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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1010 - ver ahora
Transcripción completa

¿Te has arreglado con tu padre?

-Qué va.

-Pues es lo primero que tendrías que hacer.

-No sé, es que me cuesta mucho entenderle ahora.

-Bueno, pues tienes que hacerlo.

Es tu padre.

Un baile en el restaurante.

Me dejarán asistir, ¿no?

No vas a salir de casa.

Conocí a Alfredo en mi época como corista.

Él siempre había estado enamorado de mí.

Cuando Samuel murió...

No tiene que contármelo, de verdad.

Cuando Samuel murió, me acordé de él.

Me he llevado el dinero del cepillo.

-Que eso es robar.

-Robar a los ricos para dárselo a los pobres.

Si algún día quiere hablar o desahogarse,

en mí tiene una amiga.

Gracias, Lolita, se lo agradezco.

-"Han dicho que van a ir? -¿Todos, doña Cinta también?

-No, la madre no le deja salir de casa.

Doña Susana iba a interceder por doña Úrsula

para trabajar en El Nuevo Siglo XX.

-Dijo que sí, pero no sé qué habrá pasado.

A las sesiones asistirán los jóvenes más formales.

Si quiere casarla bien,

es el lugar adecuado para que encuentre pretendiente.

-Bueno, no lo había pensado de esa manera.

¡Dios es una invención de todos esos sinvergüenzas!

¡Aaaah!

¡Hay que quemar las iglesias!

Su esposo es un hombre de posibles.

Es socio fundador del Banco Americano.

-¿Y dónde se conocieron? En Toulouse, en una fiesta.

Asistirás al baile.

Nunca dejaría que te pasara nada.

"Ruego se ponga en contacto conmigo. Stop".

"Asunto de dinero sin resolver".

"Osvaldo. Buenos Aires".

He ido a ver al inspector. -¿Para qué?

-Para ofrecerle dinero a cambio

de que me libere del servicio militar.

-¿Has chantajeado al inspector?

Lo único que han de hacer es disfrutar y divertirse.

Que comience el baile.

Ya está aquí.

Ahora debes cumplir con tu parte del pacto.

¿Quién lo ha traído?

Lo ha subido el portero hace un rato.

Son un par de fotografías.

Sin duda, sabe jugar fuerte.

No es el momento de perder los nervios,

sino de actuar de una vez por todas.

Nos necesitamos el uno al otro.

Por eso nos unimos, para protegernos.

Ya sabes lo que tienes que hacer. Cumple tu parte del pacto.

Alfredo, sé bien lo que acordamos.

Genoveva, tenemos un acuerdo.

No hay nada más que hablar de este asunto.

Cumpliré con lo acordado. No te fallaré.

Bien.

Eso es lo único que quería escucharte.

¡Me cago en el copete!

¡Huy!

-Templa, no creo que la lombarda tenga culpa de nada.

-No te he escuchado entrar.

-Ya, porque estabas entretenida golpeando verduras.

(RESOPLA)

-Estaba esperándote en casa.

-¡Pues ya podías esperar sentado!

-Veo que sigues enfadada.

-Enfadada, no, Antoñito.

¡Estoy furiosa!

¿Cómo se te ocurre intentar sobornar al inspector militar?

-He intentado hacer lo mejor para mi familia.

-Lo mejor para tu familia es pasarte la tira de años preso.

-No, eso no va a pasar.

-Aún puede ser peor. Te pueden mandar al paredón.

Antoñito, que los militares son muy suyos para estas cosas.

-Lolita, cálmate y no seas ceniza.

Escúchame.

El inspector ha aceptado mi propuesta.

-No puede ser verdad.

-Sí, no te miento.

Va a concederme la excedencia. He quedado mañana con él.

Sé que no es lo más correcto.

Pero no puedo estar tres años separado de ti.

Ni mis principios ni mi amor me lo permiten.

-Amor mío.

¿Estás seguro de que no se va a echar para atrás?

-No parecía tener ninguna duda.

El parné ha pesado más que sus obligaciones.

-Esperemos que tengas razón y que todo esto salga bien.

-Ya verás como dentro de nada esta pesadilla se va a acabar

y vamos a poder seguir con nuestras vidas.

Y, quién sabe, a lo mejor somos bendecidos con un hijo.

Yo lo único que quiero en esta vida es tu felicidad.

No tengas tanta urgencia en recoger.

Aún no he terminado de desayunar.

Quiero otra magdalena. -¡No te ondula!

Y un tío que tenga millones y me deje de heredera.

Pero yo no tengo el tío y usted no se va a comer la magdalena.

-En mala hora te pedí

que me ayudaras a guardar la línea.

-Si se ha quedado con hambre, una zanahoria.

-¡Una zanahoria! ¿Me toma por un caballo?

(RÍE)

¿Qué tal la merienda de ayer, lo pasó bien?

-Fetén, la velada resultó ser de lo más agradable.

Doña Genoveva me dio mejor impresión que la que tenía.

Ha mejorado con el nuevo matrimonio.

-Es que casarse con un banquero viste mucho.

Sobre todo, con un banquero así de elegante.

-Ha sabido elegir muy bien para su futuro.

Aunque estar casada con un banquero tiene que ser muy aburrido.

