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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1033 - ver ahora
Transcripción completa

Después de hablar con don Silverio Santana,

estoy convencido de que... el señor Bryce conocía

la situación del banco.

-Todo ha sido una vulgar estafa.

-Una estafa urdida desde el principio

para desplumar a todos los vecinos.

Solo sé que estás echando de tu lado a todo el mundo.

Tú verás lo que haces.

Si tú te ocuparas de algo y no tuviera que hacerlo todo yo.

-Estás insoportable. Me voy a leer al despacho.

De momento, vamos a actuar como si nada hubiera ocurrido,

como si yo no hubiera averiguado nada durante el viaje.

Como le sigas atosigando... -¿Qué?

-Que te puedes quedar sin marido como te has quedado sin dinero.

-Es un libro de signos.

Con eso aprenderemos todos a comunicarnos con ella.

Sabe hacer que alguien se sienta bien.

Hágame caso, Liberto, el dinero está muy bien,

pero hay muchas otras cosas que deberían concentrar

nuestra atención.

No olvide que lo más importante es el amor.

Acabará descubriéndolo.

La prueba de que no sospecha que Camino puede hablar,

es que haya traído este libro.

-Si cree que el accidente no fue fortuito,

eso significa que tiene una sospecha de quién puede estar tras él.

-Solo puede esconderse detrás la mano del señor Bryce.

-Ramón Palacios, vivo.

Es imposible. Di órdenes muy precisas.

Estoy segura.

Tenemos que impedir que nos perjudique.

Tenemos que saber lo que ha averiguado.

Yo volveré a hablar con mi contacto del Ministerio,

a ver si podemos probar que actuó de mala fe.

-Sería importante tener pruebas de eso.

¿Ordenar matarlo

otra vez? Esa orden ya está dada.

Solo falta que se cumpla.

No dejé de estar con usted por cobardía, ni por mi madre,...

hay otro motivo que nadie sabe, un motivo que me obliga y atenaza.

¿Qué motivo?

-Emilio. -Os ruego que tengáis cuidado.

Si ha intentado matarme, puede intentarlo con vosotros.

(Griterío)

-¡Ah!

¡Ha sido la flamenca!

¡Arpía, sinvergüenza!

¿Usted lo ha visto? -Tranquilícese.

¿Quién lo ha hecho?

-Estoy mejor, pero mire cómo me ha puesto.

-Dios mío, que nos van a interrogar a todos.

-No hay por qué preocuparse, nadie dirá quién acertó con el huevo.

-Fíate de la Virgen y no corras.

-¡Doña Bella del Campo!

Está detenida.

-¿Yo? ¿Detenida yo?

Ay, por la Virgen de Gracia, de Cinta y...

Yo no he hecho nada, no le he tirado huevos a nadie,

si no tengo puntería. -Fue ella, lo vi.

Le acertó al consejero Suñol, como si no hubiera hecho otra cosa

en su vida. ¡Harpía!

-¡Mentirosa! Así te salga un sarpullido,

¡embustera!

Se lo juro por Dios, que yo no he hecho na.

Pero si yo no veo de lejos. No he tirao na.

Yo le conozco. Yo le conozco.

Usted apresó a mi hija en el cafetín.

Primero a la hija y luego a la madre.

¡Que soy inocente!

-¡Circulen y recojan todo!

O desmontamos esto o nos van a llevar a todos arrestados.

No, eso no pueden hacerlo, necesitan una orden.

Eso dígaselo usted, han sido muy tajantes.

-Solo ejercemos la libertad de expresión y reunión.

Me temo que la protesta ha terminado.

Señores, vamos recogiendo todo. -Venga, todo el mundo, vamos.

Por favor, ayúdenos a recoger.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Y cómo ha sido? Ha venido él a mí.

¿Y le has dejado explicarse?

Le he recordao lo que ya le dije,

que fue un cobarde y que no le llega a Rafael

ni a la suela de la alpargata.

Jesús, no me parece la mejor forma

para que cuaje una conversación.

No te creas, que a Emilio se le pica, se le provoca.

Total, ¿ha dicho algo o no?

Parecía que me iba a decir algo, pero apareció su madre

y se ha azorado.

Esa mujer, cómo es con sus hijos, Jesús.

(HABLA EN EUSKERA) Esa es como una gallina clueca.

Me ha dicho que no ha dejao por cobardía,

que ha sido porque tiene un problema.

Hay un motivo que no le deja soltarse conmigo.

¿Cuál? Ni idea, ahí se ha achantado.

Entre su madre y Emilio, Emilio y su madre,

la casa sin barrer. Con tanto misterio,

no sacas de este chico nada en claro.

Se le nota que siente por mí.

Mira esta. Que todos los hombres son iguales.

No te hagas ilusiones.

Además, se ve que en su corazón manda más su madre

que tú.

Sé que le privo, lo sé. Mírala.

-¡Se la han llevao presa? ¿Eh?

Se han llevado a mi Bellita del Campo como si fuera una bandolera.

Sosiegue, explíquese, ¿quién, quién se la ha llevado?

Los guardias, los guindillas.

El piquete. Entre dos se la han llevao a galeras.

¿Detenida?

Como una mártir, la pobre. Sola entre los guardias se ha ido.

-Déjese de poesías. ¿Por qué la han detenido?

-Por tirarle huevos a un gachó.

-¿Eh? -Yo no estaba porque había ido

a comprarle unos guantes para que pernoctara en la protesta.

Se la han llevado por alteración del orden.

Parece que sí.

Tenemos que sacar a madre de esa comisaría ya.

Necesito su documentación y la mía para reclamarla.

