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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1104 - ver ahora
Transcripción completa

Te pondrás bien.

Da igual lo que digan los médicos.

No voy a permitir que nada malo te pase.

No merezco el premio del concurso.

-No digas sandeces. Además, no te quites méritos.

Nunca has pecado de modesta.

-El modelo que envíe no es mío, sino de mi hijo Leandro.

-No es posible.

-Orgulloso de su obra, me lo envío junto a una de sus cartas.

Lo realizó para la firma en la que trabaja en París.

No podemos rendirnos. Yo no pude salvar a mi amor.

A cambio, déjame que trate de salvar a tu amada.

Cómo le gustaría a una hacerse unos retratos así y probar suerte.

Vaya a producciones Carchano y hable con don Alfonso.

Seguro que no tiene inconveniente en hacerle fotos de prueba.

Mi tía ha renunciado al premio.

-¿Por qué lo ha hecho? No lo entiendo.

-No se sentía a gusto ganando el premio a unos noveles

cuando ella partía con tanta experiencia.

¿Vienen de parte de Camino y Cinta? -Así es.

Creen que podemos tener dotes innatas.

-Sí, sin duda las tienen.

Mi tía está últimamente más sensible de lo normal.

Echa de menos a sus hijos, que viven en el extranjero,

y a su nieto menor al que solo ha visto una vez.

Viven en Génova.

Es del doctor Balaguer, desde Barcelona.

Se trata de un prestigioso cirujano

especializado en el tipo de operación que Marcia necesita.

¿Por qué lo hace?

Vi un Felipe deshecho, de luto eterno,

está lejos de ser el hombre del que quiero disfrutar.

Es mejor que Marcia salve su vida.

Luego me encargaré de separarla de su amado.

Rodaremos una bobina muy corta para ver cómo se mueven ante la cámara.

Tenga claro que a las mil maravillas.

Mi Marcelina, que está de uñas con uno.

Ha pasao una noche de espanto por culpa del retrato de mi difunta tía.

Que no ha pegao ojo.

He logrado que un prestigioso cirujano

acceda a operar a Marcia.

Debes hablar con el médico de Marcia,

tiene que informarle que vamos a trasladarla a otro hospital.

Necesitaría que me prestara algo de dinero

para mandar a revelar de urgencia la bobina.

Mañana, en cuanto cambie un cheque,

le mandaré a un mozo al restaurante con el dinero.

Parecen cuentos infantiles. -¿Quién te lo envía?

-Hay una nota.

Es un presente de don Armando.

Para que se lo mande a mi nieto.

Voy a comunicar al doctor que nos llevamos a Marcia a Barcelona.

Nadie se ha pasado por el restaurante de parte de don Alfonso.

-¿A qué te refieres?

-A que nos haya tomado por tontos y nos haya timado.

Genoveva.

¿Sí?

El médico desaconseja llevar a Marcia a Barcelona.

¿Por qué?

Dice que su estado es muy delicado.

La voy a perder, la voy a perder para siempre.

No digas eso.

No puedes perder la esperanza.

Es inútil que me haga ilusiones.

He de ser realista. No,

tienes que ser optimista y creer,

creer que va a recuperarse. Por ti y por ella.

Ella sabe que estás aquí, a su lado.

Si te rindes, ella también se rendirá.

Marcia te necesita ahora más que nunca, Felipe.

Solo la fuerza de tu amor la salvará.

Tienes razón.

Ahora tengo que marcharme, he de hacer unas gestiones,

pero has de prometerme algo,

no vas a rendirte y vas a seguir luchando,

¿de acuerdo?

(Sintonía de "Acacias 38")

# No me importa nada si tu mano me sostiene.

# Pese a que las penas y los traumas

# a veces golpean fuerte. #

Anda, ¿a qué esa cara de uva pocha? ¿Qué te pasa?

¿A mí? Nada. ¿Qué me va a pasar?

¿Olvidas que te he parido?

Tú tienes algo que te inquieta,

y cuanto antes lo cuentes, mejor pa las dos.

Es don Alfonso, el productor.

¿Qué pasa con él?

Había quedado con Emilio en que iba a devolverle el dinero.

No me digas nada. No ha aparecido.

Ni aparecerá, hija. ¿Qué te dije?

Usted tenía razón, madre.

Ese hombre podría ser un caradura. Podría no, lo es.

Y un cantamañanas. Uy, Dios mío, lo sabía.

Yo sé más que los ratones coloraos.

¿Por qué nos pasa esto a nostras?

Nos ha engañao como a bobas.

"Que qué talento tenéis, que si hemos nacido para esto".

Bueno, bueno, por lo pronto cambia esa cara,

que te van a salir arrugas. Y déjame a ver

que piense cómo solucionamos esto.

¿Y cómo lo vamos a solucionar? Nos ha estafado.

Eso ya la veremos.

Mañana iremos a la productora esa

a decirle cuatro cosas a ese hombre.

A lo mejor engaña a mi niña,

pero se va a ir con la cara colorá.

(Puerta)

Voy a abrir.

Camino, ¿qué haces aquí? Pasa.

-Buenas. -Hola.

-He venido en cuanto me he enterado. Enterarte, ¿de qué?

Alfonso, el productor.

Ha aparecido por fin. Mientes.

Y ha devuelto el dinero.

No. Sí.