(RÍEN)

-No me diga más, usted prefiere al señor mil veces.

-¡Dónde va a parar!

Aunque no posea un banco y toque la guitarra regulín,

a guapo y resultón no hay quien le gane.

-Diga usted que sí, señora. -Cuéntame tú.

¿Qué tal el baile al que te envié, el del restaurante?

-A mí me pareció de lo más decente.

Sus temores eran infundados.

Solo acudieron los jóvenes de las mejores familias.

Puede estar tranquila. -Ya me gustaría a mí.

Con la familia que Dios me ha dado, eso no es posible.

Cuando no me desvelan las ocurrencias de Cinta,

me desvelo por mi José.

-Pero ¿cómo, al señor le pasa algo o qué?

-Ya me gustaría a mí saber. Lo noto extraño, preocupado.

A saber por qué.

-Pues ahí lo tiene usted.

A ver si puede enterarse de una santa vez.

-Veo que por fin regresas de comprar el diario.

-Arantxa, déjanos solos un suspiro.

Hay algo que quiero hablar con mi señora.

-Sí, señor.

-Ay, José, que me estás asustando.

¿Qué es eso de tanta enjundia que me quieres decir?

-He hablado con Osvaldo, allá, en Argentina.

-Razones tenía para preocuparme.

¿No me digas que tenemos más problemas?

Nos ha mirado un tuerto. -Para, que no es eso.

No ha pasado nada malo.

-¿Entonces, ha sido algo regular?

-¿Quieres dejarme que termine?

(CARRASPEA)

Resulta que Osvaldo tuvo la prudencia

de hacer un seguro a nuestro nombre

cuando se quedó a cargo del teatro. -¿Hemos cobrado algo?

-No tanto como quisiera, pero menos da una piedra.

Nos dará un respiro.

-¡Ay, gracias a Dios!

Y a mi Virgencita, que no te olvido.

Que faltita nos hacía.

-¿Y sabes lo primero que he hecho?

-¿El qué? -Ir a comprarte este detallito.

Hace mucho que no te regalo nada. -¡Ay!

¡Ay, qué bonito! -¡Ay!

-¡Tonto, no me hagas eso!

Tengo el mejor marido de España y de todo el mundo.

A ver.

Pónmela. -Espera, que te ayudo.

-¡Qué bonita!

-Nada que tú no merezcas.

Porque eres mi faro.

Y mi luz.

-Ay, José, qué labia te ha dado Dios.

-Ahí está. -¡Ole!

(SUSPIRA)

-Y quiero que estrenes esta pulsera esta noche.

Nos vamos a ir los dos solos a un restaurante de postín.

Como dos enamorados. -¡Ay!

Di que sí, que tenemos mucho que celebrar.

Antes, vamos a la iglesia

a agradecerle al de arriba que no nos deje desamparados.

-Eso, que Dios aprieta, pero no ahoga.

En verdad estoy preocupado por la Marcelina.

-Así es el matrimonio, Jacinto, un sinvivir.

Estaríamos mucho mejor solteros.

Sería el fin de la raza humana,

pero la extinción sería la mar de tranquila.

¿Has devuelto el cepillo al señor cura?

-Casi se me cae la cara de vergüenza.

Menos mal que nos perdonó. -Para eso es religioso.

-Pero ahí no acabaron mis desvelos. Tuve que meterla a rastras.

Se puso a dar un discurso a voz en grito en la calle.

Pavor daba oírla.

Poro faltó para que Dios nos fulminara con un rayo.

-No temas la ira del de arriba.

Teme la ira de los hombres.

Por menos, llaman a los guardias y te acusan de escándalo público.

-Esto acabará mal.

-Lo malo de todo es que no encuentro remedio para esto.

Nunca había visto cosa igual.

-Ahora que lo dice, yo sí.

En una ocasión la Juliana se despeñó por un barranco.

-¿Y qué hacía ahí la mujer? -Era una oveja.

Perdió el conocimiento y se quedó sin sentido.

-La Marcelina no es una oveja.

Para empezar, no da lana.

-No es que la Juliana se volviera anticlerical,

que no tenía raciocinio para ello, pero se comportaba de forma rara.

Caminaba sin sentido, balaba sin ton ni son.

-¿Y la recuperaste o fue al caldero?

-No, yo sería incapaz. Loca o no, era buena oveja.

Una tarde unos pillastres asustaron a mi oveja

tirándole piedras y le asestó una en la testa.

Recuperó la cordura de golpe.

-Calla, Jacinto, que lo mismo has dado con el remedio

de los males de tu esposa.

Vamos a ver, si está así por un golpe,

quizá otro golpe sea la solución.

-¿Le digo a los niños que la apedreen cuando la vean?

-¡No, por Dios!

No, le arreas tú mismo el golpe.

Así todo queda en casa.

-Yo soy incapaz de asestarle un golpe a mi parienta.

-¿Jacinto?

-Por ahí te llaman.

-Jacinto, tenemos que hablar de Marcelina.

-Ah.

-El vociferio de ayer resultó ser un escándalo.

Varios vecinos me lo han comentado horrorizados.

No podemos permitir tal comportamiento.

