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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1021 - ver ahora
Transcripción completa

¿Milagros ha desaparecido?

-Le juro que fue solo un instante.

-Vamos a buscarla de inmediato.

No perdamos tiempo. -¿No sería conveniente

pedir ayuda a los criados para la búsqueda?

-Mi único deseo ya... es morirme.

-Agustina.

(LLORA)

-¿No es justo que pida venganza?

¡Llevamos tiempo preparando a Cinta para emparentarla

con las mejores familias, pa que ahora venga

una tabernera y nos la rechace!

¡Milagros!

-"Tuviste una brillante idea, mientras todos estaban acongojados,

tuve tiempo de cambiar el informe".

"Hemos evitado que todo se vaya al traste".

-¿Por qué están serios?

-Pensábamos que te habías perdido.

Ha estado conmigo este tiempo.

Genoveva me ha invitado a tomar un helado.

-Entonces, ¿por qué el interés en agradar a la muchacha?

Tuve una hermana que nació con problemas,

no podía hablar, no se relacionaba con nadie.

La pobre murió joven y sola. Por eso me preocupo por Camino.

En cuanto Ramón lea el falso informe,

dará luz verde a los vecinos

para que inviertan sus ahorros en el Banco Americano.

Y así, muy pronto, todo estarán completamente arruinados.

Al principio, las vecinas me ningunearon.

Y más tarde, nos dieron la espalda cuando más lo necesitábamos,

dejaron morir a Samuel como a un perro.

¿Cómo ha ido todo? -Vamos a tener que pagar un dineral.

-¿Qué, qué dice sobre el Banco Americano?

-Las perspectivas de invertir allí no pueden ser mejores.

No pienso dejar a la niña sola

sumida en el dolor, cuando más me necesita. Se anula el viaje.

"A veces, marcharse con dignidad de este mundo

es nuestro único consuelo".

"Lástima que en ocasiones

sea la misma enfermedad la que no nos deja elegir

la manera de irnos, nos reconcome con tanta fuerza,

que nos niega incluso esa dignidad".

¿Qué ha sido eso? -Ha caído algo.

¡Agustina!

-¡Agustina. -¡Un médico!

(Gritos)

-¡Agustina!

¡Agustina!

Agustina ha pagado por lo que hizo.

Su venganza ha comenzado.

Hay que admirar lo bien que ha llevado usted

el asunto de Agustina. Ha sabido estar a la altura.

Le dije que sería capaz de hacerlo.

Lamento de veras haber dudado de su habilidad.

Ni en sueños pensé que lo haría usted tan bien.

No sé a qué carta puede referirse.

En tal caso, le refrescaré la memoria.

En ella, un tal Alfredo Bryce

le ofrecía un matrimonio de conveniencia.

En la carta aseguraba que si se casaban,

él podría seguir con la vida que "le gusta",

y usted podría vengar la muerte de su amado Samuel.

Ni usted ni nadie me lo impedirá.

La destruiré con mis propias manos.

Descuide, yo no soy su enemigo.

Nada me importa lo que pretenda hacer contra sus vecinos.

Al contrario,

nada me satisface más

que reciban su merecido.

Durante años,

todos los vecinos de Acacias me han despreciado,

incluso...

quisieron acabar conmigo. Matarme.

También deseo vengarme.

Cuente con mi apoyo

para sus conseguir sus fines.

¿Cómo podría confiar en usted?

Samuel no la engañó,

en otros tiempos, fuimos encarnizados rivales.

Luchamos el uno contra el otro sin piedad alguna.

Pero todo ha cambiado.

Créame, no encontrará

mejor aliado.

Nadie odia a los vecinos de Acacias más que yo.

Quizá haya una manera de probar su lealtad.

Usted dirá, señora.

Si realmente quiere causar el mal entre mis vecinos,

deberá acabar con Agustina.

Esa criada fue la voz cantante cuando Samuel y yo

nos quisimos refugiar en el altillo.

Será la primera que pague.

No veo inconveniente alguno.

Si cumple con su cometido, pasará a trabajar en mi casa.

Señora.

Le dije que nadie odiaba tanto a los vecinos de Acacias

como yo.

Ahora sé que no mentía.

¿Está dispuesta a seguir a mi lado hasta terminar con ellos?

Nada me será más placentero.

(Sintonía de "Acacias 38")

Lo hará usted de forma sutil, sin alharacas,

pero deberá desvincularse del restaurante.

Descuide,

nadie sospechará que ha sido una maniobra premeditada.

En cuanto aparentemente se quede sin trabajo,

en unos días, entrará a mi servicio.

Procuraré complacerla. Lo sé.

Puedo apreciar que su tarea con Agustina le ha resultado...

diría que hasta agradable.

Era una pobre estúpida.

Pero se aferraba a la vida.

Quizá al principio de su "enfermedad".

Debo decir que la colaboración del doctor, su falso diagnóstico,

fue definitivo.

No se haga usted de menos.

Los caldos e infusiones que le administró

fueron los que la debilitaron

y acabaron demostrándole que moría sin remisión.

Sea como sea, fue todo un placer.

La creo y, en parte, la envidio.

Me hubiera gustado acabar con Agustina con mis propias manos.

No tenía usted

por qué ensuciárselas por tan poca cosa.

Lleva usted razón.

Ahora debemos cubrirnos:

baje a gimotear y a demostrar a todo el mundo

que ha perdido a una verdadera amiga.

¿Vive, vive?

-¡Tiene pulso!

-Entonces, ¿vive? -Lo tiene débil, pero sí.

¡Apártense, por favor! ¡Un médico!

-Felipe. -Vamos, vamos.

-¡Hay que contener la hemorragia! -¿Qué ha sucedido?

-Agustina ha caído del altillo. Necesitamos a un médico.

-Vete a buscar a un coche. -Voy.

(LLORA)

-Venga conmigo, Fabiana, deje que se encarguen los hombres.

