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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1035 - ver ahora
Transcripción completa

Ándate con ojo con ese banquero. -Sí,

se ha convertido en un miserable.

Voy a traer buen dinero de las actuaciones

y vamos a dejar ya de pasar penurias.

Estoy tan orgullosa.

Su nieto recibe todos los años un regalo, ¿no?

-Claro. -¿Y va usted a permitir que este año

piense que a su abuela se le ha olvidao?

-Cogeré tu dinero, pero es un préstamo,

cuando todo se arregle te lo devuelvo.

Mañana hará un día espléndido.

¿Le apetece que vayamos al parque a dar un paseo?

Sí. ¿Por qué no?

-¿Me concedes el privilegio de convertirte en mi esposa?

-Claro que sí.

Por supuesto.

-Yo he escrito ya mi carta para el periódico.

Lo importante es que no dejemos de incordiar, de una forma u otra,

hasta que nos escuchen.

¿Cómo sabes que mi esposa tocaba el piano?

-Casilda me contó.

-Escucharte tocar me trajo muy buenos recuerdos.

Esta boda va a ser un bálsamo pa to el barrio.

-Sí, que con to lo que está pasando,

ya nos viene bien un poquito de alegría.

Según he podido saber, el Gobierno se está tomando muy en serio

este asunto del Banco Americano.

Y es muy probable que en breve pueda tomar una decisión de mucho calado.

-¡Rosina, estoy harto de oírte hablar de dinero!

¿Es que es lo único que te importa?

-Sí, sin duda.

-Pues hay cosas de mucha más enjundia en la vida,

y te voy a decir algo más:

me estás decepcionando profundamente.

La boda va a ser muy pronto, y hemos pensao

que quién mejor que usted pa hacer el traje de la novia.

-Está bien, lo haré.

¿Por qué no se queda un rato más conmigo?

No me mienta, sé que es un hombre muy ocupado.

Me marcho, aunque me cueste un mundo dejar de disfrutar

de su compañía.

Pronto saldrá la noticia de que la quiebra del banco

es irreversible

y que la ruina de nuestros vecinos es un hecho.

Voy a necesitar de su colaboración.

Cuente con ella, señora,

nada me producirá más placer

que ayudarla a destruir el matrimonio de doña Rosina.

¿Qué? ¿No va a decir nada?

¿Acaso no le ha gustado?

Discúlpeme, pero ¿cómo no me va a gustar?

Me deja embelesada con su arte.

Su letra me ha emocionado,

será todo un honor incluirla.

Espero estar a la altura a la hora de interpretarla.

No lo dude.

Sepa que la he escrito pensando en usted.

Me halaga, pero no sé si será adecuada a mi timbre de voz.

No me refiero a que la escribiera pensando en usted como cantante,

sino como mujer.

Rafael,...

le ruego que no se confunda. No quiero ser descortés,

pero creo que le he dejado claro como el agua

que nuestra relación es profesional, nada más.

Nada más... y nada menos.

Algo me dice que pronto se dará cuenta que usted y yo

estamos hechos el uno para el otro. (RÍE)

Aparte de su talento, no se le puede negar desparpajo.

Déjeme insistirle

en que haría mejor buscándose otra destinataria para sus anhelos.

Lo suyo es una batalla perdida.

Pero por la que merece la pena luchar.

Es usted incorregible. Con tantos requiebros,

espero que no se le olvide lo que de verdad nos une.

Prometió buscarnos más actuaciones y, de momento,

su promesa ha caído en saco roto.

Descuide que algo ya he estado preparando.

Espero tener pronto novedades. Ojalá sea así.

Ya sabe que la situación de mi familia es delicada

y preciso generar ingresos como agua de mayo.

Espero...

no defraudarla. En fin,

no la entretengo más.

Me alegra el corazón que... le guste mi humilde melodía.

¿Hace falta que la acompañe a algún lado?

No, no se preocupe, estoy esperando a mi tata.

Sin más.

Buenas noches.

Con Dios.

¿Dónde estará Emilio?

(Sintonía de "Acacias 38")

-Siéntense,

enseguida viene Aurelio a atenderles.

Doña Rosina, ¿se encuentra bien? -Ay, Felicia,

esto es un sinvivir. Ni apetito me queda ya.

-Para no tenerlo, es el segundo plato de rosquillas que se desayuna.

-Por no hacerle un feo, una es considerada.

-Ya, todos estamos pasando por momentos muy difíciles.

-Pero no afecta por igual a todo el mundo.

Liberto ni siquiera ha tenido el cuajo de terminar él mismo

la carta, he tenido que hacerlo yo.

Está imposible.

Desde que estalló la crisis no paramos de discutir.

-Ay, trate de ser comprensiva con él.

Seguro que él también está preocupado.

-Ya me conoce, a comprensiva no me gana nadie, pero mi esposo cada día

me lo pone más difícil. Menos mal que mi hija

heredó mi talento, si no, no puedo acabar la carta.

-Por cierto, ¿ha visto cuántas cartas hemos conseguido reunir?

-Sí, en cuanto llegue Susana las llevaremos

para que no se extravíe ninguna.

Uy, ha perdido la color, ¿qué sucede?

-Acabo de ver una carta

firmada por Bellita del Campo.

-Ella, como afectada, también ha mandado su carta.

-Lo que me extraña es que haya sido capaz de escribirla.

Será salvaje, esa flamenca. -Felicia, siga mi ejemplo,

muéstrese comprensiva. Tenga en consideración

que la familia de Bellita es una de las afectadas,

quedará en muy mala situación si no hallamos solución,

por no hablar de su estancia en el calabozo.

-Fue ella la que se ganó tal hospedaje.

Después de lo que me hizo, merecía que la detuvieran.

