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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1079 - ver ahora
Transcripción completa

Liberto me ha contado tu proyecto. Ajá.

Creo que mi colaboración sería de gran ayuda.

Tu patriotismo te honra.

Me congratulo por tu disposición de ánimo.

¿Contarás conmigo?

Sí.

-¡Ay, es que parece que a la Carmen se le ha olvidado

lo que es arreglar una casa!

¡Que no sabe qué cruz llevo!

-¡Perdona, pero te estás disparatando

por algún encontronazo que hayáis tenido!

Todo está previsto y bien previsto.

Y el temple no lo perderé. Hay demasiado en juego.

Recuperaré a Felipe

y no cejaré hasta convertirlo en mi esposo.

-¿Qué puñetas puedo hacer yo por Emilio?

Solo que le dé algunos contactos y direcciones

para que le faciliten sus comienzos en Argentina.

-Cinta se viene conmigo.

-Que Cinta esté a tu lado... no arregla el problema, Emilio.

¡No tendréis de qué vivir allí!

-Hablamos con su padre.

Nos dará cartas de presentación para amigos suyos.

-"Yo sé que le quiere".

Y que él la quiere a usted.

¡Que todo lo que ha pasado ha sido por amor!

¡Todo se arreglará!

(LLORA)

-"¡Ya basta!".

¡Ya basta! ¡Quien te entienda, que te compre!

¡De modo que tú no planchas las sábanas,

pero se te llevan los demonios

por una cristalería que apenas se usa!

¿Sabes cómo se llama eso?

¡Delirio!

-Buenas tardes, señorita.

Eh... ¿Podría buscarme...

el número de un abonado de Santander?

¿El apellido?

Sí. Ledesma.

¿Qué hace este hombre aquí?

¡Mauro!

(EMOCIONADO) ¡Mauro!

¡Qué gusto verle!

-Felipe...

Espero que esté bien.

(RAMÓN) Mauro...

Sea usted bienvenido.

Me alegra verle

tras tantos años.

-Alguno más de 10.

-¡Bienvenido, don Mauro!

¿Qué le trae aquí?

-Digamos que tengo...

asuntos pendientes. -Bueno...

Es de suponer, pero quizá por gusto...

¿O tiene que ver con su trabajo?

-Nunca se sabe. -¿Se quedará mucho tiempo?

¡Don Mauro!

-No... Lo necesario solamente.

-¿Por cuánto será? ¡No nos da muchas pistas!

-Bueno, vale de preguntas. Están atosigando a nuestro amigo.

-Lo cierto es que estoy muy cansado.

Y muerto de hambre.

Ha sido un viaje muy largo.

¿Qué habrá venido a hacer aquí?

Me van a perdonar, pero...

me gustaría reposar un poco.

-Vamos para casa. Un café le repondrá.

-Se lo agradezco.

-¿Y su esposa?

¿Viene con usted?

-Ya le han escuchado.

No le hagan más preguntas.

Necesita un poco de sosiego.

Vamos para casa.

Si no, le atosigarán.

Vamos. -Yo los acompañaré.

-¿Habéis visto qué cara ha puesto al preguntarle por Teresa?

-Peor que si le dice

que deben sacarle una muela.

Yo diría...

que ha estado a punto de romper a llorar.

-Algo le habrá ocurrido con ella.

-Y, a juzgar por su reacción, nada bueno.

(RESOPLA) -¿Quién era ese hombre?

-Un antiguo conocido.

-Ah... Pues no sé cómo sería antes,

pero no se le ve muy buen aspecto.

-Eso mismo estábamos comentando. Se diría

que le ha pasado un carro por encima, ¿no creen?

Perdonen, pero tengo obligaciones que atender.

Con permiso.

A Úrsula no parece haberle hecho mucha gracia la visita.

(Sintonía: música orquestal)

(Sintonía: música orquestal)

(Sintonía: música orquestal)

(Sintonía: música orquestal)

De acuerdo, gracias.

Apunto el número del señor Ledesma.

Hasta luego.

¡Hija!

¡Qué susto me has dado!

-¿Qué estaba haciendo?

-Estaba buscando el teléfono de un proveedor.

-¡No me mienta!

¡He escuchado perfectamente que buscaba a Ledesma!

¿Qué quiere de él?

-Solo hablar con él.

Me preocupa qué puede llegar a hacer.

Me aterra no tener noticias de ese malnacido.

(SUSPIRA)

-Trate de sosegarse, madre.

Quizá no haga nada.

Él sabe que nos tiene en sus manos.

-No va a tolerar lo que pasó con tu hermano.

No creo que se quede de brazos cruzados.

Si le cuenta a Valdeza... que Emilio mató

a su hijo, este es capaz de buscarle hasta en el fin del mundo.

¡No sabes de qué es capaz ese malnacido!

Por eso debo actuar.

¡No puedo permitir...

que ponga en peligro la vida de tu hermano!

Ni puedo permitir que se lo cuente

ni a Valdeza ni a la policía.

-Pero... ¿qué piensa hacer para impedirlo?

-Estoy dispuesta a ofrecerle un trato.

-¿Qué trato le puede interesar más que casar a su hija

con Emilio?

-No te puedo dar más explicaciones.

Es un asunto que solo me compete a mí.

-Me preocupa que haga una locura.

-Camino...

Soy tu madre, confía en mí.

Solo quiero protegeros.

Eso sí,

solo te pido que no se lo cuentes a tu hermano.

-Pero, madre, Emilio debería saberlo. Debería estar al tanto.

-¡Por favor, prométemelo!

-Está bien.

Se lo prometo.

-Y ahora haz el encargo que te pedí.

-Voy.

-Por favor, señorita.

¿Me puede poner...

con el abonado 7845 de Santander?

¿Ledesma?

Ledesma... Sí, soy Felicia.

Escúcheme.

Voy a ofrecerle un trato que no va a poder rechazar.

