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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1083 - ver ahora
Transcripción completa

Si usted cree que huyó coaccionada, debería interponer una denuncia.

-No estoy de acuerdo.

Es mejor tener algo concreto para que lo tomen en serio.

-¿Y cómo lo conseguimos?

-Investigando por nuestra cuenta.

-Por mucho que vaya cortando troncos y levantando piedras,

soy tres veces más fuerte que usted, así nos hizo Nuestro Señor.

Una cosa es que vayamos a casarnos

y otra es que llevemos un noviazgo tradicional.

-Hasta el menor de mis caprichos es necesario

para que no vaya a Valdeza.

Cualquier detalle nos ayudaría.

-Ella me dijo que tenía que reunir 120 pesetas.

-¿Cuánto vale un billete de barco a Brasil?

-¿Cree que quería irse a su país? -Es una opción.

Que el cielo te reciba con las mismas gracias

con las que a Cabrahígo lo hizo la Tierra.

Eso es trampa.

No, eso es trampa.

-Ganadora, Arantxa Torrealday Yurrebaso.

¿No encontrará Felipe a Marcia?

Marcia...

ya está muy lejos.

Me insulta y se ríe de mí, lo que faltaba.

-La verdad es que, con eso de desear a tus antepasados

que encontrasen su Cabrahígo

entre las nubes y los ángeles,

estuve así, así, de retorcerme de las carcajadas.

¿Alguna novedad? -Desgraciadamente, no.

-Marcia me ha dejado.

Y tendré que aceptarlo.

¿Cuántas somos?

La señá Agustina ha dicho que subiría,

pero vaya usted a saber si no se queda mimando a don Felipe.

Bueno, pues entonces, tres.

Si cuando terminemos no ha llegado Agustina,

le dejaremos el servicio puesto. ¿Reparto ya?

Yo lo haré. Siéntate.

Ay, ya está usted aquí.

Parece agotada.

Ande, señá Agustina,

le he echado un hueso de jamón a la sopa,

sabe un poco rancia,

pero ha dejado una grasilla que nos dará brío.

¿Eh? -Gracias, hija.

¿Sigue don Felipe haciendo cábalas?

Ni siquiera ha querido cenar.

-No le resultará fácil hacerse a la idea.

De joven era un castigador.

Y aún le queda algo de eso.

Un castigador

no entiende que una mujer pueda dejarle.

Ya, pero es que Marcia no le ha dejado.

Lo ama tanto que se ha marchado para no desgraciarle la vida.

-Y él ha cambiado mucho.

Los hombres no cambian,

y menos los falderos.

¿Qué comenta?

Parece ir resignándose.

Aunque delante de mí apenas suelta palabra.

Otra cosa es con don Mauro.

-Siempre se han llevado bien.

Al menos tiene buena compañía. -Y consejo.

¿Qué le dice?

Sea lo que sea,

el señor parece darle la razón a Casilda.

Cree que Marcia...

se ha marchado para protegerle.

-Claro que sí.

Y verán como, dentro de poco,

llegará una carta de Marcia explicándolo todo.

-Sería lo mínimo.

Nadie se merece que le dejen,

como quien dicen, en el altar sin una explicación.

-Yo la entiendo a ella.

Si empieza a despedirse, no se va.

Me sabe muy mal por los dos.

Pero más por Marcia,

que al fin y al cabo era nuestra compañera.

-Me voy a acostar, no puedo más.

-Vaya, señá Agustina.

Y descanse, que se lo ha ganado.

-¿Me ayudaría usted

a desabotonarme?

Faltaría más, claro.

Ahora vuelvo y te ayudo a recoger.

-No es menester, no se preocupe.

Me apaño yo sola para recoger y servir al siguiente turno.

Vamos, Agustina.

Yo le voy a poner una vela a Marcia.

(Golpe)

¿Y esto qué hace aquí?

(Música clásica)

(LEE) "El abono final se realizará en tiempo y forma

en la oficina de la sucursal del Banco Español sita en la..."

"Dentro de un periodo no superior a 30 días hábiles

y en un pago único".

¿Han aceptado esto los compradores? -Siga leyendo.

-"En caso de que la entidad bancaria no certificara el abono,

el adquiriente será agravado con un interés del 2% mensual

hasta la satisfacción de la cantidad comprometida".

Hijo, yo jamás obtuve semejantes garantías.

-Tampoco ha sido tan complicado.

Los clientes querían dar un aire de modernidad a sus cafés

y nuestros nuevos modelos de cafeteras les venían bien.

-Aun así, seguro que habrías aceptado los abonos

a 30, 60 y 90 días.

-Y lo intentaron, créame, padre, pero yo me mantuve firme.

En los momentos tensos, pensaba en su habilidad para negociar.

No fue fácil, pero lo conseguí al final.

-¿Y este acuerdo es definitivo?

-Prácticamente cerrado, pendiente de firmar solo.

Han sido unos días bastante arduos. -Ya me imagino.

Te felicito, hijo. Me siento muy orgulloso de ti.

Con los beneficios que obtengamos de esta venta

añadidos a los dividendos

que, espero, en breve recibamos de La Tizona,

pronto equilibraremos el balance.

-Bueno, también nos quedarán unos beneficios

que podremos emplear en nuestro propio deleite.

¿Por qué no nos vamos unos días los cuatro a París?

-La satisfacción inmediata de los deseos

no es la mejor manera de sacar una empresa adelante.

-Por favor, que es mi primer negocio en solitario.

-Querrás decir tu primer negocio honrado, hijo, honrado.

Tiempo habrá para todo.

Además, te recuerdo que... seguimos cargando con una deuda.

La que contrajimos con los vecinos para salvar la mantequería.

-Sí, pero la saldaremos

en cuanto los seguros den dividendos.

-Exacto.

Pero mientras tanto, no sería demasiado correcto

gastar el dinero en esas suntuosidades.

Cuando los vecinos hayan recuperado su estabilidad económica, hablaremos.

¿De acuerdo?

-Palabra de patrón.

En fin, tengo su visto bueno, ¿no?

-Y mi aplauso.

-Voy a hacer una llamada.

No deberías tomar café a estas horas.

-Es solo una celebración.

Una pequeña celebración,

porque mi hijo ha conseguido un negocio

en unas condiciones muy ventajosas.

Y no solo eso,

sino que la instalación de las nuevas cafeteras

va a ser un estupendo escaparate para futuras ventas.

¿Qué te sucede, Carmen?

