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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1064 - ver ahora
Transcripción completa

No me vendría mal... dedicar una de estas noches a mis amistades.

Seguro que Eladio estará encantado de verte.

-A mi señor le ha dao por el alpiste,

y no el de los pájaros precisamente.

-Pos no le pierdas ojo, que como se aficione a la botella,

no va a haber quien viva en esa casa.

Es porque me siento mal por todo lo que sucedió con Felipe.

He sido una mezquina y trato de compensártelo, eso es todo.

-Mejor estaría en el pueblo.

-¿Acaso...

hay allí algún mozo que te haga tilín?

-Parece ser que Genoveva le ha dicho a Lolita que el banquero

tiene... debilidad por los muchachos.

-Estoy al corriente de la conducta desviada de don Alfredo.

Alfredo ha quedado con uno de sus amantes

en nuestra casa y es menester que estén los dos solos.

Estoy pensando que esta tarde cierro la mantequería y me la llevo

de merienda con las señoras.

-Es extraño que Genoveva le haya contado a Lolita

el secreto de Alfredo.

Esa mujer quiere algo. Tengo que hablar con ella.

Voy a merendar con las señoras. Quiero que me acompañe.

Alfredo tiene que estar solo en casa, va a recibir una visita.

-Marcelina está disgustada porque dice que por nuestra culpa

usted ha discutido con su señora, y como es una gran admiradora,

lo quiere arreglar con un guiso.

-Puede que la solución a este entuerto

esté en manos de Angelines.

Me ha reconocido que se siente atraída por otra persona.

Yo no puedo anular la boda debido a mi compromiso con Ledesma,

pero si ella se niega a contraer matrimonio,

yo quedo libre de mi promesa.

-Genoveva es una víctima más del señor Bryce.

-Yo marcho. -Dele una oportunidad.

Vamos a celebrar que pronto seré madre,

¿qué mejor momento para regocijarse y perdonar?

-Si nos ve a los dos juntos, se dará cuenta

que no puede interponerse.

¿Qué pretendes, que paseemos por el barrio?

No, tiene que parecer algo casual,

que se piense que nos ha encontrado por sorpresa.

Ya lo estoy organizando. -Entra, Eladio.

¿Quién es usted?

(Disparo)

Asesino.

(Se abre y cierra la puerta)

-Yo diría que ha sonado un disparo. -¿Cómo va a ser un disparo?

Ni que estuviéramos en Cuba.

-Ha sonao como cuando cazaban conejos en las eras de Cabrahígos.

-Sea lo que sea, ha salido del 38, estoy segura.

¿Qué habrá sucedido?

Deberíamos ir a ver, que mi esposo y mi hija están en la casa.

-No, no, no, ha podido ser cualquier cosa:

un puchero que se haya caído al suelo.

-Pues yo voy a ver lo que sucede.

(Gritos)

¿Quién es ese hombre? -Ha ocurrido una desgracia.

-Corran, a por el ladrón, ¡socorro, socorro, que se escapa!

-¿Qué está pasando?

-Que ha salío un enmascarado del portal, corra a por él.

-¿Qué es este lío? -Corra, después se lo explico.

-¿Qué sucede, eso ha sido un disparo?

-Sí, un tipo ha salido corriendo del 38, lo he visto.

-Yo voy a ver cómo están los míos. -Ni se le ocurra.

Puede haber más facinerosos en la casa,

no puede correr ese riesgo.

-¿Y si le ha ocurrido algo a mi hija?

Yo no me puedo quedar aquí.

-Espere al menos a que regresen Jacinto y Cesáreo y le acompañen.

-Tengo que ir ya. -Mire,

por ahí aparece su esposo.

-Mi vida.

Ay.

Ay, ¿qué te ha ocurrido? Estás bien, ¿mi vida?

-Sí, yo estoy bien.

-La niña, la niña, ¿qué le ha pasado a la niña?

-Sosiégate,

estamos bien, no ha sido en nuestra casa donde ha pasado la desgracia.

-Oye,...

¿y estas manos de sangre?

-No es mía, no es mía, he debido mancharme al tocar el cadáver.

-Ay, ¿qué cadáver, qué estás diciendo?

-Tranquilícese.

Siéntese, siéntese. Camino,

una copa de coñac para don Jose.

-Pero, cuéntenos, ¿qué ha sucedido?

-Estaba en mi casa,...

estaba...

estaba en la casa tomándome una manzanilla y...

he escuchado un disparo.

-Sí, lo hemos oído tos.

-Extrañado, he salido al descansillo

y he visto la puerta del piso de los Bryce abierta.

Y en el salón,...

ahí estaba don Alfredo,...

muerto en un charco de sangre. -Ay.

No puede ser,

han matado al banquero.

-Voy a llamar a la policía.

(Gritos)

-Un asesinato, pero ¿cuántas cosas hemos de pasar?

-Gracias a Dios que tú estás bien.

Si llega a pasarte a ti algo, yo me muero.

-Parece que vuelve en sí.

-Sosiéguese,

y no trate de hablar.

Recobre el aliento.

(Sintonía de "Acacias 38")

-Entre la merienda y el follón que se ha montao,

no me ha dao tiempo a recoger na.

