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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1056 - ver ahora
Transcripción completa

me atormenta!

¡Cada vez que cierro los ojos, está ahí!

-Eso es una tortura.

-¡Sí!

¡Lo es!

-(SORBE MUCOSIDAD)

¡Ojalá pudiera echar atrás en el tiempo!

¿Eh?

¡Ojalá pudiera volver a aquel día y rechazar la invitación de entrar!

-Ojalá. Yo también lo he pensado.

Ojalá pudiéramos volver a aquel día en la comida benéfica.

El nuevo siglo XX, ¿te acuerdas?

-¿Cómo voy a olvidarlo?

Cuando terminó, subimos a casa.

-¡Y bailamos!

-¡Bailamos toda la noche!

-¡Hasta el amanecer!

-Si nos hubieran dicho aquel día que todo se torcería...,

ninguno de los dos lo habríamos creído, ¿eh?

-A lo mejor tenemos una oportunidad...

dejando pasar el tiempo

y poniendo tierra de por medio.

Creo que me sentará bien el cambio.

-¡Te vas a olvidar de mí!

-¡Eso es imposible!

-(SORBE MUCOSIDAD) Bueno...

Supongo que no puedo hacer nada para convencerte.

¿No?

(EXHALA UN HONDO SUSPIRO)

(Pasos)

Pero ¿tú lo has oído, José?

-¡El que me va a oír es Emilio!

-¡Emilio se casará con la hija de ese hombre

y ha tenido la desfachatez de andar cortejando

a nuestra hija! -¡Yo lo mato!

¡Lo mato! -¡Eso si no llego yo antes!

-Pero ¿cómo se atreve a engañar a nuestra pequeña!

¡A besarla,

a seducirla...

teniendo ya un compromiso!

-¡Es un sinvergüenza!

-¡Un caradura! -¡Y un gañán!

-¡Y un calavera! -¡Sí!

-Cariño, ¿estás bien? -¡Hija!

¡Hija, di algo! ¿Qué te pasa? (SUSPIRA)

Estaba comprometido...

-¿Estás bien?

Eso es lo que le ocurría.

Que se casaba con otra. ¡Ay!

¡Ay, Dios! -¡Mi niña!

¡Ay, mi niña! ¡Ay, mi niña!

¡Un vaso de agua! -¡Sí!

¡Ve! ¡Siéntate, vida mía, siéntate aquí!

-¡Ay, Dios mío! ¡El disgusto que se ha llevado mi pobre niña!

-¡Ay! -¡Échale los pies!

¡Ay, cariño, respira, respira! ¡Madre, respira!

¿Qué tienes tú, hija?

-¡Respira! -¡Ay!

¡Mi amor!

¡Venga, corazón mío!

Qué alegría que todo haya acabado bien para Liberto.

-No podía resultar de otra manera.

Los cargos que le imputaban carecían totalmente de sentido.

¡Es un hombre recto

y bondadoso!

A propósito, Carmen, me he encontrado con él esta mañana en la calle

y me ha contado algo que me ha dejado muy inquieto.

-¿Qué te ha contado?

-No estaba seguro, pero...

sospechaba que...

Felipe se estaba viendo a solas con Genoveva.

Al parecer,

la vio salir de casa de Felipe.

Le preguntó y él lo negó.

-¿Te preocupa?

-No creo que esa mujer sea la más indicada

para que Felipe rehaga su vida.

-¡No sé, Ramón, ella ha dado muestras de arrepentimiento!

-Puede que tengas razón.

En todo caso, Liberto ni tenía pruebas ni estaba seguro, así que...

esperemos que se equivoque.

-Pues sí.

Porque no necesitamos más desgracias en este barrio, por lo pronto.

¿Cómo van las inversiones en los seguros La Tizona?

-Confío en que en breve...

podamos obtener pingües beneficios.

-Eso sería maravilloso, Ramón.

¡Los vecinos necesitan recuperar la alegría!

Y la tranquilidad, sobre todo Antoñito y Lolita.

Y más ahora...,

que viene una criatura.

-¡Si supieras la alegría que me da ser abuelo, Carmen!

(RÍE RAMÓN) -¡Y a mí!

Un niño siempre trae alegrías.

Ojalá lo de los seguros salga bien

para que a ese niño nunca le falte de nada.

¡Daría un dedo por ello! -¡Un dedo, una mano

y hasta el cuerpo entero, que te conozco, Ramón!

-¡Mi Milagros!

¡Con lo pequeña que es y ya va a tener un sobrino!

¡Ya verás, cuando lo sepa,

la alegría que se lleva! ¡Se va a volver

loca de contento!

-¿Quién?

-¡Tu hermana pequeña, cuando sepa que va a ser tía!

-¡Oh! (RÍEN)

-Hijo, no olvides que mañana tenemos una reunión en el hotel Sintra.

-Sí, a primera hora.

-A propósito, antes de que te vayas...

Quería comentarte algo. Bueno, a ti y a todos.

He estado reunido con los abogados

del señor Bryce por el asunto de la recompra de la mantequería.

-¿Y?

-No me lo han puesto nada fácil.

Ha sido una negociación dura y...

me han mareado con triquiñuelas legales.

Pero...

¡la mantequería será devuelta hoy mismo!

¿Qué dices, Ramón? ¿De verdad?

-(RÍE) ¡Sí!

¡Lolita se va a volver loca cuando lo sepa!

-¿En serio?

-¡Que sí!

-¿Y aún no se lo ha dicho a Lolita?

-¡Hijo, quería que fueras tú el que le diera la alegría!

(RAMÓN RÍE)

(SUSPIRAN)

"Las mujeres de Noruega

podrán participar

en las próximas elecciones parlamentarias

gracias a la aprobación

del sufragio femenino,

junto con Nueva Zelanda, Australia

y Finlandia,

donde las mujeres van a poder votar".

-¡Jesús, María y José!

¿De verdad pone eso?

-Eso es lo que pone aquí.

-¡Ver para creer, Agustina!

-¡Hum!

¡A mí eso no me parece normal!

¿Cómo va a poder votar una mujer?

-¡Anda! ¿Y eso por qué no?

-¡Porque no!

La política es cosa de hombres. -(RÍE)

¿Y eso quién lo dice? -¡El sentido común!

