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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1057 - ver ahora
Transcripción completa

¿Ha estado mi esposa con tu señor hoy?

-No, señor. -Espero que no estés engañándome.

No te conviene.

La imagen

de Genoveva y de ti besándoos en ese salón

me persigue.

-Ojalá pudiera volver a aquel día y rechazar aquella invitación.

-A lo mejor tenemos una oportunidad,

dejando pasar el tiempo

y ponemos tierra de por medio.

¿Se te ha olvidao que Cinta renunció a su gira por Emilio?

¿Se te ha olvidao que rechazó al Boquerón por Emilio?

¡No te tendrías que haber empezado nada conmigo,

me tendrías que haber avisado desde el principio!

¿De qué habría servido eso?

Hubiera hecho lo posible por no quererte.

Te odio. ¡Te odio con todas mi fuerzas!

La mantequería...

vuelve a ser tuya.

-Estás de chanza. -(NIEGA)

-¿Puedo abrir la mantequería ya? -Mañana mismo si quieres.

-¡Ay, ay, Antoñito!

No quiero volver a oír su nombre,

él ya forma parte del pasado, no existe para mí.

No quiero saber nada de él ni volver a hablar del asunto.

Le he visto saliendo con Genoveva.

No quiero inmiscuirme en sus asuntos,

pero ¿está seguro de lo que hace?

-Don Ramón, no se preocupe por mí.

-Felipe, está usted corriendo un gran riesgo.

-Las cosas no son como se imagina.

¿Me estás llamando tonto?

Pues hombre, Jacinto,

si no es usted capaz de ver que hombres y mujeres somos iguales,

igual un poquito tonto sí es.

(Risas)

Me han dicho que has recuperado el habla.

Así, es señora.

Ya ve que los rumores son ciertos.

Y yo me alegro.

Señoras.

No se acerque a Cinta.

¿Me estás amenazando?

-Es solo una advertencia.

-Tú a mí no me adviertes nada.

-Solo le digo que como vuelva a acercarse a esa chica,

vamos a tener problemas. -Sobre todo tú.

Eso es, Antoñito, volver atrás en el tiempo.

-Me estoy perdiendo algo.

-Le dejo,

tengo que prepararlo todo, tiene que salir todo bien.

-¿El qué? -Ya se lo explicaré.

Tu marido es muy peligroso.

Es capaz de hacer cualquier cosa si nos descubre,

sobre todo a ti.

No le tengo miedo. Genoveva...

Sé cómo acabar con Alfredo Bryce.

"Acabar con Alfredo", espero que sea una frase metafórica.

Claro.

Mi inquina no llega tan lejos como para desear su muerte.

Pero sé cómo neutralizarlo y hacer que deje de ser una amenaza.

Alfredo tiene un secreto

que de ser descubierto, acabaría con su reputación.

Don Alfredo estafó a los vecinos con la quiebra del banco americano,

acusó a un hombre de violar a su esposa

y ha sido derrotado en los juzgados,

su reputación no es muy elevada, y aun así, nada ha terminado con él.

Hay algo mucho más grave

peor que todo lo que has mencionado.

Solo se me ocurren asuntos de faldas.

Mucho peor, asuntos de pantalones.

¿Estás diciendo... lo que creo que estás diciendo?

(ASIENTE) Alfredo siente predilección por los efebos.

Le gustan los hombres jóvenes y musculosos.

No, no, no, no, no.

No pienso atacar a un hombre por sus debilidades.

Cada cual es libre de hacer lo que quiera en su intimidad,

siempre que no haga daño a nadie.

En ese caso, tu conciencia puede estar muy tranquila.

Alfredo goza...

viendo sufrir a sus amantes. Se esmera en maltratarles.

¿Estás segura de lo que dices? -Ajá.

En este edificio se ha citado con muchos de esos jóvenes.

Tras una noche con uno de ellos,

la casa acabó como si se hubiera producido una batalla.

¿Cómo sabes que fue con un hombre?

Yo misma le concerté la cita con él.

¿Concertaste una cita de tu esposo con su amante?

Entre mi esposo y yo no ha habido intimidad.

Yo solo le sirvo para cubrir las apariencias.

De hecho, no tiene pudor en referirme sus vicios más nefandos.

Si concertaste la cita con su amante,

sabes dónde podemos encontrarle.

Ahora mismo no. Solo sé que se llama Eladio.

¿Nada más?

¿Ni su apellido? Sí, Eladio Sánchez.

Si... lo encontráramos,

podría declarar las prácticas de Alfredo,

eso mancharía su nombre para siempre.

Y hasta podría anular mi matrimonio

y así poder ser libre,

libre para estar con quien desee.

Tenemos que encontrar a Eladio Sánchez inmediatamente.

(Sintonía de "Acacias 38")

Debes casarte con Angelines.

Siempre lo has sabido, y ha llegado el momento.

-Pero madre, yo no la amo, usted lo sabe.

-El amor no es la única base para la felicidad en un matrimonio.