Menos mal que habéis venío. -Pa eso están las amigas.

Tú no puedes hacer semejante esfuerzo.

-Hay que ver, las horas que son y siguen entrando y saliendo policías

de casa de los Bryce. -Natural,...

no todos los días asesinan a uno de tanto renombre.

No he visto un revuelo así desde que asesinaron al Prim.

-Anda que no ha llovío desde entonces,

yo ni siquiera había nacío. -Es que una ya suma más años

que el canalillo.

-A mí no me parece alguien importante,

ha tenío lo que se merecía.

-Ay, Lolita, no hables así de un finado, no es de buenos cristianos.

-¿Es que acaso lo era él?

Ese hombre no merece consideración ninguna.

Su muerte no es ningún mérito, era un mal bicho,

mejor que esté criando malvas y no pueda hacer daño a nadie más.

-Lolita, estás diciendo barbaridades.

-Tengo razones pa hablar así.

-¿Y cuáles son? -Son las que son,

créeme cuando te digo que ese hombre era una sabandija.

-Ay, sosiega, que esos sofocos no son buenos para la criatura.

-Es verdad,...

pero no puedo evitar estar inquieta por Genoveva,

que no termina de recuperarse desde que cayó desmayá.

-Natural,...

la pobre se ha tenío que llevar una impresión,

por poco ve cómo matan a su marido delante de ella.

-¿Se sabe algo más del crimen? -Sí, está la policía

buscando pistas sobre el asesino. -¿Quién podrá haber sido?

-Pues alguno de los estafaos por él, que amigos no sé si tendrá,

pero enemigos... a espuertas.

-A saber cuántas felonías habrá cometido antes de venir a Acacias.

Lástima que no hayan cogido al asesino cuando salió del portal.

-Pues mi primo y Cesáreo se echaron una buena carrera tras él,

pero corría como un lince, el asesino.

-Bueno, el portero y el sereno tampoco están para muchos alardes.

-A mi primo le pesa el pandero, ¿a qué engañarnos?

Pero lo tenían que haber visto en sus tiempos de mozo

corriendo detrás de los borregos.

-Sea como sea,... nadie va a echar de menos al banquero.

-Ay, déjalo ya,

que está muy mal hablar así de los difuntos.

-Está bien,... pero no me dé la murga y ayúdeme con lo de fuera.

-Doña Susana,...

que yo... le quería comentar algo.

He visto a su sobrino

guardando bajo llave unos papeles mu misteriosos.

-¿Y no sabes lo que eran? -No.

Hemos intentao abrir el cajón, pero tie una cerradura

de las buenas, no hay manera.

-¿Y qué puede estar guardando Liberto?

-Pues a parte de una botella, no lo sé.

-Pues tenemos que averiguarlo.

Cuando mi sobrino salga de casa me avisas,

que yo voy a averiguar qué es eso.

-Eso va a ser difícil, doña Susana.

Apenas sale de la casa, se pasa las horas mirando el retrato

de doña Rosina.

-Bueno, ya encontraremos el momento.

-"Si nos ve juntos, no puede interponerse en nuestro amor

y se marchará con viento fresco a Santander.

¿Y cómo piensas hacer eso?

¿Qué pretendes, que paseemos por el barrio?

No, tiene que parecer algo casual,

que se piense que nos ha encontrado por sorpresa.

Ya lo estoy organizando con Antoñito.

¿Te parece bien?

Claro que me parece bien.

Estoy dispuesta a todo por sacar nuestro amor adelante.

(Música alegre)

-Niña, quita eso inmediatamente.

-¿Cómo se te ocurre poner música con lo que está pasando?

Antes se quejaban que solo escuchaba música triste.

El edificio está de luto.

-Está don Alfredo de cuerpo presente.

No creo que le importe que escuche música.

Hay que tenerle respeto a los difuntos.

¿Y a ese también?

Porque es de todos sabido que era mala persona.

Es cierto, pero nuestra obligación es respetar el duelo,

sea bueno o malo el finado.

-Y además, es muy tarde para andar de jarana,

que los vivos están acostándose,

y a esos sí les va a molestar el ruido.

-Oye,...

¿no debería haber vuelto ya Jose de la comisaría?

-Bueno, mujer, no se inquiete, seguro que llega en un decir Jesús.

-Después del susto, ya podrían haber dejado

para mañana la declaración, que iba muy desasosegado.

-Hombre, señora, como para estar tranquilo, que se ha encontrao

to el pastel así de sopetón.

Pues nada, si no me dejan escuchar música,

me retiro a mi cuarto. -Descansa,

si es que puedes después de tanta tragedia.

No lo dude, yo estoy de lo más tranquila.

Jesús.

-Señora, ¿usted se está dando cuenta del cambiazo que está dando Cinta?

Ahora pone música alegre, no se le frunce ya el ceño

ni se ha destemplao con un asesinato en la puerta de al lao.

-Será que empieza a salir del pozo donde andaba metida.

-Eso seguro, señora, pero la pregunta es por qué.

-Las clases de canto.

