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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1077 - ver ahora
Transcripción completa

¡No me casaré con su hija!

-Claro que lo harás.

Y puedes tener a esta ramera

cerca de casa.

Así la disfrutamos

los dos. -¡No vuelva a tocarla!

-Úrsula no tiene palabra.

Es como un escorpión: en cualquier momento puede picar.

-Úrsula te tiene miedo

y dice que no se enfrentará a mí ahora que voy a ser...

señora.

Marcia va a desaparecer.

Marcia va a ser forzada a desaparecer.

¿Y que me ha pegado?

Creo que iré a denunciarlo.

-¡A ver, por favor...! -Les interesará mucho saber

quién mató a aquel hombre. -"¿Sabe qué?".

¡Que me voy a poner a hacer ejercicio, como dice Arantxa!

¡Me voy a poner ahí, como un toro!

-¡Eso habrá que verlo!

-¡Ve a su casa inmediatamente y pídele disculpas!

-Vengo de allí. -¿Y?

-Han hecho las maletas

esta mañana y se han marchado. -¡Dios mío!

-El portero no sabe adónde.

-Te va a denunciar.

-¡Incluso me puedo quedar aquí, sustituyéndote,

para que subas a descansar!

-¡No, usted ocúpese de Milagritos

y de su esposo! ¡Y déjeme el resto a mí: la mantequería, la casa...!

-¿Esperar a los guardias?

¿Eso vas a hacer?

-¿Qué otra opción tengo?

-Fugarte.

Mañana por la mañana,

sacaré todo el dinero del banco.

Te alcanzará para un billete a algún sitio

y para mantenerte unas semanas.

Marcia, ¿estás bien? ¿Qué te sucede?

-Bueno...

Saque presupuesto para cambiar todas las cerraduras,

pero ya le digo yo que a los señores les duele más

gastarse los cuartos que pillarse un dedo.

Hale, buenos días.

Con Dios.

Muchacha, ¿estás bien?

¡Marcia! ¡Marcia! ¿Pasa algo?

-"O cheiro do cigarro".

-¿Qué ha dicho?

-Algo del humo del cigarro del cerrajero.

Pa mí que no le ha agradado.

(CASILDA SUSPIRA)

¡Pues sí! ¡Ha dejado

un tufo...! Seguro que los señores se quejan.

-O la Marcelina, que lo huele de lejos.

¡Me hará cambiarme de camisa!

-Pues, para aguantar tus pezuñas y tus quesos,

no es tan remilgada.

-¡Bah, el amor, que lo anula todo! (RÍE)

Pero ya sabes que la boñiga de mis ovejas para mí

era gloria bendita. -¡Ya!

Si por mí fuera, yo cambiaba al cerrajero.

¿A que sí, Marcia? -¿Eh?

-Yo voy subiendo. Tengo faena.

"Boa tarde".

(CASILDA SUSPIRA)

Hay que ver, ¿eh?

¡Esta muchacha o me cuenta sus penurias

o me deja con la palabra en la boca!

-Para mí que no entiende de la misa la media.

-Pues no será por el maestro: don Felipe está entregado.

-O no le entiende nada o algo la ha trastocado.

Tenía la mirada extraviada, como la Gitanilla,

que se cayó en un pozo y ya no baló más.

-Le ha dado el flus cuando ha olido el humo del puro.

-Bueno, tampoco barruntemos tanto,

que es normal que no le agrade esta peste.

¡Puaj! -Ya...

La verdad es que tienes razón. Sí.

Airea, airea...

(Sintonía: música orquestal)

(Sintonía: música orquestal)

¡Emilio!

Cinta. ¿Te han visto salir de casa?

No, nadie..., nadie se ha dado cuenta.

Pero ¿qué ocurre? ¿Por qué me has emplazado con tanta urgencia?

Me voy de Acacias.

No tengo otra opción.

¿Cómo que te vas?

Mi madre y yo hemos pensado

que el único modo de salvar mi vida es...

marchándome del país.

Ledesma vendrá pronto con la policía.

Pero ¡no puedes dejar tu trabajo y tu vida por ese miserable!

¡No me puedes dejar!

¡Mi situación es desesperada!

¡Si no es Ledesma, serán los hombres de Valdeza! ¡No...!

¡No puedo quedarme esperando a que vengan!

¿Y si te siguen?

¡Estarás igualmente en peligro!

Por eso debo poner tierra de por medio.

Cuanto más lejos me vaya, más les costará encontrarme...

y antes podré empezar una nueva vida.

¿Cómo de lejos te vas a ir?

A la Argentina.

(SUSPIRA)

Cinta...

Es un país lleno de oportunidades.

Es perfecto para empezar de cero.

¡Te irás como hicieron mis padres!

Pero ¡no será tan horrible!

Como a ellos, a mí me irá bien.

¡Emilio, porque ellos se fueron juntos!

Al inicio lo pasaron mal,

pero se tenían el uno al otro.

¡Tú te vas solo!

¡No conoces a nadie! ¡No es lo mismo!

Te equivocas.

Me han dado referencias de personas que me ayudarán.

En cuanto lo tenga preparado, cogeré el primer barco que vaya para allá.

¡No se trata de un salto al vacío!

Y, si Ledesma vuelve antes, ¿qué?

No me encontrará.

Me alojaré en una pensión, en las afueras.

Cuanto menos me vean por aquí, mejor.

(SUSPIRA)

¡Emilio, piénsalo bien!

¡Son muchos los que se han ido a América y no han vuelto!

Si te vas, no te voy a volver a ver.

¡Lo presiento!

¡No lo hagas!

¡No quiero perderte!

¡Eso es imposible, amor mío!

¡Tendrían que arrancarme el corazón para que te olvidara!

¡De nada me sirve tu amor si estás lejos!

¡Necesito mirarte!

¡Tocarte, necesito besarte!

No te angusties, Cinta.

Debemos aceptar nuestro destino

y confiar en que el futuro no os reencuentre.

(SUSPIRA)

¿Qué te sucede?

Me ha parecido oír a alguien.

No hay nadie, estamos solos.

Cinta, debes irte.

¡Mañana volveremos a vernos, te lo prometo!

¡Aún no te has ido y ya te estoy echando de menos!

Hazme caso.

Mañana estaré aquí, pero ahora... vete.

¡Por favor! (SUSPIRA)

Te quiero, Emilio.

Y yo, Cinta.

-¿Adónde irá ese muchacho?

¡Te aseguro que no lo he soñado!

¡Que he oído ruidos ahí, en el salón!