-Nada.

-Cariño, por el amor de Dios,

es evidente que no puedes seguir ocultándomelo.

-Ya te lo ha contado Lolita, ¿no?

-¿Lolita lo sabe?

-Pero ¿cómo no va a saberlo, alma de cántaro?

-No entiendo por qué tiene que enterarse antes que yo.

-Ramón, ¿de qué estamos hablando?

-De tu embarazo.

Tenías que haber visto a la parejita de dos.

Vamos, ese tal Ledesma iba más altivo que don Rodrigo en la horca.

-Ella no parecía muy ufana.

-Felicia nunca está contenta.

De cría se tragó una escoba y no se ha desestirado desde aquello.

Pero te digo una cosa, de todas maneras,

esos Pasamar...

tienen más revueltas, rincones y recovecos

que La Casa Encantada de la feria, algo esconden.

-O al contrario,

puede que escondan lo que cualquier familia,

pero con mal fario y nos enteramos de todo.

-Tampoco digo que tengan que tapar vergüenzas,

Dios me libre,

pero que algo raro les pasa, sí, y lo redigo.

Primero, el camarero.

-Emilio.

-Bueno, Emilio.

Se compromete con la muchacha esa.

Con Angelines.

Está bien, con Angelines.

Y en menos que canta un gallo,

rompen por motivos embarullados y sin fundamento.

-Rompen porque no se querían.

-No se querían.

Y se coscan justo después de ennoviarse formalmente.

Curioso, ¿no?

-Eso es la juventud.

-Ahí quería yo llegar.

Que lo rarito no termina en la fugaz pareja,

la chaladura continúa con la madre.

Y átale un hilo a la pata a la juventud de la madre.

-Tampoco es tan mayor.

-Bueno, lo suficiente como para no quedar prendada

de un patán como Ledesma.

Que no, que digo yo que algo esconden.

Eso o que todos ellos creen que el amor es un jolgorio

y el compromiso, un estorbo.

Eso no es verdad.

Ah, ¿no? Pues explícanoslo.

No, yo... no sé nada.

-Vamos, hija, algo tienes que saber.

Hasta yo sé cosas.

-Ah.

¿Qué sabes que no me hayas dicho?

-Nada.

Vi cómo a Emilio se le llevaban los demonios

cuando su madre se colgó del brazo del cateto.

Tanto que Camino tuvo que pararle los pies

para que no se les echara encima a los paseantes.

-Ya, como que no debe de ser plato de buen gusto para un hijo

ver cómo tu madre se enreda con el primero de turno.

Y menos siendo casi un consuegro.

Que no es eso.

-Entonces, dinos qué es, si tanto te ofende.

Felicia no se enreda con el primero de turno,

como usted dice, madre. Vale.

Bueno, a lo mejor he exagerado y no es el primer de turno,

será el segundo.

-O puede que haya visto algo en él.

Tampoco.

Pues sácanos tú de este guirigay.

Ledesma y Felicia tienen deudas que vienen de antiguo.

Y Felicia se va a casar con él

para terminar con las pendencias.

Lo hace por...

por su familia.

¿Tan graves son esas deudas para que una mujer se sacrifique así?

-Pero, chiquilla,

¿casarse con un sin sustancia?

¿Casarse?

¿Y para toda la vida?

Los Pasamar tienen una deuda impagable con él.

Te reconozco que ha sido un jarro de agua fría, sí.

-Todavía no entiendo cómo has podido hacerte esa idea.

-Pues no era tan difícil, mujer.

Tus repentinos cambios de humor,

tus reacciones un tanto exageradas, desconcertantes.

Además de que aún existe en la naturaleza tal posibilidad.

-Pues siento decepcionarte. -No, no, todo lo contrario.

-Venga, Ramón.

-Me había hecho ilusiones, no te lo niego.

Pero no estoy decepcionado, créeme.

-¿Tú querrías tener otro hijo?

-Solo si tú quieres.

Pero eso no es lo más importante, lo más importante eres tú.

¿Qué te pasa? ¿Por qué estás tan airada?

-No sé, la... la ansiedad.

Supongo que...

me abruma verme convertida, ya no en tu esposa,

sino en madrastra y en suegra

y todo eso al mismo tiempo.

-Era eso.

Pero si lo estás haciendo muy bien, de maravilla.

Como madrastra, eres cariñosa.

Como suegra, atenta.

Y como esposa...

Ni te digo cómo eres como esposa.

-¿Tú crees que Antoñito y Lolita dirían lo mismo?

-A mí me molestaría que Antoñito y Lolita

opinaran de ti como esposa. -Ay, qué bobo eres.

-Pero claro que sí, no te preocupes.

Estoy seguro de que te admiran como madrastra y como suegra.

¿Por qué no terminas de creerme?

-Te creo, Ramón, te creo.

Pues aquí tiene su café, que lo prometido es deuda.

Un café como este no le van a dar ni el Grand Plage de Biarritz.

-¿Y usted no desayuna?

-Ay, Cesáreo.

¡Anda el guindilla!

Pero si antes de las 6:00 me meto un plato de txantxigorri.

Eso no se lo salta ni un dantzari.

Txantxigorri, lo que los castellanos llaman la torta de chicharrones.

-Ah.

Puede que ahí resida el secreto de su fortaleza.

-Pero si secreto no hay ninguno.

La buena comida nos hace ser los más aguerridos a los vascuences

al sur del Polo Norte.

-Bueno, por no hablar de las vascuences.

-Pues ni yo misma hubiera dicho mejor.

En mi tierra, las mujeres no tienen nada que envidiar a los varones.

Ni yo misma. En el caserío, ni Andoni me ganaba echando pulsos

y eso que es un morrosko...

Pues un día, en un impulso, le quebré el brazo.

-Bueno, eso ni lo dudo.

Ayer ya demostró su potencia tirando de la cuerda.

-Bueno, tirar, eso era un sostener diría yo.

¿Le gusta el café?

-Bueno, el mejor de los contornos.

Lo juro, y lo atestiguaría ante notario.

Mmm.

Buenos días tenga usted.

-Muy buenos días, Cesáreo.

-Jacinto, ¿ya vienes a por tu ración de revolcones y zarandeos?

-¡Anda!

Qué salero se gasta el sereno de buena mañana, ¿eh?

Ay.

Arantxa, aquí tiene, el correo de sus señores.

-Muchas gracias, Jacinto.

-Eh...

