www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5272087
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1030 - ver ahora
Transcripción completa

Si nos movilizamos forzaremos a los políticos.

No pararemos hasta que el Banco de España meta dinero

en el Americano.

¡Acacias en la calle, aquí no hay quien se calle!

A ver si Oswaldo puede prepararme algo en Buenos Aires

y así regresamos con dinerito en los bolsillos.

-Anular tu gira calló allí como un jarro de agua fría.

-El telegrama procedía de un pueblo llamado Frías.

-¿De quién se trata? -Silverio Santana. ¿Te suena?

-Fue por el que preguntó Ramón.

¿Por qué no me dejan actuar? Con el dinero que gane,

podemos sacar la cabeza del bache. ¿Y quién convence a tu madre?

Me voy a Frías a ver qué saben.

-Puede ser un viaje muy peligroso. -No me da miedo hacerlo.

-Han traído esto.

Viene con una nota para Cinta.

Es de Emilio.

Al que gane, los demás le tienen que hacer sus tareas.

-Aceptamos la apuesta.

He de buscar nueva criada a don Felipe.

Eso no es un encargo baladí.

No tarde en llevarle buenas candidatas para que elija.

No hemos hecho ni una baza. Tendremos que hacerle las tareas.

Vengo a devolverle esto.

Solo trataba de hacer las paces con usted.

Creo recordar que le dije que para usted no existía.

Abur.

Aprovechando que Alfredo me iba a hacer un préstamo, le pedí...

bastante más dinero.

¿Debe actuar?

-Tontos seríamos si nos enrocamos en que se quede en casa.

-Actuarás.

-¡Tú tomaste la decisión, nos arrastraste al abismo!

-Y ya me siento culpable por ello.

Lo que no me esperaba es que me lo echaras en cara.

Mañana iré a hablar con don Alfredo.

Y si no hay solución,

vendemos la patente, la mantequería,

pagamos lo que debemos y a empezar de cero.

"Vengo por el trabajo de criada".

"Disculpe, creo que me equivoqué". -No, espera.

-Espera. Has llamado a la puerta correcta.

-"Entonces, ¿sí buscan criada?".

Sí, claro. Pasa.

Es por aquí.

¿De dónde eres, muchacha? -De Brasil, señor.

No hablas español, ¿verdad?

"Un poco, pero entiendo bien".

Soy trabajadora y educada.

-Lo segundo lo he podido comprobar.

Andas buscando empleo. -Sí, señor.

-Pues no te han informado mal, estoy buscando criada.

Te digo que no tengo nada en contra de los de tu color.

Estoy harto de ver candidatas.

Así que, si quieres, el trabajo es tuyo.

Siempre que las condiciones te parezcan correctas.

-¿Tengo trabajo?

-Estarás a prueba durante unos días.

"Las referencias, no ha visto mis referencias".

-No hace falta,

siempre me he preciado de conocer bien a las personas

y pareces de fiar.

El tiempo me dirá si me he equivocado.

¿Tienes ganas de empezar a trabajar? -Ahora mismo.

-Aprovecha lo poco que queda de día para irte instalando.

Te instalarás en el altillo con las criadas.

-¿Altillo?

-Sí, en el altillo. En el último piso.

-Ah. -Pregunta por Úrsula.

Puedes retirarte.

(Sintonía de "Acacias 38")

Ha venido todo Acacias.

-La situación lo requiere. Nos jugamos mucho.

Ay, madre, que ritmo tiene con la cacerola.

Claro, niña, hasta para golpear una cacerola hay que tener arte.

¿Y padre, no la acompaña?

Ha subido a cenar a casa.

Ya le conoces, con el estómago vacío no hay quién le aguante.

¿Por qué no sube usted?

Ya me quedo yo en representación nuestra.

Quita, no tengo hambre.

-¡Eres un ladrón! -Muy buenas.

Venimos en representación de la pensión.

-Aunque no nos juguemos nuestro parné,

nos preocupan nuestros vecinos.

-Sí. Páseme una cacerola.

Gracias. Bueno, aunque sea un plato.

Se va a enterar el banquero ese de cómo las gastamos aquí en Acacias.

-Mi esposo no se digna a aparecer.

-Templa, que no es momento para riñas domésticas.

-Tendría cosas importantes que hacer.

-¿Más importante que nuestro futuro?

-Deja que descanse de su viaje. Estaba deshecho por su aya.

Tienes la piel llena de rojeces.

-Es un sarpullido.

-Pues parece que te pica mucho.

-Porque me lo has recordado. Debería mirárselo.

Seguro que se me pasa.

-¡Eres un ladrón!

Acacias lo primero, devuelvan el dinero.

Acacias lo primero, devuelvan el dinero.

Acacias lo primero, devuelvan el dinero.

Acacias lo primero, devuelvan el dinero.

Acacias lo primero, devuelvan el dinero.

Acacias lo primero, devuelvan el dinero.

-¡El dinero!

No sabía si acudiría a mi nota. Eso no se duda.

Jamás me hubiera perdonado ignorarla.

