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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1100 - ver ahora
Transcripción completa

Lo mejor es encontrarnos en persona

y hablar tranquilamente sobre el asunto.

¡Por fin somos novios formales!

Sí, mi amor, ahora nada podrá separarnos.

El proyecto que, según usted, no me interesa,

es el puente por el que Felipe vendrá a mí.

Lo peor ya ha pasado, Úrsula.

Los frutos que he cosechado pronto madurarán.

-He convencido a tu tía para que se presente al concurso.

Mi trabajo me ha costado,

pero mi insistencia ha sido más fuerte que sus recelos.

Es una carta de César para Felipe que debo entregar en mano.

Andrade accede a entregarnos a Marcia a cambio de 15 000 pesetas.

-Ayer Cesar recibió una llamada muy extraña.

-¿Qué tipo de llamada?

-De una mujer, parecía que hablaban de negocios.

-He perdido la técnica, no sé dibujar.

-Tenga paciencia, tía,

en cuanto suelte la muñeca, recuperará su destreza.

-"Sé que se preocupa por Yolanda y que se ha encariñado con ella".

-No tengo ningún vínculo con ella.

¡Me ve inquieto porque me preocupa que lo que ha hecho arruine

nuestra operación!

El comisario y yo tenemos listo el operativo para sacar a todas,

incluida Marcia.

Solo esperamos la oportunidad. -¿Y esto cuándo será?

¿Hoy, mañana, dentro de un mes? ¡Mauro, no puedo esperar!

La reputación de Susana se resentirá y, no habrá marcha atrás.

Alguien debe decirle algo, antes de que sea demasiado tarde.

-Hable usted con ella.

Debe decirme cuánto pide por la mulata.

-Le envié una nota concretando

cuánto valía la libertad de la muchacha.

"¿No la ha recibido?". -No he recibido ninguna nota.

-Todavía me dura el disgusto del anillo.

Convencía estaba de que venía a pedir la mano de la niña.

-Después de una cosa, vendrá la otra.

-De momento, que se quede en noviazgo.

Buscan jóvenes actrices para películas.

-¿Por qué no nos presentamos?

Podrían seleccionarnos para protagonizar una película.

¿Cuánto necesitas?

Doce mil pesetas.

Eso es mucho dinero.

Te lo devolveré todo en unos días.

Tanta urgencia, ¿no tendrá que ver con Marcia?

Es una cantidad muy alta de dinero.

Antes de concederla, tengo derecho a saber su destino.

¿Es para algo relacionado con Marcia?

Sí.

Necesito el dinero para salvarla.

Para Marcia. Genoveva, está en peligro.

De no ser así, no te pediría el dinero.

Estoy desesperado.

Esa mujer ha representado todas mis frustraciones.

¿Y ahora tengo que ayudarla porque tú me dices que está en peligro?

No es justo. Lo sé. Si hubiera otra solución...

12 000 pesetas es mucho dinero.

Don Ramón me ha dejado todo lo que había en su caja fuerte.

Me habría hecho un cheque con el resto, pero...

lo necesito para esta misma tarde.

Ni siquiera sé si tengo una cantidad tan alta.

Deberías tener una caja fuerte. Hay solo documentos.

He estado casada con un banquero,

y sabes que son más importantes que el dinero.

12 000 pesetas.

Has tenido suerte, las tengo.

Me queda muy poco.

Te puedo firmar un documento con el préstamo.

Tú eres abogado y necesitas una firma.

Yo no, yo solo confío en la palabra.

Las firmas se pueden falsificar,

pero faltar a la palabra es más grave.

Gracias por confiar en mí.

Te daré una cartera,

no está bien que vayas con ese dinero en el bolsillo.

Ten.

Creo que pertenece al primer vecino de esta casa,

Germán de la Serna, creo.

Un gran hombre.

Quédatela, ya te he dicho que no es mía.

Ya te lo dije,

podías contar conmigo para lo que fuera.

Solo confía en mi palabra.

Temí que... al ser causa de Marcia te negaras.

Yo no pude ser feliz contigo, te deseo que tú lo seas con ella.

Necesito algo más.

La caja está vacía, apenas quedarán 100 pesetas.

No es dinero.

Se trata de Úrsula.

Que no sepa nada, al menos por el momento.

Temo que si esa mujer se mete por medio,

no logre salvar a Marcia.

Úrsula no es el Satán que imaginan.

Pero está bien, como desees, no sabrá nada.

Nunca lo olvidaré.

Ve. Haz lo que tengas que hacer.

¿Por qué?

¿Por qué le ha dejado ese dinero?

(Sintonía de "Acacias 38")

Si usted no hubiese fracasado, no tendría que haberle prestado nada.

Va a usarlo para liberar a Marcia.

Eso sería imposible si hubiera cumplido con su parte.

¿Qué hace esa mujer todavía en España?

Tenía que estar muy lejos.

Todo se retrasó.

Me prometieron que a estas alturas, ya llevaría tiempo fuera del país.

Le mintieron, y usted me mintió a mí.

¿Creía que Felipe se iba a quedar de brazos cruzados

viendo como todo sucedía.

No la imaginaba tan cándida, Úrsula.

De no haber sido por ese policía, por Mauro,

don Felipe no sabría por dónde empezar a buscar.

¿No contaba con los imprevistos?

