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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1011 - ver ahora
Transcripción completa

El inspector

ha aceptado mi propuesta.

-No puede ser verdad.

-Sí, no te miento.

Va a concederme la excedencia. He quedado mañana con él.

Resulta que Osvaldo

tuvo la prudencia

de hacer un seguro a nuestro nombre

cuando se quedó a cargo del teatro. -¿Hemos cobrado algo?

-No tanto como quisiera, pero menos da una piedra.

Nos dará un respiro.

O metes en vereda a tu esposa

o exigiré a los vecinos que te despidan como portero.

-¿Es necesario ser tan tremendo? -Calla, que no he acabado.

-Voy a solicitar que se le quite el quiosco a Marcelina.

Ayer me confesó que ha intentado sobornar al inspector militar.

-Se va a causar la ruina, no puede salir bien.

Si está así por un golpe,... -Jacinto, estás muy raro.

...quizá otro golpe sea la solución.

-Te veo más cansada de lo habitual.

¿Te encuentras bien?

Es cierto que no me encuentro muy cristiana.

Pero son cosas de la edad.

Su faena estará en la cocina. Lavando los platos.

¿Tiene algún inconveniente? No.

No, no.

¿Tanto temes que pueda aparecer por la casa?

Si así lo hiciera,

sería tu oportunidad.

No la desaproveches.

¡Ay, ay! -Ahí.

¡Ay! ¿Le duele mucho?

Sí, sí.

-Ay, cariño. Ay.

He quedado con Antonio Palacios en la mantequería de su esposa.

Cuando me dé el dinero del soborno, nos lo llevaremos preso.

-"Siento por usted un fuego".

"Un fuego que ha prendido desde el primer día que la vi".

"Hasta que la aparté de los brazos de Victoriano".

"Un fuego que ahora me abrasa".

No sabe ni quién es y me ve rubia.

-Y ahora, si me disculpan,

tengo asuntos de estado urgentes que resolver.

¿Cómo has podido terminar casada con él?

Tengo mis razones.

Espero que sean poderosas.

Ambas sabemos que ese hombre es el demonio.

No quiero perjudicarte, ya lo sabes.

En tal caso, desaparece de mi vida.

Es lo mejor para las dos, te lo aseguro.

He dicho que te vayas.

No me iré sin hacer lo que debo por la gente a la que quiero.

¿Y tú? ¿Qué vas a hacer tú?

¿Vas a seguir bailándole el agua a tu... marido?

Soy una superviviente. Como tú.

Las dos hacemos lo que sea para subsistir, ¿no?

¿No tienes sentimientos?

Puede que no.

Ya no.

No te reconozco.

Me das pena. Eres una ingenua, Marlene.

Como si no hubieras pasado por tantas penalidades como yo.

Sí, claro que he pasado calamidades

y angustias, bien lo sabes. Las mismas que tú

o muy parecidas. Pero no tengo miedo.

Has cambiado, Genoveva.

Desaparece, te lo digo por tu bien.

Has cambiado y mucho.

Pero yo no.

Sigo siendo Marlene,

tu amiga, tu amiga desde que éramos poco más que crías.

Marlene, la que te acompañó contra viento y marea,

la que te consoló tantas noches de congoja y desesperación...

¡Esa Marlene y esa Genoveva ya no existen!

¡Vete, no te lo repetiré!

No tengo nada que perder, Genoveva.

Reacciona,

revuélvete.

Y, por lo que a mí se refiere,...

mantente al margen.

Adiós, amiga.

(Sintonía de "Acacias 38")

Yo mismo me encuentro en una situación parecida.

También mi padre padece la enfermedad.

-Vaya faena, inspector, ya lo lamento.

-¡Lola!

-Es que es una faena, coñe, de verdad.

-Y, como ustedes,

no quiero que se sepa que tiene perdida la cordura.

-¿Quiere usted un licor?

-Se lo agradecería.

Puede que verle así,

a mi padre, digo,

sea lo único que me hace perder el temple.

No quiero que nadie,

ni siquiera sus amigos,

los familiares, nadie lo vea así, ido,

sin saber dónde está, como una sombra de lo que fue.

-Tome, beba de un trago.

-Muchas gracias.

Entiendo por lo que ha tenido que pasar señor Palacios,

y su esposa,

su esposa también.

Y entiendo que, entre todos, hayan hecho

lo imposible y lo posible por ocultar la desdicha

de su señor padre.

Incluso no le reprocho que, por conservar su decoro,

haya tenido la osadía de intentar sobornar a un probo funcionario.

-Lo siento.

(Se abre una puerta)

El hielo. Has vuelto muy pronto.

No he tenido que ir muy largo.

Un vecino se ha ofrecido a darme los carámbanos. ¿Te duele?

Un poco.

Gracias, Emilio.

-No hay de qué.

-Si se hincha, habrá que vendarlo.

Su madre le estará esperando. -¿Cómo?

Digo que su madre le estará echando de menos en el baile, ¿no?

Igual precisa de usted allí.

-Sí, sí, claro. Eh...

-¿Se iba usted ya ?

-¡Claro, sí, sí! Mejórese, señorita.

Muchas gracias.

