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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1014 - ver ahora
Transcripción completa

No me detendré hasta que me diga que ocurrió con mi hermano.

Alfredo es intocable.

Voy a hacerle pagar por lo que hizo.

Y si tú no me vas a ayudar, lo haré yo sola.

-"¿Qué pasa?".

-Me ha dicho que me despide porque ya se sabe lo mío con Ramón.

-Siendo socios, debería consultarme estos asuntos.

Sobre todo, si va a tomar decisiones tan inconvenientes.

¿Me adelanta mi primer salario?

Agustina no está bien y quiero llevarla al médico

y, eso cuesta unas cuantas pesetas.

Si es por esa razón, no tengo inconveniente.

-Vamos a salir de la ciudad

para celebrar que me he librado del ejército.

Es que no creo que sea oportuno hacerlo público.

Sigue sin darme una razón.

¿O su madre se opone a que tenga relaciones

con gente del espectáculo?

Mi madre es una mujer muy conservadora,

nunca ha visto con buenos ojos a los cómicos ni a los artistas.

Una gira en Argentina.

-Una gira triunfal.

-Eso es una gran noticia.

-Le deseo el mayor de los éxitos.

Mi suegro no ha escatimao en escoger colores llamativos.

-Este es mu parecío a uno que tenía doña Trini, que en gloria esté.

-Vamos, es casi igual.

¿Me concede este baile?

-(SE ASUSTA)

-¿Cómo se atreve a pedirle a mi hija que salga a bailar?

-No era mi intención molestarla, discúlpeme.

-Encantado, me llamo Rafael Bonaque.

-Un placer. ¿Qué le trae por aquí, don Rafael?

-Negocios, tengo una empresa textil y estoy cerrando algunos tratos.

He conseguido cita con un médico muy bueno, el doctor Maduro.

Le va a hacer un reconocimiento.

La consulta y las pruebas ya están pagadas.

¿Ha hecho eso por mí?

Es mi amiga.

¿Me concede este baile? ¿Por qué no?

-Estoy loco por esa mujer.

¿Cómo estás, Genoveva? ¿Qué haces tú aquí?

¿No te alegras de verme?

¿Qué te ocurre?

¿No te lo has pasado bien en el baile?

-Te agradezco mucho que me llevaras, pero...

me siento mal cuando soy el centro de atención.

No estoy acostumbrada a que me miren tanto.

-Tienes razón.

Quiero pedirte disculpas.

Quizá haya sido muy pronto como para acudir a un evento

tan concurrido. -No tienes que pedirme disculpas,

Ramón.

Es solo que no he podido evitar sentirme abrumada.

-Lo comprendo. Tenemos que ir más despacio.

La próxima vez, consultaré contigo mis planes.

-Te agradezco mucho que seas tan atento.

-Carmen,

yo solo quiero que estés a gusto en todo momento.

-Así es

siempre que estoy contigo.

-Pero quiero pedirte que...

te dejes llevar.

Que seas más natural, que te permitas incluso el lujo de...

gastar una broma o de plantarles cara.

No te dejes amilanar.

-Yo creía que te gustaba tal como era.

-Y así es.

Pero tú confía en mí, que sé de lo que hablo.

A la pobre Trini le pasó lo mismo,

al principio le costó un mundo hacerse un hueco, pero lo consiguió

gracias a su carácter extrovertido y a su tesón.

Estoy seguro de que tú también lo vas a conseguir.

Por eso, solo tienes que sacar

a pasear esa maravillosa sonrisa que tienes y tu alegría,

y te vas a llevar al barrio de calle.

-Está bien, intentaré hacer lo que me pides.

(Sintonía de "Acacias 38")

Serás mía o de nadie.

¡No!

(Disparo)

¡Te voy a matar, maldito asesino! ¡Genoveva!

¡Te voy a matar con mis propias manos!

¡Eres mi esposa! ¡Suéltame!

¡Tranquilízate!

-He de reconocer que echaba de menos esos arranques.

-Genoveva.

-Preludio de grandes momentos.

Me das asco. (ESCUPE)

-Genoveva.

Lamenté enormemente el fallecimiento

de tu esposo. Ni se te ocurra nombrarlo.

Era un hombre muy agradable.

Os queríais mucho.

En fin,...

bien está lo que bien acaba. Y en este caso,

terminar con don Alfredo Bryce,

ha sido salir ganando.

-Será mejor que terminemos con esto cuanto antes.

Este es el pago por la tranquilidad de mi esposa.

Espero que con ese dinero

demos por finalizada la relación que les une.

No quiero que vuelva a acercarse a ella nunca más, ¿entendido?

-(ASIENTE)

Con Dios.

-¿Qué?

¿Tienes algo que decir?

Lolita.

-Uy.

-¿Dónde está tu marido, que no te ayuda a cargar esto?

-Ha ido a por un carruaje.

Tampoco le dejo yo que me ayude.

Tengo dos arrestos pa poder con todo.

-¿Os vais de viaje?

-Sí, nos vamos a pasar unos días, como una segunda luna de miel.

Lo necesitamos.

-Con lo que trabajáis y lo que os queréis,

no conozco a nadie que lo merezca más.

-Eso digo yo.

Tenemos que aprovechar ahora que tenemos tiempo.

Ojalá hubiera sido lo mismo con Celia cuando estaba viva.

A veces pienso que...

no aproveché el tiempo con ella.

Debí dejar el trabajo a un lado

y disfrutar más de ella. Me arrepiento mucho ahora.

-Que no le entre la pena, no quería yo hacerle recordar.

