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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1045 - ver ahora
Transcripción completa

Con una condición. Usted dirá, señor.

Genoveva no debe saberlo.

Este trato quedará entre nosotros dos

y... esa chica, Marcia.

No veo ningún inconveniente, señor.

¿Por qué puede estar interesado en Valdeza el sereno?

-Supongo que le sacó algo a Camino y empezó a investigar.

Lo que no logro adivinar es lo que está buscando.

-Y lo peor de todo es que parece que va progresando.

Es muy posible que sea él

el que llamó a Santander preguntando nosotros vivíamos en la finca.

-No podemos permitir que descubra nuestro secreto.

-Ni él... ni nadie.

El señor Bryce pagará por ti,

y esa gente... no volverá a molestarte.

¿Yo seré libre?

Desde luego.

Pero has de tener en cuenta

que tu deuda ha crecido con nosotros.

¡Hundidos!

¡Hundidos!

¡Estamos hundidos! ¡Hemos perdido tu don!

-¡Que no! ¿No ve que se van todas para el mismo lado?

Yo también estoy deseando pasar un rato a solas con usted.

En fin, debo irme.

Llevo días dándole vueltas a un negocio

que podría ayudar a todos los vecinos

e impedir que mi nuera perdiera la mantequería.

-Todo esto es una panacea.

-Llevo algún tiempo estudiándolo,

y creo que podría ser la solución para todos.

Esta era la sorpresa.

Has traducido la letra de la canción.

-Espero que le guste.

-Por supuesto que me gusta.

Gracias.

Espero que no haya juicio.

-Yo también lo espero, pero no puedo garantizarlo.

-Anímese, hombre.

Felipe es buen abogado, seguro que le saca de esta.

Don Alfredo es un mal bicho,

sin piedad y maltratador.

Que la tiene muerta de miedo.

¿Puede hacer algo por ella?

Todo esto destila amor hacia Cinta.

Camino, ¿no crees que deberíamos hacer algo para ayudar a tu hermano?

Todos sabemos que no fue una violación.

Tiene que hablar con su esposo.

Conseguir que dé marcha atrás.

Evitar el juicio, que es lo justo.

¿Cree que no lo he intentado?

¿Que no he tratado de hablar con Alfredo?

Le he dicho que no fue una violación, pero no quiere creerme.

¡Lo siento, Liberto! Es que no...

Lo que me pasa es que no puedo soportar más tu presencia.

Eso es lo que me pasa.

No puedo.

¿Me estás diciendo que no puedes seguir a mi lado?

-Que lo siento mucho.

No busco castigarte.

Pero te juro que no lo puedo evitar.

-Rosina, cariño, no tienes que disculparte.

Lo entiendo perfectamente.

-Que de verdad que...

Que lo he intentado.

Me había jurado a mí misma apoyarte en estos momentos tan duros

y proponerme olvidar lo sucedido para poder seguir adelante.

-Pero es superior a tus fuerzas. -Sí.

No, es que...

no puedo aguantar que me toques.

La sola idea de que me toques me repugna.

No sé qué me pasa.

Lo siento, pero...

Te juro que lo he intentado, pero no...

No lo puedo evitar.

-No te preocupes.

-Yo sigo... queriéndote.

De verdad, con todo mi ser, pero...

yo creo que nunca voy a olvidar lo que hiciste.

Me resulta imposible,

porque cada vez que cierro los ojos te imagino entre sus brazos y...

Y eso me ocasiona un dolor...

Es como si algo se me hubiese roto por dentro.

-Ya.

Rosina, ya.

Si yo soy el único culpable, cariño.

No tenía que haber regresado contigo.

Pensé que podría solucionarlo todo, pero...

Pero está claro que me equivoqué.

Se acabó.

No quiero incomodarte más con mi presencia.

Bastante te he hecho sufrir ya.

Me iré de esta casa.

-¡No, Liberto! ¡Espera!

Mira, quédate.

Te juro que voy a seguir intentándolo.

-No, cariño.

No debes hacerlo.

¿No ves que yo no ansío tu comprensión?

Ansío tu amor.

Y está claro que eso no puedes dármelo.

Nunca voy a perdonarme el haber destrozado...

lo más bonito que tenía en mi vida.

Solo espero que algún día me perdones.

Mañana recogeré mis cosas, Rosina.

Me iré cuanto antes.

(LLORA)

(PIENSA) "Samuel, mi amor, ojalá estuvieras a mi lado".

"Necesito tu amor, tu consejo".

(RECUERDA) "Ayúdame con el vestido".

No pretenderás que ahora...

Eso es exactamente lo que quiero.

Que me hagas el amor por primera vez en nuestra nueva casa.

"Gracias a ti estoy con vida".

Y así seguirá siendo.

Te protegeré y te cuidaré.

Nada debes temer a mi lado.

Si supieras cuánto lamento haberte complicado tanto la vida.

Genoveva, tú no me la has complicado.

Me la has salvado.

Estoy seguro que la Genoveva que está ante mí

no es la que enamoró a Samuel.

No diga eso.

En recuerdo de su amor

y de todas las promesas que le hizo a Samuel,

piense en todo lo que está haciendo.

"¿Cree que él estaría orgulloso de usted?".

Todos mis actos han tenido un solo objetivo.

Vengar tu muerte.

