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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1038 - ver ahora
Transcripción completa

El Banco Americano no devolverá el dinero invertido,

no ahora que el Banco de España conoce sus malas prácticas.

-El banquero y su esposa han urdido esto para limpiarnos.

Te estaré agradecido.

-Está bien.

Nos han limpiao todo.

-¿Que qué vamos a hacer?

Seguir cantando, que es para lo que hemos nacío.

Voy a hablar con Rosina. -¿Va a hacer eso por mí?

-La duda ofende.

-Dígale que me arrepiento mucho y que la quiero como el primer día.

El empresario espera su respuesta para lo de la gira.

Quiero hacerla, Rafael, y usted lo sabe, pero...

¿Es un no definitivo? No lo sé.

En vez de dar la matraca tanto con la medallita,

me vería muy agradecido sabiendo que he participado

en una de las más grandes proezas de la historia de la magia.

-No me malinterprete, que yo aprecio su arte,

que es mucho, pero es que le tenía mucho aprecio a mi medallita.

¿Qué es doña Bellita? Cantante y bailaora.

¿Qué es don José? Guitarrista.

Blanco y en botella: Cinta hace lo que ha visto en casa.

No puedo dejar de pensar

que el señor Bryce se hizo con el dinero de nuestros vecinos

antes de la quiebra, precisamente, para poder después afirmar

que se había perdido con el resto del capital.

-¿Qué sugiere?

-Que busquemos los apuntes contables del banco.

Puede que hasta la venda.

-¡Como venda la medalla de mi marío, aquí va a haber más que palabras!

¿Le suena a usted el nombre de Valdeza?

-Jamás lo he oído mentar.

No le acusan de lo de Liberto,

también la acusan de estar conchabada con su marido.

-Porque también es culpable de eso.

-No, ese hombre es la piel del diablo, pero ella no.

Úrsula Falcón Quintero.

Cantante y empresaria de zarzuela...

Pos quiere contar conmigo para su cuadro flamenco.

¿Y nuestra gira?

Si no se decide, terminaré perdiendo las dos cosas.

Su marido no se lo va a poner fácil cuando se entere.

Estoy tan arrepentida...

Alfredo es un hombre muy estricto. Le tengo pánico.

No sé lo que puede llegar a hacerme.

Dice la señora que ahí tiene usted, confeti, pa sus juergas.

Te conté que estaba tratando de seducir a Liberto.

Sí, hablamos de ello.

Casilda nos descubrió juntos.

No pasaron ni dos minutos hasta que se enteró el barrio entero.

¡¿Cómo puedes ser tan estúpida?!

Alfredo, querido, no dramatices, no es tu estilo.

¿Has perdido el juicio?

Has permitido que Casilda descubriera tu infidelidad.

Me apena que pienses eso.

No lo he permitido, lo he propiciado.

¿"Propiciado"? Claro que sí.

Yo misma le pedí a Úrsula que fuera al altillo

y consiguiera que Casilda bajara y me encontrara con su patrón.

¿No es así, Úrsula? Sí, señora.

Creo que es un error.

Al contrario, todo está yendo a las mil maravillas.

Tendrás que explicármelo.

Úrsula, ¿no tiene nada que hacer en la cocina?

Debo hablar con mi esposo. Sí, señora.

Con permiso.

(Sintonía de "Acacias 38")

Nunca imaginé verte celoso.

Sabes que no tengo celos, no trates de jugar conmigo.

No juego contigo, juego con otros hombres.

Liberto es un galán atractivo, bien lo sabes.

Pero nunca he tratado de seducirle, solo de destrozar su vida.

Lo que creo es que se la has hecho más grata.

Sí, durante unos minutos puede que haya sido así.

Al menos, hasta que vimos a Casilda.

Tenías que haberla visto.

Estaba desnudo de cintura para arriba,

un magnífico ejemplar de hombre.

Te habría gustado verle.

Estoy seguro de eso. Pero lo que quiero que me expliques

es por qué has dejado que te descubrieran con él.

Ahora te lo explico. Pero déjame decirte algo,

ojalá esa criada hubiera tardado un poco más.

Un par de minutos y habría descubierto a su jefe en cueros.

(RÍE)

Y yo me habría solazado también con la visión.

Deja de recrearte y desvélame de una vez tu intención con todo esto.

No te hacía tan impaciente con los asuntos de alcoba.

Liberto y Rosina se aman,

¿te lo imaginas?

Un disparate.

Aunque ninguno de los dos sea digno de cariño,

especialmente ella, se aman.

Hay matrimonios que se aman,

incluso después de un tiempo prudencial tras su boda,

aunque ni tú ni yo lo entendamos.

Nada podía dolerle más a Rosina que sentirse traicionada por su esposo.

Y para causar ese dolor era imprescindible que se enterase,

de ahí que necesitase a Casilda.

Tenías que haber oído los gritos

y haber sabido de sus gestos de dolor de las horas siguientes.

Escaso rédito a sus lamentos para la alta apuesta de quedar marcada.

Sabes que he venido a vengarme,

y todo el dolor que les cause a todos esos miserables,

es un éxito para mí.

Yo ya estoy marcada,

todavía se habla de mis bailes desnuda

ante la ventana para Samuel.

Te has excedido.

Has olvidado que soy un hombre público y tú eres mi esposa.

¿Qué se supone que debo hacer, batirme en duelo con ese hombre?

Sería tan romántico que lo hicieras.

Pues olvídalo,

poner mi vida en juego no forma parte de nuestro trato.

Imaginaba que dirías eso,

pero tendrás tu satisfacción.

Te aseguro que los vecinos no pensarán

que te has quedado de brazos cruzados

ante la infidelidad de tu joven esposa.

¿Y qué pretendes hacer?

No quieras adelantarte a todo.

¿No te gusta que te sorprenda con mis planes?

Odio las sorpresas.

