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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1084 - ver ahora
Transcripción completa

Mi hijo ha negociado una venta que me hubiera gustado que fuese mía.

-Siempre supe que heredó su talento.

-Y por si eso fuera poco,

la compañía de seguros La Tizona no tardará en darnos dividendos.

Si el mercado evoluciona como esperamos,

pronto los Palacios podremos saldar la deuda que contrajimos

con la recuperación de la mantequería.

-Es una grandísima noticia.

Gracias por taparme delante de Marcelina.

-¿Qué se cree,

que le va a salir gratis que su esposa le considere un sansón?

Ay, Jacinto.

Usted me debe uno

o varios favores.

Agustina ha traído esta nota.

Don Ramón, don Liberto y don Felipe

quieren retomar las reuniones sobre nuestros soldados.

Tal y como van las cosas,

no le costará mucho reconciliarse con la mayoría de los vecinos...

y con don Felipe.

Tú lo que eres... -¿Qué?

-Tú lo que eres es... -¡Pero bueno!

¿Andan otra vez a la gresca?

-Mire, cuando acabe con usted, no le van a quedar ganas

de pronunciar ni una palabra.

-¡Emilio! -¿Me oye?

-¡No des un espectáculo, hijo!

-¡No puede ceder, no con este animal!

Nos apañaremos; dígale que se vaya para siempre.

-El que debe irse eres tú.

No vuelvas hasta que estés más tranquilo.

O hacemos algo entre Carmen y Lolita

o entre las dos harán que terminemos locas todas.

-El siguiente punto sería

el nombramiento de nuestro portavoz ante las autoridades.

¿Votos a favor de don Felipe?

Muy halagado, señores.

-Podríamos vivir nuestro sueño, nuestro amor.

Es verdad.

Pero no lo haré a costa de mi madre.

Quiere proteger a su familia, está en su derecho.

Cinta, que no es un derecho.

Es una condena, y es mi madre.

Nuestra madre.

¿Lo verías tan claro si fuese la tuya?

Pero ¿y esto qué hace aquí?

¿Tú qué haces aquí? -Pues...

echándole una mano a Arantxa que tiene...

los riñones al jerez y no está para muchos trotes.

Lo encontré junto a la Virgen que tenemos en el altillo.

Este colgante es como un tesoro para Marcia.

Ella no se lo dejaría por muchas prisas que lleve.

-Nosotras lo que queremos es que habléis.

De aquí no os movéis hasta que no os arregléis.

-Yo me marcho.

-Luego dice que soy yo la picajosa.

¿Sabes qué te digo, Lolita?

Que no te marchas tú,

me marcho yo. -De eso nada.

-"Ha llegado este telegrama, señor".

-Es Tano. Marcia...

envió el billete de Tano para que viniera a visitarme.

Quería darme una sorpresa.

-"Adjunto reembolso de 120 pesetas

que Marcia envió para comprar billete".

Las que dijo Casilda que necesitaba Marcia.

¿Cómo viviré sabiendo que soy la causa de su desgracia?

-Hijo, todo sería mucho más fácil

si dejas de meter el dedo en la llaga.

Por favor.

-"Mauro, Marcia no se ha marchado".

Se la han llevado.

¿Qué más pruebas necesitamos?

Tenemos que hablar con el comisario.

Es evidente que se la han llevado.

-Estas evidencias así lo indican.

Pero no daría ese paso a la ligera. -¿Por qué piensa eso?

-Es un caso muy llamativo.

Que las autoridades investiguen la desaparición de una mujer de color

podría llegar muy pronto a los oídos de sus secuestradores.

-Estamos hablando de la mismísima Policía.

-Sé lo que me digo.

Y usted también ha trabajado allí; parece mentira.

Algunos casos son muy difíciles de mantener en secreto.

-¿Piensa que alertaría a los secuestradores?

-Justamente.

Nuestra principal ventaja es que piensen que no la buscamos.

Que nos tragamos ese cuento de que se fue por su propio pie.

-Está bien. Pero si no damos parte, algo tendremos que hacer.

-Claro que sí, no digo que nos quedemos de brazos cruzados.

-¿En qué piensa?

-En investigar por nuestra cuenta.

Y de la forma más discreta posible. -Mauro.

¿No es muy arriesgado para ella?

-Menos que si lo hacemos público. -Mauro...

-Confíe en mí y en mi experiencia como policía.

-Está bien.

Ya sabe que confío en usted.

Si cree que es la mejor forma de actuar,

así lo haremos.

-Verá como muy pronto damos con Marcia.

-Estoy recordando que Marcia me dijo...

que creía que la vigilaban.

-Es muy posible que fuera algo más que una impresión.

Quizá sea nuestro punto de partida.

-Espero que no olvidase los métodos que empleaba en su antiguo trabajo.

-Es como si siguiera al frente de la comisaría.

Con algún año más...,

pero con las facultades intactas.

-Me alegra escucharlo.

Temía que la pérdida de Teresa

le afectara para esta labor.

-Que Teresa no esté me afecta sobremanera...,

me deja sin ánimos,

pero esto es harina de otro costal.

Siempre supe separar mis asuntos personales

de las investigaciones que hacía.

-Sé que pondrá todo su empeño en rescatar a Marcia.

-Claro que sí.

-¿Qué es lo primero que hará?

-Necesito que me cuente, desde el principio

y con los detalles que recuerde, cómo llegó a esta casa

y qué le contó de su pasado en su país.

-¿Cree que encontrará alguna pista?

-Espero que sí.

Algún hilo del que empezar a tirar.

-Está bien, sentémonos.

Le contaré lo que sé sin omitir nada.

Nos llevará un buen rato.

(Música clásica)

(Llaman a la puerta)

Uy.

¿A estas horas?

¿Quién podrá ser?

Pero ¿qué haces aquí? Que es muy tarde.

Tenía que hablar contigo como fuera.

A ver esperado a mañana. No.

No podía dejar pasar la noche sin disculparme.

Sin dejar de ver lo hermosa que eres.