Hacerles pagar, uno a uno, a todos los vecinos de Acacias.

Pero ahora que estoy a punto de lograrlo,

una terrible duda me asalta.

¿Habrá merecido la pena?

Yo no me siento más aliviada.

Todo lo contrario.

Lo único que aumentan es mi amargura y mi soledad.

(LLORA)

Hala, aquí tiene usted su cafelito, Cesáreo.

-Agradecido, Fabiana.

Es la única forma de coger fuerzas para el día que se presenta.

-¡Maldito sea el Servando y mi Jacinto por hacerle caso!

-Apure usted el café, que los problemas, hoy,

van a comenzar de buena mañana.

-A ver, ¿qué le ocurre ahora?

-Na, que apenas he podido pegar ojo en to la noche

sin saber si habrán llegado bien a Naveros.

-Mujer, la culpa de tus desvelos no la tiene Servando.

-¿Cómo que no?

¿Y quién se lo ha llevado si no a ese dichoso pueblo?

Además, el Servando me prometió

que llamarían por teléfono en cuanto llegasen.

¿Usted sabe algo, señá Fabiana?

-Nada, a mí no me han llamado. Y no me extraña,

que una promesa de Servando vale menos que una perra chica.

-¡Qué tonta he sido por creerle!

-Templa, Marcelina, que hace na que se han marchado.

Pronto recibiremos nuevas.

-Ay, Dios le oiga, Cesáreo.

Porque una ya no sabe vivir sin su Jacinto.

(SUSPIRA) Lo necesito tanto como el aire que respiro.

-Ya me gustaría a mí que una buena mujer dijera palabras

tan tiernas y tan románticas de uno.

-Ay...

-Pero en fin, ten paciencia,

en estos pueblos es difícil comunicarse.

-¡Ah!

-Y no te quejes tanto,

que tú habrás perdido un marido,

pero yo me he quedado sin un socio que me ayude.

-Pero usted no se preocupe por eso,

que en na y menos lo tiene de vuelta.

Al Servando nadie lo va a querer ni regalao.

Pero mi Jacinto...

Mi Jacinto es harina de otro costal.

¡Ay!

A lo mejor, como es tan buen mozo, ha levanto pasiones

por las mujeres del pueblo y no le dejan volver.

-A ver, que tu Jacinto tampoco es ningún Adonis.

No creo que te lo roben.

-¿Cómo que no?

¡Huy! ¡Ahora mismito me va a oír todas sus virtudes!

-Cesáreo, ¿quiere usted otro cafelito?

-Sí, Fabiana. Mucho me temo que va a hacerme falta.

(RÍEN)

-¡Ría, ría!

Pero pocos hombres va a encontrar más apañados, dispuestos

y echao pa'lante que mi Jacinto.

Puede parecer bruto, pero lo que tiene es una fuerza

que ya la quisiera un coloso.

Y un corazón,

un corazón que cualquier día le revienta en to el pecho.

¡Huy, los animales!

Los animales lo entienden como si fuera uno más del rebaño.

-No me extraña.

-¡Huy!

¿Sigo?

-Desde el primer instante que vi a tu madre,

quise pasar el resto de mi vida con ella.

Mis días ya no tendrían sentido si no fueran iluminados por su amor.

Da gusto oírle hablar así de ella.

Es usted un romántico incorregible, padre.

No exagero nada.

Que me caiga muerto ahora mismo si miento.

No, descuide, si estoy segura de ello.

Pero no comprendo por qué me lo dice ahora.

Te lo digo por un solo motivo.

Para que comprendas que espero que el que te lleve al altar

te quiera como yo quiero a tu madre.

No digo que Rafael no pueda ser ese hombre.

A mí, romántico y formal me parece el muchacho.

Pero asegúrate que siente devoción por ti.

Tú eres una artista de raza, como tu madre.

Necesitas un hombre que se desviva por ti.

¿Eh? Que te admire por tu arte...

y te ame incondicionalmente. Si no es así...

Si no es así, tu matrimonio no llegará a ningún lado.

Bueno, puede estar tranquilo,

que para mi matrimonio todavía falta, y mucho.

Pues esas palabras están lejos de calmarme.

¿A qué viene tanta falta de prisa?

Sigues sin mostrar mucho entusiasmo por tu noviazgo.

¿Qué pasa? ¿No estás segura de tu amor por Rafael?

Padre... De lo que sí estoy segura

es de que tengo un padre que se desvela por mí, y se lo agradezco.

Y hablando del susodicho...

Padre, le pido que esté tranquilo.

Mi noviazgo apenas acaba de comenzar.

Hay que darle... tiempo.

Está bien, aceptaré esa respuesta.

No te importunaré más con mis preguntas.

Confiaré en tu buen criterio.

(Puerta)

(SUSPIRA) Ahora te dejo tranquila.

Voy a ver si Arancha ha subido ya el diario.

Ay, mi niña...

(Se cierra puerta)

Cinta.

Disculpe, Arancha me ha abierto la puerta.

¡Antoñito! No le he había oído entrar.

Mi padre está en la cocina.

Voy a avisarle de que ha llegado.

En realidad, quería hablar con usted.

¿Conmigo? ¿Sobre qué?

Quería hablarle sobre... Emilio.