-Querida,...

quiero ir contigo al diario a entregar las cartas cuanto antes.

-Lamentablemente, no te voy a poder acompañar.

Tengo que atender ciertas cuitas,

pero te he traído la mía. -Perdone mi indiscreción,

pero ¿adónde va con tanta urgencia?

-¿Y qué haces con tu antigua caja de costura?

-Voy a casa de Carmen, voy a hacerle su vestido de novia.

-Pensaba que Carmen no era santo de su devoción.

-¿Qué te ha llevado a aceptar el encargo?

-¿Lo dudas?

No está el patio para hacerse la exquisita,

cualquier dinero que pueda entrar en mi casa será bienvenido.

-En eso tiene usted razón.

-Llevaré yo las cartas.

Ah, y tal vez encuentre a un amigo periodista de mi hija.

-Asegúrate de que la publiquen. -Tranquila, que la mía seguro.

Nunca habrán leído una carta tan bien escrita.

De hecho, es tan conmovedora,

que seguro que el papel se imprime con las lágrimas de los operarios.

-La mía tampoco es moco de pavo, la he escrito con el corazón.

-De nada sirve sin el talento.

-A ver, amigas, no discutan.

El diario decidirá cuál es la más conveniente,

lo importante es que se dé publicidad a lo que nos ocurre.

-Agustina, cada día que pasa tiene usted mejor color.

-Así es.

Ay.

Siento que las fuerzas me vuelven poco a poco.

-Y antes le volverían si comiera usted como Dios manda,

así que... tome este poquito de pan con leche, venga.

-Ay, puedo yo sola, Fabiana, no soy ninguna niña.

-Bueno, como usted quiera, mujer.

-Lamento...

quitarles tanto tiempo.

-No diga usted tontás, señá Agustina.

Si a nosotras nos gusta cuidarla.

-¿Qué pueden decirme... de mi señor, don Felipe?

¿Le atiende bien su nueva criada?

-Pa chasco que sí, no tema,

la verdad es que Marcia parece muy hacendosa,

y ha entrao con buen pie en la casa.

Ella me ha contao que el señor la pilló

tocando la pianola.

-Pobrecilla, le caería la del pulpo.

-Pues eso es lo más extraño de to, no le regañó ni una miaja.

-Qué raro, con lo sentido que es don Felipe

con las cosas de doña Celia.

-Pues ya lo ve, señá Agustina, la muchacha le ha caído en gracia.

-Eso debe ser porque debe estar tan satisfecho por no haber entrao

en el mal negocio del banco, que no le sale ni regañar al servicio.

(RÍE)

-Siempre fue un águila para los negocios.

-Pues en este caso bien que hacía falta serlo,

porque tos entraron en la inversión como corderos en el matadero.

-Así andan ahora tos los señores, como pollo sin cabeza

y pensando en el monís perdío.

-Piénselo, señá Agustina, que don Felipe no invirtiera,

le asegura a usted el futuro,

si no se iba a ver malamente pa pagarle el jornal.

-El Señor le bendiga por hacerlo,

ninguna obligación tenía.

-Por cierto, antes, todos los señores estaban escribiendo cartas

pa los diarios. -No hace falta que lo diga,

mis señores también, y menuda que han tenío por eso.

Últimamente no les faltan motivos para andar a la gresca.

-Ya se sabe, Casilda: cuando la pobreza entra por la puerta,

el amor sale por la ventana.

-Ojalá esas cartas...

sirvan para algo y todo se solucione.

-No deje usted de rezar por ellos, señá Agustina,

porque si los señores se van a pique,

los criados nos vamos con ellos. -Arrea, Casilda,

que no tenemos perdón de Dios.

Habíamos venido a animar a la enferma

y la vamos a dejar más mohína que la encontramos.

Hablemos de cuitas más agradables, ¿no?

-Si es que no abundan

en estas calles. -¿Cómo que no?

¿Y qué me dices de la boda de nuestra querida Carmen?

-Perdone, sí, tiene razón, se me había ido el santo al cielo.

Claro que sí, además es hoy su petición de mano.

-Lamento no poder acudir a la fiesta

para felicitarla en condiciones.

-No se preocupe, nosotras lo haremos.

La señá Carmen ha invitao a tos los del servicio,

esta mujer no se olvida de sus comadres.

-A ver, ella siempre ha sío pan de Dios,

deberíamos hacerle un presente por su boda pa corresponderle.

-Es una bonita idea.

Pensemos en algo bonito.

-Bonito

y barato, que tampoco estamos nosotras pa hacer mucho dispendio.

-Casilda, no seas tan agorera.

-Le agradezco que me vaya a hacer el vestido de boda, doña Susana.

-Pues agradécemelo estándote quieta,...

que como te tome mal las medidas, luego te vendrá pequeño.

-Descuide, que seguro que el vestido le queda fetén.

Además, no creo que haya perdido la maña con los años

por mucho tiempo que haga que se jubiló.

-Sí, Lolita, sí.

-Hasta pensamos en avisar a otra modista de renombre,...

pero luego pensamos que era mejor dejarlo to en casa, y que a usted

no le vendrían mal unas perras.

-Vamos a dejar ese tema.

-A mí me hace mucha ilusión que me haga usted el vestido.

-Y seguro que no le cuesta que la Carmen quede guapísima,

que tiene una percha... -La verdad

es que tiene una figura magnífica.

-Lolita, ¿tú no... tenías aún mucho por preparar

para la pedida?

-Ties razón,

será mejor que marche a la cocina

y deje trabajar a doña Susana tranquila.

-Ya he sabido que se iban a entregar las cartas al diario.

Rezo para que todo se solucione con bien.

