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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1052 - ver ahora
Transcripción completa

¡Yo no tengo la culpa de que tu sobrino

haya tenido un escarceo con Genoveva!

¡No tengo la culpa de que ella le haya acusado de violación!

¡No tengo la culpa de que Úrsula haya testificado en su contra!

¡No tengo la culpa de nada, de nada!

¿Esto se va a quedar en una noche o volveremos a vernos?

Ahora que he probado tus besos, no podría vivir sin ellos.

¿Qué te dije? Que no te hicieras ilusiones con don Felipe.

-No te hice caso.

¿No ves que tú eres una criada?

¿No te das cuenta que don Felipe se va a juntar

con una señora?

No debería usted mentir a don Alfredo,

eso sería un terrible error.

Úrsula, ocúpese de tener la comida lista como le pidió mi esposo.

Camino perdió la voz tras perderse en el bosque.

Lo pasó muy mal. No sabía cómo volver a casa.

-Qué susto.

-No lo sabes tú bien.

-Aquello le creó un trauma, y hasta hoy.

-Uy, me ha dao un mareíllo, ¿eh?

-Mira, Lolita, vas a ir al médico quieras o no quieras.

-El pasado sigue estando ahí. Tarde o temprano te pasará factura.

Sabes que tu relación con Cinta es imposible.

-¿Un regalo para mí?

-"Poemas de amor". De Garcilaso de la Vega.

-Yo leía mucho de joven.

-De ahí que al verlo pensara en usted.

Usted estaba aquí conmigo. No pudo ver lo que pasó.

Mentí, sí.

Don Alfredo me obligó.

Han fijado la fecha para el desahucio.

-¿Cuándo? -Dos días.

Es para ustedes, para repartir entre todos los señores

que se han arruinao.

¿Qué os habéis creído,

que necesitamos limosnas como si fuéramos unos menesterosos?

Ha llegado un telegrama.

Y es de Ledesma.

-De Ledesma.

-Es lo peor que nos podía pasar.

Lo que llevábamos tanto tiempo evitando y temiendo.

-Maldita sea.

-Debemos encontrar una forma de librarnos de él.

-De eso nada.

Te he enseñado que hay que cumplir con los compromisos.

Tú tienes uno con Ledesma desde que ocurrió lo de Valdeza.

-Amo a Cinta.

-Sabías que no podías estar con ella.

Lo vuestro no podía ser.

Te lo he dicho una y mil veces, y siempre has hecho oídos sordos.

-Tiene que haber otra solución.

-Sí, la hay, tienes que romper con Cinta inmediatamente.

-¿Cómo voy a hacer eso?

-Muy fácil, échame la culpa a mí. -Eso no sirve de nada.

-Atender a Ledesma es tu obligación, y vas a cumplirla.

¿Crees que a mí no me hubiera gustado tener una vida diferente?

Pero es esta la que nos ha tocado vivir en suerte.

-Hola. -Hola, cariño.

-¿Ha pasado algo?

-No ha pasado nada.

(Sintonía de "Acacias 38")

Le...

-Le...

"Leisus".

-Casi. Lejos.

-Es verdad, siempre se me olvida.

Haz una frase con la palabra lejos.

-Brasil está muy lejos... -Lejos.

Lejos. -...de España.

-Muy bien. Haz otra frase.

-El señor, él y yo...

estamos muy lejos el uno del otro.

-No, Marcia, no, estamos entados en la misma mesa.

No estamos lejos.

Estamos...

cerca.

-Lejos.

Cerca.

"Perto...

e longe". -Muy bien.

Al final voy a aprender yo portugués.

¿Seguimos un rato más?

"Não, senhor. Tengo que passar a ferro sus camisas".

-Marcia, no se dice "passar a ferro".

¿Cómo se dice?

Plan... -Planchar.

-Planchar. Muy bien.

Marcia, ¿puedo hacerte una pregunta?

¿Sabes qué dicen en el altillo sobre la declaración de Úrsula?

Necesito encontrar algo

para demostrar que lo que dice es mentira.

Es verdad.

Mentí, sí,

pero había una razón, don Alfredo me obligó.

Eso no es una excusa.

Claro que no. ¿No ve que está condenando a un hombre inocente,

cómo ha podido hacerlo?

-No, señor, nadie ha dicho nada delante de mí.

-¿Estás segura?

-Piensa que pueden mandar a un inocente a presidio.

-Segura, señor.

Si lo sé, se lo diría.

He estado con dolores de cabeza y no...

he hablado con mis compañeras.

(Llaman)

Voy a abrir.

-Don Felipe, este sobre estaba en su puerta

a su nombre y sin remite. -Liberto, gracias.

"Mañana al anochecer seré tuya".

¿Algo importante?

-No. No, no, cartas de los juzgados.

Me mandan cartas por asuntos de trabajo.

-¿Los señores desean alguna cosa?

-No, gracias.

Si sigues con el dolor de cabeza, deberías ir a descansar.

-"Antes voy a planchar

sus camisas".

"Con permiso".

-Su criada es encantadora.

Ha tenido usted mucha suerte.

-Sí. Sí que lo es.

Aunque...

tengo la sensación de que me oculta algo.

-¿Sí? ¿Lo dice por algo en especial?

-Creo que hay algo que le hace sufrir.

Me gustaría ayudarla pero no sé cómo.

Vamos a lo nuestro.

Aquí está mi vida.

-Siento mucho que pierdas todo por mi culpa.

-No. No hay culpa que valga.

Solo de ese canalla de Bryce.

Juntos la montamos y juntos la desmontamos.

Ayúdame con esos sacos, anda.