-"Bueno, pues nada,"

que tenía pensado comprarle

unas viandas a mi niña para que se las lleve,

para que me coma bien por esos pueblos de España.

Pues hace muy bien.

Pues yo le pongo un queso y un poco de jamoncito.

-Bueno, de jamoncito apenas una miaja,

que tampoco puede ir muy cargada.

A ver, Lolita,

que no quiero que me tomes por una pobretona,

pero es que aquí, entre tú y yo,

tampoco quiero gastarme demasiado.

-Pierda cuidad, mujer, que sé por lo que está pasando el barrio.

El que menos no tiene un real o está cargado de deudas.

-¡Digo!

Me temo que yo estoy en los dos grupos.

-Hagamos una cosa. Deje que le prepare unos paquetes.

Luego me manda a Arancha para recogerlos.

Se lo cobro a precio de coste, ya me lo paga cuando pueda.

-De ninguna manera, que tampoco quiero perjudicarte.

-Que no, que no lo hace.

Mire cómo tengo la mantequería.

Si estoy liquidando género para traer nuevo.

En realidad, me hace un favor comprándome lo que me queda.

-Bueno, si es así, te acepto la rebaja.

Y te lo agradezco mucho.

Buenos días.

¿Cómo está, Bellita?

Bien, gracias.

Será mejor que me marche.

Luego doy aviso a Arancha para que baje a por el pedido

y ya le das tú la cuenta.

Y de nuevo, gracias, Lolita.

-A más ver.

-Con Dios.

No me acostumbro al rechazo de mis vecinos.

Me tratan como si fuera una apestada.

Comprendo que le duela tal trato, pero... ¿qué esperaba, Genoveva?

Todos están pasando muy malamente por culpa de su esposo.

Mire si no los Domínguez.

Permitiendo que su hija se vaya durante meses de gira

para costear la deuda que tanto les está ahogando.

Lo comprendo. No debe estar resultándoles nada fácil.

De ninguna de las maneras.

Tienen que mirar lo que compran para no gastar de más.

Le parecerá una frivolidad,

pero una que ha comido siempre sopas de ajo,

cuando no tiene que echar al plato pues no le importa.

Pero para los señores,

esto está siendo una auténtica tragedia.

Una tragedia que solo tiene un responsable, mi esposo.

Así es.

Todos hemos sido estafados por don Alfredo.

Es normal que le tengan recelos por ser su esposa.

Perdone mi sinceridad, pero tiene que comprendernos.

No se disculpe.

Todo lo contrario.

Le agradezco que me hable tan claro.

Aunque me duela, sé que lo hace por mi bien.

Camino, enseguida estoy contigo.

Hace mucho que no te veía. ¿Estás bien?

Lolita, atienda a Camino.

Yo vendré en otro momento.

No quiero incomodar a nadie.

Camino, ¿qué?

Te sientes mal por ella, ¿verdad?

Yo también.

Pero no hay mucho que podamos hacer.

Genoveva está casada con el diablo.

Y lo siento por ella, pero eso tiene un precio.

¿Y dice que ese cuaderno es de Emilio?

Él tiró este cuaderno a la basura,

intentando así ocultar definitivamente sus sentimientos.

El problema es que a lo mejor también acaba en la basura

una preciosa historia de amor

si usted se va de gira con ese hombre.

Solo le pido que antes de marchar,

lea lo que aquí hay escrito.

Verá que tampoco son grandes versos, pero...

Emilio ha volcado en negro sobre blanco lo que siente por usted.

Demasiado tarde.

Eso dígalo después de ver lo que usted siente por usted,

aunque sea incapaz de decirlo a viva voz.

Está bien, lo leeré.

Pero no va a cambiar nada.

Bueno, ya lo veremos.

Le dejo con su lectura.

Con Dios.

Con Dios.

(Se cierra puerta)

Recuerda que al señor siempre le gusta disponer

de agua fresca en su despacho.

Y toques ningún papel de su mesa cuando limpies.

Aunque te parezca desordenada,

él sabe encontrar lo que busca.

-Descuide, yo no tocar nada.

Le importa mucho él.

-No podía ser de otra manera, muchacha.

El señor es pan de ángel.

Le he visto pasar muy malos momentos tras la muerte de su esposa.

Pero ya ha vuelto a ser el que era.

Es un hombre sensible y bueno.

Debes cuidarle con esmero.

-Lo "farei".

¡Huy!

¡Agustina!

¡Qué sorpresa!

No esperaba encontrarla aquí.

¿Cómo se encuentra? -¡Ay!

Estupendamente, señor.

Me he acercado a darle algunas instrucciones

sobre la casa a Marcia.

-Siempre cuidando de mí.

-Es lo menos que puedo hacer.

Pero ya no molesto más.

Marcho para el altillo.

-Con Dios.

Marcia, espera.

Hoy no hemos dado tus lecciones.

-"Você se comporta muito bem comigo".

-Lo hago con mucho gusto.

Toma asiento.

¿Y bien?

¿Tienes alguna duda de lo que aprendimos el otro día?

-"Alguns".

¿Cómo decir aquí "saudade"?

-Ah, la verdad es que no sé lo que significa esa palabra en portugués.

-Ser cuando recordar con...

¿Cómo se dice?

Tristeza, más también alegría

por "ter" vivido.

Como cuando usted me pide que yo...