No es momento para halagos, y no quiero que te descubran aquí.

Deja que me quede, va a ser solo un segundo.

Está bien.

Pasa.

Siento haberte hablado de aquella guisa.

No mereces que te trate con tan poca consideración.

Claro que no.

Y que sepas que no te consentiré tales desplantes.

Y haces muy bien.

Sé que he estado muy desatinado.

Tú eres a quien más quiero en este mundo.

Pero la situación con mi madre... es que me saca de quicio.

Lo sé.

Sé que te tiene los nervios a flor de piel,

pero yo no tengo la culpa de lo que os ocurre.

Lo sé, y por eso te pido que... que me perdones.

Y que olvides lo sucedido.

Te aseguro que no volverá a pasar algo así.

Yo no puedo vivir sabiendo que estás disgustada.

Eres mi amor.

Está bien.

Acepto tus disculpas.

Para mí tampoco es plato de buen gusto

tener que andar de uñas contigo.

Mira, te aseguro que voy a estar más pendiente de ti.

Estos días he estado

muy distante con todo lo que ha ocurrido.

Y tanto.

Que apenas me has prestado atención.

No sabes cómo lo lamento.

Me gustaría estar entregado a ti en cuerpo y alma.

Pero es que el sacrificio que mi madre está a punto de hacer,

de verdad, me amarga la existencia.

Te comprendo.

Es muy duro pensar que Felicia

se puede encadenar de por vida con ese patán.

Me gustaría tanto poder ayudarte.

Te lo agradezco.

Pero ni yo mismo sé qué hacer.

Verás como se nos ocurre algo para salir del entuerto.

He de irme.

No quiero importunar a tus padres.

Gracias por haber venido.

Estaba muy apenada por lo que había ocurrido.

No quiero que sufras por esto.

No ganamos nada con ello.

Quiero que sepas que siempre voy a estar de tu lado.

No permitiré que nada nos separe.

Saldremos adelante.

Claro que sí.

Confía en nuestro amor, ya verás.

Es lo único que me sostiene en pie.

Don Felipe.

Señor, perdóneme que le moleste tan de mañana,

pero estoy descompuesta.

-¿Qué te ocurre? -He pasado una noche toledana.

No he podido dormir de los nervios.

-Lo lamento, pero eso mejor háblalo con Fabiana.

-Señor, espere. Perdone, que no me he explicado bien.

Mire, yo quiero hablar con usted de otro asunto.

-Dime, ¿qué es lo que te preocupa?

-Marcia.

No dejo de darle vueltas al colgante.

Y me estoy preocupando mucho por ella.

-Sé que le tenías mucho aprecio.

-Pa' chasco que sí.

Por eso esto está siendo un sin vivir.

¿Y si le ha ocurrido algo malo?

-También me parece extraña la forma como se ha ido,

pero no significa que le ocurriera una desgracia.

-Hasta la señá Fabiana cree que hay gato encerrado

y ella no se equivoca jamás.

-Tampoco es infalible.

-Mire, don Felipe.

Marcia era muy misteriosa

y nunca nos dijo de dónde venía o cómo era su vida en esas tierras.

-Sí, es cierto que era un poco reservada.

-Sí.

Es por eso mismo que...

creo que quizá ha tenido un problema con alguien de allí

y nosotras no lo sabemos.

-Y es posible que no contase nada porque no había nada que contar.

-¿Para usted ya no importa lo del colgante?

-Así es, Casilda, así es.

Yo también he pensado en todo esto.

He llegado a la conclusión de que lo olvidó al marcharse.

-Señor, usted sabe como yo

que ese colgante se lo dio su madre antes de morir.

Es imposible que se lo dejase.

Creo que alguien se la llevó por la fuerza.

Hasta puede que le hiciesen daño.

-No.

No lo creo.

Se ha marchado, y punto redondo.

-Si usted lo dice, así será.

Pero yo creo que se equivoca.

-Créeme, Casilda.

No le pasó nada.

Y creo que es mejor no comentar esto con nadie,

para no crear falsas alarmas.

-No es lo mismo que usted decía ayer.

-Lo sé, pero he reflexionado.

Y te pido que no pongas en duda lo que estoy diciendo.

-Perdóneme, yo jamás... pondría en duda su palabra.

Usted no es solo un abogado, además es más listo que el hambre.

Y era el prometido de mi amiga.

-Pues ya sabes qué hacer.

Punto en boca.

Y no comentar esto con nadie, ¿de acuerdo?

-Seré un fiambre.

Aunque me cueste comulgar con ruedas de molino.

-Casilda.

No espero menos de ti.

Buenos días. -Hola.

-Uy, rediez.

¿No parece que me estaban esperando?

Quiero que las tres hablemos.

-Uy, no, Fabiana, no va a poder ser.

Yo tengo muchas tareas pendientes.

-Yo no quiero discutir y tengo mucho que hacer.

-Eh, las dos para dentro, no voy a dejar que se me escabullan.

-Que no tengo el cuerpo para jotas. -Y no las vas a tener, hija.

Vamos a aclarar las cosas de una vez y para siempre.

-Déjelo, déjelo.

Esto tiene muy mal arreglo.

-Eso ya verá, ¡que ya está bien de tontás!

Ahora, se me van a sentar y me van a escuchar.

-Venga.

Pero solo va a conseguir perder el tiempo.

-Para mí que esto es marear la perdiz.

-Y tú cállate.

Fuiste la primera en empeñarte en que vivierais todos juntos.

Haberlo pensado antes.

-Si lo llego a saber, no abro la boca.

Para lo que ha quedado todo... -No, no.

No sigas por ahí, no he venido para escuchar ninguna excusa.

Lo mejor para todos y para vosotras mismas es

que echéis pelillos a la mar

e intentéis resolver esto cuanto antes.

-¿Y qué se cree, que yo no tengo un buen disgusto?

Pensaba que esto iba a ir de perlas.

Pero cada minuto que pasamos juntas es peor que el anterior.

-Tú tampoco pones de tu parte.

