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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1018 - ver ahora
Transcripción completa

¿No querías ver el cuerpo de Marlene?, está ahí.

He cumplido con mi parte del trato, ahora te toca a ti.

Y me dice que le ha sentao mal la argucia que me inventé

para que su madre nos descubriera.

Tata, le amo.

-Le agradezco las atenciones que está teniendo con Camino.

-No lo agradezca, lo hago encantado.

Ella necesita un amigo, no ha tenido muchos.

¿No sabías que venía tu hija? -Hasta ayer, no.

-Tengo muchas cosas que hacer. -Tenemos una conversación pendiente.

-Que podemos posponer.

Todos los días surgen posibilidades de negocio.

¿"Posibilidades de negocio", dice?

-Hay una que podría ser una gran inversión.

En el Banco Americano estamos pensando

en hacer una ampliación de capital.

Asumiré el trabajo de Agustina.

No hace falta.

Agustina se quedaría más tranquila si yo lo hiciera.

De acuerdo.

Mi esposo dice que se podría ganar más del 200% de rentabilidad

en unas semanas.

Y dice también...

que los primeros en darse cuenta se harán ricos.

¿Le puedo pedir algo, padre? Lo que tú quieras.

¿Me puedo ir con ustedes a la Argentina?

¿Y nosotros?

¿Qué le parecería a su banco si quisiéramos invertir?

Chocolate, nata, azúcar, huevos, leche,

vainilla y nueces.

-Me sientan mal las nueces.

-Hay que llevarla al hospital. Corra, corra.

A por un coche. -Dios.

Dios.

¿Invertir en el Banco Americano? -Así es.

Tenemos un capital del que nos gustaría sacar partido.

Ya sabe lo que dicen, que hay que poner a trabajar el dinero.

Es una cantidad pequeña, pero saneada.

-Ese es el problema, que se trata de una pequeña cantidad.

-No tan pequeña. -Doña Rosina,

por mi condición de responsable del banco,

tengo acceso a datos económicos de mucha gente

y, sé perfectamente a qué cantidad ascienden sus ahorros.

-¿Lo sabe? -Al céntimo.

Y cuando hablamos de negocios en lo más alto del mundo financiero,

debo de decirles que es una cantidad insignificante,

perdone la palabra,

es una fruslería.

-¿Una mina de oro es una fruslería? -Mi amigo Berandio,

socio en el banco, tiene quince minas de oro,

y cinco de diamantes en diferentes países africanos.

Siento decirles que sí, una mina de oro es una fruslería.

-Don Alfredo, siéntese. Me gustaría comentarle algo.

Ya sabe el refrán:

"Un grano no hace granero, pero ayuda al compañero".

La unión de pequeños inversores,

como nosotros,

podrían llegar a formar un gran capital.

-Una idea interesante. Pero...

al ser pequeños inversores,

no participarían en la toma de decisiones.

-No importa.

Confiamos en los gestores del banco.

Es por ello por lo que queremos arriesgar allí nuestro dinero.

-Bien.

Vamos a hacer una cosa,

voy a plantear esto en la próxima reunión de dirección del banco.

-¿Quiere decir que acepta nuestro dinero?

-Quiero decir que voy a intentar encontrar la fórmula

de convencer a mis socios para que consideren

a un pequeño grupo de inversores, que actúen como uno solo.

-Ay, qué emoción. -No les prometo nada.

Solo, que trataré su capital...

como si fuera el mío propio.

-Se lo agradezco, don Alfredo.

(Sintonía de "Acacias 38")

Vamos, suegro, anímese, que bien está lo que bien acaba.

Milagros está fuera de peligro.

-Es que no sé cómo puedo ser tan inoportuno.

-Inoportuno era el tío Romualdo, de Cabrahígo,

que confundió un velatorio con una boda y le echó arroz al muerto.

-No me hagas reír con cosas de Cabrahígo, Lolita,

que yo soy peor que el tío Romualdo.

-Era primo hermano de doña Trini.

-No sé cómo pude olvidar que Milagros era alérgica a las nueces.

-Por los nervios.

Está uste muy presionao con la visita de su hija y no da una.

No era grave, ¿no?

-No.

-Pues allá penas, a olvidarlo.

-Hablando de olvidar,

no olvides que hay que darle el jarabe

antes de que se acueste.

-No se preocupe, que lo he preparao.

-Si no fuera por ti, esta casa no funcionaba.

-Bien lo sé. (RÍE)

Uy. -Me voy a ir a dormir.

-¿Tan pronto?

-Es que, he pasado mucho miedo y estoy cansada.

-Te pido perdón, Milagros, no sé cómo olvidé lo de tu alergia.

-Olvídelo ya, padre. No ha pasado nada.

-Eso es,

a olvidar las cosas malas y a disfrutar de las buenas.

A ver,

¿qué planes hay pa mañana?

-A lo mejor Milagros quiere quedarse en casa descansando.

-Descansando no,

que ha venío muy poco tiempo y hay que aprovecharlo.

¿Te apetece ir a la Casa de las fieras?

-¿La casa de las fieras?

-Zoológico le llaman en otros sitios.

Hay monos, osos, leones.

-Y un elefante, más grande que una casa.

-Exagerada, que ya he visto elefantes en el zoo de París.

-Ah. -Y rinocerontes.