¿Por qué quería verme?

Tenemos que hablar.

Sepa que deseo que sea mi pareja.

(SONRÍE) Borre esa sonrisa.

Me refiero a mi pareja artística.

Bueno, por algo se empieza.

Y por algo se termina.

Déjese de chanzas y dígame si le interesa.

¿Hace falta que le conteste?

Encantado. Aquí tiene a su nuevo guitarra.

Bueno, no tan deprisa.

Que antes,

antes tiene que demostrarme la maestría que tiene.

No le he mentido.

Será de las pocas verdades que ha dicho.

También tengo otra condición. Si que ha salido exigente.

Usted dirá.

Tiene que buscar un par de cafés donde actuar.

¿Solo eso? Delo por hecho.

Si cumple, iremos a medias.

¿Trato?

Sea.

¿Sabe? Pensé que no volvería a verla.

Nunca he estado tan alegre de estar tan equivocado.

Espero no tener que arrepentirme.

Y no olvide que nuestra relación es meramente profesional.

Lo primero es que mis padres den el visto bueno.

¿No saben nada?

No de que le haya elegido como guitarrista.

Aunque no tardarán en ponerse al lío.

Debemos convencerles de que es la mejor opción, de ahí la prueba.

¿Está claro? Como el agua.

Bueno, hábleme de algún café en el que haya actuado.

Mire, aquí en Madrid...

Ladrón.

-¡Devuelve el dinero!

-¡Basta!

-¡Embustero! -¡Ladrón!

¡Ladrón!

¡Ladrón y embustero!

¡Ladrones, que sois unos ladrones!

-¡Ladrón!

¡Devuelve el dinero!

-Perdona, bonita, ¿has visto a mi Cinta?

-(NIEGA) -¡Ladrón!

¡Ladrón!

¡Ladrón!

-¡Mangante! -Sinvergüenza!

-¡Da la cara!

-Asómate.

-¡Eres un ladrón! -¡Ladrón!

¡Queremos el dinero!

¿Le sucede algo, madre?

-Me estaba volviendo loca buscándote, ¿dónde estabas?

Detrás de usted, ¿dónde si no?

¡Queremos lo robado, Acacias lo ha ganado!

¡Queremos lo robado, Acacias lo ha ganado!

-En mala hora me has recordado lo de mi irritación.

No deja de picarme. -Al final voy a tener yo la culpa.

Vaya a la botica, a ver si le dan un remedio.

Seguro que se me pasa. -Eso espero,

porque te estás desollando la piel de rascarte.

A mí me parece que se le está extendiendo

por más partes.

-¡Eres un ladrón!

-¡Eres un ladrón!

-Vaya, el señorito por fin se digna a aparecer.

-Solo te pido que no os peleéis.

Está muy afectado por haber enterrado a su tata,

sé lo que la quería.

-¡Ah! -¿Todo bien, Rosina?

¿Y esas rojeces?

-Nada de enjundia, seguro que es de los nervios.

-O a la mala comida, puede haberte sentado mal algo.

¿Ha comido algo en mal estado? -Algo en mal estado no lo sé,

pero desde que empezaron las protestas,

se alimenta de bollos y churros.

-¡En este estado no me entra nada más!

-Será mejor que subas a tomar un caldo y descanses un poco.

-Nuestro sitio está aquí, con nuestros vecinos.

-No voy a discutir delante de todos los vecinos, sube a casa.

-Vamos, Rosina, vamos.

Te acompaño.

Volveremos luego.

Volveremos, no te preocupes.

-¡Crápula!

-¡Baja y da la cara!

Mujer, no tienes piedad ni nada por el estilo.

¿No ves lo atareao que estoy?

-Si no das un palo al agua.

Si no querías hacer mi faena, fácil, no haber apostado.

Cesáreo y Servando han cumplío

con toas las tareas. -Ya, mujer, pero...

Yo soy tu marío.

-Razón de más pa que cumplas con lo acordao.

-Marcelina tiene más razón que un santo.

Las deudas de juego son sagradas.

-Discúlpeme, Arantxa, nadie le ha dao vela en este entierro.

-Otro tanto, lo que me faltaba por oír.

Ahora me va a decir de qué puedo opinar y de qué no.

-No, no, no se ponga tan brava. -Ay, Jacinto,

¿cuándo aprenderás a no meterte con nosotras?

Siempre sales trasquilao.

-Agustina. -Arrea, dichosos los ojos.

-Es la primera vez que sale de su cuarto.

-Y no sé cuánto tardaré en regresar, Marcelina.

Me duelen todos los huesos.

Pero Úrsula ha insistido. Le conviene irse moviendo.

-Sí, pero aun así, siéntese, no esté más de pie.

-Ahora mismito le preparo un plato de sopa.

-Agradecida.

No se imaginan cuánto deseaba volver a cenar con ustedes.

-Marcelina, sirve también a Úrsula, que ha estado con Agustina

y estará hambrienta.

Gracias.

-¿Se sabe algo más de las protestas?