-No, Marcelina.

Era mi amiga, mucho más que mi amiga.

-Marcelina tiene razón, Fabiana. No podemos hacer nada por ella.

Un coche se la llevará al hospital.

Venga, vamos.

-Cuidado.

¡Ah! ¡Agustina!

¡No! (LLORA)

¡¿Por qué, Señor, por qué?!

¡Ella era la que menos merecía esa maldita enfermedad!

¡Era buena, Señor, muy buena!

¡No se merecía esa prueba tan cruel!

-Tranquilícese, se lo ruego. -Venga con nosotras, Úrsula.

La vida de Agustina

ya está en manos de Dios, solo podemos rezar.

Tranquila.

(LLORANDO) Agustina.

-La pobre Úrsula ha estado a su lado durante todo su padecimiento.

-Sí, pero

se lamenta ante Dios por la enfermedad, no por la caída.

-Es porque Agustina se ha tirado desde la ventana.

-Ave María purísima.

Ay, siéntate, siéntate. Siéntate.

Los de la Casa de Socorro envían unos camilleros.

-¿Cuándo? -En breve.

-¡Se muere! ¡No podemos perder el tiempo!

-Buscaremos un coche. -Que vayan a la esquina,

la llevaremos al hospital. Ayúdeme, Felipe.

-Don Ramón.

¡Voy con ella, tengo que ir con ella!

Una, dos... Arriba. -Vamos.

-Vámonos.

-Hijo, ve a ver a tu hermana y si se ha enterado, procura tranquilizarla.

Tu mujer necesitará consuelo. -¿Y usted?

-Yo voy con ellos.

-¿A qué vienen esos gritos? -Se oían desde casa.

Nos han asustado.

-Al parecer, Agustina se ha caído del altillo.

-Ay, Jesús.

-Come. -¿La han visto ustedes caer?

-"Caer", dice, ha saltado.

-El diablo le ha susurrado al oído esa solución.

-¿Qué te pasa? -No me aguantan las piernas.

-¡Ayúdenme! -Siéntese.

-¡Agua, traigan agua! -Voy. ¡Aparten!

¿Cómo está?

-La están operando, no hay noticias todavía.

-¿Se ha quedado alguien con ella en el hospital?

-Sí. Felipe y Úrsula esperarán.

La operación va a ser muy larga.

Así que, me he traído a Fabiana, no se tenía en pie.

-Dicen que no se ha caído.

-Circulan varias versiones, pero sí,

es posible que haya intentado acabar con su sufrimiento.

-¿Qué opina Felipe?

Él tiene experiencia con este tipo de sucesos.

-Felipe no estaba de ánimo para opinar.

El hecho, la caída, vamos, le ha afectado mucho.

-Claro,

Celia... -¿Y Milagros?

-En la cama, se ha acostado después de cenar.

-¿Sabe algo? -No.

-Entonces, no le diremos nada.

-Voy a ver a Fabiana, necesitará desahogo.

-Sí, bajo contigo.

-¿Cree que...

Agustina saldrá de esta?

-No lo sé, hijo, no lo sé.

Ponga aquí los pies, señor.

En la cabeza le voy a poner paños frescos.

-Diréis que soy un flojo, pero es que estas cosas me imponen,

como que se me agarran al alma. -Nadie dice na, no pienses.

-Pobre Agustina.

Con lo buena persona que era... Parecía vasca.

-E imaginarla ahí doliente como un Cristo,

tirada en los adoquines...

-Dejad de hablar de eso, que vuelvo a privarme.

-Descuide, que por mí no será.

-Vale. -¿sí?

-Sí. Ya creo que vuelvo a ser yo.

-Pues hala, vete a acostar,

que enseguida voy a tu vera.

-Ay.

Si alquilamos un coche con seis jacas, todavía podemos llegar.

-¿Vas a seguir con eso?

Creí que te lo había dejado más claro que el agua del arroyo.

-Pues no, no terminamos la discusión.

Dejamos de discutir por el alboroto en la rúa.

-Pues a la última va la vencida.

De aquí no se va nadie dejando a Cinta con el corazón en un puño

y más triste que un pajarillo en diciembre.

¿Dónde está mi flor, Arantxa? -En su cuarto.

Se ha impresionado mucho con lo de Agustina.

-¿Lo ves?

Nuestro deber es protegerla de los sinsabores.

-Como si yo no quisiera protegerla.

Pero la palabra de uno es la palabra de uno,

y yo se la he dado a los empresarios porteños, que se encorajinarán.

Ya lo verás.

Por no hablar del dinero que dejaremos de ganar.

-Con Cinta así, ese dinero es más pringoso que el de Judas.

-La niña...

La niña es eso, una niña

y, se le pasarán los disgustos como a todas las chiquillas.

A su edad,

las penas como vienen, se van, ¿o no, Arantxa?

-Yo, lo que ustedes manden,

que ya sé lo que es en esta casa tomar partido.

-Ea, pues no se hable más, saborío,

la sentencia está dictá. De aquí no se va nadie.

Ahora, a descansar para mañana desliar las maletas.

-Pues muy bien.

Hasta mañana, que la que lía con las maletas soy yo.

-No, tú te quedas con la señora. El que se va soy yo.

Y muy escocío, por cierto.

¡Ay! -¡Chiquillo!

Qué hombre, Dios mío.

-Pocas veces he visto al señor tan irritado, como él dice.

-No, él dice "escocío".

Y el que se escuece tiene dos trabajos,

escocerse y desescocerse.

Ahora, que está riña conyugal

no se la perdono yo a la mesonera. Mira que hacer de menos a mi Cinta.

Te digo yo a ti, que por estas, me las paga esa Felicia.

Ea.

-Hala.

Cuando he visto luz, no me lo podía creer.

Si usted se acuesta con las gallinas para ahorrar.