-¡Qué antigua está usted!

Por cierto, ¿dónde estará eso de... Noruega?

-Espero que muy lejos.

No me gustaría que llegaran aquí esas cosas tan modernas.

-Aquí está usted, Fabiana. He ido a buscarla a la pensión.

-¿A por su camisa viene?

-¡Cómo me conoce!

-Pues, mire, justamente estaba...

terminándola ya.

-No sé qué haría sin ustedes. ¡Me salvan la vida!

-¡Ay, hombre de Dios! ¿Por remendarle una camisa?

-Hoy una camisa, mañana un pantalón, un jersey y la gorra hace un mes.

La verdad, me tratan

como si fuera un rey. -A ver,

si no tiene reina que se lo haga... (CESÁREO RÍE)

-Estábamos calentando una leche

para tomarla con galletas. ¿Le apetece?

-¿Leche, galletas y buena compañía? ¡Quién podría negarse!

(AGUSTINA RÍE)

¡Ay!

¡Ay! -¡Agustina, qué bien se mueve ya!

-(RÍE) -¿Ha visto usted?

Pues eso es gracias a lo aplicada que ha estado con los ejercicios,

que ni el médico se cree lo bien que ha quedado.

-¡Eso es cierto! (RÍE)

¡De hecho, ni yo misma me lo creo!

(CESÁREO RÍE)

(AGUSTINA RÍE)

Oiga, Cesáreo,

¿sabe usted dónde está Noruega?

-En Europa. ¿Por?

-¡Porque allí las mujeres pueden votar! ¡Mire!

¡Lo dice el diario! -Lo he leído.

-Ah, ¿sí?

¿Y eso cómo lo ve usted?

-Bueno... Estupendamente.

Si votan los hombres,

¿por qué no van a poder votar las mujeres?

-¡Eso pienso yo!

-Claro. -Pero aquí la Agustina dice

que la política es cosa de hombres.

-En un futuro, los gobernantes serán mujeres.

-¡Ande, quite, quite y tampoco se pase usted, hombre de Dios!

-Tiempo al tiempo, ya lo verán.

(FABIANA RÍE)

(AGUSTINA RÍE)

-¡Huy! ¿Se imagina usted, Agustina?

¡Usted, presidente, y yo, alcalde!

(RÍEN LAS DOS)

-¡Huy, ni que estuviese yo loca!

(RÍEN LAS DOS) -¿Y por qué no?

¡Yo votaría por ustedes!

(AMBAS) ¿Eh?

-Ajá.

-¡Agustina, presidente!

En dos minutos se ha organizado una celebración

por la absolución de Liberto.

-Cuánto quiere la gente a don Liberto, ¿eh?

Todos se alegraban por él. -Es un buen hombre

y no se merece lo que le pasaba.

Me dijeron que la cosa se complicó,

sobre todo cuando apareció el testigo sorpresa.

-Eso, ¿qué pasó con doña Úrsula? ¿Estaba en la casa o no?

-No creo. Seguramente, mentiría al juez.

Pero no tengo ninguna duda

de que Liberto no hizo nada de lo que se le acusa.

-No, ni yo.

Pero una cosa es ser inocente, y otra, poder demostrarlo.

-Sí, pero don Felipe hizo un buen trabajo.

Es un abogado de recursos, de los mejores de la ciudad.

Don Liberto lo tenía bastante negro,

pero él supo sacarle del apuro.

Por cierto, hablando de apuros...

Emilio, ¿qué le ocurre con ese tal Ledesma?

-A mí, nada. -Emilio...

-¿Qué te pasa, mi vida?

¡Ni se te ocurra llamarme "mi vida"!

-Bueno, pues ahora vuelvo.

-¿Qué ocurre?

¿De verdad vas a casarte con la hija de Ledesma?

¡Contesta!

¿Quién te lo ha contado?

¡Ah, que no lo niegas!

¡Pues ha sido el propio Ledesma!

¡Ha venido expresamente a mi casa para contármelo! ¡Y esperaba

que fuera mentira, pero ya veo que estaba equivocada!

¿Cómo has sido capaz? ¿Por qué no me lo dijiste?

¡Di algo, Emilio!

¡No quería perderte!

¡Renuncié a todo por ti!

¡A una gira, a una gran carrera, a un hombre que me quería...!

¡Me enfrenté a mis padres por ti,

les planté cara y me puse en evidencia

delante de todo el mundo! ¡Ya!

¡Lo sé y lo siento!

¿Que lo sientes?

¿Que lo sientes?

¡El compromiso viene por un acuerdo de mi familia con Ledesma hace mucho!

¿Y ya está? ¡No tienes más nada que decirme!

¡No vas a darme más explicaciones!

¡No puedo contártelo!

¡Me lo tendrías que haber dicho!

No sabía cómo hacerlo.

¿Y esperabas a que me diera cuenta yo sola?

¡No, a encontrar un camino, no sé, a...!

¡No tendrías que haber empezado nada conmigo!

¡Debiste habérmelo dicho desde el principio!

¿De qué habría servido?

Habría hecho lo imposible por no quererte.

¡Te odio!

¡Te odio con todo mi ser!

-¿Qué pasa? ¿A qué ha venido ese bofetón?

-(SORBE MUCOSIDAD)

-Acaba de saber que estoy comprometido con la hija de Ledesma.

Y voy a casarme con ella.

-¿Cómo? ¿Y eso por qué?

-¡Ojalá pudiera decírselo!

¿A Portugal?

-Sí, sí, con doña Leonor.

Sí.

-¡No, si yo lo entiendo!

Pero nunca imaginé a tu señora viviendo lejos de la ciudad.

¡Con lo que le gusta vivir en el barrio!

-Pero ¡es que con tanta desgracia se le ha hecho a la pobre mujer bola!

Además, que ver todo el día

a don Liberto tampoco es plato de buen gusto.

-Eso yo puedo entenderlo, ¿eh?

-¿Y cuándo se va?

-Pues...

no se crean que tardará mucho en irse, porque...

se quiere ir esta semana.

-¡Contra! ¡Uf!

-Ya está recogiéndolo todo

para dejar la casa apañada.

