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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1027 - ver ahora
Transcripción completa

Podrías hacerle un préstamo a Antoñito Palacios,

un préstamo personal.

Y él te lo devolvería

cuando encontrara otro comprador para su patente.

Eso es una gran idea.

Así yo no arruinaría la inversión de mis vecinos.

-Sería un préstamo, como el nuestro. -Sí.

¿No te acuerdas que prometí serte fiel?

-Claro que me acuerdo. Pero no sabía si tú te acordabas.

-Huy...

¡Que sepas que no soy una casquivana!

¡Y esto tampoco se me va a olvidar!

"Aquí está la prueba de lo que le dije".

"Un retrato del verdadero Rafael Bonaque

recibiendo un premio del Círculo de Empresarios".

"Ese hombre es un impostor".

No vamos a perder nada. Solo vamos a ganar.

¿Te fías más de mi padre que de mí o qué?

-Por supuesto.

-Pues eres mi mujer, y me tienes que obedecer.

-"He recibido noticias" del Colegio de Médicos sobre Maduro,

el que diagnosticó a Agustina.

-¿Y?

-No hay ningún doctor colegiado con ese nombre.

-¿Un médico falso?

-Hablaré con la policía y haré que den con ese hombre.

No sabe nada de mi suegro, ¿no?

-No.

Y ya empiezo a preocuparme.

-Usted sabe como yo que don Ramón es un lince para los negocios.

Y si desconfiaba es por algo.

La ruina de los vecinos ya está en marcha.

Y nos hemos quitado del medio a Ramón Palacios.

¿Se sabe ya algo de eso en el barrio?

Nada he escuchado.

Yo creo que la noticia del accidente no ha llegado todavía.

Soy guitarrista y si me permite que le diga,

muy bueno por cierto.

Solo espero que me perdone y...

Y se enamore de mí como yo lo estoy de usted.

Imposible.

Yo fui campeón de lucha leonesa en mi juventud.

Y quizá podría enseñarle unas mañas a Camino.

-¿Quiere que Camino detenga a los ladrones?

-No, quiero que se defienda si lo necesita.

¡No quiero que un impostor pueda acercarse a usted!

¡Fuera!

¿Es que no va a entrar en razones?

¡Fuera!

Mañana, a estas horas, las acciones del banco habrán caído en picado.

Y el terror...

se adueñará de Acacias.

Y esta carta, que ha llegado para mi suegro.

Del ministerio de Hacienda.

-¿Es de su contacto allí?

-Equilicuá. Ese señor le iba a decir si la decisión era buena o no.

Yo tengo muchas ganas de abrirla.

-Yo creo que es mejor esperar a que él vuelva.

Samuel, mi amor, esto es por ti.

Mañana, tu muerte será vengada.

Que sí, hombre, que ya nos vamos. -Nos vamos.

-Tampoco hay que ponerse así. -Eso digo yo.

-Ni que estuviéramos todos los días.

¿Buscamos una cigarrería abierta y nos compramos un buen Habano?

-Me parece una muy buena idea, Antoñito.

Va a ser verdad eso de que dinero llama a dinero.

-Sobre todo si contamos con un banquero entre nuestras amistades.

-Ese es el verdadero significado del aforismo.

Dinero, dinero, pero del de verdad, para dar y regalar.

Aunque para llegar a eso, tienes que tener una ventaja

que te alce por encima del resto de los mortales.

-Y por una vez en la vida, nosotros contamos con esa ventaja.

-Sí, señor. -Felipe, buenas tardes.

-Señores, me alegra verles tan contentos.

-No es para menos.

Hemos salido a celebrar la mayor inversión que han visto estas calles.

-No había caído en el motivo. Felicidades.

Son ustedes poco menos que banqueros.

-No, nos conformamos con ser inversores,

que los banqueros tienen mucho trabajo.

-Es una pena que usted no se haya decidido.

El señor Bryce nos va a convertir en potentados.

-No necesito tanto.

He sido ambicioso como ustedes, no lo niego,

pero en estos momentos y teniendo buen pasar,

el dinero no es lo más importante para mí.

¿Y su padre?

-No lo sé, no sé dónde anda.

-¿Y eso?

-Se ha ido a quién sabe dónde.

Hemos tenido nuestros más y nuestros menos por las inversiones.

-Nunca estuvo muy decidido, es cierto.

-Pura cabezonería. Como todos los hombres que se han hecho a sí mismos,

desconfía de la capacidad de los demás.

Y cómo no, sobre todo de la de su propio hijo.

-Alguna razón más tendrá.

Siempre ha sido muy ecuánime y certero,

sobre todo si se trata de inflar la bolsa.

-Que no, antes quizá, pero se ha vuelto un anticuado.

Es incapaz de asumir el más mínimo riesgo.

-Y en esto de las finanzas, el que no arriesga no gana.

-Y eso que en este caso el riesgo es cero.

Que contamos con la más que bien tentada intuición de don Alfredo.

-Ahí es nada.

-Pues a mi padre no le entra en la cabeza.

Yo creo que chochea un poco, Felipe.

Es triste decirlo, pero al fin y al cabo, creo que es la verdad.

Bueno, fíjese.

Me ha dejado una carta escrita diciéndome que no moviese un céntimo

antes de que él regresara.

-¿Cómo?

¿Le ha aconsejado no invertir?

-Sí, pero que no cunda el pánico.

Al final, mi padre lleva diciéndome esto desde pequeño.

Cuidado con esto, cuidado con lo otro.

Como si siguiera siendo un aprendiz.

Y al final, yo he sacado la empresa solo adelante.

-No sé por qué no se atuvo usted a su consejo.

No creo que se haya ido por años.

-Bueno, años o minutos da igual.

Era ahora o nunca. Alfredo Bryce lo dejó bien claro.

Una mancomunidad de inversores y el dinero a punto.

-Yo no quiero resultar cargante, Antoñito, pero...

¿usted sabe por qué don Ramón le hizo esperar

antes de finalizar la transacción?

¿Había alguna razón que exigiera esa demora?

-Que no, razón ninguna. Como mucho, su estrechez de miras.

Es incapaz de entender los negocios de nuevo cuño.

Tenemos la fortuna de poder invertir en el Banco Americano.

¿Vamos a dejar que ese melindre apague nuestra alegría?

-En fin, mucha suerte, amigos.

Voy a comisaría a informarme sobre el falso doctor.

Con Dios. -Con Dios, don Felipe.

-Con Dios.

Y nosotros, a comprar un veguero.

-Eso.

¡Cinta, por favor! ¿Qué es lo que quieres?

