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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1099 - ver ahora
Transcripción completa

Sigo siendo policía. Mi vuelta al barrio no fue casual,

fue tras los pasos de una organización

que traficaba con mujeres.

-Felipe, a usted solo le preocupa Marcia.

A nosotros nos preocupan las decenas de mujeres que ya han sido vendidas

por Andrade, y a las otras que venderá si no le paramos los pies.

Don Felipe me he echó de su casa

cuando me descubrió sonsacándole información a Agustina.

-Ya no confío en ustedes. Y usted tiene la culpa,

con sus secretos y embustes.

Lo siento, pero seguiré por mi cuenta.

Harta estoy de su incompetencia.

Ahora, me ocuparé yo misma de todo el asunto de Marcia.

Uno envejece cuando no tiene la cabeza ocupada

y no hace más que pasear, ir a la iglesia

y charlar con las vecinas. -¿Estás hablando de mí?

-Por Dios, doña Susana, no osaría hacerlo.

¿Me acompañas esta tarde a ver una actuación en un café?

Es una actuación de una cantante que dicen que va a arrasar.

No voy a poder.

Estoy preocupada por tu tía. -¿Por qué?

-Le sentó mal un comentario de Lolita y otro de Agustina,

y dice que su vida está vacía, que no tiene alicientes ni objetivos.

-Y en parte es así, Rosina.

-Pues hay que hacer algo para ayudarla.

Servando, intentando que le sustituyan en su deber.

¿No será que tiene usted miedo?

-La palabra miedo no está en mi diccionario,

como no consta tampoco la palabra egoísmo.

Era por hacerle un favor al Jacinto. -Pues no le haga tantos favores.

Concurso de diseño de moda.

¿Qué pasa?

-Que te puedes presentar.

-No. No me voy a presentar a un concurso.

-Pues luego no digas que te aburres.

Esta tarde, había una actuación de una nueva cantante en privado,

Y nada le hacía más ilusión a Cinta que ir.

Por lo visto, Emilio se ha excusado con mentiras.

-Emilio va a hacer algo esta tarde

que le agradará mucho a Cinta cuando lo sepa.

Me juego lo que sea a que son hojas en blanco.

Ni testamento ni na. -¿Y pa qué lo ha dejao ahí?

-Para que usted le pida que no suba al dirigible.

Así no tendría que subirse al dirigible

y su valentía quedaría intacta.

¿Y si en vez de cantarle las cuarenta, hacemos otra cosa?

-Soy toda oídos.

Hay algo importante que tengo que plantearles.

Don César, una mujer quiere hablar con usted.

No ha querido decirme quién es,

pero me ha dicho que lo que le tiene que decir le puede interesar.

-¿Dígame?

He de reconocer que es muy interesante lo que me está contando,

interesante

y valioso.

Sí, lo mejor es encontrarnos en persona y hablar tranquilamente

sobre el asunto.

Estoy convencido de que yo también puedo proporcionarle

la información que precisa.

Cuanto antes mejor, mañana me parece perfecto.

Lo mismo digo.

Ha sido un placer conversar con usted.

-¿Todo bien, señor?

-Va todo estupendamente.

-Buenas noticias, entonces.

-Alcánzame la pluma, quiero que escribir una nota.

-Por supuesto.

¿El señor va a querer también papel?

-Sí. Está junto a la pluma.

¿Tiene algo que ver con la llamada que ha recibido?

-¿A qué vienen tantas preguntas?

No tengo que darte ninguna explicación.

-Perdón, señor, solo quería saber si necesitaba algún papel especial.

-Coge uno cualquiera, me da igual.

Aquí tiene.

¿Qué haces aquí?

Fuera todo el mundo.

Quiero estar solo.

(Sintonía de "Acacias 38")

Doña Bella, don Jose,

son conocedores de los profundos sentimientos que me unen a su hija,

por eso, vengo a hablarles de mi futuro con Cinta.

-¿De su futuro?

-Quería pedirles permiso

para plantearles lo que he venido a decirles.

-¿Qué habrá dentro de esa cajita?

-No atosigues al muchacho,

¿no ves que está más nervioso que un cangrejo en un cubo?

-Que hable de una vez y se deje de tanto requiebro.

-Quería pedirles permiso para cortejar a su hija formalmente.

Nada en el mundo me haría más feliz

que establecer un noviazgo formal

con el amor de mi vida.

Este anillo simboliza

el profundo amor que siento hacia su hija.

-(CARRASPEA)

Como padre de Cinta,

mi respuesta es...

afirmativa.

-Siempre que Emilio se comprometa a cuidar de mi niña

y hacer las cosas como Dios manda.

-Bellita... -Yo sé lo que me digo, Jose.

Se acabó el me voy, me vengo,

tanto embuste

y secretos, que mi Cinta es oro molío

y se merece lo mejor.

-Precisamente por eso, yo,

a lo único a lo que aspiro es a hacer dichosa a su hija.

-Y a su madre,

que no quiero pasar más fatigas, ni que mi Cinta

esté más arrugá que una uva al sol. -Doña Bellita,

le doy mi palabra de que tendré a su hija entre algodones.

-Bellita tiene razón,

a partir de ahora deben terminarse los misterio y las intrigas.

Entonces,...

¿eso es un sí?

-Nosotros, siempre a muerte con el amor,

¿verdad reina mora?

-¡Sea pues!

¡Por fin somos novios formales!