Que...

que gracias por taparme ayer delante de Marcelina.

Vamos, que...

ella me tiene mucha fe, ¿sabe?

Y me hubiera dolido desengañarla.

-Mucho orgullo para tan poca garra.

Pero me doy por satisfecha con que lo reconozca delante de mí.

-Como para llevarle la contraria.

-Pues yo pensaba que los pastores más abajo del Ebro

eran de otra manera, pero una vez conocido,

hasta mi madre en silla de ruedas le daría a usted capones.

-Oiga.

Marcho.

Que la escalera no se hará sola. -Eh.

"Che, che, che".

-¿Sí? -¿Dónde va usted con tanto apuro?

¿Qué se cree pues,

que le va a salir gratis que su esposa le considere un sansón?

Ay, Jacinto,

usted me debe uno

o varios favores.

-¿Qué favores?

Gracias, Agustina, no es necesario que me acompañes.

Buen día, estimado amigo. ¿No está Felipe?

-Ahora saldrá, eso me han dicho.

¿Nos sentamos?

-Aprovecho la ocasión para ponerle a usted al día.

Al final, ha resultado que no voy a ser padre.

-Vaya.

No sabe cuánto lo siento, sé que se había ilusionado mucho.

-No se lo voy a negar, pero ahora considero que es mejor así.

No terminaba de verme yo como padre y abuelo a la vez.

-Celebro que se lo tome tan deportivamente.

-Con el entendimiento de que es tan solo por ahora.

-Así me gusta, don Ramón, genio y figura.

-Además,

he recibido algunas buenas noticias que vienen a compensarme.

-No me lo adelantaría si no fuera a contarme esas alegrías.

-Para empezar,

mi hijo ha negociado una venta

que ya me hubiera gustado que fuese mía.

Y lo ha hecho todo él, desde el principio hasta el final,

sin consejo alguno. -Siempre supe que heredó su talento.

-Y por si eso fuera poco,

la compañía de seguros La Tizona no tardará en darnos dividendos.

Si el mercado evoluciona como esperamos,

pronto los Palacios podremos saldar la deuda que contrajimos

con la recuperación de la mantequería.

-Es una grandísima noticia.

Ustedes saldarán su deuda

y yo podré callar la boca de Rosina.

Está que trina con la amortización de nuestra inversión en La Tizona.

-No sea usted sarcástico.

Doña Rosina tiene todo el derecho a impacientarse.

Es normal que intente recuperar el estatus que antes tenía.

-En su impaciencia llevo yo mi penitencia.

(Se cierra una puerta)

-Disculpen que les hiciese esperar.

Pero apenas he podido dormir.

-Es comprensible, nos hacemos cargo.

-Casilda nos ha comentado su estado de ánimo.

Y no es para menos.

Pero debe hacer un esfuerzo por salir adelante.

-Sí, Mauro también me ha puesto al día...,

y poco más se puede decir

más que aquí estamos para lo que nos necesite.

-Gracias a los dos.

Pero no necesito nada.

Tiempo, supongo.

Pero tranquilos, no pienso venirme abajo.

-No esperábamos menos de usted.

-La visita de Mauro ha sido providencial.

Me hará compañía, que no es poco.

Y por lo demás,

tengo mi trabajo, cada día más exigente.

-¿Se marcha usted?

-Sí, tengo que ver a un cliente.

-¿Y tardará mucho?

-Pues un par de horas, supongo.

Aunque, a decir verdad,

desearía que la reunión durara más.

-No se preocupe, que también nosotros le necesitamos.

Estamos pensando en reabrir el proyecto de Marruecos.

-No puedo estar más de acuerdo.

-¿Hoy mismo?

-Cuanto antes mejor. -Bien.

Hablaremos con doña Genoveva y le daremos el recado.

-Les acompaño a la puerta.

Esta casa siempre me gustó mucho.

Usted la tiene muy bonita, las cosas como son.

Gracias.

Me consta que la antigua propietaria también tenía buen gusto.

Y mucho parné.

Yo era íntima de doña Cayetana, lo que se dice íntima.

Era una gran señora.

No dudo de su palabra,

pero he escuchado que tenía sus defectillos.

Bueno, lenguas hay para todo.

No era una mujer de trato fácil, al menos con las no allegadas.

Pero no era mi caso, como ya le he dicho.

Yo estaba bien considerada en esta casa.

Supongo que usted le confeccionó el guardarropa.

También, también.

Pero nosotras congeniábamos

porque coincidíamos en los aspectos morales.

Como yo, era de una rectitud implacable.

Y devota, claro.

Cada año era elegida por todas las señoras

como custodia de la Virgen.

No le digo más.

Pocas bromas con ella.

En lo que al culto y a las buenas costumbres se refiere.

De las que ya no quedan. Exacto.

Era un faro para todas nosotras.

Aunque al final se demostrara que era hija de una criada.

¿Sabe la historia? Sí, su madre era Fabiana.

La posadera, ¿no?

Una situación tremebunda.

Úrsula me ha hablado mucho de ella. Era la que más la conocía.

Todo lo que fue Cayetana se lo debió a Úrsula.

Era su institutriz desde que era pequeña.

Y entre nosotras, Úrsula habrá tenido sus altibajos y sus vaivenes...,

pero su competencia en la instrucción de jovencitas

y su respeto por las normas decentes

están fuera de toda duda.

No tiene usted que convencerme. Confío en Úrsula, quizá en demasía.

¿Cómo dice, en demasía?

Una necedad. He hablado por hablar.

Tan solo trataba de enfatizar mi fe en ella.

En fin.

Doña Susana.

No sabe cuánto le agradezco su visita.

Quedo en deuda con usted.

No me ha sido sencillo hacer migas con las vecinas.

Bueno, usted tampoco nos lo ha puesto muy fácil,

pero yo soy una persona que sigue de corazón

las enseñanzas de Nuestro Señor

y sé perdonar, como Él lo hizo.

Gracias.

Es un alivio tenerla como amiga.

Y con mi influencia, en poco tiempo también podrá contar

con la amistad de Rosina.

Eso espero.

Se lo agradezco.

Úrsula, por favor.

Señora. Acompañe a doña Susana a la puerta.

A más ver. Con Dios.

Come de su mano.

Y me place, por muy agotador que sea.

Hay más noticias.

Agustina ha traído esta nota.

Don Ramón, don Liberto y don Felipe...

quieren retomar las reuniones sobre nuestros soldados.