-Gracias, pero no te preocupes por nosotros, guarda tus rezos

para agradecer tu próximo enlace.

-Sí.

Me hace muy feliz saber que pronto voy a estar unida

al hombre al que amo

ante Dios y ante los hombres.

Lo único que lamento...

es que no creo que mi hijo Raúl llegue a tiempo a la ceremonia.

-Ay,... las madres.

-¿Puedo preguntarle algo? -Claro.

-¿Cómo tolera usted... estar tan lejos de los suyos?

Porque para mí es muy duro.

-Para mí también, Carmen,...

y solo hay una manera de sobrellevarlo: con mucho pesar

y con el único consuelo de saber que son dichosos aunque estén lejos.

Siento mucho de corazón que tu hijo no pueda asistir a la boda.

-Se lo agradezco.

-Vamos a terminar esto.

¿Qué se habrá creído el cretino ese para dejarme plantada?

Niña. ¿Y tu madre, no está en la casa?

No, padre.

Ha ido a ver a doña Rosina,

quería saber si habían entregado las cartas en el diario.

Ojalá sea así.

Para salir de esta, precisamos de todos los apoyos posibles.

He hablado con Liberto y me ha comentado que,

aunque sigue muy complicado, Alfredo se desvive

por arreglarlo.

Padre, yo podría ayudar... No, no, no, no.

Hija mía, bastante estás haciendo ya.

Le he dicho a Rafael que nos busque un par de actuaciones,

así ganaremos más dinero.

Seguro que el muchacho lo logra, que es bien avispado.

Por cierto,... ¿qué tal te manejas con el susodicho?

Bien, es buen guitarra, tiene talento.

Eso no se duda, pero yo no te estoy preguntando por su arte,

que tengo oídos para apreciarlo.

Poco más puedo decir de él, que es encantador y considerado.

Hija mía, ¿qué entusiasmo es ese?

-Cinta, ¿estás preparada pa tus clases?

He dejao a fuego lento el cocido y tenemos tiempo.

-En ese caso no interrumpo más, me voy a mi cuarto.

-Hija de mi vida,...

se ve que te sobran las ganas para estudiar.

¿Qué te tiene tan mohína?

O mucho me temo que tengo que preguntar quién, ¿no?

Solo los hombres nos pueden causar semejante tristeza.

No te equivocas.

Emilio me volvió a dar plantón anoche.

Pero ¿no te dije yo que no volvieras a quedar con ese sinsorgo?

Tenía una conversación pendiente.

Lo único que tenías pendiente era arrearle un "zaplasteko".

No entiendo por qué se comporta así.

A veces creo que está intentando acercarse

y luego se vuelve a alejar.

La tonta eres tú, que estás dejando que juegue contigo de esa manera.

Creí que había cambiado de parecer, que seguía enamorado de mí.

Bueno, ya, se acabaron las lamentaciones.

Emilio no se merece ni una de tus lágrimas.

Yo no te puedo ver sufrir de esta manera,

y mucho menos por ese zakarra.

Tienes que olvidarle de una santa vez.

Tata, pides un imposible. No, eso es una tontuna.

Bien sencillo tienes. ¿Tú nunca has oído decir

que un clavo saca a otro clavo?

Pues al alcance de la mano tienes un clavo de lo más apropiao.

No me mires con esos ojitos de cordero degollao, está claro

que estoy hablando de Rafael.

Es curioso, eres la segunda persona que me habla de él hoy.

Porque te queremos bien.

Es un chico encantador,...

y salta a la vista que bebe los vientos por ti.

-¡Servando!

Servando, ¿dónde está? ¿Está ya listo?

No quiero llegar tarde al festejo de la señá Carmen.

-En un santiamén estoy.

-¿Dónde está la señá Fabiana?

-Ha salido pa casa de los Palacios,

pero yo no me voy de aquí sin mi sombrero.

-¿Y para qué quiere el sombrero si ya va bastante elegante?

-Hablo del sombrero de mago, mastuerza.

-Ah. ¿Ha desaparecío, al final?

Pues va a resultar que sí era mágico.

-¡La magia no tiene nada que ver!

Fabiana me dio el cambiazo para que se burlara tu primo Jacinto de mí.

-Madre mía, qué pena haberme perdío eso.

-Como le manché la pensión, como venganza

me dio el cambiazo, y ahora no encuentro el sombrero auténtico.

-Ay, prima, menos mal

que aún encuentro a alguien que no haya acudido al festejo.

-¿Es que no vas a ir? -Nones,

que tengo que quedarme al tanto del quiosco,

así que felicita a la Carmen en mi nombre.

-No te preocupes, que de eso no me voy a olvidar.

Y ahora que te veo, la señá Fabiana, la señá Agustina y servidora

le vamos a hacer un regalo a la novia.

-Me parece fetén.

Pa que no se olvide de nosotras cuando abandone el altillo

como señora.

-Exactamente, prima.

Lo que pasa es que entoavía no sabemos qué le vamos a regalar.

-¡Lo tengo! -Qué susto.

-Servando, por Dios.

A ver, ¿qué se le ha ocurrido, qué cree que podemos regalarle?

-De eso no tengo ni idea, pero he encontrado el sombrero,

estaba debajo del mostrador, en el cubo de la basura.

Me va a escuchar, anda que tirar una cosa tan valiosa a la basura.

-Tenga cuidao, no vaya a ser que siga el mismo camino.

-¿Qué hacéis aquí, muchachas? Vamos.

Vamos, que llegamos tarde.

-Y ahora le entra la prisa. -Venga.

¡Dale, dale, dale!

Si el que no tie cabeza, tie que tener pies.

-Lo peor de todo es la espera. Mataría por tener noticias.