No hay nada como salir a la calle y...

alimentar el espíritu para animarse.

-No estoy segura de que eso sea lo que le provoca la alegría.

-Bueno, en todo caso,

lo importante es que la niña empieza a recuperarse.

Me pregunto yo...

qué pasará ahora con la deuda que teníamos con don Alfredo.

¿Valdrá en este caso eso de que... muerto el perro, se acabó la rabia?

-¿No le parece eso una pregunta más para un abogao

que pa su criada?

-Bueno, a ver qué dice Jose cuando llegue.

Oye,...

digo yo que pa que las penas sean más livianas,

podrías cortar jamón.

-Voy a ver cuánto le saco a la pata, porque si le digo la verdad,

está más peladita que el lomo de un burro de carga.

-Ea, pues nada, rebana, rebana.

-A punto estuvieron de coger al asesino.

-De haber estao yo, no se me hubiera escapao.

Si es que Cesáreo iba muy lento, ya está muy mayor.

-Cuidado que somos de la misma quinta.

-De eso nada, usted es mayor que yo. -Sí, dos semanas.

-A ver si sale en la prensa, estoy intrigado por saber

qué cuentan sobre lo ocurrido. -Poca cosa.

La policía no tiene ninguna pista

de quién ha podido cometer ese crimen.

-Y no lo van a tener fácil, el pollo ese corría como un gamo,

ni los lebreles cuando van detrás de un conejo se daban tanta prisa.

-Buenos días. -Buenos días.

-Don Jose, siéntese a tomar un café con nosotros.

-Bueno, una tila, todavía me tiemblan las piernas.

-No me sorprende, ver un cadáver de esa guisa no es plato de buen gusto.

-No le miento si le digo que cierro los ojos y veo a don Alfredo

tendido en un charco de sangre. -Madre del amor hermoso.

¿Y le tuvieron mucho tiempo declarando en comisaría?

-Ya te digo,... como si hubiera sido yo el sospechoso.

Llegué a casa de madrugada, no paraban de hacerme preguntas.

-Es de entender que quieran resolver este asunto cuanto antes.

-Sí, pero es porque era un hombre de posición preeminente,

que si llega a ser un pobre, de una patá al hoyo.

-Las cosas no son tan simples.

La policía está sometida a mucha presión

para encontrar a ese criminal.

-Así debe ser.

Ese hombre ha resultado ser un estafador,

pero en su tiempo fue un financiero muy relevante.

-Esperemos que la policía sepa resolver este caso lo antes posible.

-El comisario Méndez

ha llegado al principal antes de que apagaran la farola

y entoavía no se ha ido.

-¿Quién será el asesino? -La lista de candidatos

es muy grande, eran muchos los que odiaban a don Alfredo Bryce.

-Por lo que yo sé, doña Genoveva le ha confesao a las señoras

que ella misma era una víctima más de ese desalmao.

-Sí, es muy posible que eso sea cierto.

-Cuando uno entrega la pelleja, se le perdonan las faltas

y solo se pueden decir cosas buenas del interfecto,

pero en este caso no va a ser así. -Ahí tiene usted razón,

que de este hombre no se podía decir na bueno.

-Lo siento por doña Genoveva, pero nadie va a ir a ese entierro.

Ese hombre no merece que lo velemos.

-El asesinato del señor Bryce sale en todos los periódicos,

y en primera plana.

Les he preparado otro café.

Gracias, Úrsula,... nos vendrá bien.

No toque nada, por favor.

Llevamos toda la noche aquí,... ¿qué más quiere que le diga?

Entiendo que esté cansada, y siento molestarla,...

pero cualquier detalle nos puede ser de utilidad.

¿Y usted? ¿Tiene alguna idea de lo que ha podido ocurrir?

Todo indica que se trata de un robo,

pero podría ser un asesinato que hayan tratado de encubrir

revolviendo todo el cuarto.

¿Quién podría odiar tanto a su esposo como para acabar con su vida?

Desde que se supo que Alfredo estafó a los inversores

en el banco, muchos son los que le desprecian.

Nunca se demostró que fuera él el responsable de esa quiebra.

Es posible, pero eso no es consuelo suficiente

para los que perdieron todo su dinero.

¿Piensa que se trata de una venganza por dinero?

No,... tengo mi propia opinión,...

pero solo se la daré a solas.

Bien.

Salgan todos de aquí, continuarán más tarde.

Úrsula, no hace falta que se vaya,

prefiero que se quede con nosotros.

Bien.

Dígame,...

¿qué opinión tiene de la muerte de su esposo?

Alfredo no hacía uso del matrimonio,

tenía otros gustos.

Había varios jóvenes con los que mantenía relaciones...

de lo más escabrosas.

Sospecho que uno de sus amantes le quitó la vida.

¿El señor Bryce tenía...

esas tendencias tan... desviadas?

Sí.

Estoy convencida de que se trata de un crimen pasional.

Ayer,...

Úrsula y yo nos vimos obligadas a salir a la calle,

Alfredo se había dado cita aquí con uno de sus amantes.

Entiendo que usted estaba al corriente de lo que ocurría.

(ASIENTE)

¿Y usted?

