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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1047 - ver ahora
Transcripción completa

No sé vivir sin amor.

¿Y ahora lo ha encontrado?

Empiezo a sentir algo muy parecido a mi corazón.

Me invadió una profunda tristeza.

¿Tristeza?

Al darme cuenta de que no te iba a volver a ver.

Don Alfredo... ha vuelto a llamar a ese joven.

¿A Eladio?

Me ha dicho que les dejemos solos.

Los ricos estos, que no están acostumbraos a ser pobres.

-¿Y si organizamos una lotería? Pa coger dinero y echarles una mano.

-Vale.

Quiero proponerles invertir en un negocio

que nos puede reportar pingües beneficios.

Se trata de una compañía que se llama La Tizona,

una empresa de seguros que está en pleno apogeo,

y creo que va a ir a más.

-Vamos a pensar en la manera de reunir la cantidad suficiente.

Voy a intentar conseguir todo el dinero.

-He contactado con un comprador de libros antiguos.

He decidido vender mi biblioteca, son libros muy valiosos.

-Me han invitado a una recepción en la Embajada de Brasil.

¿Me acompañas?

Me vendrá muy bien que alguien me haga de traductor.

¿Es usted el señor que compra libros raros?

-Sí, soy yo.

Tú y yo sabemos que hay algo detrás de esa decisión

de no ir de gira, algo que no les has dicho a tus padres.

Antes de irme, me enteré de que Emilio seguía queriéndome.

-¿Rosina Rubio? -¿Me conoce?

He decidido quedarme porque estoy enamorada de otro chico.

Lo siento, lo siento en el alma.

¿Qué ha sucedido? No lo sé.

No he podido entrar hasta ahora y me he encontrado el salón así.

¿Ya estás de vuelta, querida? ¿Qué ha pasado, Alfredo?

¿Dónde está Eladio?

¿Por qué tengo que darte explicaciones

de lo que haya sucedido?

Soy tu esposa. Ah, eso crees.

Somos socios, nada más.

Compartimos esta casa y tenemos planes en común.

Pero no compartimos nuestra vida.

¿O acaso has olvidado tu infidelidad con Liberto?

¿Cómo podría soportarlo?

No acabaron los jarrones y las sillas por los suelos.

No sabes el poder de liberación que le da a uno

hacer lo que le dé la gana. Te exijo respeto.

No puedes exigirme nada, no eres quién para meterte en mi vida.

Te lo diré una vez para no volver a repetirlo:

No te metas en mi vida.

(Se cierra una puerta)

Tranquila, señora. No tiene derecho a hablarme así.

No puede hacer nada, todavía no.

Debe esperar su momento. Se cree mi dueño.

Es su esposo.

Tiene todo el poder económico y legal sobre usted.

¿Está de su lado? No.

No diga eso, doña Genoveva.

No vale la pena revolverse contra la realidad.

Las cosas son lo que son

y no podemos cambiarlas,

solo adaptarnos.

Como bien ha dicho, somos socios, no marido y mujer.

Aprovéchese de ello.

Don Alfredo le está ayudando a conseguir sus objetivos,

olvide sus gustos y su relación con Eladio,

al que maltrata como amante.

Limítese a pensar que es...

un buen socio.

(Sintonía de "Acacias 38")

Es lo único que te pido, saber de quién se trata.

Creo que tengo derecho tras tu abandono,

tras tu negativa a cumplir los compromisos de la gira.

Es Emilio, el hijo de la dueña del restaurante.

Sé quién es.

Lo sospeché desde el primer momento

que le vi mirarte en las clases de baile.

No le guardes rencor. Por favor te lo pido,

soy yo la que me he comportado como una veleta.

No, no te inquietes, nada haré contra él.

No soy rencoroso,

y entiendo que se haya enamorado de ti,

solo hace falta que te mire con los mismos ojos que yo.

Menos mal que lo entiendes.

Contra el amor no se puede luchar.

He intentado luchar contra la atracción que sentía hacia él,

pero no he sido capaz,

a pesar de tu presencia,

que me daba paz, alegría y esperanza.

Nunca me quisiste.

No digas eso.

Te quise y te quiero,

aunque de una forma distinta a la que tú deseas.

Me diste la fuerza que me faltaba para seguir adelante.

Nuestros caminos se separan.

Solo si tú así lo deseas.

Aunque quiero pedirte un favor.

Claro, lo que desees.

No quiero que le cuentes a mis padres, si es que te preguntaran,

que Emilio es la causa de la cancelación de la gira.

Mi relación con él

ha sido tortuosa, y no sé si lo entenderán.

Te ayudaré en lo que esté en mi mano.

De cualquier forma, no puedo quedarme mucho tiempo por aquí.

Suspendida la gira,

debo buscar una ocupación para ganarme la vida.

Ya.

He pensado en ello.

He hablado con la compañía de Úrsula López.

Aprecian tu arte y te esperan.

Solo te tienes que presentar y el puesto es tuyo.

Les dejé tiraos. Lo van a olvidar.

Te lo agradezco.

Ha llegado el momento de despedirnos.

Siento todo el daño y dolor que te haya podido causar.

Adiós, Cinta.

Mucha suerte.

¡Ignacio Pedraza!

¿Cuántos años hacía que no nos veíamos?

-No pueden haber sido muchos,

porque está usted igual de joven e igual de bella.

-No exagere, don Ignacio, que el tiempo pasa para todos.

Usted se conserva muy bien.

Ya no es ese joven flaco y con aquel pelo.

