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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1101 - ver ahora
Transcripción completa

Para Marcia. Está en peligro.

De no ser así, no te pediría el dinero.

Estoy desesperado.

Felipe está recaudando dinero para el rescate de Marcia.

-¿Cree que lo va a conseguir?

-Tenía prisa, lo quería para esta misma tarde.

Doce mil pesetas.

Has tenido suerte, las tengo.

¡Fuego! ¿Dónde? ¿Dónde está el fuego?

-"¿Dónde está el fuego?". "¿Dónde está el fuego?".

Ahí, en su pie está el fuego.

Por cierto, ya veo que se le ha curao, ¿no?

-Doña Bellita es artista,

ella sí que sabe de cine y de teatro.

Si ella deja a Cinta ir a la prueba, ¿usted me deja a mí?

-Tienes que hablar con tu tía. -¿Qué ocurre ahora?

-El diseño que va a presentar al concurso es un espantajo.

-Si es por Ledesma, no te inquietes.

Tengo entendido que ahora vive en Francia,

y entre sus planes, no está volver.

Están haciendo pruebas para encontrar actrices,

y que quiero presentarme.

-Bueno, lo hablo con tu padre con calma y te contesto.

Déjeme ir con usted. No.

Yo no tendría que ir si hubiese cumplido lo prometido con Marcia.

-No podemos seguir esperando, comisario.

Hay que actuar ya, o perderemos a Felipe, a Marcia y a esa banda.

-Vamos.

¿Ha venido solo? -Hoy nos hemos repartido el trabajo.

No pensé que fuera posible

en los negocios de los que ustedes se ocupan.

Nadie confía en nadie.

-¿Un telegrama pa mí?

Primo, léemelo tú. -Que te han hecho heredera, prima.

-"Agradezco la sinceridad".

Será mejor que me vaya, aún estoy a tiempo de rehacer el diseño.

¿Y quién le dice que Felipe llegará a un acuerdo con Andrade?

Ni por 15 000, ni por 150 000.

Me voy a quedar el dinero, don Felipe.

También a Marcia.

¿Qué le parece?

¡Alto, policía! -¡Policía!

-¡Todos al suelo!

-¡Policía! -¡Suéltela!

¡Suéltela, por favor! ¡Suéltela!

-¡Atrás, atrás! Si alguien se mueve, la mato.

-Quiero, Andrade.

-(MARCIA LLORA)

La señorita y yo nos marchamos, señores.

Ha sido un placer. -¡No se mueva!

Mis hombres rodean la casa. No saldrá vivo.

Tampoco mi protegida.

-Déjela ir.

Lléveme a mí en su lugar.

No le daré problemas. -Usted ha sido problema.

Usted y su amigo Mauricio,

un repugnante policía.

-Ha perdido, Andrade. Evítenos una carnicería.

-¡Le daré más dinero!

¡El que pida!

Puedo evitar que vaya a la cárcel. -¡Quieto!

(Disparo)

-¡Felipe!

(Disparo)

¡Dejen caer las armas! -¡Marcia!

-¡A por ellos, a por ellos! ¡A por ellos!

-¡Un médico! ¡Llamen a un médico, por favor!

¡Un médico! ¡Llamen a un médico, por favor!

Cariño, cariño...

¡Un médico! ¡Llamen a un médico, por favor!

Un médico, por favor.

Un médico.

(Sintonía de "Acacias 38")

Por favor, Emilio.

¿Qué hace usted, que está pasando?

Ese. Lleva todo el día vigilando. -¿Y quién es?

-No sé. Pero no les quita ojo ni a Cinta ni a mi hermana.

-¡Un guarro! Un voyerista.

Un voyerista de esos que dicen ustedes.

¡Eh, usted, asqueroso!

¡Canalla! -¿Quién, yo?

-¡Sí, usted, sátiro, marrano, más que marrano!

-Le voy a dar una somanta,

que se le quitarán las ganas de mirar.

-No soy un mirón.

-¿Y el que mira, qué es?

-Estoy observando a las señoritas, pero sin rijo,

por motivos profesionales.

-¿Profesionales? ¿Se cree que lo está arreglando?

-Producciones Carchano.

-Productor de películas,

sí, aunque yo prefiero llamarlas

filmes.

Alfonso Carchano, para servirle. -¿De Producciones Carchano?

-El mismo, señorita.

-¿Lo conoces? -De nombre.

-Mi fama me precede.

Es de la compañía que busca actrices.

Propietario, director, ojeador.

-Lo de ojeador nos ha quedado claro.

-Lo siento mucho, se lo aseguro.

No pretendía inquietarles.

-Las películas, no sé cómo las hará usted,

ahora, como espía, es usted una calamidad.

-¿No se han planteado, bellas señoritas,

la posibilidad de trabajar

en el apasionante mundo del cinematógrafo?

-¿Cinematógrafo?

Señor Carchano, ¿por favor, cómo me voy a plantear yo eso?

Ah, que decía por ellas. Como ha dicho señorita...

-Bueno... ¡Ya lo creo!

Desde que vimos sus carteles, no hemos pensado en otra cosa.

Bueno, yo no tanto.

Me gustaría, pero mis padres no me han dado permiso.

No ceje usted entonces, insista en ello, convénzales.

Es una gran oportunidad. -¿De verdad cree que podríamos?

-Por supuesto. Tiempo al tiempo, prudencia.

Antes que nada, debería hacerles algunos retratos,

para ver cómo quedarían en pantalla.

A veces, el celuloide es traicionero.

Pero...

Aquí pueden localizarme a cualquier hora.

-Chist. Eh, a cualquier hora no, ¿eh?

Digo yo que será una hora decente y cristiana.

-Cristiana, católica, apostólica, y si quiere, romana, señora.