-No. -La vida es muy larga, don Felipe.

Lo mismo encuentra usted una ilusión

y puede enmendar sus errores del pasado.

-¿Una ilusión?

¿Con una mujer? -¿Por qué no?

Me temo que eso ha terminado para mí.

-Pamplinas. Mire mi suegro, tan contento que está.

-¿Adónde os vais? -Pos...

-Disculpen.

¿Podrían indicarme dónde queda el 38?

-Sí, ahí mismo.

-Gracias.

-Lolita, ¿ocurre algo?

-Que me parta un rayo si no acabo de ver salir al asesino de Samuel.

-¿El asesino de Samuel?

Cuando lo mataron, vimos a ese hombre acompañao de otros.

-Sigue.

-Se acercó y nos preguntó por el 38.

Iban con malas intenciones. -¿Cómo lo sabes?

-Porque eso se sabe.

Minutos después, lo comprobamos con los disparos

y cuando vimos que don Samuel había sido asesinao.

-Don Felipe, que fueron ellos. -Lolita,...

¿acabas de ver a uno de esos hombres?

-Como se lo digo, y si no, tiene un gemelo.

-Pues lo tendrá.

Ese hombre está perseguido por la policía de este país.

Es imposible que campe a sus anchas

por la calle. -O sí.

"¿Por qué me has hecho esto?".

¿Hacerte el qué? ¡Traer a ese hombre aquí!

A mi casa.

A la casa que compartí con Samuel.

Le odio con todas mis fuerzas.

Me estaba ocupando de nuestro acuerdo.

He hecho lo que te prometí, liberarte del tal Cristóbal.

Le hubiera matado con mis manos.

(RÍE) Pero no lo has hecho.

Porque eres una mujer lista y sabes lo que te conviene.

Hablando en términos económicos,

hubiese sido una mala inversión.

Me habría quedado muy a gusto.

Ahora... te toca a ti cumplir con tu parte del trato.

¿Te vas a ocupar por fin de Marlene?

Sí.

¿Cómo puedo confiar en ti si no dejas de mentir?

No pongas esa cara.

Los dos sabemos que Marlene sigue merodeando por el barrio.

¿O es mentira lo que digo?

No, no mientes.

Intenté que nos diera lo que necesitamos, pero no hizo caso.

Los dos sabemos...

que Marlene no se va a ir por las buenas,

así que,...

tendrás que hacer algo para que se vaya,

aunque sea por las malas.

No vuelvas a mentirme.

Cumple con tu parte del acuerdo de una vez.

¿Le molesto?

-¿Qué quiere?

-Contarle lo que pasó y por qué insistí en sacarla a bailar.

-Le escucho.

-Mi hermana pequeña nació con problemas.

-¿A qué se refiere?

-Que era sorda y nunca aprendió a hablar.

Lo pasó muy mal.

Los niños pueden ser muy crueles.

Nadie de fuera de su familia

la ayudó a integrarse.

Así que, a medida que iba creciendo,

se iba aislando cada vez más.

Hasta que se encerró en su caparazón para que nadie le hiciera daño.

Murió muy joven.

Nunca supo lo que era reírse o disfrutar de la vida.

Y de alguna manera,

a mí no me recuerda a ella, sé cómo se siente su hija.

Sé que en el fondo,

tiene miedo a que la rechacen.

Miedo a la gente, ¿no lo cree usted?

-Supongo.

-Y por eso la saqué a bailar,

para demostrarle que nadie la va a rechazar,

que no la van a hacer daño.

Y que tiene que disfrutar de la vida, porque es bonita.

Se hable o no.

Bueno, solo quería que lo supiera

para que no pensara cosas raras de mí.

Buenas noches.

-Buenas noches.

(SOLLOZA)

(Pasos)

Camino.

¿Has terminado? -(ASIENTE)

Vamos a casa.

Aurelio, cuando termines

de recoger, apaga la luz y cierra la puerta.

Por eso, Jacinto fue al médico como alma que lleva al diablo,

pa que no me hagan más pruebas, que el asunto está solventao,

y que lo que me daba alergia era algo que había en el quiosco.

-Pero ¿ya sabemos qué era? -Sí, sí,

una florecilla malcará,

que da tanto polen, que hace que estornudes. Es esta.

-Pero quita eso de aquí. Anda, guarda, mujer.

-Pero ¿por qué llevas eso encima, Marcelina?

-Quiero enseñárselo a la boticaria pa que me dé un remedio

pa evitar el estornuo. -Madre del amor hermoso.

Bueno,

me alegro de que to haya terminado bien.

-No, es que no ha terminao.

Ni ha terminao ni va a terminar

hasta que me pidan perdón.

-¡Uy!

-Perdón. ¿A usted?

¿Y eso por qué, a ver?

-Porque todo el mundo me acusó

de que tenía yo la culpa de sus estornudos,

cuando la culpa la tiene la flor esa.

-Bueno, ¿y qué?

-¿Y quién te quitó a ti la animadversión

que tenías a sotana y a los cirios? Es que,...

necesito que alguien me pida disculpas.

-(RÍE)

Es usted muy gracioso, Servando.

-De gracioso, nada.

¿Acaso miento? -Pues sí.

Se le olvida decir que fue usted el que me dio el cachiporrazo.

Y que por su culpa, me puse a blasfemar como una endemoniada.

Así que estamos en paz.

-No, de en paz, nada.

Que yo exijo unas disculpas y hasta que no me las den,

no pienso cruzar ni una palabra con vosotras.

¡Ni una sola palabra!

