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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1051 - ver ahora
Transcripción completa

-A mí lo que más me ha impresionao ha sido lo de Camino,

que se ha lanzao al cuello del ladrón

y ha estao a punto de detenerlo.

¿Estás molesta porque fuera con otra persona?

-Yo sé perfectamente cuál es mi lugar, solo soy una criada.

Hoy es un día muy importante para nuestros intereses,

espero que estés a la altura.

Haré lo que debo, no lo dudes ni un instante.

-¿En qué quedamos, señora? ¿Fue en el salón...

o en la entrada de su casa?

Tales contradicciones solo pueden tener una explicación:

que todo sea una invención sin fundamento.

Señoría,... debería considerar desestimar la denuncia

sin más consideraciones.

-Señoría,... todavía falta escuchar...

a nuestro testigo.

No lo entiendo, quizá el banco tenga pulgas.

Por eso nos pica todo el cuerpo.

Rápido, busquemos otro lugar donde resguardarnos.

-Señor juez, la testigo.

Pude ver al acusado tratando de forzar a mi señora.

-¡Miente!

¿Qué está pasando aquí?

¿Qué guarda?

No preciso escuchar más, se admite la denuncia.

El acusado irá a juicio.

Emilio y yo estamos enamorados, y nadie nos va a poder separar.

Agárrense, porque hemos recaudao la friolera de 200 pesetas.

-O 40 duros, si lo preferís más redondo.

Estoy harto de tus tejemanejes. Alfredo, escúchame.

No, escúchame tú.

Si me juegas una vez más, atente a las consecuencias.

-"No creo que tarden en dar" con el ladrón de anoche.

-"Imagínese que vuelve y se las hace pagar".

-¡Cesáreo, cuidado!

-¡No te muevas, canalla!

Su esposo le ha golpeado.

(LLORA)

Tranquila.

Aquí está a salvo.

En sus brazos me siento segura.

Me siento protegida lejos de todo mal.

Descuide, aquí lo está.

Así que, tranquila.

Ese hombre es un endriago, un bestia,

un cobarde.

Todo el que pega a una mujer lo es.

No sabe lo mal que lo he pasado, Felipe.

Pero ¿por qué le ha pegado?

Ha descubierto que tenemos un pacto, no sé cómo pero lo sabe.

¿Quién se lo ha dicho?

No lo sé.

Sabía que queríamos incurrir en una contradicción

para invalidar mi testimonio y que Liberto se librara del juicio.

No entiendo cómo ha podido enterarse.

Felipe,

yo no sabía que Úrsula iba a testificar.

Cuando vi a esa mujer entrar en la audiencia,

pensé que había sido víctima de una trampa

y que usted estaba al corriente.

Le prometo que yo no sabía nada,... se lo hubiera contado.

Téngalo por seguro.

Estoy muy arrepentida por lo que le he hecho a don Liberto.

¿Me cree?

Agradezco su sinceridad.

Y sobre todo, que no tenga nada que ver con las argucias de su esposo.

Absolutamente nada.

¿Qué ocurre?

-Misiva para el señor.

-Gracias.

Es una carta de don Liberto.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Cómo te has enterado?

-¿Tienes un pretendiente, no lo niegas?

-No lo tengo. ¿Cómo te has enterado?

-¿Qué más dará cómo me he enterado?

Estás pelando la pava con otro hombre.

¿Tan pronto te has olvidado de Liberto?

-No estoy pelando la pava, ¿crees que tengo 10 años?

-A juzgar por tu comportamiento, eso parece.

-Don Ignacio es un reputado y prestigioso comprador de libros

enviado por tu sobrino, y es un antiguo conocido mío.

Y no estoy pelando la pava con él,

aunque podría hacerlo, estoy en mi derecho.

-¿Cómo te atreves?

Tu esposo está a punto de ser juzgado.

-Mi esposo me ha sido infiel con Genoveva.

-¿Y? Es un hombre.

Tienen necesidades diferentes a las nuestras.

Somos distintos. -¿Que qué?

-Lo que has oído.

-¿Liberto puede irse con otra mujer y yo no con otro hombre?

-Lo que creo es que no es de buena esposa lo que estás haciendo.

Una buena esposa está al lado de su marido, a las duras y a las maduras.

-¿Incluso cuando el marido le es infiel?

-Si es infiel como la mayoría de los hombres, te aguantas y apechugas,

como hacen la mayoría de las mujeres del mundo.

-¡Voy a hacer como que no he oído lo que acabas de decir!

¡Yo no tengo la culpa de lo ocurrido aunque intentes convencerme!

¡Yo no tengo la culpa

de que tu sobrino haya tenido un escarceo con Genoveva!

¡No tengo la culpa de que ella le haya acusado de violación!

¡No tengo la culpa de que Úrsula haya testificado en su contra!

¡No tengo la culpa de nada, de nada!

Si me disculpas, tengo muchas cosas que hacer.

-¡Oh! No hace falta que me eches, me voy yo.

Llévenlo al comisario Méndez, él sabrá qué hacer con él.

Camino, me has salvado la vida.

Menudo grito has pegado, no sé si me he asustado yo más o el ladrón.

Aún estoy impactado, no solo por el asalto de ese maleante,

sino por... haberla oído hablar.

Le dije que la había oído hablar.

-Ya.

Mañana mismo la llevaré al médico.

Hace mucho que no usa sus cuerdas vocales.

Si nos disculpa, tenemos que irnos. Aurelio,

encárgate de cerrar, por favor.

