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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1110 - ver ahora
Transcripción completa

Me temo que vamos a tener que seguir soportándonos

la una a la otra.

Si insiste en echarme de esta casa,

le juro que se arrepentirá.

Te pusiste hecha un basilisco cuando comentamos

que Felicia y don Armando hacían buena pareja.

-Bueno, como un basilisco tampoco.

Solo es que lo he pensado mejor.

Y Felicia no es adecuada para el diplomático.

Armando necesita una mujer... más mujer.

Mis movimientos eran... No eran bonitos.

Eran torpes, tiré las cosas.

No bailaba con gracia. Nada de nada.

Cuéntenos, Felicia. ¿Va a almorzar con don Armando?

¿Quién se hospeda en la pensión Roleno?

No tengo la menor idea de lo que me está hablando.

Antes mentía usted mucho mejor.

En su carrera como actriz, es probable

que tenga que besarse con apuestos galanes.

Uno de esos actores podría enamorarse de ella y seducirla.

¿Les importa que me siente con ustedes?

-¿Sucede algo?

-Se me ha quemado la comida

y he tenido que salir a comer fuera.

Si te dejó los cuartos a ti, sería por alguna cosa.

Y hay que respetar las decisiones de los difuntos.

-¿Los cuartos, sí y el retrato, no?

-A ver, prima, te doy la mitad de la herencia.

Nos hemos vuelto a quedar solos otra vez.

-¿Has visto cómo le mira Susana? -Sí.

No tengo duda de que mi tía está enamoriscada.

-Solo falta que le demos el último empujoncito.

Me marcho de la ciudad. -¿Por qué tiene que marcharse?

-Debo incorporarme a una brigada de la Policía en Bilbao.

¿Os ha llegado el guion?

¿Sabes quiénes serán tus compañeros masculinos?

¿Habrá historia de amor?

No lo sé, tenemos que esperar al guion.

Quizá hubiera preferido comer a solas con don Armando.

Ya me entiende.

-¿Está insinuando que don Armando podría estar cortejándome?

-Perdone que me entrometa. ¿No es así?

-Por supuesto que no.

Lamento comunicarle que debo abandonar la película.

-¿Cómo va a hacerme eso?

-Yo soy cantante.

Ha quedado demostrado que soy una actriz horrible.

-Supongo que no puedo decir nada más para convencerla.

Aunque lo lamento por su hija y por su amiga.

-Cinta puede ser la solución a su problema.

Es una muchacha especial y sensible.

Solo necesita una oportunidad.

Es usted un héroe por salvar a todas estas mujeres.

-Todo ha acabado bien.

-Y mejor que va a acabar tras la boda de mañana.

Les voy a echar de menos, queridos amigos.

Cuando llegué al barrio estaba destrozado.

Gracias a sus muestras de estima,

he podido olvidar levemente el dolor de la pérdida de Teresa.

Bueno, he de partir.

Nunca les olvidaré.

-Te acompaño.

-Bueno... -Te deseo mucha suerte.

No hay dolor que el tiempo no cure.

-¿Sabe Felipe? Echo de menos a Yolanda.

Ha despertado algo en mí que creía muerto para siempre.

-Confíe en el destino. Suerte, amigo.

Buen viaje.

-Gracias, amigo.

-Es una lástima que Mauro no haya podido quedarse un poco más.

Corría riesgo de perder su tren.

-Le echaremos de menos.

-Sí, aunque no creo que sea por mucho tiempo,

antes de lo que creemos le tendremos de regreso.

-Ojalá no estés equivocado.

-¿Busca algo, don Ramón?

-Sí, a Agustina. Me gustaría que llenara la copa.

-Ahora mismo le sirvo yo.

Agustina ha ido a buscar a alguien que deseo que participe de esto.

¿A quién?

-Tendrán que aguardar un poco. Es una sorpresa.

-Amigos, me alegra que me acompañen en la víspera

del que va a ser el día más dichoso de mi vida.

Marcia me ha enseñado muchas cosas.

Por ejemplo, que hay personas,

no tan afortunadas como nosotros,

que sufren dentro y fuera de nuestras fronteras,

y por las que merece la pena luchar.

Pero también me ha enseñado que el amor es eterno.

Que podría volver a amar

después de la muerte de mi amada Celia.

Que mi corazón no estaba muerto,

que podía volver a palpitar de pasión.

-No, Felipe, tú has sido el auténtico maestro.

No solo me has enseñado tu idioma,

también tu capacidad de amar.

Cuando llegué a estas calles,

era consciente de que los que me rodeaban tendrían perjuicios

por mi color.

Lo que no me había dado cuenta es que yo también los tenía.

Creía que iba a trabajar para un hombre frío y vacío

con el que nada tenía en común.

Hoy le debo la vida, le amo,

y ansío un futuro a su lado.

Gracias, amor mío.

-Así se habla, Marcia.

-Señor, aquí tiene a Casilda.

-¿En qué puedo servirle? La Agustina no me ha dicho na.

-¿Era a Casilda a quién esperábamos? -Así es.