-¿Yo?

-Que yo...

contarle cómo recordar mi país.

-Por lo que dices, creo que la traducción sería...

"nostalgia".

"Saudade".

-(ASIENTE)

-Qué palabra más bonita.

¿Quién no ha sentido eso alguna vez recordando su pasado?

Así se describe...

por ejemplo, cuando yo pienso en mi esposa.

Y tú, Marcia,

¿has sentido alguna vez "saudade" por...?

¿Por alguien en especial?

¿O simplemente por tu tierra?

-No, señor.

Yo soy dichosa en España.

No quiero "voltar".

-Te comprendo.

Últimamente, yo también pienso más en...

En el futuro que en el pasado.

Vamos a empezar.

Señor, tiene que levantar el ánimo.

Intentar ver el lado bueno de las cosas.

-¿Quieres explicarme cuál es el lado bueno de abandonar mi casa

y la mujer a la que quiero?

-Al menos, piense que esta vez,

la señora no le ha tirado la ropa por el balcón,

como la otra vez.

-Te equivocas, Casilda.

Esta vez incluso es más doloroso porque sé que no hay vuelta atrás.

Créeme que preferiría escuchar su furia

antes de semejante tristeza.

-Se me parte el alma al oírle hablar así.

(Puerta)

Voy a ir a ver quién es.

Señor, es doña Susana.

Yo voy a seguir... haciendo su equipaje.

¿Qué ha dicho Casilda?

¿Por qué te prepara el equipaje?

Estoy aguardando tu respuesta.

-Casilda no le ha engañado, tía.

Me marcho de esta casa.

-Pero ¿por qué?

¿No estabais arreglando las cosas entre Rosina y tú?

-Sí, lo hemos intentado, tía, pero...

nos hemos dado cuenta de que era un imposible.

-Déjame que hable con ella, la convenceré.

-¡No!

No.

Esta vez es una separación meditada y propuesta por mí.

-¿Por ti?

¿Has perdido el oremus?

-Jamás he estado más cuerdo.

No quiero seguir haciéndole daño a Rosina.

-No, no, no. No puedes hacer algo así.

No puedes marcharte.

Esta es tu casa, tu esposa.

Tienes todo el derecho a permanecer aquí.

-Mi derecho lo perdí cuando traicioné nuestro amor.

-Ay...

Rosina tenía que habérselo pensado antes

de readmitirte de nuevo.

¿Qué va a pensar todo el mundo con tantas idas y venidas?

-Me da igual lo que piense la gente.

-¿Y tampoco te importa lo que pueda afectarte en el juicio?

-¡Ya he perdido lo que más quería! ¡Por el amor de Dios!

Sea cual sea mi condena no será más doloroso que esto.

Le pido por favor que no se inmiscuya.

Por favor,

deje tranquila a Rosina.

Siempre ha tenido muy buenas intenciones,

y créame que no quiero hacerle más daño.

-Está bien, será como dices.

Pero lo que me duele en el alma...

es que todavía queda mucho amor entre vosotros.

Si no, no estaríais ayudándoos el uno al otro

como lo estáis haciendo.

-En eso no le falta razón.

Pero tía,

hay ocasiones en las que el amor no es suficiente.

Ven aquí.

Cariño...

No, no, no.

Ya, ya.

-"Veamos".

¿Cómo se dice "casa"?

Bien.

¿Y... "vino"?

Muy bien.

Muy bien.

-Buenas, Cesáreo.

¿Por qué aplaude a mi hija? -Porque se lo merece.

Me estaba demostrando lo que ha aprendido de la lengua de signos.

-La verdad es que es toda una experta.

Es una pena que no la hubiese aprendido antes.

Nos hubiese venido bien

cuando trabajábamos en el restaurante próximo a Valdeza.

-¿Ha dicho "Valdeza"? -Sí.

Es una finca muy bonita cerca de Santander.

¿La conoce usted acaso?

-No, no la conozco.

-No es de extrañar.

Está perdida cerca de Santander.

Emilio y Camino se lo pasaban muy bien allí.

Fuimos muy dichosos, ¿verdad?

Fue una pena tener que marcharse.

-Ya, y ¿por qué se fueron entonces?

-No nos quedó más remedio.

El restaurante empezó a ir de mal en peor.

Pero no merece la pena lamentase.

Ahora somos muy felices.

Hemos encontrado un hogar en Acacias.

"Tiene que haber una solución".

No puede salirse con la suya. -No va a ser fácil impedírselo.

¿Cómo podemos articular una demanda si no tenemos pruebas?

-En el diario quedó claro que Alfredo Bryce es un mangante.

¿Qué más hay que demostrar?

¡Que lo encierren y nos devuelva el dinero

-Un juez no es tan fácil de convencer como un periodista.

Necesitamos indicios claros.

Y la gente como Bryce no deja cabos sueltos.

-Me parece increíble que un gran abogado me diga

que no es posible hacer justicia.

¿De qué sirven nuestras leyes?

-Entiendo que se ponga así.

Pero temo que estamos en un callejón sin salida.

No veo la manera de que devuelva el dinero.

-¡Me está diciendo que le tengo que pagar a un tipo que me ha robado!

-Me temo que es así.

-Trataré de no dejarme llevar por la furia, al menos hoy,

que mi hija se marcha de viaje.