O metes en vereda a tu esposa

o exigiré a los vecinos que te despidan como portero.

-Arrea, ¿es necesario ser tan tremendo?

-Calla, que no he acabado. -Esperaba que sí.

-Voy a solicitar que se le quite el quiosco a Marcelina.

No podemos consentir que una impía

trate de corrompernos con sus blasfemas ideas.

-No se preocupe, encontraré una forma de arreglarlo.

Ya lo verá. -Eso espero, por tu bien.

Si no, pronto tendrás noticias mías.

Visto lo visto, vamos a tener que probar lo del testarazo.

-Sabia decisión.

-Yo la amo demasiado.

No me veo capaz de hacerlo.

-No te preocupes, Jacinto.

Yo me sacrificaré por ti.

Tengo un guardia conocido y le voy a pedir la porra.

-Todo sea por recuperar a mi Marcelina.

¡Gracias!

Buenos días.

¿A estas horas se despierta, doña Úrsula?

Qué afortunada, no tener que madrugar

para cumplir con sus obligaciones.

Calla, Casilda.

Estar de brazos cruzados me desbarata.

Pues por eso no se preocupe.

Si quiere, le cambio el puesto.

Se va a atender a mi señora

y yo me quedo tirada a la bartola.

No lo digas dos veces, no sea que lo acepte.

Ojalá fuera posible.

Eso digo yo, una auténtica pena.

¿Te ayudo a doblar la ropa?

Pues sí, así termino antes.

¿Tuviste mucho trabajo ayer en la merienda?

Sí, la verdad es que sí, bastante faena.

Las señoras parecían no tener prisa por marcharse.

A poco se convierte la merienda en un desayuno.

Eso es que se lo pasarían bien.

Estuvieron la mar de entretenidas con doña Genoveva.

Fue la verdadera protagonista de la merienda.

¿Ah, sí?

Lo que oye.

Las dejó completamente conquistadas

con esa manera de defender su matrimonio con el banquero.

Yo le digo una cosa.

Es una señora, sí.

Pero no es normal lo pronto que se ha juntado con otro hombre.

Si eso hubiera ocurrido en mi pueblo,

dos años de luto habría estado.

Ya ves que las costumbres de los señores son otras.

-Úrsula, venía en su busca.

Hay algo que debo decirle.

-Y por la cara que trae, será algo muy bueno.

-No te equivocas.

Doña Susana ha convencido a doña Felicia

para que acceda a entrevistarla. ¡Ah!

Se lo agradezco, Agustina.

Nunca olvidaré todo lo que está haciendo por mí.

-¿Y para qué quiere contratarla? -A saber, Casilda.

Con las buenas maneras de doña Úrsula,

quizá sea para que esté recibiendo a los clientes.

Sea lo que sea, será bienvenido.

Voy a arreglarme para acudir al restaurante.

Que doña Felicia me vea con mi mejor presencia.

Gracias, gracias.

Gracias.

Señora Agustina.

Si le dan la colocación a Úrsula,

¿usted cree que se irá del altillo?

-No lo sé. ¿Por qué lo dices?

-Yo le tengo que reconocer que esta mujer me pone nerviosa.

Que no sé por qué, pero me pone nerviosa.

Así es. -¡Qué tontuna!

No hay motivo para ello.

Les echamos de menos a usted y a su marido en el baile.

-¡Ay!

Nos apenó no asistir, Emilio, pero nos resultó imposible.

-No se preocupe, hoy tienen una nueva oportunidad.

Permítame que vuelva a invitarles. Lo pasarán bien.

-No lo dudo, pero no sé si podremos.

Somos esclavos de la mantequería.

-Prométame tan solo que tratarán de hacerse un hueco.

No la molesto más.

Me marcho al restaurante. Con Dios.

-A más ver.

Suegro, suegro, aguarde.

-Dime, Lolita, ¿querías algo?

-"Pa" chasco que sí. Lo primero que lamento

que Antoñito y usted estén a la greña.

Intenté hacerle recapacitar, pero es más terco que una mula.

-Sí, ha salido a mí.

-Pero es más bueno que el arroz con leche.

Solo que esto de irse a África le tiene el seso sorbido.

No puede pensar bien. -¿Habéis pensado qué vais a hacer?

Lolita, hija, Dios no lo quiera.

Pero si al final mi hijo tiene que irse a filas,

voy a hacer lo que esté en mi mano para ayudarte.

No te vas a quedar sola.

-Tan bueno y caballeroso como siempre.

Bueno, pues sepa que hay algo que me tiene el alma en vilo.

No sé si debería contarle lo que Antoñito planea.

-Lolita, no voy a poder ayudarte si no lo haces.

-Ayer me confesó que ha intentado sobornar al inspector militar.

-Pero ¿cómo se le ha ocurrido hacer semejante disparate?

Hay que impedírselo de inmediato.

-Ya es tarde, ya le ha ofrecido el parné.

-Se va a causar la ruina, no puede salir bien.

-Al parecer, el inspector acepta el soborno.

-Aun así, seguro que lo acaban descubriendo.

Tengo que hablar con él.

-Tendrá que esperar, ha ido a hacer unas gestiones.

Entre otras, sacar el parné del banco para el soborno.

