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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1069 - ver ahora
Transcripción completa

Y hablando de bodas, a nosotros también nos ha invitado la Carmen.

-¿A todos?

No te distancies.

No te alejes.

Te necesito.

¡El pasillo está inundado!

-¿El pasillo?

¿De dónde ha salido tanta agua?

Los Domínguez van a organizar una feria en la calle.

-Será bueno para el negocio. -Sí, y hay más.

Cinta va a actuar.

¿Sabía usted algo de Felipe y esa chacha?

Llevan un tiempo. ¿Cuánto?

Unos días.

Ya puedes probarla. Está rica.

Te lo dice el chache.

No actuaré.

Por favor. ¡No me toques!

Vete.

Felipe.

¡Felipe, por favor!

¡Felipe, abre la puerta!

¡No pienso dejar que vivas con esa mujer!

¡Con esa furcia!

(LLORA)

¡Felipe, Felipe, abre la puerta, por favor!

¡Felipe, solo quiero hablar contigo!

¡Felipe, abre!

¡Felipe, por favor!

¿Has oído eso?

Parecían lamentos. -Sí.

Es como si hubiera un alma en pena. -No seas pazguata.

No me vengas con historias de aparecidos.

-No sería tan raro con todos los difuntos que ha habido.

¡Felipe, solo quiero hablar contigo!

-A mí me parece que es algo más mundano.

Yo diría que es Genoveva.

-Sí, pero me parece muy exagerado.

¿Ha salido a la escalera a llorar por su difunto marido?

-Me parece que está aporreando la puerta de don Felipe.

Lo que no sé es por qué causa.

(GRITA)

¿Qué ha dicho?

No he entendido ni una palabra. ¡Abre la puerta!

-Me ha parecido escuchar que estaban liados,

pero se ha metido por medio otra mujer.

Me ha parecido que ha dicho el nombre de Marcia.

-Lo de la criada me suena. Pero lo que no me podía suponer

es que entre Genoveva y él hubiera un asunto.

-¿De qué, si no, iba a estar dando golpes en su puerta?

-¿Eso quiere decir que era infiel a su esposo?

-Tiene toda la pinta.

-¿Y que Felipe era infiel a la infiel con su criada?

-Claro. De ahí viene tanto grito y tanto lamento.

¿Y si subimos a escuchar mejor?

Nos estamos perdiendo de la misa la media.

-Sí que vamos a subir, sí.

Pero para detener este escándalo.

-¡Señoras!

Miren, miren.

Miren qué escoba más pinturera me acabo de comprar.

Con esto voy a dejar el portal como los chorros del oro.

-Jacinto.

Déjate de simplezas y sube al piso de don Felipe a escape.

Doña Genoveva está montando una escena de órdago a la grande.

-¿Y quieren que yo la pare?

Mire que la señora tiene muy mal pronto.

-¡No seas cobarde! Se está poniendo en evidencia.

-¿Y si llamamos a los guardias?

-Sí, hombre, para darle más bombo al asunto.

-Mejor estaba con las ovejas, que nunca tenían disputas.

-Susana, vamos al restaurante, nos tomamos un café

y me pones al día de toda esta historia.

-Poco hay que contar.

Todos sabemos de qué pie ha cojeado siempre Felipe.

Esto se olía hace días.

-Seguro que mi Liberto lo sabía. Y lo tenía bien calladito.

-No te digo ni que sí ni que no.

-¡Oh!

Menudo bodorrio que está organizando mi padre.

-Al parecer, ya tienen la fecha de la masía donde se va a celebrar.

-Será algo que no se olvide durante años.

-Se lo merecen los dos. Sobre todo, tu padre.

Ha pasado unos años muy malos.

Ten, prueba esto. -¿Qué es eso?

-Pruébalo.

Un poquito.

Bolitas de coco.

Me han dado una muestra. ¿A que está buena?

-Sí, está buenísima.

Yo creo que los años negros de mi padre ya se terminaron.

Ahora tiene la oportunidad de ser feliz los años que le queden.

-Que no van a ser pocos, que está hecho un pimpollo.

-Eso es cosa de familia.

Los Palacios somos muy apuestos.

Esta criatura ha tenido mucha suerte.

-Ni que una fuera un adefesio.

-Con la mezcla de los dos vamos a tener un niño grande y guapo.

Como un Sansón. -O una niña.

-Si es niña, alta y guapa, como una amazona.

-Huy, perdón.

Perdón por interrumpir. Es un asunto de mucha enjundia.

-¿Qué le pasa, que viene descompuesta?

-No es para menos, la fuga de agua va a más.

Hemos cerrado la llave general de paso y el agua sigue saliendo.

-¡Ay, eso pinta muy mal!

-No sabemos cómo es de gorda la avería

y el tiempo que hace que se pierde agua.

-¿Es mucha la cantidad de agua que sale?

-El pasillo de la pensión parece un trasatlántico hundiéndose.

Lo primero es ver si la humedad

ha calado en la pared que tenemos medianera.

Me daría mucho coraje que traspasara a la tienda.

-No se desasosiegue por eso, que ustedes no tienen la culpa.

Ay, a ver.

-Lola, para, para.

¿Qué hago, Fabiana? Lolita, estate quieta.

Ya lo hago yo.

Ay.

No, no parece que haya humedad.

-Eso está más seco que un bacalao.

-De momento, tú no dejes de vigilarlo.

Con la cantidad de agua que está saliendo, raro sería

que no se mojara la tienda.

-¡Ay!

-Yo voy a retirar estos productos,

no vaya a ser que haya humedad y se estropeen.

-Si ve asomar una sola gota, no deje de avisarme.

¡Ay, Dios mío, qué sofoco más grande me estoy llevando!

-Ya verá como lo arreglan antes de que la cosa vaya a mayores.