-Ahí andan los señores,

dispuestos a pasar la noche en la calle con tal de que se les escuche.

-Esperemos que así sea, que nos jugamos todos mucho.

Su ruina también sería la nuestra.

-Deberías haber ido tú, Marcelina.

Con tu pito de voz, hubieras hecho que les devolvieran los monises.

-¿Y si vamos los dos?

Yo a chillar y tú a gritar tu "yepaya".

-¡Jesús! -(RÍEN)

-Ay, ya basta.

Si me río, me duelen hasta las costillas.

Ay.

A todo esto, ¿dónde está Carmen?

¿Ha bajado a las protestas?

-Nones. Haciendo el equipaje.

Mañana al alba marcha de viaje.

¿Adónde? -No lo ha dicho.

-Irá en busca de don Ramón.

-Arrea, ¿y esta de dónde sale?

-Uy. -"Buenas noches". ¿Úrsula?

Soy yo.

¿Qué quieres?

"Voy a trabajar con don Felipe".

¿Te ha dicho que te demos un cuarto?

-¿Un cuarto? ¿Y eso por qué?

-Soy su nueva criada.

-Ah.

-¿Qué cuarto le asignamos?

-¿Aquí, en el altillo?

-Claro, en el altillo, ¿dónde va a ser si no?

Venga, yo ya he acabado de cenar.

Al final del pasillo hay una habitación libre, ¿no? Venga.

Sube conmigo, te acompaño.

Vamos. Ahí va a estar la mar de estupenda.

Por aquí.

-¿No estaba usted buscándole una criada a don Felipe?

Sí.

¿Conoce a esa mujer? No.

De nada. -Pero...

es negra, ¿no? -Hala.

¿Han visto qué mujer tan lista y observadora que tengo?

¡Mangante!

-¡Da la cara!

¡Baja y da la cara!

¿Está usted bien, don Liberto? Sí.

No se preocupe por mí, puede volver a sentarse.

Lamento que esto esté afectando a su matrimonio.

Se lo agradezco.

No estamos pasando un buen momento

y, Rosina está con los nervios a flor de piel.

Pero es en estos momentos donde se demuestra la fortaleza

de un matrimonio.

Deberíamos estar unidos y no enfrentados.

¿Y no está siendo así? Al contrario.

Por momentos, parece que Rosina se ha olvidado de mi existencia.

Solo se preocupa por ella y por el dinero.

Me considera culpable de todo.

Hace mal, usted no es responsable de nada.

Eso dígaselo usted a ella.

Si viera cómo me mira, con la dureza con la que me habla...

A mí no me preocupa perder toda mi fortuna,

lo que temo es como puede afectar esto a mi matrimonio.

Adoro a mi esposa.

Sé que no lo va a aceptar.

Comprendo sus temores.

A veces, la persona que hemos elegido

para compartir nuestra vida no es perfecta.

Aceptamos sus defectos,

pero a veces, estos, se hacen insoportables.

Es muy reconfortante ver que alguien me comprende.

No tengo mucha gente con la que desahogarme.

Pues aquí tiene usted una amiga.

Puede contar conmigo siempre que sea menester.

Se lo agradezco.

¿Va a pasar la noche en la acampada? Sí, ¿y usted?

Igual sería mejor que reposara y se uniera mañana a las protestas.

Lo cierto es que estoy agotado, sí, pero...

ni me apetece ir a casa ni creo que pueda descansar allí.

Prefiero quedarme.

¿Nos sentamos? ¿Por qué no?

Si que está uste afaenao, ¿eh?

Aunque si sigue sacando lustro con tamaña energía,

va a dejar los zapatos sin piel.

-No le vendría mal a tu esposa. Estos zapatos son suyos.

-No me hable.

¿Por qué cree que voy cargao con tanta ropa?

Marcelina, que me ha mandao que la planche.

-Cesáreo tampoco está muy contento,

le ha limpiao el quiosco y lo ha dejao como los chorros del oro.

-En mala hora apostamos algo contra ella.

-Hablando del rey de Roma.

-Anda, que atareaos les encuentro.

-Marcelina, que no está bien hacer leña del árbol caído.

-Tiene usted razón, no me burlaré más.

¿Qué? ¿Cómo se ha levantao Agustina después de conocer a la nueva?

-¿Qué nueva?

¿Una nueva? Parece mentira que no me haya enterao.

-Se va a sorprender más cuando la conozca.

-Eso seguro. Es la nueva criada de don Felipe.

Y es entre el carbón y el café con leche.

-Que es de color. -Color negro, sí.

-No sería la primera que viene de esa raza por estos barrios.

Lo que me sorprende es que la Úrsula la haya recomendao

como criada pa don Felipe.

-Ay.

Parece que no viene de la mano de doña Úrsula.

No la conocía de na. -¿Y de dónde viene?

-Pues no lo sé.

Pero me apuesto que a las señoras de la casa no les hará gracia.

-No nos hables de apostar. -Sí que están de uñas.

-"Sí que están de uñas".

-Uy.

Yo que venía a fijar la fecha pa la próxima partida.