Con Dios. -Con Dios.

-¿Cómo te encuentras?

-Me...

me cuesta un poco,

madre.

-Ojalá,...

ojalá hayas recuperado la voz para siempre, hija.

Vamos a casa.

¿Va todo bien? ¿Tiene Liberto algún problema?

No.

Me dice que esta noche la pasará en casa de un amigo del Ateneo.

Le vendrá bien alejarse del barrio.

Demasiadas emociones.

Sí, así es.

Todo lo que hay aquí le... altera y le remueve a partes iguales.

Lo siento.

Siento lo que le he hecho a ese hombre.

No se martirice.

Sentí miedo, Felipe. Tiene que creerme.

Alfredo puede ser muy peligroso si no se hace lo que él desea.

Y yo he podido comprobarlo.

Usted no es culpable de nada, tan solo es una víctima.

No tuve que casarme con él.

No. No debió hacerlo.

Pero la entiendo.

Supongo que se sentía desprotegida tras la muerte de Samuel.

Y con Cristobal Cabrera acechándola,

buscó refugio en los brazos de Alfredo Bryce.

No tuve que hacerlo.

Me temo que fue peor el remedio que la enfermedad.

Toda mujer necesita a un hombre fuerte a su lado.

Ojalá se hubiera cruzado usted antes en mi vida.

Ojalá le hubiera conocido entonces como le conozco ahora.

Ojalá hubiera percibido su fortaleza en ese momento.

¡¿Cómo te atreves?! ¡¿Cómo has podido ser tan descará?!

-Que te va a dar un tabardillo. -Que me dé,

así me caiga redonda al suelo.

¡Tu hija me ha avergonzado delante de todo el mundo!

¡¿Cómo se te ha ocurrido besar a ese chico delante de todos?!

¡¿Por qué?!

¿Por qué? ¿De verdad quiere saber por qué?

Porque se lo merecía, la vergüenza y todo.

¿La estás escuchando?

¿Quién empezó? Usted y doña Felicia actuando a nuestras espaldas

intentando fastidiar nuestras citas.

¡Llegó a aliarse con su enemiga para fastidiarme a mí, a su hija!

¿O acaso miento, padre?

Padre, diga algo.

-En eso la niña tiene razón.

-¡Encima defiéndela!

-No la defiendo, pero es verdad que tú y Felicia hicisteis eso que dice.

¡Eso y mucho más, que boicotearon nuestros encuentros!

Nos han mentío, nos han saboteao,

nos han engañao...

Templa tú también. ¡Ya está bien!

Reconocer que las dos habéis cometido errores.

Las dos os habéis equivocao.

Y no podéis andar a gritos.

Cielo mío, reina mora,

tú no tuviste que conchabarte con Felicia pa fastidiar sus encuentros.

Ea. Ea no.

Y tú,

tú no tuviste que besarle en la calle

delante de todos avergonzando a tu madre.

-De acuerdo. Quizá no tuve que boicotear tus citas,

pero lo hice por ti.

¿Por qué crees que me rebaje a asociarme con esa tirada

si no es por tu bien?

¿Por mi bien? ¡No quiero que te hagan daño!

Emilio te lo hizo una vez y temía que volviera a hacértelo de nuevo.

No soporto verte sufrir y no soporto ver cómo te rompen el corazón,

esa es la verdad verdadera.

Cinta, eres mi hija,

y paso un calvario cada vez que alguien te hace daño.

Madre, no se tiene que preocupar por eso.

Emilio no va a fallarme.

Me quiere.

Y me quiere de verdad.

Espero que tengas razón.

-Canelita,

tu madre ha reconocido su error,

ahora te toca a ti pedirle perdón, venga.

De acuerdo.

No tuve que besar a Emilio delante de todo el mundo,

no quería avergonzarla.

Pero es que besa tan bien...

¡Cinta! Pero...

Lo siento. Es la verdad.

-Esta niña...

-Ven pa'cá, ven.

Y tú.

(RÍE)

Esta noche ha sido... Increíble.

Mágica.

¿Sabes?

A tu lado siento que ya no le tengo miedo a Alfredo.

¿Por qué no nos quedamos en la habitación?

Ya te he dicho que tienes que marcharte.

¿No quieres que me quede? ¿Ya te has cansado de mí?

No, no es eso.

Pero Liberto y Marcia están a punto de llegar,

no quiero que te encuentren aquí.

Lo de Liberto lo entiendo, pero Marcia...

¿Qué más te da lo que piense de ti una criada?

No quiero que hablen de ti en el altillo.

Tenemos que intentar que no peguen la hebra sobre nosotros.

Solo te estoy protegiendo.

Y no sabes lo bien que eso me hace sentir.

Venga.

Ya te he dicho que tienes que irte.

Felipe,

¿esto se va a quedar en una noche o volveremos a vernos?

Ahora que he probado tus besos,

no podría vivir sin ellos.

Y sin tus caricias.

Y mucho menos, sin tus miradas puesta en mí.

No me hagas que piense en ello.

Sería una loca si lo hiciese.

Me harías un hombre infeliz.

El hombre más infeliz del mundo.

Adoro escuchar esas palabras,

sentirme responsable de tu felicidad

y saber que esta pasa por hacer lo que más deseo en este mundo,

estar junto a ti.

Por eso... tenemos que ser cautos y no estropearlo.

Todo sacrificio es poco

para la recompensa que nos espera.

Por cierto,...

¿cómo supo Alfredo de nuestro pacto?

No lo sé. Te aseguro que yo no se lo dije.