Haz el favor de contarme todo de principio a fin.

No le voy a negar que me alegro de que retrase el casamiento.

-No me digas que no estás de acuerdo que me case con Carmen.

-Quía, no es eso.

Estoy feliz por Carmen y por usté,

estoy deseando que forme parte de la familia.

-Ya lo es. -Ya. Digo con papeles y ante la ley.

Carmen va a ser una madre y amiga, más que una suegra.

Solo que ahora no me encuentro yo con ánimos

y fuerzas pa preparar un enlace,

por eso me alegro que demore el casamiento.

-Desde luego, el barrio no tiene espíritu para celebraciones felices.

-A lo mejor es el final del barrio.

-Ay, no seas agorero.

-Confiemos en la sabiduría del refranero:

Dios aprieta, pero no ahoga.

-Y cuando se cierra una puerta, se abre una ventana.

-Esos refranes están muy bien, pero ahora todo se hunde.

Muchos de los que estamos en Acacias vamos a desaparecer,

y vendrán otros con las mismas ilusiones que teníamos nosotros.

-Antoñito, hijo mío, eres un cenizo.

-Desde luego, a usté no ha salío.

-No me haga reír.

Estoy mu preocupá por la mantequería.

-Habrá que estudiar los contratos firmados.

-Los he leído una y mil veces y no hay nada que hacer.

La mantequería será de Alfredo Bryce en pocos días.

-Si los vecinos se opusieran...

-¿Más sentadas como la de delante de la casa de Suñol?

Quita, que yo ya no tengo fuerza.

-Lolita, tiene más fuerza un contrato firmado

que la preferencia de los vecinos.

-Los vecinos no saben que vamos a perder el negocio.

Convenimos no decirle na a nadie.

-No entiendo el por qué.

El silencio y el secreto solo enturbian más los asuntos.

-La pérdida de la mantequería solo incumbe a nuestra familia.

No quiero que seamos la comidilla del barrio.

-Y que no quisimos decir nada a nadie pa que no supieran

que habías firmao los papeles por la codicia de ganar más dinero.

-Que sí, ahora todos van a saber que soy tonto.

-Perdona, no tendría que haber dicho eso.

-No vale la pena pensar en lo que se debía haber hecho y no se hizo.

Hay que mirar al futuro... y reparar cuanto antes los daños.

Y si Antoñito no quiere que se sepa, no lo diremos.

Nada, no hay manera de que cuadren las cuentas.

-El local ha estado lleno, o esa impresión me ha dado a mí.

-Sí, sí, no es eso.

El Nuevo Siglo XX funciona bien,

a los clientes les gusta el ambiente, la carta, la cocina.

Es un buen negocio.

-¿Entonces?

-Ya lo sabe usted, el Banco Americano...

Invertimos mucho más de lo que debíamos.

Yo creo que los vecinos nos volvimos locos.

La avaricia nos cegó.

-He escuchado lo mismo a otras familias del barrio.

¿Se endeudó para invertir?

-Así es, lo mismo que la flamenca,

lo mismo que Antoñito Palacios...

Susana puso todos los ahorros que tenía para la vejez,

incluyendo lo que sacó de la venta del local de su sastrería;

Rosina y Liberto, lo mismo.

-En esa casa son todo desgracias.

He oído que don Liberto le fue infiel a doña Rosina.

-Por si fuera poco. A ver en qué acaba todo eso.

No creo que don Alfredo pueda mirar para otro lado.

-Esperemos que no sea algo irremediable,

la gente es muy impulsiva y luego se arrepiente.

-En fin, que no le voy a dar más dolor de cabeza con mis cuitas.

Invertí en el Banco Americano el dinero que tenía

para pagar a los proveedores, y ahora ando trampeando

para no quedarme sin género en el restaurante.

Fin de la historia. -No se preocupe,

a mí me puede contar sus problemas.

Tengo afecto por su familia, en especial por Camino.

-Pero eso no le convierte en nuestro paño de lágrimas.

Me conformo con la ayuda que le está prestando a Camino.

El estudio de la lenguaje de signos le está viniendo muy bien.

-Es una pena que tenga poco contacto con los demás,

por su dificultad para comunicarse.

-Nos tiene a su hermano y a mí.

-¿Y nunca ha tenido una amiga, una chica de su edad?

-De niña jugó con alguna en el parque.

Pero no creo que puedan considerarse amigas.

-¿Qué dice?

-Buenas noches.

¿Por qué no se anima a aprender la lengua de signos?

-En cuanto tenga un poco de tranquilidad me pondré con ello.

Así podré tener largas charlas con Camino.

-Esa sonrisa no hay que traducirla, a su hija le encantaría.

-Ya. Si nos disculpa, tenemos que irnos a dormir.

-Y yo tengo que seguir con la ronda.

-Hasta mañana, Cesáreo.

-¿Qué le debo? -Está invitado.

Gracias. -Con Dios.

-Con Dios.

Buenos días.

-¿Buenos días?

Hace más de una hora que tenía que haber empezao la faena.

-No me agobie, que he tenido una nochecita que...

-¿Está enfermo? ¿Cólicos?

-Yo no, yo estoy fresco como una lechuga,

es el Chepa, que está en las últimas.

Tiene el tembleque.

-¿El baile de san Vito? -Sí, algo así deber ser.

-Pobre hombre. Una vecina del 32 lo tuvo y la pobre lo pasaba fatal.

Ya murió.

-Ya me acuerdo yo.

Se compraba un helado y se le caía todo por la acera.

Yo le decía:

"Doña Carlota, compre solo el cucurucho, que es lo que se come".

Pues el Chepa está igual,

imposible jugar a las canicas.

-Hombre, Servando, si tie esa enfermedad,

las canicas será lo que menos le importe.

-A mí no. A mí me importa eso,

porque era mi compañero en los mejores tiempos de Naveros del Río.

-Es usted muy egoísta.

