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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1082 - ver ahora
Transcripción completa

Tu madre y yo vamos a casarnos.

¿No te hace feliz?

-"Don Felipe".

Que Marcia no está en el altillo, que ha desaparecido.

Casarme con Ledesma es la solución a nuestro problema.

Me sacrifico yo.

Eres libre, hijo.

Se lo ha llevado todo.

-¿Y su colgante? Era muy importante para ella.

-No está, señor.

Ni el colgante, ni el dinero, ni el collar de cuentas.

Todo se lo ha llevado.

No creo que Marcia se haya marchado sin más.

-¿Entonces? -No creo que fuese voluntariamente.

Mañana le paso a buscar a las seis. "Agur".

-Ay, ay, ay, ay. Uh, uh.

Creía que me había curado, pero no.

-Pero ¿qué le pasa?

-Una torcedura del tobillo, dolorosísima.

¿Tiene alguna teoría? -Ninguna, en absoluto.

-¿Entonces?

¿No hay nada más que hacer? -Siempre hay algo que hacer.

Pero aún no sabemos el qué.

-¿Siguen las diferencias? -Y crecen.

No sé qué le ha pasado a esa muchacha.

Con lo buenas amigas que hemos sido siempre.

-Tal vez sea el embarazo. -Eso pensaba yo.

Pero me lo está poniendo muy difícil.

Algún día me contarán la verdad sobre el poder que ejerce Ledesma.

Para que su madre tenga que hipotecar su vida,

ese poder debe ser enorme.

-Tengo que impedir esa boda.

Hay que hacer el ritual de Cabrahígo de limpieza de la casa.

-¿En serio tenemos que hacer un ritual?

-Son las leyes de Cabrahígo.

-No te preocupes, es muy divertido.

Ah, mira qué bien. ¿Y el tobillo?

-¡Hala, hala! ¡Curado de repente!

¡Milagro! Ay, ay, no, no.

-Qué vergüenza, Jacinto.

(HABLA EN EUSKERA)

Emilio no se ha subido al barco.

¿Qué?

Pero ¿qué majaderías son estas?

Mira, Cinta,

o me dices la verdad o dejo de confiar en ti para siempre.

¿Hay algo que debas decirme?

-Que no entiendo por qué Lolita se niega

a que haga las tareas de la casa cuando todo está hecho un asco.

-¿A santo de qué dice Osvaldo

que está todo preparado para la llegada de Emilio?

-(CARRASPEA)

Mi reina,

todo tiene una explicación.

-Ah, ¿sí? -Sí.

-Ah. Pues ya me la estáis dando.

Porque no soporto ser el último mono en esta casa en enterarme de todo.

La trajo al barrio para espiarme.

Cuénteme qué sabe.

¿Sigue con esa idea en la cabeza?

Sea sensato, por favor.

¿Dónde está Marcia?

¿Está usted insinuando que yo tengo algo que ver

con la fuga de esa desgraciada?

No lo insinúo, lo afirmo.

Y no la llame desgraciada, téngale respeto.

Marcia para usted es una señora.

Discúlpeme, yo no sabía...

que ha dormido fuera del altillo.

Para mí es una compañera más.

Usted la ha hecho desaparecer.

Don Felipe, no tendré en cuenta sus palabras.

Sé que habla desde el dolor de alguien que ha sido abandonado.

Sabe perfectamente que Marcia no me abandonaría,

que iba a venir a la fiesta.

Yo no sé nada.

Y, por lo que veo, usted tampoco.

Por Dios, ¿dónde estará esa muchacha?

Sé que usted tiene que ver.

Marcia no se ha fugado,

la han hecho huir.

¿De verdad está usted seguro

de que no ha sido simplemente abandonado?

Quizá... esa moza no le amaba

y se ha ido para librarse del compromiso que le imponía.

¡Eso es falso! ¿De acuerdo?

Usted la trajo para espiarme.

Ella la traicionó.

Y se lo está haciendo pagar.

Sé que eso es lo que le ha contado.

Que yo la traje aquí, que nació en Brasil

y que fue esclavizada y la trajeron a la fuerza a España.

¡Por Dios, don Felipe!

Esa muchacha tiene mucha imaginación.

¿Y qué verdad es esa? ¿Usted la sabe?

No sé cómo llegó al barrio.

Sé que era casi una mendiga que pedía trabajo en la iglesia.

Quizá me escuchó a mí preguntar cuando le buscaba a usted criada.

Es tan simple como eso. Está mintiendo.

Marcia me ha puesto en una situación muy comprometida

contando esas historias, y a usted también.

Por Dios.

No haga más el ridículo

acusando a los demás falsamente.

Con permiso.

(Música clásica)

¿Que por qué he ayudado a Emilio?

Porque Cinta, que es mi hija, me lo pidió.

Y si tu hija te pide algo, le ayudas.

Sin pensar si tiene razón o no.

-Ah. ¿Y te pidió que no me dijeras nada,

que me quedara en la inopia? Madre.

Usted no me hubiera ayudado.

Claro que me hubiera negado, porque es un disparate.

-Que todo tiene sentido. -Ah, ¿sí?

Ea. Pues explícamelo.

¿A que se fue Emilio a Argentina?

-Para no casarse con Angelines.

-¿Por qué no rompió su compromiso con ella?

Era más fácil.

-Porque no puede. -¿Por qué no puede?

-Pues...

¿Por qué no puede?

-¿Eh? Ni tú mismo lo sabes.

¿Ves como es un disparate? ¡Ay, Virgencita del Carmen!

Si estoy rodeada de alocados. Madre.

Ya sabe cómo son los pueblos y las raras costumbres que tienen.

Anda que no hemos oído cosas de Cabrahígo,

o del pueblo de Arantxa.

-Eh. Psss. A mí no me metas, ¿eh?

En mi pueblo somos más sensatos, allí no hay tejemanejes así.

Se tenía que fugar para no casarse con Angelines.

-Pero no se ha fugado.

¿Entonces? Tendrá que casarse.

Vamos, según esas costumbres que no me explicas.

-Eso, Cinta.

¿Por qué no se ha fugado?

Porque Ledesma ha vuelto a la ciudad con otras ideas.

Las cosas han cambiado. Ah.

Y ese hombre decide lo que ocurre en esa familia.