-Difícil tarea es esa, Lolita. No damos abasto achicando agua.

-Por nosotros no se entretenga. Aquí no tiene que preocuparse.

Ea. -Está bien, hija, marcho.

¡Ay!

-Lolita, que te veo.

Lolita.

Quieta, quieta. Lo hago yo.

¡Hala!

¡Ah!

Me he roto la espalda. -¿De verdad?

-Sí.

-Si es que no estás hecho tú para estas tareas.

Anda. -No, no me puedo mover.

-Vamos para casa y te doy unas friegas.

Venga, ven, despacito. -¡Ah!

-Despacito. ¡Ay!

Me barrunto que en lugar de un rorro voy a cuidar a dos.

-Es que no puedo.

-¡Ay! -Es que no puedo.

-¿Te levanto? -No, no.

Me parece a mí que nos hemos lucido bien.

-A esta hija mía no hay quien la entienda.

Si le prohíbes subirse a un escenario, malo.

Y si le animas a actuar, peor.

-Hemos tratado de que entrara en razones, pero nada.

Como el que habla con una pared de la Maestranza.

-Ya no se me ocurre nada para intentar animarla.

-Algo tenemos que hacer, no podemos dejar que se marchite así.

-Vaya, ya sales de tu cuarto.

-Nos tienes inquietos

por todo el tiempo que pasas encerrada allí.

Siento tenerles tan desasosegados, padre.

-Ay, hija, ya no sabemos cómo podemos ayudarte, tesoro.

Me duele que sufran por mi causa.

Y quiero que sepan que no soy una desagradecida.

Que sé bien el esfuerzo que hacen por ayudarme.

-Porque para nosotros eres lo más grande de este mundo.

No queremos verte en un ay un día detrás de otro.

-¿Por qué no te lo piensas bien y actúas?

Te vendría de perlas subirte a ese escenario.

-Ponerte delante del público es lo mejor para recuperarte.

-Vamos a invitar a los dueños de los cafés y de los teatros.

Son tan buenos conmigo. No podría tener unos padres mejores.

Pues haznos caso y prepara tu actuación.

Miren.

Hace unos meses me hubiera vuelto loca por una oportunidad así.

Pero ahora mismo no tengo fuerzas.

Estoy vacía.

No soportaría la presión de tanta gente mirándome.

Haz un poder por nosotros y, sobre todo, por ti misma.

Madre, que no puedo, de verdad. Soy incapaz de semejante cosa.

Hija, yo comprendo que tú estás muy decaída.

Pero tienes que ser fuerte y pensar que es lo mejor para ti.

Que es lo que precisas para salir de ese pozo.

Me encantaría ser capaz.

Pero estoy segura de que no voy a mejorar por salir a cantar.

Pero chiquilla... -Déjala, lucero mío.

No tiene sentido que insistas.

No podemos forzarla.

Lo que para nosotros es un remedio para ella es una tortura.

Si no quiere actuar, que no lo haga.

Gracias, padre.

Gracias por comprenderme.

Mañana iré al Ayuntamiento a decir que se suspende la verbena.

¿Crees que eso es lo mejor?

-No tengo ninguna duda. -Pero...

(SUSPIRA)

¡Ay!

-¿Cómo ha ido la noche?

-Entre la preocupación por la pensión

y los ronquidos de Agustina he dormido menos

que un reo la noche antes de ir al garrote.

-Yo tengo miedo de que con un ronquido salga volando el techo.

Es que es una cosa tremenda.

-Tratar de dormir cerca de ella es peor que dormir con chinches.

-A puntito he estado de irme a dormir a los jardines.

Aquí no pega ojo ni un sordo.

-Ya.

Yo duermo con algodones en los oídos, pero sigo durmiendo mal.

Me los tenía que haber hecho de corcho.

-Lo poquito que he dormido ha sido por puro agotamiento.

-Egun on, buenos días a todas.

Vaya mañana bonita que tenemos.

-¿No desayuna con nosotras?

-No me da tiempo, tengo mucha faena.

-¿Qué tal ha dormido usted? -¿Yo?

Como un tronco.

Caigo así en la cama y no me muevo hasta la hora de levantarse.

-¿Y no le molestan los ruidos que tenemos?

-¿De qué ruidos me hablan? -¡Hombre!

-Los ronquidos de Agustina, que hacen temblar las ventanas.

-Ah, pues no lo he escuchado.

Ya les he dicho que tengo un dormir muy profundo.

-Pues suerte que tiene usted.

-Tampoco se crea, doña Fabiana.

De cría se nos quemó medio caserío

y me salvé porque entraron a buscarme.

No escuché ni los gritos de auxilio, ni fuego ni nada.

Pero bueno, tengo mucha faena.

Hala, agur.

-Agur.

¡Madre mía!

Las que no tenemos esa suerte tendremos que discurrir algo.

-Yo...

Vamos, que a mí se me ocurre

que igual Agustina podría dormir en la pérgola

porque tampoco hace tan malo por las noches.

-Qué barbaridad, que la señora Agustina está convaleciente.

-Yo me vuelvo a dormir a la pensión, aunque sea con agua.

-No, que le va a entrar una reuma de las gordas.

-Puedo buscar una pensión para todas.

-No, eso es pan para hoy y hambre para mañana.

Además, ya tiene mucho gasto con la avería de su pensión.

-Ya me dirás qué hacemos.

Dormir al lado de Agustina es un suplicio.

-Se me ocurre una cosa.

Podemos turnarnos.

Lo de dormir con ella.

Así nos repartimos las malas noches.

La que se quede en su cuarto tiene que hacer así.

-Bueno, podemos intentarlo, a ver qué pasa.

-Sí, sí.

Pero a ver quién se lo dice y a ver cómo le sienta.

¿Se lo dices tú?

Tómese esto, señora.

No tengo ganas de nada. Márchese.