Con Dios. -Gracias.

¡Tata, que me haces daño! Poco.

¿Qué te parece Emilio?

Es galano y parece buen chico.

Un poco pasmao, también te digo.

Así no se nos despierta hasta san Cerezuelo.

-¿Qué quiere, que le arree un mamporro como el suyo?

Pues que la haya desgraciao.

-Eso, las culpas para el único que tiene aquí la mente fría.

¡Dale unas buenas galletas, hombre! -¡Pero qué animal!

Ni el carnero más nervudo hubiera aguantao ese estacazo.

-Mira que sois miraos los casados. Échate pa un lao.

Le voy a dar dos galletas, pero como lo haría un doctor,

sin saña y sin divertimento,

dos mojicones con carácter terapéutico.

-¡Quieto parao, que parece que se recobra!

Eh, buena moza,

dinos algo pa que sepamos que vuelves a tu ser.

-¿Ande estoy?

-Aquí, conmigo.

-¿Y por qué?

-¡Porque estamos casaos!

-Se refiere a por qué está como está.

-(SE QUEJA)

-Porque te hemos tenío que dar un castañazo.

-Terapéutico. -Eso. No había otra solución.

O castañazo o te llevaban a mazmorras por escándalo.

-¿Me habéis pegao? -No. No, no.

Él.

-Pero con carácter médico.

-Sí. -¡Sois unos animales!

(SE QUEJA)

¡Puede que me hayáis escalabrao y to!

-¿Te acuerdas de las pestes que echabas contra curas,

monjas y monaguillos? -¿Yo?

¿Por qué?

-No sé, es un misterio.

-¿No te acuerdas que robaste el cepillo de la parroquia?

¡Ah! ¿Lo hice?

-Sí. -Bueno,

hasta te lo querías gastar, de no ser por Jacinto...

-¡Ay, Dios mío, Dios mío!

-Parece que está sanada.

-Me ha dolío a mí más que a ti, pero ha funcionao.

-¿Sabe el señor cura que me llevé sus perras?

-Sabe todo, menos lo de los golpes.

-¡Qué vergüenza! ¡Qué vergüenza!

-Quieta pará, mujer, que la sanación tiene muy poco tiempo.

-¡Suéltame, Jacinto!

Voy a confesarme y a pedirle perdón al párroco.

-Ya habrá tiempo. -¡Que no, que me sueltes!

-¿Le arreo otro porrazo? -¡Cállese!

Le voy a pedir al párroco la penitencia más grande.

¡Cien padrenuestros y otros tantos credos! Sí, sí.

¡Madre mía, qué vergüenza, qué vergüenza!

-¿Qué, Jacinto

tengo mano o no tengo mano?

Si es que...

Lo dicho, señor Palacios, bastará con un certificado médico

que asevere la demencia de su padre.

-Gracias, muchas gracias por su comprensión.

-Con Dios, señoras.

Que Él le acompañe.

-Gracias.

-Y no se acoquine que de to se sale.

¡Ay, que te quedas, galán!

-Todo gracias a mi padre, bueno, y a Carmen.

De verdad, muchísimas gracias.

-Aquí, la guinda del pastel ha sido don Ramón.

-Yo me quedado helada cuando le he visto salir.

¡Qué arte tiene el jodío!

-¡Lola! -Con tos mis respetos, amor mío.

-¿Podrá conseguir el certificado médico que le exigen?

-Tengo un amigo doctor, seguro que me puede hacer el favor.

-Se acabó la zozobra.

-Bueno, pues todo solucionado.

-Padre, desde luego, lo suyo ha sido...

-Da las gracias a la providencia que nos ha traído a Carmen.

-Sí. De nuevo, muchas gracias, Carmen. Le debo una disculpa.

-Olvídelo.

-Uy, ¿qué ha de olvidarlo?

-Sí, Lolita tiene razón.

Esto no lo voy a olvidar en mi vida.

Y también quería pedirle disculpas por cómo le hablé....

-No, de verdad, déjelo usted, se lo ruego.

-Bueno, esto habrá que celebrarlo, ¿no?

Por cierto, antes tengo que ir a resolver unos asuntos urgentes.

-(RÍE)

Buenas noches. -Buenas noches.

¿Cómo me puede decir eso, Cesáreo?

Esto es lo que más echo de menos de mi tierra:

la lluvia, la humedad, los campos...

-Pues yo soy más de secano, como los lagartos.

-Jesús. -Todos a la mesa,

que ya habrá hambre. -¿Qué tenemos para cenar?

-Patatas con judías verdes. -(HABLA EN EUSKERA)

-¿Qué dice usted?

-Judías verdes, que le llaman ustedes, con patata.

-Ah, sí, sí. Y que no falten.

-Eso, tú dales ideas a los señores.

-¿Cuánto le pongo, Agustina?

-Estoy derrengada

y no muy católica del estómago.

-¿No va a cenar?

¿Quiere una manzanilla? Tengo el agua hirviendo.

-Tómese una, señá Agustina, que le va a sentar bien.

-Sea.

-Agustina, debería ir al doctor.

-Ya se me pasará.

-Si es por el parné,

yo le tomaba la palabra a don Felipe,

que le ha ofrecío ir a su médico.