¿Mantenía alguna relación fuera del matrimonio?

¿A qué viene esa pregunta tan personal?

Ha planteado que puede tratarse de un crimen pasional,

existe la posibilidad de que algún amante suyo

acabara con la vida de su esposo.

Eso sería indigno de una mujer casada.

No me lo parece teniendo en cuenta las aficiones de don Alfredo.

No pienso contestarle a una pregunta tan impertinente.

No se sulfure,... no es tan descabellado.

Seguí el juicio contra don Liberto,

todo fue muy confuso.

Dígamelo ya, Genoveva,...

¿oculta usted algo?

Podría haber tenido otros amantes,

ganas no me faltaron, Alfredo era un ser despreciable,..

pero jamás habría sido capaz de hacerlo.

Yo... solo soy una víctima más,...

todas mis vecinas pueden confirmárselo.

Hágase cargo, comisario,...

la señora no puede más, déjela descansar.

Está bien.

De momento.

-¿Pone algo que no sepamos? -No.

Que un vecino encontró el cuerpo sin vida del banquero

y que el sospechoso pudo huir.

-Y pensar que vinimos a este barrio porque era un remanso

de paz y tranquilidad. Aquí no paran de pasar cosas.

-¿Cree que recuperaremos el dinero invertido en el banco?

-Me temo que la muerte de Alfredo lo va a complicar todo más.

-Sí,... ya lo podemos dar por perdido.

-Nuestra esperanza está en el negocio de don Ramón

y en que el restaurante siga funcionando tan bien.

-Bueno, entonces no tendremos problemas,

la inversión en los seguros progresa,

y usted siempre ha tenido muy buena mano con las casas de comidas.

-¿Qué ha pasao? ¿Qué hacen los guardias en el 38?

-¿No se ha enterado? Está en todos los periódicos,...

aunque hay que leerlos,

y no le veo muy dispuesto. -Anoche asesinaron

a uno de los propietarios de ese portal.

Al parecer, fue un robo,...

aunque no se puede asegurar a ciencia cierta.

Estamos todos muy consternados.

-Tampoco es para tanto, delincuentes y truhanes los hay por todas partes,

sobre to en la ciudad.

-Y si no los hay, los traemos.

-No he venido a hablar de sucesos.

A ver, tú, ¿has discutido con Angelines?

-No. ¿Por qué lo pregunta?

-Desde ayer está más lánguida y callada que de costumbre,

lo que ya es decir, ¿por qué está así?

Venga, desembucha, ¿qué ha pasao con la Angelines?

-Ayer estuvimos hablando sobre la boda, y lo que supone.

-Le has puesto la cabeza loca con tus peros.

-No, pero sí que coincidimos en que no nos hace felices casarnos

con una persona a la que apenas conocemos.

-¿Quién está hablando de felicidad?

Esto se trata de matrimonio, punto redondo.

-¿No le habrás contado lo tuyo con Cinta?

-No,... no le he dicho nada de eso.

-Sigue así,... y ni la nombres.

Se acabó, no quiero que mi hija se sienta rechazada.

-No es menester que le hable así a mi hijo,

lo suyo con Cinta es agua pasada.

-Tenemos un acuerdo, y deben cumplirlo.

-Y así será.

Siempre he tratado a su hija con el mayor de los respetos.

-No acabo de creerte.

Vamos a adelantar el casamiento,

no vaya a ser que Angelines se eche pa atrás.

Mañana daremos un convite para anunciar la fecha de la boda,

así se quedará tranquila.

-No puede ser mañana, la muerte de don Alfredo está muy reciente,

sería una falta de respeto.

-A mí ese pollo me importa un comino. Prepare todo pa mañana.

Con Dios.

-Como usted quiera.

-Eres un valiente, prenda mía.

Corriste tras el malhechor como si no existiera el miedo.

-Tenía que hacer lo posible pa atraparle.

-¿Y si te hubiese pegao un tiro? ¿Qué iba a hacer yo sin ti?

-Que no ties que preocuparte, que le hubiéramos dao pa el pelo.

Lástima que corriera tanto.

-Bueno, mejor, así no habéis corrío peligro.

Oye,... ¿estará la Agustina en su habitación?

-¿Pa qué la quieres?

-Pa que me eche un cable con la receta que me ha dao doña Susana.

Estos franceses, además de hablar mu raro, comen cosas mu complicás.

-¿Todavía estás con lo del guiso?

-Claro, ya que he empezao no lo voy a dejar a medias.

-Mira,... su marido, don Jose,...

me ha dicho que la artista ya no estaba de morros con él,

y que lo mejor era no revolver el asunto.

-¡Uy!

Pamplinas. Las artistas son gente mu sensible,

y estoy segura que le gustará ver que nos preocupamos por ella.

-Hola. -Ay.

¿Está la agustina por ahí?

-Pues no, no la he visto en toda la mañana, no sé.

-A ver quién me ayuda con la receta que le estoy preparando a su señora.

-Ya le he dicho que no hace falta, pero ella es dura de mollera.

-A ver, ¿qué receta es esa?

-La mitad de los ingredientes que lleva la salsa ni los conozco.