¿Dejarme e impedir que otros estén conmigo?

¿Ser como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer?

No quiero que un impostor pueda acercarse a usted.

Corría el champán como un arroyuelo con el deshielo!

Una alegría que no te puedes creer, chiquilla.

El que más y el que menos,

ya hacía planes de lo que iba a hacer con el dinero.

-Yo me alegro mucho por usted.

Y bien sabe Dios que en mi tierra no nos añusgamos por las perras.

Pero ¿qué quiere que le diga? A mí...

el banquero este no termina de entrame por el buen ojo.

-Espléndidos sois los vascos, no te digo que no.

Pero ese ojo, en esta ocasión, no ve tres en un pollino.

Eso es un dinero seguro, chiquilla.

Es como llegar a la ventanilla del banco y recogerlo.

-Pero si será verdad, no le digo yo que no,

pero yo soy más partidaria del pájaro en mano.

Tontunas mías.

-Tú lo has dicho, tontunas tuyas. Que si no, don Alfredo...

¡Oye!

¡Flor de estufa!

Deja ya de pensar en ese camarero pisaverde,

que se te va a secar el alma.

Oye, ¿has preparado las próximas clases de baile?

¡Yo creí que a estas alturas le habrías sacado ya el lado bueno!

¿Acaso lo tiene? Claro que lo tiene, alelí.

Don Rafael hará acto de presencia, y aunque no es un diplomático,

es un empresario formal y de riñón cubierto.

¡No me hagas morisquetas!

Que de lejos se ve que bebe los vientos por ti,

siendo como es, más cumplido que un besamanos.

Madre, don Rafael, como usted dice...

Me lo cuentas luego, que ahora voy a darle un sobo a tu padre.

Que además de ser más guapo que un ángel anunciador

va a ser pronto más rico que José de Arimatea.

Venga.

¿Qué tienes?

Decepciones, tata. ¿Te parece poco?

Pero mujer, no le tengas en cuenta eso a tu madre.

Están todos con ese dinero, que creen que les va a caer del cielo,

dando saltos como en un aurresku.

Si no es por mi madre.

Es que he vuelto a discutir con Emilio.

Pero ¿cómo?

No habrá tenido los santos pelendengues de volver aquí, ¿no?

Motivos tenía.

Me quería avisar sobre Rafael.

¿Celos?

Verdades.

El tal Rafael es un guitarrista que se quedó prendado de mí

cuando me vio en el tablaó.

De empresario nada. Es un farsante.

Con decirte que le dice el Boquerón. ¡Menudo alicate!

O sea, un "gezurti", vamos, un mentiroso en vascuence.

Al menos está enamorado.

Que se ha hecho pasar por quien no es,

además de gastarse un buen parné por estar a mi lado.

Ojalá pudiera decir lo mismo de Emilio.

Cinta,

esto tienes que contárselo a tus padres.

Tu madre ya le ha echado el ojo al guitarra, y ya la has oído.

Hasta lo asemeja con un diplomático.

Vale, tata, ya has visto que lo he intentado.

¿Por qué tendrá que venir el amor empaquetado con penas?

Ay...

Pocholita mía.

(TOSE)

(TOSE)

¿Se puede saber qué es todo esto? Parece un rastro.

-(RÍE) No te falta razón, porque voy a deshacerme de estas prendas

más pronto que tarde. -¿Por qué?

-¿Cómo que por qué?

¿No tienes ojos en la cara?

¿No ves que esto es más antiguo que la Santa Inquisición?

-¡Por amor de Dios!

¡Hay algún vestido que ni has estrenado siquiera!

-¡No me hables así!

Además, eso no quita para que se hayan quedado

pretéritos, obsoletos...

Una inversora no puede vestirse

con el primer harapo que se lanza al abrir el armario.

-Una inversora no tira el dinero por la ventana.

-¿Qué sabrás tú? Si es la primera que conoces.

Voy a renovar el vestuario, te guste o no.

Y no solo eso.

También tengo unas ideas para cambiar la casa de arriba a abajo.

-A mí me parece muy acogedora tal y como está.

-Qué poco espíritu emprendedor tienes.

Voy a cambiar las cortinas, los tapices,

las alfombras...

¡Ah! El papel, todo dorado.

-Va a parecer que vivimos en al altar mayor.

-Pues ahora que lo dices, hablando de mayores,

he pensado en comprar una vivienda acorde con nuestro nuevo estatus.

O sea, más grande.

(RECUERDA) (ANTOÑITO) "Fíjense. Me ha dejado una carta

diciéndome que no moviese un céntimo antes de que él regresara".

Todo se andará, ¿eh?

Rosina, todo se andará. Ten paciencia.

Zamora no se conquistó en una hora.

Cuando tengamos el beneficio en la mano

no me opondré a ningún gasto.

-¡Qué poco audaz me has salido! ¡Déjate de remilgos!

¡Pareces de clase media con tanto escrúpulo!

-Pero si no se trata de escrúpulos, se trata de ser un poco previsores.

-Como me salgas con lo de no vender la piel del oso

antes de haberlo cazado, te estampo un candelabro.

-Es que creo que haces mal.

Hasta el mismísimo Alfredo Bryce sigue viviendo en Acacias,

y no tira las levitas por la ventana.

-Porque la gente es muy ruin, no sabe vivir.

Pero tú y yo hemos nacido para disfrutar. Yo seguro.

-Es que no estoy diciendo que no disfrutes, cariño.

Te digo, simplemente, que no derroches el dinero

y que sepas esperar.

-Pero ¿esperar qué?

Se espera cuando un negocio está sujeto a otros azares,

pero no cuando se trata de una bicoca como la inversión financiera.

-Es que siempre hay contingencias.

-¡No, no hay contingencias!

Precisamente hemos invertido en el sector bancario

porque no está sujeto a otras contingencias.

Tú das dinero y ellos te devuelven más.

¡Mira qué bien!

A ver, Liberto, es como lo de comprar ganado.

A lo mejor el ganado se muerte antes de revenderlo, ¡pero esto no!

¿Sabes lo que te pasa, querido?

Que no sabes imponerte en este tipo de empresas.

-No es tan sencillo.

-¡No seas cenizo!

-¡No se trata de ser pesimista, Rosina!

¡Insisto!

¡Es que tenemos que ser más cautos!

-¿A qué viene tanta porfía?

¿No estarás desconfiando de la inversión?

-No. No, cariño, no desconfío. Tú misma escuchaste al señor Bryce.

-Sí, le escuché, y con más provecho que tú a lo que parece.

