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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1032 - ver ahora
Transcripción completa

Me ha dejao hundida tener que vender la mantequería a ese señor.

-Hice una buena negociación con él y dejé las puertas abiertas

para recomprarla en el futuro, en cuanto nos recuperemos.

Antoñito se ha ido creyendo que había negociado un buen acuerdo.

¿Por qué piensa eso?

Ha añadido una cláusula que le permite recuperar el negocio

cuando disponga de líquido. ¿Espera tener líquido algún día?

Tiene una deuda conmigo y aún piensa recuperar el dinero invertido.

Espero que me pidas disculpas.

-¿Por lo de que eres un mantenido? ¿Acaso es alguna mentira?

Solo quería saber si estaba usted contento con ella

o si por el contrario, deberíamos buscar otra.

-Estoy muy contento, Agustina. No va a hacer falta buscar más.

Lo que me gusta es que alguien se esfuerce por enamorarme.

Es más de lo que usted ha hecho.

Buenos días.

El único hombre

por el que he sentido debilidad ha sido Samuel.

Y así seguirá siendo.

Sugerir lo contrario es insultar a su memoria.

No se lo voy a permitir ni a usted ni a nadie.

¿Le ha quedado claro?

No era mi intención ofenderla.

Yo a su hija la amo,

la amo por encima de todas las cosas y la respeto.

-No me parece mal.

¡Déjame en paz! ¡Señoras, que se calmen ya!

-¡Tú no me tocas a mí, ¿me oyes?! Las está mirando todo el mundo.

-¿Qué está pasando aquí?

Nada, don Liberto, estaban de chanza.

Es de Carmen.

-Que está con mi padre. -¿Está bien?

-Está en el hospital.

-¿Cómo? -Mi padre ha tenido un accidente.

-¿Qué le ha pasao? -No pone más.

Dice que no nos preocupemos y que cuando se recupere, vendrán.

Siento que Rosina y yo cada vez estamos más lejos el uno del otro.

-Son fases por las que pasa un matrimonio.

No sé cuánto tiempo voy a soportarlo.

Tengo que hablar con vosotros sin demora.

Es un asunto grave.

Muy grave.

El señor Bryce ha engañado a todo el barrio.

Él estaba al corriente de todo lo que sucedía en el banco.

La bajada de las acciones, la falta de liquidez,

la ruina. -Eso no tiene sentido.

Genoveva es la más activa en las protestas.

-No interrumpas.

-A saber por qué apoyaba a los vecinos o lo hacía creer.

Después de hablar con don Silverio Santana,

estoy convencido de que...

el señor Bryce conocía la situación del banco.

-Y aun así, tentó a los vecinos con esa inversión.

-Aun así, o precisamente a causa de ello,

todos los socios estaban al tanto.

Si el señor Bryce ha llevado a los vecinos a la ruina,

ha sido voluntariamente o como parte de un plan.

-Pero no termino de entenderlo, ¿él qué gana con todo esto?

-Dinero, claro.

Cuanto más pone el barrio, menos pierde él.

-Dinero, sí, todo se reduce

al dinero.

Lo que no sé es si buscaba darle liquidez al banco

para evitar este problema o...

-¿O qué?

-O simplemente quería quedarse con el dinero de los incautos

y que ese dinero no llegara al Banco Americano,

sino que se lo quedaría él.

-Todo ha sido una vulgar estafa.

-Una estafa urdida desde el principio

para desplumar a todos los vecinos.

-Madre mía, me siento como un completo estúpido.

Si le hubiera escuchado, ahora no estaríamos así.

-Fueron tantos los vecinos, que se cegaron por la codicia...

-No es el momento de llorar sobre la leche derramada, sino de levantarse.

-Ya, ¿y cómo? -Trabajando

desde la mañana hasta la noche, partiendo desde cero.

Aún disponemos de la comercialización de las cafeteras

y la mantequería.

-La mantequería no es nuestra.

-¿Qué?

Dime que es mentira.

-Tranquilo, Ramón.

-La patente de las cafeteras está vendida.

Y la mantequería...

-Está en manos de ese estafador.

Le dimos las escrituras en compensación por la deuda.

Cuando se cumpla el plazo, será suya.

-¿Por qué hicisteis esa locura?

-No lo sé. Lo siento. Lo he hecho todo mal.

-Pero ¿por qué, Antonio, por qué?

-Sosiégate, te lo ruego.

-Está bien.

No es momento de buscar culpables, sino soluciones.

¿Cuándo va a tomar posesión de la mantequería ese hombre?

-En menos de un mes. -Tenemos que...

tratar de impedirlo.

-Tenemos que ir a comisaría y denunciarle por estafador.

-Siéntate.

-¡Ese hombre tiene que acabar en la cárcel!

-Siéntate, hijo ¡y deja de actuar a ciegas!

Un hombre tiene que pensar todo lo que hace,

pero no hacer todo lo que piensa.

Bastantes decisiones erróneas has tomado ya.

Ahora haz el favor de atender a todo lo que digo.

(Sintonía de "Acacias 38")

De acuerdo, vamos a hacer lo que usted diga.

No volveré a actuar sin su consentimiento,

pero hay una cosa que no entiendo,

¿por qué no quiere que denunciemos?

-Creo que mi accidente no fue casual, fue provocado.

-¿Intentaron matarte?

-No tengo ninguna prueba, pero todo cuadra.

Una imprudencia que me impide llegar a tiempo al barrio

para evitar este desastre.

La desaparición de unos documentos que precisamente prueban

todo lo que estoy diciendo durante el accidente.

-Pero ese hombre no es un estafador, es un asesino.

-Es un pájaro, y de la peor calaña. -Tú lo has dicho,

un pájaro de la peor calaña.

Un buitre que solo se alimenta de carroña.

-Y nosotros pensando que era un ángel salvador

que venía a hacernos ricos.

A Susana, Liberto y Rosina,

los Domínguez, los Pasamar y a nosotros mismos.

-Bueno, ahora, si damos un golpe contra él,

tiene que ser definitivo.

