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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1025 - ver ahora
Transcripción completa

¡Esa patente no es tuya!

-He podido venderla por mucho dinero.

-¿Por cuánto? -Lo suficiente

como para poder invertir y hacerme millonario.

-¿A quién has vendido la patente? -¿Por qué?

-Quiero revertir la venta. -No.

-¿A quién? -No se meta en mis asuntos.

-¡No son tus asuntos, hijo!

¡Con lo que has hecho, estás poniendo en peligro a la familia!

Te vas a ir a la comida benéfica que ha organizado Felicia.

Tienes que ir y que te vean feliz.

Ese chico se va a arrepentir toda la vida de haberte rechazado.

Estos manteles de algodón son una preciosidad.

-Hilo.

-¿Cómo?

-Son manteles de hilo.

-Ah.

Con esta luz no me había dado cuenta.

Si hay alguien realmente peligroso para nosotros ahora mismo,

es don Ramón Palacios.

Tienes razón.

Y ten por seguro que no va a dejar de investigar.

Necesito cierta información que creo que podría proporcionarme.

Sí, sí, se trata del Banco Americano.

Es usted la más guapa de todas. Ya será para menos.

Aquí está lo mejor de lo mejor.

Razón de más para sentirme el más privilegiado.

Es usted un adulador.

Es un asunto relacionado con el Banco Americano

que debo hablar por el bien de mi hijo y de los vecinos.

Déjame en paz.

He dicho que no.

-¿La ha oído? -¿El qué?

-La he escuchado hablar en sueños.

-Eso es imposible.

-La he escuchado con mis propias orejas.

Tengo que partir de viaje de inmediato.

Voy a escribir una carta para que se la des a mi hijo.

¿Qué quieres que haga? Quiero...

que despliegues tus armas femeninas y de seducción.

No se te puede escapar.

No tiene usted ninguna enfermedad.

-¿Qué quiere decir que no la tengo?

-Que no está usted enferma.

-¿Que no me voy a morir?

Espero que Lolita sepa la suerte que tiene

de tener el amor de un hombre joven y robusto.

Yo lo echo mucho de menos.

Yo creo que debería irme.

Discúlpeme, no era mi intención importunarle con mis alabanzas.

No, no importa, simplemente creo que...

Deberíamos centrarnos en los negocios.

Por supuesto.

Sepa que yo ya he tomado la decisión

de invertir una gran cantidad en el Banco Americano.

Le parezca bien a mi padre o no. Me alegro.

El negocio que nos ofrece su esposo es tremendamente ventajoso.

Téngalo por seguro.

Y...

Por la relación de amistad que tiene usted

con mi esposa, les tengo confianza plena.

Se lo agradezco.

Volveré en otro momento, cuando esté su marido.

Le diré que ha pasado a visitarnos.

No parece alegrarse de la buena nueva.

-Claro que sí, don Felipe.

Lo que me sucede es que aún no soy capaz de creerlo.

¿Está usted seguro?

-Por fortuna, así es.

El médico ha revisado los exámenes con detalle.

Y los ha repetido desconfiando del resultado.

No hay lugar a dudas.

No tiene ninguna enfermedad mortal como le diagnosticaron.

-¿Y eso...?

¿Es que no voy a morir?

-Cuando llegue su momento,

no será por esa supuesta enfermedad.

No hay rastro de semejante mal.

-Es un milagro.

-A mí me parece una incompetencia por parte del doctor.

No entiendo cómo pudo cometer semejante error.

Esto no quiere decir que no tenga que recuperarse de la caída.

Eso le llevará tiempo.

-Por todos los santos.

Cuando pienso en el terrible pecado

que he estado a punto de cometer sin motivo alguno.

Que Dios me perdone.

Yo no creo que pueda hacerlo.

-Agustina, no se culpe.

Fue la desesperación la que le llevó a actuar así.

Pero le digo una cosa.

Ese medicucho de tres al cuarto pagará por este error

que casi le cuesta la vida.

Yo...

Yo también me siento responsable.

Yo le recomendé ese médico.

-No diga eso.

Usted tan solo quiso ayudarme.

Y le estoy tremendamente agradecida por eso.

Agustina.

-Úrsula.

¿Cómo conoció al doctor Maduro?

Una mujer que solía frecuentar el mercado me habló de él.

Me dijo que atendía a sus señores y que era un excelente profesional.

Pues no podía estar más equivocada.

¿Podemos hablar con ella o con sus señores?

Me temo que no va a ser posible.

Se disponían a abandonar la ciudad para siempre.

Al menos, sabrá dónde está la consulta del doctor.

Por supuesto, le apunto la dirección.

Agustina.

Le prometo que ese mal doctor pagará por lo que ha hecho.

Agradecido por la tisana, prima.

Pero ¿a cuénto de qué tamaña urgencia por verme?

A estas horas lo que quiero es estar descansando en casa.

-No te preocupes, no te voy a entretener mucho.

Quería comentarte que he estado hablando

con el Servando sobre tu mujer.

-¿Y qué tiene que decir sobre mi santa?

-Piensa que es una gran mujer, entre otras cosas.

-¿Qué? -Me dijo que era muy guapa.

-¿Qué? ¡Se va a enterar!

¡Voy a hacer que se trague sus...! ¡Ah!

¡Que se trague sus palabras!

