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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1022 - ver ahora
Transcripción completa

Todos los vecinos de Acacias me han despreciado,

incluso

quisieron acabar conmigo. Matarme.

También deseo vengarme.

Cuente con mi apoyo para sus conseguir sus fines.

Quizá haya una manera de probar su lealtad.

Usted dirá, señora.

Deberá acabar con Agustina.

No veo inconveniente alguno.

¿Qué ha sucedido?

-Agustina ha caído del altillo. Necesitamos a un médico.

-Vete a buscar a un coche. -Voy.

La vida de Agustina ya está en manos de Dios,

solo podemos rezar.

Pobre Agustina.

Lo que corre por las calles no es que eran los años,

sino una grave enfermedad, y la pobre no aguantó el tirón.

Debo decir que la colaboración del doctor, su falso diagnóstico,

fue definitivo. Los caldos e infusiones

que le administró fueron los que la debilitaron

y acabaron demostrándole que moría sin remisión.

Agustina me dijo que Úrsula...

no sabía que tenía una enfermedad de muerte.

-Como todas.

-Nones.

Úrsula estaba al tanto de lo que le había dicho el doctor ese.

La situación financiera del banco es bastante buena.

-¿Y la previsión de inversiones?

-Más que favorable.

La hacíamos de camino a las Américas.

-Mi marido y yo hemos tenido que posponer el retorno triunfal.

Mi hija nos necesita.

Dicen que invertir en ese banco es jauja.

Ojalá mi padre se anime e invierta el dinerillo familiar.

-No sé yo.

"Clases de baile a cargo de la Dama del Misterio".

"Duende y embrujo en su domicilio".

¿Esto qué es lo que es?

-Ya me lo dirás cuando veas a tu hija olvidar sus penas

y gozar bailando.

Y así, mira, también fastidiamos a Felicia.

Así se le sequen los grifos, ole.

-Vengo de hablar con el cirujano. ¿Qué... qué le ha dicho?

Don Felipe, diga algo, que nos tiene en un ay.

¿Ha muerto? No me diga que Agustina ha muerto.

-No.

Agustina sigue con vida.

Pero muy delicada.

Los médicos no saben cuánto tiempo podrán mantenerla así.

-Jesús, María y José.

Han conseguido detener la hemorragia interna,

pero a su edad, eso no la libera de sus problemas,

en cualquier momento, pueden fallar sus órganos.

Y eso por no hablar de que su estado anterior a la caída

ya era muy malo. Pobre mujer.

Lo peor es que los dolores son insoportables.

Y eso no es todo.

Además de la enfermedad, los dolores y la hemorragia,

su brazo está destrozado.

Se plantean amputarlo. -¿Un brazo?

Dios mío,

¿qué ha hecho la pobre Agustina pa tener este fin?

-Los médicos están reunidos y decidiendo

si operarla para salvarle el brazo

o arriesgarse a que no se despierte.

Tienen que salvarla. Tienen que salvarla.

Aprenderá a manejarse sin brazo, Agustina es una luchadora.

-Don Felipe, ¿podemos verla?

-Imposible.

Está sedada para soportar los fuertes dolores.

Y está en una zona de acceso restringido.

¿Usted qué cree?

Debemos ponernos en lo peor.

La vida nos ha enseñado que los milagros raramente existen.

-Maldito momento en el que a Agustina

se le ocurrió hacer esa locura

y saltar por la ventana.

Pero se salvará, claro que sí,

y entonces, sí que hablaremos de milagro, don Felipe.

Seamos sinceras.

Si sale de esta,

su enfermedad en la sangre la matará en pocos días.

¿Vale la pena operar?

¿Hacerla sufrir?

Siempre merece la pena.

La vida se termina cuando Dios lo decide,

nuestra obligación es estirar la vida lo más posible.

Ya, pero...

no sé si tiene sentido luchar para evitar lo inevitable.

A lo mejor le ha llegado la hora de descansar.

La vida la da y la quita Dios.

Claro que tiene sentío luchar por la vida mientras nos queda un hálito.

Agustina no puede dejarse rendir.

Rezaremos por ella, pediremos a Dios por la pobre Agustina,

y Él nos concederá el milagro. Tiene usted razón, Fabiana.

Perdóneme por haberme rendido antes de que llegara el momento.

Rece con nosotras, don Felipe.

-Voy a salir un rato, quiero estar solo.

En el nombre del Padre, del Hijo...

(Sintonía de "Acacias 38")

Pero madre, ¿qué es esto? ¿No te gusta?

No sé.

Pues te diré que ya se ha interesado gente,

seis personas de momento.

Y eso que los mozos salieron esta tarde a repartir los folletos,

no hemos hecho más que empezar, va a ser un éxito.

Pero madre, por un lado...

es maravilloso, claro: ¡la Dama del Misterio!

Pero por otro... Es maravilloso,

ya está, quédate ahí.

Yo no tengo ganas de dar clases de baile.

Yo solo quiero encerrarme

y llorar hasta que se me acaben las lágrimas.

Las lágrimas son como el Guadiana,

que parece que se ha terminado,

pero después reaparece y lleva todavía más agua.

No puedo. Claro que puedes.

A la vida hay que echarle redaños y mirarla de frente.

¿Qué es eso de llorar? ¿Sabes a qué se dedicaba tu abuela?

Era pescadera. Sí, me lo ha dicho.

Abría el pescado, le limpiaba las tripas con las manos

y raspaba las escamas.

Yo lo he hecho antes de cantar, ¿y sabes cómo se quedan las manos?

Llenas de heridas,

y cortadas. Mira tus manos,

son suaves y finas.

