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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1049 - ver ahora
Transcripción completa

Uno a uno quizá sean inofensivos, pero juntos, ¡liderados...!

¡Unidos o separados siguen siendo los mismos cretinos!

Empiezo a pensar que no eres la mejor socia.

No tienes lo que hay que tener.

Me llevaré solo un libro,

a modo de señal de que el trato sigue en pie.

Lo pagaré

y ya negociaremos el resto.

La niña no se va porque prefiere quedarse con su hijo.

Entre las dos seremos capaces de idear

un par de trucos o tres pa espantarlos.

Pues entra en el despacho cuando él salga.

Revisa todos los documentos que encuentres.

Necesitamos saber qué usará

para liberar a don Liberto de la acusación.

-Resulta que un atracador anda campando por la ciudad.

-Actúa a las horas de cierre de los comercios,

cuando hay menos clientes.

La única seña que hay es que tiene el pelo rojo.

-Me duele ver cómo amigos y vecinos no son capaces de conseguir

el dinero que necesitan para encauzar de nuevo sus vidas.

-¿Podría hablar con ellos e informarles que dada mi confianza,

podría prestarles el dinero que necesitan?

¿Qué sabes y no me cuentas?

Nada.

¿Se han visto don Felipe y doña Genoveva?

No te enfurruñes, que nadie va a ir preguntando

quién ha vendido más papeletas y quién menos.

-Ya, pero a mí me gustaría poder decirle a doña Rosina

que me he partío la espalda pa conseguirle el dinerito.

La vista oral es inminente y tenemos preparada la defensa.

-¿Suficiente como para contrarrestar el testigo de cargo de don Alfredo?

Guardo un as bajo la manga.

Su amiga y admirada Genoveva

volvió a este barrio de mi brazo

solo por el placer de vengarse de ustedes.

-¿De nosotros? -Sí,

de los vecinos, de todos los que acusaron a Samuel Alday,

de todos los que le dieron la espalda.

Genoveva no se lo ha perdonado ni se lo perdonará jamás.

Todo lo que hemos hecho,

ha sido por iniciativa suya.

-Me cuenta la mesonera que Cinta y su hijo, el camarero,

se han dado cita.

-En la nota, Felicia...

me informa de un asunto relacionado con Emilio

que nos puede venir muy bien. Arantxa,

prepárale unas medias noches y unos canapés

de esos tan ricos con mostaza francesa.

Ven, para, por favor. -¡Surera, ladrona, mentirosa!

¿Por qué, Lolita?

Lolita, por favor, ¿has perdido el oremus?

-Ni una pizca. Le he dado lo que se merece.

¡Farsanta, más que farsanta!

-Sosiégate, cariño.

-Es mejor que te lleves a tu mujer, no debemos montar un escándalo.

-Vámonos, no vas a conseguir nada. Te estás poniendo en evidencia.

-¡No es a mí a quien se le tiene que caer la cara de vergüenza!

¡Venga, explíquele a tos qué está pasando!

¡No tengo ni idea de lo que estás hablando!

Has perdido la razón, este no es el comportamiento de alguien decente.

¿Te atreves a hablar de decencia? Muy bien.

¡Te voy a explicar por qué estoy así, a ti y a toda la calle!

¡Que sepan que esta Judas estaba compinchá con su esposo

pa sacarnos los cuartos! ¡Y se hacía la víctima

como si a ella también se le estuvieran volando los cuartos!

-¿Eso es cierto?

Por supuesto que no.

No sé de dónde ha podido sacar Lolita semejante infamia, pero...

Alguien le ha tenido que ir con ese cuento sin sentido.

¡Qué falsa! Tu esposo me lo ha contao con pelos y señales!

Es un disparate, ¿por qué iba a hacer yo algo semejante?

¡Pa vengarte por el daño que le hicimos a Samuel!

¡Esta arpía solo ha vuelto pa fastidiarnos a tos!

Eso es falso. Yo...

Yo no sería capaz de perjudicarles de esa manera.

¡Mentirosa, qué mentirosa!

¡Endriago, que nos has engañao a tos!

¡Que nos has llevao a la ruina!

¡Poco te importa que fuera tu amiga pa destrozarme la vida!

No me has dejado ni un ápice de esperanza, me lo has quitado todo.

-¿A qué se refiere con eso?

-Antoñito y yo le tuvimos que vender la mantequería a su esposo

pa pagar la deuda. Que no tenemos na

pa salir adelante, na.

-No sabía que la mantequería estuviera en juego.

-Sí, sí, la hemos perdido.

Le juro que no sabía nada de eso.

El aprecio que le tengo es mucho, no hubiera permitido tal cosa.

No te me vuelvas a acercar, mala pécora.

Na más tengo que hablar contigo.

No pueden creerle ni una palabra,

nada tengo que ver con los asuntos de mi esposo.

Lolita ha perdido la razón, son todo disparates.

-¿Va a negar acaso que han perdido la mantequería?

¡Les juro que no sabía nada, eso son cosas de Alfredo!

Él es el culpable de todo.

-Deja ya de jurar, víbora. Cuanto más hablas, más te delatas.

-Fuera de nuestra vista, farsante mentirosa.

No te queremos volver a ver en este barrio.

(LLORA)

(Sintonía de "Acacias 38")

Siéntese.

Reconozco que su invitación a la feria me ha sorprendido.

¿Cómo se le ha ocurrido?

-Caminando junto al río he visto como la gente disfrutaba mucho

con las atracciones, y he pensado que a usted no le vendría mal

distraerse dando un paseo.

-No me vendría mal, ¿eh?

Me vendría bien alejarme de mis preocupaciones,

que son muchas, demasiadas.

-Si me acompaña, dejará atrás sus problemas en un tris.

¿Podré convidarla a un helado?

