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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1070 - ver ahora
Transcripción completa

(FABIANA) Figúrese el disgusto tan grande que tenemos.

¿Quién se iba a esperar una cosa así?

-Pues no os va a quedar otra que meteros en obras.

-Nos piden un dinero que no tiene ni el Banco de España.

Tiene que seguir adelante.

Le aseguro que Marcia no va a ser

un impedimento entre usted y don Felipe.

Me pareciste un poco finolis cuando te conocí.

Pero ahora que has cogido confianza,

eres más de campo que una mata de amapolas.

A mí me gustas así.

Con esto tienes bastante para comprar un billete de tren.

Sal de la ciudad y no vuelvas.

Ese hombre era un inspector del Ayuntamiento.

Tenemos que meterle mano a la obra

y asegurar los cimientos de la casa.

-¿Y si no lo hacemos?

-Nos ponen una multa de las gordas y nos cierran la pensión.

Muchas gracias.

Espero que les gusten las canciones que hemos preparado.

(FELIPE) ¿Y esa maleta?

-Tengo que irme, no tengo más remedio.

-No puedo dejar que te marches sin que me des una explicación.

Pero ¿dónde ha quedado la alegría de la Dama del Misterio?

Ni que estuviéramos en un funeral.

# Solo me queda la hiel. #

¡Niña, tienes que terminar tu actuación!

No puedo, me voy a casa. No tengo aliento ni para respirar.

Cuéntame qué te ocurre. -Es sobre mi pasado.

Yo sé que nunca quise confesar, "mais agora" tienes que saber.

(SUSPIRA)

Felipe.

Tienes que saber que mi familia era "moito" pobre.

Y vivíamos bajo la sombra de un poderoso terrateniente.

Sus tierras se dedicaban a la explotación del caucho.

Era un hombre cruel y despiadado.

-¿No podíais cambiar de patrón?

-No era mi patrón. Era mi dueño.

Sí, has escuchado bien, era su esclava.

-Pero en Brasil estaba abolida la esclavitud.

-No faz tanto.

Una cosa es lo que digan las leyes

y otra bien diferente lo que hagan los hombres poderosos.

Yo, como otros cientos,

éramos obligados a trabajar en terribles condiciones.

Mis compañeros de infortunio perdían la vida

recolectando el caucho.

-No era ese también tu caso.

-No.

-Yo fui destinada a la construcción del ferrocarril

que transportaba el valioso caucho.

El trabajo era duro, pero menos mortal que el de los otros.

Casi lo eché de menos cuando me cambiaron de destino.

-¿Dónde te mandaron?

-Mis...

Mis delicadas maneras

llamaron la atención de mi dueño.

Y me llevó a su casa de Manaos

para trabajar a su servicio.

La tarea era menos ardua, pero allí fui testigo

de toda su brutalidad.

-¿Ese hombre te utilizó para...?

-¿Si abusó de mí?

No.

Ese miserable se encaprichó de otras jóvenes.

Con ellas satisfacía noche tras noche

toda su lujuria y su crueldad.

-¿Cómo terminaste en España?

-Los negocios de mi dueño eran menos boyantes.

Gran Bretaña comenzó a importar

su caucho mucho más barato de sus colonias.

Ahora son otros pobres diablos

los que están siendo esclavizados en otra parte del mundo.

Dando sus vidas para extraerlo de los árboles.

-Todo, por la riqueza de unos pocos.

-Ante la crisis,

mi dueño decidió instalarse en España,

dispuesto a disfrutar de las ganancias

acumuladas todos estos años.

-Te llevó con él.

-A mí y a otras pobres desdichadas.

Decidió seguir explotándonos.

-En España no está permitida la esclavitud.

No tenía ningún poder sobre vosotras.

-Te equivocas.

Tenía el poder de años de golpes y malos tratos.

Y en España, como en Brasil y otras partes del mundo,

el dinero y los contactos lo toleran todo, Felipe.

-Tienes razón.

Mi indignación me ha hecho ser un ingenuo.

Sigue, por favor.

-Yo no sé cómo Úrsula supo de mi historia

ni cómo llegó a contactar con mi dueño,

"mais" me compró por una cantidad considerable de dinero.

-¿Con qué fin?

-Para que le obedeciera en todo lo que deseara.

Mi primer cometido fue entrar en esta casa a trabajar.

Tenía que mantenerla informada

de todos tus movimientos, como ya sabes.

-Tenías razón.

Has tenido una vida terrible.

Has vivido un auténtico infierno.

¿Por qué no me lo contaste antes?

Estoy de piedra por lo de don Felipe y Marcia.

¿Quiere un pastelillo de coco?

Están buenísimos los jodíos pastelillos.

-Sí que ha sido toda una sorpresa.

Pero lo que me regodea

es ver que don Felipe recupera la alegría.

Ese hombre ha pasado mucho.

Esperemos que lo vivido con doña Genoveva no pueda estropearlo.

-No tiene por qué. Ya sabe lo que se dice.

Agua pasada no mueve molino.

A los que nada va a estropear su dicha es a dos que yo me sé.

Que está en capilla, Carmen.

La boda que le va a preparar mi suegro será difícil de olvidar.

-La fiesta que está preparando en el campo va a ser maravillosa.

Y yo estoy muy ilusionada.

-Pues con la cara de pena que lo dice cualquiera lo diría.

¿Es que no está contenta?

-Claro que sí, mujer.

Lo que empaña mi dicha es lo mal que está Fabiana.

-Ya, comprendo.

A mí también me tiene muy preocupada.

Parece que les ha mirado un tuerto.

