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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1023 - ver ahora
Transcripción completa

Si sale de esta,

su enfermedad en la sangre la matará en pocos días.

¿Vale la pena operar? ¿Hacerla sufrir?

Siempre merece la pena.

¿Se apuntará gente al baile? -Un puñao.

Ya hay parejas que han pagado la primera clase.

La mina de oro ya no es lo que era, la veta se está agotando.

-Hemos decidido invertirlo todo en el banco.

-¿Y lo vais a invertir todo? -Todo.

Voy a hacer lo mismo, invertiré hasta la última peseta.

Voy a dejar de trabajar.

-¿Es por don Ramón?

-Sí, quiere oficializar

nuestro noviazgo.

Y no le parece bien que trabaje limpiando en una pensión.

Es una oportunidad que no podemos dejar escapar.

-Te voy a ser sincero,

lo mejor que podemos hacer es no subirnos a ese tren.

"Clases de baile con la Dama del Misterio".

Y en casa de Bellita. Me va a hacer la competencia.

Es una vergüenza.

Doña Felicia está pensando en darle su puesto a otra persona.

¿Tú cómo lo sabes?

Anda preguntando.

El dinero de doña Susana lo puedo juntar

con el suyo y el de su esposa.

Pero el suyo, don Antoñito, sin unirlo al de su padre,...

no será posible darlo por bueno.

Me parece bien que mi padre y usted se casen, si quieren.

Yo quiero ir a la boda. -¿Quieres venir?

El Servando le quiere regalar un abanico a tu mujer.

-¿Y a qué tanto regalo?

-Eso mismo digo yo.

¿Por qué no bailas con don Rafael? Así yo puedo encargarme

de los demás alumnos.

-Hágame el favor.

Intentaré alegrar su rostro, la veo taciturna.

He decidido dejar el trabajo.

Sé que ha empezado a buscar una sustituta.

Le deseo la mayor de las suertes en su elección.

Hay que ver el gusto de los Palacios por dejar al barrio sin criadas.

-Que yo recuerde, no era usted marquesa, sino sastra.

-No te consiento... -Usted, ni me consiente

ni me deja de consentir,... señora.

-Hay que impedir que siga con las clases.

La idea es nuestra, los clientes son nuestros.

¡Nos roba todo lo nuestro! -Madre, olvídelo.

Bellita se va a enterar de con quién se juega los cuartos.

No vamos a dejar que solo pierdan sus ahorros,

van a perderlo todo. ¿Cómo piensas hacerlo?

Siempre hay que tener un plan.

Como todas las buenas ideas, esta es de lo más simple.

Yo solo confío en que no les dejes escapar.

Pienso subir a todos los vecinos al mismo tren

y, cuando no quepa ni uno más,

despeñarles por un precipicio.

No entiendo.

En este momento,

no tienen capacidad suficiente para hacer inversiones individuales.

Y eso es un peligro, alguno puede echarse atrás.

Por eso, voy a proponerles que todos juntos hagan un grupo inversor.

No es mala idea, de esa forma todos irán de la mano al matadero.

Cuando hayan entrado en la sociedad,

iré aumentando la aportación de capital,

hasta un punto, que no tengan recursos.

¿Y si alguno se resiste?

El resto le exigirá que siga adelante con la inversión.

Si uno de ellos abandona,

los demás, perderán su oportunidad de invertir.

Créeme cuando te digo que ya van ciegos,

sin rumbo alguno.

Me parece muy bien, si tu plan funciona,

no solo perderán sus ahorros,

sino que alguno tendrá que empeñarse para conseguir el dinero.

Vas a dejar a un barrio entero en paños menores.

Espero que nadie se eche atrás. No tengas duda,

la codicia hace que cualquier reto sea pequeño.

Es cierto, pero me preocupa

que les estemos poniendo las cosas muy difíciles.

Esa es la principal baza

con la que jugamos en este engaño.

No hay nada más sospechoso que un negocio demasiado fácil.

Y algunos de nuestros vecinos no son tontos.

Por eso es importante que todos entren juntos en la trampa,

los más inconscientes, empujarán a los otros al abismo.

Tenemos que ser muy rápidos,

no debemos dejarles tiempo para recapacitar.

Ya pensé en eso,

no voy a darles ni un segundo. Presiónales,

hazles ver que por perder unas horas,

pueden malograr su gran oportunidad y fastidiar al resto.

Voy a decirles que en dos días,...

el banco cierra el plazo para aceptar inversores.

¿Estás seguro de que todo saldrá bien?

Conozco bien hasta qué punto es ambicioso el ser humano,

no tengas duda,

vamos a apretar a esos incautos

hasta que no les quede un real.

(Sintonía de "Acacias 38")

Disculpe las horas, pero no quería que se me pasara.

Venía a despedirme de Milagros, tengo entendido que se va mañana.

-Sí, mañana parte para París.

-Espero que no le importe llevarse estos regalos para Víctor

y para Leandro.

-No se apure, haremos un hueco para meterlos en su equipaje.

-Ay...

Debe sentirse muy abatido por tener que despedirse de su niña.

-Imagínese, ha sido una alegría tenerla por unos días en casa.

-No me cabe duda, esa niña es un encanto,...

tanto como Trini.

-Sí. En eso ha salido a su madre,

sobre todo, en lo alegre y cariñosa.

-Muy difícil le va a resultar encontrar una mujer

como la que tenía.

-Trini era incomparable.

-Por supuesto, mucho mejor que otras que andan por ahí.

-¿Se refiere a alguien en concreto?

-Usted verá.

Veo que no está al tanto de la contestación que me dio Carmen.

-Se equivoca, porque sí estoy al corriente.

-Entonces, coincidirá conmigo en que fue muy insolente.

Me da que este asunto del noviazgo se le ha subido a la cabeza.

