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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1039 - ver ahora
Transcripción completa

Nada podía dolerle más a Rosina que la traición de su esposo.

Y para causar ese dolor era imprescindible que se enterase.

Y para ello, necesitaba a Casilda.

En pocos días, esta mantequería pasará a ser de don Alfredo Bryce.

-Si los vecinos se opusieran...

-Invertimos más dinero del que debíamos.

Yo creo que los vecinos nos volvimos locos

y, al final, nos cegó la avaricia.

¡Haga el favor de devolverme la medalla de mi Jacinto!

¡Que esto ya pasa de castaño oscuro!

-¡Para medallitas estoy con todo lo que tengo que hacer!

¡Nos ha fastidiado!

Espero que no duela demasiado.

Le prohíbo que se acercarse a mi esposa y a mi casa.

-No se preocupe, no lo haré.

-También avisarle de que esto no quedará así.

Tendrá consecuencias.

Soy tan infeliz, Lolita.

Ya no solo porque Alfredo me haya golpeado, sino porque...

ni siquiera estoy segura de si sus intenciones...

eran lícitas al casarse conmigo

o solo era un paso más en su plan.

¿Qué plan?

¿Cree que todo lo que está ocurriendo es una coincidencia?

No sé si entiendes la situación a la que nos enfrentamos.

Estamos arruinados.

-¡El archivo incendiado!

-¿Cómo se lo digo?

Las actas de los consejos,

los libros oficiales de contabilidad, los contratos...

-Pero ¿los nuestros también?

-Todos.

Nunca sabremos si los contratos que firmaron

los vecinos con don Alfredo eran oficiales o un engaño.

Rafael tiene otra oferta.

Le han ofrecido una gira por España,

conmigo.

Rafael y yo somos novios.

"¿Denuncia contra don Liberto?".

Por violación a mi esposa.

Ha sido una buena idea.

Eso será la puntilla al matrimonio de don Liberto y doña Rosina.

Su desgracia se multiplicará por mil

cuando esta noticia se haga pública.

Todo el barrio le dará la espalda.

Eso si no acaba en la cárcel.

Sé bien lo que se sufre cuando se ve padecer

a las personas a las que amas.

Nuestros vecinos no van a dejar de tomar ese amargo jarabe,

ni un solo día.

Nuestro plan marcha a la perfección.

¿Y esa cara?

¿Qué te ocurre?

Hay... algo que me inquieta.

¿Podrían sospechar de tu declaración?

No, no, no.

Eso se lo han tragado a pies juntillas.

Entonces, ¿qué te preocupa?

Cuando salía de la comisaría,

me he encontrado a un inspector que conozco, y...

me ha contado que tiene información que me puede interesar.

¿De qué se trata?

No llegó a decirme nada.

El comisario apareció y cortó la conversación.

¿Tú tienes idea de qué puede ser?

Ni lo sé ni lo sospecho.

Pero tienes que volver a verle.

Sí, por supuesto que sí.

Mañana mismo me he citado con él.

Llevaré la bolsa bien repleta.

Supongo que querrá algo a cambio. El dinero no es problema.

Y estoy segura de que sabrás sacarle la información.

Espero que no sea nada grave.

No podemos permitir que nuestro plan se vaya al traste.

Tenemos que conseguir esa información cuanto antes.

No soportaría que lo que hemos planeado

para esos malnacidos se estropease ahora.

Eso no tiene por qué ocurrir.

Sosiéguese, señora.

Don Alfredo sabrá manejar el asunto.

¡Pero reaccione, que solo le he dicho que somos novios!

¡Lucero, dinos algo! ¡Que nos estás asustando!

¡Cualquiera diría que te ha dado un aire!

¡Es que ni parpadea!

No se ponga así, que no es para tanto.

-¿Que no es pa tanto?

¿Que no es pa tanto?

¡Te has ennoviado sin mi consentimiento!

¡Y encima, con un guitarrista!

¡Es que no se me puede ocurrir na peor!

-¡Ole! Gracias por lo que me toca, ¿eh?

¿Qué tienen de malo los de nuestra profesión?

-¡José Miguel Domínguez Chinarro,

que nuestra palomita puede aspirar a algo mejor!

¡No hable así! ¡Y mucho menos delante de él!

Disculpa, Rafaelillo.

Vamos a ver, tú me pareces un muchacho muy formal.

Eres cariñoso, decente, un buen partido.

¡Pero pa otra!

¡Entiéndelo, hijo!

Tú eres un guitarrista, no eres diplomático.

-Yo eso no se lo puedo discutir,

porque yo me puedo arrancar por bulerías, pero...

Pero no me veo capaz de firmar un tratado de comercio

o un armisticio con otro país.

-Ay, Jesús...

-¿De verdad que somos novios?

¿No lo has escuchado? Sí.

¡No, de eso nada!

¡Te lo prohíbo tajantemente!

Usted no puede mandar en mis sentimientos.

Yo amaré a quien tenga que amar.

¡Yo no estoy hablando de amor! ¡Estoy hablando de matrimonio!

¡Tú te tienes que casar con un diplomático!

¡Y punto redondo!

¡Me tendrá que llevar al altar atada de pies y manos!

¡Y con una mordaza si es menester! -¡Ya está bien!

¡No hay quien se entere!

Será mejor que nos soseguemos todos.

Vayamos por partes.

Arancha, trae el café y los dulces. -Sí.

No te soliviantes.

Y tú, Cinta, será mejor que te expliques.

Esta semana, Rafael y yo nos hemos dado cuenta

de que nos hacemos tilín.

De que nos entendemos muy bien encima del escenario,

y mucho mejor cuando bajamos de él.

Chispas salen cada vez que estamos juntos.

Si es que su hija es como un ángel.

Y yo no hago más que acurrucarme en su regazo.

-Mira, que no es necesario que des tantos detalles, sátiro.

-Le aseguro que mis intenciones son de lo más respetuosas.