Hay cosas más importantes que un campeonato de canicas,

y la salú es una de ellas, una de las más fundamentales.

-Usté no sabe cómo se engalana Naveros del Río

los días de eliminatorias.

Y el día de la final venía toda la gente de la comarca.

Todos cantando a la vez:

# ¡Servando, Servando! #

Se lo podría contar mi Paciencia, que en gloria esté.

Bueno, y la orquesta lo mismo, todos juntos:

# ¡Servando, Servando! #

-Entonces, si eso es así, no tendrá problema en encontrar

un compañero nuevo.

Hala, vamos pa dentro, que hay faena.

Venga, coja usted el cubo. Arreando.

A ver...

Hay que cambiar el tendido de las camas

de las habitaciones dos, seis, nueve y 11

y, luego llevarlas a la lavandera.

-¿Y lo tengo que hacer yo?

-Como cada día de Dios.

Además, la cerradura de la cuatro cuesta abrirla.

Pa mí que hay que engrasarla, y eso lo sabe hacer usté.

-Perra vida esta, siempre trabajando.

-No se queje, Servando, que usté no da golpe ni en una pelea.

-Primero voy a practicar con las canicas y después haré la faena.

-De eso nada. Un momento,

usté ahora hace lo que tiene que hacer,

y luego a la tarde, si le da tiempo,

practica con las canicas, con la jabalina o con lo que quiera.

Pero lo primero es lo primero.

-Y luego dicen que ya no hay esclavitud.

-Servando,

haga el favor de devolverme la medalla de Jacinto,

que esto ya pasa de castaño a oscuro.

-¡Pa medallitas estoy yo con todo lo que tengo que hacer!

-No te digo...

-Pero ¿adónde va ahora? ¡Servando!

-Este hombre es imposible.

-A mí me lo vas a decir.

Si hasta pienso en irme a Cuba a amancebarme con un mulato,

como hizo su mujer, con tal de perderlo de vista.

-Pues yo voy detrás de usté, que mi Jacinto sin su medalla no responde.

Ni el beso de buenas noches me da.

-Qué curioso.

-Se ve que es lo que le da empuje, la medalla.

Ayúdeme a recuperarla, por favor, señá Fabiana.

-Templa, Marcelina.

Algo se nos ocurrirá para ablandar la mollera de Servando.

Don Alfredo parecía enfadado.

Ningún hombre es feliz cuando sabe que su esposa le es infiel,

aunque el matrimonio no esté basado en el amor y la fidelidad.

¿Logró convencerlo?

Creo que sí.

Creo que admitió, aunque fuera a regañadientes,

que todo forma parte del plan.

Si me permite,...

debería usted tener más cuidado.

No sé si fue buena idea dejar que Casilda la descubriera.

Las malas lenguas del barrio no van a detenerse.

¿Le parece mal que disfrute de un hombre como Liberto?

En todo caso, lo que me parece mal

es que se sepa.

No la hacía tan puritana.

Doña Cayetana, de la que tanto ha oído usted hablar,

no dudaba en usar sus encantos con cualquier hombre que le sirviera

para lograr sus objetivos.

¿Usted nunca lo ha hecho?

Yo nunca he tenido esos encantos.

Ni los suyos ni los de doña Cayetana.

Debía de ser una mujer especial esa tal Cayetana.

Bella, fría,

inteligente, ambiciosa...

¿Malvada?

No había mujer más malvada que ella.

Espero superarla en mi venganza a los vecinos.

Recordarán a Cayetana como una mujer bondadosa

cuando acabe con ellos.

En fin,

todo marcha según lo previsto, y espero que siga así.

¿No va a compartir conmigo sus planes?

Cuando llegue el momento. ¿Le hizo el encargo a Lolita?

Sí. Quedó en traerlo hoy. ¿Quiere que vaya yo a por él?

No, no hace falta. Me gustará verla.

Aunque tenga poca cultura, es lista.

Como guste, señora.

Necesito que vaya al centro a comprar unos pañuelos.

¿Hoy mismo?

Por favor.

Han abierto una tienda francesa en la calle de la Estación.

Quiero unos pañuelos de allí, media docena.

Como mande. Pero tendría que ir ahora.

Coja el tranvía.

Con permiso.

Espero que esto no duela demasiado.

Gracias, Liberto, casi me caigo de bruces.

-Ya. Parece que le ha venido bien.

-No te preocupes.

-Cáigase.

Zambúllase del todo, señora, siéntase libre.

-No me sentía así desde...

No recuerdo cuándo, la verdad.

-Al final, el alfeñique no va a tener ideas descabelladas.

-Descabellada estoy yo, debo estar hecha un fantoche.

-Jamás la había visto más guapa.

Amigo,...

malas noticias.

-Fíjese que no me extraña.

¿Qué ocurre?

Anoche regresó al barrio don Alfredo.

-¿Le ha hecho algo a Genoveva?

-No se sabe.

Si ha sido así, habrá sido en la intimidad del hogar.

No se han escuchado golpes.

-¿Y a ella se la ha visto? -No.

Úrsula salió esta mañana de casa, ella no se ha movido.

-Debo dar la cara, adelantarme a lo que pueda ocurrir.

Iré al encuentro de don Alfredo. -Tranquilo, no se precipite.

Genoveva sabe tratar a su esposo. No digo que se oculte,

solo que se enfrente a él cuando llegue el momento.

-No he conseguido aplacar los ánimos de Rosina,

y esto los azuzará aún más.

No sé qué hacer.

-Amigo,...

lo importante es que usted sepa lo que quiere,

en qué dirección remar.

-Yo lo tengo claro.

Rosina es la mujer de mi vida y lo seguirá siendo, pese a mi resbalón.

Genoveva es una mujer muy atractiva

y los problemas de dinero han hecho que Rosina pase unos días muy malos.

Pero yo la amo.

