www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5369498
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1080 - ver ahora
Transcripción completa

"¿Sabe ya quién es el hombre extraño que ha aparecido en el barrio?".

"-Por lo que me han contado, es un policía que vivió aquí

al que todos tienen en mucha estima".

-Mauro.

Sí, soy Felicia.

Escúcheme.

Voy a ofrecerle un trato que no va a poder rechazar.

Acabo de llegar y no tengo dónde hospedarme.

¿Podría quedarme en su casa?

-El tiempo que haga falta.

¿Y qué habrá pasado? Porque qué lástima,

doña Teresa era más maja que las pesetas.

-No sé si le ha sucedido algo, son meras conjeturas.

-Con lo poco que habló don Mauro,

nos hemos quedado todos in albis.

Pues no se hable más, Carmen será mantequera por un día.

-Lo único que espero es

que a Lolita no le importe que me ocupe de su negocio.

Aunque solo sean unas horas.

Tuve que esperar a que se durmiera tu madre

para hablar con Osvaldo, pero dice que le consiguió trabajo a Emilio.

No será en La Pampa acarreando el ganado, ¿no?

Es un puesto de camarero en un restaurante de Buenos Aires.

¿Qué pasó cuando se fue de Acacias?

Recuerdo que Teresa estaba en estado de buena esperanza.

-El embarazo no llegó a buen puerto.

El niño murió al nacer.

Y Teresa estuvo a punto de morir.

Mañana saldré hacia la costa

para coger un barco que me aleje de aquí.

-Espero que todo le vaya de perlas, la verdad es que no ha tenido suerte.

-Gracias por sus ánimos.

Y por todo lo que ha hecho por mí, es usted todo un amigo.

-Hace unos meses, unos desalmados asaltaron la casa donde vivíamos.

Yo me enfrenté a ellos y, en mitad de la reyerta,

Teresa recibió un disparo y a los pocos días falleció.

La culpa me pesa como una losa.

Que me voy.

A ver a Ramón, a pasear, no lo sé.

No me apetece decirte lo que pienso.

-Pues humo, que aquí no tiene nada que hacer.

Ojalá tuviera yo la suerte que tienes tú,

que un señor como don Felipe se fijara en mí y me cortejara.

Ay.

-Parecía como si nos vigilaran.

-Anda ya, mujer.

Será alguno que no se ha acostumbrado al color de tu piel.

No ves que en este barrio hay mucho atrasado entoavía.

Venga, vamos.

-Parece que sí.

-"Ramón, siento aguarte la fiesta, pero..."

hay algo que quiero contarte sobre Lolita.

-¿A qué te refieres?

Marcia.

¿Qué te ocurre?

¿Qué te ocurre?

Te noto triste, preocupada. Sé que algo te pasa.

-No, Felipe, no es así.

-Eso es lo que dices.

Pero tus miradas contradicen tus palabras.

Alguien te ha importunado.

¿Ha sido otra vez Úrsula?

(LEE) "AD".

Si tienes algo que contarme..., es el momento.

-No es nada, Felipe, no te inquietes.

Estoy un poco nerviosa por el ágape de mañana.

-Espera, espera.

Pensaba que merecía tu confianza.

No deberías mentirme.

Te conozco suficiente para saber que algo te pasa.

-Está bien.

Te lo contaré todo.

Antes creí ver que alguien me observaba.

Como... como si me estuviesen siguiendo.

-¿Cómo? ¿Viste bien quién era?

-No te alarmes.

Seguro que es fruto de los nervios.

Ya me dijo Casilda que probablemente será algún vecino

al que le llamó la atención el color de mi piel.

-Sí, tiene que ser eso.

Hay mucha ignorancia y muchos recelos en estas calles.

Tranquila.

Nadie se atreverá a mirarte con suficiencia

cuando formalicemos nuestro noviazgo.

Marcia, ¿qué pasa?

¿He dicho algún inconveniente?

-He visto que últimamente estás recuperando proximidad con Genoveva.

-No tienes que preocuparte por eso.

Trabajo con ella por una buena causa.

No hay nada entre nosotros, lo sabes.

-Sí, pero al ver que hacéis tan buena pareja...

Una dama como ella es lo que te corresponde,

no una pobre criada como yo.

-Eh.

No digas eso.

Te amo con todas mis fuerzas.

No hay nada que me haga más dichoso que estar a tu lado,

pese a las dificultades y diferencias.

-Que no son pocas.

-Pero no suficientes para renunciar a tu amor.

Por ti lucharé contra viento y marea.

Solo hay algo que podría impedirlo.

-¿El qué?

-Que tras tus temores

hubiese otro motivo.

Que ya no me quisieras.

¿Es eso?

¿Ya no me quieres?

-¿Cómo puedes decir eso?

Yo te amo más que a mi vida.

-Pues ya está todo hablado.

Olvida esos temores.

Seremos dichosos.

Te lo prometo.

Ahora que ya está todo hablado,

necesito que me ayudes a cuidar a mi amigo.

-¿A Mauro? -Sí.

Necesita de todo nuestro aprecio.

Su historia no puede ser más triste.

Ha perdido a la mujer que amaba.

(Música clásica)

"¿Estás segura?".

-Nuestra madre me lo confesó

cuando la descubrí tratando de contactarle por teléfono.

-No lo comprendo, ¿qué podría querer de ese desgraciado?

-No estoy segura.

Temo que ya te he contado demasiado.

-Tienes razón, le preguntaré a ella misma.

-No, no. Por favor, no le digas nada a madre.

Lo mejor que puedes hacer ahora es irte a Argentina en cuanto puedas

y olvidarte de ese aparcero.

-Emilio, ¿qué haces aquí?

No deberías salir de la pensión.

No sabes que corres serio peligro. -No lo he olvidado.

Pero había algo que tenía que contaros.

Ya lo tengo todo preparado para partir mañana.

-Me alegra saberlo.

No estaré tranquila hasta que te sepa bien lejos.

-Pero yo marcharé inquieto.