Liberto, por favor, déjate de remilgos,

disfruta la vida, disfruta nuestra suerte,

que ya verás como se torna fortuna.

(Puerta)

¿Esperas a alguien?

-Al tapicero, para cambiar los paños. Todo dorado.

Tía.

-Ay...

Deberíais pensar en contratar más servicio.

Casilda nunca está.

-Ya lo he pensado, querida.

-Y tú deberías pensar en abrir la puerta de vez en cuando.

-Tu sobrino, que quiere vivir como un pobre.

-Es difícil acostumbrarse a la riqueza. Dale tiempo.

-Le voy a dar dos sopapos como siga con sus economías.

-Yo, sin embargo, soy de otra pasta.

Con deciros que ya he hecho un par de dibujos

para ver cómo me quedaría la casa si tiro unos tabiques.

Quiero un salón bien grande.

-Y ¿qué me dices de la ropa?

Desde que somos inversoras, mi armario se me asemeja

a un bazar de segunda mano.

-Pues eso te iba a proponer.

¿Qué te parece si mañana nos vamos a ver tiendas?

-Quien dice verlas, dice arrasarlas.

Acompáñame a mi vestidor,

que con tu sabio consejo me voy a deshacer de casi todo.

Bueno, sin casi. (RÍEN)

Ay...

Un disparate, prima.

-Eso no se lo digas a ella.

-Todo lo contrario, si le he dado la razón.

Que quiere pasar la noche en el altillo para pensar,

pues piensa, que yo sabré entenderlo.

-Mucho mejor. -Ya.

Lo que pasa es que sin ella,

la noche se me va a hacer más larga que cuando paría una merina al raso.

Que balaba yo más que la oveja.

-Anda, primo,

no te preocupes, que se le pasará.

-¿Trae nuevas, don Felipe?

-Sí.

El comisario tiene un indicio

de dónde puede encontrarse ese falso matasanos.

Parece que sigue en España.

-Que nos los diga a nosotras,

porque íbamos a hacer justicia por la señá Agustina.

-No va a ser tan fácil.

Todo parece indicar que está en Santander.

-Se escapó el carnero, por no decir el...

El macho de la cabra.

-Aún hay esperanza. El comisario se ha puesto en contacto

con la policía montañesa

para informar de la orden de busca y captura.

-A ese le iba a capturar yo las partes blandas

y se las iba a dejar como una berenjena.

-Esperemos que la justicia le dé su merecido.

Quería hablar sobre el trato

que le vamos a dar a Agustina cuando vuelva.

-El mejor, don Felipe.

La vamos a llevar en palmitos, como si fuera una oveja

que ha ganado el concurso de oveja.

-Casilda, acondiciona su cuarto.

Que tenga todas las comodidades y ninguna queja.

-Pierda usted cuidado, si hasta le hemos echado una mano de pintura.

-Muy buena idea.

No hace falta decir que los gastos corren de mi cuenta.

Aquí tenéis.

Jacinto, compra un jergón nuevo.

Sábanas y mantas, las que hagan falta.

-Yo compraré las medicinas.

-Va a venir un médico todos los días a visitarla.

Obedeced sus indicaciones, comprad lo que necesite.

Si hace falta más dinero, me pedís.

Tenemos que conseguir que Agustina esté lo más arropada posible.

Muy rica la manzanilla.

Muchas gracias.

-¿Ya se marcha usted?

-Debería estar acostada hace horas.

Solo me he quedado a ver si venía Ramón.

Parece que no va a ser así.

-¿Qué prisa tiene?

Si estamos aquí tan ricamente.

Siéntese.

Una tacita más, que verá que le ayuda a sobar.

Hace ya casi dos días que no sabemos nada.

-Mi suegro sabe cuidarse, Carmen. No se angustie.

-Eso intento.

-Ay...

Yo también tengo mi ansia.

-¿Por qué?

Por la carta, ¿no?

-Mi suegro andaba hurgando en lo del Banco Americano.

Lo de las llamadas...

Creo que la carta tiene que ver con eso.

-Seguro que contiene información de las inversiones de los vecinos.

-Y si es así, mal vamos.

Que llegó de manera urgente.

Nadie manda de manera urgente buenas noticias.

Mi Antoñito ha metido todo lo que tenemos y más en ese negocio.

Todo el dinero de la familia.

-Ya. Bueno, Lolita, no...

No hagamos un mundo de lo que no tenemos certeza.

-Si eso mismo me digo pa mí.

Pero no dejo de pensar en que mi suegro estaba un tanto alarmado.

Ahí está Antoñito.

Albricias, señoras.

Una noche maravillosa, ¿no les parece?

-¿Dónde vas con ese veguero?

-No voy, vengo.

Vengo de celebrar con mis amigos y socios inversores

el final de la frugalidad y el inicio de una época...

llena de comodidad y de confort.

-Ha llegado una carta para tu padre.

-Y ¿quién la remite?

-Pues no estoy segura.

Pero creo que es a quien llamó.

-Ya, y ¿para qué?

-Lo del Banco Americano, cariño.

-Que sigue sin haber noticias, ¿no?

-Nada.

-Tú no temas, Carmen.

-No, no lo hago.

-No tienes que preocuparte en exceso.

Dentro de poco vendrá mi padre y te dará una explicación.

Te la dará a ti y a todos, claro.

Cariño, ¿qué te parece si me acabo el puro y vamos a la habitación?

-Claro, como quieras.

-Buenas noches.

-Que descanse, Carmen.

¿Qué?

¿No decías que nos íbamos a la piltra?

-Pero me tendré que acabar el puro, ¿no?

Tú vete, y espérame allí.

No se preocupe, don Felipe, que la Agustina no tendrá quejas.

-Va a vivir mejor que un pachá.

Buenas noches.

-Buenas noches. -Buenas noches.

Ha pensado usted en todo.

¡Genoveva!

Buenas noches.

No tiene ningún mérito.

Es reconfortante y hasta tierno

ver tanta preocupación por una criada.

Agustina se lo merece.

Ella también se desvivió por mí cuando...

para mi vergüenza, había perdido el norte.

Aun así, muchos señores considerarían

que era su obligación servir al patrón.

Es posible, pero...

yo sé ver cuando alguien va más allá del deber.

Cuando hace más de lo estipulado en el contrato.

Debe ser por deformación profesional.

Me gustaría verle ejercer ante un tribunal.

Tiene que ser imponente,

argumentando con esa pasión que le caracteriza.

Soy más bien sobrio, de la vieja escuela.

Y cumplido por cumplido, hoy...

está usted singularmente bella.

¿Tan gracioso ha sido?