Por favor, no me decepcione más todavía.

Menos mal que me he podido adelantar a los acontecimientos.

¿Adelantarse?

¿Sabe qué he conseguido con ese préstamo?

Ganarme para siempre la confianza de Felipe.

Un resultado enorme para haberme gastado solo 12 000 pesetas.

Pero, con ese dinero, la va a rescatar.

Una vez juntos, para usted será inalcanzable.

¿Y quién le dice que Felipe llegará a un acuerdo con Andrade?

Ni por 15 000,

ni por 150 000.

Y, ahora, déjeme sola.

Sigo sin entenderlo.

Ya lo hará.

Comprenderá qué pretendo cuando me vea recoger los pedazos de Felipe.

Largo.

¿Y si me eligen a mí?

Podría ser tan famosa como Mary Pickford.

O a mí.

Nos iríamos a vivir a este sitio que sale en las revistas,

donde hacen las películas.

¿Cómo se llama, Emilio? -Sí. Hollywood o algo así.

Eso. -¿Tú no querías ser cantante?

Cantante y actriz.

Cantante, actriz, bailarina, carpintera,

y fontanera. Tú lo que eres es una avariciosa.

-No me extrañaría que os cogieran y os convirtierais en estrellas,

sois las dos mujeres más bellas de todo Acacias.

-¿Solo de Acacias?

-De Acacias y de toda la ciudad.

No te quedes corto, de España y parte del extranjero.

Eso es.

Y de todo el universo, si hay mujeres bellas en otros planetas.

-Ahí ya has exagerado.

Pero ¿por qué no nos acercamos a la productora?,

y que empiece nuestra carrera hacia la fama.

Yo tengo que hablar con mi madre.

Ahora no quiero tener problemas.

Quiero que sepa lo que voy a hacer.

Ya. Sí, yo también hablaré con la mía.

¿Emilio?

¿Pasa algo?

-Ahí había un hombre.

-¿Quién era?

-No lo sé, pero nos estaba mirando.

¿Crees que puede ser... Ledesma?

A ver, no lo he reconocido,

pero no creo que ese hombre se atreva a volver.

De todas formas, seguro que ha sido una casualidad.

O eso, o lo que hablábamos,

que admiraba vuestra belleza.

Venga, volvamos dentro, seguro que no es nada.

(RONCA)

-Señora, ¿tan aburrido es ese libro que se duerme?

-No. Estaba pensando en lo que había leído.

-Ah, ya.

Verá, ¿quería hacerle una pregunta?

-Mientras no me pidas que te suba el sueldo...

-De eso también, que llevo cinco años cobrando lo mismo.

Para que veas qué buena soy, que podría habértelo bajado.

¿Qué querías?

-Verá, ¿ha visto esos anuncios del cinematógrafo,

que buscan estrellas?

-Sí. Sabía que alguien me lo preguntaría.

No me voy a presentar, Casilda, ya no tengo edad.

Aunque no dudo que de joven podría haber sido una estrella.

-Ya, y yo no lo dudo, pero no preguntaba por uste,

preguntaba... por mí.

¿Tengo alguna posibilidad?

-(RÍE) No me hagas reír.

Pero ¿y eso por qué?

-¿Cómo que por qué? ¿Tú te has visto?

Eres una criadita, no tienes la suficiente clase,

ni la suficiente belleza, ahora que me lo preguntas.

-Pero a lo mejor buscan a una actriz que haga de criada,

y una criada un poco agraciá, y no la habrá mejor que yo.

-Ni actuando harías bien de criada. Yo lo haría mejor.

Eres pésima como criada.

(Puerta)

Anda, ve a abrir.

Debe de ser doña Susana. Y prepara dos tés.

Y nada de lo de actriz, si no quieres su risa.

-Perdóneme, pero yo no estoy de acuerdo con usted.

-No voy a dormir pensando en que no estás de acuerdo conmigo.

Anda, ve.

Casilda actriz. Vaya disparate.

(RÍE)

Ahí la tiene.

-¿Qué le pasa a tu criada?, parece enfadada?

-Cosas de criada con la cabeza llena de pájaros.

Ni caso. -Rosina,...

ya se ha hecho público el jurado del concurso de diseño de moda.

Estarán don Juan Espinosa y don Iván de los Monegros.

-Como si me hablas en alemán.

-Dos sastres reputadísimos. Les va a encantar mi diseño.

-Si el jurado es tan reputado, quizá deberías pensártelo mejor.

Lo del diseño.

Diseñar algo más acorde con lo que llevan las revistas ahora.

-¿Cómo estos?

Una mujer se pone esto y parece una mamarracha.

-Es lo que se lleva ahora. -A mí me da igual.

El día en que se lleve ir en cueros por la calle,

ahí quiero ver yo a esos modistos de pacotilla.

-Seguro que tienes razón, pero hay que ser ambicioso.

Tú puedes mejorar tu diseño.

-¿Poniendo más adornos?

-Parece el traje de luces de un torero.

-Claro,... un diseño bien español.

Tienes razón, quizá sea eso lo que buscan.

Me voy. Estoy a tiempo.

Estoy a tiempo de rehacerlo.

-¿Y el té? -Estoy ocupada.

-Sírveme a mí, Casilda.

Y no sigas con lo de ser actriz, que no quiero darte malas respuestas.