Y más ahora que sé que intentó contactar con Ledesma.

-Camino, no tenías que haberle dicho nada.

-No culpe a mi hermana.

Lo hizo porque se preocupa por usted. -Le expliqué que no era necesario.

-Quizá deba explicárnoslo de nuevo.

No comprendo qué puede querer de ese aparcero.

-Emilio, soy tu madre,

no tengo por qué darte explicaciones de mis actos.

-Y no se las exijo,

simplemente se las ruego.

-Está bien.

Te lo diré para que te quedes tranquilo.

Quería hablar con Ledesma para asegurarme que no te delataría.

Tu vida corre peligro, hijo.

-Madre, sabe qué clase de hombre es Ledesma.

Sus ruegos resultarán vanos.

-Confiaba más en el dinero que en mis ruegos.

Estoy dispuesta a ofrecerle una gran cantidad de dinero

a cambio de su silencio.

Ahora que Genoveva nos ha devuelto lo que habíamos perdido,

es un buen momento para hacerlo. -No, no...

no podemos, madre.

Me niego a que le ofrezca una peseta a ese malnacido.

Y más ahora que voy a irme lejos.

¿O ya lo ha hecho?

Madre, ¿ha hablado con él?

-No, hijo.

No he conseguido dar con él.

Así que se terminó el tema.

No voy a hacer nada a tus espaldas.

Quizá tengas razón y no hubiéramos solucionado nada.

Emilio, hijo, siéntate.

Hoy es tu última noche en España, no quiero pasarla discutiendo.

En cuanto cerremos el restaurante,

cenaremos todos juntos en la pensión.

Por última vez.

Carmen, me está empezando a preocupar tu silencio.

¿Qué tienes que decirme de Lolita?

-Ay, no te preocupes.

Tan solo es que creo que deberíamos de hablar de la convivencia en casa.

-No tienes que decirme nada.

Sé lo que está sucediendo.

-¿Sí?

-Ya sabes que yo tenía mis dudas al respecto.

No las tenía todas conmigo,

pensaba que íbamos a necesitar nuestro propio espacio.

Pero ya ves, estaba equivocado.

Nunca pensé que la convivencia entre dos matrimonios

fuera tan bien como está yendo.

-¿Eso crees?

-No hay más que verlo.

Lolita y tú os lleváis mucho mejor de lo esperado.

Mi hijo me ha dicho...

que os vio cómo os dabais un abrazo.

Carmen.

Nunca podré agradecerte lo bastante que insistieras

para que nos quedáramos a vivir con mis hijos.

Estoy pasando uno de los momentos más felices de mi vida

y todo gracias a ti.

¿Sabes?

He pensado que podíamos hacer un almuerzo en el campo todos

para despedir a Milagros.

Sería una bonita despedida, ¿no crees?

Tenemos tiempo de sobra para que la niña llegue al tren.

¿Qué te ocurre? Te veo muy seria.

¿No te parece buena idea lo de comer todos en el campo?

-Claro que sí, Ramón.

Es una idea maravillosa.

(Música lenta)

(Llaman a la puerta)

¡Casilda!

(Llaman a la puerta)

¡Casilda!

-Yo voy, Rosina, yo voy.

Buenos días, tía.

No la esperábamos.

-¿Acaso tengo que pedir permiso

para visitar a mi sobrino y a mi mejor amiga?

-Claro que no, solo nos sorprendió que lo hiciera tan temprano.

-Has hecho requetebién, Susana.

Tenemos tantos temas que tratar que cuanto antes empecemos, mejor.

Ahora le digo a Casilda, que por cierto está sorda,

que traiga más bollos. -No es menester.

Ya he desayunado.

-Descuida, no son para ti. Cotillear me abre el apetito.

-¿Sabéis algo más de Mauro?

¿Conocemos ya el motivo de su regreso?

-Tu sobrino podría decírnoslo, que lo fue a ver ayer.

-Sí, sí.

Ayer me pasé por casa de Felipe.

-Casi no le saco nada.

Para nuestros intereses, no nos sirve.

-Aunque no lo creáis, mi intención no fue

la de sonsacarle información para vuestro disfrute.

Quería saludarle y ofrecerle mi ayuda para lo que precise.

-¿Qué te decía? Hombres.

-¿Y dónde está Teresa? ¿Tampoco le preguntaste por ella?

-Sí, tía. Y, por desgracia, pude enterarme...

de que Teresa falleció hace unos meses.

-¿Cómo?

Lamento escuchar eso.

Con lo buena mujer que era.

-Ay, qué pena.

Y tan joven.

Y por todo lo que había pasado, pobrecilla.

-Ahora comprendo el semblante de Mauro

cuando le preguntamos por ella.

-¿Te contó algo de lo sucedido, la causa de la muerte?

-No, Rosina, Felipe no me dijo nada más.

Solo me dijo que Mauro ha regresado

con la intención de sobreponerse de tan duro golpe.

-Al menos en estas calles no le faltarán cuitas

para mantener la mente ocupada.

No quiero ni imaginarme la cara que habrá puesto

al conocer a la prometida del abogado.

-No sea maliciosa.

Seguramente se habrá alegrado al ver que su amigo rehace su vida

con una muchacha tan buena.

-Dicen que se han hecho un retrato fotográfico

en un estudio del barrio.

-La cara del fotógrafo al ver a la novia sería un poema.

También se rumorea que Agustina le está cosiendo un vestido a Marcia

para la fiesta de esta tarde.

-Ya, ya. A ver qué tipo de vestido le hace,

porque no es lo mismo coser que confeccionar.

No creo que sea más que un trapo. -Ya basta.

¿No? ¿No sabéis hacer otra cosa que criticar?

-Querido, es que llevamos años practicando.

-Deberíais alegraros por Felipe.

Un ágape siempre es motivo de celebración.

Gracias a él, nos podremos juntar los vecinos.

-Pues en tal caso, deberíais hablar con vuestro portero

y que limpiara bien la escalera para esta tarde.

Me lo he encontrado sentado sin hacer nada,

y el suelo estaba sucio sucio.