-Ojalá fuera cosa de doctores.

Es la edad, no hay que darle más vueltas.

Una se cree que puede con todo,

como cuando era una chiquilla, y naranjas de la China.

-Agustina,

la edad no tiene cura, pero algunos achaques sí.

-Ya veremos cómo me voy sintiendo.

He ido al Nuevo Siglo XX y he estado con Úrsula.

-Tendría cara de malhuele.

-La verdad es que no.

Parecía dispuesta a lavar platos.

-¿Dispuesta a lavar platos? Me extraña.

-Mejor lavar platos por la eternidá, que sobar en la calle.

-Una cura de humildad no le viene mal a nadie.

-Y menos a ella. -No sé,

a mí no me ha parecido nunca tan altiva.

-Claro, Arantxa, porque usted no la conoce,

pero esa mujer es más estirá que las sábanas de un obispo.

-Vamos, no nos cebemos.

Puede que lo fuera en su tiempo, pero la vida le ha dao

sus buenos reveses.

-Y siempre ha sacado la cabeza del pozo dispuesta a pegar mordiscos.

Buenas noches. -Buenas noches.

Que aproveche.

-Úrsula, parece cansá. ¿Ha cenao?

Sí. He comido las sobras mientras recogía.

Quién se lo iba a decir a usted.

Ya ve usted cómo es la vida. Nunca digas de este agua no beberé.

-Ande, siéntese, que le llevo una manzanilla, le irá bien.

Muchas gracias.

¿Y usted cómo se encuentra, Agustina?

-No muy allá.

Vaya.

Tranquila, ya verá como mañana se siente mejor.

Muchas gracias, Fabiana. -No hay de qué.

Tenga.

(Truenos)

"A ver si has estudiado".

Las cordilleras españolas, a ver.

Las cordilleras de España de Norte a Sur son:

los Pirineos, los montes cántabros,

los Picos de Europa, los montes de León,

el sistema central, Sierra Morena...

¿Y los montes de Toledo qué, dónde quedan?

Pues donde siempre, aunque no los recite, no los mueve ni Mahoma.

Hoy tienes la cabeza a pájaros, y no me gusta nada.

Qué alegre tu madre, eso es que la noche ha ido buena.

-(CANTURREA)

A los buenos días, familia. -Hola.

-Qué mañana más espléndida.

¿Lo pasaron bien ustedes? Como dos jilgueros.

Nos pusimos de camarones hasta las trancas.

-Entonces, más que jilgueros parecerían meros,

esos sí que comen marisco sin servilleta.

¿Y qué hicieron después de la cena? De paseo por lo regao.

Terminamos en una plazuela, sentados en un banco,

cogidos de las manos y mirando las estrellas.

¡Qué romántico!

-Tendrá tortícolis de mirar al cielo.

-Pues no.

He dormido como un angelito, bueno, un poco más que un angelito,

que me he quedado pegá a las sábanas.

-Como un fantasma.

-Oye, niña, ¿qué manera es esa de sentarse una señorita?

Baja el pie de la mesa. No puedo, madre.

¿Qué te ha pasao? -Se torció el tobillo en el baile.

-Ay, Dios mío. ¿Y la vieron?

-No. Se dio todo el mundo la vuelta.

Claro que la vieron. Madre, no es nada.

-Fuiste al baile a enseñarte,

a que te vieran brillar, no a quedar como un pato.

Habrá más bailes y brillaré, no lo dude.

¿Te duele?

Apenas.

Mejor así, que no te duela.

Bueno, contadme, ¿hubo algún joven goloso?

-Hasta sobraban.

-¿Y de buena familia?

-Uy, de las mejores, señora.

-Qué alegría. ¿Algún diplomático entre ellos?

Demasiado jóvenes para la carrera, pero en ello están.

Y había alguno bien guapo.

Uy. Atenta, Arantxa, que no se le acerque ningún pelagatos.

-Y al que lo haga, le arreo así.

(RÍEN)

Descuide, que ya sé yo quién me conviene.

Así me gusta.

Voy a desayunar. No sé por qué tengo tanta hambre esta mañana.

-Por qué será. -(TARAREA)

¿Se puede? -Sí, claro,

pasa, estoy sola.

¿Son para mí?

-No veo a otra más bonita que tú.

-Gracias. Son preciosas.

-Quería agradecerte lo que hiciste ayer por mi hijo.

-Quizá debería decirte que no tenías que haberte molestado,

pero ¡me encantan!

Voy a por un jarrón.

No te vayas.

-Carmen, ¿has subido a la azotea? Don Ramón.

-Carmen no está.

-Ya lo veo.

-Venía a ver si se habían secao las sábanas que tendí ayer.

-Pues me alegro de encontrarme contigo, porque quería hablarte.

Quise hacerlo esta mañana, pero no te vi.

-Estaría achicando agua en el sótano,

que menudo chaparrón cayó ayer.

¿Qué se lo ofrece?

-Dejo la pensión, Fabiana.

Mi hijo

me ha ofrecido su casa para vivir, y me marcho.

-Bien que me duele, pero si es para estar con los suyos...

-Fabiana, tú eres de los míos.

