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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1066 - ver ahora
Transcripción completa

Nunca he sentido nada por ti.

Te desprecio con todas mis fuerzas. ¡Basta!

Es posible que mi hija no quiera casarse contigo.

Pero si tratas de romper el compromiso

o usas alguna triquiñuela para sabotear nuestro acuerdo,

te espera el garrote. -Seguiré adelante con la boda.

Ya llegará el momento en el que pueda retomar su venganza.

Le aseguro que don Felipe

va a aprender lo que usted vale.

¿Cuándo vas a contarme la verdad?

Aún no sé por qué contrajiste esa deuda.

-Te diré toda la verdad cuando esté preparada.

Se va a anunciar la fecha de la boda esta tarde

en un ágape organizado en el restaurante.

Lo sé. Y también sé que lo voy a impedir.

Iré a hablar con Angelines y le contaré toda la verdad.

Me veía con Genoveva a espaldas de su esposo.

La estaba engañando.

Aprovechándome de sus sentimientos

para romper su corazón.

Me he vengado del daño que le ha hecho a mis amigos.

Quiero que entienda cuáles son los motivos

que llevan a Emilio a casarse con Angelines.

Hace años, en Santander, donde vivíamos,

nos ocurrió algo terrible.

Vas a besarme.

Por las buenas o por las malas.

-¡No!

¡No!

-¡Te vas a enterar!

¿Y no lo denunciaste?

De nada hubiera servido.

Pero Emilio quiso hacerme justicia.

No quería matarlo.

Aunque se lo mereciera. Fue en defensa propia.

¡Federico!

¡Federico!

¿Qué tiene que ver Ledesma?

Dijo que había sido testigo del asesinato del señorito.

Solamente había una manera de evitar que denunciara a Emilio.

Que se casara con su hija.

¡Liberto!

Brindemos por la feliz pareja.

Por que su matrimonio sea próspero y dichoso.

Por los novios.

Por los novios.

Tú también has recordado...

(AMBOS) Que hoy era nuestro aniversario.

No lo dude ni un segundo.

Felipe volverá a mis brazos.

Arrepentido, implorando mi amor.

(Música)

Eres la mujer más bella que ha pisado esta ciudad.

Tus ojos son como dos luceros.

-¿Qué significa lucero?

-Dos luces.

Dos faros.

Lo que da sentido a mi vida.

-Eres un... ¿Zalamero se dice?

(RÍEN)

-¿Quién te ha enseñado esta palabra?

Una aprende por ahí.

(Puerta)

Don Felipe.

¿Interrumpo algo?

-Claro. Claro que no, claro que no.

-Ya lo creo, he oído música.

-No sé de qué me habla.

-Y también risas. ¿Estaba con alguien?

-Debe haberse equivocado. ¿Qué quiere, doña Susana?

-Me está mintiendo, pero no insistiré más.

En realidad, he venido a ver si sabía algo de mi sobrino.

-¿De don Liberto?

-Lleva horas desaparecido.

-¿Liberto ha desaparecido? -¿No lo sabía?

-No, no tenía ni idea.

-No sabemos nada de él.

-Tranquila, seguro que está bien. -Se equivoca.

Mi sobrino estaba raro y me temo que...

-¿Que qué?

-Creo que mi sobrino está pensando en quitarse la vida.

-No, no puede ser.

-Hable con Ramón.

¿No le ha dicho nada?

-Me dijo que últimamente bebía por demás.

-Estamos todos sumamente preocupados por él.

Pero si no sabe nada, poco nos puede ayudar.

Será mejor que marche.

-Aguarde, iré con usted.

No tardaré.

¡Ay, Dios mío! ¿Este hombre dónde se habrá metido?

-Seguro que está dando una vuelta, ya verás como aparece.

-Claro que sí, se habrá entretenido en una de esas librerías raras.

-¿De verdad, usted lo cree, señora Fabiana?

-No habrá pasao na malo.

¿A que no, Carmen? -Claro que no.

Seguro que aparece y se ríe de nosotras por asustarnos.

-A ver si baja doña Susana y trae alguna novedad.

Lo mismo el abogado sabe algo.

Que pa eso son muy buenos amigos.

-Como esa mujer tenga razón

y don Liberto haya hecho lo que ella cree que ha hecho...

-¿Qué cree que ha hecho? -Me dijo que lo vigilara.

Que no lo perdiera de vista. Que viera las señales.

No fuera a ser que tuviéramos una desgracia.

¡Ay, Dios! ¿Y si ha hecho algo malo?

-Calla, eso ni lo mientes.

¿Alguna novedad, doña Susana? -No, Fabiana.

-A ver si ellos han tenido más suerte.

-Para mí que no.

-¿Qué pasa, don Ramón?

¿A qué esas caras?

-¿Qué se sabe de Liberto?

-He encontrado su chaqueta en la barandilla de la ribera.

-¿Que se ha ahogado?

¿Que se ha ahogado en el río?

¡Ay!

José, mira dónde está la niña.

Jesús, Jesús, Jesús.

Vamos a hablar con ella.

-¿Qué sucede, mi vida?

¿Qué tienes? Nada.

-A la vista está que no es así.

¿Qué ha ocurrido, Cinta?

-Te has escondido aquí para que no te veamos llorar.

-Estos días estabas tan bien.

Se te veía hasta contenta.

¿Qué ha pasado para que todo cambie?

Nada, de verdad.

-Venga, no nos engañes.

Dínoslo, que somos tus padres.

-Necesitamos saber lo que te pasa para poder ayudarte.

Que no hay nadie en el mundo que te quiera más que nosotros.

La verdad es que me animé

porque pensé que Emilio y Angelines iban a romper.

-¿Y por qué pensaste eso?

Porque me enteré de que se iban a casar no por amor,

sino por una decisión pactada por sus padres.

No se querían. Entiendo.

¿Y qué ha sucedido después?

Tras el ágape en el... -Oye.

¿Has ido a ese ágape?