(CARRASPEA)

¿Ha dicho que no nos va a dirigir ni una sola palabra?

-Sí. -Madre mía, eso es una bendición.

-Un milagro diría yo.

Ea, me voy pa la botica.

-Muy bien. Yo me quedo, que hoy tengo mucha plancha.

-Adiós, prima.

¿A qué hora se fueron tu hijo y Lolita?

-Anoche, no recuerdo la hora, pero no era muy tarde.

Hoy amanecían allí.

-Estoy segura de que se lo pasarán estupendamente.

Se les ve también y tan felices.

-Como lo estaremos nosotros cuando nos olvidemos de nuestras cuitas.

-Buenos días.

-Buenos días, señoras.

¿De paseo matinal? -A estirar las piernas, sí.

-A ver qué se cuece por el barrio, que este, nunca defrauda.

Siempre hay algo que comentar.

Bonito atuendo, Carmen.

-Nunca te había visto tan... colorida.

-No, la verdad.

-A mí me parece que está muy hermosa.

¿Tú qué dices, Carmen?

-Pero quiero pedirte que...

te dejes llevar.

Que seas más natural, que te permitas

incluso el lujo de...

gastar una broma o de plantarles cara.

No te dejes amilanar.

-Pues a mí me parece

que me queda requetebién.

¿No creen? Además,

que para el luto y la oscuridad ya están los cuervos.

-¿Perdón?

-Perdonada, mujer. Con Dios.

-Buenos días, señoras.

-Qué rara estaba Carmen, ¿no?

-Más que rara, parece otra persona.

-¿Qué quiere decir, que estaba fingiendo?

-Más bien, imitando a alguien, pero no sé a quién.

Ya verás como se le pasa el enfado.

-Dios quiera. Tenías que haber visto cómo se puso.

Dijo que si no le pedíamos perdón

por acusarle de ser el culpable de la alergia de Marcelina,

que no nos volvía a hablar. -(RÍE)

No nos cantará ese gallo.

-No se dice así, se dice: "No caerá esa breva".

-Ah, como sea.

Pero deja de preocuparte por Servando y ocúpate del mercadillo,

que es hoy.

Yo he preparado unos quesos... Y Marcelina va a donar unas flores.

-¿Te crees que yo no he hecho na?

Llevo días preparando la casa de doña Genoveva

y haciendo lo que me pedía. -Como debe ser.

-Yo y todos los demás están arrimando el hombro.

La señá Arantxa y otras criadas

están preparando dulces.

Y la señá Fabiana estaba haciendo el ungüento

para los dolores.

Pues también.

Buenos días. -Hola.

-Ay, qué de escaleras tiene esta casa.

Siéntese.

Creí que no llegaba a lo alto.

-¿Qué le ha dicho el médico?

-¿Qué le va a decir? De todo.

-Claro, cuando una va al galeno,

después de haber pasado los 40, pos... le sacan a una

hasta lo que no tiene. -Si lo raro no es tener algo.

No digáis eso.

No van por ahí los tiros.

El doctor Maduro dice que a Agustina no le pasa nada,

tiene una salud de hierro. ¿Ha dicho eso?

Sí.

Y... le han hecho muchas pruebas.

Solo le ha mandado un reconstituyente

para que no se canse tanto.

-A mí me sigue pareciendo raro.

Yo no me siento como antes.

-Déjelo, Agustina, lo que usted tiene es "almanaquenosis".

-¿Cómo dice?

-El almanaque, que va pasando y los años se nos tiran encima.

-Calla, primo, vaya ocurrencia. -No sé.

A mí me parece que tiene que haber algo más.

Algo que no están viendo.

Pues no será porque no le han hecho todo tipo de pruebas.

Por el momento, le voy a preparar el reconstituyente.

Ya verá como pronto se encuentra mejor.

-Señora,

marcho. Con Dios.

Tenga, Agustina.

Alegre esa cara, todo son buenas noticias.

Qué remedio.

Puestos a fingir,

Carmen podría haber fingido ser una señora de ralea.

-Si le soy sincera, cuando llegué a este barrio,

me imaginé que todas las señoras serían de alcurnia.

Y luego... -Entiendo lo que quiere decir.

Bellita, Genoveva, Carmen, Lolita...

parece que estamos en Cabrahígo.

Y Rosina, que es señora,

pero a veces dice cosas que parece salida de una institución mental.

-Perdone, doña Susana, Rosina tiene modales y clase

y es muy simpática.

-Eso no se lo quita nadie,

pero demasiado desparpajo también,

sobre todo si hay champán de por medio.

Tendría que haber visto usted

este barrio antes.

Celia, Cayetana,

la hija de Ramón, era tan joven pero tan formal...

-Me hubiera gustado conocerlas.

-Se hubiera llevado usted estupendamente.

Pero eran otros tiempos.

-Tiempos en los que me hubiera gustado estar.

-Pero está ahora, y no sabe lo que me alegra.

Si no fuera por usted, ¿con quién daría estos paseos?

-Doña Susana, lo mismo le digo.

-Señoras.

¿Y esta, va de vuelta sola?

¿Se habrán enfadado? Vamos a ver.

-Vamos.

Qué ciudad más bulliciosa. Estaba el centro imposible.

Como no ensanchen las aceras, no hay quien salga de compras.

Si quiere unas estolas de esas calidades,

tendrá que ir a las mejores tiendas,

y esas, están en el centro.

Sí. Y quiero esa estola para deslumbrar

a los argentinos en mi vuelta a los escenarios.

Ha de ser por todo lo alto.

Les va a dejar fascinados. Cinta,

espero que te comportes en mi ausencia.