Está bien, no le des más vueltas.

Pero ten cuidado.

Ten mucho cuidado con tu esposo.

Y sobre todo, no te enfrentes a él, ¿me lo prometes?

Te lo prometo.

(Llaman)

A ver si se resuelve el asunto de mi señor.

-Buenos días.

-Señá Agustina, ¿qué hace de pie tan temprano y sin motivo?

-Ay, la costumbre, hija.

-El cuerpo, que es como un reloj. ¿Quiere café?

-No, solo leche, gracias.

-Enseguidica se lo sirvo.

-¿Cómo está tu señora?

-No voy a engañarla, Agustina, está muy malamente.

Anoche, cuando fui a prepararle la cena,

estaba hecha carbón: triste, apená y con la cara descompuesta.

-¿Por su esposo? ¿Qué ha pasado?

¿Va a ir a juicio?

-(ASIENTE)

-Pensé que don Felipe le sacaría del apuro.

-Y yo, yo también, pero no pudo ser.

No sé qué ha ocurrido, pero el juez le ha mandao derechito a juicio.

-Cómo no va a tener mala cara tu señora con tan malas noticias.

-También ha discutío acaloradamente con doña Susana.

Sabe usted que ellas dos eran muy amigas, así que está muy afectada.

-¿De qué discutieron?

-Eso no lo sé, una no se mete donde no la llaman.

-Sabe Dios que yo tampoco. Voy a asearme.

-"Bom dia". -¿Aún estás así, muchacha?

¿No sabes que a don Felipe le gusta despertarse con olor a café?

-Sí, voy volando, señora.

-Marcia, ten, un vasito de leche, te sentará bien.

¿Y ese semblante que me traes?

¿Aún sigues con el asunto de tu señor en la mollera?

¿Qué te dije? Que no te hicieras ilusiones con don Felipe.

-No te hice caso. -No me lo hiciste, no.

No te tenías que haber estusiasmao con él.

-Un poco tarde, ¿no?

-Pues ahora te va a tocar sufrir lo que no está en los escritos.

¿No ves que tú eres una criada?

¿No te das cuenta que don Felipe se va a juntar

con alguien que sea como él, con una señora?

Perdona.

Luego, en el almuerzo si quieres, vamos a dar un paseo.

Eso te sentará bien, tomar aire fresco.

-Vale.

-Vamos a ir a los Jardines del Príncipe.

-Adiós. -Adiós, Anita.

Vamos a dar un rodeo la mar de bonico.

Y te voy a invitar a un barquillo, que eso quita las penas.

Además, hay un barquillero viejo muy simpático, y cuenta unos chistes

el hombre, qué gracioso es. Te vas a animar escuchándolo.

-Gracias, Casilda, voy a trabajar.

-Pero si no te has tomao la leche.

-No tengo hambre.

-Marcia, ten cuidao,

no vayas a caer enferma.

-"Eso es lo que me merezco, una enfermedad".

Adiós, Casilda.

(Motor de coche)

Buenos días, doña Rosina. ¿Quiere un café?

-Lo serán para usted. Sí, doble, en taza grande.

-Aurelio, un café doble en taza grande para la señora.

¿Cómo ha ido la audiencia?

-¿No lo sabe?

-He oído rumores.

¿Es cierto que Úrsula testificó contra su marido?

-Sí, esa bruja se sentó ante el juez

y soltó por esa boca una sarta de mentiras,

que Liberto agredió a Genoveva. -Era el testigo sorpresa.

-Esa es una demonia como mi cabeza de grande.

-No le voy a contradecir

ni una pizca de nada. Tiene toda la razón

y motivos para estar enfadada. -Es una embustera.

-Nadie creería que Liberto es capaz de asaltar a nadie a traición.

-Claro que no. Mi marido cometió el pecado de la lujuria,

pero todos saben que no es ni un acosador ni un maleante.

-¿Y por qué ha hecho eso Úrsula?

¿Por qué ha testificado contra su marido?

-Creemos que tras su actitud, está la mano de Alfredo Bryce.

-Eso tiene todo el sentido.

-Claro que lo tiene.

Esa arpía trabaja para Alfredo,

si este le pide que taconee, esta va y lo hace.

-Y si le pide que mienta, que testifique contra él,

también lo hará. -¿Y quién paga el pato? Liberto.

-¿Y cómo está de lo otro?

De su discusión con doña Susana.

-Pero ¿ya se ha enterado? Si pasó ayer noche.

-Ya sabe cómo es este barrio.

Las noticias vuelan como saetas.

-¿Qué pasa, que vino anoche a contárselo?

-Esta mañana temprano.

Ya sabe que desayuna pronto.

-Y conociendo a Susana, también sabrá el motivo de la discusión.

-Don Ignacio es su amigo, ¿no?

-Cómo le gusta darle a la húmeda a mi costa.

Es una entrometida, una cotilla.

-Temple, que es nuestra amiga.

-No, las amigas no enredan.

-Ella vela por su reputación para que no la pongan de vuelta y media.

-¿No tengo derecho a que un amigo me visite después de mi separación?

Es un amigo de la infancia.

-Así es esta sociedad, que critica sin sabe.

Y cuando a una le plantan el san Benito,

no hay quien se lo quite.

En parte, a gente como Susana, que a veces es más papista que el papa,

parece la policía de la moral.

¿Y sabe qué?

No voy a dejar de ver a don Ignacio.

Si quieren pegar la hebra a mi costa, que la peguen.

-Chist, lo que usted diga, doña Rosina.