-Los kilos y las canas han acabado con él,

pero no me quejo, tengo salud

y los años me han dejado un poso de sabiduría.

-Qué remedio, como a todos los de nuestra quinta.

¿Quiere un té? -Nada me haría más feliz.

-¡Casilda!

Ay... (VOZ DULCE) Casilda, ven, por favor.

Trae, por favor, té y pastas para don Ignacio y para mí.

Por favor.

-Se nos han acabao las pastas, señora.

-Mejor,

doña Rosina me acusaba de haber dejado de ser un joven flaco.

Mejor té, y no seguir engordando.

-Eso, eso.

Ya has oído, solo té, ¿eh?

Gracias.

Qué raro, siempre tenemos pastas.

-No le de importancia.

Supongo que tiene que ver con el deseo de vender

esos libros.

-Así es, se habrá enterado de lo que ha pasado con el Banco Americano

en estos últimos tiempos.

-He leído que en este barrio muchos se vieron afectados.

-Sí. Pero confío en que pronto se arreglará.

-Así lo deseo.

Después vemos esos libros.

Ahora, cuénteme, ¿qué ha sido de usted todos estos años?

¿A qué se ha dedicado?

-A vivir. (RÍE)

Me casé, tuve una hija... Mire qué guapa, Leonor.

Vive en Lisboa. Tiene trillizas.

Y, bueno,

enviudé y me volví a casar

en segundas nupcias. Y poco más. ¿Y usted?

-Pues más o menos lo mismo.

Aún recuerdo un sombrero muy grande, rosa,

que se ponía para bajar a la playa. -Sí, mi sombrero rosa.

(RÍE) Hacía mucho que no me acordaba de él.

A mí madre le horrorizaba. -Por eso se lo ponía usted.

Todavía recuerdo a su madre gritar:

"¡Rosina, pareces una seta con ese sombrero tan grande!".

-Es verdad. Qué recuerdos.

¿Se acuerda del puesto de tiro de la feria?

-Ah...

¿Cuántas veces disparé para conseguirle aquella muñeca?

-Cientos, cientos.

El feriante estaba apurado por usted y le daba consejos

como si fuera su hijo. "Dispara".

Decía que nunca había conocido a nadie que disparase tantas veces

sin premio.

-Y nos fuimos sin muñeca.

-No he conocido a nadie con tan mala puntería.

-Gracias a Dios no he tenido que participar en ninguna guerra,

solo serviría para prisionero... -(RÍEN)

Yo le llevaría un libro. (RÍE)

¿Me estabas espiando? No, acabo de llegar.

Ha ido bien. Rafael es un hombre maravilloso.

¿Debo sentir celos?

Espero que tú también seas un hombre maravilloso.

Lo seré.

Ya te darás cuenta.

A las buenas noches.

-Qué tarde se te ha hecho, muchacha.

-Ya. Mi señora, que tenía visita.

Me voy a servir un vaso de leche,

a ver si entono el cuerpo antes de entrar en el catre.

-La acabo de calentar.

-"Boa noite, mininas. Boa noite, dona Agustina".

-"Boa noite" tengas tú también.

¿Cómo ha ido el día? -"Muito bem".

"Uma belleza".

Don Felipe me ha convidado a ir con él a una fiesta.

-¿Tu señor te ha invitado a ir con él

a una fiesta?

-Porque es en la "embaixada" de mi país, de Brasil.

-¿Una fiesta en la embajada?

Pero si a esas fiestas solo van las grandes señoras.

-El señor me dio dinero para comprar un vestido e ir más elegante.

"Dona" Agustina,

usted fue "alfaiata", ¿no?

-¿Que fui qué?

-"Alfaiata",

las que cosen la ropa.

-Sastra.

-Eso.

-Bueno, no fui sastra,

pero trabajé con doña Susana

cuando ella tenía la sastrería abierta.

-¿"E pode-me ayudar con los arreglos"?

Seguro que usted me deja un vestido "muito lindo".

-Claro, claro que te ayudo,

pero tendrá que ser mañana, que hoy me voy a dormir.

-"Obrigada, dona Agustina".

-Ay.

"Deus lhe pague".

-Hasta mañana.

Buenas noches.

-¿Obligada a qué?

"Obrigada", es como se dice gracias en mi país.

-Ah, "obligada".

Será "obligada" a devolver el favor.

-"É possivel".

"Me voy a poner un copo de leite".

-"Un copo de leite".

Con lo fácil que es decir un vaso de leche, mujer.

Oye, ¿y vas a ir con don Felipe a una fiesta?

-Sí, me ha convidado.

-¿Y por qué?

-Pues para hacer de traductora con otros "brasileiros".

-Marcia, ¿y no será que don Felipe quiere algo contigo?

-Casilda, no seas desconfiada,

el señor se porta "muito bem" conmigo.

-Ten cuidado,

no serías la primera criada de la que se encapricha don Felipe.

Me acuerdo de una que se llamaba Herminia.

A los buenos días. -Buenos días, Fabiana.

-¿Viene a comprar? -Pa eso vendré más tarde.

Aunque no sé si vas a tener de lo que quiero.

-No me enojo si se va al mercao.

-¿No está esto mu desprovisto?

Supongo que tus motivos tendrás, así que mejor ni pregunto.

Mejor.

Cuando llegue el día, se lo explico,

que ya sabe que no tengo secretos pa usté.

-Tranquila, que no es pa sonsacarte.

-Si no ha venido a comprar ni a sonsacarme, ¿a qué ha venío?

-Verás, es que íbamos a hacer una rifa...