La he mandado llamar porque...

Marcia y yo tenemos un anuncio que hacer.

-Algo muy importante para nosotros.

-Nos gustaría pedirles a don Ramón y Casilda,

que nos hagan el honor de ser el padrino

y la madrina de nuestra boda.

-¿Yo? ¿Una criada?

Señor, usted ha perdío el oremus.

Para semejante menester, tienen que coger a una señora, no a mí.

-No, preferimos elegir a la mejor amiga de Marcia.

-A quien siempre me ha demostrado su cariño.

-Arrea. -Acepto orgulloso ser su padrino.

Ahora, brindemos por los novios.

¡Por los novios!

¡Por los novios! -¡Por los novios!

-¡Por los novios!

(Sintonía de "Acacias 38")

No puedo comprender cómo aún no tenéis el libreto de la película.

Debe estar al llegar.

Pero empezaréis el rodaje en apenas unos días.

Sí, la verdad es que se están retrasando un poco.

Un poco no, demasiado.

Cinta, ¿no me estarás engañando?

¿Engañando, por qué dices eso?

Quizás me estés ocultando que ya tenéis el libreto.

¿Y por qué iba a hacer tal tontuna?

Si yo sé que me apoyas Emilio,

¿o no es así?

Sí, claro que te apoyo.

¿Y a qué vienen esas tontunas?

Llevas unos días muy tenso y raro.

¿Estás bien? No entiendo esas preocupaciones

tan de repente.

No es nada.

Es solo que me preocupo por lo tuyo, nada más.

Debo ir a atender esa mesa.

Si acabas de servirles. Quizás quieran algo más.

Camino,

¿sabes tú qué diantres le sucede a tu hermano?

Está muy raro. ¿Más de lo habitual?

No deja de preguntarme por el libreto de la película,

está muy tenso,

tratando de averiguar cosas sobre mi papel.

No le comprendo.

Me temo que yo sí sé qué le preocupa.

Antes también estuvo hablando conmigo.

Y no es todo el libreto lo que le interesa.

Creo que solo quiere saber una cosa.

¿El qué?

Si vas a tener que besarte en la película con algún galán.

¿Así que está celoso?

A las buenas tardes. -Buenas.

¿Sabe? Antes me he encontrado con Don Armando en los jardines

y hemos charlado.

Tenía usted razón, es un hombre interesantísimo.

-Fantástico, admirable y divertido por demás.

-¿Qué, la quiere o no la quiere?

-¿Cómo dices?

-Lo digo por la margarita, cómo la estaba deshojando.

¿Qué sandeces dices? ¿Es que no tienes que hacer la ronda?

Como sigas ahí de palique, tendré que denunciarte.

-Sí, sí, ya me voy.

Con Dios.

-Susana, ¿qué haces?

-¿Yo? Nada.

Iba a ver a Felicia, a preguntarle cómo le había ido el almuerzo.

¿Me acompañas?

-No, y te puedes ahorrar el viaje.

He comido con ellos,

y luego he podido hablar con Felicia de Armando.

-¿Ah, sí?

-Sí, y puedo asegurarte que estabas equivocada.

Felicia no tiene ningún interés romántico por él.

-¿Estás segura de eso?

-Ella misma me lo ha dicho.

Ya te dije yo que no hacían tan buena pareja.

-Yo lo daba por seguro.

¿Qué pasa? ¿Sucede algo?

-No, que estaba pensando que,

si Felicia no está interesada por Armando,

es posible que él si lo esté por ella.

-No lo creo.

Lo que pasa es que es un caballero

y por eso se muestra tan amable con ella.

-¿Tú crees? -Estoy segura.

Y aunque estuviera equivocada,

la falta de interés de Felicia haría imposible que floreciera su amor.

Y a todo esto, ¿a ti qué te importa si Armando tiene interés o no?

-A mí, nada.

Qué tonterías dices. Anda, vámonos.

Cariño, ¿estás bien?

-Sí, mi amor, no te preocupes.

Aún sigo un poco débil y en ocasiones me cuesta respirar.

-Es normal. La operación es aún muy reciente.

-No ha pasado una semana.

-¿No te parece increíble?

Hace unos días creí que te perdía para siempre

y ahora voy casarme contigo.

Eres una mujer muy fuerte.

-Allá, dónde me críe, era la única manera de sobrevivir.

(Puerta)

-Voy a abrir. -Voy yo.

Cariño, mira quién ha venido.

-Disculpen la interrupción.

-Yolanda, no te esperábamos.

Tan solo quería interesarme por tu salud

y saber de don Mauro.

¿Sucede algo?

¿No habrás empeorado?

-No, en absoluto.

Se trata de Mauro.

-¿Le ha sucedido algo?

-Yolanda, Mauro ha tenido que marchar a Bilbao.

Ha sido trasladado allí.

-Ha salido de viaje hoy mismo.

-No sabía nada.

-Todo ha sido muy precipitado.

-Nos dejó esta carta para ti.

-No sé leer.

-Si quieres lo hago por ti.