Carmen y Lolita están en el cuarto de Fabiana consolándola.

No cerraré hasta que se vayan.

Y puede que hasta haga negocio esta noche,

la policía viene a investigar.

-No me negaré a darles servicio,

que esta casa acoge a todos en todas las circunstancias.

-Pobre Agustina. -Y que lo diga.

-Lo que corre por las calles no es que eran los años,

sino una grave enfermedad, y la pobre no aguantó el tirón.

-Por una vez, el cuento se ha hecho verdad:

eran Fabiana y Úrsula las únicas que conocían el alcance de su mal.

-En fin,

no somos nadie.

Voy a seguir mi ronda, que las penas no son excusas en este mundo.

-Espere.

Espere un momentito, que quería pedirle perdón por lo del chal.

Bueno, no por lo del chal,

sino por haberle engañado a usted y a la dependienta

que me lo regaló. -Usted no me engañó ni un momento.

Le tengo muy calao.

-Quería regalarle algo a Marcelina y no tenía ni una perra gorda.

-No son excusas suficientes para los embustes.

-Es usted cabezón, ¿eh?

-¿Me pide disculpas insultándome? -Fue sin mala intención

y con gran esfuerzo, que podría haber hecho negocio

y sacar unas perras vendiendo la prenda.

Pero a Marcelina se lo regalé de corazón y con pérdidas.

-Chist. ¿Qué es eso de mentar a mi Marcelina a estas horas?

-Nada, no, que...

Me comentaba Cesáreo lo bonito que es el chal

y lo bien que le sienta.

¿Verdad, Cesáreo?

-Así es, más o menos.

-Me ha sorprendido usted, posadero, no le hacía yo tan generoso.

-Es que estoy muy agradecido a la Marcelina.

Fue la única que me ayudó con mi afonía. La única.

Por eso decidí gastarme unas perras en su regalo.

-Con Dios.

¿Se sabe algo?

-Te digo lo mismo que le he dicho a Carmen y Fabiana,

han pasado por aquí hace un rato: la operación terminó de madrugada,

pero todavía no la han traído ni nos han informado.

-Se le nota hecho migas. ¿Le traigo un café?

-No. No podría tomar nada ahora.

-¿Cree usté que Agustina saldrá de esta?

Anoche escuché a los médicos hablar entre sí,

llegó tan destrozada a quirófano,

que incluso se planteaban no intervenir.

¡No! Que digan lo que quieran los médicos.

¡No va a morir, Agustina no va a morir!

Dios no creó a un ser tan bondadoso,

a una mujer tan virtuosa, para llevársela de ese modo.

¡No! ¡Dios es justo

y no permitirá que Agustina muera!

Amanse mujer,

que puede que lleve razón, pero escuche,

que na gana encalabrinándose.

Anda, vaya al lavatorio a componerse.

Que la vigilia le ha mermao las fuerzas y el temple.

-Ha pasado la noche rezando. -Pobre.

-Es meritorio

tanto... fervor y tanto cariño por una compañera.

-Se ha desvivido por ella estos días.

¿Han ido ustedes a ver a la señá Agustina al hospital?

-De amanecida.

-¿Y está mejor?

-No la habían subido aún a la habitación.

-Don Felipe ha dicho que estemos preparadas pa lo peor.

-Pobre Agustina.

-Solo nos queda rezar.

-¿Tan malita estaba?

-Ella misma me dijo que no sanaría.

-¿Y por qué no quería que la asistiésemos?

¿Por no darnos faena?

-Si ya era una carga

para ella que Úrsula se ocupara de ella.

-Por eso aprovechó a que no estuviera

pa... pa hacer lo que hizo.

-(LLORA)

Los guripas han estao de arriba pabajo preguntando.

-¿Qué preguntaban?

-Pues si Agustina estaba sola...

y si alguien la vio saltar.

-Sí, a mí también me han preguntao.

Pero parece que nadie sabe na.

-¿Y la Úrsula? -Tampoco.

-No, me refiero a cómo está, si la han visto.

-Verla la hemos visto, en el hospital,

pero no nos ha dicho nada.

-Como tiene que estar.

Seguro que esto no se le va a ir de la cabeza.

Ella que estaba atendiendo a la Agustina, y al final...

-Hasta yo misma me echo la culpa.

-¿Usté por qué?

Tenía que haberme dao cuenta de lo angustiá que estaba.

No le hubiera quitao ojo.

¡Eso es lo que tenía que haber hecho!

-No se martirice usted.

Era casi como mi hermana y, mirad si la conocía poco.

-Por el amor de Dios, Fabiana,

usté no se puede echar esa culpa encima.

Además, tenemos que pensar que ella misma se aseguró de tenernos lejos.

-Tiene razón.

Además, ha sido todo muy repentino.

Y a todas

nos cuesta aceptar que ha sido inevitable.

¿Por qué no se sienta un rato conmigo y se tranquiliza?

-Yo marcho al mercao, aluego hablamos.

-Hay una cosa que se me escapa.

Agustina me dijo que Úrsula...

no sabía que tenía una enfermedad de muerte.

-Como todas, ¿no?

-Nones.

Úrsula estaba al tanto de lo que le había dicho el doctor ese.

-No sé, Fabiana, algún motivo habrá.

Ya le he dicho que esto ha sido muy abrupto,

estamos todas muy alteradas.

Lo único que podemos que hacer es...

rezar para que Agustina sobreviva.

Si te preguntan los vecinos en el barrio,

diles que la policía está investigando el caso,

pero todavía no tienen un dictamen oficial.

-Pero que Agustina estaba mu malita, eso es verdad, ¿no?

-Eso le dijo Úrsula al comisario Méndez.

Un doctor le diagnosticó una enfermedad mortal.

Algo en la sangre, parece.

-Y ella no se lo dijo a nadie.

-No quería que sufrierais.