Y no es por casualidad,

sino porque has nacido en una mejor cuna que yo.

¿Crees que tu abuela y yo llorábamos por tener las manos

secas y agrietás?

No, no llorábamos, porque a nadie le importaba.

Cada uno sabía lo que tenía que hacer para ganarse la vida.

Unos pescaban, otros limpiaban el pescado y otros lo cocinaban.

Tiene usted razón.

A ti te toca dar clases de baile. Y si tuvieras que limpiar pescado,

te enseñaría y nos pondríamos las dos mano a mano.

De acuerdo, lo intentaré.

Así me gusta.

Y ahora, a tu cuarto, a dormir, que no a llorar.

Que mañana va a ser un día largo.

Buenas noches. Buenas noches.

Hola, padre. Hija.

Vaya cara lleva la niña. ¿Sigue mal?

-No, al contrario,

empieza a recuperarse y a saber lo que es la vida.

Si hay que descamar pescado, se descama,

si hay que dar clases de baile, se dan.

-No estoy de acuerdo con usar el reclamo de la Dama del Misterio.

Fuimos nosotros quienes le prohibimos hacerlo.

-Ya. La vida es como el viento del Estrecho,

unas veces va para acá y otras para allá.

No hay nada que sea para siempre, ni siquiera los principios.

Si el nombre de la Dama del Misterio nos va a dar beneficios,

se usa. -¿Se apuntará gente al baile?

-Un puñao.

Ya hay parejas que han pagado la primera clase.

¿Cuándo será eso? -Mañana,

que las cosas en caliente es como mejor salen.

-Al menos, entrará dinero. Y hablando de dinero,

me he encontrado con Liberto.

Don Ramón ha hecho una valoración muy buena del Banco Americano,

que es un negocio seguro y que no nos podemos quedar fuera.

-No tenemos parné. -Podemos pedir un préstamo.

-¿Y quedarnos sin una perra gorda y sin camisa?

-No, devolver el préstamo y recuperarnos con los beneficios.

Tú sabrás.

Pero hay que cazar al oso antes de vender la piel.

-No te preocupes, que el oso lo cazo yo.

-Ole.

(RÍEN)

Gracias, sobrino.

-Caramba, hasta carne de pavo y huevo hilado.

Ni en vuestro aniversario de boda hubo tanto dispendio.

-Casilda ha estado toda la tarde cocinando.

-Y nada mal.

Hay hasta merengue con frutos del bosque para el postre.

-Me sabe mal esta celebración estando Agustina en el hospital

debatiéndose entre la vida y la muerte.

-Tenías que recordarlo.

¿Agustina va a mejorar si cenamos sopas de ajo?

-La alegría siempre ha ido por barrios.

Yo lo siento por Agustina,

pero tenemos motivos de celebración.

-En eso tienes razón.

-Vamos a brindar.

-Sí.

-Por el banco. -Por el Banco Americano,

por nosotros y por Agustina, que sigue en nuestros pensamientos.

-¡Salud! -Salud.

Qué bueno.

¿Es el mismo champán que puso Genoveva en su ágape?

-El mismo, ¿a que está exquisito? -Superior.

¿Y a qué se debe tal dispendio? ¿Solo al Banco Americano?

-Y a que Alfredo Bryce ha llegado a nuestras vidas

en el mejor momento, como caído del cielo.

De no ser por él, ahora estaríamos con agua, y no con champán.

-No exageres, Rosina.

-No exagero. ¿Y por qué ocultarlo?

Susana,

no hemos querido decirlo antes, pero...

la mina de oro ya no es lo que era, la veta se está agotando.

-Qué horror.

-Por eso hemos decidido invertir el dinero en el banco.

-Es una inversión mucho más segura.

Economía moderna en la que no se depende de un yacimiento.

-Y que ya estaba harta de los problemas que da el oro.

-Estoy segura de que la inversión en el banco es fantástica.

De hecho,

voy a meter mis ahorros, pero...

siempre me da miedo algo que no esté pegado al suelo.

-Es el futuro, tieta.

El siglo XX trae nuevas formas de economía, de vida, de mundo...

-El futuro, que viene a toda velocidad.

-A ver si nos estrellemos.

-¿Y lo vais a invertir todo? -Todo.

-Bueno,

a lo mejor tenemos que ser un poco más conservadores.

-Liberto, ¿qué hizo Hernán Cortés? Quemar todas las naves.

Pues nosotros igual. Nos espera el triunfo.

-Estoy de acuerdo,

voy a hacer lo mismo, invertiré hasta la última peseta.

Vamos a brindar. ¡Por el triunfo!

-Ay. -Ya.

-¡Por el triunfo! -¡Por el triunfo!

A ver, a ver, ¿cómo que novia formal?

-No simules no haberme oído, porque me has oído perfectamente.

-No se ponga así.

-Quiero presentar a Carmen en sociedad como mi novia formal

y, si Dios quiere, como mi futura esposa.

-No es por llevarle la contraria, pero es un poco precipitado.

-Déjate de zarandajas, que ya no soy un niño.

¿Tienes algo en contra?

-No, qué va. Tengo aprecio a Carmen

y me alegra que rehaga su vida. -Muy bien.

Quería que fueras el primero en hacerlo,

después de ella, claro. -Enhorabuena.

Pero ahora vamos a hablar de lo importante.

-Del Banco Americano.

-Es una oportunidad que no podemos dejar escapar.

-Te voy a ser sincero,

lo mejor que podemos hacer es no subirnos a ese tren.