¿Vamos todos?

-Yo no, que tengo que abrir la tienda.

Pero tu padre te lleva.

-Lo mejor va a ser que descanse,

no vaya a empeorar lo de la alergia.

Me voy a la cama. -No te duermas,

que ahora te llevo el jarabe.

-No sé si voy a aguantar mucho.

Buenas noches.

-Buenas noches.

-Ahora voy.

-Ya lo has visto, Lolita.

No quiere ir conmigo ni a La casa de las fieras ni a ningún sitio.

-Es una nena, no se lo tenga en cuenta.

Además, el día no ha sío muy acertado.

Hay que pensar en una estrategia pa darle la vuelta a la tortilla.

Voy a darle el jarabe.

Niña, creo que ha llegado el momento de que hablemos.

Me ha dicho tu padre que te empeñas en viajar con nosotros a Argentina.

¿Me van a llevar?

Dígame que sí, madre.

Es imposible, Cinta.

No sé por qué no quiere que vaya.

Si lo dice por lo del teatro, no iré a verla actuar y ya está.

No quiero que me mientas.

No me creo que vayas a venir a Buenos Aires

y no vayas a insistir en ir al teatro.

No miento,

aunque me muera de ganas de verla actuar

en uno de esos teatros de Buenos Aires,

lo que quiero realmente es acompañarles.

Estos días estabas feliz por quedarte,

hasta yo estaba "enguachisná" de lo alegre

que estabas por perdernos de vista.

Eso no es cierto.

Anteayer lo dijiste.

Anteayer dije una cosa y hoy otra...

Pues ya no puede ser,

no hay tiempo para comprar los pasajes en el mismo barco,

ni para reservar otra habitación de hotel.

Por no decir, lo caro que sale,

que es cruzar el mundo de parte a parte.

No pasa nada, si no puede ser, no puede ser.

Pero no me voy feliz a sabiendas de que te quedas aquí a disgusto.

Arantxa me cuidará bien.

Eso ya lo sé. Pero no me voy feliz pensando

que no me dices la verdad de lo que te pasa.

No me pasa nada, madre.

Me han entrado ganas de ir a Argentina.

Recuerde que mis amigas de la infancia están en Buenos Aires.

Me voy a dormir.

Buenas noches. Buenas noches.

-¿Cómo ha ido la charla con la niña?

-Quiere ir a Buenos Aires para ver a sus amigas de la infancia.

-¿Pero? -Pero no me lo creo.

Le pasa algo, aunque no nos lo cuente.

-¿Y qué hacemos? Estar con ella

todo el tiempo que podamos antes de marcharnos.

Creo que mañana no voy a ir al ágape de Genoveva.

-Muy bien. Es un asunto que ni nos va ni nos viene.

No estamos en condiciones de invertir en ese banco.

Lo que tenemos está empeñao en el viaje.

-Quizá, al volver, podamos destinar algo de lo que ganemos en la gira.

¿Te acuerdas de cuando íbamos de taberna en taberna cantando

y no nos importaba el dinero?

De eso y de lo que nos queríamos,

pero no más que ahora. -Eso está bien dicho.

-Vamos a dormir. -Venga.

-A descansar.

Voy a terminar los números, que te lo he dejao a medias.

¿Qué?

¿Te ha gustao mi tienda? -Mucho.

Pero le faltan los dulces.

-¿Una mantequería con dulces?

¿Te imaginas? Vaya mantequería rara.

-¿Y por qué se llama Cabrahígo?

-Por mi pueblo, que es el mismo pueblo del que era tu madre.

-¿Nunca te han hablao de Cabrahígo?

-No. -Uh.

Pues tenemos que pasar unas vacaciones allí.

Unas Navidades, ¿te apetece?

En Navidades, hacemos un belén que participa to el pueblo.

Una vez hice de Rey Mago negro.

Y tu madre hizo del niño Jesús.

-¿Cuando era pequeña?

-No, ya casá con tu padre. Le hacía ilusión.

-Qué porquería de belén.

Yo prefiero pasar las Navidades en París,

con María Luisa y Víctor.

-Estoy segura

de que a tu padre le gustaría pasarlas contigo,

y así, te enseñaría a tocar la pandereta y la zambomba.

-No sé... Seguro que me da nueces.

-Eso fue un accidente que le tienes que perdonar.

¿No viste lo afectao que se quedó?

-Ya, pero se lo puse en una de mis cartas.

María Luisa me obliga a escribirle todas las semanas,

y ahora sé que no las lee.

-Eso no es cierto, Milagros.

Tu padre se pone mu contento cuando recibe tus cartas

y las lee cien veces.

-Entonces, ¿cómo se pudo olvidar?

-¿Nunca te ha pasao que cuando quieres hacer algo tan bien,

es cuando peor te sale?

-Cuando juego a la comba con mi amiga Madeleine.

Lo hago fatal.

Aunque cuando estoy sola, me sale bastante bien.

-Pues eso le pasa a tu padre,

que quiere hacerlo tan bien, que falla.

Tu padre

te quiere mucho, como la trucha al trucho...

(RÍEN)

-Víctor siempre dice: "como la lora al loro".

O "como la grilla al grillo" o "como la hormiga al hormigo".

Anda,

¿por qué no le dices a tu padre que te lleve a la Casa de Fieras?

Venga. -No sé.