Como siempre.

Qué graciosa. ¿Quieres que te conteste a eso?

Mejor no.

Le agradezco que me esté dejando salir un poco más.

El tiempo que me tuvo encerrada, se me pasó muy lento.

Hablas como si yo fuera una bruja y nuestra casa unas mazmorras.

¿Acaso me dejaba pisar la calle? No. Pero tú te lo ganaste.

Como si estuviera encerrada en la cárcel.

Como tú dices, ya pasó, así que no hagas que me arrepienta.

He de ir a hablar con doña Felicia sobre las sesiones de baile.

¿Le importa que no la acompañe?

Está bien, pero no tardes.

Me voy.

Buenas. Hola.

¿Se puede saber qué hace?

Llevo todo el día deseándolo.

¿Le gusta bailar conmigo igual que con Rafael Bonaque?

No me diga que está celoso.

Si le molestara,

haría lo posible para que todos supieran que somos novios.

Así no tendría que aceptar bailes de otros hombres.

¿Por qué no me regala un beso?

Uno de verdad, que no tenga que robarle.

(SONRÍE)

Se va a quedar con las ganas.

Si quiere un beso de verdad, tendrá que ganárselo.

No soy chica a la que le gusten los besos furtivos en los callejones.

Emilio,

yo quiero besarle delante de todo el mundo y a cara descubierta.

Bueno, ¿al menos la veré a usted después?

Con verla una vez al día no es suficiente.

Puede que sí.

Esta tarde en la pérgola entonces.

Igual le llevo un detalle.

Doña Catalina ha donado su reloj de cuco.

-He visto ese reloj, es de los tiempos de Maricastaña.

-Bien podríamos pedir por él, no sé, ¿siete pesetas?

-¿Has perdido el oremus?

¿Siete pesetas por una antigualla?, yo no pagaría ni tres.

Ni yo, pero alguien pica.

-Lo que hay que hacer es bajar los precios para sacar más.

Y tema zanjado, que me aburres

y quiero comentarte algo, algo más comprometido.

-¿Más comprometido?

-Carmen. -Los has visto por el barrio, ¿no?

-Esconderse no se esconden.

Esta mañana me los he cruzado, iban de la mano.

-¿Y?

-Pues me esperaba más sentido común del señor Palacios.

Aunque, claro, ¿por qué iba a ser él diferente? Los hombres...

Cuando se pone una falda por delante,

no se acuerdan ni de lo más sagrado.

-Se olvidan de todo. Se ponen el mundo por montera.

¡Carmen es una criada!

-Una criada muy espabilada.

-¿Te refieres a sus habilidades en la pensión?

¿No ves que Carmen está como distinta?

-¿Qué quieres decir?

-Su vestimenta era muy colorida.

-Carmen siempre viste sobria.

-Por eso. ¿Y su actitud? -¿Qué?

-Es como si quisiera parecerse

a alguien, alguien que me resulta familiar.

-¿A quién?

-A una mujer más osada,

más atrevida, chistosa, descarada.

¡Trini!

¡Me recuerda a Trini!

-Pero... A ver, a ver. ¿Me estás diciendo que Carmen

está imitando a Trini para cazar a Don Ramón?

-¿Y para qué si no?

Su vestimenta era idéntica.

Llevaba un vestido clavadito a uno que le confeccioné yo misma

a la difunta hace ya algunos añitos.

-Pero bueno, no me lo creo.

¿Cómo ha sido Carmen capaz de tal bajeza?

-¡Vergüenza debería darle!

Pero te lo digo de verdad,

cuanto más lo pienso, más claro lo tengo.

Carmen está intentando parecerse a Trinidad Crespo.

-Y don Ramón, ¿no se da cuenta del engaño?

-Les ciega la vanidad.

El pobre se creerá que la está enamorando por sus encantos,

no por sus cuartos.

-Susana, ¿y si advertimos a don Ramón?

Él y yo compartimos negocios.

-Ni se te ocurra,... ya caerá del burro

y estaremos aquí para verlo.

(Música)

Hace tiempo que no escuchaba esta cancioncilla.

Ay, qué ilusión José de mi vida,

no veo el momento de volver a pisar Buenos Aires

entre aplausos y banderines al viento.

-Allí el público te adora.

-No me extrañaría nada que ahora mismo

estuvieran organizando algo grande para darme la bienvenida.

-¿Acaso lo dudas?

-La verdad es que no.

Lamentaría mucho tener que cancelar este viaje.

-¿Por qué tendríamos que cancelarlo, reina mora?

-Por tu hija.

-¿Cinta la ha liado otra vez? -No, que yo sepa.

Pero si se mete en líos cuando estamos lejos,

a ver qué hace en nuestra ausencia. -Ya aprendió la lección.

No volverá a ocurrir.

Además, ya lo hemos hablado, Arantxa la vigilará.

Eso espero. Pero no me gusta dejarla sola.

-Siempre podríamos llevárnosla con nosotros.

-¿Y que vea el calor del público, los aplausos,

las flores y el arte que yo emano cuando estoy sobre un escenario?

-Mala idea, sí. -Pésima, José Miguel.

Hay que alejarla de los escenarios

pa que se le quite el runrún del arte, que la ha envenenao.

-Entonces, que se quede con Arantxa, que es peor que un sargento.

A sus clases particulares, a su rutina y con poca distracción.

-Poca no, ninguna.

-Ninguna, lo que tú digas, mi vida.

-Creo que llevas razón.

Y cuando regresemos con el dinero que saquemos,

la metemos en un buen colegio. -Así sea.