Don Ramón,

¿está usted seguro de lo que está haciendo?

Me da que no se lo ha pensado suficientemente bien.

-Doña Susana,

no he estado tan seguro de algo en toda mi vida.

No hay nada que pensar sobre este asunto.

-Entonces,

debería llamar al orden a su prometida,

y pedirle que empiece a comportarse como una señora.

-No, no se lo voy a pedir.

Carmen...

es tan señora como pueda serlo usted misma.

-Permítame que lo ponga en duda.

-No, no se lo permito.

Las circunstancias le llevaron a servir,

pero esas circunstancias han cambiado y ocupa su lugar.

-Usted sabrá lo que hace,

yo no soy quién para enmendarle la plana.

-Efectivamente, ni usted, ni nadie.

-Comprendo.

-La decisión de... pasar mi vida junto a Carmen

es firme.

Transmita esta información al resto de las vecinas,

porque no quiero gastar más energías

con... explicaciones.

-Muy bien, así lo haré.

Mejor que estén prevenidas,

así se ahorraran situaciones embarazosas.

-Se lo agradezco. Y dígales de mi parte,

que si a alguna le parece mal, dejará de contar con mi amistad.

-Ya he terminado con el equipaje...

Disculpa, pensaba que estabas solo.

-Doña Susana ha venido para despedirse de Milagros

y traer unos regalos y, también,

para felicitarnos por nuestro compromiso.

¿No es así?

-Te felicito, Carmen.

-Gracias, es muy amable.

-Si me disculpan.

Hace ya mucho tiempo que se llevaron a Agustina.

Sí, hace horas.

¿Por qué no se sienta y reza conmigo?

Eso le ayudará a sosegarse y dejará de marearme con tanta vuelta.

No puedo.

Me están dando todos los calambres con la espera.

De nada sirve que pierda los nervios,

la operación que tienen que hacerle no es algo baladí, lleva su tiempo.

¿Cree que es normal que tarden tanto?

Bastante es que esté viva y coleando

después del golpe que se pegó contra el suelo, que sonó en to el barrio.

Ha sido horrible. ¡Un horror!

Consuélese, Úrsula.

Si Dios no se la llevó es porque seguro que tie otros planes pa ella.

Don Felipe, don Felipe, ¿cómo ha ido todo?

¿Ha salido adelante? -Parece ser que sí.

¿Cómo está Agustina?

Teniendo en cuenta las circunstancias, bien.

-Gracias a Dios una buena noticia,...

que ya hacía falta.

-Los médicos han salido exhaustos, pero muy contentos.

¿Salvará el brazo? Todo parece indicar que sí.

Ahora está en observación,

mañana la traerán a la habitación.

-Siendo así, marcho a escape a dar la buena nueva.

-Me parece muy bien,

deben estar deseosos de recibir noticias.

-Y tanto, señor.

Estoy segura de que todos están rezando por ella,

criados y todos por igual.

-Voy a pedir un coche, ¿me quiere acompañar?

-Claro que sí.

Así nos ahorramos un paseo y llegamos antes.

¿No viene con nosotros, Úrsula? No,

prefiero quedarme y pasar la noche aquí.

-Por favor, Agustina no vendrá hasta mañana.

-No tiene sentido que castigue su cuerpo.

Seguro que la están cuidando como a un recién nacido.

Pero aun así, prefiero permanecer aquí.

-No va a poder hacer nada por ella.

No sé, quizá puedo ayudar en algo.

Haga lo que crea mejor. No vamos a poder convencerla.

-Mañana me pasaré en cuanto pueda.

Ya nos dirá que es eso tan urgente como para citarnos tan temprano.

-Yo tengo que ir al restaurante,

debo de prepararlo todo para las comidas.

-Yo me he perdido la misa de la mañana.

-Amigos, vecinos,

les ruego paciencia.

Lo que tengo que decirles es de mucha enjundia.

-No se van a caer al suelo porque ya están sentados.

-He estado reunido con Alfredo Bryce

y, me ha comentado que ha tenido una idea brillante

para que todos podamos participar de la inversión.

-¿Y cómo podemos hacer tal cosa?

-Formando un grupo de inversores,

así nadie se queda fuera al no poder aportar capital.

-¿A que es un notición? Todos vamos a poder forrarnos.

-Tenemos que ver quién está dispuesto a entrar en el negocio

y la cantidad que puede aportar.

-Yo ya he calculado la nuestra y la de mi tía.

-Ya le dije mi cifra, necesito liquidez para mi negocio.

-No sé bien cuánto podremos poner nosotros,

pero estoy muy interesao.

-Comprendo, pero necesitamos rapidez en esta operación.

-No me diga que andan con apreturas,

pensaba que Bellita estaba haciendo mucho dinero

con las clases de baile.

Con dos más que den, son los reyes de la inversión.

-Sabe bien que eso es poca cosa,

se puede decir que pan pa hoy y hambre pa mañana.

-No se moleste, don Jose, es solo una bromita.

-Sí, sí, bromita. -Señoras, señores,

esto es un asunto muy serio.

Para que la inversión salga adelante,

debemos aportar una buena cantidad.

-Y así será.

¿Va a participar en el negocio, don Ramón?

-Aún no he tomado la decisión,

ya sabe que soy muy cauto con ese tipo de inversiones.

-Efectivamente, mi padre y yo tenemos que hablar,

pero puede contar conmigo.

-¿Qué opina don Felipe?

-La verdad es que no he querido molestarle,

está muy ocupado con lo de Agustina

y no ha mostrado mucho interés.

-Entonces, ¿vamos a dejarle fuera?

-Se lo diré, pero más adelante, no quiero privarle de esta ganancia.

Es más, vamos a precisar de su presencia

para ayudarnos a aportar todo el dinero.

-Sí, porque va a ser difícil conseguir esa cantidad.