-No sé cómo van a reunir el dinero.

Y si no lo hacen, tendrán que cerrar la pensión.

Esa por la que tanto lucharon.

-No sea agorera, que Dios aprieta, pero no ahoga.

-Es cierto, pero a veces podría apretar un poquito menos.

-Hablabais de la avería en la pensión.

-Así es, Ramón, nos tiene muy preocupadas.

-Yo tampoco puedo dejar de pensar en ello.

Además, ha habido novedades.

-Por su rostro parece que no son buenas.

-Estando yo allí se presentó un inspector que les exigió

que acometieran las obras o podría multarles.

-Lo que les faltaba. A perro flaco todo son pulgas.

-Si hubiese una forma de ayudarles...

Fabiana ha sido tan buena.

-A mí también me gustaría ayudarles.

Pero no se me ocurre cómo.

Que la maldita avería va a llevar su pedazo de obra.

¡Ay!

Te has quedado muy callado. ¿Qué piensas?

-En que es posible que haya una manera de ayudarles.

Desde que he sabido este último inconveniente,

hay una idea que no deja de rondarme por la cabeza.

Pero no sé si a ti te parecerá bien.

Contéstame.

¿Por qué no me contaste tan terrible historia?

-Estuve tentada de hacerlo en varias ocasiones.

Compartir contigo esta dolorosa carga.

-¿Y qué te lo impidió?

-No quería envolverte más en mi pasado.

Y, además, quería olvidar.

Era como que aquí estaba a salvo de tanta penuria.

"Mais" me estaba engañando a mí misma.

Uno no puede huir de lo que es.

-Te comprendo.

-De alguna manera, siempre supe

que mi pasado volvería para rendirme cuentas.

Y por eso, Felipe,

no me entregué a ti del todo como tanto deseaba.

Yo...

Me gustaría gritar a los cuatro vientos que nos amamos.

De decirle a todo el mundo que en mi vida

iba a sentir algo tan parecido a la dicha.

Me hiciste tan feliz cuando querías hacer público nuestro amor.

-¿Entonces, por qué te alejaste?

-Es sencillo, Felipe.

Por si un día tenía que huir, como está sucediendo ahora.

Úrsula me ordena que me vaya.

Soy la responsable del sufrimiento de su señora.

-No.

Escúchame.

Tú no tienes ninguna culpa

de lo que le pase a Genoveva.

Ni Úrsula tiene ningún poder sobre ti.

No te engañabas cuando te sentías a salvo a mi lado.

Has vivido una vida terrible.

Y has sufrido mucho.

Pero yo te voy a cuidar.

Y te voy a proteger.

Te daré la felicidad que te mereces.

Ahora desharás esta maleta.

Tu lugar está aquí.

A mi lado.

Tu único dueño es tu corazón.

Eres libre de sentirte dichosa.

Y nadie, nadie lo va a impedir.

(MARCIA LLORA)

¡Mm!

Esta tortilla que ha dejado Arantxa preparada

está para chuparse los dedos.

¿Quieres probar?

-No, hijo, la actuación de la niña me ha dejado cerrado el estómago.

Y todo sea dicho, no comprendo

cómo lo tienes tan abierto. -Yo también he pasado un mal rato.

-Ajá.

-Lo que pasa que ya sabes, las preocupaciones me dan hambre.

-También te la dan las alegrías.

No hace falta que disimulen, sé que hablan de mí.

Temas de conversaciones contigo no nos faltan.

Creo que les debo una disculpa por lo sucedido.

A nosotros y a todo el público asistente.

Que les has amargado la verbena con la tristeza.

Madre, he intentado seguir sus consejos.

Pero me he visto en el escenario y me ha venido la pena.

-Eso no hace falta que lo jures.

Que helaba el alma escucharte.

Eso sí, has cantado con mucho sentimiento.

-Demasiado, José, demasiado.

Tu actuación ha llamado la atención.

Pero no por el motivo esperado.

Qué vergüenza más grande. Espero que esto no traiga cola.

-Por los vecinos no os preocupéis.

Están más ocupados hablando de los amoríos de don Felipe y su criada

que de tu actuación.

Ojalá sea así, padre.

Aunque lamento que los empresarios

se hayan quedado con una mala imagen.

Si me disculpan, me voy a comer la tortilla en mi cuarto.

¡Anda!

-¡Ole!

Al parecer, la niña en eso ha salido a mí.

Tampoco le quitan el hambre las preocupaciones.

-Pues tendrá que tener cuidado de no engordar.

Preocupaciones no le van a faltar.

Es demasiado temperamental.

-¿Y eso te sorprende, llevando tu sangre por las venas?

Todos los buenos artistas sois temperamentales.

-Unos más que otros. -Tú eres de las que más.

-¿Yo? -Sí.

¿Acaso se te ha olvidado

cuando te negaste a cantar en aquel café

porque en primera fila había un señor vestido de amarillo

y temías que te diera mala suerte?

O cuando te enfadaste con un empresario

y hasta que no te pidió perdón de rodillas

no saliste al escenario. Te puedo dar más ejemplos.

-No, no, no será necesario.

-Madre e hija sois...

Sois genio y figura.

Y yo tengo la suerte de teneros a mi lado.

Y el resto, que hablen lo que les dé la gana.

-La afortunada soy yo, que no sé lo que haría sin ti.

-Pues mira, entre poco y nada.

-¡Ay!

-En lo único que tenemos que estar centrados

es en animar a nuestra Cinta. Entre los dos lo conseguimos.

Seguro.

¿Y cómo has pensado ayudarles?