"Querida Yolanda".

"Cuando leas esta carta, yo ya estaré lejos,

rumbo a mi nuevo destino".

"Perdóname por no haberme despedido de ti,

pero temí no tener fuerzas para hacerlo".

"Mis sentimientos hacia ti son sinceros".

"Quizás, en otras circunstancias, hubiésemos tenido un futuro juntos".

"Pero el recuerdo de mi amada esposa es aún muy hondo en mí".

"Espero que el futuro te sonría".

"Es lo que mereces".

"Te llevaré siempre en mi recuerdo. Mauro".

-Creí que la vida me daba otra oportunidad,

que podría ser dichosa junto a él. Veo que estaba equivocada.

En fin, espero que tengan la felicidad

que a mí me ha sido negada.

Les deseo lo mejor en su matrimonio.

-Aguarda.

¿Por qué no nos acompañas mañana en la boda?

A Marcia le gustaría que asistieras.

-Se lo agradezco, pero no tengo nada que ponerme

para acudir a la iglesia.

-Por eso no te preocupes.

Te daré algo de dinero para que te compres un bello vestido.

¿Cómo ha podido rechazar una oportunidad así, madre?

No ha sido difícil, tan solo he tenido que decirle que no.

Cientos de artistas estarían encantadas

de hacer una película con Alfonso Carchano.

Yo no soy como las demás.

-En eso tiene toda la razón, con tu madre se rompió el molde.

Ha cometido un grave error.

Cuando nos vea a Camino y a mí en la pantalla se dará cuenta.

Bueno, vamos a ver, Cinta,

nos guste o no, tu madre ha tomado una decisión.

Será mejor que te vayas a tu cuarto.

Creo que todos nos merecemos ya descansar.

Madre, consúltelo esta noche con la almohada, recapacite.

Hágame caso.

No deberíamos tardar mucho en decirle la verdad.

Es probable que don Alfonso no cuente ya con ellas.

-Pero no lo ha dicho firmemente. -Sí lo ha sugerido

y, por lo enfadado que estaba, no creo que cambie de opinión.

Ya lo has visto,

la niña no sospecha siquiera que su papel esté en peligro.

Más nos vale afrontar la verdad, cariño.

Alfonso pagará tu rechazo con Cinta y Camino, no lo dudes.

-No podemos permitir que eso ocurra.

Juntos debemos convencerlo.

Porque si no, la culpa me va a comer por dentro.

No se imagina el espanto, Arantxa.

Nunca escuché tal sarta de disparates.

-Ya le dije que no se podía esperar na bueno del Servando.

-Será tontolapiko, encima estaría tan orgulloso del discurso.

-Cómo si fuera un Séneca renacío.

Se marchó to ofendío por nuestras risas.

-Hoy es la boda y una sigue sin discurso que darle a mi señor.

-Créame, le agradecerá más el silencio

a que le repita el de Servando.

-Aquí están.

Agustina, nos ha contao Servando que quiere dedicarle unas palabras

a don Felipe y que no le ha gustao el discurso que le preparó.

-Precisamente, hablábamos de eso.

-Pues sepa, Agustina, que le traigo la solución a su problema.

-¿Ah sí? ¿Y qué solución es esa?

-Mi Jacinto ha pensao en unos palabros que les van a emocionar,

como bien saben todas, es muy sensible.

-¿Jacinto sensible, desde cuándo?

-Pues sí, ¿acaso lo dudan?

Tenían que ver como arrullaba a mis ovejas con mis versos y canciones.

-Ay, Agustina, que esto va a ser como salir de Málaga

para acabar en Malagón.

-Tampoco pasa nada por escucharle.

-Sea Jacinto, dígame qué ha pensado.

-Quieto, parado, Jacinto. Yo también quiero escucharlo.

A ver qué tienen sus discursos que no tenía los míos.

-A poco que se esfuerce, algo de sentido.

-Uste lo que viene es a criticarle, so envidioso.

-No te digo que no, Marcelina.

Y algo me da que me lo va a poner fácil.

-Venga, arranque de una vez, que a este paso nos van a dar las uvas.

-Don Felipe, hoy se va a casar con la Marcia to enamorao.

No hay más que fijarse en como la mira

con esos ojos de cordero degollao.

Pero no olvide que el matrimonio es como conducir un rebaño,

pero con menos bichos.

Perdóname, cariño, no pretendía asustarte.

-No te preocupes, simplemente estaba distraída.

-Veo que sigues asustada y con miedos.

-No lo puedo evitar, Felipe.

-Debes hacerlo. El pasado ya quedó atrás.

Ahora estamos juntos, en casa y a salvo.

Y hoy nos convertiremos en marido y mujer.

-Sí, aún me cuesta creerlo.

Tú me has salvado. -No.

Tú lo has hecho. Me has devuelto la alegría.

-Me siento tan afortunada...

¿Y por qué el temor sigue presente en tu rostro?

-Porque el pasado sigue presente, amenazando nuestra dicha.

Ya te lo dije, hay algo que debería decirte.