No sabemos contra quién se va a revolver al tratar de devolverlo.

-Como los jabalíes,

que si no caen a la primera, acaban contigo.

-Exacto, como los jabalíes.

De momento, vamos a actuar como si nada hubiera ocurrido,

como si yo no hubiera averiguado nada durante el viaje.

-¿Y la mantequería?

-Tú sigue trabajando en ella

como si estuvieras segura de que vas a devolver el préstamo.

Y... que el señor Bryce no piense que estamos sospechando de él.

-Pero ¿hasta cuándo?

-Hasta que la cautela, la prudencia y la inteligencia

nos lleven a decidir otra cosa.

-Hace unos días llegó una carta pa usted, suegro.

Solo que estábamos muy preocupaos y, bueno,

la abrimos. Disculpe.

-Gracias, hija.

-Ahí tiene.

-Es de Félix Díaz, mi contacto en el Ministerio.

Me avisa de que habían detectado movimientos extraños en el banco.

-Qué lástima no haberla abierto antes.

-Yo estaba tan cegado por la codicia,

que ni esa carta me hizo entrar en razón.

Esa se puso como una energúmena.

Solo le dije si podía usar una mesa de la terraza.

-No le prestes atención, que el disgusto te lo llevas tú.

-Hablando a las espaldas. Se cree la reina de Inglaterra

y no es más que una tabernera. No me gusta nada la Felicia.

-Ya me he dao cuenta.

Bueno, yo, ella y medio barrio.

-Y más que se tiene que notar.

¿O es que tengo yo que ocultar que no me agrada la cantinera esa?

-Olvídala, y ya está.

-A veces me alegro de haber perdido el dinero,

porque pienso que ella lo ha perdido también.

-Eres de lo que no hay, lucero mío.

El bicho que pico al tren y le hizo sangre.

-Uf...

-¿Vas a ir a la acampada esta noche?

-Si te digo lo que me apetece, nada.

Hace frío al relente.

Y encima, va a estar esa paniaguada de la Felicia.

Y siendo sinceros,

esas acampadas no sirven. -Eso es verdad.

-Un banco no devuelve el dinero porque unos vecinos

duerman en la puerta de un directivo.

-Pero algo tendremos que hacer, no podemos vivir

con las actuaciones de la niña. -Tienes razón.

Pero hay que reconocer

que la niña... reaccionó con fuerza, se parece a su madre.

-Y a su padre, que a ti no te he visto rendirte nunca.

-Es buen guitarrista ese Rafael.

-Y hacen buena pareja, artística, me refiero,

que la niña se tiene que casar con un diplomático.

Todo lo demás son diversiones.

-(RÍE)

Arantxa, a ti qué te parece Rafael?

-Uy, a mí no me tiene que gustar, sino a Cinta.

-No decimos como novio, mujer, que eso no va a pasar,

sino como compañero artístico.

A ver, no es vizcaíno, que es lo que me hubiera gustado a mí,

pero es buen mozo y besa el suelo por donde pisa Cinta.

Como su Jose besa por el suyo, doña Bellita.

-Por fin alguien se da cuenta.

-Bueno, si se acercan demasiao, avísame, ¿eh?

Que no estoy dispuesta a permitirlo.

Hay cosas que no va a impedir un "indartsua" por muy forzudo que sea.

Señora, a lo que venía, ¿usted va a dormir hoy fuera o no?

-Hija, pues no sé.

-Podría quedarse en su cama, calentita,

que los gritos nunca han hecho bien a nadie.

Lo digo por prepararle el caldo o no, que me da miedo que se enferme.

-Niña, ¿cómo se dice idiota en tu pueblo, Arantxa?

-De muchas maneras: artaburo, por ejemplo.

-Pues eso, que no me apetece ver a la "artaburra" esa de Felicia.

Ahí se queda.

-Ay, ay.

¿No hay suizos? -Buenos días.

-He pasado toda la noche en la calle, no estoy para reproches.

Pásame la tetera. -Buenos días.

-¿Dice algo el periódico del Banco Americano?

-Buenos días. -Sí, sí, buenos días.

¿Hasta cuándo vas a seguir así? -Hasta que tú sigas así,

sin ver más allá de la punta de tu nariz y tus caprichos.

-¡¿No hay suizos?! -Le dije a Casilda que no trajera.

-¿Por qué?

-Porque no tenemos dinero,

hay que controlar gastos, y los suizos no son una necesidad.

-Me gustan.

-Come pan, que está muy rico

y, si le pones un poco de aceite de oliva, es manjar de dioses.

-¿Y vamos a prescindir de muchas más cosas?

-De todas las accesorias, al menos hasta que...

se aclare la situación de las inversiones.

Le he dicho a Casilda que hoy comeremos lentejas.

-¿Lentejas? -Sí, están muy buenas

y tienen mucho hierro. Y te voy a decir una cosa,

me gustan más que la mitad de los platos franceses que comemos.

Casilda ha comprado un chorizo que le va a dar un sabor extraordinario.

-Chorizo. Parecemos pobres.

-No lo parecemos, lo somos.

Por cierto, no me gustó nada cómo trataste a mi tía.

Le llamaste verdulera.

No sé qué te pasa,

pero discutes con todo el mundo.

Quizá no sean los demás los que tienen siempre la culpa.

-Le estás dando la razón a tu tía.

-Me da igual quién tenga razón.

Solo sé que estás echando de tu lado a todo el mundo.

Tú verás lo que haces. -Tal vez, si...

tú te ocuparas de algo y no tuviera que hacerlo todo yo.

-Estás insoportable. Me voy a leer al despacho.

(Llaman)

Yo voy.

Pase, tieta, pase.

-Rosina, no podemos seguir así,

tenemos que hacer las paces.

(SE QUEJA)

Fabiana. -Buenas.

Uy, don Ramón, ¿qué hace comiendo eso?

-¿Está envenenado?

-No, para na,

pero entonces no va a comer mi bizcocho, que sé que le embelesa.

-Me embelesa no, me apasiona, ya lo sabes. Pasa, anda.