-¿No te das cuenta de lo que esto significa?

Tenías razón, Servando se ha enamoriscado de tu borrega.

-¿Tú crees?

-Estoy tan segura como que uno más uno son dos.

-En verdad entiendo que mi Marcelina levante pasiones.

¿Qué hago yo ahora?

-Tienes que coger al toro por los cuernos.

-¡Deja de poner ejemplos que tengan que ver con la cornamenta!

Perdón. Lo que digo es que no te puedes quedar

de brazos cruzados, Jacinto.

Es un asunto muy importante, te juegas mucho.

O hablas con tu mujer o hablas con el Servando.

Siento ser portadora de tan malas noticias.

Pero alguien tenía que decírtelo.

-Pierde cuidado, prima, te lo agradezco.

¿Dónde vas tú ahora?

-Yo me voy al catre.

Estoy la mar de cansada y mañana tengo mucha faena.

-El que no va a poder pegar ojo soy yo.

-Ay, primo, lo siento muchísimo.

No te puedo ayudar en nada más.

Cuando te termines la tisana, cierra la puerta.

Buenas noches.

-Buenas noches.

¡Ah!

-Jacinto, ¿qué haces aquí?

-Nada, desvelarme por lo que cuenta mi prima.

¿Y usted?

-He venido a darle un recado a Fabiana.

-Podría haberse ahorrado el paseo. Hace rato que se fue ya.

Directa a la piltra iba,

cosa que tendría que haber hecho yo.

-Pareces disgustado. ¿Ocurre algo?

-Eso me temo.

Que me da a mí

que Servando se ha encaprichado de mi Marcelina.

-No digas tontunas. ¿De dónde sacas eso?

-Mira que no hay lugar a dudas.

-Lo mejor es que lo hables con él y evitas malos entendidos.

-Eh...

Cierra al salir.

Pensaba que estarías ya acostada.

¿Y tú qué haces aquí, Carmen?

-Esperarle, tenemos que hablar.

-¿Dónde estabas?

-Arreglando unos asuntos.

Pero ¿qué me queréis contar? Que me tenéis alarmado.

-Carmen ha venido a decirnos que tu padre se ha ido de viaje.

-¿Adónde?

-No ha querido darme explicaciones.

Pero me dejó esta carta para que se la entregara

a usted una vez se hubiera ido.

-¿Qué dice?

Contesta, que nos tienes con el corazón en un puño.

-Me explica que ha ido a buscar a un amigo

para pedirle consejo e información.

-¿Sobre qué?

-Se supone que sobre el Banco Americano.

-Exacto.

Me dice que no me deje presionar por las prisas de don Alfredo

y que no firme nada hsta que no regrese.

-Sigue temiendo que cometas un error.

-¿Dice algo de su regreso?

-Que intentará llegar lo antes posible.

Lo intentará. Mañana se cierra el plazo para la inversión

y no me puedo echar atrás por sus sospechas y sus prejuicios.

-Sus sospechas deben ser fundadas para actuar de tal manera.

-Sí, pero he dado mi palabra, no me puedo echar atrás.

Arruinaría la inversión de Liberto

y de Susana, Felicia y los Domínguez.

No me puede pedir esto y no le pienso hacer caso.

Seguro que se ha ido para arruinarlo todo.

-Antoñito.

Para. No hables así.

¿Cómo puedes desconfiar de tu padre?

-Tengo razones de sobra para hacerlo.

-Pues te equivocas. Se merece toda nuestra confianza.

No deberías desobedecerle.

-Estoy un poco harto de que nadie se fíe de mí.

Sé muy bien lo que hago, aunque nadie parezca creerlo.

Nada.

No hay manera de hacerle entrar en razón.

-Ya lo veo, ya.

Espero que Ramón regrese pronto.

-Que Antoñito no firme sin contar con su padre.

¡Por fin regresas, José! Mi vida.

-Veo que te alegras de verme.

-Más lo haré si me dices que todo ha ido bien.

-A pedir de boca. -Qué alegría.

¿Te ha dejado don Alfredo el dinero para la inversión?

-No solo eso, ha sido tan generoso

que nos quedará para tapar algún agujero.

Y a unos intereses más que justos. -¡Ay, qué alegría, Dios mío!

Que Dios le bendiga. Así da gusto hacer negocios.

-He quedado con los vecinos para concretar la inversión.

-Por fin un poco de luz al final del túnel.

Dios aprieta, pero no ahoga.

-Eso parece.

Pero para la próxima vez podría apretar una miajita menos.

-Bueno.

Y esa no es la única noticia buena que tenemos.

Nuestra hija se codeó ayer con lo más granado de la ciudad

del brazo de un apuesto acompañante.

-El Rafael ese parece agradarte.

-No podía ser de otro modo.

No es un embajador, pero tampoco se puede tener todo.

Ayer, después de la comida, subió y estuvimos conversando.

Me resultó del todo encantador.

-¡Qué maravilla!

¿Y Cinta qué opina al respecto?

-Aún no le he preguntado. -Comprendo.

Prefieres no presionarla.

-No, hombre, de ninguna forma.

Aún no he tenido ocasión de hacerlo.

Pero algo me dice que esa pareja

tiene ante sí un futuro brillante.

-Mira, lucero mío, el muchacho me pareció la mar de agradable.