-"No sé".

Bueno, piénsatelo.

Sube a la cera,

que los coches te pueden pillar.

-En París hay miles de coches.

En París sois unos listos...

No te alejes mucho, parisina.

Ahora vengo. -Vale.

¿Qué mira?

¿Usted vive ahí?

-Sí, vivo arriba, en el altillo.

Pero miraba, porque...

he visto un pájaro en la cornisa. Un abejaruco.

¿Sabes cómo son?

-Sí, me encantan los pájaros.

El abejaruco es muy bonito.

-Es mi favorito, tiene un plumaje muy colorido.

-Mi favorito es el bengalí rojo.

-Vaya, veo que sabes mucho de pájaros.

-"De verdad que lo olvidé".

Nunca le habría dado nueces a mi hija

de haber recordado que era alérgica.

-Imagino que nadie haría eso a propósito.

Pero no se preocupe,

a los niños se les olvidan las cosas malas enseguida.

-Ojalá. De momento, no ha demostrado ganas

de acompañarme a la Casa de fieras.

Y eso que a los niños les encantan los monos y los leones.

-Un poco de paciencia, que se va a hartar usted de fieras,

ya verá como le acompaña a todas partes.

-Mucho tienen que cambiar las cosas.

Pero bueno, dejemos de hablar de mí.

Me ha llamado usted, supongo que para comentarme algo.

-Sí, así es. Siéntese.

Verá, quiero su consejo como amigo

y como hombre de negocios.

Se trata de invertir en el banco del señor Bryce.

-Algo he oído.

Supongo que se trata de incluir en el accionariado

a grandes inversionistas.

-Sí,... esa era la idea en un principio,

pero don Alfredo se ha integrado tan rápido en el barrio,

que está dispuesto a escucharnos.

Existe la posibilidad de permitir el acceso a pequeños inversores

de modo mancomunado.

-Suena interesante.

Creo que se trata de una buena oportunidad.

Si todo sale como está previsto,

si las noticias del periódico se cumplen,

Rosina y yo tendríamos la vida resuelta para siempre.

-Yo creo que ya la tienen resuelta con la mina de oro.

-Me temo que se trata de cantidades muy distintas, mucho mayores.

Por eso le pido consejo.

-No sé qué decirle, no conozco mas detalles

de los que se leen en los periódicos.

-Pero usted es la persona con más tino que conozco para los negocios.

-Me sobrevalora usted.

Lo que sí puedo decirle es que siempre me he mostrado cauto

ante los negocios descomunales. Nadie da duros a cuatro pesetas.

-Ya.

¿Cree entonces que hay algo poco claro en todo esto?

-No, Dios me libre.

Se celebra un ágape en casa de don Alfredo y doña Genoveva,

supongo que el asunto se tratará. -Estoy seguro de que así será.

Creo que ese ágape se ha convocado para eso,

para satisfacer la curiosidad de los que estamos interesados.

-Entonces, le recomiendo que tenga los oídos

y las entendederas bien abiertas.

Yo asistiré y, si quiere,

le preguntaré a un conocido que tengo en el Ministerio del Tesoro.

-De acuerdo.

-Quizá ellos tengan información sobre ese banco.

-Está bien.

Solo le pido que sea discreto.

No quiero que don Alfredo se enfade.

Si descubre que desconfiamos de él, se acabó el negocio.

-Descuide.

Y me voy, voy a ver a don Felipe.

Y después,

encontrarme con mi hija,

a ver si me quiere acompañar a algún sitio.

-Vaya, vaya.

Y no se preocupe, que Milagros va a descubrir que es usted un padrazo.

Tenga buen día.

-"Para saber si un gorrión"

es macho o hembra, hay que mirar el color.

-Supongo que la hembra es la más colorida.

-Pues no,

la verdad es que, la hembra es parda y el macho tiene más color.

-Y yo que pensaba que sabía mucho de pájaros.

-Lo he leído en un libro de dibujos que me regaló mi tío Leandro.

-Es un buen regalo.

¿Lo estás pasando bien en Acacias?

-Sí, la gente es muy amable, todos se acuerdan de mi madre.

-¿Y tu padre?

Tu padre es un hombre muy agradable y sabe de todo.

-Esperaba pasármelo mejor con él.

-Es un hombre muy divertido.

Dale una oportunidad, verás como no te engaño.

Te pones a hablar con él de lo que sea

y se te pasan las horas muertas.

-Pues a mí se me queda mirando y no me dice nada.

Me lo paso mejor con Víctor y con María Luisa.

¿Sabe lo que me contaron?

Pero no se lo diga a nadie. -¿Qué?

Que Antoñito intentó vender la Estatua de la Libertad

y le metieron en la cárcel.

-(RÍE)

Tu hermano Antoñito sería capaz de venderle hielo a los esquimales.

Ahora me tengo que ir a trabajar, pero...

nos vemos aquí y te preguntaré más cosas sobre los pájaros.

Y hazme caso,

pídele a tu padre que te cuente historias de la familia,

verás lo bien que lo pasáis.

No entiendo qué me quiere decir, Servando.

¿Un sifón?

La verdá es que, si eso es un sifón,

es uste el peor pintor del mundo.

No sé qué otra cosa pue ser.

-Aquí le traigo las flores, señá Fabiana.