-Yo lo haría porque estas fueran buenas.

-No habrá que esperar mucho,

pronto tendrán que tomar una resolución sobre el Banco Americano.

-Discúlpenme, pero en este momento no quiero ahondar

en un tema tan doloroso.

Voy a ver cómo se encuentra mi prometida.

-Por un momento tendríamos que olvidarnos de los problemas

y festejar tan buena noticia como se merece.

-Muy bien, muy bien, mucho trabajo, pero bien.

-Está nervioso, su padre. -Sí, una temporada difícil,

se merecer ser feliz ya. -¿Cómo te encuentras, mi amor?

-Ahora que estás a mi lado, me siento mucho más dichosa.

-Buena pareja, Fabiana.

-Y que lo digas, Lolita.

-Esta mañana estás radiante. -¿Unas olivicas?

-No.

-Susana, ¿va a ir guapa Carmen

con el vestido o la vas a dejar hecha un adefesio?

-La duda ofende, querida.

Yo ante todo soy una profesional, no podría hacer mal un vestido

aunque quisiera.

-¿Queréis un poco de salchichón? -Claro.

-¿Algo más de beber? -No, descuida.

He aprendido que si quiero algo, debo procurármelo yo misma,

porque no puedo contar con mi esposo.

-Rosina, no empieces, por favor. -Si termino pronto.

Ayer me dejaste escribiendo la carta sola y hoy no te has dignado

acompañarme a entregar las cartas al periódico.

-Te iba a acompañar mi tía. -Lo sé,

pero deberías haber mostrado mayor interés e insistir.

-Queridos amigos, discúlpenme un momento.

En primer lugar, quiero agradecerles

a todos su presencia hoy aquí a pesar de los malos momentos

que están viviendo.

Sé que están pasando por un duro trance, pero estoy convencido

de que más temprano que tarde saldrán con bien.

-Dios le oiga, suegro.

-Quería tenerles a todos a mi lado para hacerles partícipes

de mi alegría,...

una felicidad que solo tiene un nombre.

Carmen no solo me ha entregado su amor,

sino que al hacerlo, me ha devuelto la vida.

(Suena el timbre)

-Pero ¿qué horas son estas?

-Perdona, ha sío culpa de Servando. -Pero ¿qué dices, desgraciá?

Hemos llegao tarde por tu culpa. -Callaos y pasad,

que llegáis en lo importante.

-La persona más buena,

generosa y desinteresada que conozco.

Verdaderamente me siento un hombre privilegiado

porque me haya concedido el regalo de dejarme pasar el resto de mi vida

a su lado.

-Ay, qué pico de oro tie tu suegro, Lolita.

-Por eso quiero proponerles un brindis en su honor.

Por esta mujer que me ha entregado su amor,

para que Dios me permita hacerla tan feliz como se merece.

Por Carmen. -(TODOS) Por Carmen.

-Carmen,...

quiero hacerte entrega...

de este anillo como muestra de mi compromiso.

-Espera.

Fabiana. -Ay, sí.

Qué nervios.

Tenga.

-Toma tú también este presente.

Espero que... muestre el amor que te profeso.

-Un reloj bien bonito, Carmen.

-¿Te gusta? -Pero ¿cómo no va a gustarme?

A partir de ahora, me voy a pasar el día mirando la hora que es

para pensar en ti.

-Con permiso, con permiso.

Aguarde, Carmen.

¿Le importaría meter la mano

en mi chistera?

Abracadabra. -¿Ha perdido el oremus, Servando?

Este no es momento pa sus tontás. -Aguarde, mujer.

-Bravo.

-Gracias, Servando.

-¿Me concede

mi futura esposa este baile?

-Por supuesto.

-A las buenas tardes, don Liberto.

-Cesáreo, disculpe, no le había visto.

-No hace falta que lo jure, tenga cuidado que con tanto despiste

podría atropellarle un carruaje.

¿Qué, viene de la petición de mano de Carmen y don Ramón?

-(ASIENTE) -¿Y cómo ha ido?

-Bien, la verdad que ha sido una fiesta de lo más emocionante.

-Me alegra escucharlo.

Los novios no se merecen menos. -Ni ellos ni nosotros.

Necesitamos olvidarnos de tantos desvelos

aunque solo sea por unas horas. -Sí, es una situación peliaguda,

sobre todo después del percance del malnacido ese de Suñol.

-Disculpe, Cesáreo.

Genoveva. Qué agradable sorpresa.

También lo es para mí,

le hacía en la fiesta de pedida de los Palacios.

De allí vengo, pero ya ha terminado.

Me hubiese gustado asistir, pero mi esposo salió de viaje

y me quedé con él hasta que marchó.

Ah, no sabía nada de ese viaje, supongo que será con motivo

de la crisis del banco, claro. Alfredo se está desviviendo

tratando de solucionarlo. Así se lo agradecemos todos.

El no haber asistido a la fiesta para transmitirles

mis mejores deseos a los novios

no es la única razón por la que lo lamento,

también me hubiese encantado charlar con usted.

El paseo de ayer resultó de lo más agradable.

Si es por eso, podemos repetirlo ahora mismo.

Me encantaría, pero tengo que atender unos recados.

Claro. Disculpe, Genoveva, ya lo repetiremos en otra ocasión.

Se me acaba de ocurrir una idea.

¿Por qué no viene más tarde a mi casa?

Alfredo no está y así podremos charlar más tranquilamente.

Descuide, si tiene otras cosas que hacer, ya nos vemos otro día.

No, no, no es eso.

Pero... ¿a usted le parece oportuno?

No me gustaría comprometerla.

En nada me compromete su visita, Liberto.

No tema.

Con Dios. Con Dios.