Estaba satisfecho con el resultado,

y se ha retrasado porque el laboratorio se las dio tarde.

¿No nos ha estafado? No, no, no, no, no.

Han estado hablando de la posibilidad

de hacer un pase en pantalla grande. ¿De verdad?

Mi madre les ha ofrecido el Nuevo Siglo XX.

Ha dicho que si a doña Bellita le parece bien,

que a ella también.

Madre, diga que sí, por favor, por favor.

Como pa que te diga que no.

¡Vamos a ser actrices! ¡Y de las buenas!

¿Cómo que un libro? ¿Qué tipo de libro?

-Un libro de cuentos en italiano. Para su nieto.

¿No te parece un detalle precioso? -Me parece exquisito.

-Y personalizado.

Ha tenido que pensar un rato en ella antes de que se le ocurriera.

-¿Dónde está mi tía? ¿Por qué no cena con nosotros?

-Estaba cansada. Comió algo y se fue pal catre.

Por cierto,

yo creo que ese libro italiano cuenta las aventuras de don Armando.

Porque me ha contao la señora y me he quedao muerta,

la de rodeos que ha dao ese hombre.

-Es muy viajado.

-Y un poco raro, ya que estamos.

Por cierto, voy a traer el postre, ¿qué quieren, sandia o melón?

-Lo que más rabia te dé.

¿No te parece que todo el mundo comenta lo encantador

y educado que es don Armando?

-Lo que creo es que hablas mucho de él.

¿He de ponerme celoso?

-Qué dices, ni por asomo, no.

Pero es muy buen conversador

y sabe muchas cosas. Aunque tenga un humor algo extraño.

-Rosina, ¿en qué estás pensando?

-Nada...

Como me conoces. En que distraiga a tu tía,

en eso pensaba.

Está tan alicaída últimamente.

-No sé si eso es buena idea.

-Es idea mía, es buena. Créeme.

Deberíamos propiciar una cita entre los dos.

Para que él hable y ella escuche, básicamente, pero bueno.

-¿Te recuerdo que ese hombre hizo llorar a mi tía?

-Pero tuvo un detalle muy bonito con ella.

-No sé, Rosina.

-No has de saber nada, solo obedece.

Haremos que Susana y Armando se crucen.

-¿Y cómo haremos eso?

-Muy fácil, llevamos a tu tía a la terraza.

Por ahí suele recalar don Armando.

Parecerá un encuentro casual y fortuito.

-Esas cosas salen mal.

-No si estoy yo detrás organizándolas.

-No me gusta engañar a mi tía.

-Liberto, es por su bien.

-Pese a todo.

-¿Vas a seguir siendo un aguafiestas o me vas a ayudar?

-¿Alguna vez no te he ayudado?

-¡Ja! Pues atiende.

Esto es lo que haremos.

(SE ASUSTA)

Señora, me ha asustado.

¿No ha dormido?

He amanecido temprano.

Enseguida le preparo el desayuno.

No, comeré algo por el camino. Salgo de viaje.

¿Cuándo? ¿Hoy?

Ahora mismo.

Haga mi equipaje. Poca cosa.

Una muda y artículos de aseo.

¿Adónde va?

Si me permite la pregunta.

Le contestaré, aunque no es de su incumbencia.

A Barcelona.

He contratado el automóvil más rápido,

espero regresar lo antes posible.

Asunto de mucha incumbencia debe ser

para que cometa semejante imprudencia.

Así es. He de traer de vuelta al doctor Balaguer

para que opere a Marcia.

Ya le he mandado un telegrama avisándole de mi llegada.

Ojalá estemos a tiempo de salvar a la muchacha.

¿Se va a esforzar usted tanto por ayudar a esa criada?

Ya le dije que sí. Empiezo a cansarme de su interrogatorio.

No busco su aprobación, Úrsula.

No he de compartir mis planes con usted.

Obedezca y punto.

Como guste la señora.

Iré a preparar la bolsa de viaje.

Muy bien.

Le dejo el correo.

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

(Llama a la puerta)

¿Qué hace usted aquí?

-¿Puedo pasar?

-El hospital no es mío.

-Esperaba encontrarle más dispuesto a arreglar las cosas.

Felipe, siempre hemos sido buenos amigos,

y me gustaría que siguiera siendo así.

-Me temo que eso no va a ser posible.

-Mire, yo,... yo me siento terriblemente mal

por lo ocurrido.

Nunca quise que a Marcia le pasara algo malo.

-Pero le ha pasado.

-Sí.

y quizás cometí algún error.

Tenía que haber compartido con usted toda la información que tenía.

-Eso nos habría ahorrado problemas.

Un poco tarde para pensarlo, ¿no?

-No soporto verle sufrir, Felipe,

y no poder estar a su lado, apoyándole.

-También es tarde para eso.

Curioso que la persona que lo está haciendo sea Genoveva.

A veces, la vida da extrañas lecciones.

-Sigo siendo su amigo. Déjeme ayudarle.

-Es el responsable de que Marcia esté entre la vida y la muerte.

Nunca le perdonaré. Jamás.

Y deje de enviar a don Ramón para que interceda por usted,

es un gesto muy cobarde.

-Es un gesto desesperado.

-Es inútil.

No quiero volver a saber nada de usted.

Márchese.

-Sé que lo está pasando realmente mal

y quería transmitirle mi afecto,

pero veo que estoy de más.