No sé si lo veremos antes de que sea tarde.

-¿Sabes dónde han quedado para ofrecerle el dinero?

-En la mantequería. Querían hacerlo discretamente.

¿Da usted su permiso?

-Adelante, Agustina.

-Le he traído un tentempié para que recobre fuerzas.

Como se ha despertado tan temprano

y ha estado trabajando toda la mañana...

-Gracias, Agustina, estás en todo.

¿Deseas algo más?

-Disculpe mi atrevimiento.

Pero sepa que me alegra mucho verlo así.

Con la cabeza metida en sus papeles.

Como antes.

-Como antes, no.

Mi carrera no es tan boyante como era.

Pero poco a poco, iré recuperando terreno.

-Lo logrará, estoy segura.

-He conseguido recordar cuánto adoraba mi profesión.

Cada día tengo más ganas de trabajar en casos nuevos.

-Diga usted que sí.

Todo irá fetén, lo sé.

Últimamente, hasta la casa tiene más luz.

-Sin embargo, la que me preocupa ahora eres tú.

-¿Yo?

¿Por qué, señor?

-Te veo más cansada de lo habitual.

¿Te encuentras bien?

Sé que cumples con tus labores con mucho celo.

Pero no quiero que hagas esfuerzos innecesarios.

-Pierda cuidado, señor.

Es cierto que no me encuentro muy cristiana.

Pero son cosas de la edad.

No hay por qué preocuparse.

-Puedo llamar a mi médico.

-No es menester.

Con algunas infusiones de hierbas

y algún que otro remedio casero, volveré a ser la de antes.

-Como quieras.

Pero si no te recuperas, avísame y llamo al médico.

-Señor.

¿Podría darme permiso para salir a la calle?

Tengo ciertas cuitas que resolver.

-No te preocupes.

Ve tranquila.

(Puerta)

Abre la puerta y márchate.

-Sí, señor.

Tiene visita.

-Liberto.

Qué agradable sorpresa. ¿Qué le trae por mi casa?

-Solo quería saber si había averiguado algo sobre Genoveva.

Me dejó preocupado.

-Yo también estaba preocupado

por si ese tan Cristóbal rondaba nuestras calles.

He pedido información a la Policía.

-¿Qué le han respondido? -Que podemos estar tranquilos.

Les ha llegado un informe de Galicia. Lo sitúan allí.

Ha hecho contrabando, pero aún no lo han detenido.

-Me alivia saberlo lejos. -Y a mí.

Es posible que diera por pagada su deuda con la muerte de Samuel.

-Supongo que ya no tenemos que preocuparnos por Genoveva.

Permítame que le agradezca la oportunidad que me da.

Le corresponderé siéndole sincera desde el primer momento.

Soy consciente de la mala reputación que le precede.

También sé que algunos la evitan por eso.

Y quiero que sepa que si he accedido a verla,

ha sido porque algunas vecinas a las que tengo en gran estima

han insistido.

Soy consciente del rechazo que mi persona inspira.

Y no sin motivo.

Pero déjeme que le diga una cosa.

Me juzgan por la mujer que fui, no por la que ahora soy.

La vida, doña Felicia,

me ha dado muchas vueltas y créame,

he aprendido la lección.

No puedo negarle que desde que la conozco

la he visto cuidar de Lucía y de Mateo

con cariño y dedicación.

Así es.

Los quise...

Los quiero como si fueran parte de mi familia.

Eso no se corresponde con lo que dicen de usted.

Pero debe entender que regento un negocio de cara al público.

Y dependo de la opinión de mis clientes.

Lo comprendo perfectamente.

Si puede darme esa oportunidad,

se lo agradeceré de corazón.

Pero si no fuera posible,

no se preocupe, me marcharé sin reproche alguno.

Está bien, no se hable más.

No sería justo que le negara esa oportunidad.

Gracias.

Muchísimas gracias.

Le aseguro que no se arrepentirá.

Así lo espero.

Dígame cómo debo tratar a los clientes.

No, no será necesario.

Su faena estará en la cocina.

Lavando los platos.

¿Tiene algún inconveniente?

No.

No, no.

En absoluto.

Discúlpeme, voy a avisar a Aurelio para que le ponga al día.

Gracias.

Estaba esperando fuera.

¿Cómo ha ido, ha logrado la colocación?

Sí, Agustina.

En las cocinas.

Fregando platos.

Bueno, mejor eso que nada.

Ya lo dijo usted misma.

Lo principal era volver a tener trabajo.

Toma nota, Cinta, apunta.

Los principales bailes populares vascos

son el aurresku,

la mutil dantza, del Baztán,

la mascarada suletina,

la espatadantza. Tata.

¿Crees que estos conocimientos son imprescindibles?

¡Huy, mira esta, nunca se sabe!

¿Y si un día te sonríe la fortuna

y consigues casarte con un chico vasco?

Que lo conquiste por mi habilidad de bailarle la rosca.

La rosca te voy a hacer yo a ti.

Aurresku, un respeto, por favor. Hablando de bailes.

¿Cómo fue el del Nuevo Siglo XX?

Ah, pues muy normal. Como cualquier otro baile.

¿Como cualquier otro baile, eso es todo?