-Lo que hay que aguantar por la pela.

Buenas tardes, Agustina. -¿Viene a ver a don Felipe?

-No está en casa. -¿Sabe adónde ha ido?

-¿Ha pedido un coche? -Lo ignoro, don Mauro.

Y si lo supiera, no se lo diría,

don Felipe me ha regañado por haber hablado más de lo debido.

-No le importaría que me informara a mí.

-Ya le digo, no sé dónde ha ido.

Ahí va don Ramón, quizá él le pueda informar.

Esta tarde ha estado con él.

-Gracias. -Con Dios.

Don Ramón. -Don Mauro.

¿Puedo ayudarle en algo? -Busco a Felipe.

La criada me ha dicho que salió y que esta tarde le visitó.

¿Sabe dónde ha ido? -No. Espero que esté bien.

Vino a pedirme que le prestara dinero,

le di lo que tenía en casa en efectivo,

pero no sé si habrá conseguido todo lo que necesitaba.

¿Sabe si lo ha conseguido?

-No, no, nada, por eso le buscaba.

-No sé quien le podría prestar una cantidad tan grande.

-¿Don Liberto?

-No, no creo.

Quizá algún contacto de fuera del barrio.

-Voy a ir a buscarle, tal vez le pueda ayudar.

-Vaya, vaya. -Con su permiso.

-Adiós.

Me alegro que hayan salido bien sus negocios, señor Jiménez.

Ya sabe dónde estamos pa cuando necesite volver a la ciudad.

-Muchas gracias, señora Fabiana.

-Que tenga buen viaje.

Con Dios.

Viene todas las semanas, y se despide

como si no lo fuéramos a volver a ver nunca más.

Es vendedor de estampillas de santos,

como si algún día eso se fuera a dejar de comprar.

-Deje, deje, que hay mucho ateo.

Pero cuando la parca viene a llevarte,

te conviertes, y quieres comprar estampitas de santa Rita,

de san Judas Tadeo y de santa Gema para ponerla en la mesilla.

Se lo digo yo, que a mi edad he visto morir a muchos comecuras.

-En eso lleva razón.

Bueno, vamos a lo nuestro.

¿Queda en la pensión alguien, además de Servando?

-No, a esta hora, solo está Servando.

Los clientes andan fuera en sus quehaceres.

Y Servando está en la cama con el pie en alto

y quejándose de que el tobillo no le deja subir al dirigible.

-Será falso.

-Hasta se queja de no poder dar su vida por su rey.

-Bueno, pues es el momento. Vamos a desenmascararle.

He bajado del altillo la bocina que usaron en la función de teatro.

¿Preparada? -Preparada.

(Suena la bocina)

¡Fuego! ¡Fuego! ¡Salven sus almas!

¡Fuego! -¡Fuego! ¡Fuego! ¡Fuego! ¿Dónde?

¿Dónde está el fuego?

-"¿Dónde está el fuego?". "¿Dónde está el fuego?".

Ahí, en su pie está el fuego.

Por cierto, ya veo que se le ha curao, ¿no?

-Nada como el calor del fuego para según qué males.

¿No es verdad, Servando? -¿Ustedes se creen

que se le puede dar un susto a un ciudadano honrao?

-¿Honrao? ¡Lo que me faltaba por oír!

¡Un ciudadano que finge una lesión para no cumplir con su rey!

-Un cobarde, con todos mis respetos.

-¡Infamias! ¿Ustedes se creen que he fingido

la torcedura del tobillo por miedo?

-Estamos seguros, más bien.

-Qué más quisiera yo que dar la vida por la patria.

Si yo lo hago, es por responsabilidad.

-¿Ah, sí? Pues va a tener que explicarlo.

-¿El vuelo del dirigible no es para probar que el rey vaya en él seguro?

-Así es.

-Pues deberían de encontrar a alguien del porte de don Alfonso.

Yo no puedo, yo soy muy fornido para eso.

-Ah, pues mejor,

porque si el dirigible puede con lo mucho,

también podrá con lo menos. -Es una pérdida de tiempo

hablar con ignorantes de la aeronáutica.

-Lo que no merece la pena es hablar con gente

que no cumple sus obligaciones,

ni aunque esté el rey de España de por medio. ¡Tome!

Tendrá que hacer ahora lo que no hizo esta mañana.

Que es usted un holgazán redomao.

-¿No era mejor subirse al dirigible que no quedar como un embustero?

-Mejor en tierra, aunque sea agarrado a la escoba,

que en el aire, sin nada a lo que agarrarse.

Écheme una mano, por el amor de Dios.

-Sí, sí, sí.

-Oiga...

Cesáreo, que...

Usted sabe que me gusta mucho el cinematógrafo,

que no es solo un capricho, madre.

-Pero una cosa es querer ir a verlo, y otra es querer ser actriz.

-Es solo una prueba.

-Yo no te voy a prohibir ir, pero no me parece buena idea.

Nosotros no sabemos nada de cine, solo sabemos

de dar de comer y de cenar bien a los clientes.

-Doña Bellita es artista,

ella sí que sabe de cine y de teatro.

Si ella deja a Cinta ir a la prueba, ¿usted me deja a mí?

-Si ella deja ir a Cinta, le preguntaré a ver qué peligros hay.