Es una forma de hablar.

Las espero, señoritas.

Buenas tardes a todos.

Y que sean productivas.

-¡Ah! ¡Qué bien!

Ay, Felicia, no sé yo si hemos sido suficientemente delicadas.

La pobre Susana es muy sentida.

-Más le hubiera dolido presentarse a ese concurso

y salir trasquilada.

-Eso no podemos saberlo con seguridad.

-Por el amor de Dios, Rosina,

usted sabe bien que ese figurín olía a naftalina.

A naftalina del siglo pasado, para ser más exacta.

Se hubieran reído de ella. -Sí.

Desde que enviudó, tiene la sensibilidad a flor de piel.

Desde siempre. Se viene enseguida abajo.

Melancólica, Susana es para echarle de comer aparte.

(Pasos)

-Buenas tardes, señoras.

¿Bajan a dar un paseo?

-A que nos dé un poco el aire. ¿Venía a visitarme?

-No, doña Rosina, iba al altillo a ver a Agustina.

Por cierto, me crucé

en la calle con doña Susana, y no sé, la noté algo alicaída.

No estaría de más que se interesasen ustedes por ella.

-Habrá que ver si ella está interesada en nosotras.

-Sí. Hemos tenido una diferencia de opiniones.

-Sí, sobre...

un diseño que ha dibujado.

Le di a entender que no estaba a la altura de su talento.

-Bueno, tampoco le habrá dicho usted que es feo.

-Sí. Feo y trasnochado, por no decir decimonónico.

Que era verdad,

pero me siento como si le hubiera quitado el caramelo a un niño.

-Conociendo su amistad, la entiendo a usted,

pero tampoco es de buenas amigas mentir por compasión.

-Eso es lo que digo yo.

Hubiera sido una traición dejar que se presentara con ese adefesio.

-Hemos salvado su prestigio, ¿no?

La hemos dejado para el arrastre, pero salvado su prestigio.

-Bueno, pero piensen que así le han dado otra oportunidad,

para mejorar. -No sé yo.

Después del varapalo, no sé si tendrá ganas para presentarse.

Además, el plazo para presentar los figurines acababa por la tarde.

Pobre, qué mal debe estar pasándolo.

-Por lo visto, Susana tiene cierta propensión a la nostalgia.

-Como es viuda...

-Claro.

-Yo la voy a sacar del pozo,

cueste lo que cueste. Yo la empujé,

y yo la sacaré.

-Con Dios. -Con Dios.

Mi amor, te van a operar.

Te van a sacar la bala. Después, todo habrá terminado.

-¿Me permite, por favor?

Enseguida la llevarán a quirófano.

Cariño,...

¿me oyes?

No te puedes ir.

No puedes.

Hazlo por ti,... por mí,...

por la vida que nos espera juntos.

Te van a salvar, y yo estaré aquí esperándote.

Te van a... curar, mi amor, te van a curar.

No puede morir, ¿me oyen?

(EXHALA)

(Pasos)

¿Se la llevan a quirófano?

Saldrá de esta, Felipe,

he visto muchas heridas similares, se recuperará.

Y seréis felices. Andrade se pudrirá en el penal

y para ustedes será un recuerdo,

desagradable y lejano.

-¿"Muchas heridas similares"?

¿Y cuántas provocadas por usted?

-No entiendo... -¡Cállese!

Si muere,... si Marcia se muere,...

la habrá matado usted.

Entiendo que haya perdido los nervios,

yo mismo me tuve... -Mire,...

Andrade apretó el gatillo, sí, pero usted organizó ese asalto,

poniendo en riesgo a Marcia y a todas las chicas.

Justo lo que quería evitar negociando.

-No es justo, Felipe.

La operación estaba en marcha antes de que interviniera.

Había costado mucho tiempo y recursos planearla,

de forma que no hubiera que lamentar desgracias.

Pero usted actuó como un lobo solitario.

-¡Como un lobo solitario no,... un hombre enamorado!

¡Tenía que proteger a Marcia!

Yo velé por la vida de Marcia y del resto de mujeres.

De otro modo, no... -Escúcheme,...

¡si su intención era salvar a Marcia, ha fracasado!

¡La detención le va a proporcionar felicitaciones,

quizá medallas, pero ha fracasado!

-La están atendiendo, no está muerta.

Quería proteger a Teresa y murió, ¡su propia esposa murió!

-¡Deje de considerarse un paladín de las mujeres!

Usted las mata.

(EXHALA)

(Música)

Me alegro de que la señora tenga ánimos

para una música tan jubilosa,

tan viva.

¿Celebra algo la señora?

¿Podría traerme un té?

Naturalmente.

Señora, ¿estaría muy confundida si dijera que su contento

tiene algo que ver con esa extraña visita que hizo usted ayer?

No andaría muy desencaminada, no.

Y supongo que si no lo ha hecho ya,

no me quiere hacer partícipe de sus andanzas.

De momento, solo debe saber que estoy solucionando

algunos de los desaguisados que ha cometido.

Duele un reproche así, señora.

También me dolió a mí que fallara en sus intrigas.

Lo siento, señora.

Bien está lo que bien acaba.

Iré a preparar el té. Perfecto.

Y empieza a preparar la cena. No cualquier cosa.

Quiero que sea como usted ha dicho, una cena de celebración.

¿La ternera con ciruelas pasas que tanto le gustó?

Suena bien.

¿A las nueve? Sea.

Señora, entonces, ¿podemos estar tranquilas?

Yo lo estoy.

Sabe a qué me refiero.

¿Está todo solucionado? Ya se lo he dicho.

¿Ha quedado zanjado el asunto de don Felipe con la ramera?

Lo sabrá a su debido tiempo.