Cuanto antes asumas tu destino, mejor será para todos.

-Ledesma es vil y miserable.

-No. Ledesma solo mira por sus intereses,

por el futuro de su hija Angelines.

No la tomes a mal con él, porque solo te llevará a la infelicidad.

-¿Está usted de acuerdo con lo que pretende?

-¡No lo estoy, cómo voy a estarlo, pero tenemos un pacto!

Los pactos hay que cumplirlos.

-Si pudiera volver atrás.

-Emilio,

mira,

¿ves esto?

(Se rompe el vaso)

-¿Por qué ha hecho eso?

-"Si pudiera volver atrás"...

Eso es imposible.

Como lo que ocurrió en Valdeza, pasó, y nada puedes hacer

para volver atrás.

-¿Se ha roto algo?

-Camino, hija, ten cuidado, no te vayas a cortar.

-Iré a por una escoba.

-Emilio, hijo, es mejor que descanses antes de servir las cenas.

Y resígnate.

No des más esperanzas a Cinta.

Es lo peor para todos.

-Voy a descansar y a despejar la mente.

-Madre.

-Dime, hija.

-Yo soy la culpable.

-Ha sido a mí a quien se le ha caído la copa.

-Soy la culpable de que mi hermano deba casarse con Angelines

y que no pueda estar con Cinta.

Yo soy la culpable de lo que ocurrió en Valdeza.

¿Dónde vas tan corriendo?

-No quiero que se me haga tarde.

-Te puedo llevar yo a casa. Quédate un rato.

-Mi madre no me deja. Haga el favor.

-Te puedo dejar montar en la yegua si te apetece.

¿No te gustaría?

-Mi madre me va a regañar.

Por favor, don Federico.

-Tu madre se pondrá muy contenta si sabe que estás conmigo.

¿No sabes que mi padre es el dueño de todas las tierras del pueblo?

-Déjeme.

-Antes me has sonreído, no me engañas.

A ver...

¿Qué yegua te gusta más?

¿Nieve o Canela, la negra?

Nieve, la blanca, ¿a qué sí?

-Sí, nieve me encanta.

-¿Te gustaría montarla?

-Sí. -¿Sí?

Ven, ven. Te dejo montar a Nieve si me das un beso.

-No, déjeme.

-Un beso.

¿Qué es un beso al lado de montar a Nieve?

-Por favor, don Federico. -No pasa nada, nadie nos ve.

-Mi madre me va a regañar. -Tu madre no te va a regañar.

No pasa nada, no te preocupes.

-¡Suelte a mi hermana!

-Tu hermana, que está deseando montar a Nieve.

¿Sabes lo que estaba dispuesta a hacer?

Me iba a dar un beso por montarla.

Lo que no estará dispuesta a hacer.

-Emilio, es mentira, yo no le iba a dar ningún beso, te lo prometo.

-No vuelva a acercarse a ella o se arrepentirá.

-Va a ser ella la que se acerque a mí, ya lo verás.

Va a ser ella.

-¿Te encuentras bien? -Sí.

Emilio fue un ingenuo

al pensar que don Federico iba a dejarme tranquila.

Él no estaba acostumbrado a que nadie se le enfrentara.

Y menos el hijo de una viuda.

Se creía el dueño y señor de todos nosotros.

(Ruido)

-(CHISTA) Niña.

Antes ibas a besarme cuando apreció tu hermano.

-No, yo no le iba a dar ningún beso.

-¿No te apetece montar a Nieve?

-Sí, pero no le voy a dar un beso.

-¿Por qué? Podrías montar a Nieve siempre que quisieras.

Y a Canela y a las demás yeguas.

-Suélteme. -Vas a besarme,

ya sea por las buenas o por la malas.

-¡No!

-¡Calla, cállate!

(LLORA) -Mi niña.

No debías recordar aquello, hay que olvidarlo.

-No puedo olvidarlo.

-Has recuperado la voz

y la sonrisa.

Bórralo de tu mente, por favor.

-Es imposible borrarlo, madre.

Y Ledesma está aquí para que Emilio pague por ello.

-Emilio tiene un pacto con él... y debe cumplirlo.

-Nunca hubiera hecho ese pacto de no ser por mí.

-Ya, hija.

-(LLORA)

Me marcho a final de la semana.

Cuando me vaya, tendrás que tapar los muebles y cerrar las ventanas.

-Sí. -Y que nada las estropee

por falta de cuidado, entra a limpiar dos veces al mes.

-¿Cómo que dos veces al mes?

¿Está pensando en marcharse más de un mes?

-Claro que sí, Casilda, ¿qué te creías?

-Pues que iba a ir a visitar a su hija como la otra vez.

Fueron 10 días solamente.

-Diez días no me voy, te lo digo ya.

A lo mejor esta vez me voy para siempre.

-Pero ¿cómo se va a ir usted a vivir a Portugal?

-Mi hija vive allí y bien feliz que es.