Hágame caso y beba.

Es un preparado que le he traído de la farmacia.

Solo es agua con unas gotas para los nervios.

No necesito de sus pócimas.

Solo quiero meterme en la cama y no volver a salir.

No se deje dominar por las emociones.

Una señora como usted no puede dar espectáculos como el de ayer.

Me da igual lo que piense de mí.

Pues debería importarle.

Lo que opinen los que la rodean puede tener mucho peso.

Ha de rehacer su vida. ¿Es que no entiende nada?

Estoy enamorada de Felipe y eso no lo cura ningún remedio de botica.

Lo sé, pero debe recuperar la compostura.

¿Cree que no lo intento?

Trato por todos los medios de ahogar este sentimiento,

pero nada de lo que hago me hace conseguirlo.

Pues déjese ayudar.

¿Qué puedo hacer por usted?

Tráigame a Marcia.

Quiero verla.

¿Para qué?

Nada tiene que hablar con Marcia.

Voy a suplicarle que le pida a Felipe que me escuche.

Tal vez a ella sí que le haga caso.

No voy a permitir que le ruegue a nadie y menos, a una criada.

He tocado fondo, de nada me sirve la dignidad.

Puedo soportar que él me haya dejado por ella.

Pero necesito implorar el perdón de Felipe.

No voy a permitir que se rinda. Tiene que seguir adelante.

Confíe en mí.

Yo puedo resolver este asunto.

Ojalá pudiera creerla.

Le aseguro que Marcia no va a ser un impedimento

entre usted y don Felipe.

Solo necesito un poco más de tiempo.

Pero lo lograré.

Le garantizo que así será.

Está bien, tendrá ese tiempo que me pide.

No se arrepentirá.

Pero mientras, avise a mis abogados.

Necesito verles.

¿Qué va a hacer?

Eso no es asunto suyo. Cítelos.

Lo haré inmediatamente.

Pero antes, le ruego que se tome el preparado que le he traído.

Está bien.

Debe calmarse y descansar.

Precisa recuperar fuerzas para conseguir lo que se propone.

Digo yo que habrá otra solución.

El presupuesto que me ha dado es una barbaridad.

Séquese los pies, ande.

Pues nada.

Cuando tengamos dinero para arreglar la avería, le avisaremos.

Venga, con Dios.

Si lo llegamos a tener en algún momento.

-No ponga esa cara.

La cosa no se iba a resolver poniendo un poco de estopa.

-Ha sido un desastre mayor que el de las Filipinas.

Ay.

(Puerta)

-Servando.

Acabo de cruzarme con el fontanero.

¿Cómo ha ido?

-Supongo que se estará frotando las manos.

Tiene trabajo para meses.

-¿Tan malo es?

-Mire, para ser rápido, se lo voy a resumir.

Hay que cambiar toda la bajante.

Están de agujeros que parece una topera.

Está todo lleno de agua.

Los cimientos de la casa parecen los de un puerto.

Si hubiéramos revisado esto, otro gallo nos habría cantado.

-Pero Servando, ¿ya no se acuerda usted

que no nos quedaban monises ni para poner un clavito de más?

-Pues todo lo que no nos gastamos entonces

lo vamos a tener que gastar ahora.

-Y eso multiplicado por mucho.

-A ver, ¿por cuánto nos va a salir la broma?

-Será mejor que se siente.

Buenos días, doña Susana.

Cómo ha madrugado usted hoy.

Un poco más y nos pilla con el local cerrado.

-Con lo de ayer no podía quedarme sentada en casa.

-Ya sé a lo que se refiere.

En este barrio las noticias vuelan.

Y si son malas, el doble.

-Lo de Felipe tiene mucha tela que cortar.

Y se lo digo yo, que he sido sastra.

-Es sorprendente que tuviera un asunto con doña Genoveva.

-Y con la criada, con Marcia. Dos mujeres a la vez.

-La verdad es que este abogado no tiene límites.

-Y para colmo, menudas dos elementas.

Genoveva, casada.

Aunque su marido fuese el mismísimo diablo,

eso no es excusa para una infidelidad.

Y la otra, criada y negra.

-Bueno, yo tampoco pondría el grito en el cielo.

No es la primera vez que un señor se casa con una criada.

-Pero no hablamos de matrimonio, sino de otros menesteres.

-En todas las casas cuecen habas.

Y don Felipe es viudo y libre de hacer de su capa un sayo.

-No me sea tan benévola.

Lo de nuestro vecino es inconcebible.

Y ella no se queda atrás.

-En eso tiene usted razón.

La escena que montó debió ser vergonzosa.

-Ninguna mujer que tenga una pizca de dignidad

se va a la puerta de su amante a aporrearla.

-Para mí que doña Genoveva está perdiendo el oremus.

-Aquí le traigo las noticias. Tan frescas como este día.

-Gracias.

-¿No dirán nada del 38 de Acacias?

-Huy, pues...

Si lo dice por el escándalo de doña Genoveva, no.

No creo que venga nada. -No le hagas caso.

Te está tomando el pelo.

-Ah. -Pero quería preguntarte

qué sucedió cuando tu marido subió.

-¡Uh, menudo guirigay tenía montado la señora!

Mi pobre Jacinto las pasó canutas.

Doña Genoveva no se separaba de la puerta.

-¡Qué escándalo!

-También apareció Arantxa alertada por los gritos.

Ni con esas consiguieron separarla de la puerta.

Y eso que la vasca está bien fornida.

Pero nada, doña Genoveva parecía poseída por el demonio.

-Lo que le he dicho, que está perdiendo el oremus.

-Eso o que está ciega de lujuria.

¿Y cómo se resolvió el entuerto? -Cuando llegó Úrsula.

Fue a la única a la que le hizo caso.

Y consintió marcharse con ella.