-Casilda, ¿qué haces ahí parada como un pasmarote?

¿No tienes nada que hacer?

-No, ya he terminao todas mis tareas, señora.

-Pues ve a limpiar la hornilla,

la vajilla, lo que te dé más rabia.

Cómo está el servicio.

Cada día está más rebelde.

-¿Qué me dice? ¿Se anima a dar un paseo?

Lo pasaremos fetén.

-Es muy amable, y le agradezco que se preocupe por mi bienestar.

-Hacerlo es todo un placer.

Es una mujer encantadora.

-Le agradezco el piropo.

Pero me veo obligada a declinar su invitación.

-¿Puedo saber por qué?, el plan sería de su agrado.

-Yo también lo creo, pero es que no creo que sea el momento

para aceptar la invitación de un caballero.

Créame, no soy la mejor de las compañías.

-Lo dudo.

Su presencia siempre es un gusto y una alegría.

-No lo crea.

Últimamente, no tengo ánimo para nada.

Las penurias que hacen mella en mi ánimo.

-No voy a insistir más, lo último que quiero es importunarla.

-No, no...

Usted ha tenido un gesto encantador al invitarme.

Le agradezco mucho...

el buen precio que ha pagado por los libros.

Diría que excesivo.

-No se equivoque, pagué lo justo. -No.

No lo entiendo, si solo se ha llevado un libro.

-Sé muy bien lo que me hago.

Son muchos años en este negocio.

-Bueno, yo no creo que sea por eso, más bien,...

pienso que usted ha tratado de hacerme un favor.

-Algo de razón puede tener.

Es posible que no trate tan bien a todos mis clientes.

-Por su bien espero que no.

Ay, Ignacio.

A lo mejor en un futuro yo tengo la oportunidad de devolverle el favor,

cuando me vayan bien las cosas, que espero que un día llegue.

-No es necesario.

Me basta con disfrutar de su agradable compañía.

Qué lástima que se me haya hecho tarde.

Me veo obligado a marcharme.

-Bueno, pues...

Creo que pronto tendremos la ocasión de volvernos a encontrar,

de charlar tranquilamente.

-Espero que sea pronto.

-Señora,

ya acompaño yo al caballero a la puerta.

Has estado escuchando en el pasillo, ¿crees que no me he dado cuenta?

-Sí, lo he hecho, no se lo niego.

Lo he hecho porque me preocupo por usté.

¿Cree que la iba a dejar a merced de este caballero

por mucha cara que tenga de no haber roto un plato en su vida?

-No seas obtusa, no hay de qué preocuparse.

¿Crees que no me sé cuidar?

-Bueno, casi siempre sí.

¿Por qué le ha dicho que no a la invitación?

Aunque sea muy gentil,

no es de recibo andar por ahí con él mientras Liberto

está esperando la audiencia.

Déjame sola, que voy a ver qué vendo para sacarme unos duros.

Espero que te guste tener música de fondo.

Este es mi disco favorito.

Me gusta todo lo que tú digas.

(Música)

Te he traído unos bombones por si se puede endulzar la reunión.

Muy bien. Los tomaremos después de los canapés de Arantxa.

¿Está al tanto de esta cita?

Nadie lo sabe, estate tranquilo.

Arantxa tiene la tarde libre.

Mis padres están de paseo, no volverán hasta por la noche.

Tenemos la casa solo para nosotros.

No sabes cómo he esperado que llegara este momento.

Yo también anhelaba estar a solas contigo.

Aunque me tienes enfadada.

No eres tan bueno como pareces. ¿Por qué me reprendes?

Por tardar en darte cuenta de que estamos hechos el uno para el otro.

Tienes razón para estar enfadada.

¿Cómo podría enmendar este terrible error?

Podrías empezar con besarme.

Mejor coy a cambiar el disco,

que tus besos van a hacer que pierda la cabeza.

Yo ya la he perdido desde hace tiempo.

No me dejes así. Vuelve a mi lado.

No, que no respondo de mis actos.

Mejor bailamos, ¿sí?, como en las sesiones del restaurante.

Ya verás qué canción más animada. Me han traído el disco desde París.

(Música)

¿Qué te ocurre, que estás colorao como un tomate?

Es el canapé, ¿qué le han puesto?

Arantxa le ha puesto lo de siempre: jamón dulce, hierbas, mostaza.

¿Mostaza? Sí.

No puedo tomar mostaza, me pongo a morir.

Emilio, pero ¿y qué hago? No te puedes morir.

Un médico, necesito que me lleves.

No perdamos tiempo. Vamos, vamos, vamos.

(TOSE)

(Puerta)

¡¿Dónde te has metido?! ¿Quieres saberlo?

¡Llevo toda la tarde esperándote para que me des una explicación!

¿Desde cuándo tengo que hacer eso?

¡¿Por qué le has contado a Lolita que yo estaba al tanto de todo?!

Te refieres a esa minucia.

¡Por supuesto que sí!

¡¿Cómo se te ha ocurrido decir tal cosa?!

¿Acaso es mentira? ¿Me he inventado algo?

¡¿Por qué lo has hecho?! Me has vendido.

Sé las consecuencias de mis actos.

Lo he hecho porque tenía que hacerlo.

¡Lolita me ha abofeteado delante de todo el mundo!

Me ha avergonzado, ha sido todo un escarnio.

Para algo interesante que ocurre y me lo pierdo.

No te lo tomes a chanza.

¡Ahora todos saben que somos socios,

y que si he vuelto al barrio ha sido para vengar a Samuel!

Eso parece.

Lo has echado todo a perder. ¡Ya nadie va a confiar en mí!

Eso es justo lo que quería,

poner sobre ti el manto de la desconfianza.

¡¿Por qué has hecho tal cosa, Alfredo?!

No quería ser el único que cargara con las culpas.