¿Y si mi señora decide quedarse para siempre en Portugal?

¿Y si no regresa?

-Pero ¡cómo no va a regresar, mujer!

-¡Hombre, y si le coge el gusto a Portugal y...!

¡Allí se vive divinamente, me han dicho!

-¡Huy! Casilda, como aquí, no se vive en ningún sitio, ¿eh?

Y yo sé, ¿eh? Que he pasado larga temporada en Argentina.

-Ya, pero es que además Portugal no está...

nada más que a un día de viaje, está aquí al lado.

(SUSPIRA)

¡Y dicen que se come...

que te rechupeteas las yemicas de los dedos.

-Ajá. -(RÍE) ¡Bacalao, además,

que le encanta a mi señora!

-Pues eso sí que es verdad, las cosas como son.

-¿Qué va a ser de mí?

-¡Bueno! ¿Qué va a ser de qué, Casilda?

-Digo que...

Que cómo voy a buscar trabajo.

Yo estoy acostumbrada a faenar en casa

de doña Rosina, estoy acostumbrada a ella.

¿Y si no encuentro faena?

¿A quién han escuchado ustedes que busque criada, eh?

¡Que me veo en la puerta de la iglesia,

pobre de solemnidad! -¡Mujer!

(RÍE) -¡Frena, frena, Casilda!

¿Adónde has ido tú con esa idea?

A ver,

por lo pronto, ¿tu señora para cuánto tiempo se va?

-Unos días, creo.

-¿Y para qué tanta preocupación ahora?

Y, si luego cambia de idea y decide quedarse,

seguro que encontramos una casa para ti sin ningún problema.

¿Y sabes tú por qué, Casilda?

¡Porque eres muy buena persona,

muy aplicada y muy salerosa!

-¿Y si no es así?

-¡Si no, pues ya te daré yo faena en la pensión,

tú no te apures!

-¡Ay, mi Casilda, mira!

Tú lo que tienes que hacer ahora es cambiar esa cara y alegrarte.

-Ajá. -¡Que tu amiga Lolita...

va a tener un niño!

¡Y eso es algo muy requetebueno, hija!

-¡Claro que sí! -¡Algo para estar muy contenta!

-Pues eso es verdad.

Tiene usted toda la razón, señora Fabiana.

-¡Ay! ¡Hay que ver la de vueltas que da la vida!

-¡Huy!

-Hace un año,

¿quién le iba a decir a don Ramón que iba a casarse

y con un nieto en camino?

(RÍE)

-Si se lo llegan a decir estando en la prisión, se cae de culo.

¡Bueno, él y yo también!

¡Que la Lola va a ser madre!

-Ajá. -¡Que va a tener un hijo!

¡La Virgen!

(ARANTXA Y FABIANA RÍEN)

-Habrá que pensar en regalarle algo, ¿no?

-¡Sí, sí, hay que decírselo a todos,

que todos pongan reales para hacerle un buen regalo!

Eh... Podríamos regalarle una muñeca de trapo, ¿eh?

-¿Y si es un niño? ¡No! ¡Mejor un sonajero!

-Pero eso le regalará todo el mundo, ¿no?

No sé, yo pensaría

igual en algo más original, para que se acuerde de nosotras.

-¿Y en qué está usted pensando?

-¡Pues no sé! ¡Una cesta punta, por ejemplo!

-¿Lo qué?

-¡A ver, eso,

todo pelotari que se precie tiene que tener una!

Hay que entrenar desde niños,

porque, además, te van a dar collejas en el patio.

-¿Pelotari? Pero ¿de qué está hablando?

-¡Pues no sé, Casilda, pero miedo me da preguntar!

-¡Pelotari! ¿Quiénes juegan en el frontón?

¡A pala o a mano o cesta punta, que es

una modalidad genial para jugar a la pelota!

(AMBAS) ¿Y si es una niña?

-¡Bueno, yo juego desde que tenía dos años!

Y aquí me ven, femenina como la que más.

-¡Jo! -¡Huy!

¡A los 13 ya ganaba a todos mis primos de Rigoitia!

Bueno, al pobre Kepa casi le saco un ojo

de un pelotazo. -¡Huy!

¡Huy, Casilda, pues mira tú qué bueno,

qué buen regalo para un niño!

¡Algo que les saque los ojos a sus amiguitos!

-¡Jesús!

-¡Desde luego, Arantxa, menudas ideas de bombero tiene usted!

-¡Huy!

(EXHALA UN HONDO SUSPIRO)

Buenos días. -Buenos días.

¿Se marcha?

-Sí, he de recoger unos papeles en los juzgados.

Algo relacionado con su juicio.

Pero no se apure,

es un mero trámite.

Es lo que queda para finalizar este calvario.

-Ya.

-¿Qué le ocurre?

Don Liberto,

hemos tenido mucha suerte.

No era fácil demostrar que Úrsula mentía.

Y, sin embargo, hemos ganado. -Ajá.

No creo que haya sido suerte, sino talento.

Es usted un grandísimo abogado, amigo,

y le agradezco que me sacara de este apuro.

-¿Y esa cara?

Se diría que no se alegra.

-Rosina marcha de Acacias.

-¿Se marcha adónde?

-A Portugal, con Leonor, una temporada.

Si le soy sincero, tenía muchas esperanzas...

de poder reconstruir nuestro matrimonio

ahora que soy libre, pero...

-Ella no quiere. -(SUSPIRA)

Cree que no puede perdonarme.

Cree...

que alejarse de mí y de todo esto le puede venir bien.

-Quizá tiene razón...

y poner tierra por medio sea bueno. -No para mí.

Alejarme de Rosina es lo peor que puede pasarme.

-Ir a la cárcel por un delito que no cometió

es lo peor que le puede pasar a usted, así que alégrese.

-No sé si voy a poder.

-Debe, amigo... Debe.

Ya sabe que puede quedarse en mi casa cuanto quiera.

-Se lo agradezco.

Pero, si las inversiones de los seguros van como planeamos,

recuperaré mi capital y podré tomar una decisión sobre dónde vivir.

-Entiendo. Entiendo perfectamente.

Todo hombre necesita su hogar.

-(RÍE CON TRISTEZA)

Pero va a ser muy duro sin ella.