-¿Qué se le ha perdido en Portugal? -Es muy bonito,

más bonito que España es.

Mi hija vive en Estoril, un sitio precioso al lado de Lisboa.

Allí veranean los millonarios del mundo.

-Pero señora, su lugar está aquí,

donde ha estado siempre, en la calle Acacias.

-Bueno, sí, no voy a negar que voy a echar de menos estas calles.

Pero siento que mis días aquí han terminado.

Ahora, otros lugares.

-Además, usted no sabe hablar portugués.

Yo solamente sé decir "obrigada", que significa gracias,

y lo sé porque me lo ha dicho Marcia.

-Pues aprenderé, ya lo verás.

-¿Y yo?

-No te preocupes.

Te dejo el sueldo pagado de unos meses.

Y si al final decido quedarme y no volver, te lo hago saber por carta.

Aunque yo creo que no será mala idea que...

empezaras a buscar ocupación en otra casa.

-Pero ¿qué está diciendo?

Yo llevo faenando pa usted to la vida.

Somos casi familia.

(Puerta)

-Ve a abrir.

He llevado un vaso de leche a la niña.

-¿Se lo ha tomao? -No.

Pero no me ha mandao a tomar viento fresco.

-Algo es algo. ¿Cómo la ves, Arantxa?

-Muy triste, don José.

Ella no entiende por qué le mintió. -Maldito sea ese mozo.

Desde que pareció, no ha habido paz en esta casa.

¡Menuda pechá de llorar se está dando Cinta!

-No sé, yo veo algo raro.

-Claro,

que nuestra hija se ha fijado en un sinvergüenza, eso es lo raro.

-Si hubiese tenido un novio vizcaíno como Dios manda,

nada de esto habría pasao.

-Vosotras visteis como yo que Emilio quería a Cinta,

pero si se le notaba. -Valiente embustero.

-No se portaba como el chico que está prometío con otra en el pueblo.

Ha pasao algo que ha cambiao las tornas.

-Oye,

lo mismo deshonró a la del pueblo, historias de esas hay a miles, ¿eh?

-O la dejó embarazá, cuidao.

Voy a ir a hablar con él y se lo voy a sacar.

Le voy a dar una, que me va a contar lo que pasa.

Déjate de bofetones, que no nos debemos de meter.

Luego, Cinta al final, carga contra nosotras.

-Un buen bofetón ya le dio al chico, que le volvió la cara.

-"Pobre chico" dice, un turro, eso es lo que es.

Menuda desfachatez que tiene.

Ese se merece unos buenos azotes con una vara de abedul.

-Pues vas a tener razón, y bien fuertes, digo.

(Motor de coche)

Iluminas la calle hasta de noche.

Qué galante.

Vamos a algún lugar donde nadie pueda vernos.

Ve hacia el callejón. Voy tras de ti.

Tenemos que tener cuidado. Sí, pero no aguantaba más.

Te entiendo perfectamente, a mí me pasa lo mismo.

¿Has sabido algo de Eladio?

No. He ido a un café que frecuentan los que son como él,

pero no le he visto.

Hubiera sido mucha casualidad encontrarse con él.

No hay tantos locales de ese estilo.

Por fuera parece un café normal,

hay una cortina que solo atraviesan los advertidos.

¿Cómo lo sabes?

Allí fue donde encontré a Eladio la primera vez.

Alfredo ha sido muy duro con él,

no me extrañaría que hubiese puesto tierra de por medio

y no quisiera frecuentar más esos ambientes.

No creo que quiera encontrarse a mi esposo.

Carmen, qué emoción, ya creía que no vivía esto más.

-No hay que perder la fe nunca.

-Ay...

-Buenos días.

¿No es muy temprano para semejante actividad?

-Es que queremos abrir la mantequería y hay mucho que limpiar.

-Lolita, hija,

cuidado, que en tu estado no te conviene tanto trajín.

-Descuide, que estoy embarazá, no enferma.

-No te preocupes, Ramón,

que ya me encargo yo de que no haga barbaridades.

-Ea, yo voy bajando.

-¿Dónde vas? Esto lo bajo yo.

-Luego nos vemos.

-¿Y esa cara?

Ramón, no te preocupes, de verdad,

yo me encargo de que Lolita no coja peso.

-No es eso lo que me preocupa, confío en ti,

lo que me inquieta es Felipe, bueno, Felipe y Genoveva, los dos.

-¿Cómo que los dos?

-No cuentes a nadie lo que te voy a decir.

Ayer, por casualidad les vi salir del Hotel Sintra.

-¿Juntos?

-En amor y compañía.

-¿Eso quiere decir que están...?

No le pregunté directamente, y él no me lo negó.

Me dijo que no me preocupara, que él sabía lo que hacía.

-O sea, que las sospechas

de don Liberto eran acertadas.

-Dio en la diana.

-En todo caso, te dijo que no te preocuparas, ¿no? Pues ya está.

Aplícate el consejo.

-Él sabía lo que hacía.