-Así es.

¿Qué vestido me pongo para el pase? ¿Este o este?

Con cualquiera estarás bien. Pero diga uno.

-El verde, que tiene más luz y más clase, como tú.

Gracias, padre. Ay, es que no sé, estoy nerviosa.

-¿Nerviosa, por qué? Por verme en la gran pantalla.

Espero haber salido bien y no verme como una mamarracha.

-Cuidao, mozuela, que está usted hablando de mi hija.

¿Creen que le gustaré a don Alfonso?

Sería un loco si no le gustaras.

Me voy a hacer pruebas de peinados. Les veo luego.

-¿Qué?

-Sé que lo que hizo don Alfonso te hizo desconfiar,

pero creo que debemos apoyar a nuestra hija con todo esto.

-¿Y yo qué estoy haciendo?

-No sé, pero muy a favor no pareces.

-Pero no es por falta de apoyo, es que estoy preocupada.

-¿Preocupada por qué?

-Porque se vea en la pantalla y no se guste,

se decepcione.

Está tan ilusionada...

Como Camino, también sufro por esa muchacha, no solo por Cinta.

-¿No confías en ellas?

-No es eso, Jose,

yo sé lo que es sentirse como ellas se sienten ahora.

Yo también he sido una jovencita llena de ilusiones y sueños.

-De eso hace un par de meses.

-Hace una vida entera,

pero aún me acuerdo.

A mí me salió bien, pero tuve mucha suerte.

-No fue suerte, sino talento.

Eras y sigues siendo la mejor de las mejores.

Fue un poquito de todo, me da a mí.

Tú siempre has estado conmigo,

pero ¿cuántos se quedaron en el camino?

Cuántos con la misma ilusión que nosotros, pero con menos fortuna.

-Y menos arte también.

-Vete tú a saber.

A veces, las cosas ocurren, y uno no sabe ni por qué.

Ay, Jose...

Este mundo es duro y yo no quiero que Cinta sufra.

No soporto ver cómo lo pasa malamente.

-Pero tendremos que dejar que haga su vida.

No podemos tenerla entre algodones. -Lo sé.

-Aparte, que creo que ha heredao el talento de su madre.

¿Te acuerdas cuando fuimos a ver la Dama del misterio?

Ha heredado tu arte.

Y tu cabezonería,

por eso no creo que nada la pueda parar.

Es lo que quiere, lucero mío.

Y nosotros debemos de apoyarla y confiar.

-(SUSPIRA)

También ha sido usted amazona. -Sí.

Y bien que se me daba, todo el mundo me lo decía.

Ese retrato es en una estancia en la Pampa,

que es como llaman allí a un terreno con caserío.

-Sí que ha hecho usted cosas en la vida, Arantxa.

-Ahora que lo menciona, Cesáreo, no se lo voy a negar.

De mozuela nunca hubiera imaginado que llegaría a cruzar el charco.

Y ya ve.

-Qué envidia.

A mí también me hubiera gustado viajar, pero...

-Es lo mejor del mundo.

Luego le subo un retrato de la Patagonia

pera que vea que es un lugar increíble.

-A las buenas. -Buenas.

-(ARANTXA SE ASUSTA)

Jesús, Jacinto, pero ¿qué hace con eso a cuestas?

-Marcelina, que quiere que me deshaga de él.

-Mala idea no es.

-¿Y qué hago, lo tiro por el balcón?

-No, hombre, con prenderle fuego bastaría.

¿Y que mi tía vuelva desde la tumba?

-Eso sería humillarla. -Pues póngale un paño encima

o dele la vuelta de cara a la pared.

-¿Como si estuviera castigada? Ah, no, eso tampoco.

-Jacinto, algo tiene que hacer,

¿o quiere ir con su tía a cuestas todo el día?

-Estoy en un callejón sin salida.

-Y a mí que esa señora, como que me cae bien.

Sí. Me recuerda a mi abuelo,

tienen los dos el mismo tipo de bigote.

-Ah, pues tengo una idea. ¿Y por qué no se lo queda usted?

-¿Y qué hago con un retrato de alguien que no es familia?

No, no. -Cesáreo, hágame el favor.

Marcelina está empezando su carrera como actriz,

y si está enfadada conmigo, se puede buscar un actor más guapo.

-Que no es difícil. -(SE BURLA)

Cesáreo, que yo tendré la conciencia tranquila,

sabiendo que mi tía está con alguien bueno y decente como usted.

Por favor.

-De acuerdo.

Está bien. -Gracias. Verá, verá,

verá qué compañía le hace. Verá, verá, más que una oveja.

Ya verá como el paseo le sienta bien, tía.

-Lo único que me sienta bien últimamente

es cerrar los ojos y dormir.

-¿Por qué no tomamos algo fresquito en la terraza del Nuevo Siglo XX?

Mire, ahí está Rosina.

Uy, otra vez ese señor.

Mejor volvamos a casa. -No diga tonterías, tía,

la conversación con don Armando la distraerá.

Y ya lo hemos hablado,

no puede esconderse como si fuera un oso.

-¿Quién dice que no?

-Aquel fue el primer día que comí insectos.

-¿Insectos? ¿De verdad comió insectos?

-Saltamontes, concretamente.

-Pero ¿qué necesidad?

-Estaban exquisitos, si me permite la puntualización.

-Se ha quedado una bonita mañana, ¿no creen?