-Por más que me lo cuentes, no lo voy a ver.

Los dos de gira, por ahí, por esos mundos de Dios,

sin nadie que os vigile.

Yo ya sé cómo acaban estas cosas.

Yo soy más que decente.

No va a pasar nada. Se lo juro por la Virgen del Carmen.

Rafael solo va a tocar la guitarra. A mí, ni un pelo.

¿Y qué vais a hacer vosotros,

dos chiquillos actuando por locales de tres al cuarto?

¡Os van a comer vivos! -¡De eso nada!

Que vamos a ir a teatros y cafés de postín.

Y tendremos habitaciones en los mejores hoteles.

En Barcelona, ya tenemos alojamiento en el mejor hotel de la ciudad.

Madre,

nos van a pagar un dinero más que digno.

Terminada la gira, vamos a tener dinero suficiente

para pagar la deuda de Alfredo.

¿Tanto?

Y puede que hasta sobre.

Y le aseguro que su hija va a ser más famosa

y más considerada que usted.

Si eso es posible, claro.

-Parece...

que la niña ha conseguido un buen contrato.

-De lo mejor que he oído, sí.

No se puede negar que el dinero que va a ganar...

nos viene llovido del cielo.

Mira...

Por mi parte,

a mí no me importa que os vayáis.

-Muchas gracias, don Jozé.

Don José. -Ah.

No se van a arrepentir.

-Shhh... Para el carro, ¿eh?

Que yo todavía me lo tengo que pensar.

-Tómese el tiempo que quiera, pero le aseguro que a la postre,

va a ver que la cosa no puede pintar mejor.

-Bueno, eso ya lo veremos.

Me tienes que apuntar un menos diez.

-No hace falta, ya me has vuelto a ganar.

¿Es que ni siquiera vas a dejar que gane una sola partida?

-Hace rato que lo intento,

pero creo que soy mejor jugadora que tú.

Aunque busque perder.

-Carmen, no te equivoques, que aquí el que tiene suerte soy yo,

porque mi prometida es una joya.

-Ramón, qué bien suena eso de "mi prometida".

-Mucho mejor te va a sonar cuando te diga "mi esposa".

-No tengas ninguna duda.

(Timbre)

¿Quién será?

No son horas de visita.

Don Felipe, pase, pase, por favor.

-Buenas. -Buenas.

Disculpen que me presente a unas horas tan intempestivas,

pero he visto luz y me he atrevido a llamar.

-No se preocupe, usted es siempre bienvenido.

¿Qué se le ofrece?

-He estado en comisaría.

Tengo novedades.

-Les dejo que hablen tranquilos.

Tengo que terminar de hacer unas cosas.

-Siéntese, por favor.

¿Ha visto al comisario Méndez?

-Así es.

Según me ha comentado, los vecinos del barrio

no son los únicos estafados por don Alfredo.

-No me extraña.

Ese canalla es muy avaricioso.

-Son muchas las víctimas que ha dejado

entre las familias pudientes.

El comisario me ha pasado algunos nombres.

-¿Y no va a hacer nada para detenerle?

-No puede. Por muchas sospechas que haya, no tiene pruebas.

-Es lógico,

con los archivos del banco quemados...

no va a ser fácil seguirle la pista al dinero.

-Me temo que pueda marcharse de rositas.

-Eso nunca.

-Ya me dirá usted qué podemos hacer.

-Tenemos que encontrar su punto débil.

-¿Y cuál es?

-Su orgullo, su posición social.

Es un banquero poderoso, un hombre influyente,

y con amigos en los círculos de poder.

Lo peor que le puede pasar es que hablen mal de él.

-¿Cree que la mejor manera de luchar contra él es desprestigiarlo?

-Justamente.

Es raro verla en la primer misa.

-Es que, últimamente, no tengo ganas de andar por la calle.

-Es de suponer.

Mayormente para no encontrarse con nadie, ¿no?

-Sí, más o menos.

Bueno, y porque a quien madruga, Dios le ayuda.

-¡Huy! Pues conmigo no le ha funcionado.

-Contigo me da igual, porque no eres una de mis amistades.

-¡Ay, qué lástima que me diga eso!

¡Con el aprecio que yo le tengo!

-Bueno, a ver, mujer,

quería decir que... no eres una de las señoras.

-Ya, que no soy como la que viene por ahí.

-¡Doña Rosina!

¡Cómo me alegro de verla!

Ya era hora de que saliera a la calle.

-Sí, bueno, es que... la verdad, no tengo ganas de ver a nadie.

-Me hago cargo. He estado un par de veces en su casa,

y Casilda me ha dicho que no tenía ánimo ni de recibir visitas.

-Bueno, es verdad.

No tengo espíritu para nada.

-¿Cómo se encuentra ahora?

-¿Qué quiere que le diga? Entre mal y peor.

Siento como si el cielo se me hubiese caído

encima de la cabeza.

-Ya sé que no es pequeña su pena.

Pero ha de hacer un poder y animarse un poco.

-Imposible. Por más que lo intento,

no puedo dejar de pensar en mi desgracia.

-Piense que siempre estará mejor con nosotras

que en casa, reconcomiéndose.

-Es posible.

Pero es que me da reparo salir a la calle.

Tengo la impresión de que todos cuchichean al verme pasar.

-Usted no tiene nada de lo que avergonzarse.

Quítese eso de la cabeza.

-Eso es muy fácil de decir, pero difícil de hacer.

-Es posible.

Tal vez necesite más tiempo antes de retomar su vida.

-No creo que lo consiga.

En fin, me voy a casa.

-Haga lo que necesite,

pero sepa que estaré a su disposición para lo que sea.

-Se lo agradezco mucho.

Sabe Dios que ando muy necesitada de apoyo.

-Cuando quiera, ya sabe donde estoy.

Ahora, si me disculpa, voy a hacer unos recados.

Cuídese.

Con Dios.

Marcelina, ¿qué haces aquí parada como un pasmarote?