¿Pretendes prestarles el dinero que precisan?

-No creo que ellos aceptaran una cantidad tan grande.

Y más, cuando les sería casi imposible devolverla.

-Fabiana, desde luego que no.

Servando sería otro cantar.

¿Qué has pensado?

-Pues ayudarles, sí, pero de tapadillo.

Sin que se sientan mal por ello ni se puedan negar.

-No comprendo cómo podría ser posible eso.

-Ahora lo vas a entender todo.

¿Qué te parecería

si celebráramos nuestra boda en la pensión?

Fabiana podría encargarse del ágape.

Y Servando se encargaría de las mesas, de las sillas.

Así podríamos celebrarlo por todo lo alto

y con la cantidad de dinero que ganaran,

sería suficiente para afrontar la avería.

Vaya, mi amor, lo siento, te he decepcionado.

Con la ilusión que te hacía celebrar la boda en el campo.

-No, Ramón.

Es una idea maravillosa.

-¿Te parece bien, entonces?

¿Y por qué esas lágrimas?

-Porque no son de tristeza, sino de alegría.

Porque me voy a casar con el hombre más bueno

y maravilloso de esta tierra.

Celebraremos la boda en la pensión, claro que sí.

Así Servando y Fabiana podrán afrontar la avería.

(RÍE)

Gracias.

¡Abra la puerta!

¡Ya va!

¿Qué maneras son estas de llamar?

Don Felipe.

Perdone, pero mi señora está ya acostada.

No son horas para visitas.

Y después de lo sucedido, de la suya menos que de nadie.

No vengo a ver a Genoveva, sino a usted.

¿A mí, por qué motivo?

Tenemos que hablar de Marcia. ¿De Marcia?

Yo no tengo nada que decir

sobre cómo decida tratar a su servicio.

Sé que usted la compró como esclava a un cacique brasileño

con el fin de espiarme.

Oh.

Perdone, ¿de dónde ha sacado semejante locura?

¿Cómo se le ocurre acusarme de una barbarie así?

¿No ve que es absurdo?

Sé perfectamente qué clase de mujer es usted.

Alguien capaz de cualquier cosa por conseguir sus objetivos.

No me extraña que trabaje en casa de Genoveva.

Son tal para cual, dos miserables personas.

Don Felipe, que yo sea ama de llaves

no le da derecho a tratarme así.

Le ruego que se marche. Descuide, me marcharé enseguida.

No soporto su presencia más tiempo del necesario.

Pero le ordeno que deje en paz a Marcia.

No es usted quién para ordenarme nada.

No, yo no, pero sí la Policía.

Si no la deja en paz, la denunciaré por esclavista.

Y le recuerdo que es un delito penado con la cárcel.

Marcia se va a quedar aquí, le guste o no.

Don Felipe, le vuelvo a insistir

que todo esto es absurdo.

Me temo que se está dejando embaucar por esa criada.

¿No ha considerado que quizá le está engañando...?

La única que miente es usted.

Así que le repito, por si no lo ha entendido bien,

o deja a Marcia en paz

o tendrá que atenerse a las consecuencias.

Tome y saboree este café, don Ramón.

La cafetera es de las pocas cosas que aún funcionan.

-Nos tiene usted intrigados.

¿Para qué quería vernos tan temprano?

No creo que sea para saborear el café de Servando.

-He sabido que el inspector os ha vuelto a apurar

para que acometáis las reformas.

-Sí, señor, no le han engañado.

Nosotros ponemos un circo y nos crecen los enanos.

-No he pegado ojo en toda la noche.

Y no solo por la preocupación.

-Pues he pensado que quizá haya una solución a los problemas.

-Pues no se la guarde para usted solo.

Por más que doy a la mollera, no encuentro ninguna.

-¿Qué os parecería

si organizáis aquí el convite de mi boda?

-¿Que qué nos parecería?

(RÍE)

Pues que ha perdido usted el oremus.

¿Cómo va a organizar aquí nada teniendo la pensión así?

Saldrían los invitados empapados.

-No tiene por qué ser así.

El dinero que vais a ganar organizando el convite

lo podéis invertir en reparar la avería.

-Hombre.

Eso sería nuestra salvación.

-Pero si ya lo tenían todo preparado en el campo.

¿Acaso quiere encargarnos el convite

para que podamos acometer la obra?

-No es eso, Fabiana.

Carmen y yo hemos cambiado de opinión.

Ya no nos apetece celebrarlo en el campo.

-¿Y por qué no? Carmen estaba muy ilusionada.

-Porque es mucho más cómodo celebrarlo en la ciudad.

Así no tenemos que viajar ni mover a tantos invitados.

-Y el campo está lleno de bichos.

-Lo lamento, don Ramón.

Pero no le creo ni una sola palabra.

Llevan ustedes días hablando de lo bonita que es la finca

donde van a celebrar el festejo

y ahora cambian de opinión.

Yo les agradezco de corazón sus buenas intenciones.

Es más, me emociona ver cómo se preocupan por nosotros.

-Pues entonces no tienes más que aceptar, Fabiana.

-No puedo, don Ramón.

No podemos permitir que no tengan la boda deseada por nuestra culpa.

Ya subsanaremos la avería como buenamente podamos.

Es mi última palabra.

-Pero...

¡Que sea la penúltima, por lo menos!

De verdad...

Me va a costar Dios y ayuda hacerle bajar del burro.

¡Qué cabezota es!

# Amor tirano.

# Amor cruel.

# Todo me has arrebatado.

# Solo me queda la hiel. #

¡Hermano! Que estás en Babia.

-Perdona, no te he oído entrar.