-Ah, pues mu bien, si están buenos me trae un kilo,

pero bien maduros, que los quiero pa hacer una salsa pal arroz,

que a mi Jacinto le gusta mucho con un huevo encima.

-Anda ya.

¿Eso pone ahí?

-Claro, que va al mercao porque tie ganas de comer unos tomates.

-Aquí solo hay pintaos mamarrachás.

-Dice que ya quisiera uste pintar como él,

que si dona la pizarra, la exponen en el Museo del Prado.

-¿Eso dice? -Tal cual.

¿No lo ve?

¿Agustina?

Ahí anda, enferma, a ver si se mejora.

Yo se lo digo, Servando,

pero no se preocupe, que si necesita algo,

ella sabe que pue contar con uste. Y Úrsula está mu pendiente de ella.

-Trae el ramo, que lo voy a poner en las habitaciones.

-No, Servando, marisco no me traiga, que la economía no esta pa tanto.

¿El Banco Americano?

Todo el barrio anda revolucionado con invertir allí.

-Ha salido una noticia en el periódico, en el que pronostican

espectaculares rendimientos y, su máximo dirigente es vecino.

-Sí, lo sé. Leí la noticia.

También sé que Liberto y Rosina van a invertirlo todo.

-Todos deseamos meter nuestro dinero en acciones de ese banco.

Unos más y otros menos. ¿Usted lo va a hacer?

-Yo no tengo dinero.

Los años en la cárcel fueron muy onerosos.

Pero sé que mi hijo quiere hacerlo.

Si yo lo tuviera, no lo sé.

-¿No invertiría si lo tuviera?

-No lo sé.

Siempre me ha ido bien desconfiando de las bicocas.

-Yo creo que no es una bicoca,

me parece una simple oportunidad de negocio.

-Quizá, o no, demasiado bonito todo.

Quizá sea un negocio seguro

y yo soy el único vecino

que se queda sin los orondos emolumentos que promete.

Pero...

no se pueden coger todos los trenes que le pasan a uno por delante.

-¿Acaso ve algo raro?

-Será mejor que vaya dentro, a ver si Milagros está bien.

-Déjala, que la niña es lista y se sabe comportar.

-Ya está mi hijo dándole un helado.

-Qué buena mano tie Emilio pa los críos.

Es muy joven, un crío.

-(RÍE)

-Buenas tardes.

¿Soy bienvenida a esta mesa con tan buena gente?

-Claro que sí. Cuéntenos algo de su viaje a la Argentina.

-No me imagino dos semanas en alta mar, sin ver tierra alrededor.

-Qué valor tuvo Colón, español tenía que ser.

-¿No dicen que era italiano? -Eso querrían ellos.

Español. Más español que nosotros.

Cuéntenos, ¿cómo es ese viaje, Bellita?

-Aburrido, muy aburrido. Mucha agua y muchos días.

Esperemos que no haya tempestad.

-Qué miedo. -¿Y les dan bien de comer?

-Mejor que en los restaurantes de lujo, mejorando lo presente.

-Gracias.

El barco es tan lujoso, como ese inglés tan famoso.

-¿El Titanic?

-No sea malaje, no diga ese nombre, no vayamos a acabar igual.

-Jesús, María y José, Dios no lo quiera.

Irán en primera, ¿no? -Claro,

Jose y yo no viajamos de otra manera.

Quién tuviera parné pa dar la vuelta al mundo en primera.

-Dinero es lo que no nos va a faltar a Liberto y a mí

invirtiendo en el banco de don Alfredo.

-He leído en el periódico que se esperan beneficios astronómicos.

-¿Vais a invertir vosotros también? ¿No era solo para potentados?

Si se puede, yo también meto mi dinero.

-Antoñito también quiere invertir. -Era para potentados,

pero ahora también es para personas que tengamos el riñón cubierto.

Gracias a nuestra amistad con don Alfredo.

De hecho, fue Liberto quien le dio la clave para convencerlo:

"Grano no hace granero, pero ayuda al compañero".

-Bien dicho.

-Qué pena que me vaya, a ver si a la vuelta meto ahí mi dinero.

-Yo voy a ver si convenzo a Antoñito pa que espere,

que me conformo con mi mantequería. Ya lo dice el refrán:

"El que mucho abarca, poco aprieta".

-Y hay otro que dice: "No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy".

En fin,

refranes hay para todos los gustos.

Buenas tardes, señoras. Vaya reunión agradable.

-De usted hablábamos.

¿Bien? -Maravillas.

-Aquí estamos contando

nuestros dineros para ver si podemos invertir con su marido.

Yo de eso no sé nada, le tendrían que preguntar a él.

Pero les aseguro que le pediré que las acepte.

-Es usted una buena amiga, Genoveva.

Pregúntenle todo en el ágape, seguro que él contesta sus dudas.

Me voy. Tengo que ver si ha llegado una carta.

Subo con usted.

Muy bien. Buenas tardes.

-Con Dios. Con Dios.

-"No es eso, Felipe, no veo"

nada raro, en absoluto.

Le he asegurado a Liberto

que voy a preguntar a un conocido

que tengo en el Ministerio del Tesoro,

para que me diga cuánto hay de verdad y cuánto de exageración

en las previsiones que publica el artículo del periódico.

-Manténgame informado, por favor.

-Descuide, que lo haré.