Un poco sí.

No es usted de los que acostumbra a echar piropos así como así.

Es posible que algo de convención social haya en mis palabras, pero...

sin faltar a la verdad, está usted radiante.

Será el vestido.

Sí, sí, también.

-Perdona por haberte estropeado el paseo,

pero el caballero que me abordó en la calle

era un cliente al que no podía decir que no.

No te preocupes, no me ha importado la interrupción.

He decidido esperar en el portal.

Y en muy buena compañía.

Don Felipe. -Don Alfredo.

Felicidades.

Sé que los vecinos han superado todas sus dificultades

y han seguido su consejo.

-Ellos insistieron.

Y no pude negarme a ayudarles con sus finanzas.

-Están entusiasmados.

Espero que vaya todo bien.

-Descuide, irá.

-No quiero molestarles más.

Don Alfredo, un placer saludarle.

Genoveva. Con Dios.

Con Dios.

Deje las llaves sobre el mostrador. Muchas gracias, don Rubén.

-Se me ha hecho la noche...

más larga que la Cuaresma.

-Venga, hombre, cómete la sopa y no te quejes tanto,

que las penas con pan son menos.

-Pa sopa la que me hacía mi Marcelina.

Que metía la napia en el tazón y todo.

No le digo más, como la oveja en el celemín del pienso.

-Sí, es que a los hombres se nos gana por la barriga.

-Mi Marcelina me tiene ganado por la barriga y por to.

Que la echo de menos como el agua a los de secano.

-No te preocupes, hombre, que...

Que esa vuelve a tus brazos.

-Esa tiene un nombre, Servando.

No se lo escatime.

Y lo de volver, pues... no sé.

Porque ella es más tozuda que el caballo del espartero.

-No, a ver, es que...

el caballo del espartero no era famoso por lo tozudo.

Era famoso porque tenía dos...

Vamos a ver, lo que quiero es que no pierdas la esperanza.

-La esperanza hace el camino.

Que tengo reuma en el cuello

de lo húmeda que he dejado la almohada.

Un par de días más sin Marcelina en mis sábanas

y la palmo, Servando. ¡Que la palmo!

-No seas cenizo, por Dios, que...

Que es muy difícil palmarla.

-Será para usted.

-Posadero, un café en vaso.

-¿La has visto?

-La he visto, y hasta he cruzado unas palabras.

-¿Y me quiere?

-Puede que en el fondo, pero a primer golpe de vista

está más encrispada que un erizo.

¿Cómo se le ocurre pensar que se timaba con Servando?

-¡Oiga! ¡Oiga!

¡No es ningún desatino!

¡Que muchas fermosas féminas se han pirrado por mis huesos!

-La mía no.

-Ya es tarde, el mal ya está hecho.

Dice don Felipe que Agustina sale hoy del hospital.

-Ya tiene preparado todo, ¿verdad, portero?

Eh, portero. -¿Eh?

-Bueno, me marcho, que Casilda y Marcelina me están esperando.

-Pásese esta tarde,

a ver si alegramos un poco a la alegría de la huerta.

-Si mi presencia sirve de algo...

Y tú, ¿qué? ¿No te vas a comer las sopas?

-No están como la de mi Marcelina.

-(SUSPIRA)

Liberto, ¿cómo estoy?

-Hecha un primor.

-Pero si no me has mirado.

¡Liberto! -Siéntate.

-¡No me da la gana! Mírame bien.

-Hecha un primor.

¿Quieres hacer el favor de sentarte?

-Liberto, una cosa es que ahora seamos inversores

y otra que me desatiendas para leer informes de...

gordos de haber y deber.

-No son informes sobre finanzas. Es de la mina.

Me lo han dado nuestros abogados.

-¿Es algo malo?

-No.

No sé, es...

Es lo que ya imaginábamos, que la veta da síntomas de agotamiento.

Los ingenieros recomiendan que exploremos nuevas vetas.

-¡Pues que exploren!

-Cuesta mucho dinero la prospección.

-Pues se lo enviamos.

-Rosina, ¿quieres centrarte un poco?

Tenemos todo el dinero invertido en el Banco Americano.

-¡Menudo problema!

En cuanto recibamos los "divisorios"...

-Dividendos.

-¡Pues sí, eso!

En cuanto recibamos los dividendos, les enviamos una parte

a los ingenieros, y prospeccionan todo bien prospeccionado.

-Sí, claro. Visto así...

-Ay... ¿Ves como lo soluciono todo?

¡Mira que te gusta asustarme!

¡Casilda, tráeme el tocado que me voy de compras!

-¿Qué quieres comprar ahora? -Qué desmemoriado.

Te dije que iba a renovar mi vestuario.

¡Casilda! Tu tía está esperándome.

¡Casilda!

-Aquí tie el gorro, señora.

-No le llames gorro, que es de pobres.

-Es que yo no me he hecho rica con las inversiones.

-No te hace falta hacerte rica, solo aprender a hablar.

Lo que hay que aguantar.

Señor,

tengo que ir a hacer recados.

¿Le importa si me ausento una miaja?

-Sí, sí.

Como esto no salga bien, que Dios nos pille confesados.

Don Felipe salió para recogerla.

Estará a punto de llegar.

-¿Y está todo preparado para recibirla?

-Sí. Jacinta y el zopenco de Jacinto se encargaban.

-¡Huy!

¿Estás enfadada con tu esposo? -¡Huy, sí!

Enfadá y alejá.

He dormido en el cuchitril de la Casilda y to.

-Usted acomódese, doña Felicia.

Que vamos a hacer de su Camino una luchadora experta.

-¡Ay, sí! ¡Yo también quiero aprender a dar guantazos!

-Y yo, yo también quiero.

-Pos yo también, que tendremos que defender nuestros negocios.

Hay mucho forajido por ahí.

-Yo estaba pensando en mi marido.

Pero no me vendrá mal repartir galletas a los mangantes.

-Bueno, donde luchan dos, luchan cuatro.

Ponerse en fila.

En fila, aquí.

En la lucha leonesa, las llaves se llaman mañas.

Primera maña.

Posición.

Piernas separadas.

Menos, Casilda.

Justo a la anchura de las caderas.

Ahí, bien.

Piernas flexionadas.

Mano izquierda a la altura del hombro.

Así.

Casilda, izquierdo, izquierdo.

Ahí, muy bien.

Y la mano derecha agarra el cinturón del contrincante.

Ahí, con fuerza.

Bien, muy bien, estupendo.

Si hasta tenéis cara de malas.

Vamos.

Lolita, Casilda, a luchar.

Vamos.