De todas las respuestas que podía darme,

no hay ninguna que pudiera preocuparme más.

-Ramón, por muy amigo mucho que sea,

se te escapa que don Felipe es un mujeriego.

Y además, doña Genoveva es una mujer muy bella.

-Una mujer bella casada con un hombre muy peligroso,

un hombre que intentó atentar contra mi vida en aquel accidente.

-¿Crees que podría hacer lo mismo con Felipe?

-Si descubre su infidelidad, sin duda.

Pero yo no puedo hacer más que decirle a Felipe

lo que ya le he dicho.

Qué sorpresa.

Todavía no hemos abierto, pero si quiere le preparo un café.

No, se lo agradezco.

Quería hablar con usted para hacerle un recado.

-Pase. -Gracias.

¿Se acuerda de la comida que se celebro hace semanas,

la del evento benéfico? -Claro, como para olvidarlo.

-Fue el último momento de felicidad que tuvimos mi esposa y yo.

Aquella noche fue maravillosa,

después de eso, nada volvió a ser igual.

-Lo siento. La verdad es que ustedes

son uno de los matrimonios más queridos del barrio.

-Quiero que la repita.

Tal cual.

Mismas viandas, vajillas, vinos...

-¿Qué? -Y tiene que ser este fin de semana,

un día antes de que Rosina se vaya de viaje, ¿podrá?

-No sé, debería mirar las reservas que tengo.

El menús que hicimos, las existencias...

-Mírelo, por favor. -Necesito unas horas.

Y no puedo cerrar el local si alguien tiene una mesa reservada.

-Ya, pero sería estupendo agasajar a Rosina

con un día de felicidad como aquel, ¿no le parece?

-No lo sé, don Liberto.

Ese tipo de eventos me viene bien, siempre puedo ganar dinero,

pero si le soy sincera, esas cosas pueden empezar bien

o acabar como el rosario de la aurora.

-Lo sé, pero ante una situación desesperada,

uno tiene que asumir riesgos.

-En eso tiene razón.

-En fin, mire con cariño lo que le he pedido.

Me haría muy feliz. Ya le daré más detalles.

-Descuide, que lo haré. -Ah,...

Y sobre todo, por lo que más quiera, que no se entere de esto Rosina.

Ya sabe que en el barrio, si se quiere mantener un secreto,

lo mejor es mantener la boca cerrada.

No lo cuente, por favor.

-No lo haré. En cuanto pueda le daré una respuesta.

-Se lo agradezco. Con su permiso.

-Con Dios.

-He visto salir a mi sobrino Liberto.

-Sí, acaba de estar aquí.

-¿Qué quería?

-Lo que un comerciante habla con su cliente,

es casi tan secreto, como lo que se le cuenta a un sacerdote.

-No diga majaderías. -Igual no es para tanto.

Le he prometido a Liberto que no contaría nada a nadie.

Confórmese con saber que no es nada malo.

-Me preocupa que no haga nada.

Rosina está haciendo las maletas para marcharse.

¿Mi sobrino va a dejar que su matrimonio se rompa,

sin luchar?

-Espero que todo se arregle.

No es bonito ver a un matrimonio romperse.

-Y hablando de romperse,

¿qué es eso de que Emilio y cinta han roto?

-Entre ellos nunca hubo una relación.

Mi hijo Emilio siempre estuvo comprometido con Angelines,

una chica de Santander.

-Engañe a otra, todos hemos visto juntos a su hijo y a Cinta.

-No estoy orgullosa de lo que mi hijo ha hecho.

Pero ya sabe cómo son los hombres

cuando una joven bonita se les acerca.

Hay que reconocer que Cinta lo es.

Pero Emilio está comprometido con Angelines,

y será con ella con la que se case, aunque haya coqueteado con Cinta.

Cosa que siento y que nunca le perdonaré.

-Este barrio siempre tan agitado.

-Ay... Y que lo diga.

Por cierto, ¿ha visto a Lolita?

Parece que quiere condicionar la mantequería.

-Me alegro, y no solo por ella, sino porque también es un revés

para Alfredo Bryce.

Qué suerte hemos tenido con Ramón Palacios en este barrio.

-Y que lo diga. Al final, acabaré poniéndole ese nombre a un postre.

(Puerta)

Adelante.

-"Bom dia", señor. ¿Comenzamos las clases?

-Hoy nos vamos a retrasar, tengo un encargo para ti.

-Sí, señor.

-Tienes que entregar esta carta en calle del Álamo 8. ¿Sabes dónde es?

-Es la calle que sale a la derecha después de la fuente, ¿no?

-Eso es, la segunda a la derecha después de la fuente.

Pregunta por don Javier Arreaza, tienes el nombre en el sobre.

-"Don Javier Arreaza, calle del Álamo número 8".

Vale. -Tienes que entregárselo en mano.

Si no está, te esperas. -Parece importante.

-Es un detective que me ayuda en algunos casos.

No creas que es un asunto de vida o muerte.

-Menos mal, tenía miedo de hacerlo mal.