Sí, mi amor, ahora nada podrá separarnos.

-Bueno, de momento, esta bandeja.

Arantxa, abre un champán fresquito, que las alegrías, si no se mojan,

no germinan. -Diga que sí, señor,

que hay mucho que celebrar.

Los dos os merecéis ser felices por fin

y disfrutar de vuestro amor libremente.

Siempre tuve a Carmen por una mujer con más juicio,

no entiendo que la empujó a hacer el ridículo de esa manera

delante de todos.

-Lo hizo por agradar a Lolita, ya sabes, cosas de Cabrahígo.

Carmen temía que cayera una maldición sobre el hijo de Lolita.

-Cuanto más sabemos de ese pueblo, menos me apetece ir a visitarlo.

-¿Por qué estás despejando la mesa?

-He convencido a tu tía para que se presente al concurso.

Mi trabajo me ha costado,

pero mi insistencia ha sido más fuerte que sus recelos.

-Te felicito, cariño,

participar, animará a mi tía y le vendrá bien.

¿Acaso va a dibujar aquí?

-Sí, ¿no te importa?

Le he dicho que venga aquí

para asegurarnos que se pone manos a la obra.

Además, quiero estar cerca para darle algunos consejos.

Otra cosa no, pero de vestidos, modas y tiendas, sé un buen rato.

-Sobre todo de lo último,

que desde que nos devolvieron el dinero, has renovar tu vestuario.

-¿Es un reproche?

(Puerta)

-Casilda.

Ay, me voy a pagar yo el sueldo de criada.

(RESOPLA ENFADADA)

Ay, querida.

-Rosina.

Gracias.

Buenas.

-Muy buenas. ¿Cómo va todo?

-Preparada.

Liberto, veo que me has despejado la mesa.

-Siéntate, que aquí tienes tus cosas.

-Uy.

No os lo creeréis, pero me he puesto nerviosa y todo.

Hace mucho que no diseño nada.

Desde que cerré la sastrería,

guardé los lápices y hasta ahora. ¿Y si se me ha olvidado todo?

-No diga tonterías. La experiencia es una inversión a la largo plazo,

se aprende y no se olvida.

-Lo dice el refrán: "Quién tuvo, retuvo".

-Y guardó para la vejez. Dilo.

-Ay, nada de susceptibilidades, que yo solo quiero ayudar.

-Tía, no se amostace.

Seguro que nos va a sorprender con alguna maravilla.

-Voy a demostrar al mundo que sigo en forma.

-Sí. Liberto...

-Chist. No la vayamos a desconcentrar.

-Uy.

-¿Qué haces?

-He hecho un mamarracho.

-Estas cosas no salen a la primera, no se preocupe.

-Ay.

Fatal.

-Que no, que no está tan mal.

-He perdido la técnica, no sé dibujar.

Tenga paciencia, tía,

en cuanto haya soltado un poco la muñeca, recuperará su destreza.

¿A que sí, Rosina? -¿Tú crees?

-Sí, sí, por supuesto.

-Lo decís por decir.

-Lo mejor es que Rosina y yo salgamos,

así podrá trabajar tranquila.

-¿Salir, adónde?

-Los artistas necesitan su espacio, sus tiempos.

Verá como ahora podrá concentrarse y recuperará la inspiración.

Vamos, Rosina.

-A ver si esta vez...

Tenía que ver lo contentos que salieron los Pasamar

de casa de los Domínguez.

Pa mí, me huele que dentro de poco hay boda a la vista.

Servando, ¿está usted bien?, que ni me escucha ni me ve.

-Sí, sí, te estoy escuchando.

-Apuesto la pezuña del chivo Saturno,

que está barruntando con lo del dirigible.

¿Cuándo es el vuelo de prueba?

Mañana, mañana. ¿Dónde se habrá metido Fabiana?

Siempre que la necesito, se quita de en medio.

Antes le llama...

Fabiana, Servando preguntaba por uste.

-Será que quiere escaquearse de la pensión.

-No se apure,

solo quería preguntarle por mi testamento.

Lo habrá leído y no habrá sido plato de buen gusto

leer mis últimas voluntades.

-Agradable no fue, la verdad, ahí tiene uste razón.

-Y supongo que le habrá estao dando a la mollera.

-Le mentiría si le digo que no,

que con estos inventos modernos, una siempre se pone en lo peor.

-No, no, y me duele angustiarla

porque estoy seguro que usted

preferiría que no me subiera al artefacto ese, ¿verdad?

-Reconozca que no es ninguna tontería.

No tener los pies en el suelo,

nunca trae na bueno.

-Aun así, me jugaré la vida,

que por algo me ha elegido su majestad.

-Ay... Tener honor y principios tiene sus cosas, Servando.

Sí, pero usted también me preocupa,

y, y, y, si usted me lo pidiera, yo estaría dispuesto a...

-De ninguna manera, de ninguna manera, Servando,

dejaría yo que usted no cumpliera con su deber.

Además, que yo estoy muy orgullosa de usted, mucho.

-Fíjese lo que le digo,

yo prefiero quedar como un cobarde, antes que preocuparla a usted.

-No, Servando.

Uste siempre ha sido un valiente

y es la hora de demostrarlo a toda España.

Tiene que subir a ese dirigible, ¿verdad Jacinto?

-Cierto, sería injusto quedarnos para nosotros tanto arrojo.

Es usted un héroe, Servando.

