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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1012 - ver ahora
Transcripción completa

¡Vete, no te lo repetiré!

Adiós, amiga.

También mi padre padece la enfermedad.

No quiero que se sepa que tiene perdida la cordura.

(Se abre la puerta)

El hielo.

Bastará con un certificado que justifique la demencia.

-Muchas gracias por su comprensión.

-Mi hijo me ha ofrecido su casa para vivir

y me marcho.

¿Qué pasó cuándo estuve en el Ateneo?

Rosina vino a visitarme.

Ayer no te vi en la pista. -A Camino no le gusta bailar.

Nunca le ha gustado. -"¿Cómo está su esposa?".

Ayer pensé en ir a visitarla, pero al final no lo hice.

La tormenta ha derrumbado una techumbre de un asilo de ancianos.

Queríamos contar con usted para organizar un mercadillo solidario.

Podríamos organizar el mercadillo en mi casa.

A mí me parece de perlas.

Contigo dispuesta a aguantarme, soy el hombre más feliz del mundo.

Le ha cautivado, le ha cegado. Mira la mosquita muerta.

-"Dice Osvaldo que están deseando" verte en Argentina.

-La echo de menos.

-Se pirran por una gira. -¿Una gira?

-Di que sí y nos embarcamos.

-"Rosina no vino a verte".

No tolero las mentiras.

¿Qué hiciste anoche?

Estuvo aquí Marlene, ¿verdad?

Contesta, ¿estuviste con Marlene?

Sí.

¿Y nuestro pacto?

No quiero pensar que lo hayas olvidado, porque entonces...

No.

Alfredo, lo tengo muy presente.

Crees que mi paciencia es infinita.

Se agota día a día.

Nada avanza.

Te limitas a pedirme tiempo y a dejar que esto corra.

Alfredo, por favor,

sé lo que tengo que hacer y no lo evitaré, aunque me duela.

El dolor no te importaba cuando acudiste a mí.

Tus palabras, literales fueron:

"Estoy dispuesta a todo".

¿O no fue así? Sigue siendo así.

Aunque parezca que avanzo despacio, no dejo de ir a nuestro objetivo.

¿Cómo? Ganándome a los vecinos.

Por eso les he propuesto organizar aquí el mercadillo.

Fiesta de menesterosos.

No he conocido a gente

más... vacua y con más aire de grandeza que los de este barrio.

Queda muy poco, Alfredo. Dame tiempo.

Recuerda...

que soy tu esposo de cara a todo el mundo.

Y me debes respeto.

No lo olvido.

Pero ten presente, sobre todo,

ten presente,

nuestra verdadera relación.

Soy tu dueño.

Y tu vida me pertenece, no lo olvides ni por un momento.

Y no vuelvas a mentirme,

que ni si quiera se te pase por la cabeza

la idea de faltar a la verdad conmigo.

(Sintonía de "Acacias 38")

Señora, ya me la imagino rodeada de admiradores

que besan por el suelo que usted pisa.

-¿Y si el público me ha olvidao? -¿Cómo se van a olvidar de ti?

Eres lo más grande que ha pisao un escenario en el Río de la Plata.

-Acuérdese, por algo le llamaban la gran Bellita.

-Sí, pero el tiempo pasa.

-Pero no olvida, la que tuvo, retuvo.

-Y guardo pa la vejez. -Menos hablar

y más celebrar, que esto merece un brindis.

-¿Otra copa?

-Sí, pero tráete el de Chiclana, que la ocasión lo merece.

-Voy a por él. Señora, vigíleme el fuego.

-Ay. -(RÍEN)

Ahora está muy de moda el tango y todos esos cantantes.

Carlos Gardel, ¿te acuerdas?

-Cuando lo vimos era un desconocío.

-Pero es el cantante más importante de Argentina.

Y empieza a sonar en Europa.

-¿Preparamos un tango para abrir el espectáculo, te imaginas?

Bella del Campo

canta a la Argentina. Buah.

-Eso sería maravilloso. Pero yo no sé cantar tangos.

-¿Qué? Tu sabes cantar lo que se te ponga por delante.

Con dos ensayos cantas hasta "La Traviata".

-Calla, exagerao. -Voz tienes de sobra.

-Oye,

¿y tendré tiempo pa ensayar?

-Tenemos la semana del viaje en barco, podemos ensayar allí.

Ya verás como los viajeros acaban fascinaos con tu voz.

-¿Volver a la Argentina? Pensé que jamás vería esas tierras.

-Pero ¿aceptas o no, gitana?

Sería como nuestra segunda luna de miel,

recordar los inicios cuando cantabas con éxito todas las noches.

-Claro que acepto, y voy a cantar el mejor tango

que se haya cantao nunca por esas tierras.

-Ole, bravo por Bella del Campo.

Ídola, ídola, que sos una ídola.

Bueno, bueno, pero ¿qué es todo este alboroto?

-Tu padre, que parece gaditano de carnavalero que ha salío.

¿Cómo va ese tobillo?

Mejor, ya podré ir al baile.

-Ya está bien de baile, dale a la niña la noticia, venga.

¿Qué noticia?

-He aceptado una gira por Argentina.

¡Pero eso es maravilloso!

Cómo me alegro. Bueno, ¿cuándo nos vamos?

De eso nada, monada.

Nos vamos nosotros, tú te quedas con Arantxa

dando clases de cultura general, que no hay tiempo que perder.

Pero eso es injusto.

Yo quiero verla sobre el escenario. Y yo que dejes de soñar en pisarlo.

Si ves cómo me aplauden allí, no va a ver quien te controle.

-La vida de artista es muy dura.

No es pa una señorita. Es una injusticia.

¿Acaso no somos una familia? -Por eso mismo.