-¿Qué hay dentro, que pesa como un demonio?

-Aceitunas de Cabrahígo,

cultivadas en las tierras del tío Robustiano.

Las ha comprado el dueño de la mantequería de la calle del Peral.

Ya que no podemos aprovecharlas,

por lo menos, que las venda otro.

Así ganamos unas perras, que no nos vendrán mal.

-¿Y se lleva algo más?

-Los frutos secos.

También he colocao algo más al dueño de un puesto del mercao.

Disculpe, no puedo atenderla,

es que un bellaco y su esposa, que no es mejor que él,

nos han robao el negocio.

Ya sabe que yo no tengo la culpa.

Hasta que le entregue las llaves al necio de su esposo,

este local es mío.

Si tiene a bien sacar sus sucios pies de aquí, se lo agradezco.

He intentado echarle una mano. Al cuello.

Lolita, tiene que creerme, voy a seguir intentándolo.

Amor mío,

¿me haces el favor de poner a esta pelandusca de patitas en la calle?

-No es necesario. -O lo haces tú o yo.

No es necesario, ya me voy.

¡Pos venga, aire!

Encima hace como que llora.

Hipócrita. -Lolita,

a lo mejor no hace falta ponerse así.

-Amor mío, estoy harta de que me pisoteen, ya no puedo más.

Así que si tú lo quieres aguantar, ea, es tu problema.

Pero a mí o me pisotean más.

Y esta miente.

No podemos quejarnos, que cada semana que pasa,

tenemos más clientes que la anterior.

-Buenas noches. ¿Todavía trabajando?

-Y sin cenar.

-Eso está arreglado, les he traído queso, chorizo y pan.

Que si no se cena y se duerme bien no se puede faenar.

-Muy agradecía, Carmen.

Servando, saque tres platitos y comemos un poco.

-A mí no, que ya he cenado. -¿En casa de Los Palacios?

-Sí.

Y hablando de ustedes toda la cena.

Ramón estaba disgustadísimo por la reacción de Susana

cuando han entregado el dinero.

Pues que se disguste,

que el desplante nos lo hemos llevao nosotros.

-Servando, ninguno podría pensar que eso fuese un insulto

a la dignidad de los señores.

-Y no era nuestra intención insultar.

Pero se ponen muy finolis cuando quieren.

-Y a pan regalao no le hagas ascos.

-A ver qué destino le damos ahora al dinero.

Porque a mí no me gusta llevarlo to el tiempo en la faltriquera.

-Habrá que decidirlo entre los del altillo.

-Pa algo bueno será.

-A mí me molestó lo que me dijo Jacinto que había dicho doña Susana.

"Ese cartel es un cartel sin gusto".

-"Un atentao al buen gusto".

Eso dijo. Y en eso estábamos de acuerdo señores y criados.

-Me da igual.

La sastra esa es una taruga.

Se tenía que haber hecho un cartel como Dios manda,

poniendo las cosas bien:

Colecta pa los ricos que ya no lo son tanto.

-Ande, corte chorizo ya y déjese de bravatas, que esto tiene un pinta

que se puede comer nada más verlo. -Vamos a ver.

¿De dónde es este chorizo? -Del Bierzo.

-Oh.

-Corte, corte.

(Llaman)

El señor Ignacio está aquí.

-Hazle pasar.

Déjanos solos, Marcia.

Don Ignacio, gracias por venir.

-Me ha extrañado su llamada.

Nunca hemos tenido un contacto profesional.

No ha representado mis intereses, y que yo recuerde,

tampoco ha pleiteado contra mí en nombre de nadie.

-No, no, no. Pese que soy abogado, no le he llamado

en el ejercicio de mi profesión.

Tan solo como un servicio personal hacia uno de mis clientes.

Disculpe que no se lo haya dicho. -No se preocupe.

Si me dice el motivo, se lo agradeceré.

-Tome asiento, por favor.

Verá, soy el abogado de don Liberto Méndez.

-El coleccionista de libros.

-Ajá.

Tengo entendido que fue esposo de doña Rosina.

-¿Fue?

-Sí. Estuvo casado con ella en segundas nupcias, ¿no es así?

-Verá, es por esto por lo que le he llamado.

-¿Qué tengo yo que ver con su segundo marido?

-Entre doña Rosina y don Liberto existe una separación temporal,

que mi cliente cree que se va a solucionar.

-No parece que doña Rosina opine lo mismo.

-La separación es circunstancial.

Tanto es así que, don Liberto no ha abandonado el barrio.

Sigue viviendo aquí, en Acacias 38.

-¿Comparte casa con doña Rosina?

-No, no, no, no, se han separado por...

por circunstancias que no vienen al caso.

Don Liberto vive aquí, en mi casa.

Tranquilo, que no va a aparecer.

Está en el ayuntamiento, ha ido a arreglar unos papeles.

Él no sabe que... quería convocarle ni que quería hablar con usted.

-Perdóneme, don Felipe, pero no entiendo nada,

ni qué hago, ni por qué me ha llamado ni qué tiene para decirme.

-Verá, mi experiencia como abogado

me ha llevado a pensar que a veces es mejor evitar los problemas,

que mediar para después solucionarlos.

Mejor prevenir que curar, que dicen los médicos.

-¿Y bien?

Quería...

avisarle, que no advertirle,

que doña Rosina está casada

y que su compañía podría ser malinterpretada por los vecinos.

Y que podría menoscabar

el buen nombre del que goza en el barrio.

-Si le digo la verdad, no entiendo si me está usted amenazando.

-No, por favor, no se lo tome así. Tan solo quería...

ponerle en preaviso para evitarle problemas futuros.