Pero mañana no le aseguro nada.

-Mire, si le sirve como consuelo, yo sigo creyendo en la justicia.

Tarde o temprano, a veces de forma inesperada,

los malhechores pagan por sus fechorías, créame.

-Ojalá tenga razón.

Pero si puede ser temprano mejor que tarde.

En fin,

me voy a despedir a la niña.

Con Dios.

-Con Dios.

Don Felipe.

-¡Amigo!

Qué agradable sorpresa.

¿Cómo van las cosas en casa?

¿Mejor?

-Lamento decirle que no es así.

Hoy mismo abandono la casa,

y me temo que esta vez sea para siempre.

-Me sorprende lo que me dice.

Me pareció ver a Rosina más tranquila.

-No, la procesión va por dentro.

A pesar de sus esfuerzos no consigue olvidar mi afrenta.

Mi matrimonio está roto.

-"Bueno, ya estamos todos reunidos".

Ya nos dirá para qué quería vernos con tanta urgencia.

-No nos haga esperar más, que nos tiene con el alma en vilo.

-Descuida, Lolita, que os voy a sacar de dudas.

Quiero revelaros...

a lo que he estado dedicado estos últimos días.

-Al fin.

Bueno, pues cuéntanos ya sin más preámbulos.

-Debéis sabe que la crisis del Banco Americano

me ha hecho pensar en un tipo de negocios

que estoy convencido que en los próximos años estará al alza

y que podría ser la solución a nuestros problemas.

-Sospechaba que no te quedarías quieto ante la derrota.

-Qué bien me conoces, Carmen.

-¿Qué negocio es ese que lleva tantos días callándolo?

-Las compañías de seguros.

-¿"De seguros" dice?

-Sí.

Sé que en España este tipo de compañías

todavía no son lo suficientemente grandes como en otros países.

-Entonces, crees que eso cambiará.

-Estoy convencido de ello.

Están en plena fase de crecimiento.

Por eso he pensado que lo mejor es invertir en una de ellas.

Seguros La Tizona.

Sería una buena manera de salir

de esta situación delicada que estamos atravesando.

-Padre, después del asunto del Banco Americano,

obviamente, no puedo dudar de su olfato para los negocios.

Pero es que se le olvida un detalle,

que no tenemos nada de dinero que invertir.

-Antoñito tiene razón, suegro.

Estamos con una mano delante y otra detrás.

-Lo sé.

Y por eso he pensado que lo mejor es hacer del defecto una virtud.

Voy a hablarle de esta inversión a todos los vecinos afectados

por la quiebra del Banco Americano.

-¿En qué podrían ayudarnos ellos?

-Muy sencillo, Lolita.

Este negocio consiste en una inversión

que se revaloriza muy rápidamente.

Es cierto que es una cantidad grande,

pero si cada vecino pone lo que pueda

en función de sus posibilidades, podremos salir del agujero.

-Pero no lo comprendo, Ramón.

Todo el mundo está muy comprometido económicamente.

¿De dónde va a salir ese dinero?

-Bueno, debajo de los colchones a todos les queda algo.

-Por poco que sea, podremos reunir algo de dinero.

-Eso es, juntos podemos.

Si cada vecino pone su parte, podríamos llegar a tener

la cantidad necesaria para una primera inversión.

Esa inversión se va a revalorizar,

y los beneficios podemos seguir invirtiéndolos.

-Así, al final, recuperaríamos nuestra antigua situación económica.

-Justamente.

Juntos podemos ser muy fuertes.

-Yo creo que todo el mundo va a apoyar tu idea.

¿Y sabes por qué?

Porque todo el mundo confía en ti.

Y además, necesitan una salida.

Y yo, un beso.

Claro que puedes regresar a mi casa.

-Se lo agradezco.

Aunque solo sea hasta que encuentre acomodo.

-O volver a su casa, con su esposa.

-No, eso lo veo menos probable, Felipe.

-Amigo, no lo comprendo.

¿Qué ha ocurrido para que asuma su derrota?

-Muy sencillo.

He comprendido que, a pesar de las ilusiones que invadieron mi corazón,

lo nuestro no tiene remedio.

Mi matrimonio está totalmente roto.

-Pero fue Rosina quien le pidió que volviera.

-Sí, pero lo hizo para ayudarme.

Ella lo ha intentado, Felipe.

Lo ha intentado, pero no ha conseguido olvidar mi traición.

Yo sería un canalla si ahora le impusiera mi presencia.

-Le comprendo.

Amigo, si le soy sincero,

esto no va a ayudar en su defensa.

-Eso ya no me importa.

Solo hay una cosa que lamento.

Y es haberla dejado en una situación económica tan comprometida.

Ojalá pudiera hacer algo para evitarlo.

-Vamos, le invito a comer.

Una copa le vendrá bien.

Marcelina, alegra esa cara, que da pena verte.

-Ay, señá Fabiana,

es que sin mi Jacinto no parezco yo misma.

Si supiera usted cuánto le echo de menos...

Sus berridos, su presencia...

(SUSPIRA)

(Risas)

Hasta me parece oírle ahora mismo.

-Vas a ver cuando se entere.

-Pues ahora que lo dices, a mí también.

-Esta copa...

-¡Y a Servando!