Lo sabía Úrsula y Fabiana, aunque esta, sin mucho detalle.

-Dígamelo sin tapujos, don Felipe:

¿usté cree que se tiró?

-Lolita,

da igual lo que crea o deje de creer,

mi cariño por ella no va a disminuir,

haya hecho lo que haya hecho.

Pero... sí,

el comisario cree en esa conclusión.

-Madre del amor hermoso.

-No la juzguemos,

ninguno en sus circunstancias sabemos cómo reaccionaríamos.

-¿Por qué no se va a la piltra?

Yo me quedo en su lugar y le aviso

si hay nuevas.

-No supe ver lo mal que estaba Agustina.

-Usted no es médico, no se torture por eso.

Ninguno lo vimos venir.

-Cayo igual que...

Cayó igual que Celia.

-Venga, hombre, venga.

Perdone, perdone usté. -No.

Gracias por el gesto.

Déjalo como estaba, como si no hubiera pasao na.

Es que aquí no ha pasado na. -Amén.

-Pero no, ese traje déjalo fuera, déjalo aparte pa coserlo,

que me fijé cuando hacía el equipaje que tenía el bajo hecho unos zorros.

-¿Ah, sí? ¿Y cuándo ha hecho usted el equipaje?

-En el mismo momento que le cosiste el bajo al vestido.

Qué pena, madre.

No deberían de haber cancelado el viaje.

Van a perder un dineral y no recibirá los aplausos que merece.

¿Te ha preguntado alguien? Pues eso.

¿Arantxa, sigues ahí todavía?

Así no terminamos hasta san Cerezuelo.

-Yo, por si acaso, porque como tengo las bisagra doblada

de tanto hacer y deshacer el equipaje...

-¡Anda, pa dentro!

-Nos quedamos contigo hasta que vuelva a ver amapolas

en tus carrillos.

Y yo, si le digo la verdad, le agradezco que estén conmigo.

¿Por qué duele tanto el querer, madre?

Ay, el querer...

Te diría la letra de un fandangillo que decía...

"El querer duele de veras,

pero menos que el desapego".

¿Y por qué no me lo dice?

Porque en tu caso,

el querer te duele por la malaje de Felicia.

O sea, que a ti no te hace daño tu querer,

sino la madre de tu querer.

Eso no es un alivio, que digamos. Pues debería serlo,

porque demuestra que, la una por el otro, tú eres mil veces mejor

que todos esos Pasamar juntos y aunque vinieran en pandilla,

así que haz lo posible por olvidar y animarte,

que no te coman el orgullo

una familia de camareros.

No va a ser tan fácil.

Pues debería serlo.

Lo será si no lo miras y levantas la barbilla con orgullo.

¿Te estás enterando? Y ahora, a estudiar,

que no nos revuelvan la vida esos tunantes.

¿Eh? Venga.

Sí.

Estudiar es lo único que me hace no tener la cabeza

pendiente de él.

-La chiquilla iba triste, pero bien entera.

Al final va a resultar que es más dura que usted y yo.

-Ojalá, porque va a necesitarlo.

-¿Y el señor?

-Marchó cuando salía el sol y aún no ha regresado.

-Jesús, ¿todavía sigue escocido? -Ya se le pasará.

Ahora no debes preocuparte por eso, ahora tenemos que mirar por la niña,

que la tristeza corra suave.

¿Qué es lo que más le gusta?

-Parece mentira que usted me pregunte esto.

Cantar y bailar, es lo que le pirra.

-Descartado. -Ya sabía yo.

-Aunque... no corras tanto,...

que se me está ocurriendo un apaño, una intriga, como si dijéramos,

que podría matar dos pájaros de un tiro.

-Ay, amá.

-Sí, don Felipe sigue en el hospital, está muy afectado

y no creo que vuelva hasta que no le informen.

-Esperemos que sea pronto y traiga buenas noticias.

¿Es cierto el rumor que corre sobre la enfermedad de Agustina?

-Me temo que sí. Al parecer,

estaba desahuciada, una pena.

-Por eso le he invitado a usted, para que me informara

sin que mi hija estuviera al tanto de la desgracia.

Ha salido a dar un paseo con su hermano.

-Ha hecho usted muy bien, preservemos mientras podamos

la inocencia y la felicidad de la niñez.

-También quería comentarle algo más.

Tenemos pendiente el análisis del informe del Banco Americano.

-Si le soy sincero, echaba en falta esa conversación,

pero no quería resultar imprudente.

-No, yo le pido disculpas por haber estado ocupado

de Milagros y de... En fin, vamos a ello

aunque este no sea el mejor momento.

Según mi contacto en el Ministerio, la situación financiera del banco

es bastante buena.

-¿Y la previsión de inversiones?

-La previsión es más que favorable,

un informe bueno, en definitiva.

-Habrá que invertir, entonces, a nadie le amarga un dulce.

-No seré yo quien contradiga el informe ministerial,

pero la decisión de invertir es algo muy personal.

-Lo dice usted de un modo que parece...

-Si quiere saber si voy a invertir mi capital allí,

la respuesta es no.

-¿Por qué?

-Estas clavellinas son preciosas,

pero mañana cuando abran lo estarán aún más.

Yo, cuando voy a Naveros del Río, siempre llevaba a la tumba

de mi difunto padre flores de estas, que en gloria esté.

-Pues a ver si las flores remedian una miaja

la tristeza que se respira aquí. -¿Alguna novedad sobre Agustina?

-Todavía nada, no la han devuelto a la habitación.

-Y en el hospital siguen Úrsula y don Felipe, se niegan a marchar,

y eso que Fabiana y Lolita les han dicho que se quedaban ellas.

-Buena gente.

¿Y las flores? -Pa las compañeras,

pa que lo haga todo más llevadero. -Muy generoso.

-Ya ve usté, poco me cuestan a mí unos pimpollos.