Necesito hablar contigo. -No, Marcia, deja de torturarte.

¿Crees que algo de lo que cuentes

cambiará mi decisión de casarme contigo?

Ahora solo importa nuestro brillante futuro.

Y eso ha tratao de ser la Agustina pa uste.

Tan fiel como la Lucerita,

la mejor oveja del rebaño,

aquella que terminó sus días arrastrando su viejo cuerpo

al lado de su amo.

-(RÍEN)

Agustina, ¿quién le iba a decir que terminarían comparándola

con una oveja vieja?

-No sé si darle las gracias o un mamporro.

-Yo no tendría ninguna duda. Si quiere, le sacudo por usted.

Aún se me encoge el alma

al recordar

sus balar lleno de amor y gratitud.

Un...

"beee"

que llenaba de amor los campos.

Y como la Lucerita,

Agustina dará su último aliento a su servicio.

Eso sí,

cuando muera no podrá hacerse un jersey con su lana,

ni siquiera una bufanda.

Ya está. ¿Les ha gustao? -(ARANTXA RÍE)

-¡Bravo! -De verdad, Jacinto,

me has emocionado.

-¿Le ha gustado?

-¿Quién no podría emocionarse con esa historia?

¡Pobre ovejita!

-Ya les dije que les iba a dejar pasmás.

-Sí, sí.

-Agradecío, pero lo que interesa es saber

si le aprovecha a la interesada.

Dígame,

Agustina, ¿le vale el discurso?

-La verdad es que ha sido muy sentido

y, como decirlo, muy...

-Borreguil.

-Lo lamento, Jacinto,...

no creo que sea apropiado para que se lo diga a mi señor,

se va a notar que no sale de mí.

Y no solo por los "iepa ei" que ha dice cada dos frases.

-Pues lo siento.

-Más lo lamenta una, que no va a decirle nada a su señor.

-Tú no te vengas abajo.

Jacinto, ha sido un gran discurso,

el problema es que a Agustina no le gusta nada.

Pero vamos, bajemos a brindar por Lucerita.

Qué gran oveja, qué gran oveja.

(CARRASPEAN)

Aun así, me quedaría más tranquila si pudiéramos hablar, Felipe.

-No quiero que nada enturbie un día tan dichoso.

Remover viejos recuerdos es innecesario,

solo servirá para ponernos nerviosos en un día tan importante.

-¿Estás seguro?

-Por supuesto.

Tan solo tenemos que confiar en nuestro amor.

Ya tendremos tiempo de hablar,

pero hoy comienza nuestra nueva vida juntos.

Es hora de mirar al futuro, no al pasado.

(Puerta)

-Disculpen.

¿En qué podemos ayudarte, Casilda?

-Na, cómo madrina, debo encargarme del ramo de la novia.

Y quería saber si tiene capricho de alguna flor en especial

pa decírselo a mi prima.

-Os dejo hablarlo a solas.

Escoger un ramo bonito,

que no desmerezca a la belleza de la novia.

Con Dios.

-Menudo novio más lisonjero te has agenciao.

Besa el suelo que pisas.

Pero bueno, ¿y esa cara tan mohína?

¿Acaso no eres dichosa?

-Cómo nunca soñé que podría serlo, Casilda.

-Entonces sigue mi consejo y disfruta hasta el último minuto.

No dejes que nada te lo estropee.

Hola. Anchoas y guindillas de Usúrbil.

No puede haber aperitivo mejor. No digas nada, tata.

He aprovechado que mis padres han salido para invitar a Emilio.

Descuida, pero, por tu bien,

que tu padre no se entere de que os habéis comido las anchoas.

Será nuestro secreto.

Espero que el detalle calme un poco a Emilio.

Pobre muchacho,

anda revuelto pensando en que te vayas a besar con otros actores.

Y más cuando es probable que todo quede en agua de borrajas.

¿Y por qué lo dices, muchacha?

Verde y con asas.

Después de la negativa de mi madre, temo que todo se venga abajo.

No seas agorera.

Aunque cuando el río suena, agua lleva.

Tus padres están intentando hablar con don Alfonso, por algo será.

¿Ves? ¿Qué te decía?

La cosa está entre mal y peor.

(Puerta)

Debe ser Emilio.

Bueno, don Emilio, les dejo a solas.

Pero estaré en la cocina.

A cuatro pasos está, dos si vengo corriendo.

Ojito.

-¿Y este despliegue?

El que mereces. He pensado en invitarte a tomar el aperitivo.

Emilio,

sé que estás preocupado por la película.

No, mujer, tampoco es eso.

No hace falta que disimules,

soy consciente de que te inquieta que tenga que besarme con otros,

por muy actores que sea. ¿Quién te lo ha dicho,

Antoñito, Camino? Eso no importa.

Lo único que quiero que tengas claro,

es que hay algo que me importa más que mi carrera en el cine.

¿El qué?

¿Qué va a ser, pazguato? Tú.

Te amo por encima de todo.

He de reconocerte que estaba aterrorizado porque encontraras

en el rodaje a uno de esos galanes irresistibles

y cayeras rendida a sus pies. Qué tonto eres.