-Marcelina, mira que todavía tengo mucha faena por delante.

A ver, ¿qué es eso tan importante que tú querías que viéramos?

-Eso, que yo también estoy hasta arriba de faena.

-¿Qué dices, Jacinto? Si estabas adormilao en la portería.

-Bueno, quien dice faena, dice siesta, como quieras llamarle.

-Pase, señá Fabiana. Y tú, pa dentro también, vamos.

-Arrea.

Pero ¿qué está pasando aquí?

-Siéntese y no tardará en averiguarlo.

-Mire, señá Agustina, le hemos reservao sitio en la primera fila.

-Os lo agradezco,

tengo curiosidad por ver qué nos ha preparado Servando.

-¿Servando, ha dicho? -Menos mal que todavía estoy aquí

para salir corriendo. -No.

-Veo que a usted también la han liado, Fabiana.

-Pa chasco que sí, pero no por mucho tiempo.

-¡Cha cha cha cha cha cha chan

cha cha cha chan chan!

-Me temo que ya es demasiao tarde pa nosotros, Fabiana.

-Querido público, gracias por asistir.

Van a ser ustedes testigos de algo asombroso.

-Que Dios nos coja confesaos. -Comienza el espectáculo

del gran...

¡Servandini!

(Aplausos)

-Ramón,...

no me digas que este es el lugar tan especial donde querías traerme.

-Este banco es mi lugar favorito de todo el mundo.

Aquí empecé a conocer de verdad a una mujer

que me iba a devolver la dicha.

-La vida nunca deja de sorprendernos,

menos mal que en esta ocasión ha sido para bien.

Ya sabes que yo no he tenido mucha suerte.

-Ya se acabó la desdicha para nosotros, Carmen.

Ahora...

es momento de seguir adelante,

de disfrutar y olvidar los malos momentos.

-Créeme que no hay nada que desee más en la vida.

-Se podría decir que en este callejón

comenzó nuestra historia de amor.

-Cierto.

Y eso que ninguno de los dos lo buscábamos entonces.

Yo sin trabajo, mi hijo tan lejos,...

tenía el corazón blindado.

-No lo estaría tanto, por lo que se ve.

-Bueno,...

una no contaba con tu habilidad para colarte dentro de él.

-¿Me disculpará usted alguna vez por tal allanamiento de morada?

-Supongo.

Tenías razón, Ramón,...

este banco es el lugar más romántico y especial de todos.

-Yo ya lo considero como nuestro,...

como símbolo del amor que te profeso.

Por eso he pensado que nuestro compromiso no sería completo

si tú y yo aquí,

los dos a solas, no brindáramos.

-¿Brindar? ¿Aquí?

Pero Ramón,...

lo tenías todo previsto.

Y digo yo, ¿seguirás así de atento cuando ya estemos casados?

-No. -¿No?

-Lo seré... mucho más.

Cuando por fin te conviertas en la señora de Palacios,

no te voy a dejar ni a sol ni a sombra,

voy a estar siempre pendiente de ti.

Te amo con locura, Carmen.

-Y yo a ti.

-Lo que ha ocurrido con el banco ha sido una desgracia,

estamos todos muy afectados.

Hemos perdido muchísimo dinero.

-Y lo volvería a hacer, fíjese lo que le digo,

porque no hay muro que no saltara por conquistarla.

Si es que hay que ser muy lila para dejarla escapar por las buenas.

Ahora, si algún día es mía, no lo dude,

haré cualquier cosa por ella.

-Deja de pensar en Cinta. Has hecho lo mejor que podías hacer.

-¿Aunque no pueda olvidarla?

-A veces en la vida hay que tomar decisiones que a uno no le apetecen.

La madurez es eso,...

aceptar la realidad y hacer lo que uno debe.

-No sé si lo que debo es renunciar.

-No debes pensar en tu propia satisfacción,

sino en el bienestar de los tuyos.

Créeme, hijo, es lo mejor para todos, incluida Cinta.

No te crees falsas ilusiones.

(Se abre una puerta)

-Buenas. -Buenas.

-Tomen asiento, enseguida estoy con ustedes.

-Gracias.

-Emilio, hijo, tienes mala cara, ¿te ocurre algo?

-Le agradará saber que he tomado una resolución.

Va a salirse con la suya, madre. -¿A qué te refieres?

-Estoy decidido a olvidar a Cinta para siempre.

-Sé que te cuesta hacerlo, pero créeme, es lo mejor para todos.

Enseguida viene Emilio a atenderles, ¿de qué hablaban?

-Del periódico de la tarde.

-Queremos saber si han publicado alguna carta.

-Saldremos de dudas, el mozo que me suele traer la prensa

está a punto de llegar.

-¿Qué van a tomar? -Un café.

-Yo una tila mejor. -Ahora mismo.

-Observen ahora ustedes

cómo hago desaparecer esta moneda.

-Por favor, Servando,

eso no tiene ningún mérito,

pero si es un experto en hacer desaparecer el parné.

-(RÍEN)

-O te callas o aquí la que desaparece eres tú.

-Presten atención.

¿Eh? Mis toques mágicos: abracadabra.

(Voces de asombro)

Y la moneda desaparece.

(Aplausos)

Y ahora... voy a volver a que aparezca la moneda.

Abracadabra.

(Aplausos)

-Arrea.

Si salen monedas de ese sombrero, no debería habérselo tirao.

-Menudo truco más sencillo,

eso lo hace hasta un niño de cinco años.

-Pero esto solamente ha sido el principio.

Ahora voy a hacer desaparecer...

esta pelota.

Nada por aquí, nada por allá.

Abracadabra.

¿Eh?

(Aplausos)

Ahora la pelota va a volver a aparecer.

Abracadabra.