Nosotros a trabajar y tú a estudiar.

Madre, por favor. Ya está dicho todo.

Pa tu cuarto y termina de hacer la tarea que te ha puesto Arantxa.

Pero madre... Ni pero ni pera.

Anda, tira pa tu cuarto, mujer.

Voy a volver a ser una gran artista.

-Nunca has dejao de serlo,

emperaora.

Ay.

Diga usted lo que diga, debería ir al galeno.

-Es un cansancio normal.

Tengo ya muchos años.

Este tiempo, que un día hace calor y al otro frío,

me ha causado un enfriamiento. -Ya.

Pues mi Paciencia, que en paz descanse,

por la noche me preparaba un vaso de leche con miel,

y un chorro de coñac, oiga, mano de santo pa los catarros.

-Eso mismo beberé esta noche sin coñac,

que una ya no tiene edad

para darle a las bebidas espirituosas,

que nunca he probado. -Bueno, pues...

espero que le funcione, pero mi Paciencia decía que eso era

lo que le entonaba a uno.

Bueno, ¿qué, quiere algo más?

-De momento, nada.

Que me cuente cómo va el barrio, si hay más cotilleos.

-Bueno, ¿se ha enterao de lo de Carmen, no?

-En cuanto pasó,

cada persona me hablaba de lo mismo.

-Quién lo iba a decir, ¿eh? Una compañera del altillo

merendando en un restaurante de postín con don Ramón.

-Iban los dos del brazo, por lo que dicen,

mirándose enamorados.

-No me extraña que lo defendiera tanto,

que igual se llevaban viendo un tiempo y nosotros sin enterarnos.

-No se puede negar que han sido discretos, ni un rumor ha corrido.

-Y yo que me alegro,

que Carmen era una señora antes de llegar al barrio

y va a volver a serlo. Ahora, que...

también alguna cosa va a cambiar, ¿eh?

-Si todo sale bien, será una gran señora.

Aunque hay que esperar.

Está claro que a los varones de la familia Palacios

les gustan las mujeres de pueblo llano.

Don Antoñito con Lolita,

don Ramón con Carmen...

-Y doña Trini, que tampoco era la duquesa de Alba,

que cuando la conoció don Ramón, ella era una trabajadora más.

Creo que se dedicaba a algo de belleza.

-Eso no lo sabía.

-No estoy seguro, pero que trabaja por sus medios y no era criada.

Y le costó horrores que le aceptaran el resto de señoras.

-Yo la recuerdo como una mujer muy agradable.

Ay, aunque la conocí poco.

-Y tanto que lo era.

Era la más jalanera de Acacias. Se notaba que era de Cabrahígo.

-Buenas.

-Muy buenas. Estamos...

Estábamos hablando de Marcelina,

que ahora que le he quitado las ganas de decir herejía,

pues dice que le he creado alergia a las flores.

-Como si eso fuera a arreglarse con un golpe.

-Sí. -No hace falta que disimulen.

Sé que hablaban de mi relación con don Ramón.

-Desde el respeto.

-Ha sido una sorpresa para todos.

Y bien felices que nos ha hecho la noticia.

-No se crean que para mí no lo ha sido.

Pero todo ha ocurrido tan poco a poco, que me he acostumbrado.

-¿Y va a seguir usted

en el altillo y trabajando en la pensión?

No sé, para limpiar lo que otros ensucian...

No es un trabajo para una señora.

-Claro que sí, Agustina, seguiré siendo la de siempre,

Carmen, su compañera de tantos años.

-Me alegro.

-Sí, y yo también, pero...

va a resultar raro darle órdenes sabiendo que ya no es criada.

-No, usted deme todas las órdenes que quiera,

que yo las seguiré cumpliendo con el mismo empeño de siempre.

-"Susana se ha comprometido"

a bordar pañuelos.

Debe estar haciéndolo ahora mismo.

-¿Se venden bien? -Suele ser lo primero que se vende.

Es una artista con esas labores.

En otros tiempos, unas sábanas

bordadas en la sastrería de doña Susana, eran la joya

de un ajuar. -Es una pena

que solo sean dos docenas. Podría hacer más.

-Dígaselo usted.

Le va a decir que ya fue esclava antes de jubilarse.

-Con buenas formas todo se consigue.

Ya encontraré la manera de convencerla.

-Allá usted.

Apunto los pañuelos de doña Susana.

¿Ha preguntado al resto de las señoras a ver qué van a donar?

Ya saben que...

lo que mejor se vende son los objetos con valor sentimental.

Se han comprometido a mandar dos vajillas, dos cuberterías...

¿Qué más?

Ah, sí, una colección de pastilleros.

Y usted, doña Felicia, ¿qué va a donar?

-El ágape para las señoras que acudan a la subasta.

Ah, y un juego de té inglés que perteneció a la duquesa de York.

¿Es eso cierto?

No, creo que no.

Pero si lo decimos, la gente pujará más salto.

-(RÍE)

Qué habilidosa, para elevar la puja.

¿Y usted, doña Rosina?

Yo voy a donar una colección de novelas de mi hija Leonor

firmadas por ella.

-¿Solo eso?

Por unos libros no se van a sacar ni dos duros.

Ya pensaré algo más.

-¿No tiene Liberto una moneda antigua repetida en su colección?

-Sí, ya se lo preguntaré.

Apunto los libros y dejo un espacio en blanco.

¿Alguna cosa más?

No. Hemos trabajado mucho, tenemos que descansar.

Por cierto,

¿qué os parece lo de don Ramón y Carmen?

-Cuando les vi, me quedé patidifusa.

-Es que no es para menos.

¿A usted qué le parece, Úrsula?

A estas alturas, he aprendido a no opinar sobre amor.

Cuando dicen que el amor es ciego, no mienten.