¿Qué pretendes?

Genoveva, tú me has obligado a hacerlo.

Estaba viendo en ti muestras de arrepentimiento,

y eso no podía consentirlo.

Has perdido el oremus. Ni una pizca.

Tenía que hacerte entender que soy tu único aliado.

Eso lo he tenido muy claro.

No.

Lo estabas olvidando.

Te estabas acercando demasiado a esa...

Lolita y a don Felipe,

pero eso ya no podrás seguir haciéndolo.

Ellos no lo van a permitir, estás señalada.

Te tienes por una mente excepcional,

pero tu sucia maniobra estaba equivocada.

Has errado, no debes tratarme así.

¿Y qué me ocurrirá si sigo haciéndolo?

Espero no tener que demostrártelo.

¿Me estás amenazando?

Tómatelo como quieras.

Lolita siempre ha sido una mujer de armas tomar,

pero no sabía hasta qué punto.

-Le cantó las 40 delante de todos sin importarle nada.

-El engaño de Genoveva es terrible.

Estaba al tanto de todo.

Se hizo pasar por una afectada más y eran cómplices.

Es increíble hasta dónde llega la infamia.

-Es lo que ha firmado Lolita.

-No lo dudo,

pero me cuesta creer que Genoveva sea tan retorcida.

(Llaman)

Yo voy.

Buenas, tía.

-Me figuro que Felipe te habrá contado lo sucedido.

-Así es.

-Le he contado lo que vimos con todos sus pormenores.

-Estoy anonadado, no me esperaba algo así de Genoveva.

-Parece mentira que seas tan inocente.

Y más con lo que ha sucedido.

Siempre he sabido que era una mala pécora.

Nos ha encandilado a todos con su cara de buena,

y sus palabras, y no era más

que un escorpión con el aguijón listo para atacar.

-Eso parece, sí.

A fingido ser nuestra amiga con el fin de engatusarnos.

-Contigo bien que lo consiguió.

Bueno, nos ha engañado a todos.

-Pero yo solo puedo pensar que jamás ha estado interesada en mí.

Me ha utilizado.

-No lo dudes.

Solo buscaba manipularte.

-Me sedujo como parte de su venganza, tía.

-Es posible, aunque solo ella lo sabe.

-No sea condescendiente, don Felipe.

¡Abran los ojos de una vez los dos!

Esa mujer buscaba romper el matrimonio de mi sobrino

y hacer el mayor daño a él y a Rosina.

-Y lo ha conseguido.

He sido un pobre idiota.

Un ególatra, pero ¡¿cómo no me he podido dar cuenta?!

-Estabas en manos de una mesalina.

-Y porque he sido un idiota, tía. -Liberto, no se culpe.

Eso no es lo más importante.

Lo importante es que se centre en su audiencia.

Tiene que presentarse ante él firme y sereno, ¿de acuerdo?

-Tiene toda la razón.

Ahora tienes que defenderte con uñas y dientes.

No permitiremos que esos malnacidos se salgan con la suya.

-Se juega mucho, sobre todo su libertad.

-No se preocupe, haré un poder.

No me voy a rendir por mucho que sepa que he hecho el canelo.

-Además, esto tiene algo de bueno.

-Pues no se me ocurre qué puede ser.

-Cuando Rosina se entere del engaño,

quizá se replantee el asunto de tu infidelidad.

-Saber que todo ha sido una trampa,

puede que cambie su opinión sobre esto.

-Saber que he sido un pelele, no me libera de ninguna culpa.

Pero espero que Rosina lo reconsidere.

-Ten fe, hazme caso.

Qué susto más grande, pensé que había llegado tu hora.

(SESEA) No es la primera vez que me pasa.

El médico ha sabido tratarte a escape.

Solo se me ha inflamao un poco la lengua.

Siento no haberte advertido que los canapés tenían mostaza, pero...

¿cómo iba a saber que se iba a poner la lengua así?

No, ha sido culpa mía.

Debí haberme dado cuenta.

Siento haber echado a perder un momento tan bueno para los dos.

Quedemos en que no ha sido culpa de nadie.

Yo también estoy triste por no haber pasado más tiempo a tu vera.

No hay nada que me guste más.

Seguro que no más que a mí.

Pero no te preocupes,

pronto encontraremos otra oportunidad de pasar tiempo a solas.

Espero que sea cuanto antes.

Cuando tenga ocasión, te mando recado.

No viviré a gusto hasta que lo reciba.

Voy a seguir la receta paso a paso.

Espero que me quede bien. ¿Qué dices? ¿Has perdido el oremus?

-Vaya,

¿qué se cuece? De momento nada.

Emilio que me ha explicado cómo preparan en el restaurante

el guiso de perdiz. Lo quiero hacer en casa.

-Ya verá como es muy sencillo y le va a salir muy sabroso.

-Uy.

¿Qué le pasa en la boca? Habla de lo más peculiar.

Se ha pegado un mordisco en un descuido muy tonto.

-Pues a juzgar como habla,

ha tenido que ser un mordisco tremendo.

-Sí. Bueno, no se hace a la idea.

Me van a tener que perdonar,

pero tengo que auxiliar a mi madre en el restaurante.

Además, el ladrón pelirrojo sigue suelto y debemos

estar muy alerta. -Ea,

pues nada, por nosotros no se distraiga,

y cuide lo que hace con esa lengua,

que hay comidas que las carga el diablo.

-Sí, muchas gracias. Con Dios.

Con Dios. -Ven, que te voy a contar algo.

Si vieras el espolio que ha montado Lolita en esta misma calle,

vamos, la batalla de Lepanto es poco con lo que aquí ha pasao.

Estábamos aquí sentaos...

Ay. -A ver.

-¿Pone algo del ladrón pelirrojo?

-Parece ser que no.

