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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1060 - ver ahora
Transcripción completa

¿Le ha dicho Marcia dónde están Felipe y Genoveva?

Sí, señor.

Pues no me haga esperar.

Debo ir tras ellos.

-Ledesma se ha ido en busca de Angelines.

En un par de días volverán.

-¿El piso quedará vacío en su ausencia

o lo reocupará don Liberto?

-No había pensado en esa posibilidad.

-Disfruta mostrándome el poder que tiene sobre mí con su maltrato.

-Tiene que denunciarle.

-Si oso desenmascararlo, acabaré en el cementerio,

como todo el que lo intentó.

Juntos podemos derrotarle.

No cuenten conmigo.

No debo hacerlo.

¡Tu falta es haberte detenido!

Ha sido nuestro último beso.

-¡Gracias por asistir a esta comida benéfica!

-¿No dijiste que te encantaría echar atrás en el tiempo

y volver al último momento en que tú y yo fuimos dichosos?

Pues eso he hecho.

He creado una máquina del tiempo

para retomar nuestra historia desde ese punto.

Gracias a nuestro encuentro, hallé un motivo de esperanza.

Comprobé que Emilio me ama.

Yo eso siempre lo supe.

Preciso de su ayuda y también de algo de dinero.

Debo actuar a espaldas de mis padres.

¡Agradezco mucho el esfuerzo que hacen todos!

¡No se puede viajar al pasado!

(ANTOÑITO) Ahí están los dos billetes de tren, solo ida.

Aprovecharé que Ledesma se ha ido de la ciudad

a recoger a Angelines para convencerle de que huyamos.

-¡Que, en teniendo parné

para comprar broches y flores, no hay matrimonio desgraciado!

-¡Para ti todas las mujeres somos unas interesadas!

¡Tu esposa, la primera!

-¡Esa maldita criada nos ha tomado por tontos!

¡Sus indicaciones eran falsas!

¡Ni don Felipe ni mi esposa estaban allí!

Son unos billetes de tren para Valencia.

Una vez allí, cogeremos un barco a Mallorca...

y podremos ser felices.

Juntos. -"No he hecho nada malo".

¿Y cómo llamas a que anoche me dieras una dirección falsa?

"Te aseguro que me ha costado mucho convencer a don Alfredo

de que no diera la orden de matarte de inmediato".

"Pero eso no quita que, evidentemente,

no recibas tu merecido".

(EL HOMBRE CHISTA)

-¡Ay! -¿Dónde vas con tanta prisa?

-(GRITA) -¡Calla, calla, calla!

-(INTENTA GRITAR)

-¡Quieto! ¿Qué está pasando ahí?

(MARCIA GIME Y SOLLOZA)

-¿Estás bien, muchacha? -(LLORA)

-Tranquila, ya pasó todo. -(LLORA)

-¿Estás bien?

-Pero ¿qué diantres está pasando?

-¡Un canalla ha agredido a la muchacha!

¡Se ha escapado! -¡Malnacido! ¿Por dónde?

-Templa, Servando, ya es demasiado tarde.

Ahora lo único de enjundia

es ayudar a la chica.

-Tiene usted razón. ¿Estás bien, Marcia?

-Deberíamos llamar a un médico.

-¡No, no es necesario!

-Yo creo que sí, me quedo más tranquilo.

-¡Solo preciso esto!

Medalla...

¡Ay, mi medalla!

¿Dónde está mi medalla?

-¿Qué hace? -¡Mi medalla!

¡Me pegó...! -Está buscando algo.

-¡Mi medalla! ¿Dónde está?

(SERVANDO) ¿Será esto lo que..., lo que busca?

-¡Mi medalla!

¡Ay, madre!

(SUSPIRA)

(JADEA Y SUSPIRA)

(Sintonía de "Acacias 38")

Una vez instalados en Palma de Mallorca,

yo buscaré cafés donde cantar

y tú podrás buscar alguna colocación.

No nos faltará ni un techo ni pan que llevarnos a la boca.

Emilio, no precisamos de nada más.

Nos tenemos el uno al otro.

Si realmente me amas, cogerás esos billetes

y te marcharás conmigo.

Es una locura.

Sí, pero es una locura maravillosa.

Cinta...

(SUSPIRA)

Sería maravilloso empezar una nueva vida juntos lejos de aquí.

¡Ojalá pudiera hacerlo!

(LLORA) Pues...

¡Cógelos, hazlo, si está todo preparado!

¡Ojalá todo dependiera de mí!

¡Si fuera así, cogería estos billetes y me iría contigo ahora!

¡Emilio, pues cógelos y hazlo!

(FELICIA) "No puedo pedirte que lo hagas, hija".

Pero ¡es lo mejor para nosotros, para nuestra seguridad!

¡No podemos permitir

que nadie se entere de lo que allí pasó!

(SUSPIRA) -Tiene razón, madre.

Si se descubre quiénes somos...,

la vida de Emilio peligra.

-La mala suerte nos persigue.

Si nos hubiéramos ido antes, Ledesma no nos habría encontrado.

-(SOLLOZA)

¡Eso ya no tiene remedio!

-Sé que no se puede dar marcha atrás.

Pero no puedo evitar lamentarme.

-No te hagas mala sangre.

Tenemos un pacto con él.

¡Y no podemos hacer otra cosa!

-Lo sé.

No tengo otra opción.

Debo seguir adelante con lo acordado.

¿Es que no lo comprendes?

¡Estoy atrapado!