Ningún galán podría hacerte sombra.

¿Qué, qué, qué?

¡Cuidado con esas manos, ¿eh?!

¡Que corra el aire, por favor!

Ya sabía yo que no me podía ir muy lejos.

Jesús, María...

Menudo par de choriburus que estáis hechos.

¿Os tengo que explicar lo que es la decencia?

Lolita, póngame también un par de quesos.

-Oveja y cabra, uno de cada.

-Sacaré unos aperitivos mientras llegan los novios.

-¿Tiene ya listo el convite? -Prácticamente.

A pesar del poco tiempo para prepararlo, va a quedar estupendo.

-Eso no lo dudo. Con esta boda hemos ido con la lengua fuera.

-¿Tiene listo el vestido?

-No me he preparao na especial.

He cogido unas joyas mu finas que me regaló mi Antoñito.

-Yo tampoco he podido confeccionarme nada.

pero da igual, ya veré que me pongo.

-No se preocupe por eso,

Don Felipe y Marcia estarán encantaos con que les acompañemos.

Buenos días. -Buenas.

-Felicia, la he visto entrar.

¿Va a acudir a la ceremonia esta tarde?

-Si me da tiempo a dejar todo listo para el convite,

es mi intención.

-¿Va a acompañarla, Armando?

-No, nunca me gustó llevar acompañantes

que no hayan sido invitados a estas celebraciones.

-Hace bien.

Por cierto,

me ha parecido raro que no haya ido a desayunar.

-Ni tampoco a su acostumbrada tertulia de la mañana.

Iba a incorporarme, pero no le he visto.

¿No le parece raro? -Sí, sí que lo es.

-¿Dónde se habrá metido este hombre?

(Puerta)

Buenos días, señor. -Buenos días, Agustina.

-Pase.

Señor, tiene visita.

¿Quieren que les sirva algo de aperitivo?

-Gracias, Agustina, pero no será necesario.

-No se preocupe por mí,

estoy bien.

Tan solo he tenido la necesidad

de ver los retratos de Celia antes de la boda,

como si quisiera pedirle permiso para casarme de nuevo,

volver a ser feliz.

Ha llagado la hora de quitarme la alianza que adorna mi mano

desde que me casé con ella.

Hoy empezaré una nueva vida con Marcia.

Espero que Celia, desde el cielo, bendiga mi decisión.

-Estoy seguro de que será así.

Nuestras difuntas esposas estarían celebrando nuestras uniones.

Ellas querrían nuestra felicidad

y la suya está ahora junto a Marcia.

-Así lo creo.

-Ha escogido a una muchacha excepcional.

Se nota en el brillo de sus ojos lo enamorados que están.

-Ha conquistado mi corazón. Quiero vivir para hacerla dichosa.

Lo único que lamento es que...

todo haya sido tan rápido, que Tano no pueda llegar a la ceremonia.

-Sería dichoso de verle tan ilusionado.

-En cuanto Marcia esté recuperada, iremos a Viena visitarle.

-Será un bello viaje de novios.

-Eso espero.

Después de la boda, Marcia y yo iremos a descansar al Tirol.

Me imagino con ella en una casita de madera,

observando el Wilder Kaiser, la montaña más bonita del mundo.

Tano me ha hablado de un pueblo llamado Going.

Quiero llevar a Marcia allí, que vea la nieve.

-A ella le encantará un lugar así. ¿Ha visto la nieve alguna vez?

-Pues si le soy sincero, no lo sé.

En Brasil no habrá tenido muchas ocasiones de contemplarla.

Hay tantas cosas que no sé de ella.

-No se preocupe por eso,

tiene toda la vida por delante para ir descubriéndolo.

Para quererla, conocerla

y enamorarse de ella cada día más.

Me alegro de que hayas podido venir.

-Quería daros las gracias por todo el cariño que me dais.

-Yo sí que estoy agradecía por haberme escogío como madrina.

Espero estar a la altura.

-Con lo pequeñita que eres, no lo tendrás fácil.

-Descuida, Casilda, lo estarás. Por algo eres mi mejor amiga.

-Ay...

-Venga, muchachas, no os pongáis mohínas, que hay mucho que celebrar.

Venga.

-Diga usted que sí, Fabiana, brindemos con una limonada.

-Te comprendo perfectamente, Casilda.

Aún recuerdo cuando me eligieron padrino

de la boda de Lolita y Antoñito.

-Fue un bonito detalle por parte de los Palacios

dejar que Lolita fuese de su brazo, como ella quería.

-Servando no podía ir más ancho haciendo el pasillo.

(RÍEN)

-Tienes que disculparnos

por no tener a tiempo tu regalo de boda.

-Estamos recogiendo los dineros para bañarte una medalla en oro.

-Descuiden, el mejor regalo es contar con la amistad de todos.

Les estoy muy agradecida por esta pequeña celebración.

-Mujer, es lo mínimo que podemos hacer, hoy es tu día.