-Na, que quiero ayudarla.

-¿En qué puedes ayudarme tú, alma de cántaro?

-Podemos dar un paseo por el parque. ¡En el estanque han puesto patos!

-¿Para qué quiero ver yo patos?

¡Anda que no se lo pasa bien una echándoles pan duro!

Ya verá cómo se afanan en coger las migas. Venga.

-¡Tranquila, que me arrancas el brazo!

-Sígame, que lo vamos a pasar fetén.

-¡Qué cosas más raras tienes a veces!

Voy, pero más que nada para que te calles.

-"No sé cómo vamos a salir de esta".

No entra casi nadie a la mantequería.

La mitad del barrio está sin un duro.

-Y la otra mitad no gasta, por si acaso.

Fíjese cómo tengo la terraza.

-Ya.

Nosotros hemos tenido que retrasar el pago a los proveedores.

Ya ni nos traen el queso de Zamora.

-Igual que nosotros.

Si hasta hemos tenido que quitar del menú el lenguado menier.

No nos da para servir platos tan caros.

-Ya. Paciencia.

Mire, por ahí viene mi marido, para seguir con la conversación.

Ea, sus alubias.

Me voy a faenar a la mantequería.

De momento.

-Buenas.

-No te entretengas, que tenemos lío. -Va a ser un momento.

Emilio, mire lo que he encontrado en el desván.

¿Qué le parece?

-Bien, bien.

Pero ¿no es usted un poco mayor para apuntarse a la tuna?

-(RÍE) Es para usted.

-Yo no sé ni cómo se coge ese instrumento.

-Puede aprender, ¿no?

-Mi madre me dice que tengo menos oído que una losa de granito.

-Eso no se sabe hasta que uno no se pone en faena.

A ver, pruebe.

Siéntese, y empiece por lo menos tocando las cuerdas.

Al revés.

-Sí.

¡Cáspita! ¡Si apenas la he tocado!

-Es normal, ha estado mucho tiempo en un desván.

Las cuerdas estarán dañadas.

-No se engañe, esto no es para mí.

Tenga.

-Puede probar con un instrumento más sencillo.

No sé, una trompeta.

-Que no, que yo no tengo oído ni para tocar el pito.

-¿Por qué no prueba con la poesía?

Es una buena forma de expresar sus emociones

de una forma artística.

-Pues nunca lo he intentado.

Pero bueno, por lo menos escribir ya sé.

-Esa es la actitud.

Tiene que ponerse a escribir cuanto antes.

-Y...

¿sobre qué escribo?

-Sobre sus sentimientos, sus anhelos...

-¿Y si no siento nada?

-Algo sentirá, digo yo.

Los poetas tienen que esperar

a que las musas les toquen con su inspiración.

-A mí han debido tocarme en la cabeza, porque me duele.

-Emilio, a lo mejor es el próximo Gustavo Adolfo Bécquer y no lo sabe.

-Lo dudo muchísimo.

¡Quita, quita!

¿Dónde va, señora Agustina?

-Ahí, a esa silla.

-Ah. Agárrese, no vaya a caerse.

Cuidado, venga.

Ahí, poco a poco. Muy bien.

-Te estoy muy agradecida por haberme traído hasta aquí.

-Nada. Yo, encantado de ver que se está usted recuperando.

-Me gustaría darte una propina por el servicio.

-Ni se le ocurra, ¿eh?

Esto lo hago por amistad, no para sacarme un duro.

Cuando quiera que la venga a buscar, mande un aviso.

-Lo tendré en cuenta.

Pero solo si me es muy necesario.

Que tú tienes tus obligaciones.

-Y no pocas.

Que esa casa parece la casa de Tócame Roque.

Siempre hay algún entuerto.

Hasta luego.

¿Dónde te metes? Te estaba buscando.

Estás aprendiendo las mañas para trabajar poco, ¿eh?

-De eso nada.

Yo tengo mi portería más ordenada que mis ovejas,

que si me daba el capricho, las llevaba en fila de a dos.

-Este perro ya es muy viejo para tragarse ese hueso.

-¡Y dale Perico al torno!

Me he ausentado para acompañar a la Agustina al restaurante.

-Ah, pues me alegro que esté más lozana, pero...

tenemos que hablar de nuestro asunto.

-No sé de qué me habla.

-Yo sí lo sé, del de las canicas.

No deja de asombrarme la habilidad que tienes para ese juego.

-A ver, no hace falta estudiar para chocar dos bolas.

-¡Oye! Que después del ajedrez y del chito,

las canicas es el juego que más estrategia precisa.

-A mí me parece una tontá.

-De verdad, qué atrevida es la ignorancia.

Pues que sepas que es un arte,

y es mucho mejor deporte que el balompié

o las carreras con saltos.

-Lo que usted diga, si no se lo voy a discutir.

Lo mejor del mundo son las canicas.

-Ahí, ahí.

Pues me alegro mucho que entres en razones,

pero si quieres concursar en Naveros, tienes que practicar.

-Yo nunca he dicho que fuera a hacer tal cosa.

-Pero es que yo necesito una pareja,

y tú eres el más indicado para eso.

Con tu maña y mis conocimientos para el juego,

nos lo llevamos de calle.

-Lo que usted diga, pero es que no me gusta andar de competiciones,

desde que se me despeñaron tres ovejas

en una carrera de rebaños que hice con el Resoplao.

-Eso no tiene nada que ver.

Aquí, lo más peligroso que te puede pasar,

que se la tires al ojo a uno porque rebote en otra bola.

-Con la suerte que tengo, seguro que lo dejo tuerto.

-Vamos a ver, que he dado mi palabra.

No me puedes dejar tirado como una colilla.

-Cuente con ello.

-Ah, ¿sí?

No creía que esto iba a ser tan fácil.

Esto es pan comido.

-¡Que le he dicho que nones!

¡Humo! ¡Humo!