-No estaré tranquila hasta que no le atrapen.

Pobre de mí si le da por atracar mi quiosco.

-No pases miedo, aquí estás a la vista de todos.

No creo que se arriesgue a que le vean.

-Con lo que pasa en este barrio, una se puede esperar de to.

-¿Lo dices por Lolita y por Genoveva?

-Sí.

-Menudo escándalo que se ha montado.

-Poco me parece lo que le hizo la Lolita.

Me hace a mí perder mi negocio,

y me tiro a su moño y no paro hasta dejarla calva.

-No puedes tomarte la justicia por tu mano por muy mala

que haya sido la contraria. -En este caso,

ha resultado ser toda una dicha.

-Tan mala y tan retorcida como el marido.

O más.

-Pobre, Lolita, menudo disgusto que debe de tener.

Hoy tiene cerrada la mantequería a cal y canto.

Lo mismo ni la vuelve a abrir.

-Me tiene muy preocupá esa muchacha.

No sé cómo se va a tragar ese sapo de perder su negocio.

-Tengo una duda, ¿vamos a seguir adelante con lo del sorteo?

-¿Y por qué no? -Lolita nos ha cedido el premio,

y ahora que sabemos que va a perder la tienda, me barrunto que...

está feo que nos llevemos lo poco que le queda.

-En eso no había caído. ¿Qué hacemos?

-No os preocupéis, que iré a hablar con ella.

Si no puede, pues no pasa nada, tendremos que suspender el sorteo.

Y tú, Marcelina, a ver si contienes tu genio.

No tendrías que haber discutío con Casilda.

-Pero si empezó ella. -¿Y qué más da?

El sorteo lo hemos hecho para ayudar a los señores,

y no para pelearnos entre nosotras. -Tiene razón,

hay que ser más templadas.

-¿Y qué hago yo si la Casilda se pica?

Es ella la que se ha empeñao en vender más papeletas que yo.

Y to por demostrar que es la más dispuesta.

-No te equivoques, Marcelina.

Casilda solo quiere ayudar a doña Rosina

y demostrarle lo preocupada que está por ella.

-No sabía que era por eso por lo que se ponía así.

Que venda to lo que quiera.

-Bueno, no te apures, mujer.

Lo que pasa es que está todo el mundo de cabeza

desde que pasó lo del banco.

-Hasta los más nobles andan desquiciados

hasta que no se arregle este asunto.

-Y todo por culpa de don Alfredo y doña Genoveva.

Mal rayo les parta a los dos.

No esperaba su visita.

Le pido perdón por presentarme así, pero tenía que hablar con alguien.

Comprendo su inquietud.

Pero entienda que Liberto reside en esta casa,

y sería irregular que se encontraran dadas las circunstancias.

Lo sé. Solo será un momento.

Estoy conmocionada con lo que pasó ayer.

Lo que dijo Lolita no es cierto.

Lolita no es mentirosa, y hace tiempo que nos conocemos.

Yo no digo que lo sea. Está engañada.

Nunca he querido hacer daño a nadie en este barrio.

De haber sabido que Alfredo planeaba una estafa,

lo hubiera impedido.

Él es el único responsable del engaño de Lolita.

Tengo que saber que usted me cree.

No es fácil hacerlo.

Todo apunta en su contra.

Me cuesta admitir que haya hecho algo tan sucio

como lo que dice su esposo.

Confíe en mí, haga un poder, soy inocente.

Lo que usted piense me resulta muy importante.

(SOLLOZA)

Tome. No se deje vencer por los odios.

Es usted muy bueno conmigo.

He pasado la noche en un hotel.

Me niego a compartir casa con el hombre que me vilipendia.

-¿Qué hace esta mujer aquí?

No se apure, nada que le afecte, he venido a hablar con don Felipe.

¡Cállese!

No quiero escucharla.

No se merece ni el aire que respira, malnacida.

¡Es usted la responsable de mis cuitas, ramera!

-Liberto, por favor.

Tranquilícese, recuerde que es un caballero.

-Tiene razón.

No se merece ni un minuto de mi atención.

Será mejor que me marche de aquí, Felipe,

no quiero compartir techo con esta mujer.

Liberto me desprecia.

Me odia como todo el mundo.

Voy a ser vilipendiada todo el tiempo que me quede.

Por eso quiero cambiar.

Voy a hacer lo que usted me pidió.

Estoy dispuesta a cambiar mi declaración,

voy a contradecirme en la audiencia.

¿De verdad piensa hacerlo?

Pienso que es la única manera de enmendar en parte

el mal que he causado.

Es una decisión muy justa.

Eso sí,... tengo que pedirle que...

no se separe de mí estos días.

Necesito la compañía de alguien como usted,

que me dé confianza y valor.

¿Le apetecería venir conmigo a una recepción en la Embajada de Brasil?

Nada me gustaría más.

Pues no se hable más,... iremos juntos a ese evento.

-¿Qué, estás más sosegada esta mañana?

-No. No.

Sigo con un bochorno que me ardo, Carmen.

Toa la noche me la he tirao dando vueltas a la cama

como una peonza. -No te hagas mala sangre,

que no se merecen que pierdas ni un minuto de sueño por ellos.

-Ya me gustaría, ya,...

pero me siento mu boba por haber confiao en esa harpía.

¿Seré ilusa? -No te fustigues, Lolita.

¿Sabes qué te ocurre?

Que eres tan buena, que no ves el mal de los demás.

-Pos es posible,...

pero to el mundo desconfiaba de ella, Carmen,

y yo empeñá en que era una pobre mujer sometía por su esposo.

Que soy más simple que el asa de un cubo.

-Yo no estoy de acuerdo.

Esa mujer ha jugado con la buena fe de todos.

-Ya veo que están con lo que está to el mundo en el barrio.