Te explicas como un libro cerrado. Cada vez entiendo menos.

¿Tú entiendes algo?

-Poco.

-¿Y tú, Arantxa? -Yo, ni papa.

Pero igual mejor la dejamos que termine de contar lo que sabe.

-Pues ya ves, Cinta.

O lo explicas todo muy bien desde el principio

o aquí ninguno nos enteramos de nada.

(RESOPLA)

No sé yo si Lolita

se ha quejado a mi esposo sobre el asunto.

-¿Se lo ha dicho él?

-No.

Pero se comportaba raro.

Estaba muy empeñado en que yo no limpie

y no haga las tareas de la casa para que Lolita no se enfade.

Y le aseguro que no es porque le guste vivir en un chiquero.

-No exagere.

Que puede que la casa no esté en perfectas condiciones,

pero de ahí a compararla con un chiquero...

-Bueno, sí, quizá haya exagerado.

Pero, Agustina, es que si no encuentro el motivo

por el cual mi esposo me pida que haga tal cosa

para que Lolita no proteste.

-Su marido quiere simplemente su bienestar.

No entiendo por qué no hablan directamente las cosas.

-Le aseguro que en el altillo, las cosas son mucho más fáciles.

Allí ocurre algo y se habla.

Pero entre los señores, no.

Entre los señores hay que preocuparse por encontrar el momento de decirlo

con miramientos de que nadie se ofenda.

-¿Me está diciendo que es mejor ser criada que señora?

-Ríase usted, pero...

en algunos asuntos, sí.

-No veo yo a Lolita con melindres para decir las cosas.

-Eso es lo peor.

Que una servidora tiene que ser educada.

Pero como a Lolita se le tiene por campechana,

no tiene pelos en la lengua para mandar

ni para que se hagan las cosas como ella quiere

y, por supuesto, instaurar las costumbres de su Cabrahígo.

-¿Qué costumbres?

-Quiere hacer un...

una depuración de la casa

según un ritual del pueblo cuando se queda una mujer embarazada.

-A las buenas tardes.

Carmen, he visto desde la pensión

que está usted muy enojada.

-Ay, Fabiana.

Oiga, ¿usted conocía...

el ritual de la depuración del hogar

de Cabrahígo? -Pues claro que sí.

Cuando hay una embarazada en la casa.

Si ya se hizo también en tiempos de doña Trini, sí.

-Pero... ¿están locas?

¿Qué es esto, la Edad Media?

-En Cabrahígo, al parecer, sí. -Pues esto es la ciudad.

Y aquí no hay ni espíritus malignos, ni brujas,

ni fantasmas, ni pamplinas.

Y que no, que yo no quiero hacer ritos de esos de curandera.

-A ver, Carmen.

Si a usted le vale mi consejo,

yo le pediría que no se oponga a hacer el rito.

-Ya. Pero ¿para qué sirve, Fabiana?

¿Depurar la casa con hierbas?

¿De verdad?

Con agua y con lejía es con lo que hay que depurarla.

-Tampoco las hierbas le hacen daño a nadie.

No deja de ser esparcir un poco de infusión de tomillo y romero

por todos los rincones de la casa. -En eso tiene razón.

¿Para qué montar una guerra por una simpleza?

-Sí, pero...

¿solo es eso?

-Que yo sepa, sí.

Lo mejor será que colabore usted.

Esas costumbres son sagradas en Cabrahígo,

y no solo para Lolita que era criada.

Doña Trini, que era una señora, también lo hacía.

-Y si se opone,

el señor pensará que desprecia a su primera esposa.

-Mejor hacer el ritual y santas pascuas.

En la pensión tengo unas plantas de tomillo y romero.

Yo se las doy a usted, y Lolita se pondrá tan contenta.

-Está bien.

Haré lo que me dicen.

Pero no les digo las ganas que tengo de mandarlo todo a la porra.

-Bueno está.

Venga conmigo, que se las doy.

Venga usted también, Agustina.

Al principio, cuando llegué al barrio,

Emilio empezó a hablar conmigo y a hacerse el encontradizo.

Sinvergüenza.

Al principio yo no le prestaba atención.

Pero, poco a poco, me fue embelesando.

-Mira qué ladino.

Con insistencia.

Así conquisté a tu madre.

Empecé a verle con buenos ojos.

Y llegó Ledesma con la demanda

de que se tenía que cumplir una promesa que hizo en el pueblo.

Esa promesa era casarse con Angelines.

-Pero vamos a ver, chiquilla.

¿Por qué te cortejaba si ya estaba comprometido?

Qué desfachatez.

Porque esa promesa la hizo siendo un niño.

Y no creyó que nadie la hubiera tomado en serio.

¿Y no la podía romper?

No. No, señora.

Las promesas quedan talladas en piedra.

Eso al menos en mi tierra.

La palabra es más fuerte que los bueyes.

Eso es.

La palabra no se rompe, se negocia.

Y Emilio lo intentó.

Intentó hacer razonar a Ledesma, pero no hubo manera.

-Hasta ahí, todo bien. Sigue.

Emilio y yo intentamos separarnos

y olvidarnos de nuestro amor.

Pero no fuimos capaces.

-A mí me va a dar algo.

Con los sueños que yo tenía para ti.

Un embajador quería,

qué ilusa.

-Ya sabes, Mari Belli, que el hombre propone y Dios dispone.

Un día, Ledesma nos vio besándonos.

Aquí en el salón.

Un día que ustedes no estaban.

¿Aquí en el salón?

Eso no me lo habías contado.

-Arantxa, tráeme un abanico. -Sí.

-¿Besándote con él?

¿Aquí, como una cualquiera? No.

Dios mío de mi alma. Si está claro

que los dineros que invertimos en tu educación

han sido dineros tirados a la basura.

-Bueno, tampoco exageres, lucero.

Tú y yo no éramos unos santos antes de llegar al altar.

-Una pescadera que cantaba y un torero que tocaba la guitarra.

No una muchacha educada en un internado fino.

Me vas a matar de un disgusto. ¡Me vas a matar!

Bueno, a ver.

Lo que pasó fue que Ledesma me insultó.

Me dijo que era una...

fulana, una ramera.

-¿Qué?

Bueno, bueno, bueno.

Se va a enterar ese individuo cuando me cruce con él.