Aunque yo creo que tu porvenir está aquí,

en el restaurante, con tu hermano y conmigo.

-Pues vaya aburrimiento.

¿Quién te dijo que la vida tenía que ser divertida?

Voy a la terraza a ver si está todo en orden.

Termina de recoger, por favor.

¿Todo en orden? -Sí, todo controlao.

-¿Esperas a alguien?

-No, al contrario, espero que no aparezca nadie.

-Me lo vas a tener que explicar.

-Cuando estaba con Cinta y Camino mirando el cartel de las pruebas

para el cinematógrafo, creí ver a un hombre que nos vigilaba.

-¿Creíste ver o viste de verdad? -Vi de verdad,

pero no alcancé a distinguir su cara.

-¿Y se puede saber por qué estás tan nervioso?

-Ledesma. Podría ser él.

-Si es por eso, no te inquietes, ese hombre ya no está en España.

-¿Cómo lo sabe?

-Tengo mis fuentes, y te aseguro que son fiables.

Tengo entendido que ahora vive en Francia,

y entre sus planes, no está volver.

Solo le deseo que tanta gloria se lleve,

como paz nos ha dejado a nosotros.

¿Más tranquilo?

-Por el estilo.

Pero estoy seguro que alguien nos vigilaba.

Si no era Ledesma, era otro.

Y quiero saber qué pretendía.

-Ya nos enteraremos.

Coge tus cosas y ve a descansar.

Recuerde que yo estuve a punto de servir en Marruecos hace bien poco,

aunque no forme parte del grupo de Apoyo a los Soldados Heridos,

estoy de acuerdo con su cometido.

-Pues ya sabe lo importante que es ayudar a esos soldados.

Españoles en un tierra hostil.

-A mí no tiene que convencerme, pero hay algo que no entiendo.

¿Por qué Genoveva está dedicando parte de su fortuna a esto?

-Me temo que su fortuna es lo bastante grande

como para considerar esto una nimiedad.

-Aun así.

Alfredo Bryce se retorcería en su tumba de saber que su dinero

sirve para ayudar y no para hacer la puñeta.

-Genoveva está desconocida, sí, pero también lo está Felipe.

Parece ajeno a todo.

-Ya, pobre hombre.

La vida le dio un golpe duro con la muerte de Celia

y ahora que parecía que levantaba cabeza,

la desaparición de Marcia.

-Yo pensaba que lo que necesitaba era estar ocupado.

En fin, nunca sabemos cómo vamos a reaccionar ante los problemas.

-Y que no lo sepamos, Liberto.

Marcho, que he quedado para jugar al billar.

Ha sido un placer compartir con usted este café.

-Venga más a menudo, que siempre es agradable un rato de charla.

-Venga un día a jugar al billar,

el tiempo pasa volando entre carambolas.

-Le haré caso, que de joven no se me daba nada mal.

-Con Dios. -Con Dios.

Le veo en el Ateneo en una hora, me iba a presentar a don Armando.

-Ah, sí, por supuesto, allí estaré.

-A más ver. -Con Dios.

-Liberto, tienes que hablar con tu tía.

-¿Qué ha pasado ahora?

-El diseño que va a presentar al concurso es un espantajo.

-¿Y qué quieres que haga?

-Convéncela para que no se presente, va a quedar en ridículo.

-A ver, Rosina, mi tía es sastra, ella sabrá lo que presenta.

No, es exsastra, sastra jubilada.

-Por muy jubilada que esté, sabe mejor que nadie lo que hace.

-Hazme caso, Liberto.

¿Y por qué se lo tengo que decir yo?

-Lo he intentado, pero no me atrevo. -Pues yo no lo voy a hacer.

Además, he quedado en el Ateneo con un socio nuevo,

con don Armando.

Y se lo tengo que presentar a Antoñito. Ya llego tarde.

-No, no, Liberto, por favor. -Luego hablamos.

Estás muy guapa. Luego hablamos.

Pero que...

Eh...

(RESOPLA)

(Puerta)

Me han dado el mensaje de que viniera a hablar con usted.

-Estamos metidos en problemas.

-Infórmeme.

-Felipe está recaudando dinero para el rescate de Marcia.

-¿Cree que lo va a conseguir?

-Es un hombre con muchos conocidos importantes,

ha defendido a hombres poderosos.

De poder esperar a que abrieran los bancos, lo conseguiría,

pero tenía prisa, lo quería para esta misma tarde.

-Eso quiere decir que Andrade le ha puesto una hora límite.

-A don Ramón Palacios le pidió todo el efectivo que guardara.

-Debería haberlo impedido, Mauro.

-Felipe no es nada fácil de controlar.

Y tiene sus motivos para no confiar en nosotros.

Él quiere salvar a Marcia, nosotros, desmontar esa red.

-Aun así.

-Le dije que yo no era partidario de involucrarle.

Pero eso no es todo, hay más problemas.

-¿Más?

-No sé nada de Yolanda,

mi informante en casa de César Andrade.

-¿Teme que le haya ocurrido algo? -Claro que lo temo.

No hablamos de gente que se ande con remilgos.

Hay que actuar ya, la vida de mucha gente está en juego.

-Podríamos perder parte del trabajo avanzado de los últimos meses.

¿Cree que Andrade no sabe que a Felipe le mueven

causas sentimentales

que no quiere negociar con mujeres?