-¿Se ha pensado en recurrir a más gente?

-Dudo que Alfredo piense en ampliar el grupo.

Esto es una excepción que hace para ayudar a sus vecinos.

-Por eso, todos tenemos que ser muy discretos.

Ya no tenemos tiempo de encontrar otro inversor,

el banco aceptará la inversión,

¿de acuerdo?

Tenemos dos días para llegar a un acuerdo y firmar la documentación.

-Será difícil reunir tanto en poco tiempo.

-Pues apúrese, alma de cántaro,

no podemos perder este negocio por nada del mundo.

Si usted no puede conseguir el dinero, lo aportaremos nosotros.

-Cariño,

acordamos no arriesgar todo nuestro capital.

-Eso lo acordaste tú. Yo siempre dije de ir a por todas.

-Mientras más dinero metamos, más ganancias tendremos.

Pronto nos van a llover los duros.

-Bueno, yo,...

podría aportar algo más, para qué reservarse.

-Yo tengo que pensarlo, pero seguro que algo más puedo conseguir.

¿Está cambiando el clima o son cosas mías?

-No, no son manías suyas, ya empieza a hacer calor.

Con lo poco que me gusta. -Yo, cada año lo llevo peor,

y eso que en mi tierra, en agosto,

y a mediodía, se pueden freír huevos en los baldosines.

-¿Qué me va a contar a mí, que he nacido en el norte?

Lo que daría por estar en las Campas de Urbía,

mirando el Aitzgorri aún nevado.

-Toma, refréscate un poco.

-Déjelo, no tengo tiempo para abanicarme,

mejor me voy a la cocina o a Francia con la señorita Milagros,

que por esos andurriales hace más fresco.

-Buenas.

-¿Qué tal te ha ido con los vecinos?

-Creo que Bien,

depende de cómo se tercie la reunión que tengo con Alfredo.

-Has de ver como sale de fábula.

Sin duda, estamos en una buena racha.

-¿Qué te tiene de tan buen humor?

-Ya te lo dije,

estoy feliz por los resultados de la clase de baile.

-¿A pesar de que no diera la clase la niña?

-Estuvo alternando con Rafael Bonaque,

que es un empresario con posibles. Parece que le cayó bien.

-Ya estás otra vez con lo de la boda de Cinta.

-Claro, mi obligación como madre es buscarle una buena boda

y, ese hombre parece muy bien situado.

No es diplomático, pero, en fin,... nadie es perfecto.

-Pues miel sobre hojuelas, tú estás contenta

y, de paso, ganamos algunas perras. -¿Ves como todo va viento en popa?

-Lástima que lo de doña Felicia me preocupe.

-¿Ha pasado algo en la reunión?

-No ha dejado de lanzarme puyas, algunas con muy mala baba.

No sé,

habrá perdido clientes, y eso no le ha sentado demasiado bien.

-Me alegro, no tiene nada más que lo que se merece.

Ojalá se le amarguen las viandas que sirve.

-Afloja, que no es bueno estar a la gresca con los vecinos.

Si Cinta olvida a Emilio porque se interese por Rafael,

estoy dispuesta a olvidar el desplante de Felicia,

pero si no,

que se vaya preparando.

-Señor, Jacinto ha traído esto.

-(CARRASPEA) -¿Qué ocurre?

¿No serán malas noticias? -Según te lo tomes.

Es una invitación de Felicia a una comida benéfica.

Por lo visto, quieren recaudar fondos pa las tropas en África.

-¿Qué? ¿Ahora se las da de comprometida con las buenas causas?

-No lo sé, pero pone que irá lo más granao de la ciudad

y, que será mañana.

-Esa mujer es capaz de cualquier cosa con tal de ganar protagonismo.

-No quiero guerras.

-No fui yo la que empezó.

No sé cómo lo haré,

pero esa se va a enterar quién es Bellita.

No sé qué decirles,

yo creo que Bellita va a estar encantada con la invitación.

-Venga, Felicia, a otro perro con ese hueso.

-Sea sincera, esto lo hace para darle en las narices.

-Me duele que piensen de esa guisa,

en esta ocasión, solo me mueve la buena voluntad

y las ganas de ayudar.

-Sin duda, pero si de paso chincha a la cantaora, mejor.

-Si estuviera enojada con ella, no la invitaría.

-Sus verdaderas razones solo las sabe usted,

pero nosotras tenemos nuestra opinión.

-Se equivocan.

De todas formas, no sé si le hago un favor invitándola.

-¿Lo dice porque la pone en un compromiso?

-No es por eso, es porque a juzgar por cómo hablaba su esposo

en la reunión, deben de andar justos de dinero, y lo mismo

no pueden pagarse el cubierto. -No me extrañaría.

Creo que después de anular su viaje, están a la cuarta pregunta.

-Además, el precio que ha puesto al cubierto,

es más propio de potentados, que de señores de barrio.

-Es un menú de lujo. Los beneficios no son para mí,

no puedo cobrar menos.

-Me hago cargo.

-Pero te escuece rascarte el bolsillo.

-Yo, por tan noble causa, hago lo que sea menester.

-No nos lo perderemos ninguna,

y menos, después del revuelo que ha conseguido formar.

-¿Revuelo? Yo lo que sé, lo sé por vosotras.

-¿No has leído la prensa?

-Yo leo la hoja parroquial,

es la única que no está llena de mentiras.

-Lea,...

lea, doña Susana,

toda la prensa se ha hecho eco y solo hablan del restaurante.

-Y de la dueña, la ponen de un generoso y caritativo subido.

-Y tanto.

Esta reseña la califican de mujer patriota

e interesada por nuestras tropas más allá de la península.

-Es lo menos que podemos hacer por esos muchachos destinados en África.

-También dice que se espera que asistan las mejores familias.