-Verás...

Verás, Lolita, lo que...

Nos sentimos muy unidos a los criados de la calle,

pese a que Fabiana y yo somos de un nivel superior,

y queríamos hacer una rifa.

-¿Pa qué?

-Pa ayudar a los señores, que sabemos que lo están pasando mal

con lo del Banco Americano ese, que ha salío tan mal...

-¿Quieren ayudar a los ricos

a seguir siendo ricos, mientras ustedes son pobres?

Perdonen, pero no lo entiendo.

-El que más y el que menos está acostumbrao a sus señores.

Y, aunque ca uno tie sus cosas, no son malos del to.

-Y más vale malo conocido que bueno por conocer, ¿no?

-Eso.

Así que, se nos ha ocurrío hacer una rifa pa conseguir unos duros.

Pero no tenemos un regalo pal ganador.

-Sí tenemos regalo. Una de mis patentes.

Por ejemplo, la cuchufleta Servandina.

-Eso no lo quiere nadie.

-¿Y la Servandina elevadora?

O la luz de mano Servandina.

Fabricado a gran escala, podría cambiar el mundo.

-No lo dudo, Servando, pero a lo mejor el ganador de la rifa prefiere

un queso manchego, un chorizo, una garrafa de aceite de oliva...

-Sí, a lo mejor. -Pero de eso no tenemos.

-Yo podría donarlo.

-Pero hija, si ties la tienda vacía de género.

-Pa una buena obra, siempre se saca de ande no hay.

Además, mi suegro tiene una idea pa acabar con to los males.

-¿Un negocio?

-Es que, lo mismo los señores no quieren que ustedes lo sepan.

Que de mi boca no va a salir na.

-En nosotros puedes confiar, que somos la mar de discretos.

-Sobre to uste.

-Es un negocio de seguros.

La Tizona se llama.

Que no salga de aquí.

-Nada, ni una palabra. ¿Qué es eso de los seguros?

-Si es que... no sé muy bien lo que es.

Se ha despertao uste con mejor talante.

Vaya sonrisa.

-¿Sonrisa?

Como si tuviera motivos para sonreír.

-No me engaña, que llevo más de media vida a su lao.

-Bueno, me acordaba de mi juventud,

de la playa,

de las verbenas...

-Eso es por el señor que vino ayer, el de los libros.

-¡Qué descarada eres! A ver qué cuentas por ahí.

-¿Era un amigo suyo de entonces? -¡No!

Era hijo de un amigo de mis padres. Coincidimos dos veranos...

-¿Fue su novio?

-No.

En aquel entonces yo era una pavisosa, ni novios ni nada.

-Pues a él se le veía en la cara que uste le había gustao mucho,

y quizás ahora también.

-Qué disparate.

-Pues si quiere, no lo reconozca,

pero a ese hombre uste le ha gustao más que las gambas a la plancha.

-Puede ser, siempre me andaba rondando.

Pero es que era tan flaco... Y un soso.

Eso sí, tenía mucho pelo.

-Pues ha perdío pelo el hombre, y ha ganao kilos.

-Pues claro, la edad.

Un verano fuimos a una feria,

y nos subimos a una noria, que desde arriba podías ver Francia.

-Madre mía, qué vértigo.

Y cuando estábamos arriba, me dice que quiere hablar conmigo.

Yo estaba asustada y no quería que me pidiera permiso para cortejarme,

ni nada de eso,

así que le dije que me mareaba.

-¿Era mentira?

-Claro que sí, como una catedral.

Yo le decía que iba a echar la merienda,

la comida y el desayuno.

Pobrecito, se puso a gritar que nos bajaran.

-¿Y les bajaron?

-Pues sí.

Qué recuerdos.

En aquel entonces,

yo era una joven llena de ilusiones.

Y mira ahora:

viuda, separada, arruinada.

-Pero señora, está llena de recuerdos bonitos.

-Eso sí.

-Y... tie un par de hombres que darían una mano por usté.

-Ah, ¿sí, quiénes?

-Pues don Liberto...

o don Ignacio.

Entre uste y yo, señora,

don Ignacio me ha parecío un hombre muy elegante y mu distinguío.

-De verdad. ¿Hoy es el día de los disparates?

Lo mejor es que vayas a la compra.

Y sé mirada con el dinero, trae lo que esté bien de precio.

Hombres que darían la mano por mí, qué majadería.

Llévate este desayuno, que da pena, es de pobres.

(TARAREA)

-Buenos días, Marcia. -"Bom dia".

¿Ha dormido "bem"? -Perfectamente. ¿Y tú?

-Una delicia.

-¿Qué tal me queda esta corbata? -"Muito bem".

¿Tiene una reunión importante?

(Llaman)

Ve a abrir. Debe ser Genoveva.

Hazla pasar y déjanos solos.

-(ASIENTE)

"Bom dia". Buenos días.

-Buenos días. Buenos días.

Marcia, puedes dejarnos solos.

-Sí, señor.

Gracias.

-Gracias por venir. No hace falta que me las dé.

Desde que me pidió que viniera, me muero de curiosidad.

Tome asiento.

¿Quiere tomar algo?

Mi nueva criada es brasileña y hace un café magnífico.

En otra ocasión, acabo de desayunar.

Prefiero que vayamos directos al tema.

He recibido la primera citación del juez para el caso de Liberto.

Eso es algo a lo que atiende mi esposo.

Pero usted es la víctima de la supuesta violación.

Genoveva,

no vamos a andarnos con pamemas.