Pero no se preocupe, será pronto.

Con permiso.

Prima, ¿tienes algo por ahí pa echarme al buche?

Se me está haciendo la tarde más larga que un día sin pan.

-Por ahí tiene que haber unos torraos.

Pero a lo mejor están rancios, aunque menos da una piedra.

-Pues antes de subir, ha pasao Cesáreo por el portal

y, me ha dicho que la policía anda de zafarrancho.

-¿Y eso?

-Al parecer, ha habido un tiroteo en una casa de los arrabales.

-¿Bandoleros?

-Puede ser. Agua, agua.

-Sí, toma.

-Bueno, pero sea quien sea, les han dao pal pelo.

Los guripas lo tenían bien preparao

y los han trincao con las manos en la masa.

-Por lo menos ha sido en los arrabales,

no nos ha tocao a nosotros.

(JACINTO SE RÍE)

-No hace falta que te escondas, que sé que estás zampando.

-Sí. Unos torraos más rancios que el tocino del año pasao.

-Pa eso venía a buscarte, pa ver que querías pa cenar,

que ya he cerrao y voy pal cuchitril.

-Ah, pues cualquier cosa, lo que haya, algo ligero.

Ah, ¿pueden ser unas gachas de almortas?

-Sí. ¡Con tropezones de pedernal, no te digo!

Unas sopas de ajo y vas que te matas.

Las almortas te llenan como una tinaja.

-¿Y pa qué preguntas?

-¡Anda, calla y dame torraos!

Prima, ¿has sabío algo más de la herencia?

-No sé quién me la ha dejao.

He intentao llamar a mi pueblo, al alcalde,

pa ver si alguien la había palmao,

pero ni me han dao conferencia.

Y eso que he esperao dos horas.

-No hables así, sea quien sea, será alguien allegao.

-Tos mis parientes cercanos se largaron del pueblo, como yo.

Ha tenío que ser un tío lejano que ni siquiera conocemos.

-Lejano o cercano, tuvo que ser alguien de corazón

pa dejarte a ti la partición.

-Lo mismo me ha dejao una cabra.

Ya me diréis que hago yo con una cabra en el altillo.

-¡Qué altillo! ¡No, no, no!

Si has heredao una cabra, me la das, que yo la crío.

-¿En el cuchitril? ¡Ni loca!

O la cabra o tú.

Y que conste que te preferiría a ti.

¡Anda, que te voy a dar yo a ti cabra!

-Espera, mujer, que dicho así suena raro,

pero... si piensas en ella como en un huésped.

Ande comen dos comen tres... -Tira.

Pa'lante, vámonos.

¿Y qué hago yo con una cabra?

¿Marcia herida de bala? -Y con pronóstico de gravedad.

Andrade le disparó prácticamente a quemarropa.

-El proxeneta.

-Proxeneta, traficante...

Admite muchos calificativos el canalla.

-A ver, a ver, deje que yo me aclare.

El tal Andrade se dedicaba a comerciar con mujeres,

y usted lo sabía.

¿Y estaba al tanto el comisario Méndez?

Le pedí que no se entrometiera, que dejara actuar a la policía.

-Es lo que estoy haciendo.

Verá, comisario,

hay algo que Felipe desconoce y que no debe salir de aquí.

Sigo siendo policía.

-¿Qué está diciendo?

-Nada más que la verdad.

Mi llegada no fue casual,

ni fruto de la desesperación por la pérdida de mi esposa.

Fui enviado por mis superiores.

Formo parte de una misión que investiga el tráfico de mujeres.

-Tráfico del cual, cree que ha sido víctima la prometida de Felipe.

-Sospecho que su desaparición está relacionada.

Por eso comparto los intereses de Felipe.

-Debería habérmelo comunicado antes.

Haber contado conmigo desde el primer momento.

-El secreto de mi cometido me lo impedía.

-Ahora lo está traicionando al contármelo.

-Me veo obligado.

Debemos impedir que la desesperación de Felipe

dé al traste con la investigación.

Comisario, necesito su colaboración.

¿Por qué nos lo ocultó?

-La operación dependía de mi discreción.

Tuve que desvelárselo a Méndez por razones de eficacia.

-Tomen asiento, por favor.

¿Y Felipe?

-Felipe quiere a Marcia. No pude ocultárselo mucho tiempo,

habría hecho una locura.

-Si he comprendido bien,

los dos, Felipe y usted, se infiltraron en la banda de Andrade.

-Nos fingimos clientes.

Antes de realizar la detención,

debíamos asegurarnos de que tenía a las chicas

para acusarle sin riesgo.

-Riesgo el que asumieron usted y Felipe.

Podrían haberlos matado. -Gajes del oficio, Liberto.

Lástima que todo acabara

con un enfrentamiento armado.

-¿Les sorprendieron a ustedes?

-Felipe se precipitó,

consiguió el dinero para el trueque

y se presentó en la casa a rescatar a Marcia.

De alguna forma, supieron que no era un simple cliente.

-¿Sobrevivirá?

-Todavía la están operando. Espero que sí.

Felipe me responsabiliza por el disparo que recibió.

-Vayamos al hospital, al menos le haremos compañía.

-Gran idea. Vayan ustedes. A mí no quiere verme por allí.

-Le dejaré una nota a Rosina diciéndole

que quizá pase la noche con Felipe.

No sé dónde se habrá metido esta mujer.

Camino, ¿te falta mucho? Vamos a ir cerrando.

Madre, ¿no le gusta a usted mucho el cinematógrafo, verdad?

-No lo he frecuentado mucho.

Supongo que porque no está bien visto por la jerarquía eclesiástica.

-Pero... habrá ido alguna vez.

Madre, conmigo no tiene que hacerse la mojigata.

-¡Niña!