-Pues mira, guapa, puedes elegir entre nunca

y nunca jamás.

-Ya veo, ya, hay mucho miedo. -No, de miedo nada.

Que ya estamos cansados de hacer tu labor.

-Si pierdo yo les parece bien,

pero si pierden ustedes, se rompe la baraja.

Qué falta de coraje.

Pues na, tendré que buscarme a otros contrincantes

que no teman a una mujer.

Ay. -De eso nada.

Que nadie diga que es por falta de arrojo.

Di día y hora para la partida.

-¡Jacinto, que se está quemando!

-¡Ah!

-Pero ahí no, hombre. -(SE QUEMA) ¡Ah!

(GRITA)

-Jacinto, que ahí está la habitación de la Agustina.

-(GRITA)

-Adiós, Servando.

-Lástima, Dios.

Agradecía.

No mires tanto el negocio, que lo vas a desgastar.

-Ay, Fabiana,

que no dejo de pensar lo que me ha costao tener este negocio,

y hacerme un hueco con él en Acacias.

Y ya dejar de hablar, que me están entrando unas ganas de llorar...

-No te contengas y desahógate.

No te lo quedes dentro,

que las lágrimas sirven para limpiar nuestra tristeza, hija.

-No puedo permitirme tal lujo.

Tengo que estar fuerte pa los míos.

-Hablando de los tuyos, ¿has visto a Carmen?

Casilda me ha contao que la han visto preparando su equipaje.

-Marcha de viaje.

-¿Tiene algo que ver don Ramón?

-Mi suegro no da señales de vida.

Y... la Carmen ha ido a buscarle.

No diga nada, pero... ella tiene un mal presentimiento.

Y no es la única.

-Arrea, aparta de ti tales pensamientos.

El Señor no va a permitir que a don Ramón le pase nada malo,

que ya ha sufrido mucho el pobrecito.

-Ojalá tenga razón y esté bien,

si no, a la Carmen le falta el aliento.

-Quía. Ya verás como hay alguna buena razón

para que don Ramón no haya regresado.

¿Antoñito va a acompañar a Carmen?

-No, mi Antoñito no sabe na.

No queremos preocuparle y...

bastante ya tiene encima el pobre.

-Ay, qué tiempos tan malos nos ha tocao vivir, hija.

El banco ha sido un desastre

dispuesto a llevárselo todo por delante.

-Y que lo diga.

Imagínese que lo perdemos to

y tenemos que irnos con el resto de los señores.

Ay...

-Acacias no sería lo mismo.

Mira,

seguro que todo queda en agua de borrajas.

-Dios la oiga.

-Hija, me voy a la pensión, que no me gusta dejarla sola,

y menos, con el follón que hay fuera.

Pierde cuidao,

que nada diré de lo que hemos hablao.

Anda, ánimo.

-Arrojo, Lolita, arrojo.

No te puedes poner mohína ahora, mujer, que hay mucha faena.

Ea.

-Lolita.

-Carmen, ahora hablaba con Fabiana de usted.

¿Lista pa marchar?

Sí. He venido a despedirme.

Le agradezco mucho lo que está haciendo.

Ojalá venga pronto con mi suegro y esté bien.

Necesitamos de su calma y de su sentido común.

-Descuida, te mandaré noticias en cuanto dé con él.

Espero que sea pronto.

-Tenga cuidado por esos mundos de Dios, se lo ruego.

-Tranquila.

-(SUSPIRA)

Y bien, ¿qué les ha parecido?

-Fetén, muchacho, se ve que tienes duende.

Tiene buena mano para la guitarra. -No tanta

como para la mentira.

No crea que olvido fácilmente, que nos tomó por tontos.

-Sé que mi comportamiento es imperdonable,

pero lo hice para una buena causa, poder conocer a una artista.

Y para mayor satisfacción,

es hija de la ilustre e incomparable Bellita del Campo.

¿Me podría firmar este retrato?

Llevo deseándolo desde que la conozco.

-Sea.

Pero no se crea usted

que con unas pocas de lisojas va a ablandarme, ¿eh?

-Va a necesitar unas pocas más. (RÍE)

-Y bien, ¿dice que tiene una actuación pa mi niña?

-Así es, en un café donde suelo actuar

bajo el nombre del Boquerón.

-Boquerón dice, tú llegas a sardina.

-Nos han hecho un hueco para esta noche.

-Pues sí que le ha dao urgencia.

¿Perdiste el oremus?, pero si no estamos preparados.

Se equivoca, usted nació prepará.

-¿Y cómo les ha convencido con tan poco tiempo?

-Tan solo nombrar a la Dama del misterio

para que nos abrieran las puertas.

Pues ya pueden ir cerrándolas.

Actuaré esta tarde, pero con una condición,

mostrando mi rostro y con mi verdadero nombre,

que orgullosa estoy de él, no tengo nada que ocultar.

-Así se habla, canelita.

Bueno, si a usted le parece bien, madre.

Voy a avisar a mis conocíos. Esta actuación va a ser lo más grande.