-Nosotras llegaremos las primeras.

-Ya puede reservarnos la mejor mesa.

-Cuente con ella.

-O en la que mejor se vea quien acude y que galas lleva.

-No podemos perdernos detalle.

Tengo que darte las gracias

por cómo me defendiste anoche con Susana.

-No iba a dejar que se marchara de rositas.

Si se le permite, doña Susana puede ser terrible.

-¿Qué te ocurre? Estás muy meditabundo.

¿Te he contrariado en algo? -No, mujer.

No tiene nada que ver con eso.

Estoy preocupado por mi hijo.

-¿Le ocurre algo?

-No, no te alarmes, no tiene importancia,

es solo un asunto de negocios.

Entonces, estoy segura de que lo solucionaréis pronto.

-Perdón.

Quería hablarle sobre la reunión de esta mañana.

-Contaba con ello.

-Voy a recoger todo esto y les dejo hablar a solas.

-¿Por qué se ha quedado al margen?

¿No va a invertir en el Banco americano?

¿Ni una pequeña cantidad de dinero?

-Ni un real, lo tengo clarísimo.

-Debería pensarlo un poco más.

-Creo que ya lo he cavilado bastante.

Sabes que tengo mis motivos éticos para no invertir,

manejamos información privilegiada y, eso no me gusta.

-Todo el mundo se vale de las oportunidades

y no se andan con tantos remilgos.

-Yo no soy todo el mundo.

El tipo de negocio que me gusta es otro.

-Los tiempos cambian, no podemos pensar como nuestros antepasados.

Lo que era deshonesto hace mil años, lo sigue siendo ahora.

-No, este no es un negocio ilegal,

compramos algo, lo vendemos y sacamos un beneficio.

¿Qué más dará que sea una cosecha de trigo,

de máquinas de café o unas acciones?

-Yo no juzgo a Alfredo Bryce, ni mucho menos, ni a los demás.

Quizá tienes razón y no se vulnere la legalidad,

pero a mí... no me parece un negocio demasiado correcto.

-Lo suyo es pura cabezonería.

-Te aseguro que no es así.

-Su forma de pensar está anticuada. Padre, es un negocio muy seguro.

Yo no pienso perdérmelo.

Es más, quiero entrar como inversor mayoritario del grupo.

-¿T cómo piensas hacer tal cosa? No dispones de tanto capital.

-Lo sé, por eso, me veo obligado a pedirle un préstamo

y, así poder entrar con una cantidad mayor.

-No, no puedo dejarte nada.

-¿Cómo que no? ¿Y puedo saber por qué?

Se lo devolvería poco a poco, en cuanto obtenga beneficios.

-No colaboraré con algo con lo que no estoy de acuerdo

y que podría poner en peligro la economía familiar.

-¿Cuándo va a dejar de tratarme como si fuera un crío?

-Compréndelo, es mi última palabra.

-De una forma u otra conseguiré el dinero, no pienso renunciar

por culpa de sus miedos.

-Hijo, recapacita,

te estás dejando llevar por la avaricia.

-Que sí, padre, ahórrese los sermones.

Pues me he encontrao...

Fabiana.

¿Fabiana?

(TOCA LA CAMPANA)

¿Dónde se ha metido esta mujer? ¡Fabiana!

-Cualquiera diría que ha estao uste mudo.

Se le escucha desde toa la calle.

-Fabiana se mete en las habitaciones y deja desatendida la recepción.

-Pa eso le tie a uste,

si ella no anda por aquí, le tocará atender el negocio.

-Yo soy un hombre muy solicitado,

y no puedo estar pendiente de quién entra y quién sale.

¿Dónde se habrá metido esta mujer?

Ay. -Eso, eso,

espérela sentao.

La he visto pasar mu temprano de camino al hospital,

iba a llevarle el desayuno a Úrsula

y a enterarse de cómo está Agustina.

-Se me había olvidado, si me lo dijo ayer.

-Tiene usted la cabeza pa llevar la gorra.

Bueno, le dejo,

que tengo que preparar unas flores pa Lolita,

pa regalárselas a Milagros.

-¿Se va ya la niña?

-No se entera uste de na,

que se marcha ya pa Francia.

-Muy tristes se van a quedar don Ramón y sus hijos,

esa niña era la alegría.

-Y tanto, daba gloria verla correr por la pérgola.

-Qué lástima, ya no hay ningún niño en el 38.

-Dios no ha querido que alguna los tenga

y, otras ya son añosas pa esos menesteres.

-Doña Bellita, no cumple los cuarenta.

-A esa no me la nombre, que la tengo veneración.

-Mucho te gusta esa señora... y sus abanicos.

-Es toa una leyenda del cante, to lo de ella me vuelve loca.

-¿Y no te gustaría tener una foto suya?

-Ya tengo una, y dedicada y to que está.

-¿O un disco?

-¿Pa qué?, si no tengo donde oírlos.

Lo que más me gustaría tener de ella es uno de sus abanicos,

a ser posible, de los que usaba en sus actuaciones.

-Un abanico, pues vaya...

¿Y no te gustaría tener otra cosa que valiera más?

-No se crea,

tendría que ver con qué gracia manejaba su abanico

cuando cantaba.

Había gente que decía que con solo verla abrir y cerrar el abanico,

ya era suficiente para ir al teatro.

-No son baratas las entradas para ver tan poco espectáculo.

¿Y... seguro que no prefieres otra cosa de ella?

-No, lo que más me gustaría en el mundo,

es un abanico de ella o uno lo más parecío posible.

-Ya. Pues ten cuidado, porque muchas veces, los deseos se cumplen.

Buenos días. ¿Qué, de charla?

-Aquí, matando la mañana.

-¿De qué hablabais?

-De na,

cosas nuestras.

Me voy, que a la postre llegará Lolita y no tengo su encargo.