-¡Y yo te digo que son los suelos!

¡Recuerda cómo crujían en Acacias!

-¡Que no, Ramón! ¡Que hay alguien moviéndose ahí!

¡Ni se te ocurra soltar la sartén! -Tranquila...

¿Quién anda ahí? -(GRITA)

¡Suegro! (RESOPLA) ¡Recoñe!

¡Qué susto me ha dado!

¡Uf! -¡Lolita, por el amor de Dios!

¿Qué haces planchando a estas horas?

-¡Ay! Pero ¿ustedes dos no deberían estar planchando la oreja?

-¡Carmen ha oído ruido y me ha pedido que viniéramos!

-¡Ay! ¡Pues vaya sueño más ligero que tiene, Carmen!

-¡Que me pensé que eran ladrones que habían entrado y me asusté!

¿Quién iba a imaginar que eras tú?

-¡Pa susto el mío al ver a mi suegro con la sartén así, como una lanza!

-¡Dame, que ya plancho yo lo que haya que planchar, y mañana!

¡Tú ahora tienes que descansar!

-Carmen tiene razón, hija, necesitas descansar.

Y, si no lo quieres hacer por ti, hazlo al menos por la criatura.

-¡Pamplinas! En Cabrahígo, todas las preñadas van a la siega,

y bien hermosos les salen los rorros. -Sí,

pero seguro que de noche duermen a pierna suelta

y no se ponen a trabajar.

-¡Eso es verdad! ¡Que nadie en Cabrahígo ronca como una preñada!

Bueno, la Saturna cambiaba los vidrios de las ventanas

en cada embarazo. Y tuvo siete.

-Anda, dame eso.

-¡Chist, chist, chist!

¡Hasta que no acabe con las camisas, no me voy a dormir!

¡Ea!

-¿Qué hacéis? (GRITAN TODOS)

-¡Que me pisas!

(SUSPIRAN LOLITA Y CARMEN)

Una, dos...

Tres escobas.

A eso le tengo que sumar

el siete de oros. Guindis.

Bueno, tengo tres sietes,

o sea, otro punto más. Y, en cartas,

está claro, tengo la que más.

O sea, he vuelto a ganar.

-¡No puede ser que gane usted siempre!

¿No nos estará liando? -¡Marcelina, por favor!

¡"Arrakera" a mí no me llame!

¡Eso me ofende, Jesús!

¿Que no se fía usted?

Cuente, a ver. ¿Qué tengo y qué no?

-¡Quite, quite! ¡Si yo solo digo que es bastante raro

que ni Cesáreo ni yo hayamos ganado

ni una mano! ¡Y ya llevamos unas cuantas!

-Yo voy a seguir con mi ronda,

que este descansito se ha convertido en un parón en toda regla.

-Pero ¡Cesáreo, si ha insistido usted en que alargásemos la ronda!

-¡Porque confié en ganarle, pero no ha habido manera!

-¡Si llevo toda la vida jugando,

desde niña, en el "baserri" de Metxitxe!

¡Mi abuelo era el campeón de la comarca!

-Bueno, aquí te dejo,

Marcelina. Tú sola, con Arantxa.

-(RÍE) Qué,

¿reparto otra rondita? ¿Qué hacemos?

-Si no le importa, yo también me recojo,

que mañana me toca madrugar.

-Como siempre, ¿no? -¡Huy!

¡Más aún!

Es que mi Jacinto va a empezar con las caminatas

y le haré un buen desayuno para que no desfallezca.

-Tampoco te pases, que la tripa llena no es muy amiga del ejercicio.

-¿Y algo ligerito, como unas migas con chorizo?

-Nosotros, cuando íbamos al campo, a la faena,

siempre nos calzábamos una cazuela de "sukalki"

y otra de judías de Tolosa.

Porque no es plan de ir con el estómago vacío.

Eso bueno no es. -Sea lo que sea,

ya verás qué bien le viene caminar, que estar todo el día en la portería

sin moverse no es precisamente bueno.

-¡Oiga, que subir y bajar las escaleras

para atender las ocurrencias de los señores...

también tiene su aquel!

-Yo lo que sé es que llevo años sin sufrir un resfriado

y es gracias a los kilómetros que hago.

-¡Dios quiera que a mi Jacinto le sienten tan bien, porque lleva

una racha bastante flojillo!

Arantxa, le estoy muy agradecida por haberme dado la solución.

-¡Huy, gracias a usted, Marcelina, por recordarme mi juventud!

¡Vaya paseos más bonitos que nos dábamos!

¡Ay, aquellos sí que eran buenos tiempos!

(SUSPIRA)

-Nos vamos, a las buenas noches.

-Que descanse. -Hasta mañana.

(SUSPIRA)

¡Me ha entrado hasta "herrimiña" de recordar aquellos tiempos!

¡O sea, que llevas varios días trabajando por las noches!

-Las dos o tres tareas que se me quedan pendientes.

Nada más, te lo prometo.

-Has sido muy sigilosa para que no me dé cuenta.

-Tú, durmiendo, no te enterarías ni del juicio final:

tienes un sueño muy pesado.

-¡Que te hablo en serio!

-Cariño, no te pongas así.

-Templa, hijo,

que tiene razón... -¡No, padre!

¡No! ¡No pondré en peligro a mi hijo

porque haya más o menos polvo en los muebles!

¿Estamos locos o qué?

-En eso estoy de acuerdo contigo.

Hija, esto no se puede volver a repetir.

-Lolita, sabes que yo puedo encargarme perfectamente

de la casa mientras estás en la mantequería.

¡Que no puedes con todo!

-Es que siempre lo he hecho así y nunca ha pasado na!

Solo déjenme que me organice

a mi modo. -Ahora las cosas han cambiado.

¡Estás embarazada, te guste o no,

así que Carmen te ayudará

y tú ahora mismo te vas a dormir, venga!

-Tendrás que atarme para verme parada.

-Lolita, no me pongas a prueba.

-Tú no te preocupes

por la casa, que intentaré hacerlo todo a tu manera.

Pero confía en mí. -Bueno,

y ahora vámonos a la cama.

Mañana nos organizaremos mejor cuando estemos más descansados.

-¿Qué haces?

-Pues iba a guardar la sartén en su sitio:

no soporto ver

las cosas... -Lolita, a la cama, ya.

-Despacito.

-¿Despacito...?

A las buenas, señora Rosina.

-¡Con vosotros quería yo hablar!

-¿Eh? -¡Huy!