-Aguarda, Jose,

que no se lo vas a decir a nadie.

Aunque a la niña le sobra el arte,

no sabemos aún cómo va a salir de esta.

Necesita algo más experiencia y rodar un poco el número.

-En eso no te falta razón. Dejaremos que se foguee un poco.

En tal caso, les pido que tampoco vengan ustedes a verme.

No hasta que crea que estoy preparada.

Mucha paciencia nos pides,

pero así sea.

Además, todo sea dicho,

nosotros tendríamos que volver para la acampada.

-Pues si ya está to decidido,

tendremos que ponernos a trabajar, que hay mucho que ensayar,

y las cosas, o se hacen bien o no se hacen.

Menuda tienen liá. -Sí.

No permitiré tumultos en la puerta. -Eso pasa por la avaricia.

Verás como de mi dinero no tienen na.

-Anda que... Aquí tienen sus cafés, a ver si se me animan un poco.

-No creo que sirvan. No me tengo en pie, además de mi faena,

tengo que hacer las de Marcelina. -Vaya acostumbrándose,

que aquí el Servando,

nos ha organizado otra partida.

-¿Qué quiere, matarnos?

-No podía consentir que se riera de nosotros.

¿Qué somos, hombres o ratones?

-Póngame queso en el mostrador y tendrá la respuesta.

-Su orgullo nos ha metido en este embrollo.

-Descuide, que solamente jugaremos con ella

hasta que uno de nosotros le ganemos.

-Vamos, hasta el fin del mundo. -Jacinto tiene razón,

Marcelina está en racha, imparable, no la vamos a ganar.

-Sí, a no ser

que busquemos otras soluciones pa lograrlo.

Trampas.

-¿Trampas?

-Sé, sí. Si los tres estamos de acuerdo, ella no se dará cuenta.

-¿A mi esposa?, no hablará en serio.

-Quizá sea la solución.

-¿Usted está de acuerdo en ello?

-Lo que no quiero es limpiar el quiosco una vez tras otra.

Jacinto,

piénsalo, o eso o la próxima colada la harás tú.

-Colada no, una colada no.

-Jacinto, por una vez, hacer trampas es una cuestión de orgullo

y de mucha necesidad.

-¡Acacias no se rinde!

Disculpe.

¿Ha visto a este hombre?

-(NIEGA)

Aurelio, haz el favor de ponerte de pie, no vaya a venir algún cliente.

No sé ni para qué abrimos,

mientras duren las protestas no va a entrar ni un cliente.

No le faltan motivos, la situación es peliaguda.

Tienes que ser muy paciente con ella.

Ya comprendo que estés cansada de acudir a las protestas,

pero alguien tiene que acudir en representación de la familia.

Supongo que preferirías ir a las clases con Cesáreo.

Sí, es un hombre bueno, y se preocupa sinceramente de ti.

Pero debes ser muy precavida.

No debes contarle nada de tu pasado. ¡Nada!

¿Lo entiendes?

-A las buenas.

Qué tranquilo está esto.

-¿Qué esperaba, Cesáreo?

Los vecinos que no están descansando después de pasar la noche al raso,

siguen en las protestas.

-Esperemos que este embrollo se solucione pronto y de buena manera.

-Buenas tardes. -Arrea.

-¿Puedo ayudarte en algo?

-"Vengo a pagar la 'conta' de don Felipe".

Soy la nueva criada.

¿"A conta"? -Sí.

"La conta". Pagar.

-Ah, la cuenta. Pagar. -Sí, de don Felipe.

-De acuerdo. Camino, tacha la cuenta de don Felipe.

Gracias.

Toma, el cambio. Dale a tu señor las gracias de nuestra parte.

Bienvenida a Acacias.

-"Gracias".

-Con Dios.

-¿Dónde le enseñaron a mirar de esa forma tan descarada?

La ha incomodado. -Es curiosidad.

Nunca había visto a una persona de su color.

¿Ha visto que tiene las manos blancas por dentro?

-Sea del color que sea, esa muchacha es como cualquier otra.

-Hombre, eso tampoco. -¿Cómo que no?

Igual que mi madre y Susana son rubias,

Carmen es pelirroja, pues esa mujer no es blanca.

No hay que darle importancia. -¡Pamplinas! No es lo mismo.

-Pero ¿cómo que no?

-No es eso, Camino. A mí me gustan todas las personas.

Solo que unas me dan más curiosidad que otras.

Hablando de todo un poco,

¿ha oído que la niña de Bellita del Campo vuelve al artisteo?

-¿Qué está diciendo? -Sí,

al parecer actúa hoy en un café de la ciudad.

Les dejo. Con Dios.

-Con Dios.

Buenas tardes. -Sean.

Justino Morales pa servirla.

-Discúlpeme, pero ando buscando a un hombre.

¿No le habrá visto usted por el pueblo?

-Traiga y le digo. Juraría que sí le he visto.

-¿Sí? -Sí.

Vino hace unos días preguntando por don Silverio.

-Así es. He ido a su casa, pero no le encontré.