-Dígame la verdad. -Alguna vez sí.

Y por lo poco que he visto, parece entretenido.

-¿Le cuento lo que nos ha pasado a Cinta y a mí esta misma

-¿Qué?

-Un productor muy afamado...

El de los carteles. -Ese.

Alfonso Carchano.

-Y Producciones Carchano es su empresa, me acuerdo.

-Eso es. Pues nos ha preguntado

si nos gustaría que nos hiciera unos retratos.

-¿Para qué? -¿Para qué va a ser?

Para asegurarse de que valemos para el cinematógrafo.

-Un descarado es ese Carchano.

No te habrás comprometido, ¿verdad?

-No... No... del todo.

-¿Le has dicho que sí?

-Ha sido él quien ha visto algo en mí,

bueno, en nosotras

No puede ser tan difícil.

Es como jugar a ser algo,

princesa o heroína...

¿No me diga que no le gustaría verme vestida de Agustina de Aragón?

-Eres muy joven, y los titiriteros no son la mejor compañía

para una chica de tu edad. -¿Eso qué más da?

No es como el teatro, que hay que estar semanas de gira.

-Igual, igual no, pero parecido sí.

Deja de hacer tonterías.

-Es para que vea lo bien que se me daría.

De algo me ha tenido que servir ser muda.

-He visto salir del 38 a don Ramón y a don Liberto

con ese amigo de don Felipe.

Don Mauro. -¡Ese!

Parecían los tres un poco descompuestos.

-Dios no lo quiera.

Espero que don Felipe no vuelva a las andadas.

No está pasando por su mejor momento.

-Ya.

Bueno, ¿cerramos ya? -Sí.

¿Sabes que tu hermana quiere ser artista?

-Si ha sido él quien ha cazado a Alfonso Carchano.

-¿Cazado?

-Le he visto merodear y he creído que era Ledesma, que había vuelto.

-Casi le da un estacazo.

Menos mal que Arantxa me paró los pies, sino...

-Dile a madre que me deje hacer esos retratos.

Solo por probar.

Me hace mucha ilusión.

-Madre,

no creo que haya ningún mal en ello.

Después de la racha que hemos tenido,

no estaría de más que alguno de nosotros se divirtiera.

-¡Diga que sí, madre, diga que sí!

-(ASIENTE)

¡Ay, madre, no se va a arrepentir!

Gracias.

Os lo digo yo, que nunca he sido nunca sospechosa

de abultar cuentos. Me lo ha contado mi marido:

don Felipe y nuestro conocido, el inspector San Emeterio...

-Don Mauro, como le conocemos nosotros.

-Don Mauro, sí. Los dos, a riesgo de sus propias vidas,

se introdujeron en las mismas fauces

de una banda criminal, con objeto de desarticularla

y detener a todos y cada uno de sus miembros.

-Ah.

Pues... no crea que me he enterado de to lo que ha dicho,

con el debío respeto.

-Que han detenido a una banda de malhechores,

a quien Dios no perdone nunca.

-¿Y pa qué se han metío en ese fregao?

-Para rescatar a Marcia, Jacinto,

que hay que dártelo to desmigao.

-Ah.

-Pero no todo salió como ellos esperaban

y, ahora, la buena de Marcia está en el hospital

debatiéndose entre la vida y la muerte.

-Ave María purísima, que Dios le ayude.

-A pesar de las hablillas, Marcia no se había ido por su propia voluntad.

-¿No dije yo desde el principio

que había algo raro en el mutis de la muchacha?

Estaba cantao. -¡Acabáramos!

De ahí lo raro que estaba el señor.

Nosotras creyendo que le había vuelto la afición por las fulanas

y, el pobre estaba jugándose la pelleja por Marcia.

-Los periódicos no dicen nada.

-Como el suceso fue tarde, no les ha dao tiempo a meterlo.

En los periódicos hay unos ingenios, que se llaman rotativas...

-Prima, no te pongas ahora de ingeniera,

que no estamos pa lecciones.

Yo voy a ir al hospital, ella necesita a una amiga al lao.

-Tú, por ahora, no vas a ningún sitio.

Don Ramón y Liberto estuvieron anoche y no había noticias.

Ahora se han vuelto a ir. Felipe no quiere que se le moleste.

-Perdone, pero cuando una mujer está en el hospital,

necesita a otra mujer,

los hombres son unos pamplinas pa pedirles según qué cosas.

-¿Es verdad lo de Marcia y el tiroteo?

-Sí, Arantxa, sí, por desgracia sí.

-Por lo que cuentan, está entre la vida y la muerte

-¡Madarikatu!

-Déjate de palabras gruesas, Arantxa, te lo pido.

-A ver, doña Rosina, palabras gruesas son las que me callo,

que solo les he llamado malditos.

-Doy fe, lo mismo me dijeron unos hinchas del Athletic de Bilbao

cuando vinieron a jugar la Copa del Rey.

-Y usted, que tanto alardea de mantener la ley y el orden,

¿dónde estaba cuando se llevaron a Marcia?

-Ya lo siento, pero dicen que era una banda muy bien organizada.

Un día precioso, ¿no es cierto?

-No para todos.

A Marcia se la llevaron unos traficantes de mujeres

y, ahora está en el hospital con un balazo.

No, no es posible.

-Eso lo dirá usted, pero sí es posible.

Mi señor ha estado con don Felipe, y él mismo se lo ha contao.

-Sí, mi esposo está allí con ellos.

-¿Ha salido del quirófano?

-Los doctores se han pasado la noche entera batallando.

Tenía la bala alojada en un pliegue del pulmón.

-¿Y el pronóstico?

-Muy grave.

-Su vida pende de un hilo.

¿No pruebas la manteca colorá?