Si lo dice por las revistas que encargó, aún no han llegado.

El correo internacional, que debe de estar trastocado.

-¡Déjate de revistas!

Quiero que me contéis la discusión de Felicia con ese Ledesma.

Seguro que sabéis algo. -¡Y tanto!

¡Como que me vi metido en medio mientras hablaba con la Angelines!

-Lo que pasó es que la Angelines bebe los vientos por mi Jacinto,

cosa lógica y que seguro que a muchas hembras les pasa.

Para mí es un orgullo, pero, claro...

-¡A ver! ¿Me dices que la novia de Emilio está detrás...

de tu marido? (DA UN GRITITO)

-¡Detrás y encima, que bien se arrimaba la mosquita muerta!

-¡Bueno, que solo hablábamos!, ¿eh?

-(RESOPLA) ¡Qué vergüenza!

¡Con las maneras de mosquita muerta que se gasta la niña!

-Intuyo que hablan de la discusión de ayer.

-¡Ah! ¿Usted también estaba?

-No, pero ese tipo de noticias vuelan muy rápido.

Precisamente ayer por la noche

vi al mayor de los Pasamar abandonar el barrio.

-¿Le dijo dónde iba?

-No llegamos a hablar,

pero, por la maleta, no iría muy lejos.

-Bueno, pues gracias.

¡Felicia, querida! (RÍE)

-Buenas. -¡Hola!

He pensado sentarme aquí un poco, que me dé el aire.

Como hace tanto calor...

-Bueno, es lo que tiene el verano.

¿Le apetece un refrigerio o un café?

-Una manzanilla, que tengo el estómago algo revuelto.

Y un bollito para acompañar.

(RÍE) -Aurelio,

ya has oído a la señora: una infusión y un suizo, por favor.

-El sereno me ha comentado

que vio salir de la ciudad a su hijo ayer.

-¡Cosas de enamorados!

Fue a buscar a Angelines porque habían discutido,

para disculparse.

-¡Muy bien! ¡A las mujeres nos encanta

que ellos pidan perdón, aunque no tengan culpa!

(RÍE)

-Madre, la necesitamos en cocina. -Camino,

cariño, ¿no echas de menos a tu hermano?

-Sí...

Estamos hoy las dos solas en el restaurante.

-Ya le he dicho a doña Rosina que tuvo una trifulca con Angelines.

-Sí, ha ido a Santander a buscarla,

para hacer las paces. -¡Chiquilladas!

(ROSINA RÍE)

-Muy buenas, señoras.

(CARRASPEA)

Doña Rosina, la veo sin consumir. Con esta mujer,

no hace negocio.

-¡Sepa que he pedido una infusión! ¿Verdad?

-Huy... Pues no veo yo...

mucha bulla como para tardar tanto.

-Voy adentro a ver qué ocurre. Camino, ven.

(SUSANA) ¡Rosina!

¡Me he enterado de que Felipe Álvarez ha organizado un ágape

en su casa. ¿Te ha invitado?

-¡No, no sabía nada! ¿Ustedes estaban al corriente?

-No, no hemos recibido nada. ¿Saben cuál es el motivo?

-Se dice que va a hacer oficial su relación con la criada.

-¡Ay, si Celia levantara la cabeza!

-¡No se escandalicen, señoras! ¡El amor siempre es una cosa buena!

Y más si los enamorados son guapos,

como don Felipe y Marcia.

-¡Guapos y distintos! ¡Como el café y la leche!

-Pues yo opino como mi marido, ¿eh?

Solo hay que viajar para ver que en el mundo eso no se ve igual.

-¡Por eso tenemos que resistirnos,

no dejarnos llevar por esas... costumbres libertinas!

-¡Yo estoy a muerte con el amor!

¿Verdad, reina mora?

-¡Digo! -¡Ay!

Si nos disculpan,

seguimos con nuestro paseíco.

-Ajá. -¡Ah!

Y a ver si hay suerte y el pedido llega antes del almuerzo.

Con Dios. (JOSÉ RÍE)

-Pues que sepas que Felipe ha convocado a Ramón

y a Liberto en su casa.

-¡No me gusta nada que le frecuente!

¡El libertinaje es contagioso!

Pero...

pídele detalles a Liberto.

Así sabremos a qué atenernos.

-¡Claro que se los pediré! ¿Por qué crees que le dejo ir?

(RÍE)

Le deseo que encuentre la felicidad con Marcia,

como yo la he encontrado con Carmen. Se lo merece.

-¿Acaso alguien no merece ser feliz?

-Tiene usted razón, don Felipe. El amor siempre es

motivo de celebración.

Lo que no sé es si es bueno airearlo en determinadas circunstancias.

-¿Me sugiere que no celebre el ágape?

-No.

No me malinterprete, no se trata de eso.

-Pues usted dirá de qué se trata.

-Don Ramón y yo nos hemos hecho eco de ciertos rumores

que corren por el ateneo.

-¿Qué clase de rumores?

-Estará de acuerdo conmigo en que su relación con Marcia es...

poco convencional.

-Cierto.

E imagino la naturaleza de los comentarios:

la relación de un señor

con una criada y encima de otra raza.

-Somos víctimas de los prejuicios de nuestra sociedad.

Yo lo sufrí en su momento con Trini y también ahora

con Carmen. Le hablo con conocimiento de causa.

-Les aseguro que a estas alturas

nadie va a condicionar mis decisiones.

-Me alegra su seguridad. Desde luego, la va a necesitar.

-Ustedes ya saben lo efímera y frágil que es la vida.

La busca de la felicidad

debería ser nuestro único afán.

-No podría estar más de acuerdo con usted.

-No nos malinterprete, don Felipe.

No hemos querido juzgarle, sino protegerle.

Me pregunto si es consciente

de las repercusiones sociales que su decisión le acarrea.

-No les negaré que me preocupa cómo podrá afectar a mis clientes

y a mi profesión,

pero es el precio por vivir como quiero.

-Pues no se hable más.

Aquí estaremos para acompañarle en su felicidad

y ya veremos lo que le depara

el destino. -Gracias, amigos.

La vida me ha dado otra oportunidad

y no pienso desperdiciarla.

-Y nos alegramos mucho por usted.

-¿Tomamos el té? -Claro.

¡Vaya, Carmen, sí que ha madrugado!

-Buenos días, Lolita.

Sí, es que estoy haciendo

una lista de tareas, de la casa.

Y, como sé que a ti no te gusta desatenderlas,

las estoy repartiendo entre las dos.