-Más bonita es la mañana ahora,

que usted nos ha honrado con su presencia.

Buenos días, doña Susana.

Es usted pura luz.

-Quería agradecerle el detalle que tuvo conmigo

al regalarme ese libro de cuentos infantiles.

-En italiano. -En italiano.

Estoy segura que a mi nieto le encantará.

-Lo espero y lo deseo encarecidamente.

Hay algunos en esa recopilación que son de una belleza extraordinaria.

-Gracias.

-Don Liberto, lamento el trance por el que está pasando don Felipe

con el asunto de su bella amada.

Sé que le une a ese caballero una estrecha y sólida amistad.

-Así es, don Armando, somos muy amigos.

Y, la verdad, no lo está pasando bien.

Es terrible lo que le ha pasado a Marcia.

-Eso me recuerda a una anécdota que viví en el País del Sol Naciente.

Iba en una carruaje, cuando de repente,

me asaltaron unos feroces bandoleros.

"Lamento todo lo que le he hecho, Felipe,

y que por mi culpa, Marcia vaya a morir".

"Firmado: Mauro".

¿Yolanda?

¿Qué haces aquí?

-Le he estado siguiendo desde que salió del hotel.

Aguardé hasta que salió del hospital

y hasta que llegó a ese edificio de la calle Acacias.

Estaba esperando a que se quedara usted a solas.

-Iba a entregar una carta, pero al final no lo he hecho.

¿Dónde te habías metido?

Te he estado buscando.

-Cuando la policía llegó al cobertizo,

huí para no ser detenida.

-Méndez liberó a las chicas, no quería detenerlas.

-En el pasado cometí algunos delitos.

Hurtos pequeños y cosas así, pero... -Pero te busca la policía.

-Llevo varios días escondida.

Además,

me daba vergüenza volverle a ver.

-¿Vergüenza de qué?

-Que me haya conocido en un mundo tan sucio.

-A mí, eso no me importa.

-¿Cómo está Marcia?

Entiendo.

Será mejor que me vaya. -¿Ya, tan pronto?

-He sido muy imprudente saliendo de mi escondite, no puedo arriesgarme.

-No, espera. Conseguiré que te retiren los cargos.

Diré que has sido colaboradora

en el desmantelamiento de la red de Andrade.

-No puedo, lo siento. He de marchar.

-Yolanda.

Veámonos otro día.

-Lo intentaré.

Empuñó su espada y vino hacia mí dispuesto a clavármela.

-¿Y qué hizo usted?

-Ese Belcebú no sabía que yo tenía un as en la manga,

había agarrado arena en mi mano

y se la lancé a los ojos en el momento crucial,

evitando que ni siquiera me rozara con su afilada garrancha.

-¡Virgen santa!

-Tu tía se lo está pasando de rechupete.

-Ha sido una buena idea. -Como todas las mías.

-Él hombre daba vueltas sin ver ni un, y permítame la expresión,

pimiento morrón.

Se le había metido tierra en los ojos y lo veía todo borroso.

-¿Y qué hizo, aprovechó la confusión para robarle la espada?

-No, hice algo mejor.

-¿El qué? -Pues...

darle mis anteojos para que viera un poco mejor.

-(RÍE)

Por fin, alguien que tiene humor por estos lares.

ya empezaba a pensar que era cosa mía.

-(TODOS SE RÍEN)

(Puerta)

Me alegro de verle de vuelta, señor.

¿Quiere que le prepare un baño o algo de comer?

-Necesito descansar, cerrar un rato los ojos.

Antes me dio un vahído y casi pierdo el pie.

-Dese un baño, ya verá como le sienta bien.

Así regresará al hospital recuperado.

¿Cómo está Marcia?

(Puerta)

-Felipe, no se levante, no se apure.

Jacinto me ha dicho que había venido usted, y por eso he subido a verle.

Quería saber cómo se encontraba.

Bien. Bien, solo que...

Llore, querido amigo, no pasa nada.

-Está muy mal, don Ramón, está muy mal.

No va a salir de esta.

Se está apagando.

Aunque Genoveva me diga que he de mantener la esperanza, sé que...

he de asumir que va a morir.

Solo me queda rezar.

Aunque sé que Dios me abandonó hace tiempo.

Como también sé que...

voy a tener que enfrentarme a la pérdida de la mujer a la que amo,

y esta vez, amigo, no sé si podré soportarlo.

(LLORA)

Cargadito y con dos de azúcar. -Eso es. Muchas gracias.

-He visto a Don Felipe pasar hace un rato camino de su casa.

-¿Y cómo le ha visto?

-Regular, a qué engañarnos.

Parecía exhausto y deprimido. -¿No le preguntó por Marcia?

-No.

-Subiré a verle en cuanto me tome el café.

-¿Qué le ha pasado realmente?

-¿No lo sabe?

-He oído ciertos rumores,

pero nadie me ha contado la historia al completo.

-Es una historia larga y tiene un mal final.

Se la cuento otro día.

Mi padre y yo intentamos apoyarle en todo lo que podemos,

pero don Felipe está viviendo un auténtico calvario.

-Ya. No me quiero imaginar si me pasara a mí.

Buenas tardes. ¿Qué hacen? ¿Pegando la hebra?

Hablábamos de ti.

¿De mí?