-Padre, las cafeteras ya no son lo que eran,

y la competencia crece como las setas.

La mantequería está bien para cubrir gastos básicos, pero poco más.

-Estoy de acuerdo, busquemos más negocios.

-Ya lo tenemos.

No hay que buscar, el Banco Americano.

Vamos a multiplicar el dinero por 100.

-Hijo, las finanzas son abstractas, no son nuestro mundo.

Lo nuestro es importar, fabricar, comprar y vender,

no especular.

Queremos ganar dinero, pero tenemos principios.

-No sea antiguo.

-Si ser moderno es no tener ética,

sí, señor, soy antiguo, y a mucha honra.

-Padre, no estoy de acuerdo con usted.

Podríamos seguir hablando.

-Hazme caso, Antoñito, de verdad.

Hazme caso, que más sabe el diablo por viejo que por diablo.

Olvídate de invertir ahí, que lo hagan los demás si quieren.

Les felicitamos y ya está.

Felipe, ¿va usted al hospital?

-Sí, a ver si hay novedades.

-¿Cómo está Agustina?

-Mal.

Anoche, los médicos debatían si intentar salvar el brazo

y poner en peligro su vida durante la operación...

o amputárselo.

-Dios santo, pobre mujer.

Pasamos la vida preocupados por el dinero,

los negocios y demás,

cuando lo importante es la salud y el amor.

Todo importa, don Ramón.

Aunque reconozco que he rechazado un caso

que me habría dado pingües beneficios por no poder atenderlo.

Siento que estos días tengo que estar con Agustina.

-Eso le honra, eso le honra, Felipe.

-Es una mujer que ha estado pendiente de mí

en el peor momento de mi vida. No puedo abandonarla.

Voy al hospital. -Le acompaño.

-Usted y yo estábamos tratando un tema bastante importante.

-Ya hablaremos, hijo,

pero te advierto que tengo la decisión pensada y sopesada.

Te veo luego.

Buenos días.

-Buenas. Parece que se le han pegao las sábanas, socia.

-He dormío fatal. Angustiá con la Agustina.

Menos mal que se ha quedao Úrsula por si había que dar alguna novedad.

-¿Pudo hablar con ella antes de venirse?

-No, está sedá pa evitar los dolores.

-Cuando pueda hablar con ella, le hace una pregunta de mi parte.

-¿Qué quiere saber?

-Es una cuestión por conocer al ser humano.

¿En qué pensaba cuando caía antes de llegar al suelo?

-¿Y pa qué quiere saber eso?

-Vamos a ver, porque dicen que todos piensan en sus seres queridos.

Y quiero saber si mi Paciencia pensó en mí cuando le cayó el rayo.

Y si pensó en mí con el traje de boda

o pensó en mí con el mono de faena de la portería.

-Qué desbarro.

Cada día tengo más claro que está usted loco.

Tiene el cerebro hecho puré.

-No me insulte. -Si no es insulto,

es sorpresa. Y no sé pa qué quiere saber eso.

-Porque no me gustaría que mi Paciencia me recordara

para toda la eternidad con la escoba y con la caja de herramientas.

Cuanto más elegante, mejor.

-Pues si se recupera, le pregunta uste.

Que yo no voy a colaborar con ese desatino.

-Buenos días. -Buenos días.

-Llega uste un minuto tarde. Bueno, casi dos.

-Perdone, Servando.

Quería hablar con ustedes dos, si no tienen inconveniente.

-Claro que no.

-Pues, verán,

he pensado que...

voy a dejar de trabajar.

-Se lo dije desde el primer momento,

que no se iba a acostumbrar a trabajar ahora que es una señora.

-Carmen,

¿es por don Ramón?

-Sí, quiere oficializar

nuestro noviazgo. Y no le parece bien que trabaje

limpiando en una pensión. -Como si no fuera digno.

-Pues si es para bien, enhorabuena, Carmen.

-Muchas gracias, Fabiana. -Y uste, désela también, Servando.

-Enhorabuena, pero se lo dije.

-Que ya sé que lo dijo, pero to puede cambiar, no sea fastidioso.

-Tiene usted razón, Servando.

Ni yo misma pensé que todo fuera a ir tan deprisa.

-Ya. ¿Y adónde va a vivir?

-De momento, en el altillo, si la cama está vacía.

Me quedo unos días.

-Por desgracia,... su cama está desocupá

y la de Agustina también.

-Agustina volverá.

-Ojalá, pero tie pinta de que no.

-No vamos a pensar en eso y, vamos a pensar

en que va a ser usted la señora del señor más señor de Acacias.

-La señora de Palacios, na más y na menos.

-Gracias, Servando.

Con Dios.

Otro día que no viene Úrsula. No podemos seguir así.

-Está en el hospital con Agustina. -Sí, ya lo sé.

Pero no podemos tener una empleada que viene un día sí y tres no.

¿Cómo sale el trabajo de la cocina? -Camino, ve a echar una mano.

Vamos, no te hagas de rogar, que te encanta ayudar en la cocina.

Venga. -(HACE UNA PEDORRETA)

Voy a tener que contratar a otra persona.

-¿Y cuando vuelva Úrsula? -No sé.

Ella no ha tenido la decencia de decirnos nada.

-Espere, madre.

No podemos ponernos al barrio en contra,

que todos quieren a Agustina.

Haga un contrato temporal, y cuando vuelva Úrsula,

le devuelve el puesto.

-Buenos días, ¿qué tal? -Mal.

No sabe lo difícil que es tener un negocio y estar a bien con todos.

-Me temo que no traigo buenas noticias.

En el ayuntamiento nos han avisado que han subido los robos.