¡Se la arrancaré de las manos a esas fieras!

-No diga esas palabras, que todavía le detienen con ella.

-Más me valdría... si no logro rescatarla.

Yo voy con usted. -Y yo no voy a ser menos.

-No, prefiero que las dos os quedéis aquí rezando.

Ya me encargaré yo solo.

Será como cuando me quedaba en el ruedo frente a frente con el toro,

más solo que la una.

Y espero que los plumillas no se hayan enterao de la pelotera,

que no estamos pa escándalos.

Padre, vaya, no se demore.

-Muy bien. Y tú y yo a rezar ahora mismo.

Voy a la cocina a por el rosario.

Son las dos unas estúpidas.

Unas majaderas, todos son unos imbéciles.

A esa bailaora la he perdido el rencor.

No ha podido tragarse el desprecio que le hizo doña Felicia

al estropear los planes de su hija con el camarero.

Por eso digo que son idiotas.

No son capaces ni de defender sus derechos.

No pueden dejar sus rencillas atrás ni cuando necesitan ser una piña.

No se preocupe, señora, ya encontraremos otro modo

de manipularlos.

Sí, lo sé, pero ya les teníamos donde queríamos.

Al ser la cabecilla de la protesta, no solo podía cubrirnos,

sino que podía dirigir sus ánimos más fácilmente.

Hay una noticia que no es tan mala.

Al menos, una de ellas pasará la noche entre rejas.

Y quién sabe, quizá algún tiempo más.

Dolo depende de la saña del señor Suñol.

No sabe lo que me gustaría mirar por un agujerito

y verla sufrir entre malhechores y chinches.

Alfredo, ¿qué tal ha ido?

Esos sicarios no aparecen.

Como si se los hubiese tragado la tierra.

Deberían haberse asegurado de cumplir con el encargo

y que don Ramón estuviera muerto

y bien muerto. Son unos incompetentes.

Más bien unos estafadores.

Alfredo,

solo querían cobrar y marcharse.

Te la han jugado. Genoveva,

daré con ellos. ¡Nadie me la juega!

Si me disculpan, lo mejor sería encontrar a esos sicarios

y conminarles a que terminen su trabajo.

No estoy muy segura.

Eliminar a Palacios tenía sentido

cuando no había contado lo que sabe.

Antes de actuar a ciegas, deberíamos averiguar qué sabe.

¿Has avanzado algo en ese terreno?

No gran cosa.

Sé que el informador de Ramón Palacios

puso pies en Polvorosa el mismo día del supuesto accidente.

Eso es que recibió tus amenazas y temió por su vida.

Pero no podemos estar seguros de si habló antes con Palacios o no.

En ese caso puede que Úrsula tenga razón

y tengamos que acabar con Ramón de una vez por todas.

¿Me permiten una propuesta?

Hable.

Si no se puede encontrar a los sicarios,

yo misma podría encargarme.

Lo haría de manera limpia.

Nadie me relacionaría con su óbito. No.

Si Ramón tiene pruebas contra nosotros o...

sencillamente tiene información de cómo hemos organizado

las inversiones,

lo más probable es que haya tomado medidas para protegerse.

¿Cree el señor que alguien le está cubriendo las espaldas?

No lo descartaría.

Por otro lado,

puede que también haya puesto esa información a buen recaudo

para ser revelada cuando le sucediese algo.

No podemos quedarnos de brazos cruzados.

No, pero tampoco podemos actuar sin una reflexión previa.

Sería sospechoso que Ramón Palacios muriese

a los pocos días de haber sufrido un accidente.

Atraeríamos la atención de la policía.

No.

No nos arriesgaremos. Necesitamos averiguar

qué es lo que sabe.

Y sobre todo si piensa hacerlo público.

"¿Por qué no lo hacemos?".

¿Por qué no contamos que Alfredo Bryce

no es más que un vulgar timador?

-Ojalá podamos hacerlo pronto.

Por el momento, no disponemos de pruebas, y acusarle sin ellas,

sería como tirar piedras a tu propio tejado.

-Yo me siento fatal, padre.

-La codicia es mala consejera, hijo.

-Ya.

Quería agradecerle que no haya hecho mucha sangre

con mis meteduras de pata.

-Todos cometemos errores. -Ya, padre,

pero no como los míos ni con mi soberbia.

Usted me lo puso delante de mis narices, y yo,

pues no sé, fui incapaz de verlo.

-Yo tampoco estaba tan seguro como aparentaba.

Ese Bryce es muy astuto.

No parecía que estuviera presionándonos para invertir,

parecía creíble, confiable y nada interesado.

-Pero a usted no le engañó ni por un momento.

-Soy perro viejo.

Hay cosas que se aprenden con la experiencia.

Yo no disponía de datos, solo intuición.

Prudencia e intuición.

-Prudencia e intuición, que intuyo no he heredado.

Tenía que haber sido el primero en creerle,

así no solo habría salvado a mi familia de la quiebra, sino también,

podría haber salvado a los vecinos. -No te tortures, hijo.

Lo hecho, hecho está.

-Padre, yo...

Lo siento.

Me arrepiento de no haber confiado en usted.

Soy un auténtico necio. -No.

Eres impetuoso, que es diferente.

Pero aprenderás.

-Sí, pero teniéndole como maestro,

es imperdonable que haya caído en la trampa.

-¿Imperdonable? En absoluto.

(HABLA EN LATÍN)

No hay caso.

Anda, dame un abrazo.

Ay, pero no tan fuerte.

-Perdón, perdón.

(Ruido de motor de coche)

Arantxa, mi padre no sabe tratar con las autoridades.