-¿Y Milagros dónde está?

-¡Va a pasar el día con su padre!

Hoy no tenemos que preocuparnos por ella.

¿Qué?

¿Quieres echarle un vistacillo a la lista?

-Yo es que no necesito listas.

Lo tengo todo grabado a fuego en la cabeza.

-Ya, pero, si nos organizamos bien,

el tiempo nos cundirá mejor.

Mira, lo primero que he pensado...

es que podríamos establecer las comidas,

así tendríamos la previsión de lo que hay que comprar.

Después haríamos los dormitorios y terminaríamos con los baños.

¿Te parece bien?

-Eh...

Yo hago los baños, las camas

y luego pienso en la comida. Por último,

bajo a la mantequería.

-¿Y no sería mejor establecer el menú antes de acostarnos?

-¿Pa qué? Y, si el cuerpo me pide otra cosa al día siguiente, ¿qué?

-¡Mujer, que no sería algo cerrado! ¡Sería... aproximado!

Así, por la mañana, les podríamos dar un repaso a los baños

antes de acabar las alcobas

y no tendríamos que preocuparnos por la comida.

(LOLITA RESOPLA)

¿No hacía las alcobas antes que los baños?

-¡Ay, perdona, es que me explico fatal!

Eso sería los días alternos.

-Me he perdido. -Tú hazme caso,

que mi método es más lógico y ordenado.

-(RÍE) ¡Bueno!

¡No será tan lógico y ordenado

cuando cambia un día sí y otro también!

¡Que no, que no se trata de cambiarlos,

sino de alternar las tareas!

¡Para no cargar tanto los días!

-Se ha dejado ahí el agua.

¡Ay...!

Que no es por llevarle la contraria,

pero ¿para qué cambiar si yo ya tengo mi modo de hacer las cosas?

-Deja que lo intentemos.

Y, si no funciona, volvemos a tu sistema.

-Lo que usted diga.

Pero no acabo de verlo. Voy a hacer el desayuno.

-Tranquila, ya lo he hecho.

Está en la cocina, solo hace falta servirlo en la mesa.

-¡Mu amable, Carmen, agradecida!

¡Qué rapidez, hay que ver! ¡Hay que ver!

(CARMEN SUSPIRA)

(Música de tambores)

(GIME)

(Música de tambores)

Marcia,

¿quieres una achicoria?

-(LLORA) ¿Eh?

-¿Ya estás dándole al magín?

-¡Ay, no lo puedo evitar,

Casilda! -¡Ay, mujer!

¡Deberías dejar de barruntarte tanto el pasado!

¡Céntrate en el presente que tienes con don Felipe!

¡Lo mucho que te quiere el hombre!

-Si yo estoy contenta, Casilda.

Mas ¡tengo miedo de tanta felicidad!

-Marcia, en la vida se puede tener miedo de muchas cosas,

pero ¿de ser feliz, mujer?

¡De eso no!

-Pero, Casilda, soy una recién llegada,

una cualquiera.

¿Y si no estoy a la altura de Felipe?

-Si don Felipe se ha enamorado de ti,

con lo leído e instruido que es, por algo será.

-Ayer hicimos un retrato juntos.

-¡Oh! ¡Pues mira!

¡Ahí lo tienes! ¡Si es que está loquito

por ti, mujer! ¡Deja ya de pensar en lo malo!

-He comprado una tela exquisita

con un dinero que tenía ahorrado.

Me la ha vendido uno de los proveedores

que trabajaba con doña Susana.

El hombre siempre me tuvo aprecio...

y me ha dejado la tela a muy buen precio.

-¡Arrea!

¡A la chita callando, Agustina también tiene sus seguidores!

-¡No digas tonterías! ¡A mi edad!

-¿A ver? ¿Y es para usted?

-¡No, mujer! ¡Es para Marcia!

-¿Para mí?

-¡Para tu presentación en sociedad!

¡Ay, ya verás qué vestido te hago! (RÍE)

Vas a ser mi señora y tienes que lucir como tal.

-Agustina...

Son preciosas..., pero no puedo aceptarlo.

Son "muito" caras. -¡Es mi regalo!

¡Y me hace ilusión verte guapa y deslumbrante!

No me hagas el feo de rechazarlo. -¡Ven aquí!

¡Gracias!

(AGUSTINA RÍE) ¡Vaya!

¿Qué está pasando aquí?

Mire qué tela he comprado

para Marcia.

Le voy a hacer un vestido para su presentación.

¡Toque la caída

que tiene!

¡Es muy bonita!

¡Estarás preciosa!

-Ande, Úrsula.

¿Me la deja que la vea yo?

¡Muy bien, señora Agustina! ¡Se ha lucido usted! ¡Qué genero!

-¡Nunca pensé que un hombre como don Felipe haría algo así!

-No exagere, doña Susana, que solo daban un paseo juntos.

-¡Y tan juntos! ¡Como que iban del brazo delante de todo el mundo!

-¡Vamos, que usted no acepta que un señor se una con una criada,

como una servidora y como mis suegros, sin ir más lejos!

-¡Esto no tiene nada que ver!

¡La diferencia entre don Felipe y esa muchacha

es más que evidente!

-¿Quiere algo más aparte del café?

-Cóbrate.

-¿Y qué tal la convivencia en casa?

-Estupendamente.

Como tiene que ser.

-Buenos días, señoras.

(SUSANA SUSPIRA NERVIOSA)

Qué grata sorpresa, don Felipe, verle por aquí.

¿Cómo no ha enviado a su criada?

-¿Quiere alguna cosita?

-Sí, vengo a encargar las bebidas para un ágape

que voy a ofrecer en mi casa. Sé que disponéis

de un buen catálogo de vinos, ¿no?

-Y, si no lo tenemos, se consigue.

-Este es el listado de los vinos que había pensado.

Desde luego, cuento con usted, doña Susana.

Lolita, vuestra invitación se la mandé a don Ramón.

En fin,

regreso a los preparativos. Con Dios. -Con Dios.

-Lolita...

No escatimes en gastos. Es una ocasión muy especial.

-Descuide, que así lo haré.

-Con Dios. -Con Dios...

Pone fecha y hora, pero no da ninguna pista.

A mí me da que tiene que ver con la criada.

-Y no va usted desencaminada.

La Carmen ha sabido por las del altillo

que don Felipe va a formalizar su relación con Marcia.

-¡Huy! Pero ¿por qué no me lo has dicho?

-¿Pa qué? ¡Si se lo ha dicho usted todo nada más entrar por la puerta

a por el café! -Ya.