Lo siento, nada podría desear más que irme contigo, pero no puedo.

¡Sí puedes! ¡Coge los billetes, vente conmigo...

y déjalo todo atrás!

¡No estamos condenados, como tú crees!

¡Tiene que haber una salida!

No, Cinta.

Juro que no la hay.

Entonces no se sabe nada del canalla que atacó a la pobre Marcia.

-Nada, Servando. Nadie vio por dónde huía

y no hay más testigos.

-¡Es que hay que ver! ¡Ya me gustaría echármelo en cara!

Pero ¿por qué la tomaría con la muchacha?

-Quizá, al verla de otro color, pensó que podía hacerle lo que quisiera.

¡Hay de todo en este mundo!

-¡Sí, pues yo a ese le mandaba de una patada al otro mundo!

También pobrecilla, ¿eh?

Extranjera, pobre y negra.

-No lo tiene nada fácil. Y yo que pensaba

haberlo tenido difícil por mis orígenes humildes,

y, si me comparo con otros, veo que he tenido suerte.

-¡Pues fíjese yo, que soy de Naberos del Río,

el pueblo más bonito de España y del mundo y parte del extranjero!

-A las buenas. -Buenas.

-Servando, póngase un café para comenzar el día.

-No sin que antes digas qué sabes de Marcia.

-Ah, precisamente vengo del altillo, de verla.

Está en cama, recuperándose.

Todas la mujeres se desviven por ella.

¡Bueno, le están procurando tamaños cuidados

que más quisiera ser yo al que hubieran atacado!

-Eso se arregla rapidito.

Pásame una vara y verás cómo te muelo a palos.

-Menos chanzas, que esto es serio. La pobre chica lo pasó fatal anoche.

-Sí, además, de verdad, Cesáreo.

Bueno, tenías que haberla visto, Jacinto.

¡Cómo lloraba por una medallita de latón que no debía valer nada!

-No diga eso, Servando,

que, si las cosas nos traen recuerdos, valen más

que el oro.

-Mira tú cómo has cambiado, ¿eh?

Ayer decías que cualquier mujer perdería el juicio por una joya.

-¡Calle, calle, calle,

que aún tengo a la Marcelina de uñas por el comentario!

¡Y mira que le gustó la tonadilla!

-¡Tanto esfuerzo para nada!

-Pues no sé qué hacer para que lo olvide.

-¡Tampoco es tan complicado!

Explícale que lo que dijiste fue producto de los nervios.

-¡Tú ni caso!

Tú lo que tienes que hacer

es prepararle una sorpresa de tomo y lomo, algo...

que no sea capaz de olvidar en su vida.

Y yo te voy a ayudar a pensarlo.

-Como sigas los consejos

de Servando, tendrás cabreada a Marcelina

toda la vida. -¿Quieres café?

-Me marcho.

(Puerta)

¡Ah, pase, don Ramón!

Ya sabrá que anoche agredieron a la criada de don Felipe,

por eso le abro yo.

-Sí, ya me he enterado.

No se habla de otra cosa en todo Acacias.

Cuán inseguras se han vuelto las calles

para que una joven no pueda salir sola a tirar la basura.

¿Se sabe por qué la agredieron?

¿Acaso para robarla?

-¡No, dudo que alguien esperara conseguir un gran botín de ella!

Es todo muy extraño. -En cualquier caso,

no he venido solo a interesarme por ella, sino... también por usted.

-¿Por mí?

-¿Cómo se encuentra después de la comida?

-(SUSPIRA)

Pues...

se lo podría explicar con una palabra:

descorazonado.

Está claro que la sorpresa no salió como yo esperaba

y Rosina se marcha hoy de Acacias como tenía planeado.

-Todos lamentamos no haber sido capaces de ayudarle más.

-Hicieron lo que pudieron.

Y así se lo agradezco.

Por favor, siéntese.

-Vamos a echar mucho de menos a Rosina.

Es parte fundamental de estas calles y de nuestras vidas.

No me imagino Acacias sin su presencia.

Es como si faltara algo. -¡Sí!

Pues, si ese es su estado,

imagínese cómo estoy yo.

-Tiene que ser fuerte, Liberto.

La vida es larga, usted aún es joven

y quizá con el tiempo... -¡No!

No, don Ramón, por favor, no siga.

Es mejor no albergar esperanzas

y aceptar lo que ya es inevitable.

(Puerta)

He perdido a la mujer de mi vida, amigo.

Mi dicha jamás será posible.

-¡Don Ramón!

No esperaba verle.

Vengo del altillo, de visitar a Marcia.

-¿Cómo está?

-Pues se había quedado dormida.

Está muy asustada.

-¡Pobrecilla! Es de entender.

-He denunciado la agresión.

El médico que le mandé ayer la visitará hoy.

-Comentábamos que no entendemos

cómo un ladrón pudo atacarla.

-Quizá...

ella no era el objetivo del ataque.

-No le comprendo.

-Es fácil de hacerlo.

Quizá han querido avisarme a través de ella.

-¡Alfredo Bryce!

¿Ese miserable

puede estar oculto detrás de la agresión?

-Me espero cualquier cosa de él.

Quizá así quería advertirme.

¡Lolita, ten cuidado, por favor! Te lo digo en serio.

Y ahora más que nunca. Sabes lo que le pasó ayer a Marcia, ¿no?

-¡Ay, pues claro que lo sé! ¡Pobrecita!

Hace un rato le he mandado una bandeja de quesos y fiambres

para que coja fuerzas.