-Lo que nos faltaba. Sepan que estaré atento

para defender su negocio, y a Camino, claro.

-Se lo agradecemos.

-Pongan de su parte, y si ven algo raro, avísenme.

-Descuide, lo haremos.

-Voy a avisar a los demás comerciantes. Con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

Es el colmo,

dicen que hay robos y, en lugar de poner a dos guardias

patrullando la calle, nos dejan en manos de un sereno.

Ellos sabrán lo que hacen. -No, no lo saben.

Cobrarnos impuestos es lo único que saben hacer.

-Buenas. -Buenas.

-¿Ha visto esto, Felicia?

"Clases de baile con la Dama del Misterio".

Y en casa de Bellita. Me va a hacer la competencia.

-Bueno, no hay nada que le impida hacerlo. Es un país libre.

-¡Es una vergüenza! -Venía a decírselo,

a mí el baile me parece mal tanto en un sitio como en otro.

Me voy a comprar unos regalos para que Milagros lleve a París

a mi hijo Leandro y mi nieto Víctor. Con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

Esa Bellita no tiene decencia.

Vamos dentro, que tenemos que preparar las mesas.

Le agradezco que me arregle usted la lámpara,

porque de cañerías sé todo lo que hay que saber,

pero con la electricidad, me pierdo.

-Esto es labor para hombres especializados.

-O mujeres.

-No tanto. Mire usted, está pez.

-Porque cuando me fui del caserío no había llegado la electricidad.

Pero mi hermana seguro que sabe más de cables que Edison.

-Mire, aquí está el problema, se ha soltado un cable.

-¿Y se puede arreglar?

-Si me da una magdalena...

-Jesús, ¿para arreglar el cable le falta una magdalena?

-No, la magdalena es para mí, esto se lo hago gratis.

No es más que volver a conectar el cable.

-Hecho. -Gracias.

Tenía una curiosidad

sobre los abanicos de doña Bellita.

-Uy, hay muchos. Y cada uno tiene su historia.

Y doña Bellita las conoce todas:

dónde compró el abanico o quién se lo regaló,

o si fue una ocasión especial... -Ya. ¿Son muy caros?

-Hay de todo, pero la mayoría lo son, sí.

-Ya. ¿Y usted sabe dónde puedo comprar uno?

Es para un regalo. -Hay una tienda en el centro.

Le puedo preguntar a Bellita por la dirección.

-Pues me haría un favor. -Pues hecho.

-Buenas, ¿se puede? -Claro que sí, Jacinto.

Le traigo el correo. -Muchas gracias.

-Servando, ¿qué hace?

-Arreglando la lámpara.

-Más bien, comiendo magdalenas. -Porque ya había terminao.

-Coja una, Jacinto, por favor.

Servando, voy a preguntarle a la señora lo de los abanicos.

Y si ya ha terminado el arreglo, se van, que tengo mucho trabajo.

Muchas gracias. -Nada.

-¿Qué es eso de los abanicos?

-¿Los abanicos? Na, cosas mías.

No he hablao con Felicia, pero estará que trina.

-Figúrate,

y más si las clases en casa de doña Bellita las da la Dama del Misterio.

-Eso se va a llenar, hasta a mí me apetece ir.

¿Uste qué piensa, Úrsula?

Me da igual.

Son cosas de ellas que ni me van ni me vienen.

-Toma.

A mí solo me preocupa que Agustina salga de esta.

Y a nosotras también, Úrsula.

Deberíamos rezar otro rosario y dejarnos de cotilleos del barrio.

¿Cuántos rosarios lleva?

Tres.

-No hay tiempo para más.

-Deje de rezar,

que le va a poner a Dios la cabeza como un bombo.

Quédese tranquila y piense en otras cosas.

No puedo pensar en nada más.

Ahora que había empezado a conocer a Agustina y me había dado cuenta

de lo maravillosa persona que era, se nos va.

-No diga eso, que entoavía no ha entregao la pelleja.

Además,

tendría que empezar a pensar un poco en su vida.

¿Por qué dices eso? Por su trabajo.

Doña Felicia está pensando en darle su puesto a otra persona.

¿Y tú cómo lo sabes?

Me he enterao de que anda preguntando.

Es más, creo que ha contratao a una temporal.

-Pero no tiene na fijo,

si habla con ella, lo mismo le devuelve el puesto.

Lo último que me importa ahora es el trabajo.

Si me despide, que lo haga.

-Pero, Úrsula,

con lo que le costó conseguir a uste ese trabajo.

Agustina, una de mis mejores amigas,

de las pocas que he tenido en la vida,

está entre la vida y la muerte.

He de estar a su lado.

Y si muere, sé que me cuidará desde el cielo.

Don Felipe, ¿ha podido hablar con los médicos?

Han decidido operarla para tratar de salvar el brazo.

¿Resistirá la operación?

Esperan que lo haga.

Va a ser una operación larga y complicada,

estará todo el día en quirófano.

-¿Por qué no se va a descansar, Úrsula?

No, debo estar aquí.

-Úrsula, por favor,

si no descansa y se toma un plato de sopa,

la próxima en enfermar será usted. -Eso, Úrsula.

Hágale caso.

Yo misma iré al altillo y me ocuparé de que nadie la moleste.

Está bien, pero solo unas horas. Y si pasa algo, me despiertan.

-Yo me encargo.

-Nos turnaremos por si hay noticias.

Vayan para el barrio.

Y no esperen al tranvía, contraten un coche, yo lo pagaré.

-Muchas gracias, señor.

Adelante.

¿Le apetece un café?