¡Pues, sea lo que sea lo que hará

con esa muchacha, no me parece apropiado!

¿De qué hablan, que las veo tan entretenidas?

Eh... Del ágape

que va a hacer don Felipe en su casa.

¿No ha recibido la invitación?

¿Invitación...?

El señor Álvarez Hermoso

va a comprometerse con la que antes servía en su casa.

-¿Le pongo alguna cosita, Genoveva?

No..., vendré más tarde.

Gracias.

-¿Qué?

¡Qué bien se ve sobre la piel morena!

-Que la muchacha no es guapa ni na, ¿eh?

Hale, ahí las dejo a ustedes dos, que tengo que irme a hacer la comida.

Con Dios.

-Con Dios. Adiós.

¡Agustina, es usted tan buena conmigo!

-¡Y lo que voy a disfrutar confeccionándote el vestido!

¡Ay, anda!

Acércame una cinta que tengo en el cuarto.

Voy a tomarte medidas.

-Voy.

Es usted muy generosa con Marcia, Agustina.

-La muchacha bien lo merece,

que lo ha tenido que pasar muy mal.

Creo que don Felipe organiza un ágape en su casa.

Mi señor...

está decidido a seguir adelante con su compromiso

con Marcia.

No parece que le agrade.

Me preocupa don Felipe.

Muchos de sus clientes no verán con buenos ojos esta relación.

No tengo nada contra Marcia,

pero esta mañana escuché a don Ramón y a don Liberto...

cómo advertían al señor.

Sea como sea, no depende de usted.

Las decisiones de su señor

no son suyas.

La dejo, voy a descansar un poco.

-Disculpe la demora, no encontraba la cinta.

-Marcia...

¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

-La escuché hablar con Úrsula.

-¡Muchacha!

¡No te preocupes! ¡Son cosas mías!

-No, Agustina. Tiene razón.

Don Liberto y don Ramón también están preocupados.

-No te dejes arrastrar y confía en don Felipe.

Él sabrá manejar

todo el asunto mejor que nadie, ¿eh?

Aurelio...

Buenos días.

-Buenas, señor Palacios.

Ahora estoy con usted. -¡Eh, eh, eh! ¿Qué es eso?

-Una tarta que acabo de sacar del horno. ¿Quiere un trozo?

-Sí, pero no para mí; para Lolita.

Precisamente venía en busca de algún postre. Está obsesionada

con el chocolate. -(RÍE)

Por supuesto. ¿Qué tal se encuentra?

-Demasiado bien, tenemos que estar pendientes de ella

para que descanse y esté tranquila.

-Lolita es fuerte. No tiene de qué preocuparse.

-Ya. Por cierto, ¿qué es de su hermano?

Porque me han llegado

ciertos rumores que me han extrañado un poco.

-Discutió con Angelines

y se fue a buscarla para hacer las paces, nada raro.

-Ya.

¿Emilio?

-¿Qué haces aquí?

-¿No había ido

en busca de su prometida?

-No puedo engañarle.

Antoñito...

Me voy del país.

En cuanto acabe de tramitar la documentación,

dejaré todo atrás.

-No ha discutido con Angelines.

-Ledesma me sorprendió con Cinta y montó en cólera.

Nuestra relación no tiene futuro.

-A ver, Emilio, Ledesma es un hombre rudo,

pero parece inofensivo.

No sé qué represalia podría emprender él

para que usted tenga que abandonar el país.

-He herido su orgullo.

No bastará con un simple "lo siento".

-Bueno, pues yo no acabo de entender sus motivos.

Pero, en fin, si necesita cualquier cosa,

aquí me tiene.

-Se lo agradezco de corazón.

Es usted un amigo.

-Aquí tiene.

-¿Qué le doy?

-Nada, no se preocupe. Un regalo. Para Lolita.

-Gracias, Camino.

Suerte, Emilio.

-Emilio...

Te voy a echar mucho de menos.

-Y yo, hermana.

Os echaré de menos a todos.

-¿Cuándo podremos enterrar lo que pasó en Valdeza?

-No lo sé.

¡Qué bien que no os haya calado!

¡Estas obras

me han quitado unos años de vida!

-¡Ay, Fabiana, no se apure,

que ya queda poco para que se arregle!

-Oye, ¿y qué sabes tú del ágape de don Felipe?

-Pues que Antoñito y yo iremos a apoyarle.

Los tiene bien puestos para enfrentarse a todos por Marcia.

-Ojalá todo salga bien,

que esa muchacha es muy cariñosa, muy educada y bien bonita.

-¡Ya quisieran muchas señoras...!

-Aunque hay que reconocer

que Carmen y tú lo tuvisteis más fácil.

-Bueno... A mí no me lo pusieron del todo fácil.

Y a la Carmen, mejor callarnos.

-A ver, quiero decir que no tiene ni tu carácter ni un pasado de señora

como tuvo Carmen ni la chispa de doña Trini,

que Dios la tenga en su gloria.

-¡Y lo que le cuesta hablar como Dios manda a la pobre!

-Aunque ya habla más fácilmente,

que, cuando llegó, se le juntaban las palabras.

-A las buenas, Fabiana.

-Muy buenas. -Pero ¿ya ha limpiado toda la casa?

-No... No me ha dado tiempo,

pero necesitaba unas cosas de la mantequería.

-A ver, Carmen. ¿No habíamos quedado

en que yo me encargaba de subir la compra?

-Pero prefiero que no cargues y hacerlo yo. ¡No me cuesta nada!

-¿Y quién le ha dicho que me cueste?

¡Si lo llevo haciendo toda la vida!

-¡Pues por eso mismo!

-Hala. -He dicho que la subo...

y no se hable más.

-¡Mujer, déjate ayudar!

¡Aprovecha que tienes a Carmen!

-A ti lo que te toca ahora

es descansar.

-¡Ay, Lolita!

¡La suerte que tienes con ella en casa,

que ha sido la sirvienta mejor que ha tenido Acacias!

¡Por no hablar de la mano que tiene con los guisos!

-¡Bueno, Fabiana, no siga usted, que me voy a ruborizar!

-¡Quia! ¡Esos son verdades como puños!

¿Verdad que sí, Lolita?

-Como puños.

Como puños.

(Puerta)

(Portazo)

¡Don Ramón!

-¡Liberto!

Daré aviso a doña Genoveva de su presencia.

(SUSPIRA)

-Se me ha adelantado.

-Recién acabo de llegar.