Padre, no agrave más la situación.

Cuando lo hizo,

Emilio me defendió

y le pegó un puñetazo.

Y por eso se tenía que ir a Argentina.

Porque no sabía la venganza que le prepararía ese hombre.

-Ay, Dios mío. Oye.

Habrán sido solo besos, que no quiero ser abuela todavía.

-Pero bueno,

confía en la niña. -¿Que confíe?

Para confiar estoy.

Arantxa, tráeme una tila.

-Este disgusto no me parece de tila.

Mejor le traigo un poco de tortilla y de chistorra,

así se curan las penas cuando son así de morrocotudas.

-Yo sigo sin saber por qué no se ha subido al barco.

Porque Ledesma ha vuelto.

Ha encontrado una salida para la familia

sin que él se tenga que casar.

-A ver, ¿cuál?

Yo no se lo puedo decir, no hasta que la hagan pública.

Puedo decir que nos deja libertad para que nos comprometamos.

¿Comprometerte tú con ese desgraciado?

Mira lo que te digo, ¡por encima de mi cadáver!

Me insinuó,

es más..., me dijo abiertamente que Marcia

me había engañado con lo de su pasado.

Que era una vividora.

Que había llegado y se había ido sin comprometerse.

-Eso se da de bruces con lo mismo de siempre:

¿para qué?

Si se hubiera llevado algo, aún, pero se fue con lo puesto.

Sin dinero, sin joyas, sin nada. No lo entiendo.

-Estoy de acuerdo.

Pero por un momento,

estuvo a punto de convencerme.

¿Usted qué cree, Mauro?

-¿Yo? Tengo el peor de los recuerdos de Úrsula.

Si me picara una serpiente venenosa

y ella apareciera con el antídoto, no lo aceptaría.

Seguramente querría hacerme más daño.

-Es la mejor definición de lo que se puede esperar de ella.

-Todos sabemos cómo es Úrsula.

Pero quien debe preocuparnos ahora es Marcia.

Si usted cree que huyó coaccionada, debería interponer una denuncia.

-No.

No estoy de acuerdo.

-¿Cree que debo olvidar a Marcia?

-No he dicho eso.

No es momento de acudir a las autoridades.

Si no le hacen caso ahora, no se lo harán nunca.

-¿Por qué no le harían caso?

-Porque no tenemos pruebas.

Más allá del dolor de un hombre despechado.

-¿Eso cree?

-Creo que algo raro ha ocurrido.

Eso que le digo pensará el comisario que le tome declaración.

Es mejor tener algo concreto para que lo tomen en serio.

-¿Y cómo lo conseguimos?

-Investigando por nuestra cuenta.

Yo apenas conocía a Marcia.

Pero podemos recopilar información.

Hoy, ya no tenemos tiempo.

Mañana hablaremos con los que la conocieron

y examinaremos su habitación.

-Está bien.

Si cree que es lo mejor...

-Confíe en mí, Felipe.

Vamos a dar con esa joven, se lo aseguro.

"Eso, para tomar en las horas bajas,"

lo mejor, se lo aseguro, Agustina. Pura energía.

Además, no hay que usar cortes de carne caros

porque como se hace a fuego muy lento, se ablanda.

-¿Y cómo dice que se llama? -"Sukalki".

Eso lleva carne, patatas y verduras. A un muerto resucita eso.

-Le pediré la receta.

Que si algo necesita don Felipe es

una comida que tire de él para arriba.

-No se preocupe, es un hombre fornido,

seguro que se recuperará. -Lo parece,

pero después es de mucho corazón y de mucha ternura.

De la muerte de doña Celia tardó 10 años en recobrarse.

-Jesús.

Con lo buena que parecía Marcia y el daño que ha hecho.

Es un poco como las setas de colores:

que apetece cogerlas, pero son venenosas.

-Casilda dice todo lo contrario.

Cree que Marcia se ha marchado para no perjudicar al señor.

-¿Para no perjudicarle?

¿Y le deja abandonado en la fiesta que ha hecho para presentarla?

Pues miedo me da pensar qué habría hecho

si hubiese querido perjudicarle, ¿colgarle del cuello?

-No, no lo sé.

Todo parece muy raro.

Yo la vi mientras se vestía

y parecía la mujer más feliz del mundo.

La más feliz y la más guapa.

-Pues igual sí.

A ver si aparece y se explica, porque así no hay quien lo entienda.

(BOSTEZA) -Buenos días.

¿La achicoria preparada?

-Y las magdalenas, hechas por Casilda.

-Ah.

-Qué bien, Jacinto.

Cómo me alegro de que la torcedura vaya mucho mejor.

-¿Qué torcedura?

-Ya sabía yo que esto era "gezurra".

Una mentira más grande que el puente de Portugalete.

-Les dejo con sus torceduras

y con sus ejercicios.

Luego me paso a que me dé esa receta.

¿Eh, Arantxa? -Muy bien. Claro que sí.

-Eh...

Verá, Arantxa.

Que tenía usted razón, que nunca tuve una torcedura.

Lo dije para no cortar troncos.

-Pero ¿por qué pues? -¿Cómo que por qué?

Por cansancio.

Desde que hacemos ejercicio en la madrugá,

estoy agotado todo el día.

Y cuanto más ejercicio hacemos, más cansado estoy.

-Porque eso es normal, Jacinto.

Al principio, uno se siente muy cansado.

Pero luego, poco a poco, cada día se va sintiendo mejor.

Eso es ponerse en forma.

-Que no, que me veía con la lengua arrastrando el suelo.

-Porque usted es un flojeras.

-Eh.

¿Cómo que flojeras?

No, ¿eh?

Por mucho que vaya cortando troncos y levantando piedras,

soy tres veces más fuerte que usted, así nos hizo Nuestro Señor.

-Eh.

"Pirriquí, pirriquí". Eso de boquita, pero hay que demostrar.

-Venga, pues se lo demuestro.

Sí, verá si se lo demuestro.

(Timbre)

Vamos.

Vamos.

-Pero así no, hombre, ¿no ve que llevo yo ventaja?

No he perdido un pulso desde el siglo pasado.

Y con un morrosko que tenía el brazo como la pata de un mulo.

Era vasco, pero de la parte de Francia.

Ya sabe, nombres ridículos que tienen, Jean Marie.