-Pero ¿quién le ha dao esto? -Doña Susana me lo ha dao,

es un plato mu de moda en París.

Su señora se va a quedar pasmá cuando se lo lleve.

-De verdad, Marcelina,

no te molestes, mis señores están encantaos con lo que yo cocino.

-Uy, no, no, no, no, no, no quiero competir con usted,

solo pretendo llevarle un detalle a su señora.

Bueno,... voy a ver si encuentro a la Agustina.

-Pues sí que es cabezota su mujer. (HABLA EN EUSKERA)

Pero más cabezota que los bueyes de mi primo Patxi,

que empezaban a pastar y no paraban hasta que llegaban a Hendaya.

Al final, va a volver a liar lo que ya estaba desliao, Jacinto.

-Un burro en gorra.

-Pues parece que a Liberto le cuesta atendernos.

Llevamos ya un ratito esperando.

-Con la excusa del asesinato podemos ver cómo se encuentra.

-Disculpen la espera, amigos,

pero Casilda ha ido al mercado y me ha dejado preparando el café.

-No se apure por nosotros, estamos en confianza.

-Desde luego,... desde que se fue Rosina,

esta muchacha no levanta cabeza.

He tenido que mandarla a comprar porque estaba la despensa vacía.

-¿Qué le parece la noticia de ayer?

-Pues... la verdad,...

no sé qué decirle, don Ramón,

estaba fuera del barrio cuando ocurrió todo.

-Pues ese susto que se ahorró.

-También estuvo esta mañana aquí el comisario Méndez,

pero temo que no le he sido de mucha ayuda.

-No le va a resultar nada fácil averiguar quién ha sido el asesino.

-Alfredo tenía tantos enemigos, que podía haber sido cualquiera

el que apretó ese gatillo.

Son muchos los que le odiaban,

nosotros sin ir más lejos no le teníamos mucho aprecio.

-No diga eso, que nos va a convertir en sospechosos.

-Una cosa es que alguien te resulte odioso

y otra es tomar la determinación de asesinarle, ese no es nuestro caso.

-No, obviamente no,...

aunque en algún momento se nos pasara por la cabeza.

-Los vecinos hemos declinado acudir al cementerio,

ni siquiera para apoyar a Genoveva.

-Genoveva es la causante de que Rosina me abandonara,

no se merece la más mínima compasión.

-Bueno,...

pues el embarazo de Lolita marcha de maravilla.

Estamos como locos sabiendo que vamos a ser padres.

-Y yo abuelo.

Un retoño es lo mejor que le puede pasar a una casa, ¿no le parece?

-Liberto...

Liberto, no nos escucha.

-¿Se encuentra usted bien?

-Disculpen, amigos, pero...

me he quedado inmerso en mis pensamientos.

Acabo de recordar que mañana es el aniversario de mi boda con Rosina.

Y yo soy el más estúpido.

Mi vida no tiene sentido, no merezco el aire que respiro.

-No se fustigue usted así, Liberto. No le sirve de nada sufrir así.

-Debería hacer un poder

e intentar reponerse.

La vida es muy larga y no sabemos lo que nos va a deparar el futuro.

-Sin ella no me importa.

Déjenme solo, por favor.

-Como desee, no queremos importunarle.

(Puerta)

Perdóname, Rosina.

Perdóname.

Pitos dos. Con don Jose y con don Liberto,

eso sí son partidas, no aquí con la plebe.

-Plebe lo dirá por usted.

-No, por ustedes.

-No me venga con estas ínfulas de grandeza,

que hasta que no le enseñé yo a jugar,

usted no sabía ni lo que era un pito.

-Me toca. A ver, aquí.

-Ahí.

-Vamos, Jacinto.

-(RÍE) Ahí está.

-Uy.

-¿Se puede hacer que hacen aquí con la cantidad de trabajo que hay?

-Es el único sitio donde podemos hablar tranquilamente.

-El resto de la casa

lo están revisando los policías palmo por palmo.

-No sé qué querrán encontrar en la portería,

pero si la Marcelina y yo somos tan pobres,

que en la casa solo tenemos polvo.

-Están investigando.

Don Jose, Jacinto y yo hemos estado en comisaría.

-Normal, de ese crimen se va a hablar mucho tiempo.

Buenas. -Cuente, Úrsula.

¿Cómo está su señora?

Ah, muy fatigada.

El comisario sigue en el principal buscando pistas.

-No van a dejar ni un rincón sin mirar.

Esperemos que termine pronto

para poder disponerlo todo para el entierro.

Mi señora ha decidido copiar el velatorio.

-Pobre Genoveva, ya es el segundo marido que entierra.

-Qué lástima.

-Lástima pa ellos, que son los que entregan la pelleja.

(RÍE)

(CARRASPEA) Le ruego, Servando,

que no haga chascarrillos con un tema así.

No es un asunto para hacer bromas.

Mi señora lo ha pasado muy mal junto al señor,

nadie sabe hasta qué punto ha sufrido.

La vida de las señoras no siempre es un camino de rosas.

Venga, dejemos los lamentos para otros ratos,

que la vida continúa.

Todos tenemos tarea. Arriba.