-Don Silverio marchó de viaje.

Él sí que le vio antes de que se fuera.

-Ya. ¿Y dice que fue hace unos días?

-Sí, justo el día...

Calle, que...

mucho me temo que se subió al coche

que desgraciadamente se accidentó.

-¿Qué accidente?

-Siento decirle que el coche tuvo la mala fortuna

de que una rueda se averiará y cayó por un terraplén.

-¿Y el conductor?

-Aún estaba con vida cuando le encontraron.

No me se venga abajo, no me se venga abajo,

que uno tampoco sabe con seguridad que su conocido fuese en el coche.

-¿Sabe dónde puede estar? -En la casa socorro de la comarca.

Otra cosa es que siga allí, pero le indico cómo llegar.

Tranquila, ¿sí?

Usted tranquila.

(SE QUEJA)

-Enfermera.

-Ramón.

Ramón.

Amor mío.

¿Qué te ha pasado?

No me dejes, por favor.

Te lo ruego.

No me dejes, porque no podría soportarlo.

No es justo.

Apenas hemos tenido tiempo de ser felices.

-Carmen.

Carmen, amor mío.

¿Eres tú o todavía sigo soñando?

-Claro que soy yo.

¿Acaso no me reconoces?

-Pero ¿cómo me iba a olvidar?

El solo recuerdo de tu rostro

me ha hecho soportar este duelo.

Amor mío, Antoñito.

Para, que me estás poniendo nerviosa con tanto paseo.

¿Nos va a atender don Alfredo o no? -Templa.

Ahora saldrá.

¿Lo ves?

-Buenas tardes.

Lamento haberles hecho esperar. -No tiene importancia.

-Sentimos molestarle, suponemos que estará muy ocupado.

-Siempre hay tiempo para atender a los vecinos y amigos.

Pero tomen asiento, por favor,

se lo ruego.

Bien,... ¿en qué puedo ayudarles?

-Permítame que no me ande con rodeos.

Somos plenamente conscientes de que le debemos una elevada suma.

Descuiden, aún no tienen porque devolvérmela.

No tenía pensado requerirles ningún pago de momento.

-Se lo agradezco, pero sabemos que si la situación

del Banco Americano no se resuelve,

seremos incapaces de hacer frente a ese pago.

-Dependemos por completo de lo que suceda con nuestra inversión.

-Les responderé con la misma confianza que me han mostrado.

No quería alarmar aún más a los vecinos, pero...

las perspectivas no son nada buenas.

-Dios mío,

entonces, ¿lo hemos perdido to?

-Hay muy pocas esperanzas de que se resuelva.

Han logrado hundir el banco.

Créanme que lo lamento.

Sea como sea, saldaremos nuestra deuda.

Téngalo seguro.

-Descuide, nunca he dudado de su honradez.

-Venderemos la mantequería

y la patente de las cafeteras expresas.

Con eso tendría que ser suficiente.

-La verdad es que...

me siento responsable de su delicada situación.

Me gustaría ayudarles.

Permítanme que yo sea quien adquiera ambos bienes.

La deuda quedará así saldada y,

cuando se recuperen, podrán recomprarme ambos negocios.

-Pero ¿usted haría eso por nosotros?

-Sería una gran solución.

-Por supuesto, cuenten con ello.

Ante todo, quiero ayudarles.

¿Cómo me has encontrado?

Con muchos sudores y algo de fortuna.

Han tenido que hacerme dos intervenciones

para salvarme la vida.

-Es un milagro que no murieras en ese camino.

-Tan solo recuerdo el día del accidente.

Los demás días se me confunden en mi cabeza.

-Descuida,

eso es normal.

Será a causa de los tranquilizantes y los sedantes

que te han administrado.

-Es posible.

Lo que sí recuerdo es que pedí que se pusieran en contacto

con mi familia, pero quizá lo he soñado.

-Por desgracia, nadie nos dio aviso.

De ser así, hubiésemos venido... de inmediato.

-No lo dudo.

-Lo único que ahora importa

es que te he encontrado y estás a salvo.

Pero... me he asustado tanto al verte aquí

en la cama, sin sentido,

que por unos segundos temí que te perdía.

-Ya ves que no es así.

No pienso dejarte ni un solo momento.

Carmen,...

lo que no he olvidado es el motivo de mi viaje.

Dime, ¿qué noticias traes de Acacias?

¿Ha desistido mi hijo de invertir en el Banco Americano?

Tu silencio me alarma.

¿Qué sucede?

-Ramón,...

ha ocurrido una catástrofe.

Vamos, esa niña guapa. Ole.

(Guitarra española)

-"Quiya".

Toma.

Vamos ya. "Arsa".

-Qué arte tienes, amor mío.

-Mira esa flamenca. Ole.

-Aunque no soy el único que lo cree así.

-Ole las palmas, hija.

-¿Rafael?

No es posible. -Esa que sabe.

Ole, ole.

Ole, ole.

(Aplausos)

Muchas gracias, estimado público por esta calurosa acogida.