Pero tranquilícese, por favor.

-Buenos días,

doña Rosina. -Buenos días.

Su hija me ha hablado. ¿No era muda?

-Usted lo ha dicho, lo era.

(Se abre una puerta)

Úrsula, por favor. Señor.

Sirva la comida pronto, hoy tengo trabajo y de andar ligero.

Ah, y que la comida no sea muy pesada.

Como ordene el señor.

Yo comeré sola más tarde.

¿No me acompañas? No tengo apetito.

Úrsula, por favor, déjenos a solas.

¿A qué viene ese desaire conmigo?

¿Qué desaire? Esa actitud altiva ante mí.

¿Estás enfadada?

Por que soy yo el que debería estar ofendido.

No solo por lo que hiciste en la audiencia, sino...

porque no has pasado la noche en casa.

¿Dónde has estado?

En el mismo hotel donde he pernoctado otras veces.

Vaya, ¿y eso por qué?

No me sentía segura en esta casa.

No te sentías segura a mi lado, querrás decir.

Alfredo, me golpeaste.

Por favor, no dramatices.

Eso fue un golpe, apenas te rocé.

El día que te golpee de verdad, notarás la diferencia.

Además, te lo merecías por lo que hiciste en la audiencia.

Ya te pedí perdón por ello.

A veces con el perdón no basta.

Tenía que recordarte que esto no puede volver a suceder.

No le des más vueltas, pero ten cuidado.

Ten mucho cuidado con tu esposo.

Y sobre todo, no te enfrentes a él.

Así me gusta,

que seas un esposa dócil y obediente.

Y ahora, si me disculpas, tengo mucho trabajo por delante.

Señora.

¿Pasó la noche en ese hotel?

¿A qué esa pregunta?

No me dijo nada y siempre me avisa.

Improvisé.

No debería usted mentir a don Alfredo,

eso sería un terrible error. Úrsula,

ocúpese de tener la comida lista como le pidió mi esposo.

Dinos algo.

¿Qué... quieren que les diga?

-No, no, a mí trátame de tú.

Ya bastante raro se me hace oírte hablar.

-Además de verdad, parece como que estás hablando con mi madre.

-No hagas gestos, que no hace falta.

-Ay, claro.

-Bueno, pues de tú.

¿Qué queréis que os diga?

-Oh, dinos su nombre.

-Don Lucio.

-No, no, donde está sentao.

-Ah. Silla.

-Bueno, y ahora, algo más complicao, dinos un "tragalenguas".

-Trabalenguas, prima.

Trabalenguas. -Eso, trabalenguas.

-El cielo está encapotado.

quién lo desencapotará,

el desencapotador que lo desencapote,

buen desencapotador será.

-Muy bien. -Bien, muchacha.

Requetebién. -Bueno, bueno,

bueno, que va a ser verdad eso que comentan, ¿eh?

Ya puedes hablar.

-¿Ves? Te lo dije.

-Eso intento, Jacinto.

-Pues me alegro mucho por ti. Que por cierto,

que también ha corrido como la pólvora su hazaña, Cesáreo.

-Sí, que ya nos hemos enterao, que ha detenío al ladrón pelirrojo.

-Si no llega a ser por el grito de Camino, ni me entero.

-Qué buen momento para recuperar la voz, muchacha.

-Lo he pensado, y creo que no fue casualidad.

-¿Qué quiere decir?

-Camino tendría alguna especie de bloqueo, y cuando vio al ladrón,

algo se destapó. -¿Puede ser eso, Camino?

¿Tuviste un bloqueo de pequeña? -Diles la verdad, hija.

Camino perdió la voz tras perderse en el bosque.

Lo pasó muy mal. No sabía cómo volver a casa.

-Qué susto.

-No lo sabes tú bien.

-Aquello le creó un trauma, y hasta hoy.

No hablábamos de ello porque nos afectó mucho a todos.

-Los traumas pueden ser muy traicioneros.

-El médico ha dicho que poco a poco y sin forzar.

Lo bueno es que a partir de ahora, Camino no necesitará la pizarra.

-A mí me vendría muy bien pa cuando me ausento de la portería.

-Se la regalo.

Pero...

guardaré el libro que me regaló Cesáreo.

Lo guardaré con mucho cariño, como recuerdo.

-Es un detalle por tu parte, Camino.

-Por cierto, ¿qué tal está tu señor?

Debe estar muy molesto con Úrsula por haber testificado contra él.

-¿Cómo? ¿Que Úrsula ha testificao en contra de mi señor?

-Era el testigo secreto de don Alfredo.

Úrsula aseguró ver la violación con sus propios ojos.

-Eso no puede ser.

-Es mentira.

-Espero que lo demuestre,

de lo contrario, don Liberto tendrá serios problemas.

-Dios mío de mi vida.

-No te angusties más, prima.

Hablemos de algo más alegre, como...

Como del beso de don Emilio y la señorita Cinta.

Qué fortuna la suya, doña Felicia.

Va a emparentar usted con la más grande de las artistas.

-Bueno, me marcho, tengo muchas tareas que hacer.

Vamos dentro, Camino.

-Yo también marcho, que tengo mucha faena.

-Adiós, prima.

-Adiós.

-Adiós.

(SUSPIRA)

Fue un beso de los que solo se ven en el cinematógrafo.

-Esperad, que por ahí

viene el novio. (RÍE)

Está usted hecho un Casanova, Emilio.

Qué callado se lo tenía.

-No me diga eso, que voy a acabar sonrojándome.