Y respecto a mi comportamiento, pues...

estoy muy arrepentido.

(Llaman a la puerta)

-¿Quién será?

-Espero que no sean problemas para usted por acogerme.

-No se inquiete por mí,

nadie va a decirme qué tengo que hacer en mi casa.

-Buenos días.

Vengo al encuentro de su invitado, don Felipe.

-Don Alfredo, seamos razonables.

-Déjame pasar.

-Pase.

-No se preocupe, no voy a montar un escándalo.

Solo decirle que estoy al tanto de lo ocurrido

y que le prohíbo acercarse a mi casa y a mi esposa.

-No tema, no lo haré.

-También avisarle de que esto no acabará así,

tendrá consecuencias.

Se va a arrepentir de haber mancillado mi nombre

y el honor de mi hogar. Con Dios.

(Se cierra una puerta)

(Llaman a la puerta)

Pase, pase.

Dios mío. Pase antes de que alguien me vea.

¿Ha sío su esposo?

Me lo merezco.

Soy una mujer y no me he comportado con decencia.

Escúcheme, nadie, nadie tiene derecho a hacerle esto.

Ni su esposo. No tiene importancia.

Alfredo se puso iracundo cuando se enteró de lo de don Liberto.

Esto no es nada,

solo espero que me perdone y, si es posible, lo olvide.

Genoveva,

tiene que enfrentarse a él,

hacerse de valer y evitar que la maltrate.

Alfredo ha sido mi apoyo desde la muerte de Samuel.

¿Y cómo le he pagado yo? Con una infidelidad.

Puede hacerme lo que quiera.

Venga, venga conmigo.

Tranquila.

Siéntese.

Ay, Dios mío.

Debería ponerse hielo, pa que no se hinche.

Cuando llegue Úrsula ella sabrá qué hacer.

Ay, Dios.

(SE QUEJA) Mejor dese usted.

Despacito. Me siento tan mal...

Alfredo es un buen hombre,...

me protege.

Pero con él no vivo las cosas que vivía con Samuel.

La edad es distinta.

Echaba tanto de menos la pasión, que perdí el oremus con Liberto.

Joven, fuerte... No piense más en eso.

Liberto está casao.

Qué vergüenza. Ni pensé en el daño que le podía hacer a doña Rosina.

Espero que se amisten de nuevo. Despacio, despacio.

Soy tan infeliz, Lolita.

Ya no solo porque Alfredo me haya golpeado,

sino porque... no estoy segura de si sus intenciones

eran lícitas al casarse conmigo o solo era un paso más en su plan.

¿Qué plan?

¿Acaso cree que todo lo que está ocurriendo es una coincidencia?

Ay, Dios mío, ¿a qué se refiere?

Nada.

No... No debería hablar.

Alfredo es mi esposo y...

si quiere matarme, está en su derecho.

Me debo a él.

Espero que esté orgulloso de mí, no debería ensuciar su nombre.

Déjeme, anda, déjeme.

(LLORA)

Tranquila. Estoy aquí.

Bueno,... no te lo voy a ceñir más.

-No, mejor no, que una ya no es una moza.

-Y es menos elegante.

No quiero que don Ramón me eche en cara no haber hecho

un trabajo primoroso.

Lo que va a tardar más son los bordados.

-Por eso no se apure, doña Susana,...

Ramón y yo hemos decidido aplazar la boda.

-¿Hasta cuándo?

-No sé, unas semanas, hasta que la desazón desaparezca de los vecinos.

-Pues mejor,... porque no están los ánimos para bodas.

-Ya. -Pero cuidado con engordar,

que si cambias de peso, cambiarán las medidas.

-Llevo años pesando lo mismo, no lo creo.

-Cuando eras criada era más fácil no engordar,

ahora comes lo mejor.

No te excedas o tendremos que empezar con el vestido de vuelta.

Bueno,...

por mí ya hemos acabado.

Trae, que te ayudo.

Ves quitándotelo y me lo das para que me lo lleve.

-Gracias.

-¿Qué te pasa, Lolita?

Ni que hubieras visto al mismísimo Satanás.

¿De dónde vienes?

-Nada, no me pasa na.

-Será que no quieres decirlo.

-Que no, que vengo de llevarle la compra a doña Genoveva.

-Cualquier cosa se puede ver en esa casa, un lupanar debe ser,

y que Dios me perdone.

Ya la hemos visto bailando desnuda frente a la ventana,

seducir a mi sobrino con malas artes, ¿qué más se puede ver?

-Genoveva es una mujer joven casá con un hombre mayor,

está muy dolía por lo ocurrío y por lo que pueda sentir doña Rosina.

-Esa no siente nada.

Cuando una mujer sale descarriada, es peor que el hombre más canalla.

-Yo no pienso que esté descarriá. Lo que le pasa...

es que es infeliz.

-Ahora resultará que la culpa la tiene mi sobrino

por llevarla por el mal camino. -La culpa no, mujer,

pero dos no se pelean si uno no quiere.

Y si su sobrino no quería na, ella tampoco hubiera actuao de tal forma.

-Lo que me faltaba por oír, que te pongas del lado de esa fulana,

que además es la esposa de ese hombre que nos ha arruinado a todos.

-Solo trato de ser justa. -¿Justa?

-Lolita.

Aquí tiene, doña Susana.

-Trae, trae, que me vaya de aquí,

que no quiero seguir oyendo insensateces.

A más ver. -Con Dios.

¿Qué ha pasado, Lolita?

-"Osvaldo ya se ofreció a financiar el viaje a la Argentina,"

le devolveríamos el dinero con lo que cobrases por tus actuaciones.

-Eso supondría que la familia se separase, ¿no?

-O que nos fuésemos todos a la Argentina.

-Creo que no es el momento de hacer viajar a Cinta.

¿Quién sabe si después volvería con nosotros?

-No sé si entiendes la situación a la que nos enfrentamos, lucero mío.