No se habla de otra cosa que de la guantá que se llevó doña Genoveva.

-Pues con eso me quedé a gusto, aunque el alivio

me durara bien poco. -¿Y tú cómo te enteraste

de to el embuste, hija?

-El mismo Alfredo me lo dijo, él me destapó el pastel,

que no pestañeó al acusar a su propia esposa.

-Los hay que tienen un cuajo...

-Ay, madre, ¿y qué va a pasar ahora con la mantequería?

-Ya se lo pue usted figurar:

que me quedo sin ella como me quedé sin abuela.

-¿Y será capaz de ponerte en la calle?

-No le quepa duda.

-A ese malnacido no le va a temblar la mano a estas alturas,

y esto es una minucia después de todo el mal que ya ha hecho.

-A ver si tiene arrestos, porque como así sea, yo misma

me voy a lanzar al cuello y le voy a cantar las cuarenta a ese ladrón.

-Se merece que le demos un buen escarmiento

por el mal que ha hecho.

En Cabrahígo lo habrían tirao al río.

-Mu poco castigo me parece a mí un poco de chapuzón.

-No, al río pero con una piedra atá a los pies.

-Bueno,... templen las dos porque eso no se va a poder hacer,

y tampoco tiene sentido...

que le digamos lo que pensamos de él.

-Tiene razón, Carmen, de na sirve quejarse.

Que el banquero vea que con nosotras no puede na.

-¿Crees que debemos seguir con el sorteo?

-No veo por qué no.

-Como tú eres la que tienes que donar el premio,

cuando eso pase, se van a quedar las estanterías llenas de telarañas.

-Pos más razón pa regalarlo, así cuando ese desgraciao

se quede con la tienda, se la va a encontrar más vacía

que el bolsillo de un maestro.

-Eso ya me parece mejor que andar pensando en linchamientos.

-Ea, Alfredo y Genoveva nos están amargando la vida,

pero no van a impedir que sigamos con nuestros planes.

-¿Hay moros en la costa?

No me gustaría que me pillaran aquí dentro.

-No, pase, estamos a solas. Emilio y Camino

todavía no han llegado y aún falta un rato

para que lleguen los clientes.

-Entonces podemos hablar a gusto, y de paso darnos la enhorabuena

por lo bien que ha salido el plan de detener la cita de la parejita.

-Lástima que mi Emilio lo pasara tan mal, aunque afortunadamente

no ha sido nada grave. De pequeño se le hinchaba la lengua

cuando comía algún alimento con mostaza.

-Qué gran responsabilidad para una madre.

Mi Cinta, en cambio, es de buen comer, nada le indigesta.

Espero que su hijo...

esté ya mejor. -Casi.

Todavía sigue ceceando, pobrecito mío.

Apenas se le entiende cuando habla,

y aunque esté mal decirlo por una madre, la verdad

es que resulta de lo más gracioso su acento.

-Bueno,... no se apure por él, a fin de cuentas tampoco le ha ocurrido

nada de enjundia.

Además,

piense que todo esto lo hacemos buscando un bien superior.

-Espero que esto les sirva de escarmiento

y no vuelvan a quedar a escondidas.

Es peligroso que pasen tiempo a solas.

-Pues me temo que no vamos a tener tanta suerte como quisiéramos:

ayer les escuché que pretenden volver a las andadas.

-No podemos permitirlo.

Ya me dice usted cuándo será la próxima cita.

-Descuide,

que cuando me entere me presento aquí para decírselo,

y de paso preparamos otro plan tan efectivo como el otro.

-Pero sin envenenar a mi hijo. -No.

-Tenemos que insistir hasta que se cansen.

-Eso.

Confío en que sea antes que nosotras.

-Y que no nos pillen el engaño como a Genoveva.

-Al menos nuestros hijos no van a cruzarnos la cara.

-Qué escándalo, y en medio de la calle.

Desde luego, a Lolita no le faltan redaños.

-Pero muy bien empleado se lo tenía Genoveva, porque si es verdad

todo lo que dijo Lolita, se merece eso y mucho más.

-Que pérfida puede llegar a ser la gente.

-Y que lo diga.

-¿Se da cuenta de que estamos hablando como si fuéramos amigas?

-Es verdad.

Bueno, tampoco es para tanto. -Pues claro que no,

menuda exageración. -Bueno, me voy,

que mi esposo me espera. -Y yo tengo muchas cosas que hacer.

-¿Qué?

¿Conspirando contra vuestros hijos? -No.

Solo tratamos de que no cometan un error.

-Parece mentira que solo os llevéis bien para hacerle la puñeta

a los muchachos. -Ay, no comprendes el amor materno.

Una madre es capaz de asociarse con el mismísimo demonio

por el bien de sus hijos.

-La sangre me ha hervido al ver aquí a Genoveva.

¿Se puede saber qué buscaba ahora?

-Está muy afectada por todo lo ocurrido.

No deja de jurar que todo lo que dice don Alfredo es falso.

-No me creo nada,

es la mujer más manipuladora que ha pasado por aquí,

y eso que han pasado muy malas.

-Será mejor que lo deje pasar, lo importante

es que guarde sus energías para la audiencia de mañana.

Todo va a salir mejor de lo que pensamos.

-Eso espero, y sí, voy a tratar de no pensar en ella.

Ahora lo más importante para mí es salir bien librado de eso.

-Después de comer voy a repasar todos los flecos de su caso,

quiero dejarlo todo bien atado antes de ir al evento.

-De acuerdo.

Yo, por mi parte, utilizaré ese tiempo en encontrar la forma

de conseguir dinero para invertir.

-Eso si consigue llevar su plan a cabo.

Ha recaudado bien poco.

-Dele tiempo. Felipe,...

me pregunto si podría dejarme algo de dinero.