Con Dios. -Con Dios.

¿Querías algo?

Lola.

¿Lola?

-Aquí.

-Vengo bufando como un morlaco. Mi padre es un tirano.

-¿Habéis discutío?

-Es difícil no hacerlo, cada día está más mayor y más cerril.

-Sosiégate y dime qué ha ocurrío.

-No quiere invertir en el Banco Americano.

-Si es su decisión, déjale, no es menester que le obligues.

-Tampoco me facilita las cosas.

Le he pedido un préstamo y me lo ha negado.

A mí, a su propio hijo. -¿Y por qué duda?

¿No dijo que es una inversión segura?

-Sí, pero ahora tiene cargo de conciencia

y no quiere ganar dinero así.

Tampoco es como robar o asesinar. -Si es que está mayor, Lola,

no entiende de economía moderna. El desconocimiento genera el temor.

-Ya. Pues se va a quedar sin hincarle el diente

a tan suculenta tajá.

-Y nos va a impedir a nosotros hacer lo propio.

-¿Y no podrías convencerle? -Qué va.

Me trata como a un niño, no confía en mi criterio.

Me pone en evidencia delante de todo el mundo.

-Amor,

lo que piensen los demás es lo de menos,

a ti te tiene que preocupar lo que piense tu padre.

-Pues no debe pensar nada bueno.

Se le ha olvidado que mientras estuvo en la cárcel,

yo mantuve saneadas las cuentas.

-Hermanito, ya me voy. Te voy a echar de menos.

-Ay.

A mí también me da mucha pena que te vayas.

¿Quieres ir al parque a jugar un rato?

-Sí.

Te veo muy contenta, Milagros. ¿Es porque vuelves a París?

No, es porque tengo al mejor hermano del mundo.

-No seas zalamera. ¿Vamos al parque?

¿Vienes, Carmen?

-Me gustaría, pero tengo cosas que atender.

-Nos vamos solitos tan ricamente.

-Con Dios.

Qué esposo tan simpático tienes.

-Es el sol de mi vida, no sé qué haría sin él.

¿Quieres quedarte quieto un momento?

-Quiero que todo esté bien pa cuando llegue don Alfredo.

-Le vas a pedir un préstamo, no a venderle la casa.

-Tenemos que darle buena impresión, que somos gente ordenada.

-Bien, pero ese retrato ya lo has cambiado de sitio cuatro veces.

-¿Sí? Pues mira, cinco.

-Ahí está esa desaboría de Felicia,

estoy segura de que ha organizado la comida benéfica

solo por chincharme.

-Con no ir, todo arreglado.

-Me da rabia que se piense que es por no pagar cubierto.

-Es justo por eso, al precio que ha puesto el menú,

sería una ruina ir los tres. Nosotros nos quedamos en casa.

-A ver si invirtiendo en el Banco Americano

salimos de esta apretadura de dinero.

-Más nos vale.

Me ha comentado Oswaldo que los empresarios

se han quedado muy enfadaos por cancelar la gira.

-No podía hacer otra cosa. Lo primero pa mí es mi hija.

-No puede ser de otra forma, que tú eres oro molido,...

pero los dueños de los teatros

no quieren fijar otra fecha para que hagamos la gira.

(Llaman)

-Ya está aquí.

-Templa, Jose,

que peor sería ponerse delante de un morlaco.

-No sé,

si no, me temblarían tanto las canillas como ahora.

-Buenas. Don Jose.

-Bienvenido, don Alfredo.

-Doña Bellita. -Encantada.

-Es un placer tenerle en nuestra casa.

-El placer es mío, es un gusto visitar a unos artistas

tan afamados como ustedes. -Es muy amable.

Siéntese con nosotros.

-Gracias.

Bien, pues...

ustedes dirán en qué puedo ayudarles.

-Lo cierto es que este asunto me resulta un poco violento.

-Por favor, somos vecinos, estamos en confianza.

Cuénteme qué les preocupa.

-Últimamente, hemos tenido ciertos problemas con unas propiedades

que teníamos en Argentina.

-Sí,

hemos perdido todo un teatro,... del que no ha quedado

ni la concha del apuntador después de un incendio.

-Eso ha provocado problemas de... liquidez.

-Pero no se piense que estamos en la ruina, ni mucho menos.

Simplemente, estamos pasando por un bache.

-No estamos en condiciones de invertir en el Banco Americano.

-Vaya, pues...

es una lástima, porque es una inversión de lo más segura.

-Por eso le hemos hecho venir.

Hemos pensado... que tal vez usted

nos ayudaría a conseguir un crédito para poder invertir.

-Me parece...

una buena idea.

Es más, para que no tengan que recurrir a un préstamo

en condiciones abusivas, yo mismo les prestaré el dinero.

(SONRÍE)

Me alegro de que Agustina esté saliendo con bien

de tan terrible accidente.

Estoy deseando de que vuelvan del hospital para preguntar por ella.

Es admirable lo entregados que están Úrsula y Felipe con ella.

Aquí es normal, nos cuidamos mucho los unos de los otros.

Es cierto, pero don Felipe está perdiendo mucho tiempo de trabajo,

y eso, para él es dinero.

Ya.

Es que, todo esto le ha removío viejos fantasmas.

¿A qué se refieres?

A la muerte de su esposa, que en gloria esté.

Ella murió al caer por la ventana.

Entonces, es natural que le afecte.

Don Felipe parece un hombre frío y calculador, pero...

debajo de esa fachá, hay una persona

que tiene un corazón que no le cabe en el pecho.

Desde luego, no parece que sea muy blando.

Créame que sí que lo es, más que el pan recién hecho.

Si yo le contara como quería a su esposa

y to lo que vivieron juntos, se quedaba pasmá.

Muy bien.

Es...

Gracias.

-Gracias.