Voy a defender a Liberto,

y usted podría cambiar su declaración sin caer en perjurio.

En sus manos está que Liberto quede en libertad.

¿Me propone traicionar a mi esposo y que declare en su contra?

Me decepciona usted.

No conoce a Alfredo Bryce.

No es fácil traicionarle y salir con dignidad del trance.

Sé que no es fácil,

pero confío en que no quiere arruinar la vida de Liberto.

Liberto es responsable de sus actos.

Actos compartidos, por lo que sé.

También la tengo como una mujer íntegra.

Me gustaría ayudar a don Liberto.

Pero no a costa de arruinar mi vida.

Tengo una idea.

¿Quiere escucharla?

Por supuesto.

El primer paso del proceso será una reunión preliminar con las partes.

Entonces, se decidirá si la denuncia se admite a trámite.

Usted no tendría que declarar contra su esposo,

solo cometer una contradicción.

Explíquese.

Hemos de estudiar alguno de los puntos de su declaración

y contradecirla, sin darle importancia.

¿Eso sería suficiente?

El juez podría suspender el juicio y su esposo nunca lo sabría.

Lo veo muy complicado. Genoveva,

es la posibilidad de que todos los implicados

salgan con la cabeza alta.

¿Has comprado cacerolas?

¿Con qué dinero?

¿Cuatro duros? ¿No saliste de casa con cinco?

Ya, ya te veo que estás hecha una jabata.

Oye, ¿no lo habrás robado?

-(NIEGA)

¿Trueque? ¿Y qué les has dado a cambio?

Venga, dímelo, que no se lo cuento a madre.

Vale por una merienda para dos en el restaurante Nuevo Siglo XX.

Una cacerola, una merienda.

Qué buena idea.

Sí, sí.

Oye, espera, espera, ven un momento,

que quiero preguntarte una cosa.

¿Le diste mi cuaderno a Cinta?

No me mientas, que lo sé.

Bien, se lo diste a Antoñito para que se lo diera a Cinta.

¿Y si me hubiera enfadado?

Menuda lianta estás hecha...

Pero al final ha salido bien, así que, te perdono.

Eso sí,

sé que estás cogiendo confianza con la gente del barrio,

pero nadie se puede enterar de lo que pasó en Santander.

Y sobre todo,

cuidado con Cesáreo.

Hablando del rey de Roma, por la puerta asoma.

-Buenos días. -Buenos días.

-Camino, ponle un café.

Aproveche, que mi hermana está muy charlatana.

¿Las aceitunas?

Eso no es dinero, el chocolate del loro, que se dice.

-Pues vino. -No, tampoco.

Una perras al mes que no nos sacan de pobres.

-¿Y las anchoas?

-Si apenas comemos anchoas,

sería ridículo intentar equilibrar nuestro presupuesto

quitándonos cuatro anchoas.

-Hijo, pues no le veo solución a nuestra economía.

-Porque no la tiene.

Porque sin jamón, sin queso bien curado,

sin una copita de buen vino de vez en cuando,

no merece la pena vivir. -Y unas gambas de mi tierra,

no te olvides. -Eso.

Na, no hay na que nos podamos quitar,

es todo primera necesidad.

-Pero no tenemos dinero, hijo.

Habrá que discurrir cómo ganarlo, no de no gastarlo.

-Don Ramón ya nos ha hablado del negocio de la compañía de seguros.

-Sí, pero para entrar en el negocio, debemos invertir.

Y no tenemos.

-Aunque me fíe de don Ramón más que de Alfredo Bryce,

tampoco las tengo todas conmigo.

Esto de los negocios es muy inseguro.

(Llaman a la puerta)

-Era mejor cuando salíamos al escenario y nos pagaban.

-Se nos complica la vida, José, pero yo sé que tú vas a sacar algo

de la cabeza para que salgamos adelante.

-Sí, mucho te fías.

-Señores,... el Boquerón, que viene a despedirse.

-Pase, joven.

-Aprovecho que estamos todos para darles las gracias

por lo que han hecho por mí.

-Nada, tampoco hemos podido hacer tanto.

-Enseñarme lo que es ser un artista en una pieza, ¿les parece poco?

No he conocido una dama en el escenario como doña Bellita.

-Muchas gracias, "salao".

-Ni a un torero, guitarrista

y bailaor como usted, don José.

-Bueno, pare, pare el carro. Me valora en exceso.

Usted sí que es un virtuoso con la guitarra, le auguro grandes éxitos.

-Ojalá tenga razón.

También he estado muy orgulloso de haber acompañado

una voz tan cristalina...

y una moza con tanto arte como Cinta.

Gracias, Rafael.

Y por último,

y no por ello menos importante,...

no he visto a nadie, pero nadie, que coja un pescado

y le haga un pil-pil como el que hace Arantxa.

Una verdadera artista, aunque sea en los fogones.

-En cuanto quiera le doy la receta.

-Y la del pastel de cerezas. -Pues claro.

-Solo espero poder... visitarles la próxima vez que pase.

-Eso está hecho.

No solo se lo permitimos, se lo exigimos.

Que no nos enteremos que la gira pasa por aquí y no nos visita.

-Denlo por hecho.

Y con estas...

me despido.

Solo quiero desearte que...

la decisión que has tomado sea la acertada

y todo lo mejor para ti.

Hasta pronto.

-Le acompaño, don Rafael.

-Vaya despedida.

Qué muchacho más sentío.

-¿A qué decisión se refería, Cinta?

A la de no ir de gira, ¿a qué va a ser si no?

¿Estás segura?