De la desgracia que asola a don Felipe, en realidad,

y de lo duro que sería ver perecer a la persona que más amas.

Y yo, pues he pensado en ti.

Siento lo que está pasando esa pareja.

Marcia siempre me cayó bien.

Espero que todo termine pronto.

Ya que está usted aquí, Antoñito,

quería invitarle a un pase que se va a hacer en el Nuevo Siglo XX,

de las pruebas para la película que Camino y yo hicimos.

¿De verdad?

¿Vendrá? Lolita, Carmen y su padre de usted, están invitados.

Se lo haré saber.

Yo no me lo perdería, y estoy seguro que los Palacios tampoco.

Allí estaremos.

Cariño, ayúdame con el gemelo,

por favor, que con las prisas no atino.

-He estado dándole vueltas a algo.

-Miedo me da preguntar, pero me arriesgaré.

¿A qué?

-Antes de decir que me he vuelto loca, sopésalo.

-Pero date prisa, que llego tarde a una reunión con Ramón.

-Y si emparejáramos a tu tía con don Armando.

-¿Emparejarles? -Propiciar un romance

entre ellos. -¿Te has vuelto loca?

-Me lo has prometido.

-Yo lo sopeso, pero tiene que sopesarlo mi tía.

Es muy estricta con su moral y sus costumbres.

-Pero la conozco. Le gusta.

-Por no decir que lleva años sola.

-Bueno, pues por eso.

¿Acaso no quieres que ella se enamore

y sea feliz, como nos pasó a nosotros?

-Sí, pero... ¿ella?

-Todo el mundo necesita amor.

-Tú y yo sí, pero ¿ella?

-Ella también. Tu tía se está marchitando.

Necesita una inyección de vitalidad.

Y don Armando es perfecto.

Es educado, culto, cosmopolita... Todo un caballero.

Como a ella le gustan.

-Ahora que lo dices,

si hubiera una pareja ideal para mi tía,

sería don Armando.

-¿No has visto cómo se ríe con él?

Le ríe las gracias. Están hechos el uno para el otro.

Yo estas cosas las huelo. -Ya. ¿Y qué podemos hacer nosotros?

-Lo que se viene haciendo desde que el mundo es mundo,

hacer de Celestinos.

-Está bien, ¿qué tengo que hacer?

-Atiende, esto es lo que vamos a hacer.

¿Tipo de cámara? No sabría decirle.

Dicen que la tecnología evoluciona velozmente.

Lo cierto es que no me fijé.

Si me dicen que me grabaron con una caja de zapatos, me lo creo.

La parte técnica del cine despierta en mí mucha curiosidad.

A mí me pasa con lo artístico.

Ya.

Marcho,

voy a ayudar a Lolita con las cuentas de la mantequería.

Transmitiré la invitación a mi familia.

Con Dios. Con Dios.

-¿Qué te pasa?

Te noto nerviosa.

Lo estoy.

¿Y eso por qué?

Nunca me he visto en movimiento, solo en fotografía.

¿Y si estoy ridícula? ¿Y si parezco una mamaracha?

Eso es imposible del todo.

Tú eres un ángel lleno de gracia,

una mujer preciosa y una pedazo de artista.

Me has recordado a mi padre.

¿No sé si es bueno o malo?

Vas a triunfar, Cinta Domínguez.

Echa el freno, Emilio Pasamar, creo que estás exagerando.

Ni un poco exagero.

Lo que no entiendo es como no lo ve todo el mundo.

¿El qué? Algo que salta a la vista.

Que eres la mujer más maravillosa del mundo.

Eso no se acerca a la realidad,

pero me encanta que lo pienses.

Cuando me convierta en actriz,

y me vaya de gira, viajaremos por todo el mundo.

Sea.

Carratalá ha hablado con el ministro y ha dado su bendición

para que el barco zarpe.

-Pensé que las cosas se iban a demorar más.

-Y yo, pero Carratalá ha hecho un excelente trabajo.

En cuanto Genoveva regrese de su viaje,

hablaré con ella para concretar la salida con el armador.

Me mandó una nota diciendo ausentaba.

-Y a mí. Úrsula me la dio.

Un inesperado viaje, por lo visto.

-¿Tendrá algo que ver con el proyecto?

-No sabría qué decirle.

-Buenas tardes, Liberto.

-Buenas tardes, doña Carmen, está usted muy elegante.

¿Cómo va todo? -Estupendamente, gracias a Dios.

Esperando la llegada del nuevo nieto

y con ganas de saber que todo sale bien.

Le quería preguntar a Ramón qué tal está don Felipe.

Le dejé subiendo a su casa.

-Bien no está, a qué engañarnos.

Parece que Marcia se está muriendo. Eso dicen los médicos.

-Qué pena más grande.

-Estaba roto de dolor.

-¿Cree usted que los médicos podrían equivocarse?

-Todo es posible, pero debemos de prepararnos para lo peor

y recoger los pedazos de nuestro amigo.

-Rezaré por esa pobre muchacha.

Bueno, es hora de ir a ver la proyección de las pruebas

de Camino y Cinta.

¿Va a venir usted?

-Sí, he quedado allí con mi esposa.

-¿Pues... vamos los tres?

Iré a ponerme mi tocado mientras terminan el té.

No sé si saldrá de esta.

-Dios quiera que sí.

-Pobre Marcia, con lo buena que es.

No me hago a la idea de que esté pasando por esto.