Me voy a trabajar, que para eso me paga usted, doña Felicia.

-Vaya, vaya.

Es una trabajadora excepcional, no me lo esperaba.

-Qué menos. Con lo bondadosa que ha sido usted al contratarla,

como para no responderle.

¿Quién diría que en su tiempo fue la señora del barrio?

-Ya. Sorpresas que se lleva una en la vida.

Como que Genoveva nos cediera su casa para el mercadillo.

-Eso es porque quiere ser aceptada por las vecinas del barrio.

Que todo el mundo recuerda el escándalo que supuso su bailecito

medio en cueros delante del finado Samuel.

-Como para olvidarlo.

Pero se está esforzando y merece una oportunidad.

-Cierto. Ya veremos si el asunto del mercadillo acaba con éxito.

Señora,

se están acabando los caracoles,

habría que avisar a los camareros para que no los ofrezcan.

-Ahora me ocupo.

Y haga el favor de no salir con el delantal, da mala imagen.

Perdóneme.

Quería pedirle, que si no le importa,

cuando salgan las comandas, me gustaría subir al altillo

para ver cómo está Agustina. Me tiene muy preocupada.

Lo dejo a su criterio. Cuando vea que no la necesitan,

suba a ver a esa mujer.

Gracias.

-Quién la ha visto y quién la ve, a los palacios subí

y a las cabañas bajé.

(Suena el timbre)

¿De dónde la has sacao?

-La habían tirao a la basura.

-Ahí debería de volver, a la basura. -Qué va, hombre,

una capa de barniz,

un cojín nuevo y queda como nueva.

-¿Así volverá a ser cómoda? ¿La quieres para la portería?

-No, pero ya verá como las señoras nos piden algo para el mercadillo.

-Pues pa'lla que va la silla

y solo nos hemos gastao dos perras en barniz.

-¿Y si va al mercadillo la dueña de esto?

-No la reconoce por el cambio de tonalidad,

y si lo hace, nos hacemos los tontos.

-Mira que a mí no se me da bien eso.

-Créame, es usted el mejor poniendo cara de bobo.

Barnice usted un poco, que se me cansa el brazo.

(BOSTEZA) -Qué arte tengo yo pa esto.

O se cura Marcelina pronto de su alergia,

o no duermo, se ha pasado toda la noche estornudando.

-¿Todavía está con lo del golpe?

-Está convencida. Le ha pillao una ojeriza...

-Yo no soy el responsable de sus males.

Conozco a la perfección el cerebro humano.

Y donde le di el golpe, en esa zona no produce alergias.

¿Dice que conoce usted el cerebro? Si no tiene ni idea, Servando.

He abierto el quiosco y he empezao a estornudar.

Así que si no es del golpe, ¿de qué es?

-A lo mejor tienes propensión al estornudo. Dicen que los ingleses

lo tienen. -Yo tenía una oveja, Espartera,

que se hizo alérgica a los cardos borriqueros.

-Yo no soy ni una inglesa ni una oveja, soy una persona.

¡Y trabajo entre flores! Quiero que me arregle esto,

que estaba mejor insultando a los curas que ahora.

-Sujeta. ¿Te doy otro golpe? -¡Uy! Ni hablar.

Si me da otro golpe, le doy una patá en sus partes,

que va a saber lo que es la alergia,

¡alergia a ponerse a orinar!

-Ay... Me ha dolido solo de pensarlo.

-Pues ya sabes, hoy mismo quiero una solución.

Me voy. ¿No vas a desayunar?

No, no tengo tiempo.

Tengo una reunión en el banco.

¿Ni un café?

Está bien.

¿Qué vas a hacer hoy?

Organizar el mercadillo solidario.

No olvides que es otra cosa la que estoy esperando.

Ese es el verdadero motivo por el que hemos venido a este barrio.

Con Dios.

Me da vergüenza presentarme en su casa a la hora del desayuno.

-Al contrario, debería venir todos los días,

así no desayunaría a solas.

-En realidad, lo decía para justificarme,

porque siempre me han gustado mucho sus desayunos.

-Aquí tiene el zumo de naranja, señor.

¿Quieren los dos que les sirva?

-Sirva a Ramón.

¿Ha leído lo que dicen del zumo de naranja?

-No, aún no.

-Lo más sano es tomar un vaso en ayunas.

Un científico asegura que la naranja tiene muchas vitaminas.

-¿Y eso qué es? -Exactamente, no lo sé,

pero es una sustancia que llevan todos los alimentos.

La vitamina C sirve para evitar el envejecimiento.

-Entonces, la necesito a carretillas.

-No diga usted eso, está hecho un brazo de mar.

-Muchas gracias, Agustina. -Me voy a poner celoso.

-Usted es joven, pero don Ramón tiene una planta envidiable.

-Amigo Ramón, está usted hecho un conquistador.

-A la vejez, viruelas.

-Si no le importa, me voy al mercado.

-Vaya, don Ramón y yo no necesitamos nada más, solo charlar.

-Con su permiso.

-Desde su idilio con Carmen,

se ha convertido en el hombre más deseado.

-Siempre lo he sido.

Si se hicieran encuestas de ellas,

tanto Liberto como usted se llevarían una sorpresa.

-Ya lo creo, ya. -Cada uno tiene su público,

el mío, el servicio, y el suyo,

las damas en edad de merecer y de buen parecer.

No habría ninguna viuda joven que se resistiera ante usted.

-¿Usted cree? No creo que pueda volver a enamorarme.

Por eso observo con tanta curiosidad su historia.

-Pues yo estoy seguro de que lo hará.

¿O no ha encontrado ninguna mujer que le haya parecido bella?

-Quizás, alguna sí,

pero de ahí a que sustituya a Celia, no creo.