-Está bien, me doy por enterado.

Aunque no entiendo a qué ha venido esta reunión.

Si me disculpa, le pongo fin. -Está bien.

Lolita.

Ay...

Ea, pues ya veo que está todo vacío.

-El sueño de Cabrahígo ya es historia.

Con la ilusión que le puse para tenerlo fetén.

-La vida es así, mi niña,

pero no hay que llorar sobre la leche derramá.

Cuando se cierra una puerta, se abre una ventana.

-Ay, que me sale to mal.

-Hija mía.

¿Qué te pasa?

-Pues que no viene ni una sola noticia buena

y ya llueve sobre mojao.

-Cálmate y dime qué te pasa, a ver si te puedo ayudar.

-No puede.

Después de una noticia mala viene otra todavía peor.

Pero si no me dices cuál es...

-Esta mañana he estado en el médico.

-Dios mío, ¿estás enferma, hija?

-No, enferma no, mucho peor.

-¿Qué?

-Estoy en estao.

-¿Estás esperando?

-Fabiana, Fabiana, calle, que no lo sabe nadie.

-Pero eso es una noticia maravillosa como para celebrarlo por el barrio.

-Que no, Fabiana,

ahora no, ahora no es el momento, que mañana me quitan la mantequería

y con otra boca que alimentar. -Quía,

los rorros vienen con un pan debajo del brazo, ¿o no lo sabes?

-Ya, pero a ese pan hay que echarle chorizo, que lo sé yo.

Y no es solo eso, que no sé si mi Antoñito y yo vamos a saber hacerlo.

-Eso se nace sabiendo, mujer. ¿Y qué te ha dicho tu marío?

-No lo sabe.

-¿Y a qué esperas para decírselo, mastuerza?

¿Cómo que no lo sabe todavía?

Si se va a poner a dar volteretas de alegría.

-Que no se lo quiero decir, entoavía no.

-¿No estrás pensando...? -No. No, Fabiana.

Un niño es una criatura de Dios, me hace mucha ilusión.

Pero no sé qué hacer.

Es el peor momento de mi vida.

No sé cómo voy a salir de esta.

-Lolita,

hazme caso y míralo todo con optimismo,

que esta del embarazo es la notica buena que estabas esperando.

Que viene un Palacios nuevo al mundo.

Y oriundo de Cabrahígo, ¿se puede pedir más, mi niña?

-Tengo mucho miedo, Fabiana.

-Claro que tienes miedo, claro que lo tienes, normal.

Es el miedo de la madre primeriza.

Pero mírate, tan joven y tan llena de vida.

Todo irá bien.

Te lo digo yo. Además, ¿sabes qué?

Que tú no estás sola, mi niña.

Anda, ven aquí, ven aquí, ven aquí.

Ay...

Ay, mi Lolita tan grande y tan fuerte...

y tan pequeñita.

¿Me puede decir por qué tiene esa cara?

Acaba de volver con el amor de su vida

y después de pasar mil obstáculos,

tendría que estar contento, y en cambio,

parece que se le ha muerto un familiar.

-Nunca hay 1000 obstáculos, hay 1001.

-Es un cenizo, Emilio.

No me he cruzado con nadie tan fatídico en mi vida.

-Tengo motivos para desconfiar.

-¿Sí? Léamelos, que los hecho por tierra uno a uno.

-Si digo que tengo mis razones es que las tengo.

Y ya está, no hay más que hablar.

-Al final, Cinta sí que le va a dejar, pero por triste,

que es usted un triste.

Más motivos tengo yo para tener la cara larga y aquí me ve.

Por lo menos, intento sobreponerme.

-¿Es verdad que a partir de mañana pierden la mantequería?

-A no ser que ocurra un milagro,

pero no tiene pinta de que vaya a ser así.

Maldigo el día que Alfredo puso un pie en este barrio.

-Cuánto daño ha hecho ese hombre, ¿eh?

-Su madre tuvo la mala suerte de invertir dinero, pero no...

cometió la imprudencia de poner en riesgo el negocio familiar.

Yo desde luego fui un incauto.

-Todos lo fuimos.

Quien más quien menos.

A ver si los planes de su padre dan resultado

y podemos recuperarnos.

-Mi padre es un lince en los negocios,

pero.. el caso de Lolita y yo...

Creo que el daño ya está hecho. No creo que podamos recuperarnos.

-Después me llama a mí agorero, amigo.

Somos los dos tal para cual. -Pues no le digo que no.

Me voy con mi esposa, que ella sí que tiene problemas.

Con Dios. -Con Dios.

Y ya sabe,

si podemos ayudarle, solo ha de decirlo.

-Emilio.

-Camino, cada vez que te escucho hablar, me asusto.

-Espero no dejar de hacerlo nunca, me encanta hablar.

-Y yo también lo espero.

Me encanta oírte.

-Ayer escuché a madre que debías abandonar tu relación con Cinta.

¿Por qué?

-De nada sirve resistirse al destino y a las obligaciones.

Pero es injusto.

Cinta te quiere y tú la quieres a ella,

no podéis dejar de estar juntos.

-No puedo decidirlo yo.

-¿Y no vas a luchar?

-No vale la pena.

Solo serviría para alargar el sufrimiento de todos.

-Pero, no lo entiendo.

Cinta y tú estáis hechos el uno para el otro.

Incluso abandonó su gira para quedarse contigo.

-Camino, no lo entiendes.

Va a venir Ledesma.

Tengo que romper con Cinta aunque me duela.

Liberto.

Estaba pensando en usted.

Tengo lo que podrían ser buenas noticias.