¡No, de verdad! ¡Escúcheme, por favor!

Gracias por permitirme asearme. -(RESOPLA)

-Vengo rendido del viaje.

-Por favor.

Siéntese.

Un café le repondrá.

(SUSPIRA)

Me alegra mucho verle.

Han pasado más de 10 años sin saber nada de usted.

-También me alegra verle.

-¿Qué le ocurre?

-Es el cansancio.

En cuanto coja fuerzas, me sentiré mejor. (RESOPLA)

Lamento presentarme así, tan...

Tan reservado... (SUSPIRA)

-No se preocupe.

No es momento de interrogatorios.

Ya me contará lo que crea conveniente tras reponer fuerzas.

-Es usted muy amable conmigo. -Esta es su casa.

Y no lo digo por decir.

Lo digo de corazón.

-Pues no quisiera parecer un aprovechado, pero...

acabo de llegar y no tengo donde hospedarme.

¿Podría quedarme un tiempo?

-Puede quedarse cuanto necesite.

-Espero que Celia lo apruebe.

-Lamento decirlo, pero...

Celia murió hace años.

-¡Amigo, no tenía la menor idea!

Lo lamento mucho, era una gran mujer.

(Puerta)

-Y tanto.

(Puerta abriéndose)

No me hago a la idea

de que nunca volverá a estar entre nosotros.

-Sé muy bien a lo que se refiere.

Le entiendo muy bien.

-Disculpe. (FELIPE RÍE)

-No quería molestar.

Agustina me ha abierto.

-Marcia, por favor, pasa.

Jamás nos molestarías.

Esta joven tan dulce y tan guapa... es Marcia.

Ella me ha enamorado...

y devuelto las ganas de vivir.

-Es un placer conocerla.

-Igualmente.

-Es un gran amigo.

De los viejos tiempos.

En fin...

Le diré a Agustina que traiga más café.

Con permiso.

¿Y es cierto que ha regresado don Mauro

con cara de haber pasado las de Caín por esos mundos de Dios?

-Yo no lo he visto, pero Rosina dice que está muy cambiado.

-Desde luego, su cara reflejaba una profunda infelicidad.

-No sé, ¿qué le habrá pasado durante todos estos años?

-Al parecer, más cosas malas que buenas.

-Su reacción ha sido de lo más rara cuando le han preguntado

por Teresa. -¿Y qué habrá pasado?

¡Porque qué lástima...! ¡Con lo...! ¡Vamos!

¡Doña Teresa era majísima!

-Yo no sé si le ha sucedido algo o son meras conjeturas.

-Ya. -Con lo poco que habló don Mauro,

nos hemos quedado todos in albis.

Y yo también ando muy escamada, ¿eh?

¡Con todo lo que se querían, es muy raro que no vuelva con ella!

-A ver, quizá se ha quedado allá donde residían.

Si mal no recuerdo, se marcharon a Francia, ¿no?

Un viaje muy largo para venir de visita.

Además, creo recordar que, al marcharse,

ella estaba en estado interesante. Si bien es cierto

que no hemos sabido nada de ellos desde entonces.

-Buenas noches. (TODOS) ¡Buenas noches!

-Don Jose, siéntese con nosotros, haga el favor.

-No, que estoy pensando

que quizá don Mauro... le ha sido infiel y ella le ha puesto

de patitas en la calle. Así se explicaría

por qué tiene esa cara y ha venido él solo

de viaje. (RAMÓN RÍE)

¡Menudas novelas te inventas,

Servando! Quizá la única explicación

que hay para su aspecto

es el cansancio que hay después de un viaje.

-A veces lo más sencillo es lo más acertado.

-Hablan del antiguo policía que ha vuelto al barrio, ¿no?

(TODOS) Sí. -Me ha puesto al corriente mi esposa.

-Es muy querido por todos.

Pero ha regresado muy cambiado.

-¡El tiempo! ¡El tiempo nos vapulea a todos!

Quizá lo que creen un mal semblante

solo sean los estragos que va haciendo la edad

en todos nosotros. -Sí...

Si bien nosotros a nosotros mismos nos vemos

siempre igual de jóvenes,

la realidad es que cada día que pasa perdemos más facultades.

-¡Ay! -Servando,

¿no me traería un cafelito?

-¡Claro que sí, don José! ¡Ahora mismo!

-Don Ramón, me gustaría preguntarle por la marcha de lo de los seguros.

¿Cree que cobraremos más dividendos pronto?

-Espero que sí.

Lo cierto es

que solo hemos recibido una pequeña suma y el resto

se está retrasando un poco. -Esos asuntos

nunca van lo rápido que nos gustaría. -Bueno...

Por suerte, desde que doña Genoveva nos devolvió el dinero,

ya no es tan acuciante cobrar.

-Perdónenme que los interrumpa,

pero ¿podrían decirme cómo va

la repatriación de los heridos de Marruecos?

-En marcha.

Aunque no es fácil.

Primero hay que fletar el barco y luego conseguir

muchos permisos. -Siendo para tan noble causa,

no creo que tengan impedimentos.

-Mañana trataremos con Genoveva de eso.

-Pues insistan, insistan,

que... esos muchachos tienen que volver a casa.

A todas las señoras les ha impresionado su vuelta.

-No es de extrañar.

Mauro... ha sido muy importante en esta ciudad.

(SUSPIRA) -Me dijeron que era usted policía.

-Ajá. Y de los mejores.

Encarceló a muchos delincuentes.

Era el terror de los bajos fondos.

Ningún malhechor se le escapaba.

¿Qué le ocurre?

Parece haberle sorprendido conocer a Marcia.

-Sí, lo reconozco.

No esperaba encontrarle enamorado...

de una joven brasileña.

-(RÍE)

¿Qué quiere que le diga?

La vida es así.

Yo tampoco me lo esperaba hace unos años.

Pero pronto verá que Marcia es buena y generosa.

Y le conquistará.