-No se hable más y vaya a descansar,

que mañana tiene que estar bien guapo

pa que lo retraten en tos los periódicos.

A más ver.

-A más ver.

(Timbre)

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

(Llaman)

va.

Yolanda, ¿qué haces aquí?

-Traigo algo para usted.

Es una carta de César para Felipe que debo entregar en mano.

Me comprometí a informarle de cualquier cosa.

-Veo que es una mujer de palabra.

-Puede usted abrirla, está sin lacrar.

Andrade accede a entregarnos a Marcia a cambio de 15 000 pesetas.

-Pero eso es muchísimo dinero.

Dice que la joven lo vale.

Insiste en que le entreguemos el dinero cuanto antes.

El inglés interesado en la misma remesa de Marcia tiene prisa.

-Maldito Andrade, para él solo somos animales.

¿Algo va mal?

-Se trata de mi socio.

Marcía y él se conocían, ¿verdad?

-¿Por qué lo dices?

-Noté cómo Marcia se estremecía cuando oyó nombrar a Felipe.

-No sé a qué te refieres.

César no se dio cuenta, pero yo sí.

Es la única vez que he visto flaquear a Marcia.

-Quizás fuera un simple episodio de debilidad y cansancio.

-Ayer Cesar recibió una llamada muy extraña.

-¿Qué tipo de llamada?

-Era de una mujer, parecía que hablaban de negocios.

César trafica con mujeres, pero nunca habla con ellas,

y menos por teléfono.

-¿Sospechas quién puede ser?

Sé que poco después, me encargó que le entregara esta carta a su socio.

Mauro,

si César se entera de que no he entregado la carta,

me cortará el cuello.

-Tranquila, no pasará nada.

Yo me encargaré de entregársela.

-No se olvide, por favor, dependo de usted.

Hay algo que no entiendo,

¿cómo consigue salir de casa de Andrade?

Es muy celoso con la libertad de sus chicas.

-Soy obediente y nunca le he dado problemas.

Digamos que he conseguido ganarme su confianza.

-Me da la sensación de que no estás siendo sincera conmigo.

-Y usted, ¿lo está siendo conmigo?

No sé quién es, pero percibo su bondad.

Todavía no se ha olvidado de besar a una mujer.

¿Qué está haciendo aún aquí, tía?

-¡Oh! ¿Es de día? ¡Ay!

(SE QUEJA) ¡Mi espalda!

Pero ¿qué me ha pasado, santo Dios? ¡Se me ha hecho tarde!

-¿Con quién hablas?

¡Susana! Pero ¿qué haces...?

¿Te has quedado dormida en mi salón?

-Ayer me quedé dibujando cuando os fuisteis a dormir

y se me pasaron las horas repitiendo

una y otra vez los dibujos.

Luego me quise echar en el sillón un rato

y hasta ahora. ¡Qué fatalidad!

-Pues le ha cundido: ha dibujado cosas

que merecen la pena. -¡Ni por asomo!

Cada dibujo era peor que el anterior.

He perdido mis habilidades para dibujar figurines.

Que he perdido... ¡No queda ni rastro!

-¡Que no está tan mal! ¿Verdad? -No.

-Deja. ¡Son horrorosos!

¡Son indignos de una sastra como yo!

Espero que esto no salga de aquí.

-Vamos, tieta, no sea tan exigente consigo misma.

Lo que tiene que hacer es descansar y recuperar fuerzas

y no agotarse hasta la extenuación.

-(RÍE) ¡Sí!

Me iré a casa,

me asearé y, cuando termine,

me pondré a dibujar. ¡No puedo perder tiempo!

-Pero ¡quédate a desayunar

con nosotros! ¡Ya verás como después te salen mejor!

-¡Que no, que no! ¡Que me voy a mi casa!

Y no se os ocurra pasaros por allí.

No quiero que nadie me moleste...

hasta que no consiga hacer...

un diseño digno de la sastrería Séler.

(Puerta)

-¡Ay, Liberto, que al final la idea del concurso

no va a ser tan buena! ¿No crees?

-Yo solo sé que mi tía es incontrolable, Rosina,

y que el desayuno no está en la mesa.

-(GRITA) ¡Casilda!

(ROSINA SUSPIRA)

(Puerta)

¿Quién es?

-Soy yo, Felipe. Ábrame.

-Buenos días.

Veo que ha madrugado.

-Fui a hablar con Andrade.

-¿Con Andrade? -Ajá.

-¿Se ha vuelto loco?

-Sabía que me lo reprocharía.

Pero ¡no puedo estar ni un minuto más

separado de Marcia!

-¿Y qué le ha dicho?

-Que pusiera precio a su libertad.

Le pagaré lo que sea. -¡Felipe,

es un insensato, no sé cómo decírselo!

¡Es la policía quien debe solucionar

lo de Marcia y el resto, no usted!

-¡Estoy cansado de esperar! ¿De acuerdo?

¡Lo siento por las otras, pero mi prioridad es Marcia!

¡Necesito sacarla cuanto antes!

Sé que se preocupa por Yolanda y que se ha encariñado con ella.

-¡Yo no tengo ningún vínculo especial con esa joven!

¡Me ve inquieto porque me preocupa que lo que ha hecho arruine

nuestra operación! -Lo hecho, hecho está.

En cuanto Andrade fije una cifra,

intentaré conseguirla como sea.

-Le pido que sea prudente, que espere un poco.

(FELIPE SUSPIRA) -¡Le hablo en serio!