Ya lo sé. Si el trato que ha tenido tu padre con ellos,

ha sido correr delante de ellos.

Bueno, de joven, eso sí.

Dando ánimos eres única.

Que no, si tu padre también tiene mucho gracejo.

Tu padre, capaz de hacer que coma de su mano un juez de instrucción.

Por lo que sé, mi madre es culpable.

Mujer, con mucho mayor motivo

para que saque todo su arte, liberarla.

La va a traer a casa, la traerá consigo seguro.

Mañana ni nos vamos a acordar de este alboroto.

He rezao a la Virgen. No sé si me habrá escuchado.

A mí apenas me conoce.

Uy. Eh, ahí están.

¿Qué te había dicho yo?

¿Y madre?

-Sigue encerrá.

-¿No la ha sacao usted?

-Ni con la ayuda de Luis Candela hubiera podío.

¿Van a presentar cargos contra ella?

Todavía no lo saben, pero tiene toda la pinta.

Piden una fianza para sacarla del calabozo.

-Jesús, ¿por tirar un huevo?

-Bueno, dos.

Tampoco ayuda que se liara a bolsazos con los guardias.

-¿Le sirvo un oloroso?

-Sí, que traigo los nervios partíos.

¿Ha podido verla?

Un momentico.

-Asustadita que estaría la pobre.

-Bueno, asustadita, asustadita...

Si lo estaba, se lo ocultaba muy bien a los guindillas.

Ya sabéis como es, antes muerta que humillá.

Cuando he entrado en la mazmorra, ahí estaba ella,

cantando unas seguidillas carceleras

con las reclusas.

-Hombre,

lo cierto es que siempre ha tenido mucho tirón con la gente del bronce.

-Ella tiene tirón en todos los estratos.

El arte es el arte, y ella lo tiene a espuertas.

Padre, ¿qué le ha dicho? ¿Qué me ha dicho?

Preocupá por mí, como siempre.

Ha dicho que ella está bien.

Y que yo no me agobiara.

-Es una señora. -Una dama, una esposa, Arantxa.

Y con to lo que tiene encima, se le veía aliviá

porque los plumillas no se han coscao del jaleo.

-Que siga así, por favor.

¿Qué vamos a hacer?

-Remover Roma con Santiago pa pagar esa fianza.

Sacaré todos mis ahorros.

No, canelita, eso tiene que ser cosa mía.

Padre, ni lo sueñe.

No me podría mirar al espejo si no pongo todo lo que tengo.

Eso te honra, amor mío.

Pero la fianza es exagerá, descomunal.

No creo que llegue ni vendiendo mi capote y mi traje campero.

-¿Y con sus botas de Valverde del Camino?

-Ni con eso.

Hoy habrá menos jaleo, Servando.

Los protestantes no vendrán a por su carajillo como era habitual.

-No eran protestantes; los protestantes son los luteranos

y esos no toman carajillos, estos eran protestadores.

Y bien que se ha notao en la caja. -Bueno,

se llamen como se llamen, sus razones tendrían para protestar.

Nos han dejado sin una perra. -Pues ya vio cómo acabaron,

como el rosario de la aurora.

-Y con doña Bellita en el talego, ver para creer.

-¿Se acuerda del mago que estuvo aquí hace un tiempo?

-Claro. ¿El que se fue sin pagar?

-Ese era el escapista.

El que sacaba monedas de las orejas, creo que se dejó este sombrero aquí.

-Qué perra ha cogido con el gorro.

-No le llame gorro, es una chistera mágica.

No voy a parar hasta saber cómo funciona.

-Usted con tal de no laborar... -Oiga,

yo trabajo con esto, que es el trabajo más duro.

No pretendo que lo entienda, que el intelecto es un concepto

demasiado elevao pa las mentes subalternas.

-Que le ondulen. Tanta cabeza, y menos seso

que un grillo.

En fin, voy a ver si los huéspedes necesitan algo antes de acostarse.

No se olvide de fregar los cacharros.

Y mucho menos de hacerlos desaparecer.

-A la orden, sargenta.

(SILBA)

Me ca...

Oh.

(RÍE) Servando... ¿Qué hace?

¿Decorando la pensión?

Que la primavera comenzó hace tiempo.

-¿Qué necesitas?

-¿Tiene algún cuarto donde meter los trastos, como un almacén?

-Dentro de poco, cuando sea ducho en magia,

voy a hacer desaparecer todas esas cosas como por arte

"ensoñamiento", vistas y no vistas.

-¿De verdad cree que se puede ser mago por tener un gorro?

-Y dale con llamarle gorro.

-Lo único que yo he visto desaparecer son las ovejas,

y porque se las llevaban los cuatreros.

-De verdad... Tierno pastor,

bucólico ovejero que no cree en la magia.

-En la única magia que creo yo es en la de llegar a final de mes

con el jornal que tengo. -No solo te voy a demostrar

que la magia existe,

sino que tienes delante de ti al mago con más arte

y hechizos que ha parido este país. Qué digo este país,

del mundo entero.

Del mundo entero y parte del extranjero.

-Que sí, pero ¿tiene sitio para meter estas lonas o no?

-Eso pregúnteselo a la Fabiana, que no me ocupo de esos asuntos,

que yo tengo que lavar todo esto. -¿Fabiana!

¿e quieres creer que cuando estaba en el hospital,

me acordaba de estas luminosas mañanas de Acacias.

-Sí que dan fuerza, sí.

Lo que no sé es si está recuperado para estar paseando.

-Me encuentro perfectamente, no seas aprensivo.

Solo quería salir a dar un paseo

para saludar a mis vecinos y hacerme una idea de sus apuros.