Como ha hecho conmigo.

-Seguro que sí.

Con su permiso, voy a deshacer mi equipaje.

-Por favor, está usted en su casa.

Algo le ocurre.

Me cuesta reconocer a mi amigo.

-Han pasado muchos años, Felipe.

-No. No es eso.

Ha vuelto distinto.

Algo malo le ha pasado, seguro.

-Es "certo", se le ve como...

triste.

-Temo que tenga que ver con Teresa.

No ha hablado de ella. -¿Y quién es Teresa?

-Su esposa.

Muy amiga de Celia.

Algo le ocurre.

Espero que Teresa no le haya abandonado.

(ANTOÑITO SUSPIRA)

¡Ah, buenos días!

(RAMÓN Y CARMEN) Buenos días.

-Pensaba en lo revolucionado que está todo el mundo

con la vuelta de Mauro.

-¡No es para menos!

Ha sido una gran sorpresa volverle a ver tras tantos años.

-Según he oído, dicen que el policía está muy cambiado.

-Sí, los años le han hecho pagar una muy alta factura.

-Oye...

¿Y Milagros y Lolita no desayunan con nosotros?

-Siguen durmiendo. Lolita, para variar, se ha pasado la noche

limpiando.

-(RESOPLA)

¡Si supieras qué coraje me da que tu esposa haga eso...!

¡Es que no entiendo tanto empeño en trabajar sin contar con mi ayuda!

-Carmen, no le busques pero al huevo. -(SUSPIRA)

-Actuará así para no importunarte endosándote tareas.

-Al final, ella se preocupa por ti igual que tú te preocupas por ella.

-Eso es. Los dos estamos muy satisfechos

de ver lo bien que os lleváis,

así que no le des importancia a un asunto que no la tiene.

-Será como vosotros decís.

Solo que me haría sentir mejor si me dejase colaborar

con las tareas de la casa.

-¿Por qué no abres tú hoy la mantequería?

Así ella puede dormir un rato más.

-Hombre, pues yo... no tengo inconveniente, pero...

-Pero ¡nada!

¡Si es mejor para todos!

¡Y yo me voy con la pequeñaja y con Lolita de paseo!

Milagros se va mañana a París y querría pasar un rato con ella.

-Pues no se hable más: Carmen será mantequera por un día.

-(SUSPIRA)

-Sí, lo único que espero es...

que a Lolita no le importe que yo me ocupe de su negocio.

Aunque sea por unas horas. -¡Qué va!

Le encantará tener la mañana libre.

-¡Vaya!

Vamos a tener que dejarte desayunar sola, porque, antes del paseo,

tenemos que reunirnos con los de los seguros La Tizona.

-Los negocios son lo primero.

-Sí. Ya verás como es muy fácil de llevar,

pero estate pendiente

e intenta vender a todos judías: se están poniendo malas.

-(SUSPIRA) Sabéis que yo sería capaz

de venderle un libro a un ciego,

pero me quedaría más tranquila

si le contáis a Lolita que voy a ir a la mantequería.

-¡Descuida, que eso no tiene ninguna importancia!

Somos familia, ¿no? Pues esas cosas ni se cuentan.

Se hacen y punto redondo.

-Perdón...

Las llaves.

Ya verás como es muy fácil de llevar. Las judías...

-(SUSPIRA)

¡Qué maravilla! Cortar bien

el jamón tiene más arte que tocar el violín en una orquesta.

Un mal corte y se arruina la pieza entera.

No se lo discuto, padre. -Ajá...

Bueno, dígame, ¿cómo va el asunto del viaje de Emilio?

Toma, prueba este poquito.

¡El Paganini del pata negra me tenían que llamar a mí!

(RÍE) ¡Mmmm!

Muy rico, pero el mérito es del cerdo, no suyo.

Ajá... ¡Bueno...! ¿Cómo ha ido?

¿Eh?

¡Bien!

¡Muy bien!

Esperé a que se durmiera tu madre para hablar

con Osvaldo, pero todo ha ido como la seda.

Ya le ha conseguido

trabajo a Emilio. No será

en la pampa acarreando ganado, ¿no? Es que...

Emilio no está acostumbrado

a esos trabajos.

¡Vaya por Dios!

Es delicadito el picaflor, ¿no?

¡Anda, que...!

¡No te preocupes!

¡Le ha buscado un puesto de camarero en Buenos Aires!

Según baje del barco,

ya podrá trabajar.

¡Padre, muchísimas gracias por este favor tan grande!

Le honra ayudar a Emilio.

¡No me queda otra!

Pero no me gusta actuar a espaldas de tu madre.

(SUSPIRA) Lo sé.

Pero no hay más opción.

Ya lo sé, pero, si se entera, pondrá el grito en el cielo.

Si le conociera mejor, Emilio le caería fetén, seguro.

Yo tengo mis dudas.

Tu madre es muy terca.

Sí, pero Emilio es una persona maravillosa

y no se merece lo que le pasa.

Quieres mucho a ese muchacho.

¿Tanto como para mentir a tu madre?

No sabe cuánto me duele no poder decirle la verdad.

¡Ay!

¿Y este arranque de cariño a qué se debe?

-¡Huy! ¿Qué pasa aquí? ¿Por qué estáis tan tiernos?

Nada, solo le daba los buenos días a mi padre.

Ah, pues me parece muy bien.

Tu deber como hija es mimar y respetar a tus padres,

que eso lo pone

hasta en las mismísimas tablas de Moisés.

¿Sabe ya quién es el hombre tan raro que ha aparecido en el barrio?

Ah, pues escucha, por lo que me han contado,

es un policía que vivió aquí hace algún tiempo

y al que todos tienen en mucha estima.

Pero parece que ha vuelto siendo otro.

Hombre, lo raro hubiera sido

que siguiera siendo el mismo. La gente cambia

con los años.

Esa mujer...

te va a matar. ¡Los de esa tierra son más recios que nosotros!