Nada de esto hubiera sido posible sin este gran músico,

mi acompañante a la guitarra: Rafaelillo, el Boquerón.

(Aplausos)

Señora, deje de comer galletas

y tómese este caldito que le he preparao.

-Déjate de calditos y prepárame un chocolate que acompañe las galletas.

-Don Liberto me ha dicho que me encargue de que usted se alimente.

-¿Soy una niña a la que tengas que vigilar lo que come?

-¿Se ha enterao de cómo es la criada de don Felipe?

-¡Sí, y me importa un bledo que sea negra, gris o colorada!

Déjame con el caldo.

-Lo estoy haciendo por su bien.

-Tómatelo tú si está tan bueno. No pienso catarlo,

y menos sabiendo que ha sido él el que te lo ha mandado.

-Vaya, veo que sigues de un humor excelente.

-Las rojeces y los picores han desparecido.

No voy a permitir que me sigas mangoneando.

-Ganas me dan de dejar que sigas con tus galletas.

-No te quedes con las ganas. ¡Déjame marchar a las protestas!

-De eso nada.

No te has recuperado, así que te quedarás en casa.

-Tómese el caldo. -¡Déjame con el caldo!

-¡Ah! Señora, por Dios.

Dios mío, al final, quien termina pagando el pato es servidora.

-Pídele perdón de inmediato.

-¿Ahora vas a decirme a mí cómo voy a tratar a mi criada?

Si se ha quemado, ha sido por su culpa.

-¿Cómo puedes ser tan injusta? No te reconozco.

-Si te has rendido es por tu culpa. -¿Por mi culpa?

-No te hagas de nuevas.

¿Quién ha sido el pusilánime que ha lanzado a la ruina a Acacias?

-Mi paciencia tiene un límite, así que mide bien tus palabras.

¡Todos queríais hacer la inversión, tú la primera!

-Porque me dejé engatusar.

¡Es muy fácil arriesgar cuando no te juegas nada, ¿verdad?!

-¡Me estoy jugando nuestro dinero!

-¡Mi dinero!

¡Yo traigo el dinero a esta casa, no tú!

-¡¿Yo qué, yo qué?! ¡Dilo!

¡Atrévete! -¡Eres un mantenido!

Liberto, no te vayas, no te atrevas a irte.

Liberto, como me dejes con la palabra en la boca...

¡Liberto!

¡Liberto, vuelve!

Liberto, como no vuelvas, no entras en esta casa, ¿me oyes?

Espere, Liberto, que...

No es mi deseo entrometerme,

pero no he podido evitar escuchar gritos desde su casa.

Vaya, ya veo que nuestro escándalo se escucha en todo el barrio.

Entiendo que sigan enfrentados.

Ya no se trata de una simple pelea, Genoveva,

mi esposa me ha dicho algo que jamás pensé

que saldría de sus labios.

Seguramente fue el fragor de la discusión,

se dicen cosas sin pensar.

No ha mostrado el más mínimo arrepentimiento.

Esta ofensa me ha dolido en el alma, no creo que pueda olvidarla.

¿Sabe? Siento mucha pena por ella.

¿Por mi esposa? Soy yo el ofendido.

Me apena que sea incapaz de ver al hombre que tiene a su lado.

Su actitud me parece imperdonable.

Sé que doña Rosina era viuda cuando se conocieron,

tiene experiencia, debería valorarle como se merece.

Yo jamás me enfadé con Samuel.

Sabía lo que valía.

La gran fortuna que tenía por haberle encontrado.

Le echo tanto de menos.

Usted me recuerda mucho a él, se parece tanto...

Joven, con ganas de comerse el mundo...

Con ese brillo tan especial que solo poseen algunas personas.

Se lo agradezco, Genoveva, es my generosa.

Ya sé por qué Samuel se enamoró perdidamente de usted.

Le envidio... cómo hace para encontrar siempre

las palabras adecuadas.

¿Por qué no me acompaña a casa?

No debe salir así a la calle.

Le prepararé una copa para que le temple el ánimo antes.

Esa copa es lo que necesita.

Se la merece. Los dos nos la merecemos.

Me ha hundido tener que venderle la mantequería a ese señor.

-No pienses en eso ahora.

-¿En qué voy a pensar?

-En que pronto vamos a recuperarla.

-¿Y cómo?

Todos dependen de nosotros.

Los Palacios por la mantequería,

los Domínguez por el crédito, Susana porque necesitará dinero...

Y ahí estaremos nosotros como unos buenos samaritanos para prestárselo.

-Pídeme disculpas.

-¿Por qué? -Por lo que me dijiste ayer.

-¿Lo de que eres un mantenido?

¿Acaso es alguna mentira?

"¿Qué quiere?". -Me han dicho que actuó con Rafael.

¿Y? ¿Hacemos una fiesta porque lo sepa?

¿Por qué se ha asociado con un estafador?

Es guitarrista, honrado y talentoso.

Y mentiroso. No le insinúe siquiera.

El único hombre por el que sentido debilidad ha sido Samuel.