Pero no vayamos tan deprisa, a ver si salimos trasquilados.

-Hijo, José, qué sieso eres. Soñar es gratis.

-Pues no te creas, en ocasiones sale muy caro.

En fin.

Me voy a guardar los documentos del préstamo a la habitación.

¿Dónde va, padre, no desayuna con nosotras?

Yo ya vengo desayunado.

Pero si es para haceros compañía, vuelvo y desayuno otra vez.

-Al fin amaneces.

Estaba deseando conversar contigo. Siéntate.

¿Sobre qué asunto, madre? ¿Qué va a ser?

Sobre tu apuesto acompañante, Rafael.

Lo sospechaba.

No me vayas a decir que no te pareció amable, educado,

atento y buen conversador.

Ya ha contestado usted por mí. ¿Acaso me equivoco?

No, si es un hombre encantador. ¿Pero?

Por tu expresión, sé que hay un pero.

¿Le puedo confesar algo?

No logro quitarme a Emilio de la cabeza.

Traté de disimularlo, se lo prometo.

En la comida no dejé de estar pendiente de él.

Tienes que hacer un esfuerzo por olvidarlo y mirar al futuro.

Y el futuro tiene un nombre: Rafael.

¡Huy! ¿Y esas flores, José? -Me las ha dado Arancha.

Acaba de traerlas un mozo. Son para mi Cinta.

De parte de Rafael.

-¿Ves lo que te decía?

Por cierto.

¿Tú crees que estará a tiempo

de emprender una carrera diplomática?

"Disculpe, Emilio.

Venía a preguntarle sobre las normas de vestimenta".

-¿Qué quería preguntar? -¿Requiere etiqueta?

No me he traído el esmoquin a la ciudad.

-No, es solo una comida.

-Por cómo está dejando el salón nadie lo diría.

Estos manteles de algodón son una preciosidad.

-Hilo.

-¿Cómo?

-Son manteles de hilo.

-Ah.

Con esta luz no me había dado cuenta.

Disculpe, Emilio.

¿Vengo en mal momento?

-No le había escuchado entrar, estaba distraído.

-No hace falta que lo jure. -¿Puedo ayudarle?

-Sí. Poca cosa.

Me he acercado para preguntar por su hermana.

Estoy algo preocupado por ella.

-¿Por qué motivo? -Verá.

Aunque cueste creerlo, la escuché hablar en sueños.

-Eso no es posible.

Ha debido confundir con palabras

algunos de los pocos sonidos que puede emitir mi pobre hermana.

-Eso mismo opina su madre.

-Debe creerla.

Ya nos gustaría a nosotros que fuese así.

La pobre Camino tan solo puede emitir sonidos guturales.

-Sin embargo, me cuesta creer que me equivocara.

Me pareció muy claro.

Pero si ustedes están seguros de que es así...

-Por desdicha, no albergamos ninguna duda.

-Buenos días.

Vengo de entregar la donación de la comida a las autoridades.

¿Ocurre algo?

-No, me he acercado a interesarme por Camino.

-Se lo agradezco.

Se ha quedado descansando. Hemos tenido mucho trabajo.

-En tal caso, no les molesto. Sigo con mi ronda.

Con Dios. -Con Dios.

Emilio, hijo.

Hemos de ser cautos con este entrometido.

Tenemos que evitar que Camino vuelva a descubrirse.

-Lo sé, madre, no la dejaré sola.

-Está bien.

Voy a ver como van en la cocina.

Ay, agustina, qué alegría tan grande.

Gracias, Señor, que nuestras oraciones han sido escuchadas.

¿Ve como la esperanza es lo último que se pierde?

-Mi fin parecía tan cercano

que me dejé llevar por la desesperación.

Aun así, yo no lo comprendo.

Tenía las mejores referencias de ese médico.

¿Cómo iba a pensar que era un impostor?

-¡Ay!

No sufra, Úrsula, bien está lo que bien acaba.

Ya.

Pero ha estado a punto de terminar en tragedia.

He pasado la noche con un terrible dolor de cabeza.

No he podido pegar ojo.

No es usted quien debería desvelarse, sino ese mal doctor.

-Así es, Úrsula.

Usted solo quiso ayudarme.

Y así se lo agradezco.

-Recuerdo a un falso médico

que rondó por el barrio hace mucho tiempo.

A ver si no es el mismo pollo.

-Don Felipe está dispuesto a hablar con él

y pedirle explicaciones. -Es lo mínimo.

Que ese desgraciado dé la cara.

De todas maneras, estamos olvidando lo más importante.

Que Agustina no está enferma de muerte, como creíamos.

¡Ay, Úrsula!

En eso tiene usted más razón que un santo.

Ahora mismo voy a contárselo a todo el mundo.

Todo Acacias va a querer celebrarlo.

Descanse, Agustina.

Sepa que la quiero mucho.

A más ver.

A más ver, Úrsula. Con Dios.

Sí, buenas.

Preciso hablar con un abonado de Tarrasa.

Quería contactar con la fábrica

de Rafael Bonaque, empresario textil.

Sí. De acuerdo.

Buenos días, ¿podría hablar con don Rafael Bonaque?

Ay, Cinta, prueba un poco, cariño, a ver qué tal está.

Está bueno.

Hija, qué entusiasmo.

Está mal que yo lo diga, pero está para chuparse los dedos.