-Lo harás muy bien. Anda, ve, deprisa.

-Voy a dejar los libros y voy.

"Bom dia", don Liberto. -Buenos días.

-¿Necesita algo?

-No, muchas gracias, Marcia, está todo bien.

Si que tenía prisa Marcia, parecía el correo real.

-Le he encargado entregar una carta en mano, a ver si lo consigue.

-Seguro que sí, es una chica muy espabilada.

¿Tenía algo que ver con doña Genoveva?

-Con el matrimonio Bryce más bien.

-Tenga cautela con ella.

Por mucho que intente lavar su imagen,

es una mujer peligrosa y misteriosa.

-Que haya tenido una conversación con Ramón sobre esto,

no creo que sea casualidad.

-No, no lo es, no.

Antes hablé con él sobre su cercanía con ella.

-Pasaré por alto el comentario

porque entiendo sus buenas intenciones,

pero les pedí que confiaran en mí.

Y lo reitero. -Y confiamos.

Pero estamos preocupados.

-Pues dejen de estarlo.

Carmen, ¿has visto los caramelos?

-Espera, que creo que los he visto en la caja.

-Pa que cada niño que entre se lleve un dulce.

Quiero niños felices en Acacias.

-Pero ¿gratis?

-Eso es buen nombre pal local.

"Prepaganda" le llaman.

Hay que tener cuidao

con el Servando, que se los toma a dos carrillos.

Yo no sé como no tiene los dientes llenos de caries.

-Bueno, pues ya está todo, ¿no?

-Falta preparar la bienvenida.

He comprado refrescos, pasteles y licor de Cabrahígo

pa todo el que venga a celebrar que estamos abiertos.

Ay... Bueno, voy a seguir preparando.

Ah, no deje entrar a nadie sin que esté todo preparao.

-Descuida.

(Puerta)

-A los buenos días. ¿Está ya abierto?

-No. Y la dueña que es de armas tomar,

me ha dicho que no deje entrar a nadie.

-Pues poco van a vender así.

-El sereno tiene razón,

sin clientes, no se vende ni una escoba.

-Un poco de paciencia.

-¿Ni pa coger un caramelo se pue entrar?

-Mire, Servando...

-Tome,

un caramelo.

Y paciencia, que quedan pocos minutos para la apertura.

Se van a hinchar a dulces, a licores y a to.

El sueño de Cabrahígo cuida a sus fieles.

Hale. -Mejor nos retiramos,

y así la dejamos tranquila.

-Ay. -Hola.

-¿No ha abierto todavía?

-Aquí es donde encuentro las alubias de Tolosa ricas, ricas.

El mejor género de la ciudad tiene.

-Abre en un momento. Lolita saca un colofón pa celebrarlo.

Podríamos aprovechar pa hablar del regalo de Lolita.

-Por la inauguración.

-Y por el embarazo, que los niños llegan al mundo con aboca abierta.

-Yo había pensado en una cuna.

Podemos hablar con un carpintero y ver cuánto cuesta.

-Será muy caro.

-Pero si lo pagamos entre tos, nos sale a cuenta, Agustina.

-Claro, y qué mejor regalo ahora que va a llegar al mundo un "haurra".

-¿Un qué? -¿Cómo dicen ustedes?, un rorro.

-Lo mejor será que consulte con el carpintero el precio de la cuna

y nosotros pensamos en otras cosas por si acaso es muy cara.

-¿Qué, todavía siguen aquí esperando?

Las están peinando.

¿Hay noticias de doña Rosina?

-Pues sí, sí, que se va a marchar a Portugal.

Y no sé si va a volver.

-¿Se queda allí para mucho tiempo?

-Está dando vueltas a esa idea la señora, sí.

Así que na, lo mismo

dentro de poco me tienen en la iglesia buscando faena en otra casa.

-No te preocupes, que na te ha de faltar.

Más sentío común tienes tú que otros de tu familia.

-¿No lo dirás por mí?

-Pero ¿qué te crees, que te perdono lo de mi tía

y lo del voto de las mujeres? Ni hablar.

(Ruido)

-¿Lolita, qué ha pasao?

Ay...

Señora, el té que me ha pedido.

Al señor no le ha gustado desayunar solo esta mañana.

Que se vaya acostumbrando. ¿Está en su despacho?

Señora, debe usted tener cuidado.

No creo que vaya a hacerme algo malo

por no compartir con él un café.

Hace falta provocarle mucho más para despertar su ira.

Ayer por la noche, cuando regresé de la iglesia,

la vi en compañía de don Felipe, lo mismo que la vi yo,

podría haberlo hecho don Alfredo.

Minutos antes me hubiese visto con Felicia, me encontré con ella

nada tiene de especial que me viera con Felipe.

También debe tener cuidado con el abogado.

No creo que vaya a hacerme daño.

No, se hará daño usted misma.

Cuando una persona se enamora, se vuelve débil, vulnerable.

¿Quién le da derecho a hablarme así?