Generoso aquí el Servando,

que se deja sus duros pa regalarme el chal.

-Bueno, déjalo, si tú te mereces eso y más,

y déjalo, chiquilla.

-Arreo, que he dejao solo el quiosco.

Con Dios. -Con Dios.

-No es justo Servando, le tiene a usted por un bienhechor

y no puede estar más engañada. -Que tampoco va tan desencaminada.

Que bienhechor soy,

otra cosa es que me salgan las cosas más baratas.

-Es usted un sinvergüenza, de eso no hay duda.

¿La piensa tener toda la vida en Babia?

-Está bien que abuso un poco de su ingenuidad,

pero una vez están las cosas hechas,...

me da vergüenza reconocerlo. -Hay otras formas de que se entere.

-No, no, no, no, no, no. Acabo de tener una iluminación.

No le voy a decir que el chal me ha salido gratis, pero

sí voy a tener otro detalle con ella que va a ser bueno de verdad.

-Yo no he dicho que desconfíe del banco,

es más, yo no soy quién para contradecir el informe ministerial,

simplemente es que...

yo estoy mucho más acostumbrado a invertir en la industria,

como usted sabe.

-Sí, nos lo explicó muy bien el señor Bryce.

El sector bancario es la oportunidad actual.

-Y se puede ganar mucho dinero, seguro,

pero las finanzas

es un mundo que yo no estoy acostumbrado a evaluar.

Usted póngame delante de una fábrica que yo sé cómo evolucionará,

pero la especulación financiera es algo que yo no conozco.

-Pues llevará su riesgo, como toda apuesta, pero el señor Bryce

está insistiendo tanto en que tenemos que invertir,

que no sé qué quiere que le diga,

pero es nuestro vecino, no creo que sea un imprudente.

-Desde luego, ya le digo. -Ah, y una cosa más:

si nos está dando información,

es porque Genoveva le está induciendo a ello.

Quiere ganarse a las señoras.

(Suena el timbre)

-Haga usted lo que estime conveniente y, quizás sea yo

quien me arrepienta de no invertir con ustedes, pero

déjeme que le dé un último consejo, amigo Liberto:

no invierta todo su capital allí.

No es bueno poner todos los huevos en la misma cesta.

-Don Alfredo.

-Perdone la intromisión, pero se nos quedó pendiente

la conversación sobre patentes.

Y sobre todo quería decirle que lamento mucho el malentendido

que hubo con su hija.

-Pase, pase, estoy reunido con Liberto.

-Don Liberto.

-Gracias a Dios, todo salió bien, aunque he de reconocerle

que el susto fue de muerte.

Le contaré todo lo que sé sobre patentes.

-Que es mucho. -Disculpe un momento,

don Ramón. Señor Bryce, solo por curiosidad,

¿por qué está sopesando la opción de invertir en patentes?

-Bueno,... camarón que se duerme, se lo lleva la corriente.

El dinero hay que moverlo, amigo mío,

aquí y allá, siempre en movimiento.

-Sí, pero según afirmó, el sector más rentable es el financiero.

-Desde luego, y me reafirmo.

Mi interés por las patentes es una cuestión de liquidez.

El banco ha generado tantos dividendos,

que he de diversificar.

Por cierto, es algo... que también les recomiendo a ustedes.

-¿Las patentes? -No, no, no,

no me atrevería, en eso es usted el experto.

Me refiero a... diversificar...

sus inversiones,

una vez obtenidos los beneficios que les generará

el Banco Americano.

-Pues muchas gracias de nuevo.

Quiero que sepa que pondré mi capital a su disposición.

-Debes olvidar, hijo.

-Lo sé, madre, lo sé, no hace falta que me lo repita más.

-Era tal su estado al llegar al quirófano, que los médicos

dudaban del beneficio de operarla.

-No exageres, Susana, al final la han operado.

Es que tú, cuanto peor, mejor. -Sí, como si yo no tuviera olfato.

¿Quién dijo que lo de Agustina no eran los años?

-Buenas. -Buenas.

-¿En qué puedo servirles, señoras? -Dos limonadas.

¿Sabían que los Domínguez han anulado su viaje?

-¿Cómo? -Según Casilda,

su criada Arantxa tenía un brazo hecho cisco de tanto hacer

y deshacer el equipaje. -¿No era de familia de pelotaris?

-Para que veas los baúles que se lleva la folklórica.

Por ahí viene, por cierto.

-Se saluda, señoras. De ustedes es la vida.

-Buenas. Bellita, la hacíamos

de camino a las Américas. -Y ya casi haciéndolas.

-Mi marido y yo hemos tenido que posponer el retorno triunfal.

Todo se andará,... pero ahora mi hija nos necesita.

-Ay, ¿qué ocurre, se le han torcido los planes a la niña?

-Torcido no, más derechos que una vela los tiene.

Está empeñada en una nueva idea, otras aspiraciones,

ustedes ya me entienden.

-¿Otras aspiraciones?

¿A qué se refiere?

-Ya tendrán noticias, y en no mucho faltar.

Con Dios, buenos días. -Con Dios.

-¿Qué habrá querido decir?

-Ni que a mí me importe.

-Buenas tardes, Carmen. -Buenas tardes.

-Pase, pase. Mi suegro no ha llegao.

-Pues me había citado a esta hora.

-Ya, es que anda un poco trastocao por lo de la nena,

y lo de Agustina tampoco ayuda. -Ya.

Pero no tardará, ha ido de paseo con Milagritos.

¿Y pa qué le quería usted?

-Eso me pregunto yo.

-Bueno, pos no tardará en salir de dudas,

de mientras echamos un ratico.

Ea. Esto no viene mal.

La Úrsula...

no se mueve del lao de Agustina, ¿eh?

-¿Qué me dices? -Mu sacrificá.

Otra mujer, ¿quién la ha visto y quién le ve?