-Menos mal que doña Úrsula sigue imponiendo respeto.

-O miedo, según se mire.

-Ya.

-Nunca se había dado una falta de decoro tan grande.

Puede que haya habido peores pecados,

pero cada uno se los guardaba en su casa.

-No es buena idea dar cuatro cuartos al pregonero

para airear nuestras faltas.

-Mi Jacinto dice que daba pena verla cuando se la llevaban.

El pelo revuelto, la ropa manchada, la mirada ida.

Parecía una mendiga.

Pobrecito, mi Jacinto.

Le temblaban las piernas cuando llegó a la portería.

-Pues yo lo siento mucho, pero a mí no me apena.

Siento bochorno.

No pueden pasar estas cosas

en una casa donde vive gente decente.

-¡Cómo está el mundo!

La cantidad de barbaridades que nos quedarán por ver.

-Madre mía.

Tome, beba un poco de agua del Carmen.

-Pero ¿qué me ha pasado?

-Nada, que le ha dado un vahído. Pero beba un poquito.

A ver cómo se encuentra.

-Si no ha sido nada.

Entre lo poco que he dormido y lo del fontanero,

parece que me he privado por un momento.

-Y no es para menos.

Arreglar la pensión les va a costar un capital.

-Deje usted... -No, no.

Esto es así.

-Deje que se le pase al menos el disgusto.

Con otro viaje así la mandamos a criar malvas.

-No, no se apuren, que yo ya estoy mucho mejor.

Y digo yo.

¿Cómo vamos a reunir semejante cantidad de dinero?

-Y eso no es lo peor.

Lo peor es que los clientes fijos se van a ir.

Y vaya a saber si vendrán cuando esté arreglado.

-Esto es la ruina del negocio.

-Sí, pero no hay otra solución.

O lo hacemos o nos vemos pidiendo en la puerta de la iglesia.

-Pues tendremos que arreglarlo de una forma o de otra.

-Esa es la actitud, diga que sí. Pueden contar conmigo

para lo que sea, menos para poner dinero.

¡Cuánto me alegra su visita, Liberto!

No sabe lo preocupado que he estado por usted y por Rosina.

¿Le apetece un pastelito de coco?

Los ha traído Lolita para que los probemos.

-No, muchas gracias.

Precisamente venía a eso.

A agradecerle lo preocupados que han estado.

-Entiendo que las cosas están bien entre ustedes dos.

-Así es, se puede decir que ha reverdecido nuestro amor.

Hacía muchos años que no éramos tan felices.

-Liberto, espero que todas las penurias por las que han pasado

hayan servido para que disfruten de este momento de dicha.

-Momento al que no hubiéramos llegado sin usted y don Felipe.

Gracias a ustedes no he sucumbido a la desesperación.

Lamento el último susto.

-Bien está lo que bien acaba.

Lo más importante ahora es que los dos están bien.

-También quería comentarle algo que sucedió en nuestra finca.

Como ya no vive ahí, no se habrá enterado de nada.

-Espero que no haya sido una desgracia.

-No diría tanto, pero se organizó un buen escándalo.

Genoveva estuvo pidiendo a don Felipe sus favores

en la puerta de casa y los vecinos se enteraron.

-Nunca me gustó que Felipe cayera en sus garras.

-No, si los lamentos de Genoveva

eran por la negativa de Felipe a seguir viéndola.

-Eso me parece mucho más sensato.

-Lo que no lo es tanto es la relación que tiene con Marcia.

-¿Marcia?

-Marcia, su criada.

-¡Su criada!

¿Esa muchacha no es...? -Sí, sí, negra.

-¿Cómo habrá podido meterse en semejante berenjenal?

-Creo que todos sabemos cómo es don Felipe.

-Habrá que esperar a ver cómo se desarrollan los acontecimientos

y que Felipe actúe con cordura.

-Por lo menos, se ha librado de Genoveva.

-¿Han recibido la invitación a nuestra boda?

Espero que nos acompañe en un día tan especial.

-No nos lo perderíamos por nada del mundo.

-Va a ser un día muy feliz para nosotros.

-Sepa que le envidio.

Yo me volvería a casar con Rosina.

Sería la mejor forma de pasar página definitivamente.

-Los dos somos unos hombres afortunados.

A ambos la vida nos ha dado una segunda oportunidad.

-Que no pienso desaprovechar.

Si algo he aprendido de todo esto

es que mi compromiso con Rosina es la base de mi felicidad.

(Puerta)

-Buenos días, don Liberto. -Buenos días.

-Disculpen que les interrumpa.

Vengo descompuesta.

-¿Qué sucede? No gana uno para sobresaltos.

-Me he pasado por la pensión para charlar con Fabiana

y me he quedado de piedra con lo que me ha contado.

Están al borde de la ruina.

-¿Eso cómo puede ser? La pensión iba de perlas.

-Sí, eso era antes de que se rompieran las bajantes.

Tienen el suelo inundado.

El agua ha llegado a los cimientos. -Pero tendrá remedio.

-Por supuesto que sí.

Contratar fontaneros y albañiles.

Pero esa reparación cuesta un potosí.

Un dinero que no tienen.

-Una obra de esa envergadura no es barata.

Se necesitan muchos materiales y muchos obreros.

-No tienen ni para iniciarla.

No sé qué van a hacer ahora.

(RIENDO) Tendrías que haber visto la cara del maestro

cuando lo empujamos por el puente y se cayó al río.

-Espero que no se hiciese nada.

-Se hizo una brecha y casi se ahoga,

pero si vieras cómo nos reíamos...

-Pero ¿qué le pasa a mi hijo?

Parece que le ha poseído el espíritu de un gañán.

-¡Ay, qué picores!

Parece que en este barrio hay más chinches que personas.

-No hay bicho más molesto que ese.

-Ese y los piojos, que también abundan.