Felipe tiene que estar muy alicaído

para que sus amigos corran tanto en buscarle ocupaciones.

Lo que es una bendición del cielo para nosotras.

Tal y como van las cosas,

no le costará mucho reconciliarse con la mayoría de los vecinos

y con don Felipe.

Confírmele a los caballeros mi ansia por volver a trabajar con ellos.

Hoy mismo aquí, en casa.

Bueno, pues ya me dirá qué le parecen las sardinas.

Que no son frescas porque son arenques.

Pero le hacen creer a una que tiene el mar a la vuelta de la esquina.

Agradecida.

-Lolita.

¿Te queda del queso manchego curado que le gusta a Ramón?

-"Curado", dice. Parece mentira que no sepa lo que le hace tilín.

A mi suegro, el manchego no le gusta curado, sino añejo.

Que hay que fijarse, mujer.

-Oye, ya está bien.

A ver si vas a ser tú la que me diga en qué debo fijarme

o cómo atender a mi esposo.

-Y encima soberbia.

Yo solo se lo digo para que no meta el cuezo.

Me está bien empleado por intentar echar una mano.

-Al cuello, ¿verdad?

Al cuello es donde te gustaría echarme la mano, lianta.

-Vaya, "lianta".

Por dónde le sale la parte canalla a la señora condesa.

-Tengamos la fiesta en paz.

Siempre te he tratado con respeto.

Haz un esfuerzo y págame con la misma moneda.

-Sí, respeto.

¿Me trata usted a mí con respeto?

-Con consideración, claro que sí.

-¿Y le parece respeto la desgana con la que hizo la purificación?

Que se orinaba de la risa.

-Mentira. -A mí no me llame mentirosa.

Mentirosa será usted,

que dice que hace las tareas y luego, se va de pingo.

-¿Qué?

Por el amor de Dios, que siempre hago lo que dices.

Y a tu gusto, que no al mío.

-Es tan discreta que ni se le nota.

-Lolita.

He cedido en todo,

en todo, para tenerte contenta.

-¿Me ve contenta?

¿Me ve contenta?

En Cabrahígo y en el mundo entero,

el que está contento es porque lleva jolgorio.

¿Ve que lleve jolgorio? ¿Me ve que lo lleve?

-No, no te veo ningún jolgorio.

¿Sabes qué pasa? Que ya no sé cómo contentarte.

No lo sé, hija mía.

Por cierto,

¿te has quejado a Antoñito de mí?

-¿Me está acusando de acusica? -No.

Lo que estoy es harta de tus desplantes,

de tus órdenes, de tu cretinismo.

-A mí no me insulte.

Y déjese de ismos, que soy católica desde que nací.

-¿Católica? ¿Católica?

Tú lo que eres... -¿Qué?

-Tú lo que eres es una... -¡Pero bueno!

¿Andan otra vez a la gresca?

-No, Casilda, no, a la gresca no.

Que dos no pelean si una no quiere, y yo...

no quiero. -Ay.

-Ojalá todas pudieran decir lo mismo. -Me deja con la palabra en la boca.

¡Que a mí esta no me deja así! -¡Lolita! ¡Lolita!

Lolita, mujer, templa.

¿Quieres darle un disgusto a Antoñito y a tu suegro?

-Esos dos están en el guindo.

Creen que la casa es el jardín del Adán.

-Del Edén. -De quien sea.

Creen que nos llevamos como hermanas.

-Pues sí que son agudos, sí.

-¿También quieres gresca? -No.

Yo quiero cuarto y mitad de bacalao. -¿Salado?

-Si no es molestia. -Ea.

El bacalao.

-Pues... precisamente yo venía a pedirte...

conseja, Lolita.

-Pues no te aseguro nada, que no está el horno para bollos.

Hala. -Entonces...,

esperaré a ver a don Felipe. Por cierto, ¿lo has visto?

-Salió hace un rato, con su maletín.

-Estaré pendiente para cuando vuelva.

-¿Tan urgente es?

-Hombre, urgente...

No sé. Es más, puede que ya no tenga remedio el asunto.

Pero es importante, sí.

A la paz de Dios, muchacho.

No parece que sirviera de mucho la educación que te pagó tu madre.

Ponme un café, haz el favor.

Tenemos que echar unas parrafadas.

-No tengo nada que hablar con usted.

Y se acabó lo de desayunar de gorra.

-Menos cacareo, gallito, que ya vengo desayunado.

Una sopa de ajo en la taberna de aquí al lado

que esa sí que asienta las tripas, no el condumio que dais aquí.

Un café.

Que ya conoces a tu madre.

Y te me quedas aquí para escucharme.

-No tengo nada que escuchar de usted.

-Vamos, zagal, que vamos a ser familia

y bien cercana, no podemos pasarnos la vida así.

-Mire, pase lo que pase, yo jamás le consideraré familia.

-Nuestro parentesco no es cosa tuya.

Es algo que decide la Santa Madre Iglesia

y tu madre que ya me dio el "sí".

Hablemos de hombre a hombre.

¿No podemos llevarnos bien?

Sé que no es de tu agrado, pero a la fuerza ahorcan.

-Jamás le tendré tampoco por el marido de mi madre.

-Como quieras.

Cuanto más tardes en consentir,

más dura será la vida para ti.

Tu madre y yo seremos felices

y tú no nos aguarás la fiesta.

-¿Se ha mirado al espejo?

¿Piensa que una señora como mi madre será feliz con alguien como usted?

-Cosas más raras se han visto.

Pero entiendo..., te entiendo.

A tu hermana y a ti os ha pillado de sorpresa.

Es natural que estéis recelosos.

-Lo que no es natural es ese matrimonio.

-Míralo por el lado bueno.

El señor de Valdeza seguirá sin tener nada contra ti

y tú podrás vivir tranquilamente con esa novia tuya.

Cinta se llama, ¿verdad?

-Guárdese siquiera de pronunciar su nombre.

-Eso es estar enamorado.

¿Lo ves?

Nuestro parentesco será bueno para todo el mundo.

-No me haga reír. Usted solo piensa en sí mismo.

-Si quieres, dejo que pienses tú por mí.

Ahora sí te equivocas.

También he mirado por vosotros.

Sobre todo, por Angelines.

No creas que no me dolía sacarla del pueblo.

-Todo esto se habría evitado si se hubieran quedado allí.

-Puede.

Pero las cosas han sido de otra manera.

Ya te digo, Angelines estará bien.