Sí, claro, claro que sí.

Dos nuevos atracos en la ciudad.

Deberíamos retomar las clases de defensa personal.

¿Mucho trabajo?

Bueno, podemos encontrar un hueco.

Me dice Camino que está muy ocupada para volver a dar clases

de defensa personal.

-Eh... pues sí, sí, la verdad

es que el restaurante lleva unos días mejor

y el dinero hace falta. Espere unos días,

y ella misma le dirá cuando puede volver.

Por cierto, ¿sabe qué se le ha ocurrido a mi hermana?

Cambiar meriendas en el restaurante por cosas que necesitamos.

De hecho, ha conseguido unas cacerolas estupendas.

-Muy buena idea. Con Dios.

-Con Dios.

-"¿Tan importante es la vista preliminar?".

-Si sale bien, puede que evitemos el juicio.

Quedaría usted en libertad sin llegar a arriesgarse a una condena.

-Eso sería magnífico, aunque tengo que decirle que no me importaría

llegar a juicio.

Soy inocente, no temo enfrentarme a él.

-Amigo, muchas veces a la justicia se le representa como ciega,

y no porque sea igual para todos, sino porque muchas veces no es capaz

de discernir la verdad.

No sabemos qué testigo va a presentar don Alfredo.

-Ya se lo digo yo: un testigo falso.

-Pero si es creíble, da igual que sea verdadero o falso.

Amigo,... si quiere que yo le defienda,

tiene que seguir mis instrucciones y tomarse cada paso que demos

como si fuera el más importante de su vida. ¿Se compromete?

-Descuide que no tendrá ninguna queja de mí.

Yo soy el primer interesado en salir de esta pesadilla,

y tampoco podría hacerlo de otra forma.

Le estoy muy agradecido por todo lo que está haciendo por mí,

tanto como amigo como económicamente,

que no se me olvida que está defendiéndome

sin ninguna contraprestación económica.

-No piense en eso, usted es mi cliente más importante,

da igual que cobre o no. -Si sale bien la inversión

que me ha propuesto don Ramón, será el primero en cobrar.

-¿Va a conseguir el capital suficiente para esa inversión?

Es una buena cantidad.

-Esa oferta me ha llegado hoy.

Es de un coleccionista que estuvo viendo mi colección de libros.

-¿Va a deshacerse de ella? -Tan solo de alguno de ellos.

No tengo más remedio y la oferta es buena.

Además, don Ignacio no ha querido aprovecharse de la situación.

-Una buena noticia en medio de tanta desdicha.

-Sí, tal vez sea el inicio de la solución de nuestros problemas.

(Llaman a la puerta)

-Disculpe.

Don Ramón, buenos días. -Buenos días, don Felipe.

-Adelante. -Con su permiso.

Liberto, buen día. -Buenos días.

-Pensé que me abriría su nueva criada, Felipe.

Hay que reconocer que es una mujer de extremada belleza.

-Y discreta, buena cocinera y agradable de trato.

-Uh, tenga cuidado, no se vaya a enamorar usted.

-Tranquilo,

estoy vacunado contra esos efectos.

En fin, ¿a qué debemos su visita?

-A la necesidad de quejarme.

¿O no es lo que hacemos los vecinos cuando venimos a visitarle?

-No diga tonterías, estoy encantado de sus visitas.

-Pues se lo digo sin adornos.

No he conseguido el capital suficiente para acceder al negocio

de los seguros.

Pensé que sería la solución para el barrio, pero mucho me temo

que tendremos que dejarla pasar.

-Todos nos hemos quedado muy descapitalizados

con la quiebra del Banco Americano. -Desgraciadamente así es,

descapitalizados y con pocos ánimos para emprender un negocio nuevo.

-Aunque...

tal vez tenga una solución yo a eso, don Ramón,

y es que la maquinaria de la mina de oro lleva parada un tiempo

y, al parecer, era muy valiosa, ¿no es así?

-Lo era cuando se adquirió.

-¿Podría venderse?

-Tal vez.

(Se abre y cierra una puerta)

Úrsula, llame a mi esposa. Ha salido, señor.

¿Dónde ha ido?

No sabría decirle.

Salió cuando yo bajé a buscar el correo.

Yo subí por la escalera de servicio y ella lo hizo por la principal.

Espero que esto no vuelva a ocurrir, quiero saber siempre dónde está.

Tráigame el correo, por favor.

Señor.

Es una carta del juez.

Nos cita para la vista preliminar...

contra el señor don Liberto Méndez Aspe.

Lo supuse al ver el sobre.

Tenemos que saber qué va a hacer don Felipe en la vista.

Presione a esa criada que trabaja en su casa para que se entere.

Sabe que debe decirnos todo lo que consiga averiguar.

Recuérdele que es para esto para lo que la queremos.

Si me permite, señor,...

creo que debemos andarnos con cuidado,

sería una pena que ahora que está en casa de don Felipe

no pudiéramos disfrutar de su ayuda por una indiscreción.

Bien.

Con cuidado, pero proporcionándonos toda la información,

de lo contrario, no nos servirá de nada.

Debe ser doña Genoveva.

Vaya al despacho.

¿Ya has vuelto?

Pensé que estarías fuera toda la mañana.

¿Dónde has estado?

Con Lolita.

Me la acabo de encontrar, había traído un pedido.

Qué casualidad. Sí,...

mucha casualidad,...

pero no has estado con Lolita.

Dime dónde has estado.

¿Celos?

Genoveva, no abuses de mi paciencia.

¿No tienes tú tus vicios? Pues yo tengo los míos.