-Para quitarlos son muy buenas las friegas con vinagre.

-Me echas un chorreón de aceite y parezco una ensalada.

(RÍE)

-No sé nada de tu vida aquí.

¿Tienes muchos amigos, vais a algún café?

-Bueno, tengo una cuadrilla buena.

Pero somos más de ir a tabernas y beber vino peleón.

A veces no volvemos a casa hasta que alguno acaba reventado.

-¿Cómo va todo, os apetece algo de picar?

-Yo me comería un trozo del cochinillo ese.

-Sí que tienes buen apetito. Hace un rato que hemos desayunado.

-Yo siempre tengo un hambre de lobo.

Cuando nos casemos, no saldrás de la cocina.

-Te aconsejo un poco de mesura.

Tampoco es bueno pasarse con la comida.

Y levántate del suelo. Pareces un mendigo.

-Parece que tu madre te ha reprendido.

-No, es que es muy estricta con los protocolos y las formas.

-Por mí no te apures.

A decir verdad, me pareciste un poco finolis cuando te conocí.

Pero ahora que has cogido confianza,

eres más de campo que una mata de amapolas.

-Sí, bueno, me gusta ser espontáneo.

-A mí me gustas así.

No sabes la alegría que me llevé cuando te vi comer el pastel.

No eres un cursi, eres un mozo como los del pueblo.

-Bueno, me alegro de que pienses así.

-Más me alegro yo, que iba a aguantar muy malamente

casada con un señoritingo de ciudad.

-Ya.

-Yo también voy a comer cochinillo, que no te quiero dejar solo.

Si mi futuro marido es de buen comer, yo, lo mismo.

Aunque me ponga gorda como un toril.

(RÍE)

Marcia.

Parece que ayer pintaron bastos en casa de tu señor.

-Yo no sé lo que dice, Casilda.

-Lo de doña Genoveva.

¿Esos pastelitos son de tu tierra?

-No, los trajo Lolita de la mantequería.

-Pues menudo expolio montó doña Genoveva en la escalera.

No se habla de otra cosa en todo el barrio.

-Sí, gritó mucho.

-Oye, ¿y tú sabías que la señora de Alfredo Bryce

andaba enredada con don Felipe?

-Yo no sabía nada.

-Anda, algo tendrías que saber.

-Yo solo sé que don Felipe no quiere saber nada de ella.

-¿Y tú qué piensas hacer?

No tengas dudas, Marcia.

Si don Felipe y tú os queréis, no importa que tú seas criada.

Fíjate en la Lolita o en la señora Carmen.

-Pero yo no soy como ellas.

-Ya, es verdad, tú eres más tostá.

Pero si a don Felipe no le importa

y lo de doña Genoveva es agua pasada,

nada os impide estar juntos.

(BOSTEZA)

-Te agradezco tu consejo.

Aunque parezca que te aburra este tema.

-Ay, no, no, si no...

No es eso, lo que pasa es que tengo mucho sueño.

He subido a echarme un rato.

Avísame, no me vaya a quedar dormida hasta mañana.

Gracias.

¿Quién te has creído que eres?

Hasta ahora he tenido mucha paciencia, pero se me ha acabado.

Yo le he obedecido en todo.

No te voy a consentir que pienses que soy idiota.

Yo no quiero faltarle al respeto. Lo has hecho. Y mucho.

No eres nadie para interponerte entre don Felipe y mi señora.

¿Has olvidado que pagué por ti?

Estás a mi servicio y debes obedecerme.

Ya te avisé de las consecuencias si no cumplías mis órdenes.

Con esto tienes para comprar un billete de tren y marchar.

Sal de la ciudad y no vuelvas.

Pero... (CHISTA)

Ya me has oído.

Vete.

Eso espero.

Por tu bien.

(LLORA)

Hija, no aprietes tanto, que me vas a romper un dedo.

-¡Jesús, estamos delicadas hoy!

Luego, que si me salen arrugas, que si parezco una abuela.

-Llevas razón, hija, que estoy muy tiquismiquis.

Es que no puedo evitarlo.

Me disgusta ver a mi hija tan apená.

-Es que el amor, a veces, es así de amargo.

Y mucho más, si eres joven.

-Y a Cinta le ha dado muy fuerte.

Cuando una artista pierde el gusto por su arte

es porque está metida en un pozo muy profundo.

-Y no hay manera de sacarla de ahí.

Bueno, al menos, de momento.

-José ha ido a hablar con los del Ayuntamiento

para anunciarles que no habrá verbena.

-Qué lástima, para nosotros y para todo el barrio.

(Pasos)

-Hija.

¿Te has terminado la panchineta?

No, no la he catado, no me apetecía.

-¡Pero algo tienes que comer! Si es tu postre favorito.

Hazme el favor de comer un trozo.

-No la fuerces, hija, que ha dicho José que es peor.

(Puerta)

No te apures, ya comerás cuando tengas ganas.

-Señora, Agustina y Marcelina

vienen a hablar con la señorita Cinta.

-Con su permiso, doña Bellita.

Nos hemos enterado de que va a actuar en la verbena.

Y le traemos estas flores como agradecimiento.

-Estamos muy ilusionadas con la actuación.

No se tendrían que haber molestado.

-¿Cómo que no?

Si tiene un corazón de oro, señorita.

Y es un detalle complacer con su cante

a todos los admiradores de Acacias.

-Todo el altillo anda revolucionado con poder verla cantar.

-Para nosotras va a ser una noche muy especial.

-Son muy buenas con nosotros.

Y estamos muy orgullosas de tener unas seguidoras tan cariñosas.

-No es para menos.

Tener en el barrio a dos artistazas como ustedes es un privilegio.

Y verlas actuar, la repera.

-Es una de las pocas ocasiones que tienen para vernos.

Por eso siento tener que decirles...