-¿Es eso posible?

-Iré a verle, a ver qué ocurre.

-No, ya bajo yo a cantarle las 40, que tú eres muy blando.

¿Dónde se ha visto, sentarse en horas de faena?

Además, debería haber repartido ya el correo

y tener el portal impoluto.

Hombre ya.

¿Cómo puedes estar tan cansado, Jacinto?

-No solo es cansancio, Cesáreo.

Que tengo unas agujetas de padre y muy señor mío.

-Si es que pasarse la tarde levantando piedras en el parque

con la criada de los Domínguez no podía ser nada bueno.

Ay.

-Esa mujer va a acabar conmigo.

Pero es que no deja ninguna piedra sin levantar.

Y además, lo peor es que cuando llegué a casa,

todavía tenía faena por hacer. -Tome.

¿Marcelina también quería que levantases piedras?

-No, no, qué va.

Ella me pidió otros menesteres, ya me entiende.

Ella quería que... le hiciera servicios maritales.

-Podías haberlo dejado para otro día. -No.

No, no. Eso quisiera yo.

Que lo único que quería un servidor era dormir a pierna suelta.

-Ya. -¡Jacinto!

¡Jacinto! -Voy, voy.

-Ay. ¿Qué haces ahí sentado?

¿No te vas a levantar o qué? -Le juro que estoy en ello.

Estaba descansando una miaja.

-Ya descansarás cuando termines tu tarea.

-Ya me gustaría, ya. -Ponte a limpiar inmediatamente.

Hoy se celebra un ágape en casa de don Felipe

y necesitamos que la escalera quede como una patena.

Y reparte el correo.

Mira las horas que son y aún no lo has hecho.

-Ahí justo tengo las cartas.

¿Por qué no aprovecha que sube y las reparte entre los vecinos?

Gracias. -¿Cómo que gracias?

Cumple con tu obligación, ¡debes entregarlas tú!

-Lo siento, Cesáreo,

pero creo que tengo tarea.

(Lamentos)

Pero ¿quién escribe al altillo?

Felipe, ¿estás en casa?

¡Felipe!

Disculpe, no sabía que estaba aquí.

-Ha ido a la cocina a hablar con Agustina.

Volverá en un momento. No, pero siéntese conmigo.

Se lo ruego.

Pronto será la prometida de mi amigo.

Debemos conocernos mejor.

Felipe está muy feliz a su lado.

Me ha hablado mucho de usted.

-Él también me habla de usted.

Y... lamento mucho lo de su esposa.

-Gracias.

Al contrario de ustedes, yo ya jamás seré dichoso.

El único sentido de mi vida era estar a su lado.

Viéndola, tengo la impresión

de que, aunque ahora la vida le sonría,

también ha pasado por mucho.

¿Puedo preguntarle cómo vino a España?

-Buenos días.

Marcia. No sabía que estabas en casa.

¿Cómo has descansado tras la conversación de anoche?

-Bien. "Obrigada".

He bajado del altillo para ayudar a Agustina con el ágape.

-No te preocupes, Agustina se está encargando de todo.

-¿No será mucho para ella?

-No, no te creas, ya está todo listo.

Y ahora subirán Felicia y Camino con las comidas que les encargamos.

De lo único que debes preocuparte es de estar guapa para esta tarde.

Aunque no te costará mucho,

ya lo estás.

-Vuelvo para el altillo entonces.

-Marcia.

-Parece una mujer muy sensible.

Me da la impresión de que ha debido sufrir mucho en el pasado.

-Sí.

Ha sufrido mucho.

Por eso estoy empeñado en que olvide su pasado

y empiece una nueva vida conmigo, merece ser feliz.

-Estoy seguro de que lo será.

Yo les deseo lo mejor.

Espero que no se moleste conmigo, pero...

me gustaría ausentarme de su encuentro con los vecinos.

No tengo ánimo para responder a sus preguntas sobre Teresa.

-No se preocupe, le entiendo perfectamente.

A mí me ocurrió lo mismo.

Cada vez que me acordaba de la muerte de Celia...,

me sumía en un pozo de desesperación.

Así que queda liberado de asistir, faltaría más.

-Se lo agradezco.

Milagros, ¿te lo has pasado bien?

-Claro, padre, me ha encantado comer en el campo.

-Yo también me lo he pasado bien, que a mí no me pregunta.

-Ah, y la tortilla estaba de rechupete.

-¿Sí? Pues me alegro de que te haya encantado.

-Bueno, bueno, ¿y los filetes rusos que te he preparado?

¿No te han gustado?

-No, estaban buenísimos.

Pero Antoñito se los ha comido todos.

-Que si no se ponen malos.

-Bueno, lamento interrumpiros,

pero tenemos que empezar a apresurarnos,

que es casi la hora de que Milagros vaya a la estación.

Y quedamos en que pase por la pensión

para despedirse de Servando y Fabiana.

-Os acompaño. -No, ya les acompaño yo, Carmen.

Así puedes estar tranquila con Lolita en la mantequería.

-Milagros.

Ay, cariño, te voy a echar tanto de menos.

Fíjate que no te has ido y...

ya estoy deseando volver a verte.

Ven aquí.

-Yo sí que te voy a echar de menos. Ven para acá.

Si es que...

Voy a estar contando los días,

las horas, los minutos y los segundos.

-¿Puede apretarme un poco menos?

-No.

-Bueno, Milagros, venga,

que vamos a llegar tarde con tanto abrazo.

-Pues nada.

Vayamos a la mantequería, y así...

te puedo ayudar un poco. -Deje, Carmen, que me apaño sola.

-Eso no lo dudo, mujer, pero...

-Mire... déjeme... -Que no, que la llevo yo.

-Déjemela. -Que no me cuesta.

-Carmen, que sí, mujer.

Además, la mantequería está muy vacía a estas horas.

Vaya mejor para casa.

José.

¿Qué haces picando entre horas otra vez, chiquillo?

-Pero, mujer, ¿qué quiere, que no me tome el aperitivo?