-¿Y qué, Marcia, estás muy nerviosa?

-Lo que estoy es inmensamente feliz.

Hoy me casaré con Felipe,

y ya nada nos podrá separar.

-Bueno, brindemos por ello.

¡Yepa ya! -(TODOS) ¡Venga!

Chinchín.

Ay...

-Úrsula, pase.

Pase, que estamos celebrando con limonada.

Una limonada para Úrsula. -Enseguida.

Gracias.

Por Marcia.

A partir de hoy, será una señora para mí y para todos.

-¿Quieren comer algo?

Ha traído unos buñuelos que me sobraron de la comida.

-Y yo, tortilla de patatas.

-¿Y a qué esperan para sacar esos manjares?

-Hala, pues venga.

¿Me permite hablar un momento con usted?

Le ruego que me perdone.

¿Ahora me trata de usted?

Es lo que corresponde a la señora de Álvarez-Hermoso.

Sea clemente conmigo por todo lo que sucedió.

El verdadero culpable fue Alfredo Bryce.

Él me obligó a actuar de tal forma.

Pero él ya no está.

Y yo me siento tan avergonzada y arrepentida...

Perdóneme, se lo ruego.

-(RÍEN)

-Mm... -Bacalao.

-Bacalao, bacalao.

Bacalao. -¿Qué es eso?

¿Y estos besos tan dulces , a qué se deben?

-No lo sé, será que las bodas me ponen romántica.

-¿Sí?

Tendré que apañármelas para que nos inviten a una todos los días.

¿Sabes qué?

Aunque Felipe podría haber tenido más tino

a la hora de elegir prometida,

me alegra que se celebre un enlace en Acacias.

-Nos seas injusta con Marcia.

Están enamorados.

Estoy seguro que hará feliz a nuestro amigo.

-Y yo, que triunfe el amor. Y no solo entre ellos.

-¿Crees que la estrategia que tenemos entre manos dará resultados?

-No lo dudes ni un segundo.

(Puerta)

Qué visita más inoportuna.

No te vayas, ahora vuelvo.

Tenemos visita.

-He pensado que podíamos comer juntos.

-Es una buena idea, tieta.

Avisaré a Casilda de que seremos uno más.

Susana, qué cara más mohína.

Cualquiera diría que vamos a un funeral y no a una boda.

-Estoy preocupada por la ausencia de don Armando.

¿Sabes que no ha aparecido por Acacias en todo el día?

-Qué extraño. ¿Qué le habrá pasado?

-Eso me gustaría saber a mí.

He estado pensando que quizás haya apreciado el desinterés de Felicia

y ya no tiene razón para venir por estas calles.

-No creo que sea eso. O sí.

Tal vez tengas razón y ya no le volvamos a ver nunca más.

Es una pena.

Estoy segura de que hubierais congeniado.

¿Iremos juntos a la iglesia? -De ninguna de las maneras.

La tradición es que el novio espere a la novia allí.

-La única tradición que quiero seguir

es hacerte feliz el resto de mis días.

-Tendrás que seguir alguna más.

Yo subiré al altillo a que Casilda me ayude a vestirme.

Así evitaré que me veas vestida de novia, trae mal agüero.

-Más miedo me da que subas allí sola.

Fue allí donde te llevaron de mi lado.

No pienso perderte de vista ni un segundo.

-No me asustes con eso.

No tiene por qué repetirse. -Lo sé,

pero sé que me llenaré de temor si te vas.

Cariño, vístete aquí.

Salgamos juntos de casa.

Me da más temor la mala gente que las supersticiones.

-Está bien.

Te daré capricho.

Daré aviso a Casilda para que venga.

-Gracias.

(Puerta)

Debe ser Casilda.

Me ha ahorrado el viaje y viene por sí misma.

Felipe, mira quién ha venido a visitarnos.

Les he traído unos bombones para cuando ya sean marido y mujer.

-Te lo agradecemos.

¿Y la maleta? -Tienen que disculparme.

Primero, porque no voy a poder quedarme a su boda.

-¿Y segundo?

Porque no me he gastado el parné que tan amablemente me dio

en un vestido para la ceremonia, sino en un billete a Bilbao.

-¿Vas tras Mauro?

-Así es.

No puedo dejar escapar la oportunidad

de ser dichosa a su lado.

-¿Le pida las señas al comisario Méndez?

-No puedo esperar. Mi tren sale en apenas una hora.

Bilbao es muy grande, ¿no?

-Sí, es una gran ciudad.

-Esperemos que no tanto como para no dar con él.

-Descuida, algo me dice que lo conseguirá.

-Y con tu cariño, tiempo y paciencia,

le convencerás de seguir adelante, y de no negarse al amor.

-Te deseamos mucha suerte. Los dos merecéis ser felices.

-Esperaremos noticias tuyas.

Al tal Alfonso parece que se lo ha tragao la tierra.

-Ni en su productora, ni en ningún lado han sabido darnos razón de él.

-Estoy agotada de pasar el día buscándole.

-Tampoco vas a tener tiempo pa descansar ahora.