-No lo dirá usted por Cesáreo, que se tira el día paseando.

-Ya me gustaría verle a usted paseando con el chuzo y las llaves

toda la noche.

-Venga, hombre, pero si se tira el día durmiendo.

Los vecinos dan más palmas...

Aquello parece un tablao pa que usted les atienda.

-Eso son calumnias.

-Arree, Servando, arree.

Usted es capaz de discutir con tal de no trabajar. Pa arriba.

Venga. -Bueno.

-Le acompaño, Agustina.

¿Dónde vas tan deprisa?

Yo...

Yo no tengo por qué darle explicaciones.

(RÍE) No te equivoques, endriago,...

aunque don Alfredo ha muerto, sigues a mi servicio.

¿Lo has entendido?

Que me contestes ahora mismo si lo has entendido.

Sí, señora.

Lo entiendo.

¿Puedo marchar a trabajar?

Sí, ahora sí.

Me he encontrado a Liberto mucho peor de lo que pensaba.

-Sí, acordarse de su aniversario le ha afectado en exceso.

-No sé qué podemos hacer por él.

-Don Ramón, ¿me permite un rato con su hijo?

-Por supuesto.

Voy a comprar el diario, les dejo que hablen de sus cosas.

-¿Por qué está tan alterado?

-Ledesma quiere adelantar la boda.

Mañana celebramos un ágape para celebrar el enlace.

Tenemos que llevar a cabo el plan esta tarde.

-No, eso es muy precipitado. -No tenemos otra opción.

Ella tiene que negarse a la boda antes de la celebración.

-Claro, sí, tiene sentido.

De acuerdo, haré lo que me pidió.

-Es muy sencillo.

Cinta y yo estaremos en el callejón,

usted tiene que aparecer con Angelines,

con la excusa de ir a los Jardines del Príncipe.

Espero que eso sea razón suficiente para que Angelines

se dé cuenta de que no tiene sentido celebrar una boda sin amor.

-Eso espero, no querrá ser infeliz el resto de sus días.

Es la única oportunidad que tenemos de parar este desastre.

-Cuente conmigo.

-Es usted un amigo.

¿Han marchado los policías, señora? Sí.

El comisario ya se ha cansado de hacerme preguntas.

Tenemos que prepararnos para ir al cementerio.

¿No quiere velar a don Alfredo?

Yo podría organizarlo todo antes de ir.

No.

Cuanto antes lo enterremos, mejor.

Como guste.

¿Le han dado alguna nota para mí?

No, señora.

¿Seguro? Es muy importante.

Ya me figuro que lo es cuando me pregunta con tanta insistencia.

Sí que lo es.

Señora,

antes de que vengan a buscar el féretro,

quería felicitarla por su actuación ante el comisario.

¿De qué actuación me habla?

No la comprendo. Está claro, señora.

Se ha comportado con soltura.

Aunque yo creo que ha tomado una decisión demasiado drástica.

Algún día echará de menos a su esposo.

No creo que eso suceda nunca. Quién sabe,

don Alfredo la trataba con dureza,

pero era una gran protección ante los demás.

No, nunca lo ha sido.

Si acaso un lastre, más que una ayuda,

no sé por qué piensa así.

Porque creo señora que ha perdido usted el norte.

Su amor por don Felipe la está cegando.

Se ha equivocado propiciando la muerte de su esposo.

¿Cómo se atreve a responsabilizarme de la muerte de Alfredo?

Señora, no me tome por tonta.

De pocas cosas he estado tan segura en mi vida,

como que detrás de esto, está usted.

¡Basta! No le consiento que me hable así.

Señora,

yo no la juzgo, estoy de su lado.

Y hace bien en estarlo.

Sé que pasó una larga temporada en un manicomio.

¿Es allí donde quiere terminar sus días?

No me sería muy difícil encerrarla otra vez,

y para siempre.

No se enfrente a mí. No vuelva a hablarme sin respeto

y obedezca todas mis órdenes,

de lo contrario, va a pasarlo muy mal.

Descuide, señora, no volveré a extralimitarme.

¡Y nunca más cuestione mi relación con Felipe!

Es un hombre maravilloso.

Nunca le perdonaré... que me haya tratado así,...

nunca.

Casilda, después de comer saldré a pasear,

no te necesitaré en toda la tarde.

-¿Se encuentra usted bien, señor?

-Perfectamente.

-Ah. Doña Susana, espere.

Mi señor va a pasar toda la tarde fuera de casa.

-Muy bien.

Aprovecharemos para abrir esa cómoda y ver qué esconde.

-Le daré aviso a Jacinto, que traiga todas las llaves.

-No, mejor que siga a Liberto para ver dónde va.

Tampoco, tampoco se le da muy bien.

-Pues ya me dirá usted quién abre el dichoso cajón.

-No sufras por eso.

Ya me encargaré de traer a alguien,

que sin duda va a abrir la cerradura.

Señora,...

ya está usted lista para enterrar a su esposo.

Y con él va a enterrar también sus errores

y su debilidad.

Sí, Úrsula, estoy lista.

(TARAREA)

Menos mal que la encuentro aquí.