-Cuando me enteré de que había vuelto,

pensé en hacérselo pal desayuno hoy.

-Qué buenas ideas tienes, Fabiana.

¿Quieres un trocito?

-Pues... se lo aceptaré por no hacerle un feo.

-Pues siéntate, que hoy eres mi invitada oficial a desayunar.

Me pone más contento que si tuviera delante a la reina.

-Uy, más años que esa señora tengo yo.

Don Ramón,

qué alegría verle tan bien.

Cuando me dijeron que había sufrido un accidente,

me lo imaginé más afectao.

-Pues la cosa no ha sido de poca enjundia, no se crea,

que el coche quedó hecho una piltrafa.

-Es uste más duro que muchos jovenzuelos.

-Sí, un caballero español de los de antes

hecho de acero de los altos hornos.

Pues por ayudar

al acero español,

yo voy a encender una vela a la virgen pa que se cure del todo.

-Te lo agradezco.

-Y pídele que me quite el dolor del brazo, que no se me va.

-Pierda cuidado, que lo haré.

Pero ¿por qué se ha levantao uste tan temprano?

Debería estar descansando. -La costumbre.

Y que a quien madruga, Dios le ayuda, ya sabe.

-Desde la cocina he olido su bizcocho de limón, Fabiana.

-Pues nada, Carmen,

siéntese y tome un trozo, que he hecho pa un regimiento.

-Qué buena pinta tiene.

-Os dejo a las dos a solas, Carmen.

Voy a vestirme, que ya son horas.

-Ramón. -Ay.

-Perdón.

Te he dejado unos gemelos en la cómoda de tu alcoba.

Pero no he encontrado los que llevabas puestos en el accidente.

-Me temo que esos ya no los vamos a volver a ver.

-Muchas gracias por el bizcocho, Fabiana.

-Gracias las que uste tiene, don Ramón.

Ah. Y ahora le digo a Marcelina que le suba los periódicos.

-Gracias.

-Ay, Carmen, menos mal que lo ha encontrao.

-Lo que sufrí cuando me dijeron que estaba en el hospital,

no me llegaba la camisa al cuerpo.

-Ya me imagino, sí.

-Hasta pensé que no llegaba y que lo perdía.

-Albricias que no ha sido así.

Y, ahora, dígame, ¿pa cuándo la pedía de mano?

Porque se ve que uste va a decir que sí.

-Tal y como está Acacias ahora,...

me temo que vamos a tener que esperar.

Claro que sí, claro que quiero,

estamos enamorados como dos tortolitos.

-Eso es lo importante, que ustedes dos sean felices.

-Así es, Fabiana.

Y ahora, a comer bizcocho, como en el altillo.

-Con la mano. -(RÍEN)

No hace falta que nos digamos nada,

ni pedirnos perdón,

si somos amigas desde hace más de veinte años.

-De treinta.

-Treinta. Eso nos hace mayores.

-Somos mayores, Rosina.

-Pero no se nos nota.

¿Pan? -¿No hay suizos?

-No.

Tu sobrino ha decidido que ya no se comen suizos en esta casa,

es un gasto innecesario.

-El chocolate del loro es ahorrar en suizos.

-Está insoportable tu sobrino. Protesta por todo.

Como si él no fuera el culpable de esta situación.

-Rosina,... yo me acuerdo de lo mucho que presionamos

para meter el dinero en el Banco Americano.

-¿La culpa es mía?

-Es de todos.

Y he visto lo molesto que está Liberto contigo.

Como le sigas atosigando...

-¿Qué?

-Que te puedes quedar sin marido como te has quedado sin dinero.

Tú verás hasta dónde aprietas.

-¿Me estás diciendo... ¿Tú crees que Liberto me dejaría?

-Me extrañaría que no lo hubiera pensado ya.

-Tienes razón. En esta situación...

Me imagino viviendo otra vez con privaciones,

que me entra una rabia que arremeto contra todo.

¡No puedo, no puedo! -Rosina, todas hemos pasado

épocas mejores y peores.

Pero Liberto tiene rentas, no vas a acabar en la calle.

-Yo sé lo que es comer sopas de ajo con pan duro.

Tú no sabes lo que es eso.

-Pero sé lo que es estar sola.

Ten cuidado, Rosina.

-¿Crees que ya lo he perdido?

-Liberto te adora,

tonta, pero no sé cuánto tiempo va a soportar esta situación.

-Tenemos que recuperar el dinero y todo volverá a ser como antes.

Tenemos que seguir luchando.

-Dicen las criadas que Ramón ha vuelto al barrio.

Igual él sabe cómo hacerlo.

-Claro. Vamos a verle. Él es un hombre muy sensato.

Vamos a pedirle consejo. -Eso es, vamos.

-Bueno, y de paso a por unos suizos. -Preciso.

¿Qué quiere?

Me han dicho que actuó con Rafael.

¿Hacemos una fiesta porque usted lo sepa?

¿Por qué se ha asociado con un estafador?

Porque resulta ser guitarrista, honrado y talentoso.

Y mentiroso. Mintió por una buena razón.

¿Cuál, engañarla?

Estar cerca de mí.

Y eso le gusta.

Me gusta que alguien se esfuerce por enamorarme,

cosa que ya es más de lo que usted ha hecho.

Buenos días.

Emilio.

Deja de pensar en Cinta. Has hecho lo mejor que podías hacer.

-¿Aunque no pueda olvidarla?

-A veces en la vida hay que tomar decisiones que no apetecen,

la madurez es eso, aceptar la realidad y hacer lo que uno debe.

-No sé si lo que debo es renunciar.

-No debes pensar en tu propia satisfacción,

sino en el bienestar de los tuyos.

Es lo mejor para todos,... incluida Cinta.

No te crees falsas ilusiones.

-Pero ¿por qué me ha tocado a mí? -No te quejes.

Que yo sepa, los hay que están mucho peor que tú.

Nunca te he visto pasarlo mal,

mendigar por las calles o sufrir fuertes dolores.

Eres un privilegiado y debes estar a la altura.

-Buenos días. -Buenos días.