Que con esto de la Agustina ya voy con retraso.

-Oye...

(Puerta)

¡Genoveva!

¿Estás lista?

¡Enseguida termino con el maquillaje!

¡Ve cogiendo el sombrero!

Salta a la vista que estás mucho mejor.

-Sin duda es gracias a Úrsula.

Tendrían que ver...

con cuánto mimo me ha cuidado.

-Pronto podrás volver a hacer vida normal.

-Eso espero.

Que no se puede estar tanto tiempo mano sobre mano.

-Ojalá todos pudiéramos volver a la normalidad,

pero cada día lo veo más improbable.

-Todo parece venirse abajo.

Los que no tienen problemas económicos

los tienen de otra índole.

Y otras, de todos los colores.

-Es una pena lo que está pasando...

con don Liberto y doña Rosina.

¿Quién lo iba a decir?

Después de tantos años de feliz matrimonio...

-Y todo por culpa de esa fresca de Genoveva.

Esa lianta le ha hecho perder la cabeza a mi pobre sobrino.

¿Qué?

-Algo de culpa también tendrá él, digo yo.

-No se equivoque.

Mi sobrino es un alma cándida que ha caído en manos de una pelandusca.

-Por lo menos ella no ha tenido el cuajo

de asomarse al balcón estos días.

-Espero que su esposo la encierre en casa.

Así aprenderá esa desvergonzada.

-No me puedo creer tanta insolencia.

Se pasea del brazo de su marido como si no pasara nada.

-Esto no se puede consentir. Les voy a cantar las cuarenta.

-Deténgase, doña Susana. Que se pierde.

-¿Ustedes no tienen ni pudor ni decoro?

¿Cómo se atreven a salir a la calle?

-¿Por qué no íbamos a hacerlo? Hace un tiempo excelente.

-¿Le parece poco lo que nos ha hecho?

Primero nos hace invertir en un banco

que sabía que iba a la quiebra.

Y luego, su esposa seduce con malas artes a mi sobrino,

echando a perder su matrimonio.

Razones hay, de sobra,

para marcharse ustedes y no volver nunca más.

-Ni yo sabía lo que iba a ocurrir con el banco,

ni mi esposa es culpable del asunto del que le acusa.

-¿Se atreve a negarlo?

Le recuerdo que la pillaron infraganti.

-Lo lamento por ella y por la pobre doña Rosina.

Pero sobre todo por ella.

-¿Y lo lamenta sobre todo por ella?

Señor mío, su esposa le ha sido infiel.

-Me resulta muy desagradable hablar con usted de este asunto.

Pero...

para su información, he de decirle

que don Liberto violó a mi esposa.

Ya he puesto este asunto en manos de la policía.

Tenga en cuenta que yo soy un hombre de ley.

Otro le hubiese volado los sesos a ese tipejo que tiene por sobrino.

-No puede ser.

-Y ahora, si nos disculpa, continuaremos con el paseo.

En breve, todo el peso de la justicia caerá

sobre ese felón de don Liberto.

-No puede ser.

-¿Se encuentra bien? -¿Ha oído, Felicia?

Siéntese, le traeré una tila. ¿Está bien?

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

(TOSE)

¡Casilda!

Vengo con los pies destrozados de tanto andar.

¡Esa boba me ha tenido toda la mañana detrás de los patos!

¡Casilda! ¿Dónde te metes?

(RESOPLA)

Estará por ahí, con las otras criadas.

Pero ¿qué es esta locura?

Supongo que esta locura es cosa tuya, ¿no?

-Te estaba esperando.

-¿Para qué? -Para qué hablemos.

-No tengo nada que decirte.

-Yo sí.

Quiero pedirte disculpas.

¿Me vas a escuchar?

Te lo pido de rodillas.

Me deja de piedra. No puedo creer lo que me ha contado.

-Figúrese cómo estoy yo.

A punto he estado de desmayarme en medio de la calle.

-Tranquilícese.

De nada nos va a servir que nos dé un síncope.

-Trataré de serenarme,

pero la situación es crítica.

¿Qué podemos hacer? -En este momento, muy poca cosa.

-Pero...

Pero ¿si le detienen y se lo llevan preso?

-Es lo más posible. Si ayer se presentó la denuncia,

ya habrán cursado la orden de detención.

-¡Ay, Virgen Santa!

No permitas que lo metan en el calabozo.

-Doña Susana, de nada nos va a servir rezar en este momento.

-Don Felipe,

tiene que ayudarnos, por lo que más quiera, por su hijo.

Por la memoria de nuestra Celia.

-No se preocupe, no les dejaré solos.

¿Sabe dónde puedo encontrar a Liberto?

-Sí, tengo una idea. -Vamos, no perdamos tiempo.

-"Sé que no merezco tu perdón".

Y de verdad, Rosina, no trato de justificarme.

He sido indigno e indecoroso.

He traicionado tu confianza y tu amor.

Mis acciones no tienen nombre.

-Sí, sí que lo tienen.

Te has portado como un cerdo.

-Sí, peor que la más inmunda de las bestias.

Por eso sé que no tengo derecho a decírtelo.

Pero lo cierto es que te sigo queriendo.

-No puedo creerte después de lo que vi.

-Te entiendo, Rosina.

Pero es que...

eres lo único que da sentido a mi vida.

Lo más importante que tengo.

Me siento el hombre más tonto del planeta por jugarme tu cariño.

Por eso, mi amor,

quiero que sepas que haré lo que sea para que me perdones.

¿Me vas a escuchar?

¿Me vas a dar la oportunidad de enmendar mi error?

-Es que... me has hecho un daño irreparable.

-Lo sé.

Y no voy a perdonarme nunca por eso.

Pero cariño,

si en tu corazón todavía queda un rescoldo de cariño hacia mí,

te pido que no lo apagues.

Que me des la oportunidad...

de demostrarte lo arrepentido que estoy,

y las ganas que tengo de seguir contigo.

-¡Señores!