-¿Y qué quiere que haga?

Cada vez estoy más cansada, Carmen.

Que no hace una a derechas,

y me pone atacada todo lo que dice y hace.

-Yo solo trato de hacer las cosas a tu gusto, Lolita.

Pero no hay forma.

Todo te viene mal.

-Pues sí.

Estoy preñada.

Estoy preñada, y todo me viene mal, Carmen.

No puedo evitar estar más revirada que un gato en una bolsa.

Ea.

(CARMEN SUSPIRA)

Las dos tenemos parte de culpa.

Pero quizá...

quizá yo debería

haber sido más paciente contigo y...

ser más consciente de tu estado.

-Hay días que me siento muy mal.

Y usted no hace más que jeringarme.

-Nunca ha sido esa mi intención.

Y en cuanto a lo de jeringar...,

estamos un poco a la par.

-A ver.

Para mí que todo esto se arregla

empezando de cero y olvidándolo todo.

¿No ven ustedes que de otra forma,

van a terminar tirándose los trastos a la cabeza?

-Por mi parte...,

está bien, lo intentaré.

-Yo también.

Pero... no prometo nada.

Si por lo que sea me da un pronto,

le pido que tenga paciencia.

-Y la tendrás, la tendrás por mi parte, Lolita.

-Ay.

Está bien.

Supongo que eso es bastante por el momento.

-Bueno... -Pero ahora, hay que intentar

que ni Antoñito ni mi marido

se enteren de nada.

-En eso vamos a estar siempre de acuerdo.

No podemos romper su paz por...

por nuestras disputas.

A las buenas, Servando. -Buenas.

-¿Sabes si Fabiana tiene un capazo de sobra?

-Adiós, muy buenas.

Aquí, por no sobrar, no sobra ni el aire.

¿Dónde vas con ese cesto?

-A hacerle la compra a la Arantxa.

Es que con un capazo no me vale.

-¿Qué vas a comprar, una vaca? -¡Buf!

Casi, que esa familia come como si fueran 500.

Mire, mire.

Mire la lista que me ha dado. -A ver.

¡Pero Virgen santa!

Pero si con menos de esto, Napoleón quiso tomar Rusia.

-Estoy hasta las pestañas de la vascuence.

Harto, harto me tiene de tantos recados.

-Dila que nones y que lo haga ella.

-Pero eso es...

muy bonito decirlo aquí, pero delante de ella es otro cantar.

Maldita sea la hora en que quise hacer ejercicio.

-Al menos te pondrás como un toro. -Si no entrego la pelleja antes.

De tanto cargar, voy a acabar en la tumba.

-No puedo verte con esa guisa.

Déjame que le dé yo a la mollera

a ver si se me ocurre algo para ayudarte.

-Déjelo. Conociéndole, será peor el remedio que la enfermedad.

-Que no, no seas terco.

Tú confía en mí, que yo te saco de este brete.

-No es que no me fie de usted, es que no me fio de nadie.

Como se complique el asunto, terminaré tirando de un carro.

-Bueno, hala.

Lo que quieras.

Ay.

Toma, otro cesto, que te aproveche. -Gracias.

El lomo me voy a dejar de tanto viaje.

-Anda.

Pobre muchacho este, de verdad.

Debo hacer algo para ayudarle.

-¿Está aquí mi Jacinto?

-No, pues acaba de salir.

Casi habéis coincidido.

-Pues yo no lo he visto, como venía con prisas.

¿Y dónde andará metido?

-Seguramente se ha ido con la Arantxa.

-¿La criada de los Domínguez?

-Sí. -¿Y por qué iba a estar con ella?

-Últimamente se les ve mucho juntos.

Están más pegados

que los hermanos esos chinos.

-¿Usted cree?

-Sí, sí. ¿No ves que están siempre juntitos?

No me extrañaría a mí

que haya caído ante los hechizos de Jacinto.

-¡Pamplinas! Ella nunca haría algo así.

-Bueno, como tú quieras,

pero en asuntos del corazón, la gente se vuelve loca.

-Que no, Servando, que no puede ser. -Vamos a ver, tú piénsalo.

¿Por qué la Arantxa siempre quiere hacer deporte con tu Jacinto?

¿Y por qué tu marido siempre le está haciendo favores?

Tú...

Ahí te lo dejo. Tú piénsalo.

-No.

No pueden hacerme semejante felonía.

-Si seguramente tendrás razón, pero...

cosas más raras se han visto.

Es que qué mala suerte ha tenido don Felipe, ¿verdad?

Debe estar muy afectado por lo que ha ocurrido.

Sí, ¿quién iba a pensar

que le iba a dejar plantado? Sí, y una criada.

Esa muchacha no conoce ni el suelo por donde pisa.

Era la oportunidad de su vida.

Estoy de acuerdo.

Don Felipe no estará muy contento.

Aunque le está bien empleado.

Por lanzarse en una relación con una mujer que apenas conocía.

¿No cree?

Supongo que se ha precipitado.

A lo mejor lo ha embrujado.

Claro, en esas tierras sin dios, tienen conjuros para estas cosas.

¿Su señora qué opina de todo esto?

Lo que piense o no mi señora

no es asunto que a mí me concierna.

Ya, ya, supongo, pero algo le habrá comentado.

Mi señora no tiene por costumbre hacerme partícipe de sus opiniones.

Si me disculpa, doña Rosina, es que debo ir a hacer la compra.

Con Dios. Con Dios.

¿Tiene un momento?

No, la verdad es que no puedo entretenerme.

Serán solo unas preguntas.

Me han dicho que sabía usted algo importante del pasado de Marcia.

¿Quién le dijo tal cosa? Da igual, ¿es cierto o no?

Ya le dije en su día a don Felipe que no tengo nada que ver

con la llegada de Marcia al barrio y que tampoco sé nada

sobre las circunstancias que rodean su pasado.

La primera vez que la vi,

estaba casi mendigando en la iglesia.

Le ruego que no siga fingiendo.