Este marmitako es receta de mi amama.

Pensaba yo que te iba a alegrar el día.

Te lo agradezco, pero hace falta algo más que marmitako para eso.

Pues en todo Acacias no se habla de otra cosa

que de la comida de ayer.

Dicen que fue de lo más elegante.

Hasta una nota ha salido en los diarios.

Oye, y tu madre, entusiasmada con tu acompañante.

Me ha contado que estuvo Rafael de lo más agradable.

Así fue.

Hija, has mostrado más entusiasmo

por el marmitako que por tu acompañante.

Te lo pido, haz un esfuerzo, anímate un poco.

Que pareces un alma en pena.

Me encantaría, tata, pero no puedo.

Ya va.

Las cuentas claras y el chocolate espeso.

Estás así por el tonto de Emilio.

Tampoco hacía falta ser adivina para saberlo.

Ni para darse cuenta de que tienes que pasar página.

Ya te estás olvidando de él. Qué fácil es decirlo.

Y no va a ser muy difícil hacelo.

¿No te das cuenta de que no tienes ningún futuro con él?

Haz el favor, obsesionarte con él no te va a traer nada bueno.

Si ya lo sé. Pues entonces.

Haz lo que te pido. ¿De quién eres hija?

De la gran Bellita del Campo.

Te pido un poco más de orgullo y de amor propio, ¿eh?

Es que no te viene bien estar todo el día

dándole a la mollera porque te han rechazado.

¿No era esa la verdad? No.

La verdad es que ese camarerito no te llega a la suela del zapato.

Otro tanto. Pero ¿qué se habrá creído ese lerdo?

¡Jesús!

Agradecida, Carmen, no sabes las ganas

que tenía de poner esta balda.

-La agradecida soy yo, Lolita.

Aunque sea por unos instantes, no le doy vueltas a la cabeza.

-Ya.

Usted tampoco ha pegado ojo esta noche.

-¿Cómo podría?

Antoñito parece decidido a invertir en contra del consejo de su padre.

Y de Ramón no sabemos nada.

-Mi suegro podría haber aguardado a marcharse de viaje.

-Bueno, ya escuchaste lo que decía la carta.

Parece tener relación con la inversión.

¿Y tú has podido hablar de nuevo con Antoñito?

-Nones.

Anoche estaba todo enfurruñado.

Y se ha marchado sin decirme adónde iba.

-¡Jo!

-A las buenas.

Lolita, ¿puedo hablar con Antoñito? -Pues como poder, puede.

Pero tendrá que encontrarlo. -Ha ido a hacer unas gestiones.

-Quería recordarle que esta tarde nos hemos citado en mi casa.

-Supongo que para concretar lo de la inversión.

-Hemos quedado en entregar el dinero esta tarde.

-Pues una no sabe... -Don Liberto.

Descuide, nosotras le damos el aviso en cuanto regrese.

-¿Hay algún poblema?

-No, claro que no.

-En fin, les dejo.

No os olvidéis de darle el recado.

-Descuide.

Lolita, debemos ser cautas. No levantemos aún la liebre.

No digamos nada hasta que no sepamos qué va a suceder.

No vaya a ser que aún compliquemos más todo este asunto.

Calma.

(Puerta)

Vaya, ¿quién será ahora?

¡Vaya por Dios!

Emilio, ¿qué hace aquí?

Le han pitado los oídos.

-¿Puedo hablar con usted un segundo?

Haz el favor de dejarnos solos.

¡Arancha!

¿No me has oído?

-Está bien, pero solo un suspiro.

Y haz el favor de vigilarme la olla.

Que solo me falta que por culpa de este se me queme el guiso.

(HABLA EN EUSKERA)

-¿Qué ha dicho?

Mejor no quiera saberlo.

No esperaba verle por aquí.

¿Acaso está arrepentido de algo de lo que me ha dicho?

No, Cinta, simplemente venía a hablarle de Rafael.

Ya veo.

¿Tiene algo que decirme de mi encantador acompañante?

Sí, que quizá no sea tan encantador como usted cree.

Me veo en la obligación de advertirle en su contra.

Le agradezco su interés por mi bienestar.

Se podría haber ahorrado la visita.

Dudo mucho que tenga nada que decir.

Tengo serias sospechas de que no es quien dice ser.

Tampoco sería la primera persona en estas calles que me defrauda.

Pero esta vez creo que no hay motivo para opinar así.

He llamado a su fábrica de Tarrasa preguntando por él.

Mal hecho, sabe que no está allí.

Así me han informado.

Me han dicho que hoy no ha acudido a la fábrica.

Pero no porque estuviera en otra ciudad,

sino porque estaba enfermo en su casa.

Tiene que tratarse de un error.

Según me ha dicho su secretaria, sus achaques son frecuentes.

Parecía claro que hablaba de una persona de edad avanzada.

¿Sugiere que se está haciendo pasar por el verdadero empresario?

Veo que lo comprende usted.

Eso es absurdo. ¿Por qué haría tal cosa?

Eso es lo que más me preocupa. Se me ocurren varios motivos

para semejante proceder y ninguno bueno.

Sea como sea, no termino de comprender

por qué me lo cuenta, no es de su incumbencia.

Me preocupo por usted.

No debería, ya me ha dejado bastante claro

que no tiene ningún interés en mi persona.