(Pasos)

-Ya están las flores en...

Menuda tormenta anoche, ¿eh, Fabiana?

Las sábanas no se han secado. -A eso venía.

¿No tendrá usté aquí algunas de quita y pon?

-Sí. En el armario. Cójalas usted, que ya sabe dónde está.

-Agradecía. Se las devolveré planchadas.

-¿Tienes mucho que hacer? Arreglar esto, hoy me toca.

-Seré breve.

He decidido contarle a todo el mundo

lo nuestro.

-¿Ya lo has pensado?

Le he dado más vueltas que una noria, y quiero que todos lo sepan.

-Ya, Ramón, también a mí me gustaría, pero...

-Lo sé, lo sé,

no te apetece una reunión formal para contarlo,

tampoco a mí.

Por eso he decidido que va a ser por los hechos consumados.

Esta tarde

vamos a ir los dos solos a merendar al restaurante.

-Pues no hará falta más. -Esa es la intención.

Que todos nos vean y se hagan su composición.

¿Nos queremos? -Claro.

-Pues punto en boca.

-Carmen, le he cogido dos juegos. Con eso me arreglo.

Uy, por cierto, qué flores más bonitas.

Te has levantado muy pronto por lo que veo.

O tú muy tarde.

Sí, fue una larga velada.

Don Liberto tiene muy buenos contactos en el Ateneo.

Algunos de ellos interesados en invertir.

Gente acaudalada, cosa que me viene muy bien.

Estás nerviosa,

se te nota a la legua.

¿Algo que deba saber?

No, nada.

Por el amor de Dios,

¿crees que soy estúpido?

¿Qué paso aquí mientras estuve en el Ateneo?

No pasó nada, te estoy diciendo la verdad.

No sé lo que pasó y ni siquiera me importa.

Quieras o no, más pronto que tarde,

tendrás que hacer lo que convinimos.

Estás haciendo una montaña de un grano de arena.

Rosina, aprovechando que su marido estaba contigo, vino a visitarme.

Rosina no te hubiera descompuesto. No la conoces.

Su charla es tan abundante, que angustia.

No sé si volveré para el almuerzo.

Tengo cosas que hacer por la tarde. Muy bien.

Piensa en lo que te he dicho.

Tendrás que hacer lo pactado.

"Hasta el momento no lo estaba haciendo del todo mal".

Pero hay una solución sencilla.

¿A qué se refiere?

Chist.

No hable más.

-Emilio, hijo,...

¿dónde tienes la cabeza? -¿Qué?

-Estás poniendo tenedores, solo tenedores,

como si nuestros clientes no probaran la sopa.

-Perdón,... perdón.

Ayer fue un día duro y no he dormido mucho.

-Ya te lo advertí.

Organizar los bailes, atender a los clientes,

tener todo a punto es un trabajo arduo.

-Pero fue bien,... ¿no es verdad?

-Acabo de hacer las cuentas, mejor de lo que esperaba.

-Entonces dígalo, ¿ha sido buena idea?

-Ha sido una buena idea.

Camino, hija,... ya te ayudo.

A ver.

-¡Saludos! Probos colegas del gremio de la hostelería.

-Anda que no es usted zalamero.

-Da igual lo que diga: probos e innovadores.

-¿Lo dice usted por el baile?

-Menudo exitazo.

-En el tiempo que llevo en estas calles, nunca había asistido

a un acontecimiento tan multitudinario.

-Quizá un día de misa el día de la patrona, eso sí.

-Pero no tan alegre. Mis felicitaciones.

-Gracias. Espero que no alborotara mucho

la concurrencia. -Y si alborotaban,

para eso está aquí el sereno. ¿Y para cuándo el próximo sarao?

-Aún no lo hemos decidido, pero pronto, espero.

-Y tú, teniendo el jaleo en casa,

¿cómo no te animas? Ayer no te vi en la pista.

-A Camino no le gusta bailar,...

nunca le ha gustado.

-Ah, pues haces muy bien, niña, que pa gustos, los colores, oye.

(Golpean la puerta)

-Ya voy.

¡Don Alfredo! Pase, por favor.

-Gracias. -Qué sorpresa, no le esperaba.

Siéntese, siéntese, por favor. -Gracias.

-Cuénteme a qué se debe su visita.

-Solo le molestaré un momento. -Ya, ya me imagino

que está usted muy ocupado. -La verdad es que sí,...

pero he hecho un alto en mis tareas solo con la intención

de venir a darle las gracias.

Su talante y buen hacer

hicieron que en el Ateneo me recibieran con los brazos abiertos.

-Vamos, que usted no necesita de nadie para entrar

en los círculos más selectos.

-Aun así, su apoyo fue inestimable.

-Cierto que la gente ansiaba conocerle.

Quería conocer de su viva voz el estado del sector bancario.

-Sí. Eso sí.

El Banco Americano suscita curiosidad.

-Curiosidad y ansia por los negocios, ¿no le parece?

De todos es conocida la buena marcha de la entidad.

-Sí, no me puedo quejar.

El crecimiento del Americano es exponencial.

Todas nuestras inversiones han resultado rentables

por encima de la media nacional. -Indicios de una buena gestión.