¡Ay, Herminia, ve pasando! Enseguida estoy contigo.

¡Ay, no sabes lo contenta que estoy de haber recuperado la mantequería!

-Te lo mereces, que has trabajado mucho en ella.

Ya se acabaron los malos tiempos. Nos espera un futuro brillante.

El que tú te mereces.

-Te dejamos, que tenemos faena.

(RÍE)

(SUSPIRA)

Cinta.

Antoñito, dígame.

He visto a Emilio en el restaurante.

Intuyo que algo no salió como esperaban.

Así es.

No aceptó mi propuesta.

Ya. Lamento escucharlo.

¡Es tan extraño!

Anoche pude ver en sus ojos cómo deseaba aceptarlo,

dejarlo todo atrás y venirse conmigo.

Incluso me lo llegó a reconocer.

Pero se ve que algo muy grave le impide vivir su amor.

Está atado a su compromiso con Ledesma.

¿No ha logrado averiguar qué le tiene a su merced?

No.

Insiste en no contarme nada.

Me siento impotente, ya no sé qué más hacer.

A veces me dan ganas

de darle la razón a Emilio y rendirme.

(SUSPIRA)

Siento...

que me arrastro a sus pies y que no consigo nada a cambio.

Y no me merezco tal desprecio.

No, desde luego, no..., no lo merece.

Yo no sé qué más aconsejarle.

(SUSPIRA)

Pero quiero que tenga seguro

que, a pesar de todo, Emilio la ama con locura

y que ese matrimonio con la hija

de Ledesma solo traerá sufrimiento a todo el mundo.

¿Fabiana?

¿Hay alguien?

¡Fabiana!

-¡Ay, don Liberto!

-La buscaba, no había nadie en recepción.

-¡Mire que no me sorprende!

¡Servando ya andará enredado en cualquiera

de sus tontás en lugar de atender el negocio.

En fin... Dígame, señor, ¿en qué puedo ayudarle?

-Quiero un cuarto.

-¿Aquí, en la pensión?

-Sí...

-¡Vaya, pensé que estaba usted en casa de don Felipe!

-Sí, allí estaba.

Pero, con el tiempo, las visitas se pueden convertir en molestias y...

Le estoy muy agradecido a Felipe,

pero ya es hora de poner en orden mi vida.

-(SUSPIRA)

Lo comprendo.

Perdone mi indiscreción,

pero, como todo Acacias, yo también estoy al tanto de lo ocurrido.

Sepa que siento en toda mi alma

que no se haya arreglado usted con su esposa.

-Se lo agradezco.

-Pierda cuidado,

que aquí puede quedarse en la habitación que usted desee.

¡Será un honor tenerle como huésped el tiempo que usted precise!

¡Faltaría más! Enseguida le tomo nota.

-Muy agradecido, Fabiana.

(Puerta)

-Don Liberto, está aquí.

Me habían dicho que venía a la pensión.

-Ya ves que no te engañaban.

-¿Por qué me buscabas?

-La señora me ha dado una nota para usted.

-¿Una nota de Rosina?

-Sí, sí, y me aseguraba que es urgente.

-¿Y a qué esperas para dársela! ¡Venga, que estás en Babia!

-Señor, perdone

la indiscreción, pero ¿puede decirnos qué dice?

¡Yo al menos estoy con el corazón en un puño!

-¡Vaya, por su expresión,

me temo, Casilda...,

que no es bueno!

-No es la noticia que esperaba.

Rosina me ofrece su casa mientras esté fuera.

Ya sabes lo que le ha pasado a esa pobre criada.

¡No quiero que pases sola de noche

por ese callejón,

que eres un primor y es mejor

no tentar a la suerte!

¿Has oído una sola palabra de lo que he dicho?

Perdone, estaba distraída.

No hace falta que lo jures.

¡Y yo que pensaba que estabas animada!

Ya veo que te ha durado poco.

¡Me tienes muy preocupado!

No sufra por mí.

(RÍE)

¡Le pides a un padre que no se desvele por su hija!

¡Pides un imposible!

Antes te daría peras un olmo.

(SUSPIRA)

¡Tu padre estará siempre para todo lo que necesites,

Canelita! ¡Nunca lo olvides!

Y ahora,

si hay algo que quieras contarme,

¡dímelo, sin miedo!

No es nada...

Es solo que me apena saber que Emilio se va a casar con otra.

¿Eso es todo?

¿Estás segura?

¿No hay nada más que quieras contarme?

No, nada más.

Es lo de siempre.

(SORBE MUCOSIDAD)

Y por lo del callejón no se preocupe.

No pasaré sola ni por él ni por ningún lado.

No me apetece ahora mismo salir a la calle.

(SUSPIRA)

(EXHALA UN HONDO SUSPIRO)

¡Ah!

¡Hombre, Mari Belli! (CARRASPEA)

¿Cómo estás?

He hablado con la niña,

del buen día que hace.

-José, no trates de hacerme pasar por tonta.

Sé que no era eso de lo que hablabais.

-¿Tan mal miento?

¿O es que eres adivina?

-Ni una cosa ni la otra.

Simplemente, os he escuchado desde el pasillo.

¡La niña no deja de sufrir por culpa de ese desgraciado!

-No, la herida que le ha causado Emilio...

es honda.

-Pues ya debería ir cicatrizando.

¡Ojalá se olvide pronto de él!

¡Porque, si Cinta no se anima...,

buscaré otras medidas!

Casilda, ¿y tú qué harás si se va tu señora?