-Deja que lo cuente.

Tras el ágape en el restaurante,

me di cuenta de que no podía ser.

Y que debía olvidarme de Emilio. Pues yo no lo entiendo.

No lo entiendo.

Si Emilio no la quiere y ella no lo quiere a él,

¿por qué no hablan con los padres?

¿Quieres que hable yo? Yo puedo interceder.

Yo hablo con doña Felicia o con Copérnico.

No, padre, se lo agradezco, pero no serviría de nada.

-¿Estás segura, hija?

Madre, ya he aclarado todo lo que tenía que aclarar.

¡Ay, hija de mi vida!

Me cortaría un brazo antes de verte padecer.

¡Dios mío de mi vida, no permitas que esto sea cierto!

No puede ser, mi sobrino no puede haber hecho algo tan terrible.

-Claro que no, doña Susana.

Liberto sería incapaz de hacerlo. ¿Cómo puede usted pensarlo?

-Liberto es alegre y optimista.

-Un apasionado de la vida. -Pero ¿dónde está?

¿Por qué han encontrado esto en el río?

-Alguna explicación habrá, pero no la que piensa.

-¡Epa!

-¡Qué bestia eres, Jacinto!

-¿Te parece el momento para soltar un grito borreguero?

-Calla, prima, que si lo digo es por algo.

Por ahí viene Liberto, vivito y caminando sobre sus pies.

-¡Y con su esposa!

-¡Ay! -¿Por qué llora, tía?

-¡Ay, Liberto!

Pensaba que te había pasado algo malo.

Pensaba que habías hecho una barbaridad.

Han encontrado esto.

-Pero ¿qué iba a hacer yo? Jamás haría algo así.

Y menos sabiendo el daño que le haría a usted.

-Menudo susto nos ha dado, señor.

-¿Tú qué haces aquí, no estabas en Portugal?

-Sí, esa era mi intención.

Le dije al cochero que se detuviera en un hotel de las afueras.

-¿En todo este tiempo no has salido de la ciudad?

-No, necesitaba alejarme de aquí,

reflexionar, pensar en lo que había pasado.

Y bueno, hoy me iba a ir finalmente.

Pero recordé que hoy era nuestro aniversario.

-Los dos, los dos lo recordamos.

Por eso nos encontramos en el río.

Ahí estábamos los dos recordando los buenos momentos que pasamos.

-Sí, yo creo que este encuentro es una señal.

-Una señal de que estamos hechos el uno para el otro.

-Una señal de que hay que perdonar.

-¿Entonces, ustedes dos van a...?

(SUSANA) Dios ha escuchado mis plegarias.

-¡Vivan los novios!

(TODOS) ¡Vivan!

¿Sabes lo que estaba pensando, Casilda?

En lo bonito que ha sido el encuentro de Rosina y Liberto.

-Sí, desde luego que sí.

Esos acontecimientos son los que hacen que una crea en el amor.

Todo ha vuelto a la normalidad.

-Amén a eso.

En este barrio no salimos de una y ya estamos metidos en otra.

Por cierto.

¿No puedes dormir?

-No he podido pegar ojo desde que me he metido en el catre.

-Y creo saber por qué.

Por lo mismo que yo, Agustina. -Más bien, sus ronquidos.

(Ronquidos)

Lleva dos noches igual.

No sé cómo las demás criadas no la escuchan.

Yo juraría que mi primo podría oírla en el portal.

-Unos duermen profundamente y otras tenemos el sueño ligero.

-Maldita sea mi estampa, yo soy de las últimas.

(Ronquidos)

-Tómate esto, que te hará bien.

-¿Qué es?

-Hierbaluisa y valeriana con un poco de limón.

-Todo sea por dormir 10 minutitos.

(BOSTEZA)

Oye.

¿Agustina siempre ha roncado así, de esa forma?

-Siempre ha roncado, pero de esa forma no.

Ahora parece una locomotora.

-Parece que se va a venir el edificio abajo.

Así no podemos seguir.

Y menos tú, con la faena que tienes.

-¿Y qué podemos hacer?

¿No estará pensando en decírselo a la señora Agustina?

-Por Dios, ¿te has vuelto loca?

Que yo no quisiera ofenderla.

-Ni yo, le tengo mucho respeto,

siempre se ha portado fetén conmigo.

-Contigo y con todas, esa mujer es pan de oro.

-Pa chasco que sí.

La vergüenza que le daría saber que ronca más que mi primo.

-Y más vergüenza le daría saber que nosotras lo comentamos.

(Ronquidos)

-¿Y entonces, qué vamos a hacer?

Así no podemos seguir, me veo durmiendo en la pérgola.

-A lo mejor es algo puntual y se le pasa con los días.

-¿Usted lo cree de verdad?

-Así lo quiero creer.

-Entonces, rezaré por ello.

Mientras tanto, haga más hierba de esta,

que yo voy a necesitar litros.

-Sí, voy a hacer más.

(Puerta)

(Puerta)

Soy Úrsula.

Señora, déjeme entrar.

Adelante.

¿Cómo se encuentra?

¿Cómo ha pasado la noche?

¿Va a querer desayunar en la cama?

¿Por qué iba a querer hacerlo?

Me levantaré y desayunaré en la mesa, como todos los días.

Hoy es un día normal, como cualquier otro.

¿Va a salir?

No. No sería apropiado

teniendo aún caliente el cadáver de mi esposo.

Hoy no pisaré la calle.

Guardaré el luto durante unos días.

Supongo que no se refiere a luto estricto.

No.

Tampoco lo hice con Samuel.

Solo quiero guardar las apariencias para que no me critiquen.

Hace bien, señora.

Ya verá como poco a poco olvidará a ese abogado.

¿Qué le hace pensar que quiero tal cosa?

Solo quiero convertirme en la mujer perfecta para Felipe.

No me mire así.

Es lo que quiero hacer y es lo que voy a hacer.

Yo no digo nada, señora.