-No me gusta dejarle así.

Me quedaría con usted,

pero he de atender unos asuntos al salir de los juzgados.

-¿Tampoco vendrá a almorzar?

¿Ha quedado con un cliente o un amigo?

Podría unirme.

-(SUSPIRA)

Lo lamento, pero...

luego tendré que pasar por el hotel Sintra.

He de atender a un cliente.

No vendré hasta la noche.

Cuando regrese, si no es muy tarde,

le buscaré para seguir charlando.

-Claro.

-¡Ánimo!

(Puerta)

(SUSPIRA)

-¿Qué haces aquí? Llevo un rato buscándote.

-¿Para qué?

-Para que me acompañes a casa, para catar unos quesos y chorizos.

-¡Oh!

¡No nos apetecen quesos y chorizos!

-Sí, sí, porque quiero saber qué es lo que más os gusta

para venderlo en la mantequería.

Y luego ya hablamos con los proveedores tranquilamente.

-¡Tú estás turuleta! -¡No, no!

Yo estoy muy cuerdo.

-¡De aquí a que podamos reabrir la mantequería...

no va a llover ni nada!

-Quizá no quede tanto.

-¿De qué estás hablando?

-¿No te has enterado? -¿De qué?

¡Amor mío, habla ya, que no me entero!

¡No seas pesado!

-Mi padre ha hecho las gestiones que hacían falta con Bryce y...

la mantequería...

vuelve a ser tuya.

-¡Estás de chanza!

-No, no...

-¿Dices que puedo abrir la mantequería...

ya? -Mañana mismo si quieres.

-¡Ay! ¡Ay, Antoñito!

(ANTONIO RÍE)

-¡El día más feliz de mi vida!

-¡No, ese fue el de nuestra boda!

-¡Bueno, hasta hoy! ¡Ese ha pasado a segunda posición!, ¿eh?

¡Hay que poner todo como antes: las estanterías,

los pesos..., las baldas...! ¡Todo, igualito que estaba antes!

-Sí, lo ponemos como tú quieras. -¡Ay!

¡Ay, madre mía!

¿Crees que Fabiana y Servando querrán devolvernos lo que les dimos?

-Servando dará problemas, pero Fabiana le callará la boca.

-¡Ay! ¡Ay, mírala, ahí está!

¡Fabiana, Fabiana! ¡Venga! (RÍE)

-¿Qué pasa?

-¡Que mi suegro..., mi suegro me ha recuperado la mantequería!

¡Vuelve a ser mía, la puedo abrir ya!

-¿Qué me estás diciendo? ¿Eso es verdad?

-¡Sí! -¡Ay, Virgencita!

¡Ay, dame un abrazo, hija! ¡Ay, qué alegría!

¡Ay, qué alegría tan grande!

(AMBAS RÍEN)

-¡Ay! ¿Les importaría devolvernos

lo que les dimos de estanterías y eso?

-Pero ¡cómo me va a importar si eso es vuestro!

-¡Ay! -¡Vamos, que aún está embalado!

-(RÍE) -¡Hala, venga, vamos, vamos!

-¡Ayúdanos, amor mío!

Luego probamos esos quesos y chorizos, que nos gustan.

-Pero tú no cargas. -No...

¿Cómo estás, reina mora?

Mi amorcito...

-Muy mal, José Miguel...

Muy mal.

-¿Te duele la cabeza?

-Más bien el alma. Y el corazón.

¡Como que, si tuviera a ese Emilio delante,

no sé qué sería capaz de hacerle!

¡Hasta arrancarle la piel del cuello con mis propias manos!

-Eso sin exagerar.

-¡Ni un poco exagero!

¡Toda la vida queriendo proteger a la niña...

para que ahora llegue un camarero de medio pelo...

y nos la hunda...

y nos la desgracie y le deje el corazón roto!

-No es camarero, sino propietario.

-¡Es un cantamañanas y, por mí, como si fuera el papa de Roma!

¡Como lo vea, le clavo las uñas!

-Pero ¡no puedes seguir así! ¡Tienes que calmarte!

-¡No quiero!

¡Han hecho daño a nuestra hija,

a mi retoño, a lo que más quiero en esta vida!

¡Por Dios te juro

que le hundo la vida!

¡Y, no sé, que parece que no te importa, hijo!

¡Antes estabas más enfadado! -¡Y lo sigo estando!

¡Y tan preocupado como tú!

Pero ¡he reflexionado!

Y he visto que somos personas civilizadas

que solucionamos los problemas hablando.

-¡Mira, somos dos padres heridos!

¡No habrá campo suficiente para que corra ese sinvergüenza!

¡Como lo coja, le aplasto la cabeza!

-¿No te has preguntado...

quién es ese Ledesma, de dónde ha salido?

-¡A mí qué más me da!

¡A mí lo que me importa

es que su hija le va a quitar a la nuestra el marido!

¿O ya has olvidado

que Cinta renunció a su gira por Emilio?

¿O se te ha olvidado que rechazó al Boquerón por Emilio?

-¡Bueno, calla, calla!

¡Que me vuelvo a calentar!

-¡Cinta estaba ilusionada con su gira!

¡El sueño de tu hija era cantar, y es cantar!

¡Y él le ha robado su sueño! -¡Ya está bien, se acabó!

¡Lo voy a matar con mis manos!

-¿Dónde vas con ese brío?

-A leerle la cartilla a Emilio.

-¿Y para qué la guitarra? -¡Para rompérsela en la cabeza!

-¡Templa, que te pierdes! ¡Además, esa guitarra es cara!

-¡Que es un canalla!

¡Se va a enterar de quién es José Miguel Domínguez Chinarro!

¡No hará más daño a mi niña!

¡Quita, quita! -¡Ay, Jose, la niña!

-¿Cómo estás, cielo?

-¿Necesitas algo, mi vida?

-¿Bajo a por los dulces que te gustan?

No, no, estoy bien. -¡Ojú!

¡Tienes muy mala cara!

A ver, madre, estoy triste, pero bien.

Solo quiero que pase todo.

-¿Y cómo te ayudamos?

Lo primero es que se tranquilicen.

-¿Y lo segundo?

He hablado con Emilio.

Al parecer, su compromiso responde a un viejo acuerdo con ese Ledesma.