Se ha prendado de un mozo que recibirá un mayorazgo

con unas cuantas fanegas de regadío.

Eso sí que da dinero. -¿Tan solo piensa en el dinero?

No por otra cosa se casa con mi madre.

Es usted un miserable.

-Cierra esa boca o te la parto, señoritingo.

-Cuando acabe con usted, no le van a quedar ganas siquiera

de pronunciar una sola palabra.

-¡Emilio, por favor! -No.

-¡No des un espectáculo, hijo!

-¡No puede ceder, no con este animal!

Nos apañaremos. Dígale que se vaya para siempre.

-El que debe irse eres tú.

Ve a dar un paseo y despéjate.

No vuelvas hasta que estés más tranquilo.

-No se acongoje, ha hecho usted lo que debía,

ponerse del lado de su marido.

Don Mauro, ¿ha visto usted a don Felipe?

-Sí, pero ya no está en casa, bajó a una reunión con doña Genoveva.

-¡Mecachis!

Seguro que entró mientras yo estaba echando agua.

Y para esto me paso yo aquí todo el día.

-¿Y ese empeño en verle? ¿No puedes esperar?

-Yo sí, pero

a lo mejor él no puede cuando sepa de qué asunto se trata.

-Dame el recado y se lo hago llegar. -No.

Perdóneme, pero preferiría primero dárselo a él.

Y ya si él quiere, se lo cuenta a usted.

-Como quieras. Le diré que lo buscas.

-Está bien. Con Dios.

Vaya, comisario.

Sabía que estaba por el barrio, pero no tuve oportunidad de saludar.

Ya no soy comisario.

Para mí y para muchas personas de orden,

siempre lo será.

Igual que para mí y para muchas personas de ley,

usted siempre será despreciable.

No le creía tan rencoroso, don Mauro.

No sé si vale la pena decirle que ha llovido mucho

desde que nos conocimos hace más de 10 años.

Y que a pesar de que la vida no me ha tratado bien...,

tal vez precisamente por eso...,

he tenido la oportunidad de conocer mis errores y cambiar.

A otro perro con ese hueso.

Ya no soy comisario,

pero no he perdido mi olfato para los criminales.

La gente como usted nunca cambia.

Eso es un insulto.

Le ruego retire sus palabras.

Ni me molestaré en responder a esa sandez.

Pero sí podemos hablar de otro tema.

Sé que fue usted quien trajo a la prometida de don Felipe.

Por Dios.

¿Cree que estoy en condiciones de disponer de las personas sin más?

Escúcheme bien.

Si es usted responsable

o está implicada en su desaparición, lo demostraré.

Y le acusaré en firme.

Creí que era usted más ecuánime y centrado.

No se deje influir por su atormentado amigo.

Don Mauro.

Lamento la pérdida de su esposa.

¡Casilda!

Muy mal se te tiene que haber dado la jornada

para sentarte antes de tiempo.

-¿Qué guardas con tanta premura?

-Nada. ¿Qué voy a guardar yo?

Pues nada, estaba...

contando con los dátiles

las veces que han discutido la señá Carmen y la Lolita.

-Me daba a mí que eso de vivir juntos no terminaría bien.

-La casada, casa quiere.

-Deberíamos tomar cartas en el asunto antes de que lleguen a las manos.

Ustedes deberían terciar, a mí no me hacen caso.

-Ojalá supiera cómo.

-Pues urge, ¿eh?

Hay que pensarlo antes de que el asunto se pudra

y no haya quien lo enderece. -Eso no es fácil.

Las dos tienen su parte de razón.

-Son sus maridos quienes deberían conciliarlas.

-Esos no se enteran de nada.

-Pues tie razón la Agustina,

ellos son los únicos que pueden mediar entre ellas.

-Se me ocurre que podría usted hablar con don Ramón,

la confianza la tiene.

-Sí, eso..., muy bien.

La Fabiana se mete en el lío y entre las dos me desuellan viva.

¿No ven que ninguna quiere que sus maridos se enteren?

No, no puedo hacer eso.

-Por arte de magia no se va a solucionar.

Lolita no está en su ser.

No es que se haya vuelto mala persona, pero el embarazo

le agria el carácter.

-Ahora, Lolita tie la culpa de to.

¿No me dirá usted que Carmen no podría tener la manga más ancha?

Que no se pone en la piel de Lolita.

-Lo que me faltaba por oír, que Carmen no es comprensiva.

Bueno.

Tiene más paciencia que un santo esa mujer.

Hasta le dio usted el tomillo para la tontada esa de la brujería.

-Eso no es brujería, es una usanza de Cabrahígo,

y Lolita le tiene apego a su pueblo.

A ver si ahora una no va a poder seguir con las tradiciones.

-Eso, y como la muchacha tiene sus manías,

todo el mundo boca abajo.

-Pero vamos a ver, haya paz aquí.

Lo que nos faltaba, que ustedes dos también discutieran.

No podemos dejar que este asunto nos parta a las demás por la mitad.

Que tampoco se mengüen.

La cabeza arriba, que hay que pensar en cómo deshacer ese entuerto.

-Tie razón.

O hacemos algo entre Carmen y Lolita

o entre las dos harán que terminemos locas todas.

-Y sus maridos acabarán enterándose.

-Entonces, ¿se encargan ustedes?

"Pasen y siéntense".

Úrsula está preparando un aperitivo para agasajarles.

No tenía por qué haberse molestado usted.

-Es una reunión de trabajo, no una recepción de protocolo.

Soy muy consciente de ello.

Pero el compromiso no está reñido con la hospitalidad.

No en mi caso al menos. Le quedamos muy agradecidos, señora.

Podríamos ir desgranando el orden del día.

-Me he permitido redactar un orden provisional.

¿Un jerez, señores?

-Pues sí, muchas gracias.

Prescindamos de formalidades.

Que don Felipe nos exponga el orden del día

sin necesidad de ser sometido a votación.

Y agradezcámosle a doña Genoveva su disposición

para que esta reunión se celebrara.

-Sobre todo, teniendo en cuenta la celeridad de la convocatoria.

Los agradecimientos no son necesarios.

Estaba deseando que solventaran sus asuntos personales

para que pudiésemos retomar nuestras actividades.

Úrsula, puede retirarse.

Ya podemos comenzar.

-Empecemos sin más dilación.

Esos jóvenes soldados nos necesitan.

No puedo estar más de acuerdo.

Hinquémosle el tiempo. Paciencia, señora.