-Pues todo depende de si don Liberto

decide aceptar la propuesta de quedarse en la casa.

De ser así, pues ahí estaré yo, sirviéndole.

Aunque será lo mismo que atender a un muerto en vida.

-Bueno, ¿y si al final

no acepta la oferta?

-Pues no sé, señora Fabiana.

Supongo que iré a la casa dos veces al mes,

como me pidió la señora, a ventilar.

Y también iré a la iglesia, a rezar por que mi señora no se quede a vivir

en Portugal y vuelva.

¡Porque, de ser así, yo no sé qué será de mí!

Buenos días.

¿Hablaban de la marcha de doña Rosina?

-"Bom dia".

-¡Marcia! ¿Qué haces levantada?

¡Deja que te ayude! -¡Ay!

-¡Ten cuidado! ¿No ves que la pobre está molida a palos?

-¡Ay!

-Siéntate aquí, hija.

-Gracias, Casilda.

-¡Maldito sea ese malnacido!

¡Atacar a una indefensa muchacha!

-¡Hay mucha mala gente suelta!

¡Menos mal que Cesáreo apareció a tiempo!

¡A saber qué te hubiera hecho

ese hombre de no ser así!

-Ahora es mejor no pensar en eso. Por fortuna, solo fue un susto.

-¡Diga usted que sí, Carmen!

He pensado en prepararle a Cesáreo unas galletas de canela

en agradecimiento por cuidarnos siempre.

¡Tienes que cuidarte mucho, Marcia!

¡Quizá, la próxima ocasión,

no aparezca nadie para ayudarte!

Es mejor... evitar males mayores.

-¡Úrsula, por Dios! ¡No se ponga en lo peor!

Anda, Marcia, ¿quieres que te prepare un caldito?

-"Está bom".

(GRITA)

(SE QUEJA Y HABLA EN EUSKERA)

(HABLA EN EUSKERA)

¡Ay!

(Puerta)

¡Lo que faltaba ahora! ¿Quién será, pues?

(SUSPIRA)

-(RÍE) -¡Jacinto! ¿Qué diantre quiere?

-¡Arrea, sí que estamos de buen humor!

-¡No le extrañe, me acabo de quemar con la cazuela!

-Pues para eso

lo mejor es una copa de cazalla.

-¿La cazalla, buena para las quemaduras?

-No, curar, no las cura, pero te alegra el ánimo, ¿eh? (RÍE)

Eh.. No...

No me mire así, que se me hiela la sangre, que era una broma.

-¡Hum!

¿No ve cómo me estoy riendo? -¡No!

-¿Qué diantre quiere, pues?

-Venía a ver a don José.

Necesito que me dé consejo para mi Marcelina.

-El consejo se lo puedo dar yo misma, ¿eh?

¡Su mujer estaría mucho más tranquila y mucho más contenta

sin un marido tan patán como usted!

-¿Me está llamando patán?

-Arantxa, ¿con quién hablas? ¡Hombre, Jacinto!

Qué, ¿nos trae la correspondencia? -¡Nones!

Doña Bellita,

me preguntaba si don José podría recibirme.

-Al parecer, le ha cogido

como su consejero matrimonial.

-Verá, es que servidor ha discutido

con su santa y por eso quería ver a don José,

que el señor es el único que sabe qué hacer para calmar a las mujeres.

(CARRASPEA)

-Sigo sin entenderte, Jacinto.

Y lo poco que creo comprender tampoco es que me guste mucho.

-No le haga usted caso, señora,

Jacinto se expresa como un libro,

¡como un libro cerrado!

La explicación es bien sencilla.

-¡Pues mira! ¡No te la guardes para ti, que estoy deseando oírla!

-Pues que don José le ayudó a componer

una canción para su Marcelina,... -Ahí.

...pero ¡aquí este patán volvió a meter la pata hasta el cuello!

-¡Y por eso necesito ver a don José para que me aconseje,

que la situación es desesperada,

que la Marcelina ni me habla!

-A ver, no se preocupe, ya le voy a decir

a don José que ha venido usted buscando su consejo.

Ahora déjenos solas. -¡No se le olvide, Arantxa!

¡Hay mucho en juego!

-¡Que no, por Dios!

¡Jacinto, que ya le he entendido y ya voy a hacer así! ¡Hala!

¡Agur!

-Así que ¡mi José es el único que sabe calmar a las mujeres!

¡Mira qué fama se está echando en el barrio!

¡Este me va a oír!

-(GRITA DE DOLOR)

(SUSANA SUSPIRA)

(ROSINA SUSPIRA)

-¡Aún no me puedo creer que vayas a marcharte, Rosina!

-Pues ve haciéndote a la idea. Solo me queda esperar el coche.

-¡La echaremos mucho de menos!

-¡Ay, no me miréis así!

Solo me marcho a visitar a mi hija...

una larga temporada.

-¡Y tan larga!

Si no, ¿a qué viene tanto equipaje?

¿No estarás pensando en quedarte para siempre?

-(SUSPIRA)

(SUSANA SUSPIRA)

(CASILDA SOLLOZA)

-¡Casilda, por favor! ¡Te dije que no quería verte llorar!

-¡Perdone, señora, perdone!

¡Mejor me voy a la cocina, porque no podré cerrar el grifo!

Pero ¡antes...!

Tengo estos presentes que son para doña Leonor,

para las niñas y para don Íñigo. Déselos de mi parte.

-¡Gracias, Casilda! ¡Qué detalle!