Perdonen, no lo he podido evitar. Me han obligado a abrirles.

-Pero...

¡Qué formas son estas de entrar en una casa decente!

-Don Liberto Méndez. -Sí, soy yo.

¿Quién me busca?

-Ha de acompañarnos a comisaría.

-¡Ya están aquí! ¡No hemos llegado a tiempo!

-Soy el abogado de este señor.

Les ruego que sean discretos

y que le saquen por la puerta de servicio. ¿Es posible?

Felipe, ¿qué está pasando?

-Le acompañaré a comisaría.

-Cuídenlo.

¡Es un buen chico!

¡Señora, señora!

-Siéntala.

Y trae las sales.

Es importante que nadie sepa lo que ha pasado aquí, ¿de acuerdo?

Cuídela.

(SUSPIRA)

"Mi corazón le pertenece".

"Mi anhelo es estar con usted".

"Suspiro cada vez que la veo".

"Quisiera pasar todo el tiempo a su lado".

Esto es una castaña. No rima nada con nada.

Escribir versos tampoco es lo mío.

Tendré que probar con la prosa.

¡Camino! ¿Qué haces ahí parada?

Anda, ve colocando las copas de vino en las mesas.

-¡A los buenos días a todos!

¿No les parece que no puede haber un día más radiante que el de hoy?

-Yo creo que el sol ha salido por donde siempre.

-¿Eso no es vino dulce?

-Sí, de Málaga.

-Pues póngame una copita, que estoy de celebración.

¿Puedo preguntar por el motivo de su alegría?

-Me ha pasado lo mejor que le puede pasar a un hombre.

Que la mujer a la que ama le corresponda.

Cinta y yo nos hemos hecho novios.

-¿Novios?

-Eso mismo he dicho.

Y la cosa va en firme, que...

ayer se lo dijimos a sus padres.

-Y...

¿doña Bella ha pasado por el aro?

Estaba empeñada en encontrar un diplomático para su hija.

-Va a tener que conformarse con un guitarrista.

-Mucho ha cambiado esa señora.

-A la fuerza ahorcan.

Ha tenido que ceder ante la determinación de Cinta,

porque mi novia, otra cosa no tendrá,

pero de carácter anda... sobrá.

-Sí que ha tenido que ponerse farruca.

-Tampoco tanto.

En dos días nos vamos de gira por España,

y a los padres les interesa darle permiso.

Necesitan dinero para pagar la deuda del banco.

-Vamos, que le ha venido todo de cara.

-Todavía no puedo vender la piel del oso,

pero estoy seguro de que van a ceder.

Y si nos lo permiten, podemos ser muy grandes.

Pocas parejas tienen tanto duende como nosotros en el escenario.

Pocas.

-No creo que sea para tanto.

-Tiene usted que venir a vernos y se convencerá.

Somos almas gemelas en lo del cante.

Y espero que en todo lo demás.

-Bueno, pues...

felicidades.

Le ha tocado a usted la lotería.

-¡Mucho mejor que eso!

Póngase una copita y brindemos.

Yo le convido.

¡Póngasela!

Y otra para mí.

Ea.

Por la chica guapa...

y por las almas gemelas.

¿Qué ha ocurrido? No he podido ver nada.

Han sacado a Liberto por la escalera de servicio,

y lo han metido rápidamente en un coche.

Qué lástima. Me hubiese gustado causar más revuelo en la calle.

Sí, una lástima.

Estaba en el portal cuando le han sacado,

y puedo decirte que no lo ha visto casi nadie.

No se puede tener todo.

De todas formas, esta noticia se extenderá

por el barrio como un incendio.

Cuando nos marchemos de aquí, no va a quedar piedra sobre piedra.

¿Qué tal te ha ido en comisaría?

¿Hablaste con ese inspector?

No son precisamente buenas noticias las que traigo.

¿Qué te ha dicho?

Según él, don Ramón Palacios ha estado hablando

con el comisario Méndez sobre mí.

Al parecer,

han empezado a investigar sobre el fraude.

¡Maldita sea!

¿Por qué no pudo morir ese endriago cuando debía?

A la postre, don Ramón Palacios va a resultar una molestia.

Te recuerdo que Úrsula se ofreció a encargarse de él.

No me pareció oportuno en ese momento.

A mí me pareció bien.

Y me lo sigue pareciendo. No tendríamos este problema ahora.

Sigo pensando que no fue buena idea.

¿Qué quieres hacer?

¿Quedarte de brazos cruzados? Por supuesto que no.

Este asunto no va a quedar así.

Don Ramón Palacios no se saldrá con la suya.

"Perderla me causa el peor de los dolores".

"Cuando creía que no se podía sufrir más,

comprender que puede marcharse me ha demostrado

lo equivocado que estaba".

"Que haya elegido a otra persona como compañero

para el resto de su vida

me hunde en la peor de las desesperaciones".

"Me quita todas las esperanzas y las ganas de seguir adelante".

"He pasado en mi vida por momentos desgarradores".

"Pero renunciar a su amor

es el peor de ellos".

Todo ha ido más rápido de lo esperado.

-Ha sido una suerte encontrarnos con el comisario Méndez.

-Sí, gracias a él me han dejado marchar después del interrogatorio.

-De algo ha servido que respondiera por usted.

Le he creado la duda sobre lo cierto de la acusación que le hacen.

-Le agradezco en el alma su ayuda.

No sé qué hubiera sido de mí si no cuento con su compañía.

-Sin duda, estaría preso.

Pero no tiene nada que agradecerme.

Siéntese.

¿Qué puede pasar ahora?

-Esperaremos a que dictamine el juez.

-Yo soy inocente.

Soy completamente incapaz de cometer semejante felonía.

-Liberto, lo sé.

De lo contrario, no estaría defendiéndole.

-Dios mío, esto es terrible.

Es una pesadilla.

Se me llevaron delante de Rosina. ¿Qué va a pensar?