Pero lo piensa.

Pero que sepa que me da igual.

Voy a recuperar a Felipe y sé cómo hacerlo.

¿Lo sabe? Debo esperar.

Mi mejor arma es la paciencia.

Ardo en deseos de hablar con él.

Pero he de aguardar al momento adecuado.

¿Y cree usted que él piensa lo mismo?

Felipe me echa de menos, lo sé.

Más pronto que tarde volverá a mis brazos.

Si usted lo dice.

¿Usted me ha visto, Úrsula?

Soy una tentación para cualquier hombre.

Y Felipe es un hombre.

Un hombre fogoso y apasionado.

Volverá a mi lado.

Mañana me pondré el vestido que me puse en el entierro de Alfredo.

Prepáreme un baño con sales y aceites.

Enseguida, señora.

Y una última cosa.

Repórteme todo lo que Felipe haga durante el día.

Quiero conocer todos sus movimientos.

Casilda, está todo delicioso.

-¿De verdad, le gusta?

-Hombre, claro.

Cómo echaba de menos tus bollos, tu café recién hecho.

Y no es lo único que echaba de menos.

Por fortuna, anoche nos desquitamos.

-Rosina!

-Con tanto rapapolvo, hacía mucho...

-No lo quiero saber.

Debería estar pidiéndonos perdón a Casilda y a mí.

Lo hemos pasado muy mal con vuestra ruptura.

-Pa chasco que sí, muy malamente.

-Hay que ver lo mucho que os aprecia Casilda.

No sabes, sobrino,

lo compungida que estaba pensando que te había pasado algo.

-¿Está usted de chanza, doña Susana?

Yo ya no sé vivir sin mis señores.

Ellos son como mi familia.

-Siempre nos ha cuidado muy bien y se ha preocupado por nosotros.

-Yo la quiero como a una hija, lo mismo que Leonor.

-Mujer, tampoco te pases.

Es una buena criada.

Cariñosa y solícita.

Pero una criada, a fin de cuentas.

Y hablando de criadas.

Ayer fui donde Felipe.

Y me pareció que interrumpía algo en esa casa.

-¿Y qué interrumpía, con quién estaba Felipe?

-Pues esa es la cosa, que estaba con su criada.

Marcia.

-¿Quieres decir que Felipe y la negra...?

-Yo no he dicho eso, lo dices tú.

-Fruslerías, esa chica es un sol.

Bastante difícil lo tiene por ser negra.

No le ponga palos en las ruedas. -No he dicho nada.

-Y en los asuntos amorosos de don Felipe es mejor no meterse.

Ya lo pasó bastante mal tras la muerte de Celia.

-Yo pensé que no lo superaría.

-Usted, por si acaso, no diga nada de lo que vio.

-¿Yo? Como siempre, una tumba.

Y la mar de discreta.

Pero si aprecias a Felipe,

haz el favor de aconsejarle que eso no está bien.

-Felipe, con la negra, es que no me lo creo.

Cómo echaba de menos este barrio y sus habladurías.

No sé qué sería de mi sin ellas.

(RÍE)

Cuando vi llegar a Liberto de la mano de doña Rosina,

casi me da un vuelco el corazón. Qué alegría verles juntos.

-Nunca tuvieron que separarse, estaban hechos el uno para el otro.

-Todos sabíamos que iban a encontrar la forma de arreglarse.

Me alegra que haya sido antes de la boda.

Hubiera sido muy triste no poder contar con ellos.

-O que estuvieran tristes en un día tan feliz para todos.

-O que una tragedia nos hubiera hecho posponer la boda.

-Cállate, hija, no seas agorera.

-La boda no se va a posponer por nada del mundo.

No parece que estés tan entusiasmada como yo.

-Ay, perdona, amor.

Claro que estoy entusiasmada, pero he dormido muy poco y mal.

Nada que no se solucione con café.

-Tómese dos tazas, que tenemos mucha faena.

-¿Faena, en la mantequería?

-No, para su boda.

Todavía queda mucho por preparar y apenas queda una semana.

-Pero si lo más importante, el vestido, ya lo tengo.

Y, además, ya hemos ido a hablar con el cura.

-¿Y todo lo demás?

-¿Qué más hay?

-¿Cuánto hace que se casó, que ya no se acuerda?

Repasar la lista de invitados.

Comprar horquillas, aceites.

Peines, para peinarla y que quede requeteguapa.

-No quiero que te pongas nerviosa.

No has de preocuparte de nada.

-No, yo le ayudaré en todo.

-Tengo al hombre más bueno del mundo.

En el fondo, lo demás me da igual.

-¡Huy!

¡Qué gusto da verles, qué bonito es el amor!

-Tendrás tú queja. -No, ni poco ni medio.

-Bueno, marcho.

-Huy, ¿ya?

Si ni te has tomado el café.

-Prefiero tomármelo en el Nuevo Siglo XX.

Adiós.

Ya sé lo que le pasa.

Que quiere ir a ver a su amiguito Emilio.

-Sí, se les ve muy amigos. -Pues yo me alegro.

Las buenas amistades son difíciles de encontrar.

Y me da que la que tienen es para toda la vida.

Nos lo pasamos la mar de bien en el ágape de ayer, ¿verdad?

Pronto celebraremos que ya sois marido y mujer.

Y lo que Dios une que no lo separe el hombre.

¿A qué viene esa cara, Emilio?

¿No estás contento con la mujerona que te llevas?

Bien apañada para la casa y limpia que es.

-No me he quejado.

-Pues siéntate con tu novia.

-Disculpen la interrupción.

Queríamos felicitar a la pareja. -Enhorabuena a los dos.

Hacen ustedes una pareja preciosa.

-Con Dios.

-Buenas.

Emilio, ¿por qué no me prepara un cafelillo

con esa mano de oro que tiene para ello?

-Voy volando.

Gracias. Estaba a punto de explotar.

-Ya lo he visto, ya.