-¡No son más que baratijas!

Hasta hay algún adorno que he hecho yo misma.

-¡Seguro que a mi hija le encantan!

Más que nada, porque verá que aún te acuerdas de ella.

-¡Cómo me iba a olvidar, señora!

¡No podría!

¡Tampoco podría olvidarme de usted!

Es más,

le pido por favor que vuelva pronto, que yo necesito

a alguien que coma mis guisos.

-¡Casilda!

-¡Me voy para la cocina!

(LLORA)

-Susana, tengo que pedirte algo.

Prométeme que cuidarás de Liberto.

Sé que te va a necesitar ahora más que nunca.

-No es precisamente a mí a quien necesita

a su lado.

-¡Por favor, te ruego que no insistas!

¡Ya sabes que no hay marcha atrás!

¡Marcharme es lo mejor para todos!

-Sabes que sigo sin pensar así, pero...

no discutiré más en nuestra despedida.

Descuida.

Cuidaré de Liberto hasta tu vuelta.

(SUSPIRAN)

-¡Ay! Sin Liberto y sin mí, ¿con quién te vas a pelear?

-¡Con Íñigo no, es muy soso!

(RÍEN) -¡Os echaré mucho de menos!

-¡Ay!

¡Boba de Coria!

¡Más cuidado, Camino! Pero ¿qué miras?

-¡Maldita sea mi estampa!

-¡Con vosotros no gano para vajillas!

Pero ¿no ves el espectáculo que estás dando?

-Lo lamento, madre, pero no puedo controlar mis nervios.

-¿Se puede saber por qué estás ahora tan alterado?

-¿No lo adivina?

¡Mire la hora que es!

¡Ledesma ya debería haber llegado con su hija!

-Déjalo.

Que no vuelva nunca.

-No entiendo cuál es el problema.

-¡Ninguno! ¡Al contrario, por eso estoy nervioso!

¿Y si se retrasa porque Angelines se ha arrepentido

y ha renunciado a la boda?

-¡Es posible!

-Posible, pero poco probable.

Dudo que esa muchacha ose contradecir a su padre.

¡Sabes perfectamente...

que ese mal hombre no soltará a su presa!

¡Obligará a su hija a casarse contigo, quiera o no!

¡Es un malnacido!

-Menudo jarro de agua fría nos acaba de echar, madre.

No nos deja ni ilusionarnos.

-(SUSPIRA) -No, Camino.

Nuestra madre tiene razón.

Más nos vale ser realistas y no aguardar... milagros.

-Doña Felicia.

Por favor...

-No sufra por mí, madre. Vaya a atenderle.

-Emilio, no sé si lo que te voy a contar...

te servirá de consuelo o ahondará más en tu sufrimiento,

pero...

Antes he visto a Cinta hablando con Antoñito.

-¿Y qué se decían?

-No lo sé, no logré escucharlos, pero...

A juzgar por las lágrimas de Cinta,

me da que estaban hablando de ti.

Tiene el corazón roto.

Sufre por ti y pensé que debías saberlo.

-Lo sé.

¡Y tanto que lo sé!

Anoche llegó a proponerme que nos fugáramos juntos.

-¿Y qué le respondiste?

-¿Acaso lo dudas?

Lo único que podía.

Que, a pesar de mis deseos, me estaba pidiendo un imposible.

¡No puedo hacer tal cosa, no puedo abandonaros!

-Entonces...

nuestra sola esperanza es que se haga el milagro que decías

y que Ledesma no regrese con Angelines.

¿Se puede saber qué te sucede, Felipe?

No estoy acostumbrada a que rechacen mis besos.

Lo siento.

No estoy de humor.

¿Y qué podría hacer para que los desearas como yo?

¿Acaso has olvidado el sabor de mis labios?

En modo alguno.

Pero también sé el alto precio que puede costarme saborearlos.

(SUSPIRA)

No te entiendo.

Estás asustado.

Si así fuera,

no me faltarían razones para ello.

Tengo la terrible sensación

de que nos deslizamos por una pendiente.

Alfredo ha sabido atar

los cabos sueltos que le comprometían.

Sabíamos que nos enfrentábamos

a un poderoso enemigo. Sí.

Pero no que era imposible vencerle.

¡No te reconozco!

¿Vas a aceptar la derrota sin plantar batalla?

No es tu estilo.

No.

No lo es.

Pero, por mucho que luchemos, tengo la sensación de que es inútil.

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

No logramos que Eladio declarara contra él

ni pudimos contactar con ninguno de sus amantes.

Se esfuman antes de poder hablar con ellos.

Nadie en sus cabales querrá enfrentarse...

¡a tu esposo!

(SUSPIRA)

¡Son unos cobardes!

Quizá sean realistas

y hayan visto que nada se puede hacer contra él.

Felipe...

¿No será que me temes a mí?

Se podría pensar que tu discurso tiene solo un fin:

alejarte de mí.

Genoveva...

Tu marido sospecha que nos vemos.

Y los dos sabemos cómo se las gasta.

Recuerda el accidente de Ramón

o la denuncia que tuvo que afrontar Liberto.

Por eso debemos seguir unidos.

Solo estando juntos,

lograremos vencerle.

¡No te rindas ahora,

por favor!

No me dejes a su merced.

Incluso he llegado a pensar...

que la mano de Alfredo...

está tras el ataque a mi criada,

que es su modo de advertirme.

¿Has oído algo?

No.

(RÍE)

¿O crees que te lo habría ocultado?