-"Pirriqui, pirriqui". Lo que pasa es que no se atreve.

-¿Vamos a ver quién es más fuerte con la soga?

-¿Con la soga?

-Sí.

Con la soga.

Ha habido una subida muy fuerte en la Bolsa.

-Ah. ¿Seguros La Tizona también?

-Pues un 2% en un solo día.

-¿Ya has hablado con Ramón para saber cuándo podemos retirar dividendos?

-La verdad, quería haberlo hecho ayer,

pero con todo lo de don Felipe y la joven brasileña...

De todos modos, confío en lo que decida don Ramón.

-Sí, y yo. Un tema menos del que preocuparnos.

Tu tía dice que, según ella,

Marcia debe estar ya en un barco de vuelta a Brasil

y que nos daremos cuenta que se llevó una fortuna.

-No sé de dónde saca esa idea.

-De ningún sitio.

Ella se inventa las cosas. Como si no la conocieras.

-Que sois tal para cual.

-¿Más café? -Sí, por favor, Casilda.

¿Qué se comenta de Marcia en el altillo?

-Pues unos dicen una cosa, otros dicen otra.

Y yo creo que ninguno está acertado.

-Bueno, ¿y tú qué piensas que ha pasado?

-Lo que llevo diciendo desde que Marcia se marchó.

Que se fue para no perjudicar a don Felipe.

-Le ha perjudicado más dejándolo en ridículo.

-Felipe no ha quedado en ridículo.

-Ya me dirás tú cómo ha quedado, por favor, Liberto.

Con todo el mundo en su salón tomando canapés

y él entrando por la puerta de servicio

mientras Ramón nos mandaba a todos de vuelta a casa.

Si te parece, ha quedado como un marqués.

-Sufrió una gran decepción, pero no quedó en ridículo.

-Bueno, lo que tú digas.

Casilda, ¿y cómo creía ella que le perjudicaría si se quedaba?

-Pues porque pensaba

que un abogado de postín como don Felipe

no podía casarse con una negra. -Eso es una bobada.

-Bueno, bobada...

No es que me parezca bien que ella pensase eso.

Creo que todos los seres humanos somos iguales,

pero sé de más de uno que pondría mala cara.

¿No os acordáis cuando Leonor regresó de Guinea

con aquella mujer de color? -Habiba.

-Habiba.

Todo el mundo la miraba mal.

¿Y por qué? Por ser negra.

-Hay que luchar contra eso.

-Que luchen otros, nosotros no somos revolucionarios.

-En fin. Si es verdad que se ha marchado por eso,

hay que cambiar esta sociedad que mide a las personas por su color.

¿Qué más se comentaba?

-Hay hasta quien piensa que la han secuestrado.

Pero yo creo que ella se ha ido por su propio pie.

-Sí, yo también lo creo.

-Pues yo pienso que ella se ha imaginado casada con Felipe

y ha pensado que estaría como pez fuera del agua

y habrá pensado: "Mejor me marcho y se acabaron los problemas".

Eso, o lo que dice tu tía Susana:

que se ha ido con una fortuna y nadie se ha dado cuenta.

¡Don Felipe!

-¿Es para mí? -Sí, señor.

Vengo del estudio del fotógrafo,

llamó para decir que teníamos que recoger un encargo.

-¿Ha visto el retrato? -No, señor.

Me ha dado el sobre cerrado.

-Nos la hicimos Marcia y yo.

Se lo quería mandar a Tano para que la conociera.

-Lo siento, don Felipe.

-Espero que algún día aparezca

y nos cuente qué ocurrió.

-Ojalá, señor.

¿Quiere que me deshaga del retrato?

-No.

¿Por qué?

-Tal vez sea un mal recuerdo.

-Marcia nunca será un mal recuerdo.

Nunca.

Le buscaré un marco adecuado...

y ocupará el lugar principal en la casa.

-Como quiera. -Agustina.

Por favor, si sabe algo de Marcia,

no me lo oculte para ahorrarme el daño.

-Confíe en mí.

Felipe.

Me enteré ayer de lo sucedido con Marcia.

Solo quería decirte que lo siento.

Te lo agradezco. Si puedo hacer algo por ti...

No, no, no.

Bueno, sí que tenemos un asunto pendiente.

El envío de barcos a Marruecos.

Sí, pero eso no corre prisa.

De eso precisamente quería hablarte.

Necesito unos días para tener la cabeza en esos asuntos.

Tómate el tiempo que necesites.

Sé lo mucho que sufres.

Desgraciadamente, tengo experiencia en ser abandonada.

Gracias por hacerte cargo.

Espero poder ocuparme en unos días.

Genoveva.

El día que desapareció Marcia,

¿Úrsula estaba contigo?

Sí.

¿No estarás pensando...? No. No, no, no.

Simple curiosidad.

Con Dios.

Con Dios.

¿Qué..., ya se ha ido Lolita a abrir la mantequería?

-Acaba de salir, ¿no te has despedido de ella?

-Hombre, no voy a estar despidiéndome y saludando cada vez que la vea,

o cada vez que entre y salga. Estaríamos todo el día igual.

-Te has levantado de mal humor.

-Pues mira, son... las costumbres de mi pueblo.

Algunos días, nos levantamos de buen humor

y otros días, cantamos en falsete.

Pero son costumbres de mi pueblo y hay que respetarlas.

-¿Tanto te ha molestado lo del rito de Cabrahígo?

-Es que no entiendo cómo España no avanza.

-Carmen, en cualquier otra cosa sabes que te daría la razón,

pero si yo pasé por lo mismo,

pero las costumbres de Cabrahígo son sagradas.

-Las de mi pueblo también.

Lo mismo mañana

me levanto cantando falsete.

-¿Quieres que salgamos a dar un paseo?

-No, déjate.

Que tengo que lavar estos cacharros.

-Buenas, Carmen.

Madre mía, qué ímpetu.

¿Han discutido o qué?

-No está embarazada,

está embarazadísima.

No sabes qué carácter, qué cambios de humor.

¿Por qué no me cuenta lo del embarazo con lo evidente que es?

-Padre, ustedes ya no son precisamente unos críos.

Quizá está esperando a que el médico le confirme que va todo bien.

-Sí, a lo mejor es por eso.

Pero hazme caso, que más sabe el diablo por viejo que por diablo.