¿Le consta que alguien más

haya recibido la nota de doña Genoveva?

-La verdad, no sé más que usted.

Como comprenderá, esta situación es un tanto incómoda para mí.

-Le reconozco que me sorprende su presencia aquí.

¿Cómo ha logrado que Rosina le permita venir?

-Si ha accedido a que viniera ha sido gracias a usted, don Ramón.

Parece ser que su presencia aquí

es una garantía suficiente para ella. Por no hablar

de su curiosidad natural, claro,

que la hace no prohibirme ir allá donde pueda darse caldo de cultivo.

(RAMÓN RÍE LEVEMENTE)

Buenas tardes. Buenas tardes.

Don Ramón...

Don Liberto...

Les agradezco que hayan acudido a mi llamada. Siéntense, por favor.

Gracias.

¿Desean tomar algo?

No, muchas gracias. -No.

Úrsula, puede retirarse.

Supongo que se preguntarán cuál es el motivo de esta reunión.

-Decirle lo contrario sería mentirle.

Se trata de un asunto que comentó usted ayer

en El Nuevo Siglo XX y que me conmovió hondamente.

Los soldados españoles heridos en el norte de África.

-Un episodio lamentable

que el Gobierno no sabe gestionar debidamente.

-Sí, y un asunto que podría llevarse por delante

algún ministro y quién sabe si al mismísimo rey.

Esos muchachos están dando la vida por nosotros.

Por eso he decidido donar parte de mi dinero

para fletar un barco que traiga a los heridos graves.

Una vez en la península, podrán ser atendidos

debidamente y así salvar sus vidas.

¿No les parece una buena idea?

Debo reconocerle que su propuesta

me pilla por sorpresa. (RÍE LEVEMENTE)

No tenía conocimiento de su filantropía.

Mi visión de la vida y mis prioridades

han cambiado mucho últimamente.

No soy la misma persona que llegó a este barrio hace unos meses.

-Imagino que habrá calculado la cuantía del gasto.

Fletar un barco

es demasiado costoso.

El dinero no es problema. Al menos, de momento.

Como bien saben, tengo la fortuna que heredé de mi esposo.

-Una fortuna ganada a base de tretas

y de engaños.

Sí. Y, si les soy sincera,

los motivos de mi decisión no son tan altruistas como pudiera parecer.

Quiero rehabilitarme

con la sociedad por todo el mal que haya causado mi esposo.

Lo que no acabo de entender

es qué papel jugamos nosotros en todo esto.

Es un asunto muy complejo.

Requiere de contactos y un asesoramiento del que carezco.

Aunque quisiera, no podría emprender esta misión yo sola.

¿Estarían dispuestos a ayudarme?

Recuerden que es por el bien de nuestros soldados.

¡Epa ya, eh! ¡Epa, epa! (RÍE) ¡Epa, epa!

¡Epa! (RÍE)

-¡Ay, madre mía!

(LE BESA)

(JACINTO RÍE)

(JACINTO TOSE)

¿Eh? -¡Qué guapo y qué buen mozo eres!

¡Si es que ni la escoba te afea!

-Pero ¡si la controlo mejor que el palo ovejero!

(RÍE) -¡Ay, qué salero!

(GIMEN AMBOS)

-¡Epa ya!

-¡Qué bien te ha sentado la caminata de hoy!

¡Hasta te veo más ágil y más joven!

-¡Pues espérate a que lleve más!

(RÍE)

-(SUSPIRA)

-¿Eh? ¿Eh?

-(SUSPIRA) ¡Qué guapo estás!

¡Si pareces un dios de esos que van en cueros!

¡Con tridente y todo!

-Pues de momento estoy vestido y con escoba.

De momento...

-¡Oh! (JACINTO RÍE)

-¡A las buenas tardes!

-¡Arantxa, mire, mire! -¡Mire, mire!

-¿No nota nada raro en mi Jacinto?

-Pues, ahora que lo dice, sí le noto algo raro, ¿eh?

-¿Ves? ¡Si salta a la vista lo guapo y varonil que te has puesto!

¡Arantxa, muchas gracias por hablarnos

de las caminatas esas! -¡Ay, Marcelina!

¡Si supiera la de recuerdos que me ha traído!

(SUSPIRAN)

-Jacinto. -¿Eh?

-¿A usted qué le parece si le acompaño?

-¡Claro!

¡Así estarás más entretenido! -¡Ah!

-¡Qué alegría!

¡Pues mañana mismo madrugo y nos vamos juntos!

-¡Bueno, pero mire que yo hoy he ido a las 07:00!

Más tarde no puedo, ¿eh?

-(RÍE) ¡A las 07:00, dice!

¡Yo digo antes de encender la lumbre!

-¡Ah, claro, claro! 06:45...

(ARANTXA RÍE) -¿Eh?

06:30... -¡Qué salao es!

¡Qué salao!

(JACINTO RÍE SIN GANAS) ¿06:00?

-¡No, hombre, no! ¡Yo digo a las 05:00 o así!

Así, cuando se levanten los señores,

ya tienen el agua caliente. -¡Ah, a las 05:00!

-¡Marcelina, qué alegría! ¡Me da ánimo para todo el día!

¡Qué bien! ¡Hala!

¡Agur! -¡Hala! (RÍE)

(MARCELINA SUSPIRA)

¡Qué machote y rebonito te vas a poner!

¡Hala! -¡Hala!

(MARCELINA SUSPIRA) -¡Hala!

¡A las 05:00!

(SUSPIRA)

Marcia. -¿Eh?

-Ya te he dicho que no tienes que trabajar.

Tenemos a Agustina.

-Puede ser, pero me gusta hacer el té y compartirlo contigo.

-Has puesto dos tazas.

-Ajá.

-¿Qué te ocurre?

Pareces extraña.

-Tómate el té.

-Ven, siéntate conmigo.

A mí no me engañas.

Sé que hay algo que te pasa.

-Agustina piensa que te puedo traer problemas.

-¿Eso te ha dicho?

-No, a mí no.

Mas la oí "falando" con Úrsula en el altillo.

-¿Por qué todos se meten en la vida ajena?

-¡No te enfades con Agustina!

Tiene buen corazón. Solo quiere ayudar.

Felipe,

yo también tengo miedo de que la gente te rechace.

Tienes una reputación que mantener.

-Lo cierto es que...

varios socios del ateneo ya no me saludan.

Pero poco me importa.

He librado peores batallas.

(Puerta)

-Voy a abrir.

-(SUSPIRA)

¡Liberto, qué agradable sorpresa!