Y es absurdo: Alfredo no actuaría de tal modo.

¿Qué aviso iba a darte atacando a una vulgar criada?

¡No te entiendo, Felipe!

¡Antes estabas dispuesto a todo!

¿Y ahora te acoquinas porque han asustado a tu criada?

Te lo ruego, no me dejes de lado.

No me imagino mi vida sin ti.

(Puerta)

-Disculpe, no sabía que estaba reunido.

-No, tranquilo.

Genoveva ya se iba.

¿Qué le ocurre?

Parece haber visto un fantasma.

-Lo habría preferido, créame.

Los mozos sacan el equipaje de Rosina a la calle.

Ya se marcha de Acacias.

Los dejo solos.

Ya terminaremos nuestra conversación luego.

Liberto, lamento de corazón la marcha de su esposa.

Sé que no me cree, pero lo siento.

(Puerta)

Casilda, acuérdate de tapar..., buenas,

de tapar los muebles de la habitación con sábanas.

¡Por favor, Casilda!

¡No me hagas esto! ¡Suelta, que he de irme!

-Señora, ahora mismo la suelto, es que quería decirle

que quiero que le dé recuerdos a doña Leonor

y... que vuelva usted pronto.

¡Y que coma bien

en Portugal, pero que no se olvide de mis guisos,

que la esperan aquí! -¡Tranquila!

¡No voy a olvidar tus guisos, pero, por favor,

déjame que me vaya!

¡Con lo que me cuesta, no me lo pones fácil!

-Pues, señora, si tanto le cuesta marcharse,

hay un remedio muy fácil: quédese en casa.

-¡Por favor, mira que les dije a todos

que nadie viniera a despedirme, para evitar esto!

-¿Cómo iba yo a dejar que se marchara como una apestada,

sin despedirla entre lágrimas?

-¡Lágrimas que ya me están afectando!

¡Por favor, suéltame el brazo de una vez!

-Lo siento mucho, señora, lo siento.

Ya sabe que soy muy sentida. -¡Ya lo sé!

¡Y, tranquila, que no te va a faltar el jornal en mi ausencia!

¡Y pronto tendrás noticias mías!

-¡Espero que me las traiga usted!

-Cochero, arranque.

Doña Rosina acaba de marcharse de Acacias.

¿Estabas al tanto?

¡Genoveva!

Disculpa, estaba distraída.

¿Qué decías?

Que acabo de ver a doña Rosina marcharse.

Posiblemente, para siempre.

Sí.

Eso... ¡Oh, querida! (RÍE)

¡Qué entusiasmo!

Pensé que estarías más satisfecha.

Has conseguido destrozar ese feliz matrimonio.

Yo sola no. Bueno...

Te agradezco que compartas el triunfo conmigo,

pero, en este caso, el mérito es casi todo tuyo.

Deberías estar celebrándolo, ¿no?

¿No es lo que querías?

-"No logramos que Eladio declare".

Ni hemos podido contactar con sus amantes.

Se esfuman antes de poder hablar con ellos.

Nadie en sus cabales querrá enfrentarse...

¡a tu esposo!

Son unos cobardes.

Quizá sean realistas

"y hayan entendido que nada puede hacerse contra él".

¿Está bien?

Sí...

Sí, no es nada, Úrsula, gracias.

No quiero café.

Me retiro a mi cuarto a descansar un rato.

¿Rehúyes mi compañía?

¡No, Alfredo! ¿Cómo puedes pensar eso?

Solo estoy fatigada.

Perdóname, entonces.

Quizá lo haya pensado

porque ni siquiera pareces soportar que te toque.

Te aseguro que recuerdo bien tus caricias.

No hace falta que las repitas.

Si no deseas nada más...

¡Aguarda!

Hay algo que quiero de ti, sí.

Que me respondas a una simple pregunta.

¡Tú dirás!

¿No estarás siendo tan insensata como para atreverte a traicionarme?

Si te dijera que de ninguna manera,

que siempre te seré fiel,

¿vas a creerme?

¡Por supuesto que no!

Entonces, ¿por qué he de contestarte?

Perdonen mi atrevimiento,

pero he de recordarles...

que han de entenderse, quieran o no.

Son socios. No lo olviden.

Se equivoca usted.

No somos socios.

Somos esposos.

A los ojos de Dios...

y hasta la muerte. Y como la esposa

que tú te mereces he de comportarme, no lo dudes.

En todo caso, antes de retirarte,

quédate un rato.

Acompáñame... y brinda conmigo.

Por supuesto. Si así lo deseas.

Úrsula...

Sírvanos.

Señor,

¿ha decidido ya qué hará?

¿Se va a instalar en la casa?

¿Qué habitación quiere que le prepare?

¿Quiere usted...

que mande traer sus cosas de casa de don Felipe?

-Perdona, Casilda.

Pero solo hay una cosa que puedas hacer por mí.

-Lo que sea, solo dígamelo.

-Déjame solo.

-Señor, yo no creo que sea buena idea que se quede a solas estando así.

-Casilda...

¡Por favor!

Lo necesito.

(SUSPIRA)

(SORBE MUCOSIDAD)

(SUSPIRA)

(SORBE MUCOSIDAD)

(SORBE MUCOSIDAD)

(SUSPIRA)

(GIME)

(GIME)

(SORBE MUCOSIDAD)

¿Y esa sonrisa, Camino?

-Estaba pensando que el día está llegando a su fin

y que no tenemos noticias de Ledesma.

Quizá se haya producido el milagro que esperábamos.