Posición.

Flexionando las rodillas.

Mano izquierda al hombro.

Mano derecha a la cintura, ahí.

Giras con fuerza y al suelo.

¡Vamos!

¡Ahí!

¡Bien!

Pareces leonesa.

-¡Como que es más grande, leñe! -¡Huy, huy, huy!

Marcelina. -¿Yo?

-A luchar.

Vamos.

Venga, posición. Ahí.

Fuerza.

Mano izquierda al hombro, a la cintura, y...

¡lucha!

-¡Uh! ¡Uh!

¡Huy, huy, huy!

-Pareces hasta del mismo Bierzo. Eres grande.

-Lo que soy es de Cabrahígo.

Y allí llevamos luchando desde que estábamos en la cuna.

-Camino, a luchar.

-No, no, no. A Camino déjela tranquila.

Ningún ladrón será tan bruto como Lolita.

-Señora...

-Hay que estar preparada hasta para enfrentarse a un cíclope.

-¡Cesáreo!

-Camino, a luchar.

Vamos.

Ah, Lolita.

Vamos, flexionamos rodillas.

Flexionamos y...

¡fuerza ahí, vamos!

-¡Uh! -¡Eso!

-¡Ahí va!

-¡Madre mía! Tienes un talento natural, muchacha.

Unas clases más y vas a dar hasta miedo.

-Bueno, a mí no me lo da.

¿Tú no serás de Cabrahígo?

¡Uh!

-¡Qué fuerte!

-Bien, bien, bien.

-Yo me he sorprendido.

Bueno, parece que Lolita no está dentro, ¿no?

-No, ha subido al altillo.

¿Qué querías? Voy a ver a Liberto, pero luego puedo atenderte.

-No, no hay prisa. Luego bajo yo.

¿Qué sabe usted de su señor padre?

-La verdad es que nada.

Pero tampoco es motivo para alarmarse.

Está fuera de la ciudad, y ya sabes cómo es el campo.

No correos ni telégrafos.

Solo plantas y animalitos.

-Se le ve a usted muy sosegado.

Hasta contento se diría.

Es por los buenos cuartos que van a ganar todos

con el banco dichoso, ¿no?

-A nadie le amarga un dulce, Fabiana.

Y las perspectivas son inmejorables.

-Pues a mí no me gusta darle mis cuartos al otro, no.

Con decirle que las cuatro perras que tengo

las tengo metidas debajo del jergón.

-Bueno, no es mal sitio.

Es otra forma de dejar reposar el dinero.

-Tiene usted mucha guasa, don Antoñito.

Mucha.

-Te dejo, que está Liberto.

Liberto, ¿tiene un momento?

-Naturalmente.

¿También anda usted fantaseando con la forma de gastar las rentas?

-De eso quería hablarle.

Ayer, mi padre recibió una carta.

-Pues menuda novedad, Antoñito.

Eso es algo normal. Hasta yo, de vez en cuando, recibo alguna.

-Que no es para pitorrearse.

La carta tenía el membrete del ministerio de Hacienda.

-Vaya, eso ya son palabras mayores.

¿De qué asunto trata?

-La verdad es que no lo sé.

No me atrevía a abrirla.

-Más preocupaciones.

-¿Más?

-Sí. Esto también le incumbe a usted, Antoñito.

A su familia, más bien.

Y es que la mina de oro que tiene mi esposa,

con participación minoritaria de su padre,

está dando síntomas de agotamiento.

-Vaya por Dios. -Sí.

Me temo que no tenemos más remedio que sondear en busca de nuevas vetas.

Con el gasto que eso supone en prospección, tanteo...

Ingeniería al fin y al cabo.

-¿Y sería mucha cantidad?

-Más de la que ahora tenemos, que se acerca a nada.

-Pero dentro de poco, nuestras participaciones

en el Banco Americano empezarán a ser líquidas.

-No se crea.

Ayer estuve en el despacho de abogados.

Para buscar los informes de la mina.

Y escuché una conversación entre dos clientes que me tiene alerta.

-Sobre el Banco Americano.

-Hay rumores de que tiene problemas de solvencia.

-Eso es imposible. Ya escuchó a don Alfredo.

-Sí, yo también me resisto,

pero algo de inquietud genera.

-A lo mejor, en la carta que ha recibido mi padre

hay respuesta a todos esos extremos.

-No podemos hacer nada más que esperar.

-Yo podría abrirla, pero...

mi relación con mi padre no está como para violar su intimidad.

-Tal vez estemos haciendo una montaña de un grano de arena, ¿no cree?

Ya sabemos que en el mundo de las finanzas

hay rumores sin fundamento.

-La verdad es que no tenemos ningún dato que alimente la desconfianza.

-Lo mejor es no darle más vueltas.

Lo único que vamos a conseguir es alertar a nuestras esposas.

-Y eso es lo último que queremos.

-Sí, eso es lo último que queremos.

¿Quién iba a decir que la mosquita muerta pegaba unos sopapos

de aguanta y tente tieso?

-¿Mosquita muerta? Sí, sí.

-Muchachas, ¿qué hay?

¡Vaya!

El tugurio ha quedado de lo más apañado.

-Las flores las ha traído mi prima.

-Fíjate que no sé por qué, yo me lo barruntaba.

-Tengo unas ganas de abrazar a Agustina...

-Pues póngase a la cola.

-La Camino que no la abrace, que la escagurcia.

-(RÍEN)

-Chiste privado.

-Bueno, se me escapa el fundamento de tanta risilla,

pero vamos, que me gusta.

-La alegría es por la Agustina. No se haga más cábalas.

-Y por el quiosco, Marcelina. Que sé que por lo de la inversión,

los vecinos compran los periódicos de cuatro en cuatro.

-¡Ni que lo diga usted!

¡Qué fiebre, oye!

Por lo visto, los papeles les dicen día a día lo que ganan en la Bolsa.

Aunque... que me confunda Dios si sé lo que es eso.

-La verdad es que yo tampoco termino de coscarme.

Tie que ser un asunto muy complicado.

Mi señora se va a comprar media ciudad,

pero don Liberto está más nervioso a ca minuto que pasa.

-¡Va, va, va! ¡Que ya llega Agustina!

-¡Que llega! -Está subiendo.

-La pancarta. -Sí.

-¡Rápido, rápido! -Bien arriba.

Así.

-No te acerques que te hago una maña.

-¿Por qué no me haces un arrumaco, que los echo de menos?

-Porque no te los has ganao.

-¿Quieres que entre en berrea como los ciervos?

(BERREA)

-¡Jacinto!