Que nos encantaría actuar más veces para ustedes,

pero se van a tener que conformar solo con esta.

Solo espero estar a la altura de su cariño.

-¡Ay! ¿Puedo darle un beso, señorita?

Sí.

¡Ay!

-No las molestamos más. Hasta la noche.

-Con Dios.

-Con Dios. Con Dios.

Así me gusta, hija.

Que te entregues a tu público.

Ahora me demuestras que eres una artista de tronío.

Ya veré lo que puedo hacer.

Mi niña.

¡Corre a avisar a José antes de que llegue al Ayuntamiento!

¡Pero corre, Arantxa, corre! -¡Ya voy!

Te agradezco que me permitas hablar contigo.

Quiero que sepas que te he dejado entrar en mi casa

para no dar más tema de conversación a los vecinos.

No volveré a dar un espectáculo como el de ayer, te lo prometo.

Eso espero.

Felipe.

Quiero decirte que eres el amor de mi vida.

Nunca he sentido por nadie lo que siento por ti.

No te guardo rencor por tu traición.

Me diste el castigo que merecía.

El peor de todos, perderte.

Me gustaría que me creyeras cuando te digo

que nada tuve que ver con la estafa de Alfredo a los vecinos.

Pero regresaste a esta casa con el afán de vengarte.

Reconozco que cuando cayeron

en la trampa y se arruinaron, lo celebré.

Sentía alivio al ver el sufrimiento

de los que habían facilitado el asesinato de Samuel.

Ya habías conseguido lo que venías buscando.

¿Por qué seguiste aquí?

La satisfacción duró poco.

El placer de la venganza es efímero.

Ni había hecho justicia

ni el verdadero asesino de Samuel había pagado.

Ni nada de lo que hiciera iba a devolverme a mi esposo.

Tú me abriste los ojos.

Me hiciste creer que la vida tenía algo más para mí.

Que no solo era amargura.

Que quedaba algo de esperanza.

Y amor.

Por eso trataste de cambiar.

(ASIENTE)

Desde ese momento desistí de mis funestas intenciones.

Traté de ser justa con la gente, de ganarme su cariño.

El de todos los vecinos, pero especialmente, el tuyo.

Después de lo que habías hecho, ya no podía amarte.

Ahora sé que estaba equivocada.

Que la vida no me tenía reservada otra oportunidad.

Pero ya no siento rabia.

Solo arrepentimiento.

Quiero pensar que la vida me va a dar otra oportunidad.

Lo siento.

Pero sigo sin creerte.

No puedo corresponder tus sentimientos en modo alguno.

Yo te amo con toda mi alma.

Y aunque tú lo niegues,

sé que también sientes algo por mí.

Al principio solo sentía rencor.

Ahora, simplemente lástima.

Felipe, tus palabras me matan.

Es inútil que sigas insistiendo.

Lo mejo que puedes hacer es olvidar el pasado.

Seguir con tu vida.

Y alejarte para siempre de mí.

No creo que pueda.

Pero entiendo que tu corazón está cerrado para mí.

Nada más tenemos que hablar.

Buenas, yerno.

Ponme un café, ya me he cansado de dar vueltas por ahí.

Cada vez me gusta más este sitio.

Estoy pensando que cuando te cases con la Angelines,

lo mismo me vengo a vivir por aquí.

-No se crea que hay tantos pisos vacíos.

Y los que hay libres son caros.

-Eso tiene fácil arreglo.

Podría irme a vivir con vosotros, ¿verdad, yerno?

-Como usted guste.

-Me alegro de que vuestro noviazgo sea corto.

Así podréis estar juntos antes.

-Tampoco hay tanta prisa.

-No hay tiempo que perder, lo vuestro va viento en popa.

Y ya te vas haciendo a la idea de que vamos a ser familia.

-No puedo negar lo inevitable.

-No pongas esa cara de acelga, que te estoy haciendo un favor.

Además, ya te darás cuenta

de lo buena y apañada que es mi Angelines.

-Eso nunca lo he puesto en duda. -¿Lo ves?

Al final acabaremos haciendo buenas migas.

-Le veo muy animado esta tarde. -No es para menos.

Mi hija dice que Emilio cada día le gusta más.

-Eso es que van cogiendo confianza.

-Ahí le ha dado.

Al principio le parecía un petimetre de ciudad.

Pero ahora la muchacha dice que Emilio es natural y sincero.

Y eso le gusta mucho a mi chica.

-Me van a perdonar, pero tengo tarea en la cocina.

-Encárgate del negocio, que pronto tendrás otra boca que alimentar.

Y luego, las que vengan.

Lástima que le falte un poco de sangre.

Lo veo un poco atolondrado.

-Mi Emilio es como es, un gran muchacho.

-Usted tranquila, ya me encargaré de espabilarlo.

-Si me disculpa, tengo mucha tarea.

Enseguida tenemos que empezar con las meriendas.

Pues al final es Marcia la que se queda con don Felipe.

Y no doña Genoveva.

-Mejor persona me parece la una que la otra.

-Pa chasco que sí.

Marcia es un angelito a la vera de doña Genoveva.

-De eso no hay duda alguna.

Pero a ver cómo se resuelve el caso.

Me da a mí que traerá cola.

-Ella está muy confusa con todo esto.

No sabe qué camino seguir.

-Ya. ¿Sabes algo de la pensión?

-La señora Fabiana y Servando están con el agua al cuello.

Madre mía.

Con lo que han trabajado toda la vida.

Lo que les ha costado sacar cabeza y una desgracia se la pisa.

-Ramón va a hablar con ellos para ver si les puede ayudar.

-Ese hombre es oro molido. -No es para menos.

Ellos le dieron alojamiento cuando salió de presidio.

Y esas cosas no se olvidan.

-Buenas tardes.

-Buenas.