-¿De dónde viene, madre?

(FELICIA SUSPIRA)

Vengo de realizar unas penosas gestiones.

Ledesma me pidió que le alquilara una pequeña vivienda aquí cerca.

-¿Tenía pensado abandonar la pensión?

-Al parecer,

no la considera adecuada para su hija.

Quieren instalarse en una casa hasta tener lista la boda.

-¿Y ya se la ha encontrado? -Sí.

Vengo de recoger las llaves.

-Ojalá no haya sido

muy diligente y les haya alquilado una casa incómoda y sucia.

Aunque, bueno,

¿quién sabe?

Quizá no lleguen a estrenarla.

-¿Qué quieres decir con eso?

-Sencillo, madre. Que aún no han regresado.

¿Sabe lo que significa?

-Sí.

Que parece que mis hijos no me entienden.

¿Aún esperáis que el aparcero no aparezca con su hija?

-Ya sabe qué se dice de las esperanzas:

es lo último que se pierde. -(RÍE)

¿Creéis que ese canalla va a dejar pasar

la mayor ocasión de su vida para medrar?

¡Un rayo debería haberle caído encima para que no volviera!

-Recemos para que hayan cogido tormenta.

-Os lo digo y repito.

Si ese hombre se retrasa, será por alguna tontería.

Tarde o temprano, aparecerá.

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

-Emilio...

Nuestra madre tiene razón.

Vendrán. Y antes de lo que creíamos.

-¡Vamos, niña, no te quedes ahí parada!

-Ahí vienen.

Marcia, no creo nada de lo que me dices.

Estoy seguro de que sabes quién está tras la agresión.

-¡Ya le dije que solo intentaron robarme!

-¿Por qué te empeñas en decir tal cosa, eh?

¿Acaso no confías en mí?

¿Eh? ¿Esto es lo que me merezco?

(Puerta)

-Llaman a la puerta.

-Espera.

Está bien. Ve a abrir.

Pero tenemos una conversación pendiente.

-Tiene visita.

-Marcia...

Déjanos a solas.

¿Qué haces aquí?

¡Sabes que no puedes venir a mi casa!

Hablamos de la peligrosidad de Alfredo.

¿No lo ves? Felipe.

Precisamente de mi esposo quiero hablarte.

Angelines, ¿no vas a saludar a tu prometido?

-¿Cómo está, Emilio?

-Bien, Angelines.

-Pero ¡qué considerados! ¡Ya podéis tutearos,

que pronto vais a compartir plato y cama!

-¡Padre, no diga eso! -¡Es la verdad!

-¿Ha ido bien el viaje, Angelines?

-¿Ninguna tormenta, ningún rayo...?

-(TOSE) Perdón...

Tengo todavía en la garganta tierra del camino.

-Por lo visto, no tiene un pañuelo

para taparse la boca.

-¿Alguna queja sobre los modos de mi hija?

-(RÍE) No, Ledesma, solo trataba de refinarla.

-¡Olvidaba que mi hija va a emparentarse con unos señores!

Tranquila, que ya irá refinándose con el roce.

-Usted perdone.

No estoy acostumbrada a salir del pueblo.

-No tienes que disculparte.

Si Felicia está encantada de que vayas a ser su nuera.

¿O no es así?

-No te quedes ahí, Angelines. Pasa adentro.

Un vaso de agua te aclarará la garganta.

-Claro, Camino. Vamos dentro.

-¡Eso! Brindemos...

Hay mucho que celebrar.

-Vamos, Emilio.

Vayamos dentro.

(SOLLOZA)

No albergo ninguna duda.

No puedo volver junto a ese hombre.

¡No soporto ni un minuto más su presencia!

No puedo seguir

en ese maldito y falso matrimonio.

Genoveva, escúchame, por favor. ¡No!

Ahora te toca escucharme a mí.

Sé que antes tratabas de alejarte de mí,

que ese falso miedo que decías sentir por Alfredo

era una excusa para romper conmigo.

Mis temores no eran infundados.

Deberías haberlo visto. Sí.

Sé qué clase de persona es Alfredo, te comprendo.

Entonces, deberías entender que debemos separarnos.

¡Al contrario!

¡Nunca hemos tenido más motivos para permanecer unidos!

Intentamos derrotarle sacando a la luz sus vicios,

pero no contábamos con que él sabe bien cómo defenderse.

No hay rastro ni de sus fraudes

ni de sus amantes ni de sus maltratos. ¡Nada!

¿Entiendes entonces que nuestra lucha es inútil?

No.

Solo trato de decirte

que nos equivocamos eligiendo los golpes.

Nunca dejaré de enfrentarme a Alfredo.

¿Y sabes por qué?

¿Por qué?

Ahora me mueve algo más fuerte que el deseo de justicia.

Sé que solo si acabamos con él podremos vivir nuestro amor.

Y eso es lo único que me importa.

Estoy dispuesta hasta a dar mi vida para lograrlo.

¡No me dejes, Felipe!

Soy tuya.

Uno de los dos debe mantenerse frío.

Yo te amo, pero... ¡No!

Felipe, has dicho lo único que deseaba oír:

que me amas.

Nuestro enemigo es muy peligroso.

¡Ya no sé qué hacer para estar juntos!

Descuida, mi amor.

Yo me encargaré de todo.

Tu mirada me asusta.

¿No estarás pensando en cometer alguna locura?

La única locura sería perderte.

Y eso no lo voy a consentir.

Cueste lo que cueste.