Estamos arruinaos.

Cualquier cosa que hagamos va a implicar sacrificio.

(Pasos)

Les he estado oyendo.

Pues mira, así no tenemos que ocultarte la verdad.

No nos queda dinero ni para acabar el mes.

La inversión en el Banco Americano ha sido la puntilla

para nuestra economía.

-La puntilla fue el incendio del teatro.

Lo del banco ha sido el descabello. -Es lo mismo,

se descabella con la puntilla.

-No estamos para clases taurinas, José.

El caso es que una cosa por otra, estamos al borde del precipicio.

-Tienes razón.

Descabello, puntilla, banderilla, pica, ¿qué más da?

El caso es que tenemos que hacer un sacrificio, ¿no?

Pues yo podría vender las joyas que me regalaron.

Eso ni hablar. -Yo también tengo otras cosas:

la guitarra es buena.

El estoque de matar, de mi alternativa,

el traje de luces de la maestranza.

-No digas más enormidades, hombre.

Ni las joyas, ni la guitarra, ni la espada de matar,

ni el traje de luces, ni los abanicos, ni los vestidos,

aquí no se vende nada, hombre. -Algo hay que hacer.

Hay una solución para salir adelante sin tener que vender nada.

¿Cuál?

Padres, creo que ha llegado el momento de que les cuente algo,

pero no lo puedo hacer ahora, tendrán que esperar.

"Ozú".

-Buenas. -Buenas.

-Has hecho cocido. -Sí.

¿Te gusta? -Me apasiona.

Y a mi hijo, ni te cuento. -Lo comería a diario.

-Cuando venga Lolita, traigo la sopa.

Ramón,...

mejor no le comentes nada a Lolita de lo que hemos hablado antes,

ya sabes, lo de que se ha enfadado con Susana.

-Pues yo sí creo que tengo que hablarlo con ella,

así se evitan malentendidos.

-Uh, qué bien, llegar a mesa puesta.

-Acostúmbrate, que bastante trabajas en la mantequería.

Voy a traer la sopa. -Y yo, a lavarme las manos.

-¿Había probado ya el cocido de Carmen?

-No, pero tiene muy buena mano para la cocina, estará riquísimo.

-Padre, quería decirle que...

me hubiera gustado evitar que Lolita fuera a hablar con Genoveva,

pero no me gusta decirle qué puede o qué no puede hacer.

-Has hecho bien, nosotros no somos quién para prohibirle nada

a nuestras mujeres.

-Aquí está.

¿Sirvo?

Anda, trae.

-Tiene muy buena pinta. -Huele que alimenta.

-Lolita, pásame tu plato.

-Ahí tiene.

Agradecía. Bueno, ¿qué, quién bendice?

-Pues tú misma, por hablar.

-Pues, Señor, gracias, gracias, gracias por estos alimentos,

pero sobre todo gracias a la Carmen,

porque esto tiene una pinta...

Amén al cocido.

-Está buenísimo. -Antes de que me ponga con la sopa

y los garbanzos quiero comentarte algo, Lolita.

-Usted dirá.

-Carmen me ha contado, con muy buena intención,

el encuentro que tuviste con doña Susana sobre Genoveva.

-Suegro, esa mujer cada día está más revirá,

que no hay quien no discuta con ella.

Debería escuchar las cosas que dice de Genoveva.

-Sí, pero no es asunto nuestro. Lo que haya pasado entre Liberto

y Genoveva es cosa de ellos, y de Rosina y del señor Bryce.

-Sí, eso, a nosotros, ni nos va ni nos viene.

Yo no me meto entre Genoveva y Liberto.

Bastante arrepentía está ella, pero me hierve la sangre.

¿Ella tiene más culpa que él?

-Genoveva es una mujer casada, Lolita.

-Ah, y él es soltero, ¿no te amuela?

-Bueno, pero no es lo mismo, seguro que ella lo tentó.

-Ya, con la manzana de Eva.

Anda que... Es muy injusto que solo se culpe a la mujer.

-Tienes razón, pero es la sociedad en la que nos ha tocado vivir.

-Bueno,...

pues sepan que Genoveva es mi amiga, y necesita ayuda.

Ella no tiene culpa de lo que ha hecho su esposo,

es una víctima más de él,

como tos.

-Una víctima, ¿de qué?

-Su marido le ha dao una buena tunda,

tiene toa la cara llena de golpes.

Por mucho que se maquille lo van a ver.

Eso a Liberto no le pasa.

-Bueno, yo lo siento en el alma.

Obviamente, no defiendo que ningún hombre le pegue a su esposa,

ni a su esposa ni a nadie, pero...

aun así, insisto en que no es asunto nuestro.

-Vamos a comer, que se enfría.

-Se supone que las tie que meter allí, no allí.

-Sí, sí. He perdío el tino, pero practicando lo recupero.

-Usted perdone que le diga, pero es usted un negao, además,

no se pue recuperar lo que nunca se ha tenío.

-He sido campeón en esto y volveré a serlo.

-¿Qué están, con las canicas?

-¿Sabe jugar?

-De chico jugaba en el pueblo, y en el monte,

mientras pacía a las ovejas, me entretenía.

-¿Y por qué no prueba?

Ande, Servando, déjele y así lo vemos.

Hale.

-Toma.

Se trata de embocarlas en el bote, pero no te achiques si no aciertas

porque es lo normal.

-Bueno.

Pues na, voy a seguir trabajando.

-Es mejor que usted, ¿eh? -Y que el Chepa.

-A las buenas. Les andaba buscando pa echar un minutillo.

-Hija, que no se te ve, to el día andas metía en casa de tu señora.

-Como que tampoco estoy pa ir de paseo, señá Fabiana.

¿Ustedes saben cómo están las cosas en casa de mis señores?

Pues solo con decirles que cuando Napoleón hubo más entendimiento.

-No hay derecho a lo que nos ha contado Lolita.