-Yo iré al ágape al que han convocado don Alfredo y Genoveva.

Seguro que allí se habla del asunto.

¿Usted irá?

-Creo que sí, pero no estoy seguro.

Tengo a mi hija aquí y quiero pasar con ella

todo el tiempo que me sea posible.

-Esta mañana la vi a lo lejos. Se parece mucho a Trini.

Debe estar muy contento de tenerla en casa.

¿Cómo va la visita?

-Mal, no le voy a mentir.

Desde que ha llegado, parece que el destino

se empeña en ponerme trampas para que mi hija

se decepcione cada día más conmigo.

No me hago con su simpatía.

-Los niños a veces son difíciles

y cuesta vencer su resistencia, pero lo conseguirá.

-No sé,

no sé si ya he agotado todos mis cartuchos.

-Seguro que no.

Don Ramón, usted lleva diez años

relacionándose solo por carta,

y ahora se encuentra una niña de carne y hueso.

Ni usted se adapta a la primera, ni ella tampoco.

Pero lo va a conseguir.

¿No me besa?

Me muero por hacerlo.

Hay gente en la calle.

Me da igual la gente.

Sea cauta.

Emilio, quiero que todos nos vean y sepan que estamos enamorados.

Si cae una bomba en Acacias, creo que ni se entera.

¿Dónde está? -Muy lejos de aquí.

-Ya.

Y en buena compañía, me temo.

¿Me puedo sentar? -Haga el favor.

¿Le traigo algo?

-No, no, prefiero su conversación a un triste café.

-Pues nuestro café es muy bueno, lo hacemos con sus cafeteras.

-"Touché".

Aun así, prefiero conversar con usted.

Le veo ausente y, casualmente,

hace días que no veo a Cinta.

-Tiene usted razón, la lejanía de Cinta es la causa de mis penas.

-Si quiere un hombro donde descargarlas, le ofrezco el mío.

-Se lo agradezco.

Pero... poco es lo que tengo que decir.

-Se les veía muy bien hace no tanto.

Incluso hacían buena pareja.

-No lo niego, pero no podemos estar juntos.

-No es esa la sensación que yo tenía.

-En realidad, somos muy distintos.

La sintonía de los primeros momentos se apagó muy pronto.

-¿Ha conocido personas más diferentes que Lolita y yo?

Y no podemos ser más felices.

Creo que el secreto para que una relación funcione,

es que sus miembros sean prácticamente opuestos.

-Son formas de verlo,

todas respetables, por supuesto.

-Buenas.

¿Le has ofrecido algo a don Antoñito?

-Sí lo ha hecho, pero me voy,

que tengo que ayudar a Lolita con las cuentas de la mantequería.

-Vaya, no la haga esperar, Lolita es pan bendito.

-Cierto.

Bueno,

seguiremos hablando.

-Vamos dentro.

Te ha llegado esto.

¿Malas noticias?

-Sí, madre.

Buenos días. -Buenos días.

Parece que llevas prisa.

-Vengo del parque a ver si me encontraba con Lolita y Milagros,

pero ya deben de haber vuelto.

Quería invitar a mi hija a subir al tiovivo.

-Seguro que le gusta.

-No sé por qué te cuento esto,

ni siquiera sé si quieres hablar conmigo.

-Vamos a sentarnos en un banco, seré breve.

-No sé si es el momento.

-Quiero que hablemos de tu hija, la conocí esta mañana.

-¿Has conocido a Milagros? -Sí.

Por casualidad, no creas que he ido tras ella,

pero la verdad es que hemos hecho buenas migas.

Hemos charlado un buen rato.

-Ya has conseguido de ella mucho más que yo.

-Lo sé, me lo ha contado.

-¿Qué te ha dicho?

-Que cuando estaba en París tenía muchas ganas de venir a verte,

pero que ahora echa de menos a María Luisa, a Víctor,

a Leandro,

a Juliana... -Y que se quiere volver.

-Claro, es una niña.

-Adelantaré su vuelta. No he sabido hacerme con ella.

-Ramón, es tu hija.

No te puedes dar por vencido tan fácilmente.

-Es que no sé qué hacer.

-Por eso te he pedido que te sentaras conmigo.

Es evidente que necesitas un plan para hacerte con esa niña.

-"¿Has visto a la Agustina?".

-Sí, la vi un ratico esta mañana.

-¿Y cómo está? -Mustia, prima.

Lo "mismico" que esas flores.

-Espero que esté mejor,

porque esta flor ya está pa hacer abono con ella.

-Pobrecilla mía. Qué pena hacerse vieja, ¿no?

-Lo que da pena es no hacerse,

porque eso es que la has palmao antes.

-En eso ties razón.

¿Cómo llegaremos nosotras a viejas?

-Pues llenas de achaques

de tanto que nos hemos agachao pa fregar.

-Entonces, doña Rosina va a llegar a los cien años,

porque no la he visto yo bregar, ni pa coger un papel del suelo.

-Pues sí, que mejor rica que pobre. ¿O es que no te habías dao cuenta?

-¿Sabes qué dicen por ahí, prima?

Que siete años de la vida de un perro

es igual a un año de la vida de una persona.

Luego, pienso yo, que dos años en la vida de una criada,

es igual a un año en la vida de una señora.