¿Somos unos salvajes?

-Vas a perder el apetito para la comida.

-No. -Viene Arancha del mercado

con una buena merluza para hacértela como a ti te gusta.

-Qué barbaridad.

Descuida. En ese caso, haré un esfuerzo por comérmela.

¿A qué viene semejante dispendio? -Tenemos mucho que celebrar.

Me alegra ver a Cinta animada.

Desde que Emilio marchó a Santander, la niña está mejor.

-(CARRASPEA)

-Oye.

Ese jamón no estará bueno, se te ha puesto cara de vinagre.

Bueno,

me voy a la cocina a ver si ha vuelto Arancha.

Psss. Que debemos comer pronto,

para ir luego al ágape de don Felipe. -Sí.

-Pues no está tan malo.

Padre, parece preocupado. ¿Todo bien?

Pues no, nada está bien.

Estoy pasando un calvario por mentirle a tu madre.

Deberíamos decirle de una vez que Emilio se va a Argentina.

No, no, no, no podemos descubrirle.

Vamos a esperar a que se haya ido, se lo ruego.

Hoy mismo coge un tren.

Vamos a ver.

Te conozco.

Aquí hay algo más que tú me estás ocultando.

Claro que no. No sé a qué vienen ahora esas dudas.

Ayer te noté muy rara, cuando nos abrazamos en la cocina.

Sería su impresión. Ah, ¿sí?

¿Es mi impresión que en vez de estar con el corazón roto

por separarte de Emilio, estás como unas castañuelas?

Tengo mis motivos.

Si no lo dudo.

Lo que no llego a atisbar es cuáles son esos motivos.

Aunque me separe de Emilio,

me tranquiliza saber que no se casará con Angelines.

Pues triste consuelo, hija mía.

Contigo tampoco.

Eso está por verse.

Quizá cuando regrese en unos meses, podamos reanudar nuestro noviazgo.

¿Cómo estás, Jacinto?

Me dejaste preocupado.

¿Has terminado la faena? -En ello estoy.

¿Que no me ve?

Me ha costado dolores,

muchos dolores,

pero he limpiado... todos los rellanos.

-Deberías confesarle a Arancha que no puedes con todo.

-¿Y dejar que Marcelina piense que soy un flojo?

No. Quiero que se sienta orgullosa de un servidor.

-Ya, pero a este paso será la viuda más orgullosa del cementerio.

-Si se me ocurriera alguna excusa,

algo que decirle a la Arancha...

-¿Qué tal la verdad?

Quizá podrías decirle que te aburre hacer ejercicio.

-Eso es.

Qué buena idea ha tenido.

-Mira, vamos a saberlo ahora mismo, por ahí viene.

¡Arancha!

-"Aupa".

Jacinto, no se olvide que mañana retomamos nuestras caminatas.

¿Eh? Al amanecer.

O, bueno, si lo prefiere, podemos ir esta tarde al parque.

Y a levantar piedras.

Que están los señores de ágape en casa de don Felipe.

-Eh...

-Qué difícil elección tienes por delante,

los dos planes son tentadores. -Precisamente...

Venga, venga, venga, Arancha.

Eh... eh...

De eso quería hablarle.

Mire.

A uno le gusta mucho pasear con sus ovejas,

pero... caminar por caminar...

o levantar piedras para no hacer un corral

como que le aburre a uno.

-Pero ¿qué me está diciendo pues?

¿Que prefiere dejarlo?

-Precisamente. ¿Eh?

-¿Y no será que más que aburrirle

lo que hace es cansarle?

-Pero ¿cómo se va a cansar uno? Si estoy hecho un toro.

-Uy, uy.

Un toro viejo... y acabado, me parece a mí, ¿eh?

-Oiga, oiga. -No se preocupe.

Si es por el tedio,

ya buscaremos otra actividad que le divierta.

-¿Eh? -Algo ya se me ocurrirá.

¡Hala!

-¡Hala!

¿Qué se le va a ocurrir ahora?

-A saber. Espérate lo peor.

Pero ya te dije que era mejor decirle la verdad.

-Arrea.

Maldita sea mi estampa. Pero...

Le debe haber goteado agua del capazo.

Llevaría pescado.

-Sí, a eso huele.

Te ha dejado todo el portal perdido.

-Voy a tener que limpiar todo de nuevo.

-Suerte, Jacinto. -Pero no me pise.

-Bua.

Espero poder conversar tranquilamente con Mauro en casa de Felipe.

Atendiendo a Milagros, no he tenido ocasión.

-La pequeñaja se ha marchado feliz a París.

Se lo pasó de maravilla en el campo.

Una gran idea, padre.

-Sí, pero el mérito ha sido de nuestras esposas.

Se han desvivido por atenderla.

-Somos muy afortunados de estar casados con ellas.

-Hay que ver lo bien que se llevan entre ellas.

Prácticamente son inseparables.

-Ramón.

Tenemos que hablar.

-Comentábamos lo feliz que se ha ido la pequeñaja.

-Sí.

¿Sabes lo que me ha dicho cuando nos despedíamos en el tren?

Que no podía haber encontrado una esposa mejor.

-Es que...

esa niña es adorable. -¿Y sabes qué más me ha dicho?

Que le encantaría que fuéramos a visitarla a París.

-Eso sería maravilloso.

-Estoy considerando darle el capricho

y preparar un viaje para más adelante.

Carmen.

No sé cómo voy a poder agradecerte lo buena y...

lo considerada que estás siendo con los míos.

-Y Lolita y yo

también estamos muy orgullosos de ti.

-Eres la mejor esposa del mundo.

Carmen.

(CARMEN LLORA)

-Carmen, mi amor, pero ¿qué te pasa? ¿Por qué lloras?

¿Algo de lo que hemos dicho te ha molestado?

-Bueno, yo me voy...

a ir preparándome para el ágape.

-Carmen, pero...

pero ¿qué te pasa?

-Que no es nada, Ramón, es solo que...

me han dado ganas de llorar.

-¿Así sin más?