¿Está bueno? -Hmm...

-¿Qué, dando un paseo?

-Sí,

venimos de jugar un rato en el parque a modo de despedida.

-Te deseo un buen viaje, bonita.

-Gracias.

-Sepa que el aya de la niña ya ha llegado.

Si necesita un coche, tengo un amigo que le hará buen precio.

-Te lo agradezco, así no pierdo un segundo con mi hermana.

-No se preocupe, que el asunto está resuelto.

-Bueno,

Milagritos,

parece que te llevas bien con Carmen.

- mí también me gusta.

Y si nuestro padre decide compartir su vida con ella, yo no diré nada.

-¿Estás enfadado con él?

-Hay veces que pensamos de forma distinta y discutimos,

pero tú no tienes que preocuparte,

él no se enfada nunca, soy yo el que se enfurruña.

Nuestro padre es un hombre maravilloso.

Él quiere que estemos bien, se preocupa por nosotros.

-¿Mi madre también era buena?

-Buenísima,

aunque yo no era su hijo, me quería mucho

y se portó bien conmigo.

-¿Carmen será buena conmigo?

-No tengo ninguna duda, padre no permitirá otra cosa

y, Carmen te ha cogido cariño, igual que todos.

-Me hubiera gustado conocer a mi madre.

-Aunque no te lo creas, la conoces.

Estuvisteis poco tiempo juntas,

pero... eres igual que ella,

todo luz, amor y alegría.

Si quieres saber cómo era tu madre, mírate en el espejo.

¿Qué te pasa?

¿Estás cansao o preocupao?

-No me pasa na.

Es que, que te veo y te veo cada vez más hermosa.

-Ah. -Me tienes loco, prenda.

-¿A qué viene tanto cariño de golpe?

¿Qué pasa, no te gusta que te achuche tu marío?

-Más que a un tonto un lápiz,

pero me da reparo que alguien nos vea.

-Ah, alguien.

¿Como Servando?

-Ese o cualquiera de la criás, lo mismo me da.

-Últimamente pasas mucho tiempo con él.

-Sí,

con eso de la mudez, lo tenía to el tiempo pegao a mis faldas

como un perrillo pequeño.

-Ah, ¿pues menudo incordio, no,

tener a ese plomo todo el día a sol y sombra?

-Tampoco ha sío pa tanto.

Aunque te parezca mentira,

ha resultao ser to un caballero, hasta se interesa por mis gustos.

-Quién lo iba a imaginar, ¿eh?,

el Servando todo un caballero.

-Y tanto,

como que da gusto hablar con él.

Me bajo, que solo he subío pa coger una cinta,

que es pal ramo de Milagritos.

-(LLORA)

-Qué pronto has cerrado la portería, primo.

-Me he subido un rato a descansar.

-¿Te pasa algo?

Tú no eres como el Servando, que cuando estaba de portero,

pasaba más tiempo aquí que en el portal.

-A ese ni me lo nombres. -¿Has discutido con él?

-No, pero no creo que tardemos mucho en tirarnos los trastos a la cabeza.

-¿No le habrás dejao dinero?

Ese señor es muy marrullero cuando se trata de perras.

-Ojalá solo fuera eso.

-Primo, dime qué te pasa,

que una no es una adivinadora.

-Últimamente,

nos les quito ojo a Marcelina y a Servando,

y pa mí que se entienden mejor que una churra y un merino.

-Que un podenco y una lebrela.

Que una musaraña y un topillo.

Que un conejo y una zanahoria...

-O me hablas en cristiano...

-Desde luego, qué cortos sois los de ciudad.

Que creo...

que Servando y la Marcelina anda enamoriscaos.

-¿En serio?

¿A ti qué te pasa?

¿Se te ha ido la sesera? ¿Cómo dices semejante disparate?

-He visto cosas que me tienen mu mosca,

tanto, que lo mismo no es una bobá lo que te estoy diciendo.

-Pierde cuidado, ellos no serían capaces de hacerte tal cosa.

-Cosas peores se han visto.

-Pues, primo,...

Servando me pidió consejo para comprar un abanico.

-Abanico.

-Primo,...

¿crees que Servando se ha enamorado de Marcelina?

(Pasos)

Úrsula, parece que se oyen pasos.

Eso es que ya la traen.

Vamos.

¿Cómo se encuentra, Agustina? -Mal.

Me duele... hasta el alma.

-No se apure,

ya verá como muy pronto está más lozana que una chiquilla.

-Son todos muy buenos conmigo.

No sé cómo darles las gracias.

-Déjese de agradecimientos y descanse.

Todo ha ido muy bien y evoluciona favorablemente.

¿Va a salir de esta? Todo parece indicar que sí.

-Gracias a Dios.

Pero ¿y de su enfermedad cómo sigue?

-Sobre eso, solo puedo decirle que le están haciendo pruebas.

No se sabe nada.

Buenas tardes.

¿Cómo se encuentra la enferma?

La acaban de traer. -Don Felipe,

aprovechando que doña Genoveva ha llegado

y que puede acompañarle, ¿me acompaña a comer algo?

No he probado bocado desde esta mañana.

-Sí, vamos, que yo también estoy desmayá.

Con permiso.

Pobre mujer, ha estado a punto de dejarnos.

Es un ramo precioso.

Pero ninguna de esas flores es tan bonita como tú.

¿Sabes lo mucho que te voy a echar de menos?

-Es lo mismo que me dijo María Luisa.

-Claro.

Eres una niña muy buena y te haces querer,

es normal que ninguno queramos separarnos de ti.

-Qué pena que no vivamos juntos.

Ya sabes que me gustaría, hija, pero de momento no puede ser.

Pero no te pongas triste,

porque nos vamos a escribir cada semana y pronto volverás a vernos.

-Le prometo que le escribiré. -Muy bien.