Me temo que nuestra máscara se ha desmoronado.

(Puerta)

-Abra.

Con cuidado.

¿Qué hace aquí? Pase.

Don Felipe me atacó a traición.

Lo he perdido.

-No podemos seguir esperando, comisario.

Hay que actuar ya, o perderemos a Felipe, a Marcia y a esa banda.

-Vamos.

Los vecinos se han concienciado

de la necesidad de ayudar a los soldados.

Cada uno ha contribuido según sus posibilidades.

-En el mercado he escuchado a muchas mujeres hablar del asunto.

-Hay que reconocer que la gente es maravillosa y arrima el hombro.

-Me congratula.

Pronto deberé reunirme con Carratalá en el ministerio.

Don Ramón, quería comentar un asunto con usted.

-Voy un momento a saludar a Lolita a la mantequería,

te espero allí.

-Se trata de Felipe.

Don Mauro lo buscaba con premura, y temo que esté necesitado de ayuda.

-No sé qué se trae entre manos, solo que necesitaba para esta tarde

una fuerte cantidad de dinero en efectivo.

-Espero que nuestro amigo no se esté metiendo en problemas.

-Siempre tendrá nuestra mano tendida.

Buenas tardes. Buenas tardes.

Comentábamos las aportaciones que han hecho los vecinos

para el Grupo de Apoyo a los soldados.

Va viento en popa. Nadie lo hubiera hecho mejor que usted.

Se lo agradezco.

Cuando quiera, le enseño los comprobantes de los ingresos.

Claro, pero en otro momento.

Voy camino de una importante reunión.

-Le deseamos lo mejor. Gracias.

-Con Dios. -Con Dios.

Señora,...

tenga cuidado.

Déjeme ir con usted. No.

Yo no tendría que ir si hubiese cumplido lo prometido con Marcia.

Vámonos.

¿Qué tendrán esas tierras que dan un jamón tan bueno?

No se puede aguantar. -En Huelva está todo es bueno:

el jamón, los langostinos y hasta las fresas.

-Y las mujeres, que no la hay más bella que tú.

-Tú, que me ves con buenos ojos.

-Y así será hasta que se los coman los gusanos.

-Ole.

Son ustedes el matrimonio más empalagoso de la historia.

-¿Ah, sí?

Te deseo un marido que te quiera la mitad de lo que quiero a tu madre.

Y que quieras a tu marido una miaja de lo que yo quiero a tu padre.

Lo que yo digo, empalagosos a más no poder.

Pero una ya está acostumbrada.

Anda, come un poco de jamón,

que si el cielo existe

esto es lo que nos van a dar de comer toda la eternidad.

Hmm... Este es del bueno.

Como se ve que las cuitas económicas son del pasado.

-La buena vida, que es cara.

-Hay otra más barata,

pero no es vida, solo se le parece.

Venía a hablar con ustedes.

-Pues venga, siéntate, que pareces un pasmarote.

¿Han visto los carteles que han puesto por las paredes del barrio?

-Sí.

Los de la loción de macho para la caída del cabello.

No, los de la productora de películas del cinematógrafo,

que busca actrices.

-No, esos no.

-Ni yo.

Están haciendo pruebas para encontrar actrices,

y que quiero presentarme.

-¡No!

Madre, no se cierre en banda, que siempre tiene un no en la boca.

-La niña tiene razón, que siempre te niegas.

-Si lo hago es pa que no te hagan daño.

A mí una vez me llamaron para hacer una película.

¿Sí? Nunca me ha hablado de eso.

Porque no se hizo.

Como el cinematógrafo es mudo,

querían que moviera los labios, y que después otra cantante

pusiera su voz en la sala.

¿Una distinta en cada sala?

Digo. Figúrate.

¿Te imaginas que me ponen voz de cacatúa?

-En eso, tu madre tiene razón.

A los artistas hay que verlos sobre el escenario.

El escenario es lo mejor,

pero el cinematógrafo también tiene su arte y su duende.

-No sé. A mí no me dice na.

También es posible que en un futuro,

la gente vea más películas que representaciones.

Y le pondrán sonido, que ya están haciendo pruebas.

-Pa eso quedan veinte años, por lo menos.

-¿Te imaginas que tuviéramos la película del día que actuaste

en el Teatro Colón de Buenos Aires? Yo la vería a diario.

-Anda que si tuviéramos la del día que aquel toro casi te empitona

y te arrancó los calzones.

(RÍE)

Padre, ¿es eso cierto?

-Una exageración de tu madre.

-Lo que yo te diga, hija.

Y tu abuela, mi madre, que en paz descanse, conmigo en la plaza

viéndole las vergüenzas

y pidiendo que le dieran la oreja,

cuando no había matao ni al toro.

(RÍEN) ¿Te acuerdas?

Madre,... Oh.

...prométame que se va a pensar lo de la prueba.

Me hace mucha ilusión.

-Bueno, lo hablo con tu padre con calma y te contesto.

Pero no estoy yo muy convencida.

-Y come otro poco más de jamón,

que tan bueno como este no lo come ni el rey de España.

Este... Por aquí.

Sus vueltas. Ahora le lleva la compra el mozo.

-Agradecida, Lolita. Con Dios.

-Hasta mañana.

-Buenas, Lolita. ¿No ha venido por aquí Liberto?