¿Cómo lo lleva?

Que tengan un buen día.

¿Algún problema?

-No, todo lo contrario.

Quería agradecerle lo bien que organizó lo de ayer.

-Ya le dije que haría lo que estuviera en mi mano

para que la fiesta fuera miel sobre hojuelas.

-También lo decía por la buena disposición que está teniendo

para que este compromiso salga adelante.

Es usted una mujer de palabra.

No ha intentado engañarme y me gusta la gente así.

-No se confunda usted.

No me gusta obligar a mi hijo a hacer algo que no quiere.

Que sepa que no lo hago por gusto,

sino por obligación.

-Lo hace, eso es lo que importa.

-Lo hago, sí, y lo seguiré haciendo.

Porque, como bien ha dicho, soy una mujer de palabra.

Pero no estoy feliz por ello.

Y ahora, si me disculpa, tengo mucho trabajo.

Bien lujoso que es el restaurante de tu futuro maridito.

¿No crees, hija?

Vamos por buen camino.

A ver.

Anda un poco para la puerta, Carmen.

Le hace una arruga muy fea en la espalda.

Voy a tener que meter la sisa.

¿Lo ves, Lolita? -Yo no veo nada.

La Carmen parece una princesa.

-No.

Tiene una arruga, mira.

¿Tú cómo lo ves, Carmen?

-La última vez que me lo probé me parecía que estaba muy bien.

Y, además, me siento muy cómoda.

-Sé que dijimos que estaba bien.

Peo bien no es suficiente para una señora de Palacios.

-Lo que usted diga, doña Susana.

Pero la Carmen parece salida de un cuento de hadas.

Cómo se nota que fue señora,

no como una, que se reconvirtió.

-Te doy la razón.

Entre las maneras de Carmen y este vestido,

cualquiera diría que no ha fregado un plato en su vida.

¿Te estoy aburriendo?

-No, doña Susana, es que he pasado mala noche.

-Pues buena noche o mala,

una señora no bosteza cuando se le habla.

Te aconsejo que duermas mejor esta semana

o te veo bostezando en el altar con tus invitados delante.

-Dios no lo quiera.

¿Qué pensaría Ramón?

-Pues qué va a pensar, que estaba usted cansá.

Que es el hombre más comprensivo.

-Eso es cierto.

No veo el momento de decirle el sí, quiero.

Soy tan feliz.

Ramón, aparte de comprensivo,

es más bondadoso que el mismísimo Cristo.

-Mujer, no exageres ni blasfemes.

-Y dialogante.

Caballeroso.

Inteligente, gentil.

Y más guapo que un actor de teatro.

Tan corpulento, tan hombre.

-Ya, ya nos hacemos una idea.

-Es que lo quiero tanto

que parece que me va a estallar el corazón.

-¡Ay, cómo está el barrio!

El amor flota en el ambiente.

Ramón y Carmen.

Emilio y su novia sorpresa.

Y Rosina y Liberto.

-Pero eso es bueno, ¿no?

-Mejor así que lo contrario, supongo.

-Pues supone bien, doña Susana. ¿No está contenta

por la reconciliación de su sobrino con Rosina?

¿Contento, dice? Estoy pletórico, don Ramón.

Mi vida vuelve a tener sentido.

-Lo pasamos muy mal por usted.

-Se le veía a usted tan triste, tan abatido.

-Y yo podía entenderle.

Tanto Ramón como yo hemos vivido el dolor por la pérdida.

-Yo tenía tan claro que Rosina era la mujer de mi vida

que cuando marchó era como si me hubieran arrancado el corazón.

-No debe pensar en eso ahora.

Ahora está con su esposa de nuevo

y ya es hora de olvidar las penurias del pasado.

-Sí, en eso tiene razón.

Lo que no quiero olvidar es lo mucho que me han ayudado.

Lo pendientes que han estado de mí.

-Para eso estamos los amigos.

-Así es.

Y a usted, don Felipe, me gustaría agradecerle su ayuda legal.

Sin ella, ahora estaría en la cárcel.

-Fruslerías. -No.

Ambos sabemos que no.

Y me gustaría darle las gracias por acogerme en su casa.

Me he sentido como en la mía.

Y esto también lo digo por ti.

Me has ayudado mucho.

-Los amigos de don Felipe merecen todos mis cuidados.

-Me alegra haber contribuido en su recuperación.

¿Y usted, don Ramón, qué tal va su enlace?

-Pues no les voy a negar

que me encuentro como un zagal con pantalón corto.

Mucho más ilusionado que en mi primer enlace.

-Cuanto mayores nos hacemos, más tiernos nos ponemos.

-No le quito a usted la razón.

No veo el momento de estrechar a Carmen entre mis brazos,

de estar los dos a solas.

Disculpa mi osadía, Marcia.

No había caído que había una mujer en la sala.

-Como si no estuviera, señor.

-¿Y usted, qué?

¿Para cuándo una boda?

-Disculpen.

¿Van a querer alguna cosa más?

-Trae algo para picar para acompañar este caldo.

-¿Es eso verdad, Felipe?

Debería usted hacer un poder para ocupar su corazón.

¿Cómo marchan las cosas con Genoveva?

Supongo que ahora que está viuda, podrán tener

más tiempo para disfrutarlo juntos.

-Entre esa mujer y yo ya no existe nada.

-No le negaré que me alegra oír eso.

-No me gustaría entrar en detalles.

Es una mujer mala.

Y nociva.

Y les agradezco sus advertencias.

-Entonces, han roto ustedes.

-Descuiden.

Mi corazón está mejor que nunca.

Pero mi corazón no es lo más importante, sino el suyo.

Así que brindemos por su enlace.

-Mejor brindemos por Carmen,

que es la mejor esposa que un hombre podría tener.

(LOS TRES) Por Carmen.

Que tenga un buen día, caballero. -Con Dios.

-Carmen, no debería usted estar haciendo eso.

-Fabiana, es que me aburro.