¿A qué debo esta visita?

-Yo los dejo solos.

-He venido a decirle

que mi esposa y yo estaremos encantados de asistir a su ágape.

-Gracias, pero no era necesario que viniera a decírmelo.

Con una nota era suficiente.

-En realidad, hay otro motivo que me ha traído hasta aquí.

¡Hola!

¡Ay, estoy derrengada!

(GIME)

(SUSPIRA)

¿Qué hace eso ahí?

¡Ay, Carmen, Carmen, Carmen!

(TOSE)

¡Qué asco!

¡Menuda porquería!

(CARMEN SUSPIRA)

Lolita, ya estás de vuelta.

¿Qué tal ha ido la jornada? Oye, ¿te gustaron

las lentejas que te hice?

-Regular, Carmen, regular.

Que la morcilla se me ha repetido más que un rosario.

-Puede, pero el saborcito que les da las hace más sabrosas, ¿no?

-Pa mí no. Es que yo nunca les echo.

-Bueno...

Eso sí...

No he calculado bien

y he hecho lentejas

como para alimentar a todo un pelotón.

Si no te parece mal, las repetimos para la cena

y así me da tiempo a mí a terminar con todas las tareas de la casa.

-¿Cómo? ¿Que no le ha dado tiempo con lo bien organizado que lo tenía?

-Pues no, no me ha dado tiempo.

Me ha retrasado

destender las sábanas y plancharlas después.

-¿Que las ha planchado recién destendidas?

-¡Claro! ¡Como he hecho toda la vida!

-(CARRASPEA) -Las destiendo y seguidamente

las plancho para no arrastrar la faena.

-¡Pues muy mal hecho, Carmen!

¡Todo el mundo sabe que, si planchas las sábanas recién destendidas,

se quedan tiesas como lijas!

Pero, si quiere tirar p'alante

sin hacer las cosas bien...

-Mira, Lolita, yo he hecho lo que estoy acostumbrada a hacer,

pero, si te parece mal, yo mañana intento

hacer las tareas más rápido y a tu manera.

Solo te pido un poquito de paciencia

hasta que me haga con toda la casa.

-¡No se preocupe, Carmen! ¡No pasa na!

-¡Anda, ven aquí!

-(RÍE)

-¡Ven aquí, mujer!

-¡Que sí, que sí, claro! -(RÍE)

Ya verás como pronto nos aclaramos...

y la casa nos queda mejor que a nadie.

(CARMEN SUSPIRA)

-¡Así da gusto volver a casa!

El barco atracará en el puerto de Málaga. Desde allí llevarán

a los soldados heridos a varios hospitales,

algo impensable si se quedaran en Marruecos.

-Me parece una iniciativa muy loable

y le deseo toda la suerte del mundo en ello.

-He de confesarle que no he venido para ponerle al tanto del proyecto,

sino a invitarle a que se una.

-Desgraciadamente, no voy a poder.

Tengo muchos juicios pendientes y apenas tengo tiempo.

-No se precipite.

Piense en las ventajas que le reportaría.

Creo que es una buena oportunidad

para afianzar su reputación y su nombre.

-Mi reputación está afianzada

tras tantos años de profesión.

-Y no lo pongo en duda, amigo...

Pero la gente no piensa así.

Sobre todo desde que se conoce su relación con Marcia.

-Está bien. Lo consideraré.

Los soldados se merecen la ayuda.

-Hay algo más que quiero decirle.

El proyecto ha sido iniciativa de Genoveva.

Ella personalmente se ha ocupado de ponerlo en marcha.

Así que entenderá que yo me sienta más seguro si usted y yo nos unimos.

-¿Ha querido ella que yo me involucre?

-No exactamente. No, ha sido idea de todos.

Coincidimos en que hacía falta un abogado leal

que se ocupe de la burocracia que estos asuntos conllevan.

-Y ahí entro yo.

-Así es.

Don Felipe,

si no quiere involucrarse, lo entenderemos,

pero piénselo bien.

Nuestros soldados merecen una segunda oportunidad.

-Está bien. Lo pensaré.

Jose...

¿Crees que deberíamos ir al ágape del abogado?

-Pensé que ya habíamos dejado clara nuestra postura sobre eso.

-Lo sé, hijo, lo sé.

Pero esa gente no es como nosotros,

que lo que pensamos lo soltamos.

Los señores de aquí son más retorcidos...

que el rabo de un cerdo.

Hoy te sonríen y mañana te clavan un puñal.

-Justo por eso no podemos faltar.

Iremos al ágape y felicitaremos a don Felipe.

¡Que no hay nada más bonito que el amor!

¡Da igual

que la muchacha sea una criada negra y del Brasil! ¿Y qué?

-¡Ay, me como a besos

a mi Jose!

¡Más noble y más sincero no lo hay en el mundo entero!

¡Ven aquí, anda!

(JOSÉ Y BELLITA RÍEN)

-Cinta, mi alma, ven y siéntate aquí con tu padre y conmigo.

No, no quiero estropear su felicidad.

-¡Canelita, no digas pamplinas!

Venga y haz el favor de cambiar esa cara,

que no se acaba el mundo. Para mí sí.

Voy a perder al amor de mi vida.

¿No es eso el fin del mundo? -¡Ay!

¡Cariño mío, no hables así, que se me abren las carnes!

Solo vengo a decirles que Arantxa va a adelantar la cena.

Quiere madrugar y recogerse temprano, dice.

¡Digo!

¡Qué malaje tiene Arantxa,

que parece que es ella la que dirige la casa!

-¿Por qué quiere madrugar?

(RESOPLA) ¡Yo qué sé!

-¡Escucha, oye!

¿No sabrás dónde ha ido el hijo de Felicia?

¿Yo? ¿Por qué?

No sé, la madre dice que ha ido a Santander

a hacer las paces con Angelines.

Pero yo creo que tiene más cuento que Calleja.

Yo no sé nada, madre.

-¡No le mientes más al susodicho! ¿No ves que la niña se pone mustia?

-(SUSPIRA) ¡Está bien!

Lo siento, hija.

Voy a ver qué ha hecho Arantxa de cena.

-Espera, te acompaño. Me voy a tomar un tinto.

¡Estoy más seco que la mojama!

(SUSPIRA)

"Querido Emilio:

Tengo algo muy importante que decirte".

(SUSPIRA)

"Me voy contigo".

(Pasos)

Señora, ¿va a querer cenar algo más tarde?

No tengo apetito.

Si necesito algo, ya la avisaré.