-Sé poco,...

na más que don Liberto tiene que presentarse ante el juez.

-Ay, espero que no lo condenen.

-Yo no me creo que don Liberto haya forzado a doña Genoveva.

-¿Y entonces por qué doña Rosina no le deja entrar en casa?

¿Qué anda, dudando?

-Hombre, ya conocen a mi señora cómo es.

-Sí, y también sabemos que don Liberto

la lleva con más paciencia que nadie, y eso no es fácil.

-Él y yo, que llevo media vida a su lao,

ende que era una chiquilla que no levantaba dos cuartas del suelo.

-Mucho no has crecido.

-Usted ya me entiende, señá Agustina.

Lo que sí ha pasao, que es mu raro, es que don Liberto

ha mandao a la casa a un señor para que viera unos libros pa venderlos,

y resulta que este hombre... era amigo

de doña Rosina de cuando ella era moza.

Pos na, que se han alegrao mucho de verse y han estao hablando

largo y tendido.

-Uy, pero ¿amigo o novio?

-La señora me ha dicho que novio no, pero a mí no me ha quedao claro.

Pasaban los veranos juntos en las vascongadas.

Usted es de allí, ¿no, señá Arantxa? -Hombre, claro, tierra de vascos.

El lugar más bonito del mundo.

-Quía, como la calle Acacias no hay na.

O al menos pa mí, que nunca he viajao.

-Pues yo a punto he estao de recorrer otra vez España entera,

en el último minuto me he librao. -Ya se ha comentado que al final

la señorita Cinta no se va de gira. -No, y es una pena,

con lo bien que canta.

-No sé qué ha pasao con Servando, que me dijo que venía p'acá.

-Es una pena, pero yo más tampoco no puedo esperar,

porque a mí a esta hora mis señores no me perdonan la tapita de jamón.

-Ni sus señores ni servidora.

-A ver, la siguiente, cuando ya me quede lo de alrededor del hueso,

hago un picadillo y subo pa el altillo.

-Ole ahí, pa el altillo y pa la del quiosco.

-Tenga eso por seguro, Marcelina.

Bueno, ya me contarán qué pasa con la lotería.

-Con gusto lo haré. Yo me encargo.

Agur. -Agur, chicas.

-Agur. -Es una mujer agradable, Arantxa.

-Sí.

-Cuchillo de pescado.

Este. "Faca de peixe".

-Muy bien.

-Lo que no recuerdo son los "garfos", los tenedores.

-Eso es. -¿No son todos iguales?

-Piensa en el orden, ¿de acuerdo?

El más alejado del plato es el de los entrantes.

El segundo,

el del pescado, y el que está más cerca del plato,

el de la carne. -No sé si... me voy a confundir.

-No, no te vas a confundir porque eres muy inteligente.

¿Te das cuenta de todo lo que has aprendido?

-Sí, pero cuando vuelva al altillo con mis compañeras, lo olvido.

-Poco a poco,... que Zamora no se conquistó en una hora.

-¿Za...? ¿Qué es eso?

-Es una frase hecha,

significa que todo lleva su tiempo.

-Ay, menos mal, era una cosa que no sabía.

-Venga, sigamos con las clases. Ponte de pie.

Imagínate que soy el Embajador...

y que me vas a saludar.

-"Meus cumprimentos".

-Muy bien.

¿Quién te ha enseñado a hacer la reverencia?

-Nadie, se me ocurre a mí sola. -Lo has hecho muy bien,

todos sabrán que eres una dama.

-Yo espero no dejarle en ridículo,

con eso me conformo.

Una pregunta: ¿no se baila?

-Pues no creo que haya que bailar en la recepción.

¿Se te da bien?

-Soy muy buena "danzarina".

-Eso tendrás que demostrarlo.

(Música)

¿Me permite este baile, señorita?

-Es para mí un honor.

-Sí, sí que bailas bien, sí,...

aunque no creo que lo tengamos que hacer en la recepción.

Así que seguiremos con las clases.

-¿No está tardando mucho, el Servando?

-A saber en qué lío se ha metío este hombre de Dios.

-A las buenas. -Hombre, Servando,

menos mal que llega, que ya le estábamos esperando.

Hasta pensábamos que se había perdío.

-Uno, que es un hombre muy ocupao. -Ya.

¿Eh? -Esto es una maravilla.

-Ya lo creo.

-Pero vamos,... mismamente como la lotería del Estado, vamos.

-Esto me lo ha hecho un amigo mío que trabaja en una imprenta.

Ahora solamente hace falta venderlos.

-¿Y cuántos hay pa ca uno? -Me ha hecho unos 20,

pero dice que me va a hacer más.

-Algunos como Arantxa no conocen a tanta gente en el barrio.

-Por eso no se preocupe, yo le ayudo,

si yo con 20 no tengo ni pa empezar.

-Y yo puedo vender en el quiosco por centenares.

-Bueno, poco a poco que la avaricia rompe el saco.

-Eso. Primero estos 20, luego... se verá.

-Prima,... ¿qué te apuestas a que yo vendo más papeletas que tú?

-Nanay del pirulí.

-Por un momento pensé que teníamos que prescindir del jamón.

-Entonces ¿qué sentido tiene la vida?

Como si no pasáramos ya bastantes fatiguitas.

-Y que lo digas, que cada día viene con un nubarrón.

Si yo tuviera el arte que tiene el Boquerón...

-Tú tienes su arte y más de propina.

Ahora, te digo una cosa: Rafael Boquerón es una cosa seria,

y muy educado, como nos demostró en su despedida.