Echo de menos ayudarle en la pensión.

(FABIANA RÍE)

Olvídese ya de esto, por ahora y para siempre.

Usted es una señora y las señora no faenan.

Se acabó para usted eso de deslomarse.

¡Arrea, es la tercera vez que bosteza usted!

¿Le pasa algo?

-Ya que lo pregunta, no, Fabiana, no he pasado muy buena noche.

-¿Y eso por qué?

(BOSTEZA)

Buenas.

Señora Fabiana, ¿me invita usted a un café?

-¿Y a ustedes dos qué les pasa?

Me van a contagiar el bostezo y voy a terminar bostezando.

-Señora Carmen, dígaselo.

Cuéntele lo que nos ha pasado esta noche.

-Me siento hasta mal contándoselo.

-Pues ahora me dejan intrigada.

-Se trata de Agustina.

-¿Agustina, qué le pasa a Agustina?

-Que ronca, señora Fabiana, que ronca.

Que hace más ruido que un tren de mercancías.

-¿Agustina ronca, desde cuándo?

-La cosa es reciente.

Llevamos unos días sin dormir.

Y luego estamos que no damos pie con bola.

-Casi me quedo dormida en la prueba de mi vestido.

-Y es que nos da apuro decírselo a ella.

Lo mismo le sienta mal que le digamos que ronca.

-No es plato de buen gusto oír que molestas por eso.

-Pero no podemos pasar noche tras noche sin dormir.

¿No le puede decir algo?

-¿Yo? -Claro.

Es una idea muy buena. Usted es su amiga.

-Amigas somos todas.

-Pero usted es la más veterana.

No es lo mismo que vayamos nosotras

a que vaya usted, que le tiene más confianza.

-Señora Fabiana.

Por favor, señora Fabiana.

-Por favor.

-Está bien, lo haré.

Pero si se ofende, le diré que me lo han pedido ustedes.

-Sí, sí.

-Anda, siéntense, que les voy a poner un café bien cargadito.

-¡Huy!

Entonces, eres un hombre muy importante.

-Yo no, pero mis clientes sí.

Tengo que estar bien informado sobre política.

Asuntos internacionales, economía.

Algunos clientes tienen títulos nobiliarios.

-¿Qué es eso?

-Es un privilegio legal concedido desde la antigüedad

que distingue a personas importantes.

-No entiendo.

Si tienes un título de esos, ¿tienes más dinero?

-Más o menos, sí.

-No me gustan las personas con dinero.

-¿Por qué?

-Son malas.

-Bueno, no siempre es así.

Don Ramón Palacios ha sido un hombre muy rico.

Y siempre ha sido justo y bueno.

Lo que envilece el alma de un hombre es el poder

y su propia maldad.

También hay hombres pobres y malos.

-Eso también es cierto.

Pero en mi pasado, los hombres malos eran ricos y poderosos.

(Puerta)

Es don Liberto, señor.

-Marcia, ¿te importa dejarnos un momento a solas?

-Liberto.

¿Ocurre algo?

-No, no se preocupe.

Solo quería hacerle un comentario referente a Marcia.

-¿A Marcia? -Ajá.

¿Qué hacemos? No quiero ver a la niña padecer.

-De momento, quitarle de esas clases de canto lírico.

Le deprimen una barbaridad.

-¡Anda ya, mujer, eso son paparruchas!

-Paparruchas, no.

Llevo todo el día escuchando cómo ensaya.

Eso suena a compasión.

-Dile algo, dile que no es verdad.

-Siento contradecirte.

Arantxa tiene razón.

Esas clases, animar, animar, tampoco.

Además de que son carísimas.

-Si las deja, va a ser peor.

¿Qué va a hacer con todo ese tiempo libre?

¿Pensar, deprimirse aún más?

-Ya se nos ocurrirá algo.

-Chiquillo, ¿el qué?

-No sé.

Podríamos organizarle una fiesta.

Para animarle.

¡O un viaje!

-No, eso es muy caro.

No, la inversión todavía no da beneficios suficientes.

-¿Y si le buscáramos pretendiente?

-¡Que no va a querer, pues!

-¿Y si no volvemos a verla sonreír nunca más?

-¡Jesús! -A nuestra pequeña.

No lo ha vuelto hacer desde que actuaba en los escenarios.

¿Qué pasa?

-Que ya sé lo que vamos a hacer.

Así que las intuiciones de mi tía no iban desencaminadas.

-¿No sospechó nada cuando vivía aquí?

-Pude ver que se tenían cierto cariño, sí.

Nosotros se lo tenemos a Casilda, pensé que era lo mismo.

No obstante, cuando hemos estado con don Ramón,

he podido ver que había algo más que cariño.

-Siento algo muy profundo por ella.

Somos...

-¿Pareja?

¿Cómo ha podido calar tan hondo en usted?

Apenas se conocen.

-Y es como si la conociera de toda la vida.

Es la primera vez que me enamoro desde la muerte de mi esposa.

-¿Me está hablando usted de amor?

-Amor profundo y sincero.

Tan apasionado que...

prefiero morir antes de verla sufrir.

-Pues me temo que no lo va a tener nada fácil.

Marcia es negra.

Y la gente no está habituada a ese tipo de mezclas.

Van a ser objeto de todo tipo de maledicencias

y Marcia se llevará la peor parte. -Lo sé, lo sé.

Pero eso reafirma más mis sentimientos.

Es una mujer muy vulnerable.

Ha sufrido mucho en su vida.

Y solo quiero protegerla.

Y hacerla feliz.

Ese es mi nuevo propósito de vida.

¿Puede usted entenderlo?

-Pero me gustaría darle un consejo, si a usted no le importa.

-Por favor.

-No se escondan. Mi tía anda sobre la pista

y será cuestión de tiempo que los descubra.

Para proteger el honor de Marcia y el suyo propio

es mejor que vayan con la verdad por delante.

-Lo tendré en cuenta.