Arantxa se va a enfadar,

que ha ido al quinto pino a comprarla,

parece que en Acacias no es fácil de encontrar.

-¿No he de querer?

Ya sufrí bastante en la Argentina,

allí sí que no la encuentras ni con candiles.

Algo ha debido de pasar.

Hay un montonera de vecinos en torno a Liberto.

-¿No me digas?

En este barrio no se gana pa sustos.

Creí que tenía que ir a despertarte.

-Buenos días también a ti, hija.

-¿Has dormido mal? -A la vista está.

Tiene más ojeras que la virgen de los Desamparaos.

-Hija, me duele, pero no me parece que sea pa tanto.

-Pa tanto, ¿el qué?

-¿No se lo cuentas tú?

-Ea, otra vez que soy el último en enterarme.

-Como quieras.

Nada, anoche le prohibí que fuera a hacerse unos retratos

para el cinematógrafo. Cosas de la edad.

Lo dice como si fuera un capricho.

¿Y qué otra cosa es?

Aunque lo fuera, ¿qué tiene de malo?

Te lo dije y te lo repito:

no me da buena espina el tal Alfonso Carchano.

¿No ve que se anuncia con carteles en los muros?

Si fuera un desaprensivo, no lo iría contando por las esquinas.

Y si fuera un empresario conocido,

no tendría que ir asaltando a jovencitas.

¡No entiende nada!

En el cinematógrafo siempre están buscando caras nuevas.

El público quiere actrices lozanas,

y no aguantar año tras año a los mismos vejesto...

¡Dilo, dilo, vejestorios, ¿no?!

O vejestorias, que quede más claro.

No he dicho eso.

Porque estoy delante.

No, de verdad, que es otra cosa.

-La niña en parte tiene razón. Sí.

El cinematógrafo se acerca mucho al artista,

es muy fisgón, y las arrugas y las patas de gallo cantan La traviata.

-Eso, tú arréglalo, como siempre.

-Que no, que no tiene nada que ver contigo.

Tú no has hecho películas porque tu arte no cabe en una pantalla.

Pero la niña... Lo moderno, vamos, es otra cosa.

¿A que sí, padre?

No he dicho ni que sí ni que no.

Pero no me parece que hacer unos retratos comprometa a nada.

Ay, amá, no se lo van a creer,

unos desalmados le han pegado un tiro a Marcia.

-¿Dónde?

-En el pulmón. -Digo que dónde estaba ella.

¿No había puesto tierra de por medio?

-Según don Liberto...

-Por eso todos estaban con él.

-Claro, porque viene del hospital...

Al parecer, el estado de la muchacha es grave.

Bueno...

El caso es que ella no se había largado,

al revés, se la habían llevado unos matuteros

que van comprando y vendiendo mujeres.

¡Pobrecilla!

-Ea, con lo modosita y buena persona que es.

¿Lo ves, Cinta?

Como para fiarse del primero que llega ofreciendo retratos.

-Voy a ver a Liberto y a ofrecerme por si se me necesita.

Don Felipe debe estar roto.

-Espera, Jose, que cojo un abanico y voy contigo.

Madre, ¿y lo de los retratos?

¡Ni retratos ni retratas, ni Cristo que lo fundó!

Qué niña.

-Mira que eres oportuna.

Yo... vengo con el susto en el cuerpo.

(Pasos)

Señora,...

encargó usted a Andrade que se ocupara de Marcia,

¿es eso?

Oh... Es un incapaz.

O peor aún, un traidor.

Conmigo se comprometió a sacar de España a esa furcia

y ahora le falla a usted también, la deja con vida.

Deberíamos hacer algo para meterle en cintura

o, al menos, señora, para que cumpla su palabra.

(cae la bandeja)

¿Por qué ha hecho eso?

¡Solo trato de proponer terminar el trabajo que Andrade no supo hacer!

No solo por amor a don Felipe,

sino también por poder.

No podemos permitir... ¡Cállese!

Es usted estúpida.

Una estúpida engreída además.

Yo solo trato de cumplir sus deseos, señora.

Nunca le pedí a Andrade que matara a esa muchacha.

Pues tiene una bala en el cuerpo.

Le di instrucciones a ese esclavista para...

Lo organicé todo para que fuera un trabajo sutil.

Ha sido el destino, ¡el destino!

Si lo desea, yo puedo ayudarla.

No.

Me adaptaré a las circunstancias,

aprovecharé ese giro de la fatalidad.

Sea lo que sea que tiene en mente, cuente con mi ayuda.

A usted le prohíbo terminantemente que tome iniciativa alguna.

Se lo dije.

No tengo más remedio que soportarla.

Se limitará a las tareas domésticas, exclusivamente.

Prepare mi mejor vestido.

Jesús, Jesús, desde luego,

viendo dónde la han tenido y cómo ha terminado todo,

habría sido mejor que se hubiera marchado por su propia voluntad.

-No hable usted así, doña Bellita.

Marcia todavía podría salvarse

y hasta llegar a ser feliz con don Felipe.

-No digo yo que no,

pero que le queda una marca en el alma, de eso estoy segura.

-Solo de pensar en las pesadillas que tendrá, se me hiela la sangre.

-A gente como Andrade en mi tierra,

y no hace tanto, se le desollaba vivo, sin el menor remordimiento.

Hay pocas cosas que me alteren tanto, como la trata de personas.

-Entiendo su furia, amigo Domínguez, pero el respeto a la ley

es el pilar fundamental de la sociedad.

Andrade será juzgado

y recibirá su merecido, pero con arreglo a derecho.

-Antoñito, ¿vamos al hospital? -Sí, sí, sí.

-A mí también me gustaría ir.

-Mi marido y yo también queremos.

-Ya, me hago cargo, pero les agradecería paciencia.