-Uy... -Por lo tanto,

doña Susana va a ser más joven que nosotras en unos años.

Además, con lo que reza esa mujer, que es una barbaridad.

-Pa rezar se arrodilla.

Algo de ejercicio es, que otras no sudan ni en agosto.

-Pa mí que esa reza a la bartola,

con el rosario apoyado en la barriga.

La que me extraña es la Úrsula.

Con lo mala que ha sío toa la vida

y, ahora, trata a la señá Agustina como si fuera su familia.

-Pa que veas lo que engaña la gente.

¿Qué ocurre, Servando?

Pues na, dígale que venga.

-¿Qué dice?

Que se ha encontrao con un conocido y no pue hablar con él.

Quiere que le ayude.

¿De verdad decía eso? -Sí.

No, Servando,

que venga él, que yo estoy trabajando.

Pues no dice que vaya yo, que su amigo no puede venir...

-No, no pue ser.

-Está bien.

Casilda, ¿puedes quedarte en el quiosco?

Na, cinco minutos. Que dice que no soy buena amiga si no voy.

-Está bien.

Está bien, yo me quedo en el quiosco,

pero no comprendo cómo puedes entenderlo.

-Pues está bien claro,

Casilda.

Vamos, Servando.

-"Tienes que preocuparte por lo que piensa,"

interesarte por ella.

Apenas la has conocido a través de cartas

y no la has visto crecer.

-Lo he intentado, Carmen, te lo prometo.

-Por ejemplo, ¿sabes que le apasionan los pájaros?

-No, no tenía ni idea.

-Pues tiene un libro que le regaló Leandro

y se sabe cómo son todas las especie.

-Intentaré hablarle sobre eso.

-Puedes hacerme caso o no,

pero mi obligación era decírtelo.

Con ese juego que te he explicado,

lograrás más que con cien viajes en un tiovivo

o visitando la Casa de las fieras diez días seguidos.

-Te haré caso.

-Espero que salga bien.

Ya me contarás.

-Espera, Carmen.

Tenemos que hablar de nosotros.

-No, Ramón, yo solo quería ayudarte con tu hija.

-Y te lo agradezco,

pero es que, tú también eres muy importante para mí.

-Ya habrá tiempo.

Milagros va a estar solo unos días antes de regresar a París.

No puedes perder el tiempo, Ramón,

porque te arrepentirías para siempre.

Y después, si sigues queriéndolo, hablaremos nosotros.

-Está bien.

Pero déjame darte las gracias por seguir pensando en lo mejor para mí.

-Eso seguirá siendo siempre así.

-Carmen,

si vuelves a encontrarte con Milagros,

habla con ella y dile que la quiero.

-Lo haré.

Nos vemos.

Me encanta que hayan podido venir, Lolita.

Lo estaba deseando.

-Aunque será... Gracias.

Será poco lo que podamos invertir,

bastante tenemos con que no falte de nada en casa.

-Nuestros escasos ahorros

van a acabar en manos de su marido. Ahora se lo decíamos a mi suegro.

A mí, el dinero no me importa,

lo que me hace feliz es que mi amiga Lolita esté aquí.

De todas las vecinas del barrio es a la que más aprecio tengo,

y la más cercana. Me va a sonrojar, Genoveva.

Mejor, estoy seguro de que el arrebol le embellece el rostro.

¿Quieren un canapé?

Los de caviar están exquisitos.

No es por hacer el feo, pero me gustaría queso de Cabrahígo.

Ya lo ha oído. Enseguida se lo traen.

Voy a ver a mi esposo.

Todo esto tiene que pasar por el consejo del banco,

no es habitual que se permita el acceso a capitales pequeños.

-Confiamos en su buen hacer.

-Nosotros fuimos los primeros en interesarnos por su banco.

-No me olvido, doña Susana, no tema.

Querido, creo que te lo mereces.

Sobre todo mi garganta. Gracias, Genoveva.

-El champán está espectacular.

Y eso que en estos salones se ha brindado con las mejores marcas.

En tiempos de doña Cayetana se hacían reuniones maravillosas.

Una vez, acudió hasta la reina.

-Me habría encantado conocer a doña Cayetana.

Hace años se oía hablar de ella como una mujer muy poderosa

y de espectacular belleza.

-Y elegancia.

Fue la primera en vestir modelos franceses en nuestro país.

Convenzan a mi marido de que les deje participar en el accionariado,

así tendremos más reuniones regadas con el mejor champán.

(RÍEN)

Si me disculpan.

-Chin chin.

¿Un canapé? -No, gracias.

Es evidente que sabe usted recibir.

Los invitados lo merecen.

-Gracias, muy amable.

¿Cómo es que no ha venido su hija, don Ramón?

La vi esta mañana en la calle jugando con su aro

y me pareció una niña adorable.

Los niños no deben acudir a las reuniones de adultos,

y menos cuando se tratan asuntos tan delicados

como las inversiones y la banca.

Estoy segura de que eso durará unos minutos más.

Pronto hablarán de asuntos más mundanos.

-Será un placer hacerlo con usted.

-Perdonen que no les haya saludado antes,

pero Rosina y compañía me tenían acaparado,

están muy interesados con el banco. -Aquí no se habla de otra cosa.

Hasta mi hijo me ha dicho que no deja de pensar

qué cantidad de dinero va a invertir.

-¿Y ustedes?