-¿Un viejo acuerdo?

No sé nada más, padre, porque no pregunté nada más.

Su compromiso es irrevocable, conque no hay más nada que hablar.

No quiero volver a oír de Emilio.

Ya forma parte del pasado, ya no existe para mí.

¡No quiero saber nada de él ni hablar más del asunto!

¿Creen que podrán respetar mis deseos?

Gracias.

(JOSÉ MIGUEL SUSPIRA)

Gracias, Sol.

-Felipe, buenas tardes.

-¡Don Ramón! ¿Cómo está?

Va a ser abuelo, me dijeron.

-Eso parece.

-Felicidades. -Muchas gracias.

¿Cómo está Liberto?

Ha llegado a mis oídos que Rosina deja Acacias.

Supongo que nuestro amigo no estará muy feliz con la noticia.

-Pues terriblemente triste.

Y alicaído.

Había pensado en invitarle a salir.

Podríamos ir a la tertulia del café del Este: es agradable.

-Me parece una excelente idea: así se distraerá un poco.

-¿Por qué no nos acompaña?

A Liberto le agrada verle.

-Será un placer. Le entretendremos. -Sí.

-Felipe...

Ardo en deseos de preguntarle algo,

pero temo molestarle. -¡Bah!

Dígame.

-Verá...

Hoy he ido a una reunión con mi hijo en el hotel Sintra...

y le he visto saliendo con Genoveva.

-¿Su hijo también me vio?

-No.

No quiero inmiscuirme en sus asuntos,

pero ¿está usted seguro de lo que está haciendo?

-Don Ramón, no se preocupe por mí.

-Felipe, está usted corriendo un gran riesgo.

No solo porque ella esté casada; es que su esposo

es Alfredo Bryce y es peligroso. -Don Ramón...

-Lo sé por experiencia. -Don Ramón, le agradezco

su preocupación, pero las cosas no son como imagina.

-¿Qué quiere decir?

-Que sé lo que me hago.

Confíe en mí.

-Sabe que puede contar conmigo, sé guardar un secreto.

-Lo haré.

A su debido tiempo.

Confíe en mí.

Con Dios.

-Con Dios.

¿A qué has venido, Susana?

-A hacerte una visita. No nos vemos desde el día del juicio.

-¿Qué quieres?

-Saber cómo estás.

-¡Estoy bien!

-¿No me lo vas a contar?

-¿El qué?

-¡Que te marchas de Acacias!

-Ah, eso.

-Sí, eso.

-¿Te ibas a Portugal sin decírmelo? -¡No!

¡Sí te lo iba a decir, pero he eludido la conversación

porque no quería discutir contigo!

-Yo tampoco quiero discutir, Rosina.

-Entonces, ¿podremos hablar como dos personas civilizadas?

-Como algo más.

Como dos buenas amigas.

-Ante todo, quiero darte las gracias

por las bonitas palabras que dijiste sobre Liberto en el juicio.

Estoy convencida de que fueron determinantes para su exculpación.

-Lo dudo.

-Pues yo estoy convencida de ello.

El retrato que hiciste de él

inclinó la balanza hacia el veredicto favorable y eso...

fue gracias a ti.

Y eso, querida amiga,

no lo voy a olvidar nunca.

Hablaste de Liberto...

como lo hacen las esposas enamoradas.

-¡No, no vayas por ahí, Susana!

-¡Es la verdad, y tú lo sabes! -¡No, la verdad

es que sigo muy dolida con él, mucho!

Pero no quería verlo en prisión y por eso hablé así en el juicio.

-Y yo te lo agradezco, Rosina.

Pero no he venido solo a darte las gracias.

He venido también...

a pedirte perdón.

-¿Tú?

-¡Me porté muy mal contigo!

¡Dije cosas horribles!

-¡Pues sí, lo hiciste!

-Pero tenía una razón. -¿Cuál?

-No soporto ver cómo dos personas que se quieren se separan.

¡Me da rabia,

me da impotencia ver cómo vuestro matrimonio se malogra!

-¡A veces esas cosas pasan! -¡No...

con dos personas que eran tan felices como vosotros!

-¡Éramos, tú lo has dicho!

-Rosina...

¡Espera!

Él está arrepentido. -(RESOPLA)

¡Lo sé, pero no puedo perdonarle, ahora no!

-¡No podrá vivir sin ti!

-¡Lo pasará mal al principio, como todo el mundo,

pero luego lo superará! ¡Nadie se muere de pena!

-¡Te pido que reconsideres tu decisión! ¡Piénsalo un poco!

-¡No hay nada que pensar!

-¡Acacias es tu hogar! -¡No!

¡Ahora solo es un agujero negro del que estoy deseando escapar!

(SUSANA SUSPIRA)

Rosina...

¡Tú estás enamorada de Liberto, te conozco bien y lo sé!

-¡Es que a veces, Susana, el amor no basta!

-No, no basta.

Pero ¿dónde está el sacrificio,

la lucha, la superación de los problemas?

¿O es que te has olvidado

de lo que luchasteis para estar juntos al principio,

los obstáculos...

que tuvisteis que sortear?

-¡Es que quizá me he cansado de luchar!

-Rosina, te lo pido por favor...

-¡Ay, no, no, Susana!

¡No, yo te pido que no insistas, la decisión está tomada!

Me marcho de Acacias, solo el tiempo dirá si regresaré.

Pero, de momento, te pido

que me respetes y que no insistas más.

-Está bien.

Sabes que te voy a echar de menos,

¿verdad?

-¡Tú más que nadie!

(SUSANA SUSPIRA)

(LOLITA RÍE)

Pues ya mismo, cuanto antes quiero abrirla.

-¡Qué alegría, Lolita!

Mis clientes preguntan por tu queso y tu membrillo.

-Pues dígales que en nada

la mantequería de Cabrahígo está abierta de par en par.

¡Dígales...! -Ramón...

estaba deseando contártelo, pero...

ha querido que fuese tu esposo quien te diese la buena noticia.

-¡Ay, Carmen, que se lleva a un hombre bueno!, ¿eh?

-¡Sí! -¡Es el más bondadoso del mundo!