-Ay, Romeo. -Conquistador.

-Don Juan. ¡Ay!

(RÍE)

¿De verdad que no lo sabe?

Fue Úrsula quien testificó contra don Liberto.

-¿Doña Úrsula?

No puede ser.

-Aseguró ver la violación con sus propios ojos.

Por eso, mandan a don Liberto a juicio.

-Ella no ha podido hacer algo así.

Debe tratarse de un malentendido, es mi amiga.

-Yo no veo malentendido. Sea su amiga o no, eso ha hecho.

Y una cosa le digo, ninguno de nosotros creemos una palabra

de esa declaración.

Don Liberto no ha hecho eso. No hay quien se lo crea.

(Puerta)

-A las buenas.

Arrea...

¿Quién ha estirado la pata?

-Le contaba a su comadre,

que fue Úrsula quien testificó contra don Liberto en la audiencia

y le han mandao a juicio. -¿Cómo?

¿Estás segura de eso?

-Como que está usted aquí hablando conmigo.

Ya les digo que eso es una jugarreta de Alfredo y Genoveva, vamos.

Esos dos son las mismísima piel de Barrabás.

-Dios mío.

-¿Está usted bien?

-Sí, estoy bien, no se preocupe.

Con Dios.

-Si necesita algo, solo tiene que decirnos.

Ahora que lo dices, tiene sentío.

Seguro que el banquero ha obligado a Úrsula

a acusar a don Liberto de tamaña barbaridad.

Claro, por no perder el empleo.

Lo que yo no entiendo... -¿Qué?

...es por qué Úrsula no nos ha dicho na.

¿Por qué no nos ha comentado que andaba en esa murga?

-Uf... -¿Qué te pasa?

¿Qué te pasa? Oye.

-Es que últimamente...

Estoy malamente, no tengo el cuerpo bueno.

-¿Y por qué no te llegas donde el médico?

-Tengo mucha faena, Fabiana. Quiero desmontar to los muebles.

No le quiero dejar a Alfredo ni un clavo, se lo juro por estas.

Uy... -Niña.

-Uy... -Mi niña. Niña, que casi te caes.

Oye.

-Uy, me ha dao un mareíllo, ¿eh?

-Mira, Lolita, vas a ir al médico quieras o no quieras.

-Iré, iré. Iré cuando tenga tiempo.

(SUSPIRA)

¿Quería algo, Fabiana?

-¿Por qué he venido yo?

Limones, ¿tienes limones?

-Alguno tiene que quedar.

¿Tan enfadada está madre?

-Le gustó nada

que te besaras con Cinta

delante de todo el mundo. -Pero yo no me besé.

Fue ella la que me besó sin que pudiera hacer nada.

-Cuando esa chica quiere algo...

-Sí. Es totalmente impulsiva e impredecible.

-Y eso te encanta.

-Toda ella me gusta.

Pero bueno, no hablemos de Cinta, hablemos de ti.

¿Qué te ha dicho el médico?

-Que no la fuerce y que me lo tome con calma.

-Pues ya sabes, hazle caso,

que nadie quiere que la vuelvas a perder.

Maldito sea el suceso que te hizo perderla.

-Prefiero no acordarme.

Ni siquiera pensarlo.

-No, no, no, esa no es la cara de un hombre enamorado.

¿Besó a Cinta delante de todo el mundo?

-Me besó ella a mí.

-A lo mejor sí, pero gracias a eso ya no tienen que esconderse, ¿no?

¿Y cómo le dio por hacer eso?

-Estaba enfadada.

Su madre y la mía se habían conchabado

para boicotear los encuentros.

Y ella se enteró.

-Quién necesita enemigos teniendo madres como las vuestras.

Cinta ha demostrado tener bastante carácter.

Si eso le hace a su madre, lo mismo usted acaba bajo tierra.

-lo tendré en cuenta. -¿Y Camino qué?

Ha recuperado la voz. -En el momento justo.

Cesáreo estaba a punto de ser asaltado por el ladrón.

-Qué oportuna.

-Mi hermana alzó la voz y el sereno pudo evitar el asalto.

Al pelirrojo se lo llevaron preso.

-Eso es matar dos pájaros de un tiro.

En fin, marcho, Emilio. Me alegro.

-Con Dios.

Vaya sentándose, enseguida le atiendo.

-¿Has visto la que has montado?

-¿Yo?

Todos hablan del beso que te diste.

-La culpa es suya y de doña Bellita.

Si no se hubiesen entrometido, nada de esto hubiese salido a la luz.

-Lo hice por tu bien.

-Pues le ha salido el tiro por la culata.

-El pasado sigue estando ahí. Tarde o temprano te pasará factura.

Lo sabes.

Sabes que tu relación con Cinta es imposible.

Buenas tardes, Rosina. -Buenas.

-Hoy debe ser mi día de suerte. -¿Adónde va tan pinturero?

-Iba hacia su casa. ¿Habíamos quedado?

-No.

Lamento la osadía de presentarme sin avisar. Espero que me disculpe.

He venido a ver a un cliente que quiere venderme su biblioteca y...

Le traigo este poemario que llevo días queriendo regalarle.

-¿Un regalo para mí?

-"Poemas de amor". De Garcilaso de la Vega.

Garcilaso de la Vega.

Yo leía mucho de joven. -Lo recuerdo.

De ahí que al verlo pensara en usted.

Sabía que le gustaría.

-Me impresiona que se acuerde.

-Hay muchas cosas de las que me acuerdo de usted,

aunque haya pasado toda una vida.