No se tome a mal mis palabras.

Solo intento evitar que tenga una decepción con ese hombre.

Recoja esto.

Y métase en sus asuntos.

Qué desastre.

-No pasa nada, entre todos lo recogemos.

-Todavía hay pasteles que son comestibles.

-¿Dónde están las escobas? -Venid conmigo.

-Servando, cuidado, no vaya a comerse un pastel con cristales.

-No merece la pena arriesgar, espérese a que barran.

-Menuda fiesta es esta, que no hay manduca pa echarse a la boca.

-No pasa na. -Id recogiendo,

que voy a ver a Felicia, a ver si tiene alguna solución.

-Pues que buena suerte, chica, qué bien.

-"Buena suerte".

-Uy, esto en mi tierra trae una suerte estupenda.

Esto significa que el negocio va a ir p'alante.

-¿Eso es verdad?

-Fabiana, no le voy a mentir yo en una cosa así, ¿no?

-Pues mire que son raros los vascos,

to por los suelos y se ponen contentos.

-La contentura siempre es buena, la tristeza viene sola.

-Bueno,... por lo menos el licor de higo de Cabrahígo está intacto.

-Hemos venido a brindar, ¿no? pues brindemos.

-Ay, quería dar un aperitivo. -Bueno...

-Mi madre me envía con estos canapés para desearle suerte con su negocio.

-Lolita, quiero dejarte

esta medalla, está bendecida por Pío X.

Me la mandó mi hijo Simón.

Quiero que te proteja para siempre, a ti y a la mantequería,

verás como vendes el doble.

-Gracias, doña Susana.

-No te apures, que todo tiene solución en esta vida, ya lo ves.

-Ya está todo recogido.

-Ha quedao como si no hubiera pasao na.

-Bueno, ¿brindamos o qué?

-Claro.

Si es que tengo unos amigos que no los merezco.

-Anda, tú te mereces esto y mucho más, muchacha.

-Pero sobre todo, tengo un suegro...

que no me lo merezco.

Si no fuera por usted, no tendría ni mantequería ni na.

-¡Yepaya!

-¡Qué viva don Ramón!

-(TODOS) ¡Viva!

-Que no pare la fiesta, que traigo refuerzos.

-Don Ramón, dígase unas palabras o algo.

-Qué voy a decir,

que queda inaugurada de nuevo la mantequería El sueño de Cabrahígo.

Y otro aplauso para Lolita, que es la mejor nuera del mundo.

-Venga. -Por Lolita.

-¡Por la nuera! -¡Por la nuera!

(Se escuchan las voces de la calle)

(Risas)

(Puerta)

Pero por Dios, ¿qué griteríos son esos?

Vienen de la mantequería, señor.

Hoy la volvían a inaugurar.

Este barrio se las da de elegante y parece un pueblo en fiestas,

les falta soltar una vaquilla.

No les dé la idea, señor, que se la apuntan.

Si no llega a ser por don ramón Palacios...

-¡Por la nuera otra vez!

-Desde el primer momento supe

que ese hombre iba a ser un dolor de cabeza.

Es el único en el barrio que usa la inteligencia.

Ese hombre siempre se mantiene en segundo plano,

pero tiene fuerza como para que todo el mundo le siga.

Sí.

Es una pena no haberle tenido de mi lado.

Pero bueno, de nada sirve lamentarse por las oportunidades perdidas.

Que ellos se diviertan con la mantequería,

nosotros a nuestros menesteres. Quiero hablar con Marcia.

¿En persona?

Sí. Cara a cara.

Estoy harto de la relación que mantiene mi esposa con ese...

abogado.

Debería darnos información más sustanciosa y no hay nada nuevo.

Descuide, esta misma tarde se la traeré.

Se va a enterar de que conmigo no se juega.

¡Y por Dios, cierra la ventana!

No quiero oír cómo se divierten esos arrastracueros.

Daba gusto ver la alegría con la que se ha levantado Lolita

para ir a la tienda.

Y la inauguración ha sido de lo más sentida y bonita.

-Tenemos que conseguir que Lolita descanse más,

a ver si se le va a complicar el embarazo.

-No lo vas a conseguir ni atándola.

-Si hace falta, bajo yo mismo a atender a la mantequería,

que no creo que se me diese mal.

-Eso me gustaría verlo, Antoñito el mantequero.

-Está visto que no me acerco a usted en los negocios.

Demostró tener mucha visión con el asunto de los seguros.

-No cantemos victoria todavía.

Las perspectivas son muy halagüeñas, pero...

aún queda mucho para recoger beneficios.

-Ya he terminado de lavar y recoger los cacharros.

Voy a bajar a ayudar a Lolita.

-Carmen, espera, quiero hablar contigo.

-Bueno, les dejo a solas. Voy a hablar con Emilio.

Está prometido con una moza de su pueblo.

-Qué poca responsabilidad.

Cinta... Pobre chica.

-Recuerda que tenemos una reunión en casa de Felipe en media hora.