-No hubieras escuchado ni una manada de elefantes.

¿Cómo estás?

Tienes aspecto de no haber dormido en toda la noche.

Y sé el motivo de tus desvelos.

Ayer vi cómo sufrías durante la actuación de Cinta.

-Cinta no pareció pasarlo mucho mejor en el escenario.

-No, la verdad es que no.

Es obvio que la canción tan desgarradora que interpretó

estaba dedicada a ti.

-Buenas.

¿Interrumpo?

-No, no se preocupe, Antoñito.

Ya se puede imaginar de qué hablábamos.

-Sí, imagino que de la actuación de ayer de Cinta.

He escuchado que no dejó indiferente a nadie.

-Nos rompió el corazón con su pena.

-Escogió una canción tan bella y desgarradora

que gran parte del público no pudo soportarlo y se marchó.

-Bueno, es obvio que ella tiene el corazón roto.

Y también, que le sigue amando, Emilio.

-Ya, tanto como yo a ella.

-Por eso es tan importante que mi estrategia dé resultados.

-Ya los ha dado, pero no los esperados.

-¿Cómo?

-En lugar de apartarse, se siente más atraída.

Parece que mis modos rudos le hacen sentirse más cómoda conmigo.

-Es la primera vez que escucho

que a una mujer le gustan los hombres groseros.

He estado muchas veces en Cabrahígo y no se imaginan cómo son allí.

-Por mucho que trate de negarlo, parece claro

que debo unirme a Angelines el resto de mi vida.

En fin, póngame un cafelito.

-Ahora mismo.

Les agradezco su atención.

Espero que puedan cumplir mis deseos con la mayor celeridad.

Les acompaño a la puerta.

Espero sus noticias.

(Portazo)

Ha estado más de una hora reunida con esos señores.

Los asuntos que teníamos que tratar requerían su tiempo.

Me ha parecido reconocer a dos de ellos de otras visitas.

¿No eran los abogados de don Alfredo?

Así es, y antes de que me lo pregunte,

el tercero era el director del banco donde guardo

parte de la fortuna que heredé de mi esposo.

¿Puedo preguntarle el motivo de la citación?

Sí, claro que puede. Otra cosa es que le responda.

Disculpe mi curiosidad, pero tengo la sensación de que está,

cómo decirlo, vulnerable.

Le ruego que no se precipite.

No haga algo de lo que después pueda arrepentirse.

Le agradezco su preocupación, pero descuide.

Sé muy bien los pasos que he de seguir.

Ya bastantes errores he cometido en esta vida.

Y ahora, si es tan amable, prepáreme papel y pluma.

Voy a convocar a todos los vecinos a una reunión en esta casa.

¿Cuándo, señora? Esta misma tarde.

Debe avisarles inmediatamente.

¿A todos los vecinos?

Sí, a todos.

También a Felipe.

De hecho, será el primero a quien escriba.

No tema, Úrsula, sabré comportarme en su presencia.

Ya he tocado fondo, no puedo caer más bajo.

Ahora le preparo el papel y la pluma.

Úrsula.

Anoche me pareció escucharle discutir con alguien en la puerta.

¿Quién era, quién podía venir a horas tan intempestivas?

Nadie, señora.

No vino nadie anoche.

Debió ser el ruido de la verbena lo que usted escuchó.

No se habla de otra cosa en Acacias

que de Felipe y su criada.

-Ya se sabe, la cabra tira al monte.

Aunque mucho ha conseguido contenerse Felipe

antes de ir tras las faldas de una mujer.

-Ya os dije yo que lo sospechaba.

-Has vivido en su casa y no te has enterado de nada.

-Compréndeme, no tenía la cabeza para esas cosas.

-Hombres, no valen para nada.

-A mí quien me da pena es Genoveva.

-Haga el favor de no mencionarla en mi presencia.

Todo lo mal que le pase se lo habrá buscado.

-Con todo esto, no hemos hablado de la actuación de Cinta.

-Prefiero no recordarla, su canto aún me entristece.

-A mí me pareció una canción bella. Poco apropiada para una verbena.

-Hubiera sido apropiada para un funeral.

-Escuchándola no cabía duda de que tiene el corazón roto.

-Sí.

Hablando del rey de Roma.

-Don José, Bellita, ¿quieren sentarse a tomar un aperitivo?

-Será un placer.

Gracias.

-Estábamos comentando la actuación de su hija.

-Nos extrañó que eligiera esa canción para una fiesta.

-Las artistas somos así.

A veces nos equivocamos al escoger el repertorio.

-Además, estaba indispuesta. -Sí, sí.

A la hora de la comida me comentó, no andaba muy católica.

-Pues precisamente eso comentábamos.

Parecía tener un mal del que no se había repuesto.

-Señores, aquí les encuentro, así me ahorro paseos.

-¿Qué ocurre?

-Doña Genoveva me ha encargado que les dé una nota

a todos los vecinos.

-¿Qué querrá ahora?

-No sé, tendrán que leerlo, a mí no me ha dicho nada.

Yo solo soy un mandado.

-Nos ha citado esta tarde en su casa

para una reunión urgente.

Quiere hablarnos de nuestra fallida inversión en el banco.

-Yo no la llamaría fallida, sino un robo a mano armada.

-¿Qué querrá contarnos? -Conociéndola, cualquier maldad.

Ya me lo contarán ustedes, no pienso pisar esa casa.

-Querrá insistir en convencernos de su inocencia.

-No tiene sentido citarnos para eso.

¿Y si ha decidido devolvernos el dinero?