-Seguro que le ponen al día...

con más detalle y antes de lo que se imagina, ya verá.

-Don Ramón.

Veo que ha salido con bien del accidente.

-No las tenía todas conmigo, no.

-Nos alegramos mucho, amigo.

-Gracias, Liberto.

-Supongo que su hijo le habrá contado.

Nos han embaucado, nos han pillado de lilas, que dice el pueblo.

-Lo sé. -Ay...

Qué espabilado de no dejarse enredar, a diferencia de mi esposo,

que cayó en la telaraña como una mosca

después de libar en un vaso de vino.

-Rosina. -No, Rosina ni nada.

viste dinero rápido y te ofuscaste.

¿Se ha enterado de la sonada en casa de Suñol?

-Sé cómo ha terminado, sí.

-Malamente. Se llevó un huevazo, eso sí.

Ahora, de interesarse por nuestra situación, nada de nada.

-Menos mal que ha vuelto el único caballero sensato que nos queda.

-Tía. -Nos ha tenido apuraos, don Ramón.

-Gracias.

Me encuentro recuperado, tan solo molestias en el hombro y poco más.

Lo que sí me preocupa es el estado de su señora.

¿Cómo está de ánimo? -De ánimo creo que aguanta.

Pero yo me desmorono.

Pero a to pedal, como dicen los de los velocípedos.

-¿No sabe cuándo saldrá? Eso es lo peor,

que depende de mí.

Bueno, de mi dinero para ser exacto. Dinero que no he conseguido.

-¿La consideran culpable entonces?

-Pa los guindillas todo el mundo es culpable

hasta que no se demuestre lo contrario.

-Si usted lo desea, me gustaría contribuir al pago de esa fianza.

-Gracias.

-Nosotros también aportaríamos, pero como nos hemos dejado robar.

-¿Usted cree que don Alfredo sabía de la situación de su banco?

-Eso sería una acusación demasiado temeraria,

lo que sí se le podría reprochar es...

desinformación y dejadez en el estado financiero del banco.

-(RESOPLA) -Sea como sea,

nos hemos quedado indefensos.

-Arruinados, insolventes, sin una peseta.

-Caninos, a dos velas.

-Indefensos y desamparados,

porque ahora ya no se nos permite ni protestar.

-¿Ha visto a esos guardias de ahí?

Siempre parados ahí como pasmarotes para evitar

que le gritemos cuatro verdades al consejero.

-Lo lamento, créanme.

También nos ha afectado a nosotros. Les recomiendo

es que no dejemos de luchar y que sigamos con la cabeza alta.

Si me dispensan, seguiré caminando con mi hijo,

me lo han recomendado como parte de la recuperación.

-Con Dios, don Ramón. -Con Dios.

-Con Dios.

-Bueno, ha estado muy comedido.

-Mi esfuerzo me ha costado, no te creas.

A punto he estado de dejarme llevar por la indignación

y contarlo todo.

-No vamos a dejar que Alfredo Bryce se salga con la suya, ¿no?

-No, hijo, no se lo consentiremos.

-"Agradecía por echarme una mano, Carmen".

-Es por Ramón, mujer.

Soy yo quien te agradezco que te preocupes por su bienestar.

-Por la noche se queja del brazo, y he visto de cajón

cambiar el bastidor pa ver si así le va bien.

-No se ha dignado a decirme que le sigue doliendo.

Si le escuchas, parece que esté estupendamente.

-Es que mi suegro es mu sufrío. Y algo cabezón, también.

-Esa cabezonería es la que me tiene preocupada.

Por el asunto del señor Bryce.

Que Ramón,... cuando se empeña puede ser muy moderado

pero hasta que deja de serlo.

-Ya, y menudo pieza se ha topao, que a ese le da igual ocho que 80.

Usted le echó agallas al ir a buscar a mi suegro.

-No podía seguir sin saber qué le había sucedido.

-Ya. Era muy expuesto.

-¿Acaso tú no hubieras hecho lo mismo por Antoñito?

-Qué no haría yo por ese badulaque. El amor, que nos empuja.

-Ay, Lolita,

yo daría la vida por Ramón.

-Me alegro tanto de que se haya topao con mi suegro. Se lo merecen.

(Llaman)

Bueno, será algún vecino que viene a verle, todos le quieren mucho.

Siéntese, que ahora nos tomamos algo.

Buenos días, Lolita. Buenos días, doña Genoveva.

Pase, pase.

Traiga. Gracias.

Aquí tiene.

Cinta, ¿tiene usted prisa?

Sí. Será un momento.

¿Qué quiere, Emilio?

No sabía si me dirigiría la palabra.

Al contrario, tenemos una conversación pendiente.

Sí, pero después de lo que ha ocurrido entre nuestras madres...

No es muy edificante, no.

¿Cómo está doña Bella, si se me permite preguntarlo?

Una celda es una prueba para cualquiera,

pero no parece estar apurada.

Es una mujer guerrera y se adapta a todo.

Me alegro, lo digo de corazón.

Mucho habla de su corazón y no creo que lo diferencie de otra víscera.

No me trate así, se lo ruego. Emilio,...

vamos a dejarlo.

Si no tiene más que decirme, marcho,

que tengo que empeñar un reloj.

Estamos de componendas para pagar la fianza de mi madre.

Espere. Quería decirle...

Quería hablarle de...

las razones por las... ¿Por las que me dio calabazas?

Bueno, yo...

Hable de una vez o me largo.

Estoy hasta el moño de sus dudas y dobleces.

No hay doblez, Cinta,

si no he podido tratarle como se merece...

-A las buenas, señorita y compañía.