-Por los pelos, que tengo que recoger unas toallas

que he mandao a blanquear.

-Espere, que nadie se las va a llevar.

-No, tenía que haber ido antes del almuerzo

y ya es tarde. -Pero deme un minuto,

si esto pa usted es peccata minuta.

-Está bien. Venga, ¿qué tripa se te ha roto?

-La salsa pa las codornices, que por más que pruebo, no me sale.

Pruebe usted a ver qué le parece.

-Ni fu ni fa, Marcelina.

A mí esto me sabe muy soso,

y de pecar de algo, pecaría de ácida.

¿Y esto pa qué es?

-Una salsa pa las codornices,

pero como estaban muy caras, se las voy a poner a un pichón.

No creo que doña Bellita note la diferencia, ¿no?

-Pues no sé qué decirte,

porque esa mujer tiene el gusto hecho a las exquisiteces,

y no sé si le vas a poder dar gato por liebre

o pichón por codorniz. -Pues estoy lista.

-¿Qué hay en esa cacerola?

-Una salsa de ciruelas pa servirla con codornices.

-¿Se pue probar? -Sí.

-Esto está más dulce que un milhojas.

De postre vale, pero para mezclarlo con los volátiles no pega.

-Pues a ver cómo arreglo esto ahora.

-Le quitas las ciruelas, le pones castañas de Naveros del Río,

lo vuelves a hacer y listo.

-Me va a salir un churro. Doña Bellita, en vez de contentarse,

se va a enfadar por intentar envenenarla.

-Servando, venga conmigo a por las toallas,

que lo único que hace es agobiar a la chiquilla.

-Oiga, que yo solamente quiero ayudar.

-Servando tiene razón, esto es muy complicao.

Mejor le hago un bizcocho borracho de toda la vida.

-Di que sí, Marcelina.

Me parece más cabal apostar por lo nacional que por lo gabacho.

-Servando, ¿no decía que la salsa no servía pa na?

-Pero es por no tirarla.

-Está que... Ah...

Empalaga.

Muchas gracias.

Le he pagado varias misas al párroco en memoria del señor.

Dudo que alguien rece por su alma.

Ni vecinos ni compañeros de negocios.

Nadie llora la muerte de Alfredo Bryce.

Ni siquiera su propia esposa. ¿Qué esperaba usted?

Don Alfredo sembró de todo menos amistad.

Su prioridad no eran las personas, si no el dinero.

Algo que a usted no le va a faltar a partir de ahora.

Confiaba en que Lolita viniera, no tanto por él, sino por mí.

Peca de confiada.

Debería mantener sus sentimientos alejados de los vecinos.

Como lo hace usted.

No pretendía darle lecciones, usted sabe muy bien qué debe hacer.

Necesito sentarme, estoy fatigada. Váyase usted.

No,

me quedo con usted.

Avisaré al cochero que aguarde un poco más.

Cada vez que te veo te encuentro más hermosa.

Estoy temblando como un flan.

No soportaría otra decepción.

Lo comprendo.

Tengo un pálpito de que todo va a ir de perlas.

Cuando Angelines nos descubra, se negará a casarse, seguro.

¿Y qué pasará con Ledesma?

Se pondrá hecho un basilisco.

Se tendrá que aguantar si es su hija la que da marcha atrás.

Espero que no te culpe a ti. No ha de hacerlo.

A no ser que descubra que esto es un montaje.

Quiero que salga bien, Emilio.

Has de ver como sí.

Señora,

debemos irnos ya.

Sí, vámonos.

Me alegro de que hayas tenido el velatorio que te mereces.

Todo el mundo te odia.

Pero has de saber que nadie te desprecia más que yo.

Jamás te perdonaré lo que me obligaste a hacerle a Marlene.

Era como mi hermana.

Eres un ser despreciable, abyecto.

Pero ya no vas a amargarme más.

Voy a vivir mi amor con Felipe libremente sin tus ataduras.

Señora, temple.

(ESCUPE)

¿Señora, qué hace?

Tienes lo que te mereces, no mis lágrimas.

Es la hora, Antoñito debe estar a punto de llegar con Angelines.

Deben descubrirnos besándonos.

Eso no es ningún problema.

¿Es así como deben encontrarnos?

Es así como quiero pasar el resto de mi vida.

Debe ser Angelines. Rápido, bésame.

-¿Qué está pasando aquí?

(Llaman a la puerta)

¿Y este qué hace aquí? -Pues abrir la cerradura.

¿Conoces a alguien que sepa más de llaves que un sereno?

-Sí, un cerrajero.

-Es posible, pero se va a hartar a hacer preguntas.

Yo, sin embargo, soy discreto,

y sé que esto lo hacemos para ayudar a don Liberto.

-Está bien, pase.

Pero dense prisa, que como don Liberto se entere,

me veo en la iglesia buscando faena.

Aquí está, a ver si es capaz de abrirlo.

-Tanta alforja para tan poco viaje.

Dame una horquilla.

-¿Una horquilla? Mal vamos, eso ya lo he intentao yo.

-Qué atrevida es la ignorancia, haz lo que te digo.

-Ay.