-Amigo, por supuesto que sí,... ya sabe que puede contar con ello.

-Le agradezco sinceramente todo lo que está haciendo por mí.

Que tal vez no tenga que recurrir a usted,

pero me tranquiliza saber que puedo contar con esa cantidad.

-Señor, le quiero enseñar...

Perdón.

¿Puedo preparar mesa para comida? -Puedes hacerlo, Marcia.

-Yo marcho a mi habitación a repasar unos documentos

hasta la hora del almuerzo.

-¿Qué es eso que querías enseñarme?

-Tengo un vestido para la fiesta.

-Es muy bonito, Marcia, y seguro que lo ibas a lucir muy bien,

pero... precisamente de eso quería hablarte.

Al final no va hacer falta que me acompañes a la Embajada,

tengo que ir con otra persona, es una cuestión de negocios.

-Entiendo.

-Gracias por comprenderlo, y sobre todo que decidieras ir conmigo.

-Yo estoy a su servicio.

-Me alegro de que lo comprendas.

¿Por qué no te pones ese vestido y te das una vuelta por la feria?

Tienes la tarde libre.

Te invito... a una horchata, o lo que gustes.

-No hace falta, ya me paga bien.

-Marcia, no seas tonta, trabajas demasiado

y te mereces algo de diversión.

Cógelo.

-"Obrigada", señor.

Tonta.

(HABLA EN PORTUGUÉS)

-Qué rabia me da haberme perdido el espectáculo de ayer.

-Bueno, no se regodee en el asunto, que Lolita está pasando las de Caín.

-Eso me da rabia, me he perdío el tortazo,

y que no le hubiera salpicao otro al tal don Alfredo.

-Y bien merecío que se lo tiene, pero no es menester

estar a mamporros, que esto iba a ser peor que la selva.

-Ya lo es, es que aquí hay una alimaña,

Alfredo, que se está comiendo a todos.

Mire, don Liberto está vendiendo ya sus libros.

-A las buenas. -Vaya, qué contenta vienes,

parece que te afectan poco los problemas que pasan por aquí.

-Calle, Servando, es que tengo motivos pa estar contenta.

He ido al mercao a vender papeletas y me las quitaban de las manos,

mejor que si se tratara de rosquillas.

Fíjense en to el parné que he sacao pa ayudar.

-Vaya, eso sí que es una buena noticia.

¿Y qué has hecho pa venderlas tan bien?

-La verdad es que ni siquiera las he tenío que ofrecer.

Varias mujeres se me han acercao a comprar como las moscas a la miel.

Solo con decirles que no daba abasto pa cobrarlas a todas.

-¿Y cuántos boletos has vendío?

Porque parece que muchos más que la lotería de Navidad.

-Pos casi, casi.

Na más entrar al mercao he vendido como más de 20 papeletas,

y porque no llevaba más, que si no, también las vendo.

Ande, tenga tos los cuartos.

Me da miedo llevar el dinero, no vaya a ser que me roben.

-Haces bien, porque tal y como están las cosas,

a uno le da miedo hasta asomarse a la calle.

-Ya verán ustedes lo orgullosa que va a estar doña Rosina de mí

cuando se entere de to el parné que he conseguío.

Bueno, me voy a marchar, que le prometí a la Lolita

que la ayudaría con la mantequería.

Con Dios.

-Con Dios, Casilda.

Servando,... ¿y a usted no le parece la mar de raro

que las mujeres vayan en busca de Casilda a comprarle papeletas?

-Pues qué quiere que le diga, a mí a estas alturas

no me sorprende ya nada de nada.

-Jacinto, a ti te buscaba yo.

¿Sabes algo de los Bryce?

¿Les has visto desde el altercado de doña Genoveva y Lolita?

-Ayer vi a doña Genoveva bajando por la escalera de servicio

procurando que nadie la viera.

Pa mí que ha dejao al esposo y se ha ido a dormir a un hotel.

-Eso me resulta extraño, ¿y si Lolita se ha equivocado

y la pareja ha discutido por la acusación del gachó?

¿Tú crees que Genoveva está compinchada con él?

-Yo, como portero de esta finca, no puedo tomar partido

por ningún inquilino.

Pero estos dos son más raros que un perro verde.

-Eso pienso yo,

que tengo buen ojo para las personas y sé de qué pie cojean.

-Pues mire, lo mismo, pero lo mismo, lo mismo, yo con mis ovejas.

Según llegaba el rebaño, yo ya sabía cuál tenía un cólico,

cuál estaba mal ordeñá,... Cesáreo, ¿me está usted escuchando?

-Sí, sí.

-Parece que me hace menos caso que el pito del sereno, que su pito.

-Mira ese hombre de allí. Me resulta muy sospechoso.

Mira con disimulo.

Con disimulo.

-¿Cree usted que es el ladrón pelirrojo?

No lo he visto bien.

-No lo sé, pero no dejes de darme carrete para que no note

que le vigilamos.

Yo no le quito el ojo de encima. -Vale.

Yo nací una noche lluviosa. Según mis padres,

pegaba unos berríos que...

A las buenas.

¿Sabes que al final casi voy a vender toas las papeletas?

Me voy a salir con esta rifa, voy a ser la que más recaude.

¿Qué te parece? -"Muito bem".

-Marcia, ¿qué te ocurre que ties esa cara de ajo pocho?

¿Y qué haces así que entoavía no te has preparao para ir a la fiesta?

-"Eu" no voy a ir.

-¿Cómo que no vas a ir? Con la ilusión que te hacía, mujer.

Hasta te has mercao un vestido de lo más pinturero.

Pareces con él una princesa de cuento.

-El señor tiene otro acompañamiento.

-¿Cómo? ¿Que va a ir con otra?

-Seguro que...

ella es una gran dama y no una pobre diabla como yo.