-Señora Agustina, ¿por qué viene tan fatigá?

-De ver al médico.

Este cansancio que tengo no es normal.

Y temo volver a enfermar.

Me ha mandado un reconstituyente, a ver si mejoro.

-Pues eso seguro que es porque no duerme bien.

Así que nosotras nos iremos turnando para dormir con usted.

-¿Por qué razón?

-Por el colchón.

Que es duro y la señora Fabiana

está añosa, se levanta la pobre hecha bicarbonato.

-No, eso no es problema.

-Yo estaba buscando una tabla para poner en mi cama.

El jergón que tengo peca de blando

y me barrunto que por eso duermo mal.

-Agustina, que una cosa no tiene que ver con la otra.

Y no vamos a andar cambiando colchones al albur.

-No creo que cueste tanto.

-Pues usted ponga la tabla, si quiere,

pero nosotras nos vamos a turnar.

-¿Hay algún problema conmigo?

-No, ¿qué problema puede haber?

-Entonces no se metan en camisas de once varas.

Y, sobre todo, no molesten con cambios a Fabiana.

Bastante tiene con lo de su pensión.

Le voy a proponer que se quede conmigo

todo el tiempo que quiera.

Así estará más tranquila.

-Pues nada, así se hará.

-Me voy a dormir un rato.

Estoy reventada.

-Reventada, dice, qué valor.

-Pues sí que la hemos hecho buena.

-¿Cómo le contamos a Fabiana que tiene que dormir con ella?

-No lo sé.

En cuantico se lo contemos le va a dar un soponcio.

(FABIANA) Figúrese el disgusto tan grande que tenemos.

¿Quién se iba a esperar una cosa así?

-Tiene razón.

No hace tanto tiempo que se puso agua corriente en estas casas.

-Aquí tuvieron que poner las tuberías de papel.

Están picaditas.

-Pues no os queda otra que meteros en obras.

-Nos piden un dinero que no tiene ni el Banco de España.

Lo tendremos que reparar nosotros,

aunque nos lleve un lustro.

-¿Estáis seguros de que vosotros vais a poder arreglarlo?

-Servando cree que sí.

Aunque no me lo creo, por mucho que haya liado a Jacinto y Cesáreo.

-Confía en ellos, voluntad no les va a faltar.

-Eso es verdad.

Pero de buenas intenciones está el infierno lleno.

Además de querer, hay que saber y eso lo veo muy difícil.

¡Ay, don Ramón!

Con todo este lío no vamos a poder ir a su boda.

-Eso ni lo pienses.

Lo primero es buscar una solución y me voy a poner a ello.

-No se preocupe tanto, ya saldremos de esta como podamos.

-Esto de verdad...

-¿Qué, Servando, das con la avería?

-No, si el agua salir sale por todas partes.

Lo que no sabemos es cómo pararla.

Ahí se ha quedado Jacinto, espero que no se ahogue.

-Ay, parece que hay un cliente. Voy a atenderlo.

-¿Habéis cerrado la llave maestra?

-Eso es lo primero que hemos hecho.

Para mí que eso está para no pagar.

Los antiguos propietarios hicieron una trampa

y se conectaron a otro sitio.

-Pues vais a tener que levantar todo el suelo.

-Y cambiar todas las bajantes.

-Una tarea digna de titanes.

-Sí, pero sin tanta fuerza.

-Ay, Servando. -No ha tomado ni café.

-Ese hombre era un inspector del Ayuntamiento.

-¿Y qué quería?

-Meternos prisa.

Un cliente nos ha denunciado por haberle estropeado la ropa.

Tenemos que meterle mano a la obra y asegurar los cimientos a escape.

-¿Y si no lo hacemos?

-Nos ponen una multa de las gordas y nos cierran la pensión.

¿Tú crees que Felipe bajará a la fiesta con la criada?

-Lo dudo, aunque de ese descastado me espero cualquier cosa.

-Supongo que tardará en dejarse ver.

Esperará a que las aguas se hayan calmado.

Buenas.

Hay que ver qué bonito está todo.

-Mujer, no es para tanto. Una verbena de barrio.

Desde que has vuelto con mi sobrino, todo te asombra.

-Señoras, prueben el queso.

Lo ha regalado Lolita, de la tienda.

-La limonada es gentileza del restaurante.

-Buenísimo. ¿Tu madre va a venir?

-No creo, tenemos gente para cenar.

-Bellita.

Pruebe el queso, está exquisito.

-Lo dicho, la felicidad te ha ablandado el entendimiento.

Todo le parece extraordinario.

-Perdónenme, que tengo que estar pendiente de la artista.

Espero que disfruten de la actuación.

Ya verán como les llena de alegría con su arte.

Arantxa, dile a la niña que se lo ponga.

Voy a hablar con los músicos. No quiero que le sofoquen la voz.

Aunque no sé qué temas ha elegido. -Descuide, así lo haré.

-Mari Belli.

Tienes que conocer a este señor. El dueño del teatro Principal.

Están buscando artistas. -Encantada.

Le va a encantar el repertorio que ha escogido.

Es la mar de saleroso.

-Tengo unas ganas de que empiece.

Canta unas tonadillas que alegran el alma.

-Tiene todo el arte del mundo.

Es verla y animarse una.

(Aplausos)

Muchas gracias.

Espero que les gusten las canciones que hemos preparado.

(Música)

Pero ¿qué ha escogido para cantar y qué traje se ha puesto?

(SUSPIRA)

(Puerta)

Me alegro de verte.

Echaba de menos estar a tu lado.

¿Y esa maleta?

-Tengo que irme, no tengo más remedio.

-Marcia.

No puedo dejar que te marches sin que me des una explicación.

-Felipe, va a ser mejor así.

No quiero dar más que hablar a los vecinos.

-Me da igual lo que piensen.