¡Agustina!

-¡Viva la Agustina!

-¡Viva! -¡Viva Agustina!

Bienvenida, Agustina.

-Ya tenía yo... ganas de veros.

-Venga para acá.

Con comedimiento, Lolita.

Con comedimiento.

-¿Sigue el comisario buscando a ese medicucho?

-Falso medicucho, pero sí.

En cuanto lo cacen, yo me personaré como acusación.

Y ahora, si no es molestia, por favor, vayan saliendo.

Agustina debe descansar.

Sí.

Acuéstese.

Descanse.

Fabiana, espere un momento, por favor.

Buenos días, Emilio.

Póngame un cafelito.

¡Vaya cara!

¿Mujeres o dinero?

-El tal Bonaque.

Rafael, el que rondaba a Cinta.

Es un impostor.

-Bueno, no tiene por qué ser mala noticia, ¿no?

-Como es de caballeros, fue a poner a Cinta en antecedentes.

En lugar de agradecérmelo me puso de patitas en la calle.

-Donde hubo fuego, siempre quedan cenizas, amigo.

-Ni es el caso ni yo querría.

-Buenas.

Parece que Agustina ha vuelto.

-Bien está lo que bien acaba.

Voy a ver a Lolita, que estará exultante con su regreso.

Con Dios. -Con Dios.

Emilio, el sereno ha estado enseñando lucha a tu hermana.

-No me parece prudente.

En cualquier momento, podría descubrir algo,

como cuando la oyó hablar en sueños.

-¿Te crees que no lo he pensado?

Sería más sospechoso mantener a Camino en una urna,

sin contacto con nadie.

Es mejor mostrar naturalidad

y estar atentos.

-Usted manda, pero otra metedura de pata sería fatal.

Ahí.

Ale, ale, váyanse.

Ya han hecho ustedes bastante.

Yo me quedaré con usted hasta que se recupere.

No, no.

¡Faltaría más!

Usted tiene que hacer su vida.

Buscar trabajo,

para no ir más lejos.

-No discutan por eso.

Yo contrataré a una criada para que la atienda.

-¡Ande y calle usted, don Felipe!

¿Cómo se va a gastar los cuartos estando nosotras aquí?

Entre todas arrimaremos el hombro y no nos hará extorsión ninguna.

-Si por cualquier circunstancia necesitara más ayuda,

háganmelo saber.

-Claro que sí.

Agustina,

estos días... me he sentido muy unida a usted.

Hubiera preferido quedarme aquí.

Lo sé.

Lo sé.

Pero es mejor así.

Se lo agradezco igual créame.

Es usted...

la bondad en persona.

Úrsula. ¿Sí?

¿Viene usted?

Con Dios. -Con Dios.

No me gusta la brisca.

-¡Y dale!

¡Pues ajo y agua! No estamos aquí para divertirle,

estamos para solucionar el problema entre la Marcelina y el insensato.

-No creo que una partida de brisca solucione nada.

-Todo lo contrario.

Conozco bien el complejo cerebro de las féminas.

Soy un experto en su psicología.

Por decirlo de alguna manera:

en cuanto Marcelina vea que se lo pasa bien él solo,

caerá en sus brazos.

-Lo que me extraña es que Jacinto disfrute con la brisca.

-De verdad, es usted de cabeza férrea.

Pero alégrese un poquito, que va... (RÍE)

-Hola.

-¡Así! ¡Sí, señor!

¡Serio, bragado!

¡Dispuesto a no darle tregua al naipe!

¡Así hay que portarse!

¡Dé para brisca, sereno!

-No me gusta la brisca. -¡Vaya!

-Si viene la parca a buscarme,

díganle a la Marcelina que me ponga el traje negro.

-(RÍE)

¡Así, hombre!

Así, presumido.

¡Muy bien ahí!

-No tengo otro. -Vaya por Dios.

-Tendría que haber visto a Camino luchando a la leonesa.

Un portento de muchacha. -Ah.

-Con decirles que le dio un revolcón a Lolita.

-¡Yo, con esas cosas, es que me parto, de verdad!

Es que me...

¿Se acuerdan de Tito Lazcano?

-Bueno, gran boxeador, y mejor persona.

-No, no. Yo le enseñé a dar sus mejores golpes.

(RÍE)

-La sota.

La sota me recuerda a Marcelina y hay cuatro.

-¿Lo ve usted? La brisca no anima ni a los paletos.

-¡Habla de sotas no de briscas!

-¡No discutan!

Que me recuerda también a Marcelina, que...

es lo que mejor se le da.

Tiene un arte para la litigia y la porfía.

(RÍEN)

-¡Porfía! -¡Litigia!

(RÍEN)

-El litigio.

-El litigio y porfía.

-He dicho "litigia".

(RÍEN)

-Qué grande de verdad.

-¡Qué barbaridad, cómo se lo están pasando!

¿Y tú, primo? Hacía que no te veía reírte así...

-No, prima, ha sido un arrebato. En realidad estoy muy triste.

-¡Triste dice!

¿Ha dicho "triste", sereno?

¡Triste!

Lleva todo el día con una retranca, que bueno.

Bueno, ni los cómicos, de verdad.

¿Triste?

Si es que no nos hace falta nadie para pasarlo bien.

¡Nadie!

(CARRASPEA)

-Quien los entienda que los compre.

(RÍEN)

¿Por qué ha engañado a mi prima?

-Porque tengo un plan psicológico.

Usted siga echando cartas.

Despreocúpese usted, doña Felicia.

Los rendimientos de su dinero no se harán esperar.

Disculpe por preguntar tanto,

pero no todos los días una invierte todo su dinero.

Me hago cargo.

Doña Felicia. Úrsula.

Disculpe, pero...

venía a decirle que lamento los trastornos que le he ocasionado.

Me supo muy mal.

Pero espero que comprenda...

que por delante de mis intereses personales,

estaba la saluda de doña Agustina.

Sé que están muy unidas.

Es de admirar tanta devoción.

También quería preguntarle

si fuera posible que recuperara mi antiguo empleo.

Bueno, más que preguntarle,

se lo venía a rogar.

Me sabe mal, que le tengo aprecio,

pero ya sabe que he tenido que contratar a otra persona

y sería una faena despedirla. Me hago cargo.

No se preocupe.

Dios proveerá.

Buenas tardes.

Espere, Úrsula.

¿Señora?

Espero no le moleste que haya escuchado su conversación.

El caso es que me interesaba.

Llevamos tiempo sin servicio y empezamos a echarlo de menos.

¿Me está usted ofreciendo trabajo?