-No se trata de eso.

Celia tuvo su lugar y lo tendrá siempre, como Trini.

Pero ahora hay un hueco a su lado, como lo hay en el mío.

-No sé si Trini pensaría lo mismo.

-¿Sabe? He estado pensando mucho en ello, y...

creo que Trini si aprobaría mi relación con Carmen.

Como también Celia lo haría si encontrara usted

una dama que le gustara.

-No sabe usted lo celosa que era Celia.

(Llaman a la puerta)

Buenos días.

Buenos días. ¿Vengo en mal momento?

No, no, el momento es perfecto. Estaba desayunando, ¿me acompaña?

No quiero incomodarla.

Me alegra que haya venido. Acompáñeme, por favor.

Será un placer. Total,

por un día que habrá más tarde, no creo que pase na.

Pase.

Siéntese.

Hay café, bollos, tostadas, mermelada...

Oh.

No se apure, yo misma me sirvo. Agradecía.

Ahí está. Venía a decirle

si necesita algo de la mantequería para el mercadillo.

Yo solo pongo la casa.

Doña Susana, Felicia y Rosina se están encargando de todo.

Y si le soy sincera, yo tampoco sabría.

En el lugar de donde vengo no organizábamos eventos solidarios,

más bien nos ayudaban.

Pues como a mí, que vine del pueblo pa servir.

Yo, en cambio, tuve más suerte.

Bailaba bien y me pude ganar la vida con eso.

Y que es usted muy bella, y eso tiene importancia.

Usted también lo es.

No me diga esas cosas, que no estoy acostumbrá a piropos,

bueno, salvo los que me echa mi Antoñito.

Los mejores piropos son los que te echan con humor.

Como los que me echaba Samuel.

¿Don Alfredo no se los echa?

Alfredo es diferente, más envarado, pero sí, claro que me los echa.

Hablemos de otra cosa, que recordar a Samuel me pone triste.

¿Cuánto tiempo lleva con su mantequería?

¿Puedo? Claro.

Pos hace ya años, ya.

Antes de casarme, era criada, y me vine a Acacias

pa servir en casa de doña Celia y Felipe.

Don Felipe parece un hombre agradable.

Y to un cerebro. No es de familia de marqueses,

y le ha costao mucho esfuerzo hacer su carrera.

Hombre, como nosotras. Bueno,

tampoco hay que exagerar, que no ha nacío en un lecho de oro,

pero no le ha faltao su trozo de pan y sus buenos zapatos.

La que era de posibles...

era su difunta mujer, doña Celia.

Samuel me contó la historia.

Muy triste.

Sobre todo después de la pérdida de su hijo.

Es una historia muy enrevesá.

No se crea ni la mitad de lo que cuentan por ahí.

Don Felipe, pos...

ha pasao unos años muy malos, descentrao.

Pero lo importante es que ahora es el caballero que fue siempre.

Un hombre interesante.

Y tanto.

Hmm.

Qué buena la mermelada.

De su mantequería.

Por eso lo digo. -(RÍEN)

(Música)

-Con lo bien que bailas, deberías hacerlo

en las sesiones de bailes.

"Y tú, muchacha,"

¿cómo no te animas? Ayer no te vi en la pista.

-A Camino no le gusta bailar,...

nunca le ha gustado.

-Por supuesto, lo tendrá todo listo.

Buenos días, Cesáreo. -Buenos días.

-¿En qué puedo ayudarle?

-Nada, venía a saludar a Camino, pero con lo tímida que es...

-Hasta límites insospechados.

-Sigo con mi ronda. Con Dios.

-Con Dios.

-Lo que le decía, Emilio, que tendré que organizar

una comida familiar

para celebrar que me libro del servicio militar.

-Pues este es el lugar y, por lo que sé, van a tener una invitada más.

-¿Lo dice por Carmen?

Sí, ha sido una sorpresa para todos, pero me alegro de que mi padre

pueda rehacer su vida.

-No es bueno que el hombre esté solo, hasta la Biblia lo dice.

-Pues aplíquese el cuento.

(Se abre una puerta)

Buenos días.

Muy buenos, ¿qué tal su tobillo?

Casi bien, muchas gracias.

Venía a preguntar cuándo es la próxima sesión de baile.

Las hemos dejado para mañana por la tarde, para darle tiempo

a recuperarse.

Las sesiones de baile no serían lo mismo sin usted.

No me las perdía por nada del mundo.

Me muero de ganas de verla... bailar.

-No sé si el resto de asistentes serán tan bien recibidos.

-Venga, Cinta,

que tenemos recaos para hacer. Ya voy, tata.

Si le parece bien, puedo pasar más tarde

y le dejo unos discos para mañana.

Claro, los esperaré ansioso.

Le veo luego.

-Vamos, pues. Ya voy.

-¿Qué pasa?

-Nada.

Que no es bueno que el hombre esté solo,

lo dicen hasta en la Biblia.

-¿Lo dice por Cinta?

-No. -Una clienta más.

-Cuando hable con ella, podría cerrar la boca.

-¿Quiere usted algo? -Un vinito.

-Ay, Dios mío.

-Agustina. -Señor.

-No debería cargar con tanto peso.

-No es tanto. Lo que he llevado siempre, señor.

-En el mercado hay mozos que lo suben a casa.

-Es mi trabajo.

Don Felipe, estoy bien.

-Sabe usted que no, le falta resuello.

Deme los capazos.

-No, no, no. No lo puedo permitir.

-Agustina, por favor.

-Yo lo haré.

-De acuerdo, hagamos un pacto:

usted sube a casa a descansar y yo le digo a Jacinto

que se los suba y los deje en la cocina.

-¿Me promete que usted no va a subir con los capazos?