Debería darle igual con quién paso mi tiempo y si es empresario o no.

¿O es como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer?

Me preocupo por su bienestar como lo haría por cualquier vecina.

Emilio, guárdese sus desvelos.

Rafael es atento y encantador, todo lo contrario que usted.

¿No se da cuenta de que le ha mentido?

Se tiene que tratar de un malentendido.

Puede ser que el que está enfermo sea su padre o su abuelo.

Me importa un bledo. Lo que sí me disgusta y mucho

es que venga a emponzoñar a mis amistades.

Si no quiere saber nada de mí, me parece perfecto.

¡Pero déjeme en paz de una vez!

Y ahora, si es tan amable,

le invito a que se marche de mi casa.

(SUSPIRA)

Qué poco han tardado en descubrir el engaño.

Era de esperar que ocurriera así.

En el hospital investigarían el diagnostico.

Eso no es todo.

Don Felipe se ha empeñado en encontrar al doctor Maduro.

Si sigue indagando, puede descubrir todo el pastel.

No tema, Úrsula.

La cantidad que pagué a Maduro fue muy elevada.

Ya debe estar fuera del país.

Aun así, las sospechas recaerían sobre mí.

No, no creo.

Son demasiado simples como para sospechar la verdad.

Pensarán que es una pobre mujer que ha sido timada por un farsante.

Nada más.

Esperemos que no se equivoque.

¿Qué debo hacer ahora?

Lo que ha estado haciendo durante todo este tiempo.

No separarse de Agustina, estar a su lado de manera incondicional.

¿Hasta que salga del hospital?

Si es que sale.

¿Acaso pretende que lo evite?

¿Estaría usyed dispuesta?

No me temblaría la mano ni un segundo.

Es usted una fiel colaboradora.

Estoy deseando que entre a mi servicio.

Así podremos gestionar nuestros asuntos más cómodamente.

Pero no, no será menester que haga lo que sugiere.

Matarla sería ponerles las cosas demasiado fáciles.

¿Fáciles?

Sí.

A Agustina le queda mucho que padecer.

Tiene que ver sufrir a los que quiere.

No.

No quiero que acabe con su vida.

Su intento de suicidio ha sido el principio, un aperitivo.

Mi venganza apenas ha comenzado.

¿Está segura, Fabiana?

-"Pa" chasco que sí, Carmen.

Agustina no tiene nada malo. Bueno.

Nada más que las heridas de la caída,

que tampoco son moco de pavo.

-Sí, pero que no van a costarle la vida,

como esa maldita infección de la sangre.

-Así es, el médico estaba totalmente equivocado.

-Parece mentira. ¿Cómo ha podido hacerle pasar

por semejante sufrimiento sin tenerlas todas consigo?

-Hay cada matasanos que mejor echarle de comer aparte.

-Y usted que lo diga.

Lo que importa es que esté sana. -Así es.

Tenemos que dar gracias a Dios por que así sea.

Y pensar que casi la perdemos sin deber.

-Ha vuelto a nacer.

-Pues sí. -Fabiana.

Te estaba buscando. ¿Se sabe algo de Agustina?

-Sí, doña Susana, precisamente estábamos hablando de ella.

Se recupera de su última operación.

Todo va como miel sobre hojuelas. -Me alegra saberlo.

-De hecho, tenemos buenas nuevas.

No estaba enferma, como le hicieron creer.

-Que Dios perdone lo que estuvo a punto de hacer.

Tratar de quitarse la vida es un pecado muy grave.

-También lo es juzgar a nuestros semejantes.

-¿Y don Ramón, qué tal está?

¿Cómo lo pasó en la comida? No he podido preguntarle.

-Lo pasó bien. Le agradezco el interés.

-Me alegra escucharlo.

Tenedme informada si hay alguna novedad sobre Agustina.

¿A esta mujer qué mosca le ha picado?

-¿Por qué lo dice?

-¿No se ha percatado del tono con el que le hablaba?

Tan conciliador. Nada que ver con el que ha usado hasta la fecha.

-Pues claro que lo he notado.

-¿Y no le extraña?

-Mire, entre usted y yo,

ya no me importa lo que opinen sobre una las señoras.

Ni sobre mi relación con Ramón.

Tengo la inmensa fortuna

de que mi amor es correspondido por un gran hombre.

-Tiene usted más razón que un santo.

-Además, que no tengo nada de qué avergonzarme.

No me mueve el interés, como creen las malas lenguas,

sino un profundo amor.

-¡Ay, Carmen!

Que han sucedido dos milagros.

Que Agustina no esta enferma

y que usted se ha dado cuenta de lo que de verdad importa.

Muchas gracias.

Servando, me han dicho que quería verme.

-Sí, tengo que decirte algo. -Pues usted dirá.

-Creo que eres admiradora de doña Bellita del Campo.

-"Pa" chasco que sí.

La artista más grande. -Pues no me he equivocado.

He hecho unas gestiones con ella.

-¿Gestiones de qué, Servando?

Se explica usted como un libro cerrado.

-Bueno, no seas impaciente, déjame terminar.

Es que le he pedido un favor y espero que te guste.

-No quiero interrumpirle,

pero no tengo ni idea de qué está hablando.

-Cuando te enteres, te vas a quedar patidifusa.

El caso es que he logrado

que me regale un abanico de su colección.