Paciencia.

He aprendido que las cosas de palacio van despacio.

En este caso, por suerte o por desgracia,

debemos contar con palacio.

Pero esta es una iniciativa privada, no una jugada política.

Para repatriar soldados,

tenemos que contar no solo con el interés del Gobierno,

sino con que nos den los permisos necesarios.

Por su titulación y, como bien dice, por su experiencia,

le aceptamos el peritaje.

Haremos las cosas como usted considere, letrado.

El primer paso y más importante es

recabar apoyos en el Ministerio de la Guerra.

Debemos poner nuestro conocimiento para conseguir contactos.

-Hablaré con mis amistades allí.

-Yo también puedo tocar algunas puertas.

Difundiré la empresa en los salones.

-Me parece perfecto.

El siguiente punto es la denominación de la iniciativa.

Se abre el turno de sugerencias.

No deberíamos utilizar las heridas y dolencias de nuestros soldados.

Deberíamos buscar un título aséptico, desapasionado.

-Estoy totalmente de acuerdo.

La denominación debería centrarse más en lo eficaz que en lo escabroso.

Se me ocurre un título descriptivo,

algo así como... "Grupo de apoyo a los heridos en Marruecos".

-Maravilloso.

Describe muy bien nuestro propósito sin caer en el sentimentalismo.

¿A favor, señores?

-Un hallazgo.

-El siguiente punto sería

el nombramiento de nuestro portavoz ante las autoridades.

¿Propuestas?

No tengo ninguna duda de que debería ser usted, don Felipe.

Muy agradecido.

Pero creo que debería recaer en quien impulsó la idea.

Es decir, en usted.

No creo que el ministro esté cómodo negociando con una mujer.

Y menos con la viuda de Bryce.

En vista a la eficacia,

insisto, ¿votos a favor de don Felipe?

Muy halagado, señores.

-Apelaré a mis amistades para organizar una reunión

entre nuestro portavoz y el ministro.

-Hable usted con el marqués de Viana,

los años a su servicio y el afecto que le tiene a usted

será bueno en la administración.

Seguro que conseguirá no solo la reunión,

sino el asentimiento de las autoridades.

Estamos en el buen camino.

Cada nuevo encuentro es... un sobresalto.

Mi madre y yo no estamos seguras de poder contener a Emilio

si ese malnacido sigue buscándole.

Debería contener su ansia.

Eso le decimos nosotras.

Lo interpreta como si nos pusiéramos de parte de Ledesma.

No entiende que no tenemos opción.

Lo entiende, pero sus sentimientos de impotencia y de culpa

le empujan a confrontar con Ledesma, y yo haría lo mismo.

Por favor, no le diga eso.

Le daría alas, pelearía.

Y mi madre acabaría pagándolo.

Tiene que hablar con él.

Debe convencerle de que controle sus impulsos,

que se centre, que aguante.

Haré lo que pueda, Camino.

Gracias.

-¿Te ha contado mi hermana la última del botarate?

No deberías perder los papeles.

Ah, ¿no?

¿Y qué debería hacer?

¿Dejar que esclavice a mi madre

y que consiga poder suficiente para gestionar nuestro patrimonio?

Lo siento, pero no, no puedo.

Ni podré, es superior a mis fuerzas esto.

-Emilio, por favor.

No tenemos otra salida.

Camino tiene razón.

-Es que no podemos ser tan egoístas.

Podríamos vivir nuestro sueño, nuestro amor.

Es verdad.

Pero no lo haré a costa de mi madre.

Es su voluntad.

Nadie se lo ha impuesto, y menos tú.

Quiere proteger a su familia, está en su derecho.

Que no es un derecho.

Es una condena.

¡Y es mi madre!

Nuestra madre.

Si fuese la tuya, ¿lo verías tan claro?

-Lo siento mucho, Cinta.

Siento mucho que esto afecte a vuestro noviazgo.

No debí pedirte ayuda.

(JACINTO JADEA)

-Pues sí que se ha dado usted prisa, ¿eh, Jacinto?

-Es que el mercado... estaba abarrotado.

-A mí me lo va a decir que voy todos los días.

Ayúdeme a colocar todas las viandas en la despensa, por favor.

-¿No puedo sentarme una miaja?

-Pero no me sea blandengue, que eso es contagioso.

¿Ya entiende por qué tengo esta fortaleza y esta potencia?

-Creía que era por los apellidos. -Claro, los apellidos hacen mucho,

pero la faena diaria cuenta.

Años y años viniendo del mercado con la comida de mis señores,

que no es poca; años y años haciendo la colada,

moviendo los muebles y agáchate y levántate

y moviendo...

-Y haz la cama y tiende la ropa y ve a bajar al caño.

-Me alegro mucho de que conozca el programa,

a partir de ahora es lo que le toca.

-Usted lo que quiere... es dejar viuda a mi mujer.

-O eso o le convierto a usted en un gladiador.

-No, no.

Ni muerto. -Pero a ver,

¿no quiere convertirse en un atleta? -No quiero doblar la bisagra.

-Bueno, con que reconozca que yo soy más fuerte que usted,

llegamos a un entendimiento.

-Psss.

Ni muerto.

-Pues a la azotea.

Sí, a descolgar las sábanas con una mano solo.

-Aquí le traigo los vespertinos de don Jose.

-Gracias. -¿Qué haces aquí?

-Pues...

echándole una mano a la Arantxa,

que tiene los riñones al jerez y no está para muchos trotes.

-Ay, este hombre.

Siempre dispuesto al sacrificio por sus semejantes.

-Para tanto tampoco no será. -¡Uy!

Tendrá usted queja de mi samaritano.

-No, queja yo ninguna, Marcelina.

Menuda suerte que tiene usted.

Teniendo un marido así, incansable.

-Uy, calle, calle.

Casilda, tienes todo esto manga por hombro.

-Sí, señora.

Hoy no monto pendencia. Lo siento. Cuando tiene razón, la tiene.

Estoy arrastrada desde que ha pasado lo que ha pasado con Marcia.

-Sí, sí, ya noté que le habías cogido cariño a la chica.

-Pa' chasco que sí. Es mi mejor amiga desde que se marchó la Lolita.

Es un cielo.

-Según Susana, un cielo nublado.

Dice que tu amiga le afanó a Felipe antes de largarse con viento fresco.

-Eso es mentira, señora.

Marcia no es capaz de hacer tal cosa.