Y gracias por el apoyo.

-Amigo, tan solo quiero hacerle una pregunta más.

¿Qué pasó de verdad entre Genoveva y usted?

-Lo que ocurrió con esa mujer es que le di su merecido.

Hice creer que la quería

para luego despreciarla con todas mis fuerzas.

Me he vengado así de todo el mal

que le ha hecho a usted y a mis amigos del barrio.

-Un plan muy maquiavélico.

-Esa mujer es el demonio. -¿De veras lo cree?

-Genoveva es Belcebú.

Y nadie me va a hacer creer lo contrario.

Usted estuvo a punto de ir a la cárcel por su culpa. ¿Lo duda?

-Dudo si fue ella el artífice o el señor Bryce.

-Fueron los dos, uno con la ayuda del otro.

Creo que he hecho lo correcto.

Esa mujer es una víbora.

-Si tiene razón, ándese con cuidado.

Marcia es la parte débil de la pareja.

En cuanto Genoveva descubra que están juntos, querrá venganza.

Y no dudará en hacerle daño. -Eso no va a ocurrir.

Protegeré a Marcia con mi vida, si fuera necesario.

Fabiana.

¿Ha hablado ya con Agustina?

-Quería hacerlo después de la cena.

Por eso he venido a cenar aquí.

-No le ponga mucho en el plato. Cuanto más traga, más ronca.

-¡Ay, qué bien, si me han esperado para cenar!

Pensaba que habían empezado hace rato.

Traiga queso para el postre. -Tráigalo aquí.

Y lo vamos picando. -Deje, que ya lo corto yo.

Buenas noches.

-Justo a tiempo para catar un poco de queso, doña Úrsula.

¿Le apetece? ¿Por qué no?

-Fabiana, sirvo yo, haga el favor de sentarse.

-Como quiera.

-Y ya que está aquí,

¿se sabe algo del asesino de don Alfredo?

-Yo solo sé que corría como un lince.

-Si no llega a ser por ti, no sé qué más hubiese pasado.

¡Hay que ver qué marido más guapo y más valiente tengo!

La Policía determinó que fue un crimen pasional.

No venía con intención de matar a nadie más.

-¿Y dónde está el comisario Méndez?

Porque ya no se le ha visto, vino, interrogó y ha desaparecido.

-Carmen, ¿los preparativos de la boda van bien?

Apenas le queda una semana. -Ya lo sé.

Hoy me hice la última prueba de mi vestido.

-¡Ay!

-Tengo unas ganas de darle el sí, quiero.

-Qué maravilla, de verdad.

Cuántas bodas vamos a tener.

La suya, la de don Emilio con la chica esta, Angelines.

Perdone, señora Arantxa.

No le he preguntado cómo está la señorita.

-Cinta está estupendamente.

Está feliz y contenta con su carrera artística.

Y con el futuro que va a tener en la música.

-Será una gran artista, como su madre.

-Amén a eso, Marcelina.

Y Jacinto, páseme el queso, que le quiero meter un tiento.

(RÍEN)

¡Emilio! ¿No me oía? Que está usted en albis.

-Perdón, ¿me decía?

-Le decía que quería una botella de su mejor champán.

-Ahora mismo.

(SUSPIRA)

-Buenas, doña Rosina.

¿Viene a cenar? -No, otro día.

He venido a comprar una botella de champán

para celebrar que volvemos a estar juntos.

He ido a la mantequería, pero habías cerrado.

-Sí, hoy he cerrado pronto.

Y diga que sí, que esas cosas hay que celebrarlas.

No sabe cuánto me alegro.

Que estábamos todos muy compungidos.

-La que debe estar compungida es Genoveva.

¿Alguien sabe algo de ella, alguien la ha visto?

-No, no ha salido de casa en todo el día.

-Se ha quedado guardándole respeto.

Aunque no sé por qué, porque era un mal bicho.

¿Se ha enterado de los vídeos que tenía?

-Susana me lo contó a los 10 minutos de llegar.

Un pervertido, un desviado.

-No sé para qué se casó con ella si no sentía ni deseo ni nada.

-Para guardar las apariencias, está claro.

¿Cómo si no iba a vivir en esta sociedad un banquero?

-Pues es una pena que tenga que casarse por obligación

y hacer daño a otras personas.

-Hablando de casamientos,

ya me he enterado de la futura boda de su hijo.

Mi más sincera enhorabuena, Felicia.

-Señoras.

-¡Ah! Enhorabuena también a usted por su inminente enlace.

-Muchas gracias. Espero verla allí ese día.

-¿Está de broma? No me lo pierdo por nada.

-¿Desea algo, don Ramón?

-No, gracias, he visto a Lolita y quería hablar con ella.

-Cómo me alegro, Rosina.

-Quería pedirte permiso para invitar a Carmen a cenar.

Tengo que contarle una cosa

y me gustaría que estuviéramos todos.

-Pues claro que sí, Carmen es siempre bienvenida.

Pero se ha ido a cenar con las del altillo.

Estará en la cama. Se levantan de amanecida.

¿Qué quería decirnos?

-Tendremos que esperar al desayuno. Iré a avisarla temprano.

-¿Y me va a tener en ascuas?

Dígame al menos si es malo.

-No, malo no es, no te apures.

Pero tendrás que esperar hasta mañana.

Espero que estéis de acuerdo con lo que os voy a plantear.

-Mm...

-Señoras.

-Con Dios.

Este queso está tan bueno como el que daban mis ovejas.

Pero noto un sabor así como a humo.

-¡Pues claro, Jacinto! Es queso ahumado de mi tierra.

Lo mejor de España.

-¿Y cómo hace para meterle el humo dentro?

-Mañana ya se lo explicará.

Se nos ha hecho muy tarde a todos.

Así que todo el mundo a recoger.

-No, no se preocupe. Yo recojo.

-Pues muchas gracias, Marcia.

Buenas noches, hasta mañana. -Buenas noches.