-Para eso tendría que tener algo

que no sabe lo que significa: decencia.

-Muy buenas. -Buenas.

-Ya veo que también están citados en casa de doña Genoveva.

-Sí, y la verdad, no sabemos qué se propone.

-Vaya usted a saber, Felicia.

Aunque ha estado casada con ese hombre,

no es responsable de sus actos

y no tiene ninguna deuda legal con nosotros.

-¿Entonces, por qué nos cita?

-Esta misma tarde lo sabremos. Yo pienso acudir a la cita.

Y les recomiendo que ustedes también lo hagan.

Nos concierne a todos. (SUSANA) Conmigo no cuenten.

Me niego a seguirle el juego a la viuda de Bryce.

Muchas gracias por ayudarme, prima.

Estaba que me caía de sueño.

-¿Tampoco te han dejado dormir los ronquidos de la Agustina?

-Ni un sordo podría haberlo hecho.

Es que lo de esa mujer es inhumano.

Y esta mañana casi me duermo preparando el desayuno.

-Una, sin embargo, ha dormido a las mil maravillas

después de los bailes que nos echamos Jacinto y yo.

-Pues sería por los pasodobles,

porque lo que cantó la hija de doña Bellita no daba para bailes.

(AGUSTINA) ¿Se puede?

Casilda, ¿puedes prestarme una báscula?

-Sí, sí.

Por cierto, estábamos hablando de Cinta.

¿No se le encogió el corazón cuando cantó?

-Calla, que aún me apena recordarlo.

Esa muchacha tiene que sufrir de amores

para cantar con tanta tristeza.

-No como don Felipe y su criada, que beben los vientos.

¡Qué calladito se lo tenía la Marcia!

-Yo aún no puedo creérmelo. No me entra en la cabeza.

-¿Y por qué no, señora Agustina?

No es la primera criada que se enamorisca de un señor.

Piense en la señora Carmen y en la Lolita.

-Una no pensaba que don Felipe fuera como los Palacios.

En fin, el tiempo lo dirá.

Gracias por la báscula.

¡Pero prima!

¿Por qué no le has dicho nada de los ronquidos?

Hay que encontrar una solución.

-Ya, pero ya lo hemos intentado y no ha habido manera.

¿Ya se marcha, madre? -Sí.

No quiero llegar tarde a casa de Genoveva.

La reunión está a punto de empezar.

-No me gusta nada esa mujer.

-Tranquilo, los vecinos estamos prevenidos.

Ante todo, tenemos curiosidad.

-Tenga cuidado, ya sabe lo que le pasó al gato.

-Aparte de la repentina convocatoria de Genoveva,

también se comenta en el barrio la peculiar actuación de Cinta.

Porque en Acacias no ganamos para sorpresas.

Felipe y su criada están dando mucho que hablar.

Si no, estaríamos en boca de todos.

-Yo no puedo controlar lo que piensen los vecinos.

-Claro que no, pero sí tratar de no ponerlo tan fácil.

Así que por favor, no eches más leña al fuego.

Ledesma, Angelines.

No les esperábamos. Yo tengo que marcharme.

-No la entretenemos ni una miajita.

Solo venimos a despedirnos.

-¿Se marchan? -Unos pocos días.

Vamos a Ávila, a anunciarle el compromiso a unos parientes.

-Lo comprendo. Que tengan buen viaje.

Emilio, prepárales unas viandas para el camino.

-Ahora mismo, madre.

-Angelines, ve a ayudarle.

Así podréis despediros en condiciones.

Tengo que decirle que no puedo estar más satisfecho.

Las cosas entre los muchachos no empezaron con buen pie.

Pero se van enderezando.

¿Quiere que le traiga algo de Ávila?

-¿Y eso, Ledesma?

Es la primera vez que es usted tan considerado.

-Bueno, las cosas se van poniendo en su sitio.

Ya no hay motivo para andarse con tiranteces.

Vamos a ser familia.

-Se lo agradezco, pero no preciso nada.

Nos vemos a la vuelta. Con Dios.

¡Angelines, date prisa, no vayamos a perder el tren!

¿Qué hacíais ahí solos?

Dejad algo para después de la boda.

-Padre, no diga eso. -Pero qué pánfila eres.

Era solo un chanza.

Anda que no vas a tener que espabilarla.

-Buen viaje.

-Tranquilo, que enseguida estaremos de vuelta.

No vas a tener tiempo de echarla de menos.

¿Dónde estará nuestra anfitriona?

-Hemos sido puntuales, debería estar esperándonos.

-No era necesario despertar más

nuestra curiosidad haciéndonos esperar.

Señores.

Doña Genoveva estará en un momento con ustedes.

-Jesús, esta mujer ni siquiera hace ruido al moverse.

Por poco me mata del susto.

Les ruego tomen asiento.

(JOSÉ CARRASPEA)

¿Desean beber algo? (RAMÓN) No, Úrsula.

Solo queremos que su señora nos diga ya

cuál es el motivo por el cual nos ha convocado.

Deberán tener paciencia.

(Puerta)

Quedan invitados por llegar.

-Es lo que tiene ser tan puntual. Al final nos toca esperar.

Tome asiento, doña Susana.

-Buenas a todos.

Avisaré a mi señora.

-Susana.

Pensé que no iba a acudir.

-Lo he decidido al final. He comido con Rosina y Liberto.

-Al final, van a venir.

-No, a Rosina le es muy violento venir a esta casa

y encontrarse con Genoveva como si tal cosa.

-Es de entender que sea un trago muy amargo.

-Hablando de tragos, deberíamos haber dicho que nos sirviera algo.