Ya verás como antes de que te des cuenta, estás aquí de vuelta.

-¿No puedo quedarme?

-Sabes que me encantaría,

pero en París tienes tu colegio, tu casa y tus amigas.

Y yo no quiero que tengas que perder todo eso.

Te prometo que iré a verte en cuanto pueda

y que nos vamos a volver a ver muy pronto.

Tu visita ha cambiado las cosas.

-Estupendo, padre.

-Ha llegado el momento, tenemos que ir a la estación.

¿Estás preparada pequeña?

-¿Y Lolita?

-En la alcoba, llorando como una magdalena.

La pobre no puede con las despedidas.

-Dale esta flor para que se contente.

-Seguro que la guarda como un tesoro hasta que vuelvas.

-Vamos, hija.

Buenas tardes. Buenas.

Han sido unas horas dramáticas,

pero parece que empieza a reaccionar

y es muy posible que salga adelante.

No puedo ocultar lo que me conmueve verle tan pendiente de ella.

Lo que hago no es nada del otro mundo.

En el barrio no se comenta otra cosa.

De eso y de lo del Banco Americano.

Ya.

Estoy al corriente de lo revolucionados

que están los vecinos.

No parece que le interese mucho invertir en ese negocio.

No, no de momento.

Más adelante, quizá sea tarde.

Correré ese riesgo.

-(SE QUEJA)

Agustina,... ¿está usted bien?

No insisto, no quiero importunarle.

Con Dios.

No me esperaba que el señor Bryce fuera tan dispuesto.

-Ni yo, no nos ha puesto ni un pero.

Mañana mismo podremos disponer del dinero.

-A ver si salimos de esta penuria,

ya no tenemos edad de andar con estrecheces.

-Quiero contárselo a Liberto.

¿Qué tienes, flor del azahar? Poco te ha durado la alegría.

-Buenas tardes. -Buenas tardes.

Qué bonita tarde.

-Ideal para dar un paseo.

-Queremos agradecerle su invitación al evento de mañana.

Espero que sea todo un éxito, lástima que no podamos ir.

-Ya me lo figuraba.

-¿Y por qué se lo figuraba, si puede saberse?

-Disculpen, quería hacerles una pregunta.

¿Cuándo será la próxima clase de baile?

-Muy pronto, en cuanto mi hija se reponga del enfriamiento que padece.

Don Rafael es un importante industrial.

-Encantado,

será un placer verle por las clases de baile.

-Un placer.

-En mi restaurante se va a celebrar una comida benéfica

para recaudar fondos para nuestros soldados?

-No tenía ni idea.

-Estará lo mejor de la ciudad y las damas casaderas más codiciadas.

-No puedo perdérmelo.

Solo puede asistir lo más selecto,

el cubierto es muy caro... y no todo el mundo puede pagárselo.

-Nosotros seguimos con el paseo. Y no se apure,

que ya le avisaremos cuando será la próxima clase de baile.

-Muchas gracias, es usted muy amable.

-Con Dios.

-No me ha gustado nada dejar a don Rafael

a merced de ese bicho de Felicia. ¿Por qué has tirado de mí?

Porque si te dejo dos minutos más con ella, la tiras del moño.

-Es cierto. Ya veremos cómo lo hacemos,

pero tenemos que comprar un cubierto para esa comida.

Cinta tiene que ir a ese evento, aunque nos cueste un riñón.

¿Dónde has ido después de despedirte de Milagros?

-Tenía unos asuntos que arreglar.

-Quedamos en que teníamos que hablar,

y en lugar de esperarme, te marchas a la carrera.

¿Tan importantes son esos asuntos?

-Tenía una reunión para recaudar fondos

con los que invertir en el Banco Americano.

Como no me presta dinero, he tenido que conseguirlo.

¿Qué has hecho? Espero que no hayas recurrido a un usurero.

-No, no soy tan irresponsable, parece mentira.

-De ti puedo esperarme cualquier cosa.

¿Ve como me sigue tratando como si fuese ese chiquillo que vino

de Nueva York? No soy así,

ahora soy un hombre de negocios, capaz de coger su dinero y moverlo.

-Lo sé, y no pienses que trato de prejuzgarte,

solo quiero que no des un paso incorrecto.

¿Podemos hablar del asunto?

-No hay nada que hablar. Voy a invertir todo lo que pueda.

Como no me lo ha puesto fácil,

he tenido que utilizar otros recursos.

-¿Me puedes precisar qué recursos son esos?

-He vendido la patente de las cafeteras.

¿A quién se la has vendido?

-¿Por qué? -Quiero revertir la venta.

-No. -¿A quién?

-No se meta en mis asuntos.

-No son tus asuntos, hijo.

¡Con lo que has hecho, estás poniendo en peligro a la familia!

Vas a ir a la comida benéfica que ha organizado Felicia.

No me apetece.

¿Por qué? Estará Emilio.

Precisamente por eso, tienes ir.

Agustina se está recuperando y usted está mejor con don Ramón.

¿Qué más se pue pedir? ¿No es feliz con don Ramón?

Necesito un acompañante.

Y lo tendrás, eso déjamelo a mí.

-"Estos manteles de algodón" son una preciosidad.

-Hilo.

-¿Cómo? -Son manteles de hilo.

-Ah, con esta no me había dado cuenta.

Con usted quería hablar.

-Y yo contigo, Lolita.

Después de lo que sucedió con Antoñito,

no sé si debería seguir viviendo en casa.

Si hay alguien...

realmente peligroso para nosotros,

es don Ramón Palacios.

Y ten por seguro que no va a dejar de investigar.

Buenos días, soy Ramón Palacios.

Necesito cierta información que podría proporcionarme.

Sí, sí, se trata del Banco Americano.

Por supuesto. Claro, espero su telegrama.