-¿Tienes alguna novedad? ¿Sabes cómo está?

Me encontré a Agustina en la escalera,... todo sigue igual.

Don Felipe está destrozado. -Pobre hombre.

Me ha dicho Agustina que ahora no vaya a verla, que no es el momento.

Don Felipe está muy alterado esperando el desenlace final.

-Solo nos queda tener esperanza por ella.

¿Qué hora es? Uy, qué tarde. Que tenemos que ir a la proyección.

Y no he preparado los dulces que me encargaron para llevar.

-Pues más vale que avíes.

Oye, ¿y cómo han quedado las fotos con el productor ese?

-Yo no las he visto.

Mi prima se ha ido a buscarlas. Ahora vendrá aquí a enseñárnoslas.

-O se da prisa o no nos pilla. -Estará al caer, no te preocupes.

Pero hija, ¿cuándo te has convertido en una mujer?

-Hace ya, madre, pero estaba usted a por uvas.

-Estás preciosa.

-No sé cómo serán las pruebas que vamos a ver,

pero para mí ya eres una auténtica estrella.

-Gracias.

Con este calor ha sido un acierto hacer la proyección aquí fuera.

Bueno, voy a ver cómo va el piscolabis.

-¿O sea que esto es el cinematógrafo?

-Anda, no me digas que nunca has ido al cinematógrafo.

-No todo lo que me gustaría. Hace tanto, que ya ni me acuerdo.

-Es igual, solo que dentro de una sala, y la pantalla es más grande.

-Qué recuerdos. -(SUSPIRA)

¿No se incendiará el proyector? -Qué cosas tienes, mujer.

-O a explotar de repente. -Ni una cosa ni la otra.

Relájate.

-No me gustaría salir en llamas.

-No creo que salgas en llamas, pero preguntemos al experto.

Por favor, Emilio, ¿cómo funciona esto?

-Lo cierto es que no lo sé.

Ustedes siéntense y disfruten. -Lo haremos.

-Saldremos asadas como un pollo.

Buenas noches, señoras. -Buenas noches.

-Qué elegante se ha puesto usted, Carmen.

-Gracias.

No todos los días se ven películas donde aparezcan amigas.

-Desde luego. Qué ganas tengo de ver a Cinta y a Camino

en la pantalla. A ver cómo lo hacen.

-Fácil no parece, se lo digo yo, que hice mis pinitos como actriz.

-Ya me acuerdo, en la obra de mi niña.

Y no lo hizo usted nada mal. -Se agradece el cumplido.

-Qué pena que Felipe y Marcia se estén perdiendo todo esto.

-Pobre muchacha,

espero que todo se solucione y salga de esta.

-Sí. Dicen que está realmente mal.

-Parece que los médicos no tienen noticias muy alentadoras.

-Una tragedia terrible, lo que le faltaba a Felipe.

-Hay que ver lo que inventan.

-Así que, ¿de ahí sale todo?

-¿Sabe usted cómo funciona, don Ramón?

-La teoría me la sé.

Dicen que la cámara cinematográfica

es básicamente una cámara fotográfica

con un mecanismo de arrastre

que permite tomar imágenes a una velocidad

de 18 fotogramas por segundo.

-Cariño, ¿cómo sabes esas cosas?

-Las leo por ahí. -A mí, como si me hablara en chino.

Hay que irse ya, Casilda , o no llegamos a la proyección.

-¿Dónde se ha metido mi prima? Ya tendría que estar aquí.

-Buenas noches. -Buenas noches.

Estábamos echando el cierra.

-¿Qué? ¿Cómo hemos salido? No lo sé.

He cogío las fotos y he venío pa acá, no quería verlas sin ti.

-Ábrelo. Date prisa y salgamos de dudas.

Oh... -Madre mía.

-La verdad es que muy bonitas tampoco salimos.

-Estamos más feas que el pie del Jacinto.

-Me imaginaba otra cosa, a qué engañarnos.

¿Por qué no salimos como las actrices

que salen en las revistas del quiosco?

Como Lillian Gish, esa tan famosa que trabaja en América.

-A esas les ponen afeites

y les peinan el pelo, me lo ha dicho Antoñito.

-Pues vaya faena. -Faena de la buena.

-¿Y ahora qué?

-Ahora, apuraos, que hay que ir a la proyección.

-Ah, no, yo no voy.

No quiero saber na más de esto del cinematógrafo,

que me ha dao fatiga.

-Yo si voy a ir, total, no tengo na que hacer.

-Voy a prepararme.

¿Un piscolabis? -Muchas gracias.

Estás guapísima. -No, gracias.

¿Dónde está la otra estrella?

-Espero que no ande lejos. Ya es la hora.

-Conociendo a su madre, seguro que se retrasa a propósito

para hacer una llegada triunfal. -No sea mal pensada, madre.

Don Alfonso, quería presentarles a mis padres.

Don José Domínguez y... -Doña Bellita del Campo.

Sobran las presentaciones cuando se trata de la artista más importante

que ha tenido este país. A sus pies.

-Exagera usted, señor mío, pero le agradezco las palabras.

-No sabía que fuera su madre.

Ahora entiendo de donde le viene a su hija el talento.

Soy admirador suyo desde hace más tiempo

del que me gustaría reconocer.

Vengan a sentarse en primera fila.