-Endeluego, qué poquita vergüenza ha demostrao tener el abogao.

Marcia, mírame,...

tú de pobre diabla no tienes nada, es más, tienes tanto salero

y presencia como la que más, muchacha.

Y mira,... más vale ponerse colorada una vez que amarilla cientos.

Ese hombre...

no se merece llevar a su lao a una mujer de bandera como tú.

Enseguro que la que le va a acompañar

es una señorita del pan pringao.

Ya verás, va a salir perdiendo.

¿Qué ocurre?

¿A santo de qué os encuentro de esta guisa?

Ah, eh...

nada, es que...

Marcia está apená porque echa de menos su tierra.

Yo le estaba contando

lo bonitas que son las fiestas de la santa patrona,

a ver si consigo animarla.

Pues espero que lo hayas logrado, porque te tienes que ir a escape.

Me he encontrado una señora en el portal que preguntaba por ti

para comprar lotería. Le he dicho que subía a avisarte,

te espera abajo.

Arrea, entonces me voy a ir corriendo,

debe ser que estoy en racha, porque vienen hasta a buscarme a casa.

Ya verán, al final termino colocándolas todas.

-Le ha mentido para que vaya "abaixo".

Hablas regular,... pero lo entiendes todo.

Eres más lista de lo que pareces a primera vista.

Supongo que también sabes lo que quiero decirte.

Quiero que sepas

que no has encontrado nada entre los papeles de don Felipe.

Los que has cogido son documentos de juicios anteriores

que seguro que don Felipe los está releyendo

para preparar su defensa.

En la mesa no había "mais" nada.

Y no es de extrañar.

Don Felipe debe guardar los documentos importantes

en un cajón bajo llave.

Esos son los que debes conseguir.

Tienes que encontrar el punto flaco de tu señor,

sacarle toda la información posible.

No nos vale con cuatro papeles viejos.

¿Cómo hago lo que me pide?

Es muy fácil.

Todo Acacias sabe que la mayor debilidad de don Felipe

son las mujeres.

Tendrás que aplicarte en ese terreno.

Tienes un bonito cuerpo.

Seguro que sabes cómo utilizarlo.

Haz lo que tengas que hacer para que don Felipe

tome interés por ti,...

y no quiero ni una sorpresa.

No verá.

-Pos eso es todo hasta que iba a cerrar la puerta.

¿Y está usted seguro que no se ha equivocao?

Llevamos media hora dándole a la húmeda y el pollo ese

no ha hecho na de enjundia, y yo ya no tengo na más que contar.

-Por lo que lleva caminado, ya podría haber ido y vuelto a Zamora

dos veces.

-Igual tiene mucho tiempo o está esperando alguna moza,

que hay algunas que tardan en prepararse.

-Te digo yo que trama algo malo,

me lo dicen mis tripas, y nunca fallan.

-¿Y no serán gases?

Después me lo cuenta, que tengo que acabar unas cosas.

-Sabía que tramaba algo malo.

Muy bien, Camino, agárrele fuerte. Que no se suelte,

tal y como te he enseñado. Eso es.

Aparta, que se escapa.

(Suena el silbato)

Cómo corría el condenao. Estaba más allá de la iglesia.

¿Estás bien?

(TOSE)

-Se me ha escapao. Por mu poco.

-Bueno,... ya no lo va a tener tan fácil,...

he podido ver... que era pelirrojo y además le he visto la cara.

Si estáis bien, voy a dar aviso a la policía.

-Yo le acompaño, en calidad de testigo de lo sucedido,

que digo yo que algo podré decir además de lo suyo.

Cuanto antes le atrapen, mejor.

-Me parece fetén,

cuanta más ayuda, mejor en un caso de esta envergadura.

-No, ha estao usté...

muy observador, Cesáreo, sí.

Gracias a usted ha salido huyendo. Menos mal...

que no le ha dao tiempo de robar na en esta casa.

-No te equivoques, cuando he entrado ya estaba Camino agarrándole

con una de esas llaves que yo le enseñé.

Se ha escapado por muy poco, ¿verdad, Camino?

-Si al final va a resultar un maestro de las clases de lucha.

-Hace falta valor para enfrentarse a semejante maromo.

Ha defendido su casa con uñas y dientes.

Bien, Camino, bien.

Ha sido una velada deliciosa.

La orquesta, la comida, el champán, todo era extraordinario.

Estoy de acuerdo con usted.

Si hay algo que saben hacer bien los brasileños, son las fiestas.

También que se les da muy bien el balompié.

Ha sido un placer esta velada.

Necesitaba un poco de asueto después de todo lo que ha ocurrido.

Me alegro que se lo haya pasado muy bien.

Ya la he visto charlando animadamente con todo el mundo.

Ha sido tan divertido,

sobre todo cuando he hablado con el Embajador de Alemania.

Sería la primera vez que alguien se divierte hablando con un alemán.

Es que se ha equivocado y pensaba que yo era la hija

del Embajador Austríaco, y se ha pasado media hora

hablándome en su idioma.

Y yo a todo le contestaba "Ja", que creo que quiere decir que sí.

Eso es un poco arriesgado.

Tal vez haya aceptado alguna proposición inadecuada

sin haberse dado cuenta. No lo creo,... era muy mayor.

Aunque a veces esos son los peores.

(RÍE)

¿Qué le ocurre?

Contemplar esa casa me ha quitado la alegría de golpe.

No quiero regresar allí esta noche.

Después de todo lo que ha pasado con Lolita

y con el resto de los vecinos, estoy muy afectada, no...

La idea de estar cerca de mi esposo me horroriza.

Si le parece, la puedo acompañar al hotel

donde se alojó la pasada noche.

No tiene por qué pasar por ese trance si no quiere.