-Señor Bryce, buenos días. -Buenos días.

-Lamento mucho no haberle recibido cuando ha llegado.

Estaba escribiéndole a mi hija, está en Portugal.

-Sí, ya me lo habían dicho.

-Mi orgullo de madre, que me lleva a arrepentirme.

-De la maternidad y otras cosas.

-En fin, lo lamento mucho.

Ahora que está saludado, le dejo en buena compañía.

Sigan con su charla de caballeros. -No, no, señora, faltaría más,

quédese y así animará nuestra charla.

-Si insiste.

-El señor Bryce me estaba contando que su banco va viento en popa.

-Me alegro mucho,

aunque yo solo entiendo de los bancos del parque,

un tanto incómodos, por cierto. -No sea modesta.

En el mundillo financiero

son bien conocidas sus fuentes de renta... y la habilidad

con que las gestiona. -No tiene mérito,

solo hay que apuntar lo que entra y lo que sale.

-De salir poco, Rosina.

-Pero muy divertido su comentario sobre el parque.

Ya me había adelantado Genoveva sobre su salero y desparpajo.

-Por cierto, ¿cómo está su esposa?

-Bien. Muy bien.

Aunque...

casi lo debería saber usted mejor que yo.

Mis obligaciones no me permiten estar con ella

todo lo que quisiera. -No crea,

yo hace tiempo que no la veo. -Pues pase usted por casa

cuando quiera.

De hecho,...

creí que lo hacía mientras su esposo y yo nos aburríamos

con estas charlas de caballero.

-Pues ahora que lo dice, ayer,

pensé en visitarla, pero al final no lo hice.

-Pues no deje de hacerlo. Genoveva se alegrará mucho

con su visita. -No se apure que lo haré.

-Bien,... no les molesto más.

Un gusto, señora.

-Gracias por su visita, don Alfredo.

-No hay de qué. No hace falta que me acompañe.

-Qué caballero tan caballero, qué enigmático, es encantador.

-Ya está la habitación de tu padre aviá.

Va a dormir a pierna suelta. -Tiene que estar a punto de llegar.

¿Sabes qué? -¿Qué?

-Que estoy feliz.

-Pos come perdiz. -No, te lo digo en serio.

Me hace mucha ilusión que mi padre vuelva a estar bajo el mismo techo.

Hace ya más de 10 años que no vivimos juntos.

-Y qué 10 años, cómo 10 siglos.

-Hubieran sido 10 siglos si no hubiera estado contigo.

-Ca uno es ca uno.

Pa mí han sío...

10 siglos y la propina.

Para, para.

Que no, que no. ¡Para!

Va, Antoñito, para. Que me haces...

¡Para! ¡Antoñito, para!

¡Para! Para.

-Ya. -Para.

-Vale. Un beso.

-Tu padre es un buen hombre.

-Sí, sí lo es, sí.

No sabes lo que lamento haber estado enfadado con él tanto tiempo.

Prácticamente, llegué a repudiarlo.

-Es que no siempre entiendes las cosas a la primera.

-Ya.

-Que es una broma, zagal.

-La verdad es que aunque tú siempre me dabas brillo,

pero... estabas de su parte.

-En lo más dentro... pos sí.

-¿Y qué... qué opinas de Carmen?

-¿Qué voy a opinar?

Pues... nos ha librao de separarnos, ti de la guerra y de la carnicería.

-Sí, pero digo respecto a mi padre.

-Pues a mí me parece bien. ¿Y a ti?

-Ella es... desprendida,...

generosa. -Y lista.

-Y guapa. -Uy. Eso no lo digas tú.

-Creo que les voy a apoyar en su noviazgo.

Mi padre se merece volver a ser feliz.

-Se lo merecen los dos. -Sí. Los dos.

-Ay. -Tengo una idea.

-Qué susto.

-Yo creo que debemos celebrar su noviazgo.

Eso y que al final todo ha salido bien.

-¿Por qué no vamos al restaurante ese que tanto le gusta a tu padre?

-Déjale, estará más a gusto con Carmen.

-(RÍE) Digo tú y yo.

Y el restaurante... poca cosa, ¿no?

-Bueno...

-¿Te apetece... salir unos días de la ciudad?

-Toma, pos claro, a nadie le amarga un dulce.

-Puede ser como una segunda luna de miel, ¿no?

-Me parece perfecto.

-Pues voy a prepararlo todo.

-No pierdas tiempo en buscar un buen carruaje.

Yo contigo me iría hasta en parihuela.

(Llaman a la puerta)

Ese debe ser tu padre.

Bienvenido, suegro.

-Hija. -Traiga.

Uh, ¿qué lleva aquí?

-Espero no estorbar. -¿Estorbar?

¿Estorbar usted? Anda, venga a mis brazos.

Pase, que le está esperando su hijo.

-Padre,... bienvenido a casa.

-Hijo.

A ver qué les parece el té que les acabo de preparar.

Un té sobresaliente,... exquisito.

Es un gran honor viniendo de una conocedora como usted.

Yo también entiendo mucho de tés. De Ceylán, ¿verdad?

Más allá, del Japón.

Se lo traen a mi marido unos clientes.