¡Tendrás las piernas molidas!

-(GRITA)

¡No diga simplezas! ¡Mi marido está

fuerte como un roble! -Eh...

-¡Y ninguna mujer, sea de donde sea, le va a hacer sombra!

¿A que sí, Jacinto?

-¡Pues claro que sí!

¡Sí, qué te iba a decir...! ¡Si esa Arantxa no es rival para mí!

Vamos... -Cada día está más fuerte y vigoroso.

¡Tóquele, tóquele!

¡Está duro como el acero de los barcos!

(JACINTO RÍE) -Caminando,

tendrá fornidas las piernas,

no los brazos. -¡Pamplinas!

Está fuerte todo por igual.

(JACINTO RÍE) -Quítale la escoba y se cae.

-Eh... (MARCELINA) ¡Huy!

¿No estará usted celoso de lo fuerte que se está poniendo?

-En fin, ¿sigue el antiguo comisario en la casa?

-Sí, creo que en casa de don Felipe,

no le he visto salir a la calle. -Ya.

-¡Aúpa! (JACINTO RÍE)

-Hola. -¿Qué tal?

-¡Estoy encantada con esto de los paseos de la mañana!

Jacinto, mañana tenemos que madrugar un poquito

y hacer el doble porque hoy a poco me ha sabido.

(JACINTO) ¡Oh! -Diga que sí. Está encantado.

-¿Sí? -¡Pues claro! Que... (BALBUCEA)

(RÍE) ¡Es que mañana... tengo que pulir la escalera!

¡Ah! -¡Ay!

¡Coraje me da perder el ejercicio!

-¡Y a mí, y a mí!

¡Y a mí y a mí! Pero... ante todo están

las responsabilidades de cada uno.

-No te pongas triste, ya irás otro día.

-Cuando se pueda, ¿eh? ¡Cuando se pueda!

Pasado mañana o dentro de 15 días...

-¡No...! ¡Se me está ocurriendo...

que, para no perder la costumbre,

podíamos ir esta tarde al parque,

mientras los señores duermen la siesta!

-¡Ah, esta tarde! ¡Pues qué bien!

¿Y qué ejercicio hacemos?

-Eh... Pues, a ver...

Levantar piedras. Podríamos llevar unos cestos,

llenarlos de cantos

y a levantar 50 o 60 veces cada uno, ¿no?

-Sí. -¡Pues claro!

(RÍE) -¡Ay, qué alegría! ¡Pues, venga,

hala, hasta luego! -¡Hala!

-¡Qué buena idea

ha tenido Arantxa! ¿Estás contento, mi amor?

-¡Como unas castañuelas!

-Esta tarde cierro el quiosco

y voy a verte, que ya sabes lo cariñosa que me pongo

cuando te veo hacer ejercicio. -Sí...

-¡Me entran ganas...! -¡De nada!

¡De nada, ganas de nada!

¡Que me tengo que reservar para la gimnasia!

(RÍE) -¡Lo que tú digas, mi Apolo!

Pero ¡ya sabes

cuánto me cuesta contenerme! -Sí, sí.

-¡Huy!

Adiós, Cesáreo.

-Con Dios.

(MARCELINA SUSPIRA)

(SUSPIRA)

¡Cuántos recuerdos vienen a mí en estas estancias!

(SUSPIRA)

-A usted y a su esposa, si...

Si ella estuviera con nosotros.

(MAURO SUSPIRA)

Ha llegado la hora de hablarle de Teresa.

Lolita, quería una loncha de tocino entreverado

para mi Jacinto.

-Eso está hecho.

-¡Cáspita! ¿Qué hace usted aquí de dependienta?

-Pues nada, que Lolita y su esposo han ido a pasear con Milagros.

Como mañana se va, querían pasar el día en su compañía.

-¡Pues muy bien! ¡Así estará usted entretenida!

-(SUSPIRA) Hombre, pues no...

No te creas que es plato de buen gusto para mí.

Y no lo digo por trabajar, que a eso ya estoy acostumbrada.

-¡Pues yo estaría encantada aquí!

¡Eso sí, me iba a poner como el Quico,

comiendo aceitunas y berenjenas de Almagro!

Lo mismo hasta arruinaba el negocio...

-Eso sería el primer día, Marcelina,

que el segundo ni las probarías del empacho.

¡Si no estoy a gusto aquí

es porque Lolita está muy quisquillosa con sus cosas!

Y temo que, cuando vuelva,

se moleste si hay una lata fuera de su sitio.

-Pero eso es comprensible.

¡A mí me gusta tener el quiosco a mi modo! Si no, no encuentro nada.

Aunque yo me pierdo hasta en el chiscón de la portería.

-Bueno, sea como sea, no me siento a gusto aquí.

-¡No se apure!

¡Ya verá como no dice ni mu!

¡Si esto está más ordenado que un camposanto!

-Aquí tienes. ¿Quieres algo más? -No.

Con eso y cinco huevos fritos,

le hago un buen almuerzo a mi Jacinto.

¡Para que coja fuelle y se me ponga como un toro!

-(RÍE) -Señora Carmen, ¿me lo apunta?

-¡Claro!

-A más ver. -A más ver.

-Buenas.

-Pronto vuelves de tu paseo.

-Sí, quería pasarme a ver cómo va la tienda.

-¿No te fías de mí?

-¡No!

¡Que no es eso, Carmen! Que es que me sabe mal que trabaje usted

y yo esté por ahí de asueto.

Los garbanzos no estaban ahí.

-Mujer, los he puesto ahí

porque han entrado varias clientas pidiendo garbanzos

y he pensado que estarían mejor

y más a mano.

Bueno, ¿cómo se lo ha pasado la niña? ¿Se ha divertido con el paseo?

-Sí, supongo. Ha estado todo el rato corriendo de acá para allá.

Voy a ver si en el almacén hay algo descolocado.

-¿Te ayudo?