(Se abre una puerta)

Mire,... ahí tiene a mi suegro.

-Lolita.

-Ah, pues no, es el mío.

-Si tenemos visita. Qué bueno verte, Carmen, me alegro.

-Yo también.

Voy un momento al baño a lavarme las manos.

-Claro, donde quiera, Carmen.

Va a hacer pis,...

pero no lo dice porque fue señora.

¿Y tú, se pue saber por qué estás tan contento?

-He estado trabajando, pero no dejaba de darle vueltas

a lo del informe que recibió mi padre sobre el Banco Americano.

Salud.

No sé, dicen que invertir en ese banco es Jauja.

Ojalá mi padre se anime e invierta el dinerillo familiar.

-No sé yo, cada vez que le escucho hablar del asunto,

como que tuerce el morro. -No.

Los hombres de negocios no tenemos morro, tenemos olfato,

y el de mi padre es muy fino.

Seguro que no deja pasar esta oportunidad, yo ya estoy pensando

en qué voy a invertir.

-No me vendas la piel del oso antes de haberla cazao.

-Que no lo digo yo, que lo dice Alfredo Bryce.

Ese oso está ya cazado, domado y en la casa de fieras.

¿Qué hay de comer?

Que para oso, el que tengo yo en las tripas.

-¿Qué quieres? -¿Qué hay?

-Pa ti, de to.

-Ya se le pasará el enfado a la cómica,

a mí desde luego me importa poco o nada.

Dios mío, no me lo he podido sacar de la cabeza

en todo el día.

He salido a la calle porque las he visto a ustedes desde la ventana.

¿Cómo está la pobre Agustina?

Una bellísima persona, si me lo permiten.

Bueno, solo sabemos que sigue grave. -Y que no tiene muy buena pinta.

Nadie más que yo siente esta desgracia,

pero hay que ser realista.

-Susana, con el debido respeto, eres beata, no profeta.

Siéntese, por favor. Con mucho gusto.

En estos momentos, lo que más conforta es la compañía de amigas.

Eso y hablar de otros asuntos para despejar la cabeza.

Por ejemplo,

¿sabía usted que su marido y el mío siguen con el tema de la inversión?

Don Alfredo sigue empeñado en hacernos ricos.

No creo que este sea el momento para hablar de dinero.

A mí no me agrada tampoco,

ya digo, para despejar la cabeza de tanta desgracia.

He escuchado a Alfredo hablar con una visita,

los dos estaban de acuerdo

en que es la oportunidad para doblar la inversión.

Doblar, ahí es nada.

-Don Felipe,

por favor. Acérquese.

-Ojalá pudiera saludarles con la efusividad que se merecen.

No ha salido bien la operación.

Todavía no sabemos nada. No la han traído a la habitación.

-Dentro de lo que cabe, no son las peores noticias.

-Espero dársela luego, los médicos me informarán en un hora.

Voy a casa a asearme un poco y regreso al hospital.

-Don Felipe, espere un momento.

Supongo que Úrsula sigue allí,

porque por aquí no ha vuelto. -Sé el trastorno que le causa,

pero no está en condiciones de trabajar, está destrozada.

-No. Claro, era solo por saberlo.

-Con Dios. -Con Dios.

Es admirable,

la buena de Úrsula.

Estoy segura que ni siquiera ha pensado lo que puede suponer

para ella faltar al trabajo. No hay muchas

que lleven la amistad a ese extremo. -Desde luego.

-La comprendo, pero a riesgo de ser insensible,

la necesitamos en el restaurante.

-Desde luego.

-Deberé contratar a otra persona, aunque sea temporalmente.

-"¿Está usted segura"

de querer meterse en este berenjenal?

A doña Felicia no le va a hacer mucha gracia.

-Felicia, Arantxa, Felicia.

En esta casa, a esa harpía no se le pone el doña.

¿Te estás enterando? Y claro que la vamos a molestar,

le quitaremos clientes, muchos, con suerte.

Le vamos a dar en el bolsillo.

-¿Y Cinta? No le ha preguntao a la chiquilla.

-Uy, a Cinta le va a arrebatar la idea, como si no la conociera.

-Usted verá.

¿Quiere que traiga ya el fino de la fresquera?

-Ven, siéntate aquí.

-Perdón. ¿Tiene un momento para hablar del Banco Americano?

-Ahora no, hijo, más tarde.

-Sí, mejor más tarde. Bajo a la mantequería,

que estará Lolita con Milagros.

-¿Cómo estás llevando lo de Agustina?

-No hay forma de llevarlo, Ramón.

La que más y la que menos se culpa por no haber intuido

lo grave de su enfermedad.

-Fue ella misma quien decidió no preocuparos

y por tanto ocultar sus síntomas,... pero...

no te preocupes, yo te entiendo. Si hubiera sido un amigo mío,

yo me sentiría igual. ¿Quieres un té?

-Sí.

En este caso, más que una amiga,

Agustina es casi una hermana, una madre.

-¿Sabes, Carmen?

El padecer de Agustina, su...

repentina enfermedad y...

me ha hecho pensar.

La vida es efímera,

es un visto y no visto

y, por eso creo que hay cosas que no se pueden demorar.

Sé lo malo que representa para tu reputación.

-Nuestra reputación, que a ti no te sale de balde.

-Está bien.

Sé lo mucho y malo que representa para nuestra reputación

el haber suspendido los compromisos,

pero si me duele, me duele más por ti que por mí,

que sé lo cabal y cumplido que eres.

Bueno, come, es...

-Mojama, y jamón y queso, y aceitunas,

ya lo he visto.

-¿Y no te dice cómeme?

-Puede que lo diga, pero yo no lo oigo.

A los que oigo es a nuestros acreedores.

-José, qué tieso estás hoy, pero ¿cómo comprendes tú

que me deje a la niña sola y arrastrando su pena

como una alpargata?

-¿Y yo sí?