Si habéis acabado ya con la clase de geografía,

¿podemos pasar a lo que nos ha traído aquí?

-Hija, cómo te pones cuando hay caridades que hacer.

-A quien madruga, Dios le ayuda. Hable usted, doña Susana,

¿de qué se trata? Ha llegado hasta nuestros oídos

una desgracia ante la que no podemos permanecer indiferentes.

-Al grano, Susana, la que tenía prisa.

-La tormenta de anoche consiguió derrumbar una techumbre

de un asilo de ancianos. -Total,

que se han quedado en la calle. -Y empapaditos, los pobres.

Queríamos contar con usted, doña Genoveva,

para organizar un mercadillo solidario y obtener fondos.

Díganme qué puedo hacer y cuenten con ello.

Sus preocupaciones son también las mías.

Tendríamos que darnos mucha prisa, hemos echado cuentas

y la urgencia nos obliga a disponer de esos fondos en un par de días,

tres como mucho.

¿Y dónde tienen pensado montar el mercado?

-Ahí está el meollo del asunto.

Instalar el mercado en la rúa requiere de permisos,

que no estamos seguras de conseguir en tan corto plazo.

-Un fastidio. La burocracia, ya sabe.

-Por eso, se me había ocurrido

que lo organizáramos todo en el restaurante.

-¿En qué restaurante? ¿En el mío?

-No, en el nuestro. Pues claro que en el suyo,

ni que nosotras fuéramos del gremio.

-Felicia, no puede negarse usted, piense en los pobres ancianitos.

-No, no es por negarme.

Lo que pasa es que en el restaurante tenemos ahora lo de los bailes y...

-¿Va a comparar usted unos bailes, que pueden ser hasta pecaminosos,

con unos ancianitos empapados?

-No tiene ni punto de comparación,

Susana, porque ahí acudirán pobrecitos, no digo yo que no,

pero mucho más aburridos. -¿Serás inmoral?

No discutan, señoras, que no hay caso.

Se me ha ocurrido que podríamos organizar el mercadillo aquí,

en mi casa. -¿Está usted segura?

No será tan engorroso.

Como ven, el principal es suficientemente grande

para albergar a los compradores.

Echamos a un lado los muebles, alzamos tenderetes y listo.

¿Qué me dicen? -A mí me parece de perlas.

-¿No le da aprensión abrir las puertas de su casa así, sin más?

-Qué manía con poner pegas, Rosina. No,

no me importa, de verdad, no tengo nada que esconder.

Guarde lo de valor. Lo haré.

-Seguro que su marido estará conforme.

Mi marido estará de acuerdo con todo lo que me haga feliz.

-No hay nada más que hablar.

Susana, no me voy a arrepentir. -Muchas gracias, Genoveva.

-Yo también se las doy, pero Susana y yo marchamos,

que nos espera mi Liberto. -Sí.

-Y ya le avisaremos para terminar de organizarlo todo.

Y muy rico el té de Ceylán. De Japón.

¿Qué más da? Lo mismo de lejos está.

-Yo también me voy.

Las espero. -Con Dios.

Con Dios. -Con Dios.

-¿Un porrazo? -Sí. Todavía me arde,

y me palpita como un pollo muerto de frío.

-Déjame que te vea.

-Uy, uy, uy. Pero qué salvaje es este hombre.

Amos, con huevos más pequeños he hecho yo tortillas.

-Y yo.

Me ha quitao la tontá de meterme con la iglesia.

Caro me podía haber costao. -La excomunión como poco.

-Anatema me llamó el cura. -¿Ana qué?

-No lo sé.

-Amos, que te ha breao a penitencias.

-Uy, sí, 200 Avemarías, uno por cada perra que tenía el cepillo.

-Bueno, puedes abreviarlos.

Haz como hago yo.

"Ave María purísima, sin pecado concebida".

-Todo lo contrario, más me hubiera merecido.

Estoy pensando en ir a una ermita en romería que hay en mi pueblo.

-¿Cuesta arriba? -Sí, y con Jacinto.

-No creo que mi primo te vaya a acompañar.

-Pos que no se hubiese casao. Iremos los dos, y descalzos.

-Pero no lo digo solo porque no quiera,

sino porque con todo y con haber sío pastor,

mi primo tiene los pinreles delicaos.

-Pos que no se hubiera...

(ESTORNUDA)

(ESTORNUDA)

-Menudo catarro.

-No es un catarro, prima.

Es el demonio, que no puede esperar más y ha comenzao

a hacerme la vida imposible. -¿El demonio?

Poco me parece a mí un estornudo pa el demonio.

-Pero si además me pica la nariz que es un disparate.

-¿Y eso por qué será? -No lo sé, es como si fuera un olor

que no termina de entrar.

Voy a ver.

(OLISQUEA)

(ESTORNUDA)

(ESTORNUDA)

(ESTORNUDA)

-Prima, que ya está, que son las flores.

-Eso parece.

Maldita sea, lo que me faltaba.

-Bueno, no te soliviantes, que na más es alergia.

-Pero nunca me había pasao, que en mi pueblo, en primavera,

las flores son como una alfombra, y yo rodaba por ella.

-Alergia sobrevenía.