-Voy a prepararme yo también para la fiesta.

Hay que ver, señá Agustina.

Ha diseñado usted un vestido de lo más bonito.

Le queda fetén.

-El mérito no es mío, sino de la muchacha.

Tiene una buena percha.

Le quedaría bien hasta un saco de patatas.

-No, no, no se quite mérito usted, doña Agustina.

Gracias a usted, la chiquilla va a lucir como una princesa.

-Pa' chasco que sí.

Va a llevar un vestido precioso sin gastarse una peseta.

-Y tú, por favor, alegra esa cara, mujer.

Parece que vas a un funeral.

-Yo la verdad que la entiendo,

estaría igual de nerviosa. Las señoras la mirarán con lupa.

-Eres única animando, Casilda.

Bua, tú no te preocupes por eso.

Eres más bella y estilosa que muchas damas.

-Diga usted que sí.

Haz el favor, échale redaños, Marcia.

-Yo lo intentaré.

Pero debo confesar que estoy "muito" nerviosa.

-Ya verás como todo sale bien, no tendrás problemas.

-Uy, problemas voy a tener yo al final.

Tanto darle al palique, se me ha ido el santo al cielo.

Tengo la cocina por recoger.

Toda la suerte del mundo, cariño. Hale, "agur".

Buenas. Buenas.

Ah.

Veo que estás casi lista para tu fiesta.

Estás preciosa.

El vestido te queda como un guante.

Enhorabuena, Agustina.

-¿Y su señora, Úrsula?

¿La ha dejado preparada para ir a la fiesta?

No, no va a acudir.

Voy a acompañarla a dar un paseo.

He subido a buscar el sombrero que me había olvidado.

Salimos ahora mismo.

Marcia, disfruta mucho.

Te lo mereces.

(RESOPLA)

¿Seguro que no hay nadie en casa?

Mis padres se han ido a pasear antes del ágape de don Felipe.

¿Y Arancha? Arriba, en el altillo.

No bajará ya. Pasa.

Por eso he ido a buscarte,

porque quería verte y despedirte como corresponde.

Me parte el corazón alejarme de ti.

Será solo por unos días.

La semana que viene, cogeré otro barco tras de ti.

Serán los días más largos de mi vida.

¿Estás segura de que podrás marcharte sin despedirte de tus padres?

A ver, te confieso que no estoy del todo segura.

Había pensado en dejarles una carta,

pero quizá les diga la verdad en el último momento.

Aun así, no podrán detenerme. Ah, mira.

La dirección de Osvaldo.

Él te encontrará alojamiento y te llevará al restaurante.

No te olvides de agradecerle a tu padre lo que ha hecho por mí.

Descuida, así lo haré.

No he tenido ocasión de contarte algo que...

me tiene muy inquieto.

¿El qué?

He sabido que mi madre ha intentado contactar con Ledesma

para ofrecerle dinero.

Qué extraño.

Intentaba a lo mejor cerciorarse de que Ledesma te dejara tranquilo

una vez te hayas marchado. Eso me ha respondido ella.

Es que es la única explicación posible.

Pero aun así, no me quedo tranquilo.

No me gustaría que volviesen a verse mi madre y ese desgraciado.

Amor, descuida. Antes de mi partida,

estaré pendiente de todo lo que pase en el restaurante.

-¡Cinta! ¿Qué está sucediendo aquí?

Pero este... ¿este qué hace aquí en la cocina?

¿No estaba en Santander arreglándose con Angelines?

Emilio, será mejor que te marches.

Sí, mucho mejor, que se vaya con viento fresco.

Se arriesga a recibir un mandoble.

Tata.

No se lo digas a nadie, te lo ruego. Te lo ruego, sí.

Para eso, igual me tienes que contar qué diantres está pasando aquí.

Está bien, te lo contaré todo.

Buenas tardes, doña Susana. Buenas tardes.

¿Marcha ya al ágape de don Felipe? Sí, no acostumbro a llegar tarde.

¿Y usted? ¿Acaso no va a asistir?

No, prefiero irme fuera de Acacias mientras dure la fiesta.

Entre nosotras, no me siento muy cómoda

sabiendo que van a celebrar su compromiso con esa muchacha.

La comprendo perfectamente, y permítame que le diga...

que me sorprende ver lo bien que lleva la situación.

Gracias.

Permítame una indiscreción.

¿Es capaz de afrontar con entereza las reuniones con don Felipe

cuando trabajan en ese proyecto de traer heridos de África?

Por supuesto.

Nos tratamos con la cordialidad de dos colaboradores.

En fin, no vaya a llegar tarde por nuestra culpa.

El coche nos espera.

Ah, no era mi intención. Disculpe.

Con Dios. Con Dios.

La felicito.

Ha sabido guardar la compostura en todo momento.

Y no ha sido nada fácil.

Me duele en el alma pensar que ese ágape va a empezará.

Descuide.

Ya le dije que no tenía nada que temer.

Muy pronto acabará todo.

Espero que no se equivoque.

Marcia está tardando demasiado con los pendientes.

-Pa' chasco que sí.

Lo mismo se ha mirado al espejo y se ha arrepentido.

O le ha dado un patatús ante la impresión.

-Marcia, ¿sales ya?

Mira que va a empezar el ágape sin ti.

-"Agora mesmo".

-Vamos a ver qué pasa, señora Agustina.

Marcia, mujer.

Anda, quita ese semblante.

Estás bellísima. Te veo por la calle y no te reconozco.

Tienes que darte prisa.

-Estás preciosa.

Se van a quedar todos boquiabiertos al verte aparecer.

-Agustina.

Yo te agradezco todo lo que has hecho por mí.

-Descuida.

Me lo pagas con la felicidad que le das a don Felipe.

-Tú relájate.

Y disfruta del festejo.

-Eso va a ser más complicado.

-Voy bajando a recibir a los invitados.

-Ya has visto qué contenta está la señora Agustina.

Marcia, ¿qué te sucede?

Estás sudando como un pollo, mujer.

Don Ramón.