Y te aseguro que a mi socio no lo echo na de menos.

Espera.

-Pero más yo. -Bueno, bueno.

-Ya están de vuelta. -Nos vemos.

-¡Ay!

¡Ay! ¡Al fin has vuelto!

-Ay, Marcelina, que tus besos son más dulces que cualquier trofeo.

-Fabiana, ¿para mí no ha recibimiento?

¿No se anima?

-Quite.

Antes muerta que besuqueándole a usted.

Bueno, veo que han ganado el campeonato, ¿no?

-Bueno, y de una manera magistral.

Les hemos dado una paliza a nuestros contrincantes.

-La ovación se escuchaba en el pueblo de al lado.

-Ya te he dicho que éramos invencibles.

-Alguno más que otro, que usted no daba pie con bola.

O mejor dicho, canica sobre canica.

-Ya te he explicado que yo fallaba para darles confianza.

-Menos que estaba servidor,

porque si no, se hubieran confiado en demasía.

-Lo único de enjundia es que hemos dado una lección a mis paisanos.

-No, lo realmente importante

es que usted me va a devolver de una santa vez mi medallita.

-Eso. -Ay, Dios mío.

-Eh... Pues no, no te voy a devolver la medallita, no.

-Cuidado con lo que dice, que esto puede acabar en tragedia.

-No sea loco, que todavía se puede llevar un mal doble, venga.

-Sujete esto, Fabiana. -(SUSPIRA)

-He dicho que no te la voy a devolver

porque la voy a hacer aparecer por arte de magia.

Abracabra,

que el gran Servandini

te devuelva lo que le has prestado.

La medalla.

Y arréglate este cuello, hombre.

-¡Déjese de tontás y deme la medalla!

-Si yo no la tengo.

La tienes tú, rodeando el cuello.

(RÍEN)

¡Mi medalla ha vuelto a mí!

-Venga, Fabiana, vámonos,

que ya sé dónde poner el trofeo este en la pensión.

-Y yo, en la portería, que para algo la ha ganado Jacinto.

-¡De eso nada! ¡Por encima de mi cadáver!

¡Suelta! -No dé usted ideas, Servando.

-Suelta. -¡A tiempo llega el Sereno!

-Servando, ha llegado un telegrama para usted.

-¿Para mí? -Sí, del ayuntamiento de Naveros.

-Seguramente será para felicitarme por el triunfo.

Es que la gente de mi pueblo son muy cumplidos.

A ver.

-Se ha quedado sin color.

¿Qué pasa?

-Una hecatombe.

Vamos, una catástrofe.

El alcalde ha impugnado...

el...

El premio, porque...

ha dicho que no tienes ningún vínculo con el pueblo.

-Se veía venir.

-Y el trofeo...

va a ser devuelto a los segundos,

a Severiano Rebulla y a Manolín, el panadero.

-Ayyy...

No se ponga usted mohíno, que aún hay mucho que celebrar.

-Ya dirás tú el qué, Marcelina.

-Pues verde y con asas.

Que habéis vuelto sanos y salvos.

-Ah, eso sí.

Si se hubieran dado cuenta allí, hubiéramos terminado en el pilón.

-Ay...

Miren,

unos que vienen y otros que se van.

Y de gira.

De gira se va la hija de los Domínguez.

-Es verdad, antes estaban sacando sus baúles.

Vayamos a saludarles.

-Venga. -Sí.

-Vayan ustedes, que no tengo cuerpo para celebraciones.

-Y yo seguiré con mi ronda.

-Hala, venga.

Vamos, Marcelina. -Vamos.

¡Qué de cosas! -Cuántas cosas necesita un artista.

-¡Y que lo diga!

Nosotros, con todas nuestras cosas, no llenamos ni una maleta.

-¡Arancha!

Cuidado con esto, que es delicado.

Venga.

¡Quita pues! ¡No toques!

¡Aquí van las joyas de la señora!

¡No suelto este neceser yo ni, ni, ni...! ¡Hombre!

-(LLORIQUEANDO) Así me gusta.

Les voy a echar mucho de menos.

Y nosotros a ti, hija.

Se me rompe el alma al verte partir.

Tú no dejes de escribirnos.

Y recuerda todos mis consejos, vida mía.

Descuide, que los tengo grabados a fuego.

Pierdan cuidao.

La cuidaré como lo que es.

Como oro en paño.

-Más te vale.

Si no, te aseguro que no encontrará un lugar donde esconderse.

-Cinta.

Cinta.

Igual ya hay que ir subiendo al coche.

No vayamos a perder el tren.

Sí.

Ay, mi niña.

Buen viaje.

Y cuídate mucho, luz de mis ojos.

¡Regrese pronto, señorita!

-¡Eso!

¡Y que tenga suerte y éxito en su gira!

-Marcelina, no te enteras.

A los artistas no se les dice "suerte", sino "mucha mierda".

-Lo sé, pero cada vez que lo dice me suena peor.

(SERVANDO RÍE) ¡Mírala!

¡Genoveva!

¿Qué haces aquí?

Andaba buscando a Úrsula.

Ha subido al altillo.

¿Por qué no estás en el salón?

¿Acaso te escondes de mí?

Pensé que no estabas en casa.

Te equivocas, no he salido en todo el día.

Últimamente, te encuentro muy hogareña.