-Eso es lo que parece.

-¿Qué demonios? -Hijo.

Así eres tú.

Un perdulario tripero y zampabollos.

Se acabaron los acreedores,

y se acabaron los desplantes a los empresarios,

y lo peor de todo, se acabó

tu chiquilla, tu hija, tu única y bendita hija,

así eres tú, mi alma. -Por eso, por ser así,

me he pasado todo el santo día enviando telegramas

a los empresarios. -¿Pa pedir disculpas, tripero?

-Para asegurarles,...

y ahí sí que va mi palabra,...

que esto no es una cancelación, sino un aplazamiento.

Iremos,

vamos, más tarde, pero iremos.

-Ay. -Y les llenaremos los bolsillos

de pesos, y los nuestros también.

-Olé, José, ole y ole.

Eres el torero con más tronío que conozco, mi alma.

Ese eres tú, ese es mi José, el sin igual, el incomparable,

don José. ¡Ay, qué haría yo sin ti, mi alma!

-Meterte en un lío, eso no hace falta jurarlo.

-Señora, que han llegao ya los volantes.

-¿Los volantes?

"Clases de baile a cargo de la Dama del Misterio".

Ole ahí.

"Duende y embrujo en su domicilio".

¿Esto qué es lo que es?

-Ya me lo dirás cuando veas a tu hija olvidar sus penas

y gozar bailando.

Y así, mira, también fastidiamos a Felicia.

Así se le sequen los grifos, ole.

-"Quisiera..."

No quiero parecer ansioso, pero quisiera...

¿Tengo tu permiso para cortejarte?

-Ramón, me estabas asustando,

pues claro que lo tienes.

Si nos han visto juntos, y de la mano, y...

-Déjame terminar, por favor.

Voy a quererte toda la vida y quiero respetarte, y protegerte y...

quiero que sea oficial y quiero que seas mi prometida.

Carmen, te quiero, yo te quiero, y me gustaría

gritarlo a los cuatro vientos.

-Ramón, no hace falta.

Yo te escucho y con eso basta.

-¿Qué ha sido eso? -Ha caído algo.

¡Agustina, Agustina! -¡Agustina!

¡Un médico!

-¡Un médico, Dios mío, un médico! -Ya es demasiado tarde.

(GRITA)

-¡Ayuda!

(Gritos)

-¿Qué ocurre, señoras, por Dios?

-Dicen que ha caído del principal.

(LLORA)

-No te dejes llevar.

No te dejes llevar.

-Si no fuera porque es ilegal,

y porque daríamos que hablar,

me casaría todos los días contigo.

-¿Quién sabe lo que nos deparará el futuro?

-Yo sí que lo sé: la felicidad.

Siempre que me permitas estar a tu lado.

Fabiana. Úrsula, qué susto me he llevao,

que ya pensé que había pasao algo.

No, no, no hay noticias.

Aunque quizá eso sea peor señal.

Bueno, no hable usted así. Mientras los médicos

no nos digan nada, aún nos queda la esperanza.

Tiene usted razón,...

pero me he pasado la noche entera imaginando que los médicos

entraban en la habitación para darnos la noticia,

que entraban una y otra vez...

con cara de circunstancias.

Todas le mandan recuerdos

y sienten arrobo por su sacrificio.

Dígales que lo llevo con la mayor entereza.

No me pida usted que mienta.

Solo ahora con usted, Fabiana,... he perdido la compostura.

Tenía que mantenerme de una pieza para no abrumar a don Felipe.

Si es así, sí.

Dígame lo que ha venido a decirme.

Fabiana, suéltelo.

Usted sabía que la enfermedad se la llevaba, ¿verdad?

¿Por qué no me lo dijo?

Agustina me pidió que no le dijera nada a nadie.

Yo...

creí que debía respetar su voluntad.

Pero entre las dos podríamos haber dispuesto una forma

de haberle ayudao.

Ahora lo creo así, pero en su momento...

Me lo pedía una moribunda, Fabiana,

mi amiga que se estaba muriendo.

Me hago cargo.

Me arrepiento,

Fabiana, me arrepiento.

Sí,

pero... No.

No podríamos haber evitado nada, ni usted ni yo,

ni las dos juntas.

Quería morir, lo había decidido.

Eso es mucho suponer.

Creí estar haciéndolo bien, creí ayudarle.

Ella...

Ella no quería que nadie tuviera compasión,

no quería dar trabajo, preocupar.

Perdóneme, Fabiana, perdóneme.

(LLORA)

Tenga.

No soy yo quién para perdonar.

Sobrevivirá, Fabiana.

Saldrá adelante,

aunque solo sea para quitarnos este peso.

Ha de vivir, sobrevivirá.

Solo Dios lo sabe, Úrsula.

-Vengo de hablar con el cirujano.

¿Qué... qué le ha dicho?

"¿Usted qué cree?".

"Creo que tenemos que ponernos en lo peor,

la vida nos ha enseñado que los milagros raramente existen".

-Si el nombre de la Dama del Misterio nos da beneficios, se usa.

-¿Se apuntará gente al baile? -Uy, un puñado.

Ya hay parejas que han pagado su primera clase.

Ahora que había empezado a conocer a Agustina

y me había dado cuenta de lo maravillosa persona que era,

se nos va.

-Me he encontrado con Liberto.

Don Ramón ha hecho una valoración positiva

del Banco Americano.

Es un negocio seguro y no nos podemos quedar fuera.

-Pero nosotros no tenemos parné.

-Podemos pedir un préstamo. -¿Y por qué ocultarlo?

La mina de oro ya no es lo que era, la veta se está agotando.

-¿Lo vais a invertir todo? -Todo.

-Pues estoy de acuerdo.

Haré lo mismo, voy a invertir hasta la última peseta.

-El Servando ahora le quiere regalar un abanico

a tu mujer.

-¿Y a qué viene tanto regalo?