-A ver... -Chist...

-Ay.

-Ya está, no es ninguna caja de caudales.

-El testamento de Liberto.

-Qué chasco, yo me esperaba algo de mayor enjundia.

-¿No sabes lo que significa esto?

-Que el señor es la mar de precavido.

-Está pensando en la muerte. ¿Qué joven piensa en la muerte?

Pues uno que la ve cerca.

-Doña Susana, no diga disparates,

si el señor está más sano que una lechuga.

-¿Y si está pensando quitarse la vida?

Ay, Dios mío. -Madre del amor hermoso.

¿Don Liberto está pensando en suicidarse?

Ay...

Me moría de ganas por verte.

No me has enviado ninguna nota, te pedí que lo hicieras.

¿Acaso tenías miedo de Alfredo?

Alfredo nunca me dio miedo, sino asco.

Y es de entender.

Pero no perdamos ni un segundo hablando de mi difunto esposo.

Lo importante es que podemos estar juntos para siempre.

¿Qué te sucede, Felipe?

Alfredo está muerto, no tienes que tener escrúpulos.

No le debemos ningún respeto.

Por fin tenemos el camino libre para amarnos.

¿De verdad creías que te amaba,

que podría enamorarme de un ser tan despreciable como tú?

¿Qué dices, Felipe, por qué me atacas de esta forma?

En todo este tiempo no he sentido ni un ápice de deseo por ti.

Ni siquiera cuando compartimos el lecho.

Lo único que he sentido durante todo este tiempo...

es un profundo desprecio.

¿Qué está pasando, Felipe?

Te odio, te odio con todas mis fuerzas.

Mientes. No.

Estamos enamorados. Me importa un bledo.

Y tampoco me interesa lo que piense mi hija.

Ella hará lo que tiene que hacer, y Emilio también.

Lo que está en juego es muy serio.

Ahora que Alfredo ha muerto, eres libre para vivir nuestro amor.

¿O hay algo que pueda impedirlo?

-"Usted no tiene culpa de nada".

Fue Ledesma, que adivinó nuestras intenciones.

-¿Ahora qué podemos hacer?

-Me queda pedirle un último favor.

-Ayer descubrí que mi sobrino ha redactado su testamento.

Y no solo eso, como le dije,...

sé que sigue bebiendo a escondidas.

-Hablaré con él.

-Para eso, antes tendrá que encontrarle, no ha dormido en casa.

¿Y si mi sobrino está pensando quitarse la vida?

O peor aún, ¿y si ya lo ha hecho?

-He comprobado que estuvo usted hospedado en el Hotel Sintra.

-¿Es delito pasar la noche en un hotel?

-Dígame la verdad, estuvo en ese hotel con doña Genoveva.

Son amantes.

Sepa que se va a anunciar la fecha de la boda esta tarde en un ágape

organizado en el restaurante. Lo sé.

Lo sé, y también sé que lo voy a impedir.

Hablaré con Angelines y le contaré la verdad.

No le entretengo más.

Tendrá noticias mías.

Nanay. ¿Y ustedes, lo han encontrao?

-Por el Ateneo no se le ve.

-Algo se nos tiene que ocurrir pronto porque si no,

solo Dios sabe si llegaremos a tiempo de impedir

que Liberto haga una locura.

-Un amigo exconductor me ha informado que don Liberto

se fue a las riberas de un río cercano.

Hay que avisar a todo el mundo de inmediato.

-¿Qué hace esa mujer aquí?

Ya llegará el momento en el que pueda retomar su venganza.

Ese propósito del que nunca debió desviarse.

Le aseguro que don Felipe va a aprender lo que usted vale.

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Acacias 38 - Capítulo 1064

29 jul 2019

Alfredo se enfrenta con el intruso que ha invadido su casa. Los dos forcejean y suena un disparo. Todos los vecinos se espantan ¿qué habrá ocurrido en el principal?
Susana descubre que Liberto ha hecho testamento y deduce que se va a suicidar. Casilda le confirma que Liberto pasará la tarde fuera de casa.
Ledesma exige que se aceleren los preparativos de la boda, pero se entera del plan que Emilio ha trazado para romper su compromiso.
Felipe se descubre ante Genoveva: nunca ha sentido nada por ella, solo la ha utilizado para vencer a Bryce y recuperar el dinero de los vecinos. Genoveva queda destrozada al saber que el hombre que ella ama la desprecia.

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  1. Marilu

    Por fin una justa " desaparición " en la serie, el NEFASTO Alfredo, algo deseado por muchos si no me equivoco; ahora a ver que le depara el destino ( léase guionistas ) a Felipe, luego de su " confesión " a Genoveva, no quisiera estar en sus zapatos.--- Me llama la atención los escasos comentarios últimamente, es que el público está mermando y/o están hartos del argumento de la serie y la reiteración de maldades y desgracias?,;aún falta ver que decisión tomó Liberto, un poco exagerada pero acorde con el ritmo de esta serie

    30 jul 2019
  2. Diana

    Me encanta esta serie solo me molesta mucho q obliguen a Emilio a casarce con esa fea mas q fea...

    30 jul 2019