El comisario y yo tenemos listo el operativo para sacar a todas,

incluida Marcia.

Solo esperamos la oportunidad.

-¿Y esto cuándo será?

¿Hoy, mañana, dentro de un mes? ¡Mauro, no puedo esperar!

En cuanto Andrade fije una cifra,

efectuaré la compra.

-(RESOPLA)

(SUSPIRA)

Aquí tiene la prensa, señora.

Falta el "Novedades", se ha retrasado.

-Gracias, Marcelina.

Por cierto, ¿de dónde han salido estos carteles?

-Los habrán colgado de noche.

No los hemos visto hasta el alba.

¿No le parece emocionante que busquen artistas aquí?

-No tanto.

¡Sabe Dios quién es este Carchano!

Ya no saben qué hacer para aprovecharse de la juventud!

-Doña Felicia, perdone. ¿Me lo presta?

Mire, Carmen, ¿ve como es verdad?

Esta mujer es como santo Tomás: si no lo ve, no se lo cree.

-Está todo el mundo revolucionado con el anuncio.

-En Cabrahígo vinieron unos feriantes a recoger artistas.

Pero solo se llevaron a la Atilana.

Claro, tenía una barba como un chivo y una lengua larguísima.

(RÍEN TODAS)

-Anda, vamos a la mantequería a trabajar un poco.

-Ea, a ver si han colgado alguno por ahí. Vamos a ver.

-Con Dios. -Con Dios.

-Yo también me marcho: llevaré los periódicos a la pensión.

Con Dios. -Con Dios.

(ROSINA SUSPIRA)

-Buenas, doña Rosina. -Buenas.

-¿Desea usted tomar algo?

-Pues sí, una manzanilla, que traigo mal cuerpo.

-¿No ha descansado?

-Sí, como un lirón, pero me preocupa Susana:

no termina de salirle bien el diseño y está muy disgustada.

Ya ve, lo que ideamos

para animarla se vuelve en nuestra contra.

-¡No se apure, Rosina!

Bien termina lo que empieza con buena voluntad.

-Si usted lo dice... No me gustaría enfadarme con Susana,

como usted y doña Bellita.

¡Ay, ojalá algún día consigan arreglar sus diferencias!

-¡Buenos días, Rosina!

(RÍE) ¡Buenos días,

querida Felicia!

-¡Buenos días! ¡Está usted radiante!

-¡Oh, muchísimas gracias, querida!

¡Usted está radiante siempre!

-¡Eh! Pero ¿qué me he perdido, que ahora son tan amiguitas?

(BELLITA SUSPIRA)

¡Qué guapo! -¡Guapísimo!

-¿Y qué pasa con Emilio?

(BELLITA Y FELICIA RÍEN)

Doctor, le agradezco lo que hace para que salga el proyecto.

-Les mandaré el listado del personal sanitario.

-Estaré pendiente. Seguimos en contacto.

Úrsula, acompaña al doctor Altuna a la puerta.

Un placer. Igualmente.

El doctor parece un hombre muy sensato.

-Sí, me ha gustado mucho su iniciativa

de encargarse de reclutar al personal médico

y a los enfermeros de los soldados.

Nadie mejor que él para tomar las riendas de la intendencia.

Así nosotros podremos centrarnos en la burocracia.

Ajá. Un hombre muy eficaz, sin duda.

Con su permiso, también me voy.

Por supuesto, no le entretengo más.

Le agradezco que haya acudido tan pronto a esta reunión.

Para eso estamos.

No dude en ponerse en contacto conmigo para lo que sea.

No es necesario que me acompañe. Voy solo.

Con Dios. Con Dios.

(Puerta)

Se la ve muy satisfecha.

¿Ha ido bien la entrevista?

Así es.

¿El doctor Altuna los ayudará...?

Él y otros como él.

Es un proyecto muy ambicioso.

Y, aunque queda un pequeño trecho, bien vale la pena el esfuerzo.

No hace falta que haga el paripé delante de mí.

Sé perfectamente

que este proyecto no le interesa nada.

Se equivoca.

Ahora no hay nada que me interese más.

No en vano estoy poniendo toda mi energía para que salga bien.

No se olvide de que es mi mejor baza ante los vecinos.

Y sobre todo ante Felipe.

El proyecto que, según usted,

no me interesa es el puente por el que Felipe vendrá a mí.

Lo peor ya ha pasado, Úrsula.

Los frutos que he cosechado pronto madurarán.

Me inquieta su actitud, señora.

¿A qué viene esa confianza?

No se preocupe: pronto lo sabrá.

¡Estás preciosa!

Por fin podremos pasear juntos sin escondernos.

-¡Eh! (CHISTA) ¡A ver! ¿Eh?

Cuidadito, ¿eh? Que estoy aquí delante.

Sí, no te preocupes, tata, que nos hemos dado cuenta.

-Arantxa, cuidado, que doña Bellita está allí enfrente.

-¡Ah, no, tranquila!

Ya sabemos... (LOLITA) Ah...

(LOLITA RÍE)

(Suspiro)

-¡Huy!

¿Qué hacen estos dos paseando a la vista de todos?

¡Oh, y sus madres en la terraza!

¡Huy, Señor!

(ROSINA) Pero... ¡A ver!

¡Que me aclare! ¿Ustedes se han hecho amigas y sus hijos se han ennoviado?

(FELICIA Y BELLITA RÍEN) -¡No se le escapa una, doña Rosina!