Así la espera sería más corta.

¿Por qué no ha acudido Felipe?

No lo sé, señora.

Le di su nota a Jacinto para que se la entregara personalmente.

(SUSPIRA)

Disculpen la espera.

Veo que ya estamos todos.

(Puerta)

Huy, pues se equivoca.

Al parecer, faltaba alguien.

Aguardemos a ver de quién se trata.

-Buenas.

Nos hemos encontrado en la escalera.

Les agradezco su presencia.

A todos.

No les entretendré mucho tiempo.

Quería informarles de que me he reunido

con los abogados de mi difunto esposo.

Quería saber si había alguna posibilidad

de recuperar el dinero que desvió.

Por desgracia,

no hay ni rastro de ese capital.

¡Vaya por Dios!

-Era de suponer que se cuidaría de borrar ese rastro.

-Que Dios lo perdone, pero mal rayo lo parta.

Otra vez mi esposo nos engañó a todos.

A mí, la primera, que tuve que sufrir

en mis carnes su violencia.

-Ya sabía que esta reunión no iba a servir para nada.

-Para decirnos que no va a devolvernos

el dinero que su esposo nos robó

no era necesario reunirnos con tamaña urgencia.

-Una simple nota hubiese bastado. Y santas y muy buenas.

Están confundidos.

Sí que estoy dispuesta a devolverles el dinero.

-¿Ah, sí?

Aunque no tenga la obligación de hacerlo,

quiero resarcirles económicamente.

Tome, Fabiana, a ver si le asienta el cuerpo.

-Ay, falta me hace, muchacha.

Entre la avería de la pensión, que me tiene en un sinvivir,

y los ronquidos de Agustina, que no me dejan pegar ojo,

estoy hecha un rastrojo. -¡Huy!

Pues uno de sus problemas sí que tendría fácil solución.

-Te he dicho que no voy a aceptar la propuesta de tu suegro.

No insistas más, muchacha.

(SUSPIRA)

-Y a todo esto,

¿a santo de qué no estás en la reunión de doña Genoveva?

-Mi Antoñito y mi suegro han ido en representación de la familia.

Nada se me ha perdido allí. Y no me escurra el bulto,

que estábamos hablando de otro tema.

-Te equivocas, ya habíamos terminado.

-Qué cabezota es usted.

Le vendría muy bien organizar el convite

para pagar la avería.

-A mí sí, pero no a los novios.

-¡Ea!

-Tu suegro pretende sacarme a mí del apuro

a costa de sacrificarse él ese día.

Y no, Lolita, no.

Carmen y él se merecen la mejor de las fiestas.

Y nosotros no podemos ofrecerles algo tan bonito

como la celebración que tenían planeada.

-No diga eso, Fabiana.

Usted podría organizar una boda por todo lo alto.

-Pues no, estando las cosas como están,

lo único que podría hacer es despeñarme.

-¡Ay!

-Fabiana, aquí la encuentro.

-Carmen, si viene a convencerme de lo que yo creo,

se podía haber ahorrado el viaje.

Lolita lleva intentándolo media tarde.

-Y sin ningún resultado, todo sea dicho.

-Espero que después de lo que he de decirle cambie de parecer.

-Mucho lo dudo.

-Sepa usted que antes de marchar a casa de doña Genoveva,

Ramón se ha puesto en contacto

con los propietarios de la finca donde iba a ser el banquete.

-¿Por qué motivo?

-Pues para anular el encargo.

-¿Ha desconvocado la celebración? -¿Y por qué hizo tal cosa?

(SUSPIRA)

Más claro, el agua, Fabiana.

Para que no le quede otra que aceptar.

Y que Servando y usted nos organicen la fiesta.

¿O acaso quiere dejarnos sin brindis?

-Eso. -Que no, mujer, no es eso.

Yo lo único que quiero es que sean dichosos.

-Pues por eso mismo.

Nada nos haría más felices que ese día compartirlo con los amigos

y, de paso, ayudarles.

-Claro.

-Nuestra dicha no será completa si la vemos sufriendo dificultades.

-Ya veo que pretende dejarme sin argumentos.

(RÍE)

-Entonces, acepte ya.

-Está bien.

Ustedes ganan.

Organizaré el convite.

-Qué rico. -¡Bien!

-¡Ay, ay!

-¡Ay, ay, ay!

¿Nos está diciendo que nos va a devolver

el dinero que nos estafó su esposo?

Exactamente, lo han entendido.

-¿Y por qué?

La respuesta es sencilla.

Aunque yo no forme parte de la estafa,

quiero vivir con la conciencia tranquila.

-Y si no se puede conseguir el dinero

que nos robó su esposo, ¿cómo piensa pagarnos?

Estoy dispuesta a recurrir al dinero que me dejó en herencia.

Ya he informado a mis abogados

y banquero para que se pongan a ello.

Lamentablemente, no podré devolverles

todo lo que invirtieron. Mi capital no da para tanto.

Pero sí trataré de que sea lo más posible.

-Es una buena noticia.

-Ay, qué alegría, José.

Por fin nos sonríe la suerte.

-Dice que nos va a devolver el dinero.

¿Sucede algo, Felipe?

No parece muy satisfecho.

-No, me alegro por mis vecinos y amigos.

Simplemente me preguntaba qué podría esconder

semejante acto de generosidad por su parte.

Como les he dicho a todos, nada escondo.

Solo quiero hacer justicia.

Al fin parece irse solucionando todo.

Los señores van a poder recuperar el parné

que tan malamente les estafaron.

-Mis señores no podían creérselo cuando les han dado la noticia.