-He recibido tan pocas últimamente, que ardo en deseos de conocerlas.

-Casilda y Agustina

van a declarar que doña Úrsula estaba en el altillo con ellas

en el momento de la agresión.

-Eso demostraría que su testimonio es falso.

-Bueno, el juez tendrá que aceptar la veracidad de sus palabras.

-¿Y por qué no iba a hacerlo?

-Casilda fue su criada. Y Agustina la mía.

El juez puede pensar que están mintiendo.

-Y Úrsula es la criada de don Alfredo,

también podría pensar que miente. -Cierto.

Pero eso lo hemos hablado muchas veces.

No es tan importante la verdad,

sino lo que piense el juez que es verdad.

El testimonio de las criadas puede ser provechoso,

pero puede ser infructuoso.

-Cuanto más me acerco al mundo de las leyes,

más turbio me parece todo.

-Recuerde la maldición, que tengas juicios y que los ganes.

El contacto con la justicia erosiona al más pintado.

-Ya me voy dando cuenta.

Anoche no pude dormir pensando en todo lo que podría salir mal.

No confío en que Genoveva repita su contradicción en el juicio.

-De nada sirve preocuparse.

Cuando lleguemos a ese río, ya lo cruzaremos.

-¿Y usted, confía en ella?

-Da igual lo que yo piense, lo que importa es el resultado final.

Intentaré manejar su voluntad, pero no le aseguro nada.

-Ojalá sea capaz. -En fin, voy a los juzgados.

Hablamos más tarde.

-Sí, yo vuelvo a su casa, que no quiero cruzarme con Rosina

y que se cree una situación incómoda entre ambos.

Luego le veo. -Con Dios.

Qué alegría verle, don Felipe.

Justo estaba pensando en usted.

Yo llevo horas pensando en tus besos.

Qué descarado. ¿Solo en mis besos?

Y en todo lo demás, claro.

Me muero de ganas de estrecharte entre mis brazos.

Lo mismo me ocurre a mí.

Pero calla, no nos vayan a escuchar.

Esta noche te veré y podremos abandonarnos

a eso que tanto deseamos.

Cuento las horas para que llegue el momento.

Te he visto hablar con Liberto, ¿era sobre el juicio?

Era uno de los puntos.

Me duele tanto. Ahora que veo a los vecinos a través de tus ojos,

solo deseo ayudarles.

Todo ha sido tan desgraciado

desde mi llegada, lo de Liberto, Lolita...

Ayer me echó de su tienda.

Yo solo busco ayudarla.

Es mucho el dolor que la quiebra del Banco Americano ha causado.

Los nervios están a flor de piel.

A veces se crean situaciones injustas.

Lo entiendo. Pero mi aprecio por Lolita es verdadero.

Si los planes de don Ramón salen bien, puede que todo se calme.

¿Qué planes?

Los vecinos están intentando conseguir dinero

para invertir en seguros.

Eso podría ayudarles a recuperarse económicamente.

Yo podría ayudar.

He hecho cosas de las que no estoy orgullosa,

pero demostraré que merezco que me quieran.

No veo cómo podrías hacerlo.

Te lo contaré esta noche.

Y ahora será mejor que nos vayamos

antes de que un vecino nos vea a solas.

Claro.

Esta noche nos vemos.

Hasta la noche.

Aquí tiene, habitación número seis, caballero,

allí encontrará sábanas y toallas limpias.

-Gracias.

-Como le iba diciendo,

yo nunca voy a entender a los señores.

Buscan dinero hasta debajo de las piedras,

y luego rechazan el dinero de la rifa.

-Ya lo hemos hablado, es cuestión de dignidad.

Ellos no van a admitir lo que les parece limosna.

-Gato blanco o gato negro, lo importante es que cace ratones.

-Eso es lo que pensamos nosotros, ellos no.

Ellos siempre tienen el sentido del honor presente.

Ya sabe usted, lo de más honra sin barcos que barcos sin honra.

-Como se nota que ha sido señora y vuelve a serlo.

Por eso entiende usted lo que les pasa.

-Sí, pero nunca dejaré de tener corazoncito de criada.

He pasado muchas fatigas,

pero también muchas alegrías en el altillo.

Y rodeada de la mejor gente del mundo.

-Agradecida, Carmen.

Bueno, a ver si don Ramón arregla to esto.

-Seguro que sí.

Ramón tiene más sentido común que el resto de los vecinos todos juntos.

-Tiene usted razón, porque mire,

yo no sé cómo desprenderme de to esto, que esto no es mío,

y a mí me preocupa andar con el dinero de los demás.

En fin, olvidemos ahora el tema de la famosa rifa.

-¿Qué se sabe de la boda?

-Ay, Fabiana, nada.

En los últimos tiempos, con el lío del barrio,

el cierre de la mantequería y los negocios,

ni se ha vuelto a mencionar.

-El lío que ha pasao y el que viene.

-¿Qué es lo que viene? Espero que no venga nada malo.

-Na, mujer, es una forma de hablar.

-Usted nunca habla a tontas y a locas.

¿Es que se avecina algo?

-Que no, que no, al menos que yo sepa.

Buenas, Lolita.

-Buenas.

-Uy, ¿estás bien? -Perfecta.

-¿Has tenido algún malestar?

-Cansancio de tanto limpiar, Carmen.

Que voy a entregar la mantequería sin una mísera habichuela,

pero limpia, que no pueda decir que soy una cochina.

-Pues tampoco deberías limpiar tanto.

-Eso va en una. No puedo consentir que me llamen guarra.

¿Tiene lejía para echarle al agua de fregar?