-¿Está Camino? -No. Ha salido a dar un paseo

y a coger cosas del mercado.

-Le he traído un regalo. -¿Ah, sí?

-Es un libro de signos.

Con eso aprenderemos todos a comunicarnos con ella.

-Aunque ella aprenda a usarlo, los demás tendrán que aprenderlo.

-Yo creo que todos podemos esforzarnos, sobre todo nosotros.

Y también alguna de las criadas.

Lo único que hace falta es plantearlo como si fuera un juego.

-Gracias. Interesante. Luego se lo daré.

-Volveré luego a hablar con ella. Con Dios.

-Este hombre acabará descubriendo algo.

-No te preocupes, hijo.

La mayor prueba de que no sospecha que Camino puede hablar,

es que haya traído este libro. Voy a salir.

¡Cesáreo!

-Buenos días. ¿Ocurre algo?

El cubo de la basura,

que me lo encuentro todas las mañanas en la calle.

¿Y qué quiere, que lo recoja yo?

No, hombre, no, que me dejan to hecho un cochiquero.

Tie que ser un mendigo.

-Pues estos días no puedo vigilar,

que bastante tengo con la acampada

enfrente de la casa del señor Suñol. -Al paso que vamos,

muchos señores se van a quedar de patitas en la calle.

-Y nosotros detrás.

-Qué va. Si no están estos señores, estarán otros.

Y nosotros a obedecer, como siempre. El problema lo tiene ellos,

no les veo cuidando ovejas.

-Ni yo.

A alguno le va a costar hasta encontrar pan para comer.

-Con Dios. -Con Dios.

-Eh, Servando, venga.

¿Qué lleva ahí?

-Cosas que se les olvida a los huéspedes

en las habitaciones de la pensión.

-Basura... -¿Basura?

Aquí hay cosas de mucho valor.

Fíjese.

Mire, mire, fíjese,

fíjese usted qué chaqueta.

Fíjese qué maravilla. Yo creo que es tu talla, Jacinto.

A ver, sujete esto, haga el favor.

Esto ahí. Ayúdeme.

Esto pa'ca.

Esto también.

A ver.

Pero fíjate, fíjate. Es que... pasarías...

por el mismísimo embajador de Italia.

-Pues...

Que estoy hecho un dandi.

-Si te ve Marcelina, cae rendida.

-¿Sí?

¿Me la regala?

-Te la vendo. -Qué feo, Servando.

-Más feo es usted.

Pienso vender todo lo de la caja.

Dos duros y es tuya.

-¿Dos duros por una chaqueta vieja? -Uno y me está estafando.

-Trato hecho.

Bueno, tengo por aquí...

Para usted tengo una cosa, Cesáreo.

Pero una maravi...

Fíjese usted, fíjese usted,

fíjese usted qué elegancia,

qué prestancia, qué saber estar...

Tres duros y es suya.

-Me queda bien. Pero no sé dónde me la iba a poner.

-En bailes, fiestas, verbenas...

-No pienso tirar tres duros.

-Pienso vender todo lo que hay en esta caja. Con Dios.

(CHISTA) Eh, Servando, el blusón.

-El duro.

Aquí tiene, señor Lobera.

Y unos bombones cortesía de la casa.

-Buenas, Fabiana.

Veníamos a ver si tenía noticias de don Ramón.

-¿Don Ramón?

-Lo mejor será que le pregunten a Lolita.

Pero yo le vi bien.

Don Ramón está cansado y tiene mucho dolor en un brazo,

pero está bien. -¿Carmen lo encontró en un hospital?

-Sí, tuvo un accidente en un coche.

-No me extraña, deberían prohibirlos.

-¿Dijo algo del banco?

-A mí no. Pero no sé si ellos hablaron antes a solas.

Antoñito ha perdío hasta la camisa.

-No sé qué va a ser de este barrio.

Nos hemos dejado llevar por la codicia.

-Tú fuiste justamente una de las primeras que se hizo

el cuento de la lechera.

Qué suerte tenéis los pobres, Fabiana, que no vais a perder nada.

-La teníamos y la tenemos.

Pero ya ve usted, al final, todos igualaos,

nos encontramos al final del camino.

-Para nosotras es mucho peor, Fabiana, pero mucho peor.

-El que nunca ha tenido nada, nada echa de menos.

Tenemos que hablar con don Ramón, igual puede aconsejarnos.

-Eso habíamos pensado.

-Bueno, pues...

vayan ustedes, que yo tengo mucha faena.

Eso sí, si le soy sincera, yo esperaría que él saliera a la calle,

porque lo mismo las echa.

¿Quieren un bomboncito?

-No, gracias, ya hemos desayunado.

Quién me iba a decir a mí que Fabiana iba a estar mejor que yo,

tiene bombones, y seguro que hasta suizos.

-Yo no sé qué voy a hacer, debo dinero hasta a los proveedores.

He despedido a la mujer que contraté

para sustituir a Úrsula. -¿Y cómo se apaña?

-Bueno, Camino se está portando como una hija perfecta,

me está ayudando hasta en la cocina.

-No nos llore, que todas estamos por un estilo.

-"Bom dia". (HABLA EN PORTUGUÉS)

-¿Qué ha dicho?

-"Pasamá".

-A ver si te aprendes bien los nombres de todas.

Yo soy Susana, viuda de Séler.

Y ella es mi amiga Rosina Rubio. -De Méndez Aspe, viuda de Hidalgo.

-Un placer. -Y ella es

Felicia Pasamar.

-¿Para qué me busca? -Quería la receta de la sopa

de "cebola" para don Felipe.

-¿Que quieres qué para don Felipe?

-"Cebola", sopa de "cebola". "Cebola".

-Ah, que quiere la receta de la sopa de cebolla para don Felipe.

-Cebolla.

-Mira, bonita, mi restaurante es un negocio del que vive

toda una familia, si tu patrono quiere mi sopa de cebolla,

que venga a mi restaurante y yo se la sirvo.

-No se ha enterado de nada.

-Que no, que no hay receta de cebolla, de cebollo ni de nada.