-¿Quieren un tentempié para abrir boca?

No sé qué haría yo sin ti. Trae.

-Morirse de hambre como mínimo.

Cuidado, señor, cuidao, que pican.

-¿Por quién me tomas? -Uy.

-Sí, claro.

-Señora.

-No, gracias, que luego me arde la tripa.

-Qué blanda eres, hija mía.

-Tú verás.

Arantxa, por tu Virgen de Begoña y mi Virgen de la Cinta,

ata en corto a la niña y que no se te desmadre.

-No se apure por eso,

por el carril del medio va a ir, más tiesa que una vela.

-Ahí está.

Anda. -Cómo arde.

-Ya le he dicho. -¡Mira el fuerte!

Menos mal que yo soy la blanda. -¡Agua, agua!

-Agua, no, señor,

lo que hay que hacer es tragar y soplar un poco.

Y aguantar como un hombre. -¡Agua!

-Que agua no puede tomar.

No tome el vino, que no es bueno. Si quiere le traigo un chacolí.

Por favor. Pero qué poco aguante, Jesús.

Mire. -Mírala.

Tira. -Mi sobrino lo come con cinco años.

(RÍE)

-Por lo tanto...

Liberto. -Tieta.

¿De dónde vienes, hijo? -Del Ateneo. ¿Y sabe qué?

Todo el mundo comenta lo del mercadillo en casa de doña Genoveva.

¿No le parece raro? -En absoluto.

-No es una noticia a comentar entre hombres que hablan de política.

-Alfredo Bryce es muy listo,

se habrá ocupado de difundir el acontecimiento en su casa.

Como si su esposa lo hubiera organizado todo.

Todo el mundo querrá asistir a cualquier cosa que ese hombre haga.

Pero mejor, más dinero sacaremos.

Alfredo aglutina a su alrededor

a las personalidades más importantes de la ciudad.

-Y haces muy bien en pegarte a él.

-Lo cierto es que me cae bien.

Hablar con él es agradable, sabe de todo.

-Lo que tú digas, pero sigue así. Dime con quién andas

y te diré quién eres. -Buenos días.

-Buenos días. -Buenas.

-¿Le importaría que hablara con su sobrino?

-No me interesan lo más mínimo sus pesquisas.

-¿Qué ocurre, Felipe? -Vengo de comisaría.

-¿Quién es? -Cristóbal Cabrera,

el asesino de Samuel Alday. -¿Y por qué me lo enseña?

-Anoche, Lolita vio a un hombre muy parecido a él.

Por eso fui a comisaría,

para alertar a Méndez y pedirle prestado un retrato.

Debemos estar atentos por si vuelve a aparecer.

-¿Cree que podría ser el hombre que Lolita vio?

-Ojalá que no,

pero por si acaso, le mostraré el retrato para que nos lo confirme.

-¿Estaría rondando a Genoveva?

-Liberto, ese hombre es muy peligroso,

su sola presencia en el barrio nos perjudica a todos.

Muchas gracias, don Germán. Que pase buena tarde.

¿Qué hace?

-Preparar estos ungüentos curativos pa el mercadillo.

-¿Curativos?

-Esto es mano de santo pa el reuma y la artritis.

Esos señores con posibles me los van a quitar de las manos.

-Deme uno, que tengo la cadera pa'lla.

-De eso, nanay.

Ya le haré uno pa usted, estos son pal mercadillo.

-¿Qué? ¿Pal mercadillo?

-Jacinto, habrá que colaborar, ¿no?

Yo estoy haciendo unos quesos pa chuperretearse

los dedos de los pies.

-To el mundo está colaborando. Será un éxito.

-Y que lo diga, se espera que venga mucha gente.

A eso vengo, a ver si me pueden dejar una llave inglesa.

Es pa arreglar la barandilla, que tie un desperfecto

y no quiero que na falle hoy. -¿Una llave inglesa?

Servando, dásela.

-Me han dicho mi mujer y mi prima que andaba usté enfadao,

pero no pensé que fuera pa tanto.

¿Aún le dura el berrinche? ¿De verdad?

-(CARRASPEA)

-Servando, no se tome las cosas tan a la tremenda.

-Ay. Jacinto, hijo, no se lo tenga en cuenta, que ya sabe cómo es.

-Con Dios.

-Con Dios. -(CARRASPEA)

-¿Qué tontá tie usted ahora?

-De tontá nada.

He sido víctima de una injusticia

y he decidido retirarle la palabra a Marcelina, a Casilda

y al listo ese de Jacinto.

-Son sus amigos.

-Hasta que no me pidan disculpas, de eso nada, dejan de serlo.

Y desde el balcón de mi indiferencia les azotaré con mi desprecio.

-Calle. -(CARRASPEA)

¿Y estos suizos? Qué buena pinta. ¿Quién los ha hecho?

-La señá Arantxa.

Pero no les llames suizos delante de ella,

que me ha caío reprimenda por eso. -¿Y cómo se llaman?

-Bollos de mantequilla, según la vasca.

El suizo está hecho con leche,

el bollo de mantequilla está hecho de mantequilla,

que además, los inventaron en Bilbao en 1813.

-Ah... Pues a mí se me antojan lo mismo que los suizos.

Y hablando de reprimenda, ¿has hablao con tu primo?

-¿De qué? -De la gaita del Servando.

Iba a ir con alguna excusa a templar los ánimos.

-Na me ha dicho.

-Conociendo a Servando, yo no me haría muchas ilusiones.

-Cómo es ese hombre, no hay quien le quite la joroba tan fácilmente.