-Buenas.

-Vengo corriendo porque tengo un comecome muy grande.

¿A su madre se la han llevao los alguaciles?

Sí. No estamos en casa muy en nuestro ser por lo mismo.

¿Va para largo?

La soltarán cuando paguemos el dinero que nos piden.

A eso mismo voy, a Monte de Piedad.

Mi padre ha vendido el traje, las botas y el traje campero,

y ahora voy a empeñar el reloj que me regalaron por mi comunión.

¿Quiere que le acompañe? No se preocupe.

Ya me apaño yo. Como prefiera.

Si no le dan lo que pide por el peluco, no dude en pedirme parné.

Puedo aportar algunos reales.

Muy amable. Ojalá que no sea necesario.

Buenos días. Buenos días.

Qué mujer.

Qué tronío.

-Demasiado para usted.

-Puede ser o puede que no.

-Está muy lejos de su alcance.

Por eso fingió ser un empresario en lugar de un guitarrista.

-Y lo volvería a hacer, fíjese lo que le digo,

porque no hay muro que no saltara por conquistarla.

Hay que ser muy lelo pa dejarla escapar así por las buenas.

Si algún día es mía,

no dude que voy a hacer cualquier cosa por ella.

-Le dejo, que tengo que atender un negocio real.

Con Dios.

-Con Dios.

Tengo mucho cargo de conciencia.

La idea de protestar delante de la casa del consejero fue mía.

Por tanto, también soy responsable de la deriva

que han tomado los acontecimientos.

No es la responsable de eso.

Puede que no. Puede que a su marido sí le acusen.

Eso sería una temeridad.

Solo yo sé lo que se está esforzando

por encontrarle una salida al brete.

No duerme desde que empezó todo esto.

Bueno, en eso está igual que muchos vecinos

que se han quedado a verlas venir.

Tampoco a mí se me van de la cabeza los afectados.

Si pudiera retroceder en el tiempo...

Fui yo quien le rogó a mi esposo que permitiera que los vecinos

participaran en la inversión.

Y lo consiguió.

Y bien que me arrepiento.

Aunque, claro,...

yo no podía saber lo que se cocía en el banco.

Ni mi esposo lo sabía, ha sido una conmoción para él.

Dígale que a lo hecho, pecho.

En fin,

ya me he desahogado un poco. Gracias a las dos por escucharme.

Les ruego que informen a los vecinos de mi estado de ánimo

y les digan que mi esposo y yo haremos lo posible

por solucionar esto.

-Se lo contaremos palabra por palabra. Buenos días.

Buenos días.

-Le acompaño.

Aquí tiene, Genoveva. Gracias, Lolita.

Con Dios.

No puede estar metida en el ajo. -No lo parece.

No sé, sería todo demasiado retorcido.

(TARAREA)

Don Felipe, ¿está usted aquí?

(CANTA EN PORTUGUÉS)

¡Ah!

Don Felipe, discúlpeme.

-No te preocupes.

No sabía que tocabas el piano.

No le digas a Liberto que me he quedado aquí contigo

mientras me comía un mantecado.

-Seré una tumba, señora.

-No es que tenga secretos con mi marido. No lo entendería.

-Porque las señás no suelen darle a la hebra con el servicio.

-No entendería lo del mantecado. -Ah.

-Se empeña en decirme que me alimento a base de bollos.

Bueno, que no lleva razón. -Amén.

¿Se sabe algo de doña Bellita?

-(RESOPLA) En comisaría sigue.

Y todo por defender sus derechos, y los de todos.

-Me duele que una mujer con su categoría y su arte

esté encerrá con maleantes. -Y pelanduscas.

-He visto al señor don Jose muy atribulao.

Eso es bueno, porque se preocupa de su esposa.

-Pobre, reuniendo el dinero para la fianza está.

-Qué pena.

Con lo encarriladas que tenían ustedes las protestas,

parecía que iban en serio.

-Pues con tres palmos de narices que nos han dejado los guardias.

-¿Y qué van a hacer? -No sé.

Algunos vecinos han pasado por el Banco Americano y les han toreado.

-Lástima que no se hayan dado ellos un pitonazo.

De todas formas, cuidado con lo que hacen,

que la falta de dinero nubla la vista.

-Eso es el hambre. Se parecen, pero no es lo mismo.

(Pasos)

Doña Rosina, justo me preguntaba cómo estaría usted.

No se preocupe, que sigo teniendo ojo de lince.

¿Qué?

-Cosas de la señá y mías.

No levanto cabeza desde que nos han prohibido manifestarnos.

¡Es una infamia que nos hayan negado el derecho al pataleo!

Parece que os ha mirao un tuerto.

-¡Pareces oculista, Jacinto!

-Oculista no, pastor.

¿Ha visto a Ramón?

No estaba en su casa. Ha salido de paseo con su hijo.

Estará poniéndole de vuelta y media por haber arriesgado su dinero.

Pero cuénteme, Genoveva, ¿su esposo ha avanzado en sus pesquisas?

No habla mucho de negocios en casa. Aunque...

Me sabe mal decírselo,

pero sé que usted sabe encajar los contratiempos.

Alfredo no está seguro de que el banco pueda asumir esta crisis.

(EXHALA)

Pero, entonces, ¿quiere decir que nos podemos dar por fastidiados?

Hay un sector del gobierno que quiere hundir a la entidad.

Política, ya sabe.

Con esto quiero decir que...

Me duele decirlo, pero sé que usted es fuerte.

Quizá deberíamos pensar en apretarnos el cinturón.

¿Muchos agujeros? Dios no lo quiera.