-"Bom dia".

-"Bom dia".

-Tendrá cara. La receta de la sopa de cebolla.

-Qué oscura es.

-Y guapa.

Es guapa, guapa.

-Bueno, para quien le gusten otras razas.

-Bueno.

(SE QUEJA)

-¿Le ayudo, don Ramón? -No es necesario, Marcelina,

gracias. Este hombro me está matando.

-Además del periódico, le he traído una revista masculina

que se llevan muchos clientes. -¿De moda?

-De sport. Habla sobre todo del balompié.

-Jamás entenderé este juego. -Pues tiene muchos aficionaos.

Usted la lee y luego me la devuelve. -Muchas gracias.

-Y si necesita algún recao, mande a mi Jacinto.

-Te lo agradezco. -Me voy pa el quiosco,

que he dejao a la chica atendiendo, y ya sabe, el ojo del amo

engorda el ganao. Con Dios.

-Con Dios.

-Marcelina. -¿Sí?

-¿Qué haces aquí? -Le traje el periódico a don Ramón.

-¿Está en casa? -Sí, sí, pase, pase.

-Con Dios. -Con Dios.

-¿Se puede? -Adelante, Felipe.

-¿Cómo se encuentra el desaparecido?

-No se ría usted de mí, que a punto he estado de no contarlo.

Tome, tome asiento.

-Celebro que esté de vuelta. -Muchas gracias.

-¿Para qué me ha citado?

-Voy a contarle todo lo que he descubierto.

Le ruego...

la máxima discreción. -Usted dirá.

Buenos días, don Liberto. Buenos días.

Al verle tan meditabundo, parece que se le hubiera caído

el mundo encima. ¿Y no le parece que ha sido así?

Lo sucedido ha sido un golpe, desde luego,

pero la vida está compuesta por muchas otras cosas.

Sí, sí.

Por muchas otras cosas que cuestan un dinero que no tenemos.

Hay que seguir en la lucha.

Aunque el sinvergüenza de Suñol no atienda a las protestas,

acabarán haciendo mella en él.

Yo creo que está haciendo más mella en nosotros que en él.

Fíjese sino la poca gente que queda.

Hay mucho cansancio.

Supongo que eso nos lleva también a discusiones innecesarias.

¿Ese es su caso? Porque acaba de describir

lo que ocurre en mi hogar.

Doña Rosina. Sí.

Está con los nervios a flor de piel.

Supongo que le dará pavor pensar en no recuperar el dinero.

¿Y a usted no?

Sí. Sí, claro que sí, pero yo he sido rica y he sido pobre,

y sé que ni lo uno ni lo otro dura eternamente.

Yo le reconozco que nunca he sido pobre.

Durante mi infancia me faltaron muchas cosas,

pero nunca me faltó el cariño de mis padres,

y le aseguro que lo prefiero.

No hay nada que recuerde con más nostalgia que la noche de Reyes,

cuando recibía muñecas de trapo hechas por mi madre.

Le aseguro que eran mejores que cualquier muñeca de porcelana

que reciban las princesas.

Es muy bonito eso que dice.

La vida es bonita,...

si uno sabe adaptarse a lo que viene.

Lo más importante es mirar a la persona

con la que estás a los ojos y descubrir su afecto,

demostrarle que es lo que más importa

en el mundo entero.

Desde luego, sabe hacer que alguien se sienta bien.

Hágame caso, Liberto, el dinero está muy bien,

pero hay muchas otras cosas que deberían concentrar

nuestra atención.

Y no olvide que lo más importante es el amor.

Si doña Rosina no se da cuenta, tiene un problema,

pero usted no se deje llevar por eso.

¿Le ocurre algo? No.

Es solo que Carmen no parece muy preocupada

por la desaparición de don Ramón, me extraña.

Don Ramón ha reaparecido, ¿no lo sabía?

No, no lo sabía, no. Ah, sí, tuvo un accidente,

pero regresó ayer.

Y al parecer, con solo dolor en el brazo.

Cómo me alegro por él.

Buenos días. -Buenos días.

Buenos días. ¿Cómo se encuentra don Ramón?

-Pues mejor, dentro de lo que cabe.

Dele mis mejores deseos para que se recupere.

Y, por supuesto, si necesitan cualquier cosa, aquí estamos.

Muchas gracias. Yo se lo diré de su parte.

Si me perdonan,...

con Dios. -Con Dios.

Con Dios.

Yo también me marcho. Me ha gustado mucho verle.

No. Genoveva, por favor, el gusto ha sido mío.

Y espero que podamos mantener muchas más charlas como esta.

Será un placer.

-Eso es, Camino, ahí, con fuerza.

Con firmeza. Eso es, eso. Bien.

Bien. Bien.

-¡Arrea!

¡Madre mía, Camino!

Como vengan los ladrones, lo van a pasar requetemal.

-Estás aprendiendo muy rápido, Camino.

Lo dejamos por hoy, que no quiero llevarme una paliza.

Bueno, os he traído un libro de señas.

Vamos, sentémonos a estudiar.

-Eh...

Cesáreo, pero... ¿cómo vamos a estudiar si...

yo no sé leer?

-No hace falta, son señas,

con esto podremos comunicarnos con Camino.

Bueno, vamos a empezar por lo más fácil.

¿Cómo se dice "yo"?.

Bien.

"Yo quiero".

Bien. Quiero.

Eso es.

Comer.

-Pero, Cesáreo, esto es muy fácil.

Miren, ya sé cómo se puede decir "quiero comer pollo asao".

-¿Sí, cómo?

Yo...

(IMITA A UN POLLO)

-Ese pollo está muy vivo, te lo van a servir muy crudo.

Mejor que no he dicho pulpo. -Ah, pues mire.

Uy, que te doy con un tentáculo.

-Si cree que el accidente no fue fortuito,

eso significa que tiene una sospecha de quién puede estar tras él.

-Claro. Solo puede esconderse detrás la mano del señor Bryce.

-Don Ramón, eso es una acusación muy grave.

-Lo sé,...

por eso no la hago en público.