Espere.

Quería darle las gracias por lo que me contó ayer.

Su conversación con Agustina en el altillo

me fue de gran utilidad.

Me alegra, señora.

Si me permite el atrevimiento,

¿qué uso va a dar a esa información?

Voy a poner en marcha un proyecto

para repatriar a soldados desde Marruecos.

Para ello necesitaré asesoramiento legal.

Y nadie mejor que Felipe.

¿Cómo está tan segura

de que don Felipe va a acceder a ayudarla?

El señor Álvarez Hermoso necesita congraciarse con la sociedad

y un proyecto de esta envergadura le vendría de perlas.

No se puede permitir rechazar esta oportunidad.

Tenga cuidado.

No es bueno celebrar la captura de una presa

antes de tiempo.

(RÍE)

Todo podría salir al revés de lo previsto.

(Puerta)

Eso no va a ocurrir.

La presa caerá según lo planeado.

¡No nos separaríamos para siempre!

Sería hasta que me estableciera

y encontrara un modo de vida. ¡No!

Está decidido: voy contigo ahora.

Me gustaría asistir a la formalización...

de vuestro compromiso.

¿Podría buscarme el número de un abonado de Santander?

¿El apellido?

Sí. Ledesma.

-La verdad es que hemos tenido bastante suerte.

Lo normal entre dos mujeres que conviven

es, no sé, tener rencillas y discordias,

y más siendo suegra y nuera.

-Quisiera que os fuerais ya.

(SUSPIRA)

-No te preocupes, Camino. No pasa nada.

-Ledesma no ha aparecido.

No tenemos aún noticias de él y eso no es nada bueno.

-No es que me quiera meter en tus cosas,

pero la gimnasia, por experiencia te digo,

tienes que tomártela con más calma, ¿eh?

-Disculpa, es que no te estaba entendiendo,

y ahora ya sí.

¿Lo que tratas de decirme es que soy una holgazana?

-(RÍE) -Es eso, ¿no?

Solo le pedimos que hable con los contactos

que usted crea conveniente

para que reciban a Emilio en el puerto y le allanen el camino.

-(SUSPIRA)

Yo también soy de origen humilde.

Me ha costado mucho llegar adonde estoy. Muchísimo.

Por eso te comprendo.

Si alguna vez necesitas hablar, ya sabes dónde estoy.

Te estaré esperando. "Quiero..."

lo primero de todo pedirle perdón.

¡Debería cruzarle la cara!

¡Debería cruzarle la cara y echarla de mi establecimiento!

Todo está previsto y bien previsto.

Y el temple no lo perderé. Hay demasiado en juego.

Recuperaré a Felipe...

y no cejaré hasta convertirlo en mi esposo.

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Acacias 38 - Capítulo 1077

16 ago 2019

Los Palacios descubren a Lolita haciendo las tareas del hogar por la noche y le piden que acepte la ayuda de Carmen, pero la cabrahíguense tiene su forma de llevar la casa y no le gusta la manera de hacer de Carmen.
Felipe decide organizar un ágape para celebrar su noviazgo con Marcia pese a recibir críticas del Ateneo. Ambos congenian a la perfección, pero el abogado ve preocupación en ella.
Genoveva, buscando conquistar a Felipe, propone a Ramón y Liberto fletar un barco para repatriar a los soldados heridos en Marruecos. El marido de Rosina pide ayuda legal al abogado.
Emilio se instala en una pensión de las afueras para preparar su huida y confiesa a Antoñito parte de la verdad. Los Domínguez indagan sobre la marcha de Angelines y Ledesma.

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  1. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    Lo de Lolita, Liberto, Úrsula, Genoveva, Susana y ahora Mauro, es puritito cachondeo.

    21 ago 2019
  2. luz

    Por favor que pase algo entretenido!!! me estoy brincando capitulos para ver si ya avanza la historia... Que paso con el personaje de Lolita que pronto se le olvido de donde salio como me choca este personaje desde el principio pero ahora mas...

    19 ago 2019
  3. Magdalena

    El saludo lo mando desde Uruguay, Montevideo.

    19 ago 2019
  4. Magdalena

    La verdad hay que hacer un esfuerzo para seguir viéndola. Es una pena porque está muy bien recreada la época y los personajes. Un saludo desde ¿¿¿¿

    18 ago 2019
  5. carmela

    Lolita está tan alterada, que hasta yo no la aguanto mas, el personaje, aunque esté embarazada, no tiene porque pasar de dulce y agradable, a una histérica exageradamente insoportable. (Quizá tendrían que bajarle el tono, porque ya Genoveva, parece Caperucita roja al lado de ella). La familia de Emilio, hace rato que no tiene paz, una manito de piedad por favor a los guionistas. Doña Úrsula ya es hora que sufra y pague por sus maldades. ¡¡¡El elenco es espectacular!!!. "Lástima el guión que tendría que ser más impactante y entretenido para el espectador" Saludos desde Buenos Aires

    18 ago 2019
  6. Ana

    Verdaderamente penoso seguir alargando la serie, deberían finalizarla, cuesta bastante verla

    18 ago 2019
  7. Enriqueta. Noli

    es penoso que una serie que nos gusto mucho al principio,tengamos que dejar de verla durante varios días para ver algo que no sea repetitivo, yo la recomendé a mi familia y ya la dejaron de ver. Otra vez Urzula haciendo de las suyas por lo visto pueden matar cuando quieran sin que les descubran . eso pasa por que el tema lo han agotado tanto como a los personajes.. De todas formas me gusto la producción, el vestuario y muchas actuaciones.. Desde Mexico .

    18 ago 2019
  8. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    Pero Liberto que se caso con una vieja viuda y con hija casada es muy increíble que se ponga a dar consejos de buenas formas el que es un mantenido y todo el mundo lo saben. Menudo chismoso nos ha salido Liberto. Consejos doy que para mi no tengo.

    17 ago 2019
  9. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    Pero es que no puede haber paz ni en casa de los Palacios con el matrimonio recién casados y Milagros de visita? Que ponen a Lolita en plan tan borde? Que barbaridad que poco ha durado la alegría de la boda, pero quién se cree que es Lolita? Pasó de criada a señora con más despotismo que la primera esposa de don Ramón Lourdes que era una siesa despótica y manipuladora. Vaya porquería de historia.

    17 ago 2019
  10. Felicitas

    ¡¡¡¡ ENCIERREN A LOLITA EN UN MANICOMIO, " YA " !!!!!!

    17 ago 2019