Y yo no seré médico, pero te aseguro que vienen dos.

-¿Gemelos? -O trillizos, hazme caso.

-Pues no sé, entre el mío y dos o tres suyos

correteando por la casa, no sé si lo podré resistir.

-Dios verá y proveerá.

¿Has mirado la cotización de Seguros La Tizona?

-Sí, va fenomenal, ayer subió un 2%. -¿Lo es?

Dios sabe que vienen gemelos

y nos está poniendo los medios para sacarlos adelante.

-No le hacía yo tan creyente de la intervención divina.

-En las cosas importantes hay que confiar en el de ahí arriba.

-Me alegro mucho de verle tan feliz, pero hable con Carmen.

Y que le confirme el asunto del embarazo.

-Lo haré, pero tengo que encontrar el momento

porque no me gustaría estropearle la sorpresa que tiene preparada.

-Ya.

Muchas gracias.

Pueden volver cuando lo deseen.

Camino, ya están las mesas vacías.

Se pueden empezar a preparar para la comida.

-Yo me encargo, madre.

-De verdad, no sé qué haría sin ti.

-Buenos días, Felicia.

¿Damos un paseo?

-Tengo mucho trabajo.

-Si no hay clientes.

-Hay que organizar todo dentro.

Un restaurante es mucho más que atender unas mesas.

-Sus hijos son bien capaces.

-Está bien.

Pero debemos volver antes del servicio de la comida.

-Soy el primer interesado en que el negocio vaya bien.

-¿Del brazo?

Una cosa es que vayamos a casarnos

y otra es que llevemos un noviazgo tradicional.

-No quiero ser desagradable, Felicia,

pero no le queda más remedio que aceptar mis sugerencias.

-¿De verdad esto es necesario?

-Hasta el menor de mis caprichos es necesario

para que yo no vaya a Valdeza.

-Camino.

Encargaos del restaurante.

-Uy.

¿Van del brazo?

-Ay, Marcelina.

Cuando te crees que lo has visto todo,

te encuentras con algo nuevo.

Ahí vienen.

-Mira.

Ahí está ese endriago que insultó a mi Cinta.

-Tranquilo, Jose. La niña te dijo que no te metas.

-A ver si se cree que le temo. -Tú has sido torero.

No lo hay más valiente que tú.

-¿Están viendo lo que yo?

Ay, madre, que van agarrados como novios.

-Emilio.

Por favor.

-Pero ¿es que no lo ves? La lleva del brazo.

-No es asunto tuyo, ni mío.

Vamos dentro.

¿Seguimos?

-Ay.

Gracias por dejarnos entrar, Casilda.

-No le digas a nadie que estamos investigando

la desaparición de Marcia.

Mejor no poner a nadie sobre aviso.

-Descuide usted, seré una tumba. Y ya sabe, yo soy una mandada.

-¿Aquí guardaba su ropa Marcia? -Sí, eso es, aquí.

Se lo ha llevado todo.

Hasta una camisa que tenía en el tendedero recién lavada.

-¿Tenía mucha ropa?

-No, la verdad es que tenía poca.

Le cabía en una maleta de cartón que guardaba debajo de la cama

y le sobraba espacio.

-¿Tenía algo más?

-Sí.

Aquí guardaba el dinero.

Pero vamos, calderilla nada más.

-Y su colgante.

-Sí.

Y también un collar de cuentas rojas y blancas

que trajo de Brasil.

-¿Un amuleto?

-Más o menos.

Pero al que ella le tenía mucho aprecio.

Se lo dio su madre antes de morir.

-Lo único que se ha dejado es

el libro de español.

-Con el que yo le enseñaba.

Es como si quisiera dejarme atrás.

Quizá sea verdad

y se haya ido por su propia iniciativa.

-Como ves, no tenemos nada.

Ningún hilo del que tirar.

Cualquier detalle nos ayudaría.

¿No hay nada raro?

-Ahora que lo pienso, sí hay algo que me resultó extraño.

Ella me dijo que tenía que reunir 120 pesetas.

-Eso es mucho dinero. -Pa' chasco que sí.

Veintitantos duros.

Hasta vendió unas estampitas que trajo de Brasil.

-¿Sabía algo de ese dinero?

¿Para qué lo podía querer? -No, no, es... la primera noticia.

-¿Cuánto vale un billete de barco a Brasil?

-No sé, no tengo ni idea.

¿Cree que quería irse a su país?

-Es una opción.

¿Te comentó algo de volver a su tierra?

-No. No, no.

Pero hace tres días, estuvo en la estación.

-¿Para comprar un billete? -Eso no lo sé.

Lo que sí sé es que allí se cruzó con uno que conocía del mercado.

-Ya tenemos algo que averiguar.

¿Para qué necesitaba el dinero y para qué fue a la estación?

Gracias, Casilda.

Bueno.

Aquí me tiene, Arantxa.

Para la prueba de la soga.

-Uy.

Pensaba yo que se iba a acobardar.

¿Y los caballeros?

-Pues venimos de testigos.

-O de jueces, si hace falta.

-Pues muy bien me parece, como ustedes quieran.

Así van a ver cómo una mujer vasca

puede ganar perfectamente a un hombre castellano.

-Eh.

-Jacinto.

¿Preparado? -Arantxa.

Preparado.

Ea, pues ya está todo preparado.

Los retratos de mis difuntos

y el nombre escrito de los que no tienen retrato,

el tío Remigio y el tío Facundo.

-¿Los míos también?

-Pues no, Carmen, no.

Eso cuando usted esté embarazada, si es que quiere hacer el ritual.

Este es para mí.

-A lo mejor va a ser pronto.

-El cura me ha dejado agua bendita para que esto coja más fuerza.

-¿El cura está de acuerdo con todo esto?

-Le he dicho que es para bendecir la habitación del retoño.

Yo os bendigo. Va, va.

-"Aupa" ahí. Alegría.

-Amor mío, esto no es de risa. A ponerse las coronas.

Va, va, va, va, va, va, va.

-Esta corona me queda grande, se me va a caer.

-Se la sujeta y ya está, no se queje tanto.

-Te la cambio por la mía, no te preocupes.

-Hay que rezar la oración de los difuntos de Cabrahígo

a todos mis familiares muertos.

Una a cada uno.