Felipe está con los nervios a flor de piel

y hemos acordado espaciar las visitas.

-Bueno, pues...

díganle a don Felipe lo apenados que estamos,

y a Marcia, si la virgen del Carmen

ha tenido a bien protegerla, díganle que rezamos por ella.

-Y que la esperamos pronto de vuelta.

-Descuiden, que los dos sabrán lo mucho que se les quiere.

-Gracias.

-No hay nuevas, ¿verdad? -No.

En el quirófano han terminado, pero no está en la habitación.

-Ay... Quiera Dios que las próximas noticias sean esperanzadoras.

No he visto a Susana esta mañana, ¿sabe usted algo?

-No he dado con ella.

De hecho, no ha dado señales de vida desde ayer.

-¿No es para preocuparse?

-Si en un rato no aparece, volveré a buscarla.

Me estoy inquietando.

-No tenemos de que preocuparnos. Querrá estar sola.

-Susana no es de las que se queda un día sin salir de casa por gusto.

-Démosle tiempo.

¡Qué grata sorpresa!

Es un honor presentarles a don Armando Caballero,

diplomático de carrera. Mi esposa Rosina.

-Un placer, señora.

Ahora comprendo la felicidad que se aprecia en el rostro de Liberto.

-(RÍE)

-Doña Bella del Campo, insigne artista.

-Doña Bella no necesita presentación

entre las personas que adoramos el arte.

Un placer. -Y su marido, don Jose.

-Domínguez, afamado guitarrista.

He pasado espléndidas veladas

escuchando sus rasgueos.

-Será usted de los pocos.

-También había oído hablar de su gracejo.

-Pero qué bobo eres, hijo.

-Y doña Felicia Pasamar, nuestra restauradora.

-En buena hora, doña Felicia. ¿Me creerá si le digo

que he decidido pasear para conocer su establecimiento?

-Tendrá usted reservada mesa cuando quiera.

Solo tiene que pedírmelo.

-Siéntese con nosotros, por favor.

Será un honor que participe en nuestra tertulia.

Don Armando y yo nos hemos conocido en el Ateneo.

-Y hemos mantenido largas y lúcidas conversaciones sobre lo divino

y lo humano. Debo reconocer

que don Liberto ha sido de inestimable ayuda para mí, digamos,

en este nuestro país.

-¿Ha pasado muchos años fuera?

-Muchos, aunque no me quejo.

Mi ausencia se ha debido al servicio a la patria y la acepto con orgullo.

-Debe ser fascinante su profesión.

Todo un diplomático, ahí es nada.

-Mucho sacrificio, ya le digo,

aunque también muy gratificante.

Viajando y residiendo en el extranjero,

nunca se deja de aprender.

Hay tanta riqueza en todas esas otras culturas.

-Nosotros también hemos gastado suela

viajando por esos mundos de Dios.

¿Dónde ha estado, si no es indiscreción preguntarlo?

-Todo lo contrario.

La curiosidad es la llave de la ciencia.

Los últimos años en Oriente,

Japón y China, principalmente.

Culturas milenarias que admiro profundamente.

Pero dejemos de hablar de mí.

Cuéntenme de sus vidas, que presumo más que interesantes.

-La verdad es que, como vecinos, no estamos pasando por un buen momento.

La prometida de un gran amigo nuestro

ha resultado malherida en un operativo policial

para detener a sus secuestradores.

-No sabe cuánto lo lamento

y, naturalmente, le deseo

un pronto restablecimiento.

¿Qué tipo de lesión? -Un tiro.

-Una herida de bala, quiere decir, un disparo.

-¿De veras?

En uno de mis viajes por nuestra América,

uno de mis guías resulto herido por un disparo

y tuve la fortuna de presenciar

cómo el jefe de la tribu que nos acogía

le curó aplicándole la savia de unas hojas recién cortadas.

Una maravilla de la farmacopea natural.

-¡Fascinante!

Lo digo y lo repito.

-¿En qué país sucedió eso?

Cuente, no se haga de rogar.

Ya sé que no es cosa de mi señora,

pero es cómo lo ha dicho, como si no tuviera derecho a ir al hospital.

-Anda, tómate la tila. Ya irás cuando Marcia pueda recibirte.

-¿Sabes qué me amarga más?

Tragarme que Marcia se había marchao por no fastidiar a don Felipe.

-Buenas. ¿Estás mejor, renacuaja?

-¡Quiá, todavía tiene remordimientos!

Como si ella pudiera haber hecho algo pa que no se llevaran a Marcia.

-Esto es pa ti, a ver si te animas.

-¿No será la herencia?

-Viene del pueblo.

¡Anda que si está llena de billetes...!

-¡Ábrela! -Que la abra el que la ha traído.

-Es del alcalde.

Dice que...

La tía Olegaria.

Dice que en su pecho de muerte...

¡No, lecho, lecho!

En su lecho de muerte,

la tía Olegaria...

decidió dejarte todos sus bienes

por... lo bien

y lo mucho que la cuidaste aquel invierno que estuvo enferma.

-¡Pero si casi nos llevábamos a matar!

Y no la he visto desde entonces.

-¿No hay na más?

-Tres patatas con más brotes que un geranio.

-Solía quedarse de cada cosecha con las que tenían formas raras.

-Tres cantos de río.

-Para espantar a los gorrinos que se le comían las berzas.

-Un crucifijo hecho con palillos

y el...

retrato de un señor con bigote.

¿Qué dices, burro? Es ella, la tía Olegaria.

-Ah...

-¿Y qué hago yo con to esto?

En esos mismos llanos venezolanos de que les hablo,

la fauna es tan rica, tan variada,

que podría pasar toda una vida estudiándola.