-Agustina.

Espere, que le acompaño y le ayudo a desvestirse.

-Ya te ayudo yo, pochola. -No, no se preocupe.

Yo recojo rápido, vaya a descansar.

-Eskerrik asko.

¡Uf!

-Espere.

¿Puedo hablar con usted un momento?

Con don Alfredo muerto, ¿quién pagará por mi libertad?

Ya te lo dije.

Yo.

Ahora trabajas para mí.

¿De dónde va a sacar tanta fortuna para pagar a esa gente?

Si no les paga, van a venir a por mí.

Eso no va a pasar, no te preocupes.

Pero no te olvides de una cosa.

Ahora estás a mi servicio.

Que no se te ocurra traicionarme.

Cinta.

¿Cómo se encuentra?

Bien.

Quería decirle que le agradezco mucho lo que me ha ayudado.

Aunque no haya servido de nada.

Emilio.

Pero ¿qué hace?

Cinta y usted están hechos el uno para el otro.

¿Por qué no rompe su compromiso con Angelines

si no se va a enamorar nunca de ella?

Debería coger a Cinta y marcharse de aquí.

¿Por qué no se escapan a un sitio donde puedan ser felices?

-No puedo hacerlo.

-¿Por qué, Emilio, por qué no puede?

¿Qué buscas?

¿Qué haces?

¡Federico!

De acuerdo.

Le contaré la verdad.

-La verdad.

-El motivo por el que estoy condenado a casarme con Angelines

y olvidar al amor de mi vida, Cinta.

Solo quería estar en tus brazos.

Te amo.

-He contado los segundos para verte.

He echado de menos tus besos, tu olor.

-Bésame, Felipe.

Bésame como si no fuese a terminar.

-Nunca te quitas esta medalla.

¿Qué significan estos símbolos?

-Es Oggun, un orisha.

-¿Orisha?

-El orisha Oggun simboliza la lucha y la conquista.

Me ayuda a ser fuerte y valiente. -Suena a superstición.

A dioses primitivos. -No tanto.

Es como San Jorge.

Y es lo único que me dejó mi madre antes de morir.

Ella era muy devota de Oggun.

Por eso no puedo estar sin él.

-Deberías evitar que lo vea doña Susana

si no quieres que te acuse de hereje.

-Lo sé, por eso no me gusta enseñarlo.

Los españoles no entienden.

Oggun me protege cuando tengo miedo.

-¿Miedo de qué?

Ahora estás conmigo y Alfredo Bryce ha muerto.

-Solo soy una criada, Felipe. Una criada indefensa.

-Eso podría cambiar.

-¿Cambiar, cómo?

-No podemos seguir así.

Tengo que protegerte.

Para eso necesito tenerte aquí, en mi casa.

Bajo mi protección.

Ante todos y a cara descubierta. -No entiendo.

-Quiero que todo el mundo sepa que nos amamos.

Que no hay nada malo entre nosotros.

Que somos una pareja normal.

-Tengo un pasado, Felipe.

No puedo.

-¿Me estás diciendo que no?

¿Entonces, qué te impide vivir nuestro amor?

-Felipe, tengo mis motivos.

-¿Qué motivos son esos?

No voy a salir de esta cama jamás.

¿Qué fue de aquella mujer que llegó al barrio

con la intención de hacer pagar a todos su desprecio por Samuel?

Vino usted a vengarse. ¿Y qué ha hecho? Nada.

Solo quiero pedirte perdón por todo esto.

Camino me lo ha contado todo.

¿Qué te ha contado?

Lo que ocurrió en Valdeza.

No debería haberte dicho nada.

Ahora que vais a tener un hijo, vais a necesitar más espacio.

Nos vamos a mudar a otra casa.

-¿Pero ahora?

Ahora me viene bien tener a Carmen cerca

para lo que se me viene encima. Que nunca he sido madre.

¿Me vas a decir dónde has estado?

-En los despachos de los más importantes representantes.

He pensado que a Cinta lo que le hace falta

es llevarse un alegrón y salir al escenario.

Quizá al considerarse ella distinta

crea que le está protegiendo

al no presentarse en público con usted.

-No, sería un absurdo.

Si Antoñito fuese un poquito más espabilado...

-Si fuese más espabilado, sería don Ramón.

-Mire, Fabiana, la verdad sea dicha.

Antoñito es un bendito.

Muy buen hijo y muy buena persona.

Pero un poco parado.

Si no fuera por Lolita, no sé cómo iban a tirar para delante.

¿Se hacen verbenas por ese santo? -Eso me han contado.

-Pues tenemos que conseguir que la niña actúe para los vecinos.

Pero que Cinta no se entere.

(FABIANA) Carta para usted.

No sé por qué la ha dejado aquí el cartero. En el buzón estaba.

-Es de María Luisa, espero que no sean malas noticias.

Déjate de enormidades, que te cuento lo de don Ramón.

-Buenas tardes. -A las buenas, Carmen.

Hablábamos de los ronquidos de la Agustina.

-Pensaba que hablabais de Ramón.

-¡Qué va! -Ya.

¿No me vas a dejar pasar?

Es mejor que no nos veamos a solas.

Te aseguro que a solas será mucho más discreto.

No creo que quieras escándalos en el descansillo.

(AGUSTINA) ¿Quería decirme algo?

-No, interesarme por usted. ¿Qué tal está durmiendo?

-Pues ahora que lo dice, intranquila.

Como si no descansara.

¿Qué quieres de mí?

¿Quieres que me humille? No.

No quiero nada.

¿Qué haces?

Antes te gustaba mi cuerpo.

¿Es que ya no disfrutas de él?

Necesito que te enteres de algo.

¿Quién se mete en la cama de tu señor?

Tengo una idea para que no tenga que terminar lo suyo con Cinta.

-Quizá sea mejor dejar de pensar en eso.

-¿Por qué no me escucha un momento?

-¿Por qué habría de hacerlo?