No quiero que te marches

sin que me cuentes qué está pasando.

Eh.

Marcia.

Sosiégate.

Mírame.

Coge aire.

Y hablemos tranquilamente.

¿Vale?

# En mi vida solo ha habido

# un amor como el tuyo.

# A tu vera yo sentí

# cómo mi alma florecía.

# Pero ahora tú te has ido

# y vivo en melancolía.

# De nuestro amor

# ya solo quedan murmullos. #

¡Qué cosa más triste, qué poco gusto para escoger las canciones!

-Entran más ganas de llorar que de bailar.

-Esto no pega ni con cola en una verbena.

-¿Dónde ha quedado la alegría de la Dama del misterio?

Ni que estuviéramos en un funeral.

-¿Qué le ha dado a la niña?

¿Por qué canta este drama?

-Ha sido peor el remedio que la enfermedad.

El del Principal ha hecho mutis sin decir ni adiós.

-¡Por Dios, que termine esta agonía!

# Amor tirano.

# Amor cruel.

# Todo me has arrebatado.

# Solo me queda el ayer. #

Niña, pero ¿qué haces?

Tienes que terminar tu actuación. No puedo, me voy a casa.

No tengo aliento ni para respirar. Pero...

-Toquen lo más alegre que se sepan.

(Pasodoble)

¿Ya estás más calmada?

Veo el miedo en tus ojos.

Y no es a mí a quien debes temer.

Abre tu corazón.

Cuéntame qué es lo que te ocurre.

-Es sobre mi pasado.

Yo sé que nunca quise confesar, pero ahora tienes que saber.

Y vivíamos bajo la sombra de un poderoso terrateniente.

Era un hombre cruel y despiadado.

-¿No podíais cambiar de patrón?

-No era mi patrón.

Era mi dueño.

Tu actuación ha llamado la atención,

pero no por el motivo esperado.

Qué vergüenza más grande.

Espero que esto no traiga cola.

No vengo a ver a Genoveva, sino a usted.

¿A mí, por qué motivo? Tenemos que hablar de Marcia.

A mí quien me da pena es Genoveva.

-Haga el favor de no mencionar a esa mujer en mi presencia.

Todo lo mal que le pase se lo habrá buscado.

¿Se marchan? -Unos pocos días.

Vamos a Ávila, a anunciar el compromiso a unos parientes.

Era preciso vernos. Estoy dispuesta a devolverles el dinero.

¿Ah, sí?

Aunque no tenga la obligación de hacerlo,

quiero resarcirles económicamente.

Le he cogido la llave a Jacinto para verte.

¿Por qué?

Porque no soporto estar separado de ti.

Quizá quería acallar las habladurías que hay

sobre Felipe y sobre ella con ese gesto.

-Huy.

-¿Qué te pasa?

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Acacias 38 - Capítulo 1069

05 ago 2019

Fabiana y Servando están en apuros ya que no tienen dinero para pagar la avería. Para colmo de males, a raíz de la denuncia de un cliente, reciben una visita de un inspector del ayuntamiento que les amenaza con una multa y el cierre de la pensión si no empiezan inmediatamente con las obras.
Cinta tras reflexionar decide actuar y sorprende a los vecinos con una canción triste y melancólica. Emilio escondido en un rincón, escucha absorto a su amada mientras llora amargamente. Además, sus planes de espantar a Angelines no están dando resultado.
Genoveva, destrozada, intenta de nuevo hablar con Felipe, pero vuelve a ser rechazada. Llena de dolor pide a Úrsula citarse con sus abogados.
Úrsula ordena a Marcia abandonar Acacias, le recuerda que ella la contrató. La criada decide revelar a Felipe la verdad sobre su pasado.D

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  1. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    Lo de Antonio, me niego a seguir llamándolo "Antoñito" es una ridiculez vaya papanatas insoportable, no pueden tener ni un solo personaje normal? Es que da hasta grima ver a ese personaje y la sin sal de Lolita ha perdido atractivo era mucho más agradable su forma de actuar antes de casarse, siempre alegre y dispuesta a hacer alguna de las gracias en el altillo. Esos dos personajes podían haberlos enfocado de una forma distinta y alegrarnos las visiones de las tardes de Acacias 38 que pocas cosas bonitas hay en esta novela. Yo llevaba 16 días sin verla y ahora la veo porque no tengo nada que hacer.

    16 ago 2019
  2. Mabi

    Otra criatura que no verá la luz en Acacias? Porqué ese ensañamiento con poder llevar a cabo un lindo embarazo, y más el de Lolita, que con el pocas luces de esposo que tiene podrían ser unos capítulos más que entretenidos tratando de ayudarla!?????? Dennos un poco de respiro ante tanta tragedia y, tristeza por las calles Acacieras.

    07 ago 2019
  3. Victoria

    Como no se puede comentar en el capítulo de hoy el nº 1070 quiero hacerlo aquí, solo para decir que me ha emocionado muchísimo la pareja formada por Felipe y Marcia. ¡Qué vida tan dura ha tenido Marcia!!! y ... qué adorable ha estado Felipe defendiéndola y enfrentándose a Ursula. Estos dos personajes son preciosos y como pareja inigualable y fascinante. Ojalá que todo les vaya bien porque son maravillosos.

    06 ago 2019
  4. María Emilia Ledezma

    Hola Feli, no te enojes, disfruta esta magnifica telenovela o serie!!!!¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿

    06 ago 2019
  5. Eva

    Tenés razón Felisa, de todas maneras no vale la pena perder tiempo en escribir, pues no le dan la mas mínima importancia a lo que opinemos, Saludos

    06 ago 2019
  6. Felisa

    ¡¡¡ Ah, bueno, se dignaron volver a permitir comentarios !!! Ahora a mi se me antoja no opinar NADA !!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    06 ago 2019