Existe un animal al que llaman cachicamo,

una especie de armadillo,

cuya carne es un manjar. -¡Asombroso!

-Fascinante,

lo digo y lo repito.

-Nosotros conocemos bien Argentina y hemos visitado Venezuela,

pero en boca de usted parecen otros países.

-Muchas gracias.

Aunque ahora, lamentablemente, tengo que irme.

Pero permítanme que les cuente un detalle que había olvidado.

Ese jefe indígena capaz de curar con apenas unas hierbas un balazo,

murió de purgaciones.

Purgaciones.

(RÍE)

-(RÍEN SIN ENTENDER LA GRACIA)

-Bueno, ha sido un verdadero placer conocerles.

Tengan por seguro que haré lo imposible

por volver a disfrutar de su conversación.

Con Dios. -Con Dios.

--Con Dios. -Con Dios.

Ay... Liberto, gracias por presentarnos

a este señor, por favor.

Es un narrador nato.

-Fascinante. Lo que yo quería pa mi niña.

Pero este está más granaito.

-Ahora me duele todavía más que Susana no haya estado presente.

Con lo que le privan los caballeros de la cabeza a los pies.

Voy a ir a su casa para contárselo.

-No seas tan impulsiva, cariño.

Si mi tía ha querido ausentarse por un tiempo, respétala.

Por eso he venío, porque sé las buenas migas que hiciste con Marcia,

y me he dicho: seguro que hasta se siente culpable.

-Un poco sí. Pero siempre la defendí.

Llegué a pensar que algo malo le había pasado, y fíjate,

ha resultado secuestrada y casi vendida.

-¿Y cómo está?

-Tu Antoñito, don Ramón y Carmen han vuelto del hospital

y entoavía no se sabe na.

El tiro está en mu mal sitio.

El médico no quiere despertarla pa que no se mueva.

-¿Y don Felipe?

-Muy malamente. Agustina se ha quedao con él.

Me da a mí que la parejita va a tener suerte.

-Como los regüeldos.

-Vamos, mujer, anímate. Piensa en tu herencia.

-¿Herencia? Échale un ojo a la herencia.

-¡Ahí va!, Casilda...

¡Ahí va!

Pero ¿quién es el mengano del bigote?

-Mujer, que es mi tía Olegaria. Eso no es más que pelusilla.

-Ya. ¿La vas a tener en tu habitación?

-A ver, qué voy a hacer. Es pariente.

-Casilda.

Buenas tardes, Lolita.

Buenas tardes. -Buenas tardes.

¿Ya está la merienda? -Ahora mismo, señora.

-Yo me marcho.

Ánimo, Casilda.

-¿Has preguntado por ahí por Susana?

Oh, sí, sí.

Se ha comprao toas las revistas de moda

que había en el quiosco. He pasao por su casa,

pero no me ha abierto, dice que está ocupá.

-¿Ocupada con qué?

No le da tiempo a presentar otro diseño.

El plazo termina esta tarde.

¿Y ese señor con pelusilla quién es?

-Señora, que es mi tía Olegaria.

-Ah. -Y es hembra, como toas mis tías.

-Vaya...

Pues ya estás sacando ese retrato de la cocina,

que parece que te vigilara un guardia civil.

-Pues sí, sí que parece.

No es que hubiera pensado en ser actriz ni nada,

pero la ocasión la pinta calva.

Hablaré con ella.

Si a mí no me parece mal,

no sé por qué debería parecérselo a ella.

Será inútil, ya sabes lo cabezona que es.

-oye, ¿qué os tengo dicho sobre las distancias entre vosotros?

¿Dónde anda Arantxa? Preparando la cena.

Pero se asoma de vez en cuando, no tema usted.

-Un caballero el señor de esta mañana.

-Don Armando. Fascinante, sí.

Y más listo que los ratones coloraos.

Lo que es un diplomático, vamos.

-Y con una mente muy abierta. Nada pacato.

Cómo hablaba de la gente que ha conocido por esos mundos.

Seguro que piensa que la vida es cuestión

de aprovechar las oportunidades cuando te llegan.

-¿Te crees que me la das, malaje?

¿Ya te ha convencido la niña pa que me cameles con lo del cinematógrafo?

Es que sigo sin ver por qué le da tanto coraje.

Al tipo, porque no me fío un pelo de él;

y al cinematógrafo, porque a cualquier cosa la llaman arte.

-Tiene razón.

El cinematógrafo todavía no es un arte, pero lo será.

Y Cinta, con su belleza,

su gracia y salero, podría ser una gran actriz.

Como mi hermana, que va a hacerse los retratos.

Entiendo que le moleste que la gente sepa que su hija

va a trabajar en algo con tan poco arte,

pero... ¿qué le parece si no le digo a don Alfonso

que soy hija de Bella Del Campo?

Y así, cuando triunfe, nadie podrá decir

que fue porque usted estaba detrás, apadrinándola, vamos.

-Haced lo que queráis. ¿Queréis retratos?

Pues que la niña se haga retratos y salga el sol por Antequera.

¡Muchas gracias, madre!

Vamos a decírselo a Camino.

Esta tarde quedamos con don Alfonso.

¡Esas manos, que van al pan!

-Ay.

¿De verdad no quiere que le traiga algo para comer?

Lleva usted aquí... casi veinticuatro horas

y no ha probado bocado.

-Si muere... no podré seguir viviendo,

no esta vez.

-La curarán.

-Ya deberían haberla traído.

-Vaya a asearse al menos.

No querrá que cuando vuelva le vea a usted así.

Yo me quedaré y le doy aviso.

-No se lo merecía.

No se merecía que traficaran con ella,

y no se merecía ese disparo.

Y puede que yo tampoco la merezca a ella.

-Los dos se merecen el uno al otro.