-No, prefiero ir sola.

-Yo me quedo aquí

por si entra otra clienta.

Mejor, si entra otra clienta, avíseme y salgo yo a atenderla.

-Como quieras.

Cuénteme qué pasó cuando se fue de Acacias.

Recuerdo que Teresa estaba en estado.

-Pero el embarazo no acabó bien.

El niño murió al nacer.

Teresa estuvo a punto de perder la vida.

(SUSPIRA)

(FELIPE SUSPIRA)

Lamento escuchar eso.

-Gracias a su juventud y voluntad, consiguió recuperarse.

A pesar de todo, fuimos...

dichosos unos años en un pueblecito de la campiña francesa.

Ella daba clases...

y yo, bueno,

hacía todo tipo de trabajos en las granjas vecinas.

-Me barrunto que algo quebró esa armonía.

-Hace unos meses...

unos desalmados...

asaltaron de noche la casa

de campo donde vivíamos.

Yo me enfrenté a ellos...

y Teresa recibió un disparo.

Y a los pocos días murió.

-¡No me lo puedo creer!

-¡La culpa me pesa como una losa, Felipe!

¡No pasa un día sin que me maldiga por lo ocurrido!

(SUSPIRA) -Mauro...

Usted no tiene la culpa de nada.

-Si no me hubiera resistido,

ella seguiría con vida.

Pero me sobrestimé.

Y ya no era el policía de hace años.

Me derrotaron.

Y ella pagó mi osadía.

-Entiendo su dolor.

Pero los únicos culpables de lo que me cuenta

fueron esos delincuentes.

-Cuando recuperé el aliento

y perseguí a esos criminales,

no paré ni de día ni de noche

hasta dar con ellos.

Y los maté con mis propias manos.

No me arrepiento.

Se lo merecían.

Pero la venganza no calmó mi angustia.

-Es la solución.

-(SUSPIRA)

-Siempre es mejor creer en la justicia.

-¡La justicia!

He pasado meses hundido, Felipe.

Encerrado en mi casa, sin apenas ver la luz.

(SUSPIRA)

Cuando empecé a reponerme, pensé en volver al barrio

para pasar un tiempo con mis amigos.

-Ya sabe que estoy encantado de ayudarle.

-Lo sé.

¡Lo sé, amigo!

¡Es que, al volver a Acacias,

el recuerdo de lo que le pasó a Teresa...

me martiriza con más fuerza!

He cometido algún error

que casi me lleva a la perdición física

y moral.

-(SUSPIRA) Bueno...

Sosiéguese, ¿eh?

Ahora está en casa.

Y con ayuda volverá a ser el que era.

-¡Eso se me antoja imposible!

-Yo también perdí a Celia...

en circunstancias dramáticas.

Pero la vida me ha permitido rehacerme.

Ahora estoy con Marcia.

Y tengo un futuro por delante.

Quizá a usted...

también le pase igual.

-No, eso no va a pasar.

(SOLLOZA)

Ya solo puedo aspirar a intentar salir de esta amargura

en la que me encuentro.

Pase.

Aquí está a salvo.

-¿No hay nadie en casa?

-No, mi padre y Milagros han ido a hacer unas compras

y Carmen y Lolita están en la tienda. No hay problema.

-Mejor. Así nos podremos despedir con tranquilidad.

-Pase.

Lamento mucho que se tenga que ir de esta forma.

-No me queda otra.

Mañana partiré en dirección hacia la costa

para coger un barco que me lleve lejos de aquí.

-Espero que todo le vaya de perlas.

La verdad es que no ha tenido mucha suerte.

-Gracias por sus ánimos.

Y por todo lo que ha hecho por mí. Es usted todo un amigo.

Tenía que pedirle otro favor.

Cuide de mi madre y de Camino.

-Sí, sí, sí. Cuente con ello.

-Me preocupa que, cuando vuelva Ledesma, trate de atacarlas.

Si eso ocurre, debe denunciarlo directamente a la policía.

Y avisarme. -Sí, así lo haré.

(Timbre)

¡Tranquilo, que es ella!

(EMILIO SUSPIRA)

-Pase.

Lo van a pasar realmente mal cuando los separen tantos kilómetros.

-Eso no va a ocurrir. (SUSPIRA)

Dentro de unos días, Cinta cogerá un barco para Buenos Aires.

(RÍE)

¡Por favor, le ruego la mayor de las discreciones!

Los Domínguez no saben nada.

Me despediré de mis padres por carta.

Me da mucha pena,

sobre todo por mi padre,

que no deja de ayudarnos.

-¿Se dan cuenta de que puede ser la última vez que nos veamos?

-Al contrario.

Mi idea es ahorrar en esa tierra

de oportunidades y regresar

cuando Ledesma olvide su sed de venganza.

Y, si es preciso, le pagaremos bien para que nos deje en paz.

-(RÍE)

¿Creen que aceptará?

-El aparcero es muy codicioso.

Seguro que le convenceremos

si le ofrecemos una buena cantidad de billetes.

-Ya...

Pues espero que todo les vaya de perlas.

Hablaré con Lolita y con Carmen para que les llenen

de viandas un zurrón para el viaje.

¡No, de verdad, no hace falta! No queremos molestarlas.

Si no es ninguna molestia: les encanta trabajar juntas.

-Se lo agradezco, Antoñito, pero no tenemos mucho tiempo.

Gracias por todo, amigo.

(LOLITA SUSPIRA)

¡Uf!

¡Mucho cuidado con esto, Carmen, que es vino de Cabrahígo!

El mejor del mundo.

-Lo será, pero yo nunca había oído hablar de él.

-Pues eso es porque los del pueblo se beben toda la cosecha.

Me ha costado un mundo traer estas botellas.

-A las buenas. ¡Traigo buenas noticias!

¡El inspector del ayuntamiento ha dicho

que los cimientos de la pensión y de la tienda están bien,

que el agua no les ha afectado! -¡Ay, Fabiana!