Pero yo ya estoy mentalizándome en pasar estrecheces.

¿Sube usted? Sí, sí.

Tranquilícese. Tranquila.

-Señora, que...

A ver si me sale.

Yo... me llamo...

Mar...

ce...

lina.

-(APLAUDE) -¿Bien?

¿Cómo? Ah, ¿que cómo he aprendido tantas señas?

Una que es lista.

La Casilda me ha ayudao, claro.

En cuatro días puedo hablar por señas más que mi madre.

Y eso que no se callaba ni comiendo pucheros. Uy.

¿Mi madre muda? Qué va, ya le hubiese gustao a mi padre.

A mi padre y a to el pueblo.

Estaba todo el día dándole a la sin hueso.

No sé que tenía que hablar tanto.

Aburría hasta los árboles.

Oye, y hablando de madres,

perdona que no te haya preguntado por la tuya.

¿Está muy apurá?

Agobiá por el dinero ,claro.

Si es que, la pérdida de los ahorrillos es una agonía, o peor,

que la escasez de tus dineros es el comienzo de más calamidades.

Eso no lo he entendido muy bien.

¿Crees que no va a ser capaz de mantener el restaurante?

Ah, bueno.

Que hará lo posible por seguir con el negocio y recuperarse.

Eso sí, ya me parecía que tu madre no es de las que se rinden.

Y que cuando vienen mal das, se agarra los machos y a la pelea.

Si no es un cumplido, es lo que yo me barrunto.

Sea como sea, ya sabes, si necesitas trabajar para ayudar a tu madre,

ahí tienes mi quiosco, me echas una mano y te ganas unos cuartos.

-Y dale con las gracias.

Que no necesito agradecimiento.

-¡Paso al gran Servando el mago, el faquir,

el nigromante!

¿Eh? ¿Qué?

¿Queréis quedaros mudas?

-Servando. -Vaya por Dios.

¿Queréis quedaros patidifusas con mi magia?

-Eso mejor. -(RÍE) Bueno.

Nada por aquí, nada por allá,

abracadabra...

y ¡zas!

¡Oh! -¿Eh?

-(APLAUDE) -Anda.

-Os habéis quedao pasmadas, ¿eh?

Bueno, pues eso no es nada, ¿eh?

Nada por aquí, nada por allá...

Damos los pases mágicos...

y abracadabra, esta vez, con pata de cabra.

¡Zas!

-Ah.

-Rediez, qué ramo de flores.

Soy un gran hechicero.

-Servando,

no irá ahora a hacerme la competencia, ¿no?

-Hala, ya podéis ir contándolo por el barrio

a vuestros amigos y allegados.

Ha llegado un nuevo mago a la ciudad.

-Uy, tengo que marcharme, que he quedao con doña Fabiana

pa recibir a doña Bellita.

Al parecer, le han dao pasaporte en comisaría.

-Y si no se lo hubieran dado, hubiera aparecido yo

y se lo hubiera hecho aparecer con mi magia y hechizo. ¡Zas!

No, ahora no.

-Con Dios, Servando. -Con Dios.

¿Os hago un cocido?

¡Zas!

Esta vez no ha salido.

He ido a hablar con el párroco para que medie en Roma

y el santo padre excomulgue a Federico Suñol.

-¿Y se ha hecho eco?

-Se ha hecho cruces. La clerecía ya no es lo que era.

Dice que no puede excomulgar a alguien

solo por no plegarse a mis deseos,

por muy devota y fervorosa que yo sea.

-¿Le ha dicho que ha sido una estafa?

-Y me ha soltado una letanía sobre la codicia,

la avaricia y algún que otro pecado.

-La veo a usted muy cercana a la apostasía.

-¿Se cree que no me he dado cuenta?

Este asunto me está ennegreciendo el alma.

No nos podemos quedar de brazos cruzados, tenemos que hacer algo,

o vamos a salir todas tarumbas, yo por lo menos.

-La verdad es que la acampada

nos ha servido para desfogarnos. -Sí.

Ha sido la prensa, que nos ha tratado

como a unos amotinados solo por gritar cuatro verdades.

Que si no se podía agredir

al consejero del Banco de España, ni siquiera verbalmente,

que si alterábamos la paz

y la concordia de la barriada.

-Ni que hubiera paz y concordia con vecinas como la flamenca.

-Bueno, lo que tenemos que hacer,

es aplicar esa fogosidad

y esa furia que tenemos a algo.

-A algo que no perjudique a la prensa.

-O utilizar esa misma prensa.

¿Qué le parece si los inundamos de cartas de protesta?

Que el mundo sepa

lo que ha hecho ese banco con unos honrados ahorradores.

-No me parece mal.

Lo someteremos a consideración del resto de afectados.

-Y cuando nos ganemos a la opinión pública,

¡a excomulgar a todos los banqueros! Eso va a ser sonado.

-Muy buenas. -Muy buenas. ¿Qué quieres, Carmen?

-Doña Felicia, ¿le queda a usted bizcocho de la casa?

-Un par de porciones deben de quedar.

-Póngamelas, por favor, que a Ramón le encanta para merendar.

-Aurelio, prepárale a Carmen ese bizcocho para llevar.

¿Quiere sentarse con nosotras? -No, gracias.

-¿Don Ramón va mejorando?

-Le he visto esta mañana cuando daba su paseo.

-Sí, va mejor, gracias a Dios.

Y parece que el paseo es mano de santo.

Esta tarde daremos otro paseo.

-Dicen que fuiste tú sola a buscarle.

-Y sin encomendarte ni a Dios ni al diablo.

-Estaba intranquila. Su ausencia duraba ya demasiado.