-Cariño, ¿no podemos hacer una sola oración para todos?

-Eso mismo pregunté yo, hijo mío.

-No.

Porque cada uno tuvo su vida.

Repitan conmigo.

Tío Abundio. -Amancio.

-Tío Amancio.

Que el cielo te reciba con las mismas gracias

con las que a Cabrahígo lo hizo la Tierra.

(AMBOS) Que el cielo te reciba con las mismas gracias

con las que a Cabrahígo lo hizo la Tierra.

-Que encuentres tu Cabrahígo entre nubes y ángeles.

Amén.

-No puede ser.

(AMBOS) Que encuentres tu Cabrahígo entre ángeles y nubes.

(TODOS) Amén.

Jacinto, antes de empezar el juego.

Le doy la oportunidad para rendirse

y no avergonzarle delante de los amigos.

-Nunca. Estoy bien agarrado.

-¿Preparada, Arantxa?

-Preparada.

-A la de tres.

Una, dos, ¡tres!

-Ahí va. ¡Vamos, Jacinto, que no se diga, hombre!

-"Aupa" Arantxa.

-Ay, ay, ay.

"Yepa, yepa".

-¡Por la flor de Eguzkilore!

-Eso es trampa, eso es trampa. ¿Qué flor es esa?

-Ganadora, Arantxa Torrealday Yurrebaso.

-De Algorta, Vizcaya.

-De acuerdo. Eh...

Reconozco mi derrota.

-Desde luego, Jacinto,

eres la vergüenza del género masculino,

verbigracia viril.

-Servando. -Eh.

-Si quiere, se puede enfrentar a mí también.

-Si yo lo haría, pero no quiero

abusar de su cansancio. Si acaso, ya otro día.

-Cobarde.

-Uy. ¿Qué, jugando a la soga?

Los mozos de mi pueblo jugaban contra los del pueblo de al lado.

¿Quién ha ganado?

-¿Y usted quién cree? Marcelina, por favor.

Su marido.

Tanto acarrear ovejas y...

Aunque hubiéramos tirado los tres del otro lado, habría ganado él.

-Claro.

Ay.

Que encuentres tu Cabrahígo entre ángeles y nubes.

Amén.

(AMBOS) Que encuentres tu Cabrahígo entre ángeles y nubes.

(TODOS) Amén.

-¿Queda mucho?

-Ya hemos terminado.

Solo queda la oración del retoño.

Cojan el romero.

-¿Es muy larga?

-Dura lo que tie que durar, Carmen.

-Un poco de paciencia, Carmen.

-Oh, familiares de mis familiares,

parientes de mis parientes...,

proteged al retoño que está en camino y haced que nazca sano.

Oh, familiares de mis familiares,

parientes de mis parientes...,

proteged a mi retoño, que está en camino,

y haced que nazca sano.

Ay.

Ea.

Ya podemos merendar. -Ay, menos mal.

-¡Ay! ¡Quieta! -¡No!

-Carmen.

Los alimentos son para los difuntos.

-Perdón, no lo sabía. Igualmente no creo que les gusten.

-Lo de los difuntos es de los difuntos.

-Yo te ayudo, cariño.

(CARMEN RESOPLA)

-¿Qué?

¿Te ha gustado el ritual?

-Me ha encantado, amor.

Porque...

me doy cuenta de que entré a vivir a casa de unos locos.

¿Eso lo hacéis... muy a menudo?

Sí, es verdad.

No les han mentido.

Me han visto paseando del brazo con Ledesma.

-Pero ¿no es su consuegro?

-Las cosas han cambiado, doña Rosina.

-¿Nos va a contar lo que pasa o no?

-Ledesma ha venido de Cantabria...

para comprometerse en matrimonio conmigo.

-¿Qué?

-Lo que han oído,

hemos decidido casarnos.

-¿Está usted bien, doña Susana?

-Pero ¿casarse ustedes?

-Sí, ya sé que es un poco inesperado,

pero, la verdad, el amor llega cuando una menos se lo espera.

-¿El amor?

Ay, no me lo creo.

Habría dicho algo si hubiera tenido algún interés en ese hombre.

-Lo mantuve oculto por el compromiso de Angelines con mi hijo,

pero viendo que ellos son tan incompatible...

Si me disculpan, me llaman dentro.

-Oiga.

-No me lo creo.

El hijo y la hija a punto de casarse.

Y a los dos días, los padres del brazo.

-Ni yo.

Tenga listo lo que le he pedido.

Si le vuelvo a necesitar, le llamaré.

Señora, le he preparado un té con unas pastas.

Para que recupere usted fuerzas.

Me vendrá bien, estoy agotada.

Son muchas las cosas de las que me debo ocupar

tras la muerte de Alfredo.

¿Ha ido bien con el abogado?

Bien.

No es muy espabilado, pero hace todo lo que le ordeno

y no plantea demasiadas preguntas, así que es lo que necesito.

No como don Felipe Álvarez-Hermoso.

No, todo lo contrario.

Ayer me abordó en la calle de forma desagradable.

Me acusó de ser la responsable de la desaparición de Marcia.

¿Por qué no me lo dijo?

No quiero que me oculte nada. No quería ponerla nerviosa.

No me hubiese puesto nerviosa, ya lo estoy.

A mí también me abordó.

Quería saber si usted estaba conmigo la tarde en que desapareció.

No tiene pruebas.

¿Y si la consigue?

Deberíamos haber dejado una carta de despedida de Marcia.

Todo hubiese sido más creíble.

Lo pensé, señora,

pero don Felipe le daba a Marcia clases de español,

ella tenía que hacer ejercicios, así que él reconoce la letra.

Era imposible falsificar una buena carta.

Veo que usted tiene experiencia.

¿Ha hecho muchas veces esto? ¿Secuestrar?

¿O falsificar cartas?

No soy novata en ninguna de las dos.

¿No encontrará Felipe a Marcia?

Señora...,

Marcia

ya está muy lejos.

Espero que sepa lo que está haciendo.

Lo sé, señora.

Por favor, tómese el té y las pastas.

Lo último que necesita

es acabar enferma.

Buenas tardes, Lolita.

Se han acabado los huevos en casa

y había pensado hacer tortilla de patatas para esta noche.

-Yo había pensado cenar sopa de picadillo.