-A las buenas. Venimos a felicitar a las madres de los novios,

que, por sus sonrisas,

asumimos que aprueban el noviazgo.

-De momento, solo dejamos que se vean

y que paseen juntos.

-Entonces, ¿aún no hay compromiso?

-¡No! (CHISTA)

Que el que mucho corre pronto para.

(RÍEN) -¡Que se vayan conociendo

y ya se verá!

-¡Bueno, pues enhorabuena, sea para lo que sea!

-¡Gracias! -¡Ay!

Hacen muy buena pareja, la verdad. -¡Sí!

-¡Eh, eh, eh, eh, eh! ¡Tortolitos! ¿Qué?

Un poquito de aire, ¿eh?, que corra por en medio.

Hala, tira. (FELICIA RÍE)

(LAS MUJERES RÍEN)

Si siguen así, el Paulistano se enfrentará en la final

con el Palmeiras.

¿Tú con quién vas?

-No entiendo de esas "coisas".

-Pronto has olvidado de dónde vienes.

El fútbol es lo que más echo de menos del Brasil.

(Teléfono)

Contesta.

(Teléfono)

-¿Aló?

-¿Quién es?

-Es para el señor.

-¡Por supuesto!

¿Para quién iba a ser, si no?

Andrade al habla.

-"Señor Andrade".

Soy Felipe Sánchez,

el socio de Mauricio Aguirre.

-"¿En qué puedo ayudarle, señor Sánchez?".

-"Disculpe mi impaciencia, pero llevo horas esperando"

una respuesta sin resultado.

¡Debe decirme cuánto pide por la mulata!

-¿Acaso tiene algún problema con la cantidad que le propuse?

-"¿Qué cantidad?".

-Le envié una nota concretando

cuánto valía la libertad de la muchacha.

"¿No la ha recibido?".

-No he recibido ninguna nota.

¿Juega conmigo?

-¡Maldita Yolanda!

No cuelgue, señor Sánchez.

-No colgaré hasta que me dé una cifra.

-"Ahora mismo se lo digo. Voy a hacer una comprobación".

(CASILDA GIME)

¡No empuje más, señora Agustina, que ya está!

No se me vaya a quebrar usted.

-¿Así está bien?

-Sí, sí. Está perfecto.

Por cierto, señora Agustina,

¿de verdad que vio a Cinta y a Emilio paseando del brazo?

-¡Huy, como dos novios!

¡Con su carabina y todo! (RÍE)

-¡Pues entonces seguro que no hubo ni besos ni arrumacos ni nada!

Con la señora Arantxa allí...

-¡Ya se las ingeniarán, que no son los primeros!

(CASILDA GIME)

¡Esos dos nunca han dejado de quererse!

Ni cuando lo del Boquerón

ni cuando estaba la Angelines de por medio... ¡No!

Hay que ver, ¿eh?, la vida las vueltas que da.

¡Y todo para al final acabar juntos!

(Puerta)

-Ah, Casilda, ¿ya has terminado con el mueble?

-Sí, me ha ayudado Agustina a empujarlo.

-Si no necesitan nada más...

-Agustina, no te vayas aún.

Ni tú tampoco, Casilda.

Necesito también vuestra opinión.

-Susana nos va a enseñar lo que ha dibujado.

¡Algo digno de su talento!

-¡Bueno, no adelanten! (RÍE)

Mejor que lo vean y lo juzguen. -¡Ay, qué bien

verte tan contenta y animada!

¡Con lo abatida que estabas esta mañana...!

-Así son las musas del arte.

Caprichosas e impredecibles.

¡He pasado toda la noche trabajando sin descanso

para nada! ¡Y ahora así, de repente,

me sale esta joya! (RÍE)

¡Digna de la mejor sastrería del país!

-¡Ay, no nos haga esperar más!

(SUSANA SUSPIRA)

¿Qué les parece?

-Yo es que...

de estas cosas entiendo poco y mal.

Pero aún recuerdo cuando llevaba cosas...

...que eran... -El diseño es clásico y elegante.

Hay que ser muy profano...

para no percibir

el oficio de estas líneas.

¡Ay, doña Susana tiene razón!

¡Es una maravilla!

-¿Te has fijado en las mangas?

-¡Oh, ya no se ven esos detalles así!

¡La confección de estos días deja

mucho que desear! (SUSANA RÍE)

¿Y a vosotras os gusta?

-(TARTAMUDEA) Bueno, Agustina tiene razón...

-¡Si ya lo sé! Pero ¿te gusta o no?

-¡Sí, sí, claro!

-¡Me extraña que el resto

de los candidatos tenga la mitad de la experiencia que usted!

-Dígalo claramente, Felicia.

¡La mejor sastra de la ciudad

ha vuelto!

(RÍEN)

-Y, cuanto antes lo admita el resto, mejor.

(ROSINA RÍE NERVIOSA)

(FELICIA RÍE)

(SUSANA SUSPIRA)

Colgad el teléfono, lo cojo aquí.

Don Felipe, ¿sigue ahí?

-No pienso colgar hasta que me dé una cifra.

-"Ha habido un lamentable malentendido,"

déjeme que le explique.

Una de mis chicas llevó una nota al hotel donde se aloja.

Como no le localizó, decidió entregársela a don Mauricio.

"La muy inepta se olvidó de comentármelo,

pero ya está todo en orden".

-¿Le entregó una nota a Mauricio?