Por mucho que Genoveva haya sido infiel,

ese hombre no tenía ningún derecho a ponerle la mano encima.

-Sabe que la justicia nunca le va a condenar por ello.

-Y que el mundo nunca va a cambiar mientras eso sea posible.

Ni que la mujer fuera una propiedad del hombre.

-Hay muchos que así lo piensan.

Yo no, obviamente, nunca pondría la mano encima a una mujer.

-Claro, ni yo, faltaría más.

-Al final, Alfredo Bryce ha resultado ser una pesadilla

para todo el barrio.

-Pues esperemos que el barrio acabe siendo una pesadilla para él.

He hablado con el comisario Méndez y hay sospechas que podrían hacer

que ese hombre acabara en la cárcel.

(Suena el timbre)

-¿Quién será?

-Buenas tardes. -Buenas tardes, don Felipe, pase.

Ramón, ha venido a verte don Felipe. -Gracias, Carmen.

Siéntese, Felipe.

Estaba hablando con mi hijo de las sospechas que hay

en contra del señor Bryce. -Traigo malas noticias.

Va a ser imposible probarlas.

-Pues Lolita parecía mucho más sensata.

-Para que usted vea.

Las que han nacido criadas,... son para siempre.

-Como le escuchen decir eso los Palacios.

-Delante de ellos no lo diría, pero eso no quita para que no sea cierto.

-La verdad es que defender a doña Genoveva es muy inusitado.

-Que el hombre era igual que la mujer, me decía.

El acabose.

El hombre tira al monte, como las cabras,

pero la mujer tiene que mantener su compostura, por favor,

faltaría más. -Ya.

Por la que más lo siento es por doña Rosina,

ni ha salido de casa, ¿cómo está?

-Pues mal, ¿cómo va a estar? Y yo intento mediar,

pero ella es mi amiga,

pero él es mi sobrino.

Yo no sé si van a poder recuperarse de esta.

-Quiera Dios que sí.

-Ahí va esta chica. Marcia.

-"Boa tarde", doña Susana.

-"Boas tardes, boas tardes". Mira,...

te he comprado unas hierbas para que le hagas a mi sobrino una infusión,

¿sabes lo que es una infusión? -¿"Infusao"?

Claro.

-Son para dormir bien y para los nervios.

Se las tienes que dar por la tarde y por la noche.

-Sí, señora. Qué suerte

tiene don Liberto "com você".

-¿"Vosé"?

-Usted.

-Claro, es que es mi familia, anda, qué cosas tienes,

como si alguien te hubiera pedido opinión.

-Perdone.

-No metas la pata y no tendrás que pedir perdón.

Y venga, que ya es tarde, es la hora de merendar.

Arreando. -"Boa tarde".

-"Boa tarde, boa tarde". -Qué inoportuna es esta chica.

-¿Qué se puede esperar de ella siendo como es?

Pobre.

En su tierra no se cuidará a la familia,

pero qué mala cabeza ha tenido Felipe de meterla en el barrio.

-Volviendo a lo que estábamos hablando: con lo buena pareja

que han hecho siempre Liberto y Rosina.

-Y la seguirán haciendo, si Dios quiere,

porque lo que Dios ha unido no lo puede separar el hombre.

-Ay, qué gran verdad, doña Susana.

-Le dejo, voy a ver si han llegado unas revistas de París al quiosco.

-Con Dios. -Con Dios.

-Eso sí, las flores de vuelta, que aunque sean pa una buena causa,

yo las tengo que pagar. -Que sí, prima.

-¿De qué habláis? ¿Para quién son esas flores?

-Son para mí, doña Susana.

-A mí no me mientas y dime qué estás tramando.

Con solo mirarte sé que estás pergeñando algo.

Eres más clara que el caldo de un asilo.

Suelta.

-Archivo incendiado. -Como se lo digo,

las actas de los consejos, los libros oficiales

de contabilidad, contratos. -Pero ¿los nuestros también?

-Todos.

Nunca sabremos si los contratos que firmaron los vecinos

eran oficiales o un engaño.

-Podemos declarar contra él, ¿no?

-Y ganaría siempre su versión.

No tenemos ninguna prueba de que las acusaciones que estamos vertiendo

contra él tengan veracidad alguna.

-Entonces hemos perdido el dinero para siempre.

-Es más probable eso a que los vecinos recuperen todo su dinero.

-Madre del amor hermoso. -Estoy seguro

de que ha sido él mismo quien ha provocado ese incendio.

-Apostaría 100 contra uno y no me equivocaría,

pero eso hay que demostrarlo, no basta con creerlo.

-Y seguramente no ha dejado detrás de sí ningún cabo suelto,

pero hay algo que no acabo de entender.

¿Qué puede sacar ese hombre con todo esto?

-Nuestro dinero.

-El dinero de Rosina y Liberto, el tuyo, el de Felicia,

el de doña Susana, son cantidades poco elevadas.

-Ahí iba yo.

El dinero de unos burgueses...

es demasiado poco para un banquero tan rico.

-Ya, pero un banquero arruinado.

-¿Y su interés en prestar dinero a todo el que no podía invertir?

Es como si su afán fuera que... todo el mundo se viera afectado.

-Ese hombre es demasiado rico como para cometer una estafa

como esta.

Seguro que tiene que haber otras causas, y eso que usted señala,

Felipe, el interés para que cayeran los vecinos,

resulta muy extraño.

-Tiene que haber alguna causa, claro está,

y tiene que ser distinta de las económicas.

Quizás... un odio a todo lo que representamos.

-¿Odio a Acacias? No, no tiene sentido.

-Que no haya ningún motivo, no quiere decir que no exista.

¿Alguna hipótesis, Felipe?

-Ninguna. Al menos por el momento.

(RESOPLA)

-¿Vas a estar toda la tarde con las agujas?

-Es que así no pienso, cuento los puntos y me disperso.