¿Qué más quieres que te cuente?

Pues todo, sin dejar detalle.

-Arantxa, no es preciso que hoy prepares cena.

Voy con José a un restaurante.

¡Huy! ¿Y qué celebran, madre?

Nos ha entrado un parné de un seguro en Argentina.

-Menos mal, que no todo iban a ser desgracias.

Madre.

Ya que me dejan sola,

¿me da permiso para ir al baile del Nuevo Siglo XX?

Lo lamento, Cinta, tienes mucho que estudiar.

¡Llevo todo el día, un par de horas más y salgo hablando vasco!

Va a ser solo un ratito.

¡Ay, niña!

No me mires con esa cara de cordero degollado.

Venga, tienes mi permiso.

¡Ay, gracias!

Espera, espera, espera.

Aguarda a escuchar mis condiciones.

Yo iré a ver el ambiente.

Y si lo considero apropiado,

Arantxa se quedará vigilando.

Si es solo un baile, no preciso de carabina.

Es eso o quedarte aquí sola bailando.

Demuestra que eres una dama.

A ver si así te sale un buen pretendiente.

¿Todavía estás en casa, Genoveva?

Me defraudas. Pensé que habías marchado

a hacer lo que tienes pendiente.

No nos conviene alargar esta situación.

Otro aviso como el de ayer sería peligroso.

¿Marchas, adónde?

Al Ateneo.

Nuestro vecino Liberto quiere presentarme a ciertos caballeros.

¿Puedo ir contigo? ¿Al Ateneo?

Qué tontería.

Alfredo, por favor.

¿Tanto temes que pueda aparecer por la casa?

Si así lo hiciera,

sería tu oportunidad.

No la desaproveches.

Eres una mujer lista.

Sabes de sobra lo que te conviene.

No me falles.

No voy a poder hacerlo.

(Música)

Pueden tomar una copa, si quieren.

Se me van los pies con la música.

¿No les entran ganas de unirse al baile?

-¿Con gente tan fina? No, no.

Tenemos que agradecer a Emilio que nos haya invitado.

-Ya podían convidar a unos chatos.

Se me está secando el gaznate.

-Mira qué animado está el local.

Donde se ponga una bulería, que se quiten estos bailes finos.

-Qué alegría verles.

No sabía que vendrían todos.

-Mi José y yo no nos quedamos.

Hemos venido a cerciorarnos de que el ambiente es el idóneo.

-Díganme, ¿qué les parece?

-Es pronto para responderle.

¿Qué tal la juventud que ha acudido?

-Algunos son vecinos.

Pero estamos orgullosos de tener como invitados

a miembros de las más destacadas familias.

-¿Ves como era de los más finos?

-¿Me pone algún ejemplo?

-Por supuesto.

Aquel caballero es el hijo del cirujano Leopoldo Martí.

Aquel otro, el hijo del dueño del hotel Tánger.

Y la muchacha que baila con él

es la sobrina de la marquesa de Fuente Fría.

Si se fija, al fondo... -Pare, pare.

No nos presente a todos, que nos tiraremos una eternidad.

-Parece que son jóvenes de buena familia.

-Ya le había dicho yo que me había gustado mucho

porque era un ambiente selecto.

-Quería comprobarlo por mí misma.

Es justo el ambiente que deseo para mi niña.

Puedes quedarte un ratito. -Nosotros nos vamos volando.

No vayamos a quedarnos sin mesa en el restaurante.

-Cuida de la niña.

-Claro, señora. -Con Dios.

Emilio, ¿nos va a invitar a pasar

o va a estar callado toda la tarde?

-Disculpe, pasen, se lo ruego. -Seguimos.

El deber me llama. Enseguida estoy con ustedes.

-¿Me concedería este baile?

Lo lamento, me he torcido el tobillo.

Discúlpeme, ya estoy con usted.

¿Para eso quería que viniera al baile, para ignorarme?

No, pero tengo que atender a mis invitados.

¿Acaso no soy yo una invitada?

Tiene toda la razón.

Espero que pueda perdonar mi falta y que me conceda este baile.

Tata, ¿puedo?

-Claro que puedes bailar, mujer, para eso hemos venido, se supone.

Se me ha curado el tobillo. Ha sido un milagro.

Me siento como si estuviéramos completamente solos.

Como si el resto del mundo hubiera desaparecido.

¡Ay!

-¿Qué ha pasado?

Me acabo de torcer el tobillo.

¡Ay, cariño! Ayúdeme, Emilio.

¡Ay!

Una silla.

Ha sido culpa de ese, que me ha echado mal de ojo.

-¡Bah! -Lerdo.

Ay, ay!

-Ahí. ¡Ay!

¿Le duele mucho? Sí, sí.

-Ay, cariño. Ay.

Querida Carmen.

Cuento los días que quedan para tenerte a mi lado.

-"Nunca pensé que mi corazón pudiera volver a sentir este amor".

"Dios ha sido compasivo y después de años de sufrimiento,

me ha puesto en tu camino".

"Volví a nacer el día que te acercaste a mí".

"Y tan solo deseo pasar el resto de mi vida a tu lado".

(SUSPIRA)

Aguarden aquí. He quedado con ese canalla

de Antonio Palacios en la mantequería de su esposa.