-Pues eso mismo digo yo.

-Verán, he pensado que...

voy a dejar de trabajar.

-"Clases de baile con la Dama del Misterio".

Y en casa de Bellita. ¿Me quiere hacer la competencia?

-Doña Felicia está pensando en darle su puesto a otra persona.

-Necesito que venga alguien a casa a limpiar las alfombras.

-Preguntaré en el altillo a ver si alguien puede.

-Quería que fueras tú.

-Me quedo fuera del negocio.

-Si no persuade a su padre para participar,

mucho me temo que así es.

-Aunque, bueno, no todo son desgracias.

Parece que pronto sonarán campanas de boda.

-Estuve mirando, no sé ni cuántas parejas entraron,

y la mayoría me sonaban de nuestras clases.

-Debemos pensar algo para recuperarlas.

-Debemos impedir que siga con las clases.

-Olvídelo, madre.

-Bellita quiere guerra,...

pues la va a tener.

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Acacias 38 - Capítulo 1021

28 may 2019

Bellita anula su gira por Argentina para quedarse acompañando a su hija tras su ruptura con Emilio. Bellita propone montar clases de baile en su casa para ganar dinero y de paso hacerle la competencia a su enemiga Felicia.
Ramón conversa con Liberto sobre las acciones del Banco americano, parecen seguras, pero se muestra reticente a la inversión pese al empeño de Antoñito. Ramón pide a Carmen cortejarla formalmente.
Fabiana se siente culpable por lo sucedido con Agustina y reprocha a Úrsula haberle ocultado la enfermedad de su amiga. Agustina es trasladada al hospital, su pronóstico no es nada bueno.
Genoveva felicita a Úrsula por su actuación. La señora le da las instrucciones para que cumpla su plan.

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  1. Inma

    También decepcionada. Recurso fácil el de los guionistas de la serie, cebarse en las desgracias y cargarse a los personajes. Úrsula otra vez malévola. Muy poca imaginación. Saquen más partido a los actores que hasta ellos tienen que estar aburridos. A principios de siglo la vida no tenía el dramatismo que le estáis pintando.

    30 may 2019
  2. Francesca

    Siento, Texas, que no puedas verla. Eustaquia, también creo que sacar a Trini, fue un error mayúsculo. Fue un excelente contrapunto. Supongo que por ello, entró la familia de Bellita y esa tremenda actriz vasca. Graciaaaassss por haberlos incluido. Habría que darle un novio o Casilda ¿ Qué les cuesta? El noviazo entre Ramón y Carmen, es tan pesado, que me hace desear que se abra la tierra y se los trague. ¿Cómo es posible que no le saquen el jugo a los buenos actores que tienen (Ursula, Servando, Cármen, don Ramón, Antoñito, Lolita, Fabiana) que hoy parecen anémicos. Miren cuando arman un buen cuadro, como el enfrentamiento entre Bellita y la dueña del restaurante, como cobra calidad la serie. Los que seguimos Acacias, sabemos disfrutar de las buenas interpretaciones y argumentos. ¡Vamos libretistas, hagan un esfuerzo! Resalten las tonalidades de esos personajes y, como alguien dijo en un comentario, usen elementos históricos, para elevar la serie. Sería una gozada.

    29 may 2019
  3. texas

    porque no puedo ver la novela en EEUU? por favor desbloquear para que podamos verla, ya nadie la sube a you tube, me voy a perder el final, gracias.

    29 may 2019
  4. Nell

    Ya no veo un buen argumento. Se ha debilitado por ej: una tontera el que Servando no hable o que estén atentando contra Agustina 'sin razón valedera'. Me encantaba la novela y ahora estoy decepcionada ... ojalá se fortalezca!

    29 may 2019
  5. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    Pues si es algo repetitivo, empezó hace más o menos cuatro años y era una historia original, real, con una época especial en España. Pero... Pasito a pasito, ha derivado en la historia interminable y siempre en la misma calle, poco más, buscando a la niña dando vueltas y vueltas en la calle Acacias todo el rato. Y de nuevo Úrsula dando ejemplo de bondad, y que pasa en ese principal? en la casa de los horrores, donde se han cocinado intencionadamente asesinatos, hasta de una niña, ahora el banquero relamido y la chica de buenas costumbres, dando riendas sueltas a sus orgias de venganza. La camarera enjuta y diabólica haciéndole la vida imposible al pusilánime del enjuto caballerete (Emilio) sustituyendo a Leandro y Juliana, esperemos que no sea un hijo secreto de alguno que pasaba por Acacias 38 y dejo la semilla del pecado en Los Jardines del Príncipe Lucifer. Y para cuando un novio para la pobrecita Casilda que no es normal que en 10 años no se haya comido ni un colín con lo buena actriz que es y lo guapa que es, es mucho preguntar q porque no tiene pareja, pregunto yo si no es indiscreción? Creo q es la q más se lo merece después de la faena de dejarla viuda tan joven. En mucho menos tiempo Carmen q es sosísima y agobiante ya lleva tres "maridos" a sus espaldas y parecía una mojigata. Morir Trini fue quitarle la salsa al perejil. Ramón va como pollo sin cabeza hacían una pareja ideal.

    29 may 2019
  6. Sara Ejarque

    Y que seria una buena serie sin dramas ? Si todo fuese bonito no tendria interes! Bravo por los guionistas y por todo el reparto.

    28 may 2019
  7. Alida

    Todavía sigue la maldad en los personajes sigue Úrsula y ahora Genoveva yo no le veo la gracia a tanta desgracias todo me parece reoerepetitivo ya quedan pocos personajes y ahora también se va Agustina quien se va quedar para finalizar la novela...por favor cambien el discurso y la trama ya parece aburrido...

    28 may 2019
  8. Celina

    Realmente cansan tantos dramas y accidentes. Está muy aburrida la serie!

    28 may 2019