-Y si no piensas, ¿por qué te caían esos lagrimones antes?

-Porque entre punto y punto se me escapa un pensamiento.

-Tu comportamiento es absurdo, Rosina.

No puedes agachar la cabeza y esconderte.

-Lo absurdo es estar casada con un hombre que no te ama

y no darte cuenta.

-Ya te avisé que te habías excedido con tus reproches.

Hablamos de que él podría estar pensando en dejar el matrimonio.

-No lo creí, no podía imaginar que eso fuera verdad,

pero si él me hubiese amado... -Él te sigue amando, Rosina,

pero tú te lo has quitado de encima. -¡No digas eso más, por favor!

-Pero es que no me escuchas, Rosina. ¿Sabes qué deberías hacer?

No quedarte encerrada, salir de casa, volver a la vida.

-Sí, claro, ¿para qué? ¿Para que se rían de mí al pasar?

-¿Quién se va a reír de ti, mujer?

-¿Cómo que quién?

Las mismas que me miraban cuando paseaba con Liberto y cuchicheaban

sobre qué hacía una mujer mayor con un hombre joven y apuesto, esas.

-Nadie hablaba de eso.

Bueno, a lo mejor al principio sí, pero luego todo el mundo lo admitía,

nadie se extrañaba. -Ya, desde entonces

que me la tienen guardada.

¿Tú sabes si Liberto

está pensando en fugarse con Genoveva?

-¿Fugarse?

-¿Tú sabes lo que nos quiere contar la niña?

-No tengo ni idea, pero seguro que algo de enjundia

cuando lo está preparando.

-Hija, que nos tienes en ascuas. Un poco de paciencia,

que Rafael tiene que llegar. -¿El Boquerón?

¿Qué pinta él aquí?

Ahora lo sabrán.

(Llaman a la puerta)

Ahí está. -Pero si es un asunto familiar,

deberíamos estar solo nosotros. Madre, hágame el favor de esperar

y no decir nada hasta que yo le cuente,

¿de acuerdo?

-Buenas tardes, señores.

-Buenas tardes.

Pase, pase, siéntese.

Arantxa, tú también.

¿Yo? Pero... si tengo preparao en la cocina el café y unos dulces.

Después, que ahora tengo que hablar con ustedes,

antes de que a mi madre se le salga el corazón.

-Y a mí,

que estoy más nervioso que cuando esperaba al toro a puerta gayola.

A Rafael le ha ofrecido actuar con ella Úrsula López.

Enhorabuena. Muy buena compañía.

-Una de las grandes de la canción,

y sus guitarristas son de los mejores.

El caso es que tiene que contestar ya si acepta o no.

-No se lo piense,

irán a los mejores teatros, ¿verdad?

Pero no sé por qué nos pregunta, y en qué nos afecta todo esto.

Rafael tiene otra oferta,... una que sí nos incumbe.

Le han ofrecido una gira por toda España, conmigo.

-¡Bravo, mi niña! Claro que sí, Cinta, ya sabía yo

que ibas a triunfar.

-Espera, espera.

¿Hacer tú una gira cantando por toda España?

(ASIENTE) -Ella al cante y yo a la guitarra,

va a ser apoteósico.

Estoy seguro de que su hija va a ser la más grande.

Después de usted, claro está.

-Pero esos no son nuestros planes para ti.

Madre,... estamos arruinados,...

nuestros planes tienen que cambiar.

Esa gira va a dar muchísimo dinero,

suficiente para poder salir adelante.

-Pero ¿quién va a cuidar de ti? No puedes andar

por esos mundos de Dios sola.

Rafael va a cuidar de mí.

Eso es lo segundo que les quería decir.

Rafael y yo somos novios.

-¿Has perdido el oremus?

Ay, de verdad, aquí la que tiene que fugarse soy yo

para dejar de oír disparates.

-Liberto siempre fantaseaba con irse a vivir a una isla

de los mares del sur, y si no lo hizo, fue porque yo le retenía.

Seguro que Genoveva acepta. -A los mares del sur,

a bañarse en la playa y comer cocos.

¿Quieres dejar de decir majaderías de una vez?

-Me los imagino en los mares del sur y me entran unas ganas de meterme

en un convento y no salir nunca más.

-Aquí traigo la merienda.

-¿Pastas de mantequilla?

-Sí, como siempre.

-Las favoritas de Liberto.

-¿Sabes lo que vamos a hacer tú y yo mañana?

Mañana iremos a misa. -No, no, no tengo ánimos.

-Señora, si eso le iba a ir a usted de mil amores.

Con to lo que ha blasfemao estos días.

-¿Es que no tengo derecho a protestar por el destino cruel

que me ha reservado el Señor?

-No, nadie lo tiene. Mañana iremos a misa

y te vas a confesar, porque estás en pecado.

Si te mueres, vas al infierno.

-¡Ay, pues voy!

-¿Y no le da pena?

Con lo que le ha costao en esta vida ganarse el paraíso.

-Hasta una criada tiene más sentido común que tú.

Mañana tú y yo vamos a ir a misa y te vas a confesar

y todo lo que sea menester, ¿me has oído?

Y no admito excusas.

¿Desea que le ponga leche en el té?

Déjelo, yo me sirvo.

¿Pastas?

Yo me sirvo.

Y deje de mirarme, esto no tiene ninguna importancia.

(Se abre una puerta)

Alfredo,... ¿has hecho lo que hemos acordado?

Claro.

¿Qué te ha pasado en la cara? Un golpe en el baño,

un accidente fortuito.

Todos van a pensar que he sido yo.

Me maquillaré, nadie notará nada.

He hecho la denuncia contra Liberto. ¿Y? ¿Te han dicho algo?

Tendremos que esperar.

¿Denuncia contra don Liberto?

Por violación a mi esposa.

¿Acaso pensaba que su agresión iba a quedar impune?