-No. Sé que había quedado con Antoñito en el Ateneo.

Deben de estar allí.

Si quiere les llamo. -No, no, no.

Allí no pasan llamadas a los socios. -A una embarazada, sí,

solo hay que decir que empiezas a tener contracciones.

-Gracias, pero no me urge tanto. Esperaré a que llegue la noche.

-Rosina, te he visto entrar y te estaba llamando.

-Perdona, no te he oído.

-Mira, Lolita, aprovecho y te enseño el diseño

que voy a presentar al concurso.

He añadido algunos detalles, ahora sí que es un diseño ganador.

-¿Qué os parece?

-Uy, ¿esto qué son, alamares?

-Por favor, los alamares son para los trajes de luces.

-Pues es lo que parece, una chaquetilla de torero.

-No sé por qué le pido su opinión a gente sin gusto.

-Ha sido usted la que me ha enseñao el diseño,

que yo estaba tan tranquila.

-Pensaba que eras más sensata, pero no has aprendido nada.

-Pues la próxima vez le miento y le digo que está fetén,

pero el vestido me ha parecido de los años de María Castaña.

-¿Tú piensas lo mismo?

-No, menudo disparate. ¿Cómo voy a pensar eso?

Es precioso. Es lo más bonito que has creado nunca.

Estás en todo lo alto de tu creatividad.

Fíjate. -Para que aprendas, Lolita.

Anda, vámonos.

Diga lo que diga, es una chaquetilla de torero.

¿Qué haces aquí? -Cariño, no te me acerques,

no te acerques.

Me han traído los guardaespaldas de Andrade, pueden estar vigilando.

-Me muero de ganas de besarte, Felipe.

-Y yo. Pero debemos ser cautos,

si todo va bien, tardaremos unas horas.

Te voy a sacar de aquí.

Llevo el dinero que piden para tu la libertad.

(Puerta)

Felipe,...

nunca podré devolverte todo lo que haces por mí.

-Mi amor, tu amor es lo único que me importa en la vida.

¿Cómo estás?

-Vivir aquí no es fácil, pero no me obligues a que te cuente.

Cuando volvamos a estar a salvo y juntos,

te contaré todo.

-Será pronto.

Será pronto, mi amor.

Solo siento no poder liberar también a tus compañeras.

Algún día, Andrade pagará por todo lo que está causando.

-No lo dudes.

Pagará con sus huesos en la cárcel.

(Pasos)

-Don Felipe.

¿Y don Mauricio?

¿Ha venido solo?

-Hoy nos hemos repartido el trabajo.

-¿Repartirse el trabajo?

No pensé que fuera posible

en los negocios de los que ustedes se ocupan.

Nadie confía en nadie.

-Don Mauricio y yo sí que confiamos.

¿Acaso no me cree?

-Yo aquí no soy nadie.

Si los guardaespaldas del señor Andrade le han dejado pasar,

no hay nada que objetar.

Les dejo.

-Tranquilo,

Yolanda es una buena persona.

-Ya no me fío de nadie.

Las que quieren ir a la prueba son Cinta y Camino,

pero to depende de que sus madres les den permiso.

-¿Y por qué no se lo habían de dar?

-No sé, a lo mejor el cinematógrafo está castigao por la Iglesia.

-No, prima, si hasta los curas van a ver las películas.

-A verlas, pero hacerlas es otra cosa.

-No, la Iglesia no tie que ver con eso.

Por cierto,...

¿me guardas un secreto?

-Claro. Me encantan los secretos.

-Yo también quiero presentarme a las pruebas.

-¿Tú? Pero si eres una criada.

-Pues por eso mismo, Marcelina,

porque también necesitarán una actriz que haga de criada,

que sea criada.

Y ahí, Cinta lo va a tener muy difícil,

porque no sabe ni levantar una bandeja.

-Eso es verdad.

Oye, ¿tu difunto esposo no hacía películas?

-Sí, pero eran otro tipo de películas.

Eran películas sicalípticas.

-¿Eh?

Películas en las que salían

mujeres pechugonas ligeras de ropa.

-Qué vergüenza.

-Esas películas estaban prohibidas por la Iglesia.

Pero las del anuncio no.

-Marcelina. Hola.

¿Han llegao los periódicos? -Ahí están.

-Dicen que ha salío la noticia del vuelo del dirigible del rey.

-Al final, Servando se ha librado.

-Se escapó, más bien. No le imaginaba tan cobarde.

-Ah, aquí.

"Los vuelos de prueba del dirigible se han desarrollado

sin ningún incidente,

por lo que puede considerarse,

que ha sido un éxito completo. (RÍE)

Para demostrar la eficacia y seguridad del mismo,

la Casa Real ha invitado a políticos,

diputados

y gente de la nobleza,

que no han dudado en sumarse a uno de los vuelos de prueba.

Arrea. Pues Servando podría haberle dado la mano al mismísimo rey.

Se lo ha perdío. -Se lo merece,

por mentiroso y por haber fingío que tenía el pie malo.

-Ah, que casi se me olvida, prima, que ha llegao un telegrama pa ti.

-¿Pa mí?

Ya ha tenido que pasar algo malo pa que me manden un telegrama.

-Pero si no lo lees, no lo sabes.

-Primo, léemelo tú,

que sabes que las letras las llevo colgando con alfileres.