Me he acercado porque quería comentarles algo.

Algo referente a mi sobrino.

-Usted dirá.

-Temo que termine hundido...

en un pozo sin fondo.

He estado con Felipe.

He mantenido una relación bastante íntima con él.

Nos hemos acostado.

Espero que lo del alquiler de este mes del piso esté ya abonado.

-No se preocupe por eso.

-¡Me alegra que nos vayamos entendiendo!

-Quiero que espíes a Liberto.

-¿Qué es lo que ha dicho, doña Susana?

-¿Estás sorda? ¡Que lo espíes!

-Don Emilio.

¿No nos presenta?

-Sí, claro, ella es Angelines, la hija de don Copérnico Ledesma...

y mi prometida.

-Enhorabuena a los dos por el compromiso.

-¿A qué tanta ansiedad? ¿Ocurre algo?

-¿Tuviste una conversación con el portero?

-¡Yo tengo muchas conversaciones con Jacinto,

mi Virgen de la Macarena!

-¡Tu nada!

-¿Se puede saber qué te pasa?

-¿Tuviste una conversación en la que dijiste

que sabías cómo calmar a las mujeres?

-¡Ah! ¿Esa conversación?

-¡Sí, esa conversación!

-¡Que no sabía yo que estaba casada con un donjuán,

con un Casanova, con un presumido!

-Mi Marcelina...

-¿Aún seguís regañados, primo?

-Sí.

Y no sabes lo mucho que me pone triste eso.

¡He intentado casi de todo, pero no me perdona!

¿Y si se ha dado cuenta...

de que no la merezco...

y me ha abandonado?

-Sabes que no te estoy pidiendo permiso,

¿verdad?, que, si creo conveniente venirme aquí porque te veo mal,

lo voy a hacer.

-El amor mueve el mundo, Casilda.

Sin amor la vida no tiene sentido.

-¿Y entonces...

vas a olvidarte de don Felipe

o qué? Porque es que...

ya no me entero, Marcia.

-Por cierto, no quiero olvidarme de decirle

que Carmen y yo ya tenemos fijada una fecha para la boda

y espero que podamos contar con su presencia.

-Por supuesto. No me la perdería por nada del mundo.

-Si te ocurriera algo,

no sé lo que haría.

¿Habla usted...

del amor que siente por don Felipe?

Sí.

Ahora es lo único que me impulsa a seguir.

Y ni Alfredo ni nadie podrán detenerme.

¡Tenga cuidado, señora!

¡La maldad de don Alfredo es inconmensurable!

Sea como sea,

poco le queda.

Si de verdad está de mi lado, necesito que haga algo por mí.

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Acacias 38 - Capítulo 1060

23 jul 2019

Liberto llora la marcha de Rosina, mientras observa cómo se despide de Casilda y Susana ¿Será un adiós para siempre?
Emilio rechaza la propuesta de Cinta de fugarse juntos. Ledesma aparece con Angelines, el joven se resigna a cumplir con su trato.
Felipe se rinde al no poder desenmascarar a Alfredo e intenta romper con Genoveva, que no está dispuesta a perderle. Ella se compromete a encargarse de su marido.

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  1. Marilu

    Es verdad, en todas las EPOCAS hubo haraganes y MANTENIDOS, y casi siempre las series son un reflejo de la realidad

    25 jul 2019
  2. Rafa

    Ya salto Elina....que esto es una serie,chica....que ya no tolerais ni las series de época los podemitas

    25 jul 2019
  3. Elina

    Cuando van a hacer que José y sobretodo Antoñito trabajen y dejen de vivir del chusmerio y de las mujeres. Antoñito es de terror haciendo de celestino y mirando como su mujer trabaja un asco de personaje metiéndose en la vida de los demás todo el tiempo.

    25 jul 2019
  4. Amoryamar

    Filomena, no se si te suena pero a mi si. Incluso tengo familiares con algunos de ellos.

    24 jul 2019
  5. Filomena

    ¡¡¡ Huertas, Cinta, Camino, Angelines, etc. etc., ¿ de que planeta provienen esos nombres ?

    24 jul 2019
  6. Amoryamar

    Desde el capítulo 322, sigo a esta pareja de Liberto y Rosina, ese momento fue la llegada de Liberto, mujeriego como el que más, poco desliz tuvo para cómo era en antaño. Me dará pena q está relación se acabe, muchas tarde he visto la serie en sus momentos de noviazgos. Aunque Rosina la veo al igual q su hija, adelantada con sus pensamientos de poder femenino...hacían buenos papeles él no novela. Si se marchase, le deseo verla e n nuevos papeles. ...

    24 jul 2019
  7. pepelucibom

    ahhh, perdón. No sabía que ayer no emitieron... Gracias!!

    24 jul 2019
  8. pepilucibom

    ahh perdón, no sabía que no lo habían emitido...pues todo ok entonces! gracias!

    24 jul 2019
  9. Marcela

    pepilucibom: si te referís a Internet, el capítulo 1061 DEBERÍAN subirlo hoy, 24/07 ya que el lunes 22 no pusieron nada, y ayer 23/07 subieron el 1060 ,( el que hubiera correspondido para el lunes 22.) - Espero haberte informado bien y no confundirte con tanta fecha

    24 jul 2019
  10. Mabi

    Ayer se emitió el cap 1060 porque el Lunes 22/7 la programación en tve por el debate de investidura presidencial se modificó, entonces no pasaron la novela, por consiguiente no subieron el cap.

    24 jul 2019