Yo soy una dama.

Cuando salía de la comisaría, me he encontrado a un inspector

que conozco

y me ha contado que tiene cierta información que me podría interesar.

-¿De verdad que somos novios? -¡No, de eso nada!

Usted no manda en mis sentimientos, amaré a quien tenga que amar.

¡Tú te tienes que casar con un diplomático, y punto!

¡Pues me va a tener que llevar al altar atada!

-¿Ha visto al comisario?

-Son muchas las víctimas que ha dejado en esta ciudad.

Tengo algunos nombres.

-¿Y no va a hacer nada para detenerle?

-No puede, no tiene pruebas.

-Si no se lo voy a discutir:

lo mejor del mundo son las canicas, venga.

-Me alegro mucho que entres en razones,

pero si quieres concursar en Naveros, ties que practicar.

-Que le he dicho que nones.

-Nos hace invertir en un banco que iba a la quiebra,

y luego su esposa seduce con malas artes a mi sobrino.

-Ni yo sabía lo del banco ni mi esposa es culpable

del asunto del que la acusa.

Para su información, he de decirle

que don Liberto violó a mi esposa.

-Supongo que esta locura es cosa tuya, ¿no?

-Rosina, quiero pedirte disculpas. ¿Me vas a escuchar?

Una copita, que estoy de celebración.

-¿Puedo preguntar por el motivo de su alegría?

-Me ha pasado lo mejor que le puede pasar a un hombre.

Cinta y yo nos hemos hecho novios. ¿Hablaste con ese inspector?

Según él, don Ramón Palacios ha estado hablando

con el comisario Méndez sobre mí. Al parecer,...

han empezado a investigar sobre el fraude.

-Si formamos equipo tú y yo,

te prometo volver a hacer magia y traerte de vuelta la medallita,

¿qué te parece?

¿Y qué quieres hacer? ¿Quedarte de brazos cruzados?

Por supuesto que no,

este asunto no va a quedar así,

don Ramón Palacios no va a salirse con la suya.

-La situación es crítica, ¿qué podemos hacer?

-Ahora, muy poca cosa. Si ayer se presentó la denuncia,

hoy habrán cursado la orden de detención.

-Señores,...

perdónenme, no lo he podido evitar, me han obligao a abrirles.

-¿Qué formas son estas de entrar en una casa?

-¿Don Liberto Méndez Aspe? -Sí, soy yo.

¿Quién me busca? -Ha de acompañarnos a comisaría.

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Acacias 38 - Capítulo 1038

20 jun 2019

Casilda con la ayuda de Susana y Marcelina pergeñan un plan para ayudar a Liberto y consiguen convencer a Rosina para que salga de casa. Mañana irá a la iglesia y propiciarán el encuentro.
La situación económica de los Domínguez es extrema. Cinta, para ayudarles, confirma que se va de gira con Rafael, que ahora es más que su compañero, es su novio. Bellita queda estupefacta.
Los Palacios se preocupan por lo que pueda pasar con la mantequería ahora que la propiedad es de Bryce. Felipe llega con malas noticias, no pueden acusar a Alfredo de fraude, los archivos del Banco Americano han ardido.
Genoveva vuelve a manipular a Lolita y se autolesiona para culpar a Alfredo. Éste, por su parte se presenta en casa de Felipe y amenaza a Liberto por haberse acostado con Genoveva y le denuncia a la policía.

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  1. carmela

    Que Genoveva no se haga ilusiones, porque a Cayetana no la supera nadie. Servando y compañia merecen un libreto que nos divierta un poquito mas. Al libreto le faltaría que revelen de una vez el secreto de la familia de la Deliciosa. La novela me agrada la veo desde su comienzo, y la voy a seguir como siempre. Saludos desde Buenos Aires. ; )

    25 jun 2019
  2. Sonia Alvares

    Que acaben con Servando que personaje más feo y absurdo ...

    24 jun 2019
  3. Gisel

    A principio me llamo la atención el personaje de Genoveva pero dio un giro tan patético q me da risa cada vez q aparece, a Cayetana no le llega ni al taco del zapato. #Sorry pero ni Ursula, ni Samuel y mucho menos Genoveva dan para ocupar el lugar de villana/o en Acacias (dudo logren superar a Cayetana). A ver si no arruinan los demás personajes también

    22 jun 2019
  4. Mabi

    Irene, abrazo para tí también!!! Saludos cordiales!!

    22 jun 2019
  5. Marilu

    Hablando de " falsedades ", la AUTO AGRESIÓN que se propinó genoveva ( la nueva cayetana ) no tiene pies ni cabeza; es IMPOSIBLE que una persona SE PUÑETEE con tal fuerza para dejar semejante señal.- A otro can con ese hueso, solo en esta serie puede suceder !!!!!! #NSB

    22 jun 2019
  6. Irene

    Mabi querida vi el capítulo y se que es falsa la acusación, a lo que me refería, es que la serie tiene ya suficientes delitos, en mi humilde opinión no hacia falta agregarle otro mas, aunque sea falso. Ya la venganza me parece exagerada y que haya nada de alegría y felicidad y cuando hay un poco la terminan con muertes, estafas, mentiras. Por lo dicho es que me aburrí y digo chau chauu. Un abrazo Mabi

    21 jun 2019
  7. Mabi

    En este caso es una acusación falsa hacia Liberto, si viste el capítulo Irene, no pasó más de arrumacos y blusa y camisa al viento. Violación hubo, no recuerdo bien si en la primera o segunda temporada, Felipe si viola a una criada y ésta se ahorca en el salón de la antigua Deliciosa. No es un tema nuevo a tratar en Acacias

    21 jun 2019
  8. Irene

    Bueno cartón lleno, como si le faltaran delitos a la serie ahora una violación?? chau chauuu

    21 jun 2019
  9. Belén

    Sigue muy aburrida!

    20 jun 2019