-El porrazo. Ha tenido que ser el mamporro.

Cuando vea al Servando

se va a enterar.

(ESTORNUDA)

-Deja de estornudar, muchacha, que los cimientos se quejan.

-Pos se aguanta, que me lo ha provocao usted.

-¿Yo? -El porrazo.

-Terapéutico. -Me ha despertao la alergia.

-Pero ¿qué majaderías son esas de que un porrazo despierta alergias?

-El majadero es usted, que...

-Quieta.

-Ave María Purísima.

-¿Qué?

-El asesino, que se ha echado novia.

-Preferiría que no le llamara usted así, tía.

-¿Y lo de la novia? -Está en su derecho.

-Pero no en edad y además es viudo.

-Señoras.

Liberto.

-Pero...

es que...

no me lo puedo creer. Qué sinvergüencería.

-Inaudito.

¿Has visto qué altiva? -Rosina.

-Como si nada.

A la vista de todo el mundo. -Me pinchan y no sangro.

-Rosina, por favor.

-¿Qué va a ser, don Ramón? -¿Qué te apetece, Carmen?

-Un chocolate, por favor. -Dos. Con churros.

-Es que no doy crédito. -Ni yo.

-Pero en ti es normal. -Ya está bien.

-De bien nada,

¿me lo barruntaba yo o no me lo barruntaba?

Al Palacios siempre le han gustado las de baja clase,

a lo mejor es uno de esos señoritos que va a las verbenas

a buscar modistillas. -Y eso que a Carmen

la ha encontrado en el barrio.

-De verdad, sois imposibles, voy a saludar.

-¡Liberto!

Nunca me hace caso.

-Él es un viejo verde, lo que no entiendo es cómo su hijo

y nuera lo permiten. A la vista está que la chacha

busca los cuartos de los Palacios. -Que tonta no es.

-Madre mía.

Mírala.

-Quería saludarles y desearles que pasen una bonita tarde.

-Muchas gracias, Liberto, lo intentaremos.

-Don Ramón, Carmen.

-Gracias.

Están hablando de nosotros. -No les prestes atención.

-Nos lo harán pagar, Ramón. -Que lo intenten.

Olvídate, quiero hablarte.

Jamás pensé

que volvería a salir con una mujer del brazo

por estas calles.

-¿Te arrepientes? -Ni una miaja, como diría Lolita.

Carmen,...

yo nunca voy a olvidar a Trini.

-Ni yo te lo pediría.

-Pero... con todos mis recuerdos,

quiero que sepas,... quiero decirte que...

contigo a mi lado,

dispuesta a aguantarme, soy el hombre más feliz del mundo.

-Ay, le ha cautivado, le ha cegado. La mosquita muerta, mírala.

Mírala. Ahí está.

-Aquí tiene,... su chocolate.

-Gracias.

-Enseguida les sirven los churros.

-¿Desde cuándo sirve? -Lo hace por ti.

Pero déjelo, de verdad, no hace falta que se tizne las manos.

-Oye, ¿te digo yo lo que tienes tú que hacer?

-Cada día.

(Se abre una puerta)

-Pues tú a mí no.

(HABLA EN EUSKERA) -¿A que te doy con el haba?

-(RÍE)

-Ahí están las dos, mano a mano con las habas.

Habas verdes, como los campos verdes.

Y al verde, verde...

Y al verde, como los campos verdes. -(RÍEN)

-Es tu cena: tortilla de habas. -Ay, lo que más me complace.

-Por eso me he empeñado en abrirlas con mis manos.

-Ya sabía yo que no era solo por ayudar.

-Arantxa, sírveme un jerez, y unos daditos de queso,

que de pensar en la tortilla, se me está haciendo la boca agua,

y así no llego a la cena.

Bueno, y otro vasito pa mi pimpollo.

Que se endulce la boca, esa boca. -¿También celebramos hoy?

-Hoy y siempre, reina turca, pero hoy más.

-A ver, suéltalo ya, sultán.

-Vengo de hablar largamente con Osvaldo.

-¿Buenas nuevas? -Eso espero.

-Ay, José, qué retardón.

-En mi pueblo ya se lo habrían sacao, aunque fuese con la cesta.

-Osvaldo estaba haciendo unas gestiones.

-Dime, ¿qué gestiones?

-Señora, o se lo saca usted o hago yo que lo escupa.

-Haya armonía, que ya va.

Dice Osvaldo que en Argentina están deseando verte.

-Argentina, también yo la echo mucho de menos.

-No, actuar. Quieren verte en los teatros,

se pirran por una gira. -¿Una gira?

-Una gira,

por toda la Argentina, lucero mío.

¿Qué, vamos?

-No te digo que no me halague, pero...

-Te estoy diciendo la verdad.

-A ver, señora, ¿usted no pensaba volver a los escenarios aquí?

Pues allí lo mismo. -No es lo mismo,

que aquello está muy lejos. -Hombre, gracias por decírmelo,

como no he ido y he vuelto yo de la Argentina.

-Di que sí, niña.

Di que sí y nos embarcamos.

(Se abre una puerta)

Alfredo. ¿Tienes un momento?

Claro.

¿Por qué no?