¡Pues sí que es un alivio, que yo pensaba

que con el tiempo se iban a doblar como los bizcochos

del café! -¡Pues no!

¡Ya podéis dormir tranquilas las dos, que esta casa no se hunde!

-(RÍE) ¡Como que llevo

sin pegar ojo a gusto desde hace ya varias semanas!

-¡Ahora, la pensión volvemos a tenerla llena!

¡Ay! ¡Anda, Lolita,

ponme cuatro quesos de los tuyos, que les pirran

a mis huéspedes! (LOLITA RÍE)

-Lo que me tiene desasosegada

es la vuelta de don Mauro.

¡Lo he visto tan apenado...!

¡Para mí que algo malo le ha pasado a doña Teresa!

-¡No tiene por qué, mujer! -¡Uf!

-Y don Mauro siempre ha sido más serio que un ajo.

-Sí... Venga, apúntalo en la cuenta

de la pensión. -¡No!

¡No, Fabiana! ¡Deje, mujer, que cada queso pesa

dos kilos, deje! -¡Que no puedes coger peso!

-¡Anda ya! -¡Ay!

¡A más ver! -A más ver...

El vino será el mejor,

pero la botella tiene más porquería que el palo de un gallinero.

-Pero ¿qué hace? ¡Huy, si se le llega a caer,

no sé lo que me hago! ¡Mira qué...!

-(SUSPIRA)

¡En principio, gritar menos!

-¡Es que no sé quién le manda tocar esto!

-Lolita, que yo solo estaba limpiando la botella.

¡Que tiene mugre para dar y regalar!

-¡Pues mejor! ¡Mejor!

¡Que el vino de Cabrahígo se estropea al sol,

y la mugre lo protege!

-¡Ay, Lolita!

¡De verdad,

qué difícil es acertar contigo! ¡Que tienes

más normas que la gramática del Nebrija!

-Pues no sé quién es el gachó ese, pero yo...

intento hacer las cosas bien, ¿eh?

Como tienen que ser, no así, a la ligera.

-¡Vaya, hombre!

¡Ahora soy desordenada!

-La que se pica...

-¿Pues sabes lo que te digo?

Que me voy.

¡A ver a Ramón,

a pasear, no lo sé!

¡Porque no me apetece decirte lo que pienso!

-¡Pues humo, que aquí no pinta nada!

¡Anda...!

(SUSPIRAN)

-"Boa tarde".

-¡Buenas!

-¿Qué tal? ¿Cómo estás?

-Bien.

-¿Saben? Don Felipe ha hablado con mi madre.

-Ah... No..., no lo sabía.

-Sí. Tratando los pormenores del ágape.

-(RÍE) -Quiere poner las mejores viandas.

Va a quedar fantástico.

-Yo les agradezco mucho lo que están haciendo por mí.

-Nos agrada que nuestros clientes salgan satisfechos.

Me encantaría quedarme a charlar, pero tengo tarea.

-¡Claro! -Si me disculpan...

-Con Dios.

-¡Ay!

Seguro que va a quedar todo fetén.

Vas a brillar como una estrella en tu fiesta.

-¡Ay!

¡Una perra chica!

¿Qué? ¿No se dice así?

-¡Sí, sí! ¡Si, decirse, se dice así, mujer!

¡Es que me ha sorprendido cómo te has lanzado a por la moneda!

-(SUSPIRA) ¡Es que preciso ahorrar 120 pesetas, Casilda!

-¡120 pesetas, la madre del cordero! -Ajá...

-¡Pues a mí eso me parece mucho parné

como para ahorrarlo solo juntando

las monedas que te encuentres en el suelo!

¿Y para qué quieres ese capital?

-No te lo puedo decir aún.

-Está bien...

Por cierto, que me he enterado de que Mauro se ha quedado

donde tu señor. -Ajá.

-Que... ¿Cómo anda?

-Yo no lo conozco mucho, pero diría que mal.

He visto "muita" gente triste, Casilda, "muita".

Pero no como él.

-¡Pobre hombre! ¿Qué le habrá pasado para terminar así?

-A veces, el pasado vuelve una y otra vez

para martirizarte.

-¡Mujer!

¡Te ha cambiado el semblante!

-Es que ahora me vienen muchos recuerdos.

Y la mayoría no son buenos.

-Bueno...

¡Pues entonces los mandas a paseo!

¿De acuerdo, Marcia?

Ahora lo único que importa es el futuro,

te vienen cosas muy buenas. Te vas a presentar como la pareja

de uno de los hombres más importantes del barrio.

-(SUSPIRA) ¡Es que precisamente es eso lo que me preocupa!

¡No quiero decepcionarle!

¡No quiero ser un estorbo!

-¡Anda, anda, no digas tonterías!

¡Si don Felipe está dichoso de que estés con él!

-No sé si estoy haciendo bien.

-¡Pamplinas!

Marcia, es la mejor oportunidad de tu vida.

¡Y no puedes dejarla escapar, mujer!

¿Lo has entendido?

Lo pasado pasado está.

¡Vamos!

¡Ojalá tuviera yo tu suerte

y un señor como don Felipe se fijara en mí y me cortejara!

(SUSPIRA)

¿Qué te ocurre ahora?

-Parecía como si.. nos vigilaran.

-¡Anda ya, mujer!

No te soliviantes, eso es alguno,

que aún no se ha acostumbrado a tu color.

¿No ves que en este barrio aún hay mucho atrasado? Venga.

(MARCIA) ¡Ay, Casilda!

He oído que has recibido la visita de un antiguo amigo.

Así es.

Pero prefiero que tratemos solo el asunto de los soldados.

No hay lugar a asuntos personales.

Por supuesto.

Aquí tienes los documentos que enviaron del ministerio.

Lo más importante son los permisos

de repatriación.

Eso ya lo tenemos.

Te dije que haría lo imposible por traer a los soldados a casa.