Sí, aquí estoy más tranquila.

Pues haces mal.

El mundo es demasiado hermoso para encerrarse entre cuatro paredes.

Hay mucho que disfrutar.

Mírame si no a mí.

Sí, ya he comprobado que no pierdes el tiempo.

Veo que estás disfrutando de tu amante.

La verdad es que sí.

Y así lo haré hasta que me canse de él y encuentre uno más...

complaciente.

Nunca has amado a nadie, ¿verdad?

¿Te refieres aparte de a mí mismo?

(RÍE CÍNICAMENTE)

¿Qué te sucede?

¿A qué viene hablarme de amor?

Es un cuento, nunca ha existido. ¿Eso crees?

Por supuesto, no deberías dudarlo.

Has comprobado en tus propias carnes

que lo único que hay en este mundo es envidia, egoísmo y avaricia.

A lo único que podemos aspirar

es a divertirnos un poco sin esperar nada a cambio.

Nadie dará nada por tu cariño.

Solo encontrarás traiciones... y golpes.

Lo sé bien.

Genoveva,

deja que te dé un valioso consejo.

Deja de pensar en cuentos de hadas y preocúpate solo de ti misma.

(CARRASPEA)

¡Úrsula!

Señor.

La estaba buscando.

Vaya a comprar champán. Se nos ha terminado.

Ahora mismo, señor.

Perdone mi atrevimiento, señora, pero...

creo que haría bien en escuchar el consejo de don Alfredo.

¿Usted cree que no podemos amar? No, señora.

Sé que podemos.

Pero también sé que solo recibiremos dolor

a cambio de nuestros sentimientos.

No puede permitirse el lujo de ser débil.

No ahora que está a punto de conseguir sus objetivos.

¿Y si estos, al final, no valieran la pena?

¿Acaso tiene remordimientos?

¿Acaso cree que los vecinos van a poder perdonarla?

Voy a salir.

Si le pregunta mi esposo, dígale que tardaré en volver.

¿Adónde va? ¿Quiere que la acompañe?

Bueno, creo que no tiene sentido retrasar más mi marcha.

Gracias por ayudarme con las maletas.

Ya me despedirás de la señora.

-Señor, perdone mi atrevimiento.

¿Por qué no se deja de tontás y se queda?

-No, eso no es posible. Ya no.

-Conozco muy bien a la señora.

Y sé que está sufriendo tanto como usted.

-Casilda, es mejor así.

Hazme caso, es...

Es muy largo de explicar.

-Tengo mucho tiempo.

Quédese a cenar y luego me lo explica tranquilamente.

Mañana será otro día.

-No, Casilda.

Debo marcharme ya.

-¿Ya te marchas, Liberto?

-Señora, dígaselo.

Dígale que puede quedarse a cenar y mañana marcharse.

-Déjanos solos, por favor, Casilda.

"Antes de marcharme,"

me gustaría agradecerte que me admitieras de nuevo en casa,

que intentaras salvar nuestro matrimonio.

-Por lo visto, de poco ha servido. -Sí.

Pero sé que lo hiciste de corazón.

Rosina, soy yo el culpable de haber fracasado.

Solo yo.

Te hice una herida demasiado grande que no se podía curar.

Tan solo quiero pedirte algo más.

No trates de implicarte en el proceso en el que ahora debo enfrentarme.

¿De acuerdo?

Don Felipe me va a ayudar y no quiero que sufras más por mí.

Adiós, Rosina.

Que la vida te traiga lo mejor.

Es lo que te mereces.

No te preocupes, estoy bien.

No, prefiero quedarme aquí un rato.

No puedo sonreír.

No lo haré en mucho tiempo.

He dejado escapar a la mujer a la que amaba.

He renunciado a la dicha para siempre.

¡Es la verdad!

Detesto mi vida.

¡Te he dicho que no! ¡Déjame!

Quiero estar solo.

Te lo ruego,

déjame.

No te preocupes por mí.

¿Qué hago para que comprendas que quiero estar solo?

No soy Camino.

¡Cinta!

La hacía ya en el tren. ¿Por qué ha vuelto?

Pensé que la había perdido para siempre.

Tutéame, idiota.

No he sido capaz de subirme a ese tren.

No después de haber leído tu cuaderno.

¿Mi cuaderno? ¿Cómo es posible?

¿Es verdad que sientes eso por mí?

Sí, Cinta.

Te quiero.

(LLORA)

Samuel, necesito respuestas.

Estoy perdida sin ti.

Soy una traidora por dudar de hacerte justicia.

Sé bien que mereces venganza,

pero también sé que nada de lo que hago te devolverá a la vida.

Y eso es lo que más necesito.

Ver de nuevo tus ojos.

Volver a tener cara a cara el amor.

Cómo me gustaría que estuvieras aquí.

Que pudieras al menos rozarme.

Felipe.

Han pasado diez años de la muerte de mi esposa.

Creo que empiezo a superar su muerte.

¿Qué le ha hecho cambiar?

Una persona.

No pude subirme a ese tren, Emilio.

Me invadió una profunda tristeza.

¿Tristeza?

Darme cuenta de que...

De que no te iba a volver a ver.

-Los ricos estos, que no están acostumbrados a ser pobres.

-¿Y si organizamos una lotería?

-¿Lo qué?