-Pues los míos deben andar por ahí celebrándolo.

Don José ha lanzado a mi señora por los aires

como si fuese un harri-jasotzailea.

-¿Harrija qué?

-Nada, Casilda, cosas de vascos.

-Pero que sí, que tiene razón.

Van a dejar de pasar estrecheces.

-Y por una vez en mucho tiempo,

tenemos buenas nuevas que comentar.

Que una ya no podía más con tantas desdichas.

-No todo son malas noticias.

Piensen en Marcia y en don Felipe.

Que andan como un par de tortolitos.

-Ya sabes que eso no acaba de convencerme.

Aún está por ver que sea bueno.

A saber qué pretende la muchacha.

-Bueno, Dios no lo quiera

que don Felipe haya engatusado a esta pobre

para darle la patada y si te he visto, no me acuerdo.

-Hay que jeringarse.

Son ustedes dos pájaros de mal agüero.

-¡Huy! -Siempre poniéndose en lo peor.

-Ya sabes lo que se dice: piensa mal y acer...

-Buenas noches.

Entiendo por su silencio que estaban hablando de mí.

Yo sé que no me conocen bien.

"Mais" no me juzguen por estar enamorada de don Felipe.

He tenido una vida tan dura

que siempre he pensado que el amor me estaba prohibido.

Todo cambió cuando conocí a Felipe.

Pese a su coraza, es un hombre moito sensible.

Yo le he visto sufrir y preocuparse por los que estima.

Y ten un gran corazón en su interior.

-No te equivocas, muchacha.

Se trata de un gran hombre.

Y perdona por mis dudas.

Escuchándote no hay duda de que eres sincera.

-A las buenas.

Traigo una gran noticia. -¿Otra más?

-Don Ramón y Carmen van a celebrar el convite en la pensión.

Con lo que nos paguen, podremos hacer las obras

y no tendremos que cerrarla.

-¡Ay, oso ondo!

¡Qué bien!

-¡Ay, qué alegría!

-¡Qué bien, Fabiana!

-Sí.

Emilio, Emilio.

Vamos a hacer el convite de la boda de Ramón y Carmen.

Mañana empezamos las obras para arreglar las averías

con un monís que me han adelantado.

-Me alegra escucharlo, es una gran noticia.

Los asuntos monetarios se están solucionando para todos.

Genoveva va a devolver parte del dinero que invertimos.

-Ya estoy al tanto.

Es de ley que restituya lo que hizo el banquero.

-Es de ley y es de agradecer.

Que nadie le obligaba, salvo la buena conciencia.

-Se ve poco por estas calles.

-Supongo que hablan de doña Genoveva.

Su generosidad me ha dejado de piedra.

-Nunca he terminado de confiar en ella.

Pero tal vez haya llegado el momento de cambiar de opinión.

-No es de extrañar, se ha comportado de forma ejemplar.

Digna de una oriunda de Naveros del Río.

-Todos los vecinos están encantados.

He visto a don José y su esposa felices de la vida.

-Y no es para menos.

Venga, que le enseño por dónde vamos a empezar las obras.

Y les invito a un cafetito.

-En ese caso, no me niego.

Ay, Marcelina, Jacinto.

Tenemos algo muy bueno que contaros.

-Habéis llegado justo a tiempo. -Hay mucho que celebrar.

-Ya estamos al tanto.

De la pensión y del parné que tiene que devolver Genoveva.

-Pero no echemos las campanas al vuelo,

queda un asunto por resolver.

Sus ronquidos, señora Agustina.

-¡Huy, qué tontuna!

Si yo no ronco.

-Ay, Agustina, si no pegamos ojo por su culpa.

-Son terribles sus ronquidos.

-La primera vez que los escuché temí estar en el Amazonas.

-Pero...

No entiendo. ¿Y por qué no me habéis dicho nada?

-Porque no queríamos molestarla.

-Mal hecho. Si no me ofendo.

Yo ya creía que alguien roncaba. No sabía que era yo.

(RÍEN)

-Pues sí, pero mi Jacinto dice conocer algunos remedios.

-Mis ronquidos eran conocidos en toda la comarca.

Y me venía bien cuando dormía a la intemperie

para espantar a los lobos.

-Solo que una vez casados, no me hicieron tanta gracia.

-Y en Acacias tampoco abundan los lobos.

-Pues ya mismo me lo estás contando.

Que hoy mismo lo pongo en práctica.

-Pa chasco que sí, haga usted el favor.

Que necesitamos dormir tranquilas de una santa vez.

(JACINTO) Pues na.

Empecemos.

(SUSPIRA)

¡Qué desastre, por Dios!

(Puerta)

Arantxa, ¿eres tú?

Arantxa.

Emilio, ¿qué haces aquí?

He sabido que tus padres estaban de paseo.

Le he cogido la llave a Jacinto para verte.

¿Por qué? ¿Acaso lo dudas?

Porque no soporto estar separado de ti, Cinta.

Durante tu actuación, creí que me moría de la pena.

Tu canción me llegó al alma.

Debiste ser el único al que le gustó.

Dime, Cinta.

¿Tú sientes el mismo deseo,

la misma necesidad de estar juntos?

¿Necesitas preguntarlo?

Cada segundo sin ti es un mundo.

Qué maravilla.

Hacía tanto tiempo que no teníamos tantas cosas que celebrar.

-Di que sí, hoy ha sido un día maravilloso.

Por una parte, recuperaremos gran parte del dinero invertido

y por la otra, la Fabiana organizará el convite de la boda.

-Ya no tendrán que pasar más apuros para mantener la pensión.