Se marchó porque no quería enredar a don Felipe en sus cuitas.

Es puro corazón.

-A mí ni me va ni me viene.

Te doy la razón aunque sea por no oírte.

Y apaña todo esto. Ah, y esto te lo descuento.

Señor, ¿qué hace entrando por la puerta de servicio?

Si mi señora lo ve, le da un síncope.

-No perderé tiempo en protocolos. Me han dicho que querías verme.

¿Ha vuelto? ¿Dónde está?

-No, no ha vuelto, señor.

Lo encontré junto a la Virgen que tenemos en el altillo.

Y desde que lo he cogido no dejo de darle vueltas al magín.

-¿Por qué?

-Este colgante es como un tesoro para Marcia.

No se lo dejaría por muchas prisas que lleve.

Es más, no creo que se lo quitara por su propia voluntad.

(SUSPIRA) Bueno, Fabiana.

Ya me dirá qué hacemos aquí.

-Tomar una tisana y pegar la hebra un rato,

que la pensión está siempre llena de prójimos bien gritones. Siéntate.

-No entiendo tanta urgencia en que ve...

-Uy. Serán liantas.

-Ya lo entiendo todo.

-Por una buena causa.

-Nosotras lo que queremos es que habléis.

Y de aquí no os movéis hasta que no os arregléis.

¿Eh? Que así no podéis seguir.

-¿Tú quieres hablar, Lolita?

De las tareas de la casa, del hogar...

-De las tareas de la casa no hay nada que hablar,

que en la casa está usted perdida.

-Eso es lo que más coraje me da. ¿No lo ven?

Encima se pone perita. -Sí, perita, en dulce, no te digo.

¿Hablamos de su guasa en mi ceremonia de purificación?

-¿Ceremonia? Aquelarre.

-Tradición, Carmen.

-De bárbaros y paganos.

-Pero ¿no os dais cuenta

de que tiráis piedras contra vuestro tejado?

-Y de que terminaréis descalabrando a vuestros maridos,

se enterarán de la riña y se llevarán un disgusto.

-Y se enfadarán entre ellos.

Venga, intentadlo de nuevo.

-A ver, Lolita, si tan mal llevas tu gravidez...

-¿Qué?

-Tu embarazo. Que si tan mal llevas tu embarazo,

al menos... no des gritos.

Y si necesitas mi amparo, yo te lo presto,

con mucho gusto, pero pídemelo con educación.

-Vamos, que soy una pelma por estar preñada

y encima me llama maleducada.

Nunca me habían insultado tanto con tan pocas letras.

Ay, mire, se acabó.

Yo me marcho.

-Luego dice que soy yo la picajosa.

¿Sabes qué te digo, Lolita?

Que no te marchas tú, me marcho yo.

-De eso nada.

-Pero... -Uy.

Has sido muy injusto con Cinta.

-Bien que lo siento.

Pero la culpa es de nuestra madre.

¿A quién se le ocurre tirar por el camino de en medio

y comprometerse con ese zángano?

¿Qué, se ha reído mucho su novio cuando me ha echado usted de aquí?

-No seas cruel, hijo.

No me dejaste otra opción.

Te empeñas en ponerme las cosas más difíciles.

Y lo único que haces es empeorar la situación.

-La situación no puede ser peor.

¿Qué puede ser peor que condenarse para toda la eternidad?

Hasta la perpetua sería más corta que una vida con ese chantajista.

-De ese chantajista

no depende mi vida, hijo,

sino la tuya

que vale mucho más.

Haceos a la idea de que ese hombre va a ser mi marido.

-¿Cómo voy a poder vivir sabiendo que soy la causa de su desgracia?

-Hijo, todo sería mucho más fácil

si dejas de meter el dedo en la llaga.

Por favor.

-Madre.

(FELICIA LLORA)

La prueba es contundente.

Marcia no se marchó voluntariamente.

-Que nadie sepa de esto.

-Pero ¿me cree?

-Hablaré con Casilda.

Quizá pueda sacarle algo más concreto.

-No necesito concreciones.

Marcia me quiere.

Y sé que se la llevaron.

-Sí, pero no podemos... -Lamento molestar,

pero ha llegado este telegrama, señor.

-Es de Viena.

Es Tano.

Dice que iba a venir a visitarme.

¿Cómo?

-¿Le ha ocurrido algo?

-Marcia...

envió el billete a Tano para que viniera a visitarme.

Quería darme una sorpresa.

Sus obligaciones en la clínica serían tantas que no podía viajar.

-"Adjunto reembolso de 120 pesetas

que Marcia envió para comprar billete".

¿120 pesetas?

Las que dijo Casilda que necesitaba Marcia.

-Y dijo que estuvo en la estación de ferrocarril.

Estaría comprando el billete de Tano.

Mauro.

Marcia no se ha marchado.

Se la han llevado.

Voy aceptando la marcha de Marcia.

-¿Sigue sin tener ninguna explicación de por qué se fue?

-Salió por la puerta y...

no creo que regrese nunca.

Pero la vida sigue.

No es la primera vez que recibo un revés similar.

Quiero que las tres hablemos.

-Uy, no, Fabiana, no va a poder ser.

Yo tengo muchas tareas pendientes.

-Y yo no tengo ganas de discutir y mucho que hacer.

-Eh, las dos para dentro, no dejaré que se me escabullan.

¿Para usted no tiene importancia lo del colgante?

-Así es.

Se ha marchado, y punto redondo.

-Si usted lo dice, así será.

Pero creo que se equivoca.

-Créeme, Casilda,

no le ha pasado nada.

Pamplinas, ella nunca haría algo así.

-Bueno, como tú quieras,

pero en asuntos del corazón, la gente se vuelve loca.

-Que no, que eso no puede ser. -Vamos a ver, tú piénsalo.

¿Por qué la Arantxa quiere hacer deporte con tu Jacinto?

¿Y por qué tu marido siempre le hace favores a la vasca?

Ya le he dicho... que no sé nada. Y miente.

Cuénteme todo lo que sabe.

Don Mauro..., me gustaría ayudarle.

Te comprendo.

Es muy duro pensar que Felicia se puede encadenar de por vida

con ese patán.

¿Qué le ocurre? Me da que me está ocultando algo.

Podríamos ir a ver la película

y estar de vuelta para servir las cenas.

Venga, anímate.

Sé lo mucho que te gusta el cinematógrafo.

-¿Y si ocurre un inconveniente y nos retrasamos?