-Ramón y yo somos perros viejos y preferimos esperar

antes de arriesgarnos.

Como el león que espera que la gacela esté cansada

para saltar sobre ella.

-Sabia decisión.

Pero, a veces, el león espera tanto, que la gacela se le escapa.

¿Tienen que hablar de la muerte de una pobre gacela?

-Afortunadamente, no se trata ni de vida ni de muerte,

solo de información empresarial que está a disposición de todo el mundo.

-Así es.

Y con mucho gusto se la daré a ustedes.

(SE QUEJA)

(Llaman a la puerta)

Adelante.

-Buenas tardes. -Buenas tardes.

-¿Cómo se encuentra? -Bien.

-¿De verdá? No sabe cómo me alegro.

Le traigo la medicación.

Como sé que le sabe a rayos, le he preparado manzanilla,

para que pase mejor el trago.

-Gracias. Se porta usted muy bien conmigo.

Lo que usted merece.

-Agustina,

¿no ha pensao hacerse visitar por un galeno que no sea el doctor Maduro?

¿Y eso por qué?

No parece que esté acertando con las medicinas.

-La culpa es de mi viejo cuerpo,

no de la sapiencia del doctor Maduro.

-No sé, no me fío de ese hombre, será un pálpito.

La consulta

la tiene llena de diplomas.

-Y no tengo ni cuartos para pagar a otro médico...

ni ganas de andar de un lado para otro.

-Está bien, uste manda.

¿Me concede este baile? -(ASIENTE)

-Y deja que te lleve yo,

no me andes de un lado para otro como pollo sin cabeza.

-(LE HACE BURLA)

-Pase, Servando.

-Buenas tardes. -Buenas.

-¿No va usted al ágape en casa de los Bryce?

-Pasaré cuando acabe el baile.

No sé si me dará tiempo. ¿Usted no va?

-Hasta que no volvamos de Argentina no nos vamos a plantear inversiones,

no merece la pena.

-Por lo que dicen, quien más y quien menos,

va a ganar millones.

Rosina ya está contando los baúles llenos de monedas de oro.

-Es una pena no ser uno de los afortunados.

¿Usted va a invertir?

-Algo meteré, pero una cantidad pequeña,

solo soy la dueña de un restaurante, no una magnate de las minas de oro.

-Y yo una pobre cantante, figúrese.

-Una figura de la canción española, no se minusvalore.

-Muchas gracias.

Verá,...

en realidad, me he escapado un momento para consultarle algo.

-Usted dirá. -Es por mi hija.

La noto rara últimamente,

y ya sabe cómo son las jóvenes,

pasan una etapa en la que son libros cerrados para sus madres.

-Nosotras también lo fuimos con las nuestras.

-Sin duda.

No sé, me preguntaba...

¿Usted no sabrá, sin por algún casual, le ha podido pasar algo?

Me extraña que no haya querido venir

a la sesión de baile, con lo que ella la disfrutaba.

-Eh...

Siento no poder ayudarla, pero no sé nada.

Siempre la he visto muy a gusto.

-Me imaginaba que sería así.

Tendré que esperar hasta que a Cinta se le ocurra hablar.

-Yo no le daría demasiada importancia,

ya sabe que a esas edades, los cambios de humor

son tan bruscos, como el viento marino.

-Bien lo sé.

Pero bueno...

Con Dios. -Con Dios.

Buenas. -Buenas tardes.

-Enseguida le atiendo. -Muy bien.

-Ya está todo preparado, esta noche saldré de viaje.

Esa maldita carta lo ha precipitado todo.

-¿Quieres que te acompañe? -No,

usted quédese con mi hermana, tiene que cuidar de ella.

Yo estoy bien.

Me sabe mal que estén ustedes desatendiendo

sus obligaciones domésticas.

-Agustina, ¿está segura de que no quiere compañía?

-Lo que quiero es echarme una buena siesta.

-Pues me voy,

que me da miedo lo que pueda estar haciendo el botarate de mi socio

en la pensión con la pizarrita.

Si necesita algo... No se preocupe, yo le aviso.

Y uste, Agustina, a mejorarse.

¿Eh?

(Se cierra la puerta)

(SE QUEJA)

Veo que todo era simulación.

A usted le puedo decir,

siento que la vida se me escapa entre los dedos.

Quizá mejore.

No.

Y no quiero seguir así, con dolores,

haciendo sufrir a los pocos que me quieren.

¿Está diciendo lo que creo?

Estoy diciendo, que lo único que deseo,...

es que el Señor me lleve cuanto antes a su lado.

Agustina,

es nuestra obligación luchar por la vida.

No cuando sabes que no te va a deparar ninguna satisfacción.

¿Qué? -Nada,

Felicia me ha dicho que no tiene ni idea.

¿Tú has hablado con ella?

-Sí, pero me ha contestao con algún monosílabo que otro.

-¿Le has preguntado si iba a ir al baile?

-Me ha dicho que se quedaba haciendo los deberes.

Me ha dicho que no hay quién nos entienda,

que cuando quiere bailar le decimos que haga los deberes,

y cuando quiere hacer los deberes, que baile.

-No le falta razón.

-Por eso me he callao y me he venido al salón,

que enemigo que huye, sirve para otra batalla.

-No podemos irnos dejándola así.