-A lo mejor puedo ayudarle de alguna forma.

¡Marcia!

¡Marcia!

¿Qué te pasa, mujer?

(MARCIA LLORA)

-Pero...

Marcia.

Tranquila, tranquila.

Tranquila, tranquila.

(LLORA)

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Acacias 38 - Capítulo 1066

31 jul 2019

Ramón y Carmen en la recta final de los preparativos para su boda. El Palacios tiene algo importante que anunciar a su familia.
Susana y los vecinos están preocupados por la desaparición de Liberto, dan por hecho algo malo le ha pasado, pero la angustia se disipa cuando Rosina y Liberto regresan al barrio como una pareja reconciliada y feliz.
Los Domínguez buscan un plan para animar a Cinta, mientras que los Pasamar se doblegan a los planes de Ledesma. Antoñito no entiende la decisión de Emilio que se ve obligado a contarle su secreto.
Genoveva adopta como estrategia para conquistar a Felipe ser paciente, encarga a Úrsula que le mantenga informada de todos sus movimientos. El abogado desvela a Liberto que tiene una relación con Marcia y que teme que Genoveva le haga daño, por eso, piensa hacer oficial que están juntos.

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  1. Carlos

    Hola, ¿Alguien sabe a qué canción pertenece el fragmento del minuto 11:46? Es la pieza de piano.

    pasado lunes
  2. Marilu

    Mas allá de que, puntualmente, en los capítulos 1067 y 1068 NO han permitido comentarios, cosa que no es la primera vez que sucede ( los asiduos ya estamos habituados a esas maniobras), no creo que TODOS los comentarios que se habrán enviado hayan sido soeces y /o maleducados; esto siempre y cuando hayan habido comentarios ya que últimamente son escasos, cada día menos

    03 ago 2019
  3. Mabi

    Cap 1067 y 1068 sin posibilidad de comentar... Por lo expuesto en el cap 1067 no lo han permitido por no atenerse a las normas de participación. Convengamos que éste espacio no es TWITTER, INSTAGRAM O. FACEBOOK dónde podemos decir lo que se nos venga en ganas e irrespetuosamente, sí un espacio donde podemos dejar nuestro parecer sobre lo visto en la novela, coincidir o no con otros comentarios, pero con RESPETO. El saber que hay normas de participación nos lleva por consiguiente a ser RESPETADOS e incluyan la opción. RESPETAR para ser RESPETADOS.

    03 ago 2019
  4. Mabi

    Al fin alguien en Acacias, Carmen, define a Antoñito!!! Jaja!!! -" un poco parado "!!! Como diría un tango en mi Argentina... " niño bien, pretencioso y engrupido, que tenés el berretin de figurar....si éste agarra al inventor del laburo, contrata a Ursula para que lo pase a mejor vida!!!! Cuánta inutilidad da ser hijo de " señores de postin "!!!!! Pobre Lolita... Que ni para Celestino sirve el marido!!!!

    02 ago 2019
  5. Francesca

    También veo amor entre Felipe y Marcia, desde la primera mirada. Ella es bonita, femenina. Quizás dejen Acacias, para conservar la vida y don Ramón al casarse, ocupe ese piso.

    02 ago 2019
  6. Marilu

    ( Capitulo 1067 ): Enorme similitud con situaciones pasadas tiempo atrás : Leonor, Habiba y Marcia.- Bien podrían haber pensado en otra cosa y porqué siempre " jugando " con los malvados y depravados ? ¡ Que poca imaginación / inventiva de argumentos ! .- Y como para no perder la costumbre, la OMNIPRESENTE ursula, " pescando " conversaciones ajenas, MUY OPORTUNA LA señora !!!! .- Y esto sigue con MAS y MAS DE LO MISMO reiterada y pesadamente !!!!!!!!!

    02 ago 2019
  7. EdgarAbood

    Esta serie no se ajustas a la epoca. Los personajes actuan como si se tratara de nuestro tiempo actual.

    01 ago 2019
  8. Victoria

    Me encanta la pareja que han formado Felipe y Marcia. Oír a Felipe cómo habla de ella, ... "yo solo quiero protegerla y hacerla feliz" y decir que "ése es mi nuevo propósito de vida", es fantástico y esas palabras son las de un hombre realmente enamorado. Marcia es negra y muy guapa además es muy dulce hablando, me hace gracia ese "portuñol" en el que se hace entender y me gusta mucho sus demostraciones de amor hacia él. Esta pareja tiene que cuidarse mucho porque tienen varios enemigos, entre ellos, Ursula y el despecho de Genoveva. Desde que apareció Marcia y viendo esa atracción que, desde el primer momento, se pudo observar entre ambos, me recordaron a Manuela y Germán, que tuvieron una enemiga que fue Cayetana y esta pareja tiene otra que es Genoveva (aunque ésta no se podrá comparar nunca a Cayetana). Ese "protegeré a Marcia con mi vida, si fuera necesario" fue otra demostración más del amor de Felipe por Marcia. Ella, desde luego, va a ser la parte más vulnerable de la pareja. Espero que su amor pueda seguir adelante, a pesar de las vicisitudes a las que, sin duda, tendrán que enfrentarse.

    31 jul 2019
  9. Belén

    La pareja que hacen Emilio y Cinta es muy aburrida, ellos no transmiten nada. Cuánto extraño a Lucía y Telmo, qué buenos actores!

    31 jul 2019
  10. Querubina

    Tremenda bomba la que soltó Felipe a Genoveva. Nada de piedad, pero ella se buscó lo suyo y está pagando. De Alfredo...bueno, un tipo muy malo que tenían que despacharlo. El personaje horrible, pero el actor muy bueno, con personalidad, muy guapo y con clase. Otro que me encanta ver es al comisario Méndez. Y pronto aparecerá Mauro. De Rosina y Liberto todo resultó demasiado perfecto a lo cuento de hadas, pero igual me alegré de que volvieran a estar juntos.

    31 jul 2019