Y le pido discreción y sigilo

absolutos.

-Los acontecimientos han demostrado que usted tenía razón

en sus reservas, respecto a la inversión que propiciaba ese hombre.

Y no es un riesgo que ha salido mal,

sino que él lo sabía. -Con absoluta seguridad.

-¿Qué podría tener don Alfredo contra los vecinos de Acacias?

-No sé, pero lo demostraremos.

-Pero... ¿una inquina tan grande como para atentar contra su vida?

-A las pruebas me remito,... y me temo que no va a parar ahí.

Temo por mí, Felipe, por mi familia, hasta por mi pequeña Milagros

en París.

-Hasta los criminales más abyectos suelen respetar a las familias,

y más a los niños pequeños. -Eso era en nuestro viejo mundo,

ahora los criminales más abyectos no respetan nada.

Falta por ver si ese señor Bryce está dentro de esa categoría.

-¿Y bien, qué podemos hacer?

-Buscar más información.

-Está bien, estudiaré todos los recursos legales

que podemos utilizar contra él. -Correcto.

Yo volveré a hablar con mi contacto del Ministerio,

a ver si podemos probar que actuó de mala fe.

-Sería importante tener pruebas de eso.

-Lo importante...

es que él no piense que estamos sospechando.

No podemos dar ningún paso en falso que le alerte,

hasta que podamos hacerle pagar por todo el perjuicio que ha causado.

-Don Ramón,...

no olvide proteger a su familia.

-No dejo de pensar en ello.

-Ramón Palacios, vivo.

Es imposible. Di órdenes muy precisas.

Estoy segura,

acabo de ver a Carmen feliz y contenta por la calle.

He hablado con ella y me lo ha confirmado.

Y no solo vivo, ha regresado a Acacias.

Está visto que uno tiene que hacerlo todo con sus propias manos.

Esos hombres que tenían que matarlo van a pagar por ello.

Tenemos que impedir que Ramón nos perjudique.

¿Esa mujer se ha dado cuenta de tu sorpresa?

No, creo que no.

Le he ofrecido nuestra ayuda y no parece haber sospechado.

O eso es tan buena actriz como yo.

No te confíes,

tenemos que saber lo que ha averiguado ese hombre.

Voy a ponerme en contacto con esos esbirros.

No pienso permitir ni una más.

¿Ha informado a don Alfredo?

Sí.

Parece que Ramón Palacios es invencible.

Como mucho tendrá siete vidas, y ya ha dejado unas cuantas

en el camino.

La próxima vez no tendrá tanta suerte.

¿Qué sugiere?

Don Ramón ha de morir antes de reponerse

y hacer daño con lo que haya descubierto.

Ordenar matarlo.

¿Otra vez? Esa orden ya está dada,

solo falta que se cumpla.

Quizá tenga razón. Gracias, Úrsula.

Retírese.

-"Yo estaba saludando"

a un vecino y vi a doña Genoveva

hablando con don Liberto, noté que ella me miraba extrañada,

entonces me acerqué a ellos. -¿Y te dijo algo?

-No, los dos me preguntaron por Ramón, nada más.

Ella incluso se ofreció para lo que pudiera hacer falta.

-¿No te dio la impresión de que supiera algo sobre mi accidente?

-La verdad es que no. -O disimuló muy bien.

-Tal vez no sepa nada de lo que ha hecho Alfredo.

-Que no sepa nada...

todo es posible, pero se me hace extraño.

-De verdad, yo creo que es una buena mujer, suegro.

Que no es como las demás, que les da igual lo que sufran los demás.

-Cariño, eso lo dices porque te has hecho amiga suya,

pero yo no me fiaría.

Además, fue precisamente ella quien trajo a Alfredo Bryce a este barrio.

-Eso es verdad, Lolita.

Sin ella, ese hombre nunca hubiera aparecido por aquí.

-Es una mujer, además, mucho más turbia de lo que parece.

-¿Por qué dices eso?

-Porque sí, me da como un pálpito.

-Bueno, en cualquier caso, estuviera implicada o no,

hiciste bien en no demostrar alarma, Carmen.

-Al menos lo intenté.

De saber que podía hacerte daño... le hubiera arrancado los ojos.

-Templa,

ninguno de nosotros somos como esos que han intentado matarme.

Ese hombre sabe de sobra que estoy vivo y que he vuelto al barrio,

apuesto lo que sea a que en breve va a mover ficha.

-¿Y qué cree que va a hacer? -Impedir que confirme

mis sospechas.

O impedir que hable en caso de pensar que ya lo sé todo.

-Entonces, está usted en peligro, suegro.

-Todos lo estamos,

así que, os ruego que tengáis cuidado.

Si ha intentado matarme, puede intentarlo

con cualquiera de vosotros. -Lo mejor sería alejarse de él,

podría ser un buen momento para visitar a María Luisa

y a Milagros en París.

-Si nosotros huimos, ningún vecino de Acacias va a recuperar su dinero.

-Pero eso no significa que usted deba sacrificarse.

-¿Y permitir que un canalla triunfe?

No, ese no es mi estilo.

Mi estilo es dar la cara.

-Bien dicho, suegro. -Ay.

-Ay, perdón, perdón.

-¿Saben ya qué van a tomar?

¿Me disculpan un segundo?

Cinta. Cinta.

¿No me puede dejar tranquila?

Necesito hablar con usted. Y yo necesito ser libre,

y entrar y salir de mi casa sin que me agobie el mozo.

Entiendo que trate de ofenderme,...

pero tiene que hacerme caso, por favor.

Emilio, se lo he dicho una y otra vez:

no quiero saber nada de usted.

Me parece un cobarde que no es capaz de desobedecer a su madre.

No me interesa lo que tenga que decirme.

No soy ningún cobarde.

No es lo que demuestra.

No dejé de estar con usted por cobardía, ni por mi madre,...

hay otro motivo que nadie sabe, un motivo que me obliga y atenaza,

uno que nadie conoce. ¿Qué motivo?

-Emilio.

-Ahora no se lo puedo contar, no tenemos tiempo.