Sí, mujer, eso lo entendemos,

pero de ahí, a echarte a esos caminos de Dios

con lo poquita cosa que eres.

-No le hagas caso, Carmen, que fuiste muy valiente.

-Si no digo que no, valiente sí, pero inconsciente también.

Las mujeres no estamos hechas para tomar según qué iniciativas.

-Depende de qué mujer.

Ni me paré a pensar lo que era adecuado o no.

Tuve un mal pálpito y decidí salir en busca de él.

Y volvería a hacerlo.

(Puerta)

-Buenas. -Buenas.

-¿Estás sola?

-Creí que venía la señora.

-Pareces decepcionada. -Sí.

No, no, quiero decir.

Yo siempre me alegro mucho de verle a usted.

Tenía ganas de que llegara la señora

para contarle lo barata que me ha salido la merienda.

Como le ha cogío tanta tirria a gastar.

-Seré yo entonces quien te felicite por tus economías.

¿Sabes dónde ha ido? -Nones.

Desde que volvió del paseo ha estao muy huraña,

no ha dicho ni esta boca es mía.

Luego se piró, pero con cara de pocos amigos.

-Tomaré un té mientras la espero, que a merendar viene seguro.

-Señor, ¿han pensao qué van a hacer

ahora que se acabao la correría nocturna?

-No lo sé, Casilda. Estamos entre la espada y la pared.

Forzados a hacer algo, pero sin un interlocutor a quien dirigirnos.

-¿Y el rey?

-Bien, espero.

-¿Por qué no le cuentan su problemática al rey?

Él tiene mucho mando.

-Con la banca hemos topado, Casilda.

Esos están por encima de su majestad, sus pompas e influencias.

-No tenía ni idea.

Como nunca he tenío una perra.

(Puerta)

-Buenas. Casilda.

¿Cuánto te has gastado en la merienda?

-No ha llegao a ocho reales. -(RÍE) Qué poco.

-¿Qué traes ahí?

-¿Tú qué crees?

Un sombrero.

Precioso, ¿eh?

El más caro de la tienda.

-Un momento,

yo estoy aquí haciendo gurrumías pa no gastar ni dos pesetas

en la merienda, ¿y uste se gasta mi jornal de un mes en un sombrero?

-(RÍE)

¿El sueldo de un mes? Permíteme que me parta.

-Modérate, Rosina,

que me asustas. -A ti te asusta todo.

No me asusta todo, Rosina. Vamos a razonar.

No sabemos si vamos a poder recuperar nuestro capital,

si es que no lo hemos perdido ya.

¿Tú crees normal gastarte un dineral en un sombrero?

-Y qué sombrero, ¿eh?

-¡Rosina, ya vale, por el amor de Dios, despierta!

-¡Que no, no quiero despertar, porque si me despierto,

me veo como soy ahora, pobre!

Y no quiero porque ya me he visto pobre.

¡No quiero ser pobre, ¿estamos?! ¡Pobre, ni en sueños!

-¿Qué hago, señor?

¿Recojo la merienda, la guardo pa mañana

la tiro o que sea lo que Dios quiera?

-Pues que sea lo que Dios quiera, Casilda, que sea lo que Dios quiera.

Han traído unas flores muy bonitas, a mi madre le van a encantar.

(Puerta)

Ya está aquí la reina de la casa.

-Ay, señora.

-Dime que me has preparao chipirones.

-Del Cantábrico.

¡Madre! -Ay, pimpollo.

-Señora, pase dentro, que tiene visita.

-¿Visita? -Sí.

-Ay. -Bienvenida.

-Hemos rezado mucho por usted.

-Sí. Y le hemos traído este ramo. -Muchas gracias.

Quizá por eso mi Virgen me puso en la celda de mis admiradoras.

Y entendían de cante, ¿eh?, vaya si entendían.

-¿Ah, sí?

¿Y se echó usted algún cantecito?

Mire que dicen: que quien canta, su mal espanta.

-Bueno, alguna cosilla me hicieron cantar.

-¿Y qué cantó? Cántenoslo.

-Marcelina, no creo que sea el momento más adecuado.

-No te preocupes, yo por ellas lo hago encantá.

Pues sí, me hicieron de cantar una cosilla que...

cantaba yo antes de irme pa las Américas

y que tenía relación con el sitio en el que estábamos.

Decía más o menos así.

# Y en la cárcel me tenían,

# y en la cárcel me tenían

# una celda

# negra y fría.

# Una celda, mare,

# negra

y fría. #

¿Te acuerdas que la cantábamos alguna vez?

-Dale, que te acompaño.

# La cárcel no quiero, mare.

# La cárcel no quiero, mare,

# que me quita

# la alegría.

# Que me quita, mare,

# la alegría. #

-Ole, ole, ole. -¡Bravo!

-Ay, señoras, cómo me gustan las carceleras.

Más que los cantes de las minas, fíjese.

Sí.

Y qué arte y qué temperamento pa estar volviendo del maco, ¿eh?

-Ea, pues nada, ya está.

Muy agradecidas porque hayan venido,

pero yo que conozco muy bien a mi señora,

se lo está guardando, pero tiene que estar hecha polvo.

Y seguro que deseando darse un baño. -Y tú que lo digas.

-Mañana, cuando haya descansao, vienen ustedes

y ya charlamos tranquilamente, ¿eh? -Claro que sí.

-Pues nada, nos vamos. Perdonen las molestias.

-Uy, no, por Dios. Ustedes son siempre bienvenidas a esta casa.

-Agradecida. -Con Dios.

-Con Dios. -Hala, vamos, chicas.

-Ay.