-En la época en que yo leía estos libros,

creía fielmente en el amor.

-¿Significa que ya no cree?

-Ahora creo más en otros sentimientos.

No quiero aburrirle.

-Nunca me aburriría usted.

¿Le apetece pasear?

Se ha quedado buena tarde.

-Sí, pero ya me recogía por hoy, estoy algo cansada.

-Como guste. No la molesto más.

Ignacio, a ver,

estoy cansada hoy, pero si quiere podemos dar ese paseo mañana.

-Esa frase es música para mis oídos.

Hasta mañana, Rosina. -Hasta mañana.

-¿Ha visto usted eso, doña Susana?

-¿Que si he visto el qué?

Usted lo sabe como yo.

La Úrsula no pudo ver ninguna violación.

Ella estaba aquí arriba con usted, ¿se acuerda? Está mintiendo.

-Y tiene que haber una explicación para ello.

-No hay ninguna explicación para las mentiras y los embustes.

¿Qué ocurre?

¿Que qué ocurre?

Ocurre que usted ha mentido cuando le ha dicho al juez

que don Liberto violó a doña Genoveva.

¡Usted no vio na!

¿Cómo os habéis enterado?

Eso no importa.

Usted ha mentido y queremos saber por qué lo ha hecho.

-Por que esto tiene una explicación, ¿verdad?

-Usted estaba aquí conmigo.

No pudo ver lo que pasó.

Fue Casilda quien bajó a casa de doña Genoveva a por el ungüento.

En tal caso, hubiera sido ella la que lo hubiera visto.

-Y de hecho, lo vi.

Y no vi nada de lo que usted ha dicho.

Hasta yo diría que doña Genoveva estaba contenta

recibiendo los besos de don Liberto.

¿Me va a decir que no, va a seguir mintiendo, Úrsula?

-"Boa tarde".

Es verdad.

Mentí, sí.

Pero había una razón, don Alfredo me obligó.

Eso no es una excusa.

Claro que no.

Está condenando a un hombre inocente, ¿cómo ha podido hacerlo?

Yo pensé que en el juicio la verdad caería por su peso

y que don Felipe sacaría a don Liberto de ese embrollo.

¿Y si no es así?

¿Y si no le saca?

¿Y si don Liberto termina en el penal por su culpa?

-Ha hecho usted mal, Úrsula.

(LLORANDO) He hecho mal, muy mal. Pero no tenía otra opción.

No podía contradecir a mi señor.

No quería quedarme en la calle.

¡No sabéis lo que es estar en la calle pasando hambre,

durmiendo al raso!

¡¿Acaso, acaso vosotras nunca habéis mentido

por defender a vuestros señores?!

Vamos, no llore más,

Úrsula.

No se dé ese disgusto.

-No tuvo que hacerlo.

Tuvo que decir que no.

No tenía que haber mentido, Úrsula.

Vayámonos, señá Agustina.

Fabiana nos tiene que estar esperando para lo de la colecta.

Tú, muchacha.

No te vayas todavía.

Quiero hablar contigo.

Ahí tiene, su café.

Descuide, se lo dejo a precio de coste.

-Buenas tardes, Lolita.

-¿Qué se le ofrece?

-Vengo de la pensión.

He ido a ver cómo se iban a organizar con la colecta.

Fabiana me ha comentado que no te encuentras bien.

-Un mareíllo, solo, no se apure.

Que la Lolita es fuerte desde chica, una salud de roble tengo.

-Si te encuentras mal, has de ir al médico.

-Iré cuando tenga un rato, pero tengo mucho lío.

Seguro que no es na.

Solo pos...

la pena de tener que perder este lugar, Carmen.

Alfredo y Genoveva son unos miserables,

se merecen arder en el infierno.

Cómo puede haber gente tan mala en el mundo.

-No lo sé, Lolita.

Yo también me he hecho esa pregunta siempre.

Como Úrsula. ¿Te has enterado de lo que ha hecho?

-Otra. Menuda sinvergüenza. -Embustera.

-Endeluego.

Con gente tan mala, vamos a ir al cielo de cabeza.

Sobre todo porque en el infierno no cabe nadie más.

Ay, Carmen, ¿se acuerda cuándo la abrimos?

(RESOPLA)

Con que ilusión compramos to y cada uno de los muebles.

Y con qué ilusión mis paisanos recibieron la noticia de...

de que iban a vender los frutos de su huerto en la ciudad.

Qué contenta estaba,

hinchada como un pollo

cada vez que alguien venía y me decía que mis chorizos

eran los mejores de la ciudad.

Y las aceitunas.

-Y las tardes que hemos pasado Fabiana y yo contigo

pegando la hebra.

-Poniéndonos al día de los chismes del barrio.

Eso ya no volverá a pasar.

Maldito sea ese endriago del corazón.

-Lolita. -¿Qué pasa?

-Ya han fijado la fecha para el desahucio.

-¿Cuándo?

-Dos días.

-¿Dos días?

¿Está todo preparao?

-La limonada, el bizcocho, todo, Fabiana.

-Perfecto. -Ay.

Qué ganas tengo de ver las caras de las señoras

cuando vean lo que hemos recaudao.

-Y las que tengo yo de soltar esta limosnera,

que ir con este dinero de aquí pa'lla, me cogen los siete males.

-Natural, señá Fabiana.

A mí me da pena que doña Rosina no vaya a venir.

-Bueno, pues esto ya está. -¿Qué llevas ahí, Jacinto?