A ver qué quiere Liberto.

-Descuide, que no lo olvido. Con Dios.

-Pues tú dirás.

-Parece que las cosas se van serenando en Acacias.

-Sí, y gracias a ti.

-No soy tan importante, no creas.

-Lo que sí creo es que una vez que se han solucionado

los problemas de los vecinos,

es el momento para tú y yo retomemos nuestros planes de boda,

si es que no te has arrepentido.

-Ramón, nunca me voy a arrepentir.

Pero eso sí, con calma, que ya hemos pasado grandes sobresaltos.

-Al paso que tú mandes, que para eso eres la señora de la casa.

-Te quiero.

Aquí tiene, señorita, La dama erudita de este mes.

Gracias, Marcelina.

Y es una pena que Emilio y usted hayan roto su noviazgo.

Con la buena pareja que hacían...

Ya, bueno. ¿Me lo apunta a la cuenta?

Sí, claro. Gracias.

Con Dios. Con Dios.

-Cinta.

Siento abordarla en mitad de la calle.

En absoluto, es un placer hablar con usted.

Me he enterado que Lolita ha abierto la mantequería.

Enhorabuena. Gracias.

Debería haberse pasado a brindar con nosotros.

No tengo ánimos.

Ya, lo entiendo.

He hablado mucho con Emilio, y...

Sé que lo que siente por usted es sincero.

Yo ya no sé nada.

Y no me apetece pensar mucho en el tema.

Ya.

Yo no sé qué le impide romper ese compromiso con Angelines.

A mí no me corresponde saberlo.

Lo que sé es que le sigo amando y que la decepción es enorme.

Ahí está.

Será mejor que me vaya para casa.

Yo indagaré un poco más.

Que sepa que me da mucha pena verles así.

Con Dios.

Emilio.

No lo entiendo. Créame que no lo entiendo.

Cinta es lo mejor que le podía pasar y usted la deja escapar.

Pero ¿por qué?

¿Por qué no rompe su compromiso con esa mujer?

-Los compromisos no se rompen.

-Emilio...

No me puedo entretener porque tengo una reunión en casa de don Felipe,

pero sobre este tema vamos a hablar tranquilamente.

Con Dios.

-Nadie lo entiende, pero hago lo que debo hacer.

¿Está todo bien, señoras? -Sí. Muchas gracias.

-Falta por llegar Antoñito.

-Lo sabe, no creo que se demore.

(Puerta)

Ahí está. voy a abrir.

-¿Qué pasa, Liberto? ¿No vas a decirnos por qué nos has reunido?

-Tenga paciencia, tía, que en unos segundos se lo contaré. Siéntese.

Siéntese.

-Muy buenas. Perdón por el retraso.

-No se preocupe. Gracias por venir.

Gracias a todos.

-Nos tiene intrigaos, don Liberto.

-Bien, pues ahora que estamos todos, me gustaría pedirles un favor.

Quiero pedirles ayuda para evitar que Rosina se marche a Portugal.

-Haremos lo que esté en nuestras manos para ayudarle,

téngalo por seguro. -Don Ramón habla en nombre de todos.

-Hablará en nombre de todos, pero con lo terca que es Rosina.

-Ya lo sé, tía, pero algo tengo que hacer.

Tal vez lo que les voy a decir les puede sonar algo raro,

pero me gustaría volver atrás en el tiempo.

-¿Cómo? -Me explico.

La última vez que Rosina y yo reímos y fuimos completamente felices

fue en el evento que Felicia organizó en el Nuevo Siglo XX.

Por eso, me gustaría regresar en el tiempo a aquel día.

Quiero que Rosina reviva la dicha de ese momento.

He hablado con doña Felicia

para que organice la comida tal y como fue ese día.

Para ello, necesito que asistan los mismos invitados

y, por supuesto, con las mismas ropas.

-Tendré que pensar en la corbata que llevaba ese día.

-Yo me acuerdo, no te preocupes.

Yo me ocupo de que vayas igual ese día.

-¿Y bien?

¿Puedo contar con su ayuda?

-Sí, sí. Es muy bonito, don Liberto.

Doña Rosina no se va a poder negar a ese gesto de amor.

-No me fiaría mucho de ella,

pero... lo que tú digas.

Adelante. -Cuente con nosotros, don Liberto.

Hasta contaremos los mismos chistes.

-¿Y usted qué, Antoñito?, que no se ha pronunciado todavía.

-Con usted hasta el final, don Liberto.

-Se lo agradezco.

-Se lo agradezco a todos, de corazón.

Tan solo les voy a pedir una cosa más,

y es que, esto se mantenga en secreto.

No me gustaría que Rosina se enterara antes de tiempo.

-Por supuesto.

-Señores, ¿tomamos el café?

-Sí.

(Puerta)

Adelante.

Don Alfredo, Marcia está aquí.

Bien. Hágala pasar.

Pasa.

Gracias, Úrsula.

Ahora, déjenos a solas.