-¿Lejía? Sí tengo, pero no te conviene,

a ver si te vas a marear con el olor.

-Como si no hubiese fregado cienes y cienes de veces con lejía

sin que me dé un mareo.

-Está bien.

Anda,

toma, pero gasta cuidado. Agradecía.

-Hala.

(SUSPIRA)

¿Qué lees?

-Poesía, madre.

Gustavo Adolfo Bécquer.

-Léeme algo, recuerdo que te encantaba.

La rima 38, mi favorita.

"Los suspiros son aire y van al aire".

"Las lágrimas son agua

y van al mar".

"Dime, mujer,

cuándo el amor se olvida, ¿sabes tú adónde va?".

-No me acordaba que lo hacías tan bien.

-Gracias.

-Te veo muy romántica, hija.

-¿Me he perdido algo que las veo tan sonrientes?

-Mi hija leyendo poesía, lo hace tan bien,

que temo que se me haga actriz.

-¿Y no llego a tiempo para un bis?

-Léele algo a Cesáreo.

-Me da vergüenza.

-De la vergüenza no se come.

Lo haces tan bien, que merece la pena que te escuche.

-Está bien.

La rima siete, la del arpa.

"El salón en el ángulo oscuro de su dueño tal vez olvidada,

silenciosa, cubierta de polvo, veiase el arpa".

Voy a empezar a leer poesía.

O mejor, voy a pasar a diario a escucharla.

-Y lo bien que lo hace mi niña.

-Y la voz es cada vez más bonita. -Bueno,

me voy a sonrojar.

Voy a guardar el libro, que pronto empiezan las cenas.

-Cesáreo, quería pedirle disculpas.

No le creí cuando me dijo que escuchó a Camino hablar en sueños.

-No tiene que pedirlas.

El caso es que Camino ha recuperado la voz y la tiene muy bella.

-Lo pasé fatal cuando la perdió.

-Lo entiendo, pero insisto que lo importante es que Camino esté mejor.

-¿Desea tomar algo?

-No, voy a dar una vuelta por el barrio,

no vaya a ser que ahora que el atracador pelirrojo

ha pasado a disposición judicial, aparezca uno moreno, rubio o calvo.

-Vaya, vaya, estamos mucho más seguros con usted.

-Con Dios. -Con Dios.

¿Ya se ha ido Cesáreo?

-Sí. ¿Necesitas algo?

Si sales corriendo, le alcanzas.

-No, no importa, así hablo con usted.

Me ha dicho Emilio que va a venir Ledesma.

-No te preocupes por eso.

-No puedo no preocuparme por Emilio.

Me acuerdo de lo mal que lo pasamos en Valdeza.

-Espero que esta vez no sea así.

Tranquila.

Aquí es donde guardo el dinero de la rifa.

No veo el momento de entregárselo a quien sea.

-Lo entiendo perfectamente.

-Lo que no sé es si después del desprecio que hicieron algunos,

debemos hacer lo que habíamos pensao.

-O sea, doña Susana. -Eso, doña Susana.

No sé si después de cómo se lo tomaron doña Felicia y Susana,

mis compañeros van a querer

que el dinero vaya pa los señores,

que pa eso fue pa lo que se hizo la rifa.

-De veras lo entiendo. Solo puedo pediros disculpas

por la reacción que tuvo doña Susana.

Solo sentimos desprecio, don Ramón, cuando queríamos ayudar.

-Tenía que haber visto usted los décimos de la rifa.

Eran verdaderas obras de arte.

Si los vendemos enmarcaos, estarían en un museo.

-Me gustaría guardar uno.

-De los que no han tocao. -Claro, claro.

Pero haber, os explico,

yo sé de vuestra buena intención al ofrecer el dinero,

pero entended que algunos se lo tomaron como si fuera una limosna.

-No era nuestra intención.

-Hablaré con doña Susana para que se disculpe con vosotros.

Y yo os pido disculpas por adelantado.

-Bueno, pues aceptadas. Y por si acaso,

he hecho un nuevo cartel

para ver si este les molesta menos a los señores.

"Colecta

para colaborar con los 'danificaos'

por la quiebra del Banco Americano".

¿Qué le parece?

-Dos cosas, colaborar es con be.

Y no es "danificados", es damnificados, con una eme delante.

Lo demás bien.

No creo que doña Susana pueda molestarse por algo así.

-Prefiero que no mueva nada, don Ramón,

deje las cosas como están.

-¿No quieres que hable con doña Susana?

-A mí es que, la verdad, ya no me sale ayudar.

Después de habernos sentíos despreciaos...

-Te entiendo. -Mire,

yo prefiero hablar con el resto de mis compañeros

pa ver y decidir

si el dinero va pa ayudar a las señoras

o pa cualquier otra cosa que nosotras creamos que es justa.

-No solo te entiendo, sino que comparto tu parecer.

-Pues na, ya le vamos diciendo.

Y usted Servando, deje de comer pastas y ¡vámonos ya!

Creo que mi deber era contarle la situación.

-Sí, claro, se lo agradezco.

-Verá,

don Liberto no quiere que declare.

-¿Cree que quiero perjudicarle?

Lo que me faltaba. -No, todo lo contario.

Quiere evitar que se vea desfavorecida por asistir.

Que su nombre se vea en entredicho.

Tampoco quiere que esté presente en la vista.

-Pero es un momento importante.

-Lo es. Pero quiere protegerla.

Sabe que en esa sala se van a decir muchas mentiras

y que es posible que sufra.

-Bueno, si es lo que a él le parece mejor.

-Pero lo que le parece mejor a él

no es lo que me parece mejor a mí, que llevo su defensa.