-Un cartel para conmemorar la entrega del dinero.

-Bien. Enséñanoslo a todas.

-No, no, no.

Me ha dicho Servando que no lo vea nadie hasta que lleguen las señoras.

-Cómo le gusta darse aires y acaparar la atención

aunque no esté presente. Qué hombre.

-Agua, agua, que ya llegan las señoras.

-Buenas. -Buenas.,

-Ustedes dirán.

¿Qué está pasando aquí?

-Señoras,...

los criados y amigos de Acacias

se quieren solidarizar con los señores

que han perdido sus ahorros

con la estafa del Banco Americano. -¿Solidarizar?

-Sí, señora. Hemos trabajado mucho para ello,

y casi nos hemos dejao la piel para conseguir el objetivo.

-"El objetivo". ¿Y de qué estás hablando?

-Doña Felicia, doña Susana,

les hemos hecho venir para hacerles entrega de un regalo.

-¿Un regalo de vosotros a nosotros?

-Sí, señora.

¡Hicimos una rifa y sacamos un dineral!

Tenga, tomen este dinero.

Es para ustedes, para repartir

entre todos los señores que se han arruinao.

-Eh, eh. "Colecta económico financiera

para ayudar a los señores que se han arruinado".

(Aplausos)

-Un momento.

¿Qué estáis queriendo decir?

-Pues eso, señora, una rifa, una lotería,

como las de siempre.

No sabe lo que ha trabajao Casilda y Marcelina

y Agustina y Jacinto y todos, todos, todos.

-Esto es una desfachatez.

-¿Cómo?

¿Qué os habéis creído,

que los señores necesitamos limosnas como si fuéramos unos menesterosos?

Esto es una vergüenza.

Y una ofensa.

Y ese cartel, ese cartel es un atentado al buen gusto.

Vámonos, Felicia.

-Es un detalle muy amable.

El cartel, sin embargo, es de muy mal gusto.

Buenas tardes.

-Pues a ver quién es el listo que se lo dice a Servando.

-Yo no. -Esto es una pena que se queda aquí.

-Anda, córtame un trozo.

Lo siento, Antoñito.

He estado estudiando el contrato de arriba a abajo.

No hay resquicio legal al que agarrarse para frenar el desahucio.

-Ya lo suponía, pero no quería dejar de intentarlo.

Lolita está destrozada. -Lo único que puedo hacer es...

recomprar el negocio a Alfredo. -Ojalá pudiera.

Ojalá a mi padre se le hubiera ocurrido antes

invertir en los seguros.

Ahora tendríamos dinero y podríamos evitar el desahucio.

-Siento ser portador de tan malas noticias.

Con Dios.

-Don Felipe.

¿Tiene un momento? -Tiene mala cara. ¿Ocurre algo?

-Sí, pero no quiero hablar de eso ahora.

-¿De qué me quiere hablar?

-De Rosina.

-Ya le conté a Rosina cómo fue la audiencia.

Estoy estudiando una estrategia legal para el juicio.

-En eso confío en usted.

Sabrá enfocar el asunto y librar a mi sobrino de la cárcel.

-¿No quería hablarme de eso?

-Quería hablarle de la actitud escandalosa de Rosina.

Tiene un amigo... y este la frecuenta, ya me entiende.

Tiene que hacer algo.

-¿Yo? ¿Y qué quiere que haga?

¿Aun no estás arreglada?

¿Arreglada? ¿Vamos a salir?

¿No lo recuerdas?

Los Suárez-Nadal nos han invitado a merendar en su casa.

Te lo dije hace una semana. ¿Lo has olvidado?

Lo lamento, Alfredo. Bien, vístete.

¿Crees que podrías disculparte en mi nombre?

No me apetece ir, prefiero quedarme en casa y descansar.

¿Crees que lo que tú prefieras me importa lo más mínimo?

Eres mi esposa, y como tal,

debes acompañarme a todos los eventos sociales.

Está bien. Iré a arreglarme.

Y hazlo rápido.

Aprovecharé para terminar algo de papeleo en mi despacho.

(Llaman)

Voy.

Señora.

Han traído esta carta para usted.

No tiene sello.

No, la ha entregado un mozo.

"No pienso en otra cosa que en volver a tenerte entre mis brazos".

"Cuento los minutos que restan hasta volver a verte".

"Felipe".

¿Buenas noticias, señora?

Sí, de una vieja amiga.

Es maravilloso no tener que esconderse de nadie.

Ya no tenemos que andar con miedo a que nos descubran.

Ni a los sabotajes.

De haberlo sabido, te hubiera besado antes delante de todos.

Eso ni lo mientes,

todos hablan de ellos, y bueno, mi madre está que trina con ello.

A mí también me ha caído una buena, si te sirve de consuelo.

Aunque mi madre ha entrado en razón.

¿Tu madre ha aceptado de buen grado nuestro noviazgo?

Yo no diría tanto.

Ha entendido que no se puede luchar contra el amor, y va a tragar.

Sobre todo, conociendo lo testaruda que eres.

Sí, sobre todo por eso.

¿Y tu padre no se opone?

Mi padre es oro molido. Él pone paz entre mi madre y yo.

Con tal de verme feliz...

Soy tan feliz, Emilio,

que ni toda la mostaza acabaría con tanta dicha.

Déjate de mostazas, que tengo que volver al trabajo.

Las cenas está a punto de empezar

y tengo mucho que hacer. De acuerdo.

Prométeme que el sábado vamos a pasear por la ladera del río.