Aunque es la hora del aperitivo, quizá prefiere un jerez.

-No, don Liberto, el vino embota con facilidad el entendimiento

y hay que limitarlo a algún evento. No hay nada como el café,

el agua o el zumo de frutas. -Un café.

Y tomo nota, que pronto seremos socios.

-Yo una copa sí tomaba. -Claro que sí.

-Espero no haber abusado de su tiempo pidiéndole que venga.

-Hay que tener tiempo para compartirlo con buenos amigos.

Si no, ¿para qué sirven los éxitos en los negocios?

Olvídenlo y cuéntenme sus dudas.

-Gracias.

En realidad, soy yo quien quiere consultarle algún asunto.

-Lo mismo le digo, estoy a su disposición.

-Aunque el otro día, cuando hablé con don Ramón,

me dio la impresión de que no estaban interesados en invertir.

Don Ramón es un hombre chapado a la antigua

y quiere hacer negocios basados en la compra y venta de bienes.

-Yo sí quiero invertir. Es mi padre el que se resiste.

Es un hombre de otra época.

-Su padre es libre de decidir sus negocios.

Cada hombre debe tener libertad para elegir algunas cosas en la vida,

como con quién se casa, dónde vive, en qué invierte su dinero...

Su padre no quiere y nadie debe forzarle.

-Pero yo sí quiero invertir mis ahorros.

He leído lo que dice la prensa sobre las perspectivas del banco.

-¿Puedo... serles sincero? -Por supuesto.

La primera vez que vinieron a hablarme de invertir, ¿se acuerda?

Fueron usted y doña Rosina.

-Perfectamente. -Yo les dije

que la idea del banco era permitir la entrada de grandes capitales.

-Así es.

-En deferencia a ustedes, me comprometí a indagar para presentar

la propuesta de aceptar socios con un capital más pequeño

de manera mancomunada.

No fue fácil.

-Y se lo agradecemos.

Pensé en el capital de usted y doña Rosina,

el de don Felipe o el de la familia Palacios

al completo.

Pero ahora...

me proponen cantidades muy inferiores,

como la de doña Susana o la suya, don Antoñito.

-Obviamente, mis ahorros no son lo mismo que la fortuna de mi padre.

-Eso es lo que me causa problemas.

El dinero de doña Susana lo puedo juntar

con el suyo y el de su esposa

y no se notaría en el banco.

Pero, entiéndame, no quiero faltarle al respeto,

el suyo, don Antoñito, sin unirlo al de su padre,...

no será posible darlo por bueno.

-Estoy fuera del negocio.

-Si no persuade a su padre para participar,

me temo que así es.

¿Qué miras?

-¿Es verdad que una señora se ha tirado por la ventana?

-Es verdad, pero no se ha tirado, ha sido un accidente.

-¿Está muerta? -No,

los médicos están intentado curarla.

-A las buenas. -Casilda.

¿Qué tal Agustina?

-La iban a operar del brazo pa ver si se lo pueden salvar,

pero se ve que está más p'allá que p'acá.

Aunque no todo son desgracias,

parece que pronto sonarán campanas de boda.

Perdón. Me marcho, que llevo prisa.

Con Dios. -Con Dios.

-¿Lo de la boda lo dice por mi padre y por usted?

-No hagas caso a Casilda, es una cotilla y una indiscreta.

-No, si lo sé todo.

Mi padre dijo que usted y él se quieren.

-¿Eso te ha dicho?

¿Y qué te parece?

-Bien.

Usted fue mi primera amiga en este barrio.

Me gusta, aunque claro,

no conocí a mi madre.

No sé cuál es mejor.

-No se trata de ser mejor o peor, se trata de ser feliz.

Tu padre es viudo y yo también.

-¿Usted tiene hijos?

-Sí, uno, pero vive lejos.

A lo mejor un día le conoces. -Ojalá.

Me parece bien que mi padre y usted se casen, si quieren.

Yo quiero ir a la boda. -¿Quieres venir?

¿Vendrías desde París?

¿Pues sabes lo que vamos a hacer? Tú serás la invitada de honor.

¿Adónde vas?

-A por Lolita, que dijo que tardaba un minuto y van casi diez.

Tengo hambre y quiero que vayamos a comer.

-Pues dame el regaliz y vamos.

(Se cierra una puerta)

Casilda, menos mal...

-Baje la voz, baje la voz, está Úrsula durmiendo.

-Menos mal que andas por aquí. ¿Qué hace durmiendo a estas horas?

-Pasó la noche en el hospital,

esperando a ver si podía ver a la señá Agustina.

Pero a la señá Agustina la están operando del brazo

y se ha venío a dormir.

-Ya. ¿Y se sabe algo?

-Ha dicho don Felipe que cuando los médicos terminen nos avisan.

-Pobre mujer, espero que le salven la vida.

-¿Quiere una tila, que estoy preparando?

-Venga.

-Coja un par de tazas.

-Por cierto, Casilda,

tú no sabrás dónde venden abanicos, ¿no?

-¿Abanicos pa darse viento?

-Más de adorno, como los que tiene doña Bellita,

pero más baratos.

Arantxa me dio la dirección de una tienda, pero valen un potosí.

-Pues no.

Solo una vez tuve un abanico y me tocó en la feria.

Era de cartón

y tenía listas azules. -Ya.

Yo lo quiero de los bonitos, que lleve dibujado pájaros y flores.

-¿Pa qué lo quiere, pa ponerlo de adorno en la pensión?

-No, es pa regalárselo a la Marcelina.

Desde que vio el que donó Bellita para el mercadillo, le ha gustao.