No debe andar muy lejos, no.

-Ya me extrañaba a mí. -Lástima,

con lo bien que iba.

-Al parecer,

el Gran Servando no es tan grande.

¿Ha perdido algo?

(RÍEN) -Sí.

Sí, Jacinto, sí,

y creo que lo tienes tú.

Haz el favor... de ponerte la chistera.

Abracadabra.

-Eso sí que es mágico, por fin hay algo que se le da bien, Servando.

(Aplausos)

Para mi próximo número, necesito un objeto de valor del público.

-Pues a buen sitio ha ido usted a pedir, Servando.

-Jacinto,...

¿me puedes prestar la medalla que llevas colgada del cuello?

-¿Mi medallita?

Pero mire que le tengo mucho aprecio.

-Es un momento, un momento.

-No sé yo, que me la dio mi tío. -Ay, Jacinto, déjasela,

que a una le da curiosidad.

-pero vaya con cuidao con ella, que le tengo gran aprecio.

-Por favor,... deposítala en la chistera.

Y ahora los toques mágicos:

Abracadabra.

Agustina, por favor,

¿puede sacar lo que hay dentro de la chistera?

-Ay, este brazo me mata.

Anda.

Lo ha transformado en una bella figurita.

-Eso es un obsequio para usted del gran Servandini.

-Sí señor, sí señor. Muy bien, Servando.

Sí, sí.

-No, no, no, tenía usted razón,

me ha callao, es usted un gran mago,

ahora ¿me devuelve mi medallita?

-Todavía no sé cómo hacer que la figurita

se convierta en medallita, no he aprendido tanto.

Para el próximo número necesito una mano inocente.

Inocente.

Por favor.

Un aplauso para ella.

(Aplausos)

-Menos mal que el mozo estaba a punto de llegar,

nos van a dar las uvas sin que lleguen los periódicos.

-Es extraño, habitualmente suele llegar antes.

-Qué mala suerte. Tiene que elegir retrasarse justo hoy.

-Si lo desean, me acerco al quiosco a preguntar por ellos.

-Ay, gracias, ya estás tardando.

No puedo estar más nerviosa.

-Quizá una copita de anís

nos templaría el ánimo. -Por favor, Rosina.

-No seas siesa, Susana. -Un par de copas de anís

para las señoras.

-Buenas tardes.

-¿Se puede saber qué hace aquí, en mi restaurante?

-No me quedaré mucho, hay lugares que prefiero no frecuentar.

-Pues si a usted no le agradan ciertos lugares,

a mí tampoco me gustan ciertos clientes, así que dígame

qué le ha traído aquí y márchese con viento fresco.

-Decirle que me debe el dinero de la fianza.

-¿Cómo? ¿Ha perdido usted el oremus?

-De ninguna manera, es lo justo, la tuve que pagar por su culpa.

-¡La culpa fue de usted por tirarle huevos a quien no debía!

-Por favor, templen, amigas, no monten un espectáculo.

-¿Traes todos los periódicos, Emilio?

-Así es. -¿Y qué?

-Pues... mire, en uno de ellos

sí que se recoge que...

"Los afectados por la crisis del Banco Americano

solicitan por carta la intervención de las autoridades

para que garanticen la recuperación del dinero invertido".

-Aleluya,

a ver si así reacciona el Gobierno. -No veo

que hayan publicado mi carta.

-Ni la suya ni ninguna otra, tan solo habla de ellas.

-¿Cómo puede ser, con lo hermosa que era?

-Calla, que la mía sí era bella. -No se enfaden,

lo importante es que la prensa nos ha hecho caso.

Miren, miren.

Me hace muy feliz

que haya decidido venir a verme.

No me hubiese perdonado no hacerlo.

Su compañía no me puede resultar más grata.

Sin embargo, mis dotes como anfitriona

dejan mucho que desear. Nos hemos quedado sin licor.

No se preocupe por eso, no importa,...

con su compañía me basta.

Es usted muy amable, pero déjeme que le sirva otra copa.

¿Repetimos o quiere alguna otra cosa?

Lo que usted quiera.

¿Y por qué brindamos?

¿Acaso lo duda, Liberto?

Por nosotros.

Te lo ruego, Señor,...

no abandones a mi familia en tan duros momentos,

y, ya que te pones y tienes tiempo,

échame una manita para olvidarme del malaje de Emilio,

que me lo está haciendo pasar muy malamente.

¿Cómo, Cinta? ¿Acaso rezaba para ganarse mi amor?

Mire que no es menester, que sabe de sobra que mi corazón es suyo.

Descuide, que no le pediría nunca al Señor tal regalo.

Eso nada más me lo podría conceder el diablo.

Le acompaño a su casa,...

y espero que lo que le vengo a decir

le haga cambiar de opinión y me tenga en más alta estima.

Sepa usted...

que un empresario de postín se ha puesto en contacto conmigo.

Nos vio en el café...

y quiere contratarnos.

Qué buena noticia.

¿Dónde actuaríamos, en otro café o en algún tablaillo?

De eso nada, este empresario tiene locales por toda España

y me ha propuesto una gira por todo el país.

¿Habla en serio? Como que yo con estas cosas

no bromeo. Nos vamos a hacer de oro.

(RÍEN)

Muchas gracias, Rafael, no sabe lo feliz que me ha hecho.

-Al final va a ser verdad eso de que Dios aprieta, pero no ahoga.

Mi señora está la mar de contenta ende que sabe que los diarios

van a publicar la noticia. -Ojalá así...

empiece el fin de esta pesadilla.

-Me da a mí que eso va a costar muchos sudores, señá Agustina,

pero menos es na.

-Ya verás como las buenas nuevas

también empiezan a templar las cosas entre el matrimonio.