-Confíe en ella.

Le conoce bien y sabrá que es inocente.

-No.

Según están las cosas,

ahora mismo no cuento con su confianza.

Y lo que es innegable es que esto arruina

mis intentos de reconciliación.

-Ha sido un duro traspiés,

pero tenga fe en que esto puede quedar en nada.

-Podría seguir adelante esa absurda acusación.

Tengo que ir a hablar con ella.

-Sosiéguese, don Liberto. Sosiéguese.

Será mejor que se tranquilice antes.

-Sí, tiene razón.

No estoy en condiciones de hablar con nadie.

¿Qué puede pasar ahora?

-No creo que esto siga adelante.

Se trata de una denuncia infundada.

-Por supuesto que sí.

Es una falsedad manifiesta.

-No tendremos problema en desmontar la acusación.

-O tal vez sí los tengamos si finalmente salgo acusado.

-Estas cuestiones de honor son complicadas.

Todo depende del juez que nos toque.

-Quiero que me diga la verdad.

¿Podría acabar en la cárcel?

-Tranquilícese,

está en las mejores m anos.

Ahora relájese y sosiéguese.

Y cuando esté tranquilo, vaya a ver a Rosina.

Voy a decirle al portero

que me suba todas las notificaciones del juzgado que lleguen.

Ni qué decir tiene que está en su casa.

-Felipe.

Gracias.

"Aquí tienen..."

sus cafés, señores.

Uno.

Y otro.

Que aproveche.

-Me alegro un montón de que Agustina ya salga a la calle.

-Sí, yo la he visto más animada.

Podría decirse que está contenta como unas castañuelas.

-¿No exagera usted una pizca?

-Pues quizá sí,

pero es que como está todo el mundo con cara de entierro.

Y yo, si no veo a alguien con los ojos hinchados de llorar,

pues creo que está de juerga ya.

-Comparado con eso...

Pero lo de Agustina no mejora de un día para otro, Servando.

-Ya. Qué pena de barrio.

Con lo alegre que era esto,

ahora lo único que ves son caras largas y escuchas sollozos.

-Después de la estacada que le han dado a los señores

donde más les duele,

tampoco es menester andarse de jolgorio.

-Si hasta la Lolita parece un alma en pena.

-Luego iré a buscarla para darle una vuelta,

a ver si la animo.

-Pues ya le puedes dar vueltas,

porque está mustia como un geranio pisado.

-Pues mire, la creía yo con más espíritu.

-Ya.

Es que los Palacios están pasando unos problemas grandes de monises.

-Sí, pero a fin de cuentas tienen la mantequería.

A las malas, siempre pueden vivir de ella divinamente.

-Eso sí. Comida no les va a faltar.

-Lo raro es que esté tan agobiá.

Ella siempre ha sido pobre.

Pasar estrecheces tampoco le va a venir de nuevas.

-Claro, de lo malo a lo bueno se pasa fácil,

pero de lo bueno a lo malo...

-Ay, Servando, en eso no le enmiendo ni una coma.

En fin...

Me voy a dar un repaso a los baños.

Ah,

haga el favor de colocarme los vasos.

-Sí.

¡A las buenas, Servando! -Buenas.

-Eh...

¿Me podría prestar usted un cubo?

Es que el de la casa está viejo y se ha hecho un bujero.

-Pídeles a tus señores que compren uno.

-A esos no les pido ni la hora.

¡Bueno está el patio!

Andan sin un duro en los bolsillos.

-Ya.

El cubo no te lo puedo prestar porque lo está utilizando Fabiana.

Pero me gustaría proponerte algo.

-¿No insistirá con lo de las bolas? -Justamente.

-¿Cómo tengo que decirle que no?

-No te sulfures, que creo que he tenido una idea fetén.

Deja que por lo menos me explique.

-Ea, dele.

Pero ya le digo que no me va a convencer.

-Bueno.

Si formamos equipo tú y yo,

te prometo volver a hacer magia...

y traerte de vuelta la medallita.

¿Qué te parece?

-De acuerdo.

Pero luego no me venga con historias.

-No, lo prometido es deuda.

Oye, esta sociedad...

hay que firmarla con un brindis.

-Pero saque un poco de chorizo y de queso,

que es que a mí, el vino a palo seco me da dolor de cabeza.

-¡Anda que no sabes tú na!

Ay...

-Y ya si corta un poco de jamón

del que tiene ahí escondido, lo borda.

-No, si al final me va a salir a mí cara la sociedad.

-Si no le interesa, lo dejamos.

-No, no, no.

Todo sea...

por ganar la competición. -Ahí.

A ver, Marcia,

tú lo que quieres son pa-ta-tas.

-Sí, como pa-ta-ca.

Pero... así, "vermello".

-Del medio no. Chorizo.

Eso es chorizo.

-No chorizo. Ver-me-llo.

-Ea. ¿Rojo?

-"Gojo", sí.

-¿Cómo no quieras tomates?

No se me ocurre qué puede ser.

-Ay, no sé... No tomate.

Está en tierra, como patata.

Pero es rojo y más pequeño.

-Tú quieres pimientos de piquillo.

Esto.

-¿Pi qué?

-Es igual.

No hay quien te entienda.

O te aprendes el nombre de las cosas o solo podrás comprar lo que veas.

Que es que una adivina no es.

-¿Qué? -¿Va todo bien?

-Uf...

Aquí, su Marcia,

que en su tierra la entenderán muy bien, pero aquí no pilla una.

-Lolita, tienes que tener un poco de paciencia.

-¿Más?

Que llevo toda la tarde para despacharle dos sardinas.

-No quiero más sardinas.

-A ver, a ver...

Dime qué es lo que quieres pedir.

-Es como "pataca". -Ajá.

-Nace en la tierra,

pero es roja por fuera y blanca por dentro.

-Si quieres que te lo diga, espera. -¡No pera!

Rábano.

-¡Eso! Rábanos.