-Pues no, no va a ser. -Qué ganas de estar enfurruñao.

Yo ya he llevao las flores a casa de los Bryce,

solo faltan estos bollos y ya estamos.

A propósito,

ya he visto que has dejado la casa como los chorros del oro.

-Una, que es apañá. -Y que lo digas, prima.

¿Agarras unas pocas y nos bajamos?

-Ah, no, ve yendo tú,

es que yo tengo que terminar y arreglarme un poco.

-Como veas.

-¿Cómo está uste, Carmen?

-¿Como estoy de qué?

-Las cosas con el señor Palacios, ¿van bien?

-Sí, ¿por?

-Por na. Como veo que le ha regalao nueva vestimenta...

-Así es.

-Y sé que está haciendo buenas migas con las señoras.

-¿Qué ocurre,... Casilda? ¿A qué tanta pregunta?

-Puede que

haya oído algo sobre usted.

-¿Sobre mí? ¿A quién?

-A mi señora con doña Susana.

-A ver, ¿qué han dicho?

-Que uste está intentando parecerse a doña Trini.

-¿Eso han dicho?

-¿No tendría que habérselo contado? -No,

está bien, te lo agradezco.

Solo que... -¿Qué?

Temía que las vecinas llegaran a pensar eso.

-Usted no tiene que hacer caso a esas mujeres,

ya sabe, cuando quieren,

tienen la lengua tan venenosa como una serpiente.

-Pero en este caso, tienen razón.

-¿Cómo?

-Con estas ropas y el desparpajo con el que les he hablado hoy

cuando me las he encontrado, soy la viva imagen de doña Trini.

-¿Eso ha hecho uste?

-Sí, pero por complacer a Ramón.

Él me lo pidió.

Te agradezco que me lo hayas contado.

-No hay de qué. Qué menos entre comadres.

¿Se viene usted al mercadillo?

Así puede ayudarme con los bollos.

-¿Puedes tú sola?

Creo que no voy a bajar. Será lo mejor.

Está usted preciosa. Está hecha toda una señora.

Ande, baje, hombre.

-Te lo agradezco. -Está bien.

Mandaré a la Marcelina pa que recoja

estos bollos.

Todos mis grandes negocios los he hecho en el sector bancario.

Es de un valor incalculable. Debuté con él

en el Gran Teatro de Ciudad de México.

-¿Quién tuviera parné pa comprar ese abanico?

-¿Por qué? No tiene nada especial.

-Lo ha usao la más grande.

-Como tantos otros. Bellita tiene cientos de esos.

-Y los cientos son especiales porque ella los ha usao.

¡Que son de Bellita!

-Jesús, Marcelina, no se sulfure.

-Señoras. -Buenas tardes. ¿Una goza?

-¿Perdón? -Que si quiere usted un dulce.

-No, gracias, no soy muy goloso.

Quería preguntarles por Agustina.

¿Cómo se encuentra? -¿Agustina?

-Seguro que bien. ¿No estaba en su casa faenando?

-Estaba mal y la mandé al altillo.

-Ya sabe usted más que nosotras. -Les agradecería

que preguntaran si necesita algo. -Sí, sí.

Luego iré a verla. -Gracias.

-Con Dios. -Solo quedan unas rosquillas arriba.

-¿Quiere tomar algo más, don Felipe? -No, gracias. Estoy bien.

-¿Qué dicen de las tensiones que hay en Europa?

¿Los rumores son ciertos?

Dicen que va a estallar una gran guerra.

Espero que no. -Ni yo,

pero mucho me temo que sean algo más que rumores.

Les dejo. Iré a ver si las señoras necesitan algo.

Si me disculpan.

-Hasta ahora.

-Casilda, de verdad, ¿esto quita el reuma?

-Eso dice la seña Fabiana,

quita el reuma y la artritis.

-Pues dame tres botes.

No sabía que tenía usted reuma. -Y no tengo.

-Y tanto que tiene. -¿Y pa qué compra esos botes?

-Para Susana, que la veo muy mayor.

-Y a diferencia de ti,

no me da vergüenza decirlo.

¿Acaso pensabas regalármelos?

-Pues sí, sí, pensaba regalártelos, ¿lo dudas?

-Totalmente. Paga el ungüento, me vendrá de perlas.

Para un regalo que me hace.

-Toma, Casilda. -Gracias, señora.

-¿Le ocurre algo?

No, doña Susana.

Úrsula, ¿está usted sola?

¿Y Agustina?

En su alcoba.

Algo le sentó mal y prefirió retirarse a descansar.

¿Qué comió?

Lo mismo que yo.

No sé, le preparé una infusión por si fuera de la tripa.

¿Y no será ese reconstituyente que le recomendó el médico?

Quién sabe.

Iré a ver cómo se encuentra. Gracias, Fabiana.

Si se queda con ella, me voy más tranquila,

he de regresar al trabajo.

Vaya usted. A más ver.

Carmen, ¿estaba usted aquí? Llevo un rato buscándola.

-Siento no haber estado ayudándola en la pensión.

-Claro que no.

¿Qué sucede? ¿Se encuentra usted mal?

-(ASIENTE) -Agustina también.

¿No habrán comido lo mismo?

-No es la tripa lo que me duele,

sino, más bien el alma y el corazón. -Entiendo.

Ande, vamos a sentarnos una miaja, venga.

A ver, ¿qué pasa?

¿Han regañao?

-(NIEGA)

-¿Me lo va a contar

o tengo que adivinarlo?

-"Nunca voy a olvidar a Trini".

-Ni yo te lo pediría.