-¿Ahora te parece buen novio pa Cinta?

Con la perra que tenías para que se ennoviara con un diplomático.

-No me digas que a ti no te hubiera gustado.

-Yo quiero que la niña sea feliz. -Pero es mucho mejor ser feliz

con un ministro plenipotenciario de España a Japón

que con un peón.

Una cosa te digo:

hay algo extraño en la ruptura entre Cinta y Rafael.

-¿Extraño?

Que no le gustaba, no le busques tres pies al gato.

-Se los busco y se los encuentro, ya verás.

-He cortao unos tomates de Guernica y he puesto con ajo

y aceite de oliva como les gusta a ustedes.

-Trae para acá. -Arantxa.

-Sí. -Hablábamos mi esposo y yo

de la ruptura de la niña y Rafael. -Ay, sí, una pena, una pena,

un joven de lo más correcto.

-Ya, pero me da a mí que hay algo raro.

-Yo, como de eso no sé nada,

mejor me voy pa la cocina, porque quiero confitar

unos pimientos de Lodosa en aceite de oliva.

-Me vas a matar del gusto, Arantxa. -¡Eh!

Tú ocultas algo.

Ya... confitarás los pimientos después,

ahora quiero que me desembuches lo que sabes de Cinta y el Boquerón.

-"Ignacio, pase".

Me han dicho que usted ha hecho una muy buena oferta por los libros

y aquí los tiene, preparados para que se los lleve.

-Le voy a ser sincero.

Pensaba ser más mezquino en mi oferta,

aprovecharme de la necesidad de venderlos,

pero siendo usted...

-Se lo agradezco. -He estado buscando

en un viejo álbum hasta encontrar esto.

-Ay, la Playa de la Concha, qué buenos momentos pasamos aquí.

-Nunca he dejado de recordarlos,... pero mire por detrás.

-Es mi letra.

"Yo también recuerdo los paseos por el barrio viejo

y deseo que se repitan". -Sí, pero nunca se repitieron.

Aquel fue el último año.

¿Se acuerda de la noche de la noria?

-Cómo olvidarla.

Precisamente hoy se lo contaba a mi criada, qué mala me puse.

-¿De verdad se puso mala o solo lo simulaba?

-Pues claro que no, era verdad, ¿por quién me toma?

-Perdone.

Es que entonces, pensé que lo hacía para ahuyentarme.

-Qué va, si me divertía mucho en su compañía.

¿Quiere tomarse un té y recordamos...

aquel año de aquel verano... del siglo pasado?

-Sería un honor para mí.

-Pues tome asiento,

yo le digo a Casilda que prepare un té.

¡Casilda!

-"Arantxa, dinos de una vez por todas"

lo que ocurre o perderemos la confianza en ti.

-Señora, es que también le debo discreción a la chiquilla, ¿no?

-Que yo sepa, hemos sido nosotros los que te hemos contratao.

-Yo creo que tu obligación es decirnos la verdad.

Venga, no lo alargues más.

-Jesús.

Que Cinta... se ha quedao por Emilio Pasamar,...

el hijo de doña Felicia.

-Sé perfectamente quién es.

-Pues...

como ella lo había dejao, decidió hacerse novia del Boquerón

e irse de gira con él para olvidarle, pero entonces

se enteró que él todavía sigue enamorao de ella.

Cuando digo "él" digo Emilio. -Ya, ya, ya,

¡qué desastre, qué desastre!

-Bueno, bueno,

tampoco hagamos de esto un mundo.

Cinta es joven,... y esto no es definitivo.

Lo mejor es que hablemos con ella. -No. Ni hablar.

Nadie va a hablar con ella.

-Explícame, que no lo entiendo.

-Que no quiero que ninguno de los tres le diga a Cinta

que sabemos que ha vuelto con Emilio.

-Pues... yo tampoco lo entiendo.

-De ese asunto

me voy a ocupar yo personalmente.

-Nosotros seguimos yendo un par de veranos más,

hasta que falleció mi padre.

-Todavía recuerdo a don Rosauro, tan serio.

-Bueno, serio... fuera, en la calle, pero de puertas para dentro

era muy risueño. -No lo parecía, desde luego,

yo le tenía pavor. -Como todos los que se me acercaban.

Hasta que llegó Maximiliano.

-Su primer marido.

-Sí. Se conocieron casi en las últimas semanas de vida de mi padre,

pero hicieron muy buenas migas,

y Maximiliano y yo tuvimos que esperar a casarnos

a que se acabara el luto. -¿Fue feliz con él?

-Sí.

Fue un marido maravilloso, y me dio una preciosa hija.

Hasta que el Señor me lo arrebató,...

el Señor y una bomba de los radicales.

Nunca se lo perdonaré. -¿Una bomba?

-Sí.

Una bomba que pusieron en la iglesia durante una boda, fue una pesadilla.

No quiero hablar más de eso.

-Me dijo que su hija se llamaba Leonor.

-Sí. ¿Y usted, ha tenido hijos?

-Yo...

entré a trabajar en el negocio de mi padre, ya sabe, de libros antiguos,

me metí de lleno en eso y...

me quedé, como se suele decir, para vestir santos.

-Me cuesta creer, con lo buen mozo que era.

-Sí, bueno mozo, pero usted nunca se fijó en mí.

Era como invisible, como era tan delgado.

-Por eso sería. ¿No me lo echará en cara ahora,

tantos años después?

-No, no, descuide, pero sígame contando.