-Lolita, ya has escuchado.

¿Medio kilo?

-Sí, medio kilo.

-Medio kilo de rábanos.

No era tan difícil.

-¡Pa usted! ¡Que a mí ya me traía loca!

Voy a por ellos.

Perdone, tengo que aprendérmelo en su idioma.

-No pidas disculpas por eso.

Con lo que sabes te vas apañando. Poco a poco irás aprendiendo.

Hoy has aprendido una palabra nueva.

-Sí, pero hay muchas que no sé.

-Bueno, ya las irás conociendo.

Estoy pensando en darte clases de español.

Así no tendrás estos problemas.

-¿De español? -(ASIENTE)

¿El señor?

No, no "poso".

-No te preocupes, tengo tiempo suficiente.

Pienso cobrarme mis clases.

-¿Qué? Yo no tengo dinero.

-No voy a pedirte dinero.

Vas a darme clases de portugués.

Tengo amigos en el consulado de Brasil

y me gustaría impresionarles hablándoles en tu idioma.

-Está "bom".

¡Ea!

Medio kilito de rábanos.

Más lustrosos que las manzanas.

-"Obrigada".

-Marcia, ahora ve para casa.

Liberto está allí y puede que necesite algo.

-Sí, señor.

-Ea.

Te lo apunto.

-"Boa tarde".

Don Felipe, se ha buscado una criada más cortita

que las mangas de un chaleco.

-Bueno, Lolita, ya irá aprendiendo.

-Y ahora que se ha ido, ¿cómo ve usted el asunto de Bryce?

-De momento, no tengo ni buenas ni malas noticias.

Confiemos en que don Alfredo Bryce no se vaya con bien de esta.

Con Dios.

-Con Dios.

Pues me he quedado como estaba.

Lo que se dice "nelvis".

(SUSPIRA)

En menudo berenjenal me estoy metiendo con Rafael.

(RESOPLA)

Sé lo que te pasa, hija mía.

¿Cómo dice, madre?

(RÍE)

Que sé lo que te tiene a mal traer.

Estás desasosegada porque no sabes si vamos a dejarte irte de gira.

Sí, claro.

¿Por qué otra cosa iba a estar inquieta?

Hija, reconozco que la oferta que te han hecho es de lo más tentadora.

Y comprendo

que quieras aprovechar esta ocasión.

Haré lo que usted me diga, madre.

Esto nos puede servir, con las ganancias que obtengas,

para tapar unos cuantos de agujeros.

La verdad es que estamos hablando de mucho dinero.

Suficiente para sacar la casa adelante.

Lo sé.

Pero no eran esos los planes que yo tenía pa ti.

Me preocupa mucho que acabes dedicándote al escenario.

Y esa vida es muy sacrificada, hija.

Ya me lo ha dicho muchas veces,

pero a ustedes no les ha ido tan mal.

Lo que nos ha pasado ha sido por pura mala suerte.

Digo.

Pero bueno, antes de tomar una decisión

quiero hacerte una pregunta.

¿Cómo has podido enamorarte de Rafaelillo,

cuando estabas loca por Emilio,

así, de la noche a la mañana?

La respuesta es muy simple.

Rafael ha luchado por mí como un perro de presa.

Emilio tomó las de Villadiego antes de enfrentarse a su madre.

Mal rayo la parta.

(SUSPIRA)

Rafael no para de demostrarme su amor, madre.

Haría cualquier cosa con tal de tenerme contenta.

Si todo eso está muy bien...

Pero ¿tú le quieres?

Claro, es un hombre de verdad. No como el otro.

En fin, yo quería...

algo mucho mejor para ti, pero si es lo que deseas...

Tengo que admitir que Rafaelillo me parece un muchacho muy noble.

(Puerta)

Espérate, que llaman.

Muy buenas tardes. -Pasa.

Buenas tardes. Llegas en el momento preciso.

Hola. Buenas.

-Pos bueno,

ya he tomado una determinación.

Os voy a permitir hacer la gira.

-¡Eso es fantástico!

-Sí.

Pero con una condición.

Llevaréis a Arancha de carabina.

Quiero estar segura de que la respetas.

-No tenga ninguna duda.

¿Estás contenta, mi niña?

Sí, mucho.

Señora, si le parece, voy a ir recogiendo todo esto.

No es buen momento para tanto floripondio.

-Ni me hables.

¿Cómo ha sido capaz de permitir que me hagan semejante encerrona?

-Señora,

lo único que quería era

que el usted y el señor se reconciliaran.

Lo paso muy mal viéndoles peleados.

-Entérate, esto no tiene arreglo.

-Y menos ahora, que los guardias se lo han llevado.

¿No está usted muy preocupada por él?

-Pues claro, claro que estoy preocupada.

(Puerta)

¡Señora!

Es don Liberto, quiere verla. ¿Qué hago?

-Dile que pase.

-¡Señor, puede pasar!

-Eso lo podía haber hecho yo misma. ¡Qué modales, Casilda!

Gracias por dejarme entrar.

-¿Qué ha pasado en comisaría?

-Poca cosa.

Me han interrogado, me han tomado declaración,

y ahora, a ver qué dice el juez.

Lo primero que quiero que sepas

es que yo no he sido capaz de cometer semejante infamia.

-No hace falta que me convenzas de eso.

Te conozco, y sé que eres incapaz de hacer algo así.

-No sabes el peso que me quitas de encima.

Pensé que darías crédito a esos infundios.

-Ya sabes que no.

¿A qué has venido?

-Quería retomar la conversación...

donde la dejamos cuando nos interrumpieron.

No llegaste a darme una respuesta.

-He estado...

cavilando mucho sobre nuestro matrimonio.

He sentido mucha rabia.

Incluso he llegado a odiarte.

Pero ahora...

Ahora solo siento tristeza.

Y una gran decepción.

Lo siento, pero no puedo perdonarte.

Nunca voy a olvidar que has estado en brazos de otra mujer.