¿Qué, qué?

-Que te han hecho heredera, prima.

-¿Lo cuálo?

Me está haciendo esperar demasiado.

-Tranquilo, César Andrade siempre hace esperar.

Una vez le oí decir que era para hacerse respetar,

así, el otro se ponía más nervioso.

-Pues a mí me los está haciendo perder, desde luego.

Ver todo ese dinero ahí... me hace estar inquieto.

-Felipe, yo no sé si lo valgo.

-Cariño,...

ni todo el dinero del mundo bastaría para pagar

lo que vale alguien como tú.

No veo a nadie.

¿Y si nos vamos?

-No, eso sería una locura.

-Nos podríamos marchar lejos, no nos encontrarían.

-Felipe, no sueñes con eso.

No llegaríamos ni a salir de la casa, nos matarían antes.

Que no les veas, no significa que no estén ahí.

-No se atreverían a disparar.

-Felipe, les conozco bien,

están deseando que les des una excusa para hacerlo.

Felipe,...

no hagas locuras, no quiero perderte.

Lolita ha sido muy dura con Susana. Le ha dicho lo que todas pensamos,

que el diseño que quiere presentar al concurso es un espanto.

-Pobre Susana. Se habrá sentido fatal.

-Qué va, ya sabe cómo es,

arremetía contra todo y contra todos.

-Rosina, ¿por qué tardáis tanto?

-Ya voy, es que no encuentro el azucarero.

-¿Y cuándo se lo ha dicho usted? -¿El qué?

-Que no le gustaba.

-Yo no le he dicho nada,

para que me empiece a gritar como una orate.

Yo le he dicho que me gustaba,

que era lo mejor que había hecho, ni teniendo la sastrería.

-Eso no es lo que hace una amiga.

-Susana no quiere amigas, quiere siervas.

Es la persona menos humilde del mundo, ya lo sabe.

-No me parece bien. Una buena amiga dice la verdad,

aunque sea incómoda.

-¿Qué hacéis, venís o qué?

-Sí, sí, ya vamos. -Vamos.

-Qué tardonas.

Y me tenéis aquí sin poder tocar los pasteles que ha traído Felicia.

-A ver si les gustan.

Son de la pastelería de la calle del Conde.

Dicen que no los hay mejores.

-Pasteles ricos los de La Deliciosa, cuando la llevaba mi nieto Víctor.

Buenísimo.

A ver si así se me quita el disgusto con Lolita.

Esa chica es una descarada.

-Pues sí, buenísimos.

Dignos de los tiempos de La Deliciosa,

bueno, aquellos eran mejores.

A lo mejor, Lolita ha dado su opinión con buena voluntad.

No le gustaba el diseño y ya está.

-¿Se puede ser más ceporra y más grosera?

Y, además, no tiene ni idea de moda.

Solo a mí se me ocurre enseñarle mi diseño a una mantequera.

Susana, quizá deberías ser menos radical.

-¿Qué quieres decir?

-Pues eso, que sobre gustos no hay nada escrito.

-Eso es una majadería.

Se tiene gusto o no se tiene, punto.

Quizá Lolita, con malas palabras, porque no sabe hablar con educación,

solo quería decir que el diseño está un poco recargado,

que quizá necesita una puesta al día.

Ya sabes que el mundo de la moda

en los últimos tiempos ha perdido empaque.

-¿Puedes hablar a las claras de una vez?

-Que tu diseño es demasiado elegante

para los tiempos tan vulgares que corren.

-Querida, nunca nada es demasiado elegante.

-Bueno, Susana, supongo que el concurso seguirá criterios actuales.

-¿Me estás diciendo que no te gusta mi diseño?

-¡No, no, no, me encanta tu diseño!

Solo que yo no formo parte del jurado, ¿verdad?

Solo digo que quizá debería estar más acorde

a lo que se lleva hoy en día para ganar el concurso.

-Y usted, Susana, puede pasar por encima de los modistos jóvenes.

Con la técnica que la experiencia le da,

y con la creatividad que tuvo, pero aplicando lo que se lleva ahora.

-(SONRÍE)

-(SUSPIRA)

Quizá tenga razón.

Agradezco la sinceridad, que sé que no es fácil.

Será mejor que me vaya, aún estoy a tiempo de rehacer el diseño.

-(RESOPLA)

(Puerta)

-Qué mal rato he pasado, Felicia. -Ha hecho usted bien.

Anda, coma, Rosina, coma. -Sí.

Vamos a hacer una cosa, abrimos la puerta,

si no hay nadie, nos vamos.

Si hay alguien, preguntamos cuándo vuelve Andrade.

-Ten paciencia, Felipe.

No quiero que te maten.

(Puerta)

-Viene alguien.

-Mi amigo... Discúlpeme la demora.

¿No le han ofrecido nada para beber?

Limonada para los dos. -No quiero tomar nada,

tan solo pagarle y llevarme a Marcia.

-¿Ha traído el dinero?

-Aquí está.

-Muy bien, así da gusto hacer negocios,

pero no rechace mi hospitalidad,

no sea descortés.

Siéntese y pruebe la limonada. Es mi bebida favorita.

-Sinceramente, preferiría... -Siéntese, he dicho.

Dicen que da mala suerte brindar sin alcohol, pero es falso,

brindar siempre es agradable.