-¡Arrea!

¡Qué envidia!

Ha hecho muy mal en restregármelo.

-No te enteras de la misa la media.

¿Para qué voy a querer un abanico de doña Bellita del Campo?

El abanico lo he pedido para ti.

-¡Ay!

¿Lo dice en serio? -Ajá.

Lo utilizó en una actuación que dio en Buenos Aires

delante del presidente. -¡Oh!

¡Ay! -¿No dices nada, te gusta?

-Me ha dejado sin palabras.

¡Ay, Servando!

No hay otro hombre como usted.

-Pero ¿esto qué es, qué está pasando aquí?

¿Está todo en orden? -Eso parece, tía.

(SUSPIRA)

No veo el momento de marchar a casa de don Alfredo a firmar.

-Tenemos que esperar a Antoñito y saldremos todos juntos.

Desde luego, podemos estar satisfechos.

Era muy difícil conseguir todo ese dinero.

Rascando un poco de allí, un poco de allá,

lo hemos conseguido y esto solo puede salir de una forma: bien.

-Así lo espero.

Les confieso que he puesto en juego más de lo que tengo.

Sí, sí.

Aunque mi esposa no quería que se supiera,

después del incendio del teatro,

nuestra situación era más que delicada.

-Vaya, lamento escuchar eso.

-Y, por si fuera poco,

cuando decidimos quedarnos en España por la niña,

renunciamos a una gira

que nos hubiera generado grandes dividendos.

-Descuide, que sus desvelos han terminado para siempre.

Esto nos va a hacer ricos. Y podemos estar muy orgullosos

de haber llegado a tiempo y con el dinero requerido.

-Ay, querido sobrino, no cantes aún victoria.

¿No te parece extraño que Antoñito no haya llegado?

-Sí que se está retrasando.

Habrá tenido cualquier contratiempo.

-Las malas lenguas dicen que ha discutido con su padre.

-¿Una discusión por qué?

-¿Acaso lo duda? Por la inversión en el banco.

Parece ser que don Ramón no solo no quiere invertir,

sino que está en contra de que su hijo lo haga.

-¿No se habrá echado atrás en el último momento?

-Echaría abajo la inversión de todos.

-Pues yo tiemblo de pensarlo.

Estoy jugándome todos los ahorros de mi jubilación.

-Lo sé, nosotros también arriesgamos todo nuestro dinero.

Espero que sus temores sean infundados.

A las buenas tardes, Camino.

¿Cómo te encuentras?

¿No te alegras de verme?

Tranquila, no te voy a entretener mucho.

Camino.

He de reconocerte que estoy algo preocupado por ti.

Me tienes intrigado.

¿De verdad no puedes articular palabra?

Yo estoy convencido de que te escuché hablar.

Sí, sí, imposible.

Eso aseguran tu madre y tu hermano.

Afirman que apenas puedes emitir sonidos.

Y en raras ocasiones.

Pero yo juraría que te oí hablar.

Tranquila, Camino.

Que yo te creo.

Ya veo que tienes mucha faena. No quiero molestarte.

Ya es mala fortuna.

Te dejo solo un suspiro y tiene que aparecer Cesáreo.

¿Sigue insistiendo con lo mismo?

Me lo temía. ¿Crees que sabe algo?

Habrás pasado muchos nervios.

Tranquila, siéntate. Si juntos seguimos esquivando

sus preguntas, no tardará en rendirse.

Y te dejará tranquila.

Son unas revistas del Ateneo, me las ha prestado un cliente.

Escúchame, tengo la sospecha de que Rafael es un impostor.

Por eso quiero comprobar algunos datos de estas revistas.

Sí, Camino, un impostor.

Tengo algunas pistas, cosas que no me encajan.

Ya, piensas que son los celos los que me hacen pensar así.

Que sigo enamorado de Cinta. Te equivocas.

Ese hombre no es trigo limpio, te lo aseguro.

Y os lo voy a demostrar.

¿Quieres una copa, querida?

Gracias, pero no, estoy demasiado nerviosa como para beber nada.

Es una lástima.

Tenemos mucho por lo que brindar.

Brindaremos cuando esté todo atado.

Cuando hayan firmado y entregado el dinero.

No falta mucho para ese brindis. Las cosas van como hemos planeado.

Es increíble lo incautos que han llegado a ser los vecinos.

Sí.

La verdad es que ha resultado demasiado fácil.

Como quitarle un caramelo a un niño.

Ellos van a perder más que un dulce.

Se están retrasando demasiado.

Así es.

Creo que fui muy claro con la hora de la cita.

No soporto la impuntualidad. Sobre todo, en los negocios.

Descuida, van a pagar de sobra por su falta.

Aquí está.

Asociación de Empresarios Textiles Catalanes.

No puede ser.

¿No estará pasando algo grave?

¿Qué podría ser?

Lo sabes perfectamente.

Que Antoñito haya hecho caso a su padre y se haya echado atrás.

Lo vi muy convencido.

Quizá te equivoques. No.

Me prometió que iba a invertir.

Su orgullo le impediría echarse atrás.

Conozco a los hombres. Es presa fácil.

Espero que así sea.

En cuanto a su padre, don Ramón Palacios,

espero que en este momento

ya no sea ningún problema.

Me alegra que nos hayamos quitado semejante estorbo.