-¿Quiere que yo vaya?

-Me parece imprescindible.

¿Qué va a pensar el juez si no se presenta?

Va a creer que lo da todo como cierto.

-Es que yo no estaba allí para verlo.

-Doña Rosina, le voy a ser sincero.

Es posible que allí se cite

las actitudes sexuales entre doña Genoveva y su esposo.

-Qué vergüenza.

-Entiendo que no le guste escucharlas.

Pero no va a ser la única a la que van a contrariar.

-Será mucho peor, se me revolverán la tripas por dentro, don Felipe.

-El juicio no va de la infidelidad de Liberto.

Va sobre si Liberto actuó de forma violenta

y en contra de la voluntad de Genoveva.

-Esa estaba deseando acostarse con mi marido

o con cualquier otro. -Le ruego por favor

que no hable mal de Genoveva, y menos en presencia del juez.

-¿No hemos quedado en que no iba a declarar?

-Es lo que pide él. Pero yo le pido por favor que lo haga,

a favor de él.

Y sin hablar mal de la parte contraria,

que podría resultar contraproducente.

-No sé.

-No hace falta que conteste ahora. Piénselo.

Pero piense también que Liberto está en un apuro.

-Ya lo creo, merecido. -Sí.

Sí, merecido.

Pero los que le queremos tenemos que ayudarle a salir de él.

Piénselo...

y cuénteme su decisión.

Señora, ¿desea que le traiga la merienda?

No, no quiero nada.

¿Una tila quizá?, parece nerviosa.

La tila tómesela usted,

que tiene más motivos para estar más nerviosa que yo.

Buenas tardes.

Vengo agotado.

¿No es la hora del té?

Úrsula, traiga té para mi esposo y para mí.

Y no tarde.

Déjame que te desanude la corbata.

Da gusto que le reciba a uno su esposa tan solícita.

No tenemos porque llevarnos mal.

Nos podemos hacer la vida más fácil el uno al otro.

Así es.

Desátame los zapatos.

Claro.

No es necesario, ya lo haré yo.

Quería comprobar hasta dónde estás dispuesta a llegar.

No deberías forzar la situación.

Tan solo trato de que nos llevemos como al principio.

Tal vez lo consigamos.

Todo depende de si compartimos los mismos objetivos sin fisuras.

¿Desean que sirva el té en la mesa?

No, aquí mismo, más informal.

Más propio de un matrimonio bien avenido, ¿no te parece?

Sí. Úrsula, sírvalo aquí.

Mañana hay un evento en el asilo de las lavanderas,

inician las obras de la reconstrucción del edificio.

Podríamos ir.

Nos conviene dar la sensación de matrimonio

que se preocupa por el bienestar de los más desfavorecidos.

Es un asunto de mujeres, ve tú.

Necesito que me des dinero para el donativo.

Hay dinero en la cómoda.

Alfredo. Eso son unas cuantas pesetas, calderilla.

La clase alta debe dar un donativo en consonancia.

Y...

¿en cuánto habías pensado?

Son una sobras muy costosas,

yo creo que deberíamos dar más de 5000 pesetas.

5000 pesetas.

Te has vuelto loca. Ni que nos regalaran el dinero.

Por favor.

Iré contigo.

Tratándose de una cantidad tan elevada,

no te dejaré ir sola.

Estaré encantada, es bueno que nos vean juntos.

Úrsula.

¿Señor?

He cambiado de opinión.

Sírvame el té en mi despacho.

Enseguida, señor.

Señora,...

puedo ayudarla a conseguir ese dinero.

¿Qué?

No va a tener que ir usted al asilo de las lavanderas.

Eso sí, no quiero preguntas.

Nunca sabrá de dónde lo he sacado.

Sé que tener descendencia es lo más bonito que me puede pasar,

un niño, una niña,

que me acompañe, cuidarle

y que me cuide cuando yo sea una anciana.

Es el regalo más bonito pa una madre.

Pero no sé qué me pasa.

Ni siquiera se lo puedo decir a mi Antoñito que estoy en estado.

Yo creo

que cuando pase lo de la tienda, se lo digo.

Le cojo y se lo cuento.

Las cosas de una en una.

Tengo la cabeza que no me da pa más.

(Puerta)

Viene alguien, luego hablamos.

-Lolita.

¿No está mi padre?

-No, ha salido a pasear con Carmen.

-¿Van a venir cenar? -No han dicho na, así que vendrán.

Estarán tomando una horchata en el parque.

-Mejor, así podemos hablar tú y yo...

tranquilamente.

Que... lo sé, lo sé todo.

-¿Cómo que lo sabes?

-Sí, no tiene sentido que lo sigas ocultando.

Sé que has discutido con Genoveva.

-¿Cómo no lo vas a saber?, si estabas delante.

-Ya, pero sé que tú pretendías que ella te ayudara a solucionar

el entuerto en el que nos ha metido su marido.

-Estaba dispuesta a agarrarme a un clavo ardiendo.

-Ya, pues no deberías.

Siéntate.

Lolita, no deberías confiar en ella.

Voy a contarte algo que hubiera preferido

no tener que contarte nunca.

-Algo sobre Genoveva.

-Antes de lo que ocurrió con Liberto,

ella lo intentó conmigo.

-¿Qué?

-Lolita.

Ella trató de...

despertar mis instintos más básicos,

pero te juro que no pasó nada, no pasó nada.

Yo solo tengo ojos para ti, te lo prometo.

-¿Trató de acostarse contigo?

-Sí, era...

era cuando estábamos indecisos con el asunto del Banco Americano

y mi padre trataba de frenarnos y hacernos entrar en razón

para no invertir.