Tuviste una gran idea, Ramón.

-El mérito también es tuyo y de Lolita

por lograr convencerla.

Esta mañana no daba un duro, Fabiana se negaba en rotundo.

-Mañana empezaré a decirle a los invitados

que la celebración será en la pensión.

-Ojalá sepamos pronto si viene Milagros.

-Si le acompañan Víctor y María Luisa, la felicidad será completa.

Por cierto, no he tenido tiempo de preguntarte.

¿Sabes qué es lo que se proponía Genoveva?

¿Por qué razón iba a renunciar a gran parte de su herencia

de forma tan generosa? -Ni la menor idea.

Supongo que querría congratular a sus vecinos.

Todos, incluida ella, hemos sido víctimas de ese mal hombre.

-Sí, puede ser, pero hay algo que no me termina de encajar.

Es que no me fío de esa mujer.

-Quizá quería acallar las habladurías

que hay sobre Felipe y ella.

-Huy.

-¿Qué te pasa?

Te has quedado pálida.

-¿Qué te ocurre?

-Lolita. -¡Uf!

¿Va a cenar algo, señora?

Permítame que le diga que ha cometido un grave error

entregando su dinero a esos miserables.

No se merecen ese gesto.

Son unos desagradecidos.

A pesar de lo que ha hecho, nada va a cambiar para usted.

Señora, me está preocupando.

¿Acaso no sabe que cuanto más dinero tenga, más fuerte será?

¿De qué le va a servir ese gesto?

¿Cree, acaso, que va a recuperar a don Felipe?

¡Úrsula, deje de importunarme con sus preguntas!

Y prepare mi equipaje.

Quiero irme de estas calles.

Cuanto antes y para siempre.

He sido derrotada.

He perdido a los dos hombres a los que he amado.

¿Me está diciendo que se siente derrotada por una criada?

Me decepciona usted, doña Genoveva.

Me decepciono a mí misma.

(FABIANA) ¿Qué le pasaba a Lolita?

-Estábamos tranquilamente hablando.

De repente, hizo un gesto de dolor,

echó las manos a la tripa

y nos dimos cuenta de que pasaba algo.

-¿Sangraba?

Prefiero que dejes de amarme a que pongas en riesgo tu vida.

No voy a dejar de amarte. ¿Y si Ledesma te denuncia?

No sé, ya se nos ocurrirá algo, pero juntos.

¿Crees que don Felipe te va a defender por meterte en su cama?

Después de ti, habrá otra.

Y después, otra y otra.

Y de aquí a unos meses, don Felipe

solo recordará de ti tu sucio color de piel.

Marcia.

¿Algún problema con doña Úrsula?

Debemos mantener en secreto que hemos retomado nuestro amor.

Hay demasiada gente al tanto.

Sin haber descubierto el amor, no les habría devuelto nada.

No esperaba esas palabras.

Que seas muy feliz con esa muchacha, con Marcia.

¿No hay noticias de Lolita? -Ninguna.

Casilda, necesito ver a tu señora.

Señora, yo no creo que eso sea buena idea.

Por favor, es importante.

Estoy pensando en pedir permiso a la Iglesia para casarme con ella

el día que lo hagan Ramón y Carmen.

-Casarse con usted sería la solución a todos sus problemas.

-Ahora soy yo quien le pregunta a qué se refiere.

Es esa criada brasileña la que tiene que marcharse.

No usted.

Ya se lo he dicho. Prepare mi equipaje.

¡Me quiero ir de aquí cuanto antes!

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  • Capítulo 1070

Acacias 38 - Capítulo 1070

06 ago 2019

Ramón se entera de la situación en la que se encuentran Fabiana y Servando y propone a Carmen celebrar su banquete de bodas en la pensión para echarles para una mano. Carmen se desarma ante la generosidad de su amado. Lolita comienza a encontrarse mal.
Ledesma descubre el plan de Emilio y tras una discusión desaparece de Acacias con Angelines. Emilio se cuela en el principal para ver a Cinta, no pueden vivir el uno sin el otro, se besan apasionadamente.
Marcia desvela a Felipe la historia de su pasado. El abogado le pide que se quede con él y advierte a Úrsula que no se acerque a Marcia.
Genoveva convoca a los vecinos en su casa para resarcirles económicamente por el daño realizado y comunica a Úrsula que se marcha de Acacias.

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  1. Sara

    No se qué pasa entro por Safari y todos los videos no tiene volumen, no hay audio, que puedo hacer para recuperar el audio

    23 ago 2019
  2. Betty

    Vaya.! ahora que parecía que nos habíamos librado de Genoveva y Ursula...Marcia no pega con Felipe ni con cola y qué decir del poco glamour de la novia en el día de su boda....

    11 ago 2019
  3. MariaA

    Os voy a decir una cosa, Marcia es un personaje aburridísimo! Genoveva iba por buen camino portandose de forma humilde, pero como estos guionistas le pegan giros sin sentido todo el rato a la serie, pues nada... Pero ella es un personaje potente, tiene buen fondo y si no la hubieran transformado en mala habría sido la pareja ideal para Felipe, que en el fondo yo sé que se siente atraído por ella. La mala malísima debería ser la urraca esa cuyo nombre no recuerdo, Marcía fuera que por muy mona q sea y triste historia q tenga, aburre, y Genoveva al poder!! Pero en plan bien por favor, que con triquiñuelas y a las malas no va a conseguir nada. Qué manía con transformar en malo a los buenos, ains...

    10 ago 2019
  4. Camino

    Agustina nunca trago a Marcia En fin

    08 ago 2019