Parecía que iba a echarlo a perder.

(Puerta)

¿Ves como nuestros temores eran infundados?

Aquí están nuestros invitados.

No les hagamos esperar.

Adelante.

Buenas tardes.

-Buenas tardes.

Me satisface verles. Les esperábamos.

Parecen serios.

-¿Sucede algo?

-Tenemos que hablar con usted.

-Hay un problema.

¿Y bien? -Nada.

Antoñito tampoco está en su dormitorio.

-¿Y dónde se ha podido meter este hombre?

-Eso le gustaría saber a una servidora.

Me tiene con el alma en vilo.

-No tenemos fortuna con esta familia.

Sus hombres parecen disfrutar viéndonos preocupadas.

Me gustaría tener noticias de Ramón.

-Yo ya me temía que tardaría.

-Espero que no se retrase mucho más.

-¿Lo echa de menos?

-Con toda mi alma, Lolita.

¿Te puedo confesar algo?

-Pues claro, estamos en confianza.

-He pensado comprarle un regalo por nuestro compromiso.

-Huy.

A mi suegro no le gustaría que se gastara los cuartos.

-Ya, pero es que...

Siento que debo hacerlo.

Me ilusiona que tenga un recuerdo mío de estos días tan dichosos.

-Bueno, pues no lo dude más.

No se me ocurre dinero mejor invertido.

¿Qué va a regalarle, si puede saberse?

-Un reloj.

Ya lo tengo mirado y todo.

Ne gustaría grabarle una dedicatoria bonita.

-Seguro que le encanta.

Lo llevará siempre consigo.

-Más le vale.

Algo importante ha cambiado en mí

desde que Ramón ha entrado en mi vida.

-Lo sé.

Mi suegro es un gran hombre.

-Se me ha dado otra oportunidad para ser dichosa

cuando ya menos lo esperaba. -Pues aprovéchela.

-Eso haré.

No lo dudes.

-Carmen.

¿Qué le sucede?

-No lo sé, Lolita.

Que a veces me asaltan los peores presentimientos.

Me recorre un escalofrío por el cuerpo.

No puedo evitar sentir miedo.

Es como si...

en el fondo supiese que no me merezco esta felicidad.

O como si el destino aún

me estuviese reservando una jugarreta.

-Eso son "tontás".

Confíe.

Además, que no todo el mundo puede presumir

de haber encontrado el amor.

Nosotras tenemos mucha suerte.

-Supongo que tienes razón.

No hay nada que temer.

Ramón...

es el hombre con el que pasaré el resto de mis días.

-Y tenga por seguro que por muchos años.

-Es lo único que pido.

Ya no me imagino la vida sin él.

Usted sabe que yo había decidido vender la patente de las cafeteras

para entrar en el accionriado del banco.

-¿Y bien?

-El comprador se ha echado para atrás en el último momento.

¿No prometí serte fiel hasta que la muerte nos separase?

-Me acuerdo, pero no sabía si tú te acordabas.

-Pues no soy una casquivana. Y que esto no se me va a olvidar.

Alfredo, tú podrías cubrir la parte que falta.

Podrías hacerle un préstamo a Antoñito.

Un préstamo personal.

Y el te lo devolvería cuando encontrara otro comprador.

Necesitaría garantías de que me lo va a devolver.

-Por supuesto, las tendrá.

-Escritura, firma ante notario. -Todo, todo.

Me ha dado Jacinto esta carta para ti.

"Aquí está la prueba de lo que le dije.

Un retrato del verdadero Rafael Bonaque

recibiendo un premio del Círculo de Empresarios.

Ese hombre es un impostor".

Don Alfredo me ha hecho un préstamo personal.

-Sin garantías.

-Con garantías, nadie deja dinero sin garantías.

Se lo iré devolviendo con los beneficios.

Nos vamos a hacer ricos.

-Para, para, para, déjame.

Por el Banco Americano

y por la ruina de nuestros vecinos.

Beba.

He de ir al hospital con Agustina.

No discuta mis órdenes.

¿Te fías más de mi padre?

-Por supuesto.

-Pues tú eres mi mujer y me tienes que obedecer.

La ruina de los vecinos ya está en marcha.

Nos hemos quitado de en medio a Ramón Palacios.

¿Se sabe algo de eso en el barrio?

Nada he escuchado.

La noticia del accidente no ha llegado todavía.

Va a ser una sorpresa para todos.

Estoy preocupada por el viaje de Ramón.

-¿Sigue sin noticias?

-Ninguna. -Vaya.

He recibido noticias sobre el doctor Maduro.

El que diagnosticó a Agustina. -¿Y?

-No hay ningún doctor colegiado con ese nombre.

Hablaré con la Policía y haré que den con ese hombre.

¿Quién es usted? Ya lo sabe, Rafael Bonaque.

Si hay algo que me molesta, es que me tomen por estúpida.

¿Quién es este?

O me dice la verdad o me largo y no me vuelve a ver.

¿Las cosas con Marcelina no han mejorado?

Perdón. -La Marcelina es muy rencorosa.

Y cabezona. Me recuerda a un carnero que tenía, Colifloro.

Ni olvido ni perdono.

-¿Yo, rencorosa?

¡Qué valor, no tienes perdón de Dios!

¿Ya hay fecha? -No hay fecha ni de pedida.