Tenemos que arreglarnos para ir a la boda.

¿No puedes ir tú solo?

-No podemos hacerle ese feo a don Felipe.

-Lo sé, pero no tengo ni cuerpo ni ánimo para celebraciones.

No quiero que las niñas pierdan la oportunidad de trabajar en el cine.

Me siento tan culpable por ir a romper sus ilusiones.

-Ojalá Alfonso no cumpla sus amenazas.

Ya no está en tu mano evitarlo.

-Te equivocas,

todavía podría aceptar el papel.

-Pero no estabas nada satisfecha de cómo dabas en pantalla.

-Pero no me importa hacer el ridículo

si consigo que Cinta sea feliz.

-Don Alfonso, ¿qué hace aquí? -Su doncella me ha abierto.

Le he dicho que no hacía falta que me anunciara.

Tiene esa mala costumbre. -¿Llego en mal momento?

-En absoluto. De hecho, veníamos de buscarle.

Hemos estado pensando en nuestra conversación de ayer.

-Yo también no he dejado de darle vueltas.

Sepan que no me parece tan mala su idea.

-Es que no lo es.

Pero bueno,...

¿a qué idea nos estamos refiriendo exactamente?

-A que su hija o Camino la sustituyan como protagonista.

Una de las dos en el papel principal, sin usted de por medio.

-Ay, pero ¿habla en serio?

-Por supuesto, ambas tienen talento y belleza para hacerlo.

Y a la película no le vendría mal una protagonista más joven.

No se moleste, doña Bellita.

-Le aseguro que nunca me ha hecho tan feliz que me llamaran vieja.

(RÍEN)

-Por eso llevo todo el día desaparecido,

he estado reescribiendo el guion cinematográfico,

adaptándolo a ellas.

¿Qué les parece?

-¿Que qué me parece?

Que me estoy conteniendo por no abrazarle.

-Pues abráceme, que vamos a rodar un filme.

Venga, don José. -Don Jose.

Jose, Jose. -Ole.

(EXHALA)

Gracias, amigo Ramón,

estoy tan nervioso, que ni siquiera puedo anudarme la corbata.

-Descuide, Felipe, para eso está el padrino.

Si no, ningún novio llegaría a la boda con la corbata bien puesta.

Bueno, ha llegado el momento de partir a la iglesia.

Permítame que le desee por última vez toda la felicidad.

Se la merece.

-Menos mal, señor,

temí que no estuvieran arreglados para bajar a la iglesia.

-Ya ve, Agustina, impecables.

-Se equivoca, falta un pequeño detalle.

Para que las prendan en el ojal.

-Estás en todo, Agustina. -No lo sabe usted bien, Ramón.

Si no es por Agustina, jamás hubiésemos celebrado la boda.

Le estoy muy agradecido.

-No lo haga, señor, nada podía hacerme más dichosa

que ver que va a comenzar una nueva vida, que va a ser feliz.

En todos estos años

he sufrido con sus desdichas,

he llorado ante su tristeza.

Me ha llenado de orgullo

ver como se levantaba y volvía a ser el hombre que era.

Nada me ha hecho más feliz

que ver... como encontraba el amor de nuevo.

Doy gracias porque Dios me haya permitido ser testigo de ello.

Su ilusión es la mía,

porque usted no es mi patrón, es mi familia.

-Agustina, que discurso más bello. No sabía que hablaras tan bien.

-Yo tampoco.

Llevo días buscando las palabras que decirle,

y han salido por sí solas.

-Porque salían del corazón, Agustina.

Le agradezco tanto cariño. Sepa que es mutuo.

-Anda calle, que al final vamos a llegar tarde por mi culpa.

-¿Está ya lista la novia? -¡Está lista y preciosa!

Rosina, date prisa, por favor,

vamos a llegar antes al bautizo de su primer hijo que a su boda.

¡Rosina!

-Ya. Templa. Me dirás que la espera no ha valido la pena.

-Estás maravillosa, cariño. ¿Sabes qué?

Ganas me dan de que nos quedemos solos.

-Pues no. Tu tía debe estar esperándonos.

-Pobrecilla, espero que haya reunido fuerzas para asistir.

-Sí, estaba deshecha.

Convencida de haber perdido su oportunidad con Armando.

-¿Nos perdonará algún día lo que le estamos haciendo?

-Sí, siempre que todo salga como esperamos.

Ya sabes, el fin justifica los medios.

-¿Y si fracasamos?

-En tal caso, más nos vale que nunca se entere.

Pero todo está marchando a pedir de boca.

Vamos a decirle dónde está Armando.

-De ninguna manera. Solo el miedo a perderle

hará que se dé cuenta de lo que siente realmente.

Si supiera que Armando ha marchado a atender una gestiones

y que mañana está de vuelta, se echaría todo a perder.

-Espero que no te equivoques.

No me gusta hacerla sufrir. -Ni a mí, pero no queda otra.

A ver si Susana se espabila.

Tranquilo. Juntos conseguiremos lanzar a Susana

a los brazos de Armando.