-Me parece detectar cierta sorpresa en su tono.

Es evidente que usted y su socio

tienen serios problemas de comunicación.

"Señor Sánchez, ¿sigue usted ahí?".

-Sí, aquí estoy.

La relación entre usted y su socio no es algo que me concierna,

mi prioridad ahora es cerrar el trato de Marcia.

No quiero hacer esperar a mis otros clientes.

La próxima vez que vea un cartel en la fachada llamo a las autoridades,

que es una propiedad privada.

-La policía debería tomar cartas en el asunto.

Podrían hacerse pasar por una de las candidatas

y pillarlos in fraganti.

-No sé qué engrudo han usao,

pero los carteles estaban más agarraos,

que las garrapatas a mi perro.

-No insistas. ¿No ves que no viene nadie, ni Fabiana ni Servando?

-Tocar es gratis, y mientras toco, no me altero.

-Ya va, ya va.

¿A qué viene tamaño escándalo?

-Veníamos a preguntar por Servando,

que a estas horas ya debe estar volando sobre nosotros.

-O aplastao como un escupitajo.

-Pues ni lo uno ni lo otro. A ningún sitio ha ido este.

Tumbao en su cama está.

-¿En la cama, a estas horas? -Sí.

Se ha levantao con que no podía apoyar el pie,

que se ha hecho daño y que no le entraba ni el botín.

-¿Ha ido al médico?

-Hasta el sanatorio se ha largao,

y ha vuelto con un pie vendado y una carta de reposo.

-Uh, qué mala suerte, pobre hombre.

-De mala suerte, nada.

Mi socio es un caradura que no quiere cumplir con la Casa Real.

-No sea mal pensada, Fabiana,

que todos sabíamos la ilusión que le hacía.

-Eso era antes de saber que tenía que subir a un dirigible.

-¿Ve como tenía yo razón y quería librarse del vuelo?

-Veo que usted lo conoce mejor que yo,

que llevo toda mi vida a su vera.

Ahora, que es retorcido querer jugar con las últimas voluntades.

-¿Las suyas o las del Borbón?

-Servando dio su testamento a Fabiana,

para darle pena y que ella le convenciera de que no volara.

-Más retorcío que el rabo de un cochino.

-Menos mal que me Cesáreo me advirtió y no le dije ni mu.

Chasco al canto.

-De ahí el invento del dolor en el pie.

-No es por contrariar,

que todos sabemos que el Servando no es el caballo de Espartero, pero

¿y si es verdá lo del pie?

-Todo puede ser, pero conociendo al antiguo portero,

me temo que es otro de sus trucos.

-Ahora... es el truco este del chisme que vuela,

pero un día sí y otro no,

siempre se inventa una milonga pa no dar golpe en la pensión.

-Si se equivocan y lo fuerzan, lo pueden dejar cojo.

-Creo que tengo la solución. -¿Pa el pie de Servando?

-No, para saber si dice la verdad.

Fabiana, ¿a qué hora queda vacía la pensión de huéspedes?

-A media tarde,

cuando se vacían los últimos cuartos del día anterior.

-Uh. Se le está poniendo cara de diablo.

-¿Qué barrunta, Cesáreo?

-Esta tarde sabremos si Servando dice la verdad o no.

Lo que cuenta del doctor Altuna suena bastante tranquilizador.

-Es un placer tratar con personas que saben qué se traen entre manos.

-Ya, padre, pero ¿cuándo prevé usted que estará todo listo?

-Primero tenemos que llegar a un acuerdo con el armador,

después, calcular el monto total de la operación.

Cuando lo tengamos, reunirnos con Carratalá.

No depende de nosotros la espera.

Buenas, señores. Perdonen que les interrumpa.

Quería saber si puedo participar en el proyecto con una aportación.

-Para eso siempre hay tiempo, don Jose.

-Muy bien. Lo he estado hablando con mi señora,

y es de ley que ahora que hemos levantado cabeza,

colaboremos con esta causa tan justa y necesaria.

-Se lo agradecemos profundamente.

Cualquier donativo es bien recibido.

-Les haré llegar un cheque para que lo gestionen como mejor crean.

Confío en su buen hacer.

-Enhorabuena, señor Domínguez.

Nos hemos enterado que Cinta y el hijo de doña Felicia

han oficializado su noviazgo.

-Sí, señora. Los niños no han parao hasta conseguirlo.

La noto recuperada, tía, ¿se encuentra mejor?

-He diseñado un vestido maravilloso. ¿A que si?

-Precioso. -Sublime.

-Qué reunión más agradable.

-Únanse. Ahora le digo al camarero que junte unas mesas.

-No moleste al muchacho, que nos apañamos nosotras.

-Un momento, ¿no estarían ustedes hablando de los de los barcos?

Esa cháchara de armadores y licencias me aburre muchísimo.

Vamos dentro, que estaremos más a gusto.

-Rosina, qué claro lo tienes todo. Vamos.

-Don Ramón, ¿cómo va la convivencia en casa?

-Parece que las aguas han vuelto a su cauce, ¿verdad, hijo?

-Parece que se acabaron los problemas.

Volvemos a ser la familia feliz de siempre.

-Don Felipe,

últimamente le vemos menos de lo que nos gustaría.

-¿Podría dedicarme cinco minutos para una consulta?

Se trata de un cliente, es algo confidencial.

-Por supuesto. Si me disculpan, señores.

-Verá, don Ramón, le seré sincero,

no se trata de ningún cliente, sino de mí.