¿Qué está haciendo aquí en medio? -Liberto.

Mire, esperando a mi hijo y a Lolita para ir al ágape de don Felipe.

-¿Y su señora, no va a acudir a la fiesta?

-Sí, por supuesto que va a venir.

Está terminando de arreglarse, la espero de un momento a otro.

-Rosina también es muy lenta eligiendo vestuario.

-Supongo que a nuestras esposas les gusta hacernos esperar.

-¿Y la pequeña Milagros cómo está?

-Esta tarde se fue a París, fuimos a despedirla al tren.

-Liberto.

Lolita está terminando de hacer la caja,

así que habrá que esperar.

-¿Ve lo que le decía antes?

-Si me permiten,

voy a aprovechar que estamos solos para informarles de algo.

-Por su semblante, parece cuita de enjundia.

-Por desgracia, así es, Antoñito, y muy triste.

Me he enterado de que Teresa, la esposa de Mauro,

falleció hace unos meses.

-No puede ser verdad, tan joven.

-Pobre.

¿Qué le pasó?

-Felipe no me dio más detalles.

Pero creí que deberían saberlo para que tuvieran tacto con Mauro.

-Desde luego, estará destrozado.

-Sí que es una noticia terrible, sí.

Teresa era una gran mujer.

Trini y yo la teníamos en muy alta estima.

Dios la tenga en su gloria.

-Lolita también la tenía mucho cariño, pobrecita.

Lo que le faltaba.

Con el embarazo está con las emociones a flor de piel.

Y hace que yo esté de los nervios. -No te apures.

Recuerda que cuando Trini se quedó en estado,

también se comportaba de una forma un tanto peculiar.

-Nunca he sido padre, pero según dicen,

cuando las mujeres se quedan en estado,

se ponen puntillosas y muy susceptibles.

-Eso es.

-¿Eso es qué?

-Pues que Carmen y yo vamos a ser padres.

-Pero ¿qué está diciendo?

-¿Qué dice? ¿Y desde cuándo lo sabe?

-Desde hace poco más de 10 segundos.

Cuando Trini se quedó embarazada, no me di cuenta,

pero esta vez no va a pasar, en absoluto.

¿Tú no te das cuenta de que Carmen últimamente está

comportándose de una forma extraña?

-Sí, puede ser.

-El otro día, se puso a llorar de repente, sin motivo aparente.

-De eso fui testigo, sí.

-Y como dice Liberto,

está puntillosa, irascible,

con las emociones descontroladas. Es que...

es que está embarazada, no me cabe ninguna duda.

Hijo, ¿no te das cuenta?

Que vamos a ser padres casi a la vez.

Liberto.

Ay.

A mis años, padre.

Dime, mujer, ¿qué te sucede? Que me tienes preocupada.

¡Marcia!

Marcia, ¿me estás escuchando?

-No pasa nada.

No te preocupes.

-Ya es tarde, ya me tienes preocupada.

Mujer, ¿qué te sucede?

¿Es por la fiesta o es que hay algo más?

Marcia.

Mujer.

Haz un poder, ¿eh?

Lo pasado, pasado está.

Tienes que disfrutar esta oportunidad que te brinda la vida.

Mira, el amor es lo más importante que hay en el mundo,

lo más bonito, te lo cura todo.

Yo ya lo viví una vez

con mi Martincico, que en paz descanse.

Y ahora, te toca a ti vivirlo.

No dejes que nada estropee esa oportunidad.

Yo me voy a bajar a casa de don Felipe.

Y quiero ver como entras

como si fueras una reina.

-Gracias, Casilda.

-Menudo abrazo más sentío, Marcia.

Venga.

Separémonos, no vaya a ser que te arrugue el vestido.

Agustina.

Sirva más canapés en esa mesa. -Sí, señor.

-Amigos. -Felipe.

-Gracias por venir.

¿Y sus señoras, no les acompañan?

-Discúlpelas, Felipe, estarán al llegar.

-Bueno, no sabría yo qué decirle, estaban terminando de arreglarse.

-Por eso hemos preferido aguardarlas aquí.

-En su caso, no tendrá que esperar tanto.

Rosina ya ha llegado, está junto a su tía.

-Ya veo cómo me ha esperado ella a mí.

Disculpen.

Pensé que ibas a tardar más.

-Pues llevamos aquí un buen rato. Prueba un canapé, están exquisitos.

-Deja alguno para cuando venga la invitada de honor.

-No le haga caso a su amiga, si hay de sobra.

-Vaya dos que os habéis juntado.

Vais a acabar con las viandas antes de que cante un gallo.

-A todo esto, ¿dónde está Marcia? -Aún no ha bajado.

-Parece que le gusta hacernos esperar.

-Ha debido aprender de las artistas.

Es importante crear expectación.

-Más importante es tener puntualidad.

-¿Otro canapé, señores?

-Agustina, no me los tientes.

Enhorabuena, Felipe, sé que hoy es un día muy feliz para usted.

-Por fin voy a formalizar mi relación con Marcia.

No veía llegar el momento.

Usted también parece sonriente, ¿ha ocurrido algo?

-Yo diría que sí. -Aguarda, Antoñito.

Ya se lo explicaré en su debido momento.

Hoy, los protagonistas son don Felipe y Marcia.

¿Y Mauro? Me gustaría saludarle.

-No va a poder venir. No quería estar en la fiesta.

-Lo comprendo, he sabido lo sucedido a Teresa.

Imagino que no tendrá ánimo para festejos.

-Otra fiesta con criadas invitadas.

-Se está convirtiendo en una mala costumbre.

-Casilda, gracias por venir.

-Muchas gracias a usted por invitarme.

La señá Fabiana no tardará en venir,

le ha surgido un asunto en la pensión.

-Han llegado justo a tiempo, Marcia debe estar al llegar.

-Sí, la he dejado en el altillo.

Ya verá usted lo guapa que va a venir.

Le va a dar un pasmo.

-Por favor.

-Ay, gracias.

(Música tétrica)

¡Emilio, hijo!