No tengo prisa ninguna.

Le avisaré cuando pueda escaparme y podamos hablar.

¿Estará dispuesta?

Puede que sí o puede que no,

no estoy para cuando usted lo desee.

Recuerde que no soy nada suyo.

-Emilio, no me gusta que hables con ella, ya lo sabes.

-No he podido evitarlo, madre, fue ella quien me abordó.

Quería saber las causas de su discusión con doña Bellita.

-Lo que faltaba, que tuviera que dar explicaciones a esa gente.

Ve a atender a esos clientes, esa es tu obligación.

-¿Quiere que le ayude con los panes? ¿Hay que cortarlos?

No hace falta, doña Susana,...

mientras llegan los mozos para llevarse la sopa, yo me encargo.

Huele que alimenta.

Lleva de todo: cebolla, zanahoria, pimiento, puerro,

carne de vaca

y vino tinto del bueno.

Va a ser la primera acampada de España

en la que se cene "boeuf bourguignon".

Vamos, estofado de carne de toda la vida.

Son órdenes de doña Genoveva.

Dice que los ánimos de los asistentes a las protestas

están decayendo y, cree que lo mejor para alentarlos

es servirles una buena cena.

Y no le falta razón, lo que no quita para que sea una cena muy generosa.

No crea que lleva carne de tercera,

la mejor que había en el mercado.

Doña Susana, qué sorpresa verla por aquí.

He venido atraída por el aroma del guiso.

Hasta el salón me ha llegado a mí.

Úrsula, cuando se pone, cocina como los ángeles.

No es mérito mío.

Cuando los ingredientes son buenos, es normal que salga bueno.

Y a quién hay que agradecerle esos buenos ingredientes es a usted.

Soy una más en las protestas.

Sé que los vecinos están cansados

y seguro que este guiso les da fuerzas.

Es verdad, este guiso y las oraciones

para la solución de los problemas, que cada acción

tendrá su recompensa.

Doña Susana, yo sé que usted es una mujer de fuertes creencias,

y muchas veces me fijo en su valor para darme cuenta

que todo esto es una prueba que nos envía el Señor.

Sabremos superarla,

no tenga ninguna duda de que usted es mi guía.

Me alegra lo que dice,...

y celebro significar tanto para usted.

Y para muchas, doña Susana.

Y ahora, lamento no poder quedarme charlando con usted,

tengo asuntos que atender. Claro.

A más ver, Úrsula. Con Dios.

(RÍE)

Se ha ido orgullosa como un pavo real.

Es tan fácil conquistar a la gente cuando les dices

lo que quieren oír. Y son tan superficiales.

Así son los que lo han tenido todo en la vida.

Tanta fe en Dios, para darse cuenta de que no recuperará

ese dinero que se le ha esfumado.

Pasará sus últimos días...

pobre y atea.

Hace mucho que perdí la fe en que Dios nos ayuda.

Yo nunca la tuve, desde pequeña supe que el mundo

era una selva y que tendría que valerme por mí misma,

sin ayuda del Altísimo.

Lo ha hecho usted muy bien, verdaderamente muy bien.

Sí,...

pero viéndola a usted, me doy cuenta de que nunca

se puede bajar la guardia.

Antes era la señora de esta casa y ahora es la criada.

Apreciada, pero criada.

Yo solo he sufrido desprecio en toda mi vida.

Usted tiene la virtud de hacer que la amen.

No se verá como yo.

Es cierto que huele bien, se pelearán para repetir.

¿Sabe qué estaba pensando antes?

Con esta cena...

podríamos envenenar a todo el barrio.

Harían cola para morirse.

Es usted muy compasiva.

¿Compasiva?

Matarles sería acabar con su sufrimiento.

Sufren los vivos, no los muertos, no lo olvide.

Prima, ven, te voy a enseñar los días de la semana con signos, mira.

El lunes.

El martes.

El miércoles. -Yo una vez

me los aprendí en inglés. Domingo era "sunday",

lunes, "monday", martes... "thursday"

y de los demás no me acuerdo.

-"Sunday".

Pos lo mismo que me aprendo los días de la semana con signos,

también me los puedo aprender en inglés, ¿eh, prima?

-¿Y eso pa qué?

En el barrio hay una muda, pero ingleses no hay ninguno.

A mí nunca me ha servío pa na saber los días.

-Hombre, es que solo te sabes tres, Marcelina.

Tampoco me hubiese servío pa na saberlos tos,

que pal partío que se le saca a lo que se aprende.

Y si no, mira las señoras:

saben leer, escribir, francés,

y no han fregao una escalera en su vida.

Y ahora son más pobres que nosotras.

-A ver,...

se pensaban que iban a ganar una milloná con lo del banco

y, al final, se han quedao en la ruina.

-En na y menos hay alguna desfilando por la calle

en busca de alguna casa más barata.

-Quiera Dios que esa no sea doña Rosina.

De ser así, la que va detrás... soy yo.

-No pienses más en eso, prima.

Lo importante es que la señá Agustina está mejor

y que dentro de poco podrá dar un paseo por el parque.

-Pa chasco que sí. -A ver, atención, atención,

abran paso, abran paso, que vendo objetos de gran valor.

Señoritas, que me los quitan de las manos.

Aquí tenemos un despertador parado,

pero que da la hora buena dos veces al día.

La... estampita

de no sé qué Virgen es, pero hace unos milagros como soles.

Bueno, una percha.

Esta percha que probablemente estuvo aquí el vestido

de alguna reina, y bueno,

aquí tenemos un portarretratos de hoja de lata

para que pongan ustedes el retrato de su ser más querido.

-Vale ya, que no queremos na de to eso.

-Pues mucho peor para ustedes, porque se pierden esto.

La chistera, el sombrero de copa más elegante

del reino.

¿Eh? -¿Uy?

-¿Qué es esto?

Esto no estaba aquí.

-Ande, no trate de engañarnos, que seremos ignorantes,

pero no nos chupamos el dedo.

Es un sombrero...

(Se sorprenden)

-Ay.