Cuando me dé el dinero del soborno, nos lo llevaremos preso.

Aún no es la hora, pero precisaré unos minutos en la mantequería

para daros la orden de entrar y detenerlo.

Vamos.

-¿Qué diantres quieres, Jacinto?

No me gusta dejar el quiosco desatendido.

-No te vas a arrepentir de haber venido.

-Yo no estaría tan seguro.

-La Agustina nos quiere dar unos quesos del pueblo.

-¿Y? ¿No podías recogerlos solos?

-No seas desaborida, querrás darle las gracias.

-¿Cómo se lo voy a agradecer, si aquí no hay nadie?

-Me ha dicho que si tardaba, que la esperáramos.

-Ah. Pues esperemos que no tarde.

-¿Por qué no descansas un poco, ya que estamos aquí?

Siéntate, que llevas todo el día de pie.

-Tienes razón.

Cuánto cuesta llevar el jornal a casa.

Y mientras, los frailes nos roban lo poco que tenemos.

-¿Otra vez con lo mismo? -"Pa" chasco que sí.

No debí dejar que devolvieras el dinero.

Ese dinero era tan nuestro como suyo.

Ahora estaríamos disfrutando de una merienda de aúpa.

Pero no porque sois unos gallinas.

Que no os atrevéis ni a enfrentaros a un cura.

-Tampoco es eso. -¿Cómo que no?

La religión es solo una excusa para sacarnos los cuartos

y vivir sin dar un palo al agua. ¡Uuuu!

-No, no. ¿Dónde vas ahora, mujer?

-¡Hay un altar en el aparador!

-¿No lo podías ver desde la silla?

-Tiene que ser de alguna de las criadas.

¡Cuánto daño ha hecho la religión

a la gente sencilla e inculta como nosotros!

-Tienes toda la razón.

-¡Claro que sí!

Todo eso de los ángeles y los santos, ¡paparruchas!

Quieren que nos lo creamos a pies juntillas.

-Tienes más razón que un santo.

-¿Eh? -Que un santo, no.

Ven, siéntate aquí.

¡Y estate quietecita, que si no, no hay manera!

-¿Manera de qué? -De nada.

De que venga la Agustina.

-Jacinto, estás muy raro.

-¡Por fin! -¿No le ha pegado muy fuerte?

-Apenas le he dado con fuerza como para matar una mosca.

-¿Qué moscas hay en su pueblo?

Mi Marcelina está ahí, tan paradita, quieta.

Déjela aquí mismo, en el sofá.

No hables de mí como si fuera un fardo.

Bueno, parecido pesas.

Que al pobre Emilio le ha costado sudores subirte.

Menos mal que vivimos en el principal

y que no me he torcido yo el tobillo.

-No haga caso, apenas pesa como un gorrión.

-Bueno, pero un gorrión enorme.

-¿Cómo se encuentra? Me duele a rabiar.

Ha sido culpa del desaborido ese, por no bailar con él.

Me ha traído gafe.

-Teníamos que haber subido hielo del restaurante.

Antes me confundes con un fardo

y ahora, con una botella de champán.

-El hielo ha sido lo único que le ha aliviado.

¿No tienen ustedes en casa?

-No, en casa no tenemos.

Voy a bajar al restaurante a por un poco de hielo.

No quiero ni pensar cuando se entere tu madre.

Me la deja al cuidado y se la devuelvo coja.

Emilio, le pido.

No se separe de ella hasta que yo regrese.

-Descuide, será un placer.

Pues sí que me ha dejado en buena compañía.

Tiene un geranio mucha más conversación.

Discúlpeme, he de reconocer que estoy un poco nervioso.

No sé por qué, la que se ha torcido el tobillo soy yo.

¿Qué le sucede?

Era más locuaz en el restaurante.

Hay algo que debo confesarle.

Organicé los bailes con un único motivo.

¿Cuál?

Usted.

Quería que esto pasara.

¿Quería que me lastimara?

Muchas gracias, ya veo lo que me aprecia.

Más de lo que nunca soñé.

No quería que se lastimara.

Lo que pretendía era que pudiéramos estar juntos.

Poder bailar los dos juntos.

Se ha tomado muchas molestias para un simple baile.

Usted se merece eso y mucho más.

Haberla tenido entre mis brazos esos segundos ha sido

la mayor de las recompensas.

Cinta.

Siento por usted un fuego.

Un fuego que ha prendido desde el primer día que la vi.

Hasta que la aparté de los brazos de Victoriano.

Un fuego que ahora me abrasa.

Y eso que al principio me pareció una antipática.

Emilio, lo está estropeando.

Discúlpeme, no quería molestarla.

Ya le he dicho que son mis nervios los que hablan por mí.

Hasta el momento no lo estaba haciendo del todo mal.

Pero hay una solución sencilla.

¿A qué se refiere?

(CHISTA)

No hable más.

El inspector se retrasa.

-Quizá sea una señal para que abandones tu plan.

Aún estás a tiempo.

(Puerta)

-Aquí está.

¿Y usted qué hace aquí?

-Evitar que cometas un error que arruine tu vida.

-Se lo has contado.

-Estaba muy asustada.