Es usted muy amable conmigo,...

durante unas horas me ha hecho olvidar la realidad

por la que estoy pasando.

Yo también he disfrutado mucho con usted.

Hace mucho tiempo que no estaba...

tan a gusto con una mujer.

Es usted una persona muy especial.

Sin duda podría hacer dichoso a cualquier hombre.

La muerte de Samuel me sumió en un pozo de rencor,

sentí odio por todo el mundo y...

eso no es algo de lo que me sienta orgullosa,

pero ese rencor está desapareciendo

y noto cómo los buenos sentimientos regresan a mi corazón.

Y eso es gracias a usted.

¿Qué ocurre?

Esto es una locura.

Jamás tendría que haber pasado. Ya,...

pero ha ocurrido, y los dos estábamos deseando que fuese así.

Si mi esposo se entera, nuestra vida podría correr peligro.

No temo a ese canalla.

Hace mal, yo sí.

-El que sí me ha mostrado su estima es Ignacio, me ha brindado su apoyo.

He sido tan poco atenta con él,

pero aún estoy a tiempo de solucionarlo, ¿verdad?

Le voy a mandar recado para que venga a visitarme y meriendo con él.

No entiendo por qué, pero...

me han empezado a picar las piernas.

Sí, y parece contagioso, porque a mí también me pican.

Deben ser los nervios de poder estar los dos juntos a solas.

Pues si es eso, más vale que nos vayamos acostumbrando

a tanta dicha, que nos vamos a dejar en carne viva.

-Marcia.

¿Te ocurre algo?

¿Estás molesta porque fuera con otra persona a la Embajada?

-Yo sé perfectamente cuál es mi lugar, solo soy una criada.

-No lo entiendo, quizá el banco tenga pulgas.

Por eso nos pica todo el cuerpo.

Rápido, busquemos otro lugar donde resguardarnos.

Ah, no, no, yo me voy a mi casa a bañarme que esto es insoportable.

Otra cita que se nos va al traste. ¿Por qué tendré tan mala suerte?

-Apenas quedan unas horas para la vista con el juez y...

hay que repasar la declaración.

-Esperemos que sirva de algo.

-Lo único que le puedo decir de momento es que es posible

que hoy salga exonerado de todos los cargos.

-Ojalá esté en lo cierto.

Llegamos a estas calles como socios...

y así seguiremos.

No tolero la traición, deberías saberlo.

Descuida,

sé qué clase de hombre eres, lo has demostrado con creces.

Hoy es un día muy importante para nuestros intereses,

espero que estés a la altura delante del juez.

-¿Está diciendo que su niña impidió el hurto?

-Camino aprendió las lecciones de defensa que Cesáreo

fue tan amable de impartirle.

-Su niña es una caja de sorpresas.

-Señora Bryce, ¿podría relatarnos el comportamiento del acusado

el día de autos?

-Con la venia de su señoría, ¿de verdad cree necesario

hacer pasar a mi esposa por el martirio de exponer

unos hechos tan humillantes y dolorosos?

-Dada la gravedad de la acusación,

debo saber qué sucedió aquel día para decidir si se va o no a juicio.

-¿Y qué me dices del señor?

Ese que va a visitar a doña Rosina a menudo a su casa.

-No sé de qué me estás hablando.

-Anda, no te la hagas de nuevas,

que tú misma lo contaste.

-El caso es que es la mar de amable con la señora

y se deshace en detalles con ella. -Anda.

-¿Quién es ese señor

que es tan amable y se deshace en detalles con doña Rosina?

-La policía está tras sus pasos, y con la descripción que dimos,

pronto le atraparán.

-Pues espero que así sea, por su bien,

porque imagínese que vuelve

y se las hace pagar.

Vamos a ver,...

que esa gente tiene muy mala baba y es muy vengativa.

Fue algo repentino.

Mientras charlábamos en el diván, se...

me echó encima tapándome la boca para que no gritara.

Señor Juez, eso es mentira. -Señoría,

todavía falta escuchar

a nuestro testigo.

Hay una persona que ratificará las palabras de mi esposa.

-Que pase el testigo.

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Acacias 38 - Capítulo 1049

05 jul 2019

Cesáreo descubre a un tipo sospechoso merodeando por el barrio que intenta colarse en el restaurante. Camino le hace frente y el ladrón huye.
Rosina rechaza la propuesta de Ignacio para salir. Liberto, destrozado, descubre que Genoveva le tendió una trampa para separarle de Rosina.
Cinta y Emilio sufren un sabotaje en su cita mientras que Bellita y Felicia celebran su triunfo.
Lolita desenmascara a Genoveva, ante los vecinos de Acacias, como cómplice de Alfredo en la estafa. La señora Bryce acuerda con Felipe ayudar a Liberto en el juicio, quien le invita a la recepción de la embajada, dejando a Marcia destrozada.

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  1. Elu

    Desde Guatemala Centroamérica que buena Serie.Acacias 38 me gusta todo, actor es, actrices,.locaciones, música todo Feten

    07 jul 2019
  2. Félix

    El sitio de los avances semanales no se puede abrir. Por favor RTVE resuelvan el problema.

    07 jul 2019
  3. Lidia

    Me encantaaaa sabía que Genoveva y Felipe tendrían algo :) ojalá y acabaran juntos

    07 jul 2019
  4. Liliana

    Muy lindo e interesante la entrevista a Montse Alcoverro. Está bueno verla al natural ver que no es tan mala! Son tantos capítulos... jajaj. Cariños

    06 jul 2019
  5. María

    ¡Buahhh!!! Ya se están pasando too much. Felipe y Genoveva. ¿Están de coña o qué?

    06 jul 2019
  6. Isabel

    El apartado "AVANCE" de esta web no está activado.

    06 jul 2019
  7. Aleja

    AYYY, DON FELIPE!!

    05 jul 2019