¡Y listo, que, de no ser por él,

aún estábamos lamentándonos por la inversión en el maldito banco!

-Eso es verdad. Gracias a él,

ahora se puede decir...

que prácticamente todo el barrio se está recuperando económicamente.

-Gracias a él y a doña Genoveva, no lo olviden, sí.

-¡Ay, esa...! ¡Esa es de la piel de Barrabás!

¡La mayor decepción de mi vida!

-Está haciendo todo lo necesario para que la perdonemos.

-Jamás, ¿me oye?

-Jamás la voy a perdonar. -Se ha jugado

el cuello haciéndonos entrega de ese dinero.

¡Alfredo Bryce es un hombre muy peligroso!

-El más peligroso de los que yo he conocido.

Vamos, que a mí no me gustaría estar en la piel de esa mujer.

-Y parece arrepentida.

-Debería intentar perdonarla.

-¡Es que ha sido muy difícil sufrir sus maldades!

-Fue él quien caviló el plan.

¡Alfredo Bryce es el único artífice de los males que salen de esa casa!

Buenos días, Genoveva,

¿va a dar un paseo?

Así es. Parece que se ha quedado una buena mañana.

Camino, me han dicho que has recuperado el habla.

-Así es, señora. (RÍE LEVEMENTE)

Ya ve que los rumores son ciertos.

Y yo por una vez me alegro.

Señoras...

(LOLITA SUSPIRA)

¡Hola!

-¡Ay, señora Arantxa!

¡Ay! ¿Es verdad eso que dicen, que Emilio, el del restaurán,

ha dejado plantada a Cinta por otra moza?

-Bueno, eso es mentira podrida, ¿eh?

-Yo he oído que tenía un compromiso anterior

y que no puede incumplirlo.

Así que ha de casarse con otra. -¡Huy!

-¿Y con qué otra?

-Con la hija

de un señor que va mucho por el restaurán.

Se llama Ledesma.

-¿Y cómo está su señorita de usted?

-¡Pues cómo va a estar!

¡Hecha una compasión!

Está muerta en pena.

Da hasta angustia verla.

-¡Bueno, ya! ¡A Dios gracias, no todo son desgracias!

¡Que la Lola...

puede reabrir la mantequería! (ARANTXA GRITA)

-Pero ¿no se habían enterado? (TODAS) ¡No!

-¡Don Ramón ha hecho un trámite

y, al parecer, puede que la vuelva a abrir mañana

otra vez si quiere!

(ARANTXA) ¡Cómo me alegro!

¡Con lo que les gustan a mis señores su choricito y sus aceitunas!

-Me da a mí que a sus señores les gusta

todo lo que les dé contentura y les alegre el cuerpo.

-Pues, Marcelina, como a todo el mundo, ¿no?

-¡Bueno! -¡Huy!

-¡Ya estamos aquí!

¿Dónde está el armario ese del que os queréis deshacer?

-Está ahí dentro, primo.

-Ah. -Está claro

que en algunos asuntos hombres y mujeres no somos iguales.

-¿Iguales?

-¿Iguales? ¿Qué tontería es esa de que somos iguales?

¿Cómo va a bajar la Marcelina un armario así?

-¡Sí! -Me da a mí que Cesáreo...

habla de la noticia del periódico sobre el voto femenino.

-¿Y eso qué es? -En Noruega han aprobado una ley

por la que puede votar todo el mundo, hombres y mujeres.

-Eso es. (JACINTO RÍE A CARCAJADAS)

-Ajá. -¡En Noruega! (RÍE)

-A ver, Jacinto, perdóneme. -¿Sí?

-¿De qué se está riendo usted?

-¡De eso del voto de las hembras, que menuda chaladura! (RÍE)

-Yo que tú dejaría la chanza

o te borro la risa de un guantazo!

-Pues a mí no me parece ninguna chaladura, ¿eh?

¿Por qué no podemos votar, pues?

-¡Las mujeres no entienden de política!

-¿Y? -Hombre, yo no entiendo ni papa.

-¡Ni yo! -¿Lo ve?

-¡No, lo que veo son dos mujeres

a las que no les interesa la política!

¡Como hay muchos hombres a los que les pasa eso!

¡De ahí a que no nos dejen votar hay un trecho, y bien grande!

¡Lo que pasa es que los hombres siempre creen

que solo ellos pueden hacer cualquier cosa, y no es verdad!

¡Las mujeres podemos hacer lo que nos dé la gana!

-¡Sí! -Bueno, cálmese,

que hay muchas mujeres que no valen para el trabajo de fuerza.

-Sí, ¿eh?

¿Quiere que echemos un pulso, Jacinto?

A ver quién gana...

-Yo que tú me callaba, Jacinto,

que al final sales trasquilado. -Mira, yo lo que sé

es que tu tía Emiliana no sabía hacer la o con un canuto.

¡Como para que pueda votar!

-¡Eh! ¡Con mi tía Emiliana no te metas, que te esmorro!

-Y, además, aunque sea, ¿no puede votar por eso o qué?

-¿No hay hombres zotes que votan?

-¡Eso es!

¡Cómo que si hay, Cesáreo! ¡Bien cerca tenemos uno!

-No lo dirá por mí, ¿no?

¿Me está llamando tonto?

-¡Huy!

-Pues, hombre, Jacinto,

si no es usted capaz de ver

que hombres y mujeres somos iguales, ¿eh?,

igual un poquito tonto sí es.

(CESÁREO RÍE)

-Al armario.

-¡Huy!

Buenas tardes.

-¿Dónde estaba? ¡Le he estado buscando!

-Por ahí, visitando la ciudad.

-¿Visitando la ciudad?

¿Por qué ha ido a casa de Cinta, eh? ¿Cómo se atreve?

-¿Cómo te atreves tú a seducir a una chica

estando comprometido con mi hija?

Fui a verla para aclarar las cosas y que no se hiciera ilusiones.

¡No consentiré que te rías de mi Angelines!

Mi hija está a punto de llegar a la ciudad

y no permitiré que le hagas daño.

¡Y eso ocurrirá si te ve ennoviado con otra!

Le debes un respeto.

He hecho lo que debía hacer.

-Escúcheme bien.

¡No vuelva a acercarse a Cinta o...!