Siempre que sea de su agrado.

¿De mi agrado?

Me hace la mujer más feliz del mundo.

Le prometo que pondré todo mi empeño en servirles lo mejor que sepa.

Me alegra escucharlo. Pásese mañana por casa.

Gracias, doña Genoveva.

De corazón.

Con Dios.

Ha sido una buena acción, permita que se lo diga.

Una generosa acción.

No tiene ningún mérito.

Siempre trato de hacer lo que es debido.

No hay más que probarlo.

Es pata negra.

-¿Negra?

Negra no, zahína, prenda.

El mejor que tenía Joselito, el tendero.

Hay que celebrar que vamos a hacer fortuna.

-¡Cuidado!

¿Quién nos iba a decir a nosotros

que íbamos a hacer migas con un banquero?

-No, y no con cualquier banquero.

Un banquero que quiere quitar de trabajar a todos sus vecinos.

Que no hay tantos.

Yo, por lo pronto, ya he escrito a Oswaldito.

Le he dicho que no tenga prisa

en comprometer la gira, que ya habrá tiempo.

-¡Digo! Tú mandas.

-¡Mira!

Hasta la intelectualidad acude al olor del buen jamón.

No voy a estudiar más. Se me van a caer los ojos.

¡Eso ni en broma!

Antes tiramos al suelo un puñado de perlas.

-¡Anda!

Siéntate y merienda con nosotros.

Y de paso, aprovechamos para preparar la clase de mañana de baile.

La darás tú con todo tu arte.

Invita a don Rafael, que lo tienes hechizado.

No es para tanto.

¿Cómo que no?

Retorciéndose a tus pies está como diablillo goloso.

Así lo tienes.

Eso sí. Digo que no es para tanto el Rafaelillo.

-¡Oye! Más respeto, niña.

Que es industrial.

Y catalán, ni más ni menos.

Y del gusto de tu madre. -¡Digo!

Del gusto de mi madre va a dejar de serlo en un santiamén.

Industrial y catalán no ha sido nunca.

-¡No digas más sandeces, reina!

Hay que ver lo rebuscada que te pones cuando no te gusta un payo.

¡Que no invento!

Que le dicen Rafaelillo el Boquerón.

-Eso es que está a dos velas.

-¡Ay, Jesús!

Es guitarrista de tablado.

¡Ay, Jesús! ¡Así le alcance una artrosis!

Mira, como lo vuelva yo a ver a tu vera,

le hago un collar con la guitarra, y se la estampo.

-¡No seas tan feroz!

Recuerda que yo te enamoré a ti con el rasgueo de una guitarra.

-Sí, pero con tu nombre por delante.

-Claro. El Choco.

-Y sin esconderte ni en industrias ni en nacionalidades.

Es que me quiere. -¡No se habrá gastado moni el pavo!

Entre disfraces y caridades...

Un montón.

No se lo tome usted a mal, lo ha hecho por amor.

-Ay...

¿Por qué tengo tan mala suerte con los varones?

El que me quiere no me encandila.

Y el que me encandila no me quiere.

Hay que ser ignorante.

-Ay, mi niña,

pero si el amor es loco.

Yo por ti, y tú por otro.

-Tú no te preocupes, mi niña.

Que a partir de ahora vamos a ser potentados.

Te vas a poder casar con el que te apetezca.

-¡De eso nasti!

Y ahora que tenemos cuartos,

con más razón habrá que buscar un rico para que no desentone.

Claro.

Qué bueno está.

Muchas gracias, señor.

Ya se lo diré a la señá Agustina de su parte.

-Cómo cansa ir de compras.

Luego se quejan los jornaleros. (RÍE)

Casilda, tráeme unas pastitas. Que el té a palo seco debilita.

-¿Has comprado mucho?

-No, no temas.

Que tu querida esposa no despilfarra, no es su estilo.

Por más dinero que gane, tranquilo.

¡Liberto, de verdad, duerme tranquilo!

Mira, la lista de encargos.

-¡Diez vestidos y diez tocados, Rosina!

-¡Qué tonta! Se me ha olvidado tacharlos.

Al final, han sido nueve de cada y unos guantes.

-¿Sabes lo que cuesta eso?

-¡Claro que lo sé! ¡Lo he encargado yo!

-Y mi tía igual, claro. -Ay, sí. Qué envidiosa.

-Os habéis vuelto majaras.

-Más respeto con las inversoras.

Además, ¿a qué viene esa cicatería? ¡Vamos a ganar dinero a espuertas!

-¡No, no es seguro!

Es una inversión, no una invitación a la Casa de la Moneda.

¡En las inversiones puede pasar cualquier cosa!

-¡Eh!

¡No te entiendo! ¿De qué hablas?

Eras tú el que clamabas que la cosa estaba hecha.

¿Qué te pasa? ¿Qué?

-Tendría que haberlo visto usted.

Se me ha puesto la carne de gallina y todo.

Y Úrsula, puro agradecimiento.

Un detalle de tronío.

-Hay que reconocerle a Genoveva que desde que casó

con todo un Bryce es otra cosa, más señora.

-Desde luego, todo el que se junta con Alfredo mejora.

-De la noche al día.

Sin ir más lejos, Rosina y yo nos hemos comprado media ciudad.

Rosina, siempre con mi asesoría, se ha dejado en vestidos...

lo que no gana en un trimestre un honrado comerciante.

La banca.

-¿Qué es esto?

(Bullicio)

¿Qué es esto? ¿Es de hoy?

Quiebra el Banco Americano.

¡Mezquino!

-No te digo que no podamos gastar, pero tenemos que ser más cautos.

Solo se trata de esperar un poco hasta ver...

-¡Eres un pusilánime!

-¡Soy un precavido! -¡Tacaño!

-Señores, ¿han oído los gritos?

-¡Somos nosotros!

-No, señora. En la calle.

La gente está gritando como posesa.

Algo ha pasado con el Banco Americano.

¿Quiebra?

-Sí, eso es lo que dice la prensa.

-No hay que creerse todo lo que digan los periódicos, ¿verdad?

-Yo me lo creo.

Como que soy viuda, señal de mala suerte.

-Vamos a tranquilizarnos un poco. Leo lo que dice.

"Dado que el Banco Americano acumula la inmensa mayoría de sus inversiones

en África, la inestabilidad de la zona le ha pasado factura".

-Pero... factura a ellos, al banco.

Nosotros no hemos recibido ninguna factura, ¿no?

-Pero nosotros somos ellos.

O sea, ellos son nosotros queriendo ser nosotros con ellos.

-¿Qué dice?