Puedo ayudarle a entenderse con ella.

¿No me ha oído? No me haga repetir las cosas.

Perdone, señor.

Bien, Marcia,

¿qué hay entre mi esposa y don Felipe Álvarez-Hermoso?

-Yo no sé.

-Mírame a los ojos.

¿Te parezco un estúpido?

-No, señor. -Bien.

Entonces, ¿cómo pretendes hacerme creer

que no sabes que estos dos son amantes?

Te voy a dar una oportunidad, la última.

Quiero que averigües que se traen entre manos,

adónde van a salir, con quién hablan...

¿Has entendido? -Sí, señor, sí.

-Bien.

Ya te dije una vez que si me mientes,

si no me obedeces,...

llamaré a los hombres que te trajeron de tu país.

¿Es eso lo que quieres? -No.

-Bien.

Me duele que sigas adelante con tu compromiso.

Yo soy la culpable de lo que ocurrió en Valdeza.

Es por mí por lo que ahora debes casarte con la hija de Ledesma.

-Camino, el culpable fue ese miserable que te perseguía.

Ni un solo día me he arrepentido de lo que hice.

Camino, Camino, ¿qué ha pasado?

¿Ha sido él, ha sido Federico?

Esto no va a quedar así.

Esto no va a quedar así. ¡Quédate aquí, no te muevas!

¡Federico! -¿Qué buscas?

¡¿Qué haces?! -¡Ah!

Acostúmbrate a que tu hermana se encame con todo el que se lo pida.

¡Se le ve que es una fulana!

Me vas a obligar a que te mate, ¿eh?

-¡Federico!

¿Federico?

¡Federico!

Cien veces que ese malnacido te hiciera daño,

100 veces que lo volvería a matar.

-Pero tú ahora debes casarte con Angelines,

renunciar al amor de Cinta.

-Todo tiene su deber, ¿vale? Tienes razón.

En su momento, fue matar al señorito,

pero ahora es acatar mi acuerdo con Ledesma.

De nada sirve resistirse.

-(LLORA)

No podemos permitir que nadie se entere de lo que allí ocurrió.

-Si se descubre quiénes somos, Emilio corre peligro.

-Tenemos un trato.

Y exijo que te comportes como una esposa dócil y obediente.

Así será, no temas.

No deja de sorprender que hayáis retomado los planes de boda.

-Ahora que las cosas están más sosegadas,

nos ha parecido el mejor momento.

¿No pensarás que puedes echarme de esta casa?

No, señora, yo solamente la informo.

Eso está mucho mejor, no olvides nunca cuál es tu sitio

si quieres conservar tu trabajo.

-Marcia, déjanos solos.

¿Qué pinta ese tipo con los Pasamar?

¿Por qué quiere emparentarse con él?

-Le pone peros a la niña porque es una familia de artistas,

y ahora casa a Emilio con la hija de ese ceporro.

-En todo esto hay algo muy turbio.

-En dos días es posible que no vuelva a verla más.

Pero espero que lo que estoy organizando sirva de algo.

-Seguro que sí.

No creo que su regreso al pasado deje indiferente a Rosina.

"Eladio Sánchez. Calle del Molino Viejo 4".

Tenemos que hablar con él. Esta tarde.

Tiene que denunciar a Alfredo.

-Calle del Molino Viejo 4.

Me marcho a recoger a mi Angelines.

Por aquí está todo liquidao.

Es de suponer que puedo irme tranquilo.

-Así es.

-Usted sabe lo que se juegan. -¿Para qué ha venido?

Soy pobre, tengo pocos recursos. -Es un miserable.

Si no me tratan generosamente,

voy a hablar con el señor de la finca y contarle lo que he visto.

-Sé lo que hago.

-Como Alfredo descubra que se entienden, le atacará.

-Ya hemos hablado de esto, es absurdo darle más vueltas.

Así que, por favor, manténgase al margen de nuestra relación.

Espero que no tengas otra bronca,

o lo que es peor, un bofetón, que me duele el último.

-Tranquila, todo va a salir bien.

Será mejor que te marches,

a la postre, puede vernos todo el barrio.

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Acacias 38 - Capítulo 1057

17 jul 2019

Lolita reabre la mantequería. Ramón propone a Carmen reiniciar sus planes de boda.
Liberto pide ayuda Felicia y al barrio para dar una sorpresa a Rosina que le haga quedarse en Acacias.
Cinta confiesa a Antoñito que, a pesar de la traición, sigue amando a Emilio.
Genoveva confiesa a Felipe el secreto mejor guardado de Alfredo. El banquero da una última oportunidad a Marcia para que descubra los planes de Felipe y su esposa.
Los Pasamar recuerdan lo ocurrido en Valdeza. ¿Qué sucedió para que Camino perdiera la voz?

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  1. Edurne

    Otra vez no han subido los capítulos de las series de Servir y proteger y Acacias 38, a pesar que hace horas de su emisión... ¿ por qué pasa esto todos los días?

    18 jul 2019