Dios no va a dejar pasar eso por alto.

No les abandonará.

-¿Qué haces aquí?

Dile a tu marido que descanse, ya no puede hacer más.

Felipe estaría todavía peor de no haber contado de su compañía.

(Puerta)

-Se ha encontrado a Felipe peor de lo que esperaba.

Vamos, que parece que no le queda ni una gota de esperanza.

-No todo está perdido.

Si ha salido de la operación con vida, no hay por qué desesperarse.

Ay, Susana.

-Casilda está rarísima.

-Por lo de Marcia. Son amigas. Dame dos besos.

Siéntate.

Anda,... como has desaparecido, no te has enterado de nada, claro.

-Me he encontrado a Liberto en la calle y me ha puesto al día.

Espero que la muchacha se recupere.

Es rarita, pero no se merece algo así.

Rarita pero buena persona.

-¿Nos vas a contar por qué te has encerrado prácticamente

un día entero?

No me digas que te ofendí diciéndote la verdad sobre tu figurín.

-¿Ofendida? Debería estarte agradecida.

No lo estoy, pero quizá debería.

Gracias a tu falta de tacto,

me llegó la inspiración como un torrente, como la marea,

y me he pasado la noche y el día dibujando un nuevo vestido.

Venía a enseñártelo. Bueno, a enseñároslo.

-Pero...

¡Es una preciosidad!

-Sí, qué trabajo más señorial y refinado.

¡Y es moderno, muy moderno!

¡Más que moderno! ¡Vanguardista!

-¿Me estáis tomando el pelo? -¡No digas sandeces!

¡Es un primor, en serio!

-¡Es una joya! -¿Sí?

¡Voy a presentarlo, que ya voy justa!

¡Si llegas a tiempo,

te lo llevas de calle! ¡Ánimo, va!

Lo mínimo que puedo hacer es acompañarle.

Ni siquiera me hago una idea de lo que está sufriendo.

Gracias.

Y no dejo de pensar en lo que ha podido sufrir esa joven.

Es muy injusto, el mundo es injusto.

Y hay personas que lo hacen todavía peor.

Hice lo que pude para evitarle el sufrimiento,

por sacarla de esa casa...

Yo debería haber recibido ese disparo.

Significan mucho para mí tus palabras y aliento.

Estoy aquí para ayudarle en lo que sea posible.

¿Y qué tienes, pues, que te desasosiegas de esa manera?

-El retrato de mi tía Olegaria.

Desde que me he enterao que ha entregao la pelleja,

la tengo presente a todas horas.

-Andrade no es tonto.

Si nos da nombres, perderá la ayuda de los que le ayudan desde afuera.

-Esto no puede quedar así.

Necesito esos nombres. Especialmente, el de Úrsula.

Que sufra las consecuencias de comprar a Marcia en su día.

Está más lanzada que la propia Cinta.

Y ella lleva el arte en las venas.

-Por eso estoy tan alterada.

Es la primera vez que tengo la oportunidad de...

ser una artista.

Cinta ya ha demostrado lo que vale encima de un escenario.

Quiero dejar claro que sirvo para algo más que ser camarera.

Mauro es policía.

Solo que ahora trabaja para una red internacional

que investigaba este caso. -Rediez,...

qué sorpresa se lleva una.

Quiero su opinión sobre las fotos que se han hecho nuestras hijas.

Ustedes son gente del espectáculo

y entienden mejor que yo sobre estos asuntos.

-Lo nuestro son los teatros y el cante,

del cinematógrafo no sabemos ni papa.

Ya se conoce en el barrio el fallo del jurado del concurso.

-Ay, pues ¿qué ha pasado? Cuenta.

-No ha quedado finalista.

He pensado en ir a ver al señor Carchano

pa que me haga unos retratos como los de Cinta y Camino.

¿Qué os parece?

-Me parece fetén si te hace feliz.

Como se ha informado a este periódico,

la policía no descarta realizar nuevas detenciones

en las próximas horas.

El caso Manaos ese, va a traer cola.

Ha salido publicado en los diarios de la mañana y tarde.

¿Qué les parece si rodamos un par de bobinas?

¿Ahora mismo?

¿Para qué esperar?

Busco actrices para mis próximas producciones.

Y puede...

que ya haya dado con dos de ellas.

Me pica la curiosidad por ver ese diseño.

¿Y qué fue exactamente lo que le inspiró?

-(LLORA)

-Tía, ¿qué le ocurre?

Sabemos que el cirujano no logró extraer la bala.

Vamos, que solo nos queda rezar.

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Acacias 38 - Capítulo 1101

19 sep 2019

Rosina, tras decirle la verdad a Susana sobre su diseño está muy preocupada por su amiga, sabe lo sensible que es, pero la sastra le sorprende mostrándole un nuevo diseño precioso. Armando Caballero, exdiplomático, llega al barrio y conquista a los vecinos con su amplia cultura y mundo.
Emilio ataca al hombre que persigue a Cinta y Camino, pero no se trata de Ledesma sino de Alfonso Carchano, el productor de cine que anuncian los carteles. Está interesado en hacer unas fotos a Camino y Cinta.
Después de que Andrade descubriera la verdadera identidad de Felipe, Mauro aparece para salvar a su amigo y detener al proxeneta, pero en medio del conflicto se producen dos disparos y Felipe cae de rodillas intentando salvar a Marcia de un disparo.

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  1. kassir consuegra

    Yo sabía que iba a decir Venezuela, amada mi Patria el Paraíso Terrenal que Dios nos dio, la que nos quitaron los ladrones políticos y Él nos devolverá. Te amo mi Venezuela, pronto volveré.!!! Allí empecé a ver esta novela hace dos años.!!!

    25 sep 2019