-Cariño, haré lo que sea para que olvides mi error.

Por favor...

-Es que no está en tu mano arreglar lo que has roto.

Ya no te guardo rencor, pero...

nuestro matrimonio ha acabado.

-¿No vas a darme una oportunidad? -No.

Liberto,

sería inútil.

Sería un engaño para los dos.

Será mejor que te vayas.

Ve a decirle a tu tía que has salido de comisaría.

Está muy angustiada.

(Timbre)

Preciso hablar con usted.

¿Me permite pasar?

-Claro.

Acompáñeme.

Siempre trato a mis visitas con cortesía,

lo merezcan o no.

Puede hablar con total libertad, estamos solos en la casa.

-Bien.

No voy a andarme por las ramas.

Sé muy bien lo que está haciendo,

y quiero advertirle que no va a conseguir nada.

Perderá el tiempo y...

puede que algo más.

-No me asustan sus bravuconadas.

Es usted un malnacido.

Y un ladrón.

No es usted digno de pasear por este barrio.

Ni siquiera es digno...

de tratar con personas.

-Comprendo su ofuscación.

Pero estoy aquí para ayudarle.

Conozco todos sus movimientos con la policía

y el poco éxito que ha tenido con ellos.

-No cante usted victoria tan temprano.

Acabaremos demostrando qué clase de sabandija es usted.

-¡No!

No lo creo.

Permítame darle un consejo.

Olvídese de todo esto.

De usted depende que su vida sea fácil

o difícil.

Piénselo.

Es su elección.

No creo que se haya dado cuenta...

de que si dedicase a sus negocios sin inmiscuirse en mis asuntos,

viviría más tranquilo.

Podíamos ir a celebrarlo al Nuevo Siglo XX.

¿No podríamos ir a otro restaurante?

No, Cinta.

Vamos a ir toda la familia y con la frente bien alta.

A ver si lo estoy entendiendo.

¿Dices que no vas a mover un dedo por él?

Porque si es así,

no eres la persona a la que creía conocer.

-Tu sobrino tampoco ha resultado ser la persona que yo creía conocer.

Ahora estará muy pendiente de nosotros.

No sé muy bien cómo actuar.

-Yo ya he tomado una resolución, estimado amigo.

Después de mi enfrentamiento de ayer, temo por mi familia.

Ya te he inscrito en el campeonato de canicas de Naveros.

Y no me ha sido fácil, ¿eh?

Alguna mentirijilla he dicho.

¿Qué opinas de Genoveva?

-A mí me parece que no es trigo limpio.

Lo que ha dicho de don Liberto

es una mentira tan grande como una casa.

¡Maldita sea su estampa!

Me duele tanto como a ti el mal trato que te han dado.

Pero creo que hay otro motivo por el que no quieres acudir.

¿Cuál podría ser?

Sigues enamorada de Emilio.

¿No tienes nada que contarme?

Ten cuidado, Marcia.

No olvides quien te ha puesto en esa casa, a quien le debes todo.

Amigo,

tengo algo muy grave que decirle.

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Acacias 38 - Capítulo 1039

21 jun 2019

Bellita acepta el noviazgo de Cinta y Rafael, permitiéndoles ir de gira juntos si Arantxa va con ellos. Emilio se entera del noviazgo de los jóvenes artistas, quedando destrozado.
Genoveva finge en público estar sometida por Alfredo. El banquero desvela a Susana que ha denunciado a Liberto. Luego se presenta en casa de Ramón y le amenaza, ha descubierto que el Palacios le está investigando y no va a permitir que vaya contra él.
Marcelina fuerza un encuentro entre Rosina y Liberto, pero este es detenido. Tras ser puesto en libertad su mujer se sincera: por mucho que se hayan querido es incapaz de perdonarle esa traición, su matrimonio ha terminado.

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  1. Francesca

    Prefiero a Rafael. Pero, imagino que lo torcerán o lo matarán, habrá que abrir las puertas para el del restaurante. Temo, igual que Uds., que desaparezca de escena, Arantxa.

    25 jun 2019
  2. Grissel

    Que horrible que las personas no puedan ver los capítulos viejos porque vivimos en PRno hace sentido????

    22 jun 2019
  3. Gema

    Si se va,Arantxa dejo de verlo. Es la mejor. A mi curiosamente me cae bien rafael, el otro es tan soso. Y su madre me pone de los nervios junto a,Susana

    22 jun 2019
  4. Mabi

    Creo que Rafaelillo es buena gente, si bien se hizo pasar por otro al principio, lo justifico por la causa, enamorar a Cinta y como se debe, con franqueza no como Emilio que vaya uno a saber que oculta él, su madre y hermana,y me da pensar que nada bueno... Si resultará que el Boquerón fuera un farsante y timadores me desilusionaria mucho, ahora si Arantxa va con ellos se las verá negras para sujetar al enamorado!!!! También espero que ésta " gira" no saque de pantalla a éstos tres personajes...

    22 jun 2019
  5. Marilu

    Pues a mí TAMBIÉN me gusta el Rafaelillo, tiene sangre en las venas y es super seductor, además PARECE buena persona, no como el de voz cavernosa,que es bastante pusilánime

    22 jun 2019
  6. Celina

    No genera interés.

    21 jun 2019
  7. Laura

    Pues a mi no me gusta nada el rafaelillo ese prefiero el Emilio me gusta para Cinta se ven que se quieren de verdad y Cinta nl le quiere nada al otro se le ve en su cara y en sus gestos

    21 jun 2019
  8. Laura

    Pues a.mi no me gusta nada rafaelillo ese prefiero emilio que se enamore de emilio

    21 jun 2019
  9. Ester

    Me encanta Rafaelillo, espero " SEA REAL " así como parece ser y los guionistas no nos deparen una ingrata sorpresa con el, como suelen hacer y que Cinta, la indecisa, no lo perjudique moralmente ni en su trabajo

    21 jun 2019