Este puede ser un asunto de enjundia.

Ya le he dicho... que no sé nada. Y miente.

Cuénteme lo que sabe.

Don Mauro,

me gustaría ayudarle, pero... nada sé.

Marcia llegó al barrio por su propio pie.

Don Felipe la contrató sin consultar a nadie.

Yo nunca la recomendé. Seguro que llegó aquí de su mano.

No sé cómo decírselo ya.

No sé nada.

Por favor,

no pierda más el tiempo conmigo y no me lo haga perder a mí.

Se está usted equivocando.

Eso ya se verá.

Si me permite, tengo que atender mis obligaciones.

Hijo, ¿dónde estabas?

Sabes que no me gusta levantarme y que no estés.

-Ni a mí.

Porque cuando te levantas, eres más bonita

que la aurora vista desde las marismas,

y me mata perderme semejante espectáculo.

He tenido que solucionar unos asuntos.

Y he aprovechado

para comprarte estos pestiños que tanto te gustan.

Ea. -Ya los comeré más tarde.

-¿Y eso?

Esto de lo despachas tú en un tris.

-Ando desasosegada con lo que vi anoche.

Emilio pasó por la casa a hablar con la niña

cuando nos habíamos acostado.

-A mí no me gusta que se presente en casa

a esas horas tan intempestivas, y menos sin saberlo nosotros.

-No pasó nada inapropiado.

Simplemente hablaron un par de minutos.

-¿Y qué era eso tan importante que no podía esperar a mañana?

-No pude escucharles bien, pero creo que hablaban de Felicia

y del matrimonio con ese tal Ledesma y lo mucho que eso les afecta.

¿Por qué será que ella acepta a semejante borrico?

-No tengo ni idea.

Pero está claro que nos pilló a todos por sorpresa.

Esos dos hacen una pareja de lo más extraña.

Pero como decía mi abuela,

siempre hay una mierda para un tiesto.

-No seas vulgar.

¿Qué habrá visto Felicia en ese hombre?

Que no se puede ser más rústico y más gañán,

con mis respetos a los que son de un pueblo.

-Como que de un pueblo salimos los dos.

No hace tanto que lavabas ropa en un río.

-Y a muy buena honra.

Pero no sé, ese hombre tiene algo de lo más desagradable.

-Eso es cierto.

Ese es un patán, independientemente de donde haya nacido.

-Te voy a decir una cosa,

también me turba la relación de Cinta con ese chico.

Eso es lo que más me quita el sueño.

-En mi opinión,

es mejor dejar que todo siga su curso.

-¿Crees que eso saldrá bien?

-No lo sé, pero oponernos no ha servido de nada.

Es mejor dejarles a su aire, y que salga el sol por Antequera.

-Dios quiera que vaya bien.

No sabes lo que me joroba no poder hacer nada.

Voy a estudiar las lecciones de Historia.

Voy a retomar mis clases.

-Ah. Me parece muy bien.

Así estás entretenida y haces algo de provecho.

-Escucha, Cinta,

¿no sabes algo más sobre los amoríos de Felicia y ese tal Ledesma?

De amorío, poco.

Ya sabe que Felicia está disgustada por tener que casarse con él.

-Pues que no lo haga.

Ya, pero lo hace por sus hijos. Es una buena mujer.

-Pues hija, qué cruz.

Pobre mujer, tener que soportar

a ese hombre maleducado que ni buenos modales tiene.

Mucha tiene que ser la deuda que tiene con ese hombre.

Yo no sé qué decirle, madre, tampoco sé mucho más.

-Ya te irás enterando, si tienen a bien darte explicaciones.

De momento, solo puedes ofrecer tu apoyo

a Camino y a Emilio.

Eso es lo que pienso hacer.

Gracias por comprenderlo.

Uy, ya estás aquí, ¿tan pronto has cerrado la tienda?

-No, he dejado a la Casilda a cargo

mientras que venía a echar un vistazo a la casa.

-Pues yo ya casi he terminado con lo que me pediste que hiciera.

-Sí, se ve

todo más o menos limpio.

-Espero que esté a tu gusto.

-Sí, sí.

Que no he venido a ponerle falta.

¿Con qué ha limpiado esto?

-¿Con qué lo voy a limpiar?

Con cera, como siempre.

-Yo primero le doy con agua y vinagre.

-Bueno, eso...

eso está muy bien.

Para limpiarlos y que brillen. -No, es para que no se seque.

-Sí, sobre todo, eso,

para que la madera no se seque y luego, se cuartee.

Si es que tienes más razón que una santa.

-Téngalo en cuenta para la próxima vez.

No podemos cambiar los muebles cada poco tiempo.

(CARMEN RÍE)

Tampoco creo

que por una sola vez que no se le ponga vinagre,

se echen a perder los muebles.

-Cómo se nota que no los ha comprado usted.

Que las cosas hay que cuidarlas.

-Tú no te apures,

que ahora mismo le quito la cera,

le paso el vinagre

y hago lo que sea menester.

Vamos, que voy a cuidar tanto esa alacena

que con su madera te podrás hacer tu ataúd.

-¿Es que me quiere ver muerta? -¿Cómo te voy a querer ver muerta?

Me refiero a que...

quedan tantos años para eso, tantos,

que esa madera estará lista para lo que haga falta.

-Está bien, está bien.

Me bajo a la tienda.

Cuando quiera, o termine, puede venir a por el avío para la comida.

-Enseguida bajo a por el tocino.

-¿Tocino para qué? Vamos a hacer bacalao.

-Eh... digo bacalao con pimientos.

-No, al ajo arriero.

-Pues eso,

al ajo arriero.

-Uy, Carmen, que no se entera de la misa la media.

No sé cómo ha podido servir en una casa tanto tiempo

con la poca atención que le pone a las tareas.

-Pues mira, hija, debe ser...

que yo he tenido mucha suerte con los señores

y ellos,

mucha paciencia conmigo.

Pero mucha.

Paciencia es la que yo tengo contigo.

¿Alguna novedad por el barrio?