-No pasa nada.

Tu marido y tú cenáis la sopa de picadillo

y Ramón y yo, la tortilla de patatas.

-Sabe dónde están los huevos, sírvase.

-No sé por qué,

pero me da la impresión que te molesta

que Ramón y yo hagamos lo que nos da la gana.

-Mire, Carmen,

lo que me molesta es que desprecie mis costumbres.

No paró de burlarse en el ritual.

-¿Burlarme?

En absoluto.

Y oportunidades no me faltaron.

Lo he hecho lo mejor que he podido.

-¿Y de dónde sacó el tomillo? Porque apenas olía.

-De una plantita que tenía Fabiana en la pensión.

-De la parte de atrás, donde mean los gatos.

-¿Qué gatos, Lolita?

Que ahí no hay gatos.

Que eres una maniática.

-Encima me insulta.

-Si da igual.

Total, no creo que sepas lo que significa "maniática".

-Me insulta y se ríe de mí, lo que faltaba.

-La verdad es que, con eso de desear a tus antepasados

que encontrasen su Cabrahígo

entre las nubes y los ángeles,

pues sí, sí,

estuve así, así,

de retorcerme de las carcajadas.

-Por favor, señá Carmen.

Que son ustedes amigas.

-No, Casilda, no interrumpas a la señora condesa.

Decía que mi pueblo le parece una boñiga.

-Bueno, yo ya tengo los huevos, ¿me lo apuntas en la cuenta?

Es que se me ha olvidado bajar el monedero.

Gracias.

-Pero ¿qué ha pasado aquí?

-Estoy harta de esta mujer.

Harta.

"Enseguida les traigo los segundos".

Y el vino.

Me sigue faltando el vino de la mesa tres.

Emilio. -Sí, dime.

-Me falta el vino de la mesa tres.

-Sí, perdona.

-Está el local lleno, no puedes distraerte,

hay que ir deprisa.

-No dejo de pensar en el compromiso de nuestra madre con Ledesma.

Llévales el vino.

-¿Dónde está tu madre?

-No está.

-Niña, por favor, ¿me pones un vino blanco?

-Mi hermana no está para servirle.

Espere a mi madre en otro sitio.

-¿Me estás echando del restaurante?

-Sí.

-¿Y quién eres tú para echarme? ¿Vas a pegarme otra vez?

¿O me vas a matar como a aquel chico en Valdeza?

-Cállese. ¿Me oye?

Cierre la boca. -Emilio.

El local está lleno; tranquilo. -No tiene ningún derecho.

-Claro que lo tiene. Vete a tu sitio.

Ya.

Tome asiento, por favor.

Ahora mismo le traigo lo que ha pedido.

Agustina.

¿Qué le parece el marco?

-Es muy bello, pero...

si me permite...

-Ya sé qué va a decirme.

Que no lo ponga a la vista.

-Sé que no debo meterme,

pero le conozco hace muchos años, solo le va a hacer sufrir.

-Voy a sufrir igual.

Esté a la vista o no.

¿Cree que Marcia se marchó por su propio pie?

-Todo lo que veo... me lleva a pensarlo.

-Quizá tenga razón.

Quizá todos la tengan.

¿Qué venía a decirme?

-Preguntarle si quiere cenar ahora

o esperará a que llegue don Mauro.

-Esperaré.

-Si hablaban de esperar por mí, ya estoy aquí.

-Agustina me preguntaba si servía la cena.

-Por mí, perfecto.

-En menos de cinco minutos estará. -Gracias.

¿Alguna novedad?

-Desgraciadamente, no.

Todo me lleva a pensar lo mismo.

-Que me ha abandonado.

¿No?

-Es lo que se deduce de todos los indicios.

-Marcia me ha dejado.

Y tendré que aceptarlo.

Quizá algún día me reencuentre con ella.

Pues yo le voy a poner una vela a Marcia.

(Golpe)

¿Y esto qué hace aquí?

¿Qué te sucede, Carmen?

-Nada.

-Cariño, por el amor de Dios,

es evidente que no puedes seguir ocultándomelo.

-Ya te lo ha contado Lolita, ¿no?

-¿Lolita lo sabe?

-¿Cómo no va a saberlo, alma de cántaro?

-No entiendo por qué tiene que enterarse antes que yo.

-Ramón, ¿de qué estamos hablando?

-De tu embarazo.

Esos Pasamar...

tienen más revueltas, rincones y recovecos

que La Casa Encantada de la feria. Algo esconden.

-O al contrario,

puede que escondan lo que cualquier familia,

pero con mal fario y nos enteramos de todo.

-Que no, que digo yo que algo esconden.

Eso o que todos ellos creen que el amor es un jolgorio

y el compromiso, un estorbo.

Eso no es verdad.

Ah, ¿no? Pues explícanoslo.

¿Qué se cree,

que le va a salir gratis que su esposa le considere un sansón?

Ay, Jacinto,

usted me debe uno

o varios favores.

-¿Qué favores?

Agustina ha traído esta nota.

Don Ramón, don Liberto y don Felipe...

quieren retomar las reuniones sobre nuestros soldados.

Felipe tiene que estar muy alicaído

para que sus amigos corran tanto en buscarle ocupaciones.

Lo que es una bendición del cielo para nosotras.

Tal y como van las cosas,

no le costará mucho reconciliarse con la mayoría de los vecinos

y con don Felipe.

Lolita, siempre hago lo que me dices.

Y a tu gusto, que no al mío.

-Es tan discreta que ni se le nota.

-¿Sabes qué pasa? Que ya no sé cómo contentarte.

No lo sé, hija mía.

Por cierto,

¿te has quejado a Antoñito de mí?

-¿Se ha vuelto chalada? ¿Me acusa de acusica?

-No, estoy harta de tus desplantes,

de tus órdenes,

de tu cretinismo.

-A mí no me insulte,

y déjese de ismos que soy católica desde que nací.

-¿Católica? ¿Católica?

Tú lo que eres... -¿Qué?

-Lo que eres es...

Hablemos de hombre a hombre.

¿No podemos llevarnos bien?

Sé que no es de tu agrado, pero a la fuerza ahorcan.

-Jamás le tendré por el marido de mi madre.

-Como quieras.

Cuanto más tardes en consentir,

más dura será la vida para ti.