¿Qué haces aquí?

El tren a la costa está a punto de salir.

-Lo sé, iba a la estación cuando di la vuelta.

-¿Por qué lo has hecho? No puede verte nadie.

-Antes quería aclarar algo que, por más vueltas que le doy,

no logro comprender.

¿Por qué quiere pagarle a Ledesma por su silencio?

-Ya te lo he dicho, para protegerte.

-Pero no tiene ningún sentido.

Si fuese tan sencillo, ¿por qué me marcho?

-Creí que el asunto estaba zanjado. -Pues ya ve que no.

Y no me ha contestado.

-Está bien.

Me puse en contacto con él

para asegurarme que allá donde vayas no te ocurrirá nada.

Ese es el único motivo.

Ahora, por favor, vete inmediatamente o perderás el tren.

¿Me has oído?

-Está bien, madre.

Me marcharé.

-Venga, vete.

-¿Qué hace aquí?

(Portazo)

¿Hay alguien ahí?

(Música suspense)

No.

Llevamos casi ya media hora esperando

y la homenajeada sin dar señales de vida.

El ser humano a veces se comporta de una forma incomprensible.

Como por ejemplo que Carmen esté ocultando su embarazo.

-Yo no creo que Carmen me esté ocultando nada.

Simplemente estará esperando el momento oportuno para decírmelo.

Y quizá pretenda darme una sorpresa, hijo.

¿Has quedado con Arancha para hacer ejercicios?

-Es más fuerte que una mula. -Dile que no quieres seguir.

-No me atrevo.

-Dile que tienes una dolencia que...

por la cual no puedes hacer eso.

No sé, que se te ha torcido un tobillo.

-¿Mentir?

Pero... pero eso es ruin.

¿Qué ocurre que no llega la invitada?

-Lo cierto es que...

debería estar aquí hace rato. Casilda y Agustina la dejaron lista.

Quería quedarse a solas para tranquilizarse.

Pero... estos minutos empiezan a ser ya muy largos.

Dos horas de ejercicio con el hacha al aire libre

y le dejan ya despejado para todo el día.

Mañana le paso a buscar a las seis. -A las seis.

-Eso. "Agur".

-Ay, ay, ay, ay. Uh, uh.

Creía que me había curado, pero no.

-Pero ¿qué le pasa?

-Una torcedura del tobillo, dolorosísima.

Tenemos algo que decirles.

Tenemos que hacer el ritual de Cabrahígo

de limpieza de la casa.

-¿El qué?

-Es una purificación que se hace con ramitos de romero y de tomillo

en las casas de las mujeres embarazadas.

Y deben realizarlo los padres de la criatura.

-Y al parecer, el rito lo tienen que hacer...

los matrimonios que viven bajo el mismo techo.

¿Sabes qué pasa con Marcia?

-Estaba preparada para bajar.

-Sube y dile que no se puede retrasar más.

-Sí, voy volando.

-A ver si Dios me da fuerzas para tener más paciencia con Lolita.

-¿Siguen las diferencias? -Y crecen.

No sé qué le ha pasado a esa muchacha.

Con lo buenas amigas que hemos sido siempre.

-Tal vez sea el embarazo. -Eso pensaba yo.

Pero me lo está poniendo muy difícil.

-¿Qué dice don Ramón?

-Mi marido y Antoñito no se dan cuenta de los roces.

Es más,

piensan que no las hay más íntimas que nosotras dos.

¿Qué hace usted aquí?

-¿No te dijo tu madre que volvía?

-¿Puede explicarme esto?

-Márchate, hijo.

Todavía estás a tiempo.

-No pienso marcharme hasta que me explique qué ocurre.

¿Viene usted a la iglesia? -No.

Voy a ver cómo sigue Jacinto de la torcedura de tobillo.

-¿Se ha torcido el tobillo?

Pues yo le he visto andar tan ricamente.

-Ah, ¿sí?

Pero de lo que estoy segura es

de que, a veces, las cosas no son lo que parecen.

-¿En qué otra cosa estás pensando?

-En Lolita.

¿Qué es esto?

¿A santo de qué dice Osvaldo

que está todo preparado para la llegada de Emilio?

-Mi reina,

todo tiene una explicación.

-Ah, ¿sí? -Sí.

-Ah. Pues ya me la estáis dando.

Porque no soporto ser el último mono en esta casa

en enterarme de todo.

-Emilio, hijo, coge ese tren.

En Argentina comenzarás una nueva vida.

Sin pasado.

En libertad.

Estoy convencida de que te abrirás camino.

-Ya ve que mi madre no va a hablar, hágalo usted.

-Tu madre y yo vamos a casarnos.

¿No te hace feliz?

Don Felipe.

No está. -¿Qué?

-Que Marcia no está en el altillo, ha desaparecido.

-No, no puede ser.

-He mirado en todas partes y, se lo juro, no está.

-Está bien. Vamos a ver, vamos.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 1080

Acacias 38 - Capítulo 1080

21 ago 2019

Carmen no se atreve a revelar a Ramón que Lolita está insoportable, pero se emociona y su marido deduce que está embarazada. Lolita compite con Carmen por el cariño de Milagros el de vuelta a Francia.
Emilio ultima los preparativos para su marcha a Buenos Aires y se despide de Cinta. El joven descubre la llamada que su madre hizo a Ledesma ¿Para qué? La respuesta le llega pronto al muchacho cuando el jornalero aparece de nuevo justo de la partida de Emilio.
Felipe recibe a sus vecinos en el ágape mientras Úrsula y Genoveva salen del barrio. Marcia baja a la celebración, pero antes de llegar a casa de Felipe se va la luz ¿Qué ha pasado?