No, señora, nada de enjundia.

¿No le han comentado nada sobre Felipe?

No, señora.

¿Qué le ocurre?

Me da que me oculta algo.

No se le escapa ni una.

Mauro me ha parado en la calle tratando de interrogarme.

¿Cuál fue el motivo?

Nada referente a usted. Sea más concreta.

¿Qué le ha preguntado?

Me ha preguntado... si sabía algo del pasado de Marcia.

Evidentemente, le he dicho que no y he seguido mi camino.

Parece que ese hombre empieza a acercarse a nosotras.

Señora,

no puedo negar que yo también empiezo a inquietarme,

me preocupa que haya vuelto a Acacias.

Cuando llegó, le pregunté si ese expolicía supondría

un problema para nosotras.

Sí, señora, y le dije que no.

Pero no podemos estar seguras de nada.

Eso no es lo que me comentó.

Cada vez me cuesta más confiar en su criterio.

No se enoje conmigo, no he cambiado de opinión.

Solo intento decir que debemos ser más precavidas y menos confiadas.

Sé muy bien cómo he de comportarme.

Pero esto supone un escollo más en nuestros planes

y eso no es de mi agrado. La comprendo, señora.

Pero ese escollo

lo sortearemos sin problemas. Eso espero.

No toleraré más complicaciones.

¿Lo ha entendido?

Perfectamente, señora.

Bien.

Hemos recibido una nota citándonos, ¿pasa algo malo?

-Como si no tuviéramos bastante encima.

Sosegaos.

He pedido veros para daros una sorpresa.

He comprado entradas para el cinematógrafo.

Os vendrá bien distraeros un poco.

-Te lo agradezco, Cinta, pero no tengo ánimos para nada.

-Yo tampoco tengo humor para salir por ahí.

Lo siento.

-Y no queremos dejar sola a nuestra madre.

Hasta la hora de la cena no habrá nadie en el local.

-Bueno,

eso es cierto.

Podríamos ir a ver la película

y estar de vuelta para servir las cenas.

Venga, anda, anímate,

sé lo mucho que te gusta el cinematógrafo.

-¿Y si ocurre algún inconveniente y nos retrasamos?

-No tiene por qué pasar nada, tampoco seas cenizo.

Os vendrá de perlas salir un rato y olvidaros del problema.

Es mucha la tensión que estáis viviendo.

-Y tanto.

Me arden las entrañas cada vez que estoy en el restaurante

y veo a Ledesma metiéndose. -Da indicaciones a nuestra madre.

-¿Por qué se tiene que meter ese tuercebotas en nuestros asuntos?

-Este negocio lo hemos sacado nosotros tres solos siempre.

Y tener que oír sus memeces...

-No permitiremos que meta sus codiciosas manos en él.

Eso sería lo último.

Antes, le prendo fuego al restaurante.

A ver, templad los ánimos.

De nada os sirve que os acaloréis así.

Conseguiréis que os dé un telele.

No podemos evitarlo.

Nos hierve la sangre al contemplar semejante felonía.

Y lo comprendo muy bien.

Por eso os pido que vengáis al cinematógrafo.

Es la única forma que os olvidéis aunque sea por unos minutos.

-Venga, tomémonos un momento de asueto.

Seguro que nos vendrá bien.

Claro. Haz un poder y vente con nosotras.

-Pero dejaremos sola a nuestra madre con ese mal bicho.

Sola no va a estar, algún cliente entrará a tomar algo.

No termino de estar convencido.

Si te quedas más tranquilo,

le podemos decir a Cesáreo o a Jacinto

que pasen a echar un ojo por aquí.

-Si les convidamos a un café, se quedarán toda la tarde.

-Está bien.

Supongo que no se hundirá el mundo porque perdamos una tarde.

Os acompañaré al cinematógrafo.

-Bien.

Me alegra que haya venido a visitarme, Agustina.

-He terminado pronto mi tarea y, como don Felipe no está,

me pareció buena idea pasarme a ver cómo le marchaban las cosas.

-¿Se sabe algo ya sobre Marcia?

-No.

Don Felipe sigue triste.

Pero me barrunto que poco a poco se va haciendo a la idea.

-El pobrecillo.

Ahora que empezaba a levantar cabeza, no se merecía ese trato.

-Ni él ni nadie.

No es de ley despedirse a la francesa como ha hecho Marcia.

-No, desde luego que no.

Al menos se deja una nota

dando alguna explicación de la escapada.

-A mí me sigue sorprendiendo que esa chica

haya hecho algo tan desconsiderado.

-Pues yo apenas he tratado con ella, pero me pareció buena persona.

-Sí.

Nos ha engañado a todos.

-Está visto que una nunca acaba de conocer a la gente.

-¿Y con Lolita cómo le van las cosas?

Ya sé que Fabiana habló con las dos y prometieron llevarse bien.

-Así es.

Y por mi parte no se puede decir que no esté poniendo todo mi empeño.

-¿Y por parte de ella?

-Ese es otro cantar.

No he visto una mujer más pejiguera que ella.

A cachos se me va a caer la lengua de tanto mordérmela.

-No puedo decirle otra cosa que no sea que tenga paciencia.

Algunas embarazadas cambian tanto que parecen idas.

-Lolita, sin ir más lejos.

Con lo buena y dócil que ha sido siempre esa muchacha

y ahora, parece una arpía.

-Bua.

Pues cuando empiece con los antojos, Dios les pille confesados.

-No, Agustina.

Si ya ha empezado.

Que esta mañana...

la he pillado... desayunando churros.

-No sé qué tiene eso de particular.

-Que los estaba mojando en el caldo de una lata de mejillones.

-¡Oh!

Yo las he visto peores.

En una casa que trabajé,

una solo comía cebollas crudas.

Y en la otra casa,

a la mujer le daba por comer la tierra de los tiestos.

Y si pillaba una lombriz, pues mejor. -Ay, no.

-Eso ya...

-El oremus vamos a terminar perdiendo antes de que nazca el rorro.