¿Es que hay algún problema?

-En cuanto regrese del viaje, ya lo cerraremos.

-Hazme caso, átale en corto, sácale una fecha.

Es más difícil que se arrepienta.

Ahora que volveremos a ser ricos, conocerás a pretendientes.

Rafael no está mal.

Pero yo sigo ilusionada con casarte con un diplomático.

Usted sabe que don Ramón es un lince para los negocios.

Y si desconfiaba, es por algo.

-Seguro que regresa pronto y todo vuelve a su sitio.

Solo quiero ayudar a Camino

a lo que no pude ayudar a mi hermana.

Es una chica joven y con miedos.

Solo necesita armas para poder defenderse.

(Puerta)

No se olvide de dejarme dinero para luego.

Vienen del mercado a cobrar lo del mes.

-Tendrás que dar largas y decir que pagaremos el mes que viene.

-Pero si teníamos el dinero apartado.

Se lo di en un sobre. -Lo metí en el Banco Americano.

Ya sabes, más inversión, más beneficios.

-¿En ese barrio se han vuelto todos locos?

Esta carta ha llegado para mi suegro.

Del Ministerio de Hacienda.

-¿Es de su contacto allí?

-Este señor le iba a decir

si la decisión era buena o un desatino.

Yo tengo muchas ganas de abrirla. ¿Qué hacemos?

Las cosas van bien, pero aún falta mucho

para culminar tu venganza.

Llegará, todo está planeado.

La estocada final de mi venganza causará muchas lágrimas en Acacias.

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Acacias 38 - Capítulo 1025

03 jun 2019

Emilio descubre que Rafael es un farsante y corriendo se lo cuenta a Cinta. La joven se enfada con el camarero porque piensa que todo es una farsa para que no siga viéndose con Bonaque.
Genoveva no consigue seducir a Antoñito, pero consigue que invierta en el banco.
Cesáreo le cuenta a Emilio que Camino ha hablado en sueños. La familia Pasamar marca distancias con el sereno.
Felipe explica el nuevo diagnóstico de Agustina y propone hacer algo contra Maduro.
Antoñito recibe una nota de Ramón, en la que le pide que espere y que no invierta en el banco hasta que vuelva de su viaje, pero hace caso omiso y se reúne con los vecinos para firmar en casa de los Bryce.

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  1. Jenny y Augusto

    Disfrutamos la novela en casa, y si hemos comentado lo de las fatalidades, que son recurrentes. pero mas que ello, disfrutamos la excelencia del realismo de los escenarios, muy bien logrado, nos transporta en el tiempo a esa época, realismo en los personajes. y excelente actuación. Exitos..!

    14 jun 2019
  2. Alison

    Lo ùnico que han incrementado positivo es a Arantxa, esa es una artista de primera, bellita, el esposo y la hija son lo mejorcito en mucho tiempo

    05 jun 2019
  3. Alison

    Bueno yo espero que no muera Don Ramón, casi dejo de mirar la serie después de la muerte de Trini, no puede ser que saquen a los mejores personajes, ls que ya aburre es doña Susana a esa habria que sacarla de inmediato.

    05 jun 2019
  4. Marilu

    Yo en cambio creo que los guionistas SI tienen imaginación, solo que centrada en la maldad, sin escrúpulos, puramente inspirada en desgracias, calamidades y toda índole de degradaciones de los seres " humanos " personificados en la serie.- Y para muestra tenemos MUCHOS botones, CASI el 100% de los personajes, salvo honrosas excepciones ( MUY POCAS ).- Conclusión: los argumentos de la serie son el FIEL REFLEJO de quienes los escriben

    05 jun 2019
  5. Francesca

    Los guionistas tienen poca imaginación. No se les ocurre una trama diferente, un recurso que eleve la serie, que promueva algún valor humano. ¡Qué pena! ¿Será que con la quiebra de los avariciosos se irán estos personajes, patrones y sirvientes, y, llegarán otros, iniciando nuevas tandas de muertos?

    04 jun 2019
  6. james

    Estoy de acuerdo con muchos de ustedes,siempre que hay un guión bueno llega la desgracias, muy poco se puede decir de felicidad en ese enlace de repetir lo mismo cada vez, que uno se cree que serán feliz y no lo será ,lo único bueno es el desvelo por a avaricia de los señores allí se les irán sus huevos de gallina de oro.

    04 jun 2019
  7. T.Ruiz

    Mas de lo mismo,dramas y mas dramas,creo que voy a dejar de verla,al guionista parece que se le agoto la imaginacion¿¿

    04 jun 2019
  8. Gema

    Más de lo mismo. Creo que han estirado demasiado a Ursula. Ya aburre. La mejor Arantxa. Personaje y actriz

    04 jun 2019
  9. Gema

    Más de lo mismo. Algo aburrido. Creo k han estirado ya demasiado a Ursula. La mejor Arantxa, personaje y actriz

    04 jun 2019
  10. Susana

    ¡Me aburro!. No hay un capítulo de paz en "Desgracias 38". No nos regalan una semana de tranquilidad, de disfrute. La que fue mala, (Úrsula), ahora es peor. ¿En serio algún guionista o idem lee nuestros comentarios para cambiar un poquito el rumbo de la telenovela? ¡Me a bu rro!, solemnemente...

    04 jun 2019