-¿O qué?

-Solo se lo diré una vez.

-¿Me estás amenazando?

-Es solo una advertencia.

-¡Tú a mí no me adviertes nada!

-Solo le digo...

que, como vuelva a acercarse a ella, vamos a tener problemas.

-¡Sobre todo tú!

-¿Qué ocurre aquí?

-Que su hijo es un maleducado, doña Felicia.

-¡Usted sí que...! -Detente, Emilio.

¡Tranquilízate!

-Eso es.

Hazle caso a tu madre, tranquilízate.

Es lo mejor que puedes hacer.

¡Es lo único que puedes hacer!

Ya nos veremos las caras.

-¡Lo siento!

¡Lo siento mucho, hijo! ¡Lo siento, de verdad! ¡Lo siento!

-Pero ¡madre!

¡Es terrible, madre!

-Yo también lo paso mal.

Pero ¡lo sabíamos!

Sabíamos que Ledesma aparecería

por aquí para cobrar lo que es suyo.

¡No podemos hacer nada!

¡Solo aceptarlo!

(SUSPIRA)

Mi padre y don Felipe, que nos animan a ir a la tertulia del café del Este,

y al final ellos ni aparecen.

-(RÍE) Les habrá surgido algo.

-Eso y que están ya un poco mayores para salir, ¿no?

-No diga eso delante de ellos si no quieren que se enfaden, ¿eh?

Se le ve de buen humor.

-Lo estoy, Liberto, lo estoy. Empiezan a pasar cosas buenas.

-¿El embarazo de su esposa?

-Bueno, obviamente, su embarazo,

pero también nos empieza a ir bien económicamente

y hemos recuperado la mantequería.

-¡Hum! Sí que le están pasando cosas buenas, ¿sí?

-¡Y ya era hora, Liberto! Lo hemos pasado muy mal.

Desde que metieron a mi padre en prisión.

-La vida es un tiovivo.

A veces se está arriba, a veces abajo...

-Sí. ¡Y ahora siento que estoy arriba, en lo más alto!

Tengo muchas ganas de formar una familia.

Tengo tantos planes

y ganas de prosperar...,

de convertirme en un hombre del que mis hijos se enorgullezcan...

Igual que yo me enorgullezco de mi padre.

Y también quiero que mi padre...

rehaga sus planes de boda con Carmen. Ella le hace muy bien.

-Sí... -¡No sé, Liberto, yo...!

Yo amo con locura a Lolita

y estoy convencido de que estaremos juntos toda la vida.

-Me alegra verle tan contento, tan feliz.

-Gracias.

Tampoco pretendo ser insensible.

-¡No diga eso!

No tiene por qué sentirse desgraciado si no lo está.

Me alegro mucho por usted, de corazón.

A pesar de que yo ahora esté en un momento bajo.

-Bueno, vendrán tiempos mejores.

A lo mejor doña Rosina tiene razón...

y ese viaje resulta ser bueno.

-¿Bueno?

-Sí, muchas parejas hallan la solución a sus problemas

estando separados, no sé, solos con sus pensamientos.

-Echarse de menos y no de más.

-Exactamente.

-Pero no creo que eso nos funcione.

Yo llevo mucho tiempo echando de menos a Rosina...

y es la mujer de mi vida, Antoñito.

-Lo sé.

-Y no quiero estar mucho tiempo lejos de ella.

-Le entiendo perfectamente.

-El problema...

es que creo que este viaje es el principio del fin.

El inicio de la ruptura definitiva.

-Pero ¿por qué? ¿Por qué lo tiene tan claro?

-¡No puede perdonarme, olvidar lo que le hice!

Dice que no puede volver atrás en el tiempo,

que solo eso nos salvaría, pero...

-Pero ¿qué?

-¡Claro!

¡Eso es, Antoñito, volver atrás en el tiempo!

-Creo que me estoy perdiendo algo.

-¡Debo dejarle!

¡Debo prepararlo todo, debe salir muy bien!

-¿Preparar el qué?

-¡Ya se lo explicaré! ¡Y gracias!

-Pero ¿adónde va?

(Puerta)

Pasa, Marcia.

Buenas tardes.

-¿Molesto, señor?

-Eh...

¿Qué quieres? Tengo prisa.

-He hecho "os trabalhos de casa". -(RÍE LEVEMENTE)

¿Los deberes?

Déjalos aquí, luego los corregiré.

Ahora no tengo tiempo.

-¿Se encuentra bien?

(Puerta)

(SUSPIRAN)

-Ve a abrir.

-Es la señora Genoveva.

-Hazla pasar.

Y déjanos solos.

-Señora...

Gracias.

¡No he dejado de pensar en ti

ni un solo segundo!

-Yo tampoco.

Vivo de los recuerdos.

Imagino tus labios besándome,

tu cuerpo desnudo.

¡Espera! ¡Espera, espera!

¿Qué ocurre?

Tenemos que hablar.

Me estás asustando.

Don Ramón nos vio salir ayer del hotel Sintra.

Es cuestión de tiempo que tu marido nos descubra.

Me da igual. A mí no.

Tu marido es muy peligroso.

Y es capaz de hacer cualquier cosa, sobre todo a ti.

No le tengo miedo. Genoveva...

Sé cómo acabar con Alfredo Bryce.

Alfredo tiene un secreto

que, de saberse, acabaría con su reputación para siempre.

Solo se me ocurren asuntos de faldas.

Asuntos de pantalones.

-Que nada se estropee por no cuidarlo.

Quiero que limpies al menos dos veces al mes.

(SUSPIRA)

-¿Cómo que dos veces al mes?

¿Es que está pensando en marcharse más de un mes?

-¡Ay, claro que sí, Casilda! ¿Qué te creías?

-Pues que iba a visitar a su hija, como la otra vez.

¿Qué fueron? ¡10 días solamente!

-¡Pues 10 días no me voy!

Quizá me vaya para siempre.

-"¿Fijaste una cita de tu esposo con su amante?".

¿Sabes dónde podemos encontrarle?

Solo sé que se llama Eladio.

Eladio Sánchez.

Si lo encontráramos,

eso mancharía su nombre para siempre.

Y hasta podría anular mi matrimonio...

y así poder ser libre.