-¿Cómo le van las cosas? ¿Qué está preparando?

-Ay, muy bien, ya lo tengo terminado.

Espere, que se lo enseño. -Sí.

¿Tan pronto has venido?

¿No tenías reunión en el Ateneo?

-Sí, pero me dieron recado anulándola.

¿Y tú qué tienes ahí? ¿Qué estás escondiéndome?

-Nada, Ramón.

Una sorpresa.

Estoy haciendo una labor para la criatura de Lolita.

-Les dejo,

para que traten sus asuntos.

Seguro que don Felipe está a punto de llegar a la casa.

-Pero espere, que así lo ve.

Mira.

Le he hecho este gorrito.

Pero quiero hacerle una chaquetita y unos calcetines a juego.

-Le está quedando precioso.

-Me parece de lo más atinado.

Le va a encantar a Lolita, y más porque viene de ti.

Te tiene tanto aprecio.

-Ya lo creo.

Son casi como hermanas.

Entonces, cree que es un buen negocio, ¿no?

-La venta de terrenos a las afueras siempre lo es.

La ciudad no deja de crecer.

Lo que hoy es una granja, mañana puede ser

un palacete o una casa de vecinos.

-Cuando recibamos los dividendos de los seguros, iré a ver la finca.

-Si le parece bien, le puedo acompañar,

así comprobaremos que todo está correcto.

-Pues se lo agradecería mucho, don Felipe.

No es momento para hacer un mal negocio.

-Nunca lo es.

Me vendrá bien salir y despejarme un poco.

-¿Cómo se encuentra?

En la reunión de ayer, pude verle muy tranquilo.

Lástima que no pudiésemos hablar.

-No se apure por mí.

Poco a poco voy aceptando la marcha de Marcia.

-¿Sigue sin tener ninguna explicación de por qué se fue?

-Así es.

Simplemente salió por la puerta

y no creo que regrese nunca.

Pero la vida sigue.

No es la primera vez que recibo un revés de esta envergadura.

-Esa es la actitud,

siempre adelante.

¿Y si, para distraerse, nos vamos al Teatro de la Princesa?

Creo que está María Guerrero con una obra de Marquina.

-Me parece perfecto.

Ya quedaremos en firme. -Sí.

En cuanto echemos un vistazo a la finca,

y después de cobrar los dividendos del seguro.

No le entretengo más.

¿Puedo pasar? Por supuesto.

Disculpen mi atrevimiento, pero vi la puerta entreabierta.

-Les dejo solos, yo tengo muchas cosas que hacer.

Con Dios. -Con Dios.

Con Dios.

¿En qué puedo ayudarte?

Quería darte unas notas que tomé en la reunión anterior.

Creo que pueden ser de utilidad.

También apunté unas ideas que tuve y que quiero comentar contigo.

Muy bien.

Las revisaré más tarde.

Te veo con buen ánimo.

Me alegro. Bueno...,

hay que aceptar las cosas tal y como te vienen.

Supongo que en estas circunstancias,

te vendrá bien la compañía de tu amigo.

Sí.

Ha sido un gran consuelo.

Esa amistad con... con Mauro,

¿viene de muy atrás?

Sí.

Nos conocemos desde hace años.

Tengo entendido que era un gran policía.

Sí.

No se le escapaba ningún malhechor.

Tenía un gran olfato para detectar los delitos.

Es posible.

Pero hasta el mejor escribiente comete algún borrón a veces.

No en este caso.

Mauro no solía errar cuando sospechaba de alguien.

Era un gran policía.

Que ha dejado de serlo.

No creo que haya perdido ninguna de sus facultades.

¿Quién sabe?

Lo importante es que está aquí para ayudarte a pasar este trago.

No sabes hasta qué punto agradezco su ayuda.

Espero de verdad que este mal momento pase pronto.

Muchas gracias, Sol. Nos vemos mañana.

¿De dónde vendrán estos dos?

(AMBOS RÍEN)

-¡Uy estos dos!

Mucha confianza me da a mí que se están dando.

¿No ves que están siempre juntitos?

No me extrañaría a mí

que haya caído ante los hechizos de Jacinto.

Mira que si el Servando tenía razón...

¡Bueno!

Esto está pasando de castaño a oscuro.

¡Qué gorda me está cayendo la vasca!

-Pase, pase.

-Uy.

No sé qué está pasando aquí,

pero no me gusta nada.

Pues...

-A las buenas.

Te traigo un obsequio, Rosina.

¿Qué tal, tieta?

-¿Qué?

-Una revista de moda de esas que te gustan.

-Ay, gracias.

Pero ya podría haber sido un vestido, que me gustan más.

-Qué derrochadora eres, Rosina.

No puedes gastar lo que gastabas antes.

Tendrás que acostumbrarte a seguir la moda en los papeles.

-Por poco tiempo. ¡Ay!

¿Qué te ha dicho Felipe

sobre la inversión que pensamos?

-¿Vais a invertir?

¿Es que no habéis escarmentado?

-Hemos pensado en comprar una finca en las afueras.

-¿Qué vais a poner, un huerto?

-Sí. ¡No!

Queremos comprar barato ahora para construir en el futuro.

La ciudad seguirá creciendo y se necesitarán casas.

-Eso es una bobada. Aquí ya no cabe más gente.

-Por eso nos parece una buena idea.

Y a Felipe también. -Bueno, pues vamos a por ello.

-Ten un poco de paciencia,

primero debemos cobrar el dinero de los seguros.

-Y saber cuánto es.

-Tengo que reunirme con don Ramón para hablar de ello.

Pronto lo sabremos.

-Bueno, y... ¿cómo está Felipe? Del otro tema.

-Si te refieres al tema de Marcia, mucho mejor.

Está tan resignado que ni le importó la visita de Genoveva.

-¿Le ha visitado?

-Me crucé con ella al salir.

-Perfecto. Te has vuelto a ver con esa pelandusca.

-Han sido unos segundos.

No quiero su compañía ni de lejos.