-Este es muy parecido a uno que tenía doña Trini,

que en gloria este.

-Y doña Trini no era la duquesa de Alba,

que cuando la conoció don Ramón, ella era una trabajadora más,

se dedicaba a algo de belleza.

¿Carmen?

-Creo que Ramón está intentando convertirme en Trini.

-¿Por qué dice uste eso?

-La ropa que me regaló, los tocados,

son completamente del estilo de Trini.

Y luego... -Luego, ¿qué?

Luego me pidió que me comportara de forma diferente.

-¿Diferente cómo?

-Yo que sé, más extrovertida,

más desenvuelta, más bromista.

¿Cree que me estoy volviendo loca? -(NIEGA)

He de reconocerle que cuando vi las ropas, yo también lo pensé.

-¿Cómo voy a sacarle el tema a Ramón?

Creo que no es consciente de lo que está haciendo.

Quizá deba usted esperar algo más,

a lo mejor es algo pasajero.

-Yo creo que no,

Y lo peor es que,

en lugar de enfadarme, me genera dudas.

-¿Dudas? ¿De qué duda usted?

De los verdaderos motivos por los que Ramón ha empezado

una relación conmigo.

¿Y si solo quisiera moldearme

para que me pareciera a su difunta esposa?

No lo soportaría, Fabiana,

sabe Dios que no podría soportarlo.

Muy buenas. ¿Es para mí?

La más bella de las flores para la más bella de las chicas.

Le agradezco el detalle,

pero no me gusta esconderme como si hiciéramos algo malo.

No lo hacemos. Lo sé.

¿Por qué no se lo dice a su madre?

Ya se lo conté.

Mi madre es una mujer chapada a la antigua...

Sí, chapada a la antigua, que no aceptaría a gente de la farándula.

Así es.

¿Podemos dejar de hablar de ello ahora? ¿El tiempo que tenemos

lo vamos a gastar hablando de cosas sin importancia?

Para mí no lo son.

Para mí, lo único importante somos usted y yo,

y el amor que nos tenemos.

Aún no me ha dado el beso que me debe.

¿Qué beso? El que antes me negó.

Deme otro o moriré aquí mismo.

Debemos tener cuidado. Podrían vernos.

He de irme. ¿Cuándo volveré a verla?

Pronto.

¡Camino, espera!

¡Deja que te explique! Camino.

Pero bueno... ¡Esto es pan de oro!

-Son de mantequilla,

pero a lo mismo sabe. -Ea, ponme dos, criatura.

¡Me rechifla el dulce! -¿Dos, señora?

Con lo que le chifla a usted y a su marido...

-Arantxa, por favor. -A mí ponme tres,

que quiero que los pruebe Liberto y van a caer dos ya mismo.

-¿Y uste, doña Susana?

-No, gracias, no tengo apetito.

¿Sabe algo de Felicia?

Dijo que vendría. Así es, debe haberse retrasado.

Seguro.

Perdonen un momento.

-Arantxa tiene razón, porque mi José es muy goloso.

-¿Y por qué no se lleva también unos roscos?

-¿Has visto eso? -¿El qué?

-Lo distante que está doña Genoveva.

Se le ha subido a la cabeza su matrimonio con Alfredo Bryce.

-¿Tú crees? -Si no, ¿a qué tanta distancia?

Que ni un hola, ni una conversación entretenida ni nada.

-Olvídalo.

Prueba un bollo de estos, que se te quitan las penas.

-¿Tan buenos están?

-Para no dar crédito.

-Venga, dame uno.

Si me disculpan.

Lo que nos contó usted del Primer Ministro francés.

Como para preocuparme yo del Primer Ministro francés.

Ya tengo bastante con Rosina en casa.

-(RÍEN)

Buenas tardes.

-Buenas. -(SE ASUSTA)

Lo está dejando como los chorros del oro.

-Me ha asustado.

-Mal. Un portero siempre tiene que estar alerta.

-Pa eso están los serenos, con tener contestos a mis señores, me basta.

-Pues no será por falta de brillo. Lo tendrá bien contentos.

-Uno entero me ha costao toda la barandilla.

-Si se da prisa, igual encuentra la tienda abierta.

-Tie to la razón. Sí, sí.

Es verdad.

Voy a coger la chaqueta.

No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

-Vamos.

¿Qué haces?

Trae.

¡Dame eso! Marlene.

¡He dicho que me lo des!

Te dije que dejaras de enviarnos estas fotografías.

Ahórrate el destruirlas, solo son copias,

yo tengo los negativos.

Lo suponía, no te considero tan estúpida.

Debes ponerte a salvo y dejar de insistir.

No pararé hasta saber dónde está mi hermano.

Mi hermano cometió el error de acercarse a tu marido.

Aún no sé si le empujó el amor

o la fortuna del hombre que se había encaprichado de él.

-¿Quieres decirme algo? -(ASIENTE)

Te estoy advirtiendo, rogando que te marches de Acacias.

Puedo conseguirte dinero.

"He pensado en invitar" a las señoras

a tomar un té en casa.

Y quiero que estés presente, como novia mía que eres.

-Yo no resulto de lo más extrovertida.

-Si hicieras un pequeño esfuerzo, lo serías aún más.

Me parte el alma verte bajo su yugo.

Ojalá fuera libre, pero no lo soy.

(Pasos)

¿Por qué no está en casa con los invitados?

Ahora subía.

¿Quién era esa mujer con la que hablaba?

¿Por qué no me acepta como soy?, como hizo con Trini.

-Don Ramón la ama.