Y a comprar unos barquillos. Pronto pondrán la verbena.

Qué ganas de hacer cosas como los novios normales.

Haremos todo lo que tú quieras.

¿Es verdad que Camino ha recuperado la voz?

Así es.

Me pensaba que era de nacimiento.

No, ella se quedó muda de pequeña por una...

cosa que le ocurrió, se perdió... En fin...

Qué alegría que mi cuñada pueda hablar ahora.

Qué buena noticia.

Felicítala de mi parte. Así lo haré.

Entonces, te verá mañana.

Mañana, pasado, al otro y todos los días de tu vida, Emilio.

Adiós, mi amor.

Adiós.

-Emilio, hijo.

Borra esa sonrisa de tu cara.

-¿No irá a reñirme por lo del beso?

-No, es mucho peor.

Ese beso va a ser el último que le vas a dar a Cinta.

-Madre... -Emilio, escúchame.

Ha llegado un telegrama.

Y es de Ledesma.

Tienes que romper con Cinta inmediatamente.

-¿Cómo voy a hacer eso?

-Échame la culpa a mí. -Eso no sirve de nada.

-Atender a Ledesma es tu obligación, y vas a cumplirla.

Este sobre estaba en su puerta, a su nombre y sin remite.

"Mañana al anochecer seré tuya".

Hasta que le entregue las llaves al necio de su esposo,

este local es mío.

Si tiene a bien sacar sus sucios pies de aquí, se lo agradezco.

Quería avisarle, que no advertirle,

que doña Rosina está casada

y que su compañía podría ser malinterpretada por los vecinos.

-Si le digo la verdad, no entiendo si me está usted amenazando.

He estado en el médico. -¿Y qué?

-Que estoy en estao.

Los vecinos están intentando conseguir dinero

para invertir en seguros.

Eso podría ayudarles a recuperarse económicamente.

Yo podría ayudar.

No veo cómo.

Te lo contaré esta noche.

Me ha dicho antes Emilio que va a venir Ledesma.

-No te preocupes por eso.

-No puedo no preocuparme por Emilio.

Me acuerdo de lo mal que lo pasamos en Valdeza.

Yo prefiero hablar con el resto de mis compañeros

pa ver y decidir

si el dinero va pa ayudar a las señoras

o pa cualquier otra cosa que nosotros creamos que es justa.

Puedo ayudarla a conseguir el dinero.

¿Qué? Eso sí,

no quiero preguntas.

Nunca sabrá de dónde lo he sacado.

Voy a contarte algo que hubiera preferido

no tener que contarte nunca.

-Algo sobre Genoveva.

-Antes de lo que ocurrió con Liberto,

ella lo intentó conmigo.

-¿Qué?

¿Mentirle yo? No sé a qué se refiere.

-A no decirme que su matrimonio seguía en vigor.

Que los libros que fui a comprar a su casa

eran de su esposo y que la oferta que hice era para él.

Cinta, ya te he dicho que...

-Buenas noches.

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Acacias 38 - Capítulo 1051

09 jul 2019

El barrio se hace eco de que Camino puede hablar. Felicia descubre a Ignacio y Rosina paseando juntos y se lo cuenta a Susana.
Se fija la fecha para el desalojo de la mantequería, será en dos días.
Bellita y Cinta hacen las paces. La joven disfruta de su noviazgo con Emilio. Pero tanta felicidad se trunca cuando él recibe un telegrama de un tal Ledesma.
Felipe descubre que Alfredo estaba al tanto de su plan con Genoveva, y también que sospecha que los dos tienen una relación en secreto. Marcia sufre al ver juntos a su señor y a Genoveva, y descubre que Úrsula mintió en el juicio para condenar a Liberto.

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  1. Lucy

    Yo pienso como muchas personas en sus comentarios la serie ya está cansando al televidente porque se ha puesto como las novelas de nuestras abuelas, los que aún la seguimos como que nunca veremos que los que han matado, robado, engañado y estafado jamás paguen por sus felonias, es mejor que la terminen con dignidad y no que baje el raiting y la saquen por obligación

    pasado domingo
  2. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    El tema de la entrega del dinero de la rifa a las dos "señoras" si esas dos son la representación de las señoras, yo soy Cristóbal Colón. Donde están doña Bellita que les hubiera hasta cantado una copla maravillosa, donde esta Lolita que es más señora que esas dos varas de palos, donde estaba doña Rosina que hubiera chillado como una energúmena, el guion carece de realidad, se les escapa el agua por todas partes como si estuviera el agua en un cesto. Y que Van a hacer con la nefasta Úrsula que se les escapa por todas partes, a los guionistas, a la policía y que jamás envejece. "El Camarote de los hermanos March parece esta historia Interminable"

    pasado jueves
  3. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    Porqué no sale don Ramon con Carmen en los títulos de protagonistas?

    pasado jueves
  4. lina13

    Yo creo que Camino fue violada en la finca valdeza, por eso su madre no quiere que se sepa ya que en esa época aún siendo una violación, que una mujer tuviera relaciones sexuales sin estar casada era un deshonor para la familia

    10 jul 2019
  5. lina13

    Sabía que no fingía que de verdad no podía hablar. Lo digo porque he visto comentarios diciendo lo contrario

    10 jul 2019
  6. lina13

    En la entrada de la serie ya podían poner en otra actitud a Don Ramón y Don Felipe ya que hace un montón de capítulos que volvieron a ser amigos

    10 jul 2019
  7. Lidia

    Por fin algo interesante ¿¿

    10 jul 2019