-No se lo tengas en cuenta, ha hecho lo que debía.

Lo que intentas es una locura que está condenada al fracaso.

-Pues ha aceptado el trato.

-Eso no me deja de sorprender.

¿Y si os descubren a los dos?

-Prefiero correr ese riesgo.

La alternativa es pasar tres años lejos de mi familia.

Y por una causa injusta.

-Peor será la condena

cuando estés encerrado de por vida en una prisión.

-Antoñito, escucha a tu padre, te lo ruego.

-Que no, ya he tomado la decisión y no hay marcha atrás.

-Ay, gracias a Dios. -¡Carmen!

-Llego a tiempo de evitarlo. -¿De evitar el qué?

-Que Antoñito caiga en una trampa. -¿Qué estás diciendo?

-No hay tiempo de explicaciones.

Les ruego que me sigan la corriente en todo.

Escóndete en la trastienda.

¡Que te escondas! Luego te lo cuento.

-¿Nos puedes explicar qué está pasando?

-Vaya, me sorprende, señor Palacios.

Pensé que querría una reunión menos multitudinaria.

-Disculpe, inspector, que interrumpa.

Me presento.

Soy Carmen y estamos reunidos

para evitar que Antoñito cometa una locura.

Sepa que si él no se ha decidido a contarle la verdad,

es por vergüenza.

-¿Qué verdad?

-Eso, Carmen, ¿qué verdad?

-Pues la verdad, Lolita.

La verdad.

Que su padre, don Ramón Palacios,

es un hombre ya mayor

y padece de enajenaciones... -¿Otra vez con ese cuento?

-No, le aseguro que no es ningún cuento.

Ellos evitan que el vecindario se entere

por el miedo al qué dirán.

Pero...

Ese desdichado cada día está peor.

Aparte de que hace dispendios absurdos,

como lo del relicario, ¿te acuerdas, Lolita?

Imagínese cómo estará ese hombre, que en su locura cree

que estábamos enamorados.

-¿Y no es así?

-Por el amor de Dios.

Nada más lejos de la realidad. Si apenas nos conocemos.

Y Antoñito, aparte de llevar el negocio familiar,

también se está esforzando por mantenerlo controlado.

De lo contrario, arruinaría a la familia en cuestión de días.

-¿Es eso cierto?

-Sí, sí.

Por desgracia.

Por ese motivo y no por otro,

le hizo esa propuesta tan insensata, inspector.

Actuaba empujado por la desesperación

ante la perspectiva de...

De pensar en dejar a su padre abandonado

y a su pobre esposa,

en circunstancias tan dramáticas y tristes.

-Pero bueno, por suerte, ha recapacitado.

Y en lugar de traerle el dinero, nos ha pedido que le acompañemos

para decirle la verdad.

¿Verdad, amor mío? Dile.

-Sí, yo siento mucho lo que le dije.

Fue una locura y me arrepiento.

-Buenas tardes.

¿Y este caballero tan agradable quién es?

¿Nos conocemos?

Vaya, ¿y esta señorita rubia

y con esos ojos tan atractiva?

Señorita, ¿sería usted tan amable de decirme su nombre?

Yo soy Alfonso León María

Isidro Fernando Segundo Antón.

Alfonso XIII, para usted.

-Sí, don Ramón.

Sí.

¿Se da usted cuenta?

No sabe ni quién es y me ve rubia.

-Y ahora, si me disculpan,

tengo asuntos de estado urgentes que resolver.

(Puerta)

¿Quién es?

Soy yo, Marlene.

(SUSPIRA)

Te estaba esperando.

Al fin, Genoveva.

Pasa.

Llevo días observándote.

Esperando el momento de acercarme a ti.

(Risas)

Poco a poco le iré poniendo al día.

Le contaré historias de Rosina y de Susana.

Cuente, cuente.

Tienen telita.

Pues una vez Rosina estaba...

Me quedé de piedra al verte junto a Alfredo.

¿Cómo has podido terminar casada con él?

Tengo mis razones.

Espero que sean poderosas.

Ambas sabemos que ese hombre es el demonio.

No me mires así.

Con tamaña frialdad.

No quiero perjudicarte, ya lo sabes.

En tal caso, desaparece de mi vida.

Es lo mejor para las dos, te lo aseguro.

No me iré hasta que haga lo que debo

por la gente a la que quiero.

¿Qué vas a hacer tú?

¿Vas a seguir bailándole el agua a tu marido?

Soy una superviviente, como tú.

Y entiendo que entre todos

hayan hecho lo imposible y lo posible

por ocultar la desdicha de su señor padre.

Incluso no le reprocho que por conservar su decoro

haya tenido la osadía de intentar sobornar a un funcionario.

(Puerta)

El hielo.

Ha venido muy pronto, ¿no?

Con esos cachetes no se te va a despertar hasta San Cerezuelo.

-¿Quiere que le pegue un mamporro como el que le ha pegado?

Puede que me la haya desgraciado.

-Échale la culpa al que tiene la mente fría.

¡Dale un par de galletas!

He ido al Nuevo Siglo XX.

He estado con Úrsula.

Parecía dispuesta a lavar platos.

-¿Dispuesta a lavar platos?

