que no nos alarguemos demasiado.

-Usted manda. ¿Me permite?

¿Qué nos querrá decir el señor Carchano?

Pues que cuándo empezamos el rodaje.

¿Qué papel crees que te va a dar?

Me encantaría ser la protagonista, pero seguro que te lo da a ti,

que además de actuar, sabes bailar y, encima eres hija de Bellita.

Cuidado, que la protagonista no tiene por qué tener el mejor papel.

Ahí te doy la razón.

-Perdonad la espera.

Descuide, señor Carchano.

Camino y yo hablamos sobre los personajes, quién se pedía a quién,

pero eso depende de usted,

que nosotras no sabemos la historia ni na de eso, ¿verdad?

-Lo que usted diga, bien está.

-Bien.

La verdad es que os he citado para daros una mala noticia.

Como bien sabéis, doña Bella del Campo

ha decidido a última hora retirarse de la producción.

Este contratiempo ha supuesto un enorme descalabro en el presupuesto

que se elaboró originalmente.

Imagino que las dos sois muy jóvenes para entender de números y dineros.

Camino trabaja en un restaurante con su madre y su hermano

en el Nuevo Siglo XX, en Acacias.

-Estoy acostumbrada a llevar las cuentas con mi madre.

-Perfecto.

Entonces, entenderás que para emprender una película,

se necesitan socios que aporten fondos.

Y estos, desgraciadamente,

han retirado su apoyo y su dinero.

Pero ¿no se habían comprometido?

Sí.

Pero ellos querían una película con Bella del Campo,

no con dos jóvenes que nadie conoce.

Están en su derecho a retirar su apoyo.

-¿Y ahora qué?

¿No va a hacer la película?

-Por supuesto que rodaré esa película,

yo tengo un compromiso con vosotras y no me voy a echar atrás.

Os preguntareis cómo lo voy a hacer.

Pues muy fácil.

Estoy dispuesto a pagar la película de mi bolsillo.

Sí, como lo oís,

voy a poner mi propio dinero para sacar adelante esta producción.

De hecho, tengo todo preparado para empezar a rodar en unos días.

Pero...

debemos hacer recortes en el guion.

Nos da igual, como si tenemos que vestir siempre igual

o grabar en el mismo sitio.

-Nos adaptamos a lo que haga falta, señor Carchano.

-Ojalá fuera tan sencillo, pero desgraciadamente no lo es.

Para recortar gastos, es necesario que solo actúe

una de vosotras.

Don Alfonso, pero...

nos dijo que saldríamos las dos, Camino y yo.

Lo lamento profundamente,

sé la ilusión que os hacía a las dos salir en esta película,

pero esto es un negocio y no puedo arriesgarme a perder dinero.

-Podríamos cobrar la mitad, ¿verdad, Cinta?

Sí, claro, por supuesto.

Dos por el precio de una. Sí.

-Se lo agradezco, pero soy un profesional

y estoy en contra de este tipo de arreglos.

En mi productora, mis actrices cobran lo que se merecen,

ni más ni menos.

Don Alfonso, no nos importa,

de verdad. Por favor. Lo siento, Cinta,

pero no puedo faltar a mis principios.

O se rueda así o no hay película.

(Puerta)

Doña Genoveva, el señor sigue sin salir de su habitación.

Lo mejor es que se retire a su casa y lo intente mañana de nuevo.

No me iré hasta que me reciba.

Hágame caso, por favor,

lo último que querría es enojar al señor

y que usted se sintiera incómoda.

Esperaré lo que sea necesario, pero necesito saber cómo se encuentra.

No voy a abandonarlo, puede que me necesite más que nunca.

Señora,...

¿puedo hacerle una pregunta?

Sí, claro.

Aún ama a don Felipe, ¿verdad?

¿Qué ha dicho?

Perdone mi indiscreción.

Una indiscreción imperdonable.

He sido una imprudente.

Lo siento, no se volverá a repetir. Eso espero.

Sí, Agustina, aún lo amo,

por eso acepté su matrimonio con Marcia,

porque pensé que así sería feliz, pero me equivoqué.

Ha sido un golpe muy duro.

Temo que no se reponga.

El señor quería a Marcia de verdad.

Entre todos le ayudaremos a salir de ese agujero,

por eso no pienso irme.

Necesito saber cómo está.

-Estoy bien.

Agustina, ¿nos permite?

¿Cómo estás?

Agradezco tu interés e insistencia.