-No tiene por qué pasar nada, tampoco seas cenizo.

Siéntese un momento, debemos tratar cierto asunto.

-Estoy bien de pie.

-No me ha entendido.

No sabe hasta qué punto agradezco su ayuda.

Espero que este mal momento pase pronto.

(AMBOS RÍEN)

-Uy estos dos.

¿Ya viene a discutir conmigo?

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Acacias 38 - Capítulo 1083

26 ago 2019

Carmen saca de su error a Ramón sobre su supuesto embarazo y sigue ocultándole sus desencuentros con Lolita que cada vez son más frecuentes.
Cinta explica a sus padres el sacrificio que está dispuesta a hacer Felicia por su hijo al casarse con Ledesma. Tras los continuos enfrentamientos de Emilio con Ledesma, Felicia le convence de que acepte la nueva situación ya que si no transige sus vidas serán un infierno.
Casilda encuentra la medalla de Marcia en el altillo y se la muestra a Felipe que junto a Mauro descubre que Marcia estaba ahorrando para mandar un billete de tren a Tano: no hay dudas de que Marcia fue secuestrada.

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  1. Silvia de Valencia

    Hola, hay alguna q dice q se aburre y q termine pronto la serie, por favor q no le hagan caso , los comentarios deben de ir dirigidos a comentar lo sucedido en la serie y hacer sugerencias. Me gustaría q apareciese pronto Marcia y así q se jorobe Genoveva q va detras de Felipe cómo todos saben. Es una serie maravillosa y entretenida, y eso si alguien se aburre q deje de verla el o ella se lo pierden. Un beso a todos los protagonistas de Acacias¿¿

    30 ago 2019
  2. Lili

    Somos asiduos televidentes desde Santiago de Chile, el cable operador VTR, que transmitía sacó de la parrilla de programación el canal el cual transmiten toda la programación actual del país de España. Porque dejaron el canal donde transmiten la programación antigua de series y películas. Por favor podrían arreglar el problema; como les dije nos fascina ver su programación en general. Ya que tratamos de ver por internet ACACIAS 38, dice que no está disponible para tu país , por favor solucionen .

    29 ago 2019
  3. Maricarmen

    Desde Argentina..... Veo la novela..... Pero POR FAAAAAVOOOOORRRRRRR...... Es interminable......... Y ya uno pierde interés en seguir viendo..... Terminen¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿pronto...... Se torna CANSADORA..... Gracias

    28 ago 2019
  4. Maria

    Por favor, que empiecen ya a solucionar situaciones estancadas y nos den alegrías y novedades positivas.... Si no, al final te aburres.. Y es una pena,

    28 ago 2019
  5. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    ¡¡¡Un novio, amante en la pérgola, marido o amigovio para Casilda por favor que se merece un altar por aguantar a Rosina y Liberto, y por favor que sea muy rico y la ponga como la gran mujer que es que siempre la han tratado como la Gracita Morales o la Lina Morgan de la tonta del bote, y es cien veces cien la mejor actriz del culebrón y la única que vive sin amor de un buen mozo con parné, para chinchar a la Goliat de Lolita, a la pija de Cinta, a la soberbia de Genoveva, y la llorona de la mujer de Jacinto que da yuyu de verla presumir del ýapá yá!!! POR FAVORRRRRR UN PAREJO PARA Casilda y dejen ya de jugar con l@s telespectadores, que nos merecemos una gran alegría por soportar en bodrio de culebrón, desde que se cargaron a German y Manuela el culebrón es un aburrimiento de órdago.

    28 ago 2019
  6. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    ¡¡¡Carmela tiene usted razón, l@s guionistas que son nada más y nada menos que nueve según he averiguado por aquí, es exactamente igual a O pelotero, ósea ni uno, escribiendo o seguramente lo tiene escrito como los refritos de algunos bares de baja estofa de año en año y a cobrar que es lo que importa. Total no hacen ni pizca de caso a nuestros comentarios analizando semejante culebrón de tres al cuarto!!! Aburre, cansa, retuercen y vuelven a las andadas pero ahora ya es demasiado retorcido, Úrsula cansa hasta decir.... Agua, tierra, es más monótono que la melodía de la muerte de un funeral, Úrsula tiene la cara de ursulina revenía fea y caricaturesca. hace siempre los mismos gestos, muecas, de verdad que aburre la chacha, señora, mendiga, chacha, y a este paso la volverán a rehabilitar de nuevo como señora de pan pringado, sí no al tiempo que la casan con Don Ramón, porqué la salvaje de Lolita, se carga a la insulsa de Carmen, cuanto tardan en este culebrón de cantar las cuarenta a la pésima Lolita. A la burra de Arantxa, al pamplinas de Servando, a la horrible Elicia, al tonto de Emilio, al cazurro de Ledesma, a la hermana san Sulpicio de Susana, a la seudo/bailarina/cantaora de la pija de Cinta, al calzonazos de Liberto, a la chillona de Rosina, al mojigato de Ramón, al papanatas de Antoñito, a la mini mujer de Jacinto, a Jacinto el ya pa yá. Solo salvo a Casilda y a don José porque su mujer y el yerno diplomático. Casilda hace ya muchos años que es viuda y virgen.

    28 ago 2019
  7. Marcia.

    La blusa verde de Bellita es la misma que usaba Enriqueta D. Me gusta esa blusa, el tono verde d la tela. No ne canso de escuchar hablar a Bellita y a Joooosee Migue, jajajaja me encantan.

    27 ago 2019
  8. Susana

    Me aburre. No nos dan tregua. Dos capítulos donde va todo "fetén", que crees que vas a disfrutar, ¡por fin!, y de golpe vuelven a "Desgracias 38". El papel de Lolita es insoportable.

    27 ago 2019
  9. Alicia

    ¿Cómo puede ser que una calle tan concurrida como Acacias, nadie ha visto salir a Marcia con una valija o por la fuerza? . La historia de los Pasamar es muuuuy densa ya deberían cerrar la historia porque no da para más. Lo bueno que tiene esta novela es que si dejas de ver algunos capítulos, cuando retomas, no te has perdido de nada ....

    27 ago 2019
  10. Ester

    Los autores son también responsables que Carmen no le ponga los puntos sobre las íes a Lolita y tampoco aclare con su marido la situación. Don Ramón debería bajarse de la LUNA DE VALENCIA en la que vive con respecto a lo que sucede en casa de su hijo !!!!

    27 ago 2019