-Le doy mi palabra,

pero a partir de mañana contrata a un mozo para que se los suba a casa.

Venga, a descansar. -Es usted demasiado bueno.

-Nunca se es demasiado bueno, Agustina.

Vamos, a descansar.

-Gracias, señor.

-¡Jacinto!

¿Jacinto?

Buenos días, don Felipe.

Buenos días.

No he podido evitar escuchar la conversación con su criada.

Es usted un hombre muy atento.

Gracias, pero era lo mínimo que podía hacer.

Es una pena cuando estas mujeres empiezan a envejecer.

Poco a poco se dan cuenta que no pueden seguir el ritmo

de siempre.

Por eso debemos ser humanos con ellas.

Comparten la vida con nosotros, son parte de la familia,

aunque pertenezcan a una clase social menos elevada.

Uno nunca puede olvidar de dónde viene y adónde va,

todos vamos a acabar igual.

Entonces es cierto que usted no viene de una familia con dinero.

No,... ni mucho menos.

Mi padre era funcionario, y le costó horrores darme estudios.

Entonces un largo viaje hasta Acacias,...

igual que el mío, mi padre era agricultor.

Menudo cambio.

Su padre, agricultor y usted, casada con un banquero:

don Alfredo Bryce nada más y nada menos.

Así es, y tratando de integrarme en este barrio,

muy agradecida a las vecinas y a personas como don Liberto,

y como usted, por supuesto.

Aquí me tiene para lo que quiera. Gracias,

lo tendré en cuenta.

Con Dios.

Con Dios.

-Señor,...

debo agradecerte por escuchar nuestras plegarias

y no permitir que Antoñito fuese a servir al Ejército.

También quiero agradecerte tu apoyo con mi relación...

con don Ramón,

no hay nada que me haga más feliz.

Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

-¿Tres docenas de pañuelos?

Usted no sabe lo que me está pidiendo,

ni que se hicieran en un pis pas. -Lo digo por los pobres.

-A los pobres les damos más de lo que se merecen.

Con dos docenas van más que aviados, y si son pobres, por algo será.

-¿Y si le pido que me borde unas servilletas para el restaurante?

Para una cena de gala, pagaría muy bien,

que en un buen restaurante tiene que haber lo mejor de lo mejor.

-Antes de jubilarme no habría tenido problema,

pero ahora estoy muy retirada. -Ay, sí que es usted dura.

-Le buscaré el nombre de alguna de las señoras que trabajaba para mí.

Ella le bordará las servilletas.

A mí déjeme descansar que me lo he ganado.

-Está bien, no insisto.

Por cierto,

¿acudirá al mercadillo la nueva amiguita del señor Palacios?

-¿Carmen? En otro tiempo hubiera dicho que no,

pero ahora no se lo puedo asegurar.

Si hasta una corista liada con un vecino se cree que es una señora.

-A veces es usted tremenda.

-Algunas se creen que se llega al señorío por la cama

y no es así, por la cuna sí,

pero por la cama no. -Cuidado que la tiene usted detrás.

-Buenos días, Carmen.

-Buenos días.

-De haber sabido que nos estaba escuchando,

hubiera dicho exactamente lo mismo.

Así es que ni me disculpo ni retiro lo dicho.

-Descuide, doña Susana, que cada uno es dueño de lo que dice.

-Así es. Con Dios.

-Con Dios.

-¿Segura? Señora, ¿segura que va a ser este?

-Ay, sí, no sabes...

lo que me duele en el alma desprenderme de él,

y más para un mercadillo benéfico. Quien lo consiga no lo va a valorar.

Mira, escucha.

Qué fresquito da y cómo suena, es madera de peral.

Este lo compré en Sevilla hace más de 20 años,

y me costó un potosí.

-Pues ¿por qué no buscamos otro de menos valor?

-¿Qué quieres, que piensen que soy una tacaña? No.

-¿Qué más le dará a usted lo que piensen las vecinas?

-El mercadillo es benéfico y cuanto más se saque para los pobres, mejor.

Este abanico, aun teniendo mucha valía, no tiene una historia detrás.

-¿Y los demás sí tienen o qué? -Sí, mira.

Este... fue el primero que me regaló mi esposo,

cuando todavía no éramos ni novios, la tarde aquella

que fui a verle torear.

-Qué gracia. No me imagino al señor delante de un toro.

-Porque te crees que los únicos valientes son los vascos, ¿no?

-Bueno. -Mi urcitano es un jabato.

-Pues también hay toreros vascos.

-¿Y cómo matan los toros, a cabezazos?

-Bueno. -Yo no me lo imagino.

Espérate, y el apodo que tienen que tener,

deja, que te lo digo yo: el Niño de Portugalete,

Gitanillo de Zarautz. -Otro tanto, hágame el favor,

señora, no se meta con los vascos que somos gente muy honrada.

-Y trabajadores y leales como el que más, que sé yo que es verdad,

que estoy de broma. Te sigo contando:

el señor era torero y aquella tarde que fui a verle torear,

me brindó el toro y cortó dos orejas y el rabo.

Yo le regalé una pitillera de plata y él me mandó llevar al hotel

este abanico.

-Pero qué historia más bonita. Fíjese que llevamos años juntas

y nunca me había contao eso.

-Y cuando nos enamoramos le pedí que dejara los toros,

me daba miedo verlo delante de ese bicho que parecía una locomotora.

-¿Y fue cuando el señor empezó a tocar la guitarra?

-Él nunca tocó muy bien, pero tenía una planta.

Las mocitas se desmayaban cada vez que salía al escenario.

-A ver. ¿Y a usted no le daba celos?

-Mi José ha comido siempre de mi mano, no había nada que temer.

Bueno, dejemos de hablar del pasado, que eso envejece.