Tu madre y yo seremos felices,

y tú no nos aguarás la fiesta.

-¿Se ha mirado al espejo?

¿Piensa que una señora como mi madre será feliz con alguien como usted?

Ya no soy comisario,

pero no he perdido mi olfato para los criminales.

La gente como usted nunca cambia.

Eso es un insulto.

Le ruego retire sus palabras.

Ni me molestaré en responder a esa sandez.

Sé que usted trajo al barrio a la prometida de don Felipe.

Por Dios.

¿Cree que estoy en condiciones de disponer de las personas sin más?

Escúcheme bien.

Si es usted responsable

o está implicada en la desaparición de Marcia,

lo demostraré.

Y le acusaré en firme.

-Estaba contando con los dátiles

las veces que han discutido la señá Carmen y la Lolita.

-Me daba a mí que no terminaría bien eso de vivir todos juntos.

-La casada, casa quiere.

-Deberíamos tomar cartas en el asunto antes de que lleguen a las manos.

Alguna de ustedes debería terciar, a mí no me hacen caso.

Empecemos sin más dilación.

Esos jóvenes soldados nos necesitan.

No puedo estar más de acuerdo.

Hinquémosle el diente.

Paciencia, señora.

Paciencia.

Si algo he aprendido es

que las cosas de palacio van despacio.

Nosotros, por suerte o por desgracia, tenemos que contar con palacio.

La nuestra es una iniciativa privada,

no una jugada política.

No deberías perder los papeles.

Ah, ¿no?

¿Y qué debería hacer?

¿Dejar que esclavice a mi madre

y que consiga poder suficiente para gestionar nuestro patrimonio?

Lo siento, pero no, no puedo.

Ni podré, es superior a mis fuerzas esto.

-Emilio, por favor.

No tenemos otra salida.

Camino tiene razón.

-Es que no podemos ser tan egoístas.

Podríamos vivir nuestro sueño, sí, nuestro amor.

Es verdad.

Pero no lo haré a costa de mi madre.

Señor, ¿qué hace entrando por la puerta de servicio?

Si mi señora lo ve, le da un síncope.

-No quería perder tiempo en protocolos.

Me dijeron que querías verme.

¿Ha vuelto? ¿Dónde está?

-No, no ha vuelto, señor.

Lo he encontrado junto a la Virgen que tenemos en el altillo.

Y desde que lo he cogido, no dejo de darle vueltas al magín.

-¿Por qué?

-Este colgante es como un tesoro para Marcia.

Ella no se lo dejaría por muchas prisas que lleve.

Es más, no creo que se lo quitara por su propia voluntad.

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Acacias 38 - Capítulo 1082

23 ago 2019

Los Palacios realizan el ritual de purificación cabrahíguense. Carmen tiene que soportar las continuas provocaciones de Lolita hasta que termina por explotar, sorprendiendo a Ramón por su reacción, y enfrentándose a Lolita. La guerra está servida de nuevo.
Ledesma y Felicia se pasean por el barrio y comunican a las señoras su compromiso, ante el asombro de los vecinos que no dan crédito a tan extraña relación. Emilio rabioso, se enfrenta a el cántabro que se jacta de que le tiene en sus manos.
Úrsula niega estar implicada en la desaparición de Marcia. Mauro comienza a investigar, pero no encuentra pruebas que indiquen que ha sido secuestrada. Felipe empieza a pensar que quizás Marcia le haya abandonado.

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  1. Carmen

    A ver si a Lolita la vuelven a poner normal, porque entre lo paleta que sigue e insoportable ahora, le estoy cogiendo una manía... Marcia, un huevo sin sal, muy guapa pero aburre a las ovejas

    30 ago 2019
  2. Karina

    Qué fea pareja hacen Marcia y Felpe, ella tan sosa, apagada, sin brillo, con la mirada asustada y sufriente, no se ve afinidad en ellos. Felipe todo un señor tan sincero y bueno con ella, Felipe merece una mejor y buena pareja.

    27 ago 2019
  3. RB

    Me parece que Genoveva hace mejor pareja con Felipe... tienen mejor carácter compatible. Marcia carece de personalidad.

    26 ago 2019
  4. Sofia

    Esta novela tiene momentos, pero este me aburre, no pasa nada productivo las maldades de Úrsula no acaban nunca, ya ralla después de dos semanas la sigues y aún no pasó nada, falla el guión porque tiene un buen elenco de super actores.

    26 ago 2019
  5. Cristina

    La novela no es fea pero ya aburre un poco las vidas tan poco productivas de todos sobre todo de rosina y. Susana. Ademas ursula siempre con sus maldades, si no es por ella la serie no tiene gancho, un monton de parasitos dandole a la chachara . no hay una historia sustentable y las resoluciones muy infantiles

    25 ago 2019
  6. Oblanca

    Espero que no pasen tantos días en aparecer Marcia y que Úrsula se lo merece recibir buena reprimenda o castigo duro por ser tan mala, parece que a los guionistas lo regodean Tanya maldad en sus guiones y se pasan demasiado... Deben ser más inteligentes los guionistas y con sentido de la justicia, porque siempre sufrir los buenos y a los malos nunca le pasan nada, es INJUSTO!!!

    24 ago 2019
  7. Olga galan

    Ojalá que Mauro haya aparecido para eliminar a Úrsula ,debe pagar tantos crímenes igual que Genoveva..Se pone fastidiosa la novela con tanta maldad y que nunca paguen.Los veo desde Venezuela

    24 ago 2019
  8. Inmaculada Pérez

    La serie me parece una pasada y estoy súper enganchada y todo es una trama muy interesante

    24 ago 2019
  9. Inmaculada Pérez

    La serie es fantástica y los actores son geniales

    24 ago 2019
  10. Marcela

    Ese Ledesma, tan desagradable moral como fisicamente. Un buen baño con lejía para desinfectarlo y luego prenderle fuego a su vestimenta., sucio y desaliñado.- A los que les place imaginarse posibles parejas, ahí hay una que haría capote, Ursula y Ledesma, uno mas repugnante que el otro.- Recién llegado y Mauro muestra sus garras a Ursula y es hermoso ver la cara de ella, como que percibe lo que se le viene JAJAJAJA, Adelante, con todo Mauro y el cuchillo hasta la empuñadura

    24 ago 2019