-¿Y no te diste cuenta que quería algo, que te estaba engañando?

-No, yo solo pensaba que trataba de satisfacer sus deseos,

no pensé que fuera algo tan enrevesado.

-¿Y por qué no me lo contaste?

-Porque no quería enturbiar más la situación, así que yo,...

simplemente me alejé de ella.

-¿Y pa qué me lo cuentas ahora? -Porque te quiero

y porque no podía vivir con esto dentro.

Y porque creo que no te mereces sufrir por una amistad

que ella no merece.

Venga.

¿Me das un abrazo?

Ignacio, disculpe la tardanza.

-Han sido unos minutos.

-La culpa ha sido un poco suya.

Quería arreglarme y estar perfecta para venir a su encuentro.

-Se lo agradezco.

Me ha extrañado que me convocara en la calle.

¿No le importa que los vecinos la vean en público en mi compañía?

-¿Y por qué me iba a importar?

-Por la hora, es muy tarde.

Que se fastidien los vecinos, ni que fuéramos a hacer algo malo.

Ignacio, había pensado

en dar un paseo hasta los Jardines del Príncipe

y sentarnos allí a tomar una zarzaparrilla.

A usted le gustaba mucho, ¿no?

-Veo que se acuerda de nuestras visitas a la feria de San Sebastián.

Me acuerdo de la zarzaparrilla, del algodón de azúcar

de las almendras garrapiñadas... Es que últimamente

pienso mucho en esos días, la verdad.

-Días que no volverán, infelizmente.

-Bueno, tenemos que aceptar el paso del tiempo, ¿no?

Todos sabemos que no se puede dar marcha atrás.

De ser así, habría muchas cosas que no repetiríamos.

-Eh, cierto.

¿Le importa si nos sentamos un rato y hablamos?

-Bueno, como quiera.

-Me decía que habría cosas que no repetiría.

¿Cuáles?

-Si tuviera que hacer una lista

no habría papel suficiente para apuntarlas.

-Una de ellas, ¿mentirme?

-¿Mentirle yo? No sé a qué se refiere.

-A no decirme que su matrimonio seguía en vigor.

Que los libros que fui a comprar a su casa

eran de su esposo y que la oferta que hice era para él.

¿Quién soy?

¿Me das una pista?

La mujer más guapa de España.

No caigo. Ah,...

la reina Victoria Eugenia.

Te vas a enterar.

Que sepas que me he tenido que escapar de casa para venir a verte

ya que tú no te has dignado en aparecer.

Lo siento, amor mío.

Lo mismo mi padre saca el estoque de cuando toreaba.

¿Vamos a ir mañana a las barcas del parque?

Necesitamos un ratito solos y lejos del barrio.

No lo sé, depende del trabajo.

Pues vamos ahora a dar un paseo.

A estas horas no hay nadie y podemos sentarnos en un banco.

Es que tengo que cerrar el restaurante.

Si está todo recogido.

Además, tú tienes que volver a casa.

Si se enteran de que te has escapado, te van a castigar.

Emilio, no seas aburrido.

Tengo muchas ganas de estar contigo.

Venga, anda, si no se va a hacer más difícil.

Qué rarito estás, ¿te pasa algo?

Nada, es solo que tengo mucho que recoger y estoy muy cansado.

Anda, mañana nos vemos. De acuerdo.

Pero que sepas que mañana no te libras.

-Cinta, ya te he dicho que...

-Buenas noches.

Yo nunca le dije que no estuviera casada.

-Comentó que no sabía si volverían a estar juntos.

-No lo recuerdo. En todo caso,

¿eso hubiera cambiado su actitud hacia a mí?

-Claro que sí.

-No sé por qué.

-Me siento exactamente igual que aquella noche en la feria

de hace más de 30 años,

cuando nos subimos a la noria.

-La noche que me puse enferma.

-La noche que simuló ponerse enferma.

Justo cuando yo estaba a punto de declararle mi amor.

-Por favor, Ignacio, aquello pasó hace muchos años.

De verdad, ¿no se da usted cuenta?

Mis sentimientos no han cambiado desde aquel día.

Que buen sitio este, tiene que dejar sus dineros.

-Solo es un negocio familiar.

Apenas da para cubrir los gastos de la familia.

-Ya será algo más.

Todo un avance para la familia Pasamar.

¿Puedo?

-Haga lo que desee.

-Uy, qué rico, salmón. De esto no hay en Valdeza.

¿Qué tal están Camino y doña Felicia?

-Bien.

-Eres parco en palabras.

Mañana las veré y me responderán a todo lo que quiero.

-¿Dónde se va a quedar? -En una pensión en este calle.

Unos días.

En ese tiempo arreglaremos lo que me ha traído a Acacias.

Supongo que no habrá ningún problema.

-No, ninguno.

-Eso espero.

¿Qué, no me vas a invitar a un vinito?

"¿'Pasa algo'?".

Pasa que mi señor está muy contento

con la información que conseguiste.

Saber de antemano el plan que habían urdido Felipe y Genoveva

para que ella incurriera en una equivocación

ante el juez, le dio a mi señor ventaja

para poder abortar la estrategia a tiempo.

Gracias a ti,

don Liberto está más cerca de la cárcel.

Por eso, mi señor me ha dicho que te dé las gracias

y también que te diga que vamos a seguir contando

con tu inestimable ayuda.

Marcia, Marcia,

has hecho un buen trabajo, bonita de cara.

Marcia.

Aquí estás. -¿Cómo has entrado?

-Por la puerta de servicio, estaba abierta.