-¿Y por qué quiere comprarle un abanico a mi prima?

-Cosas mías. Tampoco...

Quema.

-Es que, las infusiones queman.

-Me voy a la fuente a refrescarme.

-Ay, prima. -Baja la voz, hombre.

-¿Qué pasa? -Que está la Úrsula durmiendo.

-¿A estas horas? Sí. Bueno, es que...

¿Qué quieres, pa qué has venío?

-¿Has visto a Servando?

-¿No te lo has cruzao en la escalera?

-No, es que vengo de la azotea.

-Ah. Ven, siéntate.

Es que quería comentarte algo que me ha parecío muy raro.

El Servando le quiere regalar un abanico a tu mujer.

-¿Y a qué tantos regalos?

-Eso mismo digo yo.

¿Quieres tila? -No, que seguro que está quemando.

Me voy a la fuente a refrescarme un poco.

¡Cinta! ¡Cinta!

¿Madre?

Ayúdame con esta butaca, que no quiero que nadie tropiece.

A ver, un poco más atrás.

Perfecto.

¿Con qué música vas a querer empezar la clase de baile?

Madre, no voy a enseñar a bailar a nadie.

No estoy con ánimo para bailar.

Bueno, ¿y lo que hablamos anoche de echarle redaños a la vida

y quitar las escamas al pescado si hacía falta?

Lo sé, madre. Sé que tiene razón, pero usted es muy valiente,

pero yo no lo soy.

-La limonada, ¿dónde la pongo? -Donde quieras.

Que ahora la niña dice que no da las clases. ¿Se puede creer?

-Cinta, es lo que mejor te viene, así despejas la cabeza.

Lo que me apetece es llorar sin parar.

En mi pueblo te quería yo ver.

Allí no lloras, aunque te arranquen la piel a tiras.

(Llaman)

-Uy, los alumnos.

-¿Los despido? -Ni hablar, hazlos pasar.

Cinta, ¿vas a cumplir con tu obligación?

No puedo, madre.

Pues entonces, vete a tu cuarto,

no quiero que ahuyentes a los alumnos con tu cara.

Lo siento. Vete.

-Buenas tardes. Por aquí, por favor.

-Buenas tardes.

Bienvenidos a nuestra primera clase de baile.

-El folleto dice que la clase la daría la Dama del Misterio.

-Está indispuesta, voy a darla yo. Soy Bella del Campo.

Música, Arantxa.

No deja de entrar gente para esas clases,

y la mayoría eran alumnos míos.

-Libre competencia, es lo que hace mejorar los negocios.

-Los vecinos del edificio deberían prohibir que en uno de sus pisos

se pusiera una academia de baile.

-Mientras no lo hagan encima de mi salón y zapatear...

-¿Y no le importa que entre cualquiera?

¿Cómo sabe que no entran ladrones en su finca?

-Deje que den sus clases y ofrezca usted unas mejores, doña Felicia.

-El negocio es el negocio.

Es como lo del Banco Americano,

invertimos allí porque da más beneficios.

Si otros bancos dan menos, que espabilen.

-Dicen que van a pedir un mínimo de inversión,

para que solo hagan negocio los potentados.

-A Liberto y a mí nos han aceptado.

Y a Susana, junto a nosotros, claro.

-Pero somos de los pocos privilegiados.

-Me temo que mis ingresos son insignificantes.

-En lo que esté en mi mano, intercederé

para que haya más vecinos beneficiados.

Por ahí viene Genoveva. Y si alguien tiene mano, es ella.

¡Genoveva! Buenas tardes, señoras.

Qué bien encontrar amigas, con las ganas que tengo de tomar un café.

-Eso está hecho.

Aurelio, un café para la señora de Bryce.

Me han dicho que en casa de Bellita están dando clases de baile.

-Debería darles vergüenza.

Hombre, Bellita

y su hija otra cosa no, pero saben bailar.

Lo que deben hacer ustedes es unir esfuerzos y dar clases conjuntas.

¿Yo? No me asocio con advenedizas.

Allá usted, pero hay cosas que no se pueden controlar.

Y la competencia es una de ellas. Genoveva,

mientras usted se acercaba, hablábamos de su marido y del banco.

Tenemos una petición que hacerle.

Soy toda oídos.

-Nos dan pena los pequeños inversores,

son vecinos que van a perder la oportunidad de hacer fortuna.

Alfredo no puede hacer nada, depende del consejo.

Mi opinión es que deberían aceptar a todo el mundo,

es lo más equitativo. Seguro que si usted intercede,

seguro que Alfredo cambia de opinión.

Sería muy injusto para algunos vecinos.

Él la adora y besa por donde usted pisa.

¿Qué le va a negar si se lo pide con su sonrisa?

(RÍEN)

Un poquito de compás. Escuche la música.

(Música flamenca)

Que no es una marcha militar.

Relajo, relajo,

que su mujer no se le va a escapar.

Veo que no tiene pareja,

yo bailaré con usted.

-Qué gran honor.

(Música flamenca)

-Usted acudía a las clases del restaurante Nuevo Siglo, XX ¿no?

-Sí, pero en cuanto me enteré de que la Dama del Misterio

las iba a dar aquí, no he dudado. ¿No va a venir?

-Me temo que no, se encontraba indispuesta.

Tal vez... la próxima clase.

-Si me disculpa un segundo.

Doña Cinta.

Ya pensé que no la vería.

Buenas tardes. Celebro verle aquí.

No me lo podía perder.

Sospeché que usted era la Dama del Misterio.

Es sabido por todos.

Todos menos yo.