-No empieces a pensar en no ir, no nos lo podemos permitir.

-Lo sé, lo sé... ¿Sabrá algo Arantxa?

-Ya se lo hemos preguntao. -Lo sé.

Pero voy a llamarla, los vascos son muy suyos.

Muy discretos para bien, pero también para mal.

Arantxa, iba a por ti. -Pues ya me ha encontrado.

-El señor y yo queríamos hablar contigo.

-Qué serio.

Jesús, ¿he hecho algo mal o qué?

-No, no, ni mucho menos. Es por Cinta.

Está haciendo los deberes.

Con lo que cuesta, hoy está muy aplicada.

-Eso es lo que nos tiene "belimbolaos".

-¿Qué cómo? -"Belimbolaos".

-¿Qué es eso?

-Que no entendemos nada. ¿Qué le pasa, que está tan aplicá?

-No sé, estará sentando cabeza.

-¿Se le ha metido en la cabeza actuar otra vez?

-Que yo sepa, no.

-Si está pasando algo raro, dínoslo.

-A ver, ¿para una vez que la chica hace lo que debe,

se ponen ustedes a cavilar?

La chica está formal,

se está portando bien.

Dejen que haga sus tareas y no le busquen tres pies al gato.

Y ahora, si me perdonan...

-Ve, ve.

-No sabe na.

-Estas dos se creen que soy tonta,

pero como que me llamo Bella del Campo,

que no me fío de ellas y me voy a enterar de todo,

digo.

¿Han dejado algo?

Toma.

Pensé que Rosina se bebía todas las existencias de champán.

Como si supiera distinguirlo del sifón.

Por cómo bebía, debía saber.

Se ve que es una mujer que ha empinado el codo todo la vida.

Brindemos. Por los negocios y por el interés de los vecinos

en el Banco Americano.

Estamos cerca conseguir lo que queríamos.

No estoy seguro.

¿Algún problema?

Don Ramón no paraba de hacer preguntas,

como si sospechara que le mentíamos.

¿Puede saber algo?

No, pero es un hombre inteligente y cauto.

No cree en cuentos de hadas ni en beneficios a cambio de nada.

¿Es el único?

Don Felipe también muestra reticencias.

Parece creer más a don Ramón que a mí.

Habrá que redoblar esfuerzos para convencerles.

O... retrasar nuestro plan.

No, no lo vamos a retrasar.

Ardo en deseos de verles a todos arruinados.

Que paguen por no haber ayudado a Samuel.

Quiero verles hundidos en la miseria,

el desasosiego y, si es posible, la muerte.

Si he vuelto es para vengar la muerte de Samuel,

quiero destruirlos a todos. ¿Y así han criado a sus señores?

Ellos nos dieron la espalada cuando más lo necesitábamos.

No me dejes sola. -Te quedas con tu padre.

-No quiero. -¿Tienes alguna sospecha

de lo que pueda pasar?

-Creo que tengo una pista de por dónde van las cuitas.

Mañana hablaré con ella.

La Úrsula...

habrá llamado a un galeno que sea de fiar, ¿no?

¿Está usted desconfiando de ella, señá Fabiana?

O le para los pies o no se separa de su esposa ni a sol ni a sombra.

-Es de entender que la necesite, es la única que entiende los garabatos.

-Es una aprovechado y no puede tener a Marcelina a su servicio.

-Quiero saber su opinión.

Mi esposa y yo estamos interesados en invertir en ese banco.

-Les aconsejo prudencia.

Don Ramón ha hablado con un contacto que tiene,

están elaborando un informe.

Solo tenemos que evitar...

que ese informe llegue a manos del señor Palacios.

Lo que más rabia me da es que hemos roto

porque a Felicia no le gusta emparentarse con titiriteros.

Ahora me urge hablar de nosotros.

-Te dije que prefería dejar ese asunto para más adelante.

-Creo que no.

Judas, más que judas.

-¿Qué dice? ¿Ha perdido el oremus?

-Qué falsa.

Se ha hecho pasar por mi amiga, cuando me desprecia por ser artista.

¡Es usted una hipócrita de tomo y lomo!

¡Milagros!

-Nadie ha visto a la niña, Lolita. Ha desaparecido completamente.

-Madre mía, que me han robao a la nena.

-Tranquila, nadie te ha robado a la nena, nadie.

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Acacias 38 - Capítulo 1018

23 may 2019

Ramón sigue disgustado por el incidente de la alergia de su hija, pero Carmen que ha conocido a la niña por casualidad le ayuda a reconducir la relación con Milagros.
Bellita no puede permitir que Cinta vaya con ella de gira. Intenta averiguar el motivo de la espantada de su hija.
Emilio comparte confidencias con Antoñito, no puede estar con Cinta. El joven recibe un misterioso sobre.
Servando que está sin voz, intenta hacerse entender con dibujos, pero sólo Marcelina los entiende. El dueño de la pensión usa a la criada de intérprete.
Agustina, sutilmente manipulada por Úrsula, se rinde ante su enfermedad, para la criada no tiene sentido seguir luchando por su vida.
El matrimonio Bryce organiza un ágape en su casa para convencer a los vecinos de invertir en el Banco Americano, Ramón es reticente a la inversión. Cuando quedan solos Genoveva y Alfredo desvelan su plan, quieren arruinar a todo el barrio.

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