Libre para estar con quien desee.

Tenemos que encontrar a Eladio Sánchez inmediatamente.

-Vosotras visteis como yo...

que Emilio quería a Cinta. Pero ¡si se le notaba!

(MARI) ¡Valiente embustero!

-Ahí ha pasado algo que ha cambiado las tornas.

-¡Lo mismo deshonró a la del pueblo! ¡Historias de esas hay a miles!

-O la dejó embarazada, ¿eh? Cuidado.

(CARMEN) "¿Y esa cara?".

-¡Felipe y Genoveva, los dos!

Ayer, por casualidad, los vi salir del hotel Sintra.

-¿Juntos?

-En amor y compañía.

-"No lo entiendo".

Créame que no lo entiendo. ¡Cinta es...

lo mejor que le podía pasar, y usted la deja escapar!

Pero ¿por qué?

¿Por qué no rompe su compromiso con esa mujer?

-Los compromisos no se rompen.

-Ramón, por muy amigo tuyo que sea,

se te escapa que don Felipe es un mujeriego de tomo y lomo.

Y que Genoveva es una mujer muy bella.

-Una mujer muy bella casada con un hombre muy peligroso,

un hombre que intentó atentar contra mi vida en aquel accidente.

-¿Crees que podría hacer lo mismo contra Felipe?

-Si descubre su infidelidad, sin duda.

-Quiero hablar con Marcia.

¿En persona?

Sí.

Cara a cara.

¡Estoy harto de la relación que mantiene mi esposa con ese...

abogado! -"Quiero pedirles ayuda"

para evitar que Rosina se marche a Portugal.

-Haremos lo que esté en nuestra mano para ayudarle, téngalo por seguro.

-Don Ramón habla en nombre de todos.

-Hablará por todos,

pero con lo terca que es mi amiga...

Cuando una persona se enamora,

se vuelve alguien débil, vulnerable.

¿Cómo osa hablarme así?

Solo intento que no se lleve

una enorme decepción con ese hombre, nada más.

-"Debes casarte con Angelines".

Siempre lo has sabido y ha llegado el momento.

-Pero ¡yo no la amo, usted lo sabe!

-Pero ¡tenemos un pacto!

Y los pactos hay que cumplirlos.

-¡Es que si pudiera volver atrás...!

-¿Te parezco un estúpido?

-¡No, señor!

-¡Bien!

Entonces, ¿cómo pretendes hacerme creer

que no sabes que estos dos son amantes?

-Es culpa mía que mi hermano deba casarse con Angelines y no con Cinta.

Madre, yo soy la culpable de lo que pasó en Valdeza.

Tu hermana, que está deseando montar a Nieve.

¿Sabes qué iba a consentir?

Besarme a cambio de montarla.

¡Lo que no estará dispuesta a hacer!

-¡No vuelva a acercarse a ella!

¡O se arrepentirá!

¡Ledesma está aquí para hacer que Emilio pague por ello!

-¡Calma, venga! (BESA)

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Acacias 38 - Capítulo 1056

16 jul 2019

Antoñito anuncia a Lolita que han recomprado la mantequería y ella emocionada lo pregona por todo el barrio.

Rosina está convencida de marcharse de Acacias, pero Liberto trama un plan para que se quede en el barrio.

Los Domínguez están furiosos por el compromiso de Emilio. Cinta pide explicaciones al joven y termina abofeteándole.

Alfredo amenaza a Marcia por no cumplir el trato que tenían respecto a Felipe. Genoveva se presenta en casa del abogado: “sabe cómo acabar con su marido.”

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  1. Manuel

    Hola. Me gustaría volver a hacer referencia al capítulo 1056 de esta gran serie que lo emitieron en su día ya comenzado. Por favor, si son tan amables, a ver si lo pueden arreglar para poder verlo completo. Muchas gracias.

    05 ago 2019
  2. Manuel

    Hola de nuevo. Parece ser que aquí escribimos comentarios para nada. Aún no han arreglado el capítulo 1056 que estaba empezado. Espero que lo arreglen, por favor. Gracias. Un saludo.

    22 jul 2019
  3. Manuel

    Por favor, reitero la petición del capítulo de ayer. Si son tan amables, arreglen el capítulo para que se pueda ver completo. De nuevo, muchas gracias.

    17 jul 2019
  4. Marcela

    Interpreto que por el Tour de Francia así como muchas veces por un feriado en España u otras circunstancias NO pasan la serie en su horario habitual o tambien saltean el día; si no me equivoco actualmente el capítulo que pasan por la television internacional está atrasado con respecto a los que vemos por internet

    17 jul 2019
  5. Victoria

    Efectivamente el capítulo es más corto y es que comenzó bien pero, de repente, se cortó la emisión durante algunos minutos y cuando volvieron, una vez solucionado el problema, ya estaban hablando Liberto y Rosina ... además se nota que el capítulo "comienza raro" con Rosina diciendo: "me atormenta"... continuación de un diálogo previo. En este caso creo que no se puede culpar a la serie, más bien me pareció que fue un problema técnico de TVE. Aprovecho para pedir que, en esta página, se informe de los cambios horarios de emisión de la serie, debidos a la transmisión del Tour de Francia. Gracias.

    17 jul 2019
  6. Marilu

    " Normalmente " los capítulos tienen una duración de entre 50' y 58' aproximadamente. el de hoy fue de 48:51, algo menos de lo habitual pero yo no noté ningún " corte " quizás lo que hubo fueron menos escenas del capítulo anterior que pasan como recordatorio antes del nuevo capítulo.- Varias veces opiné sobre el inútil de Antoñito, falto de iniciativas para salvar situaciones y " parar la olla", ya adulto y "JEFE DE FAMILIA " pero sigue siendo nene de papá, que siempre tiene a su padre disponible para " sacarle las castañas del fuego ", pero el nunca " agacha el lomo "

    17 jul 2019
  7. Manuel

    Hola. Acabo de ver el capítulo de hoy de Acacias 38, el 1056, y veo que está empezado. Han cortado buena parte del principio. No sé por qué cuando ocurre algo así le toca a esta estupenda serie. Por favor, si son tan amables, arreglen este error y pónganlo completo. Muchas gracias.

    16 jul 2019