Mira que me extraña.

Contadme, ¿hubo algún joven goloso?

-Hasta sobraban.

-¿Y no habría algún diplomático?

Demasiado jóvenes, aunque en ello están.

Había alguno bien guapo.

¿Qué pasó aquí mientras estuve en el Ateneo?

Alfredo, no pasó nada, te estoy diciendo la verdad.

Más pronto que tarde tendrás que hacer lo que convinimos.

Lo único que pasó es que Rosina vino a verme,

aprovechando que su marido estaba contigo.

No te habría descompuesto tanto. No la conoces.

He decidido comentarle a todo el mundo lo nuestro.

-Pero ¿ya lo has pensado?

-Le he dado más vueltas que una noria

y quiero que todos lo sepan.

Probos e innovadores.

-Lo dice usted por el baile.

-¡Menudo exitazo!

-¿Y tú cómo no te animas? Ayer no te vi en la pista.

-A Camino no le gusta bailar.

Nunca le ha gustado.

¿Cómo está su esposa?

-Bien.

Aunque casi lo debería saber usted mejor que yo.

-No crea, hace tiempo que no la veo.

¿Qué opinas de Carmen? -¿Qué voy a opinar?

-Digo respecto a mi padre.

-Pues a mí me parece bien. ¿Y a ti?

La tormenta de anoche derrumbó una techumbre de un asilo.

Queríamos contar con usted, doña Genoveva,

para organizar un mercadillo solidario y obtener fondos.

¿Y dónde tienen pensado montarlo?

A mí se me había ocurrido

que lo organizáramos en el restaurante.

-¿En qué restaurante, en el mío?

¡Ah!

-El asesino se ha echado novia.

-Preferiría que no le llamara así.

-¿Y lo de la novia? -Está en su derecho.

-Pero no en edad y es viudo.

-Señoras.

Liberto.

Dice Osvaldo que en Argentina están deseando verte.

-Ay, Argentina. También yo la echo de menos.

-No, a actuar, que quieren verte en los teatros.

Que se pirran por una gira. -¿Una gira?

-Una gira por toda la Argentina.

Hay que reconocer que tienes sangre fría.

No sé a qué viene eso.

Me has mentido.

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Acacias 38 - Capítulo 1010

13 may 2019

Lolita está preocupada, comenta a Ramón el intento de soborno que Antoñito ha propuesto al inspector. Por su parte, Carmen se entera de que el inspector les va a tender una trampa, gracias a su rápida intervención consigue que Antoñito se libre de ir a África.
Bellita accede a que Cinta asista a los bailes del restaurante, es la primera vez que ella y Emilio se ven desde que él salió del calabozo. La pareja baila y comparte un momento íntimo que se ve interrumpido por la torcedura de tobillo de Cinta. Emilio la lleva a casa y aprovechado que están solos, se besan por primera vez.
Jacinto y Servando buscan un remedio para acabar con el mal de Marcelina. Le darán un golpe en la cabeza ya que fue el origen de todo. Sin miramientos golpean a Marcelina y la dejan inconsciente ¿la habrán matado?
Úrsula consigue el puesto en el restaurante gracias a la intervención de Agustina.
Genoveva se preocupa al leer la carta que le dio Alfredo y este le exige que cumpla su oscuro trato. Por fin se revela quien es la espía que rondaba el barrio: Marlén, una amiga del pasado de Genoveva.

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  1. marcela

    la verdad que el hilo conductor, es muy bien pensado, pero no dejen de lado la parte del bien, de los amores en la vida, no tanto dolor.

    pasado martes
  2. Mabi

    Al fin un poco de Amor, Besos, Piropos entre una pareja!!!! Los Domínguez tienen todos los ingredientes que a mi me gustan ver, gente real con problemas reales y otros exagerados, que se muestran tal cual son, que se dicen las cosas de frente, y sobre todo que se demuestran el inmenso Amor que se tienen y que también son agradecidos con quien los cuida como la Genial Arantxa!!! En cuanto a Susana totalmente de acuerdo con "Atenta" ya es insufrible!!!!! Y otro tanto Rosina, que siempre ven la pelusa en ombligo ajeno, pero el propio...para cuándo alguien que le haga frente y le recuerde que es una más entre tantos mortales!!! Que de Santa ná!!!! Don Ramón haciéndose el Alfonso para salvarle las papas a Antoñito me hizo gracia!!! Y ahora, imagino, que Carmen pasará de Criada buscafortuna a prometida formal y aceptada por Antoñito, algo parecido a su propia vida, no??!?

    pasado martes
  3. Atenta

    Hasta cuando Susana seguirá metiendo las narices en la vida de todo el mundo, pero acaso se compró el barrio y no lo dijeron??? es tan absurdo e insoportable. Me gustó cuando dijo, hablando de Ramón, ""No tiene edad y es viudo"", se olvida que su sobrino se casó con una VIUDA Y MAYOR QUE EL?? un poco de coherencia por favor. Cuando le dijo a Jacinto ""ponga a su mujer en cintura porque, de lo contrario voy a tomar cartas en el asunto"" Por Dios santo pero quién es ella, paren un poco con esa mujer, ya raya en lo ridículo.

    pasado martes