Tengo unos asientos reservados por si venía alguien importante

y, no creo que vaya a venir nadie más importante que usted.

Por favor. -Muchas gracias.

-Que le pongan dos sillas a Bellita,

que en una no cabe de lo henchida que está con tanto halago.

-Como le gusta llamar la atención,

hasta cuando la cosa no va con ella, sino con su hija.

-¿Vamos? -Vamos.

-Antoñito, ¿y Lolita?

-No lo sé, padre, dijo que cerraba la mantequería

y venía a escape. No sé qué habrá pasado.

-Como tarde más, se pierde la película.

-Señoras y señores, sin más preámbulos,

vamos a ver la película de dos de las futuras promesas

¡del cine español!

¡Gracias por venir y disfruten de la película!

(Aplausos)

Prima, no te soliviantes, que no sales tan mal.

Anda, y vente a la proyección, hombre,

que es la proyección de una película,

y vamos a ver a Cinta y a Camino

moverse delante de las cámaras. -¿Y pa qué?

¿Pa que me dé envidia?

-Visto así.

-Yo iría a mi proyección, ahí sí que iría.

-Si tan a disgusto te has quedao,

¿por qué no le dices al productor de cine que te haga más retratos?

-¿Más retratos?

-Claro, igual sales mejor.

-¿Tú crees que don Alfonso querrá?

-Si no se lo preguntamos, no lo vamos a saber.

Anda, vente a la proyección de la película e intentamos convencerlo.

-No sé yo, prima.

-Pues decídete pronto, que salimos ya.

¿Y las llaves de la tienda? -Lolita, lo que tardas en salir.

La vida. -Y sirve para eso.

Ay, qué guapa está.

Uy.

Ay, mi niña, qué bonita está.

(Risas)

-(RÍE)

-¿No le gusta, madre?

-¿Estás de chanza, hija?

Estoy muy orgullosa de ti.

(RÍEN)

(APLAUDEN)

¡Eh! -Oye.

(Abuchean)

-Anda, hija.

¿Ves, Casilda? Por tu culpa nos hemos perdido la película.

-¿Por mi culpa? ¿Quién no encontraba las llaves?

Bueno, ¿qué les ha parecido? Digan algo.

(Aplausos)

-¡Bravo! -¡Bravo!

-Guapa.

(Aplausos)

Guapa.

-¡Bravo!

-¡Bravo!

¿Oiga? ¡Oiga!

¡¿Para qué pago el teléfono si nunca funciona,

nunca puedo hablar?! ¡Nunca, nunca, nunca!

Camino y Cinta no han estado tan mal.

-Ni bien.

La cosa no ha sido para tirar cohetes.

-Ya, yo lo hubiera hecho con más gracejo.

Cualquiera se lo dice a Felicia,

creo que habían sido satisfacción y orgullo.

-Y no sé por qué.

Si Camino o Cinta fueran hijas mías,

no les dejaba yo ni acercarse a ese mundo pernicioso

de la gente del cine.

¡Válgame Dios, son todos unos perdidos!

Ya se nos ha hecho tarde. Será mejor que marche a descansar.

-Sí, pero antes te quería pedir un favor, Susana.

Pasado mañana, Liberto ha quedado con unos amigos del Ateneo.

A mí no me gusta cenar sola, ¿cenarías conmigo?

-Estoy pernoctando aquí, ¿dónde iba a cenar?

-Aquí, pero a lo mejor te da por retirarte pronto,

comer algo ligero...

-Cenaré contigo, no te apures.

Me voy a dormir,

que mañana tengo que tomar el té con prima,

la que ha venido a visitar la ciudad.

Le dije que iría yo a su hotel.

-Haces bien. Eso es lo que tienes que hacer, entrar y salir.

-Me apetece más entrar que salir. -Pues mal.

¿Hoy te has divertido?

-Algo sí, a qué te voy a engañar.

-¿Ves? Pues mañana será mejor y al otro un poquito mejor.

Bueno, voy a decirle a Liberto que te vas.

¡Liberto! Tú tía ya se retira.

-Estaba terminando unos papeles que debo entregar mañana a Genoveva.

-Con las horas que echas en ese asunto,

esa doña te podía pagar algo.

-Buenas noches, tía, que descanse. -Buenas noches.

-¿Le has dicho a Armando a la cena?

-Le dije que acudiría mi tía, ¿y sabes qué?

Me ha pareció verle un brillo en la mirada.

-Nuestro plan va sobre ruedas, Liberto.

-¿Te vas a acostar?

-¿Te espero?

-No, ve yendo tú. Acabo estas cartas y voy enseguida.

-Ah, por cierto, ¿cómo sigue Marcia?

-De momento no sé nada. Estoy muy preocupado por Felipe.

-No es para menos, te entiendo.

Tendríamos que haberle invitado a la proyección,

habría salido de casa y se hubiera distraído.

-Poco conozco a Felipe si ahora mismo está en casa.

Estoy seguro de que está pegado a esa cama del hospital,

y lo estará hasta el amanecer.

(SE QUEJA)

¿Te acuerdas cuando nos hicimos este retrato?

Salimos a pasear por el centro

y entramos en un estudio de fotografía.

A ti te daba vergüenza... pero te convencí.

Me alegro mucho de tenerlo.

Ya casi no me acuerdo de tu sonrisa.

Te echo tanto de menos.

Marcia, cariño, no me dejes, por favor.