Y mi admiración crece enteros.

-Cinta,

¿por qué no bailas con don Rafael?

Así yo puedo encargarme de los demás alumnos.

-Hágame el favor.

Intentaré alegrar su rostro, la veo taciturna.

No le preguntaré nada, solo bailaremos.

Me basta con servirle de apoyo.

"Pero no hablemos más del Banco Americano,"

que bastante tengo con mi esposo.

(RÍEN)

¿Se sabe algo de Agustina, cómo está?

Hay pocas posibilidades de que se salve.

-No sé,

una mujer que ha intentado quitarse la vida,

por mucha pena que nos dé,

es una mujer que ya no cuenta con la paz de Dios.

-Dios lo perdona todo, doña Susana. -No.

Si se atenta contra su obra, que es la vida, no creo que lo perdone.

Y miren que lo siento, porque Agustina...

trabajó conmigo, y era una mujer

trabajadora

y dispuesta.

No sé qué le ha llevado a hacer esto.

-Dicen que sufría unos dolores horrorosos.

-Ni así.

Sea como sea,

espero que la ayuden y pueda recuperar la paz de espíritu.

Doña Felicia.

Dichosos los ojos.

¿Hace cuánto tiempo no venía usted a trabajar?

He estado acompañando a Agustina en el hospital.

Lo apruebo y tengo la mayor de las paciencias,

pero aquí tiene unas obligaciones. Lo sé.

Le pido disculpas.

Está bien.

¿Cuándo va a reincorporarse al trabajo?

De eso quería hablarle.

No me gusta no cumplir con mis obligaciones

y, en este momento siento que debo acompañar a Agustina.

Pero esto no puede durar mucho.

No, no, desde luego que no,

y yo no quiero perjudicarla,

por eso, he decidido dejar el trabajo.

Sé que ha empezado a buscar una sustituta.

Le deseo la mayor de las suertes en su elección.

Úrsula, no es necesario... Si me lo permite,

quiero volver al hospital

para ver si ha salido Agustina del quirófano.

Ha sido un placer trabajar para usted.

Con Dios.

con Dios.

-Pobre mujer, no la sabía tan cercana a Agustina.

-A mí me hace una faena.

-Una trabajadora que no esté con la cabeza en su labor,

mejor que se vaya.

Yo voy a la iglesia a rezar. ¿Me acompañas, Rosina?

-Sí.

-Con Dios. -Con Dios.

Genoveva.

¿Sabe usted si ha vuelto don Felipe del hospital?

No creo que la operación dure tanto.

-Sí, dicen que iban a estar to el santo día.

Para una mujer que está en su estado,

eso no puede ser beneficioso.

-Si ellos lo hacen, será que lo aguanta.

Aunque si sale viva de esta,

será por un milagro de Dios, y no por los médicos.

-Por lo que sea,

pero a ver si volvemos a verla por el altillo.

-Me da que a la que vamos a ver poco por el altillo es a uste,

señá Carmen.

-¿Por qué dices eso? -Que dicen que se casa.

Y yo que me alegro.

-Ay.

Pero si para eso queda mucho, Marcelina.

Voy a la mantequería, a ver si Lolita necesita ayuda.

-Eso, vaya, que ahora es el negocio de la familia.

-Carmen.

Quería hablar contigo. Necesito que venga alguien a casa

a limpiar las alfombras.

-Preguntaré en el altillo a ver si alguien puede.

-Quería que fueras tú.

-Yo ya no trabajo de criada, doña Susana.

-¿Y eso?

No me digas que don Ramón te ha retirado.

Hay que ver el gusto de los Palacios por dejar al barrio sin criadas.

-No tiene usted derecho.

-Uy, ¿te has ofendido?

-No entiendo que le hace llegar a pensar

que es usted más señora que nadie.

Que tan señora es usted como yo. -(IRÓNICA) ¿Tanto?

-Que yo recuerde, no era usted marquesa, sino sastra.

-No te consiento... -Usted, ni me consiente

ni me deja de consentir, señora.

Aquí tiene, madre.

-Un desastre,

no hay parejas apuntadas para la próxima sesión de baile,

todas se han ido a casa de Bellita. -Es normal,

Bellita del Campo, la Dama del Misterio...

-Es competencia, eso es lo que es.

Estuve mirando en el portal, no sé ni cuántas parejas entraron.

La mayoría me sonaban de nuestras clases.

-Debemos pensar algo para recuperarlas.

-Hay que impedir que siga con las clases en su casa.

La idea es nuestra, los clientes son nuestros.

¡Nos roba todo lo nuestro!

Si hasta tú casi vas a una de sus clases, las nuestras son mejores.

-Camino es la única sensata,

ella no ha ido a las clases de Bellita,

no sabe si son mejores o peores.

Y me temo que le gustaría ir.

-¿En serio?

-(NIEGA) -No me lo puedo creer.

¿A ti no te importa?

Tú debes defender a tu familia, debes defender nuestros intereses.

-Tenemos un restaurante, madre,

nuestro negocio es dar comidas, no las clases de baile.

-¡Nuestro negocio es lo que yo diga!

-Madre, olvídelo.

-¿Bellita quiere guerra?

Pues la va a tener.

Se va a arrepentir de haber ido contra mí.

Ya veréis cómo vuelven los clientes.

Se va a llenar el local, como que me llamo Felicia.

Bellita se va a enterar de con quién se está jugando los cuartos.

Estás exagerando al exigirles tanto a los vecinos.

Déjame hacer a mí, Genoveva.

No importa si las inversiones son pequeñas,

queremos dejarles sin dinero.