Y así seguirá siendo.

Sugerir lo contrario es insultar a su memoria,

y no se lo voy a permitir ni a usted ni a nadie.

No me voy a andar por las ramas.

¿Cuáles son sus intenciones?

Suéltame. No me pongas la mano encima, hombre.

-¡Tenemos que estar todas!

¿Se han vuelto locas? ¿A qué vienen esos gritos?

Dígaselo a esta, que es una verdulera.

-Mejor que ser una maleante como tú,

que zarandeas a la gente de bien.

-¡Si fueras gente de bien, yo soy la Virgen los Milagros!

¡Señoras!

Se trata de Rosina.

He abandonado la acampada porque no la soportaba más.

-¿No soporta a su esposa? -No sé cuánto más soportaré esto.

Un telegrama urgente pa nosotros, ábrelo tú.

-Pues espero que sean buenas noticias.

Es de Carmen.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 1030

Acacias 38 - Capítulo 1030

10 jun 2019

Cinta le hace una propuesta a Rafael para que actúen juntos. El guitarrista es presentado ante los Domínguez, que dan el visto bueno. Los jóvenes artistas debutan esa misma noche causando furor. Emilio atónito les ve actuar juntos.
Felipe contrata a Marcia. Esta es presentada en el altillo ante una parte de las criadas.
Carmen se despide de Lolita y se marcha en busca de Ramón. La criada le encuentra en un hospital tras ser víctima de un accidente.
Antoñito vende la mantequería a Alfredo para saldar la deuda. Liberto y Rosina continúan con sus discusiones. Genoveva aprovecha la situación del matrimonio para seducir a Liberto.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 1030" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 1030"
Programas completos (1043)
Clips

Los últimos 3.531 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Mabi

    Éste " buen señor " banquero que vive pegado al restaurante existirá? Porque menudo " cacerolazo le han montado en la puerta y ni noticias de él???? Otra invención del "señor Brise "??? A ésta escena del cacerolazo solo le falta que los vecinos griten " QUE SE VAYAN TODOS" y tendremos una réplica de lo que sucedió en mi país, Argentina, en 2001....salvo por la familia Domínguez que buscará a fuerza de trabajo en lo que saben hacer, no perder su dignidad, el resto no quiere perder lo que con esfuerzo ajeno lograron tener ( ejemplo los dividendos de la mina de Rosina)

    12 jun 2019
  2. dori

    Es la primera vez que comento,y yo la verdad,después de seguir acacias desde el principio ,en este mome to me quedaba únicamente con la casa de los Domínguez del campo y rafael el boquerón que creo que promete,con doña genoveva y Alfredo brais que me tiene enamorada,y Úrsula,que hace tan bien de buena como de mala,para mi una actriz, de de 10,sin atrasar a nadie,de lo demas,que como actores fantásticos,por ejemplo don Felipe se le nota que ha evolucionado tanto el actor como el personaje.solo de ir que los personajes que hacen ya me aburren.en fin,solo una opinión.

    11 jun 2019
  3. Francesca

    Insoportable este capítulo. Qué aburrido. Si continuan estirando, se romperá el elástico. Liberto no se ha ido, que pena. Joven y guapo, podría recomenzar una vida junto a una mujer de su edad, tener hijos. Y no se irá, porque ahora, seguro, tendremos que soportar que Rosina se enferme de los nervios. Lolita se merece el marido que tiene. Va a entregar su fuente de ingresos, antes de saber con seguridad que no hay otra solución, ni aguardar directivas de su suegro. ¿Porqué no se abrirá la tierra y se tragará a todos estos personajes absurdos?

    11 jun 2019
  4. Adriana

    Quizá la rutina de malvados sin castigo agota. Mucha maldad e impunidad vivimos en la vida real como para verlo,además, en una telenovela. Son buenos guionistas, no se pongan necios! saludos desde Ciudad de México

    11 jun 2019
  5. Marilu

    Leyendo muchos comentarios que tildan a la serie de ABURRIDA, yo diría que no es tal.;mas bien digo que es un rejunte cotidiano y reiterado al máximo, de maldades, desgracias, desencuentros, muertos, calamidades, accidentes etc.etc.etc que CANSAN.- El aburrimiento me hace bostezar; yo catalogaría con otros sinónimos de aburrir, HASTIAR/FASTIDIAR, que es lo que ME provocan los argumentos.- Ciertamente en el mundo real suceden esas cosas, pero repartidas en el tiempo y no cosa repetida a ultranza por los guionistas, a los que les recomiendo consultar un buen psicólogo. Y si continúo viéndola es con la esperanza que en el próximo capítulo algo distinto sucederá y así van pasando los capítulos y " EL PESCADO SIN VENDER "

    11 jun 2019
  6. Mar Agustoni

    Totalmente de acuerdo muy aburrida las peores historias en estos cuatro años una tristeza la serie que fue tan intensa e impactante este tan sosa en estos momentos.

    10 jun 2019
  7. María Isabel

    Está muy aburrida la serie.

    10 jun 2019