¿Quién iba a decir que mi tía iba a estar enamorada?

-Tú lo dices, Liberto: El amor no tiene edades.

Nunca es tarde para ser dichosos.

-Vamos a la boda.

-¡A la boda!

Y que no sea la última que veamos en estas calles.

Ramón estará de los nervios ejerciendo de padrino.

-Lo dudo, Carmen, mi padre tiene nervios de acero.

¿En cuántas bodas habrá estado ya?

-Aunque, entre nosotros, en su boda temblaba como un corderito.

-¿Dónde se habrán metido Rosina y mi sobrino?

-Ya conoce a Rosina,

no sería la primera vez que llega tarde a un evento.

-A este paso, Liberto no va a llegar a la boda de su gran amigo.

Pierda cuidado. Estoy segura que hoy nada puede salir mal.

-Por allí vienen.

-Disculpen el retraso. -Sí, perdonen.

Tengo un marido tan coqueto, no sabía qué traje ponerse.

-¿Cómo?

-Eh, eh, eh, que ya salen los novios.

Enhorabuena, amigo. -¡Bravo!

-Guapo. -¡Bravo!

-Atiza, no recuerdo haber visto a una novia tan guapa.

-No te apresures, Marcia, que te pisas el vestido.

-Gracias, Agustina. -Don Felipe,

aquí le hago entrega de la novia.

Aprovechen para dar sus últimos pasos como solteros.

-Gracias, amigo.

-¡Que vivan los novios! -¡Viva!

-¡Que vivan los novios!

-¡Viva!

(Aplausos)

-Guapa.

-¡Qué viva el novio y la novia por separaos!

-¡Yepa ya!

(Aplausos)

Marcia, ¿lo conoces?

-¿Santiago?

-Aquí estoy,

esposa mía.

¿A qué vienen esas miraditas? Tenemos un notición que darte.

Bueno, cuéntenme.

-Alfonso va a hacer la película con vosotras dos y sin mí.

¡Madre, eso no es verdad!

Anda que no nos hemos reído con sus anécdotas.

-Sí.

Pero se ha ido tan repentinamente... No se ha despedido de nadie.

Ni una triste nota.

No lo tenía por tan mal queda.

-Supongo que le habrán reclamado asuntos importantes.

Don Armando tiene muchos compromisos.

-Aun así, Liberto, marcharse así...

sin decir nada no es digno de él. -"Si es niño,"

me da igual, pero si es niña, que se llame Trini.

-Oh... Pues si es niño, yo elijo el nombre.

-(ASIENTE)

-Había pensado llamarlo como mi abuelo paterno,

Abundio.

Traigo una nota para Camino Pasamar y Cinta Domínguez.

-Sí, démela a mí. Gracias. -¿De quién es?

-Don Alfonso Carchano.

Es del productor. -¿Y qué querrá decirles ese hombre?

Hasta le solté que yo me casaría con él si estuviese soltera.

-¿Y ni por esas? -Sí, Lolita, pero reconoce

que la mujer no dejaba de suspirar

y de decir lo aburrido que estaba todo sin él.

Extraño tanto a don Armando...

Si pudieras hacer que volviera al barrio, aunque fuera de paso.

Dios te salve...

Vosotras veréis si os vais de la lengua

o si Susana descubre nuestro plan, porque entonces,

las que tendremos que dejar el barrio somos nosotras, ¿entendido?

-Sí, sí.

Señora,...

¿puedo hacerle una pregunta? Sí, claro.

Aún ama a don Felipe, ¿verdad?

¿Qué ha dicho?

Sería un placer enorme compartir con usted un refrigerio,

siempre que no la reclame otro compromiso.

-Me temo que no va a poder ser.

¿Quién es usted? -¿Cómo que quién soy yo?

Lo tengo todo preparado para empezar a rodar en unos pocos días.

Pero...

debemos hacer recortes directamente en el guion.

-Nos adaptamos a lo que haga falta.

-Ojala fuera tan sencillo, pero desgraciadamente no lo es.

¿Conoces a este hombre?

Marcia, ¿sabes quién es?

Por favor, contesta.

-Es mi marido, Felipe.

Lo mejor será llevarla en brazos a la pensión.

-Deprisa, deprisa, por Dios.

-¡Aparten! -Cuidado, cuidado.

-¡Rápido, rápido!

-Con cuidado, con cuidado.

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Acacias 38 - Capítulo 1110

02 oct 2019

Susana está inquieta porque Armando no aparece por el barrio y piensa que esto se debe a que Felicia ha pasado de él.
Cinta que se ha enterado de que Emilio está celoso porque se pueda enamorar de un actor prepara un encuentro romántico. Bellita y Jose hablan con Carchano para que cuente con las chicas en la película, el productor afirma que Cinta y Camino serán las actrices.
Yolanda se entera de que Mauro ha partido a Bilbao y decide marchar tras él, está enamorada. Felipe pide a Ramón y Casilda que sean los padrinos de su boda con Marcia, más tarde en medio de la ceremonia alguien irrumpe en la iglesia.

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