Cuéntame, ¿cómo van las clases de Cinta?

-Bueno, ahí anda. Ahora se le ha atascao el nombre

del cabo más saliente del Cantábrico: Machichaco.

Como si fuese difícil de decir.

-Tampoco te preocupes mucho de eso

que no le va a salir un marido diplomático

porque se sepa ese nombre tan raro.

-¿Diplomático? A ver si le sale torero como el suyo,

o camarero, ya que estamos.

-Me mata del disgusto. ¿Camarero? Por encima de mi cadáver.

-Noticias frescas de la Argentina, he intercambiado unos telegramas.

-¿No me digas que se ha venido abajo la gira?

-Al contrario. Hay tanta expectación que se adelanta.

-¿Qué?

-En 10 días tenemos que estar en Cádiz subiendo en el barco.

-No me va a dar tiempo a montar el espectáculo.

-Se van a tirar a tus pies, los argentinos.

Y más cuando te escuchen cantar el tanto,

porque allí saben lo que es una artista y besan por donde tú pisas.

-Diga usted que sí, señor, que tiene más arte que el orfeón donostiarra.

-Hasta Arantxa, que se apellida Torrealday Urrebaso,

sabe apreciar lo que es el arte y el duende cuando te escucha cantar.

-Arráncate un poquito, para la señora.

-¿Yo? ¿Arrancarme yo?

-Venga, un poquito ahí.

-Que me da vergüenza, hombre.

-Venga, Arantxa, vamos. -Se van a reír.

-No. -Se van a reír.

-Que no. -Venga, vamos.

-Ole, ole, ole.

-Venga. Ahí voy.

Ey, ey.

-¡Olé! -Esa es mi niña.

-¡Aúpa!

Si es que eres muy flamenca, hija.

-Señora, por favor. Qué vergüenza, qué vergüenza.

-Antes de... -(ESTORNUDA)

-Salud. Antes de que te quiten la venda y quedes prendada,...

-¡Jacinto! -...y quedes prendada

de mi increíble solución,

me gustaría hablarte del inagotable

ingenio del ser humano.

Para cada problema,

una solución. -Yo no termino de verlo.

-Bueno, cuando...

-(ESTORNUDA) -Y dale.

-La que no lo ve soy yo, que tengo los ojos tapaos.

-Desde que me dijiste que había que terminar con tu alergia,

me dispuse a darle al magín, como el americano este, Edison,

que gracias a él tenemos luces en la calle.

-Ay, corte ya el rollo, Servando. -¿Y qué se me ocurrió?

La protección: aislar al paciente del problema,

una especie de cuarentena.

Por favor, Jacinto, cuando cuente hasta tres,

quítale la venda de los ojos.

Uno,...

dos... y tres.

¿Eh?

-Pero...

pero... ¿y entonces las flores?

-Detrás, detrás,

donde las sustancias que te provocan alergia,

no cumplen su cometido.

-Pero... ¿se puede saber cómo vendo los ramos?

-Metiendo la mano por estos orificios,

y también poniéndote esto.

-(ESTORNUDA)

Pero... pero esto es una chapuza, Servando.

-¿Qué tiene de malo?

-Yo ya le dije que no le iba a gustar.

-Las flores, escondías, el quiosco, escondío.

Mire, de todas sus ideas absurdas, esta es la más absurda de todas,

y ya era difícil.

-O sea, encima de dejar mis obligaciones en la pensión

para ocuparme de tu problema...

-El problema me lo ha causao usted con el golpe que me dio.

-Todo esto se soluciona a la manera tradicional.

-¿Y esa cómo es? -¿Cómo se quita

la mancha de una mora? -Con otra verde.

-¿De qué se hacen las mejores cuñas? -De la misma madera.

-¿Cómo se soluciona un golpe?

Con otro golpe.

-Ah, no. A mí no me da otro cachiporrazo, no.

-Pues ya te puedes ir acostumbrando a vivir con tus estornudos.

-(ESTORNUDA) -¿Y si tie razón?

-Un golpe os voy a dar yo a cada uno en la cabeza

si no me arregláis esto. He dicho.

-Al final nos hemos gastado un dineral en los dichosos tapetes.

-Mejor, así podremos sacar más dinero por ellos para los pobres.

¿No era eso lo que querías? -Una de las monedas de tu colección

habría bastado para el mercadillo. -Tú lo has dicho, Rosina,

es mi colección y no voy a vender ni la de menor valor.

-Ay, pero es un mercadillo solidario,

se supone que hay que ceder algo personal.

-Bien, cede entonces el ajedrez. -¿El ajedrez?

Era mi Maximiliano.

-No vale de nada, le falta un alfil.

-¿Desde cuándo le falta una pieza?

-Ende tiempos de su difunto esposo, que Dios lo tenga en su gloria.

Cuando jugaba con don Germán

sustituían el alfil por un botecito de perfume.

-¿Uno de mis perfumes?

-No, de los míos. -¿Y desde cuándo tú usas perfume?

-Señora, ¿usted me está queriendo decir algo?

-En todo caso,

el ajedrez no sale de casa, ¿estamos?

Casilda, ve a casa de Genoveva y ayudas a acondicionar el salón.

-¿Y yo qué tengo que ver con to eso?

-Es para los pobres, colabora, Casilda.

-Es para ayudar a los pobres, no pa que trabajemos más.

-Con que por una vez hagas lo que te mando es suficiente, ¿estamos?

-Buenas tardes. Buenas tardes.

Buenas. -Buenas tardes.

Querida, le estaba diciendo a Casilda que fuera a su casa

a ayudar a acondicionar el salón. Se lo agradezco,

pero no quiero cargar de trabajo a su criada.

Por mí no se preocupe, doña Genoveva.