-Yo no voy a defender a Genoveva,

pero creo que sus intereses están cambiando.

-Yo también creo que no es la que era.

-¡Por favor!

La que nace mala es muy raro que cambie.

-No le daremos carta blanca, pero los golpes que le dio la vida

están haciendo que se comporte de una manera diferente,

mucho más decente.

-Por favor. A saber qué pretende.

Esa mujer no es de fiar.

-Habrá que darle tiempo, Rosina.

Y estar con un ojo abierto también, por si es otra treta para engañarnos.

-Tampoco hay que estar tan pendientes de ella.

Lo que haga esa mujer ni nos va ni nos viene.

-Pues sí. Hablemos de cosas más agradables.

¿Cuánto dinero crees que podremos retirar del seguro?

-Espero que un buen pellizco.

-Y yo, no podemos seguir en la indigencia.

-Tampoco exageres.

Hace unos días que Genoveva nos devolvió parte del dinero.

-Que su marido nos había quitado.

-Me da igual, yo quiero estar al menos como antes.

Menos mal que le tengo fe a lo de los seguros.

-Y todos, Rosina.

Pero don Ramón no es el rey Midas.

Tendremos que tener paciencia.

-Cuando fui su socia con lo de la mina, ganamos mucho.

Juntarme con él ha sido lo mejor que me ha pasado.

Aparte de nuestra boda, claro está.

-Ya.

Al menos parece que estamos saliendo del pozo donde nos habían metido.

Creo que dentro de poco tendremos mucho dinero entre manos.

Mmm.

Es la mejor tarta de manzana que he probado en mi vida.

-Sí, nos la piden mucho.

-Pues vaya diciendo que no queda, la quiero toda para mí.

Soy muy goloso con los dulces.

Y con otras cosas.

Menuda siesa que es usted, no se arranca una risa ni a tiros.

-Será que mi humor es otro.

-¿Dónde anda Emilio?

-Salió a pasear con su hermana.

-Ya podrían estar aquí ayudando.

-Yo misma les he dado permiso, ya ve que no hay clientes.

-Haga usted lo que quiera.

Pero su hijo campa por sus dominios como le da la gana.

He sido muy paciente con él.

Pero he visto que hay que llevarle tieso como una vela.

Siéntese conmigo, que tenemos que tratar cierto asunto.

-Estoy bien de pie.

-No me ha entendido.

Le he dado vueltas a la sesera.

Creo que va siendo hora de poner fecha a nuestra boda.

-¿Tan pronto?

-No son dos jovencitos enamorados; esto es un contrato.

No tiene sentido demorarlo.

-Necesito tiempo para concretar la fecha.

Y necesito hablar con mis hijos

y tiempo para que lo acepten.

-Comprendo, pero no vamos a estar pendientes de sus caprichos.

No le digo de pasar por la vicaría mañana, pero piense en un día.

-Así lo haré. -No se duerma.

No más de dos meses.

Lo justo para prepararlo todo y conocernos un poco mejor, ¿no?

-Dos meses.

-Ya puede ponerse en marcha.

Prepare más tarta para la cena.

Voy a hacerle sitio dando un paseo.

-No sé cuánto tiempo voy a aguantar esto.

¿Ya viene a discutir conmigo?

(Llaman a la puerta)

Buenas tardes, señor. -Buenas tardes, Agustina.

-Mauro, ¿cómo está?

Ha estado todo el día fuera de casa.

-Agotado vengo, amigo.

He perdido la costumbre de patearme las calles.

-Agustina, prepare algo de comer para mi invitado.

Seguro que no ha probado bocado.

-Ahora mismo le preparo una buena merienda, señor.

-¿Cómo ha ido el día? ¿Ha sido provechoso?

-He tratado de dar con alguna pista, pero no tengo nada sólido.

-No puede ser.

El tiempo corre en nuestra contra.

A saber qué le está pasando a Marcia. -Soy consciente.

Pero la investigación lleva su tiempo.

Y lo poco que tenemos apenas nos sirve.

Tampoco quiero llenarle la cabeza de conjeturas.

-Supongo que tiene razón.

Es pronto. Aunque me pese, tendré que esperar.

-Pero le he dado vueltas al papel de esa mujer,

doña Genoveva, en todo esto.

-¿A qué se refiere?

-Es posible que tenga que ver con la desaparición de Marcia.

Me cuesta que creer que Genoveva esté detrás de la desaparición de Marcia.

Es cierto que ha hecho cosas malas,

pero eso sería demasiado.

-No subestime a una mujer despechada.

-Mauro, olvida que el día que desapareció Marcia,

Genoveva no estaba en Acacias.

Salió a dar un paseo.

Algunos vecinos la vieron subir a un coche con Úrsula.

-Una coartada extremadamente oportuna, ¿no cree?

Cualquiera diría que tuvo cuidado en tener testigos.

¿No quedasteis en que ibais a llevaros bien?

-Sí, quedamos en eso.

Pero de poco ha servido.

-¿Qué ha hecho Carmen ahora para que te molestes?

-Nada, ese es el problema.

-Me vas a perdonar, pero no entiendo ni papa.

¿Qué quieres decir?

-Que ahora, Carmen me da la razón como a los locos

y hace lo que le pido a pie juntillas.

-¿Y eso es malo, hija? -Sí.

Es lo peor, me saca de quicio tanta obediencia.

Me está tomando el pelo.

Prefería que me llevara la contraria.

No tengo ningún deseo en discutir con usted.

-Eso es una novedad.

-Verá, estoy al tanto de que su...

hijo y mi hija siguen viéndose a escondidas.

No, no trate de fingir que no sabe nada.

También sé que mi esposo y usted estaban al tanto.

¿Cómo marcha la ayuda a nuestros soldados?

Estamos ultimando la manera de hacerles llegar el dinero.

Tal empeño le alaba.

Está resultando de lo más satisfactorio.

Una vez que lo logre,

pienso dedicarme a otras iniciativas.

Ah. ¿Y en estas también va a contar con la ayuda de don Felipe?