Han estado aquí las señoras del barrio,

quieren organizar un mercadillo benéfico.

Una ocupación muy femenina.

Parece que últimamente recibes muchas visitas.

Eso es porque nos están incluyendo en sus círculos.

No sé qué te parecerá, pero para ganármelas con mayor garantía,

les he ofrecido organizarlo aquí, en casa.

¿Qué? ¿Qué te parece?

Hay que reconocer que tienes sangre fría.

No sé a qué viene eso.

Me has mentido.

¿De qué hablas, Alfredo?

Te lo he dicho antes. No soy idiota.

Rosina no vino a verte.

No tolero las mentiras.

Sé que nuestro matrimonio...

no es un matrimonio al uso,

nuestro "sí quiero"

no significó mucho,...

pero hicimos un pacto,...

¿verdad? (ASIENTE)

Y para mí...

ese pacto es más,...

mucho más... que unas palabras ante el altar.

Lo siento.

¿Qué hiciste anoche? ¿Qué sucedió?

No hace falta que contestes.

Estuvo aquí Marlene, ¿verdad?

Que soy tu esposo de cara a todo el mundo

y me debes respeto.

No lo olvido.

Ten presente...

nuestra verdadera relación.

Soy tu dueño,...

y tu vida me pertenece.

-Una gira por Argentina.

¡Pero eso es maravilloso!

Madre, cómo me alegro. ¿Cuándo nos vamos?

No, de eso nada.

Nos vamos tu padre y yo, tú te quedas con Arantxa

dando clases de cultura, que no hay tiempo que perder.

-Me va a resultar raro darle órdenes sabiendo que ya no es criada.

-No,

usted deme todas las órdenes que quiera,

que yo las seguiré cumpliendo con el mismo empeño que siempre.

¿Y usted, doña Felicia, qué va a donar?

El ágape para las señoras que acudan a la subasta,

y además un juego de té que perteneció a la duquesa de York.

-Quién la ha visto y quién la ve.

A los palacios subí

y a las cabañas bajé.

-No creo que pueda volver a enamorarme,

por eso observo con tanta curiosidad su historia.

-¿Acaso va a decirme que no ha encontrado a ninguna mujer

que le haya parecido bella?

-"Don Felipe"

ha pasao unos años muy malos, descentrao,

pero lo importante es que ahora es el caballero que fue siempre.

Un hombre interesante.

Algunas se creen que se llega al señorío por la cama

y no es así, por la cuna sí,

pero por la cama no. -Cuidado que la tiene usted detrás.

Quiero que todos nos vean y que sepan que estamos enamorados.

¿Usted no?

No.

Pero ¿por qué?

-Le noto incómodo conmigo.

-No, que no,...

no quiero que vuelva a trabajar en la pensión, vamos,

que está despedida.

-¿Qué?

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Acacias 38 - Capítulo 1011

14 may 2019

Antoñito consigue librarse del servicio militar gracias la actuación de Carmen, que hace creer al inspector militar que Ramón tiene pérdidas de memoria. Ramón se instala en la casa de Antoñito y Lolita y decide hacer pública su relación con Carmen, saliendo a pasear juntos por el barrio.
Marcelina consigue despertarse tras el porrazo recibido por Servando, ha recobrado la cordura, pero ahora su problema es peor: ¡Es alérgica a las flores!
Cinta y Emilio casi son descubiertos por Arantxa. La pareja hace todo lo posible por volver a verse. Jose recibe un telegrama de Argentina con una importante propuesta ¿volverá Bellita a los escenarios?
Alfredo sospecha que Genoveva y Marlén se han visto a escondidas. Pese a las excusas de Genoveva, Alfredo estalla.

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  1. Elsa

    Como podemos ver los capitulos completos aca en Estados Unidos?

    pasado jueves
  2. Mabi

    María, me has hecho reír de buena gana!!!! Por supuesto es una novela y mis comentarios siempre son sobre la trama del día!!! Por ahora distingo ficción de realidad!!!! Jajaja Saludos cordiales!!!!!

    pasado jueves
  3. María

    No te lo tomes tan en serio Mabi, solo es una novela.

    pasado jueves
  4. Mabi

    Sumo a mi lista de INSOPORTABLES a Felicia!!!! A que tanta Carita de por qué tengo que servirle el chocolate a una criada por más que venga con un señor? Por un solo motivo... Husmear en la vida ajena!!!! era digno de ver lo que pasaba en la mesa de las " cotillas " mientras le traían el chocolate a Don Ramón!!! Esas tres no le llegan ni a la suela del zapato a Carmen, que es una verdadera señora. Punto y aparte. Me desilusionaria mucho que no estuvieran más los personajes de Bellita y Jose... Espero que la gira por Argentina no dure mucho, aunque quede Arantxa que es buen humor, seguro, ya me " barrunto " que la historia de Cinta y Emilio viene de dramon... Esa familia esconde algo gordo y afectará la relación de los jóvenes. Y Antoñito y Lolita van a perder mucha intimidad con Don Ramón en la casa... Después de 10 años solos y " jugando " a sus anchas, como hicieron hoy, vamos a ver como se arreglan!!!!

    pasado jueves