-Hacer una lotería, para coger dinero y echarles una mano.

Felipe me ha contado que está preocupado

por cómo deja a Rosina económicamente.

-Eso es lo que más me preocupa de todo, más incluso que la cárcel.

-Creo que le puede interesar acudir

a una reunión que he convocado con algunos vecinos.

-Carta para el señor.

Es el sello de la embajada de Brasil.

-¿De mi país?

-Liberto, ¿qué querrá?

Dice que esta tarde vendrá un señor a comprar sus libros de valor.

Nos avisa para que le atendamos.

-Y Cesáreo, ¿ha dejado ya de sospechar?

-Camino y yo estuvimos hablando delante de él con naturalidad

sobre la finca de Valdeza, y creo que le quitamos toda la curiosidad.

-Espero que tenga razón. Sería terrible que siguiera hurgando.

¿Y esa gira? ¿Y todo ese dinero que ibas a ganar?

No puedo empezar una relación profesional con él

porque no le correspondo en lo emocional.

La verdad siempre por delante.

-La verdad, eso es lo que me gustaría a mí saber.

Les he convocado porque quiero proponerles invertir en un negocio

que nos puede reportar pingües beneficios.

-Invertir en un negocio que nos podía reportar

pingües beneficios es lo que nos ha traído hasta aquí.

Me alegro de que hablemos porque necesito una explicación.

¿Por qué no quisiste subir a ese tren?

"Don Alfredo..."

ha vuelto a llamar a ese joven.

A Eladio.

Sí.

Están juntos, en la habitación del señor.

Me ha dicho que les dejemos solos esta noche.

¿Qué tontería es esa?

Es mejor que hoy no esté aquí, señora.

Buenas. ¿Es usted el señor que compra libros raros?

-Sí, soy yo.

-Pase, que enseguida doña Rosina sale.

-¿"Rosina" ha dicho?

-Sí. "¿Qué ocurre?".

(Golpe)

Márchese, señora.

¿Por qué?

(Golpes)

Todavía nada.

Pero no sé cómo va a terminar la noche.

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Acacias 38 - Capítulo 1045

01 jul 2019

Ramón desvela su plan para salir del agujero, van a invertir en una compañía de seguros.

Felipe comparte una clase con Marcia que les une más. El abogado se encuentra con Genoveva en el cementerio, completamente descolocada, ya no sabe si la venganza merece la pena.

Liberto informa a Susana y Felipe que se marcha de casa de Rosina, no le puede seguir haciendo daño. El matrimonio se despide ¿Será para siempre?

Cinta recibe el cuaderno de Emilio y lo lee. y corre a buscar a Emilio para fundirse en un apasionado beso, las palabras del cuaderno tocaron su corazón. Ya no se va de gira.

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  1. Ester

    La serie se viene en picada !!!!!!!!!!!!

    03 jul 2019
  2. Francesca

    Qué dislate de capítulo. Es ua falta de respeto a los que seguimos la serie.

    03 jul 2019
  3. María

    Hace bastante tiempo que no comento nada. Solo quiero decir que me ha sacado de mis casillas que, en el "caso" de Liberto, me quieran vender que ella tiene parte de culpa en la infidelidad y que es malísima por no querer perdonarle, cuando todos sabemos que Rosina lo quiere muchísimo y se preocupa por él. Me parece bien que todos apoyen a Liberto, pero tampoco como si no hubiese hecho nada mal. Que Rosina estuviera histérica no justifica que Liberto le haya sido infiel y haya destrozado su matrimonio y de Rosina solo dicen que "seguro que le perdona". A mi Liberto me ha decepcionado muchísimo; siempre me gustó el personaje precisamente por ser un hombre singular como no suele haber muchos, serio, formal, inteligente y, sobre todo, enamoradísimo de su esposa pero, al final, ha resultado ser "uno de tantos". Para mí, aunque vuelva con Rosina, ya nunca será lo mismo, el personaje ha perdido su "encanto".

    02 jul 2019
  4. Grace

    A mi me gusta el giro que està tomando la novela. Lo de Liberto no tenìa otra explicaciòn e imagino que podra arreglarse cuando se sepa la verdad. Lo de Cinta me encantò, esto es una novela para eso la vemos. Para cosas reales la vida y cuantas penas nos trae.

    02 jul 2019
  5. Mabi

    Creo que al " barco" lo hunden los mismos que regentean ésta página... Personalmente muchas veces y en éste instante en que escribo, me aparece un triangulito rojo al cual si lo cliqueo me aparece la leyenda de " que mi conexión con éste sitio no es segura", igual escribo y la mayoría de las veces no aparecen mis comentarios. Entonces... Quien hunde el barco????

    02 jul 2019
  6. Marilu

    ¿ Que pasa, el barco se hunde y las........lo abandonan.....? Cada vez menos comentarios, ¿ donde están los seguidores ? A Felipe quiero recordarle que las MALAS ARTES, Genoveva las aprendió de Samuel, por lo tanto el hubiera aplaudido todo lo que esta mujer hace.- Y no me parece bien la actitud de Cinta, defraudando a sus padres y SOBRE TODO a Rafaelillo, le hizo perder las dos posibilidades de trabajo y lo despreció moralmente, todo ello " gracias " a su INMADUREZ

    02 jul 2019