Por usted, don Felipe.

A lo mejor me he equivocado,

a lo mejor no tenía que haber brindado por don Felipe,

sino por el señor Álvarez-Hermoso.

Ahora, sí le aceptaré el contenido de esa cartera, señor...

Álvarez-Hermoso.

Mi madre no ha dicho que sí, pero tampoco se ha negado,

así que tengo esperanzas. La mía, más o menos igual.

Yo creo que mi padre me va a ayudar, le vi más receptivo.

Ojalá Emilio me ayudara a mí también.

Cuenta con ello, que yo me encargo de convencerle.

Me encantan las películas.

Quiero hacer muchas películas y vivir historias de amor

con los galanes del cine.

A mí, eso me echa para atrás.

Imagínate que me tengo que besar con un actor.

No creo que a Emilio le hiciera gracia.

Pues no. Que se aguante,

que la que se besa no soy yo, es mi personaje.

Y si no le gusta, que no mire.

Qué gracia, ¿no?

Lo verían cientos de miles de españoles y él no.

Ojos que no ven, corazón que no siente.

Si mi madre y doña Bellita nos dejan, podríamos ir juntas.

Claro, seguro que para la prueba nos dan un libreto,

así nos lo podríamos aprender mejor.

Y ensayarlo.

Qué bien. ¿Nos tocará llorar?

¿Tú sabrías llorar?

Si pensara en algo muy, muy triste,

pues quizás.

Como cuando perdimos el dinero. Sí. Eso fue muy triste.

O cuando nuestras madres me impidieron estar con Emilio.

O como cuando lo de las aceitunas de tu madre.

Sí. Eso fue un chasco.

En esa etapa no podíamos comer ni jamón.

(RÍEN CINTA Y CAMINO)

Pensemos en otra cosa. Sí.

Me perdonará que mande contar el dinero,

don Felipe, ya sé que no es de caballeros.

Pero usted ha demostrado que no le debía considerar uno,

al engañarme con su identidad.

Marcia, ven.

-Marcia está conmigo.

He pagado por ella, aquí está el dinero.

-Don Felipe,

cómo le gusta a usted complicar las cosas.

Marcia, siéntate aquí.

Y prepárame un puro.

Mmm...

No sé si usted fuma puros.

Marcia es la que mejor los prepara.

Tiene un don para eso.

Y para más cosas.

-¡No la toque!

Si intenta hacer algo, disparad,

no hace falta que yo os lo ordene.

¿Ha visto lo que ha logrado?

Hacer llorar a Marcia.

No te preocupes, Marcia,

que yo te voy a proteger

de este hombre malo.

Bien, don Felipe,

el dinero está correcto, 15 000 pesetas.

Una pistola.

Me voy a quedar su dinero, don Felipe.

También a Marcia.

¿Qué le parece?

-No.

Por favor.

¡Alto, policía! -¡Policía!

-¡Todos al suelo!

-¡Policía! -¡Suéltela!

¡Suéltela, por favor! ¡Suéltela!

-¡Atrás, atrás! Si alguien se mueve, la mato.

-Quiero, Andrade.

¿Su contento tiene algo que ver con esa visita que hizo usted ayer?

Solo tiene que saber que estoy arreglando

los desaguisados que usted cometió.

¿El asunto entre Felipe y esa ramera está zanjado?

Lo sabrá a su tiempo.

Alfonso Carchano, para servirle. -¿De Producciones Carchano?

-El mismo, señorita.

Me crucé en la calle con doña Susana y la noté alicaída.

-Hemos tenido una diferencia de opiniones.

-Sobre un diseño que ha dibujado.

Le di a entender que no estaba a la altura de su talento.

-¿No se han planteado

la posibilidad de trabajar

en el apasionante mundo del cinematógrafo?

¿Sabes algo de la herencia?

-Ni sé quién me la ha dejao.

-Un productor muy afamado...

-El de los carteles.

-...nos ha venido a preguntar

si nos gustaría que nos hiciera unos retratos.

-Ese es un descarado.

-¿Te has comprometido con él?

No he visto a Susana, ¿sabe usted algo?

-He ido a su casa y no he dado con ella.

Lleva sin dar señales de vida desde ayer.

-¿Y no es para preocuparse?

-Sí, me estoy inquietando.

Esto es pa ti.

-¿No será la herencia? -Sí, porque viene del pueblo.

Anda, que si viene lleno de billetes...

-Ábrela, prima.

Es un honor presentarles a don Armando Caballero.

Diplomático de Cartera.

Siempre están buscando caras nuevas,

¿No ve que el público quiere actrices nuevas?

No aguantar siempre a los mismos vejestori...

Dilo.

¡Venga, dilo, vejestorio!

O vejestoria, pa dejarlo más claro.

(Cae la bandeja)

Es usted una estúpida. Una estúpida engreída, además.

Ha perdido, Andrade. Evítenos una carnicería.

-¡Le daré más dinero!

Puedo evitar que vaya a la cárcel. -¡Quieto, Andrade!

(Disparo)

(Disparo)

-¡Dejen caer las armas! -¡Marcia!

-¡A por ellos!

-¡Un médico! ¡Llamen a un médico, por favor!

¡Un médico! ¡Llamen a un médico, por favor!

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Acacias 38 - Capítulo 1100

18 sep 2019

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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