-Pa eso habremos de esperar aún más.

Mi señora se ha quedao sola en la casa

y don Liberto no ha dao señales de vida desde la fiesta de pedida

de la señá Carmen. -Qué raro,...

tendría cosas que hacer,...

pero seguro que se alegra cuando su mujer le dé las buenas nuevas.

¿Cómo se encuentra, Agustina?

Ya me ve, Úrsula, aquí, en buena compañía.

Parece usted de buen humor. Así es.

Me ha venido de perlas levantarme de la cama para ver el espectáculo

de magia de Servando.

Es cierto, ¿cómo ha ido?

La verdad que muchísimo mejor de lo que yo me esperaba.

¿Quién nos iba a decir que Servando es un gran mago?

Fíjese.

¿Ve esta figurita?

Esta figurita antes era la medalla de mi primo Jacinto.

Servando ha cogío la medalla de mi primo y la ha metido

dentro de un sombrero, y cuando la ha sacao,

se había convertío en una figurita.

¿A que sí, señá Agustina?

Es como el milagro de Jesucristo, lo de convertir peces en panes.

Ver para creer.

-¿Sabes, hija?

Todas están entusiasmadas con que el diario

se haya hecho eco del problema,...

pero yo no las tengo todas conmigo.

Sí. No lo sé, hija, pero tengo un mal pálpito.

De todas formas, no te preocupes, hemos salido de situaciones peores.

Hoy pareces cansada,

lo lamento, pero todavía tendrás que esperar un rato

hasta que podamos marcharnos.

He de ir al almacén a revisar el poco género que nos queda.

La verdad es que no sé cómo vamos a sacar los menús de mañana.

No lo sé.

Se lo aseguro, Liberto, no puedo presumir

de haber tenido una vida sencilla.

Ya me lo imaginaba,

siempre me ha parecido usted una mujer muy especial.

Tiene que ser ya muy tarde, Genoveva,

el tiempo pasa muy rápido.

Así sucede cuando se está tan a gusto.

Quizá debería marcharme.

¿Ya pretende dejarme sin su compañía?

Es que Rosina tiene que estar esperándome para cenar.

¿Está usted seguro de eso?

Quizá no se haya dado cuenta de su ausencia. Bueno,...

usted me contaba antes que últimamente le ignora,

que solo acude a usted para culparle de todos sus problemas.

No se equivoca.

Puede decirse que, últimamente, mi hogar no es el lugar

más tranquilo de la Tierra,

al contrario que este salón.

No es mi deseo causarle dificultades con su esposa,...

pero ¿no cree que los dos nos merecemos una última copa?

Estoy tan a gusto con usted,...

los dos conversando solos, sin servicio,

sin nadie que nos moleste.

-A las buenas noches, Camino. ¿Aún tienes abierto?

Camino. ¿Va todo bien?

Anda, si está dormida.

Camino, despierta.

-(GIME)

-Pobrecita, tiene una pesadilla.

Camino.

Tranquila, es solo un mal sueño, no pasa nada, Camino.

Despierta. -No, Valdeza.

No, Valdeza, no.

-Lo sabía.

Ahora no podrán negarme que puede hablar.

Lo sabía.

-Tenía que haber visto la cara de Jacinto

cuando desapareció su medalla.

-Pa mí que ya puede ir olvidándose de ella,

no creo que Servando la haga aparecer de nuevo.

Me alegra ver

que han pasado tan buen rato.

Por cierto, Agustina, ¿tiene usted las muñecas hinchadas?

Sí, Úrsula, y también los tobillos.

-Eso va a ser de no haberse movío mucho en tanto tiempo.

Precisamente tengo algo que le iría muy bien.

Hace unos días compré ungüento para mi señora,

para hacerle unas friegas para la circulación de la sangre.

¿Por qué no bajas al principal a buscarlo?

Baje usted. Va a tardar menos tiempo en encontrarlo.

Es que estoy muy cansada,

y pensar solo en bajar y subir las escaleras

se me hace un mundo.

Cosas de la edad, usted me entiende, ¿verdad, Agustina?

Por mí no se moleste.

-Está bien, bajo yo.

Gracias, Casilda.

Mira, ten la llave y entra por la puerta de servicio.

No hagas ruido, mi señora debe estar ya durmiendo.

Don Alfredo ha salido de viaje y está sola,

no quiero que la asustes.

Pierda cuidao. ¿Y ande están las friegas?

Ay, pues no sé si las he dejado encima de la mesa de la cocina

o en el salón, encima de la chimenea.

Ah, pues na, vuelvo en un santiamén.

Recuéstese un rato.

Cuando murió Samuel, pensé que jamás me volvería

a sentir atraída por otro hombre,

que el deseo había muerto en mí,...

por eso me casé con Alfredo.

A él solo me une el cariño y la admiración, nada más,...

pero no podía estar más equivocada.

Liberto,...

a su lado vuelvo a sentir ese fuego,

ese calor.

No puedo.

Genoveva, no puedo, no puedo hacerle esto a Rosina.

Lo comprendo, y le ruego que...

Le ruego que me disculpe, no...

no me tenía que haber dejado llevar por mis sentimientos, no...

No tenía que haber dicho tales cosas, soy una tonta.

No, no diga eso. Usted es una mujer maravillosa,

estoy seguro de que cualquiera

querría estar entre sus brazos, pero...

-Creo que hoy es el día más feliz de toda mi vida.

-Preludio de muchos más, amor mío.

(Se abre y cierra una puerta)

-Antonio, ¿te unes a nosotros?

-No, gracias, no tengo hambre.

-¿Qué te sucede? Tienes la cara pálida como un aparecido.

-Antoñito, nos estás asustando.