-Pero no sé si a mí o a quien le recuerdo.

Emilio y yo nos hemos besado.

¿Una vez? Una docena.

Podríamos organizar una fiesta por todo lo alto.

Con los vecinos, para celebrar el éxito del mercadillo.

Te extenderé un cheque.

¿Suficiente con 1000 pesetas? Sí,

será suficiente.

"¿Por qué no se lo decís a vuestras familias?".

¿Sabes qué?

Haré que nuestro noviazgo salga a la luz cuanto antes.

"Marlene, tengo lo que te prometí".

"Ven a mi casa cuando anochezca".

No sé qué ha visto don Ramón en ella, es muy siesa.

-De donde no hay, no se puede sacar.

-No conocieron a Trini, pero era... Ella sí sabía estar.

-Saldré a la estación.

Te echaré de menos.

He visto al doctor Maduro salir del edificio.

Me estoy muriendo.

¡Ah!

"¿Qué ha sucedido en la merienda para que te marches así?".

¿Alguna de mis invitadas te ha ofendido sin que me diera cuenta?

-No, Ramón, no ha sido ninguna invitada, has sido tú.

-¿Yo?

¿Qué he hecho yo para molestarte así?

-¡Que yo no soy Trini!

-"¿Estás segura" de lo que vas a hacer?

Así es.

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Acacias 38 - Capítulo 1014

17 may 2019

Carmen esta incómoda siguiendo los consejos de Ramón, se siente como una copia de Trini.
Úrsula y Agustina vuelven del médico, el origen de la fatiga de la criada es la edad, pero Agustina no está nada convencida.
Cinta se cita con Emilio y son descubiertos por Camino en pleno beso.
Alfredo paga a Cristóbal para salvar la vida de Genoveva. Lolita cree reconocer al asesino de Samuel. Genoveva descubre a Marlén dejando una foto en la portería en la que se ve a Alfredo besando a un joven.

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  1. Mabi

    Marilu mil gracias!!! Siempre tan cordial y dispuesta! Revere el capítulo! Gracias!!

    24 may 2019
  2. Marilu

    Mabi: P.D. La escena en que descubren a Ursula en casa de Genoveva es en el capítulo 1004; la escena de su " encuentro " en la calle no estoy segura, lógicamente es en uno o dos posteriores

    24 may 2019
  3. Marilu

    Mabi: tras la muerte de Eduardo y Lucía, Ursula es obligada por familiares de Eduardo y supuestos herederos a dejar la casa y por lo tanto se encuentra " en la calle ":Sabiendo que Genoveva se ha marchado abruptamente y no se sabe nada de ella, se le ocurre robarle al portero las llaves del departamento y se instala allí; sorpresivamente llega de vuelta Genoveva junto su marido (¿?) y la descubren; en su breve estadía Ursula encuentra una carta de Alfredo que comprometería a Genoveva ; si no me equivoco es el capítulo 1004.- (Por si te interesa 011-62533673 )

    24 may 2019
  4. Mabi

    Marilu recuerdas en que capítulo aparece la escena entre Ursula y Genoveva? Estuve con cortes de luz, más que vamos dos capítulos atrasados, no recuerdo haberla visto...te agradeceré me puedas orientar. Saludos cordiales!!!

    24 may 2019
  5. Marilu

    Ursula, cuando la descubren intrusando el piso de Genoveva, había encontrado una carta de Alfredo cuyo contenido "puede " involucrar a Genoveva en algo turbio y con la cual Ursula la EXTORSIONA, muy probablemente esto sea lo que sucede entre las dos mujeres; Ursula parecería haber vuelto a sus sucias costumbres y tal como parece Genoveva no le va en zaga en ese sentido, veremos cual de las dos predomina sobre la otra o quien " sobrevive de las dos " ; en pocos capítulos atrás, hay una escena en la calle en la cual se " encuentran " ambas mujeres y al acercarse alguien, Genoveva le dice que " siga su camino ", presumo que en realidad habían quedado en verse y no precisamente para ir a tomar el té..............

    24 may 2019
  6. Santi

    No olvideis qué, aunque no se vió claramente, Genoveva y Ursula tienen alguna clase de pacto o acuerdo... no sería raro que entrar en casa de Felipe tega que ver con ello

    23 may 2019
  7. Mabi

    Cap. 1017...Y Ursula otra vez haciendo de las suyas... ahora con la buena de Agustina dándole del mismo ? veneno que a Eduardo ? y todo por quedarse con su puesto de trabajo ? Que se cuide Felipe, que si va a servir a su casa y para la oreja con lo de los negocios y ve que desconfían de Alfredo, irá con el cuento y Genoveva no tendrá que mancharse las manos para sacarse de encima a los vecinos que no ayudaron a Samuel, eso sí, si van a matar uno por uno Acacias se quedará vacía, Liberto, Rosina, Lolita, Antoñito, Carmen y las demás criadas estarán en peligro; por lo pronto ya se está encargando de Agustina matándola de a poco...Que hermosa niña es Milagros!! y que educación le ha dado su hermana María Luisa.

    23 may 2019
  8. Santi

    Pues nada, otra muerta por asesinato y otra asesina más para la colección. Más asesinatos y asesinos que en "Servir y Protejer" la serie policiaca que TVE emite antes que Desgracias 38

    22 may 2019
  9. Mabi

    Para loscapítulos 1015/1016 y los que sigan, otra vez una semana si y la siguiente no...??? Gracias! '!

    22 may 2019
  10. Mabi

    Por favor habiliten la opción comentarios!!!!! Gracias!!!!

    22 may 2019