Necesito una cantidad elevada de dinero.

-¿Está usted en apuros?

-¿Podría prestármelo? Es urgente.

-Por supuesto, sabe que puede contar conmigo.

-No le diga nada a Liberto,

no quiero que Rosina se entere que necesito dinero.

-Descuide. ¿Cuánto dinero necesita?

Señora, ¿puedo hacerle una pregunta?

-Me la vas a hacer de todas formas.

-¿En de verdad le ha gustao el dibujo de doña Susana?

-Sí. Por supuesto.

¿No le ha parecío que era como recargao,

como anticuao, mu feo?

-Claro que no.

¿Cómo te atreves a hablar así del trabajo de mi amiga?

Qué sabrás tú.

(Puerta)

Buenas, Rosina. ¿Está Susana aquí?

-No, se fue a su casa, ¿para qué la quería?

Siéntese.

-Quería comentarme el horror de diseño que ha hecho.

-(CARRASPEA)

Casilda, preparara la cena. -La cena ya está hecha, señora.

-Pues prepara la de mañana, y así vas adelantando.

-¿Y el polvo? -La cocina.

A mí tampoco me ha gustado nada.

¿Cómo ha podido quedarse tan anticuada?

Si la hubiera conocido antes,

Susana era la mejor sastra de la ciudad.

-Me recuerda a una señora que me enseñó a cocinar en Santander.

Era una magnífica cocinera, con una variedad de platos...

Pero al final de sus días, solo ofrecía cocido montañés.

-Dudo mucho que gane el concurso con ese dibujo tan horroroso.

-Ya. Eso no es lo peor.

La reputación de Susana se resentirá y no habrá vuelta a atrás.

Alguien debe decirle algo, antes de que sea demasiado tarde.

-Tiene usted razón, Felicia.

Hable usted con ella, que se explica muy bien.

-No, no, no,

debería ir usted, son amigas íntimas y de la familia.

Es un asunto muy delicado para dejarlo en mis manos.

Uy, se me hace tarde.

Piénselo usted, doña Rosina.

-¡Casilda, acompaña a la señora a la puerta!

(Se cierra la puerta)

A ver cómo se lo digo yo.

El muchacho ha estado de lo más formal y respetuoso,

con las manos quietas y metidas en los bolsillos todo el paseo.

-Como debe ser. ¿Y hasta dónde fuisteis?

-Se paró para comprarnos un helado.

De chocolate para Cinta, y otro para mí de leche merengada.

Él no tomó nada.

-Ah... Qué raro, ¿no?

-Estaría desganado, digo yo.

-Sigue. ¿Os tomasteis el helado de pie?

-No, en un banco del paseo.

-¿En un banco? ¿Sentaos? -Sí.

La chiquilla intentó arrimarse sin que me diera cuenta,

pero fui rápida y me senté en medio con uno a cada lado.

-Bien hecho, Arantxa. -Buenas tardes.

-¿Has llevado ya el cheque?

-Lo contento que se ha puesto don Ramón con el donativo.

-Contenta me tienes tú a mí.

No se puede ser ni más generoso ni más guapo, ¿verdad, Arantxa?

-Si usted lo dice...

-Ojalá ese dinero saque a esos muchachos de ese agujero.

-La culpa es de los gobernantes y políticos.

A ellos habría que llevarles con toda su prole al frente.

Ya verían qué pronto se terminaban las guerras.

-¿Has visto a la niña? -¿La niña?

Un beso al llegar y poco más.

Arantxa me ha dao el parte del paseo.

Si no fuera por ella, esa no baja ni a la esquina.

-Ay, sultana mía, que to son agobios pa ti.

-Calla, que aún me dura el disgusto del anillo.

Convencía estaba de que venía a pedir la mano de la niña.

-Después de una cosa, vendrá la otra.

-De momento, que se quede en noviazgo.

Una no pierde la esperanza de que encuentre a un diplomático.

-(RÍE) Luego decimos que si la niña ha salido cabezota.

-Ríete, que no se nos han podido torcer más las cosas

desde que llegamos. -Eso es Verdad.

-El teatro quemao... -Las aceitunas revenías...

-El timo del banquero... -Vale ya.

No llamemos a la mala suerte de nuevo.

-Todo eso quedo atrás.

La suerte nos vuelve a sonreír, vida mía.

-Eso es porque la Virgen del Carmen nos protege.

De todas salimos, Jose.

-Pues claro que sí.

Y ahora, a disfrutar, que nos lo hemos ganao.

-Digo.

Cómo añoraba tus besos. Y yo tus manos.

Menos mal que has venido,

el paseo de esta tarde ha sido un infierno.

No te quejes, que en peores hemos estado.

Tienes razón.

Arantxa no nos ha dejado ni a sol ni a sombra.

De hecho,...

no me extrañaría que ahora nos estuviese vigilando.

Mi tata es más perseverante que un perro guardián.

Le he tenido que decir que bajaba a la perfumería.

¿Y se lo ha creído? Parece que sí.

-Os estaba buscando para enseñaros algo. Venid.

-Camino, ¿no puede ser más tarde?

Llevo todo el día esperando este momento.

-Ay, ven.

Mira, Cinta, buscan jóvenes actrices para películas.

Carchano Producciones.

-Ah, sí, están por todo el barrio. -¿Por qué no nos presentamos?

Podrían seleccionarnos para protagonizar una película.