Eso es muy noble por tu parte.

He de reconocerlo.

¡Le voy a invitar a un cafetito a cuenta de la casa

para celebrar que hemos salvado la pensión!

-Pues me alegro, que hubo un momento que pensé...

que esta casa se convertía en un solar.

-¡Bueno, bueno! Según el inspector del ayuntamiento,

tiene los cimientos más fuertes que los del monasterio

de El Escorial.

¡Leche!

-¿Jacinto? -Sí.

-¡Ay! -¿Qué te pasa?

-¡Una silla, una silla! ¡Y agua! ¡Agua, por favor!

¡Toma, y otra para los pies también! -¡Gracias!

(JADEA Y SE QUEJA)

(JADEA)

-Pero ¿qué te pasa, que pareces más muerto que vivo?

-Eh... Eh...

¡El trabajo, que no he parado ni un minuto sentado

en lo que llevo de día!

-¡Pues sí que ha cambiado,

que yo me tiraba semanas sin coger un cepillo ni una escoba!

-¡Pues...! ¡Pues ahora es un sinvivir!

-¿Y no será que estás agotado de tanto levantar piedras

con Arantxa en el parque?

(JACINTO RÍE) ¡Qué...!

¡Qué va, qué va! ¡Eso...! ¡Eso no me ha cansado...

ni un pelo!

Si vengo resollando es por los...,

por los cinco huevos fritos con tocino

que me ha obligado a comer la Marcelina...

Se ve que no he hecho bien la digestión.

-¡Si es que lo mejor para hacer la digestión

después de comer es echarse una buena siesta!

Los que tenemos cuerpo atlético

no necesitamos el deporte

para parecer Adonis. -¡Ya me gustaría a mí

hacer menos, pero no es tan fácil dejar de hacer esos ejercicios!

-Con decirle a Arantxa que no puedes, solucionado.

-Por ese lado, sí.

Por otro lado, no.

La Marcelina, que me idolatra

y está la mar de orgullosa de lo fuerte

que me estoy poniendo.

-Tú ten cuidadito con hacer tantos esfuerzos,

que acabas en la tumba, ¿eh?

-Pues sí. Hoy ha habido momentos en que lo he visto todo negro,

Servando. -No... Yo que tú, de verdad,

tiraba la toalla, ¿eh? Ten en cuenta que en esto te va la vida.

-Sí. -No puedo...

echarme atrás.

Voy a seguirle...

el ritmo...

cueste lo que cueste.

Camino, para el ágape de don Felipe

necesitamos más bandejas y más limpias.

Todas tienen alguna mancha.

-Las limpiaré yo.

-Tenemos que quedar muy bien.

¿Qué te ocurre?

Has estado todo el día muy distraída.

-Hay un asunto que me trae de cabeza.

¿Habló con Ledesma?

-¡Déjate de tonterías!

Céntrate en tu trabajo.

Esa es tu obligación.

-Como diga.

Pero respóndame.

-¡Déjate de chácharas!

Me voy a la cocina,

a ver si ya está la masa de hojaldre

para mañana.

Quizá no soy lo bastante fino para una señora de ciudad como usted.

-De verdad, no sé de qué me habla.

-Pues yo creo que lo sabe perfectamente.

-Ledesma...

Ledesma, sí, soy Felicia.

Escúcheme...

Voy a ofrecerle un trato que no podrá rechazar.

(Puerta)

¿Qué haces aquí? ¿Estás loco?

¡No debes salir de la pensión!

-¡Lo sé!

Pero quería contarte que ya está todo listo para el viaje.

El padre de Cinta me ha buscado trabajo en Argentina.

-¡Eso está muy bien!

Así te forjarás un futuro.

-Sí, eso nos permitirá a Cinta y a mí ser felices.

¿Qué pasa? No pareces alegrarte mucho.

-No... ¡Es decir, sí! ¡Claro que me alegro!

Pero estoy inquieta por madre.

-¿Por qué te preocupas por ella?

-Madre trata de ponerse en contacto

con Ledesma.

-¿Con Ledesma?

¡Carmen!

¿Dónde te habías metido?

Te esperamos Milagros y yo para enseñarte los regalos

que les ha hecho a María Luisa y a Víctor.

-He salido a pasear. Necesitaba tomar un poco el aire.

-¡Si supieras lo ilusionada que estaba la niña...!

A su hermana le ha comprado un neceser,

y a Víctor, una pajarita. -(RÍE)

Me alegra que lo hayáis pasado tan bien.

-Sí, ha sido un día de lo más feliz, sí.

-Ramón, siento aguarte la fiesta, pero...

hay algo que quiero contarte sobre Lolita.

-¿A qué te refieres?

Ha sido una reunión muy productiva.

Genoveva sigue queriendo repatriar a los soldados heridos en Marruecos.

-Es una empresa de mucha enjundia. Y le honra haberse metido en ella.

Esa Genoveva parece una persona excepcional.

-Yo no diría tanto.

Ojalá sus planes se materialicen

antes de decir algo así.

-¿Sabe? Siento curiosidad por saber cómo conoció a una mujer como Marcia.

-Ah...

Entró a trabajar en esta casa como criada.

Antes de eso,

tuvo un truculento pasado.

-Ya lo supongo.

Teniendo en cuenta lo lejana que queda su tierra...

-Ajá...

Allí fue esclava de un barón del caucho.

Cuando no les fue útil en Brasil, la trajeron a España.

Y Úrsula la compró como a una res.

-(RÍE APESADUMBRADO)

¡Esa arpía está detrás de todo lo malo!

-¡Y tanto!

Úrsula la introdujo aquí para que me espiara.

Afortunadamente,

Marcia nunca me traicionó.

Y poco a poco nació nuestro amor.

-Tuvo mucha suerte:

todo lo que toca Úrsula lo emponzoña.

-No dejaré que ese endriago me amargue la vida.

(Puerta)

¡Marcia!