-Se va a enterar esa mesonera.

¡Me las paga, ya lo creo que me las paga!

¿Os queréis creer que me acusó con el dedo a los guardias?

Chivata, soplona, confidente...

Una cosa os voy a decir,

donde las dan las toman, y la que siembra viento...

-Templa, belleza. -¡No me da la gana!

¡La que siembra viento recoge tempestades, no siembra gaitas!

-Si era pa que no te desparramaras.

-Los ojos la voy a sacar con la horquilla del clavel.

-Jesús, señora.

-Tú también le tiraste un huevo.

-Digo, un almirez le tenía que haber tirao.

-¡Olvídate de Felicia ya!

Hay cosas más urgentes de las que preocuparnos.

-¿Más que el desquite? ¡Ja!

Se refiere a los dineros.

-Eso es, la guita.

Como no encontremos una forma de hacer parné,

no vamos a tener ni un mendrugo pa comer.

-¿Tan mal estamos?

Peor.

-Los guardias han levantao el acampamiento, no hay na que hacer.

El banco no devolverá ni una perra.

-(LLORA)

Madre. Madre.

(LLORA)

-Prenda, yo no quería disgustarte.

Ya nos apañaremos.

-Ay, qué desgracia más grande.

Que no te abochorne sentirte cansado.

Han sido dos paseos en el mismo día.

Cuando quieras nos sentamos.

-Jamás estropearía un paseo contigo.

-No seas tan galante y haz más caso a tu salud.

-Estoy bien, de verdad.

-Sea como sea, mañana mismo deberíamos ir al hospital

para que te vieran. -Lo que tengo que recuperar

no es la salud, sino el ánimo.

-Te agobia la situación de los vecinos, ¿no?

-Es un desastre.

-Y te gustaría ayudar, ¿verdad?

-Carmen, lo menos que puedo hacer es encontrar pruebas de esa estafa.

-No podrás hacerlo si estás débil, hazme caso.

Les serás más útil a los vecinos en buena forma.

-Gracias, Carmen.

-Buenas tardes.

Me alegra verle recuperado.

He oído que fue un accidente muy aparatoso.

-Nada que no se vea un día sí y otro no.

Se lo toma con mucha filosofía. -No le hagan caso,

estuvo a punto de morir.

-Cada vez están los caminos más peligrosos.

-Dejemos de hablar de eso, se lo ruego.

Me encuentro mucho mejor. -Bien.

Le supongo informado de lo sucedido,

el banco ha suspendido pagos.

No rembolsa depósitos,

y no garantiza las inversiones.

-Sí. No se habla de otra cosa.

Muchas familias podrían quedar en la indigencia.

-Gracias a Dios que usted fue prudente

y no se embarcó en la aventura.

-Si nos disculpan. Ramón está muy cansado

para mantener conversaciones de finanzas.

-De no conocerle,

pensaría que usted sabía algo de lo que iba a ocurrir.

Ándate con ojo con ese banquero.

-Sí. Se ha convertido en un miserable.

Es de Emilio. Me cita para que hablemos a solas.

Ya sé yo que te gusta mucho ese chiquillo, ya sé yo,

pero creo que está mareando la perdiz en demasía.

Va a cumplir años el hijo de Simón.

Y no tengo ni para pagar los sellos que cuesta enviar una felicitación.

¿Siguen los guardias en el portal del señor Suñol?

-Y allí van a seguir hasta nueva orden.

No se fían de que esto se haya calmao.

Es admirable.

Además,... me siento muy segura a su lado.

Me transmite serenidad y fuerza.

¿Me concedes el privilegio de convertirte en mi esposa?

¿Va a permitir que su niña siga siendo artista?

-Claro que no, doña Susana.

Esto es temporal, hasta que pasemos el bache en el nos encontramos.

¿Qué es eso de salir de paseo con Genoveva

mientras yo estoy esperándote en casa muerta del asco?

Me consuela saber que pronto van a recibir la puntilla.

¿A qué te refieres?

A que muy pronto saldrá la noticia

de que la quiebra del Banco Americano es irreversible

y, que la ruina de nuestros vecinos es un hecho.

Tenemos que ser muy discretos.

-¿Qué piensa sobre Genoveva?

¿Cree que podría ser cómplice de Alfredo Bryce?

Mi único anhelo es hacer sufrir a Rosina,

y una infidelidad destrozaría su matrimonio.

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Acacias 38 - Capítulo 1033

13 jun 2019

Felicia acusa a Bellita de haberla lanzado un huevo. La folclórica es detenida y la familia Domínguez deberá pagar una fianza.
Emilio intenta hablar con Cinta, pero se topa con Rafael, que le confiesa que está loco de amor por la joven.
Ramón perdona a Antoñito y sale por primera vez a la calle. Los vecinos le cuentan la situación por la que atraviesa el barrio. Durante el paseo Ramón se encuentra con Alfredo cara a cara. Genoveva continúa con el plan de matar a Ramón, a pesar de que su marido no esté de acuerdo.
Las protestas vecinales contra Suñol son disueltas por la policía.

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  1. Adri

    La cancion de Bellita existe de verdad? Si existe como se llama? O de quien es?!

    14 jun 2019
  2. Adri

    La cancion que canta Bellita es de verdad? Si es asi... De quien es?

    14 jun 2019
  3. Francesca

    Hola Aleja. Es verdad, Fabiana cantaba. Quedó atras. Saludos desde Bs.As.

    14 jun 2019
  4. Aleja

    ¿Y Fabiana, no canta mas? Recuerdo que cantaba muy lindo con Rita y a Cayetana. Saludos desde Bs As

    13 jun 2019