No, no es eso lo que siempre me has dicho.

Les quieres en la ruina.

Así es.

No quiero que alguno se salve por tener poco dinero.

Y no será así.

¿Te das cuenta que hasta los menos adinerados

se han interesado por la inversión?

Sí, claro.

Para los vecinos, esto ya no es un banco,

es El Dorado.

La ambición les está llevando a perder el sentido.

Vienen a ofrecer su dinero como las moscas a un panal de miel.

Por eso hay que facilitarles que lo pierdan.

¿Sabes el último que me ha pedido una reunión?

Don Jose, el esposo de doña Bellita.

Pobres, no me caen demasiado mal,

no son los vecinos de siempre del barrio.

Quedamos en que tenían que caer todos.

Pero... no vamos a dejar que solo pierdan sus ahorros,

van a perderlo todo.

¿Cómo piensas hacerlo?

Tengo un plan.

Siempre hay que tener un plan.

Ahora, ninguno de ellos tiene capacidad

para hacer inversiones individuales.

Eso es peligroso, alguno podría echarse atrás.

Por eso, voy a proponerles...

que todos juntos hagan un grupo inversor.

De esta forma, todos irán de la mano al matadero.

Doña Susana ha venido para felicitarnos

por nuestro compromiso.

¿No es así?

-"Me he reunido" con Alfredo.

Me ha comentado una idea para que todos podamos participar.

-¿Y cómo? -Formando un grupo de inversores.

-Todos vamos a poder forrarnos.

-Una invitación de doña Felicia a una comida.

-¿Qué? ¿Ahora se las da de comprometida con las buenas causas?

-No sé si le hago un favor.

Van justos de dinero y, quizá, no puedan pagarse el cubierto.

-He oído que después de anular su viaje a Argentina,

están a la cuarta pregunta.

-Quiero entrar como inversor mayoritario.

-¿Cómo piensas hacer eso? No dispones de tanto capital.

-Me veo obligado a pedirle un préstamo.

-No puedo.

-¿Cómo? -Que creo...

que Servando y Marcelina andan enamoriscaos.

Ha ido todo muy bien. -¿Y cómo va de su enfermedad?

-Le hacen pruebas para ver cómo evoluciona.

-De momento, no se sabe nada.

Tenemos que ir a la estación. ¿Estás preparada, pequeña?

Queremos agradecerles su invitación.

Espero que sea un éxito.

Lástima que no podamos ir.

-Me lo figuraba. -¿Y por qué se lo figuraba?

Tenía una reunión

para recaudar fondos con los que invertir.

Como no me ha prestado dinero, he tenido que conseguirlo de otro modo.

-¿Qué has hecho?

Prefiero quedarme y pasar la noche aquí.

Quizá pueda ayudar en algo. Haga lo que crea mejor.

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Acacias 38 - Capítulo 1022

29 may 2019

Bellita organiza la primera clase de baile en su casa, en la que consigue que Cinta baile con Rafael. Jose se plantea endeudarse para invertir en el Banco Americano y así salir del bache económico. Felicia se indigna por la competencia de Bellita y planea devolverle el golpe.
Ramón le comunica a su hijo que va a anunciar su compromiso con Carmen. Padre e hijo tienen discrepancias sobre la inversión del Banco Americano.
Felipe informa que Agustina tiene que ser intervenida de urgencia.

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  1. María

    Lo mejor del capítulo de hoy ha sido el corte que le ha dado Carmen a Susana.¡Jajajaja, vieja bruja!

    01 jun 2019
  2. Mabi

    Bravo por Carmen!!!!! Otra que no se calla más!!! Que Marqueza ni ocho cuartos Susana!!! Sastra, noble profesión por supuesto, pero las infulas de ésta " señora" no condicen con su condición de trabajadora o sea está a la misma altura que cualquiera de las criadas. Tomá pa' vos Susana!!!!

    01 jun 2019
  3. Mabi

    Flaco favor nos hacemos entre los que aquí comentamos, si terminamos peleando entre nosotros.... Opinemos de lo visto, o de lo que nos transmite Acacias, hagamoslo con libertad, y al que le guste bárbaro y al que no también!

    31 may 2019
  4. Brisa

    Todos tenemos derecho a opininar (A mí también me aburre, y algunos personajes bastante más que otros)

    30 may 2019
  5. Filomena

    Pilar Méndez ; MALA LECHE

    30 may 2019
  6. Pilar Méndez

    A Susana espectadora: te aburres? pues no la veas...!

    30 may 2019
  7. Susana

    ¡Me a bu rro!

    30 may 2019
  8. Mauge

    Ya está bien de qué a Úrsula todas "sus muertes" le salgan a pedir de boca ya son muchas en su haber y ella tan fresca nunca le pasa factura, estaría bien que los guionistas sean más coherentes, Úrsula siempre saldrá limpia? No me parece

    30 may 2019
  9. María Elena

    Ursula de mala malisima aburre y estaría genial un romance entre genoveva y Felipe y que se hiciera buena otra vez. Esto de tantos malos aburre ya.

    29 may 2019
  10. Francesca

    Creo que la función de los Dominguez es distender. Aflojan el dislate. Y en una serie con tanta muerte, es una gloria. Quizás, si llevara a cabo la venganza, veriamos a los personajes en la pobreza, asistiendo a una nueva serie. No me digan que todos disfruraríamos viendo a Susana en la miseria. ¿¿. Si Monserrat Alcoverro, sobreactua en alguna escena, es porque así se lo marca el director. Los principales sobreactuan a coro. No por ser malos actores.

    29 may 2019