Usted y mi prima se llevan muy bien.

-¿Con la Marcelina? Sí, es una gran mujer.

-Le hablo a las claras,

¿por qué tiene que hacerle otro regalo a mi prima?

¿Han visto a Carmen? -Para no verla.

-Qué poca clase.

¿Cómo se le ocurre sentarle al lado del hermano de la condesa?,

es diplomático.

-Debe estar asustado con la compañía que le ha tocado.

-"Se cree que soy un niño". -Él sabe más que tú,

y tú no le escuchas.

Él conoce a gente. Ha hecho llamadas.

-¿Cómo que llamadas?

-"Tampoco"

hemos conseguido despertar el interés en...

Don Felipe.

Está entretenido en el hospital con esa...

vieja criada y no investigando.

Parece un hombre sensible.

¿Sensible?

¿No te estarás ablandando? -Me he cruzao con un mozo

que venía de su casa, llevaba un telegrama

y le he dicho que yo se lo traía.

-Muchas gracias, hombre.

Quiero que despliegues todas tus armas de seducción.

Le he citado esta tarde en casa.

No se te puede escapar.

"¿Son malas noticias?".

-Es un asunto relacionado con el Banco Americano

que debo aclarar cuanto antes por el bien de mi hijo y los demás vecinos.

-Déjame.

He dicho que no.

¿La ha oído?

He escuchado a Camino hablar en sueños.

Han revisado las pruebas,

porque no coincidían con el diagnóstico del otro médico.

¿Cómo se llamaba? -Doctor... Maduro.

No tiene ninguna enfermedad en la sangre.

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Acacias 38 - Capítulo 1023

30 may 2019

Felicia organiza una comida benéfica en el restaurante para hacer la competencia a Bellita. Invita a todos los vecinos del 38 incluido Rafael Bonaque, porque sabe el interés que tiene la artista en él.
Jacinto malinterpreta la relación entre Marcelina y Servando. ¿Se habrá enamorado el dueño de la pensión de su mujer?
Los Domínguez se reúnen con Alfredo, que les concede un préstamo para invertir en el Banco Americano.
Los Palacios se despiden de Milagros que vuelve a París. Ramón y Antoñito vuelven a discutir por vender la patente de las cafeteras para invertir en el banco.
Felipe informa a Fabiana y Úrsula sobre la operación de Agustina. En la habitación la criada recibe la visita de Genoveva.

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  1. Marga

    Cuán de acuerdo estoy con vosotros!! Yo también empecé a verla,ya bien empezada, con ese interés..., la época, el vocabulario, la indumentaria, la decoración..., algo de la historia... Para mí, que no soy dada a ver series... Ésta era única!! Pero mi decepción ha ido increscendo..., No puedo con tanta maldad, desgracia y crimen, que... siento que es el eje principal de la serie. Me obrepasa, me agobia, y hasta... me angustia. No, yo no creo, por lo escuchado de mis antepasados, que esa fuera la realidad de España hace 106 años... Maldades siempre ha habido, aquí y allá..., y casos sin descubrir también, la época contaba con medios precarios..., Pero NO, llevado a este extremo, eso bien seguro que NO. Siento no ser "capaz de entender" cuál es la razón por la que, después de un trabajo, que considero exhaustivo, de investigación de aquella, época... No se vea " lucído"..., por una argumentación tan ... con tanta maldad!!. Lo siento , y sin ánimo de criticar ni ofender a quien corresponda tal determinación.

    02 jun 2019
  2. Del Valle

    No quiero ver una novela tan llena de muerte y sin esclarecer. Pobre España la dejan como un país de asesinos y malas personas. En cambio Servir y proteger es maravillosa. Muy bien por los escritores Ya esta el mundo real con asesinos, basta de maldades.

    02 jun 2019
  3. Filomena

    Sin poner en tela de juicio las cualidades actorales de Montse Alcoverro, que son innegables, en lo que respecta al personaje Ursula, si los vecinos la han " maltratado " de alguna manera, fue exclusivamente como reacción a sus maldades, en sociedad con Cayetana y luego por sí misma; esta " señora " no ha dejado " títere con cabeza " y mas que merecido lo malo que le ha pasado en Acacias ; ella arrastra el odio hacia sus padres y lo canaliza en el resto de la sociedad que nada tuvo que ver._ algo similar a lo que pienso de Genoveva; ella dice que Samuel le contó todo, ¿ a que se refiere con " todo " también le contó que mató a su ¿propio padre, así porque sí ? que mató al padrino de Lucía ? , que sus planes de matrimonio con Lucía era por puro interés económico ? entre tantas otras fechorías de las que perdí la cuenta ?.- Abogo por un fin macabro para ambos personajes ( esto para estar a tono con los guionistas de la serie )

    31 may 2019
  4. Aleja

    Excelente la actriz que interpreta a Ursula!! Llegué acreer que había cambiado!!!. Impresionante como su rostro refleja a "Úrsula amable" y su expresión cambia totalmente al expresarle a Genoveva cuanto odia a los vecinos

    31 may 2019
  5. Marilu

    Diana Rodrígues: Quizás me equivoque pero tengo la impresión que sos una NEO espectadora de Acacias. Los que la vemos desde hace MUCHO, y podés guiarte por los comentarios diarios, la mayoría estamos hartos de lo que vos llamás " tramas " las cuales REBOZAN de maldades, muertos, asesinos, enfermos y toda sarta de delitos y desgracias. todo ello de manera alevosamente reiterada en las " tramas " pergeñadas por los guionistas.- Por supuesto cada uno tiene su propia visión de las cosas y todos tenemos derecho a opinar y expresarnos, vos y yo incluidas.

    31 may 2019
  6. Diana Rodríguez

    Muy buena novela de época, me gustan mucho las tramas Gracias por transmitirla

    31 may 2019