-En el portal, un mozo me ha dado un telegrama urgente.

-¿Y qué dice?

-Que el Banco Americano...

finalmente ha quebrado.

-Por todos los santos, ¿y qué vamos a hacer?

-Su contacto dice en el telegrama que el Banco Americano ha quebrado.

-Lo mismo ese hombre se equivoca. -He hecho mis comprobaciones

esta mañana, y al parecer todo es cierto.

-Está afligío por lo de su medalla.

-La hizo desaparecer.

-Eso no lo sabes, que lo mismo es un truco mágico y la tiene escondía.

He hablado con Rafael y...

Mira, ahora que me lo mencionas: dile que si el Gobierno interviene,

nos hace caso y recuperamos el parné, tú dejas de actuar.

-Sigo teniendo la esperanza de que la noticia de la quiebra del banco

sea falsa, pero si finalmente es cierta,

yo iré a denunciar ante las autoridades lo que ya sabemos,

pero mientras tanto, es mejor callar.

-¿Me vas a contar lo que ocurre con Rafaelillo o no?

Me contó que un empresario que nos había ofrecido una gira.

Bravo, cariño, qué alegría, ¿no? Sí.

-¿Cree que las cartas enviadas al periódico servirán de algo?

Solo me preocupo por usted.

A la vista está que don Alfredo es un hombre...

¿Peligroso?

Como para tenerle respeto, al menos.

-¿Conoce a alguien llamado Valdeza?

-¿Valdeza? -Creo que es un apellido,

o algo así. -"La noto incómoda".

¿Es por el asunto del que ninguno de los dos se atreve a hablar?

Del beso. -"He venido a hablar con usted,"

sobre Cinta.

-¿Qué ha pasado?

-La vi besarse con el guitarrista,

el tal Rafaelillo.

Si usted está en esta casa, es porque yo le abrí las puertas,

no mi marido. Bien lo sé, señora.

Si algún día me enfrento a él, espero que sepa

de qué lado ponerse.

-Señor, yo seré pobre, y analfabeta también, pero ciega no soy,

y sé lo que he visto.

-No se te ocurra contarle nada de esto a Rosina.

-¿Qué pasa?

¿Qué es lo que no ha de contarme Casilda?

-Señora...

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Acacias 38 - Capítulo 1035

17 jun 2019

Las señoras esperan que sus cartas de protesta sean publicadas en el periódico. Pese a no conseguirlo la prensa hace eco de la situación.
Emilio planta a Cinta tras ver como Rafael la cortejaba cantando. Cinta vuelve a casa enfadada por el plantón, pero Rafael llega con una gran noticia, se marchan de gira por España. Acto seguido Cinta besa al joven guitarrista.
Camino vuelve a quedarse dormida en el restaurante. Cesáreo, esta vez, escucha a la joven claramente hablar durante una pesadilla en la que nombra a un tal Valdeza.
Genoveva cita a Liberto en su casa, están a punto de hacer el amor. Al mismo tiempo Úrsula manda a Casilda al principal para que descubra la infidelidad de Liberto. La venganza contra Rosina está a punto de completarse.
Ramón y Carmen celebran una hermosa fiesta de pedida con los amigos. Al terminar se enteran que el Banco Americano ha quebrado.

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  1. Mabi

    Felicitas gracias por tu respuesta, al igual que tú, no polemizo mis comentarios, estoy de acuerdo con tu postura de diversificar el lenguaje pero creo que para la época sería normal y corriente hablar se esa manera, y esos " modismos " trasladados a nuestros días chocan. Saludos cordiales

    18 jun 2019
  2. Felicitas

    Mabi: si hago esa observación es justamente porque SIEMPRE se los escucha usar esos términos ( enjundia, no me apetece, mohíno/a, perder el oremus, etc.) en cambio no se los escucha diversificar su lenguaje utilizando los varios sinónimos para esas palabras, entre otras; o sea opino lo contrario a tí o no entendiste qué quise decir, en todo caso cada uno lo estima a su leal entender, todo esto sin ánimo de polemizar

    18 jun 2019
  3. Mabi

    Felicitas... Te parece que no las dicen seguido, los protagonistas, las palabras que les "sugeris" a los guionistas? Tanto señoras, señores y criados las tienen en su boca cada dos por tres. Que sencilla pero llena de amor me pareció la reunión de compromiso, lástima el malicioso comentario de Rosina a Susana, que como ya comenté en el episodio anterior, se ha puesto a solucionar su problema económico poniéndose a hacer lo que sabe, cocer y que el resultado la ponga nuevamente en el pedestal de sastra que antaño ocupó. Que débil Liberto.... Debe ser por su actitud al igual que la de Rosina que Saro, asidua comentarista de ésta página, hace rato que no aporta su parecer ya que han puesto" manga por hombro" a su pareja favorita, lo mismo me pasaría si cambiaran la actitud de la familia Domínguez. Saludos para tí Saro y no dejes de comentar. Saludos cordiales desde Argentina!!

    18 jun 2019
  4. Mica

    No sé qué pasa pero últimamente cuando veo el capítulo, después de un rato se para, y necesito volver a buscarlo y abrir otra vez ¿¿ es normal? Que pasara... Espionaje? ¿¿¿¿

    17 jun 2019
  5. Felicitas

    Siendo tan " rico " el idioma español, acá va una sugerencia para los guionistas y que no se limiten en su lenguaje: ENJUNDIA: substancia, fuerza, importancia, interés, esencia, contenido,etc etc etc MOHÍNO/A:. triste, mustio, tristón, contrariado, etc etc etc NO ME APETECE: no me atrae, no deseo, no ansío, no quiero, etc etc etc ....

    17 jun 2019