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 1080" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 1080"
Programas completos (1100)
Clips

Los últimos 3.648 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Marilu

    Lo de los nueve guionistas se puede ver en la ficha técnica de " la serie " y poco importa si ese número disminuyó y no lo hacen constar; nueve, cinco o dos, se supone que son PROFESIONALES y si la extensión de la serie los excede y ya no saben que inventar y/o repiten incansablemente el argumento, por el bien de la propia serie y porque no, respeto hacia los seguidores, sería bueno que le den un digno final y a otra cosa .-

    22 ago 2019
  2. Santi

    Para quien pueda interesar y profundizar más en los origenes de Acacias 38:---------En 2016 se publicaba un libro escrito por Ana B. Nieto, titulado Manuela.................................os copio y pego la promo ¿Cuáles son los orígenes de Manuela? ¿Por qué se casó con Justo, un hombre despótico y maltratador? Lo nunca visto antes en la exitosa serie de TVE por fin en la primera novela basada en Acacias 38. La emotiva historia de cómo Carmen, la humilde hija de un campesino, se convirtió en Manuela. Antes de ser Manuela y viajar a la gran ciudad, Carmen se cría en un pueblo de la Alcarria, en una humilde familia de jornaleros, los Blasco. Junto con sus padres y su hermano Pablo, crece como una niña fuerte, con carácter, pero sujeta a las penurias de su clase social. Cuando una forastera llega al pueblo, Carmen entabla una estrecha amistad con el hijo de esta, Miguel, un muchacho alegre y despierto que, sin embargo, tiene que enfrentarse al estigma de ser un bastardo sin padre. Esta relación no pasa desapercibida para Justo, el vástago del terrateniente más importante de la zona, celoso y dictatorial. Justo aprovechará su posición de poder para inmiscuirse en la relación entre Carmen y Miguel y marcar su futuro para siempre. El destino, la tragedia, la redención, la familia y el amor son los temas de Manuela, una emocionante precuela a la serie de televisión que atrapará a los fans y que sirve también como perfecta introducción al mundo de Acacias 38.

    22 ago 2019
  3. Lili

    Deseo que nazca el hijo de Lolita, o es que ocurrirá algo trágico. Una alegría por favor.

    22 ago 2019
  4. Aleja

    A Carmen le aconsejaría que viaje a Paris con Ramón a visitar a Maria Luisa, o a Las Vascongadas a visitar a su propio hijo. Y a la vuelta se mude a su propia casa "cantandole las cuarentas" a Lolita. Así la ahora maleducada, hace y deshace sin maltratarla y se dá cuenta de lo pesada que se volvió

    22 ago 2019
  5. Santi

    Hola, ya sé qué el que comentó el otro día lo de los 9 guionistas fuí yo...pero supongo qué esos 9 habran guionizado parte de las 6 temporadas que llevamos en Acacias y que la mayoría ya no estará, supongo que en esta temporada (6ª) habrá un guionista o a lo sumo dos.. de ahí que a veces haya incongruencias, es de esperar que los guionistas que van entrando nuevos conoceran la trama a grandes rasgos y podrán consultar detalles, pero logicamente alguno se les escape.... supongo que de el hecho de cambiar tanto de guionista da lugar a reiteraciones de historias.... por otro lado el hecho de alargar tanto las historias se debe a que es una serie diria y que puedeoscilar de entre 118 capitulos que tuvo la última temporada (5ª) a 361 que tuvo la 2ª....si alargando andan altos de ideas imaginad que las historias fuesen breves... no sabrían ya ni que hacer. Respecto a Mauro, el otro día alguien le quería emparejar con Casilda.... yo estoy seguro que acaba con Camino... apuestas? XDD

    22 ago 2019
  6. Inma Romero

    Estoy de acuerdo con vosotros, y que me decís del sereno? O es policía de barrio? O está en el altillo o con Servando, y que edad le ponemos a los protagonistas? Si Milagritos tiene diez a¿os ya, yo quiero te o café de ese que beben, los conservan que no veas

    22 ago 2019
  7. Aleja

    Tengo una teoría....Mauro y Marcia se han cruzado antes....quizás ella estaba con los forajidos que robaron en la casa de Mauro y Teresa....o la ayudo de alguna manera en aquel pueblo frances al tratar de escapar de su antiguo patrón....

    22 ago 2019
  8. Mark Munoz

    Realmente Mauro tiene cosas pendientes en Acacias que no quedo completada,atrapar a Úrsula de una vez,que siempre fue realmente la verdadera culpada de todos los crimenes en Acacias,hasta de German y Manuela,Mauro llego con el intuito de atrapar a Cayetana pero los guionistas hicieron que Úrsula se escapara,si hay alguien que realmente merece atrapar a Úrsula es el personaje de Mauro de los que estan vivos y tuvieron rivalidades con Úrsula,quisas esta sea la ultima vez de Mauro en las calles Acacias y veremos un ultimo embate entre ellos.

    22 ago 2019
  9. Ester

    Hace tiempo comenté criticando la reiteración de temas, situacionres y ande mais; pensar que son NUEVE los guionistas y a ninguno se le cae una idea NOVEDOSA? y deben rellenar con tonterías como la de Arantcha y Jacinto o los caprichos de Lolita y otros que,un poco son divertidos pero cuando duran una eternidad, cansan.- Así como comenta Alicia, también me resulta intrigante la actitud de Mauro hacia Marcia, es como si dudara de ella por algo y ella también parece alterada por la aparición de Mauro.- Será que el, con su " olfato " de policía intuye algo que puede perjudicar a su amigo ?,. Y Carmen, a su edad y a una semana de casada YA tendría síntomas de embarazo ? ( según su esposo, por supuesto ); recuerdo muy bien la vida imposible con sus exageraiones que le hacía Ramón a Trini cuando estaba embarazada; así como las absurdas costumbres del pueblo que ahora se repiten con Lolita

    22 ago 2019
  10. Alicia

    Coincido con Josep, lo de Lolita Carmen, aburre, cuando las situaciones se extienden se ponen pesadas y creo que pierden interés, para colmo Lolita vuelve con las costumbres de "su Cabrahigo " y la verdad que cansa.... Lo mismo pasa con Marcelina, Jacinto y Arantxa, ese paso de comedia con el asunto de la gimnasia se hace largo y el tema no da para más .

    21 ago 2019