No me dejes, por favor. No me dejes, por favor.

¿Quién es usted?

Felipe, es el doctor Balaguer.

Ha venido para operar a Marcia.

-Buenos días. Encantado. -Doctor,

espero que esté en buenas manos. -Puede estar tranquilo.

¿Les gustó la proyección?

-No solo resultó entretenida, sino además, reveladora.

Debe estar orgullosa de su hija Camino, estuvo espléndida.

-A lo mejor estamos ante un nuevo talento del celuloide.

¿A ti te comentó algo don Alfonso?

-Creí que había hablao contigo.

-Ya cantará.

-Mira que a mí no me entró por el ojo al principio.

-Y razón no le falta, porque eso de pedir los dineros al principio...

Eso es como lo de pa que la gallina canté, el dinero por delante.

Es muy feo.

Marcia será operada de nuevo por el doctor Balaguer.

¿El renombrado especialista de Barcelona?

El mismo.

Ha visto su caso y ha decidido intervenir esta misma tarde.

-¡Ah! -¿Y no es un poco precipitado?

Me temo que no podemos esperar, cada minuto cuenta.

Mañana voy a ofrecer una cena. Vendrá un señor muy importante,

y quiero que todo quede perfecto, desde el menú hasta el salón.

-Sí, sí, señora, sí.

-Te aviso con tiempo para que te esmeres.

Es un hombre de mundo, de fino paladar.

No le veo yo dejando atrás sus viajes y sus experiencias.

-Cada cosa a su edad, doña Felicia.

Ahora, lo que me pide el cuerpo es un lugar como Acacias,

rodeado de caras amigas y disfrutando de estas tertulias.

Lo siento, Jacinto, pero no puedo tener más tiempo a tu tía en casa.

-Si no ha pasao ni un día con ella. -Y me ha sobrao.

La ponga donde la ponga, no deja de mirarme, me da repelús.

¿Va a mudarse a Acacias?

-Lo estoy contemplando.

Estas veladas en el Nuevo Siglo XX no tienen nada que envidiar

a las del bulevar Saint-Germain. -Envidiar no lo sé,

pero la temperatura seguro que no es la misma que aquí.

-Parece que el señor y Felicia han hecho buenas migas.

¿El doctor Balaguer le ha adelantado algo?

-La urgencia con la que ha convocado su operación,

nos da una idea de la gravedad de su estado.

Solo él puede salvarla.

He ido con Emilio a la productora de Alfonso.

Por el momento no va a hacer ninguna película.

Yo pensaba que le había encantado la prueba.

Y yo. Le he preguntado,

pero don Alfonso dice que se lo tiene que pensar y que por ahora no.

Genoveva no deja de sorprenderme.

La rapidez con la que ha traído a este médico es...

digno de elogio.

-Eso demuestra que todos merecemos otra oportunidad.

No es necesario que finja conmigo, señora.

Ha traído usted a ese médico

para que termine definitivamente con Marcia.

¿No es cierto?

"Sé que ha rechazado mi compañía muchas veces".

-Esto no es fácil para mí.

Y dudo que su compañía sea lo que más necesito ahora.

Queríamos saber su opinión sobre la actitud de don Alfonso

tras la proyección de la bobina.

-Usted y su marido llevan años de experiencia

en la farándula,

supongo que estarán acostumbrados a tratar con este tipo de personas.

-Pues se equivoca, Felicia,

uno nunca se acostumbra a que le den la espantá como ha hecho Alfonso.

Quiero estar cerca cuando Marcia salga de la habitación.

-Si no le importuna, me gustaría acompañarle a usted.

-Me parece perfecto.

Genoveva también me ha ofrecido su compañía.

-Iremos los tres juntos.

En estos momentos, no sobran ni el apoyo ni la compañía.

Oiga Servando, ¿y usted pa qué me necesitaba?

-¿A ti también te ha hecho venir? -Si no, ¿pa qué iba a venir?

-Ah, sí, sí, os quiero enseñar una cosa.

Venid y veis lo que habéis colgao.

Es...

don Alfonso Carchano, madre.

¿Se puede saber qué hace usted en esta casa?

-Doña Bella, me gustaría hablar con usted

a solas.

-¿A solas de qué?

¿Qué se ha creído? -No la entretendré mucho.

Se lo prometo.

El amor lo puede todo, y no hay pareja que se ame como vosotros.

No sabes cuánto agradezco tus palabras.

He de marcharme.

Es tarde y tengo que recibir a los invitados

que vienen a rezar por su recuperación.

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Acacias 38 - Capítulo 1104

24 sep 2019

Camino trae por fin noticias sobre Alfonso, las bovinas están listas. Se organiza en el restaurante la proyección de la película de las jóvenes, que resulta ser un éxito. Allí Alfonso descubre que Cinta es hija de Bellita del Campo.
Mauro pide perdón a Felipe por la situación de vida o muerte en la que se encuentra Marcia, pero el abogado, desolado, no le puede perdonar. Genoveva aparece en el último momento en la habitación de la brasileña con el doctor Balaguer, una eminencia en cirugía.

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  1. Barbro Norrgård

    No me gusta la musica que toca al mismo tiempo que hablan. No oigo muy bien lo que dicen entonces. Po favor apaga la musica cuando hablen los actores. Attentamento Barbro de Suecia

    25 sep 2019