Está bien, y no temas, que te ganarás una buena propina.

Buenas. Qué alegría encontrarles,

me han llegado unos vinos de Jerez

y voy a hacer una cata, ¿se apuntan?

-Por mí encantado.

¿Qué dice usted, don Alfredo? -No podría negarme,

y menos acompañado de tan bellas damas.

-Halagador.

Casilda, ve a casa a subir las cosas.

-Pero ¿y la cata del jerez?

-Es para los señores, va.

No sé cómo la aguanto, con lo descarada que me ha salido.

-Es un pedazo de pan, doña Rosina.

-¿Ella o yo?

-Ella, Rosina.

Ella.

-Las dos, las dos son encantadoras.

¿Vienen entonces al restaurante? -Claro.

Usted delante, doña Rosina.

He olvidado mi limosnera, debo subir a casa.

No necesitas dinero para nada.

Alfredo, de verdad, tengo ahí mi maquillaje.

Enseguida vuelvo. Don Alfredo, acompáñeme,

ya sabe cómo se ponen las mujeres con esto del maquillaje.

Mientras daremos buena cuenta del vino de doña Felicia.

-Chist.

¿Dónde te crees que vas a estas horas?

Voy a dejarle estos discos a Emilio para los bailes.

Claro, ¿y qué te crees, que me chupo el dedo?

No sé de qué me estás hablando. ¿Qué te traes con Emilio?

¿Yo?

Arantxa, deja de inventarte cosas, por favor.

He visto cómo os miráis. Antes, solo le criticabas,

y ahora se te pone una sonrisa boba en mitad de la cara

cuando hablas de él... Eso le pasaba a mi hermana Idoia.

¿Y? Que ahora tienen 14 hijos.

Catorce, qué barbaridad.

Efectivamente, todo chicos.

Yo no voy a tener 14 hijos, creo que no voy a tener ninguno.

Esto es desde el otro día, cuando os quedasteis solos con lo del tobillo.

¿Qué pasó el otro día?

Nada. Pero ¿por quién me tomas?

Ay, claro, por eso tienes esa mirada brillante desde entonces.

(HABLA EN EUSKERA)

¿Y eso qué significa?

Que de inocente que eres de buena, estás enamorada.

Arantxa, ves cosas donde no las hay.

Me voy, en 10 minutos estoy en casa.

Y no me sigas.

(RESOPLA)

Hola, guapa.

Gracias por lo de guapa.

Dame un beso.

Me muero por hacerlo, pero hay gente en la calle.

A mí me da igual la gente. Por favor,

sé cauta.

Emilio.

Quiero que todos nos vean y que sepan que estamos enamorados.

¿Usted no?

No.

Pero ¿por qué? Se enterarían sus padres.

De todas formas, creo que debemos decírselo.

Pero sus padres quieren para usted un diplomático, me despreciarían.

Emilio, no lo despreciarían. Usted es un chico formal,

trabajador, tiene una familia con un restaurante.

Acabarían aceptándole.

Soy poca cosa para ellos. Deje que me conozcan mejor.

Bueno, usted piénselo.

Le he traído los discos para el baile de mañana.

Estoy deseando que llegue el baile para estar con usted.

-Buenas noches, don Alberto.

Le han dejado una carta. Que pase buena noche.

-Qué bien la veo, se ha hecho con las riendas de la recepción.

-Bueno, tampoco es mucha ciencia.

-Le he traído pimentón que me pidió Fabiana.

No sabía si era dulce o picante y he traído de los dos.

-Ah, ya se lo doy yo. ¿Has cerrado ya la mantequería?

-Sí, ya iba siendo hora, estoy agotaíta.

Y aún me queda hacer la cena.

-¿No te ayuda Antoñito?

-¿En la cocina? No, no, no,

pero no tengo queja,...

Antoñito se esfuerza en otras cosas.

No toas las mujeres pueden decir

que el marío le frega el suelo tos los días.

-A medias lo tendríamos que hacer todo,

hombres y mujeres, y más cuando las mujeres trabajan fuera de casa.

-Eso no lo conseguiremos ni en un siglo que pase, Carmen.

-Y que lo digas.

Aquí tiene, caballero.

-He estao en casa de doña Genoveva. -¿Ah, sí?

¿Sabes que a mí me gustaba servir allí cuando estaba don Samuel?

No sé, ese hombre... siempre fue muy atento conmigo.

-A mí ella me ha parecío muy agradable.

Al principio me pareció un poco altiva.

-Sí. -Pero es como nosotras,

se ha buscao las castañas como la que más.

-Le ha costado,...

pero finalmente se ha hecho con las señoras,

no como una servidora.

-Usted también se hará.

Ahora están hablando de que estuvo en el restaurante

con mi suegro, pero eso se les va a olvidar.

-Eso ya lo sé,...

lo que no se les olvida es que soy una criada.

-Pos si lo han olvidao hasta de mí, que no hablo tan fina como usted.

-Lolita, ¿sabes lo que le ha dicho hoy doña Susana a Felicia de mí?

-¿Qué?

-Que el señorío se consigue en la cuna y no en la cama.

-¿Eso ha dicho? -Sí.

-Esa mujer es una metomentodo.

Alguien le tendría que dar una buena lección.

-Sí, pero ¿sabes qué más?

Cuando se ha enterado de que yo lo he escuchado,

se ha vuelto hacia mí y me ha espetado en la cara

que es lo que pensaba y que no se iba a desdecir.

-Cago en la mar salá. -Es igual,

no te preocupes, si no te lo tendría que haber contado.

-Que no se entere Ramón,

que se pondría hecho una hidra.

Anda, vete a casa a descansar.

-Buenas noches, Carmen. -Buenas noches.