¡Marcia!

Ven.

¿Dónde has estado?

¿Por qué no has cenado con nosotros?

-Yo quería dejaros solos

para que hablarais de vuestras cosas.

-(RÍE) ¡No era necesario!

Puedes participar de todo lo que tratemos.

-Bueno, ha llegado el momento de dejarlos solos.

No quisiera convertirme en una de esas...

visitas molestas. -(RÍE) ¡Usted es un amigo!

Nunca molesta.

-Se lo agradezco.

Pero tres son multitud.

-Buenas noches.

¡Mañana es un día muy importante para nosotros!

¿Estás contenta?

-Sí, mucho.

-Eso no suena muy convincente.

¿Acaso hay algo que debería saber?

Marcia...

¿Qué te ocurre?

Pensaba que merecía tu confianza.

No deberías mentirme.

Te conozco lo bastante para saber que algo te pasa.

-¡Está bien!

Te lo contaré todo.

-No estaré tranquila hasta que te sepa bien lejos.

-Sin embargo, yo marcharé inquieto.

Sobre todo ahora, que sé que ha contactado con Ledesma.

-¡Camino, no tenías que haberle dicho nada!

-¡No culpe a mi hermana!

Me lo ha dicho porque la inquieta.

-¿Sabe? Viéndola, tengo la impresión de que, aunque la vida le sonría,

usted también ha pasado por mucho.

¿Puedo preguntarle cómo vino a España?

-"Mujer...".

-¡Ay, mire!

¡Deje...! -¡Que no, que la llevo yo!

-Déjeme. -¡Que no me cuesta!

-¡Carmen, que sí!

¡Mujer! Además, la mantequería a estas horas está muy vacía.

Vaya mejor para casa.

-Ayer te noté muy rara cuando nos abrazamos en la cocina.

Sería su impresión.

Ah, ¿sí?

¿Y también es mi impresión que, en vez de estar destrozada

por separarte de él, estás contentísima?

-Deberías confesarle a Arantxa que no puedes con todo.

-¿Y dejar que la Marcelina piense que soy un flojo?

¡No, quiero que se sienta orgullosa de un servidor!

-¡Hay que ver lo bien que se llevan entre ellas!

¡Prácticamente, son inseparables!

-Ajá.

-Ramón...

Tenemos que hablar.

-¡Cinta! ¿Qué está sucediendo aquí?

-Yo nunca he sido padre,

pero dicen que las mujeres que se quedan en estado

se ponen puntillosas y muy susceptibles.

-¡Eso es!

-¿Eso es... qué?

-¡Pues que Carmen y yo vamos a ser padres!

-¡Ya es tarde, ya me tienes preocupada!

-(SUSPIRA)

-Mujer, ¿qué te sucede?

¿Es solo por la fiesta o hay algo más?

-(JADEA)

-¿Y dónde está Marcia? -Aún no ha bajado.

-Parece que le gusta hacernos esperar.

-Habrá aprendido de las artistas.

¡Es importante crear expectación!

-¡Más importante es tener puntualidad!

-(SUSPIRA Y CARRASPEA)

-Venga, vete.

"Me duele en el alma pensar en lo que está a punto de pasar".

"Descuide, ya le dije que no tenía nada que temer".

"Muy pronto acabará todo".

"Espero que no se equivoque, Úrsula".

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Acacias 38 - Capítulo 1079

20 ago 2019

Los vecinos quedan impactados con la vuelta de Mauro San Emeterio al barrio. Felipe le acoge en su casa y ambos comparten la historia de sus amargos pasados, confesándole el ex comisario la muerte de Teresa
Antoñito pide a Carmen que abra la tienda, Lolita ha dormido mal, pero la cabrahíguense no le deja, quiere controlar de forma compulsiva todo.
Emilio revela a Antoñito que se fuga con Cinta y Camino le informa que Felicia ha llamado a Ledesma. Jose consigue un trabajo para Emilio en Buenos Aires, aunque teme que Cinta le esté ocultando algo.

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  1. María

    No se escucha... q le pasa? Solucionen problemas

    22 ago 2019
  2. Alicia

    Que bueno que Mauro ha vuelto al barrio....!!! Lindo candidato para Casilda, la pobre lleva muchos años sola.

    21 ago 2019
  3. Marilu

    Encantada con el regreso de Mauro, espero sea para quedarse; si hay un personaje que así lo merece es el, no como otros/as.- A la que no le encantó para nada es a ursula, JAJAJAJA, espero que se le de la ocasión a Mauro para PONERLE EL CASCABEL A LA GATA (ursula).- Y cuando Carmen le pondrá el abanico de sombrero a Lolita ? y don Ramón que se " avive " un poco, está demasiado condescendiente con Genoveva.-

    21 ago 2019
  4. Belén

    Está muy cansador el tema de la convivencia de Carmen y Lolita así como la pareja de Emilio y Cinta que parecen dos mármoles...

    20 ago 2019
  5. Saro

    Mi comentario es para felicitar a GONZALO TRUJILLO por su regreso, se echaba mucho de menos al Comisario Mauro San Emeterio, lo que no imaginé que volviera tan sumamente triste y sintiéndose culpable por la desafortunada muerte de su esposa. Felipe, su gran amigo, le ha recibido con los brazos abiertos y, poco a poco, le ayudará a sobrellevar la pena, estoy segura de éso. Felipe, exceptuando el descontrol posterior a la muerte de Celia, ha sido siempre muy amigo de sus amigos, es el hombre que tiene la palabra justa para ayudar, está siempre dispuesto a abrir las puertas de su casa a quien lo necesite (no olvidemos como se desvivió ayudando a Liberto). Creo que, en breve tiempo, Mauro va a ir cambiando su vida con la ayuda de Felipe y sabiendo que "los acacieros" nos alegramos mucho de verle nuevamente por las calles de Acacias. ¡¡Bienvenido Gonzalo!!!

    20 ago 2019