-Un sombrero mágico.

-Hala.

-Por lo visto, ha venido el chófer a buscarle,

a ver si tenemos suerte y da la cara el sinvergüenza del banquero.

Tenga usted. ¿Ha comido ya, Felicia?

Me da apuro, yo puedo acercarme al restaurante y comer algo,

hay otros que lo necesitan más. No se inquiete,

hay suficiente para todos. Así me dice si le falta algo.

Gracias.

Camino, prueba el guiso.

¿Eso significa "gracias"?

Es el único signo que me sé.

Doña Susana, ¿le pongo? Sí, que ya sé cómo huele,

pero quiero saber ahora si está rico.

Lo he probado y no está rico,

está riquísimo.

¿Le importa seguir sirviendo a usted? Gracias.

¿Trae huevos duros? Hoy tenemos cena bien rica:

un guiso de carne. -Son frescos,

aunque me encantaría que estuvieran podridos,

porque son para echárselos a la cabeza a Suñol.

-Espero que la convenza para comportarse civilizadamente.

Haga caso y no use la violencia, que al final será peor para todos.

Son huevos para tirarle al ladrón ese, ¿no?

Espero que me deje arrojarle alguno.

-Si tiene puntería, coja, coja. -Traiga la munición.

Señoras, por favor. Rosina, te prohíbo

que arrojes un solo huevo, ¿me oyes? -Sí, querido.

¡Ahí está!

(Abucheos)

(Griterío)

-¡Ladrón! -¡Sinvergüenza!

-Rosina, por favor.

-¡Ah! -¡Ha sido la flamenca!

-¡Ladrón!

-¡Ladrón! -¡Ladrón!

(Silbatos)

-Por ahí. ¡A ella!

-¿Detenida yo? Ay, por la Virgen de Gracia,

de Cinta y... Yo no he hecho nada,

no le he tirado huevos a nadie, si no tengo puntería.

-Fue ella, que yo lo vi.

Le acertó al consejero Suñol, como si no hubiera hecho otra cosa

en su vida. ¡Harpía!

-¡Mentirosa! Así te salga un sarpullido,

¡embustera! -¿Ha dicho algo o no?

Hay un motivo que no le deja soltarse conmigo.

¿Qué motivo?

O desmontamos esto o nos van a llevar a todos

arrestados. No, eso no pueden hacerlo,

necesitan una orden. Eso dígaselo usted,

han sido muy tajantes.

-Solo ejercemos la libertad de expresión y reunión.

Me temo que la protesta ha terminado.

Tenemos que sacar a madre de esa sucia comisaría ya.

Necesito su documentación y la mía para reclamarla.

Juro que se la arrancaré de las manos a esas fieras.

Al ser la cabecilla de la protesta, no solo podía cubrirnos,

sino que podía dirigir sus ánimos más fácilmente.

Hay una noticia que no es tan mala.

-¿Por qué no contamos que Alfredo Bryce

no es más que un vulgar timador?

-Ojalá podamos hacerlo pronto. -Eliminar a Palacios tenía sentido

cuando no había contado lo que sabe.

Antes de actuar a ciegas, deberíamos averiguar qué sabe.

Buenos días, Lolita. Buenos días, doña Genoveva.

Pase, pase.

¿Van a presentar cargos contra ella?

Tiene toda la pinta.

Piden una fianza para sacarla del calabozo.

(CANTA)

-Quería hablarle de...

de las razones... ¿Por las que me dio calabazas?

Hable de una vez o me largo.

Deberíamos pensar en apretarnos el cinturón.

Ya estoy empezando a mentalizarme en pasar estrecheces.

Buenos días.

Qué mujer.

-Demasiado para usted.

-¿Cree que don Alfredo sabía de la situación de su banco?

Puede que Úrsula tenga razón y tengamos que acabar con Ramón.

Yo podría encargarme.

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Acacias 38 - Capítulo 1032

12 jun 2019

Rosina comparte con Susana sus temores de perder a Liberto y quedar en la ruina.
Servando vende los trastos viejos que la gente se va dejando en la pensión, donde encuentra un sombrero mágico.
Emilio intenta hablar con Cinta, pero no lo consigue. El joven llama la atención de la muchacha diciendo que debe confesarle la verdad de por qué no puede estar con ella.
En plena protesta vecinal Bellita aprovecha para lanzar huevos contra Felicia.
Ramón comparte sus indagaciones sobre el Banco Americano con su familia y Felipe. El abogado recomienda no dar ningún paso por el momento.
Genoveva descubre que su plan contra Ramón no ha funcionado y que sigue vivo.

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  1. carmela

    Úrsula me marea, unos días mala, otros días buena, y así siempre con el rin,,,ran... ¡¡¡A la excelente actriz Montserrat Alcoverro, Felicitaciones!!!

    pasado domingo
  2. Mabi

    Al fin se descubrirá a alguien en Acacias? Será éste un duelo de titanes, entre Palacios y Brise? Entre Carmen y Genoveva? Volverá Antoñito a liarla ( meter la pata) o ésta vez acatará las órdenes, Ya no pedidos de su padre? Rosina dejará de tratar a Liberto como a su criado en vez de cómo a marido? Muchas preguntas... Habrá respuestas????

    pasado jueves
  3. nelida rocca picone

    pRECIOSA TELENOVELA..... PERO LA PARTE NUEVA FUERON LOS ULTIMOS 20 MINUTOS, PORQUE SE REPITE TANTO AL COMIENZO....QUE PENA.-----------FELICITACIONES A TODOS LOS ACTORES SON MUY BUENOS !!!!

    pasado miércoles
  4. Manuela Carmona

    Le dice Úrsula a Genoveva "podemos envenenar el guiso de carne y matar a medio barrio". No sabía yo que en aquella época era tan fácil matar y seguro que si lo consiguen no les pasa nada (en la serie claro está). Que grande Manuel Banderas (José) que pedazo de actor, me encanta en realidad los Domínguez ponen ese toquecito gracioso a la serie. Un saludo desde un precioso pueblo de Sevilla

    pasado miércoles