-¡Yo qué sé! No sé ni lo que digo.

Leo.

"Por tanto, las autoridades financieras de nuestro país

comunican que el Banco Americano no está en condiciones

de hacer frente a las obligaciones de inversores y accionistas".

-¿Qué estás queriendo decir?

¡Habla en cristiano, que me va a dar un pasmo!

-Significa, Susana, que todos hemos...

perdido nuestro dinero.

(AMBAS) ¿Qué?

¡Ay! ¡Antoñito, ayuda!

¡Susana!

¡Susana! ¡Ay, que me da!

¡Es el fin del mundo!

-El Banco Americano ha quebrado.

-¡Nuestro dinero!

¡Vamos a perder nuestro dinero!

Lo han pedido todo. Malditos infelices avariciosos.

Pronto llamarán a la puerta.

Esto es solo el principio.

Vais a sufrir todo lo que he sufrido yo.

¿No han leído la prensa?

No.

-¿Qué son estas maneras de entrar en una casa?

-¿No sabe lo que ha ocurrido?

-¿El qué?

-Que el Banco Americano ha quebrado por la situación de África.

¿De qué está hablando? ¿Eso es verdad?

El banco es solvente.

Sin duda, se trata de una maniobra política para debilitar a la entidad.

¿Qué va a ser de la niña...

si lo perdemos todo?

Eso mismo pienso yo, Arantxa. Eso mismo pienso yo.

"No sabemos nada de Ramón, ¿no?".

-Dice que su padre no escribe porque sigue enfadado con él.

-¿Y conmigo?

Yo no he discutido con él. ¿Por qué a mí no me escribe?

-¿Y si abrimos la carta de Hacienda?

¡Quiebra, Liberto! -¿Y si se equivocan?

-¿Y si Alfredo está equivocado? -¿Qué quieres decir?

-Que a lo mejor ese hombre no es tan listo.

-No creo que pongan a tontos a trabajar en ese puesto.

-¡Pues nos está engañando!

El Banco Americano está en quiebra.

-¿Y esto qué significa?

-Que no vamos a recuperar el dinero invertido.

Ahora que usted va a empezar a faenar en esa casa,

podría poner bien la oreja,

a ver si se entera de lo que pasa

en el Banco Americano los próximos días.

Por supuesto.

Haré todo lo posible por el sosiego del barrio.

¡Me arrepiento! -¡Pues tarde!

¡Nos ha dejado sin nada!

-(GRITA)

Carmen está muy preocupada por la desaparición de don Ramón.

Pobre infeliz.

Al parecer, don Antoñito no quiere buscarle

antes de haber solucionado por sus propios medios lo del banco.

Ese chico es idiota.

¿No me vas a perdonar nunca?

-¡Anda, mujer!

¡Dale otra oportunidad! ¿No ves que está hecho carbón?

-¡Él nos aconsejó esa inversión!

En teoría, íbamos a ganar un dineral.

-Hemos invertido todos los ahorros.

¡Basta ya!

Mi esposo no tiene culpa. Él está tan afectado como ustedes.

Él también ha invertido y corre los mismos riesgos.

¿No ven que estamos en el mismo barco?

"¿Acostumbrados a qué?".

Pero... ¿por qué dices eso?

¿Alguien os ha hecho daño?

Sé que te sientes atraída por Felipe.

He oído lo que le has dicho a Úrsula.

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Acacias 38 - Capítulo 1027

05 jun 2019

Liberto recibe una carta en la que le comunican que el yacimiento de oro se está agotando. Discute con Rosina por su excesivo gasto de dinero.
Agustina vuelve al altillo y es recibida con los brazos abiertos por todos sus compañeros, especialmente por Úrsula.
Cinta confiesa a Arantxa y a sus padres la verdadera identidad de Rafael.
Antoñito comparte con Liberto las noticias que han llegado de su padre, puede que la idea de invertir no hay sido buena. De repente salta la alarma, algo ha pasado con el banco.

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  1. Carmen martinez

    Desde Mexico he seguido la serie. Es una lástima que a los guionistas no se le ocurra algo interesante, volvemos a lo mismo: Ursula un engendro del demonio, mata a diestra y siniestra y nunca le pasa nada; ya podrían matarla. Susana ya aburre con su mojigatería, Rosina con sus desplantes de retrasada mental. Y si sigo no acabe. Ya piensen en una nueva serie, por favor

    06 jun 2019
  2. Mabi

    Que barrio triste se ha vuelto Acacias... Si hasta Lolita perdió su encanto, gracia y chispa Cabrahiguense, desde que se casó con el poco seso de Antoñito.. La familia Domínguez venía haciendo la diferencia, pero ya ni Arantxa sonríe... Que pena tan maldad e injusticia...

    06 jun 2019
  3. Mayte

    La serie ha perdido mucho interes desde el avance de los 10 años. Ursula ya sobra desde hace tiempo, sin dejar de reconocer que la actriz lo hace bien. Matar a Celia....Trini....Lucia y Samuel.....me parece desmesurado.

    06 jun 2019
  4. Miriam

    Este culebrón ya aburre por tanta maldad y los buenos los asesinan mientras que Ursua, Jenoveva y el falso banquero salen inmunes. Dar jaque mate a Acacia 38 ya aburre

    06 jun 2019
  5. Alexandra Jiménez Jiménez

    Es una lástima que la teleserie esté cargada de rencor y venganza; un drama que se vive en el día a día. La tele audiencia quisiera escapar un poco de esa cruda realidad y la producción ofrece asesinatos, suicidios y odio, una verdadera pena, teniendo tan excelente material de trabajo.

    06 jun 2019
  6. Asunción Bravo capilla

    Es una lástima por hacer que dure más tiempo lo están estropeando Y como quiten a Ramón yo la primera que la dejo de ver no entiendo por qué quieren matar a Agustina Y cómo Úrsula es una asesina Y aliada de Genoveva estén rizando mucho el rizo

    06 jun 2019
  7. Nora

    Sigue siendo aburrida la novela, es una lástima que se hayan eliminado a Lucía y Telmo que despertaban un gran interés. Los guionistas se repiten y aburren.

    06 jun 2019
  8. Ester

    Mientras Ramón está siendo asistido por quien o quienes lo hallaron casi moribundo, en Acacias hay MUCHOS candidatos y candidatas al SUICIDIO; cuanto me alegra, les suele suceder a los avariciosos y muchos de ellos poco afectos a ganarse su " FORTUNA" agachando el lomo y TRABAJANDO, ( sobre todo Antoñito y Liberto ) y a otros por CODICIOSOS

    05 jun 2019