-Y no se preocupe por doña Susana, que esa mujer

solo quiere hacer el mal. -Ya.

-¿No ve que se aburre?

-Buenas noches. -Buenas noches.

-¿Alguna novedad?

-Ninguna.

Que ya se han recogido todos los huéspedes en sus habitaciones.

-Muy bien.

-Servando, ¿le ocurre algo?

Si tiene que decirme algo, dígamelo porque...

le noto incómodo conmigo. -Ya.

No, que no...

no quiero que vuelva a trabajar en la pensión, vamos,

que está despedida.

-¿Qué?

¿Por qué has vuelto?

Esto va a acabar mal, tienes que marcharte de la ciudad.

Sabes que no puedo.

Es imposible enfrentarse a Alfredo,

tiene mucho poder, más del que imaginas.

Genoveva, te advertí de que no me iría.

¿Sabes qué podría pasar si descubre que nos hemos visto,

que estamos aquí juntas?

Si eso ocurre, tendrás que inventar algo.

No puede ser que seas tan inconsciente.

¿No te das cuenta de que corres peligro?

Te preocupas mucho por mí para querer perderme de vista

con tanta prisa.

No creas, es que después de ti iría yo.

¿Te has arrepentido ya de haberte casado con Alfredo?

Que no digas nada es una afirmación.

¿Estás arrepentida? De nada sirve arrepentirse.

Es algo que está hecho y que hay que asumir.

Vamos a acabar con él,

yo te ayudaré.

No digas disparates. No son disparates,

sabes que tenemos las armas necesarias

para desenmascarar a ese monstruo.

Juntas podemos hacerlo.

Él es muy poderoso.

No me detendré hasta que me diga qué ocurrió con mi hermano.

-¿Cómo va a estar fregando y haciendo las camas

la prometida de don Ramón?

-Yo no veo ningún problema en seguir aquí, que soy la misma,

y sigo necesitando el trabajo.

-Desde que se ha ennoviado... con don Ramón,

todas la encontramos rara,

como si no fuera una de nosotras.

-Anoche me pareció oír pasos en el pasillo.

¿Saliste?

-Estoy contenta con vosotros y con el resto del personal,

incluida Úrsula.

-A Camino no termina de gustarle.

-¿Ha pasado algo entre ellas? -Me intimida cómo nos mira la gente.

-Lo más importante es el cariño que nos profesamos

y lo demás es agua de borrajas.

¿Ya podemos contar lo nuestro?

Mis padres se van de viaje

y me haría ilusión contarles que usted es mi novio.

No sé, no... termino de estar seguro.

-"¿Preparo ya y sirvo el té?".

-No, esperamos , que aún no ha llegado doña Genoveva.

-Muy bien.

-La pobre estará muy ocupada preparando el mercadillo.

-He mandado a Casilda para que le echara un cable.

-Mi suegro no ha escatimao en escoger colores llamativos.

-Ya.

-Este es mu parecío a uno que tenía doña Trini, que en su gloria esté.

-"Me llamo Rafael".

-Un placer. ¿Qué le trae por aquí?

-Tengo una empresa textil y ando cerrando algunos tratos.

-¿Sería tan amable de concederme este baile?

-¿Cómo se atreve a pedirle a mi hija que salga a bailar?

-Agustina,...

Agustina, ¿qué le pasa? ¿Qué le pasa, mujer?

-No, no. -¿Se ha mareao?

-¿Me concede este baile? ¿Por qué no?

-Mañana retiro las sillas y coloco las mesas.

Como tú creas.

(Llaman a la puerta)

No esperaba a nadie a estas horas.

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Acacias 38 - Capítulo 1012

15 may 2019

Bellita decide volver a los escenarios. Los Domínguez tendrán que partir antes de los esperado, pero Cinta se quedará en Acacias. Cinta propone a Emilio hacer público su amor, pero el muchacho se niega ¿Qué le impide contar la verdad?
Carmen está desubicada, no encuentra sitio ni con las señoras ni con las criadas. Servando decide despedirla por ser la novia de Ramón.
Marlén propone a Genoveva acabar con la vida de Alfredo.

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  1. Mabi

    Olé por la Vasca Flamenca!!!! Arantxa me hizo recordar a un personaje que aparecía en un programa llamado " La peluquería de Don Mateo " aquí en Argentina, llamado " Pacotillo " era un bailar flamenco que cantaba letras con las noticias del día, era exagerado en sus mohines, me ha divertido mucho éste paso de comedia!!! Mucho mercadillo solidario, pero que se ocupe otro, no Susana?? Ya con unos pañuelos bordados suficiente, pues ya es demasiado lo que se les da a los pobres.....ésta mujer me nerva!!!!! Y Rosina tan tacaña como siempre, tiene más valor la silla desvensijada del altillo que los libros de. Leonor!!! Me da pena Agustina con su dolencia y alegría el buen trato de Felipe hacia ella, él si quw tiene que estar agradecido a sus criadas, Lolita lo ayudó a volver a caminar y ahora Agustina soportandole sus locuras de ebrio y libidinoso

    17 may 2019
  2. Mayelin Landestoy

    Mi comprendo si uno se suscribe como no puede verlo

    17 may 2019
  3. Carmen Elena Mier y Teran Calero

    Es cierto

    16 may 2019
  4. Marilu

    A los responsables de editar los videos les sugiero revisar :a) lo que llaman " transcripción completa " la que está fuera de tiempo y b) y los subtítulos, que tampoco coinciden con los diálogos y que también van a destiempo. Si lo que pretenden es " ayudar " al espectador, no lo están haciendo bien, ya que los subtítulos están , además, incompletos y es mas lo que molestan que lo que ayudan . Todo esto dicho con sumo respeto y sana intención

    15 may 2019