Siempre reconforta saber que le importas a alguien.

Le importas a mucha gente, Felipe, no estás solo.

(SUSPIRA)

No estoy bien, Genoveva, no estoy bien.

No entiendo nada.

Sigo presa de mi desconcierto y las horas se me hacen interminables.

Es normal que te sientas así.

Necesito una explicación de Marcia,

que me diga qué ha pasado,

aunque no me la puedo imaginar con otro hombre.

¿Por qué no me contó nada?

Seguro que tiene alguna razón, dale un voto de confianza.

Se lo di todo,

mi confianza, mi amor, todo... Ven, ven.

¿Cómo he podido ser tan estúpido?

No eres ningún estúpido, Felipe, solo un hombre enamorado.

Con el corazón destrozado.

No pienses más en eso.

Descansa, descansa aquí conmigo.

(LLORA)

¿Crees que existe justificación para esto?

-"Hablábamos de don Armando".

-Él es un hombre que no está en las mezquindades del mundo.

-A cualquier mujer le encantaría conocerlo.

-"Tenemos una mala noticia".

-¿Cuál?

Que solo una de las dos va a trabajar en la película.

¡¿Cómo?!

Tengo unas ganas de verle la carita a Abundio.

-¿Abundio?

-Sí. -Es que el nombre de Abundio es...

Tan... No sé cómo decirlo, tan...

¿Quieren sentarse?

-No, no.

Prefiero pasear por los Jardines del Príncipe.

Dar un paseo y despejar las ideas, que...

las tengo algo confusas después de los acontecimientos de ayer.

-Qué buena amiga ha resultado ser Genoveva.

-El que la sigue la consigue.

Me da que estos no van a acabar siendo solo amigos.

Sashimi, shushi, nigiri... son verdaderas exquisiteces

si las prepara un buen cocinero. -¿Nos haría una demostración?

-(ASIENTE) -Yo pongo a su disposición...

mi casa, mi cocina y mi criada de pinche.

-Está bien. Hoy mismo.

Les explico la escena y la interpretan.

Así las veo, voy tomando notas y las voy corrigiendo, ¿de acuerdo?

Sí, sí, sí. Pues venga.

Pero Santiago es tu esposo.

-Y temo por el día que me tenga que entregar a él.

-Seguro que no te lo exige.

-Más tarde o más temprano, pero lo hará.

-"Lo ha pasado muy mal la pobre".

-No ha querido contarme nada. ¿Sabe qué pasó?

-"¿Y la prueba?".

Bien, pero creo que el papel se lo va a dar a Camino.

¿Y eso?

Porque es mejor actriz que yo.

Marcia.

¿Qué haces aquí?

Menos mal que tomé muchas notas.

Gracias a ellas, he tomado la mejor decisión.

La elegida es...

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Acacias 38 - Capítulo 1111

03 oct 2019

El disgusto de Susana tras la desaparición de Armando acaba cuando el exdiplomático vuelve a pasear por las calles de Acacias. Antoñito informa a su familia que Lolita quiere ponerle a su hijo el nombre de Abundio, nueva crisis familiar en la casa Palacios.
Los Domínguez celebran que Cinta y Camino harán la película mientras ellas fantasean con su futuro como estrellas del cine, pero Alfonso Carchano tiene una noticia para las jóvenes, sólo una hará la película.
La boda de Felipe y Marcia está paralizada tras la aparición del marido de la brasileña, Santiago, mientras la que iba a ser la futura señora Álvarez Hermoso sufre una crisis respiratoria. El sueño de amor de ambos se acaba, lo que deja a Felipe destrozado y en manos de Genoveva.

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  1. lina13

    También dieron por muerta a Elvira

    10 oct 2019
  2. lina13

    ¿Susana y Rosina no se acuerdan de Úrsula a la que dieron por muerta y luego apareció?

    10 oct 2019
  3. Emilio

    Otra pareja de guapos, que vienen ambos de una vida muy dura y de mucho sufrimiento y que sólo quieren unir sus vidas porque están muy enamorados y quieren ser felices ... pues, vamos a destrozarla. Mauro, que acababa de llegar, triste y abatido por la muerte de Teresa; conoce a una chica y ... ¡zas! a Bilbao. Esta vez tengo que decir que solo espero que Ursula empiece a actuar de verdad y no se deje dominar. Fantásticos Gonzalo, Marc, Trisha y Montse.

    03 oct 2019