Me gusta el cinematógrafo,

pero nunca había pensado en salir en una película.

Eres guapa, saber cantar,

actuar... No tienes nada qué perder.

-Tendrás que decírselo a Arantxa, no te suelta ni de día ni de noche.

(Puerta)

(Se cierra la puerta)

Buenas tardes, don Felipe.

No le entretendré mucho,

solo quería ponerle al tanto de la reunión con el doctor Altuna.

Algo me ha comentado Liberto. ¿Nos sentamos?

(ASIENTE)

Quería que me aclarase algunos flecos sobre los barcos marroquíes.

Quería saber si la tripulación corre a cargo del armador

o es tarea nuestra.

Es competencia del armador.

Nosotros tenemos que presentar el listado al Ministerio,

y ellos lo compulsarán.

Veo que lo tiene bajo control. Me tranquiliza.

Felipe, ¿está bien?

Sí, perfectamente.

No me gustaría molestarle ni importunarle,

si lo desea, podemos quedar en otro momento.

¿Tiene alguna duda más sobre los permisos?

¿Va todo bien?

Sabe que si necesita hablar,

o tiene algún problema, quizás yo pueda ayudarle.

¿Usted?

Te necesito en perfectas condiciones.

No me gustaría que ninguna preocupación

alterase su rendimiento.

Felipe, ¿qué ocurre?

Necesito pedirte algo.

Necesito dinero.

Ramón me ha dejado todo lo que tenía en su casa, pero no es suficiente

y no puedo esperar a que abran los bancos mañana.

Está bien.

Me alivia escuchar que se trata solo dinero.

Me reconforta saber que cuentas conmigo.

¿Cuánto necesitas?

Doce mil pesetas.

¿Doce mil pesetas?

Eso es mucho dinero,

Lo sé, lo sé.

Te lo devolveré todo en unos días.

Tanta urgencia, no tendrá que ver con ¿Marcia?

De no haber sido por ese policía, Mauro,

don Felipe no hubiera sabido ni por dónde empezar a buscarla.

¿Me va a decir que no contaba con los imprevisto?

Por favor, no me decepcione más todavía.

¿Emilio?

¿Pasa algo?

Ahí había un hombre.

-¿Quién era? -No sé, pero estaba mirando.

¿Crees que puede ser Ledesma?

Pues si el jurado es tan reputado, quizá sería mejor pensártelo,

lo del diseño.

Deberías diseñar algo acorde con lo que llevan las revistas ahora.

-¿Cómo estos? -Busco a Felipe.

-Vino a pedirme que le prestara dinero

y le di el efectivo que tenía,

pero no sé si ha conseguido toda la cantidad que necesitaba.

¿Sabe si la ha conseguido?

-No, nada, por eso lo buscaba.

Vamos a desenmascararle.

He bajado del altillo la bocina que usaron en el teatro.

¿Preparada? -Preparada.

¡Fuego, fuego, salven sus almas!

-¡Fuego, socorro! -¡Fuego!

Bellita es artista, ella entiende de cine y teatro.

Si ella deja ir a Cinta a la prueba, ¿usted me deja ir a mí?

Felipe está recaudando dinero para el rescate de Marcia.

-¿Cree que lo puede conseguir?

-Tiene muchos conocidos importantes.

Ha defendido a hombres muy poderosos.

De poder esperar a que abrieran los bancos, lo conseguiría.

Pero tenía prisa.

Lo quería para esta misma tarde.

Tenga cuidado. Déjeme ir con usted.

No.

Yo no tendría que ir si hubiese cumplido lo prometido con Marcia.

Están haciendo pruebas para encontrar actrices

y me gustaría presentarme.

No.

No se cierre en banda, que siempre tiene un no en la boca.

¿Creíste ver o viste de verdad? -Vi de verdad.

Pero no alcancé a distinguir su cara.

¿Y por qué estás tan nervioso?

-Ledesma, creo que podría ser él.

No veo a nadie.

¿Y si nos vamos?

-No saldríamos de la casa, nos matarían antes de pisar la calle.

Que no los veas, no significa que no estén ahí.

-No se atreverían a disparar.

-Felipe, les conozco bien.

Están deseando una excusa para hacerlo.

¿Un telegrama pa mí?

Algo malo será pa que me envíen un telegrama.

-Pero si no lo lees, no lo sabes.

-Primo, léemelo tú, que ya sabes que yo las letras...

las llevo colgando con alfileres.

¿Y quién le dice a usted que Felipe va a alcanzar un acuerdo

con Andrade?

Ni por 15 000 ni por 150 000.

A lo mejor me he equivocado.

A lo mejor no tenía que brindar por don Felipe,

sino por el señor... Álvarez-Hermoso.

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Acacias 38 - Capítulo 1099

17 sep 2019

Susana consigue realizar un diseño digno de su mejor época. Rosina y Felicia al verlo no saben que decir ¿Tendrán arrestos para confesarle que su concepto de moda es del siglo pasado?

Emilio, tras oficializar su noviazgo con Cinta y dejar a Bellita al borde del infarto al ofrecer un anillo a su hija, disfruta de su primer paseo junto con su novia formal.

Felipe, pese a enterarse de que Mauro sigue siendo policía y que está investigando a Andrade decide recuperar a Marcia por su cuenta y llama al proxeneta.

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  1. Mark Munoz

    Me encanta el personaje de Jose,de la manera como el celebra el amor jeje.

    18 sep 2019