¿Por qué no te subes a cenar al altillo, ¿eh?

Ya es muy tarde, además, no andas muy católica.

-Ahora, ahora voy a subir, estoy esperando al señor.

-¿No está en la casa?

Justamente yo venía para repasar la declaración.

La señá Agustina y yo vamos a ayudar a don Liberto en el juicio.

Vamos a decir la verdad,

que la Úrsula no pudo ver nada, que estaba en el altillo con nosotras.

-"Tendrás que hablar con el mañana".

-Pues nada, hablaré con él mañana.

Yo me subo a cenar, que ya son horas. ¿Te vienes?

-Antes voy a recoger la cocina.

Sube tú.

-Aluego te veo.

(RÍE)

-No aguantaba más. No tenemos mucho tiempo.

¡Marcia, Marcia!

¡Eh, Marcia, Marcia!

Trae un vaso de agua, rápido.

Eh, Marcia, despierta. Vamos.

Marcia, eh.

Soy de los que piensan que en la vida solo se ama una vez.

A mí me sucedió con 20 años.

Lo que nunca imaginé es que me volvería a encontrar con usted.

¿Marcia sabía que tú y Agustina ibais a declarar a favor de Liberto?

Sí, sí. Es más, ella nos vio discutir con la Úrsula

sobre el asunto.

Perdí la voz con lo que pasó en Valdeza.

Justo ahora que la recupero aparece Ledesma

para recordarnos que aquello siempre nos perseguirá.

Los individuos que nos proporcionaron a Marcia

piden un segundo pago.

Creí que ya habíamos pagado lo acordado.

Exigen renegociar la cantidad. Eso es inasumible.

Y yo solo quiero decir: ¡que mal rayo les parta!, ea.

-Que sirva el dinero pa botica. -Por Lolita.

-(TODOS) ¡Por Lolita!

He dicho la verdad,

que es usted una mujer casada a ojos de Dios y de los hombres.

-¡¿Quién se cree que es, mi párroco, mi confesor?!

¿Cree que necesito que me recuerde mi estado civil?

Maldito Bryce y la madre que lo parió.

Ahora

que se ha ejecutao lo de Lolita, qué no hará con nosotros.

Le dije que podía conseguir lo que necesitara

por muy alta que fuera la suma.

Pero que no quería preguntas. Respetaré el trato.

No olvide jamás todo lo que me debe.

Con ese cartel daba la impresión de que éramos unos pelagatos.

Y es así como nos consideran.

-Lo hicieron con su mejor intención.

-La intención no basta.

Somos señores y nos deben un respeto.

¿Y ese dinero?

-Es de doña Genoveva.

Si no he entendido mal,

está dispuesta a dárselo a los vecinos

para que inviertan en los seguros.

-¿Qué quiere?

¿No me vas a presentar?

Es que tengo que marcharme. Con Dios.

-¿Quién es la moza?

-Nadie, una clienta del restaurante.

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Acacias 38 - Capítulo 1052

10 jul 2019

Felipe transmite a Rosina la negativa de Liberto a que declare en el juicio, quiere evitarle el mal trago de recordar su infidelidad. Marcia continúa filtrando información a Alfredo sobre la defensa de Liberto.
Ledesma, el remitente del misterioso telegrama que recibió Emilio, llega al barrio. Felicia nerviosa, ordena a Emilio romper con Cinta. ¿Quién es Ledesma y qué relación tiene con los Pasamar?
Lolita discute con Genoveva por el desalojo de la mantequería. La de Cabrahigo está tensa, no es solo la pérdida de su negocio, sino que, como desvela a Fabiana ¡está embarazada!
Genoveva descubre el negocio de los seguros que propuso Ramón a las gentes del barrio e intenta sacar dinero a Alfredo para ayudar a los vecinos y limpiar su nombre.

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  1. Saro

    Hola Marilu! ... respecto a la pregunta que me haces acerca de Liberto, te diré que, en el capítulo 1045 hay un comentario de María con el que me sentí totalmente identificada, ya que expresaba exactamente lo mismo que yo pienso al respecto, motivo por el cuál decidí no comentar nada más.

    pasado jueves
  2. Marilu

    Hola Saro, se te extrañaba ya que hace mucho no se leen tus habituales comentarios. ¿ que opinás de tu " amado " Liberto y sus andanzas? JAJAJA.- Bueno, con respecto a Gonzalo Trujillo no me parecería bien que vuelva interpretando OTRO personaje, a menos que lo hagan pasar como un, hasta ahora desconocido, hermano gemelo de Mauro; quizás, aunque el como comisario no tuvo un trabajo MUY exitoso, podría volver como sustituto de Mendez, que tampoco es de lo mas eficaz ni destacado.- Ahora quisiera referirme a la pareja Antoñito/Lolita: ella parece la " Gata Flora " ¿ la conocen ? y el un inútil, lamentando sus pérdidas económicas pero NO SE ARREMANGA para trabajar en algo y llevar adelante su casa; quisiera saber QUE HACE durante todo y todos los días; esto lo pienso también de Liberto y de Jóse

    pasado jueves
  3. Saro

    Acabo de leer que GONZALO TRUJILLO vuelve a Acacias; no sé si lo hará como Mauro San Emeterio o dando vida a otro personaje. Sea como sea, para mí es una GRAN NOTICIA porque Gonzalo es un actor extraordinario al que he echado mucho de menos. ¡¡¡ Enhorabuena Gonzalo !!! y deseando volver a verte en acción.

    pasado jueves
  4. jose waldoks

    En capitulo 1052 no hay posibilidad de leer simultaneos en castellano

    10 jul 2019