Liberto es su segundo esposo, ¿no?

-Sí, aunque ahora...

-¿Tienen problemas?

-Sí. No se lo puede imaginar,...

y ahora encima lo de los libros.

Yo no sé si volveremos a estar juntos otra vez.

-¿Tan grave ha sido?

-Sí. Yo... creo que lo he perdido para siempre.

Perdone.

(Llaman a la puerta)

-Le he traído casi to el pedido, pero hay cosas que no tenía.

Qué raro, en El Sueño de Cabrahígo siempre hay de todo.

Ya, es que hay cosas que ya no merece la pena pedir.

No sé cuánto tiempo va a ser mía. ¿Por qué?

Bueno, usted ya lo sabe,... por su esposo.

Antoñito finalmente puso la mantequería de aval del préstamo,

en pocos días será de su esposo.

No sabía que la situación era tan grave.

Tranquila,...

tranquila, seguro que algo se nos ocurre.

La pena es que yo no puedo hablar con mi esposo,

no estamos pasando por nuestro mejor momento

después de lo de don Liberto. Claro,

yo contándole mis problemas, como si usted no tuviera los suyos.

Déjeme pensar.

Le prometo que intentaré ayudarla.

Gracias, Genoveva.

Ha sido tan bonito.

No puedes quitarle la mantequería a esa mujer.

Ya has oído que el insensato de su esposo

la puso de aval para su préstamo.

Ese don Ramón que tanto se las da de señor,

no le enseñó una cosa a su hijo: que la avaricia rompe el saco.

No necesitas la mantequería.

No puedes quitarle su medio de vida.

Paparruchas.

Que no lo ponga de aval para el préstamo.

¿Has visto al hombre que ha salido de casa hace cinco minutos?

Sí, ¿quién era?

Un abogado, bueno, un...

leguleyo, nadie especial.

El que va a poner a mi nombre los papeles de la mantequería.

No puedes hacer eso. Tardará solo unos días.

Lo que... no sé

es lo que voy a hacer después con el local.

¡Me pedías más saña, más fiereza! ¡Les querías arruinados,

arrastrados, aniquilados, incluso muertos!

¿Qué te sucede, Genoveva?

¿Qué me escondes?

-La niña no se va de gira porque prefiere quedarse con su hijo.

Lo importante es si a usted le molesta tanto como a mí este amorío.

-Me molesta.

-Entre las dos podremos ser capaces de idear un par de trucos

o tres para espantarlos.

-No sé lo que voy a hacer con ella,... pero no voy a permitir

que le tiemblen las manos.

-Que se den cuenta de que lo suyo es imposible.

-¿Es un trato?

-Lo es. -"Me duele ver cómo mis amigos"

y vecinos no son capaces de conseguir

el dinero que necesitan para volver a encauzar sus vidas.

-¿Podría hablar con ellos...

e informarles que, dada mi confianza, podría prestarles

el dinero que necesitan?

-Me conmovió mucho su situación y amparándome

en nuestra antigua amistad,...

me ha parecido correcto pedirle que me acompañe a la feria.

-"La vista oral es inminente," guardo un as bajo la manga.

Siento no poder hablar con claridad, pero quiero evitar a toda costa

que la acusación reciba el más mínimo aviso.

-Tengo una cita.

En casa de ella,

a una hora en la que sabemos que no habrá nadie.

-Su amiga y admirada Genoveva volvió a este barrio de mi brazo

solo por el placer de vengarse de ustedes.

-¿De nosotros? -Sí,

de todos los que acusaron a Samuel Alday,

de todos los que le dieron la espalda.

No me has contado nada útil.

Para trabajo siempre entra en despacho.

Tendrás que entrar cuando él salga,

necesitamos saber qué usará

para intentar liberar a don Liberto de la acusación.

-Un atracador anda campando por la ciudad.

Actúa al cierre de los comercios, cuando hay menos de clientes.

Anden ustedes con ojo, la única seña que hay es que tiene el pelo rojo.

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Acacias 38 - Capítulo 1047

03 jul 2019

Ignacio compra la biblioteca de Liberto y recuerda a Rosina su época de juventud, que emocionada, se echa a llorar en sus brazos.
Felipe da unas clases de protocolo a Marcia de cara al evento en la embajada. La criada pide ayuda a Agustina para confeccionar un vestido para el acontecimiento.
Cinta desvela a Rafael que sigue enamorada de Emilio y le pide que no cuente nada. El Boquerón se despide de los Domínguez. A pesar de la discreción de Cinta, Bellita y Jose descubren la razón por la que su hija cortó relaciones con Rafael.
Tras hablar con Felipe, Genoveva se plantea modificar su declaración para salvar a Liberto y pide a Alfredo que devuelva la mantequería a Lolita.

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  1. Marcela

    Era de esperar, dada la mala leche de los guionistas, que " echaran " a un personaje como Rafael, un tipo educado, entrañable, decente y encima BUEN MOZO. Deseo que Cinta tenga que arrepentirse de su decisión y elección, por un señorito insulso, men- tiroso, escondedor y cobarde .- ¿ se formará otra pareja entre patrón y criada? Felipe parece mas que encantado con Marcia

    04 jul 2019
  2. Mabi

    Cómo es eso? Con ganas y voluntad... Aunque Fabiana se ayude con sus dedos para contar y Servando tarde un poco en leer, no se porqué extraña..........

    04 jul 2019
  3. Belén

    Servando y Fabiana saben leer? LLevan el libro de la pensión, cómo es eso? Falta emoción en la serie.

    03 jul 2019