Sí, eso espero.

Como creía, está resultando un colaborador indispensable.

No lo dudo. Lo que me sorprende es

que se encuentre cómoda trabajando codo a codo con él

después de lo que sucedió entre ustedes.

¿Qué opinas de ese tal Ledesma?

-Uy. Sencillo, señora.

A mí me parece un botarate de los pies a la cabeza.

No hay más que verle.

-Y aun así, va a casarse con Felicia.

-Creo que es como intentar mezclar el agua con el aceite.

En mi opinión, nada tiene que ver el uno con el otro.

-Habría que hacer algo.

-Sí.

¿Qué tal te encuentras?

¿Alguna novedad respecto a Marcia?

No.

No, ninguna.

Cada día que pasa, me reafirmo más en mi idea

de que ha querido empezar de cero en otro lugar.

Lejos de mí.

Lamento decirlo, pero así lo indica la falta de indicios.

Como ya te dije,

solo quiero pasar página.

Y mirar hacia mi futuro. Haces lo correcto.

No tengo duda de que serás dichoso.

Creo que ya he comprado su silencio sobradamente.

Esta... es la última tarea que le voy a hacer.

Que quede claro.

¿Sabes si Lolita estará esta tarde en la reunión en su casa?

Quiero encargarle unos chorizos de esos tan buenos de su pueblo.

-No estoy segura, pero es de suponer que sí

ya que están las cosas más tranquilas en su casa.

-¿Cómo más tranquilas en su casa?

¿Acaso ha sucedido algo en casa de los Palacios?

-Ay, Casilda, mira que te han dicho veces

que en boca cerrada no entran moscas.

-Estoy esperando que me contestes.

¿Por qué has dicho eso?

Llevo toda la mañana investigando una pista que me dio un informador.

-¿Ha sido acertada?

-Así lo espero.

Siguiéndola he dado con un almacén a las afueras

en el que trabajan bastantes mujeres en condiciones infrahumanas.

Por lo que he averiguado,

malviven allí entre la suciedad,

hacinadas en literas y explotadas.

Y me temo que no solo laboralmente.

-Pobres.

¿Cree que Marcia podría estar entre ellas?

-He preguntado en el vecindario y al parecer, hace unos días,

vieron cómo llevaban allí a trabajar a una mujer de piel negra.

Si una confía en él, pero lo de Arantxa es otro cantar.

-Te aseguro que no te va a robar al marido.

-¿Y por qué está tan seguro?

Mire que mi Jacinto es muy buen partido.

No sería raro que la Arantxa ande enamoriscada de él.

¡Pero que se ande con cuidado!

Por muy vasca que sea, conmigo no se juega.

No es tu culpa que te sientas así.

Pero es cierto que debes intentar superar tal tristeza.

No solo por ti, sino por tu madre y por tu hermana.

No sé cómo voy a lograrlo.

Y menos ahora que sé que Ledesma le ha pedido a mi madre fijar fecha.

Yo también estoy preocupada por ella.

Una vez que se casen, ya no hay vuelta atrás.

Es que va a arruinar su vida por mí.

Y nada podemos hacer ya por impedirlo.

No, yo me niego a aceptarlo.

¡Que ya está bien!

Si quiere marido, se lo busca.

¡Pero deje en paz a mi Jacinto!

-¡Ay, por Dios!

¡Marcelina!

¿Se ha chalado usted o qué?

Un mozo acaba de entregarme esta nota,

asegura que es urgente.

Se la envía don Mauro.

-¿Buenas noticias?

-Eso aún está por ver.

Cuando se está tan desesperado,

no es inteligente desperdiciar cualquier ayuda.

Lo que es seguro es que no podré hacer nada

si no me cuentas lo que sucede.

¿Qué...?

¿Qué tiene Ledesma contra tu familia para teneros en sus manos?

-Está bien.

Le contaré toda la verdad.

¿De Marcia le ha comentado algo? Nada.

Aparte de que va perdiendo la esperanza de volver a verla.

Y parece estar convencido

de que le ha abandonado por su propia voluntad.

Sabía que podía usted estar tranquila.

Nada tiene que temer.

Marcia debe estar ya muy lejos de aquí.

No cante usted victoria aún, Úrsula.

Nada ha terminado hasta que Felipe no esté comiendo de mi mano.

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Acacias 38 - Capítulo 1084

27 ago 2019

Fabiana obliga a Carmen y Lolita a hacer las paces, a pesar de las reticencias de Carmen, que no soporta tener que seguir la corriente a la mantequera.
Cinta conmueve a los Dominguez con la historia de Felicia. Emilio está cada vez más triste y rechaza todos los planes que le propone su amada para distraerle. Por su parte, Ledesma exige a Felicia fijar cuanto antes la fecha de la boda.
Mauro continúa investigando la desaparición de Marcia, e interroga a Úrsula que niega su implicación. Genoveva, que previamente ha sido informada por la criada, mide a Felipe e indaga acerca de excomisario.

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  1. Luis

    Es la mejor novela que he visto en mi Vida. Estoy super enganchadisimo

    28 ago 2019
  2. Belen

    se nota, mogollón, donde está el corte en el guión. Diálogos cansinos, lentos, metidos a capón, protagonistas que pierden su esencia y parecen que están en GHVIP. Al igual que Servir y Proteger (ya no la veo, no la aguanto) , es evidente que, en el momento que han ninguneado, la serie se está convirtiendo en un pestiño sin sentido, en pro de no sé qué..... no se cuánto tiempo pasará para que decida dejar de verlo.

    28 ago 2019
  3. Alicia

    Eustaquia Taky, he leído tus comentario en el capítulo del dia lunes y me han hecho reír a carcajadas, el análisis sobre la novela no podía ser más certero y con tanto humor, los guionistas deberían tenerte en cuenta.

    28 ago 2019
  4. RB

    Ojalá Felipe se quede con Genoveva...Ledesma se vaya lejos.... Mauro se quede con Felicia..

    27 ago 2019